Joker: Quien ríe el último, ríe mejor

Tras el fracaso de Liga de la Justicia, Warner Bros. se vio obligada a reestructurar su Universo DC, lo que le llevó a tomar la decisión de rebajar la continuidad entre sus películas. De ese momento en adelante, el estudio abandonaba la fórmula Marvel y los proyectos bajo la denominación DC no conformarían un universo interconectado único, sino que serían concebidos como historias más independientes en las que los personajes podían ser interpretados por distintos actores y las líneas temporales no tenían por qué encajar a la fuerza. Además, las películas de la nueva etapa de DC darían más importancia a la visión del director, habiendo comprobado que las excesivas interferencias del estudio no traían nada bueno. De este cambio nace el The Batman de Matt Reeves con Robert Pattinson como el Hombre Murciélago, que veremos en 2021, y la que hoy nos ocupa, el Joker de Todd Phillips.

Sus excelentes primeras críticas y su exitoso paso por el circuito festivalero, con el León de Oro de Venecia en su bolsillo, han hecho que la conversación alrededor de la película, su mensaje e impacto en la sociedad se caldee antes de su estreno comercial. Joker es una relectura arriesgada y provocadora del icónico villano de DC que reescribe su biografía por completo, otorgando al personaje una nueva historia de orígenes que, en lugar de aparecer en las páginas del cómic como es habitual, nace en la pantalla de cine. Una revisión que, ya de paso, también afecta a Gotham y a Batman mediante la continuidad retroactiva, un recurso muy empleado en el tebeo para renovar y actualizar a los personajes más longevos.

Joker nos presenta a Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), un payaso de tres al cuarto que desde pequeño sueña con ser cómico. A sus más de 40 años, Arthur vive con su madre (Frances Conroy) y es el hazmerreír de sus compañeros de trabajo. Aquejado de un trastorno que le provoca una risa repentina e incontrolable en los momentos menos indicados, es incapaz de encajar en una sociedad que lo rechaza, lo maltrata y se ríe de él. Harto de ser el chiste de los demás, Arthur estalla y recurre a la violencia, lo que le proporcionará un sentimiento de liberación y éxtasis que cambiará su vida, convirtiéndose en adalid de una sociedad rota que necesita un héroe y lo encuentra en el peor de los villanos.

Phillips recupera el cine criminal y el noir de los 70, inspirándose claramente en la filmografía y estilo de Martin Scorsese, concretamente en Taxi Driver y El rey de la comedia (nada casual la presencia de Robert De Niro), para crear una obra clásica a la vez que actual y oportuna. La película no inventa nada, sino que más bien reproduce de forma nostálgica un cine comercial que ya no se hace, utilizando sus códigos para reescribir uno de los personajes más populares del cómic y desmarcarse así de las tendencias actuales del cine de superhéroes. El resultado es un estudio psicológico de un personaje complejo y fascinante viviendo con una enfermedad mental, una película violenta, perturbadora y valiente, cuya crítica al sistema y mensaje incendiario corre el riesgo de ser malinterpretado como una llamada a la violencia por un sector de la sociedad.

El tema ha suscitado un debate que promete extenderse en el futuro, ya que para bien o para mal, Joker es una de esas películas de las que seguiremos hablando mucho tiempo. Sin embargo, lo que hace el film no es justificar la violencia, sino explicar su origen en el caso concreto de un sujeto perturbado que, en ningún caso, se debe adoptar como héroe de nada. De hecho, Phillips no presenta a Arthur como un héroe (aunque la sociedad donde vive empiece a tratarlo como tal), sino que deja claro en todo momento que se trata de un hombre enfermo, un asesino desequilibrado… el Joker al fin y al cabo.

Desafortunadamente, muchos van a percibir la película como una invitación a abrazar sus ideales (por ejemplo, los que se quejan de que hoy en día nos ofendemos por todo o que “no se puede hacer chistes de nada” se validarán en él). Y no será difícil empatizar, puesto que su hastío hacia una sociedad que es cada día más horrible y una humanidad que se va a la mierda puede hacer sentir identificado a cualquiera. Pero lo cierto es que su descenso a los infiernos es precisamente eso, una crítica o un cuento con moraleja para ese tipo de personas en este justo momento de la historia.

Joker se adentra en la mente del monstruo para entenderlo, para dar sentido al proceso de su locura (relacionado, al más puro estilo DC, con la figura materna), no para justificarlo, ni para convertirlo en un nuevo tipo de líder. El mensaje “no hagáis esto en casa” no debería hacer falta, porque debería estar implícito. Como decía, Joker no es un héroe, a pesar de ser visto así por una sociedad que está harta del sistema y de los poderosos y privilegiados que lo controlan. Sí, puede haber cierta irresponsabilidad a la hora de exponer las ideas, y algunas de ellas son ciertamente cuestionables, pero el trabajo de la película o de Phillips no es decirle al espectador que no debe hacer lo que ve en la ficción, esto es de sentido común. De hecho, bastante sobreexplica ya el mensaje para dejar claro que Arthur es un psicópata, un perturbado y demente que ve el mundo de forma aberrante y encuentra la liberación en la violencia. Y aunque parezca innecesario decirlo, nuestra liberación nunca debe hallarse en la violencia, sino en el cine.

Pero volviendo a la película en sí, hay que hablar por supuesto de la persona que la aguanta sobre sus escuálidos hombros de principio a fin: Joaquin Phoenix. Él es la película y la película es él. Su transformación física y su entrega absoluta al personaje hacen de su interpretación un trabajo arrebatador. Phoenix está escalofriante, desatado y completamente inolvidable. Aunque corre el riesgo de perderse en los tics y los excesos (como la propia película), logra dominar al personaje de una manera asombrosa, creando en la observación de su vida una experiencia incómoda, tensa y enervante (también como la propia película). No faltan los brotes de violencia y acción, pero la película está enteramente anclada en la interpretación de Phoenix y la psicología de su personaje.

Joker es una obra visual y cinematográficamente excelente, pero también incurre en varios excesos (la música por ejemplo subraya demasiado y puede resultar machacona, al igual que el propio guion, que cae demasiado en la exposición y la sobreexplicación) y en ocasiones Phillips se regodea con autocomplaciencia en las escenas en las que el estilo se impone al fondo. Sin embargo, son defectos que a su vez reflejan la mayor virtud de la película: su riesgo y compromiso, que es justo lo que nos hace falta en el cine mainstream actual. Joker es brutal, radical y difícil de digerir, tiene escenas que entran directamente a formar parte de la historia del cine (la visita de los excompañeros de Arthur en su piso, la persecución en el metro o el clímax en el programa de Murray Franklin) y va a poner patas arriba el Hollywood superheroico.

La valentía de Warner y DC a la hora de sacar adelante esta película y dejar a sus responsables hacerla a su manera se debe halagar, pero no por encima de otras propuestas, sino como muestra de la diversidad que puede alcanzar el cine basado en cómics y los diferentes géneros y perspectivas desde los que se puede abordar. Joker no viene a salvar el cine de superhéroes (más que nada porque no es una película de superhéroes), pero sí es la prueba de que cuanto más arriesgue y se salga de la fórmula Hollywood, más salimos ganando los espectadores.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

¡Shazam!: La magia y el asombro llegan a DC

Ha sido un camino difícil para DC desde que estrenase El hombre de acero, la primera película de su actual universo de superhéroes. Falta de planificación, interferencias continuas por parte del estudio, visiones creativas en conflicto y continuos cambios tras las cámaras resultaron en el consiguiente desinterés de la audiencia, que le daba la espalda con Liga de la Justicia. Tras la decepción de su primer gran crossover, DC se vio obligada a reestructurar (otra vez) y replantearse su enfoque, rebajando sus ambiciones de universo interconectado en favor de películas más independientesWonder Woman marcó la pauta a seguir, el impresionante éxito de Aquaman demostró que DC estaba por fin en el camino correcto, y ahora, su última entrega, ¡Shazam! es la prueba definitiva de que ha remontado el vuelo.

El habitual del cine de terror David F. Sandberg (Nunca apagues la luz, Annabelle: Creation) dirige la adaptación del superhéroe de DC originalmente conocido como Captain Marvel, antes de que una disputa por el copyright le obligara a cambiarse el nombre. La historia gira en torno a un problemático adolescente de acogida llamado Billy Batson (Asher Angel), que tras un encuentro con un mago adquiere el poder de convertirse en un superhéroe adulto con solo gritar la palabra “Shazam”. Zachary Levi (Chuck) es su alter ego superheroico, un hombre con cuerpo de dios y poderes extraordinarios como Superman que, literalmente, lleva un niño dentro. Junto a uno de sus nuevos hermanos de acogida, Freddy (Jack Dylan Grazer), Billy/Shazam explorará sus poderes, primero como haría cualquier niño, para divertirse y hacer travesuras, y más tarde para detener a las fuerzas del mal, personificadas en el Dr. Thaddeus Sivana (Mark Strong), quien también tuviera un encuentro con el mismo mago, con resultados terroríficamente distintos.

Aunque posee muchos de los rasgos distintivos del sello DC (entre ellos, la obsesión por las madres, que de hecho se explora más a fondo en esta película), ¡Shazam! rebaja la oscuridad y se distancia considerablemente de la seriedad y la solemnidad de las primeras entregas de la etapa moderna del estudio, siguiendo la estela de las mucho más luminosas Wonder Woman Aquaman, pero con un tono mucho mejor definidoEl humor forma parte esencial del film y da en la diana la mayor parte del tiempo, contrario a lo que pueda indicar su campaña promocional (aislar los chistes puede crear una impresión equivocada, ya que funcionan mucho mejor en el contexto de la película y conociendo a los personajes), no solo haciendo reír, sino también utilizándose de forma inteligente para caracterizar a sus protagonistas y reflejar su edad. Esto da como resultado una película más optimista y colorista, una comedia de acción ligera y sin pretensiones pero con profundidad emocional y atención al detalle, demostrando que una cosa no tiene por qué estar reñida con la otra.

¡Shazam! se ambienta en la actualidad, pero de no ser por la tecnología y el flossing (tranquilos, es solo un segundo de la película y encaja perfectamente), podría ser una película juvenil hecha en los 80. Además de la evidente y reconocida inspiración en Big, a la que se le dedica un simpático homenaje, el espíritu y la energía del cine de pandillas y el toque Spielberg recorren todo el metraje, captando fielmente la magia y el asombro del cine familiar fantástico de esa época. Es fácil sentirse niño otra vez viendo ¡Shazam!, recordar aquellas aventuras que nos fascinaban y aterraban a partes iguales, y que necesitábamos ver una y otra vez hasta dar de sí nuestro VHS. Y todo sin recurrir a la nostalgia mercantilizada que hoy en día se encuentra en todas partes, sino extrayendo la esencia de aquellas películas para aplicarla al cine de superhéroes actual.

Además de ser tremendamente entretenida y tener el guion más sólido del Universo DC actual, ¡Shazam! sobresale por un corazón enorme que late con fuerza de la primera a la última escena. Esto es gracias al tratamiento juvenil libre de cinismo que se le ha dado, pero también, y sobre todo, a su excelente reparto, encabezado por un carismático y cercano Zachary Levi, que encuentra aquí el vehículo perfecto para conquistar a la audiencia con su entusiasmo infantil y encanto geek. Levi es el alma de ¡Shazam!, y su química con el elenco adolescente es pura magia, especialmente en sus escenas con el brillante Jack Dylan Grazer (la revelación de It), junto al que desarrolla la amistad que sustenta los cimientos de la historia y no solo nos deja los momentos más graciosos, sino también los más humanos y emotivos de la cinta.

Si hubiera que ponerle pegas a la película, sería un arranque demasiado embarullado y (cómo no) su villano. El Dr. Sivana supone una considerable mejora comparado con los anteriores antagonistas de DC (no era muy difícil), pero no deja de ser un cliché cuya historia no logra captar el interés necesario (si estáis deseando que acaben sus escenas para volver a Shazam y los niños, no os preocupéis, es normal). Afortunadamente, a medida que avanza la película, la caracterización del villano se adentra en terreno paródico, lo que acaba salvando al personaje, sobre todo durante la recta final, donde protagoniza junto a Shazam uno de los enfrentamientos finales más tronchantes del cine de superhéroes. En última instancia, Sivana sale airoso como villano porque la película no se lo toma del todo en serio y porque su conflicto interno aporta la clave para unir a los protagonistas en el explosivo tramo final.

Y hablando del final, ¡Shazam! logra dominar algo que a DC se le resistía hasta ahora: el último acto. Lo consigue huyendo de la excesiva e impersonal orgía de destrucción digital de sus anteriores películas para centrarse en los personajes. Tan sencillo como eso. El clímax de ¡Shazam! es una absoluta gozada, un broche de oro que subraya los puntos fuertes de la película (el humor, la imaginación y la amistad entre sus personajes), otorgando protagonismo al equipo/familia formado por Billy y sus nuevos hermanos, un entrañable grupo al que nos quedamos con las ganas de volver a ver en una secuela con mucho potencial. Veinte minutos finales que elevan el conjunto a base de buenas escenas de acción en las que distinguimos lo que está pasando y gratísimas sorpresas que, si no estáis muy familiarizados con los cómics en los que se basa, no querréis que os estropeen.

¡Shazam! es cine de superhéroes en estado puro, una película en la que se puede respirar el amor por el género, y que se ve beneficiada por el cambio de estrategia de DC, que la alivia de la obligación de tener que enlazar a la fuerza con el resto de la saga a base de cameos que no vienen a cuento o tramas que acaban en nada. Aquí no hay tanta prisa, las conexiones con otras películas del estudio son más bien anecdóticas y sirven para construir en Filadelfia un mundo propio en contraste con el que ya conocemos, donde los superhéroes son iconos pop convertidos en figuras de acción, reales pero inalcanzables, y Shazam se alza como una de las balizas de este nuevo DC. Hay una escena pequeña pero muy significativa en la que un niño está jugando con unos muñecos de Batman y Superman y, al ver a Shazam volando por su ventana, los deja caer al suelo. Clarísima metáfora y toda una declaración de intenciones.

A pesar de recurrir a muchos tópicos, ¡Shazam! es una de las historias de orígenes más inspiradas y redondas del cine de superhéroes reciente. Se trata de una película familiar con aroma clásico, pero favorecida por el bagaje que conlleva hacer una cinta de superhéroes en 2019. Warner aprende de los errores y acierta de lleno. Salta a la vista que esta vez han puesto mucho más cariño en el proyecto, y no solo se han preocupado de la proyección económica, sino también de hacer una buena película y conectar con el público (esta no parece hecha y deshecha por ejecutivos en un despacho). Divertida, emocionante, dulce pero pícara, con un estilo visual muy cuidado y sin sobrecarga digital, chistes realmente buenos, mucho ritmo y un acertado equilibrio entre acción, drama y comedia, definitivamente ¡Shazam! es la palabra mágica para DC.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

‘Aquaman’ es la película que DC necesita, pero eso no quiere decir que sea buena

Arthur, escúchame. Ese mundo está muy mal. La vida bajo el mar es mucho mejor que el mundo allá arriba. ¿No ves que tu propio mundo no tiene comparación? Además, tú eres el verdadero rey de Atlantis y tienes todo el derecho a reclamar el trono, que tu hermano va de mal en peor. Aquaman, tu reino te necesita… y el Universo DC mucho más.

Situada cronológicamente después de los acontecimientos de Liga de la Justicia, Aquaman nos introduce en los orígenes del personaje titular. Desde el romance a lo Un, dos, tres… Splash de sus padres (interpretados por Nicole Kidman y Temuera Morrison, Guerreros de antaño) hasta sus primeros pasos como superhéroe local. Su apacible existencia como levantador de submarinos se resquebraja cuando ve cómo su ciudad es arrasada por una ola gigantesca, al igual que le ocurría a Sosuke en Ponyo en el acantilado. Aunque muchos lo quieran catalogar como desastre natural, esta no es sino una de las primeras acciones de su hermano, que cual líder de extrema derecha no solo quiere elevar el proteccionismo de su villa de las profundidades, sino también arrasar y someter a la población del mundo seco. Para intentar frenarle, Aquaman deberá encontrar el Tridente de Atlán, legendaria arma de su abuelo que le serviría para reclamar su derecho legítimo al trono de Atlantis.

Tras la debacle de crítica y público que supuso Liga de la Justicia, DC mandó al banquillo a su cabeza visible, Zack Snyder, y depositó su confianza en todo un valor en esto de las resurrecciones: James Wan. Máximo artífice del renacer del cine de terror de las últimas décadas gracias a las sagas Saw, Insidious y Expediente Warren. Su nombre está asociado a una cadencia y a un ritmo perfecto hecho por y para el disfrute (o el mal rato voluntario y los sustos) del espectador. Esa ausencia total de ritmo y de equilibrio entre el componente épico y el humorístico eran los puntos más débiles del Universo DC, por lo que la elección de Wan no solamente era una buena apuesta de cara a la taquilla, sino una decisión in extremis para intentar salvar un emporio cinematográfico de capa caída.

¿Ha sido Wan capaz de salvar la papeleta? El resultado es bastante agridulce. No llega a fracasar estrepitosamente como Snyder o David Ayer (Escuadrón Suicida), pero ni de lejos llega al digno trabajo que realizó Patty Jenkins (Monster) con Wonder Woman. Aquaman es ambiciosa en la creación de su universo subacuático, que cobra vida de la forma más asombrosa y exuberante, y además tiene la actitud adecuada, pero acaba incurriendo en todos y cada uno de los errores marca de la casa.

Volvemos a enfrentarnos a una innecesariamente elevadísima duración (que no cuenten conmigo para el director’s cut), exceso de tramas mal conectadas, una historia extremadamente genérica (lo cual no sería un problema realmente si estuviese bien estructurada), una colección de personajes planos y faltos de desarrollo interesante (un saludo en especial para Black Manta, uno de los villanos más insulsos de DC en cine), unos efectos digitales inconsistentes que hacen que la película parezca por momentos un videojuego, otro sobrecargado clímax apocalíptico (cuando de verdad se acabe el mundo no vamos a asustarnos, vamos a bostezar), gags de humor infantiloide y cambios bruscos de tono (no sabe si tomarse en serio o no), unos cuantos momentos de vergüenza ajena (¿Qué le pasa a DC con las madres?) y cierta sensación de tijera a última hora en el montaje (trama recortada de Black Manta recortada, y una sola referencia a la pertenencia e Aquaman a la Liga de la Justicia) seguramente para hacer borrón y cuenta nueva.

Aunque la elección de Jason Momoa (Juego de tronos) como Aquaman chocase a los fans de DC, el aperitivo que tuvimos en Liga de la Justicia hizo pensar que quizá esta versión macarra y socarrona del personaje podría funcionar. Pero de la misma manera que Henry Cavill parecía el Superman perfecto o Jared Leto un potencial buen Joker, a Momoa le falta talento para ir más allá de la superficie. Claro que esto no es completamente culpa suya, sino de un personaje que está escrito así, simple, acartonado y sin ningún tipo de profundidad, reducido a los estereotipos del héroe y aderezado con latiguillos y gracietas irrisorias. Errores que en ocasiones incluso aparecen subrayados con unos riffs de guitarra espantosos (en un intento de emular a Wonder Woman). Pero no es Momoa el único en caer en la maldición de DC: dos intérpretes de la valía de Nicole Kidman y Willem Dafoe (The Florida Project) parecen más preocupados en cobrar sus cheques que en dar vida a sus personajes (aunque vuelva a ser culpa igualmente de lo desdibujados que son sus roles) y Amber Heard (y su peluca) no da la talla, siendo incapaz de hacer creíbles unos diálogos de lo más torpe. Quien sale más airoso es Patrick Wilson (Expediente Warren), chico Wan por excelencia. Aunque su villano no sea más que un Loki de Hacendado, el actor sabe medir el histrionismo necesario para su personaje y aporta aplomo a la película.

Aunque no llegue a ser un despropósito como Escuadrón Suicida y de hecho incluya algunas de las secuencias más épicas que hemos visto en el cine últimamente (el descenso a la fosa es espectacular y el clímax, aunque abarrotado, tiene planos brutales), Aquaman supone otra oportunidad perdida para DC, que esta vez se ha aventurado a hacer un placer culpable con la esperanza de que sea lo que el público busca (y oye, quizá en eso haya acertado). En esta ocasión duele especialmente porque creíamos en que este viaje al fondo del mar tenía mucho potencial para elevar el universo DC, pero aquí estaremos dando oportunidades hasta que el estudio consiga enderezar su rumbo más allá de la Mujer Maravilla.

David Lastra

Nota: ★★½

Teen Titans Go! La película: Casi solo para fans

En los años ochenta DC atravesaba una de sus cíclicas crisis de ventas, sobrepasados por los imparables mutantes de Marvel, hasta que un grupo de jóvenes héroes vino al rescate. Marv Wolfman y George Perez combinaron en un supergrupo a varios héroes considerados ‘sidekicks’ de héroes legendarios (Robin de Batman, Wonder Girl de Wonder Woman, Kid Flash de Flash) con otros de nuevo cuño como Raven, Starfire, Cyborg y Changelling, al que conocíamos brevemente de ‘Doom Patrol’ y que acabaría siendo llamado Beast Boy.

Esta fusión de legado heroico y nuevos personajes, que traían sus propias y complejas historias de origen, se convirtió en un éxito de ventas y de popularidad para toda una generación de lectores de cómic que en España, y gracias a la desaparecida Zinco, pudo descubrir el universo DC por primera vez de manera regular. Aunque con muchas mutaciones y desdoblamientos, el concepto de los héroes adolescentes que se unen para luchar y crecer juntos nunca ha sido abandonado por DC, y en los cómics hemos tenido ‘Nuevos Jóvenes Titanes’, ‘Jóvenes Titanes’, ‘Titanes’ y demás.

Aunque en el cine de acción real, la editorial de Warner ha tenido más fallos que aciertos, en el campo de la animación es un gigante imparable. La labor de Bruce Timm con las aventuras de Batman, en series y en películas directas a vídeo es inmensa y queridísima por los fans. Y tras varias series basadas en la Liga de la Justicia se decidió a probar suerte con una serie de animación de los Teen Titans. En 2003, Glen Murakami adaptó el equipo a una serie de animación juvenil fresca y con toques manga, la serie no duró más allá de tres años, pero creo una sólida base de fans que siguió consumiéndola en otros formatos. Hace pocos años también se creó ‘Young Justice’ una variación más del concepto con parecida recepción.

Pero lo que nadie se esperaba es que una serie de viñetas muy infantiles y enloquecidas que servían como alivio cómico acabarían por convertirse en la encarnación animada más popular del equipo. ‘Teen Titans Go’ pasó de ser una serie de sketches que relataban la convivencia de los Titanes lejos de sus batallas, a ser un spin-off con entidad propia. Con un estilo aún más anime, mucho más humor y sin mucha coherencia dramática, esta nueva versión se ha convertido en un éxito incuestionable entre los más pequeños de la casa, las contadas referencias a un Universo DC más amplio sirven para llamar la atención a los padres que posiblemente leyeron esos cómics de Zinco, pero el target final es definidamente más infantil que juvenil o ‘todos los públicos’.

Lo mismo sucede con la inevitable película que sigue a un éxito en televisión. ‘Teen Titans Go! La película’ (‘Teen Titans Go! to the Movies’) tiene la peculiaridad de estrenarse en salas de cine (en España el 31 de Agosto), pero es una más de las películas que han seguido a sus series de animación hermanas como Batman, Justice League o Teen Titans en el mercado directo a vídeo.

En la serie, las tramas de los capítulos suelen girar en torno a pedir una pizza a domicilio o a las ganas de Starfire de tener gatitos, por eso el gran reto de la película era crear una historia lo suficientemente compleja como para aguantar más allá de los 20 minutos. Es ahí donde la película triunfa y fracasa a la vez. El planteamiento meta-referencial de los Titanes buscando la manera de tener su propia película como el resto de superhéroes adultos es inteligentísimo. Pero el último tercio de la película sufre un pequeño bajón de ritmo e interés. Pero claro, es probable que para el público infantil ese bajón de ritmo ni se note. La animación es clara y funcional, preciosa en su funcionalidad, y los personajes son tan básicos como bien definidos. Los chistes para los más pequeños abundan, cómo las referencias a pedos, culos y demás, pero lo que llama más la atención son los chistes sobre el género de superhéroes.

Desde la libertad que le da saber que es una película a la que poca gente presta atención, los creadores de la serie se han dado una buena dosis de libertad a la hora de reírse de las muletillas del género, de los éxitos y fracasos de DC e incluso de sus rivales de Fox y Marvel. Hasta el plan malvado final parece hacer una velada referencia a Netflix o a la próxima plataforma VOD de Warner, con esa obsesión de producir superhéroes en multipantalla. Por no faltar no faltan ni Michael Bolton ni Shia LaBeouf.

Ante el estreno de la película en salas de cines y la excelente recepción por parte de la crítica, muchos esperábamos encontrarnos con una nueva ‘La LEGO Película’. Pero no es el caso, el objetivo de esta película es entretener a los mas pequeños de la casa, y ahí se queda. Aunque para un adulto es disfrutable y para un fan de DC aún más, a la película le faltan dientes, aunque a veces provoque sinceras carcajadas (el gag sobre el origen de Batman es muy fuerte).

Es una película excelente para los jóvenes de la casa y entretenida para los completistas de DC. Como su predecesora en los cómics, (que es justamente homenajeada en la primera secuencia de la película) es un éxito inesperado que apuntala una de las ramas de la editorial, la animación, y quién sabe, ojalá, del universo DC.

Carles Cuevas

Nota: ★★★½

[Crítica] Liga de la Justicia: Make DC Great Again

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Que DC se ha encontrado con todos los problemas habidos y por haber para hacer despegar su universo cinematográfico es algo sabido por todos. El caos detrás de las cámaras ha servido como combustible inagotable para titulares alarmistas y sensacionalistas (la mayoría por desgracia ciertos, como hemos ido comprobando), pero no se ha quedado ahí, sino que también, y esto es lo peor, se ha visto reflejado en las películas, pruebas fehacientes de todo lo que ha ido mal durante la producción.

El tibio recibimiento a El hombre de acero la acabó convirtiendo en un falso comienzo. Batman v Superman fue aniquilada por la crítica y dividió a la audiencia, exactamente igual que Escuadrón Suicida, que fue montada y remontada según Warner oía llover. El rayo de esperanza que DC necesitaba llegó con Wonder Woman, la primera película de la etapa moderna del estudio que recibía aplausos casi unánimes. La princesa amazona marcaba el ejemplo a seguir para las siguientes entregas del DCEU: más luz, más humor, y más corazón. Y así llegamos a Liga de la Justicia (Justice League), la esperadísima primera reunión en el cine de acción real de los icónicos héroes de DC, un sueño para tantos fans de los cómics y una película que, aun con sus muchas trabas, sitúa a la saga en el camino correcto.

El problema de DC siempre fue querer empezar la casa por el tejado. Eso, sumado a una falta de visión a largo plazo, actores que no se comprometen del todo con sus personajes, su apuesta por la perspectiva de autor para luego anularla según vire el mercado o la opinión en Internet, y un caprichoso calendario de proyectos que no hace más que cambiar, ha provocado que Liga de la Justicia nazca en las peores condiciones posibles. Por no hablar del ajetreo en la silla del director. Debido a una tragedia personal, Zack Snyder tuvo que abandonar el proyecto hacia el final, siendo sustituido por Joss Whedon, que acudía a DC después de su periplo en Marvel para terminar el trabajo de Snyder y añadir nuevas escenas (a la vez que desechaba muchas otras) con el objetivo de reestructurar la película y modificar el tono. Por todo esto, vaticinábamos un desastre de proporciones mayúsculas, pero lo cierto es que podría haber sido mucho, pero que mucho peor.

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De hecho, Liga de la Justicia es todo lo que cabe esperar de una película de superhéroes clásica, ni más ni menos: épica, ensordecedora, repleta de acción, y sobre todo, muy divertida. Pero lo más sorprendente es que además es narrativamente coherente, un auténtico logro teniendo en cuenta las circunstancias. Unir los dispares universos de Superman, Batman y Wonder Woman a la vez que se introducen (ahora sí de verdad) a los miembros restantes de la Liga, Flash, Aquaman y Cyborg (los tres todavía sin su propia película en solitario) era una tarea complicada, y Snyder, con la ayuda de Whedon, ha salido airoso en la medida de lo posible.

Para hacer converger todos los frentes de la historia se recurre al villano Steppenwolf, del que ya tuvimos un adelanto en Batman v Superman, otra criatura digital sin personalidad que no es más que un catalizador para desarrollar la acción (busca reunir las Cajas Madre para hacerse con su poder infinito) y una excusa para juntar a nuestros héroes. El esquema es muy similar al de Los Vengadores, con Bruce Wayne (Ben Affleck) haciendo las veces de Nick Fury al reclutar uno a uno, con la ayuda de Diana Prince (Gal Gadot), a los componentes de este variopinto equipo de metahumanos.

El primer acto intercala las distintas historias individuales esforzándose al máximo por no atropellarse en exceso con tanta trama, y aunque le cuesta, lo consigue, manteniéndose centrada la mayor parte del tiempo en el objetivo de unir a la Liga para impedir que una nueva invasión extraterrestre acabe con el planeta. Un planeta, por cierto, sumido en la desesperanza, la discriminación y el odio que necesita urgentemente nuevos héroes tras la muerte de Superman (un evidente símil con la Norteamérica de Trump que, tristemente, se queda en nada). En el segundo acto, que arranca con un impresionante primer enfrentamiento con el villano, el supergrupo empieza a tomar forma mientras sus miembros se van conociendo, con el obligatorio choque de egos, pero también mucho sentido del humor y chascarrillos para aligerar de peso la película. Finalmente, el clímax, más precipitado, nos depara otra ruidosa y aturdidora vorágine de destrucción digital como en las anteriores entregas de DC. No obstante, en esta ocasión (sorpresa) no se alarga hasta la desesperación y no desvirtúa lo que se ha visto hasta ese momento.

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Ante todo, lo mejor de Liga de la Justicia son sus héroes, como debe ser, encarnaciones esta vez más atinadas de los populares personajes del cómic. El reparto funciona a las mil maravillas, en especial gracias a las incorporaciones del imponente Jason Momoa y ese nervio puro que es Ezra Miller, dos de los mayores aciertos de DC hasta la fecha. Ellos proporcionan algunos de los momentos más simpáticos del filme (sobre todo Barry Allen, que tiene las mejores frases, aunque también los momentos más vergonzosos, todo hay que decirlo), pero quien funciona como ancla del grupo es Gadot, robando escenas y aportando a la película y al grupo todo lo que hizo de Wonder Woman un triunfo (emoción, motivación, baliza moral), hasta el punto de hacer despertar a Affleck, que no solo ofrece una interpretación sólida, sino que además por momentos hasta parece estar pasándoselo bien. El Batman de Liga de la Justicia supone una mejora enorme con respecto al de Batman v Superman, es más humano, un personaje más definido y congruente, por lo que sería una pena que ahora que se está haciendo con él, Affleck abandonase su compromiso con el Hombre Murciélago. Por último, Cyborg es quizá el eslabón más débil del equipo, pero no por el guion o por la interpretación de Ray Fisher (más que correcta), sino porque es el menos conocido, y por ahora el menos interesante.

Mención aparte merece Superman. Lo de El Hombre Acero podríamos llamarlo “el secreto peor guardado de DC” si en algún momento hubiéramos creído que el estudio deseaba mantenerlo oculto. Clark Kent regresa de entre los muertos cuando más se le necesita. Y no podría ser de otra manera. Superman tenía que formar parte de la primera gran aventura de La Liga de la Justicia como fuera. No desvelaré nada sobre su regreso, porque al menos eso sí se lo han guardado, solo diré que, aunque Henry Cavill siga siendo un Superman ideal y esta vez se haya captado mucho mejor la esencia del personaje, el bigotegate está a punto de estropearlo todo. Como sabéis, el actor británico estaba en pleno rodaje de Misión imposible 6 cuando Warner lo llamó para grabar escenas adicionales de Liga de la Justicia bajo la batuta de Whedon. Este acudió al rescate, pero Paramount (el estudio detrás de MI:6) le prohibió por contrato afeitarse el mostacho que lucía para su película. ¿Cuál fue la solución? Borrarlo digitalmente en las nuevas secuencias de Liga de la Justicia. ¿Y el resultado? Una auténtica debacle. El efecto para eliminar el vello facial es tan chapucero, llama tanto la atención, queda tan mal que no solo sirve para identificar las escenas rodadas a posteriori, rompiendo bastante el fluir de la película, sino que distrae sobremanera de la historia. Para reír por no llorar.

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Además de los seis héroes principales, la película cuenta con secundarios de cada una de sus franquicias individuales (Amy Adams, Jeremy Irons, Connie Nielsen y un largo etcétera), más nuevas incorporaciones, como Amber Heard en el papel de Mera o J.K. Simmons como el comisario Gordon, buenos aperitivos de las próximas entregas en solitario de la franquicia. El reparto es tan numeroso que es inevitable que muchos personajes se queden como “meras” anotaciones a pie de página, pero no importa demasiado, ya que el guion establece claramente desde el principio quiénes son los protagonistas, y Snyder (y Whedon) se encarga de darles a cada uno muchos momentos individuales y en grupo para brillar. Así, Liga de la Justicia logra un equilibrio que parecía imposible, y que, aunque corre el riesgo de romperse en cualquier momento, se mantiene hasta el final.

Pero por supuesto, la cinta también tiene sus problemas, como hemos adelantado. Y no son precisamente insignificantes. Ya hemos mencionado a Steppenwolf (que a pesar de no llegar al nivel de despropósito de los malos de Escuadrón SuicidaWonder Woman, no está a la altura de la ocasión), y al verdadero villano de la película, el no-bigote de Henry Cavill. Pero también hay que criticar la objetificación sexual a la que se somete a Wonder Woman de nuevo bajo la mirada masculina (los planos recreándose en sus nalgas y escote son frecuentes), especialmente indignante después de lo que Patty Jenkins hizo con el personaje -aunque no lo suficientemente grave como para estropear todo lo que la convierte en uno de los puntos más fuertes de la película. Y por encima de todo, está la inconsistencia formal que tanto ha mermado las anteriores producciones de DC, y que aquí se ve magnificada por la presencia de dos directores cuyo trabajo no se ha podido unir sin costuras. La paleta cromática, el CGI, el aspecto de los actores y la iluminación difieren tanto entre escenas que hacen que el acabado visual sea mucho menos atractivo de lo deseable.

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Aun con todo, Liga de la Justicia es mucho mejor de lo que debería. El reparto está fantástico y la química salta a la vista, la acción es brutal (agotadora, sí, pero mucho menos embarullada y confusa que de costumbre), no se cae en el exceso de solemnidad ni se abusa demasiado de la cámara lenta (es decir, el snyderismo se ha rebajado, afortunadamente), los diálogos son acertados tanto a nivel cómico como dramático la mayor parte del tiempo, y con dos horas justas de duración, el metraje no se alarga innecesariamente, dejando poco espacio para el aburrimiento.

El éxito de Wonder Woman ha ayudado a establecer un tono más equilibrado, más ligero, lo que debería animar a ser menos exigente con ella, y los aportes de Whedon (si los hemos identificado bien) ayudan a humanizar a los personajes y estrechar sus vínculos cuando más hace falta, redibujando el itinerario de la franquicia hacia un futuro más optimista. Liga de la Justicia es un espectáculo muy imperfecto, pero también tremendamente divertido y explosivo, puro cine de superhéroes y puro cómic. No es la película de DC definitiva, pero sí una señal de que quizá no todo esté perdido y algún día podamos tenerla.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Wonder Woman: La superheroína que necesitábamos

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Los problemas creativos de Warner Bros. para hacer despegar su Universo Extendido de DC han sido, y son, de los temas más escrutados por parte de los medios especializados y los espectadores en los últimos años. Con el estreno de El hombre de acero en 2013 daba comienzo la saga superheróica con la que Warner/DC pretendía hacer frente a su rival directa, Marvel Studios, pero el tibio recibimiento por parte de crítica y público auguraron un camino más dificultoso de lo que se preveía.

La llegada en 2016 de Batman v SupermanEl amanecer de la justicia confirmaba las peores sospechas: DC no tenía muy claro qué quería hacer con sus propiedades, además de romper récords de recaudación. Escuadrón Suicida terminaba de cimentar la mala reputación de esta nueva etapa cinematográfica de la editorial, con un desastre de proporciones épicas que solo los fans más acérrimos se atrevieron a defender. Sí, estas películas recaudaron cantidades ingentes de dinero en taquilla (especialmente las dos últimas), pero no lograron conectar con el público a un nivel más profundo.

El Universo DC necesitaba alguien que lo salvase urgentemente. Alguien con la capacidad de volver a emocionar a la audiencia, de ofrecer un cambio de aires, de quitar ceños fruncidos. Alguien como Wonder Woman. No un superhéroe, sino una superheroína. La Mujer Maravilla irrumpe como un rayo de luz multicolor rasgando la capa de oscuridad y solemnidad que cubre al DCEU, aportando optimismo, sentido del humor y corazón a la sombría e hiperestilizada visión de Zack Snyder. Patty Jenkins (Monster) se encarga de dirigir la primera película en acción real para el cine protagonizada por Diana Prince desde que el personaje fuera creado en 1941, una hazaña que ha costado mucho más de lo que debería, pero que ya podemos celebrar como un antes y un después en el cine de superhéroes moderno.

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A pesar de efectuar variaciones en su historia, Wonder Woman se mantiene fiel en esencia a los orígenes del personaje, vinculados a la mitología y el contexto bélico, solo que en este caso, la acción transcurre durante la Primera Guerra Mundial en lugar de la Segunda, donde se encuentran sus raíces en el cómic. El film nos lleva al pasado para conocer su vida en la recóndita isla paradisíaca de Temiscira, tierra de amazonas que vive en paz muchos años después de librar la más cruenta de las guerras con los hombres. Diana crece bajo la protección de su madre, Hippolyta (Connie Nielsen), quien se opone a que la niña sea entrenada para la guerra como el resto de habitantes de la isla. Sin embargo, la inquietud de la pequeña llevará a que la mejor de las guerreras amazonas, Antíope (bravísima Robin Wright), la prepare en secreto para luchar. Cuando años después un piloto estadounidense llamado Steve Trevor (Chris Pine) se estrelle en la costa de Temiscira, Diana (Gal Gadot), ya convertida en una poderosa guerrera adulta, descubrirá que en el mundo exterior se está librando un conflicto masivo que amenaza con arrasar la humanidad. La joven abandonará la isla convencida de que Ares, el Dios de la Guerra, está detrás de todo, y luchará incansablemente con la ayuda de Steve y sus hombres para poner fin a la guerra, descubriendo tanto el alcance real de sus poderes como su verdadero destino.

Hay mucho que elogiar de la visión de Wonder Woman que ofrece Patty Jenkins, pero todo se puede resumir en una palabra: feminismo. El film rompe radicalmente con lo que hemos visto hasta ahora en la mayoría de películas de superhéroes (y con lo que nos tiene acostumbrados el cine de Hollywood) aportando cambios revolucionarios a la plantilla del género: un gran número de mujeres fuertes, guerreras leales y de considerable diversidad (las dos más prominentes tienen más de 50 años), representación positiva del sexo, eliminación (o suavización) de la mirada masculina y la objetificación femenina, un protagonista masculino que no hace sombra a la mujer, y por encima de todo, una mujer protagonista que no es comparsa del hombre, y que nunca se plantea que no es capaz de ser algo solo por el mero hecho de pertenecer a su género. Así es como Wonder Woman lanza su mensaje de empoderamiento a niñas y mujeres de todo el mundo, uno que nos hacía mucha falta.

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Pero además de romper el techo de cristal superheróico, Wonder Woman es un producto de entretenimiento muy eficaz, una película que, la mayor parte del tiempo, evita los errores más graves de sus predecesoras, que confundían seriedad con profundidad y padecían de esquizofrenia narrativa. En esta ocasión, Jenkins tiene más claro qué quiere contar y quién es el personaje que está manejando, así como cuáles son sus motivaciones, sus preocupaciones y sus virtudes. Un icono al que Gal Gadot insufla vida y dota de humanidad con una vigorosa interpretación. Aparte de bordarlo en el apartado físico, la actriz israelí da con las notas perfectas de optimismo, ilusión, perseverancia, energía, compasión, y en definitiva todas las cualidades que siempre han hecho de Diana Prince un modelo a seguir, una mujer “maravilla” más allá de sus superpoderes.

Ahora bien, Wonder Woman está lejos de ser una película perfecta. De hecho están a punto de hacerle sombra varios problemas que esperamos sean pulidos de cara a la inminente secuela. Aunque suponga una evidente y mayúscula mejora con respecto a El hombre de acero Batman v SupermanWonder Woman arrastra varios de los defectos más preocupantes de estos films, como cierto caos expositivo, que se manifiesta sobre todo durante el embarullado arranque y en la predecible recta final, en la que se insiste en la fórmula del ya fatigado enfrentamiento híperviolento y destructivo. Aunque este guion está mejor organizado, da la sensación de que se ha omitido información, sobre todo con respecto al origen de Diana y sus poderes (tema que quizá se esté reservando para la segunda parte), algo que potencia un montaje abrupto que hace que parezca que faltan trozos (paradójico, teniendo en cuenta que Jenkins aseguró que no hay escenas eliminadas, sino que todo el metraje entró en la versión final).

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Por último, Wonder Woman abusa enormemente de los efectos digitales, haciendo que las potentes escenas de acción y los combates se apoyen demasiado (a veces únicamente) en el CGI, a pesar de la evidente destreza de las actrices. Los cromas durante la sección en Temiscira chirrían sobremanera, los humanos digitales son muy artificiales (videojueguitis aguda) y lo peor, se explota en exceso el recurso de la cámara lenta, en lo que es claramente un residuo del estilo snyderiano que no aporta nada, que se agota enseguida y no hace más que aumentar la sensación de falsedad al hacernos distinguir clara y constantemente a la doble digital de Gadot. El uso de los efectos digitales puede parecer secundario, pero es muy importante en una película de estas características, y en este caso puede distraer mucho, además de deslucir el acabado visual y estético del film.

Habiéndome sacado estas quejas de mi sistema, solo me queda seguir elogiando Wonder Woman como el incontestable triunfo que es. En el fondo se trata de una película de superhéroes tradicional, ya que repite los lugares comunes del género (incluido los villanos decepcionantes y los secundarios intercambiables), y además esta vez lo hace tomando ejemplo de Marvel (esta parece por momentos una fusión entre ThorCapitán América) y de Disney (atención al primer encuentro de Diana y Steve, sacado directamente de La Sirenita), con más humor, emoción y conexión real entre los personajes. En este sentido, Gadot y Pine no podían estar más sensacionales en sus papeles. Ella vibrante, adorable, un torbellino de energía; él carismático y divertido; ambos una pareja divertida, sexy y entrañable que mantiene una relación basada en el respeto y apoyo mutuo, y en cuya química reside gran parte del éxito de la película.

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Wonder Woman es un espectáculo de acción radiante, tiene una sección central antológica, diálogos especialmente inspirados (“Los hombres son esenciales para la procreación, pero innecesarios para el placer”), nos regala imágenes para la posteridad (ver a Diana avanzando en el campo de batalla mientras recibe el fuego enemigo pone los vellos de punta), nos cuenta una historia motivadora y apasionante (de la que queremos saber más), y además nos trae el mensaje de igualdad, esperanza y fe en la humanidad que necesitábamos en estos momentos, insistiendo en que debemos combatir el odio con amor, en lugar de con más odio. Pero esto no es un final feliz, no es la erradicación del problema, es solo el principio. Necesitábamos a Wonder Woman, y no nos ha fallado. Ahora necesitamos a más como ella.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Batman La LEGO Película

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Parece mentira, pero La LEGO Película acabó siendo una de las mejores cintas de animación de 2014, y en general una de las más gratas sorpresas cinematográficas de ese año. Mientras esperamos la “LEGO secuela”, el mismo equipo detrás de aquella alocada aventura ambientada en el mundo de las famosas piezas de construcción, nos trae Batman la LEGO Película, spin-off dirigido por Chris McKay y producido por Phil Lord y Christopher Miller, que nos da la bienvenida al universo superheroico de DC Comics en su versión más autoparódica y, paradójicamente, menos cuadriculada. Los superhumanos de DC ya formaron parte de la primera LEGO Película, así que es lógico que Batman, el Joker y los demás icónicos héroes y villanos de la editorial pasen a primer plano para protagonizar su propia historia. Pero como es obvio, los de esta película nada tienen que ver con las encarnaciones en acción real que hemos visto hasta ahora en el serio y oscuro Universo Extendido de DC.

Batman (doblado en su versión original por Will Arnett) fue el gran robaescenas de La LEGO Película. Ahora, esta versión exagerada y cómica del Hombre Murciélago vive su propio viaje personal, en el que profundizamos en la identidad del personaje (“un héroe con nombre y máscara de villano”) más de lo que cabía esperar. Claro que este Batman es muy diferente al que han llevado a la gran pantalla Michael Keaton, Christian Bale y Ben Affleck, una proyección aumentada y extremadamente autoconsciente, un Batman egocéntrico y narcisista hasta el paroxismo, y con inclinación a expresarse rapeando hard rock (no le deis más vueltas, claro que tiene sentido). A pesar de esto, Batman La LEGO Película se las arregla para llevar a cabo una exploración de este icono de los cómics más interesante, con más aristas y más lógica interna que la que nos encontramos en Batman v Superman (algo que no era muy difícil, pero que merece mención), respetando el material de DC y entendiendo mejor al personaje.

En Batman La LEGO Películael millonario Bruce Wayne disfruta de una vida de lujo y exceso, aderezada por la gloria que le supone ser en secreto el superhéroe más famoso de Gotham. Sin embargo, cuando la hija del comisario Gordon releva a su padre como jefe de la policía, esta desvelará una gran verdad que sacudirá sus cimientos: Batman nunca acaba con sus enemigos definitivamente, todos vuelven, y por tanto, el nivel de criminalidad de la ciudad nunca baja. Este jocoso detalle autorreferencial es el punto de partida para una aventura en la que Batman tendrá que enfrentarse al Joker y su retorcido plan para liberar a los villanos más peligrosos que se encuentran encerrados la Zona Fantasma, personajes malvados de otras sagas (la mayoría propiedad de Warner Bros.) que dejan a los de Gotham en evidencia y hacen que la película alcance niveles de crossover capaces de hacer cortocircuitar a fanboys y fangirls de cualquier edad ([Posible spoiler] Harry Potter, Godzilla, Matrix, Doctor Who, King Kong, El Mago de Oz, Gremlins y DC, todos mezclados en la misma historia = NERDGASM [Fin del posible spoiler]).

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Batman La LEGO Película hace gala del mismo ritmo espídico y tono hiperactivo y tontorrón de su predecesora. Los chistes y gags visuales se suceden con tal velocidad que 1) es muy fácil perderse muchos la primera vez, y 2) puede llegar a saturar y hacer que el humor acabe resultando repetitivo. Dejando esto a un lado, Batman LEGO es un gran triunfo a todos los niveles: es una comedia divertidísima, una cinta de acción espectacular, una parodia muy inteligente, una película de superhéroes ejemplar, y la mejor entrega de Batman y DC desde El Caballero Oscuro (que de nuevo, no es decir mucho, pero hay que decirlo).

Pero sobre todo, y como adelantaba antes, se trata de una exploración del mito de DC mucho más completa de lo que cabía esperar de una película hecha a base de ladrillos de juguete. El conflicto central de Batman LEGO es la superación de la propia personalidad solitaria e independiente del Hombre Murciélago, que le ha llevado a convertirse en un individuo frío y recogido en sí mismo, un hombre egoísta que no necesita a nadie más para llevar a cabo su cometido. Ni siquiera a su archinémesis, el Joker, que herido en el corazón por la indiferencia de su enemigo hacia sus fechorías decide poner en marcha su maquinación para conquistar Gotham (y reconquistar a su enemigo). Este es uno de los aspectos más hilarantes de la película, la dinámica Batman distante-Joker despechado, abordada cómicamente (pero nunca de manera ofensiva) como si se tratara de una relación romántica. Pero serán los viejos amigos (Alfred) y los nuevos aliados (Barbara Gordon y Robin) los que le ayuden a darse cuenta de lo importante que es aprender a trabajar con los demás, idea con la que la película enarbola un emotivo mensaje de celebración de la familia elegida (es decir, los amigos), especialmente importante para Batman y Robin, que tienen en común haber crecido sin la biológica.

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Por supuesto, todo está envuelto en un aire de guasa que invita a no tomarnos demasiado en serio la película, pero que esto no nos haga obviar algo importante: un guion y una construcción de personajes que ya quisieran para ellos Zack Snyder o David Ayer. Y es que además de hacer reír y asombrar/marear como el mejor de los blockbusters y el cine familiar más infalible, Batman LEGO realiza una muy oportuna e irreverente metarreflexión sobre el género con la que se ríe de forma cómplice de las convenciones del cine de superhéroes y en concreto de la historia audiovisual de Batman (algo parecido a lo que hizo recientemente Deadpool, con “audiocomentario” desgranando el proceso de creación de una película, pero en su versión para todos los públicos) mientras divierte con una ametralladora de referencias, guiños (alguno disparado a la competencia) y cameos que harán las delicias de los fans de DC, y del cine y los cómics en general.

Aunque no llega (por poco) al nivel de La LEGO Películaesta nueva entrega de Batman ha resultado ser mucho más que un subproducto. Tan cuidada en el aspecto visual como la primera (esas increíblemente realistas texturas de plástico, esa gloriosa animación que simula la técnica del stop-motion sin fisuras, ese diseño de producción que nos deja una Gotham y una Batcueva para babear), y con el mismo tipo de humor desenfadado, absurdos momentos musicales y una tendencia más progresista reflejo de la evolución del cine mainstream (Batman celebra ante la audiencia que su relación con Batgirl es solo amistosa), Batman La LEGO Película supone un irresistible delirio pop que nos deja con ganas de otras aventuras LEGO/DC. En especial una centrada en ese cretino de Superman, doblado en su versión original por Channing Tatum (se da por sentada), y sobre todo otra para seguir disfrutando del mejor personaje de la película: Robin.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Escuadrón Suicida

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Cuando con tus héroes no consigues conectar del todo con la audiencia, pide ayuda a tus villanos. Sobre el papel, Escuadrón Suicida (Suicide Squad) tenía todo lo necesario para ser la gran película de “superhéroes” que situaría a DC en el buen camino. Un cóctel explosivo de acción y humor gamberro con un buen cast y lo más granado de su villanía reunido para repartir mamporros a ritmo de rock’n’roll y hip hop. ¿Qué podía salir mal? Pues todo. O casi todo. Bajo la batuta de David Ayer (guionista de A todo gas y director de Fury), Warner/DC trata de corregir el curso de su Universo Extendido, pero cae en todos los errores posibles (y unos cuantos extra) haciendo que nos preguntemos varias cosas: ¿Cómo es posible estropear un material tan jugoso? ¿Qué es exactamente lo que pretende el estudio? Y, ¿cuándo se van a dar cuenta de que necesitan un cambio urgente de equipo creativo?

Escuadrón Suicida se postulaba como una alternativa corrosiva e irreverente a los superhéroes de DC ya presentados en cine, pero ni es tan graciosa como parecía (“publicidad engañosa” se queda corto), ni tan loca como se empeña en hacerte verni todo lo cafre que debería. Y es que es muy difícil dar rienda suelta a la locura y el sadismo de estos psicópatas cuando la película está restringida por una calificación por edades errónea (es bastante violenta, pero se nota que no todo lo que quería, y si hubiera obtenido la R, como Deadpool, habría sacado mucho más partido de su material). Pero este es solo uno de sus problemas, y ni siquiera es el más importante. Lo que hace que Escuadrón Suicida se desmorone completamente es su total y absoluta falta de coherencia, sentido y estructura. Simplemente no hay historia, solo un caos narrativo en el que se acumulan momentos, escenas, clichés y viñetas sin ton ni son, algo que pone de manifiesto sus fallos de base: esa dependencia de la iconoclastia vacía como herramienta para (no)narrar y una evidente carencia de visión general.

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Ayer, que además de dirigir escribe el “guion” (énfasis en las comillas), forcejea para dar forma a la película, algo que el montaje -y el obvio remontaje urgente– potencia incluso más: salta a la vista la desconexión entre cineasta y estudio, la mano negra de Warner, los retoques de última hora, y todo lo que hace que la película esté tan fragmentada y parezca un producto inacabado. Pero empecemos por el principio, que es justamente algo que la película no hace. Sin ningún tipo de contextualización o preámbulo, la agente del Servicio de Inteligencia Amanda Wallis (Viola Davis) presenta su plan para reunir al Task Force X, formado por los psicópatas, monstruos y asesinos más peligrosos del mundo, para… para nada en concreto, solo porque sí. ¿En qué consiste el plan exactamente? ¿Cuál es la razón para ponerlo en marcha? ¿Contra qué deben luchar? No lo sabemos. No se nos cuenta. Como mucho se justifica con un “por si acaso”. No existe una amenaza como tal, sino que se va creando sobre la marcha, de hecho, se inventa a mitad de la película. Es como una paradoja temporal. Primero se crea la solución a un problema inexistente (aun a sabiendas de que la cura puede ser peor que la enfermedad) y a partir de esa solución nace el problema. Solo que no parece que esté pensado así, sino que más bien da la sensación de ser el resultado de una planificación narrativa desastrosa.

Con el plan de Amanda llegan las presentaciones. Rótulos cuquis en la pantalla, y énfasis en varios personajes por encima de los demás, lo que desde el principio aporta un gran desequilibrio, que será la tónica del resto del film. Deadshot (Will Smith), Harley Quinn (Margot Robbie) y El Joker (Jared Leto) son los que más interesan (por el star-power de sus actores o por lo icónico de sus personajes), y a ellos sobre todo se dedican los primeros 20 minutos de caótica y repetitiva sobre-exposición. Si hay que presentar a Harley Quinn dos veces, o tres, se hace, aunque eso suponga que el resto de personajes tengan que ser introducidos con calzador en los lugares menos indicados y nunca lleguen a tener entidad: “Por cierto, esta es Katana, tiene una katana. Ah, y casi se me olvidaba, este es… (esperad que googlee, porque no me acuerdo de su nombre)… Slipknot. No os hace falta saber demasiado sobre él, es un mero recurso narrativo”. Así es el tratamiento de los personajes en Escuadrón Suicida. Unos aparecen y desaparecen aleatoriamente (Joker), otros son el colmo de lo unidimensional (Capitán Boomerang, Killer Croc, reducidos a un par de chistes), algunos se quedan a medias (la propia Amanda, verdadera villana del film, cuya personalidad queda sin explorar como se merecía) y la mitad son relleno. Una cosa es que sea difícil manejar un reparto numeroso (uno de los mayores obstáculos del cine de superhéroes) y que esto juegue en detrimento de la película, otra muy distinta este despropósito. Y entonces empieza la acción de verdad, pero no sabemos cómo, por qué, o hacia dónde exactamente se dirige la trama y sus personajes.

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Esto es lo que pasa cuando quieres empezar a construir la casa por el tejadoEscuadrón Suicida es una película que debería existir sobre un universo de ficción mucho más asentado y definido. Y a esto me refería con lo de “falta de visión general”. DC quiere construir un completo universo expandido en dos días, y para ello está forzando las conexiones entre entregas. Lo vimos en Batman v Superman, y lo volvemos a ver en Escuadrón Suicida, donde los cameos son incluso más gratuitos y peor encajados. Al final, más que una película, parece que estamos viendo un checklist de ingredientes imprescindibles del cine de superhéroes que hay que ir tachando. Una lista que empieza a tomar más items prestados de Marvel. Seguramente no andaríamos desencaminados si pensásemos que DC creía tener entre manos su propia Guardianes de la Galaxia. El planteamiento (“los peores héroes de la historia” forman equipo), el humor más desenfadado o el clímax forzadamente emotivo (en el que tenemos que creernos que los malotes tienen corazón y son una familia a su manera) así parecen indicarlo, pero en lugar de beneficiar a la película, lo que hace este extraño “tuning” es dejar constancia de su desdoble de personalidad y esquizofrenia tonal. De nuevo, esto podría haber sido intencionado, incluso conveniente (¡la película está protagonizada por un puñado de locos!), pero no es más que otro reflejo de la confusión que impera en DC.

Y ahora, detengámonos en uno de los aspectos más lamentables de la película, la guinda sobre el pastel: su flagrante machismo. Acepto sin problemas que la imagen explosiva e hipersexualizada de Harley Quinn sea inherente al personaje, pero eso no justifica el tratamiento tan denigrante y pueril que recibe, con el único objetivo de abastecer de material masturbatorio a los fanboys. Pero no es solo Harley Quinn y sus shorts metidos hasta el útero, o los doscientos planos de su culo. La película en general parece hecha por unos “machotes” que son incapaces de ver a la mujer como algo más que “esa cosa diferente a nosotros” que está ahí para ponernos cachondos o poseer (a menos que sea nuestra madre). Y esto salta a la vista por muchas cosas, que van de lo indignante a lo directamente repugnante: los continuos comentarios babosos a cualquier mujer que aparezca en pantalla (sea un personaje importante o una guarda de seguridad sin diálogo) sin que estas respondan; los incontables apelativos “cariñosos” con los que los personajes masculinos recuerdan constantemente a las mujeres que son solo eso, mujeres, mientras ellos pueden ser todo lo que les plazca, que para eso son los machos alfa; el hecho de que las tres “meta-humanas” de la película hayan de tener a la fuerza tramas románticas y sean definidas en gran medida por esto; o los vergonzosos diálogos tipo “No creas que no te pegaré porque seas mujer” o “¡Es tu mujer, ve a darle un palo en el culo y arregla esto!” (Deadshot animando a Flag a que dome a su hembra, que está a punto de acabar con el mundo), que van más allá de la caracterización disfuncional de los anti-héroes y son una base importante del humor de la cinta. Sencillamente inaceptable.

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Sin embargo, el reparto de Escuadrón Suicida está a punto de salvar la función. Entre todo lo malo, los actores son de lo poco que funciona, pero aun así tampoco cumplen las expectativas y no pueden compensar el hecho de que la mayoría de personajes, incluso los más carismáticos, sean tan planos. Contra todo pronóstico, Will Smith es quien hace mejor trabajo de todo el cast, mientras Jay Hernandez (Diablo) se podría catalogar como la sorpresa del grupo y Margot Robbie y Jared Leto no están a la altura del hype. Ella tiene momentos muy resultones (la mayoría ya se habían visto en la promoción), pero la forma en la que está planteado su personaje (ver párrafo anterior) no le deja apenas trascender la caricatura, y él también construye al Joker de forma muy superficial (quizá en parte por el poco tiempo en pantalla que tiene y lo mal usado que está), quedándose muy lejos de lo que vaticinaba tanta interpretación del método y demás sandeces que el actor hizo durante el rodaje para meterse en el personaje. O sea, mucho lirili, poco lerele, como la película en general. De los demás, cabe mencionar a la inexpresiva Cara Delevingne, que estropea un personaje potencialmente muy interesante, Encantadora, con una interpretación demasiado pobre, y Jai Courtney, que a pesar de su ubicuidad vuelve a demostrar que es un actor perfectamente intercambiable. El resto, bueno, no dan para comentar mucho más.

Afortunadamente, en el apartado visual Escuadrón Suicida cumple (en esto no nos engañan los tráilers). Aunque una vez más no se tenga claro que el cómic y el cine son medios distintos (qué bonitos son algunos planos-viñeta, pero qué poco aportan), la película tiene una estética muy atractiva, un sonido potente (obviemos lo irritante que puede ser la banda sonora), y está repleta de imágenes jugosas, estallidos de acción fardona y espectacular en un envoltorio que fusiona mugre y psicodelia, oscuridad y color, de forma acertada, con lo que al menos aporta dinamismo y evita el aburrimiento. Claro que de nada sirve tener componentes individuales de primera y ocasionales buenos momentos si van a formar parte de algo tan inconsistente, desordenado, arrítmico, confuso… y además tan poco original. Porque ese es uno de sus mayores delitos, actuar como si fuera distinta para acabar haciendo exactamente lo mismo que el resto de películas de superhéroes (con diálogos plantilla y el enésimo Apocalipsis y agujero gigante sobre una gran metrópolis, aunque parezca mentira), pero peor. Después de todo, sus promesas quedan en agua de borrajas y Escuadrón Suicida no es la película que esperábamos, sino la que temíamos. Es una pena que DC haya desaprovechado así esta oportunidad de oro. ¿Cuántas más le vamos a dar?

Pedro J. García

Nota: ★★

Preacher: Predicando una promesa

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Preacher era uno de los estrenos televisivos más esperados de la temporada. Rodeada de mucha expectación, tanto por parte de los fans del género fantástico y los cómics, como de los serieadictos, la nueva serie fantástica de la cadena AMC por fin se ha manifestado en su forma corpórea. Preacher llega para inaugurar por todo lo alto la temporada estival y la cadena tiene muchas esperanzas depositadas en ella, ya que necesita encontrar un éxito que no esté directamente relacionado con su buque insignia The Walking Dead. ¿Conseguirá AMC la repercusión esperada con Preacher? De momento su piloto no tuvo malos índices de audiencia, pero tampoco fueron para tirar cohetes, así que queda esperar a ver si es capaz de atraer a un público fiel, para que el boca-oreja haga el resto. Ingredientes para conseguirlo no le faltan, eso seguro.

Preacher está basada libremente en los cómics de Garth Ennis y Steve Dillon pertenecientes al sello Vertigo de DC, y conocidos en España bajo el título de Predicador. Detrás de la serie se encuentra el tándem creativo formado por Seth Rogen y Evan Goldberg, que cambian considerablemente de tercio después de haber trabajado juntos en numerosas comedias ‘gamberras’, desde Lío embarazoso hasta la próxima La fiesta de las salchichas, pasando por 50/50Juerga hasta el fin. Con Preacher Rogen y Goldberg abandonan el humor fumado y la crisis de los 30-40 para contar la historia de Jesse Custer, pastor de un pequeño pueblo de Texas que regresa a su comunidad después de haberle fallado varias veces y es poseído por un ente demoníaco que lo convierte en un ser todopoderoso.

El piloto de Preacher plantea la historia y los personajes de forma un poco deslavazada y con un ritmo irregular, pero es normal, se trata de un primer capítulo, una introducción a un universo del que todavía nos queda mucho por saber. Y la experiencia nos dice que es preferible que un piloto nos deje con ganas de más a que una serie despliegue todo su arsenal demasiado pronto. De momento se nos ha dado a conocer la premisa y se nos ha presentado a los personajes principales, Custer, un religioso poco convencional interpretado por un Dominic Cooper ‘humeante’ y muy atinado (hemos visto poco, pero de momento parece todo un acierto de casting), su ex, Tulip (Ruth Negga), que tiene la presentación más explosiva (literalmente) del episodio, y Cassidy (muy divertido Joseph Gilgun), vampiro irlandés que aporta el alivio cómico principal de la serie (qué ganas de verlos a los tres juntos en acción). Claro que, además de este trío de ases, el piloto de Preacher nos da la bienvenida a la sofocante Annville, Texas, en la que sus habitantes forman un microcosmos que recuerda en cierto modo a la entrañable Bon Temps de True Blood, y no solo por el acento redneck de Texas, similar al de Louisiana, o el ambiente caluroso del pueblo (aquí árido y asfixiante), sino también por el tono, la violencia y la manera de introducir los elementos fantásticos de la historia. Solo faltan los desnudos y el sexo, pero tiempo al tiempo (aunque mejor no esperar demasiado de AMC en este sentido).

Preacher 2

Está claro que Preacher no aspira a la locura camp de True Blood, pero a juzgar solo por el piloto tampoco se queda muy lejos, postulándose como un pasatiempo veraniego brutal e irreverente, como lo fue durante un tiempo la serie de HBO, solo que mucho más ambicioso y adaptado a la imagen de AMC. La primera hora de Preacher nos deja altas dosis de violencia gráfica, sangre, vísceras y huesos rotos, una llamativa fauna de personajes (qué adorable Caraculo), y mucho estilo en la puesta en escena. Todo lo que cabe esperar de una serie basada en una novela gráfica ‘para adultos’ como Predicador, sin entrar a valorar su grado de fidelidad al material de referencia -algo que debería darnos igual si la serie funciona, y de momento, Preacher funciona. Como decía, la historia da sus primeros pasos de una forma algo caótica, pero esto es habitual en la mayoría de series (especialmente las de esta cadena), que tardan unos cuantos capítulos en enderezarse y encontrar su voz definitiva. Lo importante es que la serie tiene potencial de sobra para enganchar, y su carta de presentación promete un producto muy potente y divertido.

Algo me dice que Jesse Custer va a darnos muchas alegrías, y que la serie nos va a dejar con la boca abierta en más de una ocasión. Si juega bien sus cartas, Preacher podría tener mucha cuerda y convertirse en una serie fantástica imprescindible. Esperemos que sepa aprovechar su materia prima para darnos algo más que shock value y nos deje un producto con el que merezca la pena sermonear a los demás para que lo vean.

Supergirl: ¡Pelea como una chica!

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¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es un hombre? ¡No! Ninguna de las tres cosas. Es una mujer, o mejor dicho, una chica. Es Kara Zor-El, alias Kara Danvers (casi Carol Danvers), más conocida en el universo de los cómics DC como Supergirl, la prima del Hombre de Acero. Kara es la protagonista de uno de los estrenos televisivos más esperados de este otoño, una serie que viene a llenar un importante vacío en el panorama superheroico actual. La primera serie en 40 años protagonizada por una superheroína. Que se dice pronto.

Desde los 90, no es raro ver a una mujer o a una adolescente como protagonista de su propia serie, especialmente dentro del tradicionalmente masculino género fantástico. Xena, Buffy, Sydney Bristow o Veronica Mars allanaron el camino para que otras heroínas poblaran la televisión. A día de hoy, una mujer puede protagonizar una serie sin que su posible fracaso sea achacado o relacionado a su género. Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo en el cine. Estamos en 2015 y los grandes estudios todavía no se “arriesgan” a colocar a una mujer en el centro de sus superproducciones. Warner Bros. aseguró hace unos años que no iba a hacer más películas protagonizadas por mujeres (qué vergüenza), la muy feminista Mad Max: Furia en la carretera tuvo que venderse como una película de hombres, cuando es casi al 100% de y sobre mujeres, y el éxito de Lucy se ve como un caso aislado. Cómo no, los fracasos pesan más. Al filo del mañana lo tenía todo para triunfar, pero no cumplió las expectativas, y por supuesto, nadie olvida los batacazos de ElektraCatwoman. Pero, ¿cuántas superproducciones protagonizadas por hombres fracasan al año sin que nadie se plantee dejar de hacerlas?

Y esto nos lleva al género de superhéroes, que este año se está tomando una suerte de descanso en el cine (no lo parece, ¿verdad?) para estallar en 2016 con un bombardeo de estrenos sin precedentes. Curiosamente, el cine va varios pasos por detrás de la tele en cuanto a representación de género, orientación sexual y raza. De ahí que aun no hayamos tenido una película de superhéroes protagonizada por una mujer dentro de la nueva era del cinecómic (Wonder Woman y Capitana Marvel llegarán en 2017 y 2019 respectivamente para ver si es posible cambiar el panorama). Pero es que en lo que respecta a este género, no hay tanta diferencia entre ambos medios.

Marvel Television se ha puesto antes las pilas. Tenemos a la estupenda Peggy Carter protagonizando su propia serie, Agent Carter, un perfecto alegato feminista que por desgracia no tiene mucha audiencia, a los Agentes de S.H.I.E.L.D., con gran representación femenina dentro de sus filas (Daisy es casi la protagonista de la serie, y May, Simmons y Morse son personajes bien desarrollados y de gran presencia) y muy pronto a Jessica Jones protagonizando su propia serie en Netflix. En la facción televisiva de DC la cosa va un poco peor en este sentido: Arrow, The Flash, Gotham y próximamente Legends of Tomorrow son series protagonizadas por héroes masculinos. En definitiva, las superheroínas televisivas actuales tienen que conformarse con secundar al héroe titular o formar parte de un elenco coral. Al menos hasta la llegada de Kara Danvers.

Supergirl

Supergirl es una serie feminista, y así es como se presenta al público en su piloto, una origin story en toda regla en la que las mujeres ocupan un lugar muy destacado (aquí, ellos son los que desempeñan el rol de “chico de” o “amigo de”). En la serie convergen cuatro líneas principales, y en las cuatro nos encontramos a una mujer: Kara, su hermana Alex Danvers (Chyler Leigh), Cat Grant (Calista Flockhart), fundadora del conglomerado multimedia CatCo, y la sorprendente (o no) villana de la función, que redactamos para no hacer spoilers. Supergirl es muy consciente de su papel y su responsabilidad en la sociedad, y así lo deja caer en su piloto: Con Kara, las niñas ya tienen una superheroína a quien admirar, un modelo a seguir. La serie no esconde su naturaleza femenina para no espantar al público alérgico a la acción protagonizada por mujeres (ese público que rechaza la nueva Cazafantasmas por sistema o comparaba despectivamente el trailer de Supergirl con el falso trailer de la comedia romántica de la Viuda Negra). Supergirl está orgullosa de ser una serie superheroica protagonizada por una chica. Y esa chica aprende en el piloto que no hay nada malo en ser eso, una chica. Una lección que se apoya indirectamente en aquella magnífica campaña publicitaria de Always, #LikeAGirl y que viene a decirnos a todos que para ocupar el lugar de un hombre, una mujer no tiene por qué actuar como él (gracias por todo, Joan Holloway).

“El mundo te necesita, Kara”.

Ese es el mayor acierto de Supergirl, haberse mantenido fiel a la naturaleza del personaje y no haberlo transformado en lo que no es. Kara Danvers es una chica joven buscando su lugar en el mundo, tiene intereses románticos, es coqueta, femenina, y ha optado por conservar la falda (y también la capa, por cuestiones “aerodinámicas”) en su uniforme de superheroína. No es un personaje sexualizado para satisfacer al público masculino, pero tampoco asexual. Kara es lo que es, la representación paradigmática de un tipo concreto de chica (una que lucha por hacerse hueco entre rudos y carismáticos héroes musculosos sin sacrificar su identidad), una “super chica”. Y en este sentido, Melissa Benoist encaja como anillo al dedo en el personaje. Enérgica, awkward, un poco atolondrada (como la Buffy de las primeras temporadas, Kara habla como si le faltara un hervor), y con un punto de adorabilidad que hará temblar a Zooey Deschanel. Benoist no es muy buena actriz (todavía), pero sí es una Kara Danvers perfecta.

Y a pesar de todo lo expuesto anteriormente, el piloto de Supergirl no llega a ser gran cosa en ningún momento, quedándose en simple prima de Smallville. Se agradece lo que esta serie supone para el género, pero se echa de menos un resultado a la altura de la ocasión. Al final, Supergirl es lo mismo de siempre, una historia de orígenes altamente formulaica y más bien sosa en la que todo ocurre tal y como se espera, en la que los giros se ven venir a la legua, los diálogos están calcados del resto de series y películas de superhéroes y los temas resultan demasiado rutinarios (la identidad secreta, la responsabilidad superheroica, la manipulación de los medios para que la “justiciera” parezca una amenaza…). Y es que la historia de Kara Danvers por ahora es prácticamente igual que la de su primo.

La factura de la serie está por encima de la media (la secuencia del avión es de lo más espectacular que hemos visto nunca en una ficción televisiva), como adaptación engloba el espíritu y los ideales de Superman mucho mejor que El hombre de acero (Kara sí hace honor al emblema de su familia), y sus intenciones son más que loables, como ya hemos visto. Pero lo que hay en juego requiere un poco más de esfuerzo y creatividad por parte de las personas detrás del proyecto, y no otra producción de Greg Berlanti que encajaría mejor en la parrilla de la CW (alerta peligro “serie de planchar”). Puede que esperase demasiado de ella, y demasiado pronto, pero sigo pensando que Supergirl podría volar muy alto si se lo propusiera. Necesitábamos esta serie, ahora necesitamos que sea buena.

Cómo aprendí a dejar de preocuparme y disfrutar ‘Gotham’

Gotham pilot

La serie que mayor expectación ha levantado durante la reciente temporada de estrenos televisivos es sin duda Gotham, la respuesta de DC/Warner (y Fox) a la decepcionante (pero cada vez mejor) Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. Al igual que ocurrió con la ficción de los agentes de Coulson, todo el mundo tenía los ojos puestos en la precuela de Batman, por lo que era de esperar que la serie viviera una primera etapa de incertidumbre y decepción, en la que la fuga de espectadores fuera constante y los “supervivientes” ajustaran la mirada más acorde a lo que la serie había resultado ser que a las expectativas depositadas en ella. Y esto último es justo lo que yo estoy haciendo ahora. No preguntéis por qué (luego os lo cuento), pero yo me quedé en Gotham, y planeo hacerlo al menos hasta que finalice esta primera temporada.

Me gustaría decir eso de que mi relación con Gotham ha sido de amor-odio, pero estaría mintiendo. Mi relación con Gotham ha sido de odio-risa-asco. Al menos hasta hace un par de episodios. La serie tiene muchos problemas, y se amontonan todos en cada episodio, haciendo difícil una defensa sólida, aunque hay destellos de esperanza de que sea capaz de aprovechar su enorme potencial (factor que ha jugado en su contra). Una de las quejas más extendidas es la de que una serie de Batman sin Batman no tiene sentido. A mí esto me parece una sobresimplificación absurda. Para empezar, Gotham no es una serie sobre Batman, es una serie sobre la ciudad de Gotham, y yo espero ver al Caballero Oscuro en Batman v Superman, no en Gotham. Por el contrario, lo que sí me molesta de la serie es lo siguiente:

Gotham Harvey Dent

1. La confusión de tonos. Todos recordamos las palabras de Christopher Nolan sobre las escenas post-créditos marca Marvel, y también la famosa cláusula de DC/WB que “prohíbe” los chistes en sus próximas películas de superhéroes. Pues esto no se aplica a Gotham, aunque paradójicamente, me gustaría que así fuera. Gotham no sabe cómo ni cuándo ser drama o comedia. Cuando se pone seria (la mayor parte del tiempo), da risa, y cuando deja caer algún chiste es como cuando un amigo que sabes que no tiene gracia natural se empeña en hacer bromas en público y tú te mueres de la vergüenza ajena. El humor en Gotham es malo de raíz, pero es aún peor por culpa de unos actores sin vis cómica alguna. Y esto me lleva al punto 2.

2. Las espantosas interpretaciones. En serio, creo que Gotham es la serie con mayor número de malas interpretaciones concentradas por minuto, incluso por plano. ¿A quién se le ocurrió darle a Ben McKenzie y Donal Logue los papeles protagonistas? Por si la ausencia total de química entre los supuestos “cop buddies” con diferencias James Gordon y Harvey Bullock fuera poco, los actores no dan con las voces de sus personajes, y los interpretan de una manera distinta en cada escena -como si la única instrucción que hubieran recibido fuera “vosotros actuad en plan cómic” y no supieran qué quiere decir eso. Da pena verlos especialmente en las escenas dramáticas (McKenzie se está convirtiendo por derecho propio en el rey de las muecas exageradas), pero como decía, es cuando dejan caer un chiste cuando te das cuenta de lo perdidos que están los actores (y los guionistas). Claro que hay una “actriz” que los eclipsa cada vez que aparece en pantalla: Jada Pinkett Smith como Fish Mooney, la responsable, perdón, la perpetradora, de la sobreactuación más insólitamente ridícula de la temporada. Debe ser muy triste ser un actor adulto en esta serie y ver cómo los niños están realizando un trabajo mucho más profesional y convincente que tú. Fantásticos David Mazouz (Bruce Wayne), Camren Bicondova (Selina Kyle) y la revelación del último episodio emitido, “Lovecraft” (1.10), Clare Foley (Ivy Pepper). Por último, es necesario hacer mención a la excepción que confirma la regla, Robin Lord Taylor, cuyo Oswald Cobblepot es un oasis en este desierto interpretativo (aunque tampoco es que tenga demasiado mérito).

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3. La estructura de los episodios. Al igual que Agents of S.H.I.E.L.D., Gotham está teniendo una primera temporada caracterizada por los capítulos autoconclusivos. No hay problema siempre que al fondo se esté desarrollando un arco central (algo que se está intentando hacer a duras penas con todo ese rollo de Falcone y Maroni y la mafia de Hacendado). Sin embargo, Gotham no está atinando mucho con el formato Monster of the Week, que aquí sería más bien Criminal of the Week. Sobre todo por culpa de unos guiones mal escritos (no me hagáis hablar de los diálogos) y peor resueltos. Cada episodio nos presenta a un caco de Gotham, que se despacha deprisa y corriendo al final, habitualmente mediante un golpe de gracia fortuito y a la vez predecible o un deus ex machina que se mete con calzador porque se acaba el running time. Estamos hablando de Fox, conocida por sus dramas procedimentales, así que no es de extrañar que la serie tenga esta estructura narrativa, pero esperamos que con el tiempo sea capaz de convertirse en algo más que la típica serie de casos semanales que podría durar 10 años y ser siempre igual.

4. El empeño en meternos por la garganta cuantos más personajes de cómics mejor. Que sí, que Gotham es una origin story, es más, es la origin story definitiva, y es de esperar que por ella desfilen los personajes más populares de los cómics, pero esto es pasarse. El abarrotamiento de personajes es demasiado. Además de ver morir a los padres de Bruce Wayne por enésima vez, Gotham nos muestra los orígenes de otros tantos héroes y (sobre todo) villanos de DC. Y la serie está tan obsesionada con calzarlos en todos los capítulos, con “engancharnos” con uno nuevo cada semana, que es lógico que esté descuidando tanto todo lo demás. Gotham necesita que sepáis que, aunque no lo parezca, tenéis en la serie a Pingüino, Dos Caras, Enigma, Poison Ivy, Catwoman, etc. Y además necesita que tengáis claro en todo momento que son ellos, o mejor dicho, que serán ellos. La sutilidad brilla por su ausencia (la cara de Harvey Dent ensombrecida en casi todos los planos, ¡qué detallismo!), y los personajes son construidos meramente a base de guiños que se repiten cada vez que aparecen en escena, reducidos a simples recordatorios de lo que el espectador está viendo. Soy consciente de que este recurso es muy propio del lenguaje de los cómics de superhéroes, pero una serie funciona de otra manera, y no pasa nada si en una escena con Edward E. Nygma nadie hace referencia a un acertijo, o no suena por la radio un programa de adivinanzas. De verdad, no pasa nada.

Gotham Lovecraft

Teniendo en cuenta todo esto, supongo que os preguntaréis por el título de este artículo. Si tengo tantas quejas, ¿cómo he aprendido a disfrutar de Gotham? Para empezar, llega un momento en el que, cuando llevas un tiempo viendo una serie que te parece mala, tienes que decidir si seguir con ella o dejarla. Y si optas por seguir viéndola (por la razón que sea – la mía es básicamente porque me da la gana), es recomendable abandonar la práctica del hate-watching, porque ver algo odiando cansa mucho. Mejor centrarse en lo que la serie hace bien (yo estoy encantado con la relación Bruce-Alfred y con los personajes infantiles), e intentar disfrutarla por lo que es. Quizás esto sea la definición misma del guilty pleasure, un concepto que yo me negaba a seguir usando, porque no suelo sentirme culpable de las cosas que me gustan. He decidido quedarme en Gotham, así que voy a ponerme las gafas de pequeño. Según mi experiencia, la clave para disfrutar la serie radica en verla no como un drama televisivo o una serie procedimental, ni siquiera como una serie-cómic, sino como una de dibujos animados. Porque en el fondo eso es exactamente lo que es Gotham, un cartoon que ha cobrado vida y se ha disfrazado de drama en prime-time.

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Importante: sorteo exclusivo para residentes en territorio español.

¡Mucha suerte!

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No os perdáis la crítica fuertecita de El hombre de aceroY recordad, a partir del 22 de noviembre tenéis la película disponible en Blu-ray y DVD.

Producida por Christopher Nolan y dirigida por Zack Snyder, El hombre de Acero es una asombrosa adaptación cinematográfica de la historia original de Superman. La película está protagonizada por Henry Cavill como nuestro superhéroe junto a Amy Adams como Lois Lane. En un cartel repleto de estrellas, la película también cuenta con Michael Shannon, Diane Lane, Kevin Costner, así como Laurence Fishburne (Morfeo en la triología Matrix) como Perry White y Russel Crowe como Jor-El.

Disfruta de esta magnífica adaptación de la historia original de uno de nuestros superhéroes favoritos de DC Comics de la mano de Warner Bros.

Crítica: Red 2

En los tiempos que corren, la tendencia de toda película de acción que se precie es acabar convirtiéndose en Los mercenarios. Lo hemos comprobado con la saga Fast & Furious, o con el reboot de G.I. Joe, ambas estrenadas este año. Red 2, secuela del moderado éxito de 2010, no es una excepción. Sobre todo teniendo en cuenta que la premisa de la franquicia basada en los cómics de DC es la de un grupo de veteranos reuniéndose para luchar contra un enemigo común, y que Bruce Willis -imprescindible si queremos algo de notoriedad en el género- ya formaba parte del proyecto desde el principio. Como manda la ley de las segundas partes, Red 2 es más grande, más numerosa, más internacional y más ruidosa que Red. Sin embargo, esta también cumple a rajatabla la norma más difícil de seguir: Red 2 es mejor, mucho mejor que la primera parte.

La banda de sexagenarios ex agentes especiales que se niega a retirarse regresa al completo en esta segunda entrega. Willis haciendo de Willis por enésima vez, John Malkovich como Marvin el marciano, Helen Mirren, la glamurosamente letal Victoria, y la inconmensurable Mary-Louise Parker, como Sarah, una niña al lado de todos estos abueletes culo-inquieto. Sarah, ya pareja estable de Frank Moses (Willis), comparte el espíritu aventurero de los RED (Retired: Extremely Dangerous): se niega a convertirse en la esposa paciente que espera junto a la ventana a su marido mientras este se juega la vida. El primer gran acierto de Red 2 es doblar el reparto y que ningún personaje salga escaldado. Todos brillan con fuerza, viejos y nuevos, viejos y viejos. Se incorporan varios personajes que elevan las dosis de riesgo y humor. Byung-hun Lee, héroe de acción surcoreano que ejerce de archinemesis de Moses, Catherine Zeta-Jones, una viperina y peligrosa ex amante de Moses, y Anthony Hopkins como el doctor chiflado que esconde la clave para salvar el mundo. El resultado de este cóctel de talentos físicos y cómicos es uno de los elencos con mayor química que recordamos en mucho tiempo.

Desde los créditos iniciales nos damos cuenta de que Dean Parisot -que releva a Robert Schwentke en las labores de dirección- busca ampliar el radio de público objetivo. En esta ocasión, no se oculta el referente gráfico, y se nos recuerda constantemente que estamos ante la adaptación de un cómic. Es más, la acción se implementa teniendo en cuenta esto en todo momento. Muchos planos se construyen como viñetas (magnífico el tiroteo de Victoria en el coche), y la aventura pasa a ser bigger-than-life, con bomba atómica incluida. Claro que a pesar de la enrevesada (y a ratos confusa, todo hay que decirlo) trama, el humor es el principal motor de la historia, como ocurría en la primera película. Los chistes van de lo bobo a lo exquisito, pero no fallan ni una sola vez, demostrando un infalible timing para la comedia, y convirtiendo la película en una de las más divertidas de lo que llevamos de año.

La mayor virtud de Red 2 es saber no tomarse demasiado en serio, pero tampoco llegar en ningún momento a subestimar el género que se está trabajando o al público al que este va dirigido. Estos actores, con unos enormes Anthony Hopkins y Helen Mirren a la cabeza, dan lecciones de interpretación con la misma dedicación que dan los mamporros, y van a por el Oscar, aunque sepan de sobra que no optarían a él por algo como Red, ni en un millón de años. Pero esto es lo que hace que Red 2 sea tan disfrutable, tan loable. No hay nada más fresco y entrañable que ver a estos reputados actores enfundarse en los disfraces más ridículos, sabiendo reírse de sí mismos sin perder en ningún momento la dignidad, y sobre todo, poniendo el mismo esfuerzo en una cinta de acción como esta que en los dramas que los han convertido en leyendas del cine.