Por enésima vez: NO habrá reunión de FRIENDS

Friends finale

Quitáoslo de la cabeza ya.

Todos los meses volvemos a lo mismo de siempre. Es sin duda señal de lo mucho que la gente sigue negándose a aceptar que Friends acabó.  “Me dio más pena el último episodio de Friends que lo nuestro”, que decían los Astrud. Ahora que se acerca el 10º aniversario de su final, y el vigésimo de su estreno, aumenta el deseo de saber qué ha sido de estos seis amigos durante todo este tiempo, lo que lleva a que la gente vuelva a especular con una posible celebración en forma de reunión.

Sin embargo, ayer en una entrevista para Entertainment Weekly, los creadores de la mítica sitcom, Marta Kauffman y David Crane, aseguraron por enésima vez que NO habrá reunión, película, undécima temporada, spin-off ni nada por el estilo. Estas son fueron sus declaraciones al respecto:

Kauffman: Sinceramente, mi respuesta es la misma de siempre: La serie terminó. Y seamos sinceros, han pasado 20 años. Ninguno tiene el mismo aspecto de entonces. Y os pasaríais todo el rato diciendo ‘joder, qué viejos están’.

Crane: Si queréis ver Friends, encended la tele. Por increíble que parezca, la serie sigue ahí. Y además, podéis disfrutar de estos maravillosos actores en muchos otros proyectos. Marta y yo lo hemos hablado muchas veces, siempre es igual: La gente habla de las ganas que tiene de una reunión, a nosotros nos parece una mala idea, y ellos no están de acuerdo. Pero creo que si se la diéramos a los fans, habría muchas críticas negativas.

Kauffman: Es lo que tienen los finales. Son definitivos.

Crane y Kauffman confiesan que Warner Bros les ha presionado muchas veces para que organicen la reunión, pero ellos responden: “No nos parece muy buena idea. Trabajamos muy duro para ponerle el mejor broche posible a la serie. ¿Por qué nos hacéis esto?” También aseguran que viven con el miedo constante de que el estudio llegue a un acuerdo con los actores sin contar con ellos: “Estaba en un bar con un amigo una noche para celebrar una premiere o algo así, y entraron un montón de chavales de unos 20 años. Les oí decir ‘¡Es definitivo! ¡Van a hacer otra temporada de Friends!’ Y me quedé parada pensando ‘¿Les digo algo’?” explica Kauffman, a lo que Crane, mucho más temeroso de que el proyecto se desarrolle a sus espaldas, añade: “Cuando leo alguna noticia que dice que la serie vuelve definitivamente, no puedo evitar pensar por una milésima de segundo: ‘¿Ya ni se molestan en preguntarnos porque saben que vamos a decir que no, así que que nos jodan’?”

A raíz de esta entrevista, Courteney Cox también se ha pronunciado con respecto a una hipotética reunión de Friends. Fue anoche durante su intervención en el programa de David Letterman. Y su postura es incluso más categórica que la de Kauffman y Crane: “No va a suceder“.

Courteney-Cox

La actriz de Cougar Town opina que las posibilidades narrativas para una película son muy escasas, teniendo en cuenta que la serie se rodaba en un plató, y transcurría la mayor parte del tiempo en el apartamento de Monica (desalojado y desamueblado por completo en el último episodio). Friends, como cualquier sitcom grabada en estudio, posee un formato imposible de trasladar a la gran pantalla sin alterar por completo su esencia. Además, cuadrar las agendas de lo seis actores sería una misión imposible: “Llevo diez años intentando organizar una cena para los seis”, dijo Cox, muy Monica Geller ella, “pero no hay manera. Yo puedo llevarme a las niñas, y seguramente Matthew Perry no tendría problema. Pero Matt LeBlanc tuvo que cancelar la última vez, y David Schwimmer vive en Nueva York, así que no va a ser posible”.

Lo dicho, sabemos que es difícil aceptarlo, pero ya no se nos puede decir más claro. NO habrá reunión de Friends, así que atesorad vuestros DVD de la serie, disfrutad de las reposiciones, explorad los trabajos posteriores de sus actores (The Comeback, Episodes, Web Therapy, Cougar Town…), y asumid que bien está lo que bien acaba. Porque si LeBlanc lo superó (bueno, creemos que lo hizo), vosotros también podéis:

Sólo hay cinco personas más en el mundo que saben lo que significa estar en Friends. Solo cinco. David, Matthew, Lisa, Courteney y Jen. Ya está. Marta y David se acercaban, pero cuando dejaban el plató, nadie sabía qué hacían con sus vidas. Nosotros no podíamos dejar el plató nunca, metafóricamente hablando. Y todavía no podemos. Seguimos en ese plató. Y estaremos allí para siempre.

Para mí, lo más importante del mundo es la cara de la gente cuando te cruzas con ellos en la calle, en el supermercado o haciendo cola. Siempre notas en ellos que fuiste -quizás sigues siendo y lo serás siempre- parte de su familia. Las películas son más bien un acontecimiento. Te arreglas, vas a cenar y luego al cine. Estás fuera de tu elemento. Pero con la televisión, la gente te está viendo desde la cama, comiendo en la mesa de la cocina. Estás con ellos en casa.

Yo no quería que eso se acabase nunca.

La era Friends

[El 22 de septiembre de 1994 se emitía en Estados Unidos el primer episodio de Friends, “The One Where Monica Gets a Roommate”. Hoy, 22 de septiembre de 2014, marca el 20º aniversario de esta fecha tan importante para la historia de la televisión. Hace dos décadas que se inició La era Friends, y para celebrarlo, recupero este homenaje en forma de texto a la serie. Happy Friends’ 20th!]

Últimamente, ya sea para hablar de evolución del género o para hallar el origen de algunas de las más recientes comedias televisivas, me ha sido imposible evitar un referente imprescindible: Friends. La sitcom, emitida con fulgurante éxito desde 1994 a 2004 en NBC, transciende fácilmente la categoría de clásico. Es una de las piedras de toque más reconocidas y uno de los productos más universales y traducidos -porque es uno de los más traducibles- de la televisión norteamericana. Pero sobre todo, Friends es uno de los elementos indispensables a la hora de entender el comportamiento social de toda una generación. La serie creada por David Crane y Marta Kauffman partía de una premisa tan simple y genérica que desde los despachos de Warner Bros nadie se esperaba el fenómeno social y cultural en el que se acabó convirtiendo: seis amigos veinteañeros que comparten sueños, aspiraciones y ‘dolores de crecer’ en la Nueva York saneada de Rudolph Giuliani. Se llegaron a considerar títulos como Across the Hall, Insomnia Cafe o Six of One -este último estuvo a punto de salir adelante-, pero finalmente se optó por el simplista pero premonitorio Friends –originalmente Friends Like Us. Esa sencilla palabra adquiría así, durante los primeros años de emisión de la serie, un nuevo significado cultural que a día de hoy aún conserva.

Según los innumerables textos escritos al respecto, el apabullante éxito de Friends en todo el mundo se debía a la universalidad de sus situaciones y a lo enormemente fácil que era identificarse con sus seis protagonistas, interpretados por seis jóvenes actores que suponían uno de los mayores aciertos de casting que se recuerdan. Sin embargo, más que la identificación, lo que Friends logró fue potenciar la ensoñación de millones de ‘extranjeros’, que deseaban -deseábamos- con todas sus fuerzas verse reflejados en Monica, Chandler, Rachel, Phoebe, Ross y Joey -un episodio de la británica Skins refleja esta idea con acierto y mucha gracia. En este sentido, Friends nos imprimió a fuego el sueño de Nueva York, nos hizo buscar -casi obsesivamente- el ‘factor Friends‘ en nuestras aburridas vidas. De repente, en nuestros planes de futuro era imprescindible compartir piso, y a poder ser, tener como vecinos de enfrente a nuestros mejores amigos. Como ocurría con Los Simpson, otro producto al que la etiqueta de ‘clásico’ le queda pequeña, cualquier situación cotidiana tenía su referente en Friends. Y era tanto porque Friends hablaba de nosotros como porque nosotros nos empeñábamos en que así fuera.

Algo que benefició indudablemente al éxito de la serie fue la complicidad y el compañerismo entre los seis actores que interpretaban a los protagonistas. Exceptuando los -débiles- rumores de rivalidad entre Jennifer Aniston y Courteney Cox, Friends se mantuvo ajena a polémicas fuera de plató durante su década en antena. Desde un primer momento, los seis actores idearon un pacto para cubrirse las espaldas mientras durase la serie. Ninguno podía cobrar más que los otros, y los acuerdos se firmaban entre los seis. Allá por la sexta temporada de la serie, las batallas por los contratos adquirieron más repercusión mediática, y los seis actores empezaban a cobrar un millón de dólares por episodio. A pesar del desgaste progresivo -y lógico- a medida que la serie sumaba temporadas -de hecho, la serie empezaba su declive en la sexta temporada, tras la primera gran negociación-, el oro verde acababa convenciendo a todos para que pospusieran sus sueños de celuloide -o sus jubilaciones anticipadas. Por mucho que el dinero estuviese a punto de empañar la relación de la serie con su entregada audiencia, Friends continuó satisfaciendo a un público que se negaba a despedirse de sus amigos catódicos.

La serie sufrió importantes transformaciones a lo largo de sus años de emisión. Sus primeras temporadas -aún en ‘los segundos 80’ que fue la primera mitad de los 90- se adscribían a la categoría de ‘sitcom inteligente’ que habían cultivado comedias precedentes y contemporáneas como CheersFraiser o Loco por ti -con la que incluso Friends mantenía una trama-crossover que involucraba a las hermanas Buffay-, pero añadían un componente fresco y cosmopolita -de pega, por supuesto-, que la situaba rápidamente como precursora de un subgénero ya de sobra arraigado: la comedia sobre amigos en la gran ciudad. A medida que los años pasaban, el humor blanco de Friends iba incorporando más dosis de sexo, a la vez que involucraba sentimentalmente a sus protagonistas. Para muchos, la serie desvirtuaba así su esencia, llevando incluso a hablar de Couples como un título más apropiado. Pero nada de esto acabó cuajando, porque Friends seguía haciéndonos reír a carcajadas, y porque al final, se nos siguió hablando hasta el último momento de una amistad sin fisuras que se anteponía al amor romántico. Monica y Chandler se convertían en pareja, haciendo entrar a la serie en terreno pantanoso -ya teníamos una pareja en la serie y no necesitábamos otra-, sin embargo, la pareja nos explicaba al final de la sexta temporada cuál era la fuerza que bombeaba el amor que sentían el uno por el otro: Monica y Chandler -Mondler- eran, ante todo, mejores amigos.

¿Cuándo saltó Friends el tiburón? Pues sería muy fácil identificar ese momento con la infame trama en la que Monica cree que Chandler se excita con los documentales de tiburones -¿chiste obvio o caída libre sin paracaídas? Sin embargo, muchos coinciden en señalar el declive de Friends cuando la serie no fue capaz de mantener la delicada armonía entre amor y amistad de la que hablábamos, y se le ocurrió emparejar a Rachel y Joey. No duró muchos episodios -la respuesta negativa de la audiencia obligó a los productores a dar fin a esa relación- pero fue suficiente para que nos diéramos cuenta de que la serie se estaba agotando. Las temporadas octava y novena transcurrieron dando palos de ciego y, aunque nuestra adicción nos decía que era preferible tener más Friends –aunque fuera de menor calidad- que dejarlos marchar, el “fin de una era” había llegado tres o cuatro años antes del verdadero final de la serie.

Sin embargo, Friends recuperó gran parte del lustre para su décima entrega. Dejando atrás los errores de anteriores temporadas, la serie exploraba relaciones que sí nos apetecían, como la de Phoebe con Mike (Paul Rudd), y hacía evolucionar la de Chandler y Monica hacia terrenos más dramáticos -la esterilidad de Monica-, dando como resultado una temporada tremendamente agridulce -al fin y al cabo, sabíamos que era la última-, y sorprendentemente satisfactoria -menos mal. Mientras esto ocurría, Ross y Rachel seguían con su tira y afloja que ya duraba siete años: se separaron al final de la tercera temporada, y desde entonces Friends jugó a acercarlos y distanciarlos, reservándose el final feliz para el último episodio. Esto fue en cierto modo lo que aguó la conclusión de la serie, que giró en torno a la gran pregunta “¿volverán Ross y Rachel?” -aún sabiendo cuál era la respuesta. Por suerte, la escena final de Friends no tenía que ver con la pareja, sino con la amistad de los seis protagonistas. Friends nos golpeaba a todos sin piedad con la imagen de un piso vacío y seis amigos que dejaban sobre la repisa la llave de una puerta que en realidad nunca habían necesitado, porque siempre había estado abierta para ellos. Esas seis llaves nos indicaban que había llegado el momento de volver a la realidad de nuestras vidas. Para muchos, aceptar el final de Friends fue tan duro como asumir que una etapa vital concluía y se nos obligaba a entrar en otra.

Las interminables reposiciones de la serie nos devuelven constantemente a la señorita Cherendler Bong, el numerito de Nochevieja de Ross y Monica, el “estábamos tomándonos un descanso”, los tazones de café de litro y medio del Central Perk, al vecino macizo que se convirtió en el vecino gordo desnudo de la noche a la mañana, y tantísimos otros instantes que ingresaron en la cultura popular y se han convertido en chistes recurrentes para toda una generación. Seguimos teniendo a nuestra disposición esos modelos de comportamiento que hace unos años nos ayudaban a definirnos -yo era una mezcla entre Chandler y Monica, ¿y vosotros?-, aunque ya haga tiempo que no los necesitemos. A día de hoy, se sigue -erróneamente- buscando sustituta de algo que no acepta reemplazos, sino solo sucedáneos. En los últimos años nos hemos encontrado con productos que recurren a Friends para construir la base de sus discursos, reconociendo la serie como influencia explícitamente –Community-, o de manera indirecta –Girls, Don’t Trust the B—- in Apartment 23. Otras series, como Happy Endings o Cómo conocí a vuestra madre han trasladado con mayor o menor acierto -y de manera más literal- la premisa de Friends a un modo de hacer televisión más contemporáneo. Sin embargo, ha quedado demostrado con creces que no es posible traducir el fenómeno a la televisión actual. Porque ellos no saben que sabemos que saben que lo sabemos: Friends es intocable.

El arte de poner títulos

Dime el título del episodio y te diré qué tipo de serie ves. Hay muchas maneras de hallar creatividad en una ficción televisiva. Una de ellas es sin duda la fórmula que las series usan para dar título a sus episodios. Como comprobaremos, hay casi tantas maneras de titular un capítulo como series. La repetición es una de las técnicas más recurrentes, pero las variaciones son infinitas. En algunos casos, establecer una regla para poner títulos puede resultar un auténtico desafío a largo plazo, sobre todo si la serie en cuestión se mantiene muchas temporadas en antena: las ideas se acaban no solo para escribir los argumentos, sino también para poner los títulos. En otros casos, los títulos serán tan descriptivos que no indicarán ningún grado de creatividad, por lo que no podemos asumir que estos son reflejo de lo que nos vamos a encontrar en la serie. En resumen, el esfuerzo a la hora de dar título a los episodios no tiene por qué ser reflejo de la originalidad de una serie, sino que más bien es un curioso aspecto de la maquina publicitaria de la televisión, y en muchos casos, un buen pasatiempo para los guionistas y productores de las series. Incluso para nosotros. No lo voy a negar, a mí me encanta poner títulos a todo. Además, analizar el título de un episodio antes de verlo puede dar mucho juego entre los espectadores. Repasemos algunas de las fórmulas más conocidas y destacables:

Episodios sin título

No sabemos si es por pereza o con la intención de potenciar la cualidad altamente serial de algunas ficciones, pero muchas series no tienen título oficial para sus episodios, por lo que para identificarlos hay que recurrir a su número de producción o emisión. Esto hace que sea más difícil ubicar los episodios. Sin embargo, cuando uno destaca por encima de los demás no importa que no haya título, lo recordaremos sin problemas por su número. Es lo que ocurre con Queer as Folk. Probablemente nadie podrá decirme, sin mirar una guía, de qué va el episodio 3×05, pero todos sabrán de qué estoy hablando si digo “1×22”, y sobre todo, “5×10”. Más recientemente, Episodes, la serie de Matt LeBlanc ha decidido numerar, pero no titular sus capítulos.

Una palabra (como mucho dos)

Smallville es una de las series que vienen a la mente cuando pensamos en títulos de una sola palabra. La ficción sobre el joven Superman nos ayuda a identificar los episodios o bien con palabras sencillas (“Cool”, “Hug”, “Crush”, “Unsafe”, “Bound”), con palabras un poco más rebuscadas, que suenan ciertamente exóticas para los anglosajones (sufijos, prefijos y palabras de origen griego y latino como “Veritas”, “Hydro”, “Metallo”) o nombres propios (“Ryan”, “Zod”, “Lara”). Solo el episodio especial “Absolute Justice” tiene dos palabras en su título. House no sigue una fórmula férrea, pero la mayoría de sus títulos suelen estar formados por una palabra, o muy al estilo Tarantino, con dos (“Sex Kills”, “Skin Deep”, “Lucky Thirteen”, “Simple Explanation”, “House Divided”). En la primera temporada de The Good Wife también se usaba una sola palabra para los títulos de sus episodios (“Stripped”, “Unorthodox”). Nada raro hasta ahí. Si embargo, los capítulos de la segunda están formados por dos palabras (“Double Jeopardy”, “Silly Season”). Y los de la tercera, actualmente en emisión, por tres (“The Death Zone”, “Feeding the Rat”). Miedo nos da que la serie llegue a durar tanto como Urgencias.

Títulos crípticos

La reina de los títulos bizarros y en ocasiones indescifrables es el clásico Expediente X ( “Kitsunegari”, “Herrenvolk”, “Gethsemane”). Además, la serie de Chris Carter es quizás la que más rechaza por sistema la traducción de sus títulos, sobre todo porque el porcentaje de idiomas distintos al inglés utilizado es muy alto: “Sein und Zeit”, “Agua Mala”, “Je Souhaite”, “El Mundo Gira”, “Folie à Deux”. Sin embargo, aunque no lo parezca a primera vista, todos los títulos de Expediente X hacen referencia directa a la historia que cuenta el episodio en cuestión.

Por otro lado, Perdidos, a pesar de no jugar al título más raro como Expediente X, es conocida por esconder mensajes y autorreferencias, para lo que recurre en muchas ocasiones a frases o palabras repetidas a lo largo de la serie, haciendo así hincapié en la importancia capital de la continuidad: “Live Together, Die Alone”, “Man of Science, Man of Faith”, “Whatever Happened, Happened”, “What Kate Does”. Perdidos también es experta en inventarse títulos que no adquieren significado hasta que ha terminado el episodio (“Lockdown”, “The Man from Tallahassee”).

Conjunciones, artículos, preposiciones y demás

Una de las fórmulas más recurrentes es la de enlazar el título de la serie con el del episodio, de manera que cada capítulo incluya directa o indirectamente el título de la serie. En otras ocasiones, el título del episodio comenzará con una preposición, un artículo, una conjunción, o bien combinaciones gramaticales variadas. Veamos los ejemplos más conocidos.

Friends es indudablemente una de las series que más hondo han calado en nuestra cultura, y no solo por sus personajes y argumentos, sino también por la forma de titular sus episodios, siempre empezando con la expresión ‘The One’. Los capítulos de Friends son fácilmente reconocibles con tan solo echar un vistazo a sus altamente descriptivos títulos (“The One With the Sonogram”, “The One Where No One’s Ready”, “The One Where Everybody Finds Out”).

Todos los episodios de Scrubs comienzan con el posesivo ‘my’ (“My Bad”, “My Karma”, “My Super Ego”), permitiendo diferenciar los episodios especiales en los que la focalización varía, con el uso de otros pronombres (“His Story”, “Their Story”). Las misiones de Chuck se catalogan con el nombre del protagonista junto a la preposición’versus’ (“Chuck Versus the Intersect”, “Chuck Versus the Marlin”, “Chuck Versus the Suburbs”). Muchas otras series recurren sencillamente al artículo ‘the’ para todos sus episodios, por ejemplo The O.C. (“The Model Home”, “The Girlfriend”, “The End’s Not near, It’s Here”). Más recientemente, 2 Broke Girls usa la conjunción ‘and’ para complementar cada semana el título de la serie, sin el que los títulos aislados no tendrían sentido (“And the Rich People Problems”, “And the 90s Horse Party”). Por supuesto, ya lo habíamos visto antes. Por ejemplo en la comedia de Lea Thompson Los líos de Caroline, en la que, como ocurre con Chuck, sí se incluía en nombre de la protagonista en todos los capítulos (“Caroline and the Condom”, “Caroline and El Niño”).

Títulos musicales

La ABC tiene dos series en antena que comenzaron el mismo año (2004), y cuyos episodios se titulan como canciones o versos de canciones. En el caso de Mujeres desesperadas, todos los capítulos hacen referencia a algún musical. Más concretamente, casi todos provienen de alguna pieza compuesta por Stephen Sondheim (“Ah, But Underneath”, “The Ladies Who Lunch”, “Running to Stand Still”). Por otra parte, Anatomía de Grey utiliza canciones de género pop/rock, la mayoría muy conocidas (“Kung Fu Fighting”, “Sympathy for the Devil”, “I Will Survive”).

Nombres propios

Los episodios centrados en un solo personaje de un amplio cast de protagonistas son muy habituales desde que Perdidos lo convirtió en tendencia en la ficción televisiva de principios de siglo. Cada capítulo de la británica Skins se titula como el personaje en el que se centra (“Tony”, “Jal”, “Alo”, “Franky”), utilizando “Everyone” para las season finales en las que todas las historias convergen. Por otro lado, In Treatment nos permite asistir a las sesiones semanales de psicoterapia de un número de pacientes. Estos dan nombre a cada episodio, que además nos indica en qué semana de la terapia nos encontramos (“Sophie – Week Eight”, “Walter – Week Three”, “Frances – Week Six”).

Títulos POP

Hay series que ponen tanto esfuerzo en sus argumentos como en las obligadas referencias a la cultura popular que caracterizan a algunos géneros. La cadena CW parece haberse especializado en este tipo de ficción, apuntando con sus series adolescentes al target que más agradece los juegos de palabras en los que descubrir títulos de películas o frases hechas y expresiones de rabiosa actualidad (en muchas ocasiones vinculadas a fenómenos efímeros de origen en Internet). Los títulos de Gossip Girl juguetean con clásicos del cine cada semana: “Seventeen Candles”, “Desperately Seeking Serena”, “Southern Gentlemen Prefer Blondes”, “Petty in Pink”). Sin embargo, las que son posiblemente las mejores series estrenadas en esa cadena (cuando era UPN), Las chicas GilmoreVeronica Mars, abrieron la veda: “The Deer Hunters”, “Foregiveness and Stuff” o “Emily In Wonderland” son algunos títulos de la primera. “Ruskie Business”, “Mars vs. Mars”, “Leave It to Beaver”, “Cheatty Cheatty Bang Bang” lo son de la segunda. Aunque la tendencia actual sea hacer referencia a clásicos (o no tan clásicos) del cine y la música, los juegos de palabras (pop o no) en los títulos de las series siempre fueron muy habituales. Sexo en Nueva York, por ejemplo, tomaba refranes, frases populares o expresiones hechas y les daba el toque picante que definía a la serie (“No Ifs, Ands, or Butts”, “What’s Sex Got to Do With It?”, “Great Sexpectations”).

Los diálogos aportan el título

Una de mis técnicas favoritas es la que consiste en extraer una frase de algún diálogo para formar el título del episodio. Me proporciona una curiosa satisfacción llegar a ese momento en el que descubres quién es el personaje que pronuncia esa frase, en qué contexto ocurre y a quién se dirige. Damages utiliza esta fórmula, y gracias a la constante tensión que desprenden los diálogos de la serie, sus títulos son especialmente potentes (“And My Paralyzing Fear of Death”, “Do You Regret What We Did?”, “They Had to Tweeze That Out of My Kidney”). Uno de los nuevos estrenos de la temporada, Ringer, también sigue este patrón (“If You Ever Want a French Lesson”, “It’s Gonna Kill Me, But I’ll Do It”, “A Whole New Kind of Bitch”). No solo es divertido escuchar la frase durante el episodio, sino que aumenta considerablemente la expectación antes de verlo.

Otras tendencias

Como decíamos al comienzo de la entrada, el número de posibilidades a la hora de dar título a los episodios es infinito. La originalidad de la propuesta es en muchas ocasiones directamente proporcional a la singularidad de los títulos. Por ejemplo, la revolucionaria 24, narrada a tiempo real en temporadas de 24 episodios que cubren un día completo, organiza sus temporadas haciendo corresponder cada hora completa con un episodio. Sin embargo, no todas las temporadas comienzan a la misma hora, por lo que todo puede resultar muy confuso (por ejemplo, el episodio titulado “Day 2: 10:00 P.M. – 11:00 P.M.” sería el 2×15, pero “Day 4: 10:00 P.M. – 11:00 P.M.” sería el 4×16). La protagonista de Wonderfalls trabaja en una tienda de souvenirs de las cataratas del Niágara. Su vida cambia cuando los objetos inanimados se empiezan a comunicar con ella. Cada episodio se centra en uno de esos objetos, dándole además título (“Pink Flamingos”, “Lying Pig”, “Totem Mole”). En The Big Bang Theory, todos los capítulos tienen por nombre una teoría, un experimento o un principio científico con el que se relaciona la trama (“The Dumpling Paradox”, “The Friendship Algorithm”, “The Bozeman Reaction”). Por último, los 70 episodios de la serie de Showtime The L Word comienzan con la letra ‘L’ (“L’Ennui”, “Limb from Limb”, “Lobsters”), sin excepción.

Cómo conocí a vuestra madre, "Say Cheese" (5.19)

No vamos a decir que la quinta temporada de Cómo conocí a vuestra madre está mejorando (Joss nos libre), pero episodios como “Say Cheese” (5.19) contribuyen a que el conjunto desmerezca un poquito menos.

Muchos coincidirán conmigo en que este “Say Cheese” ha sido un episodio totalmente Friends. Cómo conocí a vuestra madre nunca ha ocultado su agenda (al menos no la ha negado, porque hacerlo constituiría un delito, con toda seguridad): llenar el hueco (o abismo más bien) dejado por el clásico de la NBC tras acabar su andadura de una década en 2004. Si bien está lejos de ser el éxito masivo de Friends, Cómo conocí a vuestra madre puede estar contenta por haberse ganado el título de “serie de culto” (a veces se otorga demasiado a la ligera, pero bueno), gracias a sus personajes y sobre todo a su esforzada mitología, que aumenta semana tras semana.

“Say Cheese” recuerda inevitablemente a “The One Where No One’s Ready” (3.02), el antológico episodio de Friends en el que Ross debe asistir a una gala, y ninguno de sus amigos está listo para acompañarle. Tanto la acción de este episodio como la de “Say Cheese” tienen lugar en un solo espacio (si no contamos los flash-backs en Cómo conocí a vuestra madre), y casi a tiempo real. Por otra parte, la fiesta de Lily nos remite a las que Monica Geller organizaba en Friends y el juego de Marshall, “Lilial Pursuit”, nos recuerda a cuando Monica y Rachel pierden su apartamento contra Chandler y Joey en un juego en el que deben demostrar los que saben los unos de los otros. Por último, la trama de las fotos, en las que Barney siempre sale bien (cuando quieren, dominan el absurdo que da gusto) y Marshall siempre sale con los ojos cerrados, es parecida a la de “The One with the Engagement Picture” (7.05), en el que Chandler no puede evitar poner caras raras en las fotos.

A pesar de todo esto, hemos visto a lo largo de las temporadas que Cómo conocí a vuestra madre ha logrado forjarse una identidad propia, que si bien no evita las comparaciones con Friends, al menos contribuye a que se tome en cuenta el esfuerzo creativo de los responsables de la serie de CBS. Esfuerzo que se desvaneció el la cuarta temporada y ha reaparecido esporádicamente desde entonces. Es como si un buen episodio tuviera que ser compensado por siete malos. Llega un momento en que uno se plantea si merece la pena aguantar chorradas como “Girls vs. Suits” (5.12) para encontrarse con episodios decentes como “Say Cheese”. Hoy me siento más benevolente de lo normal con la serie, así que vamos a decir que sí. Merece la pena.

Uno de los puntos fuertes de esta serie es su “biblia”, la que aprovechan al máximo para seguir jugando deliciosamente con el hilo temporal (algo que rozó la maestría en las temporadas dos y tres), y aumentan temerariamente en cada episodio. Además de eso, el número de chistes buenos en “Say Cheese” es considerablemente superior a la media, y podemos enumerar unos cuantos momentos geniales por parte de algunos personajes: Lily intentando que la chica de Ted no entre en la foto de grupo (¿quién no se ha sentido identificado?). Marshall y Ted posando para su primera foto (lo que nos lleva al desenlace azucarado de rigor). Por no hablar de las “zorras” de Ted, sobre todo la perroflauta Strawberry, que protagoniza uno de los mejores gags del episodio y Amanda (qué penita me ha dado). Pero sin duda, el mejor momento del episodio es cuando Robin dice: “Fun fact. Each year my mom has Easter tea with her friend named Bunny. Okay not that fun”. Vale, puede que no sea muy objetivo, estoy enamorado de Robin Scherbatsky.

Para terminar, lanzo la pregunta inevitable: “¿Friends o Cómo conocí a vuestra madre?” Mi respuesta ya la conocéis: Will & Grace.Cursiva