Crítica: La casa del reloj en la pared

Eli Roth es conocido por dirigir películas como Cabin Fever, Hostel 1 y 2 o El infierno verde, así como por sus apariciones como actor en Death Proof y Malditos bastardos, de Quentin Tarantino. ¿Qué tienen en común estas películas? Que todas son para mayores de 18 años y están repletas de violencia explícita y gore. Por eso resulta chocante que su nuevo trabajo como realizador sea algo como La casa del reloj en la pared (The House with a Clock in Its Walls), una película fantástica para toda la familia.

O quizá no debería sorprendernos tanto. Robert Rodríguez ya realizó un salto parecido hace unos años con la saga infantil Spy Kids, donde aparcaba la vertiente ultraviolenta de Abierto hasta el amanecer, Sin City o Planet Terror para desarrollar una franquicia de aventuras para los más pequeños. Con La casa del reloj en la pared, Roth también encuentra la manera de poner su conocimiento y gusto por el cine de género y la serie B al servicio de un producto orientado al público pre-adolescente que se salda con muy buenos resultados.

Basada en el libro homónimo de John Bellairs, La casa del reloj en la pared cuenta la historia de Lewis (Owen Vaccaro), un inteligente y peculiar niño de 10 años que, tras quedar huérfano, se muda con su tío (Jack Black) a una enorme mansión llena de secretos asombrosos y rincones ocultos caracterizada por un tic tac que se esconde tras las paredes. Tratando de adaptarse a su nueva vida, Lewis descubre el mundo de la magia y, con la ayuda de su tío y su vecina (Cate Blanchett), decide estudiar para ser mago. Esto le llevará a descubrir un gran poder en su interior, pero también a tomar el camino prohibido de la magia: despertar a los muertos y reavivar la llama de una antigua y espeluznante rivalidad.

Hacer una película de terror para niños no es una tarea fácil. Tiene que resultar lo suficientemente terrorífica y amenazante como para no aburrir a los mayores, pero también saber dónde está el límite para no crear traumas de por vida. Roth logra hallar este equilibrio, y lo hace gracias al guion de Eric Kripke (Sobrenatural) y la ayuda de Steven Spielberg, cuya productora Amblin Entertainment se encuentra detrás del proyecto. La casa del reloj en la pared reproduce con tino el espíritu del cine fantástico de los 80, cuando las películas para todos los públicos se atrevían a ser oscuras y asustar de verdad a los niños y, así, creaban experiencias memorables que alimentan la nostalgia que hoy en día tanto vende.

La casa del reloj en la pared recuerda asimismo a otras sagas (posteriores) con origen literario como Harry Potter (hasta tiene a su propio Voldemort en un estupendo Kyle MacLachlan) o Una serie de catastróficas desdichas, así como a la muy ochentera cinta de animación Monster House (donde, como aquí, la casa también era un personaje) y el reciente reboot cinematográfico de Pesadillas de R.L. Stine, también protagonizado por Jack Black. Con este cóctel de referentes (algunos de ellos presentes en el film en forma de guiño), es fácil imaginarse qué nos depara tras las puertas de la mansión de Jonathan Barnavelt, que cobra vida a través de un fastuoso diseño de producción y un evidente amor por el género.

Aunque tarda en encontrar su tono y a la acción le cuesta arrancar, cuando lo hace, La casa del reloj en la pared no cesa en su extravagante despliegue de magia, acción, suspense y humor con un toque retorcido (Jack Black de bebé os perseguirá en vuestras peores pesadillas). Su mayor punto débil es quizá un protagonista infantil poco carismático, pero lo compensa con creces el divertido dúo formado por Black y una maravillosa Cate Blanchett (y su no menos fabuloso vestuario), que por otro lado sabe a poco (las pullas que se lanzan son lo mejor de la película). La historia de Lewis Barnavelt presenta mimbres para convertirse en una de las sagas favoritas del público infantil y su buena recaudación en la taquilla estadounidense garantiza una continuación. Solo pedimos una cosa: que Blanchett repita.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Nuevas series 2016: Parte IV

Como sabéis, este mes estoy “testeando” las nuevas series de la parrilla otoñal estadounidense, y le toca el turno a una ronda exclusiva de networks. La competencia que siguen ejerciendo los canales premium unido al auge de las series de plataformas online hace que las cadenas generalistas se estén poniendo el listón más alto en muchos casos. De ahí que en las últimas temporadas hayamos visto cosas como American Crime en ABC, que es una de las mejores series en emisión actualmente (a la altura de lo mejor de HBO o FX). Pero aun así, la mentalidad de las networks sigue siendo la de realizar series para que duren muchas temporadas, procedimentales, casos de la semana, o lo que se les ocurra para justificar el estiramiento siempre que funcione en los índices de audiencia.

Es lo que ocurre con las series que reseño a continuación. Con todas menos una. Sorprendentemente el reboot de El exorcista es la mejor de esta tanda y uno de los mejores estrenos en abierto de la temporada. Las demás, tengan más o menos calidad, han nacido para durar lo que haga falta. Y esto, a priori, a mí ya me echa un poco para atrás, aunque cosas como The Good Wife me hayan demostrado que seguir el esquema de caso por semana semana no tiene por qué estar reñido con hacer una buena serie.

No Tomorrow

La nueva comedia de The CW no es exactamente una serie de caso a la semana, pero es algo parecido. No Tomorrow es la historia de una chica normal y corriente, Evie (Tori Anderson), que vive una vida normal y corriente, con un trabajo aburrido, sin riesgos ni sobresaltos, hasta que un día conoce a Xavier (Joshua Sasse), un espíritu libre que la anima a dejar su cuadriculada existencia y perseguir sus sueños (“No hagas lo que debes, haz lo que quieres”). ¿La razón? Que según él, el mundo se acaba dentro de ocho meses. Lógicamente, Evie cree que Xavier es un lunático, pero pasar tiempo con él le hace darse cuenta de que, efectivamente, está desperdiciando su vida haciendo lo que se espera de ella, y no lo que le hace feliz. Por eso decide seguir el ejemplo de Xavier y elabora una lista de deseos que cumplir antes del Apocalipsis, items que servirán de punto de partida para cada episodio. Sí. como Me llamo Earl pero en plan romántico/pseudo-fantástico.

Sin ser nada del otro mundo, el piloto de No Tomorrow se deja ver. Se trata de una comedia romántica que destila optimismo y ese aire awkward que le hace formar muy buen equipo con las otras dos comedias estrella de CW, Jane the VirginCrazy Ex Girlfriend (también recuerda a Las chicas Gilmore por su banda sonora, por cierto). La serie le da una vuelta de tuerca al hastiado tema del Apocalipsis (algo en la línea de lo que hizo recientemente You, Me and the Apocalypse sin repercusión alguna), al sempiterno triángulo amoroso, y al aun más manoseado carpe diem, y lo hace sin innovar demasiado pero con bastante encanto, humor excéntrico y el toque justo de estupidez. No creo que estemos ante la revelación de la temporada (ni se acerca al ingenio e inteligencia de Crazy Ex Girlfriend), pero a juzgar por el piloto, No Tomorrow puede ser un caramelito dulce y efímero, una válvula de escape libre de cinismo para románticos e idealistas. El hecho de que no sepamos si Xavier es un loco, si está enfermo realmente (como Evie especula) o si el Apocalipsis se acerca de verdad es un buen gancho para seguir viéndola.

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The Exorcist

Sorpresa. El reboot de El exorcista es mucho mejor de lo que esperábamos. De hecho es bastante bueno. En lugar de rehacer directamente el terrorífico clásico de William Friedkin, la serie de Fox ha sido concebida como una continuación, tanto en espíritu como narrativamente. Los hechos de la serie tienen lugar en el presente, pero esta conecta directamente con lo narrado en la película de 1973, a través de un pequeño guiño que puede pasar desapercibido: una noticia en la hemeroteca que menciona la muerte del Padre Karras. La historia se repite con una posesión en el seno de una familia de Chicago, los Rance. La matriarca, interpretada por Geena Davis, contacta con el padre Tomás Ortega (Alfonso Herrera) para que les ayude a enfrentarse al mal que se aloja en su hogar, lo que lleva al joven religioso a descubrir un vínculo personal con un exorcista retirado.

El piloto de The Exorcist es una muestra de cómo empezar bien una serie y de cómo hacer un reboot. El episodio recoge la esencia de la película, y reproduce su desconcertante y tensa atmósfera para inquietarnos y engancharnos sin mostrarnos demasiado antes de tiempo. Pero lo hace sin ser un calco, adoptando su propia identidad. La historia está contada con buen pulso, las interpretaciones son muy sólidas (Davis y Herrera prometen), el episodio es técnica y visualmente sobresaliente (fotografía y efectos muy por encima de la media), la música estupenda (sí, la pieza central de la película suena, y lo hace en el mejor momento), y además, da miedo, pero de verdad, algo que no suele ocurrir en las series de network (la impactante escena del exorcismo en México y sobre todo la visita al desván de Tomás son para aplaudir… para hacérselo encima y luego aplaudir). Es decir, The Exorcist es todo lo que Outcast debía ser y no es.

Entiendo que estemos hartos de que todos los días se anuncie un nuevo remake para el cine o la televisión, pero si algo nos ha enseñado Fargo y ahora esta (salvando las distancias), es que el problema no tiene por qué ser la falta de ideas, sino no saber cómo llevarlas a cabo con éxitoThe Exorcist es un ejemplo de que se puede hacer algo bueno a partir de una idea no original.

Timeless

Vamos a quitarnos de en medio el “elefante en la habitación”, la demanda por supuesto plagio de El Ministerio del TiempoTimeless, la nueva serie fantástica de NBC. Visto el piloto podemos afirmar que las coincidencias entre una y otra son mucho más que coincidencias. La cosa huele bastante a chamusquina, pero NBC/Universal no sacarían el proyecto adelante si no estuvieran bien amarrados legalmente. Timeless es lo suficientemente parecida a la española como para que nos demos cuenta y nos indignemos, pero también lo suficientemente distinta como para que no haya caso legal contra ella.

Dejando esto a un lado (si es que podemos), procedamos a valorar el piloto de Timeless por sí mismo (si es que es posible). El primer capítulo de la serie va directo al grano para mostrarnos lo que nos vamos a encontrar en ella durante el resto de la temporada. Las presentaciones de personajes y las explicaciones científicas alrededor de la máquina del tiempo ocupan el menor tiempo posible (literalmente, se sacuden con un “es demasiado complicado”) y la historia pasa rápidamente a la acción. Tres arquetipos andantes, diez segundos de teoría, y palante. O mejor dicho, patrás. De repente estamos en el pasado intentando detener el accidente del Hindenburg y pasándolo mejor de lo que esperábamos (y/o queríamos). Eric Kripke (Supernatural) y Shawn Ryan (The Shield) han elaborado un producto muy entretenido y eficaz, un buen cóctel de acción, drama y comedia con personajes con química y atractivos giros argumentales. La serie tiene cuerda para rato, y sus cimientos son lo suficientemente sólidos para que aguante. Ya veremos si lo hace.

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Conviction

Y terminamos con la que es sin duda la peor serie de esta tanda, y probablemente una de las peores que se han estrenado esta temporadaConviction. Tras la cancelación de Agent Carter, la efervescente Hayley Atwell encabeza esta serie procedimental de ABC que parece hecha con plantilla. Enésimo drama legal con protagonista carismática y poco ortodoxa que lidera un equipo de investigadores que se enfrentarán cada semana a un caso criminal, construido y solucionado siguiendo el Manual del buen procedimental (presentación de los hechos, investigación con callejones sin salida, falsos acusados y epifanía a cinco minutos del final que lo soluciona todo). Hayes Morrison (Atwell), abogada brillante e hija de un ex presidente de los Estados Unidos, se ve forzada a aceptar un trabajo en la “Conviction Integrity Unit” para evitar la cárcel por posesión de cocaína. Allí investigará casos en los que se sospecha que los acusados podrían haber sido condenados injusta o erróneamente (una premisa muy parecida a la de El guardián y con mucho en común con House).

El piloto de Conviction quiere encajar demasiadas cosas en cuarenta minutos, y resulta terriblemente forzado y confuso. Hay tantas cosas mal hechas en este capítulo que es mejor enumerarlas: 1. Sus diálogos van de ingeniosos o audaces pero son embarullados y no hay quien siga el hilo (más rápido no es sinónimo de más interesante o divertido). 2. Atwell tiene mucho talento, pero da pena ver cómo se malgasta en una serie así. Su personaje es un cliché con patas, la explotación de su cuerpo es increíble (sí, lo hemos pillado, tiene las tetas grandes), y su acento americano deja mucho que desear (una de las muchas cosas que conectan a Hayes con el Doctor House, cuya serie comparte productora con esta, Liz Friedman). 3. La química de los personajes es enormemente artificial, tanto del equipo como de la protagonista con su futuro interés amoroso, Eddie Cahill. Ya podían esperar a que el público los conozca y estos congenien de verdad (el piloto quiere adelantar el trabajo de una temporada y llegar directamente al momento en el que la dinámica grupal está asentada con la audiencia). 4. El caso de presentación no podía ser más aburrido, menos interesante y acumular más tópicos. 5. La música es de banco de sonido de ABC, tan clónica como el resto de elementos de la serie. 6. Por si la historia no estuviera lo suficientemente mal contada, el desastroso montaje del episodio la empeora aun más.

La serie nos presenta a una protagonista supuestamente compleja y a un grupo numeroso de personajes con secretos como para estirar tantas temporadas como Bones Castle (con las que se puede arrojar en el saco), pero ni yo me voy a quedar para presenciarlo, ni creo que la serie llegue muy lejos con la audiencia que está teniendo (la que se merece, vaya).

Pilotos 2012-13: Parte III – Revolution

 

Los lunes en NBC
Puntuación: 3/10

Más bien Repetition

Cada vez me cuesta más creer y aceptar que las productoras y cadenas sigan adelante con cosas como esta. Si FlashForward y Terra Nova fueron un fracaso, ¿qué les hizo pensar que algo como Revolution, que es una mezcla exacta entre esas dos series (menos los dinosaurios) podría funcionar? No sé qué tal le irá en los índices de audiencia, pero desde luego Revolution poco va a revolucionar. Sería verdaderamente impactante si la serie llegase a tener una segunda temporada. La gente está hastiada de este tipo de historias que Abrams, inexplicablemente, ha convertido en su marca personal. Creador de ideas (cada vez más clónicas, cada vez más perezosas e impersonales), al productor se le lleva viendo el plumero desde hace ya años. Está en esto (o sea, en la televisión) por el dinero. Poco le interesa aprender a contar historias, evolucionar, ‘crear’. Lo suyo es manufacturar. La producción en cadena. Por eso el espectador ducho en ficción televisiva se aproxima a Revolution con recelo. Con razón. Y lo que obtiene es justo lo que cabía esperar: más de lo mismo.

La historia se desarrolla en una Norteamérica postapocalíptica, quince años después de que un apagón eléctrico deje el mundo sumido en la oscuridad, sin aparatos electrónicos, sin vehículos a motor, incomunicado. Al comienzo del piloto asistimos a este fatídico acontecimiento. Son apenas dos minutos, porque hay que dosificar los momentos importantes (a modo de flashback) a lo largo de una temporada. Lo que viene a continuación empieza ya siendo relleno. En quince años, el mundo se ha convertido en una gran jungla y sus habitantes sobreviven bajo regímenes autoritarios locales tras la caída de los gobiernos, en aldeas prácticamente amish que nos enseñan -y aleccionan sobre- la posibilidad de una vida sin tecnología (ay los palos que se llevó Shyamalan con El bosque, y lo mucho que ha calado). Tras la irrupción de Los Otros en una de estas pacíficas comunidades, una joven inicia una partida en busca de su tío, que está directamente relacionado con el apagón. Revolution hace uso de todos los clichés de este tipo de historias, los que tanto ha bastardeado Abrams: símbolos, macguffins, enigmas, migración, conspiración. Pero no es justo atribuir todo el mérito del espanto a Abrams. Eric Kripke (Sobrenatural) es el verdadero padre de la criatura, el responsable de escribir este refrito sin interés.

Por si no fuera suficiente con una historia gastadísima que no ofrece alicientes para enganchar al respetable, el piloto de Revolution no logra tampoco entrar por la vista. Es decir, no se han gastado una millonada como en el de Lost, o al menos no lo parece -“ponemos una columna de cartón piedra partida sobre la escalera, lo llenamos todo de verde, y ya está”. Ni siquiera la presencia de Jon Favreau en la silla del director sirve para animar un poco el cotarro. El director de las dos primeras entregas de Iron Man no saca partido de su experiencia, y el mediocre guión de Kripke se traduce en un mediocre producto audiovisual. Quizás sea cosa suya que las peleas estén tan pasadas de rosca, y un golpe de flecha tenga fuerza como para lanzar al herido tres metros atrás, pero ni eso hace que Revolution resulte atractiva o divertida. Como nota positiva, se agradece que Kripke no se vuelva loco introduciendo referencias bíblicas, numéricas y demás chorradas que solo sirven para distraer y embaucar al espectador (claro que tiempo al tiempo). Sin embargo, da igual que inicialmente a Kripke no le preocupen tanto esas tonterías como a Abrams o Lindelof, la historia sigue fallando, los personajes son planos, la acción estática, y no hay nada, ni siquiera Juliet Burke, que pueda salvar a Revolution de su apagón.

Pilotos 2012-13: Parte I – Animal Practice, Go On y The New Normal
Pilotos 2012-13: Parte II – Ben and Kate, Guys With Kids y The Mindy Project 
Pilotos 2012-13: Parte III – Revolution
Pilotos 2012-13: Parte IV – Elementary
Pilotos 2012-13: Parte V – Last Resort y The Mob Doctor
Pilotos 2012-13: Parte VI – The Neighbors y Partners
Pilotos 2012-13: Parte VII – 666 Park Avenue y Vegas
Pilotos 2012-13: Parte VIII – Chicago Fire, Made in Jersey y Nashville