Crónica de la Muestra Syfy 2016

Leticia Dolera Syfy

El 13 es un número especial, históricamente asociado a la mala suerte, y con el tiempo justo lo contrario, un símbolo de buena suerte para los que gustan de llevar la contra. Para los fans del cine fantástico, el 13 ha significado algo muy especial este fin de semana: una de las mejores ediciones de la Muestra Syfy. Nuestro mini-festival favorito se ha mudado de residencia, pero sigue viviendo en el mismo barrio. De los Cines Callao al Cine de la Prensa de Gran Vía, sin perder en la mudanza ni un ápice del entusiasmo que lo caracteriza.

Como todos los años, nos damos cita con la Muestra Syfy, organizada por el canal de televisión Syfy España, para ver cine de género (fantástico, ciencia ficción, terror, animación) durante cuatro días (este año del jueves 3 al domingo 6 de marzo). Una veintena de películas que han conformado una programación en la que, como de costumbre, han tenido cabida las ideas más disparatadas y las propuestas más curiosas. Muertos vivientes, fantasmas, zombies, demonios, extraterrestres y caníbales (por partida doble, que este año ha sido el de los antropófagos), todos se han reunido un año más para la gran fiesta del cine fantástico en Madrid.

Y como decía, aunque hayamos cambiado de emplazamiento, el espíritu de la Muestra sigue intacto. Por un lado gracias a la organización, que ha llevado a cabo el cambio de la forma más fluida (esperábamos que al cambiar de una sala grande a tres más pequeñas hubiera un caos mayor, y para nada), por otro a los seguidores (bautizados “mandanguers” -o mandangers- durante la última sesión del domingo), incansables, “motivados” y con ganas de darlo todo en las proyecciones, y por último, pero no por ello menos importante, gracias a la gran Leticia Dolera, que un año más se corona como la reina geek (Mandanga Queen) de nuestro país. Parece mentira, pero Dolera se supera cada año. El nivel de complicidad que ha alcanzado con los asistentes a la Muestra es increíble (para entender los chistes internos o la importancia de las palabras “mandanga” y “Canino” hay que haber estado allí), y se ha notado especialmente en esta edición, en la que, entre otras muchas cosas, ha recordado a sus compañeros de Al salir de clase con velas en la mano (in memoriam?), ha demostrado su amor por Buffy, ha llamado por teléfono a Raúl Arévalo, al que dejamos un mensaje de voz porque no lo cogió (y al que esperamos ver en la próxima edición, no nos falles, Raúl), ha cantado los precios de la cantina, ha reivindicado a Chicho Ibáñez Serrador (Goya honorífico ya), ha criticado (de bromi) a los actores españoles por no vocalizar, y por supuesto, ha repartido Huesitos entre el público. Todo del mejor rollo posible. Gracias, Leticia. Sin ti la Muestra no sería lo que es.

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Dicho esto, pasemos a hablar de las películas que hemos podido ver este año. Muchas de las que, por cierto, tienen distribución en España, así que anotad las recomendaciones. La Muestra dio el pistoletazo de salida el jueves 3 con el preestreno de La invitación, de Karyn Kusama, uno de los grandes éxitos de la pasada edición del Festival de Sitges, donde se alzó con el premio a la mejor película del certamen. Con un reparto de caras conocidas, sobre todo para el seriéfilo (Logan Marshall-Green, Michiel Huisman o John Carroll Lynch), La invitación es una cinta malrollera que recuerda a Coherence en sus ambientes y a La cena de los idiotas por su mala baba. Kusama sabe dosificar la información como si de un menú degustación se tratase y nos embriaga de tal manera que seguimos pidiendo más a pesar de que sintamos ya los ardores de las horas posteriores. Menos mal que tiene el detalle de ofrecernos un chupito digestivo para pasar el (mal) trago.

El viernes 4 nos deparaba más de una sorpresa. El primer día propiamente dicho de la Muestra arrancaba con la noruega Villmark Asylum, secuela de uno de los mayores éxitos cinematográficos del país nórdico que nos proponía de nuevo (“nos” es un decir, porque de los cientos que estábamos en la sala solo cuatro fans aplicados habían visto la primera) una historia de terror ambientada junto a un lago remoto, concretamente en un hospital abandonado donde se trataba a los enfermos de tuberculosis muchos años Imagen 2atrás. Como podéis imaginar por la descripción, Villmark Asylum es la típica película de “manicomio encantado”, y recurre a los tópicos y la imaginería habitual del género (fantasmas de pacientes y enfermeras deambulando entre pasillos, experimentos inmorales), donde por desgracia se queda completamente estancada sin saber qué contar. Un rollazo.

Las dos siguientes películas de la tarde sirvieron para arreglar el mal sabor de boca de Villmark 2 (su título original) y despertarnos de la siesta. En primer lugar, la británica Nina Forever nos planteaba una premisa sencilla a la par que interesante, con una historia romántica sobre un chico que perdió a su novia en un accidente y, cuando intenta iniciar una nueva relación (concretamente cuando practica el sexo con su nueva pareja), la novia se le aparece tal y como quedó tras el accidente para atormentarle a él y a la chica. Una metáfora sobre las relaciones y la pérdida que, a pesar de resultar demasiado evidente, da para muy buenos momentos, aunque al final se pierda por no saber cómo ni cuándo concluir la historia. Nos quedamos con la primera hora de la película, rebosante de sentido del humor, emotividad y erotismo, y con las interpretaciones de su trío protagonista, en especial las femeninas, Fiona O’Shaughnessy y Abigail Hardingham. En segundo lugar, llegó la esperadísima (y apaleadísima) nueva película de Eli Roth, The Green Inferno, y resultó ser uno de los mayores éxitos entre el público de la Muestra. Roth ha orquestado una película repugnante, nauseabunda, con los peores actores del mundo y autoconscientemente mala que se reveló como la oferta perfecta para la Muestra, como demostraron las continuas carcajadas y aplausos de la sala. Una cinta idónea para este tipo de ocasiones, en las que a veces es mejor no pesar demasiado lo que se está viendo y dejarse llevar. Eso sí, vais sobre aviso si decidís verla: al igual que su día Holocausto caníbal (de la que evidentemente bebe, y come, mucho) sus imágenes gore pueden provocar más de un mareo.

Las sesiones nocturnas del viernes nos dejaron otra sorpesa. Desafortunadamente no fue la española Vulcania, que fue recibida con indiferencia y aburrimiento generalizado (quizá si los responsables del film no hubieran estado en la sala presentándolo el público se habría ensañado más). El debut de José Skaf en la dirección de largometrajes es una oportunidad perdida, una película que recuerda demasiado a El bosque (aunque Skaf asegurase que todo parecido es coincidencia) y que, a pesar de su excelente factura y buen reparto, nos deja completamente a medias (aquí podéis leer una crítica completa de la película, que ya está en cines). A continuación , la primera sesión golfa de la Muestra 2016 nos presentaba la primera parte de la japonesa Parasyte, de Takashi Yamazaki, film que fue recibido cálidamente por el público del Cine de la Prensa. Parasyte, Part I  es la hilarante visión japonesa de la Nueva Carne de Cronenberg (se trata de la adaptación live action del manga del mismo nombre), con momentos cómicos muy conseguidos y una épica tan ridícula como convincente. Por una noche, Migi destronó a Huevón como rey de la madrugada Syfy.

BONE TOMAHAWK

El sábado por la mañana tenía lugar la primera sesión Syfy Kids, con la proyección de una de las nominadas al Oscar a Mejor Película de Animación este año, The Boy and the World, distribuida en España por Rita & Luca Films. La tarde comenzaba con la surcoreana The Piper, adaptación libre de El flautista de Hamelín que tiene lugar en una pequeña aldea azotada por una plaga de ratas, donde un hombre y su hijo hacen una parada para ayudar a los habitantes. La película de Kim Kwang-tae comienza como una comedia amable con toques de realismo mágico y en su tramo final se transforma en una historia oscura, trágica y macabra. Una película peculiar de la que se pueden destacar bastantes virtudes, entre las cuales por desgracia no se encuentra la consistencia. A continuación se proyectaba la caboyano-americana Listening, que juega con la idea de la manipulación de la mente y la creación de la telepatía, y que fue con diferencia una de las peores películas de la muestra. Llamarla amateur sería quedarse muy cortos. Una primera parte que copia descaradamente a Primer da lugar a una segunda mitad que adquiere tono épico-conspiranoico y se hunde en el mayor de los ridículos. Y lo peor de todo, el asqueroso machismo que recorre toda la cinta. Lamentable. Pero es que esa misma noche pudimos ver otro desastre de proporciones épicas, Generación Z (título español para The Rezort), una Parque jurásico con zombies en lugar de dinosaurios que, por muy atractiva que suene la idea, no podría haber dado lugar a una película más terrible. Y lo peor no es el planteamiento completamente absurdo (eso no es un problema en la Muestra), sino que ¡se toma en serio! y contiene un mensaje político que no podría estar hilado de forma más patética. Menos mal que justo antes habíamos disfrutado del plato fuerte del día, Bone Tomahawkwestern atípico cargado de humor, violencia extrema (condensada en su magnífica recta final, donde podemos ver una de las muertes más despiadadamente brutales y gráficas de la historia del cine) y grandes interpretaciones, en especial la de Richard Jenkins, que conquistó a la sala al completo. Una gozada.

Foto de Mara

El sábado muchos hicimos un paréntesis para asistir a la proyección del musical de Buffy, cazavampiros, “Once More, With Feeling” (6×07), una ocasión de lujo para poder ver en pantalla de cine uno de los capítulos más emblemáticos de esta serie de culto. El ambiente seriéfilo era inmejorable y nuestra anfitriona, Leticia, nos preparó una presentación genial. En primer lugar nos hizo un recorrido por la serie, resumiendo las temporadas y hablando sobre la experiencia que supone ser espectador de Buffy, en especial si se vio por primera vez durante la adolescencia (o post-adolescencia). A continuación recomendó el libro sobre Joss Whedon De la Estaca al Martillo, que como muchos sabéis, coordiné el año pasado junto a mi colega, amiga y admirada Cazadora Irene Raya. Aunque ya lo hice en persona, desde aquí quiero agradecer de todo corazón una vez más a Leticia por hablar del libro en la proyección (en dos proyecciones distintas, de hecho), fue un detalle precioso que convirtió lo que ya estaba siendo una gran Muestra en mi mejor Muestra. Por último, Dolera orquestó un gran momento fan junto a los fans de Buffy, haciéndonos ensayar un fragmento de la canción “Walk Through the Fire“. ¿El resultado? Juzgad vosotros mismos:

Y llegó el último día. El domingo suele ser una jornada de mayor relax en la Muestra, y este año ha cumplido esa norma. El día arrancaba con la polaca Demon, adaptación moderna de la leyenda del dybbuk judío que transcurre durante una boda tradicional en el campo. Una película divertida, surrealista e inteligente que acercaba el cine de autor europeo a la Muestra, demostrando que cualquier tipo de propuesta fantástica tiene cabida en ella. Demon resultó ser una de las películas más interesantes de este año, un relato impregnado de vodka e historia (la de unas ruinas que no se pueden o no se quieren reconstruir), de un humor absurdo y filosófico exquisito y una memorable interpretación protagonista, la de Itay Tiran. Su director, Marcin Wrona, se suicidó en 2015, dejándonos una excelente obra póstuma. Una pena no saber hasta dónde podía haber llegado su talento.

La tarde del domingo continuó con Jeruzalem, un found footage ambientado en la capital israelí y protagonizado por dos turistas americanas cuyas vacaciones se ven interrumpidas por el día del Juicio Final. The Paz Brothers abordan el hastiado género del metraje encontrado intentando revitalizarlo con un nuevo gadget: las Google Glass. De esta manera salen airosos del engorro que suelen tener todos los directores para justificar el hecho de que sus protagonistas no dejen de grabar. Pero más allá de eso, no hay nada verdaderamente destacable de Jeruzalem, además de su bello y original emplazamiento. Una película que sigue los dictados del género (y demuestra algo más que admiración por [REC], como advirtió después Dolera, o Cloverfield) y al menos entretiene y cumple su función a pesar de caer en el despropósito continuamente. Y después de Jeruzalem, dimos un giro de 180º grados en el tono para disfrutar de la (muy) británica Absolutamente todo, dirigida por Terry Jones (miembro de Monty Python, guionista de Dentro del Laberinto, que también se pudo ver en una sesión especial en homenaje a David Bowie), una comedia directamente salida de los 90 que recuerda demasiado a Como Dios, pero que resultó ser un soplo de aire fresco gracias a sus divertidos diálogos y al buen hacer de su protagonista, un carismático Simon Pegg demostrando que puede ser un gran leading manAbsolutamente todo también destaca por ser la última película de Robin Williams (en ella dobla al perro Dennis y nos deja algunos de los mejores momentos de la cinta) y por contar con las voces de lo Monty Python dando vida a los extraterrestres que otorgan los poderes al personaje de Pegg.

hiddleston high rise

La Muestra 2016 tocaba a su fin con la esperadísima High-Risepelícula dirigida por Ben Wheatley y escrita por él junto a Amy JumP a partir de la novela de J. G. BallardHigh-Rise venía precedida de mucha expectación, aunque acabó siendo una gran decepción (y no es que no nos lo hubieran advertido desde Sitges y otros festivales). High-Rise es una cinta post-apocalíptica retro-futurista que podría describirse (muy superficialmente) como una fusión de BrazilSnowpiercer. La película tiene un planteamiento muy interesante y suficientes elementos atractivos por separado (la estética, la música, la percha de Tom Hiddleston, el sorprendente talento de Luke Evans), pero en conjunto resulta fallida, sobre todo por un empeño, casi exhibicionista y provocador, en el estilo por encima de la sustancia, y la locura y el absurdo porque sí, lo que juega en detrimento de la historia. High-Rise se pierde en la no-narratividad hacia la mitad de su metraje y no se recupera, rematando su “relato” con una conclusión sobre-explicativa que subraya demasiado el mensaje y parece que ya va con recochineo. Probablemente estemos ante una obra incomprendida que será reivindicada como película de culto. Quizá solo sea una pretenciosa paja mental que acabaremos olvidando. El tiempo lo dirá.

Y hasta aquí otra Muestra Syfy llena de buen rollo, amistad y celebración de la cultura fan y el cine (y la tele) de género. Me despido con una de las frases más bonitas de Leticia Dolera, pronunciada (con toda sinceridad y convencimiento) durante una de sus encantadoras presentaciones:

“Axioma: Te gusta el cine fantástico y de terror, eres buena persona. Te gusta Buffy, eres buena persona”.

¡Hasta el año que viene, Mandangers!

Texto de Pedro J. García y David Lastra

Personajes Whedon: Lorne (Krevlornswath del Clan Deathwok)

Lorne Angel cabecera

No es fácil ser verde

Lorne: This is way beyond my Ken… and my Barbie, and all my action figures.

El hecho de que fuera un demonio el responsable de aportar luz a la cada vez más oscura trama de Angel es una de las muchas contradicciones que cimentaban la serie hermana de Buffy. Pero Lorne era mucho más que eso. Lorne no era un demonio cualquiera, él era una criatura verde proveniente de una dimensión lejana que trataba de parecerse en la medida de lo posible a sus amigos los humanos. Sus trajes de colores chillones -que revelaban un estupendo sentido de la moda, porque su color de piel se lo permitía-, su pasión por la música, y su conmovedora empatía hacia los humanos -manifiestada principalmente por su cálida manera de dirigirse a ellos y sus cariñosos apelativos-, le convertía en uno de los personajes más intrínseca y utópicamente humanos de la serie.

La historia de Lorne es toda una declaración de intenciones. Como más adelante sucedería con Andrew en Buffy, cazavampiros, la ambigüedad sexual del personaje permitió a los guionistas jugar con el espectador, sin ofrecer ningún tipo de respuesta al respecto. Porque no hacía falta, y no porque estuviera claro, sino porque al final era lo menos importante. Lorne llegaba a Los Ángeles en 1996, tras ser succionado por un portal interdimensional. La vida en Pylea, su dimensión natal, no fue un camino de rosas para el demonio verde. Lorne no era como sus congéneres, los demonios del Clan Deathwok. Él vivía en un mundo completamente distinto al de sus familiares y vecinos, campeones que entrenaban para luchar y matar. Cabezas huecas según él, sin más aspiración que la de derramar sangre y hacer de ello una recompensa para una vida de esfuerzo, dedicación y testosterona demoníaca.

Lorne

Lorne era el hermano sensible, el niño diferente, el adolescente rarito, prácticamente un apestado. Como de costumbre, Whedon daba en el clavo extrapolando la realidad más mundana a sus universos ficticios. Si Lorne hubiera sido humano, sería el niño que se encierra en su cuarto a leer mientras los demás salen a la calle a darle patadas a cualquier objeto que pudiera servir como balón. Sería el joven que prefiere estar tirado en el suelo escuchando música, mientras sueña con un futuro bajo los focos de un teatro. Es decir, Lorne sería el mariquita del barrio (entiéndase “mariquita” como sinónimo de distinto, rechazado, raro-queer). Por eso, al descubrir la Tierra, y en concreto Los Ángeles, un lugar donde la música tiene una importancia vital (en Pylea no existía), donde la cultura y el ocio le permitirían llevar una existencia hedonista y privilegiada, y en el que la moda no se limitaba a taparrabos de piel y cascos semi vikingos, Lorne decidió quedarse a vivir allí.

“They have no music there. It doesn’t exist. Do you know what that’s like? No lullabies, no love songs. All my life I thought I was crazy, that I had ghosts in my head or something… simply because I could hear music. Of course, I didn’t know it was music. All I knew was that it was something… beautiful and… and painful and right. And I was the only one who could hear it. Then I wound up here and heard Aretha for the first time.”

Lorne era el mayor de los filántropos del buffyverso. Su capacidad para leer auras le lleva a convertirse en toda una celebridad en el inframundo terrenal, donde se le conoce como El Anfitrión (The Host). Esto, unido a que cuando el sujeto “leído” cantaba, Lorne era capaz de distinguir su alma con mayor claridad, desembocó en la inauguración de Caritas, un karaoke subterráneo regentado por nuestro demonio. Las habilidades de Lorne como vidente le convierten en una incorporación muy valiosa al equipo de Angel, quien recurre a él a menudo hasta convertirlo en un miembro activo de Angel Investigations, lo que supone más tiempo para el demonio en pantalla, así como más escenas cómicas para Angel (el vampiro cantando en un karaoke, ¿quién lo iba a decir?) y el resto del reparto. La trayectoria de Lorne en Angel responde inequívocamente al canon whedoniano. Se trata de otro personaje no humano que nace con el propósito de explicarnos los entresijos del alma humana, los engranajes de la mente. Lorne es otro personaje Whedon que trata de convertirse en un humano (aunque en su caso no literalmente), y en su camino encuentra las dificultades que le hacen pensar si merece o no la pena. Por regla general, la conclusión al respecto es optimista: merece la pena ser un humano, merece la pena vivir, luchar por la vida. Sin embargo, el caso de Lorne es distinto. El personaje más vivaracho de la serie acabaría aportando la nota pesimista al final de Angel. Pero eso, más adelante.

Lorne nunca fue un luchador (en el sentido físico de la palabra), y al contrario que otros personajes del buffyverso, como Cordelia, Dawn o Fred, el demonio no dará su brazo a torcer, y se negará a usar la fuerza física hasta el final. Esta declaración de principios le lleva a efectuar un hechizo de no violencia sobre su local, por lo que bajo ningún concepto es posible llegar a las manos en Caritas. Con su apaciguador carácter y su dulce voz, Lorne era a menudo el mayor apoyo moral para Angel. A veces con cierto aire paternalista, pero siempre con la mejor de las intenciones, Lorne era el hombro sobre el que llorar para el vampiro. En sus palabras también podían advertirse con frecuencia ciertos tonos maternales. Era irónico que un demonio fuera el responsable de aportar la nota conciliadora y serena. Pero así era, y por ello Lorne acabó convirtiéndose en un valor insustituible dentro del universo de Angel.

Lorne y Angel puppet

Hacia el final de la segunda temporada, en el episodio irónicamente titulado “Más allá del arcoíris” (“Over the Rainbow”, 2.20) -nadie, a estas alturas, dudaba de las intenciones de los guionistas-, Lorne regresa junto al Team Angel a su dimensión, Pylea, para rescatar a Cordelia, que ha sido atrapada por la raza del demonio, conocida por esclavizar a los humanos (o “vacas”) que acaban extraviados allí. El regreso a casa abre los ojos (aún más) al demonio, que acaba convencido de que su lugar está en Los Ángeles. De esta manera, el arco argumental de Pylea nos viene a dar una lección muy importante: Debemos permanecer en el lugar (literal o figurativo) al que pertenecemos, sin olvidar el lugar del que provenimos, porque ese es el que nos define, el que nos invita a evolucionar en primer lugar, y al que hay que regresar de vez en cuando para reafirmarnos en nuestra existencia. A partir de ese momento, Lorne ya no solo ofrece consejo al equipo de Angel, sino que será uno más, aunque su trabajo sea hacer de niñera de Connor, vigilar el fuerte o coger el teléfono.

“My psychic friend told me I had to come back here. I didn’t believe her. Then I realized I did have to come back here, because… – I really always thought I had to come back here, deep down inside, you know? I had to come back here to find out I didn’t have to come back here.”

A medida que Angel avanza, y la trama se oscurece, la luz de Lorne empieza a atenuarse. Durante las temporadas tres y cuatro, Lorne acompaña a Angel en sus aventuras, enfrentándose principalmente al bufete de abogados, Wolfram & Hart, comprobando de primera mano la corrupción del espíritu humano. Poco a poco, la filantropía de Lorne se ve sustituida por cierto cinismo, lo que le lleva a concentrarse más en sí mismo. Lorne decide alejarse de Angel y se marcha a Las Vegas para perseguir su sueño en el mundo del espectáculo (a estas alturas, si Lorne no había salido del armario, es que no lo iba a hacer nunca, porque era más que probable que nunca hubiera estado dentro). Lorne encuentra su lugar en la ciudad de neón, su paraíso más allá del arcoíris. Sin embargo, allí vuelve a darse de bruces con la realidad sobre el ser humano, cuando se ve envuelto en una trama fraudulenta, en la que es obligado a leer las auras de los asistentes a su espectáculo, para encontrar a los más afortunados y robarles su suerte. A su regreso a Los Ángeles, Lorne se muestra feliz por volver a casa, pero los eventos que se suceden a continuación contribuyen a seguir deteriorando su espíritu. La relación entre Angel y Connor, el paso al lado oscuro de Cordelia o el advenimiento de Jasmine, sitúan a Lorne en una incómoda posición. El demonio nunca ha estado convencido de que su lugar sea junto a Angel, luchando, pero acaba aceptando resignado que quizás sea su destino.

Lorne Wolfram & Hart

La quinta temporada de Angel será la que acabará definitivamente con el optimismo de Lorne, y su esperanza en el ser humano. Angel y su equipo “heredan” Wolfram & Hart. Lorne, en un principio está encantado con su posición como relaciones públicas. Contactos en las esferas más altas de la sociedad, fiestas, poder. Sin embargo, como le sucede al resto del antiguo equipo de Angel Investigations, ese poder le acaba mostrando su reverso tenebroso. En la batalla final, Lorne recibe su última misión, acabar con la vida de Lindsay. El demonio, que es ya una versión desangelada de sí mismo, la acepta, con una condición. Después de llevarla a cabo, desaparecería para siempre.

“I’ll do this last thing for you, for us… but then I’m out, and you won’t find me in the alley afterwards.
Hell, you won’t find me at all. Do me a favor. Don’t try.”

En la última escena en la que Lorne aparece en Angel, el demonio viste una gabardina marrón que oculta su traje. Tras recibir un disparo de Lorne, Lindsay nos revela la devastadora realidad. Lorne ha sacrificado su color, su personalidad para convertirse en un “flunky” (un gris empleado más) de Angel, cuya última misión es dar la muerte menos digna posible a un gran enemigo (en lugar de otorgarle la gran última pelea contra su némesis, Angel manda a Lorne para que haga el trabajo sucio). Entonces Lorne deja caer la pistola y pronuncia sus últimas palabras, mientras se marcha de la escena del crimen: “Goodnight, folks”.

Este artículo fue escrito la misma mañana en la que saltaba la noticia de la muerte, a los 33 años, de Andy Hallett (martes, 31 de marzo de 2009), el actor que se escondía tras la verde piel de Lorne. Hallett falleció de un paro cardíaco, tras cinco años luchando contra una enfermedad del corazón. La contribución de Andy a la televisión, y en concreto al buffyverso, será siempre recordada por los whedonites como una de las interpretaciones más llenas de vida, y uno de los personajes más queridos de los que han nacido de la mente de Joss. Este fue mi pequeño e improvisado homenaje a Lorne, y a Hallett, que recupero nueve años después de la triste despedida del primero, y cuatro de la marcha del segundo. “Goodnight, Andy!

Andy Hallett Lorne