Crítica: Cómo entrenar a tu dragón 2

Hipo Desdentao Dragones 2

El título de la franquicia dragona de Dreamworks permanece igual, a pesar de que el entrenamiento propiamente dicho terminó hace ya tiempo. De hecho, han pasado cinco años entre la primera Cómo entrenar a tu dragón y su secuela, y sus protagonistas adolescentes se han convertido en expertos jinetes veinteañeros. Por otro lado, Berk (o Isla Mema en castellano) también es distinta, como pudimos ver en el final de la primera película (y en la serie de televisión). Sus habitantes han aprendido a entender a los dragones, y atienden a sus necesidades obteniendo a cambio compañía, amistad y lealtad. No es habitual que en una saga de animación de éxito asistamos a cambios tan sustanciales en historia y personajes (viene a la mente Toy Story). Lo normal es que en las secuelas varíen las circunstancias (la localización de la aventura, las caras de los villanos), pero los héroes se mantienen esencialmente inalterados y el tiempo apenas es un factor. No es el caso de HTTYD, cuya mayor virtud entre un sinfín de aciertos es el crecimiento personal que ha experimentado a lo largo de los años Hipo, uno de los personajes animados de mayor entidad del cine reciente.

Claro que no sería posible trasladar a la pantalla las idiosincrasias y el complejo carácter del protagonista, ni del resto de personajes, si no fuera por la técnica puntera con la que se ha realizado HTTYD2. La secuencia de apertura de la película es una auténtica montaña rusa de acción, diversión y adrenalina, confeccionada sin duda para su disfrute en 3D. Sin embargo, es la escena que le sucede, una simple conversación entre Hipo y Astrid sentados en el césped, la verdadera prueba de que HTTYD2 ha alcanzado un nuevo nivel de perfeccionamiento en la animación por ordenador. La expresividad de ambos personajes, el realismo de sus movimientos y sus gestos, nos presentan un trabajo de artesanía CGI que resalta el naturalismo sin convertir a sus personajes en simples rotoscopías. Pero esto es solo un aspecto del apabullante espectáculo que es la película. Las incesantes escenas de acción excelentemente coreografiadas, la (de nuevo) exultante partitura de John Powell, los instantes más íntimos, iluminados prodigiosamente, las impresionantes texturas, y los hermosos nuevos parajes del universo de Dragones, conforman un trabajo de empaque visual y sonoro inigualable y elevan exponencialmente el factor épico de la saga.

Cómo entrenar a tu Dragón 2_PósterY lo mejor de todo es que, al igual que en la primera entrega, la técnica está al servicio de la historia, no al revés, como sucede en la mayoría de superproducciones animadas. Si bien Como entrenar a tu dragón 2 se centra mucho más (quizás demasiado) en la acción que la primera parte -uno de los pocos síntomas de secuelitis que presenta la película-, no se olvida en ningún momento de los conflictos familiares y los valores que mueven y unen a sus personajes. En el corazón de la película se encuentra la profunda amistad que une a Hipo y Desdentao (Toothless más descaradamente felino que nunca, por cierto). Con el tiempo, estos dos han desarrollado  una compatibilidad casi extrasensorial, reforzada sin duda por su condición de héroes con taras físicas, algo que no les ha impedido brotar y convertirse en el orgullo de Berk -es más, ¡ahora Hipo también vuela! En este sentido, HTTY2 emplea el sorprendentemente valiente giro final de la anterior entrega (dejar cojo a Hipo) para seguir levantando el discurso sobre la diferencia y la aceptación en el que se sustenta esta saga. Lo que se acentúa cuando, inesperadamente, un personaje sale del armario (ya había ocurrido años antes, y de manera más directa, en ParaNorman, eso sí), demostrando que estamos ante un producto cuyas ambiciones son mucho mayores de lo que parece. Definitivamente, Cómo entrenar a tu dragón se ha propuesto cambiar el cine de animación “para niños”. Y por ahora no podría ir en mejor camino.

Cumpliendo con las normas de las secuelas, Chris Sanders y Dean DeBlois llevan a cabo la misión de expandir las fronteras del relato y ampliar su mitología, de manera que el espectador descubra un mundo mucho más vasto de lo que creía en un principio. Así, se incorporan nuevos personajes (ninguno excesivamente interesante), se exploran territorios recónditos de las tierras escandinavas, y se profundiza en la naturaleza, la biología y la jerarquía de los dragones (añadiendo la figura del Alfa y configurándolos más que nunca como aves). Y esto se hace precisamente ampliando también la familia de Hipo, que descubre que su madre no está muerta, sino que lo abandonó cuando era un bebé. Valka (que supone la adición a la franquicia de Cate Blanchett) descubre facetas inéditas de la anatomía y la psique de los dragones (aquí es donde lo de “cómo entrenar” vuelve a tener sentido), revelándose como una especie de ecologista primigenia (como Noé). Pero también representa el aspecto más crudo y menos complaciente de la película. Cómo entrenar a tu dragón 2 no tiene reparos en golpear a su audiencia con la realidad (Valka es consciente en todo momento de lo que hizo), y nos da escenas de brutal impacto emocional (una en concreto será recordada como uno de los momentos más dolorosos del cine de animación reciente), aunque siempre contrapesadas por entrañables instantes de humor y emotividad, así como por el optimismo, la comprensión y la aceptación de la que hablaba antes. Porque si Hipo es un gran héroe no es tanto por su osadía, su habilidad e inteligencia estratégica o su temeridad, es por su inmensa capacidad para entender y perdonar.

Valoración: ★★★★½

Crítica: 300 – El origen de un imperio

R3_V10F_72613_CO3_PULLS_01rl_0026

Sumándose a la larga lista de segundas partes que nadie pidió llega 300: El origen de un imperio (300: Rise of an Empire), tras una serie de problemas de producción que han resultado en un retraso tras otro y en la consiguiente falta de interés y desconfianza en el producto. El origen de un imperio no es ni secuela ni precuela, sino ambas cosas a la vez, lo que se denomina una “side-prequel“. Es decir, los acontecimientos de esta nueva película abarcan desde antes de los que se narran en 300 (Zack Snyder, 2006) y se extienden más allá de ella, sincronizándose con las desventuras del Rey Leónidas y su ejército a mitad del metraje.

El origen de un imperio está basada en la aún inédita novela gráfica Xerxes, también de Frank Miller (que ha trabajado en ella simultáneamente a la producción de la película). En ella se profundiza (es un decir) en la figura del rey dios Jerjes (Rodrigo Santoro) con su origin story, y se nos presenta a Artemisia, comandante de la armada persa interpretada por Eva Green. La acción se traslada esta vez al mar, donde tiene lugar la cruenta batalla entre el ejército griego, liderado por el general Temístocles, que lucha por la unificación de Grecia, y el persa, capitaneado por Artemisia, griega aliada con los persas por un juramento de venganza contra su pueblo.

300 El origen de un imperioAunque estaba previsto que Zack Snyder se encargase de la realización, su compromiso con El hombre de acero le obligó a delegar. El elegido para ocupar su lugar en la silla del director fue el desconocido e inexperto Noam Murro, mientras que Snyder permaneció en el proyecto como productor ejecutivo. No cabe duda de que Murro fue contratado para desempeñar una función meramente instrumental en la producción, puesto que el resultado conserva el inconfundible (y paradójicamente impersonal) estilo visual del director de Sucker Punch. El origen de un imperio es efectivamente una película de Snyder hecha por otro. No falta ninguno de los elementos de los que el director se ha adueñado: esa confusa hiper-saturación digital (llega un momento en que uno no sabe qué está viendo), la ultra-violencia pornográfica que ya nos deja indiferentes, los voluptuosos físicos que son tan de mentira como los cromas sobre los que se mueven, los discursos y diálogos de grandilocuencia infinita, la dichosa cámara lenta -el film duraba en realidad 25 minutos, pero al añadir el slow motion subió a 102- que tanto ha influido en el péplum actual (Spartacus, Hércules). Y en definitiva, su ineptitud para contar una historia que vaya más allá de la superficie.

En lo que sí se distancia El origen de un imperio de su predecesora es en su héroe protagonista. El carismático Leónidas (Gerard Butler) hace hueco a Temístocles, personaje plano donde los haya interpretado por el insípido australiano Sullivan Stapleton. Por suerte, esto se ve compensado por la fuerte presencia escénica de Eva Green como su archinémesis Artemisia, una de las pocas razones que justifican la existencia de esta película -la otra sería ver a Lena Headey poniendo cara de Lena Headey todo el rato. Green, exagerada e intensa, la única que parece esforzarse un poco en dar credibilidad al proyecto, aporta algo de girl power (tal y como lo entiende Snyder, claro), en contrapunto a la abundancia de testosterona de la franquicia, y proporciona un par de escenas memorables (ese beso), blandiendo la espada y otras cosas (lo dicho, lo que Snyder entiende por “mujeres al poder”). El origen del imperio no escatima en espectacularidad, sobre todo en sus impresionantes secuencias de batalla en el mar, pero es decididamente más camp que la primera 300, lo cual aumenta ligeramente la posibilidad de disfrutar de su monocromática ridiculez, sus fuentes de sangre digital y su muertes a lo Viernes 13 si uno se la toma como la desbarrada tomadura de pelo que es.

Valoración: ★★

Críticas: Rebelde (War Witch), Stoker, Objetivo: La Casa Blanca

Rebelde (War Witch) (Rebelle, Kim Nguyen, 2012)

La nueva película de Kim Nguyen, seleccionada por la Academia de Cine de Canadá para representar a su país en la más reciente ceremonia de los Oscars, cuenta la historia de Komona, una niña de 12 años raptada por un ejército de rebeldes de la África subsahariana.

Rebelde está narrada por la propia Komona, que cuenta su desgarradora historia a su bebé cuando este aun está en su vientre. La propuesta de Nguyen fluctúa entre la dureza de las experiencias de Komona como una niña de la guerra y el carácter poético y esperanzador de un dulce relato de amor adolescente, así como la búsqueda de refugio y el mejor mundo posible en el que dar la bienvenida a un hijo.

Rebelde nos llama la atención sobre los horrores que acontecen en el continente africano, hablándonos de la supervivencia a toda costa de estos niños arrancados de su infancia, y explorando a su vez las diferentes percepciones de la muerte. La vía de escape que Komona encuentra (como la Bruja de la guerra, y como novia del Mago) nos ayuda a sobrellevar el infierno del que somos testigos, pero no logra aliviar completamente el dolor. La cautivadora interpretación de Rachel Mwanza personifica a la perfección la dualidad Rebelde, la luz y la oscuridad de una infancia mutilada.

 

Stoker (Park Chan-wook, 2013)

Texto de David Lastra

Tachar a Stoker como un orgasmo estético podría desmerecer el producto final, pero no puedo no decirlo. La composición de Park Chan-Wook, la fotografía de Chung-hoon Chung, el vestuario de Kurt and Bart, las piezas de piano de Philip Glass o los toques electrónicos de Clint Mansell son una verdadera maravilla por separado, así que en su conjunto dan lugar a esta obra de arte fílmica.

Pero no todo en esta película se come por los ojos o por el oído, el guión de Wentworth Miller (sí, él prota de Prison Break) es un intrincado viaje a la América profunda, la de los crímenes, la que solo aparece en las páginas de sucesos o desaparece entre el día a día de sus habitantes. Un relato arriesgado (especialmente para el cine estadounidense) y que enlaza a la perfección con la marca de autor del director.

En esta ocasión, Mia Wasikowska será el catalizador de la violencia, estando a la altura de los requisitos de la retraída India, pero si alguien destaca son los dos adultos. Nicole Kidman sigue con paso firme su recuperación (del bótox) y crea una mujer arrasada por las emociones, tanto por el suicidio de su marido como por la irrupción de su cuñado. Ese cuñado está interpretado por Matthew Goode y encarna el verdadero objeto de deseo, oscuro no, lo siguiente. Su presencia turbadora recuerda al visitante celestial de Teorema de Pier Paolo Pasolini. Sí, su pose ante (y sobre) el teclado del piano merecen la comparación con Terence Stamp.

Objetivo: La Casa Blanca (Olympus Has Fallen, Antoine Fuqua, 2013)

Tras una trágica noche de invierno, el presidente de los Estados Unidos (un correcto Aaron Eckhart que deja a la altura del betún el sex-appeal que muchos reconocen en Obama) relega al mejor hombre de su cuerpo de seguridad a un puesto de administración. El guardaespaldas en cuestión, Mike Banning (interpretado por Gerard Butler en un papel hecho a su medida) encuentra la oportunidad perfecta para recuperar la confianza de su jefe cuando la Casa Blanca sufre un ataque terrorista por parte de una guerrilla de Norcoreanos. El atentado pone en jaque al gobierno estadounidense, y la amenaza nuclear podría destruir el país por completo. Banning es el único hombre capaz de adentrarse en la Casa Blanca, acabar él solo con los terroristas, salvar el mundo, y lo más importante, recuperar el favor de su Presidente.

Podríamos defender el exaltadísimo patriotismo y la vergonzosa propaganda de esta película argumentando que es una suerte de revival de las cintas de acción de los 90 al más puro estilo Jungla de cristal (justo lo que no fue la última entrega de la saga de Bruce Willis), y que las implicaciones políticas son lo de menos. Pero no tendríamos razón. Ya no estamos en los 90, y este tipo de cine ya no funciona como antes. Es especialmente revelador (e indignante) que episodios de series de televisión sean censurados porque su violencia puede herir la sensibilidad del americano medio después de terribles acontecimientos como el de las bombas de Boston, pero Olympus Has Fallen se pavonee orgullosa (y muchos opinarán que provocadora) en un panorama político tan tenso como el que vivimos en estos momentos. Sobra decir que el espectador internacional no es el público objetivo de esta película.

Pero el principal problema de Objetivo: La Casa Blanca no es este, sino el hecho de que es una película esencialmente TONTA. Más tonta que cualquiera que la esté viendo en la sala, más tonta que nadie y que nada. Gerard Butler se confirma como buen héroe de acción (cercano, humano, cae bien), pero no logra levantar una cinta que con cada escena se sume poco a poco en el más absoluto de los ridículos. Teniendo en cuenta el terreno en el que juega, G.I. Joe, resulta mucho más digna. Y ya es decir.