Crítica: Batman v Superman – El amanecer de la justicia

Batman v Superman

Hace tres años, Warner Bros. lanzaba oficialmente su nuevo Universo Cinematográfico DC con el estreno de El hombre de acero (Man of Steel). Sin embargo, la película de Zack Snyder no recibió el beneplácito unánime de la audiencia (ni de la crítica, aunque eso sobre decirlo), por lo que quedó más bien como un prólogo a la macro-historia que iba a empezar a contar, ahora de verdad, con Batman v Superman: El amanecer de la justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice). Con excepción de la trilogía del Caballero Oscuro dirigida por Christopher Nolan -que no pertenece a esta nueva etapa de DC pero ha marcado su personalidad- Warner no ha sido capaz de afianzarse en su estilo, como sí ha hecho la competencia, Marvel StudiosEl hombre de acero ponía de manifiesto los problemas de su aproximación (la de Snyder y David S. Goyer) al cine de superhéroes, y hacía necesario que estos fueran erradicados de cara a la inminente expansión de su universo de ficción. Por eso, Batman v Superman es un amanecer en más de un sentido. Es un nuevo comienzo, una oportunidad para enmendar errores y situarse en el camino correcto. ¿Ha aprendido Snyder de la experiencia? ¿Arregla Batman v Superman lo que supuestamente rompió o no supo construir El hombre de acero? Sí… Pero no.

Más allá de la polémica por la caracterización de Kal-El, para muchos una traición al personaje de los cómics, dos de las quejas principales con respecto a la primera película sobre el hombre de Krypton (y a la ouvre comiquera de Snyder en general) se referían a su tono excesivamente serio y grandilocuente (oscuridad no equivale a profundidad), y a su tendencia a la acción desmedida, lo que jugaba en detrimento de la historia. Afortunadamente, Snyder ha escuchado las quejas y ha intentado ponerles remedio. O al menos eso parece. En primer lugar, Batman v Superman sigue siendo muy solemne (al fin y al cabo, es DC), pero se permite bastantes momentos de humor que hacen que la historia respire y el espectador obtenga el alivio cómico tan necesario en este tipo de películas (se rumoreaba que el estudio iba a prohibir los chistes en sus producciones, y nos alegramos de que sea incierto o haya cambiado de parecer). Y en segundo lugar, la película sirve al principio para compensar los fallos del apoteósico clímax de El hombre de acero, hasta el punto de redimirla e invitar a los que se sintieron contrariados por ella a mirarla con otros ojos.

En gran medida, Batman v Superman lidia con las consecuencias de lo ocurrido en la anterior película, para la que funciona como secuela directa, especialmente durante la primera hora y media. Después de un prólogo en el que volvemos a ver morir a los padres de Bruce Wayne (sí, otra vez, aunque afortunadamente se quite esto de en medio enseguida), el film entronca con el clímax de El hombre de acero, mostrándonoslo desde la perspectiva del Hombre Murciélago. A partir de ahí, Snyder nos ofrece reflexiones sobre la responsabilidad del héroe que sirven para completar de forma retroactiva lo visto en El hombre de acero y dan forma a uno de los temas principales de Batman v Superman, que también es uno de los lugares comunes más socorridos del género y en especial de la creación de Jerry SiegelJoe Shuster: la idea del superhéroe como amenaza para la humanidad. Un “falso Dios” que debe aprender a usar su poder en un mundo que por un lado lo venera ciegamente mientras que por otro aquellos en el poder pretenden politizarlo.

Henry Cavill Batman v Superman

Batman v Superman es uno de los blockbusters más ambiciosos jamás realizados, y no solo en lo que se refiere al factor espectacular, sino también en lo que respecta al discurso filosófico/teológico/existencial que ofrece y a su potente propuesta cosmética (en el caso de Snyder ambas cosas fuertemente ligadas). No obstante, la película peca de querer abarcar demasiados temas y Snyder, como de costumbre, acaba tratándolos de forma simplista y aturullada, anteponiendo la metáfora, la iconografía y la solemnidad lapidaria al desarrollo de personajes, a los que no se molesta en dar motivaciones claras. Claro que esto no impide que BvS esté repleta de escenas y diálogos que pondrán los vellos de punta a los fans de los personajes del cómic, a los que se recompensa (o engatusa) con multitud de easter eggs y guiños, como viene siendo ya obligado en este tipo de cine expansivo y transmedia. Y es que lo que más salta a la vista viendo Batman v Superman es cómo está hecha para servir al futuro (ya presente) Universo DC, cómo está constantemente dando “forma” al universo compartido que inaugura, haciendo referencia a lo que veremos en próximas películas, especialmente al crossover en el que todo convergerá siguiendo el patrón de Los Vengadores (y antes que ella, de todos los cómics de superhéroes), La Liga de la Juticia. Así, Batman v Superman introduce, a menudo con calzador y una acuciante falta de ideas (mejor no hablar de esos sueños…), la información y los cameos necesarios para poner los cimientos de las próximas películas, para seguir las líneas del plan maestro y asegurarse la fidelización del público que ya no consume (consumimos) superproducciones, sino superseries cinematográficas.

Pero todo esto debería estar ya asumido. Es la nueva forma de hacer cine comercial, y si funciona, será por algo. Y en este sentido, Batman v Superman funciona, es el espectáculo formulaico que cabía esperar, una superproducción épica, explosiva, y por lo general, satisfactoria (incluso a ratos emocionante) a pesar de su falta de estructura y dirección. Al menos hasta que llega su tercer acto (o cuarto, en realidad es fácil perder la cuenta con dos horas y media de metraje). Hasta entonces, la película ha logrado que el exceso de frentes abiertos y la necesidad de presentar a tantos personajes de peso no juegue demasiado en su contra (aunque haya tramos descentrados y aburridos por esta razón), y se preocupa por mantener una coherencia dentro del disparate intrínseco al género. Sin embargo, después del primer clímax, la impresionante (y breve) batalla de Batman contra Superman en Gotham (una secuencia de gran intensidad y contundencia que podría, y quizá debería haber sido el desenlace), Snyder nos tiene preparado un alargadísimo tramo final que echará tierra sobre todo lo que ha levantado hasta ese momento, y en cierto modo revocará la redención conseguida con respecto a El hombre de acero. Estos cuarenta últimos minutos caen otra vez en el error de la destrucción excesiva (aunque esta vez eviten las bajas civiles) y los deus ex machina, con lo que la película se vuelve repetitiva, confusa y agotadoraBatman v Superman también acaba insensibilizando con su descerebrada violencia cartoon (sin sangre) y sus caóticas imágenes digitales (qué feo el acabado del CGI) en las que es muy difícil, a veces casi imposible, distinguir lo que está pasando. Para cuando la destrucción ha terminado, la exaltación ha dado paso al entumecimiento, y Snyder aprovecha para colar una serie de falsos finales muy torpemente hilados en los que vuelca toda la información necesaria (la que no ha habido manera de encajar antes) para adelantar los siguientes capítulos de la historia. Así, Batman v Superman va de más a menos, trabajando correctamente los elementos individuales para luego no otorgar unidad al conjunto y ahogarse en las incongruencias, prometiendo una cosa para darnos otra vez lo mismo. Va a ser que Snyder no ha aprendido tanto como creíamos.

Lex Luthor

La inconsistencia de la película también se ve reflejada en el reparto. Dice mucho que el intérprete más destacado de Batman v Superman sea Henry Cavill (que no es mal actor, pero tampoco suele destacar por su enorme talento interpretativo), de nuevo perfecto como Clark Kent/Superman. En cuanto a las nuevas incorporaciones, Ben Affleck da el perfil para el Batman de Frank Miller (los fans de su iteración del Hombre Murciélago babearán con su caracterización) y propone una versión madura del personaje que aporta novedad a su hiper-familiar mito, pero la inexpresividad absoluta del actor hace que el personaje (que ya sabemos que no es la alegría de la huerta) roce el tedio (atención a la nula química que tiene con Diana Prince). A Gal Gadot es muy pronto para juzgarla como Wonder Woman, ya que su participación es más bien un aperitivo de lo que podremos ver en su película en solitario, pero de momento da buenas vibraciones. Pero sobre Jesse Eisenberg como el megalómano Lex Luthor sí podemos pronunciar ya un veredicto: fallido. Su personaje sufre por la tendencia del actor a la caricatura y el abuso de los tics, en una interpretación desmesurada y sobreactuada que roza el ridículo en varias escenas. Por otro lado, Jeremy Irons no es un mal Alfred Pennyworth, ejerciendo (junto a otro secundario, Laurence Fishburne) como responsable de la mayor parte de chistes de la película, pero no está a la altura de Michael Caine (que disimulaba mucho mejor lo poco que le importaba estar ahí). Y por último, hay que destacar a una muy digna Diane Lane, y a Holly Hunter en un papel breve pero muy contundente, que nos deja una de las secuencias más impactantes y memorables de la película, la que transcurre en el Capitolio de Washington.

Aun con todo, la película contiene suficientes aciertos como para no tirar la toalla con el Universo DC (yo destaco además de los ya mencionados la banda sonora de Hans ZimmerJunkie XL). La mayor parte del tiempo, Snyder controla sus pulsiones extremistas y machistas (aunque algo se le escapa), y en momentos de lucidez pone su fuerte sentido de la estética al servicio de la historia (algo que no suele ocurrir). Como resultado, tanto los acontecimientos y sorpresas de su copioso argumento, como el jugoso simbolismo de la historia darán a los espectadores bastantes momentos para disfrutar y debatir durante mucho tiempo (aunque las conclusiones que ofrece Snyder no estén a la altura). Batman v Superman responde a su naturaleza de cine evento y sin duda satisfará (incluso enloquecerá) a muchos fans del cómic y el cine de superhéroes, aunque a la vez dará más argumentos para que sus detractores o escépticos sigan hablando de ‘superhero fatigue‘ (aunque no esté tan claro que exista tal cosa) y menospreciando el género. Si algo nos enseña esta película es que, al igual que le ocurre a Superman, no se puede contentar a todo el mundo.

Valoración: ★★★

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Producida por Christopher Nolan y dirigida por Zack Snyder, El hombre de Acero es una asombrosa adaptación cinematográfica de la historia original de Superman. La película está protagonizada por Henry Cavill como nuestro superhéroe junto a Amy Adams como Lois Lane. En un cartel repleto de estrellas, la película también cuenta con Michael Shannon, Diane Lane, Kevin Costner, así como Laurence Fishburne (Morfeo en la triología Matrix) como Perry White y Russel Crowe como Jor-El.

Disfruta de esta magnífica adaptación de la historia original de uno de nuestros superhéroes favoritos de DC Comics de la mano de Warner Bros.

Crítica: El hombre de acero (Man of Steel)

Las calzonas rojas llevan tiempo siendo el mayor sambenito del superhéroe por antonomasia. Superman es quizás el mito más importante de la historia de los tebeos y la cultura popular. Sin embargo, su imagen fuera de los cómics ha estado subyugada por el peso de lo camp. La película que Richard Donner realizó a finales de los 70 es sin lugar a dudas un clásico del cine de aventuras, pero el tiempo no perdona, y todo ha quedado terriblemente desfasado, siendo únicamente salvable por la todopoderosa nostalgia de la generación que controla la cultura en estos momentos. La revisión llevada a cabo por Bryan Singer hace apenas 7 años no contribuyó precisamente a que Superman alcanzase el estatus del que sí ha gozado en el universo gráfico. Es por ello que se hacía necesario borrar cuanto antes el recuerdo de aquel filme con un reboot más acorde con el siglo XXI. En El hombre de acero (Man of Steel), la nueva aproximación al mito de DC, las calzonas rojas por encima de las mallas azules han desaparecido. Una arriesgada, criticada, pero sobre todo necesaria y acertada decisión que es a su vez toda una declaración de intenciones.

El Superman de Zack Snyder es una puesta a punto según los cánones del cine de acción actual. El responsable de otras adaptaciones comiqueras como 300 y Watchmen era a priori una elección lógica para ponerse al timón de un proyecto de esta envergadura. El mito debía ser reconfigurado por alguien que no lo entendiese únicamente como “el tebeo que leía con una linterna debajo de la sábana cuando era pequeño” -la nostalgia es tan reconfortante como peligrosa. El punto de vista de Snyder, y el guionista David S. Goyer (Blade), es inequívocamente adulto, pero solo en apariencia. No nos engañemos, el cine de Snyder no destaca precisamente por ser un prodigio de la narración. Lo suyo es más bien pornografía digital y sobre-estilización de la violencia. Poco más. Esto lo sabían los de Warner Bros., claro está, y por eso se aseguraron de que Christopher Nolan, que ha contribuido enormemente a dignificar el cine de superhéroes con su trilogía El caballero oscuro, supervisase al loco de Snyder. El resultado es una cinta que fluctúa entre la seriedad -o total ausencia de sentido del humor, según se mire- de Nolan y el espectáculo vigoréxico propio de Snyder.

El hombre de acero hace hincapié en el carácter mesiánico del mito, y por lo tanto se construye como una historia de génesis en la línea de Batman Begins pero sin el exceso de autoimportancia de aquella. En esta película, Kal-El tiene 33 años, y llegó del cielo con la misión de llevar la paz y el entendimiento al mundo, aunque esto suponga su sacrificio. Y Henry Cavill, británico que resulta totalmente creíble diciendo “soy de Kansas, no puede haber nada más americano”, siempre ha llevado en la piel el símbolo kryptoniano de la esperanzaSu mentón, sus profundos y amables ojos azules, sus exuberantes pectorales y esos hombros capaces de aguantar el peso de este y otros mundos, nacieron para interpretar a este personajeClark Kent es un granjero cachas y peludo de gran corazón, es casi una ilustración de Tom of Finland, y sobre todo un héroe mucho antes de enfundarse el traje y la capa. Superman -o más bien Kal-El- es una extensión de este hombre, no tanto un alter ego. Kent se afeita (¿cómo si no vamos a ver el característico hoyuelo de Superman?) se repeina (no hay caracol, por suerte) y se convierte en el héroe que todos conocemos, o en una versión algo más digna de él. Kal-El cumple el sueño de su padre biológico, Jor-El (Russell Crowe), convertirse en “lo mejor de ambos mundos” (como Hannah Montana), y el de su padre adoptivo (Kevin Costner), ser libre de elegir su destino. Es el superhombre paradigma de lo supermoral. Sin embargo, Snyder es incapaz de extrapolar el carácter humano del personaje a su película, y la desmesurada acción acaba sepultando cualquier atisbo de reflexión o introspección.

El hombre de acero es el impresionante, épico y ensordecedor espectáculo que todos esperábamos, para contar una vez más la historia que todos conocemos -reordenada sensatamente para resultar más verosímil, aunque duela a los más puristas. A pesar de la gran labor de casting, las correctas caracterizaciones, y la gran presencia de Russell Crowe y Michael Shannon, las relaciones y conflictos entre personajes se quedan en la superficie, y el talento de estos actores no se aprovecha como debería -esperemos que para la secuela Amy Adams se despierte. Llega un momento de El hombre de acero en el que los personajes se diluyen por completo en una montaña rusa de acción mareante, efectos digitales (a la altura de la gran ocasión), violencia extrema sin apenas una gota de sangre derramada, y sobredosis de explosiones y destrucción masiva. El prolongadísimo y frenético tramo final genera hasta tres clímax diferenciados tan espectacularmente ejecutados como agotadores, y para entonces ya nos hemos olvidado de lo que Snyder y Goyer nos quieren contar, si es que de verdad nos quieren contar algo. El hombre de acero no es ni de lejos fallida, solo excesiva y descontrolada. Un sci-fi grandioso y titánico. Pero sobre todo un blockbuster de acero que logra exactamente lo que pretendía: convertir a Superman en un héroe de nuestro tiempo.