El hijo (Brightburn): La maldición de Superman

El mito de Superman está profundamente arraigado en la cultura, trascendiendo desde su creación en los años 30 el ámbito de los cómics para instalarse en la sociedad y el imaginario colectivo. Aunque no practiquemos la fe cristiana, todos conocemos la historia de Jesucristo, de la misma manera que, seamos o no aficionados a los tebeos, todos estamos perfectamente familiarizados con la (análoga) leyenda del héroe de Krypton.

Actualmente, los superhéroes dominan la cultura mainstream y las películas basadas en los cómics de Marvel y DC arrasan en taquilla (con pocas excepciones). Su éxito continuado ha provocado una homogeneización del blockbuster que ha llevado a algunos creadores a buscar nuevas perspectivas desde las que presentar a los superhéroes, y a su vez, a un sector del público a buscar relecturas que aporten variedad y frescura al género.

Esta es exactamente la motivación detrás de El hijo (Brightburn), película de David Yarovesky (The Hive) que plantea qué pasaría si, en lugar de aprovechar sus poderes para hacer el bien y proteger a la humanidad, el visitante de Krypton se convirtiera en un supervillano sanguinario y despiadado. Brian Gunn y Mark Gunn, hermanos de James Gunn, son los encargados de reescribir la historia de Clark Kent, mientras que el director de Guardianes de la Galaxia los respalda desde la producción ejecutiva.

El hijo nos lleva de nuevo a Kansas, donde conocemos a Tori (Elizabeth Banks) y Kyle (David Denman), un joven matrimonio que ve cumplido su deseo de ser padres con la misteriosa llegada a su granja de un bebé de otro planeta. La pareja decide ocultar su origen extraterrestre y criarlo como su fuera suyo. Bautizado como Brandon, el niño crece mostrando indicios de gran inteligencia e inquietud por el mundo, pero al llegar a la pubertad, la oscuridad en su interior se adueña de él. Es entonces cuando Brandon empezará a descubrir el verdadero alcance sus extraordinarios poderes y los utilizará para hacer realidad sus impulsos y deseos más retorcidos, poniendo en peligro de muerte a todo aquel que se interponga en su camino, incluidos sus padres.

Yarovesky y los hermanos Gunn no ocultan en ningún momento sus intenciones satíricas (el protagonista se llama Brandon, posible ¿homenaje? al Superman cinematográfico menos popular, Brandon Routh), pero en lugar de reinventar al icónico personaje desde la comedia, lo hacen desde el terror puro y el drama familiarEl hijo sería algo así como un cruce entre una historia de orígenes superheroica y La maldición de Damian, con un desarrollo repleto de suspense y sobresaltos que va entregándose poco a poco al slasher. En este sentido, la película no escatima en violencia explícita y gore, sorprendiendo con muertes impactantemente macabras, lo cual resulta especialmente atrevido teniendo en cuenta que el psicópata que las perpetra es un niño.

El hijo es más oscura y perturbadora de lo que cabe esperar de una película de estudio, y aun así, da la sensación de que le falta mala leche, de que no va a por todas y no llega a ser todo lo radical y subversiva que se propone. Aunque entretiene y sabe mantener la tensión hasta el final, el guion apenas rasca la superficie y saca provecho a la jugosa premisa de la que parte, quedándose la mayor parte del tiempo en lo convencional. La escena post-créditos (evidentemente añadida a posteriori para facilitar una secuela) muestra un sentido del humor (muy marca Gunn, con cameo galáctico incluido) y una perversidad que le habría venido genial al resto de la película -y que seguramente será el camino a seguir en una hipotética segunda parte-, pero para cuando llega, ya es tarde.

La elección del joven Jackson A. Dunn (Scott Lang de pequeño en Vengadores: Endgame) como Brandon es uno de los mayores aciertos de la cinta. Su inquietante presencia capta perfectamente el espíritu de las películas sobre niños problemáticos/homicidas (la mencionada La profecíaEl buen hijo), y mantiene el interés por saber con qué sádica ocurrencia nos va a salir. Sin embargo, no es suficiente. El hijo es un thriller simple y efectivo que funciona bien como descanso del cine de superhéroes masivo, pero podría haber sido mucho más. Y eso es lo que al final lastra la película, que se conforma con cumplir en lugar de lanzarse al vacío de cabeza. Un consejo para la próxima: que James Gunn también escriba el guion.

Pedro J. García

Nota: ★★★

La LEGO Película 2: Todo sigue siendo fabuloso

Phil Lord y Christopher Miller, los prolíficos creadores de Lluvia de albóndigas, Infiltrados en clase y más recientemente productores de la revolucionaria Spider-Man: Un nuevo universo sorprendieron al mundo en 2014 con La LEGO Película, genial aventura animada que demostró que se puede hacer buen cine basado en marcas de juguetes. Con el ritmo acelerado y el humor autoconsciente que caracteriza a los trabajos de Lord y Miller, la primera LEGO película conquistó al mundo entero, y su secuela no tardó en anunciarse.

Ha tardado unos años en llegar, pero La LEGO Película 2 ya está aquí. En esta nueva entrega volvemos a vernos las caras con los héroes de LadriburgoEmmet, Lucy, Unikitty, el astronauta Benny y, por supuesto, Batman, la verdadera estrella de la primera película. Han pasado cinco años desde que la pandilla salvó su ciudad del Apocalipsis, y ahora, los ciudadanos de Ladriburgo se enfrentan a una nueva amenaza: invasores LEGO DUPLO provenientes del espacio exterior. Emmet y sus amigos deberán emprender un viaje a través de la galaxia inexplorada para detener la destrucción de su mundo a manos de los extraterrestres, encontrando en su camino nuevos aliados y enemigos que pondrán a prueba su valentía y sus relaciones.

Mike Mitchell (Sky HighTrolls) releva a Miller y Lord como director, mientras ellos permanecen en el control creativo de la secuela, de la que han escrito el guion. Después de la primera película, y los sucesivos spin-offs centrados en Batman y Ninjago, la frescura y la originalidad de la franquicia han disminuido. En La LEGO Película 2 ya no hay factor sorpresa, pero sigue habiendo muchas ganas de divertir y hacer reír, y toda la energía y la creatividad de la saga está intacta. Salta a la vista que la secuela no es un mero trabajo de extensión comercial de franquicia. Miller y Lord se han empleado a fondo para hacer una buena comedia y construir una historia con enjundia, una continuación con sentido (y sensiblidad) para sus personajes.

El ingenio de La LEGO Película 2 no tiene fin. Lo comprobamos en los nuevos escenarios con los que la franquicia se sume en el puro sci-fi distópico: principalmente un divertidísimo erial post-apocalíptico a lo Mad Max y un espacio exterior de desbordante y colorido estilo visual, con el que se introduce la marca LEGO DUPLO (orientada a los más pequeños) de la forma más inteligente. Por lo demás, la segunda parte conserva lo que hizo que la primera conquistase a espectadores de todas las edades: chistes y diálogos brillantes en su surrealismo meta, cameos para gozar, acción trepidante, una animación deslumbrante (es increíble la expresividad que se puede sacar de personajes con un movimiento tan limitado) y un bonito mensaje familiar (en este caso fraternal) que unifica todo con un lazo emocional y nos indica que, efectivamente, la película nos quiere contar algo.

Aunque se excede en el número de canciones (todas ocurrentes, eso sí), que la convierten oficialmente en un musical (muy a pesar de sus protagonistas, que se quejan constantemente de ello), La LEGO Película 2 da en la diana y se erige como una secuela más que digna, evitando el estancamiento y mejorando además algunos aspectos de la original, como el tratamiento de sus personajes femeninos y las escenas en acción real protagonizadas por humanos (Maya Rudolph sustituye a Will Ferrell y, como de costumbre, lo borda). En cuanto a los personajes de la primera entrega, Emmet y Lucy experimentan una evolución que pocas veces se ve en el cine de animación familiar y Batman sigue siendo el mismo robaescenas descacharrante. Mientras que los nuevos ejercen un contrapunto muy interesante con ellos, ayudándolos a ver las cosas de otra manera y crecer.

Como decía, la novedad ha desaparecido, pero Miller y Lord han sabido compensarlo con un guion sólido, lleno de giros, autorreferencias y esa locura optimista e hiperactiva que los diferencia de otros productos animados más convencionales y hace de esta franquicia una fiesta constante. La LEGO Película 2 nos dice con entusiasmo y convicción que la animación es la vía perfecta para dar rienda suelta la creatividad (mensaje muy acorde a la marca que celebra) y demostrar que no hay límites a la imaginación.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: ¿Quién está matando a los moñecos? (The Happytime Murders)

The Happytime Murders se ha titulado en España ¿Quién está matando a los moñecos? aprovechando el tirón comercial del humorista David Broncano, que presta su voz a dos personajes de la película en el doblaje en castellano, y recurriendo a uno de los trucos de marketing más viejos: un título tan extravagante que se queda en la cabeza y da mucho que hablar, aunque sea para mal. Esta comedia subida de tono supone el primer título de Henson Alternative, nuevo estudio de la Jim Henson Company dedicado a la producción de ficción orientada exclusivamente al público adulto. A la dirección nos encontramos al hijo de Jim Henson, Brian Henson, actual presidente de la compañía y director de Los Teleñecos en cuentos de Navidad Los Teleñecos en la isla del tesoro.

Sin embargo, ¿Quién está matando a los moñecos? se distancia radicalmente tanto de los Muppets como del resto de creaciones de Henson. En los inicios de su carrera, el mítico marionetista intentó llevar el arte de los títeres al público adulto (trabajó para Saturday Night Live y uno de los primeros programas de los Teleñecos llevaba por título Sex and Violence), pero no cuajó y se centró en el público familiar, para el que creó un legado que perdura a día de hoy. Su hijo recupera estos compases iniciales del creador y los lleva hasta el límite para ofrecernos una comedia pasada de rosca y repleta de sexo, violencia, palabrotas, escatología y humor soez. Desde luego, esto no es Barrio Sésamo. Aunque más de un padre despistado tomará el desvío equivocado y acabará por error en la parte más sórdida de la ciudad.

¿Quién está matando a los moñecoses una comedia negra policíaca ambientada en el barrio más problemático de Los Ángeles. Allí cohabitan moñecos (la palabra que se ha elegido para traducir “puppets”) y humanos, pero los primeros son considerados ciudadanos de segunda y sufren de discriminación y opresión por parte de los segundos. Cuando alguien empieza a asesinar brutalmente a los miembros de un antiguo programa infantil de los 80 llamado La Pandilla Dicharachera, el moñeco detective privado Phil Phillips (Bill Barretta) y la agente de policía humana Connie Edwards (Melissa McCarthy) deberán dejar a un lado sus diferencias para resolver juntos un misterio que esconde muchos secretos del pasado de ambos.

En el fondo, ¿Quién está matando a los moñecos? no es más que una comedia clásica de policías enfrentados disfrazada de transgresión al salpicar (nunca mejor dicho) una marca tan blanca como Henson con el humor más bestia que se puede concebir en una película comercial. Lo más sorprendente del film no es la mezcla de humor zafio, sexo, drogas y marionetas (al fin y al cabo, eso ya lo hemos visto, en El delirante mundo de los Feebles Team America), sino lo bien que funciona como buddy film y sátira del cine noir. Henson recurre a todos los clichés más obvios de ambos géneros, pero de alguna manera logra dotar de cohesión a un misterio con más matices de lo que parece a simple vista.

Por supuesto, lo que llama más la atención de la película son sus gags más explícitos y gamberros, la mayoría concebidos para ofender y escandalizar (cosa que no siempre consiguen), como el momento estrella en el que un pulpo ordeña a una vaca para una película porno. Pero más que la sal gruesa y el shock value, que dan los gags más obvios, son los chistes más discretos y basados en las relaciones entre los personajes los que aguantan realmente la historia. En ese sentido cabe destacar al elenco humano, lleno de caras conocidas de la comedia USA (Joel McHale, Leslie David Baker) y principalmente femenino. Las cómicas Melissa McCarthy (haciendo lo mismo de siempre, y haciéndolo muy bien), Elizabeth Banks y Maya Rudolph elevan de categoría la película, sobre todo la última, tristemente desaprovechada en su país, consiguiendo una química muy divertida con sus compañeros de reparto de trapo. Con ellas, la cinta se va distanciando de los clichés más anquilosados y machistas de la comedia para adultos para culminar en una recta final en la que ellas llevan la voz cantante.

¿Quién está matando a los moñecos? es tremendamente irregular, a su humor le cuesta dar con la tecla y no saca todo el partido a su historia (la metáfora de la discriminación podía haber dado más de sí), pero no es el descalabro que vaticinábamos. Con unos entretenidos 90 minutos de duración (y la disposición adecuada), se pasa en un suspiro, y a los aficionados al arte de las marionetas nos deja algunas de las secuencias más técnicamente logradas que hemos visto hasta ahora en este cine (Henson halla la mejor manera de poner lo digital al servicio de lo analógico). Ahí es donde se esconde el verdadero espíritu Henson a pesar de lo mucho que rompe con su obra, en la voluntad de seguir avanzando y reivindicando un arte que se cree de otra era.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Power Rangers

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Saltémonos la introducción obligatoria sobre la naturaleza cíclica de la cultura audiovisual y el poder comercial de la nostalgia en nuestros días, y vayamos directos al grano: Este era el momento más indicado para estrenar un reboot de Power Rangers en el cine. No cabe duda. Entre revivals y relecturas de lo familiar, la propiedad de Haim Saban basada en la serie japonesa Super Sensai estaba pidiendo a gritos esta actualización en clave de épica. Millones de niños de todo el mundo crecieron con Power Rangers, con la serie de los 90, sus muñecos (sobre todo sus muñecos) y su mítica película de 1995 (¿quién no la tenía en VHS?), así que era lógico y esperable que la franquicia recibiera un lavado de cara deshaciéndose de la caspa para sumarla a las sagas de universos interconectados que dominan la taquilla mundial. Esta es la motivación principal tras la nueva película de Power Rangers, un espectáculo palomitero cuidadosamente diseñado para satisfacer a las nuevas generaciones sin descuidar a los fans de toda la vida.

Como adelantaban los trailers, la nueva película, dirigida por Dean Israelite, presenta una versión fiel, pero más oscura y estilizada de Power RangersUno de sus mayores aciertos es haber convertido a sus cinco protagonistas en los adolescentes inadaptados (pero guapísimos, claro) de la clásica película de instituto. De esta manera, Power Rangers pasa a ser, muy deliberadamente, una suerte de cruce entre El club de los cinco Chronicle para narrarnos una origin story que da comienzo en el aula de detención y se desarrolla según los cánones actuales del cómic y el cine de superhéroes (varias referencias a Marvel corroboran sus intenciones). Israelite, que ya se había fijado bastante en la cinta de Josh Trank para realizar su anterior película, Project Almanac, se toma su tiempo para que conozcamos bien a los protagonistas (y para que ellos se conozcan) antes de que estos se conviertan en Rangers (como en otra de Trank, Cuatro Fantásticos, pero con rumbo y visión global). Que Jason (Dacre Montgomery), Kimberly (Naomi Scott), Billy (RJ Cyler), Trini (Becky G.) y Zack (Ludi Lin), un joven reparto protagonista que supone un acierto quíntuple de casting, sean el corazón de la película en todo momento es lo que hace que esta funcione tan bien.

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Es decir, sorprendentemente, Power Rangers sabe de la importancia de no precipitarse y hacer bien las cosas en los preámbulos, y dedica el tiempo necesario a caracterizar a sus personajes, dar forma a sus historias, sus relaciones, y desarrollar la dinámica del grupo, en cuyas diferencias y similitudes se encuentra la principal fuerza que impulsa la película. De ahí que tardemos en verlos sin su armadura de Ranger, una decisión orgánica que antepone la necesidad de asentar unos buenos cimientos a la acción por la acción, y que conecta adecuadamente la (loquísima) mitología con el conflicto interno de sus protagonistas: para convertirse en Rangers, primero tienen que aceptarse a sí mismos y superar sus diferencias. Pero esto no quiere decir que en los dos primeros actos no haya acción o acontecimientos destacables. Todo lo contrario, ver a estos adolescentes problemáticos descubriendo sus poderes (al más puro estilo Spider-Man), navegando la presión social y familiar, y entrenando para enfrentarse a la amenaza que acecha el mundo (ineludible el montaje musical) mientras se hacen amigos es lo mejor de Power Rangers, lo que hace que la película sea mucho mejor de lo que debería, y de lo que esperábamos.

Pero claro, Power Rangers no se podría llamar así si no incluyera todo lo que hizo ultra-popular a la marca. Tenemos al mentor de los Rangers, Zordon, interpretado por el venerable Bryan Cranston, personaje cuya historia se remonta 65 millones de años en el pasado para narrar el origen de los Power Rangers y establecer el conflicto central (en un prólogo muy reminiscente de Transformers): la eterna lucha por defender un poder primigenio (un cristal mágico, por supuesto) que no debe caer en las manos equivocadas. En este caso, las de Rita Repulsa (Elizabeth Banks), que a pesar de un fantástico rediseño y unos poderes muy vistosos, no deja de ser como el villano caricaturesco y poco definido de casi todas las películas de superhéroes.

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La mayor batalla que vemos en Power Rangers es la que tiene lugar entre el material clásico y la necesidad de renovarlo, una que da lugar a un producto indudablemente de su tiempo que no deja de mirar atrás. Lo que nos encontramos aquí es la sempiterna historia del héroe o héroes elegidos por el destino para proteger a la humanidad de la extinción, un conflicto muy bien manejado, siguiendo los dictados de los relatos coming-of-age (como en Buffy, todo es una metáfora de hacerse mayor) y el cine de superhéroes (los protagonistas se preguntan constantemente si son tal cosa) sin dejar de ser Power Rangers. Es decir, incorporando solícitamente todo lo que define a dicha marca: los Zords (y Megazords), las frases famosas (“¡A metamorfosearse!“, el “Ay ay ay” del robot Alpha), incluso la sintonía de cabecera original (“¡Go, go, Power Rangers!”). Esto provoca cierto desequilibrio tonal y una clara desconexión entre la primera hora y media y el tercer acto de la película, en el que esta debe hacer honor a la Power Rangers de siempre. Claro que, durante su espectacular (y algo precipitado) clímax, la película da a los fans todo lo que esperan de ella (tan deliciosamente absurdo como antes pero envuelto en una vorágine de CGI), la acción exagerada y cartoonesca, el enfrentamiento con el villano y la consecuente batalla de titanes que provoca la destrucción en la ciudad, todo al ritmo de los cánticos al unisón de los Rangers subidos a bordo de sus respectivos Zords. 100% Power Rangers.

Sin embargo, lo mejor del film no es este estallido apocalíptico, sino todo lo que hemos visto hasta llegar ahí, lo que redibuja la historia de Jason, Kimberly y compañía, haciendo cambios pertinentes para reflejar la realidad del siglo XXI y representar a sus adolescentes (incluido un Ranger en el espectro del autismo y un pequeño pero potencialmente decisivo momento LGBTQ), convirtiéndolos en personajes con más entidad de lo habitual, más actuales, y con mucho potencial de cara a próximas entregas (que, como queda patente en todo momento, es la idea).

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Ni que decir tiene que Power Rangers no es el colmo de la profundidad (ni tiene que serlo), pero si supone un éxito es sobre todo gracias a la importancia que da a los personajes y al buen hacer de sus jóvenes actores (en especial Scott y Cyler, que ya destacó en Yo, él y Raquel con un papel diametralmente opuesto al que interpreta aquí). Así como a su cuidado apartado visual (integra estupendamente los colores que identifican a los personajes con el escenario más sombrío de la nueva Angel Grove), su sentido del humor (leve pero más atrevido) y sus guiños a los fans de la serie original (atención a los cameos). La lucha entre lo viejo y lo nuevo da lugar a un producto muy despierto y divertido, apto para los más pequeños, pero menos infantil (y cutre) de lo que recordábamos, un blockbuster liviano pero hecho con esmero que inaugura un universo cinematográfico lleno de posibilidades para el futuro (la escena post-créditos apunta por dónde iría la secuela) mientras nos devuelve la ilusión del pasado.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Magic Mike XXL es mucho mejor de lo que parece (en serio)

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En 2012 vi Magic Mike (¡en el cine!), motivado por la curiosidad y sobre todo por la entrepierna. A juzgar por la picante campaña promocional, la película prometía un espectáculo de striptease masculino orientado sobre todo a pandillas de mujeres con ganas de fiesta y cachondeo. Pero su director, Steven Soderbergh, no concibió la película como una despedida de soltera cinematográfica, sino que sus intenciones eran algo más serias. Bajo la apariencia de producto ligero para una noche loca de verano, Magic Mike escondía voluntad de melodrama social de personajes. Y ahí es donde Soderbergh cometió el primer errorUna película de estas características pedía menos drama, menos intensidad, y más diversión, y el inconsistente acabado final lo confirmaba. Afortunadamente, esto sirvió para reajustar el tono de la imprevisible secuela (donde Soderbergh delega la dirección en uno de sus productores y guionistas habituales Gregory Jacobs) y hacer reset con la intención de ofrecer, esta vez sí, lo que la primera película había prometido sin cumplir.

Por eso, Magic Mike XXL constituye una muy grata sorpresa, una película que mejora la fórmula considerablemente, deshaciéndose del desubicado aire de autoimportancia y drama independiente de autor de la primera entrega para convertirse en una simple comedia de colegas con un único objetivo: divertir al respetable. Sin un solo minuto de aburrimiento, Magic Mike XXL se estructura como una road movie a lo Little Miss Sunshine o Priscilla, reina del desierto, en la que Mike (Channing Tatum), retirado desde hace tres años del mundo del baile, reúne a los Reyes de Tampa (su grupo de strippers, o mejor dicho, “male entertainers”, que es el término menos ofensivo) para una última performance en Myrtle Beach. En un principio dispuestos a tirar la toalla, el grupo de amigos (menos Matthew McConaughey, que se desentendió del proyecto, y Alex Pettyfer, que tuvo un encontronazo con Tatum y no repite) acaba subiéndose a bordo de la autocaravana con Mike, para jubilarse con un último espectáculo legendario en la mayor de las convenciones de strippers. En el camino, los chicos de Mike hacen paradas en varios lugares, donde se reencontrarán con viejas amistades, forjarán nuevas relaciones y examinarán sus frustraciones personales y sueños de futuro más allá del mundo del baile erótico.

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Como decía, sin más pretensión que la de hacer reír y propagar buen rollo, Magic Mike XXL es una fiesta continua, una celebración a la que es imposible resistirse. Su aire relajado y desenfadado es contagioso, e invita a emular a sus intérpretes y dejarse llevar. Los actores se lo están pasando bien y se nota, no hay drama en el ambiente y no hay mucho en juego, de ahí que la película acabe resultando tan fresca y natural. Pero es que además, Magic Mike XXL puede presumir de otros aciertos: principalmente el mensaje de positividad del cuerpo que recorre todo el film, de respeto y compañerismo (sin moñadas), una mayor integración y diversidad (más mujeres con un espectro mayor de edades, razas y físicos, una escena en un club gay), y la práctica ausencia de sexismo o mal gusto. Teniendo en cuenta el tipo de película que es, tiene más mérito todavía.

Ni que decir tiene que, a pesar de todas estas virtudes, lo que el público va a ver principalmente en esta película es a los actores meneando trasero y delantera, y contorsionando sus cuerpazos depilados ante los gritos extasiados de hordas de damas desatadas. Y en ese sentido, Magic Mike XXL tampoco decepciona, claro está. Imposible hacerlo cuando vuelve a contar con las mismas “armas” que ya fueron infalibles en la primera parte (con excepción de los dos desertores mencionados, que tampoco se echan de menos). Nos alegra ver nuevas incorporaciones como la de Donald Glover (en su fase de autobúsqueda artística, dando vida a un DJ/cantante/animador/stripper?), nos divierten las escenas en las que aparecen Andy McDowell (hilarante encuentro entre generaciones) y Jada Pinkett Smith (no por ella, que es muy mala actriz, sino porque sus escenas en el club de Rome son de una exuberancia embriagadora), y nos gusta ver a la omnipresente Elizabeth Banks y a la cada vez más destacable Amber Heard, que por suerte sustituye a aquel palo de una sola expresión que era Cody Horn. Pero aquí el centro del escenario lo sigue ocupando muy merecidamente Channing Tatum, que desprende su habitual carisma de andar por casa y sigue moviendo el cuerpo como nadie (lo suyo es hipnótico). Tatum inaugura la película por todo lo alto, protagonizando una cómplice secuencia de baile espontáneo en su taller que destaca por lo exquisitamente ridícula y autoconsciente que es. Al igual que la (larguísima) traca final, un agotador espectáculo camp que de nuevo, hace que nos preguntemos en qué estaban pensando para no estrenar la película en 3D.

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Mención aparte merece el robaescenas oficial del film, Joe Manganiello, cuya imponente presencia da para momentos de impresión con los que se lleva la película de calle, especialmente la descacharrante secuencia que tiene lugar en la gasolinera a ritmo de los Backstreet Boys, sin duda la más divertida y memorable de la película. De hecho, cuando la vi en el cine, esta escena provocó aplausos y risas como nunca había oído en una sala, y lo mismo ocurrió con otros momentos de humor, que fueron celebrados con carcajadas y vítores. Y ojo, creo que no eran solo las hormonas desatadas del público (con el pavo) al ver los cuerpazos en movimiento o el primer plano de Tatum que abre la película (que desató un suspiro colectivo con el que aun me estoy riendo, por cierto), sino también un sentimiento genuino de diversión, generado por un tipo de comedia muy simple pero efectiva, y una acertada camaradería entre personajes que resulta muy orgánica (con la excepción quizá del personaje de Matt Bomer, arruinado al ser convertido en algo completamente irritante y caricaturesco, tanto que no queda más remedio que acabar riéndose).

Magic Mike XXL es un pasatiempo estupendo, hace gracia, rebosa encanto y, lo mejor de todo, tiene corazón. No es tan fácil hacer una comedia para adultos así (mirad si no el 90% de las que se estrenan al año), y es injusto que su impopularidad default o su naturaleza de producto ligero le reste mérito. Os recomiendo liberaros de prejuicios y darle una oportunidad. Da igual si sois hombre o mujer, o cuál es vuestra orientación sexual. El buen rato está garantizado. Y por si acaso quedaba alguna duda: sí, estoy hablando en serio en todo momento.

Valoración: ★★★★

Crítica: Los Juegos del Hambre – Sinsajo, Parte 2

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El recorrido de Los Juegos del Hambre ha sido uno de los más interesantes del cine juvenil reciente. Comenzó elevando considerablemente las cotas de tensión, impacto y violencia de este tipo de películas, y se fue poniendo el listón más alto con sus siguientes entregas, con las que construía un oscuro y fascinante universo distópico. A lo largo de cuatro años, la saga ha madurado y ha ganado compromiso y riesgo. Sin descuidar el espectáculo, Los Juegos del Hambre ha elaborado un emocionante e incendiario tratado anti-bélico que culmina en Sinsajo, Parte 2 (Mockingjay, Part 2), la entrega más sombría y osada de la saga.

Contrario a la opinión popular, creo que la decisión de dividir Sinsajo en dos partes -dejando a un lado que se trataba de una estrategia puramente comercial- ha beneficiado a la historia y ha permitido crear necesarios momentos de paz y reflexión. La Parte 1 transcurrió a su propio ritmo, y tomó forma en un thriller político que cocinaba a fuego lento la revolución que culmina en la Parte 2, que es una película bélica con todas las de la ley (Francis Lawrence las rodó a la vez, pero ha sabido darle su tono diferenciado a cada una). Sí, se ha estirado la historia y se nota, pero también ha contado con más tiempo para explorar mejor a los personajes y enriquecer su discurso. Si bien en la anterior película muchos de los secundarios (especialmente los rebeldes que acompañan a Katniss en su campaña) no eran más que rostros intercambiables, en Sinsajo, Parte 2 adquieren mayor entidad, protagonizando breves momentos de sutil caracterización que hacían falta. Por fin nos importan (aunque sea un poco) más allá de Katniss, y eso contribuye a que el desenlace tenga un peso dramático aun mayor.

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Pero sin duda alguna, el núcleo emocional de la saga sigue siendo la visceral interpretación de Jennifer Lawrence como el Sinsajo, la Chica en Llamas, el símbolo de la revolución. Lo que han hecho con este personaje a lo largo de cuatro años es admirable. De heroína romántica adolescente a peón en el juego político de sus mayores, adultos sedientos de poder que han levantado un sistema totalitario que los jóvenes deben derribar. Katniss Everdeen es quizá el personaje mejor escrito en este tipo de cine, una heroína con muchas aristas (casi ninguna suya), cuya caracterización está directamente supeditada al desarrollo de la historia y el discurrir político de Panem. Lawrence ha contribuido sin duda a que Los Juegos del Hambre se convierta en la franquicia juvenil más respetada de los últimos años. La actriz ha rebajado la histeria con la que se aproximó al personaje en las películas anteriores para dar paso a una tensión contenida que la mantiene centrada en su objetivo durante las dos horas finales de la historia y que descarga en una desgarradora escena durante el fragmentado clímax del film.

Sinsajo, Parte 2 se divide en tres actos claramente diferenciados. En el primero quizá es donde más se nota la necesidad de estirar la trama, dedicando demasiado tiempo a explicar la estrategia para la ofensiva final, el ataque al Capitolio. Esto da como resultado una primera hora de ritmo atropellado, necesaria pero algo aburrida, que sin embargo da paso a un segundo acto absolutamente brutal. Aunque ya hemos visto secuencias espectaculares en la primera hora (destaca la entrada a la Ciudad del Capitolio), la película cobra vida cuando los rebeldes se adentran bajo tierra. De la aventura con trampas mortales (pero de verdad) a lo Indiana JonesLos Goonies se da paso a una lúgubre pesadilla en la que entran en escena los “mutos“, monstruos sanguinarios que en realidad son personas genéticamente alteradas por el Capitolio para usar como arma. Las vertiginosas secuencias de acción se encadenan sin dar respiro (la batalla de rebeldes contra mutos es sin duda la pieza de acción central del film), las bajas se acumulan (incluyendo algún personaje muy querido), y en definitiva, todo se va a la mierda. Esto da lugar a un acto final que, lejos de escapar del poso trágico y amargo de la saga, se baña en él.

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Aunque Sinsajo, Parte 2 nos proporciona un final feliz que llega literalmente en los últimos dos minutos y en forma de epílogo (donde se resuelve el irritante triángulo amoroso), la película podría ser considerada como el blockbuster de aventuras más triste y deprimente de los últimos años. Y esto es un cumplido, por supuesto. Los Juegos del Hambre no se ha tomado a la ligera las ideas que maneja y ha sabido conjugar con acierto la pirotecnia con el mensaje (de hecho, a medida que el diseño de producción o los efectos mejoraban, el discurso ganaba empaque). Se ha atrevido a ir donde ninguna otra saga juvenil ha ido antes, y en este final no ha tenido reparos en mostrar las motivaciones y las consecuencias de la guerra que ha vertebrado las dos últimas entregas (el recuento de muertes es sorprendentemente alto). Sinsajo, Parte 2 evita la vía fácil, ahonda en las implicaciones morales del conflicto y busca la manera de que las piezas encajen y sirvan de conclusión para el discurso anti-bélico de la saga. Así, la historia concluye de forma valiente y trascendente, demostrando un nivel de responsabilidad y osadía sin precedentes. Las personas que hay detrás han creído en lo que estaban haciendo, y esto salta a la vista.

De distopía Y.A. a obra de ciencia ficción comprometida, Los Juegos del Hambre ha logrado ofrecer una alternativa digna y más adulta dentro del género, una saga que se ha permitido tomarse en serio, porque ha hecho bien las cosas, porque ha diseñado su historia y su universo con atención al detalle y sentido del propósito. Sinsajo, Parte 2 es un final a la altura de las circunstancias, un broche de oro que lleva este tipo de blockbusters hacia un terreno más reflexivo y espinoso, ofreciendo entretenimiento de primera y acción sofisticada sin sacrificar enjundia o subestimar a su audiencia. Los Juegos del Hambre se ha negado a ser un espectáculo vacío, y se despide haciendo hincapié en ello, proporcionando algo mejor que un final feliz. Un final difícil de digerir que nos invita a pensar.

Valoración: ★★★★

Pilotos 2015-16: The Muppets

The Muppets ABC

Madonna tiene (o tenía) la fama, pero Los Muppets cardan la lana. Los populares personajes de Jim Henson son los verdaderos reyes de la reinvención. Llevan cuarenta años (sí, cuatro décadas) con nosotros, y han logrado sobrevivir a varias etapas del cine y la televisión, adaptándose a los tiempos y resurgiendo periódicamente. Sus regresos no siempre han cosechado los mejores frutos, pero se las han arreglado para volver al candelero una y otra vez, manteniéndose siempre fieles a sí mismos y por supuesto respetando la visión original de su creador. Después de un reboot cinematográfico de éxito (Los Muppets, 2011) y una secuela que demostraba que el efecto Muppet pega fuerte pero dura poco (El tour de los Muppets, 2014), los Teleñecos regresan al medio que los vio nacer, la televisión. Y lo hacen precisamente también como Madonna, apuntándose a una moda que acabó hace ya varios años, en este caso el mockumentary.

El comeback de los Muppets a la televisión es el resultado de un proceso ante todo orgánico. El hábitat natural de los Teleñecos es la tele, y que vuelvan a protagonizar su propia serie (después de un revival fracasado del Show de los Muppets en los 90) era el siguiente paso para garantizar su supervivencia en el nuevo siglo. Los Muppets eran meta antes de que cualquier serie lo fuera, tenían su propia versión del live-tweet ya en los 70 (los comentarios críticos de los vejestorios Waldorf y Statler), nos mostraron lo que ocurría entre bambalinas de un programa de variedades antes de que Tina Fey hiciera lo propio en una de las mejores telecomedias de la historia, 30 Rock, e hicieron del cameo un arte antes de que se convirtiera en un reclamo publicitario más. Por eso su nueva serie para ABCThe Muppets, les viene como anillo al dedo. Un falso documental estilo workplace comedy que nos invita a mirar tras las cámaras de un talk show presentado por la Srta. Peggy y producido por su ex, la rana Gustavo.

The Muppets room

La campaña publicitaria de la serie se puso en marcha este verano a toda máquina con el anuncio de la separación de Peggy y Gustavo, la clave más importante de esta nueva reencarnación de los Teleñecos. Lo que nos prometía ABC con esta serie era una mirada más adulta y moderna al universo de los Muppets, sus neuras, miedos e inseguridades tanto en el ámbito romántico como en el laboral. Y eso es justo lo que adelanta el piloto. Este nuevo enfoque no debería pillar por sorpresa a nadie, sin embargo, como era de esperar, las asociaciones familiares de Estados Unidos ya han puesto el grito en el cielo por su contenido picante y “pervertido”. A este respecto, hay que aclarar una cosa muy importante: Los Muppets nunca han sido personajes infantiles. Los habitantes de Barrio Sésamo o los Fraggle Rock sí, pero los Muppets no. Ellos siempre han estado ligados al prime time, al show de variedades y los cómicos del late night, de hecho, antes de estrenar su propio programa, formaron parte de Saturday Night Live durante su temporada 1975-76 (con una encarnación previa llamada The Land of Gorch). Sí, Los Muppets siempre han sido kid-friendly (también es verdad que la nostalgia se ha encargado de potenciar esta dimensión de los personajes), pero Henson los creó pensando en el público adulto. Así que aquí no se ha pervertido nada, al contrario.

A juzgar por el piloto, The Muppets ABC pretende ser una serie menos familiar y más orientada (aunque no de forma excluyente) al público que no ve a estos personajes como simples muñecos para niños. La intención es crear un programa rico en reflexividad que se sume a la tradición  de la meta-comedia laboral. Y ahí está el primer problema de la serie, que para darle una nueva vuelta de tuerca a los Muppets han tenido que echar mano de un género que, a pesar de pertenecerles por derecho propio, ya había dado sus últimos coletazos. Por tanto, las comparaciones con The OfficeParks and Recreation 30 Rock (que no era falso documental, pero se adscribe a la misma corriente de comedia de culto y es con la que más tiene en común) le hacen flaco favor. The Muppets arranca de forma irregular, pero recordad cómo fueron los primeros episodios de Parks and Rec 30 Rock. Ambas tardaron en encontrar su personalidad, y cuando lo hicieron se convirtieron en auténticas maravillas. El piloto de The Muppets es una carta de presentación desigual, en ocasiones desafinada, pero si el progreso de las series mencionadas sirve como ejemplo, podría llegar a ser una digna sucesora de las mejores workplace comedies.

MISS PIGGY, KERMIT THE FROG

Para conseguirlo le hace falta sobre todo pulir el humor. En el piloto se puede detectar un tira y afloja continuo entre el tipo de comedia más blanca que popularizó El show de los Muppets en los 70 y un humor más moderno y arrojado que en cierto modo reconfigura a los personajes para incluirlos en la nueva televisión del siglo XXI. Las payasadas, mini-gags y juegos de palabra bobalicones de Animal, Pepe the King Prawn o la rata Rizzo chocan con escenas como la de Fozzie conociendo a los padres de su nueva novia, Riki Lindhome (parodia de Adivina quién viene esta noche en la que el conflicto racial da paso a uno interespecie; zoofilia, vaya), las reuniones del equipo (donde a la serie se le ve más el Rockefeller), las bromas sexuales (la nueva cerda chupando la pajita mientras Gustavo da a entender que se han acostado) o las secuencias de carga dramática, como las conversaciones serias de Peggy y Gustavo al final del episodio, en la más pura tradición de los “momentos robados” por la cámara de The Office. Si The Muppets quiere encontrar su lugar en el firmamento de la comedia televisiva, debe primero hallar el punto medio entre ambas sensibilidades. Y mi sugerencia es menos slapstick y chistes malos, y más drama y atrevimiento, aunque esto suponga reducir un poco la esencia Muppet.

Por lo demás, la serie empieza con muy buen pie, presentando la historia con eficacia, con agudas observaciones sobre el mundo del espectáculo, moviendo a los Muppets con una fluidez y naturalidad que hace que se te olvide que son de fieltro (como siempre, pero incluso mejor), y dejando bien claro el rol de cada uno de los personajes principales (Gustavo es Liz Lemon, Peggy es Jenna Maroney/Tracy Jordan, Scooter es Kenneth Parcell o Pete Hornberger, todavía no está claro, y el águila Sam representa el poder del piso de arriba, a lo Jack Donaghy). Además, el primer cameo es de lujo, la omnipresente Elizabeth Banks (otro nexo de unión con 30 Rock). Se me hace la boca agua imaginando las posibles estrellas invitadas que nos esperan en  la serie. Compartiendo techo con Disney y Marvel no nos extrañaría ver desfilar por ella a Chris Pratt, los agentes de SHIELD o Kristen Bell, por nombrar unos pocos. Y espero que ningún contrato impida que Tina Fey, Amy Poehler o Jane Krakowski se pasen por “Up Late With Miss Piggy“. Daría lo que fuera por ver un reencuentro entre Gustavo y la directora de la prisión serbia Nadya (Fey) o una batalla de egos protagonizada por Peggy y Jenna Maroney. Sé que es cuestión de tiempo, justo lo que The Muppets necesita para alcanzar su máximo potencial.

Por qué he visto el piloto: ¿Me conocéis? ¡Son los Muppets! Una de mis mayores obsesiones desde pequeño. Yo tengo esto en mi habitación, ¿vale?

Animal y Fuertecito

Recuerda a: Ya lo hemos dicho todo. The Office, Parks and Rec y 30 Rock, de las cuales la última encuentra su origen precisamente en El show de los Muppets.

Nota del piloto: 7

Veredicto: Un piloto correcto que dispone las cartas de manera que se pueden ver bien sus ases. Aun no los ha usado, pero si todo sale bien, lo hará en los próximos episodios. Me quedo porque tiene todo lo que necesito para disfrutar de una comedia: corazón, contenido meta y marionetas.

Crítica: Love & Mercy

Love and Mercy Paul Dano

La vida problemática y atormentada de los grandes artistas de la música es sin duda una fuente inagotable para el cine. En los últimos diez años el biopic musical ha sido una de las grandes apuestas de los estudios para la temporada de premios, aunque en su mayoría suelan acabar relegados a segundo plano (bien ignorados o recibiendo premios de consolación). Los hay de corte más académico (Ray, Dreamgirls, En la cuerda floja, Jersey Boys) y los hay menos ortodoxos (I’m Not There, 24 Hour Party People, Control). Love & Mercy, la historia del co-fundador y genio detrás de los Beach Boys, Brian Wilson, entraría en una categoría intermedia.

Bill Pohlad, productor de El árbol de la vida12 años de esclavitud, vuelve a la dirección después de firmar su primer largo hace 14 años (Old Explorers), para contar la curiosa, a ratos escalofriante historia del genio detrás de las composiciones del mítico grupo californiano. Pohlad compone un retrato fascinante y poco convencional del compositor de “Good Vibrations” y “God Only Knows” entre muchos otros éxitos de la música popular, y lo hace con la ayuda de dos actores en estado de gracia que dan vida al protagonista en dos etapas distintas de su vida. Paul Dano (Little Miss SunshineThere Will Be Blood) interpreta a Wilson de joven y John Cusack (Alta fidelidad) encarna al mismo personaje muchos años después, cuando este ya se ha retirado de la música.

Love & Mercy ha contado con la colaboración de la mujer de Wilson, Melinda Ledbetter, interpretada en la película por una fantástica y ubicua Elizabeth Banks, que se está ganando a pulso el título de actriz todoterreno en Hollywood. Según la propia Ledbetter, la experiencia de ver el film fue muy dura tanto para ella como para su marido, ya que reavivó el dolor de una etapa muy oscura en sus vidas. Efectivamente Love & Mercy se capuza de lleno en la enfermedad de Wilson para mostrar al público una cara nunca vista del genio, la de sus trastornos mentales, agudizados por sus problemas con las drogas y su infancia traumática a manos de un padre violento. Sin embargo, el film de Pohlad no debe confundirse con un melodrama biográfico al uso. Love & Mercy es mucho más que eso. Se trata de un enigmático y vibrante retrato sobre un virtuoso, una obra de pasión que nos permite adentrarnos en la mente de Wilson para comprobar cómo funciona, que nos deja escuchar todas esas voces hablando a la vez en su cabeza y ser testigos del asombroso proceso creativo del músico.

Love Mercy Cusack Banks

Saltando ente los 60 y los 90, Love & Mercy repasa más de tres décadas en la vida de Brian Wilson, desde la etapa posterior al enorme éxito de los Beach Boys en los 60 (gracias a himnos pop como “Surfin’ USA”) a su vida como solitario músico retirado viviendo con una enfermedad. Pohlad explora los tonos más graves del “California Sound” ideado por Wilson, siguiendo al atormentado compositor en su empeño por dejar atrás ese sonido “superficial” (“No hacemos surf y los surferos de verdad no escuchan nuestra música”) para evolucionar como artista, lo que daría como resultado el disco “Pet Sounds” (1966), por el que se distanció del grupo y dejó de lado los conciertos; y mucho más tarde, su gran obra maestra en solitario, “Smile“, sucesor de “Pet Sounds” que tardó 30 años en ver la luz, en 2004. Como contrapunto al agitado pasado de Wilson, las escenas en el “presente” poseen un carácter más (aparentemente) relajado, conformando una peculiar historia romántica sobre el poder curativo y redentor del amor.

Love & Mercy repasa los momentos clave de la carrera de Wilson con un enorme respeto y admiración por la música y una gran sensibilidad para mostrarnos la verdad que se esconde tras ella. Cercana en su tono y estilo más al cine de Paul Thomas Anderson que a los musicales mencionados en el primer párrafo, Love & Mercy navega aguas experimentales y psicodélicas sin extralimitarse en su excentricismo y sin sacrificar el fondo por la forma, para convertir en imágenes tanto el declive mental como el genio creativo del músico. El viaje personal de Brian Wilson da lugar a una película intensa, algo extraña y en última instancia conmovedora, en la que destaca el sobresaliente y armonioso trabajo del reparto (genial Paul Giamatti), especialmente el de un Paul Dano arrebatador.

Valoración: ★★★★

Crítica: Dando la nota – Aún más alto

Kendrick Bellas

Dando la nota (Pitch Perfect) fue uno de los éxitos sorpresa de 2012, un sleeper pop que no solo funcionó mucho mejor de lo que se esperaba en taquilla, sino que pasó rápidamente a convertirse en película de culto para la generación Tumblr. Aunque su acción transcurre en la universidad, Dando la nota es en esencia una película de instituto, por eso muchos no dudaron en coronarla como la Mean Girls de los 2010’s o describirla como “Glee bien hecha” (yo mismo en la crítica que escribí en su día, antes de que Pitch Perfect se convirtiera en un fenómeno).

La película consagró a Anna Kendrick como nueva novia/It girl/amiga friki/ídolo tuitero/icono cool de América y convirtió a Rebel Wilson (Amy la Gorda) en una estrella. Había que darse prisa para generar una secuela aprovechando el momento. La popularidad de estas actrices está en lo más alto y varios éxitos recientes (LucyCincuenta sombras de Grey) han demostrado que el cine hecho y protagonizado por mujeres también puede triunfar en taquilla (duh!). Teniendo esto en cuenta, Universal ha demostrado tener reflejos muy “afinados” y ha hecho las cosas bien. Tanto que en su primer fin de semana, la secuela de Pitch Perfect dirigida por Elizabeth Banks, Dando la nota: Aún más alto (en USA simplemente Pitch Perfect 2), ha recaudado más que la primera película en todo su recorrido comercial en cines estadounidenses, rompiendo unos cuantos récords y asegurando una tercera entrega.

Dando la nota es un pelotazo es indiscutible y debemos celebrar que una película protagonizada casi íntegramente por mujeres en la que la rivalidad es sana (nunca por un hombre) y donde se celebra la camaradería (entre ambos sexos) y el trabajo en equipo haya cosechado tanto éxito, sobre todo teniendo en cuenta cómo está el panorama. El cine de Hollywood promete un cambio para los próximos años, y en parte se lo debemos a las Barden Bellas. Ahora bien, Dando la nota: Aún más alto no supone ninguna revolución en sí misma. Se trata de una clásica secuela fabricada (con prisa) aprovechando el tirón del éxito, que reproduce casi al pie de la letra a su predecesoraAún más alto es una segunda parte de manual. Es más espectacular y numerosa, traslada su acción al contexto internacional -el campeonato mundial de acapella que tiene lugar en Copenhague-, aumenta aun más la variedad del repertorio musical (hits actuales, éxitos de siempre, hip hop, country, temas de los 90…), y pone mucho más en juego. Pero a pesar de esto, el factor sorpresa se desvanece y lo que en la primera funcionó por su frescura (los susurros de Hana Mae Lee, las marcianadas de Wilson) aquí suena repetitivo y por tanto pierde gran parte de su gracia.

Rebel Wilson Pitch Perfect 2

La estructura de la secuela es prácticamente idéntica a la de la primera. Aún más alto comienza con una actuación que se convierte en un desastre (en lugar de vómito aquí tenemos un escándalo tipo nipplegate de Janet Jackson, pero mucho más bruto y con testigos presenciales de excepción, los Obama y Shonda Rhimes), continúa con la lucha de las Bellas por recuperar su voz (un reset que obliga al grupo a empezar de nuevo), tiene un intermedio en forma de batalla acapella (con David Cross como bizarro anfitrión) que palidece en comparación con la de la primera película, y termina con la gran competición. Afortunadamente, para compensar lo mecánico del argumento, los personajes evolucionan satisfactoriamente y sus conflictos internos, ambiciones, traumas y sueños se convierten en el corazón de la película.

Vemos cómo algunas Bellas se han graduado (Anna Camp, que ya tenía 30 años en la primera película no colaba ya como universitaria), cómo otras se niegan a salir al mundo real y se refugian en el grupo (Brittany Snow está estupenda), y cómo Beca (una Kendrick más cómoda desatando su lado más tontorrón) persigue su sueño de ser productora musical -divertida subtrama que cuenta con el genialísimo Keegan-Michael Key. Así que, aunque Dando la nota 2 sea un calco de la primera, tiene muchas armas para evitar el estancamiento y alicientes de sobra para mantener nuestro interés por saber qué les ocurre a estas chicas, más definidas y más unidas que la primera vez que las vimos. Además de las Bellas originales, tenemos nuevas incorporaciones que aumentan la diversidad y rejuvenecen al grupo, Flo (Chrissie Fit) y Emily, interpretada por la ubicua Hailee Steinfeld, “heredera” de las Bellas (Legacy en inglés) que sigue los pasos de Kendrick. De hecho, para intentar repetir la jugada de “Cups” (el nº1 discográfico que surgió de Pitch Perfect), Sia ha compuesto “Flashlight” para el personaje de Steinfeld, que acaba de fichar por una discográfica para grabar su primer álbum.

Kendrick Steinfeld

Y es que Dando la nota: Aún más alto se ha empezado a convertir en un musical tradicional. No solo hay más números (excelentemente dirigidos por Banks), sino que esta vez no se limitan al escenario, incorporando canciones narrativas, como la serenata en barca que dedica Rebel Wilson (con diferencia la peor cantante de la película) a Adam DeVine, y temas originales, como la mencionada “Flashlight”. Los momentos más estelares siguen teniendo lugar en las competiciones, pero no extrañaría que la progresión natural de la saga llevara la tercera parte por la senda del musical de Broadway (sería una buena forma de evitar o enmascarar el estancamiento en la misma fórmula).

En cuanto al humor, Aún más alto repite chistes y gags de la primera y explota las señas de identidad de sus personajes, en cierto modo haciendo que todo pierda un poco de magia. Hay muchas bromas que no llegan, especialmente las que protagoniza Flo, la latina (hondureña concretamente) que, como Sofía Vergara en Modern Family, perpetúa/se ríe de los estereotipos asociados con los inmigrantes hispanoamericanos en Estados Unidos (no es que sea ofensivo, es que no tiene mucha gracia). Este es uno de los recursos principales del guión, que a través del tronchante personaje del comentarista John Michael Higgins, se ríe de todas las razas y nacionalidades, y carga con especial inquina contra las mujeres. Pero sería absurdo acusar a Pitch Perfect de intolerante (lo saco a colación porque ya lo he leído en varios sitios), sobre todo porque el objeto de la burla es el propio personaje de Higgins (caricatura del republicano machista, misógino y racista), y por extensión, el ala conservadora de Norteamérica (“Todo el mundo nos odia”, reconoce el personaje de Elizabeth Banks, fantástica como siempre). El libreto vuelve a estar escrito por Kay Cannon, una de las guionistas de 30 Rock, serie conocida por no dejar títere con cabeza y satirizar la obsesión de Estados Unidos con la corrección política y la doble moral (Banks sabe mucho de esto porque interpretó a la ultra-conservadora y ultra-americana Avery Jessup en la comedia de Tina Fey). Además, Aún más alto es una película esencialmente feminista e inclusiva (y muy orgullosa de ello, “¡Somos un grupo de mujeres racialmente diverso!”), por lo que se puede permitir este tipo de humor corrosivo sin que se deba poner en duda su ideología.

Banks Higgins

Pero dejando a un lado estas cuestiones polémicas, Dando la nota: Aún más alto cumple con creces su cometido como película. Divierte, emociona, atrapa con sus espectáculos musicales y lo hace transmitiendo valores de compañerismo femenino en un contexto de competición sin caer en la moralina (en sus hilarantes encontronazos con la líder alemana del equipo rival de las Bellas, Beca no puede insultarla, solo elogiar su perfección como espécimen humano), y sin enfrentar al género opuesto en ningún momento (la representación masculina está en buenas manos con los encantadores DeVine y Skylar Astin). Aún más alto nos devuelve a los personajes de los que nos enamoramos hace tres años, estrecha los lazos que hay entre ellos (atención a la adorable escena en la tienda de campaña), y nos recuerda por qué queremos que triunfen en todo. Banks y Cannon han conseguido aumentar la dimensión humana de las Bellas, conservando la dulzura, el carisma y la locura que las caracteriza, en una película que ante todo es una celebración por todo lo alto de la hermandad femenina.

Valoración: ★★★½