Crítica: ¡Ave, César!

Hail, Caesar!

Cuando me enteré de la existencia del nuevo proyecto de Joel & Ethan Coen, este se convirtió inmediatamente en uno de mis estrenos más esperados de 2016. Una comedia ambientada en el mundo del cine a principios de los 50 con números musicales y un reparto fulgurante de estrellas formado entre otros por Josh Brolin, Scarlett Johansson, Tilda Swinton, George Clooney, Frances McDormand y Channing Tatum. Lo siento si esto pone mi criterio en tela de juicio, pero ya había visto y oído todo lo que necesitaba para saber que ¡Ave, César! (Hail, Caesar!) sería una de mis películas favoritas de esta temporada. Con estos ingredientes, los Hermanos Coen no tenían que hacer demasiado para conquistarme, pero haciendo honor a su reputación, los directores no se han dormido en los laureles y les han sacado todo el partido para realizar una de las comedias más divertidas e inspiradas que vamos a ver este año.

En ¡Ave César! los Coen realizan un homenaje en clave de sátira al cine clásico de los grandes estudios, colándose entre bambalinas de varias de las producciones en desarrollo de Capitol Pictures, la misma major ficticia que utilizaron en Barton Fink (1991). La película sigue al jefe de producción del estudio, Eddie Mannix (Brolin), mientras lidia con los problemas habituales de su trabajo y se enfrenta a una crisis de proporciones mayúsculas: los comunistas han raptado a Baird Whitlock (Clooney), la gran estrella del péplum “¡Ave, César!”, y piden una recompensa para liberarlo a tiempo para terminar la película. Mannix debe hacer lo posible por ocultar el secreto a la prensa sensacionalista y recuperar al actor, mientras hace malabares para mantener a flote las demás producciones de Capitol y proteger a sus estrellas del escándalo: una adaptación de Broadway que corre el riesgo de hundirse al contratar como protagonista a un inepto actor de westerns con voz de pito, Hobie Doyle (Alden Ehrenreich), o un embarazo fuera del matrimonio de una de las estrellas más queridas de Hollywood, DeeAnna Moran (Johansson). Todos hemos oído historias turbias sobre las leyendas de Hollywood, pero preferimos quedarnos con la imagen glamurosa que nos ofrece el cine. Sin embargo, los Coen quieren que miremos más allá del glamour y nos riamos de lo que vemos.

De esta manera, la película toma forma en una serie de viñetas que nos muestran los entresijos del studio system para desmitificar con un gran sentido del humor el Hollywood dorado de la posguerra, con la amenaza “roja” y la caza de brujas como telón de fondo. ¡Ave César! nos prepara un tour en el que saltamos de plató en plató para presenciar la caótica realización de varias películas durante esta época de cambio para el cine, salpicando así el film de interludios en forma de números musicales con los que los Coen dan rienda suelta a su pericia técnica y su exquisito gusto para filmar. La estética de las películas de los 50 es reproducida con sumo detallismo y elegancia para transportar al espectador a esta década mediante secuencias espectaculares, como el prodigioso número de claqué (con connotaciones gays) protagonizado por Channing Tatum en homenaje a Gene Kelly (tan bien ejecutado que uno buscará en vano dónde está el truco digital) o la preciosa coreografía acuática liderada por la no menos hermosa sirena Scarlett Johansson (que evoca a la de Esther Williams en Millon Dollar Mermaid). Todo para luego desmontar la magia del cine mostrándonos su verdadero rostro. Pero los Coen no se regodean en el lado más grotesco de la industria, sino que optan por la parodia amable con los toques surrealistas propios de su cine para reflexionar sobre la mentira de la fábrica de sueños (y por extensión, de la vida y la realidad) y hablarnos de la crisis existencial de un hombre atrapado en ella. Es decir, ¡Ave César! es una comedia ligera, pero no necesariamente trivial.

Hail, Casar!

Brolin personifica a la perfección esta dualidad de la película, fluctuando entre la serenidad y el caos que hay siempre en el cine de los Coen. Su magnética presencia y su talento para la comedia “seria” lo convierten en un gran protagonista (es comprensible que los Coen le saquen tantos primeros planos), pero el actor está rodeado de estrellas que también se encuentran en perfecta sintonía con los directores y forman un reparto redondo. Como de costumbre, Clooney derrocha simpatía y carisma, luciéndose especialmente en la escena final del péplum, un broche de oro que si no fuera por la presencia del actor, parecería directamente sacado de una superproducción real de los 50; Ralph Fiennes vuelve a desplegar su fantástica vis cómica después de El gran hotel Budapest; Frances McDormand sale en una sola escena pero es suficiente para desatar las carcajadas; Swinton aporta la nota más absurda con un extravagante personaje doble, dos gemelas directoras de sendos tabloides cinematográficos; Tatum y Johansson apenas tienen un par de secuencias cada uno, pero se bastan para dejar huella en la película con dos sorprendentes personajes caricatura (ambos son muy inteligentes eligiendo sus proyectos y saben explotar sus talentos como nadie, y aquí están inmejorables). Y por último, la verdadera estrella de ¡Ave César! es el semi-desconocido Alden Ehrenreich, un auténtico robaescenas que clava al ídolo paleto (con un aire a James Dean) y nos deja las escenas más hilarantes de la película.

¡Ave César! es una comedia deliciosamente excéntrica, una obra de energía contagiosa con la que las risas están garantizadas de principio a fin, especialmente para cualquier cinéfilo que presuma de conocer el mundo que retrata y las tensiones políticas de las que se mofa. Con un sentido del humor afilado y una puesta en escena impecable (el número de Tatum por sí solo ya amortiza la entrada), los Coen vuelven a demostrar que son unos maestros haciendo comedias inteligentes que se hacen la tonta, así como unos expertos recorriendo esa delgada línea que existe entre lo sublime y lo ridículo.

Valoración: ★★★★

Crítica: Monuments Men

George Clooney;Matt Damon;John Goodman;Bob Balaban

Con su quinto largometraje como realizador, Monuments MenGeorge Clooney propone un viaje de regresión al Hollywood clásico de los años 40 y 50, con una cinta bélica que evoca al cine de Billy Wilder o Howard Hawks. En Monuments Men, Clooney cuenta la historia real de unos héroes de guerra menos celebrados a lo largo de la historia, la liga de los hombres extra-ordinarios a cargo de recuperar antes de su destrucción las obras de arte robadas por Adolf Hitler y escondidas a lo largo y ancho de Alemania hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. El film, basado en la crónica literaria de Robert M. Edsel The Monuments Men: Allied Heroes, Nazi Thieves and the Greatest Treasure Hunt in History, pretende ser una oda a aquellos que arriesgaron su vida por el arte, y por la preservación del testamento de los logros del ser humano a lo largo de los siglos.

Hitler da sus últimos coletazos y la guerra está tocando a su fin, pero el campo de batalla sigue siendo hostil. Reclutados por el teniente Frank Stokes (Clooney) bajo el programa Monuments, Fine Arts and Archives, este equipo de siete profesionales vinculados al arte Monuments Men_Póster(restauradores, historiadores y directores de museo) se embarcan en la aventura de sus vidas, compensando su escasa preparación militar con coraje y determinación. Monuments Men cuenta con un amplio reparto coral de estrellas (o reunión de amiguetes, según se mire) que dan vida a estos héroes ligeramente basados en los verdaderos miembros del programa. Matt DamonBill MurrayJean DujardinCate BlanchettJohn GoodmanHugh Bonneville y Bob Balaban elevan el caché de una película que, desafortunadamente, no consigue estar a la altura de sus credenciales.

Monuments Men es un film bienintencionado, decididamente blanco, con una carga de idealismo e ingenuidad romántica que, junto a ese toque de picardía y el doble filo propio de las comedias de los 50, reproduce hábilmente el estilo de la edad de oro de Hollywood. Además, el estupendo reparto hace un buen trabajo capturando este espíritu clásico y contribuyendo al aire de sofisticación que desprende la película. Sin embargo, Clooney no logra conectar del todo con su público, sobre todo en cuanto al humor (amable pero fallido), y fracasa a la hora de trasladar a la historia la importancia de su mensaje (sus pomposos discursos sobre morir por el arte se antojan artificiales). Monuments Men plantea una historia muy interesante, pero su desarrollo resulta descentrado, tibio, a ratos tedioso, y excesivamente cursi y remilgado cuando explicita las lecciones que nos quiere dar. Para ser una película que habla de la importancia del arte en la historia del ser humano, Clooney ha realizado un trabajo bastante intrascendente.

Valoración: ★★★

Crítica: Gravity

Gravity Sandra Bullock

En 2009 James Cameron prometió cambiar para siempre el cine con su Avatar. Y en cierto modo lo hizo, pero no estamos seguros de que fuera para bien. La irrupción de las nuevas tecnologías 3D transformó el cine comercial, y lo que este ganó en profundidad de campo lo perdió en profundidad narrativa. Con Gravity, Alfonso Cuarón retoma la promesa de Cameron y la cumple de verdad (nada de vacías y estratégicas profecías), logrando por fin que el 3D sea algo más que un reclamo de feria y una excusa para elevar los precios de las entradas. Es más, la inolvidable experiencia que supone este thriller espacial no habría sido posible sin la existencia de la tecnología, saltando a la vista que el 3D es una necesidad narrativa más que una excusa para crear una atracción de parque temático.

Gravity, la historia de un hombre y una mujer perdidos en la inmensidad del espacio, supone una experiencia única, algo que no puede compararse a nada de lo que hemos visto hasta ahora en una sala de cine, un trabajo de filigrana técnica, sonora y visual que marca un antes y un después en el medio. La de Cuarón es una de las películas más fascinantes y cautivadoras que hemos podido ver en los últimos años, un viaje que necesitamos vivir en la oscuridad de un cine, con unas gafas que en lugar de alienarnos de la historia, como suele ocurrir, nos aislarán del mundo de manera que sintamos que nosotros mismos estamos en órbita junto a Sandra Bullock y George Clooney.

Gravity póterCuarón ha orquestado un apabullante espectáculo sensorial que, afortunadamente, está al servicio de la historia en todo momento. El vacío y la congelación del tiempo a kilómetros por encima de la atmósfera terrestre se transmite a través de sorprendentes ángulos y alucinantes planos secuencia que nos hacen contener la respiración. Como el que abre la película, 10 minutos que atrapan y no dejan escapar hasta el final. A partir de la primera escena de acción no hay apenas tregua para los personajes, cuyo terror sentimos en primera persona. Y por tanto, no hay manera de escapar para nosotros. Contribuye a que la simulación espacial sea más real, y en última instancia trascendental, que se respeten las leyes de la física y que los increíbles efectos visuales se encarguen de que así sea percibido por nuestros ojos en todo momento. Todo esto, potenciado por el excelente trabajo de cámara de Cuarón, forma parte de una experiencia diseñada meticulosamente para desatar en el espectador la reacción más física, más visceral.

Teniendo en cuenta la naturaleza minimalista de la historia y el reducido reparto, Cuarón agota los recursos para poner en peligro constante a sus protagonistas. Los set pieces están yuxtapuestos de manera que se viven como un continuo, a tiempo real, pero se intercalan con instantes de calma que nos permiten recuperar el aliento, y nos dan a conocer a los personajes. Este es quizás el aspecto más endeble de Gravity, sus arquetípicos personajes y algún que otro diálogo cogido con pinzas. Matt Kowalski no es más que una extensión natural del personaje público que es George Clooney, y Ryan Stone está construida a base de clichés psicológicos que nos recordarán ocasionalmente que estamos viendo una película de Hollywood. Sin embargo, la fiera interpretación de Bullock compensa los momentos de indulgencia lacrimógena del guion, contagiándonos de la determinación por sobrevivir de la doctora Ryan.

Después de flotar en gravedad cero junto a ella durante una hora y media, es difícil poner los pies en la tierra sin sentir vértigo y aturdimiento, pero también alivio, agradecimiento, catarsis. Estamos vivos, podemos levantarnos. Gravity nos afecta físicamente, pero por primera vez esto forma parte esencial de la propuesta. En una era en la que el cine visto en pantalla de ordenador ha hecho desertar al público de las salas comerciales, Cuarón nos da una razón de peso para volver. Nos invita a perdernos, solos, sin que nadie venga a rescatarnos, en el espacio, y en la oscuridad de un cine.

Valoración: ★★★★½