Crítica: Valerian y la ciudad de los mil planetas

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Atención al dato. El cómic franco-belga Valerian, agente espacio-temporal inspiró a George Lucas en su creación de Star Wars. Esto debería ser credencial suficiente para que el tebeo creado en los 50 por Pierre ChristinJean-Claude Mézières fuera más conocido entre el gran público, pero Valerian no goza del reconocimiento masivo que otras obras fundacionales del cómic moderno sí tienen. Por esto mismo, había que hacer algo al respecto. Había que dar a conocer el material sin el que Star Wars no habría sido igual, qué digo, sin el que el cine no habría sido el mismo. Y quién mejor para acometer esta ambiciosa empresa que Luc Besson.

Con Valerian y la ciudad de los mil planetas regresa el Besson de El quinto elemento, el más desmesurado, imaginativo y hortera. Y para llevar a la gran pantalla su nuevo delirio intergaláctico tuvo que encontrar el apoyo financiero fuera de los grandes estudios, asociando su EuropaCorp con una coalición de productoras independientes que elevaron el presupuesto del proyecto hasta los 180 millones de dólares (según los rumores podría ser más), convirtiéndola en la película europea y la película independiente más cara de la historia. Una jugada suicida se mire por donde se mire, pero que tiene su recompensa: Valerian es un espectáculo visual sumamente impresionante.

En la película, Valerian (Dane DeHaan) y Laureline (Cara Delevingne) son agentes especiales del gobierno de los territorios humanos a cargo de mantener el orden en el universo bajo la dirección de su comandante (Clive Owen). Estos dos policías espaciales son algo más que colegas de profesión, sin embargo, él quiere más de la relación que ella, y ella no está dispuesta a comprometerse hasta que él deje atrás sus prácticas donjuanescas y borre su agenda de contactos femeninos. Pero este tira y afloja romántico tendrá que pasar a segundo plano cuando Valerian y Laureline emprendan una misión en la ciudad de Alpha, un enorme crisol de razas y especies procedentes de todos los recovecos del universo, donde nuestros héroes deberán proteger el último resquicio de una poderosa civilización considerada extinta, destapando así una conspiración que pondrá en peligro a la especie humana.

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Como decíamos, Valerian marca la vuelta de Besson a la ciencia ficción más barroca. El director ha orquestado una space opera reminiscente de El quinto elemento, repleta de hallazgos visuales y caracterizada por una imaginación desbordante. El film establece su tono abriendo con una fantástica secuencia unificadora al ritmo de “Space Oddity” de Bowie en la que Besson nos pone en contacto con la “rareza” y la variedad del universo que se despliega ante nuestros ojos. A partir de ahí, Valerian no cesa de sorprender con ocurrencias que sirven para crear las secuencias de acción más inventivas y divertidas que vamos a ver en mucho tiempo en una pantalla. La película es un constante bombardeo de ideas visuales y artilugios futuristas con los que es difícil no asombrarse, lo cual tiene su mérito teniendo en cuenta la edad del material en el que se basa.

El desorbitado presupuesto de Valerian salta a la vista en todo momento, pero muy especialmente durante las escenas que involucran a los habitantes del planeta Mül, humanoides creados mediante la técnica digital de la captura del movimiento que suponen el siguiente eslabón evolutivo en la revolución digital auspiciada por James Cameron en Avatar. De hecho, cuenta la leyenda que Besson estaba trabajando en Valerian desde antes de que Cameron anunciara su película, y debido a las similitudes en estilo y argumento entre ambas, tuvo que posponerla. Valerian llega cuando el espectador cree haberlo visto todo, cuando la audiencia parece haber perdido la capacidad de sorprenderse con lo que el cine es capaz de hacer en materia digital, pero Besson se las ha arreglado para crear algo con la capacidad de dejar boquiabierto al más reacio. Los colores que saltan de la pantalla, los efectos especiales, las secuencias íntegramente digitales, la integración de los elementos reales con el CGI, la fluidez y el realismo apabullante de las criaturas realizadas por ordenador, todo esto hace de Valerian una película digna de ver en la pantalla más grande posible.

Pero no todo es positivo. Valerian recurre tanto a la baza visual porque no puede sorprender en el departamento narrativo. Juega en su contra que tras los 50 años que han transcurrido desde la publicación del tebeo original, es prácticamente imposible que el público encuentre este tipo de historias novedosas. Es paradójico, pero Valerian no puede reclamar su lugar en la ciencia ficción moderna porque sus discípulas la han aventajado con creces. Es por eso que, por mucho entusiasmo y esfuerzo que se haya puesto en ella (y esto es indudable), puede verse como un producto del montón en lo que respecta a su historia.

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Por otro lado, hay que reconocer que su reparto quizá no sea el más acertado. Obviemos a Ethan Hawke (pasadísimo de rosca), a Clive Owen (muy acartonado) o a Rihanna (que no hace mucho, aparte de interrumpir drásticamente el ritmo de la película con una escena musical análoga a la ópera de El quinto elemento), y centrémonos en la pareja protagonista. DeHaan y Delevingne dan la talla físicamente. Ambos tienen esa belleza extraña e hipnótica que hace que resulten perfectamente creíbles como humanos del futuro, o como extraterrestres descendientes de Bowie. Pero interpretativamente hablando, ninguno de los dos está a la altura de las circunstancias. Sorprendentemente, Delevingne se lleva la mejor parte, ya que la naturaleza descarada y la fuerza de su personaje no permite que se duerma en los laureles. Pero a DeHaan le viene demasiado grande el papel de granuja seductor, quedándose a años luz del carisma de Han Solo. Por esta razón, la dinámica romántica de Valerian y Laureline acaba siendo lo peor del film.

A pesar de estos inconvenientes, Valerian supone una experiencia desenfadada altamente recomendable para los amantes de la épica fantástica y la ciencia ficción más colorista. El hecho de que la película no se tome excesivamente en serio ayuda a que pasemos por alto sus traspiés narrativos (la trama arrastra al final y se resuelve de forma bastante confusa) y su sentido del humor algo infantiloide, y nos centremos en disfrutar de lo que Besson ha creado para el deleite de nuestras retinas, que no tiene desperdicio: acción híper-plástica, criaturas originales (llama la atención un trío de patos alienígenas que son claros precursores de Jar-Jar Binks), efectos digitales alucinantes, un diseño de producción para quitarse el sombrero, imágenes de belleza cegadora, y un vasto universo de ficción riquísimo en detalle.

Eso sí, hay que decir que, aunque Valerian anteponga lo visual a todo lo demás, la película no deja de ser un viaje divertido y trepidante, incluso entrañable (la ilusión depositada en ella es contagiosa), una acertada mezcla de clasicismo aventurero y creatividad visionaria que merecía más suerte de la que ha tenido. El público no la está acompañando, por lo que la expansión de su fascinante universo en forma de saga es una posibilidad cada vez más remota. A los que se nos han salido los ojos de las órbitas viéndola nos queda la esperanza de que, ya que no ha podido ser un blockbuster, al menos se convierta en la obra de culto que merece ser.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crónica de la Muestra Syfy 2016

Leticia Dolera Syfy

El 13 es un número especial, históricamente asociado a la mala suerte, y con el tiempo justo lo contrario, un símbolo de buena suerte para los que gustan de llevar la contra. Para los fans del cine fantástico, el 13 ha significado algo muy especial este fin de semana: una de las mejores ediciones de la Muestra Syfy. Nuestro mini-festival favorito se ha mudado de residencia, pero sigue viviendo en el mismo barrio. De los Cines Callao al Cine de la Prensa de Gran Vía, sin perder en la mudanza ni un ápice del entusiasmo que lo caracteriza.

Como todos los años, nos damos cita con la Muestra Syfy, organizada por el canal de televisión Syfy España, para ver cine de género (fantástico, ciencia ficción, terror, animación) durante cuatro días (este año del jueves 3 al domingo 6 de marzo). Una veintena de películas que han conformado una programación en la que, como de costumbre, han tenido cabida las ideas más disparatadas y las propuestas más curiosas. Muertos vivientes, fantasmas, zombies, demonios, extraterrestres y caníbales (por partida doble, que este año ha sido el de los antropófagos), todos se han reunido un año más para la gran fiesta del cine fantástico en Madrid.

Y como decía, aunque hayamos cambiado de emplazamiento, el espíritu de la Muestra sigue intacto. Por un lado gracias a la organización, que ha llevado a cabo el cambio de la forma más fluida (esperábamos que al cambiar de una sala grande a tres más pequeñas hubiera un caos mayor, y para nada), por otro a los seguidores (bautizados “mandanguers” -o mandangers- durante la última sesión del domingo), incansables, “motivados” y con ganas de darlo todo en las proyecciones, y por último, pero no por ello menos importante, gracias a la gran Leticia Dolera, que un año más se corona como la reina geek (Mandanga Queen) de nuestro país. Parece mentira, pero Dolera se supera cada año. El nivel de complicidad que ha alcanzado con los asistentes a la Muestra es increíble (para entender los chistes internos o la importancia de las palabras “mandanga” y “Canino” hay que haber estado allí), y se ha notado especialmente en esta edición, en la que, entre otras muchas cosas, ha recordado a sus compañeros de Al salir de clase con velas en la mano (in memoriam?), ha demostrado su amor por Buffy, ha llamado por teléfono a Raúl Arévalo, al que dejamos un mensaje de voz porque no lo cogió (y al que esperamos ver en la próxima edición, no nos falles, Raúl), ha cantado los precios de la cantina, ha reivindicado a Chicho Ibáñez Serrador (Goya honorífico ya), ha criticado (de bromi) a los actores españoles por no vocalizar, y por supuesto, ha repartido Huesitos entre el público. Todo del mejor rollo posible. Gracias, Leticia. Sin ti la Muestra no sería lo que es.

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Dicho esto, pasemos a hablar de las películas que hemos podido ver este año. Muchas de las que, por cierto, tienen distribución en España, así que anotad las recomendaciones. La Muestra dio el pistoletazo de salida el jueves 3 con el preestreno de La invitación, de Karyn Kusama, uno de los grandes éxitos de la pasada edición del Festival de Sitges, donde se alzó con el premio a la mejor película del certamen. Con un reparto de caras conocidas, sobre todo para el seriéfilo (Logan Marshall-Green, Michiel Huisman o John Carroll Lynch), La invitación es una cinta malrollera que recuerda a Coherence en sus ambientes y a La cena de los idiotas por su mala baba. Kusama sabe dosificar la información como si de un menú degustación se tratase y nos embriaga de tal manera que seguimos pidiendo más a pesar de que sintamos ya los ardores de las horas posteriores. Menos mal que tiene el detalle de ofrecernos un chupito digestivo para pasar el (mal) trago.

El viernes 4 nos deparaba más de una sorpresa. El primer día propiamente dicho de la Muestra arrancaba con la noruega Villmark Asylum, secuela de uno de los mayores éxitos cinematográficos del país nórdico que nos proponía de nuevo (“nos” es un decir, porque de los cientos que estábamos en la sala solo cuatro fans aplicados habían visto la primera) una historia de terror ambientada junto a un lago remoto, concretamente en un hospital abandonado donde se trataba a los enfermos de tuberculosis muchos años Imagen 2atrás. Como podéis imaginar por la descripción, Villmark Asylum es la típica película de “manicomio encantado”, y recurre a los tópicos y la imaginería habitual del género (fantasmas de pacientes y enfermeras deambulando entre pasillos, experimentos inmorales), donde por desgracia se queda completamente estancada sin saber qué contar. Un rollazo.

Las dos siguientes películas de la tarde sirvieron para arreglar el mal sabor de boca de Villmark 2 (su título original) y despertarnos de la siesta. En primer lugar, la británica Nina Forever nos planteaba una premisa sencilla a la par que interesante, con una historia romántica sobre un chico que perdió a su novia en un accidente y, cuando intenta iniciar una nueva relación (concretamente cuando practica el sexo con su nueva pareja), la novia se le aparece tal y como quedó tras el accidente para atormentarle a él y a la chica. Una metáfora sobre las relaciones y la pérdida que, a pesar de resultar demasiado evidente, da para muy buenos momentos, aunque al final se pierda por no saber cómo ni cuándo concluir la historia. Nos quedamos con la primera hora de la película, rebosante de sentido del humor, emotividad y erotismo, y con las interpretaciones de su trío protagonista, en especial las femeninas, Fiona O’Shaughnessy y Abigail Hardingham. En segundo lugar, llegó la esperadísima (y apaleadísima) nueva película de Eli Roth, The Green Inferno, y resultó ser uno de los mayores éxitos entre el público de la Muestra. Roth ha orquestado una película repugnante, nauseabunda, con los peores actores del mundo y autoconscientemente mala que se reveló como la oferta perfecta para la Muestra, como demostraron las continuas carcajadas y aplausos de la sala. Una cinta idónea para este tipo de ocasiones, en las que a veces es mejor no pesar demasiado lo que se está viendo y dejarse llevar. Eso sí, vais sobre aviso si decidís verla: al igual que su día Holocausto caníbal (de la que evidentemente bebe, y come, mucho) sus imágenes gore pueden provocar más de un mareo.

Las sesiones nocturnas del viernes nos dejaron otra sorpesa. Desafortunadamente no fue la española Vulcania, que fue recibida con indiferencia y aburrimiento generalizado (quizá si los responsables del film no hubieran estado en la sala presentándolo el público se habría ensañado más). El debut de José Skaf en la dirección de largometrajes es una oportunidad perdida, una película que recuerda demasiado a El bosque (aunque Skaf asegurase que todo parecido es coincidencia) y que, a pesar de su excelente factura y buen reparto, nos deja completamente a medias (aquí podéis leer una crítica completa de la película, que ya está en cines). A continuación , la primera sesión golfa de la Muestra 2016 nos presentaba la primera parte de la japonesa Parasyte, de Takashi Yamazaki, film que fue recibido cálidamente por el público del Cine de la Prensa. Parasyte, Part I  es la hilarante visión japonesa de la Nueva Carne de Cronenberg (se trata de la adaptación live action del manga del mismo nombre), con momentos cómicos muy conseguidos y una épica tan ridícula como convincente. Por una noche, Migi destronó a Huevón como rey de la madrugada Syfy.

BONE TOMAHAWK

El sábado por la mañana tenía lugar la primera sesión Syfy Kids, con la proyección de una de las nominadas al Oscar a Mejor Película de Animación este año, The Boy and the World, distribuida en España por Rita & Luca Films. La tarde comenzaba con la surcoreana The Piper, adaptación libre de El flautista de Hamelín que tiene lugar en una pequeña aldea azotada por una plaga de ratas, donde un hombre y su hijo hacen una parada para ayudar a los habitantes. La película de Kim Kwang-tae comienza como una comedia amable con toques de realismo mágico y en su tramo final se transforma en una historia oscura, trágica y macabra. Una película peculiar de la que se pueden destacar bastantes virtudes, entre las cuales por desgracia no se encuentra la consistencia. A continuación se proyectaba la caboyano-americana Listening, que juega con la idea de la manipulación de la mente y la creación de la telepatía, y que fue con diferencia una de las peores películas de la muestra. Llamarla amateur sería quedarse muy cortos. Una primera parte que copia descaradamente a Primer da lugar a una segunda mitad que adquiere tono épico-conspiranoico y se hunde en el mayor de los ridículos. Y lo peor de todo, el asqueroso machismo que recorre toda la cinta. Lamentable. Pero es que esa misma noche pudimos ver otro desastre de proporciones épicas, Generación Z (título español para The Rezort), una Parque jurásico con zombies en lugar de dinosaurios que, por muy atractiva que suene la idea, no podría haber dado lugar a una película más terrible. Y lo peor no es el planteamiento completamente absurdo (eso no es un problema en la Muestra), sino que ¡se toma en serio! y contiene un mensaje político que no podría estar hilado de forma más patética. Menos mal que justo antes habíamos disfrutado del plato fuerte del día, Bone Tomahawkwestern atípico cargado de humor, violencia extrema (condensada en su magnífica recta final, donde podemos ver una de las muertes más despiadadamente brutales y gráficas de la historia del cine) y grandes interpretaciones, en especial la de Richard Jenkins, que conquistó a la sala al completo. Una gozada.

Foto de Mara

El sábado muchos hicimos un paréntesis para asistir a la proyección del musical de Buffy, cazavampiros, “Once More, With Feeling” (6×07), una ocasión de lujo para poder ver en pantalla de cine uno de los capítulos más emblemáticos de esta serie de culto. El ambiente seriéfilo era inmejorable y nuestra anfitriona, Leticia, nos preparó una presentación genial. En primer lugar nos hizo un recorrido por la serie, resumiendo las temporadas y hablando sobre la experiencia que supone ser espectador de Buffy, en especial si se vio por primera vez durante la adolescencia (o post-adolescencia). A continuación recomendó el libro sobre Joss Whedon De la Estaca al Martillo, que como muchos sabéis, coordiné el año pasado junto a mi colega, amiga y admirada Cazadora Irene Raya. Aunque ya lo hice en persona, desde aquí quiero agradecer de todo corazón una vez más a Leticia por hablar del libro en la proyección (en dos proyecciones distintas, de hecho), fue un detalle precioso que convirtió lo que ya estaba siendo una gran Muestra en mi mejor Muestra. Por último, Dolera orquestó un gran momento fan junto a los fans de Buffy, haciéndonos ensayar un fragmento de la canción “Walk Through the Fire“. ¿El resultado? Juzgad vosotros mismos:

Y llegó el último día. El domingo suele ser una jornada de mayor relax en la Muestra, y este año ha cumplido esa norma. El día arrancaba con la polaca Demon, adaptación moderna de la leyenda del dybbuk judío que transcurre durante una boda tradicional en el campo. Una película divertida, surrealista e inteligente que acercaba el cine de autor europeo a la Muestra, demostrando que cualquier tipo de propuesta fantástica tiene cabida en ella. Demon resultó ser una de las películas más interesantes de este año, un relato impregnado de vodka e historia (la de unas ruinas que no se pueden o no se quieren reconstruir), de un humor absurdo y filosófico exquisito y una memorable interpretación protagonista, la de Itay Tiran. Su director, Marcin Wrona, se suicidó en 2015, dejándonos una excelente obra póstuma. Una pena no saber hasta dónde podía haber llegado su talento.

La tarde del domingo continuó con Jeruzalem, un found footage ambientado en la capital israelí y protagonizado por dos turistas americanas cuyas vacaciones se ven interrumpidas por el día del Juicio Final. The Paz Brothers abordan el hastiado género del metraje encontrado intentando revitalizarlo con un nuevo gadget: las Google Glass. De esta manera salen airosos del engorro que suelen tener todos los directores para justificar el hecho de que sus protagonistas no dejen de grabar. Pero más allá de eso, no hay nada verdaderamente destacable de Jeruzalem, además de su bello y original emplazamiento. Una película que sigue los dictados del género (y demuestra algo más que admiración por [REC], como advirtió después Dolera, o Cloverfield) y al menos entretiene y cumple su función a pesar de caer en el despropósito continuamente. Y después de Jeruzalem, dimos un giro de 180º grados en el tono para disfrutar de la (muy) británica Absolutamente todo, dirigida por Terry Jones (miembro de Monty Python, guionista de Dentro del Laberinto, que también se pudo ver en una sesión especial en homenaje a David Bowie), una comedia directamente salida de los 90 que recuerda demasiado a Como Dios, pero que resultó ser un soplo de aire fresco gracias a sus divertidos diálogos y al buen hacer de su protagonista, un carismático Simon Pegg demostrando que puede ser un gran leading manAbsolutamente todo también destaca por ser la última película de Robin Williams (en ella dobla al perro Dennis y nos deja algunos de los mejores momentos de la cinta) y por contar con las voces de lo Monty Python dando vida a los extraterrestres que otorgan los poderes al personaje de Pegg.

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La Muestra 2016 tocaba a su fin con la esperadísima High-Risepelícula dirigida por Ben Wheatley y escrita por él junto a Amy JumP a partir de la novela de J. G. BallardHigh-Rise venía precedida de mucha expectación, aunque acabó siendo una gran decepción (y no es que no nos lo hubieran advertido desde Sitges y otros festivales). High-Rise es una cinta post-apocalíptica retro-futurista que podría describirse (muy superficialmente) como una fusión de BrazilSnowpiercer. La película tiene un planteamiento muy interesante y suficientes elementos atractivos por separado (la estética, la música, la percha de Tom Hiddleston, el sorprendente talento de Luke Evans), pero en conjunto resulta fallida, sobre todo por un empeño, casi exhibicionista y provocador, en el estilo por encima de la sustancia, y la locura y el absurdo porque sí, lo que juega en detrimento de la historia. High-Rise se pierde en la no-narratividad hacia la mitad de su metraje y no se recupera, rematando su “relato” con una conclusión sobre-explicativa que subraya demasiado el mensaje y parece que ya va con recochineo. Probablemente estemos ante una obra incomprendida que será reivindicada como película de culto. Quizá solo sea una pretenciosa paja mental que acabaremos olvidando. El tiempo lo dirá.

Y hasta aquí otra Muestra Syfy llena de buen rollo, amistad y celebración de la cultura fan y el cine (y la tele) de género. Me despido con una de las frases más bonitas de Leticia Dolera, pronunciada (con toda sinceridad y convencimiento) durante una de sus encantadoras presentaciones:

“Axioma: Te gusta el cine fantástico y de terror, eres buena persona. Te gusta Buffy, eres buena persona”.

¡Hasta el año que viene, Mandangers!

Texto de Pedro J. García y David Lastra

¡CONCURSO! Consigue un Ludo o un Firey de ‘Dentro del Laberinto’ con Fuertecito y Peludos S.A.

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

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Hoy tengo un concurso muy especial para vosotros. En homenaje a David BowiePeludos S.A. fuertecito no ve la tele nos hemos juntado de nuevo para ofreceros no uno, sino dos regalos relacionados con una de nuestras películas favoritas, Dentro del Laberinto (Labyrinth).

Dentro de Laberinto es sin duda uno de los clásicos de culto más queridos de los 80, y Jareth, el Rey de los Goblins, interpretado por Bowie, es todo un icono del cine fantástico. Por eso hemos decidido sortear dos muñecos de peluche hechos a mano inspirados en dos de las “marionetas” de Jim Henson que aparecen en la película, el adorable Ludo y uno de los traviesos Fireys.

Aquí los tenéis. ¿A que son geniales?

Ludo

Firey

Para participar, lo único que tenéis que hacer es responder en esta entrada a la siguiente pregunta:

¿CUÁL ES VUESTRO MEJOR RECUERDO DE DAVID BOWIE?*

*Puede ser una experiencia personal, una canción favorita, un papel en el cine o la TV, una actuación, una portada de un disco, un videoclip, un momento histórico de su carrera, o cualquier cosa que se os ocurra relacionada con él. La idea es hacer un homenaje a Bowie entre todos 🙂

¡Pero eso no es todo! Al margen del concurso, Peludos S.A. ha creado un descuento especial para los lectores de fuertecito. Si queréis aprovecharlo, lo único que tenéis que hacer es introducir el código FNVLT al realizar un pedido en su tienda de Etsy. De esta manera recibiréis un descuento del 10% en vuestra compra. El cupón estará activo hasta el 29 de febrero.

BASES DEL CONCURSO

– De entre todos los participantes elegiremos DOS ganadores (via Sortea2) que se llevarán totalmente gratis 1 peluche de Dentro del Laberinto cada uno (se asignará a cada uno un Firey o un Ludo al azar).  Los ganadores lo recibirán en su casa sin ningún gasto por su parte.

– Los participantes deben incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido/s para facilitar la comunicación (los pseudónimos son válidos).

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam. 

– El plazo para participar en el concurso finaliza el sábado 13 de febrero de 2016 a las 23:59 (hora peninsular española). El ganador será anunciado a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

– fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

Peludos S.A. es una pequeña compañía online dirigida por Lucía Vargas, que hace “muñecos a mano de fieltro y fur inspirados en la cultura pop“. Echando un vistazo a su catálogo de peluches y otros tipos de productos artesanales, salta a la vista la afinidad total que estos pequeños peludos tienen con fnvlt.

En la tienda de etsy de Peludos podéis encontrar muñecos de peluche y fieltro y bordadores inspirados en Star Wars, Dentro del Laberinto, Hora de aventuras, las películas del Estudio Ghibli, Doctor Who, El mago de Oz o Donde viven los monstruos. También podéis seguir Peludos S.A. en Facebook, donde estaréis al tanto de todos los nuevos peluches que se van incorporando a la familia. ¡Algunos por tiempo muy limitado!

Peludos SA

Aclarando lo de la nueva película de ‘Dentro del Laberinto’

LabyrinthBallroomscene

Hace dos días, The Hollywood Reporter publicó una exclusiva en la que decía que Sony Pictures preparaba un reboot del clásico de 1986 Labyrinth con la guionista de Guardianes de la Galaxia, Nicole Perlman. Hoy, Perlman ha entrado en Twitter para aclarar que la nueva película de Dentro del Laberinto NO es un reboot. Pero hay matices.

La palabra “reboot” fue tomada por muchos medios en el sentido de “remake”, y la noticia de que se nos venía encima una nueva versión de Labyrinth corrió como la pólvora. Como decía, hoy Perlman ha publicado una serie de tweets para aclarar estos rumores y ya de paso manifestar su desagrado por la poca sensibilidad a la hora de publicar la noticia, teniendo tan reciente la muerte de David Bowie, hecho que provocó una ola de críticas en contra de ella misma y el estudio por su supuesto oportunismo.

Perlman dice en la red social: “No vamos a hacer reboot de nada, chicos”. Y continúa, “Henson Co y yo empezamos a discutir el proyecto a finales de 2014, así que este rumor es muy desagradable. Yo nunca sacaría provecho de la muerte de Bowie así. Labyrinth es una de mis películas de la infancia favoritas, así que comparto vuestra preocupación por que cualquier continuación de ese universo se trate con amor y respeto”. Para rematar, horas después dijo “Chicos, no caigáis en el clickbait, por favor. Nadie va a hacer un remake de Labyrinth. Esa película es perfecta tal y como es”.

Por supuesto, porque los medios se apresuran a sacar conclusiones antes de leer detenidamente y contrastar, ya hay muchas webs hablando de que el rumor de nueva película es falso, es decir, que no están preparando susodicha película en ningún caso, citando a Perlman como fuente del desmentido. Pero si nos paramos a leer sus tweets, en ningún momento la guionista desmiente que se esté preparando la película. Al contrario, confirma que empezó a trabajar en el proyecto en 2014, y especifica que no será un remake, pidiendo entre líneas al público que confíe en que este se tratará con el respeto que merece.

Como EW aclaró poco después de la exclusiva de THR, esta nueva película sería entonces una SECUELA (una que, además lleva mucho tiempo en desarrollo y Lisa Henson confirmó que se estaba haciendo precisamente en 2014, pero ya sabemos que la memoria en los medios de comunicación y redes sociales es muy a corto plazo).

En resumen, toda esta confusión viene del uso de la palabra “reboot”, que muchos (probablemente incluida la propia Perlman) entienden como sinónimo de “remake”. Sin embargo, en este caso, reboot implicaría un relanzamiento del universo original con una continuación oficial orientada a las nuevas generaciones, sin que esto quiera decir que se vaya a rehacer la película.

Aun no sabemos qué grado de continuidad tendrá la secuela, si repetirán personajes de la original, y de ser así, si el papel de David Bowie recaerá en un nuevo actor o Jareth directamente no saldrá en ella. Por ahora son todo especulaciones y (comprensible) recelo ante el proyecto. Esperemos que cuando se vayan desvelando más detalles descubramos que Perlman tiene razón y están tratando el material con el respeto que sus muchos fans se merecen.

¿Ha quedado todo claro?

Fuente: EW

Crítica: Mala sangre

Mala sangre

Texto escrito por David Lastra

“¿Conozco al menos la naturaleza? ¿Me conozco? Basta de palabras. Sepulto a los muertos en mi vientre. ¡Gritos, tambor, danza, danza, danza, danza!” Arthur Rimbaud despotrica contra todo bicho viviente (francés) en su pasaje Mala sangre de Una temporada en el infierno. ¿Existe relación alguna con la obra homónima de Léos Carax? El ostracismo, la impotencia y la consiguiente relación violenta del protagonista de ambos trabajos ante su existencia es similar. La indecisión de Alex (Dennis Lavant) ante la posibilidad de una nueva vida tras su reciente condición de huérfano, idéntica (“La última timidez y la última inocencia. Está dicho. No mostrar al mundo mis ascos y mis traiciones. ¡Vamos! La caminata, el fardo, el desierto, el hastío y la cólera”); su espanto ante qué compañero de viaje tener coincide absolutamente (“¿A quién alquilarme? ¿Qué bestia hay que adorar? ¿Qué santa imagen atacamos? ¿Qué corazones romperé? ¿Qué mentira debo sostener? ¿Entre qué sangre caminar?”). Aunque puede que el título no tenga nada que ver. Cabe la posibilidad de que un ajado ejemplar de Una temporada en el infierno sobresaliese en su estantería, que Carax abriese el libro y, por arte del azar, Mala sangre apareciese ante él. ¿Intensidad buscada o fruto del azar? Si nos atenemos a la técnica compositiva de Jean-Luc Godard, padrino visual confeso de Carax, nos deberíamos decantar por la segunda, ya que es de todos conocido que el maestro JLG tenía la costumbre de abrir libros al azar y hacer que sus bellos actores y actrices decantasen un pasaje cualquiera ante la cámara, sin importar en demasía su contenido. Sea lo que sea, lo que no podemos negar es que sin la elegante virulencia de Rimbaud, Carax realizaría este tipo de películas. Así que la naturaleza del título no es del todo importante. He aquí su primera gran obra maestra, que me perdone Chico conoce chicaMala sangre.

Su naturaleza extraterrestre hace que sea casi imposible englobar con una simple etiqueta a Léos Carax. Podríamos inventar un término híbrido como romántico extremista para denominarle. Un palabro bajo el que pocos cineastas podrían encontrarse, si acaso Gaspar Noé, por sus obras Irreversible y, especialmente, Enter the Void. La visión del amor de ambos es puramente sensible, pero sin caer en la sensiblería. Un cine inocente, desnudo, infantil y tremendamente transgresor. Carax explotaría esas señas de identidad en sus dos obras posteriores: Los amantes del Pont-Neuf y, principalmente, Pola X. Estas marcas de romanticismo extremo se encuentran presentes el Mala sangre pero de una manera más suavizada (que no dóciles). Su historia se estructura siguiendo la fragmentación y la poética de las primeras obras de la Nouvelle vagueCarax juega con los arquetipos de las historias de maleantes de los primeros filmes de François TruffautClaude Chabrol y del propio Godard. Golpes imposibles, jugarretas, perros viejos, damiselas, malos malísimos y la figura del héroe. Pero es en esta figura del héroe donde Carax explota su elemento discordante. Lejos de la seguridad de Michel Poiccard en Al final de la escapada, el héroe (o antihéroe) de Carax bebe del malditismo del citado Rimbaud y de una insolencia y una falta de madurez que recuerdan al demonio creado por J.M. Barrie. No obstante, las facciones de un Lavant veinteañero son las perfectas para encarnar a un Peter Pan recién deportado de Nunca Jamás.

Mala sangre

Huidizo de sus responsabilidades, tanto provenientes por su legado paternal (una mente y un cuerpo para el delito) como por las de un amor correspondido, Alex decide cortar con todo y huir a la playa (otro guiño a la nouvelle vague). Para ello tiene que dar un último gran golpe. Todo parece sencillo hasta que el azar le golpea. Una situación novedosa para un trilero de su entidad. La chica de su nuevo jefe (otra leyenda del cine europeo, Michel Piccoli) es una mujer con la que se cruzó (o no) una vez en el autobús y ante la que cayó tremendamente prendido. Anna es un amalgama de los personajes interpretados por Anna Karina para Godard, fundamentalmente su Odile en Banda aparte y Nana de Vivir su vida. La cara de Juliette Binoche junto a los problemas de ser inalcanzable por amar esta a otro. Ella representa el amor idealizado, la perfección hecha compañera.  Hasta ese momento, Alex había vivido un tórrido romance junto a la bella y joven (menor) Lise (insultantemente bella y perfecta Julie Delpy), pero ella comete el crimen de quererlo sobre todas las cosas. Ella es el amor moderno. Ella es sexo con amor. Ella está abocada al fracaso. No sabe que el soñador y el romántico siempre preferirá el amor no correspondido a un orgasmo. “God and man, don’t believe in modern love” que berrea David Bowie en el rupturista plano secuencia (con un pequeño corte) musical que protagoniza Alex.

Y hasta el último momento no hablamos del contexto futurista del film, una de las cosas más publicitadas del film y que realmente no es sino un mero macguffin: el mundo en el que habitan los personajes está siendo devastado por una enfermedad de transmisión sexual que responde a las siglas de STBO y una posible vacuna para ese virus es el objeto que la banda de Alex quiere robar. Esta pandemia acaba con aquellos que realizan el acto sexual sin amor. ¿Culpabilidad cristiana? No, romanticismo puro. De la misma manera en que no podíamos encontrar una etiqueta generalista para su director, tampoco podemos catalogar a Mala sangre como una distopía. Situación similar a la que nos encontrábamos en la más reciente Mommy, de Xavier Dolan y su ley S-14.

Mala sangre es radicalismo, romanticismo, Bowie, amor, amor, amor, amor, o lo que es lo mismo “¡hambre, sed, gritos, danza, danza, danza, danza!”.

Valoración: ★★★★★

American Horror Story Freak Show: Lo monstruoso y lo sublime

Jessica Lange Life on Mars

Solo ha hecho falta una escena: Jessica Lange, es decir, Elsa Mars, en el centro de su carpa de circo, ataviada con un traje azul pastel y maquillada con carmín fucsia, rubor circense y sombra de ojos también azul, look homenaje a la leyenda británica David Bowie, interpretando una catártica versión de “Life on Mars” del Duque Blanco. Esta poderosa interpretación, en la que Lange lo da todo a pesar de haber quedado más que patente que lo suyo no es cantar, es el gran número final de “Monsters Among Us“, el esperadísimo primer episodio de American Horror Story Freak Show, una secuencia mágica, eléctrica, icónica que sirve como colofón al que es quizás el mejor comienzo de temporada de la serie. Como decía, solo ha hecho falta una escena para que Freak Show nos conquiste (y eso que las expectativas estaban por las nubes), sin embargo, en este “Monsters Among Us” hay más, mucho más. Damas y caballeros, pasen y vean. El mayor espectáculo televisivo del año ya ha comenzado.

Como ya sabéis, American Horror Story es una anthology series, y por lo tanto, (en un principio) sus diferentes temporadas son independientes entre sí, con una nueva historia comenzando cada año. Sería fácil achacar a Ryan Murphy y Brad Falchuk la repetición de esquemas, arquetipos y lugares comunes temporada tras temporada, sin embargo, Freak Show es la prueba de que los productores no están especialmente interesados en innovar y ofrecer con cada temporada algo diametralmente opuesto a la anterior, sino en ir construyendo año tras año un discurso que se va desplegando y solidificando con ayuda de diferentes personajes, situaciones y localizaciones. En este sentido, Freak Show podría entenderse como la gran tesis final de AHS (aunque no sea ni de lejos su última entrega ni sepamos por qué derroteros irá el año que viene). AHS siempre ha sido “the freakiest show“, como canta Elsa Mars, pero esta es la temporada que convierte en literal la idea que siempre ha servido de engranaje central para la serie: la monstruosidad, lo diferente y extraño percibido como abominable, rechazado por no adherirse a la norma, y aquí convertido en pasatiempo de feria. Freak Show tiene por tanto más en común con Asylum que con Coven -no en vano, ahí está Pepper ejerciendo como nexo de unión entre ambas temporadas.

Jimmy Darling

El primer episodio nos presenta a la plantilla de fenómenos del “Fraulein Elsa’s Cabinet of Curiosities“: la mujer más pequeña del mundo, los hermanos microcefálicos, el hombre lagartija, la mujer barbuda (espléndida Kathy Bates, aunque no la hayamos visto mucho todavía), contorsionistas, enanos, etc. Pero atención, no hemos conocido a todos los personajes. Nos queda por dar la bienvenida a Angela Bassett, Michael Chiklis, Denis O’Hare o Emma Roberts. Esto viene a demostrar que Murphy narra desde una posición privilegiada (la del que sabe que tiene nuestra atención incondicional), sin serle necesario calzar a todos los personajes en una hora, como suele ocurrir con los pilotos televisivos. Por eso, “Monsters Among Us” se centra especialmente en la santísima trinidad de AHS: Lange, Sarah Paulson y Evan Peters. Después de una temporada como FranKENstein rubio y teen en Coven, donde no tuvo mucho que hacer, Peters vuelve a la vida con Jimmy Darling (AHS sigue teniendo los mejores nombres de la tele), un personaje que nos recuerda más a su Kit Walker (Asylum), galán (alternativo e irresistible) con enormes manos de langosta que se las lleva de calle con un solo guiño, y que explota su deformación para dar placer clandestino a las féminas (mujeres de bien que secretamente anhelan ser poseídas por lo extraño).

La primera vez que vemos a Jimmy Darling, éste va vestido como Marlon Brando en Salvaje (1953). Además de decirnos que va a sexualizar a Peters un año más (¿reconocisteis su trasero en la sex tape que le muestra Elsa a la contorsionista?), Murphy nos deja patente así que esta temporada más que nunca AHS hunde sus raíces en el cine clásico, algo que salta a la vista en la fantástica puesta en escena y el exuberante diseño de producción. El ejercicio de mitomanía y erotismo cinéfilo que supone “Monsters Among Us” es el elogio definitivo de la tele al cine, de un medio todavía fértil y en ebullición a la ya muy lejana época dorada de Hollywood. Entra Elsa Mars, vedette crepuscular, una Norma Desmond en el ocaso de una carrera que nunca empezó, mujer obsesionada con las grandes estrellas del cine, particularmente Marlene Dietrich, con la que se mimetiza constantemente. Lange vuelve a ponerse en la piel de una mujer que se enfrenta al paso del tiempo, una diva en horas bajas que lucha por sobrevivir a su obsolescencia. Y si bien lo cierto es que a grandes rasgos es lo mismo de siempre, Lange se las arregla para darle un nuevo enfoque. Mars (por ahora) no es una mujer de armas tomar como Fiona Goode (Coven), y aunque ha mostrado señas de crueldad, no es una villana ni una femme fatale, es más bien una Baby Jane patética y lastimera, y por primera vez, una freak más. Después de su monumental “Life on Mars” (cuyo publico son solo dos personas, de las que depende la supervivencia de su negocio) la vemos llorar como una niña, consciente de la farsa que se ha construido, y de que la carpa del circo es para ella lo único que aún sostiene esa ilusión. Esto es lo que convierte a Elsa Mars en el personaje ideal para que Lange se marche de la serie por todo lo alto.

Sarah Paulson AHS Freak Show

Por otro lado tenemos a la atracción principal de Freak Show, la mujer de dos cabezas, Bette y Dot Tattler, interpretada por partida doble por Sarah Paulson. Las siamesas Bette y Dot (una seria y desconfiada, otra ingenua y risueña) son la última esperanza de Mars para salvar su circo (y su sueño) en tiempos de cine, y suponen el mayor reto hasta la fecha para Murphy y Falchuk (y Paulson, claro). La jugada podía haber salido mal (y a mí desde luego me tenía inquieto), pero “Monsters Among Us” nos demuestra que a estos señores les sobra inventiva y creatividad para sacar a flote algo tan complicado desde el punto de vista técnico, recurriendo a mil y una triquiñuelas visuales para no tener que depender del ordenador todo el tiempo (que lo queramos o no, siempre acaba chirriando): pantallas partidas, planos aberrantes y expresionistas (la pobre Paulson terminará con torticolis), planos generales con dobles y Paulsons de látex… Eso sí, todo siempre al servicio de la historia y coherente con el consolidado estilo de la serie, sin duda una de las más visualmente estimulantes del panorama reciente.

Pero este nuevo viaje murphyano al subconsciente americano estaría incompleto sin esa presencia terrorífica en forma de asesino en serie que acecha en todas las temporadas, en este caso, como no podía ser de otra manera, un payaso asesino. Twisty the Clown es junto a Bloody Face la creación más pesadillesca de Murphy y Falchuk, una visión demoníaca que rapta niños y masacra a plena luz del día (esa primera aparición bebe directamente del primer asesinato del Asesino del Zodiaco en la película de David Fincher). La Júpiter (un pequeño pueblo de Florida) de los 50 que recrea Freak Show es vibrante, exultante, y se nos presenta “in glorious technicolor!!!” (el humor, como el dolor, siempre proviene de los lugares más inesperados), por eso Twisty ejerce un contraste muy llamativo, y supone la garantía de que, después de Coven, este año quizás sí pasemos algo de miedo. Claro que a estas alturas nos debería quedar claro que el “horror” de AHS no se refiere tanto al miedo en el sentido del cine de terror moderno. Murphy lleva cuatro años desvelándonos el terror que forma parte de cada ser humano, engendro o persona “normal”, humanizando al monstruo y hallando lo macabro bajo la belleza y la perfección, convirtiendo la intolerancia y el temor a lo diferente en la verdadera fuente de los horrores de la serie: ahí tenéis a los freaks descuartizando a su “bully” al final del episodio, para salvaguardar su refugio y comenzar un levantamiento contra sus opresores (“If they wanna call us monsters, fine. We’ll act like monsters”). De esta manera, con su cuarta entrega American Horror Story se reafirma en su potente discurso, y lo hace habiendo alcanzado la perfección formal, como la serie en la que el disparate y la trascendencia van de la mano, y lo monstruoso y lo sublime son lo mismo.