Mujercitas: In Greta Gerwig We Trust

No sé si lo recordáis, pero en 2013, Greta Gerwig fue contratada para escribir, producir y protagonizar un spin-off/variación de Cómo conocí a vuestra madre desde la perspectiva de la chica (es decir, Cómo conocí a vuestro padre). Llegó a hacer un piloto, pero a CBS no le gustó y al público que lo vio en pases de prueba le cayó muy mal su personaje, por lo que la cadena decidió cancelar en proyecto. De haber salido adelante, la carrera de Gerwig podría haber sido muy distinta.

Flashforward a 2020. Gerwig tiene tres nominaciones al Oscar y es una de las directoras más prominentes y solicitadas del momento. Con solo dos películas como realizadora en solitario y otras tantas como guionista y actriz junto a su marido, Noah Baumbach (Historia de un matrimonio), Gerwig ha conquistado Hollywood y a los cinéfilos de medio mundo. Su próximo proyecto, también con Baumbach, es la película en acción real de Barbie protagonizada por Margot Robbie (sin riesgo no hay recompensa). Y además, ya está preparando su primer musical. Vaya bala esquivó cuando CBS le dijo que no.

Después del éxito de Lady Bird, que la convirtió en la quinta mujer nominada al Oscar a Mejor Dirección en 90 años, Gerwig dio un salto mortal en ambición con su segundo largo, la nueva versión del clásico de Louisa May Alcott, Mujercitas (Little Women). Esta historia ha sido contada en numerosas ocasiones en cine y televisión, pero Gerwig sintió que se podía hacerlo una vez más desde un punto de vista más personal y moderno. La jugada le salió muy bien y la película fue un éxito de crítica y público, con seis nominaciones a los Oscar, incluida Mejor Película (se llevó solo uno, a Mejor Diseño de Vestuario).

Si Mujercitas funcionó tan bien es porque la película desprendía amor y dedicación por los cuatro costados. Gerwig consiguió mantenerse fiel al relato de Alcott a la vez que lo hacía suyo, reinventándolo para el siglo XXI. De su luminosa versión se podía sacar en claro que conocía a los personajes como si hubiera vivido con ellos. En el caso de Jo March (Saoirse Ronan), directamente como si fuera ella misma. Con su guion, Gerwig llevó a cabo un juego de identificaciones muy metarreflexivo en el que Jo, Alcott y ella misma se convertían en versiones distintas de la misma persona; una forma inteligente de reinterpretar la historia para las nuevas generaciones y de hacer llegar alto y claro su mensaje feminista y sus ideas sobre la creación artística, el proceso de escribir y el papel de la mujer en la sociedad y la cultura.

Por supuesto, también hay que achacar el triunfo de la nueva Mujercitas a uno de los repartos más estelares que recordamos en mucho tiempo. Un impresionante elenco formado por estrellas consagradas y talentos emergentes que se convirtió inmediatamente en un sueño hecho realidad para Film Twitter. Saoirse Ronan, Emma Watson, Florence Pugh y Eliza Scanlen son las nuevas hermanas March, el omnipresente Timothée Chalamet interpreta al galán Laurie, mientras que las leyendas Laura Dern y Meryl Streep dan vida a Marmee y la Tía March respectivamente. Completan el reparto Louis Garrel, Chris Cooper, James Norton, Bob Odenkirk y Tracy Letts. Ya solo por ver a todos estos actores merece la pena.

Pero afortunadamente, Mujercitas no descansa únicamente en el gancho de sus estrellas. La película es un acto de amor en todos los aspectos, un trabajo impecable y magristral en su totalidad. Su puesta en escena, su contagiosa energía y vitalidad, su brillante dirección (aun duele que los Oscar la dejaran fuera en esta categoría), la preciosa banda sonora de Alexandre Desplat, y sobre todo, su prodigioso guion. Porque además de la soberbia interpretación de Saoirse Ronan, la calidez maternal de Laura Dern o el brío y la versatilidad de Florence Pugh, la robaescenas oficial, lo que hace que Mujercitas sea tan especial es la forma en la que Gerwig nos cuenta la historia, reordenando los acontecimientos para empezar con las hermanas March de mayores, y a partir de ahí saltar constantemente en el tiempo para ir deconstruyendo y reconstruyendo el relato. Su trabajo de adaptación es magnífico y nos hace ver acontecimientos como la muerte de Beth o la relación de Amy y Laurie desde otro punto de vista.

Entre otras cosas, con Mujercitas Gerwig hace justicia a Amy March -tradicionalmente considerada la villana de la historia- ayudándonos a entenderla, y utiliza el arco personal de Jo, su ímpetu creativo y su relación con Laurie (galán andrógino, como ella, que ya representaba la nueva masculinidad hace un siglo) para enarbolar un discurso feminista con el que resalta la vertiente más transgresora del clásico a la vez que lo trae a nuestros días.

Mujercitas es una reflexión sincera y emotiva sobre la autoría, el arte y el propio proceso de Gerwig como narradora, además de una pletórica celebración de la literatura, del poder de las historias con las que nos formamos y sobre todo, de la mujer y su derecho a elegir su propio camino, sea el que sea. Con esta versión, Gerwig consiguió algo que parecía imposible, no solo justificar que se contara la misma historia por enésima vez, sino también convencernos de que era necesario. Mujercitas ya no es solo un clásico de la literatura del siglo XIX o del cine de los 40 y los 90, ahora también es un clásico millennial.

Pedro J. García

Nota:

Mujercitas ya está a la venta en Blu-ray, DVD y digital de la mano de Sony Pictures. La edición en Blu-ray incluye los siguientes contenidos adicionales: Una nueva generación de Mujercitas; Modernizando el clásico; Greta Gerwig: Mujeres haciendo arte; Prueba de peluquería y maquillaje; Mujercitas tras las cámaras; Orchard House, el hogar de Louisa May Alcott.

Midsommar: La belleza del horror

Ari Aster irrumpió a lo grande en el panorama cinematográfico causando sensación en el Festival de Sundance con su opera prima, Hereditary, una de las películas de terror más aclamadas (y divisivas) de los últimos años. La cinta protagonizada por Toni Collette y Alex Wolff se convirtió en uno de los éxitos sorpresa del año, siendo aplaudida por la crítica especializada y comentada hasta la saciedad en los círculos cinéfilos. Tan solo un año después, Aster regresa con su segundo largometraje, Midsommar, dispuesto a demostrar que lo de Hereditary no fue suerte del principiante.

Tras sumirnos en la oscuridad en su primera película, Aster escoge el camino opuesto en Midsommar, cuento de terror que transcurre a plena luz del día. La historia sigue a una pareja estadounidense en crisis (Florence Pugh y Jack Reynor) que viaja junto a sus amigos a una pequeña comuna en un idílico y remoto rincón de Suecia para asistir a sus peculiares celebraciones del solsticio de verano. Una vez allí, los turistas se ven envueltos en la belleza natural del lugar, que solo ve dos horas de oscuridad al día, y el carácter acogedor de sus habitantes. Sin embargo, a medida que avanza su estancia, la alegría de la celebración no tardará en dar paso a un ambiente siniestro en el que las ceremonias paganas del Midsommar se vuelven cada vez más perturbadoras y violentas.

La influencia en Midsommar de El hombre de mimbre (The Wicker Man) es más que evidente. Aster lleva a cabo un claro homenaje a la película de culto de los 70, recogiendo además inspiración de cintas como El bosqueLa matanza de Texas. De hecho, más allá de su ambición discursiva y formal y su carácter experimental, Midsommar es en el fondo un slasher de campamento, la típica película de terror sobre un grupo de jóvenes que se van de vacaciones y acaban adentrándose en una pesadilla de la que será difícil salir con vida y en la que tomarán una decisión estúpida detrás de otra. Todo envuelto en una escalofriante reflexión sobre la religión, la tradición, el folclore y el ser humano en el espíritu amargo de Ingmar Bergman. Una mezcla cuanto menos chocante que, sin embargo, funciona a la perfección.

Entrar en Midsommar ignorando lo que nos espera, al igual que sus propios protagonistas, es esencial para vivirla al máximo. Uno no sabe qué se va a encontrar en la película, pero desde el primer minuto puede sentir que va a ser algo difícil de digerir. Ese miedo a lo que pueda venir es lo que hace que la experiencia sea tan intensa e inquietante, más que el terror tradicional, que no abunda en el metraje. Aster realiza un magistral trabajo creando la tensión y manteniéndola durante las más de dos horas que dura el film, solo cediendo el control en un tercer acto que se alarga excesivamente y se pierde por momentos en su mitología. El desasosiego es la tónica general de una película que va aumentando los nervios estallando en arrebatos lisérgicos y culminando exabruptos de violencia gráfica y gore que dejan en shock. Las escenas más explícitas, si bien no son muy abundantes, ponen a prueba los límites del espectador con truculentas imágenes que desafían a mantener la mirada en la pantalla.

En cuanto al reparto, unos excelentes Florence Pugh (Lady Macbeth) y Jack Reynor (Sing Street) encabezan un grupo de jóvenes talentos (Will Poulter, William Jackson Harper, Vilhelm Blomgren) que se entregan al cien por cien a la locura de la historia. Pugh nos regala una de las interpretaciones más fascinantes de la temporada y Reynor una de las más osadas. Mientras, Aster realiza un trabajo notable caracterizando a los personajes y desplegando sus conflictos de manera que la tensión que ya existe entre ellos sirve para magnificar el suspense que recorre todo el film. Midsommar ha sido nombrada por muchos “la mejor película de ruptura de la historia”, a lo que se podría añadir “la mejor película sobre hacer una tesis de la historia”. Ambos títulos llevan algo de guasa (no en vano, la película tiene abundantes toques de humor absurdo), pero también sirven para dar fe de las múltiples capas que componen una obra que es mucho más de lo que aparenta.

Midsommar es la constatación de que Aster no es flor de un día (nunca mejor dicho). Su dominio y seguridad siendo esta su segunda película es asombroso, y su talento para la atmósfera y la composición, unido a la impecable fotografía de Pawel Pogorzelski y la magnífica banda sonora de The Haxan Cloak, da lugar a una experiencia envolvente y visualmente exquisita. La película está repleta de planos para enmarcar, encuadres creativos e inteligentes, y una belleza que no hace sino acentuar la desazón y el delirio en el que nos acaba sumiendo. Extraña, macabra, visceral, traumática, está claro que Midsommar no es una película para todos los públicos, sino que está en su naturaleza dividir. Sus escenas pueden estomagar, su duración puede pasar factura y el excentricismo perverso de Aster puede atragantarse. Pero si uno entra en su cegadora y alucinógena propuesta, obtendrá en recompensa un viaje cinematográfico imposible de olvidar.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½