Crónica del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017: Parte 1

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Por Daniel Andréu

Un año más acudimos a la imprescindible cita con el cine de género en la 5ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017, que este año llega con energías renovadas, nueva dirección nueva sede en los Cines Proyecciones tras el cierre de los queridos Palafox.

Esta edición tuvo como primera proyección el cortometraje Bye Bye Baby, dirigido por Pablo S. Pastor. El propio director hizo una breve introducción en la que, entre otras cosas, dijo que su película favorita es Scream (Wes Craven, 1996). No tenía que jurarlo, pues la conversación con la que empieza el corto, en esa cocina, en esa casa, y con ese corte de pelo que lleva la protagonista, no podía tener otra inspiración. Referentes aparte, el corto se sostiene por sí mismo con una sencilla historia de misterio sobre una joven que empieza a notar sucesos extraños en su casa y… bueno, es mejor que el resto lo descubráis vosotros mismos. Lo más destacable es el apartado técnico, dejando claro que el dinero conseguido en el crowdfunding con el que se financió el proyecto tuvo el mejor uso posible, tratando con detalle y cariño la producción. En el tiempo que dura no tiene oportunidad ni de destacar especialmente ni de fracasar, pero hay mucho potencial, y esperamos que la versión en largometraje, que ya se está preparando, sea su confirmación.

La sección oficial de este año quedó inaugurada con The Heretics (Chad Archibald, 2017), cinta de terror sobre una joven que en el pasado fue secuestrada por una secta satánica para ser víctima de un ritual, y de nuevo vuelve a vivir esta pesadilla. En principio esta premisa no indicaba nada bueno ni nada malo, pero por desgracia el avance de la película se inclinó más hacia lo segundo. Se trata de un largometraje que, ante la falta de buenas ideas, obliga al espectador a hacer un esfuerzo por encontrar detalles que merezcan la pena. Lo que parecía que iba a ser algo entretenido lleno de algunos giros y sorpresas interesantes no tarda en degenerar y aburrir. Se agradece el juego al despiste sobre quién es realmente el villano, o qué personajes tienen un sorprendente pasado en común, pero cuando el guion decide olvidarse por completo de atar cabos o hacer que las situaciones sean verosímiles, cuesta ser benevolente con lo que se está viendo. Otra ilusión efímera fue el maquillaje, con unos efectos bastante conseguidos… siempre que la cámara no estuviera cerca ni hubiera mucha luz. En cuanto los planos se cierran, se ven las costuras de un trabajo pobre. El último detalle relativamente llamativo es ver la transformación final de la víctima, pero entonces es cuando el director se saca de la manga un absurdo epílogo y demuestra que esa transformación no era para nada interesante.

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Como prólogo al homenaje que Nocturna rinde este año a Narciso Ibáñez Serrador, se proyectó dentro de la sección Classics la película de 1969 La residencia. Esta película ambientada en un estricto internado para jóvenes problemáticas en el que se suceden varias muertes y donde nada es lo que parece fue presentada de una forma muy particular. Aunque hubiera extraños cambios en la calidad de imagen y frases sin doblaje, hay que agradecer al festival y a la distribuidora el esfuerzo por traer una copia sin censura y lo más cercana posible a la visión original del director. El tiempo pasa para todos, pero al contrario de lo que puedan pensar algunos contados espectadores que se reían en los momentos más dramáticos, esta película no ha hecho más que mejorar en los casi cincuenta años desde que se estrenó. Lilli Palmer en su papel de regenta del internado consigue ser uno de los pilares sobre los que se sostiene esa atmósfera tan opresora que es el mayor fuerte del film. Nadie se salva en esta cinta de terror con toques de giallo, todos los personajes esconden secretos y sacan lo peor de sí mismos. Chicho Ibáñez Serrador no se limitó a crear una historia entretenida, porque lo que él quiso fue hacer arte con el género. Las escenas de asesinatos son de una belleza que a día de hoy no han sido superadas, la secuencia en la que todas las chicas están cosiendo mientras una de las compañeras va a tener un encuentro secreto con un hombre es de una intensidad insoportable, y la historia de Lilli Palmer con su hijo es muy atrevida y turbia. Chicho mueve su cámara como el maestro que es y se ayuda de un diseño de producción exquisito, y es por todo eso que en 2017 La residencia es capaz de provocar tantos escalofríos como en 1969.

Para la gala de inauguración del festival hubo invitados de excepción como Caroline Munro o Jack Taylor, pero ellos van a tener su momento otro día. El viernes todos estábamos por el genio Chicho Ibáñez Serrador que iba a recibir el Premio Maestro del Fantástico por toda su trayectoria en el cine y la televisión. El delicado estado físico del director no le impidió hacer un enorme esfuerzo por venir a recibir su merecidísimo homenaje, y tras un momento en el que parecía que no iba a poder hablar, agarró el micrófono y convirtió la noche en pura magia y emoción. Tras el visionado de un bonito vídeo recorriendo su obra, hizo una interesante reflexión sobre la importancia del silencio en el cine de terror. Sus sabias palabras no estuvieron faltas de humor, consiguiendo que ese valioso silencio se rompiera por nuestras carcajadas. Lo que iba a ser un detalle del Nocturna y del público hacia Chicho, se convirtió en un honor de él hacia nosotros, porque recibir tanta sabiduría y cariño por su parte es algo que no tiene precio. Fue imposible no sobrecogerse con los aplausos y gritos llenos de amor y admiración que llenaron la sala.

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Después del que sin duda quedará como uno de los momentos más bonitos de todo el festival, llegó la hora de inaugurarlo oficialmente con Feliz día de tu muerte (Happy Death Day, Christopher Landon, 2017), el nuevo éxito de la factoría Blumhouse, que será uno de los estrenos importantes de estas navidades en España. Su argumento es tan sencillo como hacer un cruce de Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, Harold Ramis, 1993) con cualquiera de los muchos slashers ambientados en universidades y hermandades que hay. La estudiante Tree empieza a revivir una y otra vez el mismo día, que no solo es el de su cumpleaños sino también el de su muerte a manos de un misterioso asesino. Precisamente en esa sencillez radica el éxito de la cinta. Cuando lleva cinco minutos ya sabemos todo lo que va a pasar, cómo se va a usar cada elemento de los que se repite cada vez que la protagonista muere, y cómo va a ir evolucionando la trama. Pero el director y el guionista son totalmente conscientes y se aprovechan de ello gracias a un ritmo que no decae en ningún momento y a un guion con mucho humor que nunca cae en la saturación, y además se guarda algunos momentos realmente sorprendentes. Por si fuera poco, de un plumazo y de la manera más simple y efectiva posible, se quita de encima con mucha gracia el peligro de ser criticada por tener un argumento demasiado similar al del clásico film de Harold Ramis (pero eso, mejor descubridlo vosotros mismos). Mención aparte merece la actriz Jessica Rothe, que con toda la facilidad del mundo lleva sobre sus hombros el peso de la película, haciendo gala de un lado cómico que, si el mundo es justo, dará mucho que hablar.

Crítica: El hijo de Saúl

El hijo de Saúl

Texto escrito por David Lastra

Tras el estreno de la Palma de Oro (este año ha sido la decepcionante Dheepan), he aquí la otra gran cita del cinéfilo de pro: la (futurible) ganadora del premio de la Academia a la película de habla no inglesa. En esta temporada fílmica, esa no es otra que El hijo de Saúl. La ópera prima del realizador húngaro László Nemes ha arrasado en la categoría de película extranjera tanto en los premios de la crítica como en los Globos de Oro. Esta situación dista de la dualidad más o menos equilibrada durante el año pasado entre Ida Leviatán, asemejándose más a la acontecida hace un par de ejercicios con la imparable La gran belleza, cinta de Paolo Sorrentino que terminó haciéndose con el máximo galardón cinematográfico. Si nos atenemos a esta orgía de galardones de la crítica, podemos afirmar sin miedo alguno que el nombre de Saul fia (título original del film) ya está colocado en la base de la estatuilla de este año. Pero, ¿es merecedora El hijo de Sául del aplauso unánime de la crítica y del aluvión de premios? ¿Es mejor que la ninguneada El club? ¿Qué pensábamos al mandar Loreak?  He aquí nuestro veredicto sobre la sensación de la temporada.

Sin introducción alguna posible, nos vemos inmersos en el día a día de un campo de concentración. No hay tiempo para aclimatarnos a esa nueva situación, ni mucho menos una charla de bienvenida o un discurso motivacional para calentar el ambiente. Con un endiablado ritmo, comprobamos el absurdo de la cotidianeidad del comando de la unidad de trabajo de la que forma parte Saúl: acondicimionamiento de las duchas, recepción de los recién llegados y acompañamiento de los mismos a las duchas, pillaje de relojes y cadenas, retirada de cadáveres desnudos y limpieza de las duchas… y vuelta a empezar. Un bucle sin fin que no deja espacio para las dudas existenciales. Cuando la condición humana se suprime, la bestia camina y piensa solo en la supervivencia. Son los estertores del dragón nazi. El exterminio debe ser absoluto y rápido, no sólo por su antisemitismo, sino para no dejar prueba alguna sobre la barbarie llevada a cabo.

Con estos ingredientes, El hijo de Saúl podría considerarse como el enésimo acercamiento al holocausto, otra pequeña historia, pero Nemes quería darnos algo más. Además de un buen guión (firmado por el propio director junto a Clara Royer) y una impecable (de sucia) factura de producción, el realizador húngaro compone una sinfonía extrema de fueras de campo y primeros planos (no necesariamente de rostros, las nucas abundan) mediante cámara en mano que nos coloca en el medio de la acción, creando una especie de experiencia 3D, que provoca no solo la angustia afín propia al estar recluído en un campo de concentración, sino la asfixia propia del protagonista al no saber cómo actuar ante situaciones extremas. En esas ocasiones, la cara de pánico de Saúl (notable interpretación del cuasi debutante Géza Röhrig) es la nuestra al visionar el film. Con tanto movimiento y desesperanza, Nemes triunfa al hastiar y enfermar al espectador, pero flojea durante el tramo final, al intentar culminar la historia con una situación demasiado hollywoodiense, abocando en demasía a los sentimientos del espectador. Una solución no muy acertada y poco coherente con lo visto hasta ese momento.

Además de ser un drama intimista pseudoexperimental de guerra, El hijo de Saúl cuenta con un elemento de género. Una sorpresa que viene introducida ya en el título del film. Hemos hablado de Saúl, nuestro protagonista, pero todavía no hemos hablado del hijo del mismo. ¿Quién es el hijo de Saúl? El hijo de Saúl es un chaval cualquiera que llega al campo de concentración y del que Saúl se encapricha. Un acto para nada enfermizo, es puro amor paterno-filial. El problema es que el chico es purgado y la historia no llega ni a empezar. Ante esa situación, Saúl secuestra el cadáver y comienza a tratarle como su vástago. Saúl se aferra a un cuerpo inerte para sentir el calor (frío) de su hijo desaparecido y decide hacer todo lo que haga falta para enterrarle según el rito religioso, siendo este el motor principal del film (aunque desaparezca en buena parte de la parte central del film). Lo que podría verse como un acto simbólico y ejemplar, de honra a su hijo, no es sino otra muestra de lo extrema que es la situación en el campo: no solo el cadáver no es su hijo, sino que ni siquiera está  seguro de tener un descendiente. El tiempo en el campo de concentración lo destruye todo, especialmente la memoria como construcción de la identidad. Esa es el arma más peligrosa de todo régimen totalitario.

El hijo de Saúl es una fábula moral sin apenas concesiones ambientada en un enclave amoral situado bajo uno de los regímenes más inmorales jamás sufridos… y sí, es la mejor de las películas seleccionadas para los Oscars de esta edición, por lo que el galardón será justo.

Valoración: ★★★½

Crítica: Dheepan

Dheepan

Texto escrito por David Lastra

El estreno de la Palma de Oro es uno de los pocos acontecimientos ineludibles de la temporada cinematográfica otoñal. Cuando llega el momento, nos acercamos religiosamente a las salas de cine a visionar con ojo crítico y ceño fruncido el largometraje que meses antes encumbró el jurado del festival de festivales. Durante los últimos años, nos hemos llevado gratas sorpresas (La clase, La vida de Adèle), tomaduras de pelo (El árbol de la vidaPulp Fiction), experiencias cinematográficas inolvidables (Bailar en la oscuridadLa cinta blanca) y hasta alguna que otra siesta (Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas). Este año es el turno de Dheepan de Jaques Audiard, título que pegó el campanazo al arrebatarle (eso dicen) el máximo galardón a Carol de Todd Haynes. Vamos a comprobar si la nueva cinta del realizador de De óxido y hueso está a la altura del selecto club de premiados en Cannes.

Dheepan nos acerca a la vida de una familia de pega. Un hombre, una mujer y una niña que han formado una unidad familiar por la única razón de que se parecen a las personas que figuran en los pasaportes que van a utilizar para salir del país. Esta suerte de fraude de identidad es la única opción que tienen para salir de Sri Lanka estos tres refugiados tamiles. Ese poderoso e interesante punto de partida, engancha al espectador, haciendo que nuestro apetito voyeurístico se dispare y quiera saber más sobre el futuro de este hogar de cartón piedra. Su éxodo les lleva a París, pero no a la bella ciudad de las postales, sino a los suburbios. Al mismísimo lugar donde viven los monstruos de la droga y el tráfico de armas. El peor ambiente posible para empezar una nueva vida de cero.

Dheepan

A pesar de volver a contar con un personaje masculino protagonista de empaque (en esta ocasión, un antiguo soldado sanguinario reconvertido a conserje), Audiard vuelve a caer en uno de sus errores más comunes de su obra (¿podemos hablar de marca de autor?): pausar la acción hasta la extenuación. La diletante sucesión de tiempos muertos vuelve a aparecer, la misma que ya hizo que perdiese interés por el pianista chanchullero de De latir mi corazón se ha parado o por su niño salvaje carcelario de Un profeta. En esta ocasión, la repetición de los quehaceres diarios de Dheepan y sus choques, tanto conyugales como con sus convecinos delincuentes, no son sino una mera excusa para rellenar hasta el tan cacareado y comentado final. Hasta ese momento, el hastío y, por qué no decirlo, el aburrimiento dominan al espectador. Es ese estallido tan violento y visceral como previsible y anunciado, el que hace que nos desperecemos de nuestras butacas por un momento. Un clímax que recuerda en demasía a las trazas y al modus operandi del cine de los Coen, justamente los dos hermanos que presidían el jurado que otorgó la Palma de Oro a esta película…

Dheepan es una obra 100% Audiard, pero no llega ni a un 50% de Palma de Oro.

Valoración: ★★½

10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Tercera y última jornada

La 10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico llega a su fin en Madrid con un domingo cargado de proyecciones clásicas. Solo fueron dos los largometrajes de estreno. Por la mañana, La Muestra ofrecía El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939) con acceso libre. La tarde comenzaba con la sesión continua Alien (Ridley Scott, 1979) y Desafío Total (Total Recall, Paul Verhoeven, 1990), dentro del Phenomena Experience.

Leticia Dolera cedió el micrófono a Nacho Cerdá, creador del evento que recupera películas míticas de las décadas de los 70, 80 y 90, que nos prometió que se estaba haciendo todo lo posible por traer el Phenomena a Madrid de manera fija y con periodicidad mensual. La oportunidad de ver clásicos del cine de la talla de Alien, Desafío total, La princesa prometida o Dentro del Laberinto en pantalla grande es de agradecer eternamente por la generación de la nostalgia (que está llenando, con gusto, las arcas de Cerdá). Nada que decir sobre los pases de las cintas de Scott y Verhoeven, solo que han aguantado el tiempo mejor que muchas películas de hace 5 años. También estuvieron en el escenario el director y los actores del corto español Horizonte, que se proyectó a lo largo de la jornada.

Dolera se despidió del público de La Muestra celebrando el frikismo en la sala y en el mundo una vez más, y se marchó, no sin antes incidir en su amor a las palabras malsonantes (que con su voz suenan a gloria) y hacer de encargada de objetos perdidos (en esta ocasión un paraguas). Bravo por la chica de los patines de Al salir de clase, y hasta el año que viene (esperamos). Ahora las reseñas de las dos (olvidables) películas que pudimos ver después del Phenomena:

Cockneys vs. Zombies (Matthias Hoene, Gran Bretaña, 2012)

Siguiendo la alargada estela del clásico moderno de culto Shaun of the Dead (en España Zombies Party), Matthias Hoene nos propone la enésima revisión en clave de parodia british del género zombi. Cockneys vs. Zombies es una historia semi-reivindicativa sobre un grupo de adolescentes que atracan un banco para salvar el asilo de sus abuelos, pero se encuentran con más obstáculos de los que creían: principalmente una plaga de no-muertos en las calles de Londres. Hoene toma todos los clichés del género y los amasa en un producto que, a pesar de varios golpes de humor efectivos, resulta perezoso e insulso. La película se mueve por inercia, repitiendo los chistes y situaciones que ya hemos visto en muchas otras películas de este tipo, y nos hace pensar que el género se está agotando peligrosamente. Va siendo hora de dejar al mundo descansar de los zombis durante un tiempo, a menos que a alguien se le ocurra algo para revitalizarlo o desmontarlo: Goddard, Whedon, ¿no os interesa?

Horizonte (Aitor Uribarri, España, 2012) / El último exorcismo 2 (The Last Exorcism Part II, Ed Gass-Donnelly, Estados Unidos, 2013)

Horizonte es un corto muy largo (qué pasa, ¿que en España no sabemos hacer cortos de 8 minutos) sobre una España post-apocalíptica en la que existen seres monstruosos que solo salen de noche (suerte de Übervamps de Buffy). Uribarri se pasa por el forro las reglas del cortometraje, elaborando lo que en su cabeza era claramente un largo, y demostrando una enorme torpeza a la hora de condensar su historia en 20 minutos. Desdibujado, sobredramático e infantil, Horizonte solo se salva en el aspecto técnico.

El último exorcismo 2 es la innecesaria secuela del éxito de 2010 El último exorcismo (The Last Exorcism, Daniel Stamm). Regresa Ashley Bell (la Anna Faris de saldo, imaginaos) como Nell Sweetzer, que tras los eventos de la primera película intenta llevar a cabo una nueva vida alejada del mal. Sin embargo, el demonio que la atormentó regresa, enamorado de ella (quizás la única buena idea de la película), y con la intención de penetrar en su cuerpo una vez más. El último exorcismo 2 -que a ratos es más bien Scary Movie 7– nos muestra los progresos de Nell en una residencia para jóvenes descarriadas, salteados con trilladísimas escenas de misterio y sustos de manual basados en el golpe de música estruendoso o la aparición de un personaje de imprevisto que dice “hola” y ya está. Por no hablar de que las escenas más interesantes ocurren fuera de plano -mientras el demonio mata, nosotros vemos ventanas y neumáticos de coches, qué bien-, seguramente para conseguir la calificación PG-13 (un gran abucheo a esta vergonzosa ausencia de riesgo). El clímax, único momento en el que empieza a ocurrir algo de verdad, acaba siendo un exorcismus interruptus. El insulto final es un desenlace que no se puede considerar tal, que deja la “acción” en suspenso y a nosotros con la sensación de haber perdido dos horas de nuestras vidas. Y no me hagáis hablar del título, ¿se puede añadir un “2” a “El último exorcismo”? En la primera se refería al último que llevaba a cabo el cura. Pero en la segunda, ¿qué sentido tiene? Aunque tenga fácil explicación, no deja de ser desafortunado. Un desastre absoluto se mire por donde se mire.

10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Primera jornada

Un día después del preestreno oficial en Callao de Oz, un mundo de fantasía (Oz: The Great and Powerful, Sam Raimi, 2013) –aquí podéis leer mi crítica-, la 10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico inicia su primera jornada maratoniana de películas fantásticas, de ciencia ficción y de terror. La anfitriona de este año ha sido “un monstruo de dos cabezas”. Macarena Gómez sustituyó el jueves 7 a Leticia Dolera en las labores de presentación de la Muestra, con una respuesta más bien negativa por parte del público en la sala -claro que la respuesta a Oz más tarde fue peor. Una desubicada Macarena, que se saltó el guion en pos de una improvisación que hizo taparse la cara a más de uno -y mira que el público de #LaMuestra absorbe la vergüenza ajena con más temple que el público “normal”- se midió en aplausos con la que ha sido casi todos los años la reina del festival, y lógicamente, salió perdiendo.

El viernes 8 de marzo Dolera acudía al rescate, y la cosa mejoraba considerablemente. Juntas hicieron pasar un buen rato lleno de aseveraciones tan elegantes y reivindicativas como “A [REC]3 le dieron ocho Goyas como ocho pollas“. Con esta frase, Dolera incitaba una protesta en contra de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, que suele ignorar el cine de género en sus nominaciones a los rancios premios Goya. Entre poesía (“Canino: pa tu culo mi pepino”), objetos perdidos (Dolera aprovechó una de las presentaciones para buscar al dueño de un ticket de parking perdido) y la visita de Eduardo Casanova y Ana Polvorosa -que venían a presentar el corto Amor de madre, transcurrió un completo primer día de #LaMuestra. Desde las 17:00 hasta las 2 de la madrugada pudimos ver cuatro películas y un cortometraje que os comento a continuación:

Kenshin, el guerrero samurái (Rurôni Kenshin: Meiji kenkaku roman tan, Keishi Ohtomo, Japón, 2012)

Fiel adaptación del popular manga de Nobuhiro Watsuki, que gozó en los 90 de un gran éxito mundial, durante la época dorada del cómic japonés. En España alcanzó una gran popularidad sobre todo gracias a su versión anime. En esta ocasión, la historia del menudo y afeminado vagabundo samurái cobra vida a través de personajes en carne y hueso y el tratamiento de superproducción nipona. Sin embargo, Kenshin, el guerrero samurái es una película de dos horas y media que trata de condensar el mayor número posible de elementos del manga, y falla por no esforzarse un poco más en la historia que se cuenta (que se puede resumir con el insistente y simplón mensaje “matar no está bien”). Gustará a aficionados del cine moderno de samuráis, y por supuesto a los fans del manga y el anime en el que se basa, que encontrarán sin duda una gran satisfacción en ir reconociendo a sus personajes y tramas a lo largo del metraje. Claro que su ritmo exasperante y su constante divagación narrativa pueden hacer que hasta el más fan de Rurouni Kenshin pierda el interés continuamente. Si se busca un buen filme de samuráis contemporáneo, acúdase mejor a Takashi Miike.

Grabbers (Jon Wright, Irlanda, 2012)

Wright nos propone un homenaje a las películas ochenteras de invasión extraterrestre y bichos asesinos con una historia sobre una especie de seres alienígenas (anos gigantes con tentáculos) que llegan a un pueblo costero irlandés sedientos de sangre. Dos policías se encargarán de librar a los habitantes de la plaga que los acecha con la ayuda de un gran descubrimiento: la kryptonita de los grabbers (trincadores en su versión subtitulada) es el alcohol. Imaginad, irlandeses borrachos contra alienígenas asesinos. El resultado está a la altura de la propuesta (a pesar de un inicio preocupantemente soso), y Grabbers divierte y hace reír gracias a magníficos gags y el buen hacer de los intérpretes. En la línea de Attack the Block (Joe Cornish, 2011), la película de Wright da la sensación de no tomarse nunca en serio, pero en el fondo sabemos que estamos viendo algo más que un subproducto: Grabbers tiene momentos de auténtica inspiración cómica. A destacar la química de la pareja protagonista –Richard Coyle y una esplendorosa Ruth Bradley-, y la participación del siempre eficaz, siempre entrañable, Russel Tovey (Doctor Who, Him & Her y casi cualquier serie británica de los últimos 7 años). Por cierto, mirad el póster. Toda una declaración de intenciones, ¿verdad?

Amor de madre (Eduardo Casanova, España, 2013) / Boneboys (Duane Graves, Justin Meeks, Estados Unidos, 2012)

El cortometraje Amor de madre, dirigido por Eduardo Casanova y protagonizado por su amiga y compañera de reparto en Aída, Ana Polvorosa, es según palabras de su director, un melodrama trágico. Casanova debuta como director con un corto demasiado largo en el que se ponen de manifiesto todos los defectos del principiante, de los que el más irritante es la insistencia por que el espectador (re)conozca los referentes del realizador. Casanova nos dijo que le encantaría que el público jalease durante la película, “como en Cecil B. Demente. Pero lo que hizo el público fue resoplar, dormirse, y en última instancia gritar “¡vaya truño!” Pues eso, un desastre. Ah, y salen zombis. No sabemos por qué.

Nadie podía esperar lo que se nos venía encima a continuación con Boneboys, de la mano de Kim Henkel, productor y guionista de La matanza de Texas, sus secuelas y otras películas de terror parecidas. Cuando Boneboys comienza uno sabe que va a ver la clásica historia de adolescentes extraviados (en Texas, cómo no) que se convierten en víctimas de sádicos asesinos. La misma película de siempre, vamos. Y esto es cierto hasta que Boneboys abandona toda lógica cinematográfica y humana y se entrega por completo a la demencia más indescriptible (el torture porn es lo de menos). En serio, no es posible articular en palabras la locura que es esta película. Boneboys es básicamente otro remake de La matanza de Texas, pero con el absurdo, el bizarrismo y el exceso elevado a la millonésima potencia, un “¿QUÉ COÑO ES ESTO?” constante del que es mejor no saber nada antes de adentrarse en su mundo. Pero que no, no es posible describirlo, no lo es. Hay que verla para creerla. O para no creerla.

John Dies at the End (Don Coscarelli, Estados Unidos, 2012)

La nueva película de Don Coscarelli (El señor de las bestias, Phantasma) está basada en una novela de terror publicada originalmente en Internet por Jason Pargin (con el pseudónico David Wong), y es básicamente un cómic de Vertigo en movimiento. Pero uno con gracia. John Dies at the End parece a ratos una versión alucinada de Supernatural, pero es esencialmente un viaje psicotrópico deudor de Hunter S. Thompson, y en su defecto, de David Cronenberg. La película amalgama con ingenio y un gran sentido del humor una apabullante cantidad de ideas y motivos propios de la serie Z. El ritmo desfallece en su tramo final, pero John Dies at the End se las arregla para permanecer imprevisible y estimulante la mayor parte del tiempo. La primera película en diez años de Coscarelli es un ejercicio evidentemente autoindulgente que no oculta su deseo de recibir la categoría de película de culto, pero que, intenciones del autor aparte, la merece.