Caprica, "End of Line" (1.09)

Los puentes de Amanda

Al principio, esta entrada iba a ser una declaración de amor a Amanda Greystone, a la par que una petición desesperada por su supervivencia para la segunda parte de la primera temporada de Caprica. “¡Amanda, no te mueras, por todos los dioses!” Sin embargo, me he dado cuenta de que en “End of Line”, la última entrega de la serie hasta después de verano, ocurren muchas más cosas.

La intención de Ronald D. Moore desde el comienzo de la serie fue crear un drama familiar ambientado en un universo de ciencia ficción. La idea, sin duda, era atractiva, y el resultado (sin miedo a emitir juicios prematuros) es todo un éxito artístico y creativo (aunque la audiencia se resista a corroborarlo). La exquisita música de Bear McCreary, que ya nos dio la mejor partitura jamás compuesta para una serie de televisión, la de Battlestar Galactica (atentos a la pieza que acompaña a Amanda de camino al puente, ¡es Gaeta lamentándose de nuevo!), las interpretaciones y los efectos especiales, todo en esta oscura serie está cuidado hasta el último detalle. Además, con tan solo nueve episodios, Caprica se revela como una serie increíblemente versátil. Recordemos dos episodios tan distintos entre sí y tan logrados en todos los sentidos como “Gravedancing” (1.04), una mordaz crítica social con momentos de intensidad a la altura de Magnolia y “There Is Another Sky” (1.05), una absorbente aventura de acción noir ambientada en la Caprica virtual.

Este dominio de la hibridación genérica lleva a los responsables de la serie a concluir la primera mitad de la temporada con un episodio de acción al más puro estilo Terminator, en el que lo más importante es el devenir de la trama, donde los golpes de efecto y los giros argumentales marcan el ritmo, y los múltiples cliffhangers suspenden cruelmente la trama hasta dentro de al menos cinco meses. Caprica se marcha temporalmente con sus personajes experimentando puntos de inflexión que marcarán un gran cambio en sus vidas y con la tácita promesa de darnos más acción en los próximos episodios.

La muerte parece ser el principal hilo conductor de “End of Line”. La muerte en todas sus facetas. A través de los intentos de suicidio de Amanda, del homicidio involuntario que acaba con la vida de Philo a manos de una Zoe monstruosa que no se controla a sí misma. La muerte como válvula de escape de la realidad y como salvación. La muerte como estrategia para adquirir poder y escalar posiciones. Asesinato, terrorismo, muerte real y muerte virtual. Y sobre todo, las heridas incurables que deja la muerte de alguien querido. Y también las que deja tener un marido asesino, claro.

En “End of Line”, Amanda se viste para morir. El pasado suicida de la mujer de Daniel Greystone regresa ahora que ella ha tocado fondo (chiste no intencionado). Lo que en episodios anteriores fue un progresivo descenso a los infiernos, marcado por una locura angustiosa y extraña, algo kubrickiana diría yo, deviene en un cliché que no termina de hacer justicia al que para mí es el mejor personaje de la serie. Pero así es como debe ser. Paula Malcomson ha construido un personaje muy real y rico en matices, que refleja el espíritu nada complaciente de la serie. Una vez proclamé los ojos de Meredith Grey los más tristes de la televisión. Con Amanda Greystone (otra “Grey” que se tira al agua) le ha salido una seria competidora. Si Amanda no sale del río con vida, espero que ese sea el fin de su personaje y que Daniel no haga lo mismo que hizo con Zoe. No me interesa un giro de ese calibre para un personaje que está perfecto como está. Y si Amanda sobrevive (apuesto a que así será), espero que en algún momento en el futuro le diga a Daniel “tenemos que hacer algo con urgencia”, y cuando él diga “¿el que?”, ella responda “follar”.

Los demás personajes también están al límite en “End of Line” (título que me parece más perfecto cada vez que lo escribo). Daniel se topa con sus propios Powers That Be, maquinadores e implacables, que le adelantan la fecha de entrega de la producción en cadena de los primeros cylons para uso militar, para lo que debe destruir el modelo original, el U-87 con Zoe en su interior. Zoe, por consiguiente, se ve obligada a buscar una salida hacia el exterior antes de que sea demasiado tarde. Primero acude a Lacy, que está muy ocupada siendo manipulada por otros y no se deja convencer por una resentida Zoe (y bien que me parece, que bastante tiene Lacy con Clarice y Barnabas). Considerando que ha vuelto a ser traicionada por Lacy, Zoe toma una decisión que había estado eludiendo tozudamente: dar señales de vida a través del U-87.

La primera historia de amor humano-cylon no podría haber tenido un desenlace más trágico. La impactante muerte de Philo da paso al clímax del episodio. Philo, qué nombre más bien escogido para un personaje movido casi exclusivamente por el amor, a su trabajo y al U-87. Es el único que trataba al U-87 como a un humano. Incluso había sugerido a su jefe realizar un perfil psicológico del cylon, obteniendo la negativa de un Daniel que ha perdido la última gota de paciencia que le quedaba. Seguro que Zoe habría preferido que Daniel hubiera estado en el lugar de Philo.

Volviendo a Lacy, Barnabas toma el relevo de Sister Clarice en la formación terrorista de la adolescente. Lacy tiene buenas intenciones, pero también tiene muy mala suerte. Los guionistas siguen poniendo al personaje en situaciones que están muy por encima de ella y es una pena que Magda Apanowicz no sea capaz de soportar ese peso como actriz. Se están explorando terrenos interesantes con su personaje, pero la joven Magda no consigue transmitir nada.

Barnabas y Clarice compensan este déficit interpretativo. Ambos son las dos caras de una misma moneda. Barnabas es un malvado de manual. Cruento y sádico, el terrorista interpretado por nuestro amado James Marsters, tiene un claro objetivo: destruir a Clarice y obtener el liderazgo de la célula de STO en Caprica. Es decir, poder, y más poder. Los métodos de este megalómano sin piedad para conseguir sus objetivos son el terror y el homicidio casi indiscriminado. Sister Clarice, a pesar de luchar bajo las mismas creencias que Barnabas, difunde la palabra de STO a través de la espiritualidad y bueno, también la presión psicológica. Parece el reverso racional y “pacífico” de Barnabas. Claro que no es del todo correcto describirla de esta manera viéndola repartir puñetazos y diciendo cosas como “espero que nos den permiso para eliminarlo personalmente”. Es entonces cuando uno confirma que Clarice y Barnabas son la cruz de una moneda que aún está en el aire.

Suelo ser permisivo con las licencias y los agujeros de guión de mis series favoritas, pero considero que la trama de Joseph y Tamara en “End of Line” desafía ligeramente la lógica. Que Tamara siga al pie de la letra el consejo de una desconocida, y mate a su padre (virtualmente) en un juego de supervivencia en el que nunca se sabe quién está contra quién, no termina de encajar. Es sin embargo otro giro argumental necesario en un final de temporada, un golpe de efecto que conduce a una sorpresa: la chica misteriosa es en realidad Evelyn velando por Joseph (atentos a esta señora aburrida, porque será muy importante en las vidas de los Adama).

En ocasiones, uno tiene la sensación de que, como ocurría en Battlestar Galactica, los guionistas tienen demasiado que contar, y la duración de los episodios se les va de las manos, resultando en incoherencias narrativas por culpa de los recortes en la sala de montaje (por ejemplo, la trama de Barnabas contactando con otras células de STO a través del anuncio). La incontinencia narrativa de estos señores a veces les juega malas pasadas. Como a mí. Va siendo hora de poner punto y final a esta entrada.

Caprica se marcha temporalmente sin haber hecho mucho ruido a tenor de las discretísimas audiencias que ha ido cosechando semana tras semana. Si lo pensamos, la serie de Ron Moore tiene muchos puntos en común con Dollhouse, conexiones temáticas, el mismo horario “asesino” en la televisión norteamericana, Jane Espenson (que deja el puesto de showrunner a Kevin Murphy para el resto de episodios). Por suerte, la audiencia de Caprica ha aumentado (muy discretamente) semana tras semana, al contrario de lo que ocurrió con la serie de Joss Whedon. Por tanto, las posibilidades de que veamos una segunda temporada el año que viene han aumentado ligeramente, aunque sus responsables o la cadena SyFy no confirmen ni desmientan nada . De momento, habrá que conformarse con la certeza de que Caprica volverá después de verano para completar su primera temporada. Entonces sabremos cuál es el propósito de Zoe en Gemenon, si Amanda sale con vida del río, y si la llamada a Daniel se refiere a una o a la otra. Durante esta larga espera nosotros revisaremos los nueve primeros episodios de esta obra maestra en potencia de la ciencia ficción, y viviremos con el terror absoluto de que la gente se olvide de ella.

La acción por dentro

Una de las características más distintivas del universo Battlestar Galactica/Caprica es la ubicua intensidad que a menudo salpica los episodios y que para algunos, como el que escribe esto, se hace particularmente insoportable. Vivimos algo así en el episodio “Gravedancing” (1.04), en especial en las escenas en el plató de televisión y sobre todo en la que Sam lleva a Amanda en coche. En “Ghosts in the Machine” (1.08) tenemos al menos dos de estas escenas, tan intensas que por momentos se hacen inaguantables. Las dos son protagonizadas por Daniel Greystone (un gran Eric Stoltz) y su hija, Zoe/el cylon u87. Estas escenas no hacen más que revelar una maestría en el manejo del ritmo en televisión por parte del equipo de la serie, algo que ya vivimos en incontables ocasiones en Battlestar Galactica. El ritmo de los episodios va en crescendo casi sin que uno sea consciente de ello. El carácter profundamente reflexivo de la serie camufla esta especie de intensidad desapasionada que no percibimos hasta que estalla en escenas como el momento al que pertenece el siguiente monólogo.

En esta escena, Daniel Greystone, uno de los personajes más desconcertantes y fascinantemente desagradables que he visto en televisión, pone a prueba, mediante la más retorcida tortura psicológica, a su cylon u87, en el que cree que se encuentra el avatar de su hija fallecida Zoe. El objetivo de Daniel es descubrir si en efecto Zoe está en el interior del robot. El científico sabe la respuesta de antemano, lo que hace que la escena gane en intensidad, y resulte perturbadora hasta límites insospechados:

Oh, look at that. It certainly is a beautiful day, isn’t it? You know what a tell is? It’s an unconscious gesture. A look or a twitch that gives away the strengths or the weaknesses of a cardplayer’s hands. It’s inconspicuous, but a good player knows to look for it. And you showed me yours, as much as yelled at me,”I’m in here, daddy!” So why are we still playing this game? I know it’s you. But if you want to keep hiding behind a quarter ton of metal, fine. Just don’t kid yourself. Don’t think for a second it’s because of anything that I did. Because I kept my side of the bargain. I took you out of a virtual playground and brought you into the real world. But I guess you can’t handle that, huh? However brilliant you may be. Maybe deep down inside, you’re still just the same, scared little girl that you always were. Your mother and I, we set the bar pretty high, and maybe you were scared, you couldn’t measure up. So you had to condemn us. I understand that, that’s only natural. But the entire big bad adult world? Was it really easier to blow up a train of innocent people than to face up to your own biggest fear, which, let’s face it, is life itself, isn’t it? ‘Cause life is scary and brutal and unpredictable,and you gotta make choices like that. And sometimes you make the wrong ones. Maybe I’ve made some wrong choices too. But you keep moving on. And if you’re lucky, maybe you get to create something that lasts, has some meaning.I still love you. No matter what you did, no matter what… No matter what you are. Crazy as this. I know you’re not really even her. You are all of her that I have left. So please… Talk to me. Please.

All right, I didn’t want to have to do this. I know what the robot’s tolerances are. I’m betting they exceed yours. Now if you want this to end at any time, all you’ve got to do is take four steps forward, and walk out of the circle. And then I’ll know… for a fact that it’s you. All right? Because meanwhile… I’m ordering the u87 to stay.

Daniel hace un círculo de gasolina alrededor del u87/Zoe y le prende fuego con el cigarrillo que estaba fumando mientras le dice todo lo anterior (algún día voy a escribir algo sobre los personajes y el tabaco en esta serie). Escenas como esta, y como la escena final del episodio (Daniel, Zoe, el perro de la familia y un arma) son una muestra de los límites a los que son capaces de llegar los creadores de Caprica. El riesgo de muchos planteamientos de esta serie (para empezar, la antipatía que despiertan muchos de sus personajes, y la ambigüedad moral de la que hacen gala) hacen de Caprica una de las series más valientes que he visto. Después del siguiente episodio, tenemos parón hasta después de verano, periodo de sobra suficiente para que aquellos que no han entrado aún en este fascinante universo, disfruten las cuatro temporadas de Battlestar Galactica y los estupendos primeros episodios de Caprica. Pocos hacen caso de la recomendación. Pero ninguno se arrepiente de ello.