Riverdale: La reinvención de Archie merece ser vuestra nueva obsesión

riverdale-encabezado

Lo reconozco. Soy como un niño o un adolescente que se obsesiona por algo durante un periodo (más bien breve) de tiempo, y no puede pensar en otra cosa. Y mi mayor obsesión actual se llama Riverdale, el ambicioso nuevo drama de la cadena CW que en España emite Movistar+, y que ha llegado pisando fuerte para satisfacer mi naturaleza de quinceañero forracarpetas, y la de todos los que disfruten de las buenas series de adolescentes, tengan la edad a la que (en principio) se dirigen, o sean un público más talludito, como es mi caso. Sea como sea, Riverdale está hecha para enganchar, para enamorar como un primer cuelgue, para excitar en todos los sentidos posibles de la palabra, y yo os aconsejo que os dejéis llevar, porque a nadie amarga un dulce.

La CW es probablemente la cadena que mejor conoce a su audiencia. Su parrilla está compuesta de ficciones orientadas al público más joven, con énfasis en el drama, los superhéroes y el romance teen, y a lo largo de los años ha perfeccionado su fórmula. Por eso sabían exactamente cómo tenían que acometer esta reinvención de uno de los iconos más populares del tebeo norteamericano, Archie. En este sentido, el piloto de Riverdale es toda una declaración de intenciones, tan tradicional en su aproximación al género como evolucionado. En él nos encontramos a un Archie muy distinto al que conocíamos pero a la vez muy familiar, y lo mismo ocurre con sus amigos, Betty, Veronica o Jughead, que en la serie pasan por el filtro CW para convertirse en el prototipo de adolescente millennial que se ha convertido en bandera para la cadena.

riverdale-2

Creada por Roberto Aguirre-Sacasa (guionista entre otras de LookingSupergirl) y producida por Greg Berlanti (el arquitecto de las series juveniles de DC Comics), Riverdale lleva las historietas de Archie al siglo XXI, convirtiéndolas en un electrizante misterio en el que se pueden detectar fácilmente sus numerosas (auto)influencias. El piloto nos presenta una fusión matemática de Dawson crece, la serie teen que dio forma al género en televisión a finales de los 90, Veronica Mars, uno de los mayores títulos de culto de la cadena, y Gossip Girl, la evolución natural de las series juveniles en la era de las redes sociales. Así, los personajes de Archie se convierten en adolescentes resabiados e hipersexuales que hablan como guionistas de 40 obsesionados por la cultura popular (exactamente como Dawson Leery y sus amigos), y la historia nos remite a otras ficciones sobre pequeñas comunidades llenas de secretos, como Neptune, y por encima de todo, Twin Peaks (ahí está Mädchen Amick como nexo de unión). Aunque por supuesto también recuerda a Pretty Little Liars (cómo no, le debe mucho a CW), e incluso contiene trazas de ese manual imprescindible del género que es Mean Girls.

Esta fuerte intertextualidad que asienta los cimientos de Riverdale sostiene una carta de presentación astutamente pensada, un producto iconoclasta que entra muy bien por los ojos, que engancha con su misterio y que presenta de forma interesante a sus personajes, dándonos la información pertinente para atraparnos a la vez que plantea interrogantes que nos obligarán a volver al pueblo para desvelar sus mil y un enigmas. Por otro lado, la factura de la serie es impecable. Se trata sin duda de uno de los proyectos más cuidados de CW en el apartado técnico y visual, como atestigua su fotografía etérea y salpicada de neón, las localizaciones fantasmagóricas de los alrededores de Riverdale, el diner sacado directamente de Twin Peaks o el instituto, escenario casi irreal en el que jocks y animadoras pululan al servicio de la visión más idealizada por la ficción de los institutos norteamericanos. Todo envuelto en un aura noctura y onírica que le da un estilo diferenciado a pesar su amalgama de referentes.

Y luego está lo que no puede fallar en ninguna serie CW, que está plagada de gente atractiva para enganchar a adolescentes enamoradizos (valga la redundancia) y hacer aun más llevadero su visionado. Como mandan las normas de la cadena, los protagonistas de Riverdale son guapos, visten como si salieran de un catálogo de moda y lucen unos cuerpazos que poco tienen que ver con el aspecto que normalmente tiene alguien de 16 años en la vida real (como podemos comprobar las innumerables ocasiones en las que la serie les quita la ropa). Pero lo mejor es que saben que estás al tanto, y lo explotan con una autoconsciencia deliciosa. Sin ir más lejos, el nuevo Archie Andrews se aleja considerablemetne del clásico. Como dicen Betty y Kevin al ver a su amigo por la ventana después de las vacaciones, “¡Archie se ha puesto macizo!” Efectivamente, ahora Archie tiene la cara y el cuerpo de un Zac Efron pre-anabolizantes, cortesía del recién llegado KJ Apa, moldeado por los dioses de Tumblr para conquistar Internet y nuestros corazones (en realidad es más guapo que Efron, todo hay que decirlo). Pero mientras Archie se lleva toda la atención de sus compañeros sorprendidos por el cambio (una de las meta-referencias mejor hiladas en el piloto) y del espectador (que lo ve metido en una caliente trama muy “Pacey Witter Season 1”, ya me entendéis), son ellas las que llevan las riendas de la historia. En especial Veronica (una fusión de Jen Lindley y Serena Van Der Woodsen autocoronada reina de las referencias pop) y la mean girl Cheryl Blossom (Regina George mezclada con Lydia de Teen Wolf).

En resumen, Riverdale traslada los cómics de Archie al presente, y aunque conserva elementos clave de la historia, personajes y nombres, nos ofrece una versión totalmente renovada, mucho más oscura, sexy, y tan provocadora y progresista como cabía esperar (en esta relectura, la icónica girl band Josie and the Pussycats es íntegramente afroamericana, los personajes queer no faltan y el sexo carga el ambiente). Y es que ya nadie se escandaliza por algo tan inocente como Betty y Veronica dándose un morreo en plena audición para el equipo de animadoras. Ni que estuviéramos en 2004. Además de divertir con este tipo de momentos y su verborrea pop, la serie seduce con unos personajes bien definidos desde el principio, una potente banda sonora (Johnny Jewel, Santigold, M83) y una excelente ambientación, además de plantear un whodunit (“¿Quién mató a Jason Blossom?”) que promete muchos giros y sorpresas. Como suele ocurrir con este tipo de ficciones, Riverdale corre el riesgo de degenerar en algún momento, pero por ahora no cabe duda de que es un caramelo. Todavía es pronto para saber si está envenenado, así que mientras lo descubrimos disfrutemos de su efervescente sabor.

Pedro J. García

Nuevas series 2016: Parte IV

Como sabéis, este mes estoy “testeando” las nuevas series de la parrilla otoñal estadounidense, y le toca el turno a una ronda exclusiva de networks. La competencia que siguen ejerciendo los canales premium unido al auge de las series de plataformas online hace que las cadenas generalistas se estén poniendo el listón más alto en muchos casos. De ahí que en las últimas temporadas hayamos visto cosas como American Crime en ABC, que es una de las mejores series en emisión actualmente (a la altura de lo mejor de HBO o FX). Pero aun así, la mentalidad de las networks sigue siendo la de realizar series para que duren muchas temporadas, procedimentales, casos de la semana, o lo que se les ocurra para justificar el estiramiento siempre que funcione en los índices de audiencia.

Es lo que ocurre con las series que reseño a continuación. Con todas menos una. Sorprendentemente el reboot de El exorcista es la mejor de esta tanda y uno de los mejores estrenos en abierto de la temporada. Las demás, tengan más o menos calidad, han nacido para durar lo que haga falta. Y esto, a priori, a mí ya me echa un poco para atrás, aunque cosas como The Good Wife me hayan demostrado que seguir el esquema de caso por semana semana no tiene por qué estar reñido con hacer una buena serie.

No Tomorrow

La nueva comedia de The CW no es exactamente una serie de caso a la semana, pero es algo parecido. No Tomorrow es la historia de una chica normal y corriente, Evie (Tori Anderson), que vive una vida normal y corriente, con un trabajo aburrido, sin riesgos ni sobresaltos, hasta que un día conoce a Xavier (Joshua Sasse), un espíritu libre que la anima a dejar su cuadriculada existencia y perseguir sus sueños (“No hagas lo que debes, haz lo que quieres”). ¿La razón? Que según él, el mundo se acaba dentro de ocho meses. Lógicamente, Evie cree que Xavier es un lunático, pero pasar tiempo con él le hace darse cuenta de que, efectivamente, está desperdiciando su vida haciendo lo que se espera de ella, y no lo que le hace feliz. Por eso decide seguir el ejemplo de Xavier y elabora una lista de deseos que cumplir antes del Apocalipsis, items que servirán de punto de partida para cada episodio. Sí. como Me llamo Earl pero en plan romántico/pseudo-fantástico.

Sin ser nada del otro mundo, el piloto de No Tomorrow se deja ver. Se trata de una comedia romántica que destila optimismo y ese aire awkward que le hace formar muy buen equipo con las otras dos comedias estrella de CW, Jane the VirginCrazy Ex Girlfriend (también recuerda a Las chicas Gilmore por su banda sonora, por cierto). La serie le da una vuelta de tuerca al hastiado tema del Apocalipsis (algo en la línea de lo que hizo recientemente You, Me and the Apocalypse sin repercusión alguna), al sempiterno triángulo amoroso, y al aun más manoseado carpe diem, y lo hace sin innovar demasiado pero con bastante encanto, humor excéntrico y el toque justo de estupidez. No creo que estemos ante la revelación de la temporada (ni se acerca al ingenio e inteligencia de Crazy Ex Girlfriend), pero a juzgar por el piloto, No Tomorrow puede ser un caramelito dulce y efímero, una válvula de escape libre de cinismo para románticos e idealistas. El hecho de que no sepamos si Xavier es un loco, si está enfermo realmente (como Evie especula) o si el Apocalipsis se acerca de verdad es un buen gancho para seguir viéndola.

the-exorcist

The Exorcist

Sorpresa. El reboot de El exorcista es mucho mejor de lo que esperábamos. De hecho es bastante bueno. En lugar de rehacer directamente el terrorífico clásico de William Friedkin, la serie de Fox ha sido concebida como una continuación, tanto en espíritu como narrativamente. Los hechos de la serie tienen lugar en el presente, pero esta conecta directamente con lo narrado en la película de 1973, a través de un pequeño guiño que puede pasar desapercibido: una noticia en la hemeroteca que menciona la muerte del Padre Karras. La historia se repite con una posesión en el seno de una familia de Chicago, los Rance. La matriarca, interpretada por Geena Davis, contacta con el padre Tomás Ortega (Alfonso Herrera) para que les ayude a enfrentarse al mal que se aloja en su hogar, lo que lleva al joven religioso a descubrir un vínculo personal con un exorcista retirado.

El piloto de The Exorcist es una muestra de cómo empezar bien una serie y de cómo hacer un reboot. El episodio recoge la esencia de la película, y reproduce su desconcertante y tensa atmósfera para inquietarnos y engancharnos sin mostrarnos demasiado antes de tiempo. Pero lo hace sin ser un calco, adoptando su propia identidad. La historia está contada con buen pulso, las interpretaciones son muy sólidas (Davis y Herrera prometen), el episodio es técnica y visualmente sobresaliente (fotografía y efectos muy por encima de la media), la música estupenda (sí, la pieza central de la película suena, y lo hace en el mejor momento), y además, da miedo, pero de verdad, algo que no suele ocurrir en las series de network (la impactante escena del exorcismo en México y sobre todo la visita al desván de Tomás son para aplaudir… para hacérselo encima y luego aplaudir). Es decir, The Exorcist es todo lo que Outcast debía ser y no es.

Entiendo que estemos hartos de que todos los días se anuncie un nuevo remake para el cine o la televisión, pero si algo nos ha enseñado Fargo y ahora esta (salvando las distancias), es que el problema no tiene por qué ser la falta de ideas, sino no saber cómo llevarlas a cabo con éxitoThe Exorcist es un ejemplo de que se puede hacer algo bueno a partir de una idea no original.

Timeless

Vamos a quitarnos de en medio el “elefante en la habitación”, la demanda por supuesto plagio de El Ministerio del TiempoTimeless, la nueva serie fantástica de NBC. Visto el piloto podemos afirmar que las coincidencias entre una y otra son mucho más que coincidencias. La cosa huele bastante a chamusquina, pero NBC/Universal no sacarían el proyecto adelante si no estuvieran bien amarrados legalmente. Timeless es lo suficientemente parecida a la española como para que nos demos cuenta y nos indignemos, pero también lo suficientemente distinta como para que no haya caso legal contra ella.

Dejando esto a un lado (si es que podemos), procedamos a valorar el piloto de Timeless por sí mismo (si es que es posible). El primer capítulo de la serie va directo al grano para mostrarnos lo que nos vamos a encontrar en ella durante el resto de la temporada. Las presentaciones de personajes y las explicaciones científicas alrededor de la máquina del tiempo ocupan el menor tiempo posible (literalmente, se sacuden con un “es demasiado complicado”) y la historia pasa rápidamente a la acción. Tres arquetipos andantes, diez segundos de teoría, y palante. O mejor dicho, patrás. De repente estamos en el pasado intentando detener el accidente del Hindenburg y pasándolo mejor de lo que esperábamos (y/o queríamos). Eric Kripke (Supernatural) y Shawn Ryan (The Shield) han elaborado un producto muy entretenido y eficaz, un buen cóctel de acción, drama y comedia con personajes con química y atractivos giros argumentales. La serie tiene cuerda para rato, y sus cimientos son lo suficientemente sólidos para que aguante. Ya veremos si lo hace.

conviction

Conviction

Y terminamos con la que es sin duda la peor serie de esta tanda, y probablemente una de las peores que se han estrenado esta temporadaConviction. Tras la cancelación de Agent Carter, la efervescente Hayley Atwell encabeza esta serie procedimental de ABC que parece hecha con plantilla. Enésimo drama legal con protagonista carismática y poco ortodoxa que lidera un equipo de investigadores que se enfrentarán cada semana a un caso criminal, construido y solucionado siguiendo el Manual del buen procedimental (presentación de los hechos, investigación con callejones sin salida, falsos acusados y epifanía a cinco minutos del final que lo soluciona todo). Hayes Morrison (Atwell), abogada brillante e hija de un ex presidente de los Estados Unidos, se ve forzada a aceptar un trabajo en la “Conviction Integrity Unit” para evitar la cárcel por posesión de cocaína. Allí investigará casos en los que se sospecha que los acusados podrían haber sido condenados injusta o erróneamente (una premisa muy parecida a la de El guardián y con mucho en común con House).

El piloto de Conviction quiere encajar demasiadas cosas en cuarenta minutos, y resulta terriblemente forzado y confuso. Hay tantas cosas mal hechas en este capítulo que es mejor enumerarlas: 1. Sus diálogos van de ingeniosos o audaces pero son embarullados y no hay quien siga el hilo (más rápido no es sinónimo de más interesante o divertido). 2. Atwell tiene mucho talento, pero da pena ver cómo se malgasta en una serie así. Su personaje es un cliché con patas, la explotación de su cuerpo es increíble (sí, lo hemos pillado, tiene las tetas grandes), y su acento americano deja mucho que desear (una de las muchas cosas que conectan a Hayes con el Doctor House, cuya serie comparte productora con esta, Liz Friedman). 3. La química de los personajes es enormemente artificial, tanto del equipo como de la protagonista con su futuro interés amoroso, Eddie Cahill. Ya podían esperar a que el público los conozca y estos congenien de verdad (el piloto quiere adelantar el trabajo de una temporada y llegar directamente al momento en el que la dinámica grupal está asentada con la audiencia). 4. El caso de presentación no podía ser más aburrido, menos interesante y acumular más tópicos. 5. La música es de banco de sonido de ABC, tan clónica como el resto de elementos de la serie. 6. Por si la historia no estuviera lo suficientemente mal contada, el desastroso montaje del episodio la empeora aun más.

La serie nos presenta a una protagonista supuestamente compleja y a un grupo numeroso de personajes con secretos como para estirar tantas temporadas como Bones Castle (con las que se puede arrojar en el saco), pero ni yo me voy a quedar para presenciarlo, ni creo que la serie llegue muy lejos con la audiencia que está teniendo (la que se merece, vaya).

‘Play It Again, Dick’, el meta-spin-off de Veronica Mars

PIAD Hansen Dohring

This is the dawning of the age of Mars. Definitivamente, 2014 ha sido el Año Marshmallow. Rob Thomas logró resucitar a finales de 2013 la serie de culto Veronica Mars con una película financiada por los fans que pulverizó récords en Kickstarter, y que pudimos disfrutar la pasada primavera (crítica fuertecita aquí). La ficción protagonizada por la “prácticamente perfecta en todos los sentidos” Kristen Bell (que ha tenido un año muy dulce gracias a Frozen, VM, y sus otros churumbeles) volvió a primera plana, desatando una auténtica fiebre nostálgica y revisionista en televisión. Si Veronica Mars, una serie de la network bebé CW con un culto fiero pero más bien discreto, había sido resucitada, ¿qué serie cancelada no podíamos rescatar? Lo cierto es que ya nos hemos calmado, y las webs de entretenimiento han parado de publicar listas de series canceladas que podrían volver, pero el renacimiento de Veronica Mars nos sirvió para darnos cuenta del poder del fan (limitado pero importante) en la despiadada maquinaria televisiva, y nos regaló a los marshmallows la continuación de un universo que ni nosotros ni sus responsables nos habíamos negado a abandonar todos estos años.

En el tiempo transcurrido entre la cancelación de Veronica Mars y la génesis de la película, un personaje secundario de la serie se transformó progresivamente en uno de los favoritos del fandom. Dick Casablancas no era precisamente importante, ni siquiera le prestábamos demasiada atención (al menos yo no lo hacía). Era simplemente un alivio cómico, un personaje de confianza, pero menor, a la sombra de Veronica y Logan. La afiliación personal de Ryan Hansen, el actor que da vida a Dick, con Rob Thomas y su creación, ha provocado que éste pase poco a poco a primer plano, convirtiéndose en algo así como en embajador marshmallow, en la nueva estrella de la franquicia que asume las labores de animador en ausencia de la pluriempleada Bell. De esta manera, era de esperar que Dick Casablancas acabara protagonizando un spin-offde la serie. Y Play It Again, Dick es el resultado natural del proceso de hansenización de VM, una nueva celebración de la serie que esta vez es más un agradecimiento a sus intérpretes que a sus fans, es decir, una oportunidad para que los actores se diviertan experimentando con sus personajes, y sobre todo, la coronación oficial de Ryan Hansen como regente actual del Marsverso.

Play It Again, Dick es una webserie emitida por la filial online CW Seed. Consta de 8 episodios de apenas 9 minutos de duración cada uno. En ellos, Ryan Hansen quiere capitalizar la fiebre de Veronica Mars y organiza para ello la producción de un spin-off centrado en su personaje, que ahora también es investigador privado. A lo largo de los 8 capítulos, Hansen lidia con la burocracia de la cadena (con el CEO, Mark Pedowitz, haciendo una aparición especial), trata de reunir a todos los actores de la serie madre (requisito de CW para dar luz verde al proyecto), y rueda el episodio piloto de Private Dick, para el que además ejerce como director. Es decir, PIAD es un auténtico festival meta, y no solo en lo que se refiere al universo de VM, sino a la televisión en general. La webserie está plagada de guiños a otras series y se alza como sátira alocada de la televisión y el estilo de vida hollywoodiense que gustará a cualquiera que se llame seriéfilo. Además, no hay calificación por edades, con lo cual Thomas se ha permitido llevar la franquicia hacia un terreno más “adulto”, y no ha dudado en aumentar las dosis de picante y recurrir al “fuck” siempre que ha hecho falta (o no). Algo que los actores agradecen, y nosotros percibimos al verlos pasándolo incluso mejor que de costumbre.

Play It Again Dick pósterSin duda, lo más destacable de Play It Again, Dick, es el desfile de cameos de actores de la serie madre. La webserie comienza con una guasona aparición de Kristen Bell, gancho perfecto que da paso a un sinfín de caras conocidas para el marshmallowJason Dohring, Enrico Colantoni, Francis Capra, Percy Daggs III, Chris Lowell, Ken Marino, y un puñado de secundarios recurrentes (incluyendo un divertido recast de Duncan Kane). Como ocurrió con la película, casi nadie ha querido perderse la fiesta. Sin embargo, esta vez los actores se dan vida a sí mismos. Esto da mucho juego al permitir reconfigurarlos con personalidades opuestas a las de sus personajes o exagerando su imagen pública. Por ejemplo, Dohring es un vigoréxico egocéntrico y vanidoso que se pasa todo su tiempo en pantalla exhibiendo musculatura, Daggs III es básicamente un gángster, Capra un actor de método con ínfulas de thespian, y Colantoni es un crápula y capullo redomado, por nombrar unos cuantos. Las interacciones del bufonesco Hansen con todos ellos dan afiladísimos momentos cómicos que nos dejan entrever la gran familia en la que se han convertido todos, y que disfrutarán especialmente los marshmallows, por la cantidad de referencias a la serie.

Sin embargo, Play It Again, Dick pierde fuerza en su tramo final, cuando pasamos de la preproducción del spin-off (que nos deja entrevistas impagables e interacciones brillantes entre Hansen y sus compañeros) al rodaje del piloto. Entonces la webserie sacrifica parte de su gracia al convertirse en la típica bobada a lo Pineapple Express 2 (la continuación casera de Superfumados que James Franco & co. realizan en This Is the End). Salta a la vista que los actores se lo están pasando genial recreando lo que sería un producto deliberadamente malo (una parodia de Magnum P.I. o Starsky y Hutch), pero no se traslada del todo hacia fuera de la pantalla. Aun con todo, Play It Again, Dick es un producto bastante redondo, un absurdísimo mockumentary que recupera el espíritu de Party Down The Office y funciona tanto para fans de Veronica Mars como para aquellos que simplemente adoran a sus actores, o a la televisión. Con un sinfín de juegos de palabras con “dick” (“polla” en inglés), a cada cual más genial, bien de shirtless porque sí (como la foto del encabezado y mucho más), e incluso un número musical que alegrará el día a más de uno, Play It Again, Dick es sin duda porno para marshmallows.

El reto de lectura de Rory Gilmore

A lo largo de las siete temporadas que duró la serie Las chicas Gilmore (Gilmore Girls, 2000-2007), una de sus dos “chicas”, Rory Gilmore (Alexis Bledel), el mayor ratón de biblioteca de la historia de la televisión, leyó (o más bien dijo que había leído) la friolera de 340 libros (300 de ellos antes de los 16). Os traigo la lista completa (que tomo prestada del blog de Noelia S., y que apareció originalmente en este blog) y os propongo el reto de leerlos todos. El tiempo lo ponéis vosotros, según vuestra capacidad devoradora de literatura: 7 años, 7 meses, 7 días. Como queráis. Y por supuesto, podéis tachar los libros de la lista que ya habéis leído (aunque os sentiréis más realizados si los volvéis a leer todos, claro). Sin más, os dejo con ella. Y una última cosa: imprescindible oler el libro durante media hora antes de empezarlo.

  1. 1984, de George Orwell
  2. Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain
  3. Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll
  4. Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, de Michael Chabon
  5. An American Tragedy, de Theodore Dreiser
  6. Las cenizas de Ángela, de Frank McCourt
  7. Anna Karenina, de León Tolstoi
  8. El diario de Ana Frank, de Ana Frank
  9. Archidamian War, de Donald Kagan
  10. El arte de la novela, de Henry James
  11. El arte de la guerra, de Sun Tzu
  12. Mientras agonizo, de William Faulkner
  13. Expiación, de Ian McEwan
  14. Autobiography of a Face, de Lucy Grealy
  15. El despertar, de Kate Chopin
  16. Babe, el cerdito valiente, de Dick King-Smith
  17. Backlash: The Undeclared War Against American Women, de Susan Faludi
  18. Balzac y la joven costurera china, de Dai Sijie
  19. Bel Canto, de Ann Patchett
  20. La campana de cristal, de Sylvia Plath
  21. Beloved, de Toni Morrison
  22. Beowulf: A New Verse Translation, de Seamus Heaney
  23. Bhágavad-guitá
  24. The Bielski Brothers: The True Story of Three Men Who Defied the Nazis, Built a Village in the Forest, and Saved 1,200 Jews, de Peter Duffy
  25. Bitch in Praise of Difficult Women, de Elizabeth Wurtzel
  26. A Bolt from the Blue and Other Essays, de Mary McCarthy
  27. Un mundo feliz, de Aldous Huxley
  28. Brick Lane, de Monica Ali
  29. Bridgadoon, de Alan Jay Lerner
  30. Cándido o el optimismo, de Voltaire
  31. Los cuentos de Canterbury, de Chaucer
  32. Carrie, de Stephen King
  33. Trampa-22, de Joseph Heller
  34. El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger
  35. Charlotte’s Web, de E. B. White
  36. La calumnia, de Lillian Hellman
  37. Christine, de Stephen King
  38. Canción de Navidad, de Charles Dickens
  39. La naranja mecánica, de Anthony Burgess
  40. El código de los Woosters, de P. G. Wodehouse
  41. The Collected Short Stories, de Eudora Welty
  42. The Collected Stories of Eudora Welty, de Eudora Welty
  43. La comedia de las equivocaciones, de William Shakespeare
  44. Obras completas, de Dawn Powell
  45. The Complete Poems, de Anne Sexton
  46. Complete Stories, de Dorothy Parker
  47. La conjura de los necios, de John Kennedy Toole
  48. El conde de Monte Cristo, de Alejandro Dumas
  49. La prima Bette, de Honoré de Balzac
  50. Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski
  51. Pétalo carmesí, flor blanca, de Michel Faber
  52. El crisol, de Arthur Miller
  53. Cujo, de Stephen King
  54. El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon
  55. Hija de la fortuna, de Isabel Allende
  56. David and Lisa, de Theodore Issac Rubin
  57. David Copperfield, de Charles Dickens
  58. El código Da Vinci, de Dan Brown
  59. Almas muertas, de Nikolai Gogol
  60. Los endemoniados, de Fiódor Dostoievski
  61. Muerte de un viajante, de Arthur Miller
  62. Deenie, de Judy Blume
  63. The Devil in the White City: Murder, Magic, and Madness at the Fair that Changed America, de Erik Larson
  64. The Dirt: Confessions of the World’s Most Notorious Rock Band, de Tommy Lee, Vince Neil, Mick Mars y Nikki Sixx
  65. La divina comedia, de Dante Alighieri
  66. The Divine Secrets of the Ya-Ya Sisterhood, de Rebecca Wells
  67. El Quijote, de Cervantes
  68. Paseando a Miss Daisy, de Alfred Uhrv
  69. El extraño caso del doctor Jeckyll y el señor Hyde, de Robert Louis Stevenson
  70. Edgar Allan Poe: Complete Tales & Poems, de Edgar Allan Poe
  71. Eleanor Roosevelt, de Blanche Wiesen Cook
  72. Ponche de ácido lisérgico, de Tom Wolfe
  73. Ella Minnow Pea: A Novel in Letters, de Mark Dunn
  74. Eloise, de Kay Thompson
  75. Emily the Strange: perdida, siniestra y aburrida, de Rob Reger
  76. Emma, de Jane Austen
  77. Empire Falls, de Richard Russo
  78. Encyclopedia Brown: Boy Detective, de Donald J. Sobol
  79. Ethan Frome, de Edith Wharton
  80. Ética, de Spinoza
  81. Europe through the Back Door, 2003, de Rick Steves
  82. Eva Luna, de Isabel Allende
  83. Todo está iluminado, de Jonathan Safran Foer
  84. Extravagance, de Gary Krist
  85. Fahrenheit 451, de Ray Bradbury
  86. Fahrenheit 9/11, de Michael Moore
  87. The Fall of the Athenian Empire, de Donald Kagan
  88. Fat Land: How Americans Became the Fattest People in the World, de Greg Critser
  89. Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter S. Thompson
  90. La comunidad del anillo (El Señor de los Anillos), de J. R. R. Tolkien
  91. Fiddler on the Roof, de Joseph Stein
  92. Las cinco personas que encontrarás en el cielo, de Mitch Albom
  93. Finnegan’s Wake, de James Joyce
  94. Fletch, de Gregory McDonald
  95. Flores para Algernon, de Daniel Keyes
  96. The Fortress of Solitude, de Jonathan Lethem
  97. El manantial, de Ayn Rand
  98. Frankenstein, de Mary Shelley
  99. Franny y Zooey, de J. D. Salinger
  100. Freaky Friday, de Mary Rodgers
  101. Galápagos, de Kurt Vonnegut
  102. El género en disputa, de Judith Butler
  103. George W. Bushism: The Slate Book of the Accidental Wit and Wisdom of our 43rd President, de Jacob Weisberg
  104. Gidget, de Fredrick Kohner
  105. Inocencia interrumpida, de Susanna Kaysen
  106. Los Evangelios gnósticos, de Elaine Pagels
  107. El padrino, de Mario Puzo
  108. El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy
  109. Ricitos de oro y los tres ositos, de Alvin Granowsky
  110. Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell
  111. El buen soldado, de Ford Maddox Ford
  112. The Gospel According to Judy Bloom
  113. El graduado, de Charles Webb
  114. Las uvas de la ira, de John Steinbeck
  115. El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald
  116. Grandes esperanzas, de Charles Dickens
  117. El grupo, de Mary McCarthy
  118. Hamlet, de William Shakespeare
  119. Harry Potter y el cáliz de fuego, de J. K. Rowling
  120. Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling
  121. A Heartbreaking Work of Staggering Genius, de Dave Eggers
  122. El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad
  123. Helter Skelter: The True Story of the Manson Murders, de Vincent Bugliosi y Curt Gentry
  124. Enrique IV (I parte), de William Shakespeare
  125. Enrique IV (II parte), de William Shakespeare
  126. Enrique V, de William Shakespeare
  127. Alta fidelidad, de Nick Hornby
  128. The History of the Decline and Fall of the Roman Empire, de Edward Gibbon
  129. Holidays on Ice: Stories, de David Sedaris
  130. The Holy Barbarians, de Lawrence Lipton
  131. House of Sand and Fog, de Andre Dubus III
  132. La casa de los espíritus, de Isabel Allende
  133. How to Breathe Underwater, de Julie Orringer
  134. Cómo el Grinch robó la Navidad, de Dr. Seuss
  135. How the Light Gets in, de M. J. Hyland
  136. Aullido, de Allen Gingsburg
  137. El jorobado de Notredame, de Victor Hugo
  138. La Ilíada, de Homero
  139. I’m with the Band, de Pamela des Barres
  140. A sangre fría, de Truman Capote
  141. Heredarás el viento, de Jerome Lawrence y Robert E. Lee
  142. Iron Weed, de William J. Kennedy
  143. Es labor de todos, de Hillary Clinton
  144. Jane Eyre, de Charlotte Brontë
  145. El club de la buena estrella, de Amy Tan
  146. Julio César, de William Shakespeare
  147. La célebre rana saltarina, de Mark Twain
  148. La jungla, de Upton Sinclair
  149. Just a Couple of Days, de Tony Vigorito
  150. The Kitchen Boy: A Novel of the Last Tsar, de Robert Alexander
  151. Kitchen Confidential: Adventures in the Culinary Underbelly, de Anthony Bourdain
  152. Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini
  153. El amante de Lady Chaterley, de D. H. Lawrence
  154. The Last Empire: Essays 1992-2000, de Gore Vidal
  155. Hojas de hierba, de Walt Whitman
  156. La leyenda de Bagger Vance, de Steven Pressfield
  157. Menos que cero, de Bret Easton Ellis
  158. Cartas a un joven poeta, de Rainer Maria Rilke
  159. Lies and the Lying Liars Who Tell Them, de Al Franken
  160. Vida de Pi, de Yann Martel
  161. La pequeña Dorrit, de Charles Dickens
  162. The Little Locksmith, de Katharine Butler Hathaway
  163. La pequeña cerillera, de Hans Christian Andersen
  164. Mujercitas, de Louisa May Alcott
  165. Historia viva, de Hillary Rodham Clinton
  166. El señor de las moscas, de William Golding
  167. The Lottery: And Other Stories, de Shirley Jackson
  168. Desde mi cielo, de Alice Sebold
  169. Love Story, de Erich Segal
  170. Macbeth, de William Shakespeare
  171. Madame Bovary, de Gustave Flaubert
  172. Mantícora, de Robertson Davies
  173. Marathon Man, de William Goldman
  174. El maestro y Margarita, de Mikhail Bulgakov
  175. Memorias de una joven formal, de Simone de Beauvoir
  176. Memoirs of General W. T. Sherman, de William Tecumseh Sherman
  177. Me Talk Pretty One Day, de David Sedaris
  178. The Meaning of Consuelo, de Judith Ortiz Cofer
  179. Mencken’s Chrestomathy, de H. R. Mencken
  180. Las alegres comadres de Windsor, de William Shakespeare
  181. La metamorfosis, de Franz Kafka
  182. Middlesex, de Jeffrey Eugenides
  183. El milagro de Ana Sullivan, de William Gibson
  184. Moby Dick, de Herman Melville
  185. The Mojo Collection: The Ultimate Music Companion, de Jim Irvin
  186. Moliere: A Biography, de Hobart Chatfield Taylor
  187. A Monetary History of the United States, de Milton Friedman
  188. Monsieur Proust, de Celeste Albaret
  189. A Month Of Sundays: Searching For The Spirit And My Sister, de Julie Mars
  190. París era una fiesta, de Ernest Hemingway
  191. La señora Dalloway, de Virginia Woolf
  192. Motín a bordo, de Charles Nordhoff y James Norman Hall
  193. My Lai 4: A Report on the Massacre and It’s Aftermath, de Seymour M. Hersh
  194. My Life as Author and Editor, de H. R. Mencken
  195. Mi vida en naranja: creciendo con el gurú, de Tim Guest
  196. Myra Waldo’s Travel and Motoring Guide to Europe, 1978, de Myra Waldo
  197. My Sister’s Keeper, de Jodi Picoult
  198. The Naked and the Dead, de Norman Mailer
  199. El nombre de la rosa, de Umberto Eco
  200. El buen nombre, de Jhumpa Lahiri
  201. The Nanny Diaries, de Emma McLaughlin
  202. Nervous System: Or Losing My Mind in Literature, de Jan Lars Jensen
  203. Nuevos poemas de Emily Dickinson, de Emily Dickinson
  204. Cómo funcionan las cosas, de David Macaulay
  205. Nickel and Dimed, de Barbara Ehrenreich
  206. La noche, de Elie Wiesel
  207. La abadía de Northanger, de Jane Austen
  208. The Norton Anthology of Theory and Criticism, de William E. Cain et al
  209. Novels 1930-1942: Dance Night/Come Back to Sorrento, Turn, Magic Wheel/Angels on Toast/A Time to be Born, de Dawn Powell
  210. Notes of a Dirty Old Man, de Charles Bukowski
  211. De ratones y hombres, de John Steinbeck
  212. Old School, de Tobias Wolff
  213. En el camino, de Jack Kerouac
  214. Alguien voló sobre el nido del cuco, de Ken Kesey
  215. Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez
  216. The Opposite of Fate: Memories of a Writing Life, de Amy Tan
  217. La noche del oráculo, de Paul Auster
  218. Oryx y Crake, de Margaret Atwood
  219. Otelo, de Shakespeare
  220. Nuestro común amigo, de Charles Dickens
  221. The Outbreak of the Peloponnesian War, de Donald Kagan
  222. Memorias de África, de Isak Dinesen
  223. The Outsiders, de S. E. Hinton
  224. A Passage to India, de E. M. Forster
  225. The Peace of Nicias and the Sicilian Expedition, de Donald Kagan
  226. Las ventajas de ser un marginado, de Stephen Chbosky
  227. Peyton Place, de Grace Metalious
  228. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde
  229. Pigs at the Trough, de Arianna Huffington
  230. Pinocchio, de Carlo Collodi
  231. Please Kill Me: The Uncensored Oral History of Punk Legs McNeil and Gillian McCain
  232. The Polysyllabic Spree, de Nick Hornby
  233. The Portable Dorothy Parker, de Dorothy Parker
  234. The Portable Nietzche, de Fredrich Nietzche
  235. The Price of Loyalty: George W. Bush, the White House, and the Education of Paul O’Neill, de Ron Suskind
  236. Orgullo y prejuicio, de Jane Austen
  237. Property, de Valerie Martin
  238. Pushkin: A Biography, de T. J. Binyon
  239. Pigmalión, de George Bernard Shaw
  240. Quattrocento, de James Mckean
  241. A Quiet Storm, de Rachel Howzell Hall
  242. Rapunzel, de los hermanos Grimm
  243. El cuervo, de Edgar Allan Poe
  244. El filo de la navaja, de W. Somerset Maugham
  245. Reading Lolita in Tehran: A Memoir in Books, de Azar Nafisi
  246. Rebecca, de Daphne du Maurier
  247. Rebecca of Sunnybrook Farm, de Kate Douglas Wiggin
  248. The Red Tent, de Anita Diamant
  249. Rescuing Patty Hearst: Memories From a Decade Gone Mad, de Virginia Holman
  250. El retorno del rey (El Señor de los Anillos), de J. R. R. Tolkien
  251. R Is for Ricochet, de Sue Grafton
  252. Rita Hayworth, de Stephen King
  253. Robert’s Rules of Order, de Henry Robert
  254. Roman Holiday, de Edith Wharton
  255. Romeo y Julieta, de William Shakespeare
  256. Un cuarto propio, de Virginia Woolf
  257. Una habitación con vistas, de E. M. Forster.
  258. Rosemary’s Baby, de Ira Levin.
  259. The Rough Guide to Europe, 2003 Edition
  260. Sacred Time, de Ursula Hegi
  261. Santuario, de William Faulkner
  262. Savage Beauty: The Life of Edna St. Vincent Millay, de Nancy Milford
  263. Say Goodbye to Daisy Miller, de Henry James
  264. The Scarecrow of Oz, de Frank L. Baum
  265. La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne
  266. Seabiscuit: An American Legend, de Laura Hillenbrand
  267. El segundo sexo, de Simone de Beauvoir
  268. La vida secreta de las abejas, de Sue Monk Kidd
  269. Secrets of the Flesh: A Life of Colette, de Judith Thurman
  270. Selected Hotels of Europe
  271. Selected Letters of Dawn Powell: 1913-1965, de Dawn Powell
  272. Sentido y sensibilidad, de Jane Austen
  273. A Separate Peace, de John Knowles
  274. Algunas biografíasde Winston Churchill
  275. Sexus, de Henry Miller
  276. La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón
  277. Shane, de Jack Shaefer
  278. El resplandor, de Stephen King
  279. Siddhartha, de Hermann Hesse
  280. S Is for Silence, de Sue Grafton
  281. Matadero cinco, de Kurt Vonnegut
  282. Small Island, de Andrea Levy
  283. Las nieves del Kilimanjaro, de Ernest Hemingway
  284. Blancanieves y Rosarroja, de los hermanos Grimm
  285. Social Origins of Dictatorship and Democracy: Lord and Peasant in the Making of the Modern World, de Barrington Moore
  286. Los nombres de la canción, de Norman Lebrecht
  287. Song of the Simple Truth: The Complete Poems of Julia de Burgos, de Julia de Burgos
  288. The Song Reader, de Lisa Tucker
  289. Songbook, de Nick Hornby
  290. Sonetos, de William Shakespeare
  291. Sonnets from the Portuguese, de Elizabeth Barrett Browning
  292. La decisión de Sophie, de William Styron
  293. El ruido y la furia, de William Faulkner
  294. Speak, Memory, de Vladimir Nabokov
  295. Stiff: The Curious Lives of Human Cadavers, de Mary Roach
  296. The Story of My Life, de Helen Keller
  297. Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams
  298. Stuart Little, de E. B. White
  299. Fiesta, de Ernest Hemingway
  300. Por el camino de Swann, de Marcel Proust
  301. Swimming with Giants: My Encounters with Whales, Dolphins and Seals, de Anne Collett
  302. Sybil, de Flora Rheta Schreiber
  303. Historia de dos ciudades, de Charles Dickens
  304. Suave es la noche, de F. Scott Fitzgerald
  305. La fuerza del cariño, de Larry McMurtry
  306. Ahora y siempre, de Jack Finney
  307. La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger
  308. Tener y no tener, de Ernest Hemingway
  309. Matar un ruiseñor, de Harper Lee
  310. Ricardo III, de William Shakespeare
  311. A Tree Grows in Brooklyn, de Betty Smith
  312. El proceso, de Franz Kafka
  313. The True and Outstanding Adventures of the Hunt Sisters, de Elisabeth Robinson
  314. Truth & Beauty: A Friendship, de Ann Patchett
  315. Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom
  316. Ulises, de James Joyce
  317. The Unabridged Journals of Sylvia Plath 1950-1962, de Sylvia Plath
  318. La cabaña del tío Tom, de Harriet Beecher Stowe
  319. Unless, de Carol Shields
  320. Valley of the Dolls, de Jacqueline Susann
  321. The Vanishing Newspaper, de Philip Meyers
  322. Vanity Fair, de William Makepeace Thackeray
  323. Velvet Underground’s The Velvet Underground and Nico (Thirty Three and a Third series), de Joe Harvard
  324. Las vírgenes suicidas, de Jeffrey Eugenides
  325. Esperando a Godot, de Samuel Beckett
  326. Walden, de Henry David Thoreau
  327. Walt Disney’s Bambi, de Felix Salten
  328. Guerra y paz, de León Tolstoi
  329. We Owe You Nothing – Punk Planet: The Collected Interviews, editado por Daniel Sinker
  330. What Colour is Your Parachute?, de Richard Nelson Bolles
  331. ¿Qué fue de Baby Jane?, de Henry Farrell
  332. Cuando el emperador era divino, de Julie Otsuka
  333. ¿Quién se ha llevado mi queso?, de Spencer Johnson
  334. Quién teme a Virginia Woolf, de Edward Albee
  335. Wicked: memorias de una bruja mala, de Gregory Maguire
  336. El mago de Oz, de Frank L. Baum
  337. Cumbres borrascosas, de Emily Brontë
  338. The Yearling, de Marjorie Kinnan Rawlings
  339. El año del pensamiento mágico, de Joan Didion
  340. Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare

 

Bon appétit! Y Feliz Día del Libro. O mejor dicho, ¡Feliz Vida del Libro!

Por qué AnnaSophia Robb SÍ es Carrie Bradshaw

En una reciente entrevista para la revista online de moda Net-a-Porter, Sarah Jessica Parker se ha pronunciado sobre la precuela de Sexo en Nueva York que está llevando a cabo la cadena CW. Orientada al público adolescente -como casi toda la oferta de la cadena de Mark PedowitzThe Carrie Diaries se adentra en la vida de Carrie Bradshaw a los 16 años, edad en la que empieza definitivamente a formarse la persona y el personaje que acabará siendo años más tarde en la mítica comedia de HBO. Parker, a la que le preguntaron qué sentía al ver a otra actriz interpretando a “su personaje”, contestó “No estoy segura… Creo que es una de esas cosas que ponen a prueba tu generosidad. AnnaSophia Robb es una chica encantadora y quiero que esté cómoda haciéndolo, pero es… raro”.

Parece que a la protagonista de Novia por contrato y Tentación en Manhattan no le termina de convencer la idea de compartir algo tan suyo, tan personal. Y no es a la única. A muchos de los seguidores y seguidoras de Sexo en Nueva York que se han atrevido con su precuela, les resulta imposible reconocer a Carrie en AnnaSophia Robb. Claro que el argumento más esgrimido a favor de esta postura es que ni en un millón de años luz una chica tan mona (a pesar de las cejas) como Robb acabaría convirtiéndose en una mujer -casi universalmente- fea como Sarah Jessica Parker (y que me perdonen sus admiradores, que ya sabemos que la belleza es lo más subjetivo que existe, y todo eso, pero esto es un hecho). Lo cierto es que esta es una teoría muy sólida. De no ser por la voluminosa cabellera rubia y rizada que luce Robb en su serie, sería completamente imposible ver a Sarah Jessica Parker en ella a primera vista.

¿Se trata de envidia por parte de la protagonista de ¿Qué fue de los Morgan? y Salvando las apariencias? Más bien yo creo que es recelo, porque a su temprana edad, Robb ha demostrado con creces que sus aptitudes interpretativas están muy por encima que las de la actriz de 47 años. La tarea de dar vida a la versión adolescente de un icono no debe ser fácil. El personaje ha de ser reconocible, pero no puede ser una imitación, puesto que, por muy romántica que sea la idea de que nunca dejamos de ser adolescentes, nadie es igual a los 15 que a los 30. En este sentido, AnnaSophia ha conseguido hacer suyo el personaje sin sacrificar la esencia de la Carrie Bradshaw que todos conocíamos.

Dejando a un lado el evidente no-parecido físico entre ambas actrices (y en este caso no me vale lo de que en 15 años una persona puede cambiar mucho), yo SÍ veo a Carrie Bradshaw en la pequeña y adorable Anna Sophia Robb . Eso sí, a una versión mejorada y más soportable de ella -o quizás la de Sarah Jessica sea una versión echada a perder de esta, más bien. A continuación os enumero y explico las razones:

 

Su dicción

Si revisamos Sexo en Nueva York antes de ver The Carrie Diaries, nos daremos cuenta de que el trabajo de Robb es mucho más completo y complejo de lo que parece. La voz en off en es muy importante en esta saga, y Robb es una gran elección de casting en este sentido, puesto que su timbre es muy similar al de Sarah Jessica Parker. Además, la actriz se esfuerza en adoptar el mismo tono al narrar sus aventuras y las de sus amigos, poniendo siempre el énfasis en las palabras exactas. A veces, si cerramos los ojos podemos ver a Sarah Jessica Parker sentada frente a su Mac, en lugar de a AnnaSohpia acostada con las piernas en cruz escribiendo en su diario -bueno, que si no queréis que se os aparezca de repente SJP, no me hagáis caso, no cerréis los ojos y disfrutad de la 80s Carrie sin más.

Su inconfundible sentido de la moda

Está claro que desde un principio se nos está insistiendo en el peculiar gusto de Carrie a la hora de vestir y complementarse. De su famoso bolso protagonista de un reportaje en Interview a sus modelitos para apoyarse en las taquillas del instituto, la Carrie de TCD ya muestra el gusto por el riesgo y el atrevimiento de la Carrie noventera. Las faldas que son casi tutús, los tocados y broches, y sobre todo, los colores chillones hacen que esta Carrie sea el paso inmediatamente anterior a la mujer disfrazada de bailarina que vimos tantas veces en los inolvidables créditos de Sexo en Nueva York. De todos modos, no eran tan difícil conseguir esto: Sexo en Nueva York se estrenó en 1998, que visto desde 2013 no deja de ser una prolongación de los 80.

Su lealtad y sentido de la amistad

Había ocasiones en las que parecía que las cuatro protagonistas de Sexo en Nueva York no eran tan tan tan amigas. Pero cada cierto tiempo, la serie nos recordaba lo mucho que se querían, llegando siempre a la conclusión de que su amistad era la relación más inquebrantable en sus vidas. En The Carrie Diaries se nos insiste en casi todos los episodios en ese vínculo que Carrie establece con sus amigas (y su amigo), y que muestra al personaje como un nexo de unión, una especie de líder, la voz de su generación, o de su pandilla. Cuando vemos a Carrie, Mouse, Maggie y Walt en el diner sosteniendo conversaciones sobre chicos, sexo o sus familias -y a veces sobre películas, qué alegría-, no podemos evitar pensar en Carrie, Miranda, Charlotte y Samantha.

Su mariliendrismo latente

Además de a sus tres mejores amigas, Carrie tenía a Stanford Blatch, que era el amigo gay que toda mujer cosmopolita debía tener en los 90, un accesorio fabuloso imprescindible. En TCD, Carrie hace su primera toma de contacto con el “mundo gay” de Manhattan, gracias a uno de los empleados out and proud de Interview –ella es todo naturalidad al respecto, claro. Pero más importante que él, está Walt, novio de una de sus dos mejores amigas – la beard Maggie- un homosexual latente que aun no ha descubierto su verdadera identidad sexual. Su gran compatibilidad con Carrie (ambos mitómanos, adoran Interview, la moda) hace de esta la hag perfecta, como seguirá siendo el resto de su vida. Aunque de momento ninguno de los dos sea consciente de ello.

Su drama-queenismo

El momento en el que más claramente pude ver a la Carrie Bradshaw adulta en AnnaSophia Robb fue hacia el comienzo de la serie, en una escena en la que el padre de Carrie aparece sin avisar en el instituto y esta se desmaya al verlo. Todos recordamos las diatribas de Carrie en Sexo en Nueva York, los dilemas aparentemente sencillos que para ella eran el fin del mundo, los granitos de arena que se convertían en montañas. La Carrie de Robb ya presenta claros síntomas de drama queen en el instituto. En cada episodio debe tomar una decisión complicadísima, ir a la prom o a un club en Manhattan, el chico malo o el chico bueno, mentir y ser feliz o ser honesta y desdichada. ¡Qué dramas!

Sus fetiches 

En “Hush Hush” (1×08), Carrie era introducida en el apasionante mundo de la adicción a los zapatos. “Cuando una puerta se cierra, una caja de zapatos se abre”. ¡Esta es nuestra Carrie! Larissa le regala sus primeros Manolo Blahnik y le enseña a pronunciar el nombre. Es sin duda el inicio de una eterna historia de amor. Además, en ese mismo episodio Carrie se bebe su primer Cosmopolitan. “Creo que esta va a ser mi bebida”, dice.

Su romanticismo palpitante

La Carrie de Sarah Jessica Parker no era excesivamente promiscua, y no fueron tantos los galanes con los que se metió en la cama a lo largo de las seis temporadas de Sexo en Nueva York (sobre todo si los comparamos con Samantha). Carrie siempre fue una romántica empedernida, y como ahora hace Ted Mosby, se encontraba en una constante y ardua búsqueda de su media naranja. En The Carrie Diaries ya podemos ver los destellos de este idealismo amoroso de Carrie: sus suspiros de enamorada, sus planes de futuro (“a los 30 estaremos todas casadas”), y su fijación en un hombre: en este caso Sebastian Kidd, su Teen Mr. Big. Mientras sus amigas pierden la virginidad, ella prefiere tomarse las cosas con calma para conseguir que sus experiencias románticas sean de película.

Su amor por Manhattan

Está claro que la gran historia de amor de Sexo en Nueva York es la de Carrie Bradshaw con Manhattan, y esta es una de las ideas principales que sustentan The Carrie Diaries. En ella asistimos a las primeras citas entre Carrie y la Gran Manzana, a los primeros destellos en la mirada, al éxtasis de las primeras veces. Es amor a primera vista, y también es amor eterno. A través de los ojos de Robb mientras contempla fascinada las bulliciosas calles de la ciudad, sus modernos habitantes y sus rascacielos, podemos ver a la de Parker, y es entonces cuando queda más claro que nunca que son el mismo personaje.

Ringer: fin de fiesta

‘Where do we go from here?’ Ringer ha dado por concluida su primera -y muy probablemente única- temporada. Nuestra apasionada historia de amor con el desfasadísimo culebrón de Sarah Michelle Gellar comenzó con un croma, a partir del cual se tuvo que medir el resto de la temporada. Y ha habido de todo. Tanto, que por mucho que un juego de chupitos con Ringer pareciera una gran idea, de haberlo hecho no estaríamos vivos para contarlo. Porque al fin y al cabo, mi experiencia con la serie de CW ha ido mucho más allá del placer culpable. Se ha convertido en un placer colectivo, uno del que se saca el máximo provecho si se comparte en grupo. Ringer Night! Reunirse con otros fans de Bridget y Siobhan, y aplaudir cada vez que algún personaje dice “I have a/no choice”, cada vez que alguien está asomado en una esquina observando una escena que no debe ver; desgañitarse con cada giro argumental imposible y con esos momentos en los que no es que se desafíe la incredulidad del espectador, sino que se la apuñala sin piedad; Y sobre todo, sobre todo, rewind para volver a vivir ese tic de la boca siempre entreabierta de la Gellar, pause para disfrutar plenamente esa mirada que se supone debe ser sutil pero acaba siendo como ver a alguien intentar guiñar un ojo cuando no sabe hacerlo, o esa barbilla que es donde se condensa toda la carga interpretativa de la actriz. Eso es Ringer.

Resulta que los grandes Eric Charmelo y Nicole Snyder, creadores de la serie, tenían planeada toda la temporada hasta el más mínimo detalle -y de hecho, se supone que dos temporadas más-, según declara Sarah Michelle, que se deshace en elogios al tándem creativo. Como cuenta en Supertele (me diréis que mis fuentes no son adecuadas), ella, que es una ávida consumidora de series y una cinéfila muy experimentada, está harta de esperarse lo que va a pasar en todo momento. Y esto no le ha ocurrido con Ringer, que ha logrado sorprenderle en todo momento. Pero cariño, ¿cómo vas a esperarte algo si en el caos absoluto que es Ringer nada tiene lógica, todo ocurre porque sí, y no hay propósito en ningún momento? A lo largo de 22 episodios, hemos asistido al estiramiento más loco y absurdo del año, y no es que no nos hayamos esperado los giros, es que no hemos terminado de abarcar o entender nada de lo que ha ocurrido. La pregunta más habitual durante un visionado de Ringer ha sido: “pero… ¿por qué?” Y aunque esto haya podido llegar a desesperar, siempre ha acabado recompensando. Jamás olvidaremos – ni dejaremos de usar en nuestra vida diaria- el “That’s for sleeping with my husband, YOU WHORE!” Por cosas así, estarás siempre en nuestros corazones, Ringer.

Sin embargo, la razón por la que hemos obtenido tanto placer de esta serie es a la vez el motivo por el que hemos estado a punto de volvernos locos varias veces: Ringer no deja de tomarse en serio a sí misma en-ningún-momento. Creíamos que sería posible que tarde o temprano la serie abrazase su cualidad camp, pero esto habría supuesto salirse de los planes establecidos. Y al final nos alegramos de que así haya sido. Charmelo y Snyder (¡autores!) han hecho oídos sordos de las críticas y han seguido a lo suyo. Hemos tenido que aguantar tramas secundarias y subtramas de esas tramas que los creadores y Sarah Michelle se empeñan en justificar diciendo que al final todas las piezas del puzle encajan: las diatribas uppereastsidianas de la hija de Andrew -gracias a ella, hemos disfrutado de nuevo de Logan Echolls; la investigación del agente del FBI más torpe de la historia de la televisión: Victor Machado (Nestor Carbonell), plantéate un giro en tu carrera; los soporíferos conflictos financieros en Martin/Charles junto a la diva British Olivia (irritante Jamie Murray); y la tardía incorporación de un personaje muy importante para la historia, Catherine Martin (Andrea Roth), la loquísima ex mujer de Andrew. Si hemos sido capaces de soportar todo esto ha sido única y exclusivamente gracias a Brigdet y Siobhan. Y a que, en el fondo, si hubieran acabado riéndose de ellos mismos, reírnos nosotros no habría tenido tanta gracia.

En el artículo que escribí al comienzo de la temporada, Sarah Michelle Gellar, nueva reina trash, os contaba que la actriz y productora ejecutiva de Ringer estaba segura de estar interpretando a 40 personajes en la serie. Pues bien, a medida que la temporada avanzaba, ha ido matando personajes en su cabeza y se ha quedado con los 5 más importantes: las Siobhan y Bridget del presente, las de los flash-backs y la Bridget que se hace pasar por Siobhan: bautizada por ella misma como Shivette. Este fascinante proceso interno de Sarah Michelle se ha visto reflejado en su complejísima interpretación en Ringer, tan llena de matices diferenciadores. Llegados al último episodio, “I’m the Good Twin”, ya tenemos muy claras las diferencias entre Bridget y Siobhan (las del presente), sí sí, las distinguimos mejor que a las Olsen, vaya. Emmy y Globo para Gellar, una actriz con una fulgurante carrera por delante -otra vez.

La season -o seriesfinale de Ringer se ocupa de atar todos los cabos que los guionistas han ido dejando sueltos, y enredando porque sí, porque a ellos les ha apetecido, porque esta historia no podría haberse contado en menos episodios, ¿verdad?. Me quedo con el episodio anterior -“It’s Called Improvising, Bitch!”- como gran traca final de Ringer, con el divertidísimo secuestro de Shivette y Andrew por parte de Catherine y su revelación durante el mismo: cambio de acera de la noche a la mañana y todo explicado. ¡Claro que sí! ¡Eso es improvisar, zorra! “I’m the Good Twin” cierra las tramas que se abren en el piloto, y enfrenta por fin a Bridget y Bodaway Macawi en una escena tan pasada de rosca que hace que nos olvidemos de todo el sufrimiento y nos quedemos con los buenos momentos. Sin embargo, quedan muchas puertas abiertas. Los secretos de Bridget y Siobhan están al descubierto -Shivette ha muerto, ¡viva Shivette!- y los enemigos han sido eliminados de la ecuación, pero no hay verdadera clausura. Necesitamos un cara a cara de las hermanas. ¡Necesitamos más croma! No sabemos si la CW le dará una segunda temporada a Ringer, pero no contéis con ello. Y quizás así sea mejor. ¿Para qué empañar algo que es perfecto tal y como está?

Series para ver planchando: Nikita

Desde hace unos meses estoy sin plancha. No es que antes la usase demasiado, pero me venía bien de vez en cuando. Hace poco informé a mi buena amiga y paisana Keitza de que me disponía a comenzar Chuck, a lo que ella me respondió: “esa serie es perfecta para verla planchando”. Desde entonces utilizo esa expresión para referirme a esas series que consumimos casi a diario, mientras esperamos nuevos episodios de las series de verdad. Porque no tenemos la cabeza para pensar más de lo mínimo, o por simple y pura inercia. Las fundimos con las tareas domésticas, para olvidarlas nada más terminar el episodio que nos toca, y no nos importa verlas de reojo o dejarlas a medias. Como decía, no tengo plancha. Pero no pasa nada, Chuck también puede verse mientras friegas los platos o tiendes la colada. Yo lo he hecho, muchas veces. Por otra parte, mi motivación para ver este tipo de series no nace solo de esa necesidad de evasión neuronal, sino que además tengo que tener en cuenta un factor muy importante: las ‘series de verdad’ las veo, por regla general, acompañado. ¿Qué me queda entonces para ver en mis ratos de amarga y dura soledad? Pues cosas como la mencionada Chuck, Supernatural o la que me ha animado a escribir esta entrada: Nikita. Porque la tele ha cambiado, y nosotros también. Queremos verlo todo, compartirlo con todos, estar al día, acumular meses en MyTVShows; y planchar, fregar y tender ya no es lo que era.

No debe ser una coincidencia que Nikita y Chuck sean las dos series con menor índice de audiencia de esta temporada televisiva en Estados Unidos. Desde que Alias se marchase por la puerta de atrás después de unas primeras temporadas excelentes, la audiencia no ha vuelto a mostrar interés por las historias catódicas de espías. Nikita se estrenó el año pasado en la juvenil CW con la intención de cubrir un esquivo nicho de audiencia para la cadena: el masculino (concretamente, el heterosexual). Los ingredientes eran básicos: testosterona, explosiones y mujeres de armas tomar. Sin embargo, el resultado fue irregular (a pesar de unas escenas de acción excelentemente ejecutadas). Si bien tanto el comienzo como la recta final de la temporada mantuvieron un mínimo de calidad aceptable, todo lo que transcurrió en medio fue como mínimo prescindible, y en (muchas) ocasiones, horroroso. Vamos, para dejar la plancha y escuchar la serie desde el baño directamente.

La CW otorgó una segunda temporada a la serie, a pesar de que los resultados de la primera fueron de lo más discreto (os reto a que encontréis a cinco personas cercanas a vuestro círculo que vean Nikita). A día de hoy, a tenor de las paupérrimas audiencias cosechadas por la cadena, es difícil vaticinar si la segunda será la última temporada de Nikita. El baremo de CW es más impredecible que el de las demás generalistas. Con la intención de captar nuevos espectadores, el primer episodio de la temporada, “Game Change”, supone algo parecido a un borrón y cuenta nueva, una suerte de ‘Nikita para tontos’ que funciona como un ‘Anteriormente en’ de 40 minutos. Sí, la serie continúa por donde lo dejó el final de la primera temporada, pero las cosas han cambiado, y es importante que captemos el mensaje: no es imprescindible haber visto todo lo anterior para engancharse a los nuevos episodios. Juego sucio. Juego estúpido. Ni siquiera son capaces de disimular mínimamente la estrategia. Todos los personajes articulan torpes sinopsis de lo ocurrido hasta el momento en conversaciones forzadas que nunca debimos presenciar (‘Guión 101’, señores). La cadena no tiene otra opción más que intentar relanzar la serie sin perder a la audiencia, escuálida pero fiel, de la primera temporada. Lo que sí es una opción es intentar hacerlo con un mínimo de inteligencia. Pero parece que los guionistas no la han contemplado.

Nikita es una historia de mujeres. Y cuando la mujer que la protagoniza carece del carisma necesario para llevar el peso de la misma, el tiro sale por la culata. La absoluta inexpresividad de Maggie Q frustra cualquier intento de convertir a su Nikita en un personaje con múltiples capas y matices. La actriz hawaiana de ascendencia vietnamita se ha especializado en papeles con una alta carga de interpretación física, a pesar de su cuerpo menudo y una liviana presencia (si los de la CW querían audiencia masculina, ¿por qué contrataron a una actriz con cara -y piernas, y brazos- de estar muriéndose de hambre?). Sus carencias interpretativas pueden pasar desapercibidas en una película de acción tipo Hora punta 2, pero van a saltar a la vista rápidamente en el mucho más exigente formato serial. Claro que no está precisamente acompañada por un reparto que la motive a explorar distintos registros. Todo el reparto de Nikita está a la altura de Maggie Q: Percy (Xander Berkeley) en plan Hannibal Lecter de saldo, Amanda (Melinda Clarke) manejando los hilos desde arriba con perenne expresión de maldad concentrada, Alex (Lyndsy Fonseca) y su irritante cabezonería, y sobre todo, Michael (Shane West) y su extremada afectación (yo creo que el actor se dobla en sus diálogos). Todos parecen tomarse muy en serio su trabajo, pero ninguno logra que nosotros lo hagamos.

Lo dicho, Nikita es perfecta para la sobremesa, y si hay ropa que planchar y doblar, o platos acumulados en el fregadero, mejor que mejor. A veces es incluso aconsejable apartar la vista durante un rato y dejar que los protagonistas lleguen al punto de la historia al que nosotros ya hemos llegado 15 minutos antes. Ocurre de vez en cuando en un episodio de Nikita que los personajes consiguen salir de situaciones imposibles gracias a un golpe de suerte o simplemente porque ellos son los únicos seres inteligentes del planeta (sí, incluyendo a la audiencia). No son más que síntomas de la falta de audacia de unos guionistas en pañales. Claro que debe darles igual. Porque saben que estamos “planchando”.