Crítica: Ant-Man

Ant-Man hormiga

El Universo Cinemático de Marvel va en aumento en (casi) todos los sentidos. Las películas de la Fase 2 han exhibido una imparable tendencia hacia el más grande, más ruidoso, más multitudinario, y más serial todavía, provocando con la desigual Vengadores: La era de Ultrón lo que se conoce en inglés como “superhero fatigue“, es decir, el cansancio del público. En consecuencia, la “fórmula Marvel” empieza a quedar demasiado al descubierto, con lo que se hace urgentemente necesario un respiro para el espectador. Y ese es precisamente el papel de Ant-Man, la película que cierra con broche de oro la Fase 2 del UCM. Dirigida por el semi-desconocido Peyton Reed (como ya sabéis, en sustitución de Edgar Wright, que se marchó tras una disputa muy pública con Marvel), Ant-Man supone un soplo de aire fresco en el Universo Marvel, cuya narrativa cada vez más intrincada y ramificada corre últimamente el riesgo de irse de las manos. La película del Hombre Hormiga es una propuesta más modesta, (evidentemente) más pequeña, una película que, sin dejar de funcionar como pieza del engranaje del UCM, posee una naturaleza más autónoma y una cualidad menos exigente que nos recuerda a la Fase 1. Justo lo que Marvel, y nosotros, necesitábamos ahora mismo.

Por segundo año consecutivo, el estudio sorprende con una película basada en personajes de los cómics menos conocidos por el gran público. El Hombre Hormiga fue uno de los miembros fundadores de Los Vengadores en su primer tebeo de 1963, pero hoy en día no disfruta de la popularidad y el valor icónico de Capitán América, Thor o Iron Man. Esto no fue un impedimento el año pasado para que Guardianes de la Galaxia se convirtiera en uno de los mayores éxitos de Marvel. Sin embargo, Ant-Man no lo tiene tan fácil para conectar con el público general. Guardianes era una space-opera a lo Star Wars que seguía el patrón de Vengadores, y Ant-Man es una película sobre un superhéroe mundano que puede encoger su tamaño y se comunica con las hormigas. Es decir, Ant-Man cuenta con la desventaja de una premisa más rocambolesca que, a estas alturas, se puede tomar como señal de que las cosas se le están yendo de las manos al género. Y es una pena que se perciba así, porque estamos no solo ante la mejor película de Marvel de 2015, sino también ante una de las mejores aventuras que nos ha dado el estudio hasta la fecha.

Scott Lang

Como era de esperar, Ant-Man sigue las normas de Marvel y cumple con todos los requisitos indispensables del estudio, pero a la vez se permite desviarse lo justo de la fórmula establecida (podemos decir que incluso la mejora) para evitar la sensación de estar viendo la misma película con otros superhéroes. Reed (y antes que él Wright, que figura como guionista y productor en los créditos) ha llevado a cabo una “sencilla” comedia de acción y ciencia ficción que toma la forma de una película de robos (heist movie) clásica. Ya solo por eso, Ant-Man se distancia considerablemente del resto de capítulos de la Fase 2, y además siendo muy consciente de lo que está haciendo, mostrándose totalmente sincera consigo misma y el espectador. En un momento de la película podemos oír la frase “Los Vengadores están ocupados dejando caer cosas enormes del cielo”, chiste muy agudo que funciona además como transparente declaración de intenciones: “Esto es lo que NO es Ant-Man“. Y es perfecto, porque la historia de Scott Lang (Paul Rudd) (con sus partículas Pym, sus sonotones para comunicarse con las hormigas y su alocado argumento en general) no podía contarse tirando de épica y grandilocuencia, sino que pedía ser adaptada como una comedia.

Ant-Man hace gala de un humor revoltoso e inteligente (en mi opinión más pulido que el de Guardianes) que se refleja en diálogos afilados y situaciones muy divertidas (“Baskin-Robbins siempre se entera”). La mano de Wright se nota, aunque Marvel haya destilado su visión para hacerla más accesible, y la comedia más ocurrente no se reserva únicamente a los instantes de calma centrados en los personajes, sino que se traslada también a las escenas de acción. Los set pieces de Ant-Man son espectaculares, pero no por la misma razón que los de Vengadores, más bien por el ingenio con el que están realizados, llevando la destrucción a una escala microscópica, donde el Marvelverso se mira desde otro punto de vista. Parte del primer enfrentamiento entre el Hombre Hormiga y el villano de la película, Yellowjacket (Corey Stoll), tiene lugar dentro de una maleta que cae al vacío desde un helicóptero, montaje a ritmo de The Cure que ejemplifica la inventiva con la que están diseñadas estas secuencias. Ant-Man saca máximo provecho de las posibilidades visuales que brinda la reducción de tamaño y nos deja gags y escenas de gran creatividad, para culminar en un excelente tercer acto que, por fin, ofrece algo distinto a lo que hemos visto en el resto de películas de la Fase 2. En lugar de recurrir de nuevo al catastrofismo mundial, el combate final entre Ant-Man y Yellowjacket (otro villano desdibujado, todo hay que decirlo) se lleva al cuarto de la hija de Scott, Cassie (maravillosa Abby Ryder Fortson, con su conejo de peluche demoníaco), donde la película se vuelve más Cariño, he encogido a los niños y nos regala un clímax original y sorprendente que nos deja una sonrisa de oreja a oreja.

Reparto AntMan

Pero lo más inesperado de Ant-Man es su fantástico reparto. De entrada, el casting de esta película era lo menos llamativo del proyecto, pero ha acabado siendo uno de los más acertados de Marvel. Aquí no tenemos grandes egos ni despliegue de superpoderes de todo tipo, sino un grupo de personas más “de andar por casa” que se compenetran de maravilla. La química entre los miembros del cast es indudable, tanto en lo que se refiere al drama familiar que vertebra la película (la lucha análoga de Scott Lang y Hank Pym por demostrar a sus hijas que son buenos padres) como en las escenas corales de comedia (el montaje de entrenamiento o el plan a lo Ocean’s Eleven para infiltrarse en las instalaciones de los Vengadores). A pesar de no salirse demasiado de su zona de confort, Rudd es el Scott Lang perfecto, un granuja carismático en la línea de Peter Quill que aúna socarronería y humanidad en la piel de un héroe cercano e imperfecto. Por otro lado, Michael Douglas (impecable) y Evangeline Lilly (más fiera de lo que nos tiene acostumbrados) son un buen contrapunto al pícaro de Lang; sobre todo Hope van Dyne, que protagoniza junto a Scott el que quizás es el mejor beso del UCM hasta la fecha, y de la que por supuesto estamos deseando ver más en la siguiente fase. Pero el robaescenas oficial de Ant-Man (con permiso de Antony) es Michael Peña, que interpreta con toda la gracia del mundo al adorable Luis, uno de los miembros de la cachonda pandilla de “ladrones de guante blanco” capitaneada por Scott.

A veces menos es más. Y esto es justo lo que viene a demostrar Ant-Man. Su aire despreocupado y autoconsciencia dan lugar a un producto fresco y encantador, que se regocija en los placeres pequeños de Marvel y juega la carta de “entrega menor” para convencer de que se trata de una película mayor. Aunque el film sirva como enlace dentro del universo narrativo marveliano (atención a las dos escenas post-créditos, jugosos adelantos de la Fase 3 que no se van por la tangente), los abundantes easter-eggs, cameos y conexiones no convierten la historia en esclava de la serialidad del UCM. Es más, estamos ante un film decididamente más independiente que se puede disfrutar por sí solo gracias entre otras cosas a su fusión de comedia, drama y acción con estilo propioAnt-Man cumple con lo que se espera de la Casa de las Ideas, pero a la vez es el Marvel más insolente y avispado (pun intended), una película que piensa en pequeño para obtener grandes resultados.

Valoración: ★★★★½

Crítica: Guardianes de la Galaxia

Guardians of the Galaxy Star Wars

No es un secreto que Marvel llevaba ya mucho tiempo apuntando hacia las estrellas. Con las dos partes de Thor, el Universo Cinematográfico de Marvel se trasladaba a los reinos de la mitología nórdica, y con Los Vengadores echábamos un vistazo interdimensional a los confines del espacio con la amenaza Chitauri y Thanos (aunque en ambos casos pasábamos más tiempo en la Tierra). Pero este año, la Casa de las Ideas se expande oficialmente hacia el cosmos, y lo hace con una aventura absoluta y extraordinariamente marciana, una entrega del UCM que, más que una de superhéroes, es una auténtica epopeya espacialGuardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy. Con la película dirigida muy eficazmente por el cachondo James Gunn (Slither, Super), las posibilidades de esta macro-historia que comenzó en 2008 (y que no tiene final a la vista) se amplían de manera exponencial. Si una película con un mapache parlante y un extraterrestre-planta, basada además en un cómic desconocido por el gran público, se ha convertido en otro mastodóntico éxito de Marvel (hasta ahí llega la fidelidad de la audiencia), a partir de ahora todo es posible.

Aunque el cómic en el que se basa se remonta a finales de los 60, no cabe duda de que Guardianes de la Galaxia hunde sus raíces en la saga Star Wars, referente indiscutible tanto en lo que se refiere a su argumento como en su vibrante apartado visual. Pero también es fácil detectar en ella elementos de series sci-fi como Farscape o Firefly. De la primera sobre todo esa variopinta y colorida fauna extraterrestre, de las dos el hecho de que los protagonistas sean un ecléctico grupo de forajidos espaciales con pasados oscuros que unen sus fuerzas con un objetivo común. Pero si se trata de encontrar influencias, la más evidente no es otra que Los Vengadores, el éxito que proporcionó el patrón a seguir por el estudio, y que se repite una vez más con Guardianes. No falta nada: historia en tres actos, épica batalla final (con nave gigante desplomándose sobre la ciudad), énfasis en la coralidad del reparto y dosis elevadas de comedia. De hecho, Guardianes es la primera película de Marvel Studios que se puede catalogar abiertamente como “comedia de acción”.

Chris Pratt GotG

La primera parte del filme -tras el nostálgico y melodramático prólogo que nos transporta a los 80 de E.T.– resulta un tanto problemática y atropellada. La culpa la tiene un elevado número de personajes y localizaciones, entre los que la historia va saltando sin (aparente) orden ni concierto, solo cumpliendo la función de aportar los datos necesarios para cimentar la trama. Hay que decir que Gunn lo tenía más difícil que Joss Whedon. Las historias individuales de los Vengadores ya eran conocidas por todos. Las de los Guardianes no. Por eso, Gunn -y antes que él Nicole Perlman, que escribió el primer boceto del guión- tenía la complicada tarea de presentar a un puñado de personajes desde cero, desarrollarlos, enfrentarlos y finalmente convertirlos en un equipo cohesionado, sin la ventaja de contar con medio trabajo ya hecho. Teniendo esto en cuenta, y a pesar de la fragmentación que lastra el primer acto, Gunn ha salido más que airoso. Algo que sin duda se confirma al ver a los cinco héroes juntos en acción durante la segunda mitad del metraje, cuando el filme por fin coge el ritmo y no lo suelta.

Guardianes grupo

Una vez establecido el quién es quién de la galaxia y definido el macguffin de la historia (otra Gema del Infinito que no debe caer en las manos equivocadas), el relato empieza a tomar forma, y los Guardianes se apoderan de él. Lo más destacable de Guardianes de la Galaxia es que, a pesar de contar con un claro protagonista, el encantador sinvergüenza Peter Quill, no se descuida nunca al resto de personajes. Es más, en un momento u otro todos se las arreglan para eclipsar al achuchable Chris Pratt, que sí, es un Star-Lord ideal (porque básicamente es Andy Dwyer en el espacio, y eso nunca podría ser malo), pero no puede evitar que en ocasiones la superproducción le venga un poco grande. Nada que no se solvente con un buen plantel de personajes con el que complementarse:

Gamora -perfecta Zoe Saldana-, letal y robótica extraterrestre de piel verde (una Elphaba alienígena, vaya) que nos proporciona algunos de los instantes más emocionantes y entrañables de la película cuando se entrega a sus impulsos humanos (ella, Peter y Footloose); Drax, un gigante “destructor” que se ríe, literalmente (como todo lo que hace), en la cara del peligro -el luchador Dave Bautista es la verdadera revelación interpretativa de la película, con una precisión cómica sorprendentemente; Groot, adorable criatura árbol que se comunica exclusiva y muy elocuentemente usando únicamente la frase “Yo soy Groot”; y Rocket -doblado excelentemente por Bradley Cooper-, un mapache alterado genéticamente, cascarrabias y aficionado a gastar bromas pesadas, que, lejos de ser reducido a alivio cómico (que no haría falta además), está plenamente definido y tiene tanta o más entidad que sus colegas no realizados íntegramente por ordenador.

Rocket

En el apartado de villanos, Guardianes de la Galaxia no sale tan bien parada, a pesar de la divertida presencia de Michael Rooker como Yondu (que técnicamente no es un villano, solo un paleto amoral). El verdadero malo de la función es Ronan el AcusadorLee Pace le ha cogido el gusto al transformismo-, con Nebula en destacado segundo plano –Karen Gillan sobreactuada en un proyecto en el que no debería chirriar estar sobreactuado. Pero la película cuenta con más enemigos, tantos que es inevitable que estos parezcan desdibujados o desaprovechados, algo que también ocurre con la organización Nova Corps (Glenn Close, John C. Reilly). Esto, más que un problema interno, es un efecto de la acusada serialidad que caracteriza a las películas de Marvel. Estas funcionan cada vez más como una serie de televisión, y es habitual que no se nos presente a personajes “completos” y que se incluyan únicamente pequeñas píldoras de una historia que se desarrollará en posteriores capítulos. De ahí que Thanos aparezca apenas un minuto, o El Coleccionista (Benicio del Toro) protagonice una escena de transición y desaparezca sin más. Y de la misma manera, con Kevin Feige y Marvel actuando como showrunners del UCM, salta a la vista que el director, por mucha voz que haya tenido, ha debido ajustarse a una fórmula testada. Y esto es lo que más chirría de la película, que transcurre sobre seguro, repitiendo lo que ya les ha funcionado anteriormente y dejando poco espacio narrativo para la sorpresa. Aún con todo, Guardianes de la Galaxia es todo lo cerrada, uniforme e independiente que puede ser, sobre todo gracias a su fuerte personalidad y el increíblemente detallado universo que nos presenta.

Gamora y Star-Lord

Guardianes de la Galaxia es un continuo estallido lumínico y multicromático, una fantasía irresistible tanto para los fans de los cómics como para los espectadores más casuales. Conjuga con acierto el fan service propio del estudio (Howard el Pato, Cosmo, el cameo oculto de Nathan Fillion y otros tantos easter eggs) con la pleitesía al gran público, para dar como resultado una película de Marvel que es exactamente como las anteriores, y a la vez es totalmente distinta. Rebosante de descaro gamberro, carisma y socarronería, aderezada con temazos míticos de los 70 y 80 interpretados por Jackson 5, David Bowie, The Runaways…, y un altísimo contenido en one-liners y chistes bobos (algunos graciosos, otros simplemente graciosetes), Guardianes de la Galaxia se presenta como una obra exultantemente viva, musical, y sobre todo iconoclasta.

Para enmarcar planos como el de Peter y Gamora con el walkman y la galaxia como paisaje de fondo, Rocket acribillando a los malos con una metralleta a lomos de Groot, el paseo bailongo de Peter durante los créditos iniciales (y cada vez que alardea de “magia pélvica”), o una de las escenas finales, en la que la película se adentra en terreno sentimental y nos remite a una secuencia clave de Toy Story 3, con resultados igualmente efectivos (Marvel, más Disney que nunca, me vuelve a hacer derramar lágrimas de emoción). Además de todo esto, con el elogio de lo analógico y lo vintage que lleva a cabo (que no os extrañe que el cassette se ponga de moda),  Guardianes de la Galaxia nos devuelve en cierto modo a la infancia y nos recuerda lo que es ver una película de Spielberg por primera vez -no en vano, la primera secuencia en el espacio es un claro homenaje a Indiana Jones y el arca perdida. No estoy seguro de si las nuevas generaciones adoptarán Guardianes de la Galaxia como su Star Wars  (tal y como se ha empeñado la prensa en que ocurra), pero si así fuera, no seré yo quien se oponga.

Valoración: ★★★★½