Good Girls Revolt: La tele debería dejar de buscar la próxima Mad Men

Sabes que un producto ha hecho mella en la cultura popular cuando, además de recibir multitud de premios y servir de objeto de estudio académico en todo el mundo, genera mil y una copias. Que Mad Men ha sido y es una de las series más aclamadas y más importantes de la televisión es un hecho objetivo y contrastado. Por eso, prácticamente desde su inicio, y más de un año después de su final, las cadenas siguen intentando encontrar “la próxima Mad Men. Una búsqueda en vano que se ha saldado con numerosos fracasos y decepciones.

Y es que el problema es que la mayoría de cadenas, productores o guionistas creen que lo que hace de Mad Men una pieza de televisión tan rica y cautivadora es la década en la que está ambientada, los 60. Por eso se empeñan en estrenar series que transcurren durante estos años de cambio y revolución social, pensando que con eso basta. No, lo que hace de Mad Men algo extraordinario no es su ambientación (aunque esta juega un papel muy importante, claro), sino cómo utiliza el contexto para trazar un relato sobre Norteamérica con muchas capas de significado y personajes apasionantemente escritos, es decir, su trascendencia y calidad narrativa. Algo a lo que ninguna serie que la ha imitado se ha acercado ni remotamente. Y han sido muchas.

Cuando Mad Men estaba en la cima de su popularidad, llegaban los clones de las networksPan Am y The Playboy Club. Si no las recordáis es lógico. La primera duró una temporada (de 13 episodios) y la segunda fue cancelada después de tres episodios con índices de audiencia estrepitosamente malos. En 2013, Showtime apostó fuerte por Masters of Sex, y lo cierto es que no le fue mal al principio, cosechando premios y buenas críticas. Sin embargo, su estrella se apagó muy pronto, saltando a la vista que la serie no tenía un rumbo muy marcado. El verano pasado, ABC regresó a los 60 con The Astronaut Wives Club, una suerte de fusión entre Mad MenMujeres desesperadas con la factura más bien pobre de las series de esta cadena, que no vio casi nadie (yo sí, y puedo asegurar que no os perdisteis nada).

good-girls-revolt-1

Por eso, cuando este otoño llega lo nuevo de Amazon, Good Girls Revolt, uno se acerca con curiosidad, pero inevitable recelo. Dana Calvo (productora y guionista de Narcos y fracasos como Made in JerseyStudio 60) es la creadora de este drama histórico basado en el libro The Good Girls Revolt, escrito a partir de hechos reales por Lynn Povich. La serie se centra en un grupo de mujeres que trabajan como documentalistas en una revista de noticias, la ficticia News of the Week. Estamos en 1969, la Ley de Derechos Civiles fue promulgada cinco años antes, pero las mujeres siguen relegadas a trabajos secundarios, a pesar de que muchas de ellas tienen claramente más talento que sus superiores masculinos, y continúan recibiendo un salario injusto, mientras ellos se llevan todo el dinero y las palmaditas en la espalda por un trabajo que no sería la mitad de bueno si no fuera por las “buenas chicas” a la sombra. Por esto, las trabajadoras de News of the Week organizan en secreto una queja oficial contra la empresa, amparadas por el movimiento Feminista que supone una de las piernas de la marcha revolucionaria del final de la década.

Es decir, Good Girls Revolt retoma la historia de Estados Unidos justo donde la dejó Mad Men, en el umbral de los bulliciosos 70. Pero eso no quiere decir que la serie de Amazon se vaya a desmarcar demasiado de la de AMC. Al contrario. Sobre todo durante sus primeros tres o cuatro episodios, Good Girls Revolt se esfuerza tanto por parecer Mad Men que puede llegar a resultar hasta embarazoso. Y no estamos hablando solo de los temas que trata, del tipo de personajes (hombres elegantes y seguros de sí mismos whisky en mano, secretarias resignadas, jóvenes deseosas de ascender profesionalmente y romper cadenas), sino también de la puesta en escena y el diseño de producción (esas escaleras en medio de la oficina, esos despachos en los que los protagonistas juegan a ser Cooper y Sterling…). Que sí, que está retratando la misma época, y si quiere ser fiel al entorno laboral de los 60, tendrá que mostrarnos lo mismo que Mad Men (conocida por su rigor a la hora de recrear la década hasta el más mínimo detalle), pero es inevitable que nos distraiga, además de que salta a la vista que el presupuesto es más ajustado, lo que da como resultado ya no solo una copia, sino una copia mala de Mad Men.

Pero eso no es lo peor de Good Girls Revolt. Lo peor es su total y absoluta falta de sutileza. Sus diálogos son obvios hasta decir basta, el subtexto es algo completamente desconocido por los guionistas, que lo ponen todo en las narices del espectador por si se les ha escapado alguna de sus facilonas reflexiones, busca ser más osada y sexualmente provocadora, pero se queda a medias, y los personajes son clichés mal dibujados (no me hagáis hablar de Finn Woodhouse, ese Don Draper de Hacendado interpretado patéticamente por Chris Diamantopoulos).

good-girls-revolt-2

Por el lado bueno, el tema es apasionante por sí mismo (¿Una serie sobre el movimiento feminista de los 60-70? Sí, por favor), y es cierto que, como ocurre la mayoría de veces, la serie mejora conforme avanza la temporada. Hay que esperar un poco para que los personajes empiecen a asentarse y la historia tome forma (el 1×07, sexo, drogas, puñetazos y psicodelia mediante, es cuando la serie despega). Cuando esto ocurre, empiezan a manifestarse de verdad sus virtudes, principalmente la amistad entre las protagonistas y en concreto el personaje de Anna Camp, que ofrece el arco de transformación más interesante y la mejor interpretación de la serie. Todo esto hace que la serie se deje ver, pero no es suficiente, falta algo que nos ayude a verla como algo más que un sucedáneo, falta profundidad, faltan buenos guiones, y falta que no nos lo den todo mascado.

En resumen, no tiene sentido buscar la próxima Mad Men simplemente copiándola y quedándose en su superficie. De hecho, la próxima Mad Men no tiene por qué estar ambientada en los 60. Es más, quizá para buscar otra Mad Men sea más apropiado viajar al pasado y ver (o rever) Los SopranoO puede que ni siquiera haga falta buscarla, porque solo hay y solo habrá una. Además, si la búsqueda nos va a dejar series tan insípidas y descafeinadas como Good Girls Revolt, mejor dejarla.

Crítica: Aprendiendo a conducir

Aprendiendo_a_conducir

Chicos, voy a recomendaros una película de Isabel Coixet. No, no me he vuelto majara. Aprendiendo a conducir (Learning to Drive), el nuevo largo de nuestra internacional directora catalana, es su mejor propuesta en bastante tiempo. Una cinta amable y sencilla, sin pretensiones, que se puede disfrutar si no se le exige demasiado (algo fácil, gracias a su naturaleza relajada). Como leéis. Una película de Isabel Coixet sin pretensiones. Parece mentira, pero no lo es. Quizás por eso, porque Aprendiendo a conducir no es la quintaesencia coixetiana, me ha resultado más digerible.

La película continúa el recorrido internacional que la directora lleva realizando desde que estrenase su aclamada Mi vida sin mí, y que le ha llevado a Irlanda, París, Vancouver, Tokio o Gales (esta última para dirigir a Sophie Turner en la fallida Mi otro yo), con un aparte en forma de “regreso al futuro” ambientado en nuestro país en la atroz Ayer no termina nunca (que para eso, no vuelvas). En Aprendiendo a conducir Coixet regresa a las ajetreadas calles de Nueva York después de Elegy, para seguir explorando el enigma de las relaciones interpersonales en el Siglo XXI, y lo hace junto a dos pesos pesados de la interpretación, Sir Ben Kingsley y la omnipresente Patricia Clarkson.

Los actores dan vida a dos personalidades muy dispares, Darwan, taxista e instructor de autoescuela de origen indio, y Wendy, neurótica e impulsiva escritora de Manhattan. Todo comienza con un encuentro fortuito entre ambos (estar en el lugar adecuado en el momento justo, la magia de Nueva York), cuando Wendy toma el taxi de Darwan después de que su marido (Jake Weber) le haya APRENDIENDO_A_CONDUCIR_-_postercomunicado que da carpetazo a su matrimonio para irse con otra más joven. Neoyorquina de pura cepa, de clase alta y con marido con carnet de conducir, Wendy nunca ha necesitado sacarse el permiso. Cuando se presenta la oportunidad de mudarse con su hija (Grace Gummer) a un entorno rural para empezar un nuevo capítulo de su vida, Wendy decide recibir clases de conducir de Darwan.

Mientras conducen por las calles de Manhattan, instructor y alumna desarrollan una amistad especial con la que Coixet explora los conceptos de la soledad, la dependencia (e independencia) emocional o las diferencias culturales, todo bajo el incomparable marco de diversidad y mezcolanza que es Nueva York. Las clases de conducir son un pretexto para sumir a Wendy en un proceso de aprendizaje que la pondrá en contacto directo con la vida y las costumbres del inmigrante neoyorquino, víctima de la hipervigilancia post-11-S y los prejuicios raciales, le ayudará a poner sus problemas en perspectiva y en última instancia le servirá para tomar el control de su vida.

El nexo de unión que se forma entre Wendy y Darwan vertebra una película agradable y bienintencionada que, a pesar de transcurrir a base de tópicos del “cine emocional” y estar llena de obvias metáforas, evita caer en excesos melodramáticos (véase por ejemplo la comedida pero potente despedida de Wendy y Darwan). Coixet (que no escribe el guion, y ahí puede estar la clave) compone un film equilibrado y elocuente, y lleva a cabo en él una estimable dirección de actores, sacando el máximo partido a Kingsley y Clarkson, que encuentran el punto medio exacto entre el drama y la comedia para dar vida a sus personajes. Aprendiendo a conducir aborda temas importantes de forma liviana, con naturalidad, respeto y ante todo, optimismo.

En definitiva, estamos ante una película de Coixet descargada de los vicios que hacen su cine reconocible a la legua, y que podría ir firmada por cualquier director del club Sundance. Que esto sea algo positivo o negativo depende de nuestra relación con la directora y su cine.

Valoración: ★★★½