Crítica: La quinta ola

Chloe Grace Moretz; Nick Robinson

Hemos perdido la cuenta de los intentos fallidos de encontrar la siguiente gran saga cinematográfica para adolescentes, y aun así, Hollywood no escarmienta y los estudios no cejan en su empeño. La búsqueda de la siguiente Harry Potter o Crepúsculo ha dado paso a la de la próxima Los Juegos del Hambre. Pero todos estos años de ensayo y (sobre todo) error se han saldado con incontables fracasos de taquilla, primeros capítulos que se han quedado en eso, en meros principios, historias frustradas que no han podido ir más allá de su planteamiento, porque el público no ha respondido como se esperaba. En este panorama de hastío hacia el género aparece la enésima propuesta young adult basada en una serie de libros para adolescentes, La quinta ola (The 5th Wave), sin duda una de las historias menos originales que van a llegar a las pantallas este año.

Basada en el primer libro de la trilogía de ciencia ficción distópica escrita por Rick YanceyLa quinta ola es un déjà vu constante que nos recuerda a demasiados otros títulos. Sin ningún tipo de reparos, la historia “toma prestados” elementos de AlienIndependence DayEl juego de EnderLa carretera, referentes que son mezclados en un argumento de supervivencia y rebelión adolescente con heroína protagonista que está cortado según el patrón de la saga de Katniss Everdeen. Aquí se nos narra una invasión alienígena a la Tierra, organizada en cuatro oleadas sucesivas de ataques, a cada cual más devastador, que dejan gran parte del planeta diezmado. Ante la inevitabilidad de una quinta ofensiva que acabe con la raza humana definitivamente, el Ejército (estadounidense, claro está) entrena a niños y adolescentes para la guerra contra los invasores. Cassie Sullivan (Chloë Grace Moretz) intenta sobrevivir a los ataques mientras busca a su hermano pequeño, que casualmente se encuentra junto al cuelgue del instituto de la chica, Ben Parish (Nick Robinson). Cuando todo parece perdido, un misterioso campesino, Evan Walker (Alex Roe), aparece de la nada para ayudarla, pero Cassie cree tener motivos para no confiar en el muchacho.

CartelCine LaQuintaOla 68x98.inddLa primera media hora de La quinta ola no está mal del todo, gracias sobre todo a las imágenes apocalípticas de las cuatro primeras olas, que nos dejan notables secuencias de acción y destrucción, y al tono acertado en la narración. Sin embargo, a partir de la irrupción de los militares, el film se precipita cuesta abajo y sin frenos, hasta estrellarse en su recta final, en la que un (supuestamente) sorprendente giro de guion acaba condenándolo al mayor de los ridículos. Es increíble la cantidad de topicazos, sinsentidos y agujeros de guion que caben en una misma película (no nos sorprende ver a Akiva Goldsman en la lista de guionistas, por cierto), pero nada es comparable al bochorno que provoca el triángulo amoroso, forzada trama exenta de química que hace flaco favor al ya de por sí lamentable trabajo de Chloë Grace Moretz.

Moretz es la perfecta metáfora young adult: Hollywood se empeña en venderla, pero no hay nada que vender. La chica no tiene el talento que se esperaba de ella, y en La quinta ola está muy desubicada, demostrando que no es capaz de llevar el peso de una película sobre sus hombros. Su director, J Blakeson (sí, ese es su nombre artístico), no es consciente de ello o no le importa, y la/nos tortura con primeros planos en los que la actriz se deja en evidencia por su ineptitud dramática (por más que lo intenta, no derrama una sola lágrima). Pero Moretz no está sola. Los otros dos miembros del triángulo son incluso más insulsos que ella (Roe sobre todo duerme a las ovejas), Maika Monroe es una mala copia de Jena Malone (Johanna Mason) en Hunger Games, el niño Zackary Arthur es de lo más incompetente e irritante, y de los adultos resultan especialmente patéticos Liev Schreiber y, sobre todo, Maria Bello, en un papel que provoca auténtica vergüenza ajena. Claro que sería injusto echarles la culpa de todo a ellos. Cuando el material es tan estéril, poco se puede hacer para sacar algo bueno de él.

Ocasionalmente, La quinta ola es un producto de entretenimiento eficaz, pero no tarda mucho en desmoronarse por culpa de su guion. Nada tiene sentido en su incoherente y sobre explicativo argumento, todo cuanto ocurre en ella responde a la necesidad de ajustarse a la fórmula del género como sea, y cuanto más en serio se toma a sí misma (que es mucho), más se hunde en el absurdo y más risible resulta. Hasta el punto de convertirse en una de las comedias involuntarias del año. Un epic fail absoluto.

Valoración: ★★

Crítica: El corredor del laberinto – Las pruebas

THE SCORCH TRIALS

[Esta entrada contiene algún detalle de la trama que puede ser considerado spoiler]

En el mundo de las adaptaciones cinematográficas de novelas juveniles, o te mueves rápido, o caducas. Si no, fijaos en el caso de El corredor del laberinto. El año pasado se estrenó la primera entrega de la saga basada en la trilogía literaria The Maze Runner (ahora tetralogía con la incorporación de una precuela), escrita por James Dashner. La película cosechó el éxito suficiente en taquilla, por lo que el estudio a cargo de ella (20th Century Fox) no perdió el tiempo en anunciar la secuela y ponerse manos a la obra con su producción. En tiempo récord, el mismo director que se ocupó de la primera parte, Wes Ball, ha sacado adelante Las pruebas (The Scorch Trials), que se estrena exactamente un año después que la primera. El impacto de las producciones teen es efímero e imprevisible por naturaleza, además, el público más joven tiende a pasar muy rápidamente de una cosa a otra (el segundo capítulo de Divergente se capuzó en taquilla porque tardó relativamente demasiado en llegar, algo que sin embargo no ha ocurrido con Los juegos del hambre), por eso se entiende que el proceso de conversión en franquicia se haya acelerado en este caso.

Sin embargo, Las pruebas no parece un producto hecho con prisa, sino más bien todo lo contrario. Lo más sorprendente de la película es lo trabajada que está desde el punto de vista técnico, teniendo en cuenta lo poco que han tardado en hacerla. Fox ha tirado la casa por la ventana y se nota, pero de nada serviría un aumento de presupuesto si detrás no hubiera gente capaz de transformarlo en una película estimulante, y aquí hay un equipo muy eficiente que tiene claro lo que hay que hacer para que esto ocurra (otra cosa es que la historia esté a la altura, pero vayamos por pasos). El acabado visual de Las pruebas es excelente, con una fotografía, diseño de producción y efectos digitales de primera. Hay en ella planos verdaderamente hermosos, siluetas recorriendo áridos paisajes postapocalípticos y enormes estructuras de metal que captan a la perfección el espíritu más épico de la continuación. Y no solo eso, el trabajo de cámara de Ball sigue resultando solvente fuera del Laberinto, sabiendo cómo filmar escenas de acción tensas y trepidantes sin sacrificar coherencia.

Efectivamente, la secuela de El corredor del laberinto aumenta considerablemente las dosis de acción y violencia (leve), encadenando set pieces por lo general muy bien ejecutados (destaca la huida de CRUEL que tiene lugar en la primera sección del film o la destrucción de la guarida de Jorge, interpretado por Giancarlo Esposito). De la misma forma, y como mandan los cánones del cine young adultLas pruebas es más oscura e intenta ser más adulta que su predecesora, llegando a asemejarse por momentos a una película de zombies (aquí llamados “Raros”) o pandemias al estilo de Guerra Mundial Z. Pero la saga no solo busca la mayoría de edad en sus escenas de acción y terror (estas últimas no aptas para los más pequeños), sino que también incorpora motivos de sexo y drogas, especialmente durante una secuencia alucinógena en un burdel donde el protagonista, Thomas (nuestro querido Muppet de carne y hueso Dylan O’Brien), se convierte en la Sarah de Dentro del Laberinto mientras intenta escapar del sueño lisérgico en el que está atrapado (pasaje en el que nos encontramos a un bizarrísimo Alan Tudyk por cierto). Aun así, nada que deba preocupar a los padres que dejan solos a sus niños en el cine.

THE SCORCH TRIALS

Por lo demás, Las pruebas sigue al pie de la letra los patrones impuestos por Los juegos del hambreDivergente. El año pasado, El corredor del laberinto se distanciaba ligeramente de dichas sagas gracias a que jugaba con otros elementos, siendo ideada más bien como un ejercicio de misterio, un puzle que nos recordaba a cosas como Cube o la serie Perdidos. No obstante, la salida de Thomas y sus Niños Perdidos del Laberinto hacia el mundo exterior, la Quemadura, ha conllevado la homogeneización de la saga, que con su segunda parte ya apenas muestra diferencias con las franquicias mencionadas. Eliminado el Laberinto de la ecuación la cosa pierde gracia, y lo que nos queda es la enésima aventura distópica en la que un “elegido” y su grupo de jóvenes aliados oponen resistencia a un totalitario ente gobernante y luchan por sobrevivir -superando fases como en un videojuego– mientras se gesta una revolución. La idea es la misma de siempre, la juventud como única esperanza de futuro (aquí se convierten literalmente en la cura de la humanidad), pero aunque siga siendo pertinente, Las pruebas no consigue hacerla interesante; sobre todo porque opta por el camino fácil y apenas se molesta en desarrollar a sus más bien planos personajes tal y como la historia requiere (algo que pasa factura cuando los giros importantes no parecen lo suficientemente justificados).

El corredor del laberinto nos presentaba un enigmático universo construido y contenido por unas reglas que se destruían al final. Las pruebas construye una mitología mucho más amplia y abierta a partir de las piezas que quedaron de esa primera parte, abandonando a sus protagonistas a su suerte en un escenario más grande, hostil e impredecible, donde se topan con mil y un nuevos personajes en cada parada de la odisea en la que se han embarcado (como ocurre en toda fantasía itinerante clásica). Esto resulta ocasionalmente emocionante (sobre todo durante su primera mitad y cuando entra en escena Brenda –Rosa Salazar), pero la narración episódica se acaba resintiendo por culpa del excesivo metraje (131 minutos), y la recta final de la película pone de manifiesto la falta de originalidad y profundidad del nuevo enfoque (más de lo mismo elevado al cubo). Claro que lo que no se puede negar (y no lo hemos hecho) es que Ball ha realizado una notable cinta de aventuras y acción, un pasatiempo más bien superficial, que aun con todo, sigue siendo de lo más destacado dentro de su género. Ojalá para la tercera y última entrega no se conformaran solo con eso, porque material hay de sobra (y no me refiero a las novelas) para hacer algo que se salga de la norma de una vez por todas. No deja de resultar paradójico que estas películas que nos hablan constantemente de romper el molde y oponerse al sistema acaben haciendo siempre justo lo contrario.

Valoración: ★★★