Agents of SHIELD es cada vez mejor y tú sigues perdiéndotelo

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La cadena ABC ha renovado recientemente Agents of SHIELD para la que será su quinta temporada. El camino hasta aquí ha sido pedregoso, principalmente debido a unos índices de audiencia en directo que no han dejado de caer en las temporadas más recientes. La cuarta, que acaba de tocar a su fin, vio cómo la serie de Marvel alcanzaba su mínimo histórico, a causa en parte de su salto a la franja horaria de las 22:00h, que se suele traducir en una audiencia más adulta y reducida. Aun enfrentándose a estas dificultades, Agents of SHIELD se las ha arreglado para ir subiendo el listón capítulo a capítulo y temporada a temporada. Pero tristemente, la audiencia le está dando la espalda. Si supieran lo que se están perdiendo…

A estas alturas, la historia de SHIELD se ha complicado y ramificado de tal manera que es difícil que la audiencia que dejó la serie tras la primera temporada (o la que no se ha animado a verla, por la razón que sea) se reenganche para disfrutar de su versión más asentada y madura. También es comprensible. SHIELD comenzaba con misiones episódicas que no ofrecían demasiados alicientes para continuar, y para cuando la historia se serializó y empezó lo bueno, la gente ya había desconectado. A partir de la segunda temporada, SHIELD experimentó una tendencia al alza en la calidad de sus guiones, más comprometidos, emocionales y oscuros, con énfasis en los arcos de personajes y sus relaciones, y un reparto coral cada vez más compenetrado. Sus showrunners, Maurissa Tancharoen y Jed Whedon, nos regalaban season y midseason finales que nos dejaban sin aliento, episodios monumentales como “4722” (3×05), y tramas que se encadenaban para dar lugar a una de la series más ajetreadas y temáticamente ricas que hay actualmente en pantallaAgents of SHIELD empezó como una serie de misiones sin demasiado calado en el esquema global y se ha convertido en un drama sin un solo minuto de relleno en el que tenemos la sensación de que todo puede desmoronarse en cualquier momento.

Y así llegamos a su magnífica cuarta temporada. Tras un inicio titubeante, la serie pronto recuperó el cauce para hacer lo que mejor se da: marcarse un objetivo (o varios) y llegar hasta él haciendo el camino lo más interesante y convulso posible. El cambio de horario facilitó que la serie explorase temas más truculentos y pusiera a sus personajes en situaciones más dramáticas, y aunque esto resultó en cierta confusión tonal, no tardó en estabilizarse para darnos la temporada más centrada hasta la fecha. Siguiendo el formato clásico de los cómics de superhéroes, la cuarta temporada se ha dividido en tres arcos diferenciados que se han desarrollado como si fueran tres mini-series distintas en una. La primera lidiaba con la llegada del Motorista Fantasma (Gabriel Luna), la segunda con la creación de los LMD (seres de inteligencia artificial conocidos como Life Model Decoy), que concluía con el mejor capítulo hasta la fecha, “Self Control” (4.15), y la tercera, Agents of Hydra, se construía siguiendo la tradición tan comiquera del what if o universo alternativo, con la mayoría de nuestros agentes viviendo en el Framework, una distopía trumpiana donde Hydra ocupa el poder, Fitz es un líder totalitario y nuestros héroes no son conscientes de que sus cuerpos yacen dormidos en el mundo real, conectados a través de una máquina a esta simulación cibernética creada por Holden Radcliffe (John Hannah).

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Esta última trama es la que ha llevado a SHIELD a un nuevo nivel, y la que nos ha deleitado con la que es la villana más carismática y compleja de lo que llevamos de serie (y de las más notables del Universo Cinemático Marvel en general), Aida, interpretada por la excelente Mallory Jansen (Galavant). Whedon y Tancharoen han sabido sacar el máximo partido al personaje, utilizándolo para darnos las secuencias de acción más contundentes hasta la fecha y poner a los agentes, su mundo y sus relaciones en jaque. Los más damnificados por Aida han sido Fitz y Simmons, dos personajes que cuando pasan a primer plano hacen que la serie sea incluso mejor (Iain de Caestecker y Elizabeth Henstridge son los intérpretes más aventajados de la serie, con diferencia). Pero la trama de Aida ha dado mucho de sí en todos los frentes y ha salpicado a todos los personajes, complicando sus relaciones (para mal y para bien, que ahí está Philinda por fin) y sacudiendo los cimientos de su mundo. La última tanda de episodios de este año ha sido simplemente espectacular. En ella se han sucedido los giros y las sorpresas sin descanso, y han convergido los tres arcos de la temporada para confirmarnos una vez más que esta serie siempre tiene claro hacia dónde se dirige (cosa que no se puede decir de muchas otras series) y despedirse con una season finale que cierra frentes de manera satisfactoria, a la vez que abre otros muy interesantes y llenos de posibilidades para el año que viene.

La ejemplar evolución de Agents of SHIELD ha creado en muchos de sus espectadores (quien esto escribe incluido) la necesidad de recomendarla una y otra vez a los escépticos, de reivindicarla como una de las series de temática superheroica más sólidas actualmente en antena (yo me atrevo a decir que la mejor de Marvel, y me quedo tan ancho) y uno de los dramas de personajes más gratificantes de la televisión en abierto. Whedon y Tancharoen han dado con el equilibrio perfecto entre humor, acción y emoción para conectar con su audiencia, para que esta se involucre a nivel personal con sus personajes y haga que pesados como yo sigamos insistiendo en deciros que Agents of SHIELD es una de las mejores series que no estáis viendo.

Agents of S.H.I.E.L.D. Ghost Rider: Cambio de identidad

Empieza oficialmente el otoño, y ¿qué quiere decir eso? Que nos enfrentamos un año más a un nuevo aluvión de estrenos televisivos y al regreso de nuestras series favoritas. Desde hace un tiempo, mi serie más esperada al volver de las vacaciones ha sido Agents of SHIELD La ficción de ABC y Marvel Television no es ni de lejos una de las mejores actualmente en antena, pero sí es una de las que más me hace sentir en casa cuando la veo. Como suelo decir, es mi lugar feliz, esos cuarenta minutos a la semana que, sean mejores o peores, siempre me reconfortan. Por eso, el estreno de la cuarta temporada de la serie creada por Joss Whedon se me ha hecho raro. Ha sido como volver al hogar y verlo completamente cambiado. Más desorganizado, más extraño, y sobre todo más oscuro.

Esto tiene un motivo. En su cuarta temporada, Agents of SHIELD se muda a un nuevo horario en su emisión original en Estados Unidos. De los martes (el día maldito para la cadena) las 21:00h al mismo día a las 22:00h. Puede que una hora de diferencia no suene demasiado importante, pero lo es. Las 10 pm es la hora del prime time estadounidense en la que las cadenas generalistas se permiten subir el tono de sus programas y orientarlas a un público más adulto. Después del éxito de crítica y público de Daredevil Jessica Jones en Netflix, los ejecutivos de ABC y Marvel han debido pensar que quizá acercar SHIELD al tono de ambas sería una buena jugada. Pero de momento solo es desconcertante.

La season premiere de la cuarta temporada se titula “The Ghost”, principalmente en referencia a la flamante nueva incorporación a la serie, Robbie Reyes, aka Ghost Rider (en español el Motorista Fantasma, aunque en esta ocasión conduzca un coche). La aparición de este popular personaje de Marvel Comics (en su versión más moderna, dejando atrás al clásico Johnny Blaze) ha causado expectación, pero también dudas. A priori y después de ver el episodio, no parece que este anti-héroe encaje en el estilo y las tramas de la serie tal y como la conocíamos. Pero es que, como decía, SHIELD vuelve cambiada, con una actitud más atrevida que en un principio debería acomodar mejor al justiciero de la calavera en llamas.

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Sin embargo, el cambio no ha sido gradual, sino más bien forzado. Da la sensación de que Maurissa Tancharoen y Jed Whedon, los showrunners de la serie y guionistas del episodio, han visto el cambio de horario como una imposición, y en lugar de dejar que la transformación fluya de forma natural, han metido con calzador los nuevos ajustes: referencias casuales al consumo recreativo de drogas, un plano explotador del trasero de Chloe Bennet en ropa interior, una escena de seducción de más alto voltaje de lo normal entre Mack y Yo-Yo, violencia más gráfica y sangrienta… No es que yo me escandalice con tan poco, ni que la serie se haya convertido en Preacher, pero estos pequeños (grandes) detalles desvirtúan en cierta manera la esencia e identidad de la serie. Mi consejo como humilde espectador a Whedon y Tancharoen es: Que puedas, no quiere decir que debas. Pero eh, puede que sea cosa mía, y puede que esta nueva actitud acabe cuajando. No seré yo quien se cierre a lo que SHIELD me quiera proponer, que para eso me ha demostrado que hasta ahora ha sabido lo que estaba haciendo en todo momento. Además, los actores parecen cómodos con el cambio, paradójicamente se les ve más naturales y relajados (sobre todo a Clark Gregg), así que habrá que intentar seguirles el rollo.

Pero los problemas de “The Ghost” no acaban ahí. En general, el episodio ha sido algo confuso y abarrotado. El “fantasma” del título no solo se refiere a Robbie Reyes, sino también a Daisy Johnson, que después de los acontecimientos de la tercera temporada es una fugitiva y está atravesando una fase emo. Nuestra querida Quake es una heroína, y sabemos que es buena por naturaleza, por eso resulta tan raro verla de esta guisa y con esta actitud macarra, que chirría mucho con el personaje. No nos cabe duda de que es temporal, que su camino de redención tendrá una meta y recuperaremos a la Daisy de siempre (o incluso a una versión mejorada), pero por ahora choca bastante, y no en el buen sentido. La trama de Daisy para esta primera parte de la temporada está ligada a la de Reyes, al que ya hemos conocido en el primer capítulo. Los efectos digitales para dar vida a su alter-ego demoníaco son excelentes y Gabriel Luna parece buen actor, pero el personaje por ahora es una especie de Punisher de saldo. Veamos cómo se desarrolla.

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Por lo demás, “The Ghost” presenta un nuevo status quo dentro de S.H.I.E.L.D. Phil Coulson deja de ser director de la agencia para volver a ser simplemente el Agente Coulson, existe una nueva jerarquía y sistema de seguridad (por colores), donde, sorprendentemente, Jemma Simmons tiene mayor rango que Melinda May. Mientras, Fitz tiene más recursos a su disposición y sus investigaciones dan mayor peso a uno de los temas que la serie pretende explorar este año: la inteligencia artificial. Esta trama conlleva el regreso de Holden Radcliffe (John Hannah) y la incorporación de un nuevo personaje, Aida, IA súper realista interpretada por Mallory Jansen (Galavant). Whedon y Tancharoen han prometido profundizar en los dilemas morales que conlleva la creación de un humano sintético, y a juzgar por la presentación de Aida, esto incluirá un factor sexual. Espero que sepan tratarlo y no se les vaya de las manos.

El salto de tiempo y la cantidad de tramas abiertas hace que reine el caos en este inicio de temporada, pero quizá deberíamos tomarnos “The Ghost” como un piloto en sí mismo y darle un poco de tiempo para que la serie se vuelva a enderezar y encuentre otra vez su voz en este nuevo emplazamiento. Al fin y al cabo, SHIELD siempre ha sido esclava del gran plan, y en lugar de hundirse ante las imposiciones (de la cadena, de Marvel, del discurrir narrativo del UCM), ha sabido usarlas en su beneficio, encauzar todas sus tramas de forma admirable y erigirse como un producto digno y satisfactorio por méritos propios. A pesar del desconcierto inicial, nada indica que esta vez no vaya a pasar lo mismo.

[Review] Agents of S.H.I.E.L.D. – “4,722 Hours” (3×05)

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Cuándo has crecido ya, Agents of S.H.I.E.L.D. La primera serie del UCM nació para desempeñar un papel más bien publicitario, para matar el tiempo entre estrenos cinematográficos de Marvel, a los que estuvo completamente supeditada durante su primera temporada. Al menos hasta que la organización desapareció tras los acontecimientos de Capitán América: El soldado de invierno. Desde entonces, SHIELD ha sido más libre para evolucionar a su propio ritmo, a su manera, encontrando con el tiempo la forma de utilizar las películas en beneficio propio. Paradójicamente, es desde la introducción de la mitología de los Inhumanos (desarrollada para servir como antesala al estreno de la película de 2019) cuando SHIELD ha ganado más entidad, personalidad y seguridad en sí misma, algo que hemos notado mucho en sus personajes, cada vez más definidos e interesantes. Su segunda temporada ya supuso un enorme salto de calidad con respecto a la primera, y la tercera no podía haber empezado de forma más contundente. Al principio, SHIELD tenía que estirar sus tramas y retrasar las sorpresas para rellenar una temporada, hoy en día cuarenta minutos a la semana no son suficientes para todo lo que tiene montado.

SHIELD está tan asentada que ya se ha permitido hacer un episodio “high-concept” (al más puro estilo whedoniano), un capítulo autoconclusivo que se diferencia (en estructura y estética) del resto de la serie, y se centra casi exclusivamente en un solo personaje: Jemma Simmons (Elizabeth Henstringe). Desde el infartante final de la segunda temporada (probablemente el mejor capítulo de la serie hasta el que hoy nos ocupa), el mayor enigma de SHIELD ha sido la suerte de Simmons tras ser tragada por el monolito. Con el regreso de la científica, rescatada por Fitz en el emocionante “Purpose in the Machine” (3×02), obteníamos los primeros datos sobre su odisea: Jemma había estado en lo que parecía ser un lejano e inhóspito planeta, y al igual que Jack Shephard al final de la tercera temporada de Lost, “tenía que volver” allí por alguna razón. Si el misterio ya nos tenía enganchados, con esta revelación nos atrapaba sin salida. Tuvimos que esperar varias semanas, pero SHIELD por fin nos dio lo que necesitábamos, un capítulo flashback que nos mostraba el calvario de Simmons durante las “4.722 horas” que permaneció varada en el espacio.

“4,722” resulta más que oportuno por su parecido con el reciente estreno Marte (The Martian). Como Matt Damon en la película de Ridley Scott, Simmons se encuentra en un planeta desierto y debe arreglárselas para sobrevivir mientras espera que en la Tierra averigüen la manera de rescatarla. Pero resulta que la británica no está sola. Después de aguantar más de cien horas sin sol, en las que se enfrenta al ataque de un organismo extraterrestre (con el que luego hace una barbacoa) y apenas sale viva de una tormenta de arena, Simmons acaba en la jaula de un náufrago espacial, Will (Dillon Casey, al que ya fichamos en Nikita), un apuesto astronauta que lleva 14 años perdido en ese justo punto geográfico del hostil planeta (¡toma teoría de la probabilidad!). Entonces “4,722 Hours” adquiere tintes bíblicos. Will explica a Jemma que antes de ser un árido desierto en penumbra azul (qué maravilla de fotografía), el lugar en el que se encuentran era el Paraíso, un Edén destruido por una presencia maligna que sigue acechando entre la arena y quiere acabar con nuestros particulares Adán y Eva. Ambos trabajan juntos para sobrevivir y hallar la manera de regresar a casa (Jemma y su mente maravillosa hacen la mayor parte del trabajo cogiendo a la ciencia por los huevos), y cómo no, la chispa surge entre los dos. Simmons sigue conectada a Fitz en todo momento, graba un diario para su “mejor amigo“, le da las buenas noches antes de acostarse, y le deja a claro a Will lo importante que es para ella, y que ella es para él. Pero la carne es débil, el roce hace el cariño, y Will es imposiblemente guapo, aguerrido y honesto (porque no habría historia si el astronauta fuera gordo, calvo y mala persona). Así que lo que tenía que pasar, pasa.

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De esta manera, la dinámica entre Simmons y Fitz (que son el saco de boxeo oficial de la serie, mis pobres, que no les dan tregua y no hacen más que sufrir) se complica con un tercero en discordia. Hasta ahora, Leo y Jemma habían estado semi-cómodos en sus “friend zones” (porque yo no creo que Fitz sea el único atascado allí, es cosa de ambos), pero la experiencia de Jemma con Will obligará (esperamos) a ambos agentes a salir de ahí para enfrentarse abiertamente a sus sentimientos. Es una forma genial, si bien ligeramente cruel, de agitar la relación y ponerla a prueba. Sorprendentemente (o no), Fitz reacciona a la revelación de Jemma con serenidad y entereza, ofreciéndose a ayudarla para rescatar a Will. Ese es nuestro Fitz.

Así es como SHIELD añade capas a la ecuación FitzSimmons, con un episodio magnífico que nos da un respiro de Inhumanos, Hydra y ATCU para centrarse exclusivamente en la mejor relación de la serie. Después de que Iain De Caestecker nos conmoviera con su desgarradora interpretación en el estreno de la temporada (“Do something!”), le toca lucirse a Elisabeth Henstridge, que aguanta estoicamente el peso físico y emocional de un episodio exigente para la actriz y decisivo para la serie. Si obviamos los agujeros y algunos trucos demasiado evidentes para facilitar el avance de la trama (principalmente esa batería infinita, convenientemente tuneada por Fitz antes de la desaparición de Jemma), “4,722 Hours” es un episodio redondo y apasionante, una mini-película sci-fi que funciona como unidad narrativa independiente a la vez que desencadena importantes ramificaciones para la serie (estamos deseando ver la inevitable segunda parte) y expande su historia hacia la galaxia de forma oficial. En definitiva, la prueba de que Agents of S.H.I.E.L.D. se encuentra actualmente en la cima de su creatividad.