Crónica: 16ª Muestra SYFY de cine fantástico (2019)

Dieciséis años, y contando. La Muestra SYFY de cine fantástico de Madrid ha celebrado este año su “sweet sixteen”, y lo ha hecho por todo lo alto, con una de sus mejores programaciones hasta la fecha. Del 7 al 11 de marzo, los asistentes a la Muestra hemos podido disfrutar de una cuidada selección de cine fantástico y de ciencia ficción organizada por la cadena SYFY España, que como suele ser habitual, ha compilado una selección de títulos de lo más variopinto y extravagante.

La Muestra 2019 marcaba también la reaparición de Leticia Dolera como anfitriona, después de la polémica de su serie para Movistar+. La actriz, escritora y directora aprovechó la ocasión para volver a la normalidad, y a las redes sociales, después de tres meses de ausencia (casi) total. Su trabajo fue el de siempre, presentaciones divertidas, espontáneas y sí, feministas. Coincidiendo la Muestra con el Día de la Mujer, no podía ser de otra manera.

Controversias aparte, centrémonos en lo que nos importa de la Muestra. El cine, y la experiencia de verlo acompañado de aficionados al género fantástico. El público de la Muestra es de los más entusiastas que se conocen. Es por ello que se ha convertido en tradición desde hace años comentar las películas y hacer chistes en voz alta durante las proyecciones. Esto forma parte de la experiencia, pero afortunadamente, desde hace poco, la organización ha duplicado (o triplicado) las sesiones para diferenciar entre “Sala Mandanga” y “Sala del Silencio”. En la primera, el público es libre de armar todo el jaleo que quiera, en la otra se va a ver las películas en silencio.

Y sin más dilación, paso a comentaros las películas que he visto este año en la Muestra SYFY. Desafortunadamente no me ha sido posible verlas todas como otros años, pero de lo que he visto, me llevo un par de peliculones para la posteridad. Y alguno de ellos se estrena en salas comerciales pronto, así que tomad nota.

Capitana Marvel (Anna Boden, Ryan Fleck, 2019) – Inauguración

La Muestra SYFY comenzó el jueves con la premiere de Capitana Marvel en Madrid, película de apertura con la que empezamos esta edición “más alto, más lejos, más rápido”. La primera entrega de Marvel protagonizada enteramente por una mujer llegaba ensombrecida por una campaña de odio en Internet y un boicot por parte de los trolls que no les salió como esperaban: 455 millones de dólares recaudados en su primer fin de semana, convirtiéndola en el estreno mundial más taquillero protagonizado por una mujer y el segundo de superhéroes detrás de Vengadores: Infinity War. El público de la Muestra se entregó por completo a la historia de origen de Carol Danvers (estupenda Brie Larson), una película con todas las señas de identidad de Marvel y muchas conexiones con el resto de su Universo, concretamente con Vengadores: Endgame. La película se ha confirmado como un nuevo triunfo para el estudio, y así se sintió en la premiere. Risas, emoción con el cameo de Stan Lee, aplausos al final y un gran revuelo generalizado con las escenas post-créditos. Ah, y como era de esperar, la gata Goose conquistó a todo el mundo. Chupaos esa, troll. Si queréis saber más, os cuento mis impresiones sobre la película (que disfruté mucho más la segunda vez, conociendo de antemano los giros del argumento) aquí.

Elizabeth Harvest (Sebastián Gutiérrez, 2018)

La primera jornada propiamente dicha arrancaba para mí con Elizabeth Harvest, fábula de ciencia ficción dirigida por el venezolano Sebastián Gutiérrez. A medio camino entre Cincuenta sombras de Grey y un capítulo de La dimensión desconocidaElizabeth Harvest se desarrolla como una historia de clones con (sospechosos) ecos a Ex Machina (tienen muchos elementos en común y el final es calcado) y mucha comedia involuntaria. Protagonizan Abbey Lee (Mad Max: Furia en la carretera), Ciarán Hinds (que no sabemos cómo ha ido a parar ahí) y Carla Gugino, que le hace un favor al director (su marido) agraciando la película con su presencia. Pero ninguno de ellos (ni Dylan Baker, que también se pasa por ahí) es capaz de salvar la película. Su historia promete, pero una trama enrevesada y llena de pseudociencia acaba haciéndola cada vez más tediosa, confusa y absurda. Cuesta mucho tomársela en serio, pero claro, para eso estamos en la Muestra, cuyo público se encarga de que ninguna película aburra.

Upgrade (Leigh Whannell, 2018)

Primera gran sorpresa de la Muestra. Incomprensiblemente, esta curiosa cinta de ciencia ficción de la factoría Blumhouse no ha llegado a estrenarse en cines españoles, por lo que agradecemos a SYFY que la haya recuperado para el disfrute de su público objetivo. Leigh Whannell (guionista de Saw Insidious, y director de Insidious 3) se pasa al sci-fi con un oscuro thriller futurista a medio camino entre el policíaco, el noir y la acción pura que tiene mimbres de película de culto. En ella, un hombre tetrapléjico vuelve a andar gracias a la implantación de un chip llamado Stem, que toma el mando de sus funciones motoras y lo lleva al límite de sus capacidades, tras lo cual irá en busca de los hombres que mataron a su mujer, aprovechando sus nuevas habilidades. Logan Marshall-Green (el Tom Hardy de Hacendado) realiza una fantástica interpretación física en una película que casualmente también va de un hombre que habla con una voz en su cabeza que controla su cuerpo. Aunque recuerda a muchas películas anteriores (Minority ReportHerCrank, Lucy, Venom), Upgrade logra ser original. Engancha, tiene escenas de acción brutales y madera para saga. Muy disfrutable.

Gintama (Yûichi Fukuda, 2017)

Incorporación de última hora, Gintama se proyectaba en la Muestra a la vez que El año de la plaga, para gozo de fans del anime y el cine fantástico japonés. Se trata del largometraje en acción real del popular manga de Hideaki Sorachi, que ya ha tenido múltiples adaptaciones en diferentes formatos, incluida una longeva serie de animación. La película opta por la adaptación literal, conservando el estilo anime con un aspecto visual colorista, ritmo frenético, un “argumento” en el que todo vale e hilarantes efectos digitales de tercera. Lo mejor de la película son los chistes meta y las referencias a otros títulos de la cultura pop japonesa (el cameo de Nausicaä es genial), pero más allá de eso, cualquiera que no esté acostumbrado a este tipo de productos, puede salir completamente espantado por su estridencia y su absurdo sin fin. Sin ir más lejos, a mí me dejó el cerebro frito y mató las pocas neuronas que me quedaban. No apta para todos los públicos.

Prospect (Christopher Caldwell, Zeek Earl, 2018)

Christopher Caldwell y Zeek Earl dirigen esta personal propuesta de ciencia ficción que comienza como un drama paternofilial ambientado en el espacio (con el referente indie Jay Duplass) y acaba convirtiéndose en un competente thriller de supervivencia que se vuelve más y más extraño e intenso conforme avanza. Con un simple escenario principal (un bosque) y mediante diálogos que dan mucha información sin sobreexplicar demasiado, la película da forma a un detallado universo ficticio, demostrando que no hace falta un gran despliegue de efectos para crear mundos fantásticos creíbles en el cine. En el centro de la historia, una relación muy interesante y muy bien interpretada por la prometedora Sophie Thatcher y un genial Pedro Pascal. Una de las sorpresas más gratas de este año.

Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler, 2018)

El sábado nos encontrábamos con un viejo conocido, S. Craig Zahler. Sus dos películas anteriores, Bone TomahawkBrawl in Cell Block 99 se habían proyectado en la Muestra con gran éxito de público, por lo que su tercer largo como director no podía faltar en la programación de este año. Para su nuevo trabajo ha vuelto a contar con Vince Vaughn, que esta vez está acompañado nada más y nada menos que de Mel Gibson, con el que lidera un gran reparto. Dragged Across Concrete (qué gran título) es un thriller policíaco sórdido y ultraviolento en la tradición de Zahler, que sigue insistiendo en hacer un tipo de cine que recuerda inevitablemente al de Tarantino. Con leves pero constantes pinceladas de humor y dos horas y media de duración, el director casa el exceso de sus imágenes con una narración y una realización muy calculadas que, afortunadamente, no aburre a pesar de su metraje gracias a su buen pulso. Lo malo es que en su tercera película ya se le empiezan a ver las costuras. Zahler peca de pretencioso, repite esquemas y su discurso atufa a rancio, con personajes femeninos que son el paradigma del sexismo en el cine y Gibson interpretando a un personaje a su medida: un poli corrupto anticuado, racista, machista y homófobo. Dragged Across Concrete es de esas películas que te hace simpatizar tanto con ese tipo de personajes que te acabas preguntando si es solo el personaje o la película también defiende esas ideas tan primitivas.

Nación Salvaje (Sam Levinson, 2018)

Y tras la saturación machirula de Dragged Across Concrete llegaba un film diametralmente opuesto, Assassination Nation, incendiaria sátira feminista sobre cuatro chicas adolescentes que se convierten en el blanco de la ira de su instituto y una pequeña comunidad idílicamente suburbana que ha sido víctima de un escandaloso hackeo masivo. Una reflexión hiperbólica pero afiladísima sobre el papel de Internet en nuestras vidas, el linchamiento social, la hipocresía y la doble moral, y el juicio de una comunidad conservadora ante la liberación de la mujer y la expresión de su sexualidad (es de todo menos casual que transcurra en Salem). Es decir, una historia completamente actual y oportuna que se propone provocar y lo consigue. Es como si Sofia Coppola, David Robert Mitchell y Harmony Korine se hubieran unido para hacer una película. Moderna, pop, autoconsciente, violenta, visual y estéticamente gloriosa, y con una recta final demencial, Assassination Nation es una de esas propuestas radicales que dividen fuertemente a la audiencia. Los varios egos masculinos que salieron heridos de la proyección demostraron que la película logra su propósito de remover conciencias e incomodar a aquellos que se sienten amenazados por el feminismo y el poder de la mujer.

Escape Room (Adam Robitel, 2019) – Clausura

La Muestra SYFY concluía el domingo con Escape Room, película de clausura que esta semana llega a las salas comerciales de toda España. Adam Robitel (The Taking of Deborah LoganInsidious. La última llave) dirige la nueva vuelta de tuerca de las sagas de terror juvenil que ya se ha convertido en todo un éxito en Estados Unidos. Escape Room es como una fusión entre Cube, Saw La cabaña en el bosque, un juego retorcido en el que seis desconocidos se enfrentan a una escape room de la que deberán salir con vida usando su ingenio. Aunque no es original y requiere suspender la incredulidad considerablemente, es una película muy efectiva en lo que se propone, además de tremendamente entretenida. Destaca por su creatividad a la hora de diseñar los puzles y por lo bien que maneja la tensión. Una nota positiva para terminar la Muestra y dejarnos con ganas de más el año que viene.

Capitana Marvel: El eslabón perdido de Marvel

Ha tardado diez años, pero por fin ha llegado. Marvel presenta su primera película protagonizada por una mujer (después de que la Avispa compartiese cartel con el Hombre Hormiga en Ant-Man y la Avispa). Capitana Marvel es la penúltima entrega de la Fase 3 del Universo Cinematográfico Marvel, un acontecimiento muy esperado que promete sacudir los cimientos de este universo de ficción. Anna Boden y Ryan Fleck dirigen la primera película en solitario del divisivo personaje de Marvel Comics, adoptando su encarnación más reciente, Carol Danvers. La oscarizada Brie Larson se pone en la piel de la heroína de poderes cósmicos en una película que ejerce como presentación oficial del personaje y también como precuela del Universo Marvel y la Iniciativa Vengadores, es decir, un entreacto para rellenar los huecos entre Vengadores: Infinity War Endgame.

Como viene siendo habitual en las películas del estudio, Capitana Marvel toma elementos icónicos de la historia de Marvel Comics y los transforma y adapta a sus necesidades. La película se construye como una historia de orígenes, pero no es exactamente la que nos encontramos en las viñetas, sino que han decidido alterar el orden de los factores para tratar de darle un giro refrescante. La de Carol Danvers es una historia de autodescubrimiento clásica, pero en lugar de utilizar el ABC del decálogo superheroico, cambia el esquema por un BCA, resultando en una origin story ligeramente diferente, si bien algo confusa e irregularmente desarrollada, sobre todo durante su primer acto.

Capitana Marvel transcurre en los 90, y se asemeja a una película de acción y ciencia ficción de invasiones extraterrestres propia de esta década, una aventura intergaláctica que nos presenta el Universo Marvel tal y como era antes de que lo conociéramos. Después de estrellarse en la Tierra durante una misión, en la época en la que todavía se usaban las cabinas telefónicas y existían los videoclubs, la guerrera Kree Vers (Larson) trata de ponerse en contacto con su equipo, liderado por su mentor, Yon-Rogg (Jude Law), mientras investiga la infiltración en nuestro mundo de la raza alienígena de los Skrulls, con la que los Kree libran una guerra a través del espacio. Durante su estancia en la Tierra, Vers empieza a ver flashes de una vida anterior, lo que le lleva a descubrir la impactante verdad sobre su pasado, su identidad y el origen de sus poderes.

Larson está acompañada la mayor parte del tiempo por Samuel L. Jackson, que retoma su papel como Nick Furia cuando aun era un simple agente de S.H.I.E.L.D, gracias a la tecnología digital rejuvenecedora a la que tanto partido le está sacando el estudio (y con éxito, porque el “lifting” de Furia es impecable y no distrae en ningún momento). Ambos llevan el timón, junto a la robaescenas oficial de la película, la gata Goose, de una divertida buddy film dentro del espectáculo sci-fi al que nos tiene acostumbrados Marvel, protagonizando los momentos más cómicos en una película que sabe dosificar el humor para no saturar con demasiados chistes. El reparto es uno de los puntos fuertes del film, con Jackson como una de las atracciones principales, y un grupo de aclamados intérpretes secundando a los protagonistas. Los personajes de Jude Law, Ben Mendelsohn y Annette Bening están correctamente caracterizados e interpretados, nos deparan bastantes sorpresas (Talos la más grata), y los actores parecen estar pasándoselo bien, algo que no siempre ocurre con este tipo de fichajes de renombre en el cine de superhéroes.

Pero por supuesto, Larson es el centro de atención. La actriz, blanco de polémicas externas por su empeño en aumentar la diversidad en la crítica y la cobertura de prensa de la película, se ha tenido que enfrentar a un injusto escrutinio por parte de un sector del público. Afortunadamente, la actriz demuestra con su estupendo trabajo en la película que fue una elección más que acertada para el papel. Su Carol es una superheroína definida, una mujer inteligente, decidida y carismática que Larson construye encontrando el equilibrio adecuado entre el temple y la capacidad analítica de un soldado, la fuerza extraordinaria de un superhéroe y la humanidad de una persona que está tratando de descubrir quién es en realidad.

Capitana Marvel es una oportunidad para visitar otro rincón pasado del Universo Marvel y reencontrarse con viejos conocidos. La presencia de Furia, Ronan (Lee Pace), Korath (Djimon Hounsou) o Phil Coulson (Clark Gregg) establece conexiones con las vertientes terrenales y cósmicas del UCM, ayudando a completar sus historias mientras trazan líneas directas con Los Vengadores (algunas inesperadas) que nos preparan para el enfrentamiento final con Thanos en Endgame. Pero estos nexos están debidamente entrelazados en la historia de Carol de modo que nunca hacen que el foco se distancie demasiado de ella y que, por tanto, la película se mantenga contenida en sí misma.

Aunque no sobresale especialmente por su aspecto visual o su dirección, más bien convencional (sobre todo si lo comparamos con otras entregas de la Fase 3 mucho más estimulantes como Doctor StrangeThor: Ragnarok Black Panther), Capitana Marvel saca provecho de su ambientación noventera con detalles nostálgicos muy simpáticos (de los que, afortunadamente, no abusa) y sobre todo una banda sonora de temazos de los 90 (Garbage, Hole, No Doubt, TLC, Nirvana, REM…) que harán vibrar a cualquiera que creció durante esta década. Las canciones suelen acompañar escenas de acción electrizante y combates excelentemente ejecutados (memorable un explosivo una contra todos al ritmo de ‘Just a Girl’ de No Doubt), en los que Larson destaca por su agilidad y contundencia, haciendo honor a la reputación de su personaje como el más poderoso del Universo Marvel (aunque eso aun está por ver).

Capitana Marvel es la historia de empoderamiento femenino que el eminentemente masculino Universo Marvel necesitaba. Carol Danvers no solo se enfrenta a villanos del espacio exterior, sino también al sexismo de cada día en la Tierra (en una escena le llegan a pedir que sonría, evocando así a la absurda polémica en Internet porque el personaje no aparece sonriendo en el material promocional de la película), respondiendo siempre con entereza y dignidad, dándole a lo trolls la justa atención que merecen y levantándose cada vez que se cae para demostrar su valía en un mundo de hombres que no creen que haya lugar para ella. También hay que señalar que no hay historia de amor en la película, sino una bonita amistad entre Carol y su excompañera de vuelo y mejor amiga Maria Rambeau (la revelación Lashana Lynch), con la que protagoniza las escenas más emotivas. Pero su mensaje feminista viene también acompañado de un (quizá no muy sutil) mensaje anti-bélico y una reflexión en torno a los refugiados alienígenas que sirve como reflejo de nuestra realidad y ayuda a dar un mayor empaque emocional y trascendencia a la historia.

Evidentemente, Marvel sabe exactamente lo que tiene que dar a su público, y eso es justo lo que hace en Capitana MarvelQue es formulaica es más que obvio. Aunque, como ya he dicho, trata de darle una vuelta de tuerca a esa fórmula para contar una historia de orígenes desde otro punto de vista, al final no deja de ser una película de Marvel en todos los aspectos, para bien y para mal. Ofrece las dosis de acción y espectáculo que esperamos de Marvel (con efectos digitales mejorables, desgraciadamente también como siempre), la fusión de drama y comedia, las conexiones con el UCM, la fijación con las relaciones paterno-filiales, la definición de qué hace al héroe y su lucha moral, los giros argumentales que dan la vuelta a lo que creíamos saber, el marveliano juego de la anticipación que da lugar a un tercer acto que eleva la película… Todo está aquí, y todo funciona tan bien como siempre. Porque si algo no está roto, ¿por qué vas a arreglarlo?

Capitana Marvel es un disfrutable estallido galáctico de nostalgia noventera, una bienvenida incorporación al Universo Marvel que cumple su cometido presentando a su heroína y dejándonos con ganas de volver a verla. No es una película perfecta, pero es que sería injusto pedirle que lo fuera. El hecho de que sea la primera película de Marvel centrada en una mujer ha hecho que le exijamos más que a sus predecesoras, cuando lo cierto es que Marvel ha hecho con ella lo que debía: darle el mismo tratamiento que a sus héroes masculinos. Su primera incursión en Marvel es un eslabón imprescindible para todo fan del estudio, una inspiradora historia que sirve para encajar las piezas que faltaban y calentar motores para el gran acontecimiento de Vengadores: Endgame, en el que volveremos a ver a Carol, ya unida a los Héroes Más Poderosos de la Tierra.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

‘Ellas dan el golpe’, tan vigente y necesaria como hace 25 años

a-league-of-their-own

“¡En el béisbol no se llora!” – Hace poco más de un año Internet atravesaba una de sus épocas más tumultuosas por culpa de un solo trailer. El primer adelanto del reboot de Cazafantasmas, protagonizado por cuatro mujeres, desataba a lo largo y ancho del mundo la ira de miles de fans del clásico original y retrógrados y machistas recalcitrantes (una cosa no necesariamente unida a la otra, que conste). Era el surrealista y ya lejano 2016, y la idea de que cuatro mujeres (la mayoría de más de 40, por cierto) encabezasen el reparto una película como aquella, no solo basada en un clásico intocable, sino también eminentemente masculina en todas sus dimensiones, resultó ser insoportable para muchas personas, demostrando así lo poco que hemos avanzado en las últimas dos décadas.

Flashback a 1992Ellas dan el golpe (A League of Their Own) llegaba a los cines estadounidenses rodeada de incertidumbre y desconfianza. Estamos hablando no solo de una película con un elenco coral de mujeres, sino además de una película ¡deportiva! protagonizada por mujeres y dirigida por una mujer, Penny Marshall (Big). Desde los despachos de Columbia Pictures dudaban del potencial del proyecto y esperaban que este se estrellase en la taquilla. No hay más que ver el trailer original, que la vendía como una película de Tom Hanks (fantástico como siempre, por descontado), la historia de un sufrido entrenador que tenía que lidiar con un equipo de mujeres (entre ellas el reclamo indudable de Madonna, en la cima de su ochenteridad), con sus torpezas y sus dramas de chicas. ¡Qué situación más disparatada! ¡¿Y si les viene la regla a la vez?! Por otro lado, la prensa tampoco daba un duro por ella y estaba más interesada en saber si, al ser una película de chicas, las peleas (de gatas) habían sido frecuentes en el rodaje. Por eso la sorpresa fue mayor cuando el film se convirtió en uno de los éxitos de la temporada, recaudando en Estados Unidos más de 100 millones de dólares (hazaña que ya había logrado la propia Marshall con Big unos años antes, convirtiéndose así en la primera y la segunda directora en recaudar tal cantidad con una película).

Ellas dan el golpe narra la historia real de la primera liga femenina de béisbol profesional (la All-American Girls Professional Baseball League Players Association), que tuvo lugar entre 1943 y 1954, mientras los hombres luchaban en la Segunda Guerra Mundial. A través de la experiencia de dos hermanas (Geena Davis y Lori Petty) que dejan su hogar para unirse a al equipo de las Peaches, la cinta cuenta las vidas de un grupo de pioneras con un sueño: la oportunidad de demostrar que eran capaces de hacer lo mismo que sus contrapartidas masculinas, y convertir el deporte en un espectáculo para todos los públicos. El resultado era una película divertida, entrañable y emocionante que ha superado con creces la prueba del tiempo para convertirse un clásico. En cierto modo, la historia se repetía cincuenta años después de los acontecimientos reales, con un equipo de mujeres de Hollywood dispuestas a callar la boca a todo el que desconfiara de su capacidad para llevar el peso de una película. El éxito de Ellas dan el golpe en su país, tanto entre el público femenino como el masculino (y en especial entre niños y niñas), probaba lo mismo que la película: Ellas también pueden dar el golpe en la taquilla. Y no hay motivos de peso para dudarlo por sistema. Por desgracia, este caso no se tomó como un ejemplo a seguir, sino como una curiosa excepción.

ellas-dan-el-golpe

Veinticinco años después, la situación ha mejorado ligeramente. La idea de una mujer directora al cargo de una superproducción no es tan descabellada (Ava DuVernay y Nikki Caro dirigirán dos blockbusters de Disney) y la comedia gamberra femenina vive lo más parecido a una época de esplendor (BridesmaidsDando la notaMalas madres), pero sigue existiendo la noción de que es más difícil vender una película “de mujeres” que una “de hombres”, cuando es simplemente una cuestión de matemáticas y probabilidad. Si se hacen tres películas con mayoría femenina en el reparto y dos fallan, el fracaso se achaca al género de sus protagonistas, si se hacen 100 masculinas y 50 se dan de bruces en la box office (y creo que estoy siendo generoso), la culpa es siempre de otros factores. Por eso seguimos necesitando películas como Ellas dan el golpe, y lo más importante, más oportunidades para que las mujeres en el cine puedan fallar el bateo sin miedo a las represalias y el público (masculino y femenino) pueda vitorear sus home runs.

Reseña del Blu-ray de Ellas dan el golpe – Edición 25º Aniversario

Sony Pictures Video pone a la venta en Blu-ray y DVD la versión restaurada de Ellas dan el golpe para conmemorar su 25º aniversario, con viejos y nuevos contenidos adicionales que detallamos a continuación.

– El legado de Ellas dan el golpe. Documental con nuevas entrevistas a la directora, los guionistas y la mayoría de miembros del reparto (excepto Madonna, por supuesto), que se reunieron en 2016 para jugar un partido homenaje y reflexionar sobre el legado de la película y la importancia de seguir recordando la historia real en la que se basa y celebrando a las mujeres que cambiaron la historia del deporte en Estados Unidos.

ellas-dan-el-golpe-blu-ray– Escenas inéditas. Penny Parshall tenía montaje original de 4 horas. Evidentemente tuvo que recortarlo, dejando fuera muchas tramas secundarias y metraje que acabó perdiéndose. Esto no impidió que la película desarrollase debidamente a la mayoría de sus personajes, pero para quienes necesiten saber más sobre la historia y las grandes mujeres que la protagonizan, el Blu-ray incluye hasta 15 escenas eliminadas, restauradas y remontadas a partir de material en VHS, con introducción de la directora.

– Nueve entradas memorables. Documental original dividido en nueve partes que desengranan la producción y el impacto original de la película. Con entrevistas al equipo, que hace un repaso por la historia del proyecto, desde las audiciones en el campo de béisbol (2.000 chicas tuvieron que demostrar ante los Dodgers que sabían jugar antes de pasar a las pruebas de guion) a los duros entrenamientos seis días a la semana y el rodaje en extremas condiciones de calor, pasando por el éxito del film entre toda clase de públicos (según cuenta Geena Davis, a muchos hombres les daba vergüenza reconocer que era su película deportiva favorita y lo ocultaban) y el morbo de contar en el reparto con Madonna, según sus compañeras profesional, trabajadora y nada diva en el rodaje.

– Audiocomentarios de la directora y el reparto

– “This Used to Be My Playground”. Videoclip de Madonna.

– Trailer de cine

‘Los Pitufos: La aldea escondida’ es un canto al empoderamiento femenino

Los Pitufos recibieron un lavado de cara en 2011 con el relanzamiento del universo creado por Peyo en una película que fusionaba acción real y animación digital al estilo de GarfieldAlvin y las ardillasTras el éxito de la primera entrega, en la que los famosos seres azules compartían pantalla con Neil Patrick Harris, se estrenó una secuela que, si bien recaudó menos en taquilla, tuvo la acogida necesaria para justificar la continuación de la franquicia.

Sin embargo, en lugar de seguir el camino de las anteriores películas, se ha preferido hacer borrón y cuenta nueva y replantear la saga desde otra perspectiva. Así, la nueva película, Los Pitufos: La aldea escondida (Smurfs: The Lost Village), no es exactamente una secuela directa, sino un reboot íntegramente animado que efectúa un rediseño de personajes (ahora menos realistas y más como los dibujos de siempre) y se olvida del mundo moderno para llevarnos de nuevo al bosque mágico donde suelen transcurrir las aventuras clásicas de los Pitufos.

Es decir, La aldea escondida supone un regreso al estilo y al tono de las historias originales de los Pitufos, manteniéndose fiel a la inocencia y las buenas intenciones de la creación belga mientras expande su mitología y la adapta a nuestros días con vistas a alargar su vida comercial. En ella regresamos a la apacible aldea de casas de seta donde, además de reencontrarnos con los personajes de siempre, seguimos conociendo a nuevos Pitufos, exprimiendo bien la idea de que puede haber uno por cada característica, destreza especial o rasgo de personalidad que exista (a las nuevas incorporaciones de las películas anteriores se añaden el Pitufo Cotilla, el Psicólogo o el Muerdemesas, sea lo que sea eso). Todos son diferentes, pero tienen algo en común: son chicos. Con una excepción, Pitufina. Ella es la única mujer de la aldea, y su nombre no indica ninguna cualidad concreta, como ocurre con los demás habitantes. ¿Quién es Pitufina? ¿Qué es Pitufina? ¿Cuál es su propósito?

Este es el desencadenante de La aldea escondida, en la que Pitufina se embarca en una aventura junto a Fortachón, Filósofo y Torpe para encontrar una misteriosa aldea perdida al otro lado del Bosque Prohibido y hallar respuestas que le ayuden a encontrarse también a sí misma. La búsqueda sitúa al Equipo Pitufo en una carrera repleta de acción, peligros y criaturas mágicas para llegar a su objetivo antes que el malvado Gargamel, que como siempre, desea hacerse con los Pitufos para drenar su magia y usarla para convertirse en un poderoso hechicero. Una vez allí, los Pitufos descubrirán el mayor secreto de su historia: nunca estuvieron solos. El hallazgo de un poblado habitado únicamente por pitufas cambiará por completo la vida de los Pitufos, y más concretamente la de Pitufina.

Después de 60 años, Los Pitufos por fin cambian su historia abrazando el feminismo en una película que no solo respeta el origen de Pitufina, sino que le da importancia capital, convirtiendo a la única mujer de la aldea en la protagonista de la historia -escrita por cierto por dos mujeres, Stacey Harman (The Goldbergs) y Pamela Ribon (guionista de la muy feminista Vaiana). Si hasta ahora la aplastante mayoría masculina se había “nivelado” con algún personaje femenino esporádico, la proporción cien a una desaparece con la aparición de una comunidad entera de mujeres (básicamente amazonas), que aportan de golpe la igualdad que siempre ha faltado en este universo azul. De este modo, La aldea escondida se convierte en todo un canto al girl power, reconfigurando el concepto de la Pitufina, siempre reducido al coqueto objeto de deseo de sus congéneres masculinos, para plantear una nueva realidad en la que ellas pueden ser cualquier cosa que quieran.

Ahora bien, por mucho que esto suponga un avance digno de celebrar, La aldea escondida no deja de ser la enésima película de Happy Meal. Como cine de animación para toda la familia, el film es más bien mediocre y olvidable (aunque visualmente sea bastante goloso). Los Pitufos siempre ha sido un producto infantil, y no tendría sentido alterar esa esencia, pero hay un problema cuando esto se toma como excusa para practicar la ley del mínimo esfuerzo. La aldea escondida está llena de humor tontorrón (los obligatorios chistes de gases no faltan), música facilona (varios temas hacen echar de menos a los Pitufos Maquineros), acción colorista orientada exclusivamente a preescolares y nuevas criaturas mágicas, reclamos que tratan de disimular la absoluta falta de chispa e ingenio de algo hecho para consumir y desechar (bueno, reconozco que la mariquita-fax-grabadora es un puntazo), pero que son suficientes para divertir a los más pequeños.

Afortunadamente, el carácter genérico de la película no empaña su valioso mensaje de empoderamiento dirigido especialmente a las niñas. Uno que se integra perfectamente en la filosofía clásica de Los Pitufos, en la que siempre se ha ensalzado el trabajo en equipo, la importancia de la amistad y la camaradería, y la necesidad de hacer siempre lo correcto (incluso si esto supone ayudar a tu enemigo). Valores en los que esta película se reafirma una vez más y a los que ahora se suma un cambio importante que abre las puertas a un mundo de posibilidades, para pitufos y pitufas por igual.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Good Girls Revolt: La tele debería dejar de buscar la próxima Mad Men

Sabes que un producto ha hecho mella en la cultura popular cuando, además de recibir multitud de premios y servir de objeto de estudio académico en todo el mundo, genera mil y una copias. Que Mad Men ha sido y es una de las series más aclamadas y más importantes de la televisión es un hecho objetivo y contrastado. Por eso, prácticamente desde su inicio, y más de un año después de su final, las cadenas siguen intentando encontrar “la próxima Mad Men. Una búsqueda en vano que se ha saldado con numerosos fracasos y decepciones.

Y es que el problema es que la mayoría de cadenas, productores o guionistas creen que lo que hace de Mad Men una pieza de televisión tan rica y cautivadora es la década en la que está ambientada, los 60. Por eso se empeñan en estrenar series que transcurren durante estos años de cambio y revolución social, pensando que con eso basta. No, lo que hace de Mad Men algo extraordinario no es su ambientación (aunque esta juega un papel muy importante, claro), sino cómo utiliza el contexto para trazar un relato sobre Norteamérica con muchas capas de significado y personajes apasionantemente escritos, es decir, su trascendencia y calidad narrativa. Algo a lo que ninguna serie que la ha imitado se ha acercado ni remotamente. Y han sido muchas.

Cuando Mad Men estaba en la cima de su popularidad, llegaban los clones de las networksPan Am y The Playboy Club. Si no las recordáis es lógico. La primera duró una temporada (de 13 episodios) y la segunda fue cancelada después de tres episodios con índices de audiencia estrepitosamente malos. En 2013, Showtime apostó fuerte por Masters of Sex, y lo cierto es que no le fue mal al principio, cosechando premios y buenas críticas. Sin embargo, su estrella se apagó muy pronto, saltando a la vista que la serie no tenía un rumbo muy marcado. El verano pasado, ABC regresó a los 60 con The Astronaut Wives Club, una suerte de fusión entre Mad MenMujeres desesperadas con la factura más bien pobre de las series de esta cadena, que no vio casi nadie (yo sí, y puedo asegurar que no os perdisteis nada).

good-girls-revolt-1

Por eso, cuando este otoño llega lo nuevo de Amazon, Good Girls Revolt, uno se acerca con curiosidad, pero inevitable recelo. Dana Calvo (productora y guionista de Narcos y fracasos como Made in JerseyStudio 60) es la creadora de este drama histórico basado en el libro The Good Girls Revolt, escrito a partir de hechos reales por Lynn Povich. La serie se centra en un grupo de mujeres que trabajan como documentalistas en una revista de noticias, la ficticia News of the Week. Estamos en 1969, la Ley de Derechos Civiles fue promulgada cinco años antes, pero las mujeres siguen relegadas a trabajos secundarios, a pesar de que muchas de ellas tienen claramente más talento que sus superiores masculinos, y continúan recibiendo un salario injusto, mientras ellos se llevan todo el dinero y las palmaditas en la espalda por un trabajo que no sería la mitad de bueno si no fuera por las “buenas chicas” a la sombra. Por esto, las trabajadoras de News of the Week organizan en secreto una queja oficial contra la empresa, amparadas por el movimiento Feminista que supone una de las piernas de la marcha revolucionaria del final de la década.

Es decir, Good Girls Revolt retoma la historia de Estados Unidos justo donde la dejó Mad Men, en el umbral de los bulliciosos 70. Pero eso no quiere decir que la serie de Amazon se vaya a desmarcar demasiado de la de AMC. Al contrario. Sobre todo durante sus primeros tres o cuatro episodios, Good Girls Revolt se esfuerza tanto por parecer Mad Men que puede llegar a resultar hasta embarazoso. Y no estamos hablando solo de los temas que trata, del tipo de personajes (hombres elegantes y seguros de sí mismos whisky en mano, secretarias resignadas, jóvenes deseosas de ascender profesionalmente y romper cadenas), sino también de la puesta en escena y el diseño de producción (esas escaleras en medio de la oficina, esos despachos en los que los protagonistas juegan a ser Cooper y Sterling…). Que sí, que está retratando la misma época, y si quiere ser fiel al entorno laboral de los 60, tendrá que mostrarnos lo mismo que Mad Men (conocida por su rigor a la hora de recrear la década hasta el más mínimo detalle), pero es inevitable que nos distraiga, además de que salta a la vista que el presupuesto es más ajustado, lo que da como resultado ya no solo una copia, sino una copia mala de Mad Men.

Pero eso no es lo peor de Good Girls Revolt. Lo peor es su total y absoluta falta de sutileza. Sus diálogos son obvios hasta decir basta, el subtexto es algo completamente desconocido por los guionistas, que lo ponen todo en las narices del espectador por si se les ha escapado alguna de sus facilonas reflexiones, busca ser más osada y sexualmente provocadora, pero se queda a medias, y los personajes son clichés mal dibujados (no me hagáis hablar de Finn Woodhouse, ese Don Draper de Hacendado interpretado patéticamente por Chris Diamantopoulos).

good-girls-revolt-2

Por el lado bueno, el tema es apasionante por sí mismo (¿Una serie sobre el movimiento feminista de los 60-70? Sí, por favor), y es cierto que, como ocurre la mayoría de veces, la serie mejora conforme avanza la temporada. Hay que esperar un poco para que los personajes empiecen a asentarse y la historia tome forma (el 1×07, sexo, drogas, puñetazos y psicodelia mediante, es cuando la serie despega). Cuando esto ocurre, empiezan a manifestarse de verdad sus virtudes, principalmente la amistad entre las protagonistas y en concreto el personaje de Anna Camp, que ofrece el arco de transformación más interesante y la mejor interpretación de la serie. Todo esto hace que la serie se deje ver, pero no es suficiente, falta algo que nos ayude a verla como algo más que un sucedáneo, falta profundidad, faltan buenos guiones, y falta que no nos lo den todo mascado.

En resumen, no tiene sentido buscar la próxima Mad Men simplemente copiándola y quedándose en su superficie. De hecho, la próxima Mad Men no tiene por qué estar ambientada en los 60. Es más, quizá para buscar otra Mad Men sea más apropiado viajar al pasado y ver (o rever) Los SopranoO puede que ni siquiera haga falta buscarla, porque solo hay y solo habrá una. Además, si la búsqueda nos va a dejar series tan insípidas y descafeinadas como Good Girls Revolt, mejor dejarla.

Crítica: Cazafantasmas (2016)

El tráiler de la nueva Cazafantasmas se convirtió en el más odiado de la historia de YouTube. Las redes sociales se transformaron en un hervidero de comentarios destructivos y críticas definitivas a la película meses antes de que nadie la viera. Desde el anuncio del proyecto, su mera existencia ha generado una ola de odio y una campaña de desprestigio inaudita, a pesar de que es “solo” el enésimo reboot que nos llega en los últimos años. Sí, la película original es una de las más veneradas de los 80, pero reducirlo a eso es estar muy ciego. ¿Por qué lo llaman “arruinar mi infancia” cuando quieren decir “machismo”? El problema ha estado claro desde el principio, por mucho que se haya intentado disfrazar de territorialismo nostálgico (que no sé qué es peor), y la animadversión que ha desatado no ha hecho sino reforzar la necesidad de una película como esta. Pero qué os voy a contar que no sepáis. La que se ha montado alrededor de ella es señal de que no hemos avanzado tanto como creíamos. Algunos se defienden diciendo que su boicot no tiene nada que ver con que las protagonistas sean cuatro mujeres (y en algunos casos será cierto), pero me gustaría saber por qué no han hecho lo mismo con los muchos reboots que ya hemos visto, o que están por venir. No respondáis, conozco la respuesta (la que se usa como excusa y la verdadera).

Por todo esto, a priori parece complicado aproximarse a la película de Paul Feig silenciando el ruido desagradable que se ha creado en torno a ella (o escribir una crítica sin introducir la polémica como factor). Pero lo cierto es que no cuesta tanto como creíamos desconectar de los meses de agotador y absurdo debate para verla, y disfrutarla (otra cosa es hacerlo para escribir sobre ella). Una vez se apagan las luces de la sala y comienza el prólogo de Cazafantasmasqueda claro que el principal propósito de la película es hacerlo pasar en grande, ni más ni menos. Resulta que al final es solo eso, una película. Y además una mucho mejor de lo que parece. Cazafantasmas aúna varias tendencias imperantes del cine actual: el homenaje nostálgico, el blockbuster formulaico y la comedia de la escuela SNL y derivados. El resultado es una mezcla explosiva (y bañada en mocos verdes) que funciona tanto como comedia como superproducción de aventuras para todos los públicos. Y además lo hace respetando y reverenciando en todo momento al clásico de 1984 (algo que muchos se negarán a ver incluso cuando lo tengan delante de sus narices), con cameos que celebran la original sin entorpecer el camino de la nueva, conservando la característica jerga pseudo-científica, adoptando su esquema (quizá demasiado) y adaptándolo a la sensibilidad del cine evento actual, llevándolo incluso hacia el terreno de los superhéroes (al fin y al cabo, esta Cazafantasmas se construye como una origin story, e incluso las protagonistas hacen referencia a su condición de superequipo justiciero; solo falta un guiño a Spider-Man).

Cazafantasmas no es perfecta ni de lejos (creo que ni los que la hemos defendido a capa y espada de los haters lo esperábamos), pero sí es un producto muy digno, una comedia infalible y una cinta de acción muy atractiva visualmente. La película se divide claramente en tres actos, como todo blockbuster que se precie. La primera hora nos muestra la formación del nuevo cuarteto de investigadoras de lo paranormal. En esta sección, Feig hace lo que mejor se le da, sacar oro de la presencia, química y talento cómico de sus actrices. Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones forman un equipo fantástico, se divierten (y divierten) con solo estar ahí, clavan los diálogos y lo dan todo en los gags físicos. La segunda parte se centra en desarrollar el plan del villano (más o menos el de siempre) y nos muestra a Abby, Erin, Holtzmann y Patty como grupo en acción, adoptando la identidad de Cazafantasmas con todo lo que ello conlleva (vehículo, uniformes, impacto en los medios y la opinión pública, enfrentamiento a las autoridades, aquí parodiadas por Charles Dance y Cecily Strong). Y por último, el clímax desata el obligado Apocalipsis -con el típico portal gigante que se abre sobre Nueva York- y es cuando la acción se vuelve más vertiginosa, estruendosa y a gran escala.

Aunque pierde fuelle en su segunda mitad por tener que ajustarse necesariamente a la fórmula preestablecida y adolece de un montaje algo brusco (se nota demasiado la tijera), Cazafantasmas se las arregla para mantener su frescura y energía en todo momento. Y esto es gracias sobre todo a sus cuatro protagonistas, pero también al gran robaescenas de la película, Kevin Beckman, el secretario de las Cazafantasmas interpretado por Chris Hemsworth. Algunas de las escenas más descacharrantes del film están protagonizadas por el actor de Los Vengadores, que vuelve a dejar constancia de su instinto para la comedia y la improvisación. La escultural presencia de Hemsworth, que interpreta a un rubio tonto que es contratado solo por estar bueno (ironía que muchos no han pillado y tachan de sexista, así está el patio), pero al que jamás se trata tan repugnantemente como a la variación femenina de este arquetipo, da rienda suelta a la maravillosa capacidad de Kristen Wiig para hacer el ganso, dejándonos algunos de los mejores momentos del film, pero sobre todo confirma al actor australiano como algo más que Thor (por favor, ved los créditos finales completos, dedicados casi enteramente al tesoro que es Kevin).

Hay que decir que, como suele ocurrir en el cine de Feig, no todos sus chistes funcionan con la misma eficacia (muchos son geniales, aunque también hay alguno que se estrella contra el suelo), pero en general, Cazafantasmas es otra sólida entrega cómica de Feig y compañía, una película con carcajadas aseguradas (al menos en mi sala no pararon en toda la proyección) y que, como dictan las reglas de su cine (y el de sus contemporáneos), también contiene una carga emocional bastante considerable, con énfasis en la bonita amistad y contagiosa camaradería entre estas mujeres. Si se tiene la suerte de entrar en sintonía con la propuesta, es muy fácil pasarlo bomba con la película, gracias a sus golosas y coloristas imágenes (aunque se vean en 2D, saltan de la pantalla como si fuera 3D), a sus entrañables personajes, o a su humor desenfadado.

Pero es que además, Cazafantasmas cumple una función social muy valiosa. En primer lugar, ofrece referentes heroicos femeninos para las niñas (y para los niños, que hay que educarlos a todos en esto por igual, y hay que tener en cuenta a todos los chavales que se identifican más con ellas), no una, ni dos, cuatro mujeres que ni son comparsa ni asumen el rol de interés romántico (no hay conflicto amoroso en la película), sino que están a cargo de su propia aventura. Y en segundo lugar, presenta a mujeres en su mayoría de más de 40 y con diversidad de físicos pateando culos de fantasma y salvando el mundo sin ser hipersexualizadas en ningún momento para satisfacer la mirada del público masculino heterosexual (ojo, eso no quiere decir que no sean seres sexuales, que ahí está Wiig como el pico de una plancha o la marciana McKinnon y su Holtzmann, siempre magnética y siempre seduciendo). O sea, que es justo la película feminista que necesitábamos.

En resumen, Cazafantasmas ha tenido que sortear obstáculos a los que otros productos similares (reboots nostálgicos o relecturas de clásicos) no se han tenido que enfrentar, ha atravesado un mar de odio en Internet (atención a los dos oportunos guiños con los que se empequeñece a los detractores machistas en la película) y ha salido a flote con un producto hecho para callar muchas bocas (no quiero ni pensar cuántos disfrutarán de esta película en secreto pero no lo reconocerán), con una película que cumple holgadamente con su principal propósito: divertir. Y ya de paso relanza una franquicia con mucho potencial desempeñando una labor que, como tristemente se ha demostrado, hacía falta urgentemente en el cine de Hollywood. Así que solo queda una cosa que decir: Haters Gonna Hate.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Malas madres

BAD MOMS

Yo no lo sé por experiencia propia, pero me lo puedo imaginar porque soy hijo y ya tengo mis años: ser madre es difícil. Y si encima tienes que ser la madre que los demás esperan, la que las revistas te dicen que debes ser, la que otras madres opinan que es el ideal de madre, la tarea se vuelve aun más frustrante e imposible (corregidme si me equivoco, solo soy un hombre). Esa es a grandes rasgos la ideal principal en la que se basa Malas madres (Bad Moms), alocada y empoderada comedia que cuenta la historia de Amy (Mila Kunis), una de esas madres modernas que parece que lo tienen todo, pero en realidad se están ahogando tratando de seguir las reglas de la maternidad del siglo XXI.

Amy es la prototípica madre americana perfecta, cumple una agenda apretada que incluye un trabajo donde no la valoran, unos hijos hasta arriba de actividades extra-escolares que dependen demasiado de ella y un marido que es más bien otro de sus churumbeles (y probablemente el más pequeño), es decir, cuida de todos menos de sí misma. Y lo hace sin dejar de estar guapa (porque a ver, es Mila Kunis, una de las mujeres más bellas del cine actual), y además sin perder la sonrisa o las buenas formas. Amy es eficiente, comprensiva, diplomática, paciente. Hasta que llega al límite, y lógicamente, estalla. Cuando el mundo a su alrededor se va a la mierda y las cosas salen mal a pesar de estar haciéndolo todo como supuestamente debe, solo queda una opción: tirar la toalla y comportarse como una “mala madre”, a ver cómo se las arreglan los demás sin ella. Para ello arrastra a otras dos madres, la sumisa Kiki (Kristen Bell) y la salvaje Carla (Kathryn Hahn) en una vorágine de alcohol, fiestas, desenfreno, y sobre todo, libertad. Libertad para hacer lo que les plazca sin remordimientos ni culpabilidad, sin importarles lo que los demás piensen de ellas. En especial la presidenta de la asociación de padres y madres de alumnos, la Regina George de esta película, Gwendolyn (Christina Applegate), que se convertirá en su archinémesis y hará lo posible por destruirlas.

Si el argumento de Malas madres os suena demasiado formulaico y predecible, es porque lo es. No en vano, el film está dirigido por Jon Lucas y Scott Moore, guionistas de una de las comedias Rated-R más exitosas e influyentes de los últimos años, Resacón en Las Vegas. Últimamente, parece que todas las comedias para adultos tienen que seguir el patrón de aquella cinta, y Malas madres no es la excepción. Solo que en esta ocasión (y como ya hemos visto afortunadamente en varias películas en los últimos años), el reparto está formado por mujeres, haciendo lo que tradicional e injustamente estaba reservado para ellos. Malas madres es una auténtica carta de amor (más bien verde y llena de sal gruesa) a las madres (concretamente a las malas, que son todas siempre a ojos de alguien) y una nueva reivindicación feminista del derecho de la mujer a ser tan cafre en el cine como el hombre. Podría haber salido mal, pero Lucas y Moore han hecho un buen trabajo con un guion que no solo saca partido de la idea para hacer reír, sino que hila sorprendentemente bien una serie de mensajes y lecciones morales “para todos los públicos”.

BAD MOMS

Malas madres no supone ninguna revolución (bebe mucho de Chicas malas y Bridesmaids), su argumento avanza de la manera más predecible, siguiendo los dictados del género, discurriendo por sus lugares más comunes. Pero aun así funciona. Y lo hace principalmente por dos cosas: los gags son infalibles y el reparto es muy sólido. Kunis es una leading woman espléndida, cálida, cercana y creíble a pesar de sus ojos de otro mundo, Bell sigue demostrando que es uno de los mayores talentos de su generación (y eso que su personaje tampoco le da para lucirse demasiado), Hahn es la puta bomba, la verdadera estrella de la película, y Applegate no podría clavar mejor a la mean girl amargada (Jada Pinkett Smith y Annie Mumolo también cumplen). Puede que las locuras en las que se ven envueltas estas mujeres resulten demasiado cliché, pero las carcajadas están aseguradas gracias a la precisión cómica y el encanto con el que sus actrices las acometen. El film no destacará por su originalidad o profundidad, no, pero los momentos descacharrantes son incontables y sus diálogos y one-liners tienen potencial para convertirse en memes y gifs que dentro de unos meses utilizaremos a diario para reaccionar o dar un corte a más de un despistado o machista en Internet (quiero enmarcar el discurso que Amy da a su hijo para explicar lo que significa la palabra “entitled”).

A pesar de ser una comedia simple, orgullosamente tonta, y muy similar a otras, Malas madres también sabe ser amable y emotiva cuando toca (tiene mérito haber tejido bien esos momentos en una comedia tan excesiva como esta). Yo pienso recomendársela a un par de madres que conozco (y que quiero), porque está hecha sobre todo para ellas (atención a los preciosos créditos finales), como reverencia y mea culpa por lo mucho que tienen que aguantar (algunos la acusarán de “feminazi”, a esos idiotas ni caso). Estoy seguro de que mis madres favoritas se divertirán viéndose reflejadas en ella, y puede que hasta se convierta en una de sus películas de cabecera. ¿Que está hecha para capitalizar el feminismo en taquilla? Sí, ¿y qué? Yay feminism!

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Orgullo + Prejuicio + Zombies

null

Es una verdad universalmente conocida que el género zombie sigue teniendo cuerda. Nos empeñamos en señalar su declive (como tantos otros hacen con los superhéroes), pero lo cierto es que sigue habiendo una gran demanda por parte del público, tanto en cine como en televisión. Solo que, precisamente por esto, cada vez se hace más difícil innovar. Cualquier idea, por descabellada que sea, es bienvenida (menos The Rezort, esa evitadla a toda costa). Por eso ya iba siendo hora de que Orgullo y Prejuicio y Zombies llegase a la gran pantalla. La novela, escrita por Seth Grahame-Smith y publicada con mucho éxito en 2009, es un “mash-up” del clásico de Jane Austen y las historias modernas de zombies, y ofrecía el material perfecto para una adaptación cinematográfica, que quizá ha tardado demasiado en llegar, teniendo en cuenta lo rápido que pasamos de una moda a otra.

El responsable de llevar la novela al cine es Burr Steers (director de La gran caída de Igby y dos cintas románticas de Zac Efron), que también se encarga del guion. Orgullo + Prejuicio + Zombies (que es como se escribe oficialmente el título en nuestro país) mezcla parodia, acción, drama y romance en una película mucho menos cómica de lo que podría parecer a priori. El humor forma parte esencial de la cinta, y además está mucho más afinado de lo que cabría esperar, pero no es lo que la define. A pesar de su premisa, Orgullo no es una comedia disparatada o pasada de rosca, sino una adaptación de Austen con la particularidad de ser salpicada de cuando en cuando por el ataque de un monstruo o un duelo de metales. Esto podría haber dado como resultado un caos absoluto, pero sorprendentemente, Steers maneja muy bien la fluctuación de tonos de la película, y consigue que ni se tome demasiado en serio, ni se pase de absurda.

Claro que esto viene a costa de un sacrificio: los zombies. El film debería haberse titulado más bien Orgullo + Prejuicio (+ algún zombie). Aunque el prólogo narrado y la (excelente) primera secuencia van al grano mostrándonos una Inglaterra del XIX plagada de no-muertos, la película los deja en segundo plano la mayor parte del tiempo, para convertirse, como decíamos, en una nueva iteración del relato de Austen, una con numerosos elementos disonantes, pero al fin y al cabo fiel a la novela. Por eso, a pesar de ser una película lo suficientemente digna (tiene mérito adaptar a Austen de manera correcta en estas circunstancias), corre el riesgo de no contentar a sus dos posibles públicos objetivos: el espectador que va buscando una comedia de acción con zombies quizá se aburra y a los aficionados a la literatura clásica les puede parecer una adaptación demasiado menor, aunque tengan gusto por la hibridación genérica y buen sentido del humor.

null

Orgullo + Prejuicio + Zombies tiene un primer tramo estupendo, en el que destaca el afilado sentido del humor, su exquisita violencia (sí, el oxímoron es correcto) y la caracterización de personajes. Resulta especialmente refrescante la manera en la que Steers nos presenta a las hermosas y letales hermanas Bennet (con la eternamente victoriana y adorable Lily James a la cabeza), complementando sus caracteres originales con una actitud guerrera y feminista (y todo un armamento anti-zombies bajo las enaguas), resultado de una educación tan enfocada a la etiqueta social como a las artes marciales. Esto nos deja buenas secuencias de acción y grandes momentos girl powerademás de escenas muy simpáticas junto a otros personajes, como los padres de las Bennet (Charles Dance y Sally Phillips) o el divertidísimo Parson Collins, interpretado por un fantástico y muy versátil Matt Smith. El eslabón más débil de la película quizá sean sus “galanes”, un soporífero Douglas Booth, un escaso Jack Huston, y especialmente Sam Riley (y su irritante voz rasgada) como Mr. Darcy, que sale perdiendo por agravio comparativo con las versiones de Colin Firth y Matthew MacFayden.

La película contiene alicientes de sobra para engancharnos. Funciona como drama de época, es más inteligente de lo que parece, y fusiona con acierto la violencia y el romance, pero va perdiendo el interés progresivamente, hasta desembocar en una media hora final decepcionante y aburrida. En definitiva, a pesar de sus aciertos, no saca todo el provecho que debería de la idea y el material con el que cuenta (como tampoco de Lena Headey, que venía a volverse loca y pasárselo teta pero no le dieron tiempo para demostrarlo), provocando una sensación de chasco y desencanto. Orgullo + Prejuicio + Zombies no es ni de lejos el  descalabro que muchos aseguran, pero tampoco es la gran película que podía haber sido. Un fail agradable que se olvida justo después de la (también decepcionante) escena post-créditos.

Valoración: ★★★

Katniss Everdeen y el feminismo distópico

SS_D108-310695.dng

Texto escrito por Juan Naranjo

En alguna ocasión he provocado risas irónicas y ojos en blanco cuando, en discusiones sobre asuntos relacionados con el feminismo en los Mass Media de hoy en día, he citado a la saga de “Los Juegos del Hambre” como un referente más que positivo de buenas prácticas y de empoderamiento femenino, dentro de la literatura juvenil reciente y dentro del cine blockbuster.

En esos casos, los que me han tomado a chufla se creían que lo que me parecía feminista era una chica mona con una trenza de espiga que dispara flechas a los malos, y que está inmersa en un triángulo amoroso típicamente hollywodiense… Pero el motivo por el que he defendido esta idea (y la seguiré defendiendo) es porque LJDH es un producto en el que se presentan personajes y escenas de un elevado rango de diversidad, y de alta representatividad femenina, de forma natural y sin aspavientos, cuestionando los roles tradicionales de género y las cuotas de minorías en la pantalla. Y esta representación no sólo hace referencia a la heroína protagonista, sino a todo el mundo que le rodea y a todas las situaciones a las que se enfrenta.

Tenía esta percepción tan positiva desde que leí los libros… pero esta idea cristalizó del todo en mi mente gracias a una escena de la última entrega, “Sinsajo, Parte 2“, en la que la saga se da por finalizada. Estaba sentado en la sala, y me di cuenta de que estaba viendo una escena que, a pesar de que parece cotidiana y ordinaria, era revolucionaria. En esta escena, tres mujeres, todas presumiblemente mayores de cincuenta, y una de ellas de color (y no es que estemos sobrados de representaciones de ninguno de los dos grupos en el cine comercial actual), hacían de líderes políticos y militares de sus regiones, y mantenían una conversación en la que se discutía sobre la conveniencia o no de atacar militarmente un puesto estratégico fiel a un gobierno dictatorial, con el fin de derrocarlo.

Sobre la conversación de estas tres mujeres flotaban diversos dilemas morales (la legitimidad o no de la venganza a sangre fría cuando hay civiles de por medio; la vaga sospecha de que se está derrocando un gobierno dictatorial para imponer otro también por la fuerza), que nada tenían que ver con hijos, maridos o padres, sino con el destino de una nación, el camino de una revolución, y el bienestar de un pueblo y un ejército. Puede que desde los mejores tiempos de “Orange is the New Black” no viese una escena en la que tantas mujeres hablaban de asuntos que les importan a ellas, y no a los varones de su entorno.

SS_D108-311001.dng

En esta conversación con tres líderes sociales y militares femeninos, se estudiaba la posibilidad de usar el carisma de una joven, “el rostro de la revolución”, para posibilitar una pronta rendición del enemigo, reduciendo así el número de bajas. Y todo ello estaba filmado por una artista, “la mejor directora del Capitolio“, que abandona su acomodada vida para adherirse a la revolución. Cinco mujeres dominan ese nudo crucial de la historia: las cinco son importantes por sus habilidades y su trabajo, no por quienes son sus esposos, sus amantes o sus padres. De ninguna de estas mujeres (sólo de la protagonista) sabemos ningún dato sobre su vida personal, amorosa o familiar. Ninguna de estas mujeres es una abnegada y perfecta cuidadora, sino que nos encontramos ante un grupo de imperfectos líderes, de valientes guerreras, de febriles libertarias.

Cabe recordar que, además, todo este mundo imaginado, toda esta iconografía reconocible a un primer vistazo, toda esta mitología que ya se ha instalado en el imaginario del espectador medio, está basado en la obra literaria de una mujer, millonaria y exitosa gracias a su trabajo y talento. Una mujer que volvió a poner de moda un género, y que nos ayudó a recordar que la literatura adolescente es digna y respetable, aunque no la haya escrito un varón y aunque no se publicase a mediados del siglo XX. Que a veces parece que las cosas sólo son respetables y dignas de tener en cuenta si han acumulado una vetusta capa de polvo. Parece que si algo lo ha escrito una chica que encima es joven, sólo puede ser valorado por otras chicas jóvenes; mientras que lo que construyen y crean los varones debe ser universal (aunque en su obra las mujeres sean simples arquetipos o, directamente, no aparezcan). Las mujeres de Panem son deslenguadas, crueles, líderes, salvadoras, imperfectas, egoístas, iracundas… y cuando son víctimas, lo son en la misma medida que los hombres. Panem es un territorio libre de paternalismo. Panem es un territorio en el que, en realidad, lo que se está derrocando es el patriarcado.

La visibilidad y la diversidad no vienen sólo dadas en esta saga por el tema feminista. Hay multitud de asuntos tratados con la normalidad que merecen y que me hace ver este conjunto de libros y películas como un referente valioso en una sociedad plural. Como he dicho, tenemos diversidad de edades (algo poco común en las distopías y en las recientes sagas llevadas al cine), pero también tenemos diversidad racial (la adorada Rue, negra a pesar de la polémica suscitada por esa elección de casting; Cinna; Boggs). E incluso hay una considerable visibilidad en lo relativo a la diversidad funcional: así, tenemos a Beetle (en silla de ruedas) o a Pollux (un avox sin lengua). En la saga incluso se trata el tema de la salud mental, ya no sólo en el famoso episodio de Peeta, sino también en el estado emocional de la madre de las protagonistas, inmersa en una depresión desde el principio de la saga. Incluso se trata el tema de los abusos, y no me refiero a los del Capitolio contra todo Panem, sino a los ejercidos por los padres de Peeta contra él mismo durante su infancia, o a como el dictador obliga a Finnick, probablemente el único personaje sexualizado de toda la saga, a ser alquilado sexualmente entre los mejores postores de la aristocracia capitolina. Creo que, al igual que en la otra gran saga adolescente, Harry Potter, es el colectivo LGTB el único excluido: uno puede imaginar algo de Cinna (¿o soy el único?) e incluso de Cressida o Caesar, al igual que lo hacíamos con Dumbledore pero, al menos hasta donde yo sé, tristemente ese tema no se toca en esta saga, invisibilizando a un colectivo y desperdiciando una oportunidad de que los lectores y espectadores adolescentes y LGTB tuvieran algún referente positivo en la cultura mainstream.

SS_D75-24187.dng

Mucha gente no se toma en serio esta saga precisamente por ser una saga, y porque creen que esto trata de un triángulo amoroso entre una chica mona y dos chulitos. Mucha gente no se da cuenta de que estamos ante una de las historias más apasionantes y más grandes de los últimos años. La gente se ha quedado con la superficie, con el romance adolescente, y ha olvidado lo realmente importante en esta obra: la lucha por los derechos sociales, la revolución e, incluso, el tiranicidio. Qué fácil es ridiculizar y no tomarse en serio algo escrito por una mujer y protagonizado por otra. Para que la jugada hubiese sido perfecta, me hubiese gustado que las películas estuviesen dirigidas por alguna de las múltiples y talentosas directoras de cine que siguen yendo de estudio en estudio tratando de conseguir una oportunidad detrás de las cámaras en algo más que “películas para chicas”. Parece que en Hollywood tener vagina te imposibilita rodar cintas de acción, distopías y hasta cualquiera de las miles de pelis de superhéroes (masculinos) que nos asaltan cada semana en la cartelera.

La gente no toma en serio, por ser joven y guapa, a una realidad del cine como Jennifer Lawrence, a la que ya habían nominado a un Oscar a los 20 años, y que ya tiene más de una docena de películas en su haber. Parece que hay que perpetuar la idea machista de que belleza y juventud son sinónimos de idiotez y arribismo. Al mundo sólo le valen las chicas jóvenes y guapas si son objetos sexuales. Si son talentosas y profesionales (como lo son actriz y personaje) parece que es mejor no tomárselas en serio. Y es que Katniss Everdeen es, en toda la saga, cualquier cosa menos un objeto sexual: por supuesto que, en momentos muy puntuales, muestra sus deseos… pero en ningún momento se le sexualiza. Me apena especialmente que socialmente no se valore lo suficiente  a una actriz que tiene un sentido del humor maravilloso (y que es de ella misma de quien más se ríe), y que encima tiene la cabeza muy bien amueblada, y está luchando mucho por la visibilidad de la mujer, así como del colectivo LGTB, en Hollywood.

SS_D67-20969.dng

La gente se cree que esto es Crepúsculo. La gente no sabe una puta mierda. Y no se dan cuenta de que, en realidad, Katniss está CERO interesada en uno y en otro, y que sólo está metida en un follón muy gordo por echar un cable a su hermana y, de camino, a todos los oprimidos. Ella lo único que quería era seguir cazando ciervos… todo lo demás es un marrón que se encuentra y del que ya no puede salir por cómo se precipitan los acontecimientos. En esta historia los tíos no son el sueño de la chica protagonista: son sólo dos moscones que, más que otra cosa, se interponen en sus planes. Dos moscones contrapuestos: el gran soldado americano que elimina cualquier posibilidad de que el conflicto territorial se resuelva pacíficamente; el perfecto yerno que es un lastre durante toda la saga y que, en un momento dado, casi ahoga a la protagonista con sus propias manos.

Así que, si tengo que ser sincero, me da igual que los críticos vapuleen estos libros o estas pelis. Me da igual que la gente lo considere una idiotez adolescente. Quien crucifica un género sin tener ni idea de él, y quien demoniza todo lo que se haya escrito o filmado después de los años setenta, así como quien da por sentado que todo lo enfocado para un público generalista es malo… tiene una opinión irrelevante en este asunto, y a mí no me interesa lo más mínimo.

A mí lo que me importa es que mis alumnas, apenas adolescentes, ya no quieren ser Ariel ni Brenda Walsh, quieren ser Hermione o Katniss, sabias y guerreras, y eso me hace confiar en las próximas generaciones y en el destino del mundo.

Hoy me he despedido de Katniss, pero estará para siempre en mi corazón.

Juan Naranjo es profesor de Geografía e Historia en Secundaria, e investigador de la Universidad de Málaga. Sus intereses e investigaciones incluyen una serie de temas muy diversos: feminismo, Guerra Civil, cine y literatura.

Crítica: Ricki

1288050 - RICKI AND THE FLASH

Lo dijo Cam de Modern Family: “Disculpa, pero Meryl Streep podría hacer de Batman y sería la elección indicada. Es la perfección”. Y los fans más acérrimos de la actriz lo adoptaron como su lema. No sé hasta qué punto es cierto (las nominaciones al Oscar a veces le caen por inercia), pero de lo que no cabe duda es de que no hay reto que se le resista a la laureada intérprete. El más reciente es convertirse en Ricki Rendazzo, de día cajera de un supermercado de alimentos orgánicos y de noche reina del hard rock en un tugurio local tipo “where everybody knows your name”. Cuando su hija es abandonada por su marido, Ricki decide regresar junto a la familia que abandonó para perseguir su carrera, con la intención de ofrecer su apoyo, y de paso enfrentarse a los fantasmas del pasado.

Streep le cogió el gusto a eso de cantar en Mamma Mia! (aunque lleva haciéndolo en el cine desde los 80) y, después de alardear de cuerdas vocales en Into the Woods, se cuelga la guitarra al hombro y explora un registro diferente, rasgando la voz para sonar como una vieja leyenda del escenario -o una fumadora de 80 años, según se escuche. Hay que reconocer a Meryl el mérito de cantar las canciones en directo (afortunadamente, aquí no hay playbacks horrendos), pero a Ricki (en inglés Ricki and the Flash, el nombre completo de la banda) le sobran unas cuantas actuaciones. Y no ya porque la Streep lo haga mal (cumple de sobra), sino porque tanta canción acaba saturando y afectando al ritmo de la historia. Dejando esto a un lado, la película dirigida por Jonathan Demme y escrita por Diablo Cody supone una grata sorpresa, a pesar de ser la típica dramedia bienintencionada sobre descafeinada familia disfuncional que tan bien se les da a los americanos.

El guion de Diablo Cody funciona sobre todo porque evita llevar la historia por derroteros disneyanos al no convertir el caso de Ricki en un “nunca es tarde para perseguir tu sueño”. Ricki no nos habla del tardío ascenso al estrellato de su protagonista, sino de otra clase de “nunca es tarde”, el que conlleva la aceptación y el entendimiento entre los miembros de una familia distanciada. Cody continúa en cierto modo lo que comenzó (y tristemente no le dejaron concluir) en su serie United States of Tara, insistiendo en la figura materna cuestionable y mostrándonos cómo sus problemas afectan a sus hijos. La diferencia aquí es que la protagonista no sufre una enfermedad que dificulte su tarea educadora, sino que son sus decisiones las que la han separado de su ex marido (magnífico Kevin Kline) y sus tres hijos, lo que hace la tarea redentora algo más difícil. En este sentido, Cody utiliza la importante voz de Streep para hacer llegar un mensaje feminista muy importante: una madre debe ser perfecta, “si se olvida un día de cambiarle los pañales al niño, es un monstruo”, mientras que el padre no es juzgado con el mismo nivel de exigencia. Ricki es consciente de que no ha sido la mejor madre, pero pide un respiro para ella, para todas aquellas madres que lo están intentando y para las que han decidido anteponer sus carreras a la maternidad, sabiendo que han dejado a sus hijos en buenas manos (Peggy Olson aprueba este mensaje).

CartelCine RICKI_39LStreep construye un personaje íntegro y real (a pesar de algún que otro mohín sobreactuado), una mujer que hace caso omiso al paso del tiempo y no se comporta de acuerdo a los cánones que la sociedad impone a las “señoras” de su edad. Como la Charlize Theron de Young Adult (también escrita por Cody), Ricki se niega a “crecer”, pero en esta ocasión Cody no quiere que entendamos a su protagonista como un ser dañado que hay que arreglar. Ricki ha asumido el destino que le han deparado sus incontables errores en el pasado, está cómoda en su piel y no se disfraza de rockstar para esconder otra cara (esa no es la razón por la que Demme nos muestra a Streep despojándose de su imagen para irse a la cama), sino que es una rockera de verdad, una persona para la que la música lo es prácticamente todo y el escenario su hábitat natural. Linda Brummell (su nombre de nacimiento) no existe, ella siempre ha sido y siempre será Ricki.

Por eso Ricki no es una historia de redención al uso, porque no busca el cambio para Ricki, sino que sus hijos acepten que tal cosa no es posible, y si todo sale bien, que esto la lleve a entenderlos también a ellos y ser consciente del impacto real que causó en sus vidas al abandonarlos. Para llegar a esta conclusión, Cody explora sobre todo la relación entre la protagonista y su única hija (de tres hermanos), Julie, interpretada por la hija de Streep en la vida real, Mamie Gummer, una estupenda actriz que ha entrado en Hollywood por tener la madre que tiene, y se ha quedado por méritos propios. Pero alrededor de Ricki orbita un variopinto grupo de personajes que complementan perfectamente a Streep, en especial el músico australiano Rick Springfield, que da vida a su pareja arriba y abajo del escenario. Todos ellos son el público de Ricki, algunos devotos, y otros más exigentes, las personas a las que ella ofrecerá lo único que tiene, su música, para tratar de obtener el perdón y ser aceptada tal y como es. El final feliz puede resultar excesivamente limpio y la resolución de conflictos entre personajes algo sintética, pero la entrega de Streep, especialmente durante el clímax del film, contribuye a que el edulcorante no se atragante.

Desde Juno, Cody ha ido depurando su estilo de artificio y en Ricki nos encontramos con una guionista más avezada. La película destaca principalmente por unos diálogos que sacan partido a los personajes y crean situaciones muy divertidas, sin perder de vista en ningún momento el núcleo emocional de la historia. La guionista ha confesado recientemente que no piensa volver a la dirección (tras un solo intento), para centrarse exclusivamente en escribir películas para otros directores. Si Ricki sirve como indicio, es la mejor decisión que podía haber tomado.

Valoración: ★★★½

Veep: Dios salve a Selina Meyer

Veep. Dios salve a Selina Meyer

Texto escrito por David Lastra

25 de febrero de 2015. Hete aquí me encontraba una vez más muerto y desvalido: otra de mis comedias había muerto. Parks and Recreation abandonaba las pantallas de la NBC para no volver nunca más (vale, el episodio doble final se emitió un día antes, pero ya saben cómo funcionan los torrents y las diferencias horarias). Leslie Knope me dejaba tirado del mismo modo que Liz Lemon un par de años antes y que Nancy Botwin el aciago verano de 2012. Solo y abandonado frente a la astenia primaveral, sin una buena comedia de cabecera que llevarme a los ojos. El panorama se presentaba deprimente cuanto menos: mis sista de Broad City no volverían hasta 2016, Childrens Hospital me decepcionaba con su temporada más floja, Community daba algún que otro destello, Silicon Valley avanzaba (o no) a trompicones,… La confirmación del fin del mundo vino de la mano de la conclusión de Mad Men, que no es una comedia al uso como las anteriormente citadas, pero la serie de Matthew Weiner ha demostrado durante sus siete temporadas que puede ser lo que quiera y más. ¿Y ahora qué?

El vacío. Tanto en el USB, como en la cabeza. Mil series por visionar, revisionar, binge watching o lo que sea, pero yo lo que quería era una comedia de 24 minutos. Esa cita semanal con un mundo loco y absurdo que haga que mi cabeza explote y me ría como un gilipollas. Todo era desesperación hasta que una tarde cualquiera volvió a mis manos mi pack de la primera temporada de Veep. Cuando se estrenó, la serie de Armando Ianucci había sido una de mis apuestas fuertes que quedó en nada, en mi agenda, claro está). Para obligarme a verla, compré ese pack, pero aquellos/as que me conozcan sabrán que ese hecho no conlleva la seguridad de que vaya a verlo de inmediato (o en la década siguiente). Pero, oh, Dios de Muchos Rostros, el reencuentro ha sido homérico. Bienvenidos a la historia de amor más grande jamás contada. Este es el relato del atracón que me he pegado de las cuatro temporadas de Veep en menos de un mes y cómo ha pasado a ser una de las mejores comedias de la historia sin morir en el intento. No estoy siendo exagerado, pero entiendan que no es amor lo que siento por esta comedia de HBO, es pura obsesión.

Veep. Dios salve a Selina Meyer

Lo primero es preguntarse quién está detrás de Veep. Como ya hemos apuntado, un viejo conocido, Armando Ianucci. Creador de The Thick of It (BBC) y candidato al Oscar por el guión de In The Loop. Mientras afrontaba el remake estadounidense de la primera y tras una negativa por parte de ABC, Ianucci decidió dar una vuelta de tuerca a la propuesta original creando un nuevo piloto. No se alejaría de la temática en la que más a gusto se siente: la sátira política; pero sí que llevaría a cabo un cambio en cuanto a la gran protagonista de la serie.

El planteamiento de Veep es sencillo: cual nimio becario, seguimos el día a día de la oficina de la señora vicepresidenta de los Estados Unidos de América. Pero lejos de lo que pueda parecer, el glamour de la política es pasajero y lo que prima en el día a día de la administración política son las cagadas, tanto las que trascienden como las que no. Episodio a episodio, veremos el ascenso de Selina Meyer, desde el “ostracismo” del segundón a la primera plana en plan princesa por sorpresa. ¿Méritos? Tener mucho aguante y sobrellevar como puede los mil y un errores tanto de su equipo (no se salva ni la cuadriculada Sue, su secretaria personal), como de los demás habitantes del ala oeste (Jonah, ese hombre), de su familia (exmarido e hija bocazas) y de ella misma, que Selina no es ninguna santa.

Veep. Dios salve a Selina Meyer

Hija directa de la Sarah Palin de Tina Fey en Saturday Night Live y del absurdo de Arrested Development y, especialmente, 30 Rock, también con la citada Fey, Selina Meyer es el epítome del cáncer de la política. Despreciable e interesada, logra seducirnos desde el primer minuto para cometer todo tipo de crímenes contra quien sea con tal de que ella consiga lo que quiere: la presidencia de los EE.UU. Julia Louis-Dreyfus, icónica Elaine de Seinfeld, es la encargada de dar vida a esta gran mujer. Gracias a Meyer, lleva un más que merecido pleno (tres de tres) en los Emmy a la mejor actriz de comedia. Como curiosidad, cabe destacar que ella ha participado en las tres anteriores referencias: fue la traicionera abogada cegarruta Maggie Lizer en Arrested, la doble de cámara de Liz Lemon en el episodio en directo de 30 Rock, y cómica mil y un veces en SNL.

Selina es el centro del universo. Todo lo bueno y lo malo orbita a su alrededor. Ella es el Sol. Ella es Beyoncé, como dice el propio Gary, bagman y esclavo oficial. ¿Es la señora Meyer el paradigma de la nueva mujer? ¿El feminismo era esto? Rotundamente sí. Esta serie es feminista 100%, sin atisbo alguno de hembrismo. Meyer se suma a la cada vez más larga lista de mujeres con un par de ovarios que pueblan la pequeña pantalla. Féminas como Alicia Florrick, Hannah Horvath, Carrie Mathison, Meredith Grey, Olivia Pope, Melisandre de Asshai o Claire Underwood. La fuerza feminista de Veep radica en mostrarnos que una mujer es tan mala como un hombre, que una mujer es capaz de aplastar toda resistencia y manipular a toda una nación, pero sin caer en la estereotípica correlación entre los conceptos de mujer malvada y poder.

Pero no olvidemos en ningún momento que estamos hablando de una comedia, cosa que Ianucci y su equipo de guionistas se encargan de recordarnos en cada escena. El chanchulleo de Meyer & co. es tan grotesco que hace que no perdamos la sonrisa en ningún momento, si acaso únicamente para ser sustituida por una cara de asombro o una sonora carcajada. Tampoco caigamos en el cateto error de menospreciar la verosimilitud de Veep por ser una comedia. realmente el esperpento que muestra esta serie es mucho más realista que el dramón shakespiriano de House of Cards. Partiendo del hecho que tanto la producción de HBO como la de Netflix son dos obras de ficción basadas en acontecimientos reales, me creo más los tejemanejes, cagadas y ascensos de Meyer que las enrevesadas conspiraciones ultradramáticas de los Underwood.

Ese citado esperpento es la mejor manera de mostrarnos la deformidad de la situación política de los últimos años. Aunque tristemente podríamos extrapolar las líneas argumentales y situaciones de Veep a cualquier momento de la historia moderna, tanto pasado, presente como futuro. Realmente, la atemporalidad en esta serie podría haber funcionado tan bien como la decisión de no mostrarnos en ningún momento el partido político que defiende Meyer (aunque en la conclusión de la cuarta temporada vemos el color de formación en los gráficos televisivos).

Veep. Dios salve a Selina Meyer

Veep es una serie que combina perfectamente el humor elegante con lo extremadamente burdo y cafre. En cada episodio podemos experimentar la riqueza de la expresión dialéctica del idioma anglosajón, gracias a los mil y un gags sexualmente vejatorios, chistes y comentarios machistas, antisemitas, homófobos, racistas, etc. Pero aunque los gags verbales primen sobre los visuales, son los pequeños gestos de los personajes los que protagonizan los momentos más memorables de la serie. No podríamos comprender a Selina Meyer si no presenciásemos su cara de asco. Esa deformación facial no solo provoca risotadas, sino que despierta una compenetración total del espectador para con la vicepresidenta. Al igual que la cara petrificada de pánico de Amy Brookheimer (increíble Anna Chlumsky, mi personaje favorito), la desconfianza desde la distancia de la cara de pez de Gary (Tony Hale no repite su Buster Bluth, va más allá), la media sonrisa nerviosa de Dan (despreciablemente cautivador Reid Scott), la boca medioabierta del icónico Jonah Ryan (Emmy para Timothy Simons, por favor), las cejas de Tom Janes (un resucitado Hugh Laurie) o la increíble sumisión y languidez en segundo plano de la mismísima Primera Hija de los Estados Unidos, Catherine Meyer (impecable e infravalorada Sarah Sutherland. Robaescenas que junto a Chlumsky merecen otro par de galardones).

Uno de los aspectos más destacables de Veep es el poco amor de Ianucci hacia sus personajes. No me malinterpreten, lo que quiero decir es que, al más puro estilo George R. R. Martin, aquí nadie tiene su posición asegurada. En cada una de las cuatro temporadas de la serie, todos los personajes son puteados hasta la saciedad y empujados hacia una infinidad de callejones sin salida, que nos desesperan tanto como a ellos y nos hacen temer por su futuro. Una angustiosa situación que podría haber dañado a a serie, pero que gracias a una planificación de personajes impecable, los guionistas no tienen que recurrir a ningún deus ex machina que valga para seguir sorprendiéndonos.

Habemus comedia del siglo. Habemus Veep. Ahora toca esperar un largo año para conocer las nuevas desventuras de la administración Meyer en esta su quinta temporada, la primera temporada sin Ianucci como showrunner. No hay miedo, siempre que Selina Meyer tenga el maletín con los códigos para autorizar el uso de armas nucleares.

Sense8: Orgía de los sentidos

Sense8 accion

Por todos es sabido que la carrera de Andy y Lana Wachowski desde Matrix (1999) no ha sido más que una sucesión de fracasos comerciales y decepciones artísticas. Quizá su nombre no esté tan empañado como el de M. Night Shyamalan (ellos, al contrario que el director de El sexto sentido, aun conservan un importante número de defensores), pero hoy en día, y en especial tras el sonado fracaso de Jupiter Ascending (futura cinta de culto que analizo aquí), son muchos los que se preguntan “¿Por qué Hollywood sigue dándoles tanto dinero para llevar a cabo sus locuras cinematográficas?” Por si las moscas, los Wachowski han decidido dar el salto a la televisión para desarrollar su primera serie, co-creada junto a J. Michael Straczynski (Babylon 5). Si Scorsese, Soderbergh o Fincher lo han hecho, ¿por qué no van los hermanos a contribuir su granito de arena a la nueva era de la televisión de autor? Ha sido Netflix (quién si no) la que ha dado pábulo a su paja mental más reciente y ha proporcionado un hogar para la nueva catedral fantástica que han levantado, Sense8, ciencia ficción existencialista y humanista hecha a medida para el binge-watching que, a priori, suena como la nueva Heroes o un remedo de Lost, pero que una vez consumida su primera temporada completa, se revela como una de las experiencias televisivas más originales y plenas que nos ha dado el medio recientemente.

Sense8 es la historia de ocho desconocidos de distintas procedencias del mundo que descubren que están conectados mental y emocionalmente después de experimentar la misma visión de una mujer suicidándose (Daryl Hannah en un papel macguffin). Los ocho jóvenes son: un policía de Chicago, Will (Brian J. Smith), una DJ de Reikiavik que reside en Londres, Riley (Tuppence Middleton), un ladrón berlinés, Wolfgang (Max Riemelt), un famoso actor de cine mexicano de origen español, Lito (Miguel Ángel Silvestre), una hacker de San Francisco, Nomi (Jamie Clayton), un chófer keniata, Capheus (Aml Ameen), una empresaria de Seúl experta en artes marciales, Sun (Doona Bae), y una farmacéutica de Bombay, Kala (Tina Desai). Todos ellos explorarán el vínculo que los une “visitándose” sin moverse desde sus rincones del planeta y se irán conociendo poco a poco mientras cada uno lidia con la encrucijada personal en la que se encuentra su vida. Al mismo tiempo, recibirán la visita de otro humano con las mismas capacidades mentales que ellos, Jonas Maliki (Naveen Adrews), que les explicará qué les está pasando y les advertirá del peligro que corren al ser el objetivo de una organización secreta cuya misión es capturar a todos los sensates y asesinarlos.

max riemelt miguel angel silvestre

La premisa de Sense8 es una de las más ambiciosas que se han llevado a cabo en televisión. Pero no por la idea en sí, que en el fondo nos recuerda a otras ficciones televisivas (como las mencionadas en el primer párrafo) o cinematográficas (la propia Cloud Atlas de los Wachowski), sino porque hasta ahora ninguna serie había sido capaz de llevar un concepto como este hasta sus últimas consecuencias, ya sea por falta de riesgo o de infraestructura. En un principio, la opción más viable (tanto narrativa como logísticamente) para trasladar a la pantalla la demencial idea detrás del proyecto era seguir el patrón popularizado por Lost, es decir, dedicar un episodio a cada personaje. Sin embargo, los Wachowski no optan por la vía fácil y desde un primer momento y hasta el final, se aseguran de que los ocho personajes tengan presencia en los doce capítulos que conforman la primera temporada, dando prioridad en casi todo momento a la coralidad del reparto, sin la que la serie no tendría sentido. Para ello se lleva a cabo una labor de pre-producción, planificación, rodaje en una decena de localizaciones alrededor del mundo y montaje que mareará a más de uno si se para a pensarlo -y creedme que viendo el resultado, no podréis no pensar en el titánico esfuerzo que lleva detrás.

Pero Sense8 no es una serie que funcione desde el primer momento. Es más, sus tres primeros episodios son verdaderamente desalentadores. Lo que nos encontramos en el “piloto” (técnicamente no lo es pero abrazaremos el término) es una idea brillante que no cristaliza en un producto televisivo demasiado interesante, quizá porque nos adentramos en él esperando desde el minuto uno lo que nos han prometido: “algo nunca visto en televisión“. Enseguida surgen las dudas sobre si merecerá la pena invertir nuestro tiempo en ella cuando ya desde un principio se nos presenta tan narrativamente dispersa (como se apresuraron a sentenciar muchas publicaciones especializadas tras ver el primer episodio, “Sense8 makes no sense”). La serie entra muy bien por los ojos y los oídos, es muy atractiva y exótica, los valores de producción son excelentes, la fotografía y la música (compuesta por Johnny Klimek y Tom Tykwer, que también dirige varios episodios) son magníficas, pero en su fase inicial los personajes resultan algo insípidos y sus tramas son rutinarias, incluso ridículas, construidas a base de ramplones estereotipos socioculturales (los latinos pasionales, la India vista a través del cine de Bollywood, los homosexuales/transexuales activistas, los asiáticos luchadores). Para empeorar la cosa, Sense8 se empeña en realizar denuncia social con varios de sus protagonistas, pero lo hace usando proclamas acartonadas y maniqueas que, a pesar de las buenas intenciones, simplifican demasiado la lucha por el feminismo y los derechos LGTBQ, aspecto muy importante en la serie (que por suerte acabarán puliendo). Es muy probable (y probado) que durante estos tres primeros capítulos sintamos que la historia no va a ninguna parte y que nadie sabe exactamente qué quieren contarnos con ella. No obstante, merece la pena aguantar, porque todo empieza a cambiar en el cuarto, “What’s Going On”, irónico título para el episodio que nos cuenta por primera vez lo que está ocurriendo.

KJ2A1756.dng

Solo basta una escena para que las piezas empiecen a encajar y Sense8 muestre su verdadero potencial. Se trata de una preciosa secuencia musical al ritmo del éxito de 4 Non Blondes que da título al episodio, en la que los ocho sensates cantan la canción al más puro estilo “Wise Up” de Magnolia. Solo que en lugar de hacer que queramos meternos un tiro como con la película de P.T. Anderson, nos desvela la mismísima esencia y razón de ser de la serie, así como su inclinación optimista. Esta escena hace que lo que hemos visto anteriormente tenga sentido y nos demuestra que como espectadores deberíamos tener más paciencia, sobre todo con este tipo de relatos ramificados y enigmáticos (al estilo The Leftovers), que por definición no pueden mostrar todas sus cartas en su primera hora. Al ver a todos los sensates interactuar juntos por primera vez caemos en la cuenta de lo que estamos viendo. Incluso descubrimos que los estereotipos que nos chirriaban están ahí por una razón, porque si la serie nos mostrase una sociedad global homogeneizada, no podría construir la idea que bombea la historia. Sense8 es la celebración del crisol de identidades culturales que componen nuestro mundo, de las diferencias y particularidades de cada país, pero también las de cada persona, raza, orientación sexual, identidad de género. Es un drama sobre la conexión humana y la comunicación (“¡Como FaceTime sin móvil!”), y si lo queréis, una origin story que nos cuenta la formación de un grupo de “superhéroes” compuesto de ocho embajadores que crean una alianza mundial, una comunión de culturas en la que cada uno aporta su “poder especial” para luchar contra el mal. Puede sonar demasiado obvio o naïve, pero los Wachowski triunfan plasmando la idea, y lo hacen sacando el máximo partido del lenguaje serial y la puesta en escena.

Sense8 es muchas series en una, pero a lo largo de la temporada, y especialmente en su segunda mitad, logra mantener la cohesión entre todas sus partes gracias a unos guiones meticulosamente interconectados y un virtuosismo absoluto a la hora de montar los episodios. Las escenas se enlazan temática y visualmente con tanta fluidez que no importa los saltos que dé el relato, nunca tenemos la sensación de interrupción o fragmentación. Y esto tiene más mérito aun si tenemos en cuenta que Sense8 hace gala de una intrépida hibridación de géneros, hasta el punto de tener ocho películas distintas ocurriendo a la vez. Según el personaje con el que estemos, Sense8 será un policíaco, un thriller cibernético, una comedia, una telenovela, una de mafiosos, un romance bollywoodiense o un drama familiar coreano y de artes marciales, cada una de ellas con sus correspondientes lugares comunes. No todas las “variantes” de la serie están al mismo nivel (las escenas de Miguel Ángel Silvestre en los primeros capítulos son vergonzosas, da igual lo deliberadamente paródicas y exageradas que pretendan ser), pero a medida que avanza la trama esto va importando menos gracias al estupendo trabajo de los actores (incluidos los secundarios, con especial mención a la genial Freema Agyeman, una de las armas secretas de Sense8), y al énfasis que se da al desarrollo de sus lazos y relaciones, el aspecto más estimulante y gratificante de la serie.

Kala Wolfgang

A partir de la mencionada escena musical, los ocho sensates empiezan a ser conscientes de lo que están viviendo, y se proponen conocerse los unos a los otros para descubrir así qué es exactamente lo que los une. Todos ellos son personas desplazadas de sus realidades a causa de traumas del pasado, tragedias personales, problemas familiares o la dificultad para encajar en los roles que la sociedad les ha dispuesto. En el grupo y en sus proyecciones extracorporales encuentran la forma de escapar de sus realidades y ayudar a los demás en sus respectivas luchas, desarrollando así un precioso sentido de la amistad y la protección, y en algunos casos algo más (esta serie está llena de OTPs). Como espectadores, es imposible no sentirse cada vez más cercanos a ellos al contemplar cómo se forjan estas relaciones, al verlas construirse mientras se prueban todas las posibles combinaciones de personajes hasta el último momento (-“¿Te conozco?” -“Hemos follado”). En el sexto capítulo, “Demons“, nuestra conexión con los protagonistas se lleva un paso más allá, volviéndose carnal en una sorprendente orgía con la que Sense8 se reafirma en su naturaleza osada, experimental y erótica (probablemente estemos ante la serie más queer del momento). Los sensates exploran sus posibilidades, descubren otras culturas, se enriquecen de la música, el arte y la historia de otros países, aprenden sobre sí mismos escuchando las historias de los otros, y comienzan a disfrutar del sexo como de todo lo demás, con los sentidos magnificados, multiplicados y a flor de piel. Nosotros desde casa los observamos con anhelo y deseo, con los ojos como platos al igual que la pequeña Kala contemplando el exuberante festejo en las calles de Bombay, y finalmente nos unimos a ellos en el jacuzzi para acabar formando parte de su cluster desde ese momento y hasta el final.

A partir del noveno episodio, “Death Doesn’t Let You Say Goodbye“, la mitología de la serie cobra mayor importancia y a través del personaje de Malik aprendemos todo lo necesario (por ahora) sobre los sensates y el objetivo de la organización de Mr. Whispers (gran nombre para un villano, ¿eh?) antes de adentrarnos en la recta final. De esta manera, Sense8 concreta su plan de juego y adquiere mayor propósito y finalidad, a la vez que prepara el terreno con material de sobra para las próximas temporadas (si todo sale según lo previsto, cinco). Para entonces, los diálogos y el humor han mejorado enormemente, las personalidades de los protagonistas están bien definidas (incluso acabamos apreciando lo que están haciendo con Lito y el cliché del macho de telenovela) y la acción va en crescendo, hasta estallar en los que son probablemente los episodios más esquizoides (más Wachowski) de la primera temporada, “What Is Human?” (1×10) y “Just Turn the Wheel and the Future Changes” (1×11), loquísima sesión doble de desmembramientos, persecuciones, impresionantes coreografías de lucha (brava Sun), bazucas y duelos culebronescos, con un entreacto en forma de una de las secuencias más conmovedoras y desbordantes que quien esto escribe ha visto en una serie de televisión (Spoiler: todos los sensates reviviendo uno a uno sus nacimientos al escuchar el concierto al piano del padre de Riley en Reikiavik. Fin del Spoiler). La prolongada catarsis da paso al desencadenante que nos llevará hacia el final de la temporada, una conclusión trepidante y emocionante en la que nos deleitamos viendo a los sensates poner en práctica sus habilidades para llevar a cabo una misión en equipo, y con la que Sense8 alcanza una sincronización perfecta que la lleva a la transcendencia. Definitivamente, ha merecido la pena quedarse.

Sense8 finale

Los Wachowski suelen cargar sus obras con grandes dosis de espiritualidadfilosofía (da igual si tiene que ver con la percepción de la realidad, la reencarnación o las abejas), aunque la mayor parte del tiempo ni ellos ni nadie saben muy bien qué nos quieren decir exactamente. En Sense8 nos encontramos a unos Wachowski igualmente desmadrados y ambiciosos como artistas, pero con mayor control sobre el nuevo universo ficcional que han creado y más atinados a la hora de equilibrar la densidad de su discurso con el entretenimiento y el espectáculo televisivo (algo que quizá haya que atribuir a Straczynski). La idea es reflexionar acerca de lo que nos hace humanos, y la respuesta es tan sencilla como abstracta: “la habilidad de sentir miedo, ira, deseo, amor“. Los sensates representan la unión de estas emociones, juntos son el ser humano moderno y a la vez el siguiente paso en la escala evolutiva: “Para convertirte en algo más que aquello que la evolución definiría como a ‘ti mismo’ necesitas algo diferente a ti”. Desde la fantasía y la ciencia ficción, Sense8 nos está proponiendo dar un siguiente paso: unir nuestras diferencias, fundir nuestras culturas y difuminar las fronteras sexuales, para ingresar en un nuevo capítulo evolutivo. De nuevo, esta utopía puede pecar de demasiado ingenua o petulante, pero es una noción que al menos merece la pena imaginar como una realidad posible. Por lo que a mí respecta, esto es el futuro. Bienvenidos.

Crítica: Dando la nota – Aún más alto

Kendrick Bellas

Dando la nota (Pitch Perfect) fue uno de los éxitos sorpresa de 2012, un sleeper pop que no solo funcionó mucho mejor de lo que se esperaba en taquilla, sino que pasó rápidamente a convertirse en película de culto para la generación Tumblr. Aunque su acción transcurre en la universidad, Dando la nota es en esencia una película de instituto, por eso muchos no dudaron en coronarla como la Mean Girls de los 2010’s o describirla como “Glee bien hecha” (yo mismo en la crítica que escribí en su día, antes de que Pitch Perfect se convirtiera en un fenómeno).

La película consagró a Anna Kendrick como nueva novia/It girl/amiga friki/ídolo tuitero/icono cool de América y convirtió a Rebel Wilson (Amy la Gorda) en una estrella. Había que darse prisa para generar una secuela aprovechando el momento. La popularidad de estas actrices está en lo más alto y varios éxitos recientes (LucyCincuenta sombras de Grey) han demostrado que el cine hecho y protagonizado por mujeres también puede triunfar en taquilla (duh!). Teniendo esto en cuenta, Universal ha demostrado tener reflejos muy “afinados” y ha hecho las cosas bien. Tanto que en su primer fin de semana, la secuela de Pitch Perfect dirigida por Elizabeth Banks, Dando la nota: Aún más alto (en USA simplemente Pitch Perfect 2), ha recaudado más que la primera película en todo su recorrido comercial en cines estadounidenses, rompiendo unos cuantos récords y asegurando una tercera entrega.

Dando la nota es un pelotazo es indiscutible y debemos celebrar que una película protagonizada casi íntegramente por mujeres en la que la rivalidad es sana (nunca por un hombre) y donde se celebra la camaradería (entre ambos sexos) y el trabajo en equipo haya cosechado tanto éxito, sobre todo teniendo en cuenta cómo está el panorama. El cine de Hollywood promete un cambio para los próximos años, y en parte se lo debemos a las Barden Bellas. Ahora bien, Dando la nota: Aún más alto no supone ninguna revolución en sí misma. Se trata de una clásica secuela fabricada (con prisa) aprovechando el tirón del éxito, que reproduce casi al pie de la letra a su predecesoraAún más alto es una segunda parte de manual. Es más espectacular y numerosa, traslada su acción al contexto internacional -el campeonato mundial de acapella que tiene lugar en Copenhague-, aumenta aun más la variedad del repertorio musical (hits actuales, éxitos de siempre, hip hop, country, temas de los 90…), y pone mucho más en juego. Pero a pesar de esto, el factor sorpresa se desvanece y lo que en la primera funcionó por su frescura (los susurros de Hana Mae Lee, las marcianadas de Wilson) aquí suena repetitivo y por tanto pierde gran parte de su gracia.

Rebel Wilson Pitch Perfect 2

La estructura de la secuela es prácticamente idéntica a la de la primera. Aún más alto comienza con una actuación que se convierte en un desastre (en lugar de vómito aquí tenemos un escándalo tipo nipplegate de Janet Jackson, pero mucho más bruto y con testigos presenciales de excepción, los Obama y Shonda Rhimes), continúa con la lucha de las Bellas por recuperar su voz (un reset que obliga al grupo a empezar de nuevo), tiene un intermedio en forma de batalla acapella (con David Cross como bizarro anfitrión) que palidece en comparación con la de la primera película, y termina con la gran competición. Afortunadamente, para compensar lo mecánico del argumento, los personajes evolucionan satisfactoriamente y sus conflictos internos, ambiciones, traumas y sueños se convierten en el corazón de la película.

Vemos cómo algunas Bellas se han graduado (Anna Camp, que ya tenía 30 años en la primera película no colaba ya como universitaria), cómo otras se niegan a salir al mundo real y se refugian en el grupo (Brittany Snow está estupenda), y cómo Beca (una Kendrick más cómoda desatando su lado más tontorrón) persigue su sueño de ser productora musical -divertida subtrama que cuenta con el genialísimo Keegan-Michael Key. Así que, aunque Dando la nota 2 sea un calco de la primera, tiene muchas armas para evitar el estancamiento y alicientes de sobra para mantener nuestro interés por saber qué les ocurre a estas chicas, más definidas y más unidas que la primera vez que las vimos. Además de las Bellas originales, tenemos nuevas incorporaciones que aumentan la diversidad y rejuvenecen al grupo, Flo (Chrissie Fit) y Emily, interpretada por la ubicua Hailee Steinfeld, “heredera” de las Bellas (Legacy en inglés) que sigue los pasos de Kendrick. De hecho, para intentar repetir la jugada de “Cups” (el nº1 discográfico que surgió de Pitch Perfect), Sia ha compuesto “Flashlight” para el personaje de Steinfeld, que acaba de fichar por una discográfica para grabar su primer álbum.

Kendrick Steinfeld

Y es que Dando la nota: Aún más alto se ha empezado a convertir en un musical tradicional. No solo hay más números (excelentemente dirigidos por Banks), sino que esta vez no se limitan al escenario, incorporando canciones narrativas, como la serenata en barca que dedica Rebel Wilson (con diferencia la peor cantante de la película) a Adam DeVine, y temas originales, como la mencionada “Flashlight”. Los momentos más estelares siguen teniendo lugar en las competiciones, pero no extrañaría que la progresión natural de la saga llevara la tercera parte por la senda del musical de Broadway (sería una buena forma de evitar o enmascarar el estancamiento en la misma fórmula).

En cuanto al humor, Aún más alto repite chistes y gags de la primera y explota las señas de identidad de sus personajes, en cierto modo haciendo que todo pierda un poco de magia. Hay muchas bromas que no llegan, especialmente las que protagoniza Flo, la latina (hondureña concretamente) que, como Sofía Vergara en Modern Family, perpetúa/se ríe de los estereotipos asociados con los inmigrantes hispanoamericanos en Estados Unidos (no es que sea ofensivo, es que no tiene mucha gracia). Este es uno de los recursos principales del guión, que a través del tronchante personaje del comentarista John Michael Higgins, se ríe de todas las razas y nacionalidades, y carga con especial inquina contra las mujeres. Pero sería absurdo acusar a Pitch Perfect de intolerante (lo saco a colación porque ya lo he leído en varios sitios), sobre todo porque el objeto de la burla es el propio personaje de Higgins (caricatura del republicano machista, misógino y racista), y por extensión, el ala conservadora de Norteamérica (“Todo el mundo nos odia”, reconoce el personaje de Elizabeth Banks, fantástica como siempre). El libreto vuelve a estar escrito por Kay Cannon, una de las guionistas de 30 Rock, serie conocida por no dejar títere con cabeza y satirizar la obsesión de Estados Unidos con la corrección política y la doble moral (Banks sabe mucho de esto porque interpretó a la ultra-conservadora y ultra-americana Avery Jessup en la comedia de Tina Fey). Además, Aún más alto es una película esencialmente feminista e inclusiva (y muy orgullosa de ello, “¡Somos un grupo de mujeres racialmente diverso!”), por lo que se puede permitir este tipo de humor corrosivo sin que se deba poner en duda su ideología.

Banks Higgins

Pero dejando a un lado estas cuestiones polémicas, Dando la nota: Aún más alto cumple con creces su cometido como película. Divierte, emociona, atrapa con sus espectáculos musicales y lo hace transmitiendo valores de compañerismo femenino en un contexto de competición sin caer en la moralina (en sus hilarantes encontronazos con la líder alemana del equipo rival de las Bellas, Beca no puede insultarla, solo elogiar su perfección como espécimen humano), y sin enfrentar al género opuesto en ningún momento (la representación masculina está en buenas manos con los encantadores DeVine y Skylar Astin). Aún más alto nos devuelve a los personajes de los que nos enamoramos hace tres años, estrecha los lazos que hay entre ellos (atención a la adorable escena en la tienda de campaña), y nos recuerda por qué queremos que triunfen en todo. Banks y Cannon han conseguido aumentar la dimensión humana de las Bellas, conservando la dulzura, el carisma y la locura que las caracteriza, en una película que ante todo es una celebración por todo lo alto de la hermandad femenina.

Valoración: ★★★½

Crítica: Cenicienta

CINDERELLA

Con las adaptaciones en acción real de sus clásicos animados, Disney ha encontrado su nueva gallina de los huevos de oro, y a pesar de que hace un año parecía que el género empezaba a recular, asumámoslo, tenemos cuentos de hadas para rato. Tras los más recientes taquillazos de la casa de Mickey Mouse, el panorama hollywoodiense de los próximos cinco años se presenta gobernado por los superhéroes y las princesas. La originalidad brilla por su ausencia, las películas no solo son adaptaciones de historias hiper-conocidas, sino que se parecen cada vez más entre sí, pero las cifras de taquilla indican que esto es lo que quiere el público, y lo que dice el público va a misa. Al menos hasta que el público se canse (o hasta que el tiempo demuestre que no se trata de modas pasajeras, sino del nuevo estado del cine comercial moderno; lo que ocurra antes).

Después de la decepcionante Maléfica, Disney recurre a uno de sus clásicos más insípidos para insuflarle nueva vida y color, Cenicienta. La principal diferencia de ésta con la película protagonizada por Angelina Jolie es que Cenicienta es una adaptación considerablemente fiel del cuento original, tal y como lo presentó Walt Disney en 1950. Hay cambios, algunos más sustanciales que otros -el más importante es que en esta ocasión el relato se inicia en la infancia de Cenicienta, por lo que el espectador conoce a Ella, es testigo de su tragedia personal, y asiste a su transformación en “Cinder-Ella”- pero más allá de eso, estamos ante la misma historia de siempre (ratones incluidos). Y esto, paradójicamente, supone cierta transgresión. Me explico.

Disney (y el resto de compañías que producen cine “para toda la familia”) se ha dedicado en los últimos años a derribar o reconfigurar estereotipos, entre otras cosas presentando personajes femeninos más fuertes, mujeres capaces de alcanzar la felicidad sin depender de un hombre. Así, en este mundo de princesas Disney contemporáneas se hace especialmente raro que la nueva Cenicienta no sea tan “nueva”, que no se enfunde una armadura como la Alicia de Burton o deje a un lado el amor romántico como Merida o Elsa. Pero que esto no nos engañe, la Ella de Kenneth Branagh (director) y Chris Weitz (guionista) no es una princesa pasiva que solo existe en relación a su príncipe. A base de detalles muy sutiles, Cenicienta es un personaje más resuelto y perseverante, toma decisiones propias, y a pesar de sus circunstancias, logra mantener cierto control sobre su vida y su destino.

CINDERELLA

Todo sin sacrificar su delicadeza, su gracilidad o su idealismo romántico, es más convirtiendo estos atributos en síntomas de entereza y humanidad en lugar de fragilidad. Porque la princesa no empuñe una espada, no quiere decir que estemos ante una película anti-feminista, todo lo contrario. Con esta nueva Cenicienta se nos presenta otro tipo de heroína feminista: la que decide luchar contra las adversidades con optimismo, bondad y perdón, virtudes propias de una persona valiente, tal y como el machacón lema de la película nos recuerda en todo momento. La que se enamora y anhela el “…y vivieron felices y comieron felices” con su príncipe azul (porque no tiene nada de malo querer encontrar el amor), sabiendo que no es lo más importante, ni la única manera de hallar la felicidad. Es decir, una princesa de las de siempre convertida en un personaje moderno sin apenas alterar su esencia.

El otro gran cambio de la cinta de Branagh con respecto al clásico del 50 es que ahora la película tiene personalidad, tal y como demuestran sus personajes. Desde Cenicienta, interpretada con encanto y afinación absoluta por Lily James, hasta el príncipe (Richard Madden aportando humanidad y humor a un personaje tradicionalmente plano), pasando por el Hada Madrina (Helena Bonham Carter, al contrario que Johnny Depp, sigue explotando con gracia su marcianismo) y sobre todo la madrastra, a la que da vida una Cate Blanchett dispuesta a pasárselo bomba con su personaje. La doblemente oscarizada actriz sobreactúa hasta derrapar, y el personaje está algo desaprovechado, pero cuando Blanchett da con la nota adecuada, resulta divertidísima.

Cenicienta es una película prácticamente irreprochable en todos los sentidos, un espectáculo de magia y color en el que esta vez Branagh evita que su gusto por la pompa y la teatralidad se interpongan en la narración, dando como resultado una ostentosa obra de sensibilidad pictórica y aire a Hollywood dorado que no obstante es algo más que un bonito (y sobrecargado) envoltorio. Teniendo en cuenta la dificultad con la que se parte al contar una historia que el público conoce de principio a fin, Cenicienta se las arregla para divertir y encandilar con los mismos ingredientes de siempre, pero con más brío (atención a las excelentes secuencias de la calabaza/carroza), personajes más definidos, y sin olvidar el extra de almíbar (porque si Cenicienta no fuera así de cursi, no tendría gracia), haciendo que aceptemos, aunque sea por un momento, que los cuentos de hadas están hechos para ser contados una y otra vez.

Valoración: ★★★★

Crítica: Big Hero 6

BIG HERO 6

“Por aquí no miramos hacia atrás durante mucho tiempo. Seguimos moviéndonos hacia delante, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas. La curiosidad nos conduce siempre hacia nuevos caminos” -Walt Disney

Esta cita se incluye al final de uno de los primeros “Clásicos Disney” de la nueva era Lasseter de la compañía, Descubriendo a los Robinsons. Aquella extravagante aventura a lo Jetsons ponía de manifiesto la intención renovadora del estudio, que tras varios sonados fracasos necesitaba urgentemente dar un salto hacia el futuro. Y así fue, la casa de Mickey Mouse comenzó un proceso de actualización que, sin dejar de mirar atrás (Tiana y el sapo), se proponía adaptar el estudio a las sensibilidades comerciales y la nueva realidad social del siglo XXI. El punto de inflexión decisivo fue el gigantesco éxito de Frozen, un cuento de princesas que suponía la culminación del ejercicio desmontador de estereotipos que Disney llevaba realizando desde hacía unos años. El público masivo volvía a estar interesado en Disney, a Internet le encantaba el mensaje transgresor que llevaba consigo, y tanto las horas bajas de Pixar como la incorporación de Marvel propiciaban la sinergia perfecta para dar el siguiente paso.

De esa sinergia nace Big Hero 6, basada en un cómic estilo manga de la Casa de las Ideas publicado en 1998, sobre un equipo de superhéroes adolescentes liderados por un genio de 13 años, Hiro Hamada. Sus directores, Don Hall y Chris Williams, insisten en que la película no es una adaptación de Marvel, sino una de Disney ambientada en su propio universo. Sin embargo, a lo largo de todo el metraje queda patente la influencia de las películas de Marvel Studios, cuyo increíble éxito ha proporcionado una fórmula infalible que se ha puesto en práctica tanto en la Fase 2 del MCU como en esta película. Big Hero 6 es una origin story en toda regla, el relato de la formación de un súper equipo marveliano, con todas sus fases y todos sus elementos, incluida la escena post-créditos, que en este caso además incluye un genial cameo que corrobora todo lo anterior.

Big Hero 6Y ahí es precisamente donde Big Hero 6 encuentra su talón de Aquiles, en su naturaleza formulaica. Hall y Williams llevan a cabo una obra vibrante y espectacular que sin embargo sabemos exactamente por dónde va a tirar en todo momento, lo que elimina el factor sorpresa. No falta ninguno de los ingredientes cultivados en los Laboratorios Disney a lo largo de esta última década: las dosis de lección educativa con ese toque moderno que esquiva el sermón (“estudia una carrera”, “ponte el cinturón”), la ruptura de estereotipos (el nerd es un coqueta, el negro grandullón es un miedica), la representación (chica butch con curvas, chica nerd hiperfemenina, equipo multirracial), el feminismo (“woman up!”), la tierna amistad imposible, la escena impactantemente dramática en la que perdemos a un personaje (Disney nunca ha ocultado la muerte a sus espectadores, pero desde que Buscando a Nemo demostró la verdadera eficacia del recurso no se ha dejado de explotar), y ese final emotivo made in Pixar que en este caso está protagonizado por Hiro y el robot Baymax. Ojo, nada de esto es intrínsecamente negativo, todo lo contrario. Necesitamos esa ruptura, esa transgresión en el cine “para niños”, pero al igual que ocurre con las de Marvel, llega un momento en el que hace falta algo más que la repetición paso a paso de la fórmula para realizar una obra que no solo sea perfecta, sino algo más.

Con suerte, Big Hero 6 tiene alicientes de sobra para que pasemos por alto estos problemas y consigamos disfrutar como renacuajos. Visualmente es para quedarse bizco. Los escenarios fotorrealistas de la ciudad de San Fransokio (es decir, la bahía de San Francisco orientalizada) son alucinantes, con una topografía inabarcablemente detallada y una rica ambientación que fusiona con maestría espacios de ensueño (el vuelo al atardecer) y diferentes estilos (US home-made, cyber-punk, diners, calles de neón). Narrativamente, la historia de Hiro y sus superdotados héroes nos trae a la memoria algunos de los clásicos animados más celebrados del cine reciente: Cómo entrenar a tu dragónLos Increíbles, WALL-Ey sobre todo, El gigante de hierro, obra de culto con la que Big Hero 6 comparte núcleo emocional, la amistad de un niño y su robot (con escena análoga en la que el primero oculta al segundo de su madre, con divertido resultado). Puede que los héroes (y villanos) sean algo más planos de lo que cabía esperar, pero la película lo compensa con memorables secuencias cómicas, acción trepidante, y sobre todo el adorable, entrañable y achuchable Baymax, un personaje redondo (nunca mejor dicho) que garantiza las carcajadas y del que es imposible no enamorarse.

Valoración: ★★★

Respuesta a Mayim Bialik por el asunto Frozen

mayim frozen

Mayim Bialik (Blossom, The Big Bang Theory) y (supuestamente) sus hijos odian Frozen. El reino del hielo. La actriz ha explicado los motivos en su popular blog, y me sorprende encontrarme con los mismos argumentos contra Disney de siempre, aplicados muy endeblemente a una película que se construye precisamente para evitar ataques infundados como el suyo. Frozen tendrá sus problemas, pero parece que Mayim no la ha entendido (o en realidad no la ha visto). Me llama la atención que en su entrada reconoce que la película trata de desmontar los estereotipos de los que ella se queja, pero falla en la ejecución. Me parece una idea interesante, y estaba dispuesto a dejarme convencer por ella, pero la actriz también falla en la ejecución a la hora de explicarla y no consigue realizar un discurso sólido.

Aquí tenéis la entrada del blog de Mayim.

A mí SÍ me gusta Frozen, pero mi entrada no es una respuesta por despecho realizada por un fan ofendido (nada más lejos de la realidad, conozco a mucha gente a la que no le gusta la película, y entiendo perfectamente sus argumentos, incluso algunos los comparto). Esto tampoco es exactamente una defensa de Frozen per se, sino más bien una llamada de atención a todos aquellos que no se relajan ni un solo segundo y se empeñan en ver injusticias, lecciones morales erróneas y mal ejemplo en todos los objetos de la cultura popular (especialmente en Disney). ¡Viva el cinismo, y viva el sobreanálisis en la era de las redes sociales! Ah, y otra cosa. Como muchos sabéis, también soy muy fan de Blossom, así que esto va con amor, Mayim.

Por partes:

“La búsqueda de un hombre/amor/príncipe sigue siendo la idea principal del argumento de la película, como lo suele ser en la mayoría de las películas de animación para niños”.

NO, Mayim, precisamente esa idea, que sí se puede aplicar a los clásicos Disney de los 50 y a algunos del renacimiento de los 90 (donde muchos os habéis quedado), NO es el argumento principal, y sólo aparece tal y como tú la has entendido en la primera parte, y además de forma paródica (porque para desmontar algo primero hay que montarlo). Anna se enamora del príncipe a primera vista, y hay un número musical en el que se llama la atención, a base de humor, sobre lo almibarado y absurdo de la idea. El estereotipo de la princesa que se define por su necesidad de estar con un hombre (Hans) se desmonta, y el enamoramiento (de Kristoff) sucede más bien en segundo plano. El conflicto central tiene que ver con las dos hermanas, y así se mantiene hasta el final, cuando es Elsa la que “salva” a Anna, en lugar del “beso de amor verdadero” del príncipe. Además, siguiendo la estela feminista de Merida de Brave, Elsa es una reina soltera, y no tiene pretendiente, por tanto no es definida en ningún momento por su relación con un hombre. Paradójicamente, Anna termina con un hombre al que acaba de conocer, pero la relación de Anna y Kristoff se desarrolla de manera orgánica, natural, y el enamoramiento no es impulsivo, pasional, o ciego. Hasta los más pequeños pueden darse cuenta de eso. La prueba está en que la película no termina con su boda, como sería de esperar, sino con un simple beso. Y no un beso de “vivieron felices y comieron perdices”, o uno de dominación masculina, sino un beso de inicio de relación.

“El deseo de la hermana es casarse con ese chico al que acaba de conocer, y la otra hermana se enfada con ella… y nosotros seguimos teniendo un argumento sobre el concepto de identidad femenina basado en el deseo de conocer a un hombre”.

De nuevo, me da la sensación de que, o no has visto la película entera, o has visto clips sueltos, o simplemente has oído hablar de ella y dejaste a tus hijos viéndola para ir corriendo a escribir tu post polémico del día. Volvemos a lo mismo de antes. Anna desea casarse con el chico que acaba de conocer, sí. Esto ocurre en la primera parte de la película, y forma parte de la exposición de lugares comunes que más tarde serán dinamitados. Cuando Anna conoce a Kristoff, este le dice “¿En serio te vas a casar con un tipo que acabas de conocer?” Y al final, cuando se descubre que Hans es en realidad el villano de la función, este le espeta “Estabas tan desesperada por amar que estabas dispuesta a casarte conmigo a la primera de cambio”. ¿Por qué te quedas sólo con lo que te interesa para construir tu discurso y fuerzas lo demás, Mayim?

Por otro lado, no entiendo por qué utilizas el enfado de Elsa con Anna por la boda con Hans para apoyar tu argumento sobre la identidad femenina. Elsa no se enfada con su hermana porque Hans sea un hombre, o porque Anna se vaya a casar y ella no. Elsa se enfada porque DESCONFÍA de esa persona que, como bien dices tú, acaba de conocer (“No te puedes casar con un hombre que acabas de conocer. Me da igual que hayáis compartido un número musical”, le dice Elsa a su hermana). Es una cuestión de confianza, de miedo (que viene desde la infancia, y está relacionado con haber hecho daño a su hermana, no con ningún hombre). ¿O acaso creíste que había celos? Me preocupa que esa sea tu visión del asunto. A ver si eres tú la que observa a la mujer en el cine y la televisión única y necesariamente vinculada al “concepto de la identidad femenina basada en el deseo de conocer a un hombre”… Elsa no será el personaje más coherente y redondo del mundo, pero si algo hace bien es precisamente construir su propia identidad completamente al margen de los hombres.

“El príncipe/héroe resulta ser el villano. Fingió amarla y luego le tendió una trampa, de lo que ella saca la lección de que no se debe confiar en esos hombres asquerosos, manipuladores y confabuladores. Porque claro, ¿no se puede confiar en los hombres? Meh”.

Aquí es donde me pierdes por completo, Mayim. Qué manera de tergiversar el asunto. ¿Por qué no eres capaz de desvincular el género del personaje con sus actos en la película? Haces justo lo que criticas. ¿Qué pasaría si el villano fuera una mujer (como tantas veces en el Disney clásico: Maléfica, Madame Mim, la madrastra de Blancanieves, Úrsula)? Entonces hablarías de sexismo y de la identidad de la mujer madura en relación a sus celos de la joven y las normas de la sociedad que dictan que…. MEH. La conclusión que saca Anna es que no se puede confiar ciegamente de una PERSONA que acaba de conocer, que ha de molestarse en conocerla un poco antes. No tiene nada que ver con la guerra de géneros. ¿No te sirve que en la película haya dos personajes masculinos opuestos para desmontar esa idea? Kristoff es un hombre bondadoso, honesto, leal, no manipula a Anna, no le dice lo que tiene que hacer. El arquetipo que representa Hans es desechado en favor del que representa Kristoff, por tanto, ¿a qué viene eso de que no se puede confiar en los hombres? Me recuerda a la gente que critica la escena en la que Úrsula convence a Ariel para que le entregue su voz a cambio de piernas, argumentando que los hombres no quieren que las mujeres hablen. ¿De verdad es tan complicado no entender estas escenas de manera literal y asumir que se trata de la caracterización del villano y, por tanto, de la exposición de la idea que la película denuncia? Una vez más, te quedas con la fase inicial del concepto, y desechas la conclusión de la película, para construir la tuya propia, la que te viene bien.

“Mi problema es que esta es una película dirigida a niños pequeños que no creo que necesito estar basada en ideas como esta, especialmente cuando no está basada en un clásico cuento de hadas. Y además, todos los personajes son jóvenes y obviamente no tienen edad para, en mi conservadora opinión, andar buscando pareja”.

Te equivocas de nuevo. Frozen sí está basada en un cuento de hadas. Concretamente en La reina de las nieves de Hans Christian Andersen. De acuerdo, está muy libremente adaptada, puesto que lo cambia tanto que al final no queda casi nada del material original. Pero aún así, técnicamente estamos ante un cuento de hadas, y por tanto es normal (o quizás sea más adecuado decir “tradicional”) que las princesas protagonistas sean muy jóvenes (¿no serás tú también de los que critican Mad Men “porque es machista!! buuu buuu”?). Pero bueno, ese no es el problema, seguimos con la misma idea que vertebra tu discurso, y que de raíz no tiene fundamento. Frozen no es una película sobre chicas demasiado jóvenes buscando pareja, por todos los dioses. Si esa es la idea que sacaron tus hijos después de verla, es que han pasado demasiado tiempo en brazos de su madre.

“Los personajes masculinos parecen personajes de dibujos animados, pero siguen respetando las proporciones del cuerpo humano. No ocurre los mismo con las chicas. Tienen ojos enormes, ridículamente grandes, naricitas pequeñas y delicadas. Y proporciones de muñeca Barbie: cinturas diminutas, pechos grandes y cabezas enormes. ¡Parecen muñecas!”

¿Ves? Aquí te tengo que dar la razón. Si tu denuncia a la película se hubiera basado en esto principalmente, no tendría mucho que decir en tu contra. Los diseños de Anna y Elsa están realizados, efectivamente, pensando en los millones de muñecas que se iban a vender, y por tanto sufren de proporciones barbianas, ojos de anime y narices microscópicas sin puente, y situadas donde debería estar la boca. Esto fue lo que menos me gustó de Frozen, y creo que unas proporciones más naturales habrían apoyado mejor todas las ideas progresistas de la película que hemos destacado. Pero esto no deja de ser una película de animación, y tengo la sensación de que los niños y las niñas saben distinguir un dibujo animado de una persona real.

 

Si lo que querías era ir a contracorriente, Bialik, te podrías haber apoyado en otros argumentos. Por ejemplo, las canciones (en la entrada dice que odia los musicales) o los agujeros de guión (que hay doscientos), pero has preferido aplicar unos cuantos conceptos que tienes grabados a fuego (con toda la razón del mundo) sin tener en cuenta más variables, sin analizar verdaderamente lo que ocurre en la película. Y oye, yo soy el primero que mira estos temas con lupa en el cine y la tele, y también en las opiniones de la gente en Internet, y es normal hacerlo con algo tan influyente como Frozen, pero también tenemos la opción, de vez en cuando, de llamar la atención sobre lo que una película hace bien. Y los aciertos de Frozen en este caso, y en mi opinión, refutan lo que según tú hace mal. Sin renunciar a su identidad de cuento de princesas, o de clásico Disney, (y sin necesidad nosotros de entrar en el debate sobre su calidad) Frozen es una película ciertamente transgresora en su representación de la mujer en los cuentos de hadas cinematográficos , y un ejemplo de cómo el estudio se ha adaptado a los tiempos, apostando por las protagonistas fuertes, independientes, esencialmente buenas (que no haya villana no es digno de mención, ¿verdad?) y sí, guapas, porque la belleza no debe estar reñida con la transmisión de valores positivos. No te voy a aconsejar verla otra vez (cuidado, pierde en sucesivos visionados :P), pero sí a pensar un poco en lo que has visto. Y tampoco seré yo quien te diga cómo educar a tus hijos, pero quizás sea aconsejable que los dejes pensar por sí mismos.

Fuente