Crítica: Maléfica – Maestra del mal

La moda de los remakes en acción real de Disney se la debemos en parte a una de sus villanas: Maléfica. Después del éxito de taquilla en 2010 de la versión de Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, Disney quiso continuar la senda de la relectura para sus historias clásicas, y en lugar de volver a contarnos La bella durmiente tal y como la conocíamos, nos presentó el cuento desde otra perspectiva, la de su malvada bruja. Maléfica recaudó en 2014 unos sorprendentes 750 millones de dólares en todo el mundo, confirmando así el filón que el estudio del ratón tenía en su catálogo de clásicos animados.

Cinco años después llega la secuela, Maléfica: Maestra del mal, que continúa reescribiendo el mito de la bella durmiente mezclando cuento de hadas clásico y fantasía épica. Si en la primera parte descubríamos que Maléfica no era malvada por naturaleza, sino que las circunstancias la habían llevado a perder el control de su enorme poder, en esta secuela se explora más a fondo su origen, sus motivaciones, el enorme alcance de sus poderes y su relación materno-filial con Aurora (Elle Fanning), convertida en su protegida en el live-action.

La historia de Maléfica: Maestra del mal se sitúa varios años después de los acontecimientos de la primera película. La Princesa Aurora vive en la Ciénaga rodeada de naturaleza, bajo la supervisión de las hadas Flora, Fauna y Primavera y protegida por su madrina, la temible hada con cuernos Maléfica. Sin embargo, a medida que se hace mayor, la joven ansía una vida diferente y decide casarse con el Príncipe Phillip (Harris Dickinson). Antes de la boda, Aurora debe conocer a los padres de su prometido, los reyes John (Robert Lindsay) e Ingrith (Michelle Pfeiffer). El accidentado encuentro distancia a Aurora y Maléfica y ensancha la brecha entre reinos. Como resultado, Maléfica huye y va a parar a una tierra lejana donde conocerá más a fondo el origen de su especie mientras se forja una lucha por proteger a la Ciénaga y las criaturas mágicas que viven en ella.

Dirigida por Joachim Rønning (mitad del tándem de Kon Tiki), escrita por Linda Woolverton y Micah Fitzerman-Blue & Noah Harpster y producida por la propia Angelina Jolie, Maléfica: Maestra del mal continúa el estilo de la primera entrega, llevándonos de nuevo a una tierra lejana llena de seres fantásticos, castillos medievales y magia en cada rincón. Visualmente, la película se mantiene muy cercana a lo que ya habíamos visto, mezclando majestuosos decorados y vestuario con abundante animación generada por ordenador. En cuanto al tono, la secuela también se mantiene fiel a su antecesora, añadiendo en esta ocasión un componente más épico, un toque extravagante y un velado mensaje político, antibélico y conciliador.

Con cierto parecido a la saga Cómo entrenar a tu dragón, la historia de Maléfica nos lleva a descubrir que no es la única superviviente de su especie, sino que existe toda una comunidad de hadas con cuernos como ella que vive exiliada en una tierra remota y escondida. Las tensiones entre el reino de Ingrith y la Ciénaga crecen, lo que lleva a una guerra entre reinos motivada por la sed de poder y el odio a la diferencia. Con esta trama, la película lanza un muy oportuno mensaje de unión y lucha contra los prejuicios que invita a conocer al “otro” antes de odiarlo, y que puede extrapolarse a nuestro propio mundo, cada vez más tenso y dividido.

De nuevo, lo mejor del film es la caracterización e interpretación de Jolie como la villana (no tan villana). La bella actriz aporta presencia y elegancia infinitas a un personaje que ya no es el que conocíamos, sino una versión más vulnerable y “humana” del mismo gracias a ella. Junto a una Fanning también perfecta en su papel de princesa grácil  e inocente, pero valiente y actualizada, forma esa preciosa relación madre-hija que vertebra la película. Jolie y Fanning están acompañadas de un reparto en el que destaca por supuesto Michelle Pfeiffer bordando a la mala del cuento. A la mítica actriz de Batman vuelve no le cuesta nada convertirse en la atracción principal de la película con una interpretación deliciosamente pérfida.

Por el lado malo, Maléfica: Maestra del mal también repite los errores de la primera película. En una época en la que Disney hace sus remakes cada vez más idénticos al original, su intención de reescribir la historia que “creíamos conocer” es loable, pero acaba cayendo en la mima fórmula que hemos visto muchas veces en los últimos años. El guion está más trabajado en esta ocasión, pero la película se pierde a menudo en las tramas secundarias y (pensando en los más pequeños) da demasiado énfasis a las criaturas digitales, que pueden llegar a empalagar.

A pesar de esto, Maléfica: Maestra del mal supone una mejora con respecto a la anterior. Angelina Jolie vuelve a deslumbrar en una película hecha para su lucimiento, pero en la que no obstante sabe compartir el foco con los demás. La incorporación de Michelle Pfeiffer y su dinámica con Jolie y Fanning es todo un acierto (no tanto la de Chiwetel Ejiofor o Ed Skrein, que no se lucen demasiado) y aunque discurre por terreno excesivamente familiar, la historia amplía su universo correctamente, con los toques de humor y emoción que cabe esperar del estudio. En resumen, Maléfica: Maestra del mal equilibra fantasía, romance, aventura y acción en una película 100% Disney.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crónica del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2018: Parte 2

DÍA 3

He’s Out There (Quinn Lasher, 2018 – Lituania) – Oficial Fantástico

Sobre el papel, He’s Out There es un slasher de manual. Una familia pasando un fin de semana en su segunda propiedad, situada en el campo, alejada de todo y todos. Todo comienza a torcerse cuando un desconocido comienza a acosar en la distancia a la mujer ante la ausencia del marido, es en ese momento en que decide dar un paso adelante y proteger a sus dos hijas… ¿Olvidamos algo? Ah, las muertes. Pues haberlas haylas, pero son casi anecdóticas y casi ni se ven. El problema de la cinta de Quinn Lasher (S-Lasher, je je je) no es esa ausencia de ideas, ya que la originalidad no es un requisito en este subgénero, sino esa absurda decisión de ser tan pacata y, especialmente, por intentar complicarse demasiado intentando dotar de profundidad a su historia y a sus personajes, cuando realmente no hace nada para que lo sean. Sus desdibujados personajes deambulan sin saber muy bien qué está pasando y el malo malísimo no transmite ninguna sensación de peligro, ni mucho menos carisma. Ni siquiera el morbo de vérselas pasar canutas a Yvonne Strahovski (la puñetera Serena Waterford de El cuento de la criada), compensa el tedio que provoca su visionado.

David Lastra

Deadtectives (Pascal Laugier, 2018 – Estados Unidos) -Panorama

En Deadtectives un grupo de timadores con la cara muy dura se dedican a aprovecharse de pobre gente que sufre supuestos ataques fantasmales para grabar un programa de televisión. Para salvarlo de la cancelación tendrán que irse a Méjico a investigar el caso definitivo, lo que les traerá muchos más problemas de lo que se esperaban. Por su temática, es inevitable pensar en Los Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984 – Estados Unidos) y la saga de Expediente Warren (James Wan  2013 – Estados Unidos), pero con un tono mucho más cafre. Protagonizada por Chris Geere (conocido por la serie de FX You’re the Worst), Deadtectives es una película en la que todo es una broma, pero está lo suficientemente bien escrita como para no saturar. A excepción de un par de chistes cuñados que no pintan nada y no definen el humor general de la cinta, entretiene de principio a fin y resulta simpática.

Daniel Andréu

Ghostland (Tony West, 2018 – Francia/Canadá) – Oficial Fantástico

Y llega el turno de la locura… Pascal Laugnier, director de la polémica Martyrs, nos trae la historia más surrealista del festival. Ghostland es una pesadilla en pantalla grande y, como tal, debes aceptar sus absurdidades y sus peculiares normas, solo así podrás disfrutarla/sufrirla adecuadamente. Tras un cauto comienzo, todo se dispara con una genial escena de invasión doméstica con una resolución bastante sorprendente. Años después descubrimos las secuelas que ha provocado este ataque en las dos hermanas que se encontraban en la casa. Beth (Crystal Reed, Teen Wolf) se ha convertido en una autora de best-sellers de terror, justamente en su última obra Incidente en Ghostland revisita ese incidente; pero el caso de Vera (Anastasia Phillips, Skins) es diferente. Ella no ha podido pasar página y no solo sigue traumatizada por el acontecimiento, sino que sigue viviendo en la misma casa donde sucedió todo. La perfecta existencia de Beth se rompe con una angustiosa llamada de Vera, lo cual provocará su retorno al hogar familiar y el consiguiente reencuentro con su hermana y su madre (interpretada por la cantante Mylène Farmer, que ya trabajó con el director en el vídeo musical de City Of Love, clip en el que se encuentran gran parte de las claves estéticas de esta película). Laugier apuesta fuerte con una historia bastante marciana, que descoloca y sorprende en todo momento. Una película enrevesada, muy enfermiza y que no comete el error de tomarse demasiado en serio. Ghostland reúne todo lo necesario para pasar un mal rato en una sala de cine.

David Lastra

Piercing (Nicolas Pesce, 2018 – Estados Unidos) – Oficial Fantástico

No es frecuente la adaptación al cine de novelas de Ryû Murakami (no el Murakami de Tokyo BluesBurning o 1Q84, sino el de Audition o Azul casi transparente), por lo que Piercing era muy esperada para nosotros sus fans. Murakami siempre cuenta sus historias de una forma muy particular que hace que cualquier acercamiento a su literatura sea recibido con tanta expectación como miedo. Aquí se sigue a un joven (Christopher Abbott) que necesita buscar a una potencial víctima para saciar su necesidad de asesinar y así no acabar con la vida de algún ser querido. Por supuesto, por mucho que lo planee, se va a encontrar con muchos obstáculos por parte de su elegida (Mia Wasikowska). Aun aceptando que el cine es un medio diferente que no tiene que calcar su referente para hacer una buena adaptación, el guion de Nicolas Pesce se deshace de demasiados aspectos esenciales. Por ello el comienzo de la trama resulta un tanto atropellado, hay detalles que no se entienden igual si uno no va habiéndose leído la novela y, lo más importante, el espectador no se mete en la cabeza de los protagonistas de la misma forma que en el libro. Uno de los fuertes de la narración de Murakami es la estructura que alterna la primera persona del chico y de la chica en cada capítulo, de donde viene el extraño tono de comedia romántica muy retorcida, y esto en el film se pierde. Lo bueno, y que compensa la ausencia de todas estas cosas, es que Piercing nace del interés por hacer algo artísticamente relevante. Gracias a unas buenas interpretaciones, un muy buen apartado técnico o un uso muy interesante de  la banda sonora compuesta por temas de giallos de los años 70, encuentra una atmósfera y una personalidad propias que hacen que se sostenga como obra autónoma pero a la vez relacionada con su referente literario.

Daniel Andréu

DÍA 4

Summer of ‘84 (Anouk Whissell, François Simard y Yoann-Kar Whissell, 2018 – Canadá/EE.UU.) – Oficial Fantástico

Nuevo ejercicio de nostalgia del equipo que nos trajo Turbo Kid. En esta ocasión se acercan a un grupo de chavales que deciden investigar una serie de desapariciones que están ocurriendo en su pequeña ciudad. Una aventura veraniega a lo Cuenta conmigo en clave revisionista a lo Stranger Things. Repleta de tópicos y lugares comunes (¿acaso no es esa la gran marca de autoría de los Whissell-Simard?), Summer of ‘84 sale un poco mejor parada en guion y definición de personajes que su anterior aventura. Como en esa ocasión, la carencia absoluta de originalidad se ve altamente beneficiada por la calidad estética del producto, así como por su notable banda sonora, que vuelve a correr por parte de Le Matos.

David Lastra

Boar (Chris Sun, 2017 – Australia) – Oficial Dark Visions

Boar es una de esas películas de las que no se puede decir nada especialmente malo ni bueno debido a su simpleza. Un jabalí gigante va descuartizando gente poco a poco en una zona campestre de Australia. Literalmente no hay más y esto es una cierta virtud ya que no tiene mucha posibilidad de error. Posee unos diálogos muy ágiles e inspirados que destacan incluso por encima de las escenas de descuartizamiento y horror. Quizás algo que se le puede echar en cara es el atrevimiento puntual de enseñar demasiado cómo el jabalí mata a sus víctimas en escenas hechas con un CGI más que pobre que desmerecen las escenas con la criatura animatrónica.

Daniel Andréu

Mirai, mi hermana pequeña (Mamoru Hosoda, 2018 – Japón) – Oficial Fantástico

Qué difícil escribir sobre una película que es pura emoción. Mirai, mi hermana pequeña narra las aventuras caseras de un niño pequeño ante la llegada al mundo de una nueva hermanita. Con el mismo acierto que Del revés (Inside Out) (Pete Docter, Ronnie del Carmen, 2018 – Estados Unidos) pero de una forma diferente, el guion de Mamoru Hosoda capta con una sencillez abrumadora lo que significa crecer, descubrir lo que es la vida y aprender a caminar por ella junto a tus seres queridos, los que están contigo en el presente, los que estarán y los que estuvieron antes que tú. Alterna secuencias de “fantasía” con otras hogareñas que son igual de mágicas, ya que todo se ve a través de la mirada infantil del pequeño Kun. Uno no puede evitar emocionarse ante la belleza de las imágenes, tanto las más sencillas y familiares como las más visualmente elaboradas, llegando a un desenlace en el que los sentimientos terminan de explotar.

Daniel Andréu

Sta. Agatha (Darren Lynn Bousman, 2018 – Estados Unidos) – Oficial Dark Visions

El director de unas cuantas Saw y de Repo! The Genetic Opera (musical con Anthony Stewart Head y Paris Hilton que solo me hizo gracia a mí) se adentra en el nunsploitation… y ahí termina lo interesante de la propuesta de Sta. Agatha. Un convento unas cuantas monjas ultra-maquilladas, comandadas por Carolyn Hennesy (la que fuera Barb en Cougar Town y otros mil secundarios miméticos más en cine y televisión), se dedican a vender recién nacidos en vez de pastitas. El negocio no va nada mal, pero todo cambia con la llegada de Mary (Sabrina Kern), una joven embarazada que no sabe qué hacer con su vida y que claramente no estaría allí si supiese los tejemanejes de las monjas, o sí, no sé.  Sta. Agatha no funciona ni como ejercicio de revisionismo u homenaje a ese rinconcito dentro de ese subgénero de exploitation, ni como película actual de terror. Doloroso resulta su simplismo y su soporífero ritmo, aunque peor es que un cineasta tan dado a lo sádico y al humor no haya sabido entretenernos con una historia de monjas chungas.

David Lastra

Blood Fest (Owen Egerton, 2018 – Estados Unidos) – Oficial Dark Visions

Hay películas que parecen estar hechas para ser proyectadas en la sesión golfa de un festival de cine fantástico y de terror y Blood Fest es una de ellas. Ya su premisa es ideal para la ocasión, pues sus protagonistas asisten a una fiesta que mezcla los macro festivales musicales con los festivales de cine de terror, una gigantesca explanada con escenarios que imitan escenas de películas de terror y en la que se interpretarán en directo las secuencias más míticas ante el público. Por supuesto todo terminará en una fiesta sangrienta muy bestia en la que los protagonistas tendrán que escapar del evento que se vuelve más real de lo que ellos esperaban. Blood Fest consigue entretener de principio a fin con mucho humor y teniendo cero pretensiones, además de muchas vísceras y muertes rebuscadas, lo que a esas horas de la madrugada se agradece enormemente.

Daniel Andréu

DÍA 5

Please Stand By (Ben Lewin, 2017 – Estados Unidos) – Panorama

Detalles como el de programar Please Stand By son los que hacen que apreciemos el festival aun más, porque en uno festival como Nocturna Madrid contar con una película así es arriesgarse. La infravalorada Dakota Fanning interpreta de forma increíble a una joven autista obsesionada con Star Trek que escribe un guion para su serie favorita con intención de participar en un concurso. Tras conocer a los personajes, asistimos al viaje de superación que supone para Wendy escaparse de la residencia en la que vive para entregar en mano su manuscrito. Se trata de una película amable y con 100% de buenas intenciones, lo cual si se hace bien puede jugar a su favor, por mucho que desde el primer segundo esté claro cómo va a evolucionar y terminar la historia. La sorpresa no es lo importante aquí, sino empatizar con sus personajes y sus situaciones hasta el punto de estar con el corazón en un puño durante los momentos finales (y de querer meterse en la pantalla para coger a Pete, ese adorable perrito, y abrazarlo para siempre). La conexión con algo como Star Trek es más que suficiente para que una película sin sangre, vísceras o monstruos infernales se gane el corazón del público de Nocturna Madrid.

Daniel Andréu

Muñeco diabólico (Tom Holland, 1988 – Estados Unidos) – Classics

Por fin llegó uno de los momentos que algunos habíamos estado esperando durante meses, el privilegio y el honor de ver la primera entrega de las aventuras de Chucky en la pantalla grande con su creador Don Mancini en la sala, lo que lo hizo aun más especial. ¿Se puede decir algo nuevo de una película de hace 30 años que supuso el nacimiento de un personaje tan icónico? La mítica posesión del muñeco Good Guy por parte del asesino Charles Lee Ray que da a una serie de surrealistas y macarras asesinatos es ya parte de la historia del cine de terror. Aunque no haya novedades, sí que merece la pena recalcar que sigue siendo muy poderosa tres décadas después, que el humor sigue funcionando y que sigue dando un placer inmenso ver a Chucky asesinar a todo el que se cruza en su camino, así como verle sufrir y ser destruido. En diez años será el 30 aniversario del nacimiento de la igualmente maravillosa Tiffany, así que el Nocturna Madrid 28 sería una ocasión perfecta para conmemorarlo trayendo a Jennifer Tilly. Ahí queda dicho.

Daniel Andréu

Mandy (Panos Cosmatos, 2018 – Estados Unidos, Bélgica, Reino Unido) – Panorama

Como siempre, el festival se guarda una de las apuestas más fuertes para la clausura. Había mucha expectación por ver Mandy y eso se demostraba en el hecho de que tuvieran que abrir una segunda sala para atender la alta demanda de entradas. La película más que una historia es un viaje alucinado de Nicholas Cage (que termina de abrazar definitivamente su papel de icono moderno del absurdo) por consumar su venganza contra una diabólica secta religiosa formada por un grupo de malvados hippies y unas extrañas criaturas. De principio a fin Mandy tiene una atmósfera espesa y saturada, tan drogada como sus personajes, y tan marciana que si el espectador entra en ella se embarcará también un viaje alucinado. No se trata de una cinta fácil debido a lo lento de su ritmo, pero el trabajo visual está cuidadísimo y la última banda sonora de Jóhann Jóhannsson para el cine antes de fallecer se convierte en un elemento crucial más del largometraje. Aunque haya dos partes claramente diferenciadas, el descenso a los infiernos que supone acabar con cada miembro de la secta no es tan loco como se podría esperar, aunque da para momentos con mucha fuerza. Hay en Mandy mucho de Nicolas Winding Refn (por tanto también hay mucho Lynch) pero con la ventaja de no tener la sensación de que nos la están intentando colar en todo momento. Aunque hay algo que impide a la película llegar a la genialidad, es una apuesta muy arriesgada e interesante que no dejará indiferente a nadie.

Daniel Andréu

The Ranger (Jenn Wexler, 2018 – Estados Unidos) – Panorama

Tras la clausura, un último caramelito de violencia para despedirnos en forma de aventura sangrienta y sin demasiado sentido, como debe ser a la 1 de la mañana un sábado. Si en Boar era un jabalí gigante asesinando australianos, aquí se trata de un guarda forestal muy loco y obsesionado con las normas asesinando jóvenes punkis. Es aquí, en la ambientación, donde desconcierta esta The Ranger, ya que la recreación de esos últimos años de los 70 y principios de los 80 es tan indefinida que uno no sabe si es falta de inspiración, algo intencionado, o realmente los personajes son jóvenes modernos de los 2000 jugando a drogarse y disfrazarse de rockeros. El villano da para bastantes situaciones absurdas que son lo mejor de una cinta que tiene poco que ofrecer además de un rato corto y entretenido.

Daniel Andréu

 


 

Nocturna Madrid vuelve a convertirse en una cita obligada para los amantes del fantástico y el terror, con una programación variada y arriesgada, además de unas actividades muy interesantes pensadas para que disfrutemos al máximo durante estos seis días. Mención especial al jugo que se le ha sacado a la visita de Don Mancini, que se ha quedado con nosotros durante toda la semana y se ha convertido en el alma protagonista de esta edición. No queda más que agradecer la gran labor de la organización del festival por crear un evento de calidad en el que se ha puesto mucho cariño y corazón. Ahora solo queda esperar al otoño de 2019.

 

PALMARÉS

PREMIO NOCTURNA MADRID AL MEJOR CORTOMETRAJE NACIONAL:
AMANCIO, VAMPIRO DE PUEBLO – DE ALEJO IBÁÑEZ

PREMIO NOCTURNA MADRID AL MEJOR CORTOMETRAJE INTERNACIONAL
BAGHEAD – DE ALBERTO CORREDOR

PREMIO NOCTURNA MADRID A LOS MEJORES EFECTOS ESPECIALES
THE NIGHTSHIFTER (MORTO NÃO FALA) DE DENILSON RAMALHO

PREMIO NOCTURNA MADRID AL MEJOR GUIÓN MAMORU HOSODA POR MIRAI MI PEQUEÑA HERMANA

PREMIO NOCTURNA MADRID “VINCENT PRICE” AL MEJOR ACTOR
CHRISTOPHER ABBOT POR PIERCING

PREMIO NOCTURNA MADRID A LA MEJOR ACTRIZ BRITTANY ALLEN POR WHAT KEEPS YOU ALIVE

MENCIÓN ESPECIAL A “THE INVOCATION OF ENVER SIMAKU” por su atrevimiento formal y argumental en su propuesta de combinar terror clásico, documento político y social, recuperando el folclore y las creencias ancestrales como mecanismos del horror.
PREMIO CANAL DARK a la mejor película de la sección DARK VISIONS
VUELVEN (TIGERS ARE NOT AFRAID) de ISSA LÓPEZ

Y el jurado de la sección DARK VISIONS quiere realizar una mención especial para STA AGATHA de DARREN LYN BOUSMAN por la construcción de personajes, su dirección y la interpretación de las actrices.

PREMIO BLOGOS DE ORO a la mejor película de NOCTURNA MADRID 2018
WHAT KEEPS YOU ALIVE de COLIN MINIHAN

PREMIO NOCTURNA MADRID DEL PÚBLICO A LA MEJOR PELÍCULA
MIRAI, MI HERMANA PEQUEÑA de MAMORU HOSODA.

PREMIO NOCTURNA MADRID AL MEJOR DIRECTOR
PASCAL LAUGIER POR GHOSTLAND.

PREMIO NOCTURNA MADRID “PAUL NASCHY”
GHOSTLAND de PASCAL LAUGIER.

Crítica: La desaparición de Sidney Hall (y Logan Lerman)

Después de conquistar a todo el mundo interpretando a Charlie en el drama adolescente de culto Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower), Logan Lerman parecía destinado a convertirse en una de las nuevas grandes estrellas de su generación. Sin embargo, no ha sido así. El actor californiano ha hecho pocas películas en los últimos años, y se podría decir que está un poco… desaparecido.

El año pasado, gracias a Sony Pictures Home Entertainment, nos llegó Indignación, opera prima de James Schamus que no pasó previamente por nuestros cines. Y ahora la distribuidora publica en nuestro país el último trabajo inédito hasta ahora de Lerman, en el que además de actuar, ejerce como productor, La desaparición de Sidney Hall (The Vanishing of Sidney Hall). Ambas películas han resultado ser muy complementarias por su carácter de drama generacional, su inclinación literaria y la personalidad brillante y atribulada de su protagonista.

La desaparición de Sidney Hall es el segundo largo de Shawn Christiensen, ganador del Oscar a mejor cortometraje de acción real en 2012 por Curfew. La historia gira en torno a un joven novelista y está narrada de forma no lineal, saltando adelante y atrás en el tiempo para mostrarnos tres etapas clave de su vida: su atormentada adolescencia, su éxito en el mundo editorial tras publicar un best-seller de esos que definen a una generación, y su desaparición tras una serie de problemas y tragedias. Los diferentes episodios están marcados por una enfermedad, su dificultad para gestionar su éxito y sus emociones, y el paso de varias personas que condicionarán su vida, su obra y su futuro: su complicada madre (Michelle Monaghan), un compañero del instituto del que guarda un oscuro secreto (Blake Jenner), el amor de su vida (Elle Fanning) y el detective que le sigue la pista tras desaparecer de la faz de la Tierra (Kyle Chandler).

Para su opera primera, Christiensen ha puesto toda la carne en el asador. La desaparición de Sidney Hall es una película ambiciosa en el apartado narrativo, enrevesada en su estructura y cargada de misterio y giros argumentales que la convierten en un rompecabezas. Aunque el director se esfuerza en atar todos los cabos, el film puede resultar confuso y embarullado, si bien enigmático y envolvente. Christiensen tiene buen gusto para la estética, el encuadre y la fotografía (especialmente a la hora de retratar a Fanning), y sabe cómo crear una atmósfera de suspense y melancolía acorde a la personalidad y el viaje emocional del protagonista.

Lerman, por su parte, hace un buen trabajo en las dos primeras etapas de la vida de Sidney Hall (al verlo sentado frente a su máquina de escribir, es inevitable acordarse de su Charlie), pero no logra resultar convincente como vagabundo treintañero, quizá porque, con 26 años y aparentando menos, aun es lo suficientemente joven como para seguir interpretando adolescentes. O quizá la culpa sea de la horrible barba postiza que lleva en los flash-forwards, haciendo que no podamos tomárnoslo completamente en serio. Se agradece que Lerman asuma riesgos interpretativos, pero todavía no tiene la madurez dramática para según qué papeles.

Aun con todo, La desaparición de Sidney Hall es una película intrigante, el trabajo de un director que posee el entusiasmo artístico y la ambición, pero necesita descargar y pulir su estilo. Lerman, por otro lado, también tiene que ponerse las pilas, elegir mejor sus proyectos y dejarse ver más. Porque no queremos tener que preguntarnos dónde se ha metido dentro de cinco años.

La desaparición de Sidney Hall ya está a la venta en DVD de la mano de Sony Pictures Home Entertainment.

Reseña: La seducción, de Sofia Coppola

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Después de la incomprendida The Bling Ring (2013), Sofia Coppola se apartó temporalmente del cine para continuar su fructífera relación con el mundo de la música dirigiendo videoclips para la banda de su marido, Phoenix, se hizo cargo del vapuleado especial de Navidad para Netflix de Bill Murray, continuó diseñando y protagonizando campañas de moda y dirigió su versión de La Traviata de Valentino. Su regreso al cine tras este breve pero productivo paréntesis creativo la lleva a reencontrarse con Kirsten Dunst, quien protagonizaría su primer largometraje como directora, Las vírgenes suicidas, y más adelante, la magnífica (y también infravalorada) María Antonieta.

Con La seducción (The Beguiled), Coppola vuelve al cine de época para realizar una nueva adaptación de la novela homónima de Thomas Cullinan, llevada al cine en 1971 por Don Siegel en El seductor. Con su versión, Coppola conduce la historia hacia su terreno al poner casi todo el énfasis en los personajes femeninos, en lugar del protagonista masculino, en el caso de la cinta clásica, Clint Eastwood, en el remake, Colin FarrellLa seducción es un hipnótico drama psicológico con sutiles toques de thriller y comedia negra que nos transporta hasta la Guerra de Secesión estadounidense para adentrarnos en un internado de señoritas que recibe la visita inesperada de un soldado. Una premisa metafórica que se ajusta como anillo al dedo al estilo y la particular visión de la realizadora.

La llegada del cabo McBurney (Farrell) al caserón regentado por la estricta señorita Martha (Nicole Kidman de nuevo en la cima de su carrera) trastorna la armonía que reinaba allí hasta entonces, sumergiendo a la directora, su ayudante (Dunst) y sus jóvenes inquilinas en un juego de seducción que acabará desatando fuertes tensiones entre ellas, celos y traiciones que traerán consecuencias inesperadas. El elenco femenino, encabezado por unas soberbias Kidman y Dunst (esta última sobresale especialmente y merece mucho más reconocimiento del que tiene) y secundado por un reparto infantil y adolescente del que destacan Elle Fanning y Oona Laurence, realiza un excelente trabajo construyendo el microcosmos de la película, mientras un irresistible Colin Farrell se encarga de ponerlo patas arriba. La influencia manipuladora que ejerce el soldado sobre estas mujeres desgarra el velo de un universo etéreo y aparentemente sosegado, pero en realidad opresivo y marcado por el aislamiento, bajo cuya superficie bulle el anhelo de romper las cadenas y los corsés que las asfixian.

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Esa es la mayor virtud del film, contar mucho con poco. Coppola lleva a cabo un trabajo (a ratos excesivamente) minimalista en cuanto a trama y diálogos del que, sin embargo, se pueden extraer muchas capas si se presta la debida atención. Más allá de su exquisito y envolvente acabado visual (todo un placer para los sentidos), que no sorprenderá a cualquiera que esté familiarizado con la preciosista obra de Coppola y su maestría y minuciosidad para crear atmósferas, La seducción es un cuento gótico que encierra entre paredes la incertidumbre y la violencia de un conflicto histórico transformador, una elegante sátira costumbrista, y por encima de todo, una intensa fábula erótica sobre la pasión y el poder del deseo.

La seducción ya está a la venta en Blu-ray y DVD. En ambas ediciones podemos encontrar los siguientes contenidos adicionales:

Cambio de perspectiva: Directora y elenco explican cómo La seducción difiere tanto de la novela homónima como de la primera versión cinematográfica, además de incidir en el brillante papel de los actores que ayudaron a Sofia Coppola a llevar a la gran pantalla esta adaptación.

Estilo del sur: Descubre cómo vestuario, peluquería, maquillaje y otros elementos se unen para crear una experiencia íntegra no sólo para el espectador, sino también para los actores.

El siglo de las mujeres

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En su ya continuada labor rescatando títulos que no llegan a las salas comerciales para su distribución en el mercado del vídeo doméstico en nuestro país, Sony Pictures Home Entertainment sigue añadiendo interesantes propuestas independientes a su catálogo, como es el caso de Mujeres del siglo XX (20th Centurty Women) y Certain Women: Vidas de mujer, dos cintas con acento femenino a reivindicar.

Dos de los cineastas más reconocidos del panorama independiente actual, Mike Mills y Kelly Reichardt, nos traen sus últimos trabajos cinematográficos, películas que tuvieron una excelente acogida en los circuitos festivaleros y los certámenes de premios más importantes de la pasada temporada. De hecho, el caso de Mujeres del siglo XX es especialmente llamativo, puesto que estuvo nominada a un Oscar (mejor guion original) y dos Globos de Oro (mejor comedia, mejor actriz de comedia), pero ha tardado un año en ver la luz en nuestro país. Más vale tarde que nunca, porque es uno de los films más hermosos y cautivadores del año pasado.

"Tú lo has visto como persona ahí afuera, en el mundo. Yo nunca lo haré".

“Tú lo has visto como persona ahí afuera, en el mundo. Yo nunca lo haré”. Bening personifica prodigiosamente el anhelo prematuro y la melancolía de la madre que ve cómo su hijo se transforma en un adulto.

Mujeres del siglo XX nos traslada a California a finales de la década de los 70 para presentarnos a Dorothea Fields (Annette Bening), una mujer divorciada que cría a su hijo adolescente, Jamie (Lucas Jade Zumann), en un ambiente de amor, libertad y feminismo, con la ayuda de Abbie (Greta Gerwig), una fotógrafa que vive en su casa, William (Billy Crudup), un carpintero también inquilino de Dorothea, y Julie (Elle Fanning), la magnética mejor amiga del chico. La película narra el proceso de crecimiento de Jamie y la importancia de la influencia femenina en su educación y su manera de ver el mundo, pero la experiencia del chico es en realidad un pretexto para llevar a cabo el retrato de tres mujeres en etapas muy distintas de su vida, tres personajes femeninos fascinantes en el que es uno de los años más importantes de sus vidas.

Rebosante de encanto bohemio y un lirismo nostálgico embriagadorMujeres del siglo XX tiene el poder de transportar al espectador directamente a la época en la que transcurre, y contagiarlo así de su espíritu reivindicativo y liberador. La película destaca sobre todo por el buen hacer de su reparto coral: sus estupendos protagonistas adolescentes, ese torbellino de energía y carisma que es Greta Gerwig y sobre todo la siempre infalible Annette Bening, en el que es uno de los mejores papeles de su carrera (y también de los más infravalorados, porque a pesar de las nominaciones y premios que recibió, no se le prestó la suficiente atención). Mills (Thumbsucker) firma otro de esos pequeños grandes relatos norteamericanos sobre el paso del tiempo, la búsqueda de uno mismo, la familia y la conexión humana capaces de remover, incluso de cambiar algo por dentro a quien se tope con ellos.

Por otro lado, Kelly Reichardt (Wendy and Lucy, Night Moves) continúa cimentando su reputación de auteur laureada con su más reciente trabajo, Certain Womenuna historia de vidas cruzadas, basada en tres relatos cortos de Maile Meloy, sobre los avatares de cuatro mujeres enfrentándose al día a día de sus vidas en Montana. Un fresco íntimo, minimalista y costumbrista interpretado impecablemente por un elenco encabezado por cuatro grandes actrices: Laura Dern, Michelle Williams, Kristen Stewart y Lily Gladstone.

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Las cuatro mujeres de Certain Women son Laura (Dern), una abogada resignada al sexismo diario por parte de sus clientes y colegas de profesión que se ve envuelta en una peligrosa situación con rehenes; Gina (Williams), una esposa y madre cuyo empeño por construir el hogar de su vida le acaba enfrentando con su marido; Beth (Stewart), una joven licenciada en Derecho que conduce cuatro horas todas las semanas para dar clases en un pueblo remoto, donde se hace amiga de la cuidadora de caballos de un rancho cercano (Gladstone), nuestra cuarta mujer, quien desarrolla una fuerte atracción por la visitante.

Mientras Mills utiliza con mucho éxito el humor, la poesía visual, la música y la nostalgia para llevar a cabo su retrato femenino colectivo en Mujeres del siglo XX, Reichardt opta por una mirada más fría y distante en Certain Women, en la que sus mujeres brillan de forma natural opuestas al entorno árido y deprimente en el que les ha tocado vivir. Aunque Dern y Williams cumplan como de costumbre, son Stewart y, sobre todo, la desconocida Gladstone las auténticas revelaciones del film (si es que a estas alturas podemos seguir calificando con ese apelativo a Stewart, muy consagrada ya como musa del cine indie), protagonistas de una preciosa historia de enamoramiento contada en el contexto de la soledad más acuciante con la sutilidad y la aspereza que caracteriza a la cineasta.

Mujeres del siglo XXCertain Women son perfectos ejemplos de cine de mujeres y hecho por mujeres para todo el mundo, y ya están disponibles en formato DVD de forma exclusiva en los puntos de venta físicos y online de fnac.

Crítica: The Neon Demon

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– Vogue, Vanity Fair y Nylon, decidme una cosa: ¿qué mujer de este reino es la más hermosa?
– Muy admirada es su belleza, majestad. Pero, ¡oh!, hay una joven que es más bella. Sus ojos tienen algo especial: la limpieza de un alma pura. El alimento preferido de los dioses caníbales del papel cuché. ¡Majestad, exigimos un sacrificio de sangre! El diablo de neón necesita saciar su apetito.

The Neon Demon es la nueva polémica cinematográfica de Nicolas Winding Refn (o NWR como a él le gusta aparecer). Al acercarse a este director, no se puede hablar de simples películas u obras artísticas, sino de polémicas. Maestro de la violencia estilizada que sorprendió con la (sobrevalorada) Bronson (con un Tom Hardy ultradesbocado), encandiló a crítica y público con las desventuras de un silencioso conductor de Uber (Drive) y horrorizó a los mismos que le aplaudieron (salvo al que aquí escribe, que le parece su film más consistente) con su siguiente obra, Solo Dios perdona, se presenta una vez más ante el espectador con una propuesta aún más arriesgada. Aunque sobre el papel, la premisa de The Neon Demon parezca la más anodina de su repertorio, esta es su película más marciana hasta la fecha. Ensoñaciones al más puro estilo Jodorowsky, puestas de escena 100% Argento y un tono excesivo a medio camino entre los universos de Gloria Swanson y Cristal Connors.

Jesse es una adolescente que pisa Los Ángeles con la esperanza de ver cumplido su sueño: ser la nueva Gigi Hadid. Jesse es una más entre las miles de aspirantes a ser un ángel de Victoria’s Secret. Jesse es una más entre las miles de aspirantes a ser un maniquí de primera. Jesse es una más entre las miles de aspirantes que viven en un hostal de mala muerte, de esos donde ocurren los crímenes en las películas. Pero realmente Jesse no es una más entre las miles de aspirantes. Ella tiene algo. Ese no sé qué que lo cambia todo. Si nos ponemos ténicos, Jesse está hecha de la materia de la que están hechos los sueños. Su presencia lo llena todo, nadie puede apartar su mirada de su figura… y solo tiene 16 años. Ruborícense. Ella es la Lolita definitiva. El sumun de la sexualización de la infancia. La perdición con piernas infinitas. Tal es su magnetismo y belleza, que las demás brujas no pueden sino acercarse a ella y bailar a su alrededor.

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La Jesse de NWR es Elle Fanning. Una mujer que vivió su transición a la vida adulta durante el proceso de creación de The Neon Demon. Desde los 16 años con que comenzó el rodaje a los 18 con los que fue abucheada junto a sus compañeros de reparto en Cannes. Fanning logra transmitir a la perfección la falsa inocencia de Jesse, siendo esta su mejor interpretación hasta la fecha. Fanning-Jesse domina su mundo, o por lo menos cree dominarlo. Ella(s) es consciente del poder de la belleza, de su belleza. The Neon Demon no es el típico cuento de joven inocente devorada por una industria despiadada. The Neon Demon es la fábula terrorífica de una millennial sobradamente preparada que es devorada por una industria despiadada.

Las amigas/enemigas de Jesse son tres mujeres del mundo de la moda. Una maquilladora profesional, una top-model en alza y una it-girl que conoció tiempos mejores. Estas tres mujeres forman un aquelarre haute couture que pretende conseguir detener el tiempo. Un presente infinito en el que la belleza se expande, la edad no existe y la virginidad se regenera tras cada penetración. Bella Heathcote (Orgullo + prejuicio + zombies), la supermodelo Abbey Lee y Jena Malone (Donnie Darko, saga Los juegos del hambre) interpretan a estas brujas del siglo XXI. Las caras de palo y la desgana vitriólica de Heathcote y Lee son el retrato perfecto de la generación actual, la de tantos likes tienes, tanto vales. La ironía y el sarcasmo virginal de la generación X ha dejado paso a la desidia sexualmente asexuada de los millennials más evolucionados. Ellas buscan que la belleza sea absoluta, pero no hay que confundirse ante esta afirmación, lo que ellas persiguen realmente es que su belleza, la de ellas mismas, sea absoluta e indiscutible. La bruja Malone es una mujer mayor, ya que en Hollywood, los treinta son los nuevos cincuenta. Malone es la bruja Suprema, la que mueve todos los hilos. Ella aspira a recuperar la pureza del amor y el sexo. Como si el sangrado producto de un himen quebrado tuviese efectos rejuvenecedores.

NWR construye su propio High-Rise en las salas de casting, los baños de las discotecas y las mansiones acristaladas. Pero esta cinta no es una crítica a la sociedad actual como sí lo son distopías como Snowpiercer o la citada obra de Ben WheatleyNWR prefiere recrearse en lo estético antes que en la denuncia, como buen hijo daltónico del cinéma du look que es. Al igual que sus obras anteriores, The Neon Demon es una orgía visual. Desde el neón del título a la oscuridad sin fondo de la habitación de Jesse, la belleza visual del film es incontestable. El feísmo no tiene cabida, realmente en sus momentos más truculentos, es cuando The Neon Demon alcanza sus momentos más arrebatadoramente bellos. Como es habitual, Cliff Martinez se encarga de ambientar a la perfección la siniestra y agobiante hermosura del film. La sorpresa llega en los títulos de crédito, cuando una cantante pop de renombre toma protagonismo: Sia. Su ‘Waving Goodbye’ junto a Diplo es un tema(zo) pop que descoloca, especialmente por el cariz turbio del tramo final del film.

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Aunque como buen genio/niñato no quiera admitir sus hurtos, la cinta de NWR rebosa de influencias cinematográficas y es gracias a esa mezcolanza que roza el pastiche que logra conectar mejor con los espectadores, ya que The Neon Demon no es un film sobre la moda real, sino sobre la imagen que tenemos de la moda y la belleza a través del cine. Las ensoñaciones psicomágicas a lo Alejandro Jodorowsky (que aparece una vez más en los agradecimientos finales), el sinsentido lógico lynchiano (la recepción y asentamiento de Jesse recuerda al de Betty en Mulholland Drive), el mundo aséptico de Cronenberg (tanto a David como al Antiviral de Brandon), algún recurso estilístico cercano a Gaspar Noé (tampoco es la primera vez)… y cierto mamarrachismo (buscado o no) con ecos de Verhoeven (“Siempre hay alguien más joven y hambriento bajando la escalera detrás de ti” podría haber sido la frase promocional de The Neon Demon.

¿Es The Neon Demon una mierda sin terminar o una obra maestra? ¿Es NWR un idiota supremo o el mesías ansiado? The Neon Demon es una obra maestra de mierda realizada por un genio cinematográfico que se cree el mesías ansiado y que está hecha para sacarnos de nuestras casillas. Que NWR se vuelva cada vez más raruno (jodorowskyano sería el término más correcto) es algo que se debe agradecer y, por qué no decirlo, rendir culto… o un buen sabbat.

David Lastra

Nota: ★★★★½

Crítica: Trumbo

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Texto escrito por David Lastra

Hay momentos para la lucha y momentos para el arte, pero a lo largo de la historia hemos comprobado con creces que esa diferenciación no es tan clara y que el arte ha sido utilizado como arma para la lucha política en infinidad de ocasiones. Uno de los mejores y más claros ejemplos de esa hibridación lo tenemos a unos pocos kilómetros (a un par de paradas de metro o un puente aéreo, dependiendo desde donde estés leyendo este texto), en el Museo Reina Sofía. El Guernica de Picasso no solo capta como ningún otro documento el horror de la Guerra Civil española, sino que debido a su fiereza descarnada hace que ese espanto sea fácilmente extrapolable a otros conflictos. Esa universalidad convierte al Guernica en la mejor definición gráfica de los horrores de la guerra y en el arma política de concienciación social definitiva. ¿Casualidad? No, Picasso creía en que el arte no se debía concebir con una finalidad puramente hedonista, sino que debía tener una finalidad combativa, que conectase al artista con su vertiente activista. En la actualidad, Banksy y Ai Weiwei recogen ese testigo rebelde desde un punto de vista más callejero y más tocapelotas, respectivamente. La utilización del arte como arma política es, valga la redundancia, un arte en sí mismo, con una fuerza que es capaz de mover masas. Por esa razón, los gobiernos (sin importar tendencia ideológica) se han preocupado sobremanera en fomentar y, especialmente, controlar el arte que se lleva a cabo en sus territorios a través de diferentes acciones, ya sea a través de galardones, subvenciones o directamente censura. Para el gobierno, el arte es algo muy poderoso, y por ello es necesario que existan una serie de figuras que filtren lo que le llega al pueblo. Habrá quien afirme que ese tipo de organismos y acciones no tienen cabida en este nuestro gran país, pero en la cabeza de todos siguen resonando palabras como mordaza. De acuerdo, España ya no es una dictadura, ni tampoco la Inquisición campa a sus anchas, pero la realidad dista de ser tan ideal como se pinta y sin entrar a hablar de temas como LGTBfobia o machismo porque ya sí que no hablaríamos en ningún momento de Trumbo, la verdadera razón de la existencia de toda la perorata anterior.

La caza de brujas lleva a cabo por el senador Joseph McCarthy en Estados Unidos durante una década es un claro ejemplo de cómo un gobierno pretende controlar la industria cultural de su propio país. Trumbo se acerca a la figura más reconocible de los llamados Diez de Hollywood, una decena de hombres relacionados con la industria cinematográfica que fueron vapuleados y apartados de su labor profesional por su condición de demonios comunistas. Lejos de dejarse achantar, estos Diez rojos se enfrentaron al sinsentido de incriminaciones falsas y demás chorradas provenientes del Comité de Actividades Antiamericanas, llegando a ser acusados de desacato, crimen por el que Dalton Trumbo terminó cumpliendo condena de un año de cárcel. Puede que la elección de Jay Roach a la hora de plasmar el infierno que vivieron tanto Trumbo como sus camaradas (una palabra que como muy bien expuso Chaplin en su deposición ante el Comité, no es exclusiva de los comunistas) suene arriesgada, ya que Roach saltó a la palestra gracias a sagas como Austin Powers o Los padres de ella, pero no debemos olvidar que también está detrás de una de las mejores cintas políticas de la década: Game Change, película de HBO sobre la figura de Sarah Palin. Al igual que en su laureado telefilm, Roach sabe conjugar en Trumbo su base como director de comedia con su activismo personal. No olvidemos que además de Game Change, Roach ya se acercó a temas políticos con El recuento (sobre los recuentos de Florida que colocaron a George W. Bush en la Casa Blanca), En campaña todo vale (sátira política con Will Ferrell y Zach Galifianakis) o el piloto de The Brink (serie cómica de HBO cancelada sobre una supuesta crisis internacional en Pakistán). Roach muestra lo ridícula que es esta caza de brujas, aportando numerosos momentos de humor, especialmente gracias a las pullas del propio Trumbo (interpretado como no podía ser de otra manera por Bryan Cranston) o por el humor directo y físico de Frank King (grande John Goodman), pero no se olvida de las fatales consecuencias que tuvieron esas acusaciones: pérdida de empleos, familias resquebrajadas, escarnio público, penas de cárcel, depresiones y hasta suicidios.

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Roach expone lo absurdo de la cuestión, no el absurdo estúpido de los Fockers, sino el absurdo del ser humano. Un absurdo que bien utilizado puede provocar tanto carcajadas como escalofríos. Puede que a media película sientas que estás en una suerte de Ocean’s Eleven, con todos los personajes toreando al sistema, trabajando con seudónimos y ganando Oscars, pero Trumbo no pierde de vista esa realidad de la que hablábamos. La hostia de realidad se personifica en Arlen Hird, personaje ficticio que es un contubernio de los otros Diez de Hollywood y que sirve como contraposición realista (y violenta) al ego de Trumbo. El personaje interpretado por Louis C.K. recuerda en todo momento que la lucha es algo muy serio, que la finalidad de todo no es el reconocimiento individual, sino la justicia social. El conflicto se completa con el choque entre Trumbo y su mujer Cleo (Diane Lane), en la que la desmesurada personalidad del artista vuelve a hacer acto de presencia, una contienda que Roach plantea de un modo demasiado convencional que no perjudica el resultado final del film gracias a la buena labor de ambos actores, y ayuda a mostrarnos los aspectos ególatras y oscuros del guionista. Cranston es la elección perfecta para un personaje tan carismático y complicado como Dalton Trumbo. A pesar de cierto exceso de mohines especialmente en las primeras escenas de su personaje, Cranston compone una interpretación hecha por y para recibir premios creando una verdadera correspondencia entre su Trumbo y el Trumbo real. Una pena que este fuese el año de recompensar a Leonardo DiCaprio con un premio a toda su carrera.

El lastre de la película es cierto tufillo a telefilm lujoso, producto de ciertas decisiones en el montaje, un ritmo no muy cinematográfico y la presencia de mil y un rostros televisivos en su reparto. Además de los citados Cranston, Goodman y Louie, tenemos a Alan Tudyk (Firefly) como Ian McLellan Hunter (camarada guionista que firmó Vacaciones en Roma al no poder hacerlo Trumbo), Dean O’Gorman (El joven Hércules) como Kirk Douglas, David James Elliott (JAG. Alerta roja, Mad Men) como John Wayne o Michael Stuhlbarg (Boardwalk Empire) como Edward G. Robinson, entre otros. Completan el reparto dos damas bastante reconocibles: Helen Mirren y Elle Fanning. Mirren se encarga de uno de los personajes más apetitosos: Hedda Hopper. La Dama comendadora de la Orden del Imperio Británico opta por el histrionismo más desbocado a la hora de dar vida a esta suerte de Pérez Hilton de la época, capaz de hundir cualquier reputación desde su columna de opinión (más o menos el poder que tiene esta página). Es una pena que su personaje no tenga más escenas en Trumbo, Hopper es uno de los grandes villanos del film (junto a McCarthy y el propio John Wayne) y su personaje no llega a desarrollarse como merece, quedando bastante deslavazado y caricaturesco. No sería mala idea un biopic del áspid de las letras protagonizado por la propia Mirren. En el otro extremo de intensidad interpretativa tenemos a Elle Fanning, que se encarga de poner rostro a la hija mayor de Trumbo en la última etapa del film. La mejor actriz de la saga Fanning se recrea en su laciedad para componer una adolescente creíble, que admira y choca con las ambiciones de su padre, consiguiendo ser de lo más destacable en materia interpretativa del film.

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Dalton Trumbo puede gritar aquello de “¡Yo soy Espartaco!” con todas las de la ley. No solo porque él firmó la adaptación cinematográfica de la novela de Howard Fast para Stanley Kubrick, sino porque también luchó contra el ingrato e injusto sistema establecido y contra la estupidez humana. Sirva esta Trumbo como una bonita manera recoger su contienda. Una cinta notable y muy adictiva que hace que queramos saber más del caso original y que nos alienta a ser no ser tan conformistas como somos en nuestro día a día, porque “Everyone’s a hero in their own way”.

Nota: ★★★½

Crítica: Los Boxtrolls

Boxtrolls

Texto escrito por Daniel Andréu

Hemos llegado a un punto en el cine de animación en el que las películas realizadas por ordenador y en 3D cada vez consiguen parecer más reales, dando a veces la sensación de que se está viendo una película en la que los personajes están ahí de verdad y podemos tocarlos. Por eso cuando llega una realizada mediante la técnica tradicional del stop-motion, en la que los personajes realmente están ahí, uno espera encontrarse con algo totalmente distinto también desde el punto de vista narrativo, cuando no suele ser así. Es el caso de lo nuevo del Estudio Laika, Los Boxtrolls (Graham Annable y Anthony Stacchi), que cuenta la historia de un bebé adoptado y criado por unos adorables monstruitos que viven metidos en cajas en su mundo bajo el subsuelo. La película no esconde ningún secreto ni se complica más allá de esta premisa de cuento infantil, sin embargo, con ella los responsables de Coraline y ParaNorman logran un nuevo prodigio técnico en el arte de esta técnica de animación.

Como decía, y no es por restarle mérito al loable trabajo artesano del estudio, Los Boxtrolls no ofrece nada que no nos hayan dado ya el resto de películas stop-motion recientes, es decir, un apartado artístico inmejorable: La ciudad levantada para ambientar este cuento consigue tener entidad propia, contribuyendo a la sensación de locura y desorden que reina en el largometraje. El diseño, tanto de esa ciudad como de los personajes, es correcto y coherente, realizado con una mezcla de feísmo grotesco, estilo victoriano y con bastantes dosis de steampunk

Los que deberían ser los absolutos protagonistas de la película, los boxtrolls (esa especie de Raving Rabbids de época), dan muchísimo juego, pero están algo desaprovechados a favor de lo que es el principal lastre de la película, el arco narrativo central. La historia del “Mowgli” que vuelve al mundo “real” se ha contado demasiadas veces y en este caso se le da un peso excesivo, llegando el filme tener un tramo central en el que casi no hay rastro de las adorables criaturas. Por suerte hay también otros Boxtrolls cartelpersonajes que merecen la pena, como el rastrero villano deseoso de poder, o Lord Portley-Rind obsesionado con el queso hasta la alienación, y sobre todo los esbirros de ese villano, que hacen unas reflexiones sorprendentemente interesantes sobre la dualidad del bien y del mal. A estos personajes les debemos además una de las mejores escenas post-créditos que he visto nunca, tan sencilla como genial, y de la que no desvelaré nada porque merece la pena descubrirla. Otro aspecto interesante que introduce el lord de una forma intrigante en la película es la homosexualidad (algo que no pillará de nuevas a los que vieron ParaNorman), aspecto del personaje que, lejos de quedar en mera anécdota, entronca directamente con una de las moralejas de la película: “hay que salir de la caja y ser uno mismo”.

Los Boxtrolls deja entrever unos cuantos referentes perfectamente integrados en el conjunto, de manera que no resultan toscos y evidentes, como suele ocurrir en el cine infantil reciente. Además de la citada influencia steampunk, o de las reminiscencias a los Rabbids, comparte algunos aspectos estéticos con otra serie de videojuegos, la saga del Profesor Layton. No podemos pasar por alto tampoco la canción de los boxtrolls, escrita por el Monty Python Eric Idle, ese “¡EXTERMINAR!” tan dalekiano, el arma definitiva del malo de la película que es como un hijo del Castillo Ambulante de Miyazaki, o ese momento en el que el inventor aparece montado en un vehículo y parece literalmente una versión en 3D del Profesor Locovich de los Autos Locos.

Por último, el buen trabajo de un doblaje profesional en la versión española, sin invitados famosetes, consigue que duela menos no disfrutar en el cine de la versión inglesa, que cuenta con nombres como Ben Kingsley, Richard Ayoade o Elle Fanning entre muchos otros.

Los Boxtrolls merece la pena aunque sea solo por su presentación y desenlace. Si bien cuenta con una parte central irregular, el tramo final consigue remontar el vuelo a lo grande, transformando la película en una locura frenética y extremadamente divertida, a lo que contribuye la conclusión que se le da al personaje malvado, que no puede ser más épica, incluso grotesca y violenta. A pesar de no suponer ninguna revolución, Los Boxtrolls es una auténtica delicia de visionado obligatorio para niños y aficionados al género, cuyo espíritu confiamos en que permanezca vivo en la industria del cine gracias a futuros proyectos de Laika.

Valoración: ★★★★