Crítica: American Ultra

American Ultra

Texto escrito por David Lastra

Es 2015 y seguimos en plena edad de oro de la comedia… y a juzgar por los futuros proyectos de cara a 2016 (el hype de Cazafantasmas III tiene gran parte de la culpa), esta parece no tener fin. En estos últimos años, a los consagrados Judd ApatowPaul FeigRicky GervaisTina Fey, se les han unido nombres como Lena DunhamSimon PeggAmy SchumerDan HarmonEdgar Wright o la dupla Phil LordChristopher Miller. Gracias a los maestros y a las recientes incorporaciones, hemos disfrutado de momentos cinematográficos impagables (el duelo de discursos de damas de honor en La boda de mi mejor amiga, el personaje de McLovin en Supersalidos o cualquier escena en la que compartan plano Channing TatumJonah Hill en la saga de Infiltrados en…) y productos televisivos de alta escuela (30 RockGirlsThe Office), pero como toda nueva ola, también tiene su reverso oscuro. Es el caso de la infinidad de comedietas que intentan adherirse a la moda pero que no tienen ni puñetera gracia… ¡alguna hasta con Adam Sandler como protagonista! Con American UltraNima Nourizadeh (director del taquillero Project X) intenta apuntarse al grupo de cabeza, pero fracasa y además comete el mayor crimen posible a la hora de hacer una comedia: aburrir.

Aunque él no se acuerde, Mike ha sido entrenado bajo el programa Ultra para ser un arma infalible. Desde la cancelación del proyecto y gracias a un lavado de cerebro al más puro estilo Jason Bourne, su existencia se reduce a ver la televisión, colocarse con/sin su novia, esbozar un cómic que nunca hará y trabajar en un pequeño supermercado. Todo cambia el día en que uno de los jefecillos de la CIA organiza una operación secreta para terminar (a.k.a. exterminate) con Mike. Tan secreta no es porque, gracias a un chivatazo, la que fuera encargada del extinto programa Ultra, la agente Lasseter, se entera y decide actuar como una madre coraje y proteger a su pequeño, procediendo a la activación del protocolo de ataque del antiguo agente. La caza ha comenzado. Bonito punto de partida, no muy novedoso, pero sí apto para la consecución de una buena película de sábado por la noche o hasta de una cult movie en toda regla… pero no. Todo en American Ultra son medias tintas, no terminando de explotar en ningún momento, bueno, de manera literal sí, en varias ocasiones.

American Ultra

El gran error de American Ultra es el incluirse motu proprio dentro de la vertiente gamberra de la nueva comedia, cuando sus bazas cómicas no están a la altura. Naturalmente no está al nivel de la generacional Supersalidos, pero es que su pretendido despiporre argumental no se acerca en ningún momento a la muy reivindicable Juerga hasta el fin. El tándem formado por Nourizadeh y uno de los nuevos niños bonitos de Hollywood, Max Landis (guionista de Chronicle), fracasa a la hora de construir la incoherencia necesaria para el desarrollo argumental de una buddy movie de este tipo. Los dos personajes centrales no son nada más que meros esbozos del personaje tipo de adolescente perpetuo, sin llegar a ser los héroes que deberían ser. Aprovecho el momento para salvar de la quema a Kristen Stewart, que más que menos logra salvar su personaje y sigue con buen pie su rehabilitación cinematográfica tras la saga Crepúsculo. Al no hacernos reír, ni conmovernos, American Ultra termina funcionando mejor como película de acción. Resultando como una especie génesis de una saga de aventuras con Mike como agente secreto emporrado. Pero si entonces la incluimos en el nicho de las nuevas comedias de acción, sería devorada al instante por obras maestras como Infiltrados en clase.

Acompañando a Kristen Stewart, tenemos a otro de los actores jóvenes más odiados en internet y antigua pareja de Kristen en AdventurelandJesse Eisenberg. Jesse vuelve a demostrar las dotes miméticas que nos deslumbraron en La red social, convirtiéndose completamente en Michael Cera. Es imposible no pensar en Cera (el Michael Cera personaje) durante la película, especialmente al ver y escuchar al Mike pre-activación. Completan el reparto los televisivos Topher Grace, de buen chico en Aquellos maravillosos 70 a malo de la peli, Connie Britton (en un papel que iba a ser para Sharon Stone) repitiendo el rol de mujer luchadora que ya vimos en Friday Night LightsAmerican Horror Story, y Tony Hale, haciendo de un Buster Bluth con el trabajo de Gary Walsh (nota del autor: su papel de Arrested Development con el oficio de su personaje en Veep).

American Ultra es el segundo strike para Nima Nourizadeh en su intento por entrar en el gran club. En su defensa está que su videoclip para LDN de Lily Allen molaba bastante.

Valoración: ★★

Crítica: R3sacón (The Hangover Part III)

Corría el lejano año 2009 cuando Todd Phillips, conocido por obras imprescindibles como Road Trip: Viaje de pirados o Starsky y Hutch, arrasaba la taquilla mundial con su nueva comedia, Resacón en Las Vegas (The Hangover), llevándose incluso un Globo de Oro a Mejor Comedia e iniciando una corriente de comedias Rated R manufacturadas para competir con los blockbusters estivales. La película seguía las extrañas peripecias de un trío de hombres afectados de síndrome de “crecimiento detenido” -algo parecido al de Peter Pan, pero con muchas más dosis de desviación sexual y retraso mental- después de despertarse con la mayor resaca de sus vidas, y sin acordarse de nada de lo que había acontencido la noche anterior. A partir de ahí, los tres debían reconstruir los acontecimientos a base de encuentros, reencuentros y desencuentros en la ciudad del neón.

La fórmula tuvo tantísimo éxito que en lugar de entonar el prudente “es la última vez en mi vida que bebo”, tanto público como estudio se quedaron con ganas de más. Así se engendró Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia! (The Hangover Part II), que era exactamente la misma película– mismo guion, mismos conflictos, mismos chistes-, con la única variación del lugar donde transcurría la acción. Como bien explica el subtítulo español: Tailandia. Ver Resacón 2 era como cuando un niño pequeño hace una monería, los adultos le ríen la gracia y a continuación la repite exactamente igual. Por esto se hacía necesario dar un cierre algo más digno a una serie que había comenzado con tan buen pie.

R3sacón (The Hangover Part III), supuestamente la última parte de una trilogía cerrada, evita a toda costa reproducir paso a paso el esquema narrativo de las dos entregas anteriores. Tanto es así que no hay resacón propiamente dicho, sino que los personajes se enfrentan a las represalias de sus dos desventuras anteriores igual de imbéciles, pero completamente sobrios de principio a fin. La franquicia cómica da paso así a una cinta que se apoya mucho más en la acción desmadrada -tiroteos, persecuciones en coche, saltos al vacío-, perdiendo así el espíritu con el que se presentó.

La secuencia inicial, sin duda la más comentada y celebrada junto al epílogo -no os marchéis del cine en cuanto aparezcan los créditos- tira la casa por la ventana. O más bien la jirafa por la autopista. Como declaración de intenciones, esta escena que parece un fuck you a PETA funciona perfectamente, como gag no tanto. Y ese es el presagio de lo que va a ocurrir en las próximas dos horas. Como tantas y tantas secuelas nos han enseñado a lo largo de nuestra vida, más no es mejor. R3sacón es más políticamente incorrecta, más cerda, más explícita, más loca. Y paradójicamente, es la más emotiva y humana. Algo que a estas alturas ya no encaja. Hasta ahora habíamos detectado pocos atributos redentores en este grupo de personajes, sin embargo, en esta entrega se estrechan los lazos, la manada refuerza sus vínculos y el trío de amigotes se transforma en hermandad.

R3sacón busca marcharse con el beneplácito de un público que ya está hastiado después de tan solo dos entregas, y lo hace elevando el protagonismo de los dos personajes revelación de Resacón en Las Vegas, los de Zach Galifianakis y Ken Jeong. Estos robaescenas llevan todo el peso cómico de la cinta, reduciendo a Bradley Cooper y Ed Helms a meras presencias de figuración -y mejor así porque el primero es el personaje más antipático de la saga y el segundo no consigue deshacerse de sus irritantes mohínes. Sin embargo, ni ellos, ni el aburrido villano de turno (John Goodman), ni siquiera la participación de una omnipresente Melissa McCarthy salvan a la película de hundirse en la indiferencia.