[Reseña Blu-ray] Men in Black: International trae la saga marciana al siglo XXI

Mientras Mulder y Scully ponían de moda a los extraterrestres en televisión, la obsesión de la sociedad por la vida en otros planetas llegó al cine, culminando en uno de los grandes éxitos del cine de los 90, Men in Black. La película dirigida por Barry Sonnenfeld y protagonizada por  Will Smith y Tommy Lee Jones fue un auténtico taquillazo con casi 600 millones recaudados en todo el mundo, lo que dio lugar a una de las franquicias más rentables de Sony, generando dos secuelas estrenadas con una década de diferencia (2002 y 2012), pero con el mismo éxito.

Siete años después de MIB3 (la más taquillera de la saga con 624 millones recaudados globalmente), Sony Pictures ha decidido pulsar el botón de reset con un spin-off que se desarrolla en el mismo universo, pero se centra en otros personajes, Men in Black: International. Sustituyendo a Smith y Jones, que no repiten en esta ocasión, se encuentran Chris Hemsworth y Tessa Thompson, dúo dinámico (y espacial) que ya había enamorado a los fans de Marvel con su química como Thor y Valquiria en el Universo Cinematográfico Marvel.

Dirigida por F. Gary Gray (Straight Outta ComptonFast & Furious 8), que releva a Sonnefeld después de que este se ocupase de las tres anteriores, Men in Black: International renueva la franquicia con la incorporación de la Agente M (Thompson), haciendo que por primera vez una mujer coprotagonice una de sus entregas. Este personaje es el punto de partida e hilo conductor de la historia. Tras años intentando confirmar su existencia después de experimentar un contacto alienígena cuando era niña, M consigue ser contratada por la organización secreta MIB. Su primera gran misión le lleva a emparejarse con el arrogante y solitario Agente H (Hemsworth), con el que descubrirá una amenaza a la que MIB no se habían enfrentado nunca: un topo dentro de la propia organización.

Lo mejor de esta nueva Men (and Women) in Black es que no se limita a la reproducción nostálgica, sino que opta por renovarse casi por completo. A pesar de los guiños a la trilogía original y la presencia de Emma Thompson como la Agente O, MIB International está concebida como un reinicio, una actualización orientada a las nuevas generaciones, es decir, al público más joven, lo que sirve para expandir su universo más allá de lo visto hasta ahora. Por eso la nueva historia no cuenta con demasiada continuidad con respecto a las películas de Smith y Jones, las cuales no es estrictamente necesario haber visto para seguir el hilo.

Aunque no es exactamente lo que los fans de la trilogía esperaban (para ellos es inevitable echar de menos a los Hombres de Negro originales), MIB: International es un pasatiempo ligero y sin pretensiones al que no debemos exigirle demasiado. Pese a contar con una historia formulaica y predecible, la película funciona gracias sobre todo a su actitud desenfadada, a la compenetración de sus dos protagonistas y, sobre todo, al trabajo de una enérgica y carismática Tessa Thompson, con diferencia lo mejor del film.

Salvo algún chiste anticuado, MIB: International cumple muy bien como reboot y lleva la saga al siglo XXI, con mayor diversidad y mejor representación femenina. Además, como cabe esperar de MIB, la acción es explosiva y los extraterrestres muy originales e imaginativos. Destaca la incorporación de Peoncín (voz de Kumail Nanjiani en inglés), extraterrestre de bolsillo que tiene pinta de la típica “mascota” pesada, pero acaba dejándonos las mejores frases y los momentos más graciosos.

En resumen, estamos ante una MIB nueva pensada principalmente sobre todo al público más joven, no para treintañeros nostálgicos, una aventura convencional pero eficaz y divertida para desconectar y pasarlo bien.

RESEÑA DEL BLU-RAY

Sony Pictures ya ha puesto a la venta Men in Black: International en digital y múltiples formatos físicos. La película ha salido al mercado en España en DVD, Blu-ray, 4K UHD y dos ediciones metálicas limitadas en Blu-ray con contenido adicional no disponible en las otras ediciones, además del pack con la saga completa.

La edición analizada en esta ocasión es el steelbook limitado con la portada de Peoncín, que reserva la imagen de Chris Hemsworth y Tessa Thompson para el interior del estuche (aquí podéis ver fotos). La simpática ilustración de portada se complementa en la contraportada con una imagen del globo terráqueo, tal y como aparece en el film. Por último, los coleccionistas que odien los steelboks sin título en el canto pueden estar tranquilos, porque este lo lleva.

En cuanto a los contenidos adicionales, el steelbook lleva el disco que también se incluye en la edición Blu-ray normal, además de un disco adicional con extras que solo se encuentran en esta edición.

Los extras en común son lo siguientes:

  • 10 escenas eliminadas con un total de duración de 11:35 minutos
  • Tomas falsas (2 minutos)
  • Alien-cestry.com y Neuralizador: como si no hubiera ocurrido (anuncios de la base de datos de alienígenas protagonizado por Frank el carlino)
  • Reclutas nuevos, trajes clásicos
  • ¡Hagámoslo! Las escenas de acción más peligrosas
  • Mire aquí: aparatos, armas y vehículos
  • Expandiendo el universo de MIB
  • Les twins
  • Los Hombres de Negro conocen a la NBA
  • Frank el carlino y el gallinero de Peoncín
  • En caso de que hayas sido neuralizado: repaso de MIB

El disco adicional incluye:

  • Chris y Tessa salvan el mundo: alrededor del mundo con MIB: International.

A destacar las tomas falsas, que aunque breves (2 minutos), nos dejan momentos muy divertidos e incluso uno muy sexy protagonizado por Rebecca Ferguson y Tessa Thompson. También varias featurettes sobre los nuevos protagonistas y cómo se hizo la película (trajes, escenas de acción, armas, vehículos…), un repaso nostálgico a la saga (presentado por Frank el carlino, para los que su aparición en la película les haya sabido a poco), un crossover con la NBA y por supuesto, escenas eliminadas, con más momentos Hemsworth-Thompson, un final alternativo y la pieza estrella: una escena extendida en la que el Agente H se neuraliza a sí mismo tras acostarse con una alienígena.

En general, la edición cuenta con contenido abundante y está cuidada al detalle para satisfacer a los fans de la saga, tanto a los de toda la vida como a los nuevos. Pero sobre todo se convierte en imprescindible para los seguidores de dos de los actores más queridos del panorama actual, Chris Hemsworth y Tessa Thompson, quienes, tanto por la película como por las imágenes tras las cámaras, está claro que se lo pasaron en grande con el proyecto.

Men In Black: International – Reinicio para las nuevas generaciones

La obsesión de los 90 por los extraterrestres culminó en el éxito de Men in Black en cines. La película protagonizada por Will Smith y Tommy Lee Jones recaudó casi 600 millones de dólares en taquilla en 1997, impresionante cifra que dio a Sony una de sus franquicias más rentables y reafirmó el status de Smith como una de las mayores estrellas de Hollywood. La película generó dos secuelas, una en 2002 y otra una década más tarde, en 2012, siendo MIB3 la más taquillera a nivel mundial de la saga (624 millones).

En la era de la nostalgia, era cuestión de tiempo que los Hombres de Negro hicieran un comeback, como tantos otros iconos de los 80 y los 90. Pero en lugar de realizar una secuela directa con sus protagonistas originales (que seguramente no recibieron la oferta suficiente), Sony ha decidido pulsar el botón de reset y darle a la saga un lavado de cara con Men in Black: International, continuación/spin-off con nuevos personajes. Barry Sonnenfeld, que dirigió la trilogía original, cede la batuta a F. Gary Gray (Straight Outta ComptonFast & Furious 8), quien dirige un renovado reparto encabezado por Chris HemsworthTessa Thompson y el omnipresente Liam Neeson.

Men in Black se convierte en Men and Women in Black (no oficialmente, aunque sí a través de chistes y diálogos con voluntad modernizadora) con la incorporación de Thompson, cuyo personaje proporciona el hilo conductor de la historia. La Agente M ha conseguido fichar por MIB después de muchos años intentando confirmar su existencia. Su obsesión por la organización secreta viene desde la infancia, cuando experimentó un contacto alienígena que los Hombres de Negro no borraron de su memoria con el neuralizador. Ahora, la novata debe demostrar que tiene lo que hace falta para formar parte de MIB, para lo que se embarcará en una peligrosa misión alrededor del mundo junto al arrogante y solitario Agente H (Hemsworth), con el que descubrirá una amenaza a la que MIB no se habían enfrentado nunca: un topo dentro de la propia organización.

En lugar de caer en la reproducción nostálgica, la nueva Men in Black opta por renovarse casi por completo, presentándose como un nuevo comienzo que transcurre en el mismo universo y lo expande. Esta película no es un regalo a los fans de la trilogía original, sino una actualización dirigida a las nuevas generaciones. De ahí que no haya mucha continuidad con las anteriores entregas, que no hace falta haber visto para ver esta. Hay guiños que la conectan con las películas de Smith y Jones, y la (breve, pero como siempre fabulosa) presencia de Emma Thompson, que regresa como la Agente O, también sirve como enlace, pero por lo general, MIB: International es un reinicio, también en tono y espíritu. Algo que, sin duda, no casará bien con los más puristas, que echarán de menos a sus protagonistas originales.

MIB: International es un pasatiempo ligero y sin pretensiones al que, idealmente, no se le debería exigir demasiado. Es cierto que la historia es muy predecible y formulaica, pero funciona, sobre todo gracias a sus dos protagonistas, y en especial a una fantástica Thompson, que es con diferencia lo mejor de la película. Su química con Hemsworth (con quien repite después de Thor: Ragnarok) es evidente, y juntos forman un dúo muy divertido y compenetrado (y bueno, qué bien les queda el traje). Lo único que falla en esta pareja es cierta tendencia al humor rancio a la hora de manejar su tensión sexual no resuelta. El flirteo no hace daño, pero los chistes sobre lo buena que está una o lo mujeriego que es el otro anulan momentáneamente el progreso que supone tener a una mujer como protagonista en una saga eminentemente masculina. Si hay algo propio de los 90 que no hacía falta recuperar era eso.

Por lo demás, MIB: International es mejor de lo que parece. Como cabe esperar de la saga, la acción es explosiva y los aliens muy imaginativos. Destaca la incorporación de Peoncín, extraterrestre de bolsillo que corría el riesgo de convertirse en la típica mascota irritante y sobreexplotada, pero acaba haciéndose querer y dejándonos algunas de las mejores frases del film, gracias al excelente trabajo de voz de Kumail Nanjiani. En general, estamos ante una MIB nueva, orientada sobre todo al público más joven (insisto, no es un producto diseñado para treintañeros nostálgicos), una aventura convencional pero eficaz, con dos protagonistas que claramente se lo están pasando en grande, y nos piden que nos soltemos para divertirnos con ellos.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: La Bella y la Bestia

La Bella y la Bestia es uno de los clásicos animados más venerados de Walt Disney. Su estreno en 1991 supuso un enorme éxito de público y crítica para la Casa de Mickey, que disfrutaba de una nueva edad dorada tras el éxito de La Sirenita, convirtiéndose en la primera cinta de animación nominada al Oscar a mejor película (una hazaña que tiene más mérito teniendo en cuenta que por aquel entonces solo había cinco candidatas). Su historia imperecedera, una animación (por aquel entonces) puntera y las magníficas canciones de Alan Menken y Howard Ashman hacían de ella una experiencia inolvidable que marcó a toda una generación de niños, y también a sus padres, una de esas películas que vimos una y otra vez hasta aprendernos de memoria cada diálogo y cada letra.

El tiempo no ha hecho más que consolidar La Bella y la Bestia como una de las mejores películas de Disney, por lo que era de cajón que el estudio no tardaría mucho en llevar a cabo su remake en acción real. Al éxito sin parangón de sus películas animadas y las de las marcas que conviven bajo su techo (Marvel, Star Wars, Pixar) se suman las recientes relecturas en carne y hueso que han convertido el propio catálogo de Disney en una mina de oro sin fondo. Después de que los primeros remakes (Alicia en el País de las MaravillasMaléfica) fueran más bien reinvenciones libres de sus respectivos clásicos animados, Disney ha seguido el camino de la adaptación más fiel con sus siguientes éxitos live-actionCenicienta El Libro de la Selva, a los que se suma ahora La Bella y la Bestia, con el que es su remake más parecido al original hasta la fecha.

Bill Condon (DreamgirlsLa Saga Crepúsculo: Amanecer) es el maestro de ceremonias de esta lujosa adaptación que, gracias a la cartera y la varita digital de Disney, cobra vida en un fastuoso espectáculo musical diseñado para hacer las delicias de los fans del clásico animado y lanzar un encantamiento a las nuevas generaciones. Como adelantaba, la nueva versión de La Bella y la Bestia no se distancia mucho de la película de 1991, es más, se trata de una reproducción enormemente precisa, con excepción de pequeños cambios y unos 20 minutos de metraje adicional compuesto por cuatro nuevas canciones y varias escenas que nos cuentan más sobre el pasado de los dos protagonistas. Es decir, una suerte de edición remasterizada y extendida de la misma película de siempre. Esto por supuesto plantea las siguientes cuestiones: ¿Cuál es su razón de ser más allá de la comercial? ¿Aporta algo nuevo esta iteración del cuento que nos han contado tantas veces? La respuesta corta es no. Pero hay muchos matices. Así que vayamos por partes.

La historia

Stephen Chbosky (Las ventajas de ser un marginado) y Evan Spiliotopoulos (Las Crónicas de Blancanieves: El cazador y la reina de hielo) se ocupan de adaptar el libreto original, respetando la estructura argumental y dejando muchos de sus diálogos intactos, pero también incorporando variaciones y nuevo material. Está claro que la animación y la acción real son dos medios cinematográficos distintos con sus propias normas. Lo que en el clásico original no hacía falta explicar, en la película de carne y hueso tiene que seguir una lógica interna más sólida. En este sentido, los guionistas realizan un buen trabajo justificando los acontecimientos y las decisiones de los personajes, tapando los agujeros y en definitiva trasladando la historia al mundo “real” de forma satisfactoria. Aunque en el proceso se dejen mucho de lo que hacía más interesante y oscura a la versión animada.

La primera diferencia destacable es un prólogo que nos deja ver desde el principio la vida en el castillo del Príncipe y nos presenta a su corte antes de que la anciana les lance el encantamiento que los convertirá en objetos. Lo que en el clásico era una secuencia estática de dibujos que reproducían una vidriera se convierte en el primer gran número a lo Broadway de la película, sumergiéndonos de lleno en la ostentosidad barroca que caracterizará todo el metraje, mostrándonos un aumento del número de personajes de color y presagiando un papel más activo para la hechicera. A partir de ahí, todo transcurre más o menos como siempre. Solo que esta vez hay más humor, tanto físico como en los diálogos (maravilloso chiste zoofílico influido) y nuevas escenas que, aunque estén concebidas para completar huecos, lo que en realidad hacen es interrumpir la acción y provocar que la historia se vaya por la tangente. Aunque a priori pueda resultar atractivo saber más sobre las respectivas familias de Bella y Bestia, en realidad los flashbacks no aportan nada al conflicto central o a la relación de los protagonistas, lo que perjudica al ritmo, resta cohesión a la película y alarga innecesariamente su duración.

Los personajes

Lo que era progresista en 1991 ya no lo es tanto en 2017. Por eso hacía falta modificar al personaje de Bella (que ya de por sí era bastante menos pasiva que muchas de sus predecesoras) para adaptarlo a los tiempos que corren, y sumarse así a la corriente de nuevas princesas Disney, más independientes y resolutas, todo un reto teniendo en cuenta la problemática naturaleza romántica del cuento (ya sabéis, Síndrome de Estocolmo: la película). Esta es una de las razones por las que la Bella de Emma Watson es una decepción. Sí, esta Bella parece más autosuficiente y propensa a entrar en acción, y además comparte el ingenio para los inventos de su padre, pero a la larga, es el mismo personaje de hace 26 años (si acaso más insulso) y no la reinvención feminista que nos habían prometido, lo que supone una oportunidad desaprovechada para hacer algo interesante con ella -idea que se puede extrapolar a la película en general.

El resto de personajes tampoco presentan cambios muy significativos. Los objetos, lógicamente de diseño más realista, desempeñan la misma función que en el clásico (sirven como alivio cómico y recordatorio del encantamiento, mientras hacen de celestinos de los protagonistas) y Maurice vuelve a ser el catalizador de la acción y poco más (aunque Kevin Kline esté estupendo). Cabe destacar un mayor peso en la historia de Gastón (Luke Evans) y LeFou (Josh Gad), y el tan comentado “momento exclusivamente gay” del segundo. Aunque más bien deberíamos decir “momentos”, ya que el arco completo de LeFou tiene que ver con su amor no correspondido por el narcisista galán, al igual que en la original, pero de manera más abierta y sin dar lugar a la ambigüedad. Es decir, LeFou es gay, no hay debate al respecto, y esto, por sí solo, ya es un gran paso adelante. Es más, la película es entera e inequívocamente gay, con no solo un personaje LGBT, sino tres (mínimo), todo un regalo para los niños gays que crecieron con el clásico. Sin embargo, el tratamiento de LeFou y su condición sexual deja mucho que desear la mayor parte del tiempo, debido a la interpretación caricaturescamente afeminada de Gad y al hecho de que sea el objeto del chiste de mariquitas de siempre (completando así el regreso a los 90). Afortunadamente, todo esto se arregla durante el desenlace, ofreciendo merecida compensación al personaje (y al espectador) con un sorprendente final feliz que esperamos sea el principio de algo más grande y revolucionario en Disney, y no solo una nota gay a pie de página.

El reparto

Si La Bella y la Bestia es una película inconsistente e irregular es en gran medida porque su elenco se puede definir de la misma manera. Por un lado, el reparto de secundarios es de excepción, sobre todo los que dan vida a los objetos del castillo: La operística Audra McDonald como el Ropero, una desmedida Emma Thompson como la Sra. Potts (ella es genial, pero palidece comparada con Angela Lansbury), un nuevo personaje, el Maestro Cadenza, piano con la voz de Stanley Tucci, y sobre todo Ian McKellen y Ewan McGregor como Din Don y Lumière, dúo responsable de algunas de las escenas más simpáticas y entrañables del film. Todos parecen disfrutar “sobre el escenario”, aunque sus talentos quedan inevitablemente desperdiciados por las necesidades de la historia.

Por otro lado, ya hemos señalado la labor de Josh Gad, bastante irritante como LeFou (aunque tenga sus puntuales buenos golpes de humor), y el varonil Luke Evans, uno de los mayores aciertos de casting del proyecto. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de Emma Watson. Y he aquí uno de los mayores problemas del remake. La actriz nunca ha destacado por sus aptitudes interpretativas y carece de la presencia y la fuerza escénica que hace falta para protagonizar una superproducción de este calibre. A pesar de que conforme avanza el metraje se va haciendo con el personaje y acaba destacando en los pasajes más dramáticos, a Watson le viene todo muy grande, y verla desenvolverse en escena, especialmente durante los números musicales, puede ser una experiencia muy incómoda. Por suerte, su partenaire, Dan Stevens, ejerce el contrapunto perfecto para equilibrar la balanza y evitar que todo se vaya al traste. El actor británico es quizá el intérprete más sobresaliente de la película, y eso que se esconde tras una criatura digital no tan lograda como los animales de El Libro de la Selva (el realismo de su rostro es impresionante, pero se mueve de forma artificial y le falta gravedad). La gran expresividad de Stevens asoma bajo las capas de CGI de la Bestia, construyendo así al personaje más matizado de la película y aportando más humanidad que los actores de cuerpo presente.

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Los números musicales

Para alegría de los fans más puristas de La Bella y la Bestia, el remake respeta las canciones originales. Las melodías están prácticamente intactas, a excepción de un par de variaciones, como la que tiene lugar al final de “Gastón”, añadidos que en ningún momento desvirtúan las composiciones de 1991. En lugar de intentar mejorar lo inmejorable, Menken incluye cuatro nuevos temas, escritos junto a Tim Rice (AladdinEl rey león), la ya mencionada obertura, una nana, el nuevo tema central “How Does a Moment Last Forever”, con reprise interpretado por Watson y versión íntegra de Céline Dion para los créditos finales, y una balada solo para Stevens, “Evermore”. Canciones indudablemente bonitas (bien de autotune mediante para Watson y Stevens) que, no obstante, parecen descolgadas de la acción principal y no encajan del todo con el repertorio de siempre.

En cuanto a la puesta en escena, la película va de menos a más. La cosa no empieza muy alentadora con “Bella”, la secuencia de presentación de la protagonista y su pueblo al son de “Bonjour”. Con solo un par de planos, salta la vista que Watson no está a la altura. La actriz se mueve tímida e inexpresiva, como con miedo a romper algo, mientras a su alrededor los extras hacen lo posible por mantener el show a flote. Pero la culpa no es solo suya, Condon tampoco pone toda la carne en el asador, efectuando una copia descafeinada que carece del brío del número animado. Menos mal que ambos entran en calor, y los siguientes números hacen que la película despegue, sobre todo gracias a un reparto curtido en musicales: La de “Gastón” es una secuencia muy divertida (aunque nos priven del plano pecho-lobo), “Qué festín” es el showstopper que conocemos, con un barniz digital bastante hortera, y en la preciosa “Algo nuevo” es donde la película coge impulso y arranca de verdad, mientras que “Asalto al castillo” aporta la intensidad necesaria para dar lugar al clímax, terminando así con buena letra. Solo “Bella y Bestia”, la icónica escena del baile en el salón del castillo, supone una pequeña desilusión al no cumplir las expectativas (es imposible recrear la sensación al verla por primera vez).

Como suele ocurrir, pero en este caso más acentuadamente, conectar con La Bella y la Bestia depende de la predisposición de cada uno. Que sea un calco del clásico animado puede despertar el arrebato nostálgico necesario para disfrutar con el mero hecho de ver una de tus películas favoritas convertidas en algo tan majestuoso, o puede jugar en nuestra contra, precisamente por la misma razón: no hay nada como el original, por muy buena que sea la imitación. Lo que está claro es que tiene su encanto y lo que funcionaba en la animada funciona en el remake, básicamente porque se mantiene intacto. Sin embargo, trasladándola al universo real/digital se pierde mucho de lo que la hacía tan especial, a lo que no ayudan los problemas citados anteriormente: fallos de casting, falta de cohesión, cadencia atropellada, personajes con menos personalidad que sus análogos animados, inconsistencia entre números, alteraciones insustanciales…

La recreación es digna de asombro la mayor parte del tiempo (dirección artística, vestuario, peluquería, todo es excelente) y es evidente que Disney no ha escatimado en recursos, resultando en un espectáculo suntuoso y efervescente, astutamente confeccionado para reventar la taquilla, pero a la vez vacuo y superficial. Por mucho brillo y despliegue del que haga gala, esta versión está más apagada y falta de inspiración. Es decir, es básicamente la misma película, el mismo “cuento tan viejo como el tiempo”, solo que con menos vida, menos fuerza y menos magia.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Hombres, mujeres y niños

MEN, WOMEN, AND CHILDREN

Hombres, mujeres y niños es ya el sexto largometraje en menos de una década del director de JunoUp in the Air, Jason Reitman. Después del traspiés de Una vida en tres días (repudiada por el propio realizador y reivindicada por un servidor), Reitman lleva a cabo su Short Cuts particular, una dramedia multigeneracional con reparto coral que sigue la vida diaria de varias familias en la era de la hiperconectividad. En ella traza un retrato de nuestros días caracterizado por la sumisión absoluta del ser humano a Internet y la consecuente deshumanización de la sociedad, convertida en una masa de zombies del wi-fi, entes desangelados que existen y se desplazan hundidos en las pantallas de sus smartphones. Tal es la insistencia de Reitman en este mensaje que, más que una adaptación de la novela Men, Women and Children de Chad Kultgen, su film parece la versión cinematográfica de esta foto/meme.

Reitman compone un fresco 2.0 de historias que nos vienen a alertar de los diversos peligros de vivir en las redes sociales, y lo hace catalogando las diferentes patologías relacionadas con este problema en un ecléctico conjunto de personajes: adolescentes enganchados a la red que han perdido la capacidad para comunicarse en el MR (Mundo Real), un chaval (Ansel Elgort) adicto a un juego de estrategia online (MMORPG) que se preocupa más de su avatar que de su propio futuro, una madre (Jennifer Garner) que controla todos los pasos que da su hija en el ciberespacio para protegerla de los horrores que acechan, otra madre (Judy Greer) que prostituye a su hija en páginas de pago para costearle el sueño de Hollywood que ella nunca fue capaz de realizar, o un matrimonio (Adam Sandler y Rosemary DeWitt) que ve cómo su libido ha desaparecido por completo y decide buscar refugio por separado, primero en páginas pornográficas y más tarde en webs de contactos.

Hombres mujeres y niñosNo es que la tesis tecnofóbica sobre la vida moderna que Reitman enarbola con Hombres, mujeres y niños esté precisamente infundada. Los ejemplos citados en el párrafo anterior, a pesar de estar construidos como arquetipos exagerados o incluso alegorías, son tan increíbles-pero-ciertos como Kim Kardashian. La presión escolar, la desidia y la apatía de las nuevas generaciones, los efectos secundarios de consumir compulsivamente pornografía en Internet (que ya nos ilustró Joseph Gordon-Levitt en Don Jon), la confusión de los padres que no saben cómo educar a unos hijos que simplemente no existen fuera de su “segunda vida”. Todo eso es un problema, y además uno muy grave, de acuerdo, pero debe haber formas menos irritantes y más efectivas de hacernos llegar el mensaje que este panfleto aleccionador que parece diseñado para mostrar a los niños después del colegio, o sea, uno de esos “afterschool specials” tan arraigados en la cultura yanqui.

Ni las estimables interpretaciones de un excelente reparto de habituales del indie (más Adam Sandler de nuevo en un papel serio, donde debería quedarse para siempre), ni el buen hacer de un grupo de jóvenes actores rebosantes de talento y potencial (Olivia Crocicchia, Kaitlyn Denver, Elena Kampouris), ni siquiera la voz de Emma Thompson (la narradora), son baza suficiente para que pasemos por alto la flagrante sobredosis de moralina de la película y consigamos sentirnos identificados (grave teniendo en cuenta lo familiar que nos debería resultar todo). Hombres, mujeres y niños es un sermón de dos horas en el que Reitman (que es demasiado joven para estar dándonos ya estas lecciones tan condescendientes) elabora un discurso demagógico y recurre a trucos baratos de melodrama televisivo para respaldar su reduccionista doctrina. Esta suerte de fábula moderna con voluntad pedagógica está totalmente desprovista de áreas grises y propone una solución simplista a los problemas planteados: desenchufar el router. Pero nosotros, en lugar de hacerle caso al profe, lo que hacemos es meternos en Facebook a ponerlo a caer de un burro. Porque es lo que se merece.

Valoración: ★★

Crítica: Al encuentro de Mr. Banks (Saving Mr. Banks)

SAVING MR. BANKS

Mary Poppins es “prácticamente perfecta en todo”. Esto es sin duda lo que pensaba la creadora de este personaje literario infantil convertido en icono cinematográfico, Pamela Lyndon Travers (Emma Thompson). Durante dos décadas, Travers se negó a dejarla en manos de Walt Disney para que alterase esa perfección y la convirtiese en otra de sus atracciones de parque temático, o peor aún, ¡en un dibujo animado! Al encuentro de Mr. Banks (Saving Mr. Banks) es la crónica del arduo proceso de preproducción del Clásico Honorífico Mary Poppins; una reconstrucción (muy descafeinada y edulcorada) de la tormentosa relación que se entabló entre Disney (Tom Hanks) y la escritora británica de origen australiano después de que este le pidiese prestada a su niñera voladora para cumplir una promesa que le había hecho a sus hijos cuando eran niños. Dirigida por John Lee Hancock (El Álamo), Al encuentro de Mr. Banks insiste en la tendencia autorreferencial del Disney de estos últimos años con otro ejercicio de balance y reafirmación en el que el estudio vuelve a dominar el arte de la nostalgia para conectar emocionalmente con un público ávido de “tiempos mejores”.

Comedia y melodrama a partes iguales, Al encuentro de Mr. Banks discurre saltando entre dos tiempos, la primera visita de Travers a Los Ángeles para reunirse con Disney en persona y su infancia en Australia, donde somos testigos de la devoción que sentía hacia su padre, un banquero alcohólico interpretado por Colin Farrell, es decir, el Sr. Banks original. La fragmentación del relato afecta gravemente al ritmo de la película, y los constantes saltos hacia el pasado constituyen a menudo molestas interrupciones de lo que de verdad queremos ver: el making of de Mary Poppins, y a Emma Thompson y Tom Hanks en pie de guerra. Los continuos flashbacks para contarnos el origen de Mary en los traumas infantiles de Travers (daddy issues!), por muy necesarios que sean para la (excelente) caracterización del personaje, podrían -y deberían- haber sido condensados en menos secuencias para evitar el tedio de algunos pasajes y la confusión tonal. De esta manera podríamos haber disfrutado aún más de la fascinante interacción de la cascarrabias autora con su detestado Disney, con los hermanos Robert y Richard Sherman (B.J. Novak y Jason Schwartzman), autores de las canciones de la película, o con su chófer Ralph (¡Paul Giamatti haciendo de sidekick Disney!). No hay nada como la historia de un corazón de hielo derretido a base de humor, buenas intenciones y canciones maravillosas. Y eso es exactamente lo que nos da Al encuentro de Mr. Banks, evitando en todo momento las sombras de la biografía de Disney (no es que esperásemos otra cosa), para proporcionarnos una cinta tan disneyana en su moraleja como cualquiera de sus clásicos animados.

SAVING MR. BANKS

Claro que no podemos reprochar demasiado que no haya interés en mostrar un lado más turbio del tito Walt, más allá de su terquedad patológica, puesto que Al encuentro de Mr. Banks no es la historia de Walt Disney, es la de P.L. Travers, y la del origen de esa extraña y feminista película que es Mary Poppins. En este sentido, Tom Hanks realiza un gran trabajo interpretando simplemente al padre de Mickey Mouse, es decir, a la figura pública que todos conocemos a través de sus vídeos. Nada más. El peso del relato recae sobre una espléndida, monumental e inconmensurable Emma Thompson, que nos regala una de las mejores interpretaciones de su carrera. Inspirada, divertida, efervescente, Thompson se funde con el personaje, dominando en todo momento el rango de emociones que lo definen, del remilgo British a la mirada puramente infantil, culminando en una sublime escena final en la premiere de Mary Poppins que conmoverá al más duro. A pesar de la testarudez y rechazo de Travers a todo lo que Disney simbolizaba (y simboliza aún para muchos), Al encuentro de Mr. Banks nos convence, a base no de “un poco de azúcar” sino de carretas de melaza, de que ella personifica el espíritu Disney mejor que nadie. No estamos muy seguros de si la autora daría su visto bueno a esta visión de su persona (no sé por qué, me cuesta creer que en algún momento durmiese abrazada a un Mickey de peluche gigante), pero al menos se regocijaría sabiendo que su legado sigue vivo gracias a la maestría de Disney a la hora de crear recuerdos que duran para siempre.

Valoración: ★★★½