Crítica: Dando la nota – Aún más alto

Kendrick Bellas

Dando la nota (Pitch Perfect) fue uno de los éxitos sorpresa de 2012, un sleeper pop que no solo funcionó mucho mejor de lo que se esperaba en taquilla, sino que pasó rápidamente a convertirse en película de culto para la generación Tumblr. Aunque su acción transcurre en la universidad, Dando la nota es en esencia una película de instituto, por eso muchos no dudaron en coronarla como la Mean Girls de los 2010’s o describirla como “Glee bien hecha” (yo mismo en la crítica que escribí en su día, antes de que Pitch Perfect se convirtiera en un fenómeno).

La película consagró a Anna Kendrick como nueva novia/It girl/amiga friki/ídolo tuitero/icono cool de América y convirtió a Rebel Wilson (Amy la Gorda) en una estrella. Había que darse prisa para generar una secuela aprovechando el momento. La popularidad de estas actrices está en lo más alto y varios éxitos recientes (LucyCincuenta sombras de Grey) han demostrado que el cine hecho y protagonizado por mujeres también puede triunfar en taquilla (duh!). Teniendo esto en cuenta, Universal ha demostrado tener reflejos muy “afinados” y ha hecho las cosas bien. Tanto que en su primer fin de semana, la secuela de Pitch Perfect dirigida por Elizabeth Banks, Dando la nota: Aún más alto (en USA simplemente Pitch Perfect 2), ha recaudado más que la primera película en todo su recorrido comercial en cines estadounidenses, rompiendo unos cuantos récords y asegurando una tercera entrega.

Dando la nota es un pelotazo es indiscutible y debemos celebrar que una película protagonizada casi íntegramente por mujeres en la que la rivalidad es sana (nunca por un hombre) y donde se celebra la camaradería (entre ambos sexos) y el trabajo en equipo haya cosechado tanto éxito, sobre todo teniendo en cuenta cómo está el panorama. El cine de Hollywood promete un cambio para los próximos años, y en parte se lo debemos a las Barden Bellas. Ahora bien, Dando la nota: Aún más alto no supone ninguna revolución en sí misma. Se trata de una clásica secuela fabricada (con prisa) aprovechando el tirón del éxito, que reproduce casi al pie de la letra a su predecesoraAún más alto es una segunda parte de manual. Es más espectacular y numerosa, traslada su acción al contexto internacional -el campeonato mundial de acapella que tiene lugar en Copenhague-, aumenta aun más la variedad del repertorio musical (hits actuales, éxitos de siempre, hip hop, country, temas de los 90…), y pone mucho más en juego. Pero a pesar de esto, el factor sorpresa se desvanece y lo que en la primera funcionó por su frescura (los susurros de Hana Mae Lee, las marcianadas de Wilson) aquí suena repetitivo y por tanto pierde gran parte de su gracia.

Rebel Wilson Pitch Perfect 2

La estructura de la secuela es prácticamente idéntica a la de la primera. Aún más alto comienza con una actuación que se convierte en un desastre (en lugar de vómito aquí tenemos un escándalo tipo nipplegate de Janet Jackson, pero mucho más bruto y con testigos presenciales de excepción, los Obama y Shonda Rhimes), continúa con la lucha de las Bellas por recuperar su voz (un reset que obliga al grupo a empezar de nuevo), tiene un intermedio en forma de batalla acapella (con David Cross como bizarro anfitrión) que palidece en comparación con la de la primera película, y termina con la gran competición. Afortunadamente, para compensar lo mecánico del argumento, los personajes evolucionan satisfactoriamente y sus conflictos internos, ambiciones, traumas y sueños se convierten en el corazón de la película.

Vemos cómo algunas Bellas se han graduado (Anna Camp, que ya tenía 30 años en la primera película no colaba ya como universitaria), cómo otras se niegan a salir al mundo real y se refugian en el grupo (Brittany Snow está estupenda), y cómo Beca (una Kendrick más cómoda desatando su lado más tontorrón) persigue su sueño de ser productora musical -divertida subtrama que cuenta con el genialísimo Keegan-Michael Key. Así que, aunque Dando la nota 2 sea un calco de la primera, tiene muchas armas para evitar el estancamiento y alicientes de sobra para mantener nuestro interés por saber qué les ocurre a estas chicas, más definidas y más unidas que la primera vez que las vimos. Además de las Bellas originales, tenemos nuevas incorporaciones que aumentan la diversidad y rejuvenecen al grupo, Flo (Chrissie Fit) y Emily, interpretada por la ubicua Hailee Steinfeld, “heredera” de las Bellas (Legacy en inglés) que sigue los pasos de Kendrick. De hecho, para intentar repetir la jugada de “Cups” (el nº1 discográfico que surgió de Pitch Perfect), Sia ha compuesto “Flashlight” para el personaje de Steinfeld, que acaba de fichar por una discográfica para grabar su primer álbum.

Kendrick Steinfeld

Y es que Dando la nota: Aún más alto se ha empezado a convertir en un musical tradicional. No solo hay más números (excelentemente dirigidos por Banks), sino que esta vez no se limitan al escenario, incorporando canciones narrativas, como la serenata en barca que dedica Rebel Wilson (con diferencia la peor cantante de la película) a Adam DeVine, y temas originales, como la mencionada “Flashlight”. Los momentos más estelares siguen teniendo lugar en las competiciones, pero no extrañaría que la progresión natural de la saga llevara la tercera parte por la senda del musical de Broadway (sería una buena forma de evitar o enmascarar el estancamiento en la misma fórmula).

En cuanto al humor, Aún más alto repite chistes y gags de la primera y explota las señas de identidad de sus personajes, en cierto modo haciendo que todo pierda un poco de magia. Hay muchas bromas que no llegan, especialmente las que protagoniza Flo, la latina (hondureña concretamente) que, como Sofía Vergara en Modern Family, perpetúa/se ríe de los estereotipos asociados con los inmigrantes hispanoamericanos en Estados Unidos (no es que sea ofensivo, es que no tiene mucha gracia). Este es uno de los recursos principales del guión, que a través del tronchante personaje del comentarista John Michael Higgins, se ríe de todas las razas y nacionalidades, y carga con especial inquina contra las mujeres. Pero sería absurdo acusar a Pitch Perfect de intolerante (lo saco a colación porque ya lo he leído en varios sitios), sobre todo porque el objeto de la burla es el propio personaje de Higgins (caricatura del republicano machista, misógino y racista), y por extensión, el ala conservadora de Norteamérica (“Todo el mundo nos odia”, reconoce el personaje de Elizabeth Banks, fantástica como siempre). El libreto vuelve a estar escrito por Kay Cannon, una de las guionistas de 30 Rock, serie conocida por no dejar títere con cabeza y satirizar la obsesión de Estados Unidos con la corrección política y la doble moral (Banks sabe mucho de esto porque interpretó a la ultra-conservadora y ultra-americana Avery Jessup en la comedia de Tina Fey). Además, Aún más alto es una película esencialmente feminista e inclusiva (y muy orgullosa de ello, “¡Somos un grupo de mujeres racialmente diverso!”), por lo que se puede permitir este tipo de humor corrosivo sin que se deba poner en duda su ideología.

Banks Higgins

Pero dejando a un lado estas cuestiones polémicas, Dando la nota: Aún más alto cumple con creces su cometido como película. Divierte, emociona, atrapa con sus espectáculos musicales y lo hace transmitiendo valores de compañerismo femenino en un contexto de competición sin caer en la moralina (en sus hilarantes encontronazos con la líder alemana del equipo rival de las Bellas, Beca no puede insultarla, solo elogiar su perfección como espécimen humano), y sin enfrentar al género opuesto en ningún momento (la representación masculina está en buenas manos con los encantadores DeVine y Skylar Astin). Aún más alto nos devuelve a los personajes de los que nos enamoramos hace tres años, estrecha los lazos que hay entre ellos (atención a la adorable escena en la tienda de campaña), y nos recuerda por qué queremos que triunfen en todo. Banks y Cannon han conseguido aumentar la dimensión humana de las Bellas, conservando la dulzura, el carisma y la locura que las caracteriza, en una película que ante todo es una celebración por todo lo alto de la hermandad femenina.

Valoración: ★★★½

Crítica: Dando la nota (Pitch Perfect)

¡Acatotal!

Mean Girls es intocable, irremplazable, insustituible. Así que, a pesar de que Dando la nota (Pitch Perfect, 2012) se adscribe al género que perfecciona la cinta escrita por Tina Fey, es más adecuado hablar de “la nueva A por todas (Bring It On, 2000), otro clásico esencial del cine para adolescentes y no tan adolescentes. Sin ir más lejos, los propios productores de la película protagonizada por la emergente estrella Anna Kendrick (La saga Crepúsculo, Up in the Air) reconocen que la cinta de animadoras de Kirsten Dunst fue una de las principales inspiraciones para Dando la nota. Claro que el germen directo de la película se encuentra en el libro de Mickey Rapkin titulado Pitch Perfect: The Quest for Collegiate A Capella Glory. Sea como fuere, Dando la nota es en fondo y forma una comedia de instituto que, curiosamente, se ambienta en la universidad. No importa, se sigue jugando según las reglas del género teen a pesar de que algunas de las protagonistas alcancen la treintena- para construir una historia de superación, autodescubrimiento y alianzas imposibles -sí, lo habéis adivinado, hay referencias a El club de los 5– que da como resultado un clásico de culto en potencia. Una de esas películas que nos encontramos un domingo por la tarde en la tele, y a pesar de haberla visto ya muchas veces, nos quedamos viéndola hasta el final.

Pero Pitch Perfect no es perfecta ni de lejos. Y aunque no es algo que se le deba exigir en ningún momento, la coherencia interna brilla por su ausencia a lo largo de toda la película. Empecemos por ejemplo por la protagonista. Beca (Kendrick) es una chica socialmente inadaptada, huraña, descreída, y definitivamente alternativa. Pero su “músico” de cabecera es David Guetta y se dedica casi profesionalmente a realizar mash-ups. Algo falla, ¿no? Por si esas extrañas credenciales no fueran suficientes, a Beca no le gusta el cine. Es más, actúa como si nunca en su vida hubiera visto una película. ¿De qué va todo eso? No lo entendemos, pero insisto, da igual. Como también deberíamos pasar por alto a todos esos personajes borrosos al fondo del plano -de hecho, se hace alguna referencia jocosa a su invisibilidad hacia el final de la película- o esos conflictos introducidos con calzador. En Dando la nota, lo más importante es la música. No sorprende en este sentido que el realizador del filme sea Jason Moore, responsable de algunos éxitos musicales de Broadway como Avenue Q, además de experimentado director de dramas televisivos (eminentemente adolescentes) como Dawson crece o One Tree Hill. Dando la nota pone énfasis en el componente espectacular de los números musicales y brilla especialmente cada vez que las protagonistas se suben al escenario o salen a la calle a librar batallas a capela -una las secuencias más memorables de la película-, haciendo que temas de una variedad enorme de artistas -de Ace of Base a Rihanna, pasando por Miley Cyrus, Gloria Estefan o Bruno Mars– suenen de maravilla. Sin excepción. Y fuera de bromas.

Dando la nota es como Glee -comparación inevitable-, pero mucho mejor hecha -algo que no es muy difícil, la verdad sea dicha. Es el perfeccionamiento del lipdub, y toda una cantera de talentos vocales y cómicos. Destaca entre todos ellos la revelación Rebel Wilson (Amy la Gorda), que a pesar de sus evidentes limitaciones como cantante, logra desviar la atención hacia su persona en todo momento gracias a ese peculiar sentido del humor basado en la improvisación y un -muy autoconsciente- marcianismo. Wilson es la estrella involuntaria de Dando la nota –¿cuánto la quiere Tumblr?, pero el resto de actrices y actores desempeñan un trabajo igualmente ejemplar, sobre todo a la hora de ponerse bajo los focos. Kendrick demuestra que su nominación al Oscar no fue un hecho aislado (no es que lo merezca por esta, ni de lejos, pero lo suyo es talento y lo demás son tonterías), Hana Mae Lee nos regala un personaje incluso más excéntrico y absurdo que el de la robaescenas Wilson. Y el talento masculino también cuenta con una buena representación gracias a un rompecorazones geek como Skylar Astin y un tronchante Adam DeVine, ambos cantantes de primera. Por último, y aunque no canten, no podemos olvidar a Elisabeth Banks y Paul Brooks -también productores de la película- los comentaristas de las competiciones musicales que aportan impagables momentos ala Very Important Perros.

El guion de Dando la nota viene firmado por Kay Cannon, responsable de varios de los libretos nominados al Emmy de 30 Rock y co-productora ejecutiva de New GirlViendo esta película, queda patente que el cine todavía le viene algo grande a la guionista, que no siempre da con el timing adecuado para sus chistes -una criba mayor de bromas habría beneficiado al ritmo de la película sin duda. Dando la nota es tremendamente irregular en el apartado cómico, y aunque es fácil y conveniente aproximarla a otras comedias femeninas como Bridesmaids, solo domina el arte del gag en contadas ocasiones. Sin embargo, Cannon sí logra una hazaña que casi ningún representante de la comedia norteamericana actual consigue: que su guion no decaiga en la recta final. Más bien todo lo contrario. La desternillante gran pelea entre las Bellas -el vómito, ese gran recurso- y la espectacular competición final conforman un clímax in crescendo que termina por levantar los ánimos del más reacio -el crítico más implacable y cínico se odia a sí mismo al descubrirse sonriendo y marcando el ritmo con los pies. Al final, Dando la nota nos invita a despojarnos de todo prejuicio y autorrestricción, y a “levantar las manos porque está sonando nuestra canción”. Yeah-Eh-Yeah-Eh-Yeah-Eh, it’s a party in the USA.