Crítica: Lo que esconde Silver Lake

Sam no sabe qué hacer con su vida. Ni siente, ni padece. La ve pasar, como quien ve un accidente de tráfico que no puede parar. Sam está deprimido. Él no lo sabe, aunque presenta todos y cada uno de los síntomas. Sam es uno de los millones de seres humanos aquejados por la gran pandemia del siglo XXI. Compagina su trabajo a tiempo completo como voyeur de sus vecinas de urbanización con su gran vocación: ser un pajero de cuidado. Su existencia de hojas de revistas pegadas y tetas caídas se rompe con la llegada (y posterior desaparición) de Sarah, una enigmática mujer rubia que le inspirará para intentar salir de su rutina… y para lo otro también. Lo que esconde Silver Lake (Under the Silver Lake) es el esperadísimo regreso a la gran pantalla de David Robert Mitchell tras aterrorizarnos con la icónica It Follows. ¿Estás preparado para conocer los secretos de la ciudad de Los Ángeles?

Lo que esconde Silver Lake es un viaje, en el sentido más ácido y lisérgico de la palabra. Una crisis psicodélica cinematográfica que convierte el esqueleto de una investigación canónica de cine negro en un surrealista ir y venir de situaciones y personajes estrafalarios. Es por ello que, más allá del evidente y socarrón homenaje a Hitchcock y el Hollywood dorado que recorre todo el film, encontramos cierto hermanamiento entre el detective junior Sam y dos peculiares investigadores que nos han visitado en la última década: Jonathan Ames de la serie Bored to Death o Larry “Doc” Sportello de Puro vicio. Al igual que en la marciana e infravalorada película de Paul Thomas Anderson sobre la novela de Thomas Pynchon, los avances en Lo que esconde Silver Lake se realizan gracias al arbitrio de la (fumada) diosa de la Fortuna. Con semejante modus operandi, Sam comienza una peculiar investigación que le llevará a recorrer los diferentes círculos del infierno angelino. Desde las elitistas fiestas hippiescas de presentación de las promesas musicales más cool del momento (gracioso guiño al mundo de Lana del Rey, Father John Misty y compañía) hasta las intrincadas redes subterráneas por las que se mueven los vagabundos, pasando por la gran mansión del hombre que lo ha hecho todo en la música.

El resultado es un complejo (y completo) thriller surrealista deudor de Mulholland Drive, en el que David Robert Mitchell acierta de lleno al no tomarse para nada en serio, dar rienda suelta a toda su imaginación y no cortarse en ningún aspecto. En las últimas décadas, este nivel de megalomanía y arrojo solo lo habíamos experimentado en Southland Tales, en la que un endiosado Richard Kelly (Donnie Darko) colocaba al reparto más extraño de la historia (Dwayne Johnson, Sarah Michelle Gellar, Sean William Scott, Mandy Moore, Justin Timberlake…) en mitad de un conspiranoico y caótico fin del mundo. El resultado fue un verdadero desastre y otorgó a Kelly el infumable título honorífico de “veneno para la taquilla”. Pero allí donde Kelly fracasó (aunque tengamos cierto cariño a la película y especialmente a Krysta Now, nuestra gran reina del porno), Mitchell logra un equilibrio perfecto en el desequilibrio. Se la juega con un metraje desmesurado, una trama bastante loca, y unos personajes que sobrepasan el absurdo, y consigue un triunfo cinematográfico importante, una apasionada oda a la cultura pop y otra cinta de culto en su haber.

Andrew Garfield (La red social) logra con Sam una de las mejores interpretaciones de su carrera. El candidato al Oscar a mejor actor por Hasta el último hombre es el fiel reflejo de una generación de hombres que no encontramos nuestra conexión. No solo con el universo en un plano más trascendental, sino que tampoco se logra con nuestros coetáneos más cercanos. Garfield logra captar todos y cada uno de los episodios de la psicosis del personaje, producto tanto de la depresión como de su absurda existencia: su rol de stalker de corazón de oro, su obsesión y perpetuo despertar sexual, su incapacidad de llevar a cabo una relación ‘normal’ con nadie… Mención especial merece su vestuario (y no vestuario) durante gran parte metraje. Le acompañan en el reparto Riley Keough (The Girlfriend Experience) como la no tan prototípica hermosa y sensual mujer fatal rubia que desaparece, Topher Grace (Aquellos maravillosos 70) como el mayor embajador de la tontería hollywoodiense, Grace Van Patten (Maniac) como la enigmática chica del globo, y nuestra querida Zosia Mamet (Girls) en un pequeño y muy gracioso papel.

Lo que esconde Silver Lake no es el thriller que esperabas, sino la película de culto que necesitábamos… además de una de las visiones más divertidas y esperanzadoras sobre la depresión masculina y una certera llamada de atención para que dejemos de mirarnos apenados el ombligo. No porque haya algo mejor que hacer, sino porque realmente revolcarnos en nuestras propias miserias no vale para nada.

David Lastra

Nota:★★★★½

Crítica: It Follows

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Innovar en el cine de terror es tan complicado como necesario si se quiere que una película sea algo más que un pasatiempo de multicine o una experiencia cinematográfica de usar y tirar. Esta es la tónica habitual en el género, todos los meses se estrenan cintas de miedo clónicas, diseñadas para la taquilla y sin verdadero afán creativo o conocimiento del terror. Afortunadamente, cada cierto tiempo nos llega una película dispuesta a sacudir las convenciones del género y desmarcarse con una propuesta diferente.

El año pasado este papel correspondió a la australiana Babadook, y 2015 es el año de It Follows, una de esas películas que se ganan por méritos propios su título prematuro de obra de culto. El film dirigido por David Robert Mitchell es una experiencia que se saborea mejor cuanto menos se sabe de ella. La incertidumbre y el miedo a lo desconocido es un ingrediente esencial de su historia, y no conocer su argumento contribuirá a que la vivamos tal y como la ocasión merece, vírgenes e inocentes, como si fuéramos espectadores en una sala de cine de 1978 viendo La noche de Halloween por primera vez.

It Follows sugiere un experimento inmersivo, para lo que se recomienda su visionado en una sala de cine a ser posible. Abstraerse por completo del mundo exterior no solo es necesario para ver esta película, sino también inevitable. Desde su epatante secuencia de apertura con una chica huyendo en taconazos de alguien o algo a quien no vemos, hasta su clímax, It Follows te atrapa y no te suelta. Parte del mérito lo tiene un sólido guion con abundantes niveles de significado que maneja con maestría el suspense y dosifica la información dando al espectador la oportunidad de descubrir por sí mismo lo que está ocurriendo. Pero sin duda es su increíble atmósfera y su impecable realización lo que termina por tragarnos junto a Jay (Maika Monroe) en esta espeluznante pesadilla.

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Mitchell toma los elementos y códigos narrativos de las películas de terror de los 70 y 80 y los reconfigura con destreza para acomodarlos en un universo completamente moderno (aunque no marca el film cronológicamente en un año concreto, lo que le da una cualidad intemporal), y para más inri lo ambienta en la decadente escena de Detroit (donde transcurre otra reciente fábula adolescente, Lost River). Se pueden oír en It Follows ecos inconfundibles de Pesadilla en Elm Street (la escena de la protagonista en clase ignorando la lección o la secuencia en la que el “monstruo” va en busca de su vecino están sacadas directamente de la película de Wes Craven) y por supuesto de la mencionada Halloween, cuyo director, John Carpenter, es el referente más obvio de Mitchell. Pero su idea no parece ser la de realizar un simple homenaje o pastiche nostálgico, sino ofrecer una relectura del slasher, del terror y el fantástico ochentero, dándole vigencia en el siglo XXI desde un punto de vista muy personal.

Como Carpenter, Mitchell no busca el susto fácil, sino que prefiere generar una sensación de desasosiego continuo. Para esto, el director encuadra con absoluto virtuosismo, buscando el terror de los planos generales y fijos, obligando al espectador a no perder detalle de la pantalla, a buscar al fondo del cuadro aquello que más teme, y por tanto, a involucrarse en la historia a un nivel más profundo de lo habitual, como si estuviera encerrado en un sueño. Es un miedo basado en lo que no se ve, lo que podría aparecer por cualquier parte y en cualquier forma, lo que está ahí todo el tiempo y no nos hemos dado cuenta de que nos está mirando en silencio (otro elemento indispensable de la ambientación). Un terror que funciona tanto en la oscuridad de la noche en un edificio abandonado como en un pasillo en penumbra de casa, de cuyas sombras puede aparecer en cualquier momento aquello de lo que huimos, incluso en un escenario sobre-iluminado o en un espacio abierto a plena luz del día. Y también como Carpenter o Craven, para acompañar estas enervantes imágenes, Mitchell utiliza una explosiva banda sonora a base de sintetizadores, sublime score electrónico ideado por Disasterpeace y empleado con sabiduría para completar la auténtica gozada visual y sonora que es esta película.

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Pero además de una soberbia película de terror, It Follows es una (evidente) metáfora del paso a la adultez, un relato impregnado de angustia (y afectación) adolescente sobre lo que supone dejar atrás la inocencia, que a ratos evoca los contemplativos universos suburbanos de Spike Jonze o Sofia Coppola (la idea de poner a una chica de gafas enormes a leer El idiota de Dostoyevski en un eBook con forma de almeja para concretar el subtexto de la película bien podría haber sido perpetrada por cualquier de los dos). Con sus personajes cercados en el asfixiante microuniverso del típico barrio residencial norteamericano y constantemente acechados por el futuro, Mitchell nos habla del terror que conlleva hacerse adulto, de la incertidumbre y el vacío que depara a todo el mundo al encontrarse a las puertas de la vida real, obligados a dejar atrás la (supuestamente) despreocupada existencia adolescente. Y para transmitir estas ideas, It Follows recurre al sexo como rito de paso, como símbolo de la responsabilidad adulta y la inevitabilidad de enfrentarnos a las consecuencias de nuestras decisiones una vez hemos dejado atrás la niñez definitivamente. En este sentido, It Follows también puede leerse como una metáfora de las enfermedades de transmisión sexual, lo que tendría perfecta correlación con el discurso de la responsabilidad, aunque esto sería simplificarla demasiado.

En definitiva, It Follows no es una película de terror al uso. Su originalidad reside precisamente en haber reordenado unos componentes de sobra conocidos por el espectador para hacer algo diferente, algo tan esencialmente clásico como moderno; un trabajo que evidencia a un cineasta que entiende y admira los géneros que está abordando, y que además posee una visión muy particular sobre sus personajes adolescentes, actualizada a la par que universal y con inclinación a lo literario, lo que no hace sino enriquecer el texto. It Follows es cine en estado puro, pero también es un retrato generacional imprescindible.

Valoración: ★★★★

Nocturna Festival de Cine Fantástico de Madrid 2015 – Segunda crónica

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It Follows (David Robert Mitchell, 2014)

DÍA 3

June (Estados Unidos, 2015) OFICIAL FANTÁSTICO

juneL. Gustavo Cooper se acercó el miércoles al Nocturna para presentarnos su nueva película, June, en primicia para los espectadores del festival. Según nos contó el director de Los Ángeles, éramos los primeros en verla (y no es por ser cruel, pero seguramente seremos de los pocos que lo hagamos). June es una historia clásica de niña creepy con poderes extraños que nos recuerda inevitablemente al Damien de La profecía y sobre todo a la más tullidita Carrie. June es una huérfana que ha pasado por varios hogares adoptivos. De carácter retraído, la niña solo habla con su “amiga imaginaria“, Aer, una presencia hostil estrechamente vinculada a ella a la que la niña debe controlar para que no destruya todo a su alrededor. Los nuevos padres adoptivos de June (Victoria Pratt, y atención, Casper Van Dien, que sigue vivo y se ha convertido en un McDreamy con barba canosa y pinta de DILF) proporcionan a la niña un hogar cálido y la posibilidad de tener una familia de verdad. Sin embargo, Aer les pondrá las cosas difíciles, haciendo que se replanteen la responsabilidad de educar a una niña problemática como June. El mayor acierto de la película es sin duda la pequeña Kennedy Brice (Molly en The Walking Dead), que a pesar de no ser ningún prodigio, encaja perfectamente en el perfil de niña inquietante con mirada hipnótica. Por lo demás, June es un film bastante básico y algo rudimentario, un trabajo rodado en digital con bajo presupuesto en el que se nota la falta de recursos. Eso sí, aunque no sea una propuesta original, al menos evita el tópico de la posesión demoníaca, dándole al misterio un enfoque místico relacionado con la naturaleza.

Pedro J. García

Kill Me Three Times (Australia/Estados Unidos, 2014) OFICIAL FANTÁSTICO

kill-me-three-times-posterAl igual que la mayor parte del público angloparlante y muchos de los espectadores de esta sesión del Nocturna, me confieso seguidor de Simon Pegg. Desde su trilogía del Cornetto, hasta sus dominios como rey freak mainstream en las franquicias de Star TrekMisión: imposible, pasando por cualquier comedieta en la que no aparezca más de cinco minutos haciendo un par de muecas. Fan fatal. Por esa razón, me encontraba más que predispuesto ante esta película, una cinta que de primeras no pegaba mucho dentro de la sección oficial de este festival… y que después de haberla visto, aún menos. La floja dirección de Stenders intenta dar vida al endeble guión de McFarland intentando conseguir una dinámica de acción y humor al más puro estilo Tarantino-Ritchie, lo que podríamos llamar “cine con cojones“, con todas las connotaciones negativas que pueda tener esa expresión desde un punto de vista Bechdeliano, pero sin llegar a acercarse ni por asomo al temple de esos dos referentes. Bajo la manida fórmula de la fragmentación, nos vamos enterando de los tejemanejes de una serie de losers por tierras australianas. Adulterio, fraude, asesinatos… Un catálogo de crímenes y miserias del ser humano contadas sin gracia ni cabeza. El absurdo nunca es un problema, si se sabe hacer bien y este no es el caso. Mucho más interesante que la película es la identificación de las caras reconocibles del reparto, un aspecto que hace que la experiencia sea aún más fallida ya que entra en juego el “lo que podría haber sido”. Además de Pegg, nos encontramos con la omnipresente Alice Braga (On the RoadCiudad de Dios), Teresa Palmer (protagonista de Memorias de un zombie adolescente), Luke Hemsworth (cuñado de Elsa Pataky en la vida real) y Callan Mulvey (el mismísimo Drazic de la serie de televisión Los rompecorazones). ¿Quién se salva de ellos y ellas? Pues nadie, digamos que Simon Pegg en alguna escena porque es nuestro niño bonito, pero nada más.

David Lastra

The Midnight Swim (Estados Unidos, 2014) OFICIAL DARK VISIONS

midnight_swimLa doctora Amelia Brooks desaparece durante una inmersión en el profundo Spirit Lake, lago en el que ningún buceador ha logrado alcanzar el fondo. Sus tres hijas se reúnen en la casa junto a ese lago para despedirse de su madre y arreglar los asuntos familiares. Día tras día van sumergiéndose más en las leyendas y misterios existentes alrededor de Spirit Lake. Lo que vemos en The Midnight Swim es el material grabado por una de las hermanas, que lo capta todo con su cámara a lo largo del día. Este formato ya tiene pocas sorpresas que dar, pero puede seguir dando buenos resultados. En el caso de este largometraje se queda a medio camino de conseguir algo realmente destacable. La línea que separa lo sutil de lo vacuo es peligrosamente fina a veces, y en este caso es la mayor amenaza de la película. Realmente es necesario conocer el trasfondo familiar y la relación entre las tres protagonistas para meterse en la película, pero cuando se sacrifica esa historia casi completamente para dar prioridad al día a día de las hermanas se pierde el propósito y la película se estanca. Las pinceladas sobre la mitología que rodea el lago son insuficientes, pero dan lugar a unas cuantas secuencias con una atmósfera de misterio muy conseguida que si no fueran mostradas con cuentagotas tendrían un efecto impacto mayor.

Daniel Andréu

It Follows (Estados Unidos, 2014) PANORAMA

cartel-baja1Para disfrutar mejor de It Follows es mejor no saber nada de ella. No haber leído nada de nada, ni haber visto ni un simple fotograma promocional. Realmente no deberías ni estar leyendo esta pequeña reseña. De todas maneras, prometo no revelar ni lo más mínimo del argumento, solo elevaré tu hypeIt Follows es el único producto cinematográfico de las últimas décadas que merece ser considerado como clásico dentro del cine de Terror. No estamos ante una cinta que basa sus sustos en golpes de sonido que atronarían al mismísimo Hans Zimmer, como las parafernalias infantiloides perpetradas por James Wan y compañía en las mil Insidious y demás sucedáneos, o de la casquería y sadismo sin sentido de las chorradas ideadas por el mismo Wan en la saga Saw y las copias que surgieron a tras su éxito. El film de David Robert Mitchell es un ejemplo de elegancia y saber hacer. Una historia perfectamente articulada, dirigida, interpretada, musicada (Disasterpeace, ya te tengo en mi agenda), fotografiada que juega con el ritmo cardíaco del espectador desde el primer minuto (¡qué pasada de escena inicial!) y no nos deja en paz hasta la llegada de los títulos de crédito (o eso pensamos). It Follows está hecha del material con el que se hacen las pesadillas y ha venido a jodernos el resto de las solitarias noches de nuestras vidas.

David Lastra

Fear Clinic (Estados Unidos, 2014) OFICIAL MADNESS

fear clinicRobert Hall es un prolífico diseñador de maquillaje con una dilatada carrera en el cine (Supersalidos, Paranormal Activity) y la televisión (Buffy, Angel, Firefly, Teen Wolf, Grimm). En 2009 dirigió Fear Clinic, una webserie de cinco episodios que ha convertido en película gracias en parte a una campaña de financiación en Kickstarter. Protagonizada por Robert Englund (acompañado de un reparto joven de rostros televisivos como Cleopatra Coleman, Felisha Terrell o ese fail humano que es Thomas Dekker), Fear Clinic cuenta la historia de un grupo de jóvenes afectados por el trastorno por estrés postraumático después de vivir un tiroteo en un restaurante. La Clínica del Miedo del Doctor Andover (Englund) proporciona a sus pacientes un tratamiento para vencer los miedos pre-existentes que se han agudizado desde el “incidente” o las nuevas fobias generadas a partir del mismo. La “máquina del miedo” parece funcionar con éxito, pero con el tiempo, los miedos regresan a la vida de los pacientes a la vez que una presencia amenazante que parece surgir de la máquina los acecha. Ese es el argumento muy a grandes rasgos de la película, pero creedme cuando os digo que he hecho que suene mucho más coherente de lo que en realidad es. Fear Clinic no tiene ni pies ni cabeza y su historia transcurre a base de ideas (algunas incluso buenas) lanzadas al aire a ver qué sale. Ni Hall ni nadie involucrado en esta película sabe a ciencia cierta qué nos está contando, pero lo peor no es eso, sino que en lugar de dar rienda suelta a lo bizarro, como haría una buena película de Serie B (y como invitaba su argumento), se toma en serio y da prioridad al drama, desperdiciando por completo la figura del mad doctor de Englund. Los penosos efectos digitales y la ineptitud de Hall para crear la atmósfera adecuada (luces parpadeantes durante media hora de película = mala idea) acaban hundiendo por completo la película, que únicamente se salva por unos cuantos sustos bien dados.

Pedro J. García

The-Asylum-Backmask-Exeter-2

Exeter (Marcus Nispel, 2015)

DÍA 4

Liza the Fox-Fairy (Hungría, 2015) OFICIAL FANTÁSTICO

liza-fox-fairy¿Qué clase de animal tenemos aquí? Liza the Fox-Fairy es difícil de catalogar. Lo que está claro es que es una propuesta decididamente diferente y alternativa a lo que acostumbramos a ver en el Nocturna. Digamos que Liza the Fox-Fairy es una comedia musical surrealista euro-japonesa semifantástica o un cuento fabuloso de fantasmas y leyendas protagonizado por una Amélie yeyé. Sí, todo eso. Liza es una enfermera solitaria e introvertida que cuida de una anciana, viuda de un general japonés. Su único amigo es el fantasma de un cantante de pop japonés al que solo ella ve. El cantante está enamorado de ella y los celos le llevan a convertir a Liza en un hada (fox-fairy), una maldición que hace que todos los hombres que se interesen por ella mueran horriblementeLiza the Fox-Fairy es un experimento muy peculiar, hace gala de un exquisito humor absurdo que seguramente haría las delicias de Wes Anderson, y bajo su velo de inocencia y candor hay mucha acidez e incluso mala leche. Su excelente protagonista, Mónika Balsai es todo un descubrimiento. Energética, excéntrica y estéticamente muy golosa (colores pastel, vestuario y diseño de producción deliciosamente setentero), Liza the Fox-Fairy se agradece por alejarse de la norma, aunque en el fondo no aporta nada distinto de lo que podemos encontrar en sus referentes, los Andersons, Gondrys y Jeunets de la vida.

Pedro J. García

Infini (Australia, 2015) OFICIAL FANTÁSTICO

infini_posterY llega por fin el turno de la ciencia ficción al Nocturna. La producción de cine sci-fi es mucho menor que la de terror, por eso es lógico que la proporción en este festival sea de esta manera. Pero vista Infini se podían haber ahorrado el esfuerzo. Qué espanto de película. Estamos ante una cinta de contagio ambientada en el espacio (aunque nunca llegamos a verlo), un misterio de “acción” (énfasis en las comillas) con un toque “reflexivo” (más énfasis aun) que nos teletransporta a una mina espacial junto a un equipo de rescate enviado para recuperar al único superviviente de una epidemia biológica. Allí, los especialistas se enfrentarán al virus, convirtiendo la misión en una pesadilla de la que parece que nadie podrá escapar vivo. Infini es una de las películas más soporíferas y desesperantes que he visto nunca. La falta de medios obliga a construir el aspecto fantástico a base de diálogos descriptivos o planos muy cortos en los que tenemos que imaginar qué está ocurriendo, pero nadie sabe cómo hacerlo. El sentido del suspense brilla por su ausencia, los actores dan auténtica pena (es la segunda película en la que vemos a Luke Hemsworth en el festival, y alguien debería decirle que no está obligado a seguir los pasos de sus hermanos Chris y Liam), la factura técnica hace de Infini un fan film y la falta de presupuesto no se suple con pericia técnica (como por ejemplo en The House on Pine Street). Qué horror de realización, de montaje, de todo. Y para poner la guinda en el pastel, la película termina con un eterno clímax en el que se pone filosófica y poética, lo cual hace que dé aun más pena. Dos horas de mi vida que jamás recuperaré.

Pedro J. García

Exeter (Estados Unidos, 2015) OFICIAL FANTÁSTICO

exeterA Marcus Nispel lo conocemos sobre todo por dirigir remakes (La matanza de Texas, Viernes 13, Conan el Bárbaro), pero ahora el realizador de origen alemán se embarca en su primer proyecto original, Exeter (rebautizada dos veces, como Backmask The Asylum)película que dirige y co-escribe junto a Kirsten Elms. Claro que describir Exeter como “original” no es del todo adecuado. La película trata sobre un grupo de jóvenes (así empiezan la mayoría de sinopsis del Nocturna) que organizan una fiesta en un hospital psiquiátrico abandonado, donde sus pacientes (niños y adolescentes) sufrieron todo tipo de torturas y vejaciones. Después de una noche loca de drogas, alcohol y sexo, los seis chavales que quedan en el hospital empiezan a jugar con lo oculto, lo que despierta una presencia demoníaca que los va poseyendo uno a uno. No podría sonar más estúpido y cliché, ¿verdad? Y lo es. Pero Nispel lo sabe, y precisamente juega con ello continuamente. No os dejéis engañar por la etiqueta “de los productores de Insidious Paranormal Activity“. Exeter tiene mucho más de Posesión infernal que de terror no recomendado para menores de 13 años. Se trata de una divertidísima combinación de slasher y película de posesiones/exorcismos que se lo pasa bomba riéndose de todo y de todos. Nispel es cómplice de la broma en todo momento, y pide al espectador que se deje llevar y no cuestione lo que está ocurriendo como haría en otras películas parecidas. Si lo hacemos, reconoceremos las intenciones del director y lo pasaremos en grande. Exeter destaca por su sentido del humor (fumado pero muy agudo y con magníficos toques de absurdo), por repasar con mucha gracia los lugares comunes del género (grande el exorcismo do it yourself), y por darnos algunas de las muertes más geniales que vamos a ver en una película este añoExeter juega además con los arquetipos del género (el jock, la puta, el fumado, el empollón…) y lo hace convirtiendo a sus personajes en algo más que trozos de carne. Ellos son los que nos proporcionan las mejores risas; son descerebrados, idiotas perdidos, pero caen bien y nos dejan auténticas perlas autoconscientes. Solo en su clímax la película pierde fuelle, porque la historia debe alcanzar una conclusión inevitablemente, lo que obliga a Nispel a llevar la película a terrenos más convencionales. Pero a pesar de esto, Exeter es todo un triunfo en su género, un film que seguramente recibirá más palos de los que debería, más por lo que parece que por lo que es en realidad.

Pedro J. García