Rocketman: Bienvenidos al show de Taron Egerton

El biopic musical se ha convertido en uno de los géneros del moda gracias al impresionante éxito de Bohemian Rhapsody en 2018. La película sobre Queen despertó el interés del público (y el de Hollywood) por ver en el cine a las figuras más míticas de la industria musical y esto benefició enormemente a Rocketman, biopic sobre Elton John que llegó a los cines la pasada primavera, rodeado de expectación y justificada fanfarria.

La película, producida por el propio cantante, narra el fascinante viaje de un joven prodigio del piano llamado Reginald Dwight y su transformación en una de las mayores superestrellas internacionales del pop-rock. Taron Egerton (Kingsman) se pone en la piel (y el alma) del icono británico en una película realizada por Dexter Fletcher, que ya dirigió al joven actor en otro biopic, Eddie el Águila, y producida por Matthew Vaughn, con quien trabajó en Kingsman (todo queda en familia).

Rocketman recorre la vida de Elton John a través de sus canciones más conocidas en un espectáculo musical colorido, sexy, deliciosamente kitsch y muy gay que mezcla números teatrales con detalladas recreaciones de algunas de sus actuaciones más memorables. Alejándose del realismo de Bohemian RhapsodyRocketman se zambulle de cabeza en la fantasía (palabra que John eligió para describir la película), con secuencias musicales oníricas y números de Broadway que (aunque no siempre se vuelven todo lo grandes que deberían) reinterpretan el repertorio de Elton John de forma creativa y estrambótica. El resultado es un estallido glam de lentejuelas y purpurina que capta perfectamente el espíritu y la actitud del artista.

Uno de los mayores aciertos de Rocketman es su decisión de no blanquear en exceso la vida de su protagonista. John ha reconocido que la película es una interpretación libre y llena de licencias de su propia biografía, pero esto no quiere decir que se haya dejado fuera algunos de sus pasajes más oscuros, muy importantes en la construcción de su persona, como la complicada relación con sus padres, su mala gestión de la fama o sus problemas de adicción. La película (no recomendada para menores de 16 años) contiene lenguaje explícito y escenas de sexo (homosexual) y consumo de drogas que, si bien no llegan a escandalizar, ayudan a pintar un cuadro más honesto y atrevido de la vida del cantante, no solo de sus momentos más alegres, sino también de los más difíciles.

Rocketman cuenta con un estupendo reparto en el que destacan Bryce Dallas Howard como la odiosa madre de John, un excelente Jamie Bell como su inseparable letrista y amigo Bernie Taupin (su amistad es uno de los aspectos más conseguidos del film) y Richard Madden como su exmanager y expareja John Reid, el villano oficial de la función. Pero sin duda, la película tiene nombre propio, y ese es Taron Egerton, que se entrega por completo al personaje y a la leyenda. Además de cantar de maravilla, el actor evita la imitación burda con una interpretación enérgica, emotiva y muy humana con la que rinde sincero tributo al icono sin caer en la caricatura.

Aunque asume riesgos con los que otros no se atreven, Rocketman es en el fondo un biopic narrativamente tradicional. Uno muy eficaz, eso sí, divertido, emocionante y con buena factura (la puesta en escena y el vestuario sobresalen, por supuesto). Lo que hace que se eleve, que flote por encima de otras películas biográficas es la fuerza de canciones como I Want Love, Your SongCandle in the Wind, el sensacional trabajo de un actor que nació para cantarlas y la figura que homenajea: un chico de pueblo convertido en una de las estrellas más emblemáticas y extravagantes de la historia del pop.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Rocketman ya está a la venta en digital, 4K UHD, Blu-ray, DVD y edición limitada Blu-ray en caja metálica. Este es el contenido adicional de las ediciones que ha sacado Paramount Pictures en nuestro país:

DVD

-Va a ser una aventura salvaje: La visión creativa
-Música reimaginada: Las sesiones de estudio
-Versión Sing-Along: con temas seleccionados

BLU-RAY (incluye los extras del DVD y contenido exclusivo adicional):

-Sencuencias musicales extendidas
-Diez escenas eliminadas y extendidas
-Convirtiéndose en Elton John: La transformación de Taron
-Más extenso que la vida: Diseño de producción y vestuario

La edición 4K UHD + Blu-ray incluye un disco 4K UHD con la película en ultra alta definición y sonido Dolby Atmos en su pista en versión original, y el Blu-ray con todos sus extras.

La edición especial limitada en caja metálica incluye el Blu-ray con todos sus extras en un elegante steelbook para coleccionistas.

Crítica: Eddie el Águila

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Hay vidas que son dignas de contar en el cine porque se han dedicado a una causa que ha cambiado el mundo o han contribuido a algún avance histórico. Y después hay historias más sencillas que merece la pena conocer porque nos enseñan algo esencial sobre el espíritu humano, aunque no provenga necesariamente de un genio o un campeón. Este sería el caso de Eddie el Águila, biopic del tenaz saltador de esquí Eddie Edwards, que conquistó al mundo tras convertirse en el primer representante de Gran Bretaña en esta categoría durante los Juegos Olímpicos de Invierno de 1988. La particularidad de Edwards no era ser un atleta prodigioso, sino que se negó a rendirse a pesar de no tenerlas todas consigo, y halló la gloria en el triunfo personal en lugar de la excelencia deportiva.

Eddie, apodado ‘El Águila’ de forma irónica y cariñosa durante la competición en Canadá, era un underdog, es decir, un deportista muy por debajo de la media que no tenía ninguna posibilidad de ganar, pero aun así se presentó a los Juegos para cumplir su sueño de toda la vida y conseguir el récord de salto para su país. Todo un ejemplo de perseverancia y optimismo que ha inspirado una película altamente motivadora e irresistiblemente buenrollistaEddie el Águila está dirigida por Dexter Fletcher, actor visto en Kick-Ass, y producida por Matthew Vaughn, director de Kingsman. Pero que el curriculum de sus responsables no os engañe. Eddie el Águila no es la comedia que cabría esperar del productor de esas dos irreverentes películas, sino un amable biopic de manual.

La historia de Edwards es sin duda peculiar y extraordinaria, pero no se puede decir lo mismo sobre la película que la ha inspirado, ya que esta sigue las reglas del género biográfico al pie de la letra. Hasta el punto de resultar quizá excesivamente convencional y rutinaria. La excentricidad de Eddie no se traduce en una película excéntrica (como podría ser el caso de la reciente Foxcatcher), sino en un auténtico ‘crowd-pleaser’, es decir, una cinta diseñada para agradar y complacer al público (más cercana a la comedia británica reciente que a Hollywood). Para ello, Flecther echa mano de todos los lugares comunes del cine deportivo: los tiras y aflojas para llegar a la competición, los fracasos antes del triunfo, el mensaje sobre la importancia de participar por encima de ganar (un lema que engloba el espíritu de las Olimpiadas y que la Eddie El Águila_Posterpelícula celebra con contagioso convencimiento), sin olvidar por supuesto el obligado montaje musical de entrenamiento -la excelente banda sonora a base de sintetizadores ochenteros y temas rock brillantemente escogidos es uno de los puntos fuertes de la película. Todos estos elementos predecibles pueden hacer que el film resulte demasiado mecánico, pero afortunadamente sabe compensarlo con grandes dosis de encanto.

Y este encanto proviene principalmente de su pareja protagonista, Taron Egerton como Edwards, y Hugh Jackman interpretando a su entrenador, Bronson Peary, personaje ficticio creado para la película, que precisamente contribuye a que los tópicos del cine deportivo (y concretamente los de la relación entrenador-deportista) se multipliquen exponencialmente. Jackman ya ha demostrado en muchas ocasiones que es un actor de talento, y en Eddie el Águila es fácilmente el intérprete más destacado. Y es que, aunque Egerton esté entrañable y derroche simpatía a raudales, lo cierto es que compone una interpretación que se apoya demasiado en la caricatura y los mohínes (por otro lado comprensible, ya que no le queda más remedio que hacerlo para afearse y ser lo más fiel posible al Edwards verdadero). Por suerte, la fantástica química que hay entre los dos actores hace que esto acabe importando menos. Al final, no puedes sino rendirte a la irresistible energía de Egerton, de la misma manera que el público se entrega a Eddie en las Olimpiadas y acaba celebrando su discreta victoria como el gran logro personal y la gran lección de superación y humildad que supone. Eddie el Águila es una película ‘feel good’ libre de ambición (como su protagonista), una que no dejará huella en el tiempo, pero sí una sonrisa de oreja a oreja al verla.

Nota: ★★★