Crítica: La Serie Divergente – Leal

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Casi todo lo que se puede decir de Leal (Allegiant), la tercera entrega de la “Serie Divergente“, ya lo dijimos el año pasado, cuando se estrenó el capítulo anterior, Insurgente. Leal es la primera mitad del final de la saga basada en la trilogía de novelas de Veronica Roth, un desenlace que, al igual que ocurrió con CrepúsculoHarry PotterLos Juegos del Hambre, ha sido dividido en dos partes (aunque nadie lo pidió y el tibio recibimiento de la anterior película seguro que hizo cuestionarse a más de uno la decisión). Supuestamente, este pre-clímax hace que la historia avance, pero en realidad las cosas no cambian demasiado, por no decir nada. Leal sustituye un regimen totalitario (el de Janine – Kate Winslet) por otro exactamente igual (el de David – Jeff Daniels), y por encima de todo, sigue sin tener muy claro qué nos está contando. Por eso, al final, entre la confusión y el tedio, volvemos a tener la sensación de estar viendo la misma película por enésima vez.

Explicar el argumento de Leal no solo sería trabajoso, sino que no serviría para nada. Dejémoslo en que esta tercera parte lleva a Tris (Shailene Woodley) y su grupo de rebeldes más allá del muro que aísla Chicago del resto del mundo, donde las cosas no son mucho mejores que en la ciudad (a la que amenaza una guerra entre facciones), es decir, una trama completamente idéntica a la de otra saga distópica adolescente, El corredor del laberinto. Claro que no podemos acusar a ninguna de estas películas de copiar a la otra, porque en realidad todas están haciendo lo mismo: amasar referentes y tópicos del cine y la literatura de ciencia ficción para levantar universos post-apocalípticos cortados exactamente por el mismo patrón, sagas pensadas como si fueran series de televisión (no en vano, esta no es la “Saga”, sino la “Serie Divergente”). Cuando termina Leal, uno tiene la sensación de haber visto el capítulo inmediatamente anterior a un final de temporada, con la diferencia de que para ver el último no hay que esperar una semana, sino un año. En el caso de otras sagas puede servir para aumentar la expectación, en el de Divergente sirve para que perdamos cada vez más interés.

Robert Schwentke (que tiene en su distinguido currículo cosas como Plan de vuelo: desaparecidaR.I.P.D.) repite como director, después de incorporarse el año pasado para elevar las cotas de acción de la saga, perdón, serie. Leal sigue el camino marcado por Insurgente, redefiniéndose como película de acción con ínfulas de gran relato sci-fi. Y ese es el principal problema de la película (y la serie), que sus aspiraciones están muy por encima de sus posibilidades. Como InsurgenteLeal se toma tan, tan en serio a sí misma (menos en un par de momentos en los que intenta, en vano, hacer algún chiste), que no nos queda más remedio que compadecernos de ella. Y es que la película no funciona a ningún nivel, ni siquiera como entretenimiento vacío para evadirse. Porque seamos sinceros, hay pocas sagas adolescentes más aburridas que esta.

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Aunque somos conscientes de que no debemos ser demasiado exigentes con estas películas (al fin y al cabo, sabemos de sobra que no somos su público objetivo), Leal lo vuelve a poner difícil hasta para el más indulgente (sugerencia de título para la última parte o el pack de la serie completa). Se trata de una película sin vida, con una puesta en escena muy pobre (hay algún croma por ahí que resulta bastante sonrojante) y una historia completamente desestructurada y mal contada que se las arregla para ser absurda y aleatoria, a la vez que rutinaria y predecible. La coherencia brilla por su ausencia, como en las anteriores entregas, pero aquí es peor aun, gracias a un argumento que amontona ideas y conceptos cogidos con pinzas (pretendidamente unidos en una celebración de la diferencia, con moraleja sobre los peligros de la manipulación genética) y se (nos) confunde con toda clase de situaciones azarosas (decisiones cuestionables, agujeros por todas partes, y personajes inverosímilmente ingenuos que se mueven en contra del sentido común). Todo para acabar en un “desenlace” de lo más chapucero y simplón, más propio de una serie fantástica de los 90 que de una superproducción de Hollywood.

Por si eso fuera poco, los actores se pasean estáticos por la película (sobre todo la impasible Woodley, que no podría tener menos ganas de estar ahí), se mueven y se relacionan gélidamente, con el mismo ímpetu con el que uno se levanta del sofá un domingo para coger el mando a distancia que está en la otra punta del salón. Claro que esa falta de entusiasmo y entrega no es solo culpa suya (el reparto está lleno de gente con talento, jóvenes y veteranos), sino sobre todo del material tan estéril y falto de emoción con el que trabajan. Esta serie no da más de sí, porque de entrada no tenía mucho que dar (como los libros en los que se basa, según dicen), y su difuso planteamiento ha alcanzado un punto muerto en esta película. Mala señal cuando sabemos que todavía queda otra.

Valoración: ★½

Hola, me llamo Pedro y soy adicto a UnREAL

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Inaugurada oficialmente la temporada estival, los serieadictos buscamos desesperadamente la nueva ficción que nos mantenga refrescados y distraídos durante estos horribles meses de calor y horas bajas catódicas. El año pasado se nos acabó True Blood (menos mal), Teen Wolf ya no nos hace el papel, True Detective se ha capuzado en el comienzo de su segunda temporada. Además, lo que nosotros buscamos es lo que se dice un buen guilty pleasure (término que uso solo como descriptor de un tipo de televisión, no porque lo menosprecie o de verdad me sienta culpable viéndolo), un pasatiempo que distraiga y enganche, para ver a la bartola bebiendo una limonada. A simple vista, UnREAL encaja en esta descripción, pero el nuevo drama de Lifetime es mucho más y mucho mejor de lo que parece. Como diría una de sus protagonistas, Quinn King: “this is good tv!”

Lifetime no tiene una reputación muy buena que digamos en lo que se refiere a sus ficciones de producción propia. La cadena es conocida sobre todo por sus TV movies (el término “Lifetime Movie” es toda una institución en USA), series de usar y tirar, y realities. Por eso sorprende encontrarse con un producto como UnREAL en su parrilla de programación, un culebrón vestido de quality television que combina muy inteligentemente lo mejor de ambos mundos. La serie está creada por Marti Noxon (Buffy, cazavampiros, Mad Men) y Sarah Gertrude Shapiro, y se basa en el cortometraje de esta última Sequin Raze, en el que ficcionalizaba su experiencia como productora en el popular concurso reality The Bachelor, donde trabajó de 2002 a 2004. UnREAL adapta la idea al formato serial y nos deja echar un vistazo a los entresijos de este tipo de programas de no-ficción, destapando la manipulación y el engaño que hay detrás de lo que vemos en televisión.

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En UnREAL, Noxon y Shapiro ponen un pie en el drama de calidad actual y otro en los mismos realities que diseccionan, para hallar el punto medio entre el carácter reflexivo y centrado en los personajes de un género y la adrenalina y el morbo voyeur que conlleva el otro. El resultado es un producto incisivo, astuto y sobre todo adictivo que parece decirle a Aaron Sorkin: “Así se hace, amigo”. Porque UnREAL puede recordar a Studio 60 o The Newsroom, ya que pretende hacer con los realities lo mismo que Sorkin intentó hacer con los programas de humor y los noticiarios, pero sin prepotencia o exceso de moralina. Así, arrojando luz (pero sobre todo sombra) tras las cámaras de Everlasting (programa ficticio parodia de The Bachelor) la serie da en el clavo en su cínica crítica a la telerrealidad y el circo que hay detrás, protagonizado por fieras sin escrúpulos ni baliza moral para los que todo vale con tal de ganar audiencia. Es cierto que UnREAL puede ser algo exagerada y artificiosa en ocasiones (obviamente Noxon y Shapiro agrandan la realidad en pos del drama), pero sabe provocar y manipular al espectador sin tratarlo con condescendencia, incluyéndolo en todo momento como parte del juego que propone y manteniéndose siempre en el área gris (aquí no hay héroes y villanos en el sentido clásico).

UnREAL cuenta con todas las armas necesarias para secuestrar al espectador y no dejarlo escapar: rivalidad, traición, romance, amistad, desequilibrio mental, sexo, y carnaza de primera para alegrarnos la vista. Su ritmo acelerado y su gran sentido de la oportunidad para el drama hace que los episodios (de 45 minutos de duración) se pasen en un suspiro y queramos siempre más (yo me zampé los cinco primeros seguidos sin apenas pausa); los personajes están muy bien dibujados y a lo largo de los capítulos se les van añadiendo capas que los hacen cada vez más interesantes; y el casting es sencillamente perfecto: Shiri Appleby y Constance Zimmer personifican la dicotomía moralidad-amoralidad que define la serie y se comen la pantalla a bocados (Rachel y Quinn son ya dos de los personajes televisivos del año), Freddie Stroma sorprende con un papel que va más allá del man-candy, y los secundarios forman un plantel muy ecléctico de personajes. Tenemos un blanco perfecto para nuestro odio, Shia (Aline Elasmar), un ¿príncipe azul? que el pueblo quiere para la protagonista (y para nosotros/as), Jeremy (Josh Kelly), una becaria puteada que se convierte en broma recurrente y promete sorpresas, un jefazo desastrado en plena crisis de mediana edad (Craig Bierko), y todo un ejército de personalidades femeninas (las concursantes del programa) que no permiten ni un segundo de aburrimiento. Todo esto hace de UnREAL una verdadera serie social, de esas que ves y necesitas comentar con todo el mundo.

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Aunque no llega a los niveles de explicitud HBO, Starz o Showtime, UnREAL es una ficción atrevida y provocadora que no tiene miedo a ponerse demasiado oscura y cruda a veces para reflejar el despiadado mundo de los realities y las cadenas de televisión -donde el racismo, el sexismo o las tragedias personales son algunas de las herramientas de trabajo de los productores. Esta serie va más allá de las apariencias, y no solo en su labor de desmitificación de estos programas, sino como producto televisivo en sí. UnREAL se presenta como un placer culpable (aunque sabe que no lo es), te pide que bajes la guardia y entonces te golpea con grandes momentos de drama, mordaces reflexiones o escenas de sorprendente profundidad y emoción. Es un behind the scenes fascinante (incluso para los que no han visto un reality en su vida), un drama absorbente y una auténtica droga televisiva, todo a la vez. Está claro, UnREAL es la nueva serie del verano.