Jack, el hombre

Y esto lo escribía Gérard Imbert en su libro El transformismo televisivo, antes de haber visto a Jack en el faro, entre otras cosas.

 

Lost es un espacio ficcional pero, a la par, profundamente ambivalente, en el que se diluyen las categorías –en particular la frontera entre realidad y ficción, identidad y alteridad-, donde lo trascendente se confunde con lo inmanente: un espacio en el que el hombre se ve proyectado para expiar no se sabe qué pecado, segura y simplemente el de ser un hombre, un hombre sin trascendencia. En este espacio no hay lugar para el héroe, aunque haya acciones heróicas –y esto es típicamente postmoderno-, porque el hombre vive en un gueto, no puede salir de él y partir a la conquista del objeto de valor. Como en la obra de Jean-Paul Sartre Huis clos (A puerta cerrada), el hombre está condenado a convivir consigo mismo y con su espejo, que son los demás, su espejo y su infierno. “L’enfer, c’est les autres”, escribía Sartre: “El infierno, son los demás”… (2008:136).