Crítica: Valerian y la ciudad de los mil planetas

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Atención al dato. El cómic franco-belga Valerian, agente espacio-temporal inspiró a George Lucas en su creación de Star Wars. Esto debería ser credencial suficiente para que el tebeo creado en los 50 por Pierre ChristinJean-Claude Mézières fuera más conocido entre el gran público, pero Valerian no goza del reconocimiento masivo que otras obras fundacionales del cómic moderno sí tienen. Por esto mismo, había que hacer algo al respecto. Había que dar a conocer el material sin el que Star Wars no habría sido igual, qué digo, sin el que el cine no habría sido el mismo. Y quién mejor para acometer esta ambiciosa empresa que Luc Besson.

Con Valerian y la ciudad de los mil planetas regresa el Besson de El quinto elemento, el más desmesurado, imaginativo y hortera. Y para llevar a la gran pantalla su nuevo delirio intergaláctico tuvo que encontrar el apoyo financiero fuera de los grandes estudios, asociando su EuropaCorp con una coalición de productoras independientes que elevaron el presupuesto del proyecto hasta los 180 millones de dólares (según los rumores podría ser más), convirtiéndola en la película europea y la película independiente más cara de la historia. Una jugada suicida se mire por donde se mire, pero que tiene su recompensa: Valerian es un espectáculo visual sumamente impresionante.

En la película, Valerian (Dane DeHaan) y Laureline (Cara Delevingne) son agentes especiales del gobierno de los territorios humanos a cargo de mantener el orden en el universo bajo la dirección de su comandante (Clive Owen). Estos dos policías espaciales son algo más que colegas de profesión, sin embargo, él quiere más de la relación que ella, y ella no está dispuesta a comprometerse hasta que él deje atrás sus prácticas donjuanescas y borre su agenda de contactos femeninos. Pero este tira y afloja romántico tendrá que pasar a segundo plano cuando Valerian y Laureline emprendan una misión en la ciudad de Alpha, un enorme crisol de razas y especies procedentes de todos los recovecos del universo, donde nuestros héroes deberán proteger el último resquicio de una poderosa civilización considerada extinta, destapando así una conspiración que pondrá en peligro a la especie humana.

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Como decíamos, Valerian marca la vuelta de Besson a la ciencia ficción más barroca. El director ha orquestado una space opera reminiscente de El quinto elemento, repleta de hallazgos visuales y caracterizada por una imaginación desbordante. El film establece su tono abriendo con una fantástica secuencia unificadora al ritmo de “Space Oddity” de Bowie en la que Besson nos pone en contacto con la “rareza” y la variedad del universo que se despliega ante nuestros ojos. A partir de ahí, Valerian no cesa de sorprender con ocurrencias que sirven para crear las secuencias de acción más inventivas y divertidas que vamos a ver en mucho tiempo en una pantalla. La película es un constante bombardeo de ideas visuales y artilugios futuristas con los que es difícil no asombrarse, lo cual tiene su mérito teniendo en cuenta la edad del material en el que se basa.

El desorbitado presupuesto de Valerian salta a la vista en todo momento, pero muy especialmente durante las escenas que involucran a los habitantes del planeta Mül, humanoides creados mediante la técnica digital de la captura del movimiento que suponen el siguiente eslabón evolutivo en la revolución digital auspiciada por James Cameron en Avatar. De hecho, cuenta la leyenda que Besson estaba trabajando en Valerian desde antes de que Cameron anunciara su película, y debido a las similitudes en estilo y argumento entre ambas, tuvo que posponerla. Valerian llega cuando el espectador cree haberlo visto todo, cuando la audiencia parece haber perdido la capacidad de sorprenderse con lo que el cine es capaz de hacer en materia digital, pero Besson se las ha arreglado para crear algo con la capacidad de dejar boquiabierto al más reacio. Los colores que saltan de la pantalla, los efectos especiales, las secuencias íntegramente digitales, la integración de los elementos reales con el CGI, la fluidez y el realismo apabullante de las criaturas realizadas por ordenador, todo esto hace de Valerian una película digna de ver en la pantalla más grande posible.

Pero no todo es positivo. Valerian recurre tanto a la baza visual porque no puede sorprender en el departamento narrativo. Juega en su contra que tras los 50 años que han transcurrido desde la publicación del tebeo original, es prácticamente imposible que el público encuentre este tipo de historias novedosas. Es paradójico, pero Valerian no puede reclamar su lugar en la ciencia ficción moderna porque sus discípulas la han aventajado con creces. Es por eso que, por mucho entusiasmo y esfuerzo que se haya puesto en ella (y esto es indudable), puede verse como un producto del montón en lo que respecta a su historia.

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Por otro lado, hay que reconocer que su reparto quizá no sea el más acertado. Obviemos a Ethan Hawke (pasadísimo de rosca), a Clive Owen (muy acartonado) o a Rihanna (que no hace mucho, aparte de interrumpir drásticamente el ritmo de la película con una escena musical análoga a la ópera de El quinto elemento), y centrémonos en la pareja protagonista. DeHaan y Delevingne dan la talla físicamente. Ambos tienen esa belleza extraña e hipnótica que hace que resulten perfectamente creíbles como humanos del futuro, o como extraterrestres descendientes de Bowie. Pero interpretativamente hablando, ninguno de los dos está a la altura de las circunstancias. Sorprendentemente, Delevingne se lleva la mejor parte, ya que la naturaleza descarada y la fuerza de su personaje no permite que se duerma en los laureles. Pero a DeHaan le viene demasiado grande el papel de granuja seductor, quedándose a años luz del carisma de Han Solo. Por esta razón, la dinámica romántica de Valerian y Laureline acaba siendo lo peor del film.

A pesar de estos inconvenientes, Valerian supone una experiencia desenfadada altamente recomendable para los amantes de la épica fantástica y la ciencia ficción más colorista. El hecho de que la película no se tome excesivamente en serio ayuda a que pasemos por alto sus traspiés narrativos (la trama arrastra al final y se resuelve de forma bastante confusa) y su sentido del humor algo infantiloide, y nos centremos en disfrutar de lo que Besson ha creado para el deleite de nuestras retinas, que no tiene desperdicio: acción híper-plástica, criaturas originales (llama la atención un trío de patos alienígenas que son claros precursores de Jar-Jar Binks), efectos digitales alucinantes, un diseño de producción para quitarse el sombrero, imágenes de belleza cegadora, y un vasto universo de ficción riquísimo en detalle.

Eso sí, hay que decir que, aunque Valerian anteponga lo visual a todo lo demás, la película no deja de ser un viaje divertido y trepidante, incluso entrañable (la ilusión depositada en ella es contagiosa), una acertada mezcla de clasicismo aventurero y creatividad visionaria que merecía más suerte de la que ha tenido. El público no la está acompañando, por lo que la expansión de su fascinante universo en forma de saga es una posibilidad cada vez más remota. A los que se nos han salido los ojos de las órbitas viéndola nos queda la esperanza de que, ya que no ha podido ser un blockbuster, al menos se convierta en la obra de culto que merece ser.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Comedias románticas de ayer y hoy: Jerry Maguire y Maggie’s Plan [Reseña Blu-ray]

Entre las novedades recientes en Blu-ray de Sony Pictures Video se encuentran dos comedias románticas separadas por veinte años, la clásica Jerry Maguire y la reciente Maggie’s Plan, dos formas muy distintas de abordar el género romántico que vienen a reflejar la sensibilidad y las tendencias cinematográficas de sus respectivas etapas. Y es que el tipo de rom-com que se hacía en los 90 ha dado paso a través de los años a una reinvención del género en la que la mujer ha ganado mucha más entidad, convirtiéndose en algo más que la clásica soñadora cuya meta en la vida es casarse con su príncipe azul. Menos mal.

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Jerry Maguire

Dirigida por Cameron Crowe (Casi famososVanilla SkyAloha), Jerry Maguire es una de las comedias románticas más exitosas de mediados de los 90. Esta película protagonizada por Tom Cruise cuando estaba en la cima de Hollywood logró lo que la mayoría de títulos del mismo género no solían conseguir, convertirse en una comedia romántica prestigiosa, aclamada por la crítica y nominada a numerosos galardones (entre ellos cinco premios de la Academia, que se dice pronto). Partiendo de una idea original de Crowe, Jerry Maguire venía disfrazada de película deportiva/drama profesional, pero en realidad se trataba de una rom-com clásica. Una jugada maestra pensada para atraer tanto al público potencial de una como de otra que surtió efecto y dio lugar a una de las películas más icónicas de su década.

En esta nueva edición en Blu-ray que conmemora el vigésimo aniversario del film, tenemos la oportunidad de reencontrarnos (o conocer por primera vez, si es una de esas películas que ha visto todo el mundo menos tú) a Jerry Maguire (Cruise), un agente deportivo en horas bajas, y Dorothy Boyd (Renée Zellweger), una tímida madre soltera que trabaja para él y con la que vivirá un apasionado romance. Tras perder su trabajo y a su novia (Kelly Preston) y ver cómo su carrera profesional y sus convicciones tocan fondo, Jerry hace lo posible por volver a la cresta de la ola con la ayuda de otra ex gloria, un jugador de fútbol interpretado por Cuba Gooding Jr., papel que le valió un Oscar a mejor actor secundario, y de Dorothy, con la que encuentra una nueva oportunidad para triunfar y ser feliz.

jerry-maguire-blu-rayJerry Maguire consagró a Cruise como galán cinematográfico moderno (años antes de que el mundo le cogiera manía) y convirtió a Zellweger en toda una revelación. La película destaca sobre todo por sus escenas cómicas y sus famosos diálogos, que pasaron automáticamente a formar parte de la cultura popular: “Tú me completas”, “Ayúdame a ayudarte” o la frase más famosa de la película, “Enséñame la pasta”. Pero después de dos décadas, lo mejor sigue siendo su emocionante final. La sempiterna escena propia de cualquier película romántica que se precie en la que uno de los protagonistas (en este caso Jerry) vuelve corriendo a los brazos de su pareja para declararle su amor, uno de los momentos más emotivos de la película, que termina con una de sus mejores frases: “Ya me tenías con el hola”.

Sobre el Blu-ray: La nueva edición de Jerry Maguire cuenta con una estupenda remasterización que conserva el grano original sin sacrificar nitidez y resalta los vivos colores de la película. Además, el disco incluye una tonelada de contenidos adicionales: Jerry Maguire: Nos volvemos a ver – Una retrospectiva de tres partes con nuevas entrevistas con Tom Cruise y Cameron Crowe, casi 60 minutos de escenas eliminadas y extendidas nunca vistas, galería de fotos, tráiler del cine, comentario visual de imagen en imagen con Tom Cruise, Renée Zellweger, Cuba Gooding Jr. y Cameron Crowe, escenas eliminadas con comentario del director y del montador, imágenes de los ensayos con comentario del director y del montador, “Mi primer anuncio” con Rod Tidwell, Drew Rosenhaus: como ser agente deportivo, vídeo musical “Secret Garden” de Bruce Springsteen y así se hizo.

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Maggie’s Plan

Final feliz. Fundido a negro. Rótulo: “20 años después”. Las cosas han cambiado mucho en el mundo, y por extensión, en el cine. Si Jerry Maguire era una comedia romántica contada principalmente desde el punto de vista masculino, en Maggie’s Plan es la mujer la que lleva las riendas de la historia en una película fresca y contemporánea que dirige Rebecca Miller (The Ballad of Jack and Rose) con un ojo puesto en la dramedia habitual de Sundance y otro en el cine urbano de Woody Allen.

Maggie (Greta Gerwig) es una neoyorquina sin suerte en el amor que un día decide que no quiere esperar más y se propone tener un hijo sola. Sin embargo, la misma noche que lleva a cabo la inseminación artificial, John (Ethan Hawke), un profesor de antropología y aspirante a novelista con el que ha entablado una bonita amistad, le declara su amor. Maggie, que también está enamorada de él, desecha su plan original para construir una vida en común, para lo que él debe abandonar a su mujer, Georgette (Julianne Moore), una ambiciosa académica. Pero en un giro inesperado, su relación con John no resulta como ella imaginaba, lo que le lleva a trazar un nuevo plan para solucionar su vida y la de él tratando de hacer el menor daño posible.

Si en Jerry Maguire teníamos a una madre soltera en busca de una figura paterna para su hijo, en Maggie’s Plan nos encontramos todo lo contrario, una mujer que decide tener un hijo ella sola y a priori no necesita que el hombre se involucre en sus vidas. Claro que, como la buena comedia de enredos que es, Maggie’s Plan da muchas vueltas a partir de esta premisa, convirtiéndose en una película tan divertida como sofisticada, un trabajo que flirtea con la screwball comedy a la vez que ofrece astutas observaciones sobre las relaciones que maggies-plan-blu-rayreflejan los cambios progresistas de los que hablábamos (por ejemplo, Maggie es amiga de un matrimonio, y quien la escucha y le da consejo sentimental paseando a su bebé en carrito es el marido, que además es su ex). Pero sin duda, lo mejor del film es su excelente reparto, una divertidísima Julianne Moore, un atinado Ethan Hawke, los habituales de la comedia USA Bill Hader y Maya Rudolph, y por encima de todos, la encantadora Greta GerwigMaggie’s Plan es Gerwig al 100%, por lo tanto, los que han disfrutado de sus películas anteriores (Frances HaMistress America) encontrarán en ella su mayor baza. Su carisma y sensibilidad convierten la película en un retrato inteligente y fresco de la vida en pareja, el trabajo, la maternidad y los sueños de futuro en la Gran Manzana. En definitiva, imprescindible para los fans de Greta Gerwig y el cine sobre jóvenes (y ya no tan jóvenes) navegando las difíciles aguas de la vida moderna.

Sobre el Blu-ray: Siendo una película de 2015, la calidad de imagen y sonido es tan buena como cabe esperar, aunque no es ese tipo de película que se luce por su apartado técnico o estético. Los contenidos adicionales incluyen: Comentario con la directora, Rebecca Miller, rueda de prensa en el festival de Sundance, así se hizo y tomas falsas.

Jerry MaguireMaggie’s Plan ya están a la venta en España. Sony Pictures Video también ha editado Maggie’s Plan en formato DVD.

[Reseña DVD] ‘Born to Be Blue’ y ‘Equity’, agitando los géneros

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Sony Pictures Home Entertainment estrena en exclusiva dos películas que no hemos podido disfrutar en salas de cines, Born to Be Blue Equity, dos propuestas diferentes entre sí, pero igualmente interesantes que tienen algo en común: se salen considerablemente de los parámetros del tipo de cine en el que se inscriben, llevando sus respectivos géneros a nuevos territorios que merece la pena explorar.

En Born to Be Blue, el nominado al Oscar Ethan Hawke (Antes de amanecer, Boyhood, Bocados de realidad) se pone en la piel del mítico Chet Baker, la leyenda del jazz cuya tumultuosa vida recrea el director Robert Budreau. En los años 50, Baker era uno de los trompetistas más famosos del mundo, un icono de estilo y pionero de la escena jazzística de la Costa Oeste, pero a Budreau no le interesa tanto narrar la historia de su ascenso a los cielos del jazz, sino su descenso a los infiernos y posterior resurgir en la década de los 60.

Born to Be Blue nos muestra a un Chet Baker en horas bajas, destrozado por su adicción a las drogas y luchando por regresar a sus años de éxito, motivado por su deseo de seguir viviendo para compartir su arte, y por el apasionado romance con una actriz a la que da vida en la película Carmen Ejogo (SelmaAnimales fantásticos y dónde encontrarlos). De esta manera, Budreau escapa de las normas del biopic clásico para firmar una película en la que la realidad y la ficción se fusionan y sus personajes quedan liberados de reglas narrativas, tal y como si se tratase de una sesión de jazz fílmica.

Se podría decir que Born to Be Blue es un anti-biopic, una película biográfica que está más interesada en hacer sentir el espíritu de su protagonista y su arte que en informar sobre su vida. Y para ello, Hawke ofrece una interpretación visceral y entregada que fue elogiada a su paso por los festivales de cine del año pasado, y que nos recuerda por qué es uno de los intérpretes más versátiles y con más talento de su generación.

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Por otro lado nos llega también la primera visión 100% femenina de Wall Street en el cine, Equity, dirigida por Meera Menon. La ganadora al Emmy por Breaking Bad Anna Gunn protagoniza esta película hasta ahora inédita en España sobre una agresiva ejecutiva de banca de inversión que dirige la controvertida salida a bolsa de una compañía tecnológica justo tras la crisis financiera mundial. Este intenso thriller sobre Wall Street nos habla ofrece una perspectiva diferente a lo que el género nos tiene acostumbrados.

Michael Douglas o Leonardo DiCaprio nos invitaron a conocer las presiones y los excesos del mundo financiero en Nueva York, desde un prisma puramente masculino y sin escatimar en sexismo y misoginia. Equity, escrita, dirigida, producida y protagonizada por mujeres, nos presenta el punto de vista femenino de este despiadado y asfixiante mundo laboral que puede acabar con la cordura, incluso con la vida de más de uno, y lo hace con un claro mensaje feminista: “Las mujeres también podemos ser ambiciosas y no hay que avergonzarse de desear y disfrutar el éxito y el dinero”. Pero Equity no esquiva los problemas que suelen condicionar a la mujer en su entorno laboral, sobre todo en puestos de alta responsabilidad, mostrando su lucha para poder tener las mismas oportunidades que sus compañeros y denunciando el sexismo al que aun se enfrentan, incluso las que han superado (supuestamente) el techo de cristal, como el personaje de Gunn.

Así, Equity se construye como un drama con toques de suspense y thriller cibernético que sigue las normas de este tipo de cine, pero a su vez lo presenta desde un prisma innovador, rompiendo el monopolio masculino de las películas sobre Wall Street.

Born to Be Blue (DVD)

Duración: 97 minutos. Contenidos adicionales: Cómo se hizo

Equity (DVD)

Duración: 96 minutos. Contenidos adicionales: Líneas grises: Así se hizo Equity; Grupo de chicas: la equidad del poder; Rueda de prensa del Festival de Cine de Los Ángeles con Anna Gunn, Meera Menon, Alysia Reiner, Sarah Megan Thomas y Samuel Roukin

Crítica: Los Siete Magníficos

Dejémoslo claro desde el principio: nadie quería un remake de Los Siete Magníficos. Nadie lo pidió. Pero Sony Pictures nos lo dio de todos modos. Así que no tiene mucho sentido quejarse, no va a cambiar nada. Eso es, tenemos un remake de Los Siete Magníficos, y hay dos opciones: ver la película o no verla. Quizá hacerle el vacío sirviera para que Hollywood se estrujase la sesera buscando más ideas originales y dejase de hacer tantos reboots. Quizá no. Da igual, el remake de Los Siete Magníficos es algo que existe, que ha llegado a los cines, y hoy toca hablar de ella. Y resulta que, después de todo, no solo no está tan mal como esperábamos (o como muchos querían), sino que es un buen remake, y una buena película. Sorpresa.

Dirigida por Antoine Fuqua, que puede gustar más o menos (a mí me gusta menos), pero tiene ya en su haber unos cuantos éxitos (Training Day, Objetivo: La Casa Blanca, The Equalizer), Los Siete Magníficos es una relectura del clásico del oeste adaptada para las nuevas audiencias. Recordemos que la película original ya era un remake. En 1960, John Sturges llevaba la historia de Los Siete Samuráis de Kurosawa al terreno más comercial del momento en Estados Unidos, el western. De la misma manera, Bichos de Pixar hacía lo propio en los 90 convirtiendo la misma historia en una fábula para niños (y no tan niños). Y no son las únicas versiones. Con esto quiero decir que el cine es algo cíclico y remakes ha habido siempre, desde tiempos inmemoriales. Pero este es otro tema para desarrollar en otra ocasión. Sigamos. Fuqua, que se ha especializado en dirigir cintas de acción con “enjundia”, moderniza el clásico de la Metromanteniéndose fiel a su historia y a las reglas de su género pero convirtiéndola en un blockbuster actual.

Los Siete Magníficos nos da la (nada cálida) bienvenida Rose Creek durante la llegada del industrial Bartholomew Bogue (Peter Sarsgaard), que irrumpe en este pequeño pueblo para bañarlo de sangre y adviertir de su regreso junto a la caballería con la intención de hacerse con él y sus recursos. Desesperada, la gente de Rose Creek contrata la protección de siete peculiares “defensores”, cazarrecompensas, tahúres, sicarios y forajidos que forman un equipo de lo más variopinto: Sam Chisolm (Denzel Washington), Josh Farraday (Chris Pratt), Goodnight Robicheaux (Ethan Hawke), Jack Horne (Vincent D’Onofrio), Billy Rocks (Byung-Hun Lee), Vasquez (Manuel García Rulfo) y Red Harvest (Martin Sensmeier). Los Magníficos se preparan junto al pueblo para la violenta batalla que les espera cuando Bogue y sus hombres regresen para reclamar el dinero que no es suyo.

Como veis, a pesar de los cambios (necesarios para evitar comparaciones donde menos convendría), el esquema narrativo es exactamente el mismo. Solo que Fuqua se esfuerza por convertirla en una película del siglo XXI (aunque esto sea en realidad contra natura), imprimiéndole un ritmo más dinámico, para luchar contra el déficit de atención del público de hoy en día (seguramente en vano), y elevando las cotas de acción con una enérgica (aunque irregular) realización que culmina en un brutal y excelente clímax. Pero eso no es todo, también detectamos claras trazas de modernización en el tratamiento del único personaje femenino importante de la historia, Emma Cullen (la prometedora Haley Bennett), una mujer que se niega a esconderse y se prepara para empuñar la escopeta junto a los siete machotes, con el propósito de vengarse ella misma de la muerte de su marido (Matt Bomber) a manos de Bogue. Afortunadamente, no es algo que chirríe demasiado, al contrario, Emma Cullen es la prueba de que se puede hacer una película muy ruda y masculina por naturaleza sin que esta tenga apenas un ápice de machismo.

Y por supuesto, el reclamo más importante para atraer a los espectadores que disfrutan de los superhéroes como sus abuelos lo hacían con el western es un reparto de estrellas acorde a las circunstancias. Es decir, un protagonista que ha demostrado ser un valor seguro, Denzel Washington (ese actor que te gusta a ti, a tu madre y a tu tío abuelo), y uno de los actores más queridos y vendibles del Hollywood actual, Chris Pratt, que en esta ocasión vuelve a ser Andy Dwyer interpretando a otro canalla irresistible de buen corazón y con un punto infantil (es decir, Pratt haciendo de Pratt, para gozo de sus fans y de los estudios). Estos dos actores adquieren un mayor peso en la trama, por obvias razones comerciales, pero están rodeados de un reparto… bueno, digamos magnífico, del que destacan Ethan Hawke, un caricaturesco Vincent D’Onofrio, y sobre todo Manuel García Rulfo como Vasquez, la revelación de la película. Pero en general, la pandilla al completo se compenetra fantásticamente, con encanto y química a raudales, personalidades bien definidas con apenas un par de rasgos, y grandes dosis de carisma, lo que hace que una película que no tenía que funcionar tan bien, lo haga.

Los Siete Magníficos no reinventa nada (ni tiene por qué), no va a volver a poner de moda el western (me temo que eso es algo imposible), pero su condición de crowd-pleaser bien hecho la convierte en un divertimento más que digno, una superproducción perfectamente calibrada para agradar a todos los públicos y dejar con buen sabor de boca, por poco que dure. En este caso, tampoco hace falta más.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Regresión

"Regression" Day 32 Photo: Jan Thijs 2014

Minnesota, 1990. Angela (Emma Watson), la benjamina de una problemática familia de la zona, acusa a su padre de cometer abusos sexuales contra ella para a continuación buscar refugio en la parroquia local, donde se esconde del mundo. El detective Bruce Kenner (Ethan Hawke) se encarga de investigar el caso, que no tarda en dar un giro cuando el padre de la adolescente admite la culpa, pero asegura no recordar haber cometido el crimen. Para llegar al fondo del misterio, Kenner cuenta con la colaboración del reconocido psicólogo Dr. Raines (David Thewlis), que ayuda al sospechoso a recuperar sus recuerdos reprimidos mediante la regresión hipnótica. Esto no hace sino destapar una siniestra conspiración mucho mayor detrás del caso, una secta satánica que realiza rituales macabros y horribles sacrificios en el pueblo, y cuyo desenmascaramiento se convertirá en una obsesión cada vez más personal para el detective.

Regresión es la vuelta de Alejandro Amenábar al cine después de seis años de ausencia en la silla del director (sin contar un videoclip para las Nancys Rubias o el cortometraje publicitario Vale, sus únicos trabajos tras las cámaras en este tiempo), y a su vez supone su regreso al género de terror desde que estrenara Los otros en 2001. Para su nuevo largo, Amenábar aparca la ambición de sus anteriores proyectos (el dramón bigger-than-life Mar adentro y el péplum Ágora) y nos ofrece un thriller psicológico a la vieja usanza, un film sin otra pretensión más que la de narrar una historia de suspense y terror de las de antes, concretamente como las que se hacían hace veinte años (es más, como las que hacían otros, no él).

RegresiónEstamos ante una película noventera en todos los aspectos. La mera presencia de Ethan Hawke como protagonista ya otorga al film ese regusto a 90s que va intrínseco al actor de Texas, pero es que el ejercicio de regresión que nos propone el director va más allá de lo meramente circunstancial o estético. Regresión pide al espectador que se traslade atrás en el tiempo y firme el pacto de la ficción que habría firmado entonces (y ojo, no porque haya muchos agujeros, sino porque no pretende impactar o sorprender al público más resabiado). Amenábar, que también firma el guión (escrito por él solo), ha dibujado un contundente relato pre-Internet basado en hechos reales que juega con la idea del miedo aislado y magnificado dentro de una comunidad; una historia muy americana (no busquéis rastros de españolidad aquí tampoco) con la que también explora el lugar común del paleto yanqui (magnífica Dale Dickey como siempre en este tipo de papel) que lleva sus férreas creencias retrógradas al fanatismo más perturbador. El director nos recuerda que la ola de satanismo de los 90 es algo que ocurrió de verdad (y no solo en la América profunda), dando pie a un contexto fascinante en el que indaga en busca del origen del mal. Y lo hace evitando excesos efectistas y sin pasarse de listo (como sí ocurría en el cine temprano del autor), construyendo una película críptica y engañosa en su justa medida que mantiene en vilo hasta el final.

Regresión es en cierto modo una cura de humildad para Amenábar y a la vez una llamada a abrir los ojos para aquellos que lo tienen en un pedestal sin saber exactamente por qué (relax, por favor). No es un regreso por todo lo alto, no recuperamos a aquel director obsesionado con estar a la altura de lo que la crítica y el público esperaban de él (se le llegó a llamar muchas veces “el Kubrick español“, paraos a pensar en tamaña tontería). Regresión es el trabajo de un cineasta que ha decidido volver al trabajo, sin presiones, sin agobios. Y resulta que, mientras nos rasgamos las vestiduras porque no ha hecho una obra maestra o nos jactamos de nuestro excelente criterio porque “no es para tanto”, él nos está recordando lo más importante, que es un realizador muy solvente y eficaz (claro que a muchos esto ya no les vale). Regresión es la prueba, un trabajo asequible, bien contado (con un desenlace valientemente anticlimático y coherente con la idea que vertebra la película), un perverso juego de sugestión con una atmósfera turbia que envuelve magníficamente toda la película. Este es el Amenábar que yo quiero ver, no el que necesita conservar a toda costa su lugar en el Olimpo, sino el que recuerda por qué empezó a hacer cine.

Valoración: ★★★½

Crítica: The Purge (La noche de las bestias)

La premisa de The Purge: La noche de las bestias, por muy inverosímil e incoherente que pareciera, se presentaba como mínimo llamativa, inquietante y llena de potencial terrorífico y polémico. Durante una noche al año se celebra en Estados Unidos “la purga”, que básicamente consiste en que durante doce horas, todos los crímenes (incluido el asesinato) son legales. No se puede llamar a la policía, los hospitales no atienden a nadie. Los ciudadanos se las arreglan solos en una noche donde unos salen a desatar sus instintos más violentos y otros se refugian en casas fortificadas con vanguardistas sistemas de seguridad. Según las autoridades y medios de comunicación, la purga ha hecho descender los índices de criminalidad durante los 365 días restantes del año, y además ha impulsado la economía. La sociedad acepta la purga sin hacer preguntas, porque el sistema funciona. Sin embargo, una familia verá las cosas de otra manera cuando un hombre se cuela en su casa durante “la noche de las bestias“.

Y a pesar de lo morboso y emocionante de la propuesta, The Purge pasará a la historia del cine por sacar el menor provecho posible de una idea llena de posibilidades. Para empezar, el argumento no se sostiene en ningún momento, y el contexto socioeconómico en el que se desarrolla la película es simplemente inaceptable. Es imposible suspender del todo la incredulidad (requisito básico en este tipo de películas) cuando no hay esfuerzo por explicar o justificar la iniciativa más allá del martilleo de noticias en la tele y la radio que nos recuerdan constantemente el bien que ha hecho la purga en el país. Los habitantes de la Nueva América quizás no sientan la necesidad de respuestas, pero el espectador sí.

Huelga decir que las aspiraciones de The Purge no pasan por el cine denuncia o el realismo (claro está desde que nos adentramos en ella y claro lo tiene quien esto escribe), y que en el fondo no queremos que se nos aburra con explicaciones. Pero es que ni se esfuerza mínimamente en incitar alguna reflexión a partir de la interesante realidad alternativa utopico-distópica -casi sci-fi- que plantea. No más allá de una inconsistente y raquítica lección moral sobre las diferencias de clase. Como tampoco explora a través de los (planos) personajes una hipótesis que sí es lanzada al comienzo de la historia: Somos todos unos monstruos y necesitamos canalizar nuestra violencia de vez en cuando para contenerla el resto del tiempo.

Todo esto nos daría igual si la película ofreciese emociones fuertes con las que nosotros, como espectadores y voyeurs, pudiéramos dar rienda suelta a nuestras pulsiones más ocultas, las que solemos liberar gracias al (buen) cine de terror. Pero por desgracia no es el caso. La película apenas puede adscribirse a dicho género, y por esto no termina de funcionar como purga para nosotros. Por el contrario, se limita a ser un insulso thriller con un puñado de personajes jugando al ratón y el gato en una casa a oscuras. Una situación de peligro tras otra en las que los miembros de la familia Sandin estarán siempre convenientemente desperdigados para salvarse mutuamente en el último segundo. Estos personajes actúan en todo momento de la manera más inexplicable y absurda, poniendo a prueba la paciencia del espectador. De todos ellos, el hijo menor (que es quien desencadena la acción principal) es el que se lleva el premio al personaje a quien más deseamos gritar improperios de toda la película -al más puro estilo 80s, “¡no vayas por ahí! ¡no bajes al sótano!” Pero no solo ese pequeño ser de encefalograma plano muestra un comportamiento contra natura, contra lógica y sentido común en la película. Ni el pater familias (un Ethan Hawke desorientado), ni la madre coraje (Lena Headey y su maravillosa cara de póker) predican con el ejemplo, comportándose de la manera más disparatada. Esta estupidez que corre en la sangre de los Sandin no es más que una herramienta del relato para dilatar la tensión (en vano) a lo largo de 85 repetitivos y predecibles minutos.

A pesar de un par de ideas estimulantes y provocativas, The Purge opta por el camino más cobarde. En resumen, un absoluto desperdicio de potencial que, con el enfoque adecuado (quizás más riesgo y menos perspectiva americanista patriarcal y condescendiente), y por supuesto un mínimo de esfuerzo en buscar algo de coherencia, habría dado mucho más de sí. Esperemos que para la secuela hayan aprendido que no basta con tener máscaras terroríficas para hacer una película de terror.

Crítica: Antes del anochecer (Before Midnight)

[Se recomienda la lectura de esta crítica después de haber visto la pelicula]

Veinte años en tres días. Y toda una vida en 294 minutos. Las cosas han cambiado tanto desde que Jesse y Celine se conocieron en aquel tren rumbo a Viena. Para ellos y para nosotros. El romanticismo da paso a la cruda realidad. Hemos crecido (envejecido) con ellos. Y aun hay hueco para algún que otro sueño pasajero, pero ya no somos lo que éramos. Después de aquel primer día, y de aquel reencuentro en París nueve años después, Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy han llevado esta historia a las últimas consecuencias. Las del tiempo. En la primera película, Antes de amanecer, Jesse y Celine se despedían después de vivir el día más romántico imaginable, un encuentro casi onírico y fantástico que nació con el único propósito de convertirse en un recuerdo. En la segunda película, el destino (o algo así) empuja a Jesse y Celine a romper su ingenua promesa de no volver a verse nunca más. Al final de Antes del atardecer, Jesse perdía un avión y se quedaba en casa con Celine. De nosotros dependía el tiempo que permanecerían juntos. ¿Hasta el siguiente vuelo? ¿Un día? ¿Toda la vida? Linklater nos golpea fuerte con Antes del anochecer, dándonos una respuesta: toda la vida… Si es que eso es posible.

Linklater sigue poseyendo la agudeza y perspicacia del Woody Allen de los 70 y 80 a la hora de aproximarse y desmenuzar las relaciones entre hombres y mujeres, pero es mucho menos sardónico, mucho más cercano que aquel. Sin embargo, con Antes del anochecer se acerca más por momentos al Ingmar Bergman de Secretos de un matrimonio. Jesse y Celine llevan nueve años juntos (los mismos que vivieron separados), y tienen dos hijas (Jesse además tiene un hijo con otra mujer). Ya superan los 40, y la vida no es el campo de sueños que era, aunque estén pasando una temporada en un paraíso griego. Incertidumbre profesional, los quebraderos de cabeza que conlleva la responsabilidad paterna, oportunidades perdidas. Y las ruinas al horizonte. Sigue habiendo hueco para el idealismo (pero uno que funciona como último recurso para no perder por completo lo que uno fue), para la curiosidad y el hambre de conocimiento. Los veinteañeros mochileros se han transformado en un matrimonio bohemio, pero después de tanto tiempo sigue pesando la perspectiva europea contra la norteamericana, la pasión contra el pragmatismo, y por tanto, el entendimiento absoluto es imposible. Llega un momento en que estar juntos se convierte en una batalla continua, y hay que descubrir si se lucha en vano. Los años pasan, y Linklater finalmente decide abofetearnos con la pregunta que jamás queríamos plantearnos para Jesse y Celine, porque sabemos cuál es la respuesta en la mayoría de casos: ¿El amor se acaba?

Tranquilos, no obtenemos respuesta a esta pregunta en Antes del anochecer. Como en las anteriores entregas, se nos deja con la tarea de respondernos a nosotros mismos. Linklater, Hawke y Delpy -los tres comparten autoría, lógicamente- no sacan conclusiones. Nos dejan satisfacer nuestras ansias voyeuristicas y nos atrapan en eternos planos secuencia con prolongados diálogos que absorben y fascinan por su naturalidad y realismo, evidenciando en ellos a unos actores en estado de gracia y un guion increíblemente brutal. Y luego, estos diálogos se clavan y duelen, para después abandonarnos, dejarnos completamente solos, aturdidos, devastados. Nos queda volver a levantar todo desde los cimientos, reconstruir, volver a empezar, como a Jesse y Celine. Tras los créditos finales, catarsis y síndrome de Stendhal provocado por la experiencia de una película tan sencilla como profunda e inexplicable, tan ligera y divertida como cruel y dolorosa. Un riquísimo estudio sobre el amor (así, a grandes rasgos, porque no se puede definir de otra manera) que deja sin escribir las páginas finales. En última instancia, colapso mental por la comprensión de tantos pequeños grandes misterios de la vida en pareja, y la confusión y desazón por saber que nunca llegaremos a comprender tantos otros. Lo peor de todo es que la vida sigue, y no sabemos si volveremos a ver a Jesse y Celine (no se descarta una cuarta película), pero de momento, como decía, estamos solos, pensando en lo que hemos visto, en cómo esto se refleja en nuestras vidas, intentando responder aquella temida pregunta. Y tratando de justificar y defender un “no” por respuesta.

Calificación: 10/10