Por qué lo de Allison en Teen Wolf es importante

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Aviso: No leáis este texto si no estáis al día con la emisión estadounidense de Teen Wolf.

Vaya temporada bipolar nos ha dado este año Teen Wolf. Los 12 episodios que conformaron la primera mitad acabaron siendo un despropósito total. Exceso de personajes, un embarullamiento horrible de las tramas, y un desafortunado cambio en el tono de la serie, que echaba por tierra lo conseguido en las dos primeras temporadas. La segunda parte de la temporada, que toca a su fin la semana que viene, comenzó con muy buen pie (como argumento en este artículo), pero después de cinco episodios magníficos (especialmente el inolvidable “Illuminated”, 3.16), volvió a los vicios de la temporada 3A, destacando la absoluta dependencia narrativa de la caprichosa mitología que Davis se está inventando sobre la marcha. Gracias a un argumento cada vez más confuso, los capítulos más recientes de Teen Wolf han puesto a prueba más que nunca el aguante del espectador.

Después de un esperanzador regreso a los pasillos del instituto a comienzos de 2014, Teen Wolf se ha vuelto a olvidar de estos personajes, de quiénes son cuando no están en peligro, y los ha sumido en un constante estado de amenaza y tensión, sin darles un solo respiro para evolucionar como personas, no solo como héroes o víctimas. No es que los chicos de Teen Wolf hayan sido nunca ejemplos de gran caracterización televisiva, pero este año se han comportado de manera especialmente absurda, volátil y cambiante, según el antojo del cada vez más endiosado Davis. Si embargo, este año hay un personaje que, a pesar de haber pasado a segundo plano (o quizás por eso precisamente), se ha mantenido fiel a sí misma, coherente y consecuente. Estoy hablando de Allison Argent, que como ya sabéis, recibió su trágica muerte al final del episodio “Insatiable” (3.23), el mejor de esta temporada desde “Riddled” (1.18).

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La trayectoria de Allison en Teen Wolf ha sido muy significativa en cuanto a la representación de los personajes femeninos en las series adolescentes, y en concreto las de corte sobrenatural. Desde que Xena y Buffy nos enseñaron en los 90 que las mujeres no tienen por qué interpretar necesariamente a damiselas en peligro o meras comparsas del héroe, la televisión (y curiosamente en menor medida el cine) se ha llenado de chicas guerreras. Allison comenzó en Teen Wolf como la típica “love interest” para el protagonista. Nada más. Con el tiempo, esta descubrió que pertenecía a una casta ancestral de cazadores de lobos, una en la que además todas las mujeres tenían la voz cantante (recordad a su tía y a su madre, que en paz descansen), y decidió explorar sus raíces, buscarse a sí misma en relación al destino que su apellido le deparaba. Así, en uno de los giros en retrospectiva más acertados de Davis, Allison dejó a Scott, y emprendió su viaje de autoconocimiento.

Esto hizo que poco a poco el personaje fuera pasando a un segundo término (tras una extraña etapa oscura), mientras nuevos habitantes de Beacon Hills adquirían mayor peso en la trama. A lo largo de la presente temporada, Davis no ha sabido qué hacer con la mayoría de sus personajes. Ha seguido el curso natural de la serie y se ha rendido a la evidencia de que Stiles Stilinski es el verdadero protagonista de Teen Wolf, pero ha desaprovechado a los demás, dándoles escenas que no aportaban nada, subtramas descolgadas (o muy mal conectadas con la principal), colocándolos alrededor de una mesa en todos los capítulos para discutir un plan que ni ellos ni Davis tenían claro. Mientras esto ha perjudicado a personajes como Peter Hale, Papa Argent o Derek Hale (oficialmente el personaje más desaprovechado este año, tanto que, aunque me cueste reconocerlo, ya no pinta nada en la serie), ha beneficiado al desarrollo de Allison. Quizás de manera accidental, el hecho de que Allison haya estado casi totalmente desvinculada del grupo ha acentuado su independencia y entidad como personaje.

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Desde que Allison decidió coger la ballesta y dejar de ser la novia de Scott, se ha movido por iniciativa propia, ha tomado sus decisiones y ha actuado sin recibir órdenes. Ha sido una badass de tomo y lomo. Hemos asistido a una tensión sexual (finalmente) resuelta con Isaac, pero su relación nunca ha adquirido demasiada importancia en la serie, evitando grandes gestos de amor épico. Porque si Allison dejó de ser “la novia de” para convertirse en Allison, cazalobos (o caza-lo-que-se-tercie), no era justo para el personaje volver a convertir su trama en un atormentado e hiper-hormonado romance adolescente. Gracias a este cambio de dirección en su trayectoria, Allison ha demostrado que es posible ser una mujer en una serie para adolescentes y no estar subyugada a las acciones del protagonista masculino, y que se puede prescindir del factor romántico para construir a un personaje femenino en una serie sobrenatural.

La muerte de Allison no entraba dentro de los planes inmediatos de Jeff Davis, sino que ha sido la propia Crystal Reed la que ha pedido salir de la serie. Sus razones son bien lógicas: la actriz tiene 29 años y quiere dejar de interpretar a una adolescente de 17 para explorar las opciones que pueda haber ahí fuera (otras teorías hablan de que tras la ruptura en la vida real con Daniel Sharman, trabajar en la serie se hizo insoportable para ella). Si esa es la razón verdadera, desde luego es una decisión valiente, muy propia de Allison Argent, que ya de paso ha propiciado a Davis una oportunidad perfecta para dar un buen cierre al personaje. Aunque a muchos nos duela, la marcha de Reed llega en el mejor momento para Allison. Su ciclo estaba completo, y no le quedaba mucho más por hacer (seguramente Reed sabía que a su personaje no le quedaba cuerda). Al final, al creador de la serie le ha salido bien la jugada. Él suele estar ocupado despistando a la audiencia, jugando con estúpidos, irritantes e innecesarios acertijos tipo “un héroe caerá, un héroe volverá” (que acaban restando impacto a las tragedias cuando estas ocurren, idiota) y enredando la mitología hasta lo absurdo. Y resulta que sin proponérselo, gracias a la decisión de Reed, ha puesto el mejor broche posible al personaje.

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A pesar de las constantes amenazas de Davis, no suele haber muertes importantes en Teen Wolf (parece mentira, con el follón que da), así que me alegra comprobar que, cuando al fin ha ocurrido de verdad, ha sido impactante, y ha ocurrido en una escena excelente ejecutada y montada, de lo mejor que hemos visto en la serie (el grito de Lydia, wow). Pero sobre todo, no ha sido en vano, como pasó con los alfas el año pasado. Allison muere en brazos de Scott (recordándonos que Reed es una de las pocas buenas intérpretes de la serie), después de decirle que siempre le ha querido y siempre le querrá. Es un detalle bonito (e inevitable) teniendo en cuenta que él fue su primer amor, y que no vivirá para tener otro. Hacía falta cerrar de alguna manera lo que comenzó en el primer episodio de la serie, y la escena final de Scallison tenía que ser así. Pero esa no es la conclusión del personaje. Allison ha muerto como heroína, luchando (como Anya), aceptando su destino sin dolor, recordándonos que decidió sacrificar un amor para hallar su identidad, y demostrándonos que por esta razón Teen Wolf no es una serie adolescente cualquiera. Una pena que hayan sido circunstancias externas las responsables de que el final de Allison haya sido tan relevante. A partir de ahora, nada será igual en Teen Wolf, y no sé si Jeff Davis será capaz de afrontar la próxima etapa de la serie (una gran muerte conlleva una gran responsabilidad). Quizás se tengan que marchar más actores para que aprenda a escribir de una vez por todas (te estoy mirando a ti, O’Brien). O quizás no sea tan mala idea dejar su historia en manos de otro ahora que ha alcanzado un gran punto de inflexión.

Teen Wolf (Temporada 3B): Pesadilla en Beacon Hills

Teen Wolf Season 3B

“You two supernatural teenage boys. Don’t test my entirely un-supernatural level of patience” -Mamá McCall

¿Qué hacemos cuando nos hemos perdido? Volver sobre nuestros pasos, y si es necesario, empezar de nuevo. Jeff Davis se perdió en el bosque el año pasado y, afortunadamente, ha vuelto a encontrar el camino en 2014. Su Teen Wolf se había convertido en un embrollo saturado de datos enciclopédicos, pistas ocultas y sinsentidos que el creador de la serie no supo encajar en la historia que había creado, y que había hecho evolucionar formidablemente durante dos temporadas (de caspa a culto en dos años). Lo importante era demostrar que se había estudiado sus libros de mitología, mandando a tomar por saco la lógica interna y descuidando a sus protagonistas en favor de un montón de nuevos personajes y tramas desmembradas. Todo en busca de la sorpresa a largo plazo y el impacto de una audiencia entregada a la que subestimó trágicamente (si creía que podía colarnos cualquier cosa porque estábamos obsesionados con su serie, la llevaba clara), trazando un plan maestro que solo tenía sentido en su mente. En otras palabras: A Jeff Davis se le subió a la cabeza, y su ambición y fanfarronería estuvieron a punto de cargarse Teen Wolf.

Con los dos primeros episodios de la segunda mitad de la tercera temporada (que es como si fuera una nueva temporada completamente, así que a partir de ahora no volveré a referirme a ella con esa larga descripción), Teen Wolf regresa a los orígenes, para seguir adelante y permitirse ser mejor que nunca. Es el siguiente paso natural de una serie tras encontrar su voz, crecer y perder el norte. En “Anchors” (3.13) y “More Bad Than Good” (3.14) regresamos a la Beacon Hills que conocíamos. Volvemos al instituto (con cada uno de esos icónicos planos en los que los personajes abren vigorosamente las puertas del Beacon Hills High me retuerzo de placer), y al bosque, escenario principal de la primera temporada. Pasan a segundo plano los grandes edificios vacíos de esa metrópolis abandonada que ha resultado ser la parte alta de Beacon Hills (los nuevos decorados en Los Ángeles). Al menos en este comienzo de temporada, los cuarteles generales de la wolfie gang vuelven a ser las aulas del instituto, la cafetería, el patio. Y ver a nuestros personajes favoritos de nuevo en su hábitat natural nos devuelve la conexión que habíamos perdido con ellos.

Teen Wolf Anchors

Es muy pronto para sacar conclusiones, por supuesto, pero si los dos primeros episodios de esta temporada son indicio alguno, Davis ha renunciado un poco a sus fantasmadas para devolvernos a sus personajes. Esto no quiere decir que vaya a dejar de jugar al despiste, de manipular y de buscar a sus Big Bads y sus arcos argumentales en Wiki-Mito. Pero al menos se ha dado cuenta de que lo que más nos gusta es ver a Scott y Stiles interactuar (club de detectives adolescentes FTW), a Lydia descargar bombas de verdad, a Derek colgado de los brazos sin camiseta (nos hemos resignado a verlo sufrir, y él también, parece), los vestuarios del instituto (siempre en penumbra, y mejor llenos de vapor), las hormonas desatadas que hacen que todos los diálogos tengan doble lectura sexual (“We need an alpha who can get it… up”), las bobadas adolescentes (“What’s up with the scarf, Isaac?”). Y el sentido del humor. Sobre todo eso. A pesar de no abandonar su gusto por la tragedia (se las hace pasar canutas al niño de nuestros ojos, Stiles), Davis se deja a un lado el dramatismo grandilocuente (que ni Batman vuelve, vamos) y el forzado clímax permanente de los anteriores episodios para centrarse en la comedia (gracias por Mamá McCall), el suspense y la aventura. Y para ello, los dos primeros capítulos están construidos a partir de un misterio que se abre en un episodio y se cierra en el siguiente. Un nuevo “ataque animal” protagonizado por una niña-coyote, que Davis utiliza para recordarnos el origen de la serie, pero también para hacer avanzar a sus personajes después de los acontecimientos de “Lunar Ellipse” (3.12). Afortunadamente, ellos son su “ancla”, y le han devuelto los pies a la tierra.

Lo que Davis sí ha conservado de la anterior temporada es su impecable sentido estético. Siempre lo he dicho, Teen Wolf es una de las series más visualmente atractivas que hay en la tele, y esta temporada se reafirma en ello. Claro que el showrunner juega con una clara ventaja: sus actores son un regalo para la vista y poco hay que hacer para que un plano en los que salgan ellos sea bello. Sin embargo, con este arranque de temporada, Davis nos sigue demostrando que estos bien parecidos especímenes de adolescentes de 25 son mucho más que trozos de carne con ojos. Con la manada de alfas desarticulada, y sin caer de nuevo en el error de incorporar doscientos nuevos personajes (de momento solo tenemos a Papá Scott y a la pizpireta y adorkable Kira, aunque miedo me da ese plano final en “More Bad Than Good”), queda tiempo de sobra en Teen Wolf para prestar atención a sus protagonistas.

Teen Wolf More Bad than Good

Cual Buffy Summers en las temporadas 2 y 6, Stiles, Scott y Allison lidian con las consecuencias de haber muerto y vuelto a la vida. Allison ha perdido su destreza con el arco, Scott no se puede convertir en hombre lobo sin perder el control y correr el riesgo de convertirse para siempre en animal, y Stiles (que claramente ha dado otro estirón y ha aumentado sus horas de gimnasio, gracias) vive entre sueño y vigilia, sin saber si está despierto o no. Por cierto, Davis sabe que las secuencias oníricas son uno de los puntos fuertes de la serie, y este año ha empezado a usarlas como es debido (mención especial al impresionante prólogo de “Anchors” y a las pesadillas gore de Allison, con Kate Argent como otro de los enlaces al comienzo de la serie). A lo largo de estos dos primeros episodios, el trío original de Teen Wolf encuentra sus anclas y da un paso hacia su reinserción en la vida. Especialmente Scott, que gracias a su BFF vuelve a rugir muy fuerte (previamente Stiles había regresado a la realidad también gracias a su mejor amigo), como el alfa que es, y como Simba, para guiar a la niña-coyote de vuelta a la forma humana (“No ha habido nadie como yo / Tan fuerte y tan veloz / Seré el lobo más voraz / Y así será mi VOZ!). Scott recupera el control sobre sí mismo, y Davis hace lo propio con su serie. Mientras, los apolíneos Derek y Peter Hale son rehenes de un ¿clan? hispano (Derek: “no hablo español”), y evidentemente, se pasan los dos capítulos semidesnudos, empapados de sudor y tensando músculos todo el rato. No cabe duda, esta es mi Teen Wolf. Bienvenida de nuevo.