Dumbo: Cuando veas a un elefante volar

A la hora de acometer sus remakes en acción real, Disney está optando por dos caminos alternos: la adaptación libre o la recreación literal. Sus clásicos de la era moderna, como La Bella y la Bestia o El Rey León, se prestan a la segunda, mientras que los más antiguos (El Libro de la Selva, Pedro y el dragón Eliott, Cenicienta) requieren un proceso de adaptación al ritmo, la estructura narrativa y la sensibilidad del espectador actual, ya que si se adaptaran de forma fiel, no funcionarían como obras contemporáneas.

Este sería el caso de Dumbo, el nuevo remake live-action de la Casa del Ratón, trabajo dirigido por un viejo conocido del estudio, Tim Burton (este dio sus primeros pasos en Disney en los 80 y dirigió el exitoso remake de Alicia en el País de las Maravillas en 2010). Aunque la película comienza siendo fiel al clásico de 1941 (arranca con el tren circense recorriendo Estados Unidos y las conocidas notas compuestas por Frank Churchill y Oliver Wallace), acaba tomando su propio camino para reescribir la historia del elefante volador, por lo que más que un remake, se podría decir que estamos ante una reinterpretación.

En la nueva versión, los personajes de carne y hueso cobran mayor importancia y sirven como hilo conductor. La historia se construye como un cuento clásico sobre freaks (muy afín a la visión autoral de Burton, que ya hizo algo similar recientemente con El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares) que tratan de sacar a flote un espectáculo en horas bajas. La llegada de Holt (Colin Farrell), antigua estrella del circo que regresa de la guerra cambiado física y psicológicamente, coincide con el nacimiento de Dumbo. Cuando los hijos de Holt descubren que el pequeño elefante puede volar, el dueño del circo, Max Medici (Danny DeVito), lo convierte en el número estrella de su show. Esto atrae la atención del empresario V.A. Vandevere (un exagerado Michael Keaton) y la acróbata francesa Colette (Eva Green), quienes se ofrecen a convertir a Dumbo en una gran estrella en su enorme parque temático, Dreamland.

Con guion de Ehren KrugerDumbo recupera los elementos más icónicos de la película original y los diluye en una historia nueva que toma el clásico como punto de partida para a continuación ir más allá de lo que este nos contaba. En su primera mitad, la película se mantiene fiel a su referente (el nacimiento de Dumbo, el espectáculo con el elefante como bombero apagando un edificio en llamas), pero con la llegada de los personajes de Keaton y Green, la trama gira hacia una aventura de acción con el objetivo de salvar a la madre de Dumbo de las garras del villano. A lo largo de todo el metraje no faltan los guiños directos al clásico animado -diálogos, motivos visuales, reconocibles temas musicales que recorren todo el metraje-, pero estos sirven a Burton sobre todo como herramientas para homenajear o evocar nostalgia.

Más allá de que los animales no hablan en esta versión y la ausencia del ratón Timoteo (en esta son los niños los que descubren a Dumbo que la pluma le da el “poder” de volar), la mayor novedad con respecto a la película de 1941 es la introducción de una trama familiar en el centro de la historia. El regreso de Holt de la guerra da pie a un relato de reconexión paternofilial que resulta convencional (tampoco ayuda que la niña, Nico Parker, sea bastante inexpresiva). Es ahí donde se puede detectar más claramente el sello Disney: el efecto en los niños de la ausencia de una figura paterna y las clásicas lecciones del estudio: “No dejes que nadie te diga lo que no puedes ser” o “Lo imposible puede ser posible” (literalmente calcado de la reciente El regreso de Mary Poppins). Todo esto sirve para modernizar (y estirar) un cuento que tiene más de 70 años, pero se queda en la superficie, limitándose a repetir el esquema que hemos visto en tantas películas de la compañía.

Aun así, Dumbo sale mucho mejor parada que otras relecturas de Disney, como Maléfica o sin ir más lejos, Alicia, del propio Burton. Eso sí, aquí nos encontramos al director de Eduardo ManostijerasEd Wood en su versión más domesticada, más disneyficada. Sus señas de identidad están ahí, su toque oscuro también y la presencia de sus actores fetiche (Keaton, Green, DeVito) nos recuerdan quién está tras las cámaras. Pero de alguna manera, Burton se olvida de ser Burton, y no lleva la historia totalmente a su terreno, suavizando los pasajes más siniestros de la original (como la borrachera de Dumbo, que aquí simplemente es un número de burbujas en el circo) y decantándose por lo cómodo y seguro, como en la mayoría de sus trabajos modernos.

A pesar de esto, Dumbo alza el vuelo. Es una película entrañable, hecha con cariño (excepto algún que otro croma) y sin cinismo, que nos ofrece un valioso mensaje de aceptación y celebración de la diferencia, aderezado con un toque de reivindicación animalista. Aunque no consigue conmover como la original, Burton capta con éxito el asombro de ver a Dumbo volar después de tantas décadas y el brillo en los ojos del pequeño paquidermo aporta la emoción que falta en otros aspectos del film. Y si el reparto hace un buen trabajo (DeVito está perfecto en su papel de maestro de ceremonias y Green consigue brillar a pesar de dar vida a un personaje escrito de forma plana), lo mejor de la película es el propio Dumbo, una criatura adorable que hace que nos olvidemos por completo de que estamos ante una creación digital y creamos en pleno siglo XXI que un elefante puede volar.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Reseña: La seducción, de Sofia Coppola

la-seducion-1

Después de la incomprendida The Bling Ring (2013), Sofia Coppola se apartó temporalmente del cine para continuar su fructífera relación con el mundo de la música dirigiendo videoclips para la banda de su marido, Phoenix, se hizo cargo del vapuleado especial de Navidad para Netflix de Bill Murray, continuó diseñando y protagonizando campañas de moda y dirigió su versión de La Traviata de Valentino. Su regreso al cine tras este breve pero productivo paréntesis creativo la lleva a reencontrarse con Kirsten Dunst, quien protagonizaría su primer largometraje como directora, Las vírgenes suicidas, y más adelante, la magnífica (y también infravalorada) María Antonieta.

Con La seducción (The Beguiled), Coppola vuelve al cine de época para realizar una nueva adaptación de la novela homónima de Thomas Cullinan, llevada al cine en 1971 por Don Siegel en El seductor. Con su versión, Coppola conduce la historia hacia su terreno al poner casi todo el énfasis en los personajes femeninos, en lugar del protagonista masculino, en el caso de la cinta clásica, Clint Eastwood, en el remake, Colin FarrellLa seducción es un hipnótico drama psicológico con sutiles toques de thriller y comedia negra que nos transporta hasta la Guerra de Secesión estadounidense para adentrarnos en un internado de señoritas que recibe la visita inesperada de un soldado. Una premisa metafórica que se ajusta como anillo al dedo al estilo y la particular visión de la realizadora.

La llegada del cabo McBurney (Farrell) al caserón regentado por la estricta señorita Martha (Nicole Kidman de nuevo en la cima de su carrera) trastorna la armonía que reinaba allí hasta entonces, sumergiendo a la directora, su ayudante (Dunst) y sus jóvenes inquilinas en un juego de seducción que acabará desatando fuertes tensiones entre ellas, celos y traiciones que traerán consecuencias inesperadas. El elenco femenino, encabezado por unas soberbias Kidman y Dunst (esta última sobresale especialmente y merece mucho más reconocimiento del que tiene) y secundado por un reparto infantil y adolescente del que destacan Elle Fanning y Oona Laurence, realiza un excelente trabajo construyendo el microcosmos de la película, mientras un irresistible Colin Farrell se encarga de ponerlo patas arriba. La influencia manipuladora que ejerce el soldado sobre estas mujeres desgarra el velo de un universo etéreo y aparentemente sosegado, pero en realidad opresivo y marcado por el aislamiento, bajo cuya superficie bulle el anhelo de romper las cadenas y los corsés que las asfixian.

la-seduccion-2

Esa es la mayor virtud del film, contar mucho con poco. Coppola lleva a cabo un trabajo (a ratos excesivamente) minimalista en cuanto a trama y diálogos del que, sin embargo, se pueden extraer muchas capas si se presta la debida atención. Más allá de su exquisito y envolvente acabado visual (todo un placer para los sentidos), que no sorprenderá a cualquiera que esté familiarizado con la preciosista obra de Coppola y su maestría y minuciosidad para crear atmósferas, La seducción es un cuento gótico que encierra entre paredes la incertidumbre y la violencia de un conflicto histórico transformador, una elegante sátira costumbrista, y por encima de todo, una intensa fábula erótica sobre la pasión y el poder del deseo.

La seducción ya está a la venta en Blu-ray y DVD. En ambas ediciones podemos encontrar los siguientes contenidos adicionales:

Cambio de perspectiva: Directora y elenco explican cómo La seducción difiere tanto de la novela homónima como de la primera versión cinematográfica, además de incidir en el brillante papel de los actores que ayudaron a Sofia Coppola a llevar a la gran pantalla esta adaptación.

Estilo del sur: Descubre cómo vestuario, peluquería, maquillaje y otros elementos se unen para crear una experiencia íntegra no sólo para el espectador, sino también para los actores.

Crítica: El sacrificio de un ciervo sagrado

Pongámonos serios, ¿a quién quieres más, a mamá o a papá? O puede que a la otra mamá o al otro papá. Puede que incluso la respuesta que decidas elegir no sea otra que la arrolladora ‘ninguna de las anteriores’. La cuestión se las trae, ya que cualquiera de las opciones posibles conlleva cierta carga de culpabilidad, ya sea de origen cristiano, occidental o cualquier otro. Pero la cosa se puede poner aún más peliaguda cuando hacemos una pregunta un pelín más oscura: ¿a quién matarías, a mamá o a papá? Ahora no se escucha ninguna voz disonante, si acaso alguna pedorreta de incredulidad. Y si te digo que la supervivencia del otro depende directamente de asesinato del otro. Venga, valiente, contesta. Es la hora de la verdad, llega El sacrificio de un ciervo sagrado.

Yorgos Lanthimos es un perfecto jodecabezas. El realizador griego ya nos las hizo pasar canutas en esa marcianada idiomática y altamente violenta llamada Canino. Puede que las costuras estuviesen demasiado a la vista y que alguna que otra resolución cayese en lo burdo, pero lo que es innegable es su capacidad inventiva y su maestría a la hora de crear mindfucks. A pesar de ese tropezón insulso llamado Alps, volvimos a confiar en él gracias a esa fábula de terror llamada Langosta, donde nos mostraba el drama de ser soltero en nuestros días. En esta El sacrificio de un ciervo sagrado vuelve a hacer gala de ese sentido directo y real que le caracteriza. En el universo Lanthimos las metáforas no tienen cabida y si en el título ya nos ofrece un sacrificio, eso es que va a correr sangre.

Una vez más, Colin Farrell (Minority Report) vuelve a convertirse en la insospechada musa de Lanthimos tras su primer encuentro en Langosta. Si acaso un poco más plano que en aquella, la interpretación de Farrell como el Doctor Steven Murphy supone un paso más por el buen camino en su renacer artístico (La seducción, Animales fantásticos y dónde encontrarlos…). Su crimen en esta ocasión es que comparte escenas con dos animales escénicos que le eclipsan casi en su totalidad: Nicole Kidman y Barry Keoghan.

2017 es el año Kidman, ya se festejó en Cannes y cada uno de sus trabajos que hemos visto estos meses no hacen sino confirmarlo: Big Little Lies, La seducción, Top of the Lake: China Girl y ahora esta El sacrificio de un ciervo sagrado. Para su Anna Murphy, Kidman canaliza a la Alice de Eyes Wide Shut, usando su desdén y erotismo, pero sin ni un solo ápice de jovialidad. Pero el verdadero triunfador de este sacrificio es Barry Keoghan. Si su papel en Dunkerque le colocó en el mapa, su Martin en El sacrificio de un ciervo sagrado le podría valer su primera candidatura a los Oscar (por el momento ya se ha ganado una mención en los Indie Spirit). Keoghan es el ente perturbador casi sobrehumano que lo destroza todo. Él no es un ser humano al uso, ni siquiera es un veinteañero. Más bien es una presencia, similar a la del visitante que encarnaba Terence Stamp en Teorema. Pero allá donde el personaje de Pasolini exploraba los placeres de la carne, el de Lanthimos tiende a la destrucción completa y total de todo aquel que no se atenga a sus normas. Una actitud que le acerca muchísimo a los dos pipiolos de Funny Games de Michael Haneke. Puede que incluso tengan su propio grupo de WhatsApp.

Con El sacrificio de un ciervo sagrado, Lanthimos logra que volvamos a aceptar incondicionalmente sus normas, aunque sea para introducirnos en una pesadilla, contraria a toda la lógica de nuestro mundo moderno. Un absurdo que no nos podría ocurrir nunca, aunque seguro que el matrimonio Smith de la película hubiese pensado lo mismo si hubiese visto la película antes de la visita de Martin.

David Lastra

Nota: ★★★½

Crítica: Animales fantásticos y cómo encontrarlos

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Ocho largometrajes, una secuela en forma de obra de teatro, parques temáticos, una web que mantiene al día sobre los asuntos de Hogwarts… El universo de Harry Potter más allá de los libros sigue tan vivo como nunca, incluso más. Sin embargo, desde el final en 2011 de la saga protagonizada por Daniel Radcliffe, nos ha faltado algo, concretamente esa emoción de esperar una nueva película perteneciente a este universo. J.K. Rowling ha decidido devolver la magia a los cines con Animales fantásticos y cómo encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them), nueva saga nacida a partir del manual homónimo publicado en 2001, un breve libro no narrativo que cataloga las diferentes especies de criaturas del mundo mágico. Pero no temáis, esto no es El hobbitEsto es algo infinitamente mejor.

Con guion escrito por la propia Rowling en solitario, Animales fantásticos nos lleva de Inglaterra a Nueva York para expandir el Potterverso presentándonos los entresijos del mundo mágico en Estados Unidos durante los años 20 del siglo pasado. Allí conocemos a Newt Scamander (Eddie Redmayne), mago británico y empleado del Ministerio de Magia que viaja a la Gran Manzana por un motivo desconocido, junto a su “inseparable” maletín mágico, una suerte de bolso de Mary Poppins llevado hasta sus últimas consecuencias, donde oculta y protege a diferentes especies de “bestias” fantásticas. En Nueva York, Newt se topa con un muggle (allí conocidos como “nomaj“), Jacob (Dan Fogler), una trabajadora del MACUSA (Mágico Congreso de USA), Tina Goldstein (Katherine Waterson), y su seductora hermana, Queenie (Alison Sudol), que tiene el poder de leer la mente. Mientras Newt trata de recuperar con la ayuda de sus nuevos amigos a los animales que ha perdido en la ciudad, este se meterá en problemas con la ley, ya que las reglas de la comunidad mágica en Nueva York son distintas a las del Reino Unido. En última instancia, sus encontronazos con el MACUSA y uno de sus mandamases, Percival Graves (Colin Farrell), le llevarán a destapar un misterio mayor que pondrá en peligro a la ciudad y el secreto de la comunidad mágica.

animales-fantasticos-2

Con Animales fantásticos y cómo encontrarnos, Rowling da una lección sobre cómo hacer una precuela, una primera entrega de una saga (en este caso de cinco partes) y una buena película de aventuras. Poniendo los cimientos de una nueva parcela del Potterverso y estableciendo férreamente su mitología -relacionada directamente con Harry Potter, pero con sus propias reglas y fundamentos-, Animales fantásticos desvela una razón de ser más allá del interés lucrativo. Claramente, Rowling ama su creación y se ha encargado de hacerle justicia con una historia completamente nueva en la que evita moverse por inercia. La película está dirigida por David Yates, lo que aporta consistencia tonal y estética con respecto a la saga Harry Potter, cuyas cuatro últimas partes fueron realizadas por él. Y es que desde que aparece el logo de Warner Bros., con una sintonía muy conocida de fondo, nos sentimos de nuevo en casa. Pero como decía, Animales fantásticos no opta por repetir la jugada, sino que se preocupa por construir algo nuevo, algo distinto, algo verdaderamente emocionante.

Animales fantásticos continúa el espíritu de Harry Potter, pero a la vez halla el suyo propio. El pequeño detalle de las edades de los personajes es en realidad enorme. Newt, Tina, Queenie y Jacob son adultos, lo que en esencia presenta una perspectiva completamente nueva en oposición al entorno infantil y posteriormente adolescente de Harry Potter. Pero no solo eso, el nuevo emplazamiento (una Nueva York de los años 20 recreada con suma belleza y elegancia) proporciona un escenario lleno de posibilidades que Rowling aprovecha para empezar a contar una historia diferente. Animales fantásticos tiene su corazón propio, lo que hace que pueda ser disfrutada por cualquiera, sea Potterhead o no, pero los fans de Harry Potter se sentirán especialmente arropados gracias a sus conexiones con el mundo mágico de Hogwarts (hechizos conocidos, referencias), detalles bien dosificados y guiños que emocionan sin distraer del propósito actual, y que apuntan a una mayor conexión en el futuro con la saga anterior.

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Como decía al principio, Animales fantásticos no es El hobbit. Estamos ante una película que funciona perfectamente como pieza individual y a la vez como primer capítulo de una historia mayor. Rowling se estrena como guionista cinematográfica con un libreto consistente y equilibrado, lo que da como resultado una película de aventuras ejemplar, un blockbuster eficaz y con almaAnimales fantásticos conserva todas las características de la escritura de Rowling, su ingenio y sentido del humor, el cariño en el tratamiento de los personajes, la creatividad e imaginación desbordante a la hora de inventar criaturas y diseñar una mitología extensísima, ese gusto por el misterio, los secretos que impulsan la historia y los giros sorpresa y revelaciones que la ponen patas arriba. Después de Animales fantásticos nos quedamos con ganas de más, pero no porque sintamos que la película se haya quedado incompleta o la percibamos negativamente como el fragmento de un todo (hay final, y además es precioso), sino porque nos ha dado suficientes alicientes para que queramos seguir explorando su universo más allá de este primer episodio. Asuntos pendientes que en ningún momento lastran la historia, sino que la enriquecen y nos dejan ver el enorme potencial de esta nueva franquicia.

Pero no todo va a ser positivo. El eslabón más débil de Animales fantásticos, y no es uno pequeño, es su protagonista, Eddie Redmayne. El oscarizado actor británico ha demostrado con creces su talento, pero también que es propenso a que sus personajes se le vayan de las manos. En este caso, su Newt Scamander puede llegar a resultar bastante irritante por culpa de los mohínes de Redmayne, su pose constantemente encorvada, su voz exageradamente temblorosa… Su interpretación se corresponde con el carácter del personaje, dañado, frágil y retraído, pero Redmayne sobreactúa esa timidez e introspección hasta el punto de distraer demasiado. Con suerte, el actor se hará con el personaje a medida que este evolucione y salga de su cascarón en las siguientes cuatro películas. Le daremos por tanto el beneficio de la duda.

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Por lo demás, Animales fantásticos es un espectáculo cinematográfico de primera, una película que, lejos de seguir el camino de la sobre-explotación fácil de algo que se vende solo, se esfuerza por crear algo con sustancia y estilo propio. Los nuevos personajes son una delicia (qué detalle que el muggle más destacado del film y claro representante del fandom de Harry Potter, el entrañable Jacob, tenga tanto protagonismo y cumpla nuestro sueño de vivir una aventura en el mundo mágico), las criaturas son muy ocurrentes y adorables, los efectos digitales hacen que las imágenes salten de la pantalla aunque no estemos viendo la película en 3D, el ritmo no decae y hay un equilibrio perfecto entre acción y desarrollo narrativo, la música de James Newton Howard es simplemente grandiosa… En definitiva, Animales fantásticos es una auténtica gozada, divertida, ingeniosa, con encanto a raudales y el asombro propio del mejor cine de fantasía. Gracias, J.K., por renovar nuestro sueño de ser magos en este mundo gris.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Langosta

Lobster

Langosta es la primera película en inglés del griego Yorgos Lanthimos, que saltó a la primera plana del cine europeo en 2009 con una de las mayores excentricidades fílmicas que se recuerdan en muchos años, Canino (Kynodontas), su segundo largometraje. Canino es una experiencia difícilmente olvidable, una marcianada que puede convencer más o menos, pero que nunca dejará indiferente, provocando siempre una opinión al respecto. Tres años después, Lanthimos quiso repetir la jugada con Alps, y aunque seguía conservando la capacidad para desconcertar y provocar, la película no era más que un refrito de Canino. Algunos temimos entonces que el realizador no tuviera más trucos debajo de la manga (lo que le pasó, en un ámbito distinto, a Richard Kelly tras Donnie Darko), pero Langosta nos devuelve la esperanza en él.

A primera vista, la película puede parecer el mismo perro con distinto collar, pero en ella nos reecontramos con un Lanthimos que, sin dejar de hacer hincapié en su idiosincrásico estilo y volviendo a emplear las mismas herramientas narrativas, se ha empleado en hacer su cine relativamente más accesible. En Langosta, Lanthimos ha encontrado la manera de contar una historia en la que sabemos mejor lo que está ocurriendo que en sus anteriores películas, donde el mensaje está claro desde el principio y no se nos oculta información (todo lo contrario, se nos explica con todo lujo de detalle). Langosta no es un puzle en blanco cuyas piezas hemos de juntar para ordenar el relato en nuestra cabeza y hacer conjeturas, como ocurría en Canino Alps, sino una fábula futurista en la que ya no es tanto qué está pasando sino qué significa lo que está pasando.

Estamos ante una historia de amor y ciencia ficción conceptual dividida en dos actos (el primero mejor que el segundo) y ambientada en un futuro distópico cercano. En él, los solteros son detenidos y trasladados a El Hotel, donde, según el reglamento oficial de La Ciudad, deberán encontrar pareja en un plazo máximo de cuarenta y cinco días, tras los cuales, si no han tenido suerte, son transformados en un animal de su elección y soltados en El Bosque. Uno de esos solteros, David (Colin Farrell), sigue las normas de El Hotel e intenta por todos los medios encontrar una pareja, pero acaba escapando de allí para adentrarse en El Bosque, donde habitan Los Solitarios, un grupo de solteros “salvajes” que viven bajo sus propias leyes y tienen terminantemente prohibido emparejarse. Allí, David desafía las reglas y pone en peligro su vida al enamorarse de una mujer (Rachel Weisz).

IMG_2135.CR2

Como veis, Lanthimos no ha querido que la idea se le escape a nadie. Langosta es una punzante sátira sobre las relaciones, la presión que la sociedad (y en consecuencia uno mismo) ejerce sobre el individuo para que encuentre pareja y lo que este está dispuesto a hacer para conseguir y conservar a alguien con quien compartir la vida (el mayor miedo del ser humano después de la muerte es la soledad). El guion, escrito por Lanthimos junto a su colaborador habitual Efthymis Filippou, disecciona con ojo clínico la vida en pareja y la soltería, dejándonos brillantes observaciones sobre el comportamiento humano cargadas de humor cínico y absurdo, a ratos incluso despiadado, escenas en las que el autor vuelve a jugar con las expectativas y nos golpea con exquisitos momentos de comedia perversa y violencia que utiliza para hacer reír a la vez que refuerza su discurso.

El efecto es aun más chocante debido a que esta vez Lanthimos se ha rodeado de un elenco de estrellas internacionales en el que destacan rostros tan conocidos como los de Colin Farrell, Rachel Weisz, Olivia Colman, Léa Seydoux, John C. Reilly o Ben Whishaw. Y aunque su mera presencia dote al cine de Lanthimos de una mayor universalidad, estos actores están al servicio de una visión muy particular y se prestan solícitamente a convertirse en marionetas del autor. Lanthimos construye a sus personajes de forma esquemática (una característica definitoria o un hobby para emparejarlos a todos), hace que se comporten fríamente, que hablen de forma desapasionada y robótica, todo con la intención de desnudar de dramatismo a la historia y poder acceder a los conceptos que explora sin interferencias, para exponerlos con claridad al espectador. En este sentido, el reparto al completo hace un trabajo magnífico adaptándose a la visión de Lanthimos, pero es Farrell quien se merece los mayores elogios por dar forma a un personaje con herramientas expresivas tan restringidas y lograr dotarlo de tanta vida, compasión y emotividad.

Eso es quizá lo que distancia Langosta de las anteriores películas de su director, que reduce levemente el efectismo y de alguna manera permite que las emociones se acaben colando en la historia, lo que curiosamente da lugar a una obra más madura. Sin sacrificar el desafecto y el humor aséptico que le caracteriza, Lanthimos ha llevado a cabo una película no solo divertida y provocadora, sino también profundamente romántica y, a su manera, conmovedora.

Valoración: ★★★★

Crítica: La señorita Julia

 la_ca_1202_miss_julie

Catorce años han pasado desde la última vez que la musa de Ingmar Bergman, Liv Ullmann, se puso tras las cámaras para dirigir una película. Para Infiel (2000) escogió un texto escrito por su maestro y ex marido, y en su nueva película, La señorita Julia (Miss Julie), Ullmann adapta la célebre obra de teatro del dramaturgo sueco August Strindberg titulada originalmente Fröken Julie. Escrita en 1888, La señorita Julia se consideró una obra demasiado osada para la Suecia de finales de siglo, y no fue hasta una década después cuando se estrenó por fin ese país. Los temas en los que ahonda Strindberg resuenan con fuerza en la filmografía de Bergman, y no es de extrañar por esta razón que Ullmann la haya considerado afín a sus sensibilidades como cineasta.

La señorita Julia transcurre durante el solsticio de verano en una mansión del campo irlandés en 1880 y se extiende hasta el amanecer del día después, tras el cual el mundo ha cambiado por completo. En lo que acaba siendo el febril sueño de una noche de verano, la señorita Julia (Jessica Chastain), una joven aristócrata que vive confinada en su mansión, y el criado de su padre, John MISSJULIE_HELENSLOAN_DSC8050.nef(Colin Farrell), mantienen una violenta y retorcida dialéctica basada en la diferencia de clases y sexos, avivada por el irrefrenable y contradictorio deseo erótico que sienten el uno por el otro. Julia es quien da comienzo a los juegos, irrumpiendo en escena como una dominatriz altiva dispuesta a humillar a John, quien se somete diligente a sus afanes fetichistas y manipuladores a pesar de estar prometido con la cocinera de la mansión, Kathleen (Samantha Morton). Pero pronto ella se rebajará, él se erguirá y ambos se situarán a la misma altura, envueltos en un falso ambiente de celebración que les conduce a beber, festejar, devorarse, desangrarse, y en última instancia hacer planes de futuro sin tener en cuenta que ambos pertenecerán siempre a mundos distintos.

Ullmann opta por mantenerse fiel al texto de Strindberg y lo lleva al cine de la única manera posible: como si fuera una obra de teatro filmada. Con tan solo tres actores en escena, la directora utiliza el fuera de campo (el sonido de la muchedumbre en off, el omnipresente padre de ella, al que sin embargo nunca llegamos a ver) y otros recursos tradicionalmente teatrales para construir el mundo victoriano que enmarca a Julia y John, y mostrarnos a estos dos personajes como el único hombre y la única mujer (Kathleen cesa de existir durante la mitad del film). El núcleo de la película es pues la lucha en la que los dos se enzarzan, un angustioso duelo en el que ambos fluctúan constantemente entre la repulsión y el amor enfermo, la esperanza y el autoengaño, cambiando de parecer a cada vuelta de página, dejando el escenario de una manera y regresando a él de otra. Se trata de un caprichoso enfrentamiento que resulta agotador tanto para los personajes como para el espectador, al que Ullman no es capaz de involucrar en la historia a pesar de la excelente puesta en escena y los increíbles actores dramáticos que maneja.

La señorita Julia es un film denso, frío y hermoso, un sofisticado e intelectual ejercicio de estilo que nos regala escenas de auténtica belleza pictórica, pero en el que no obstante falla algo muy importante, la dirección de actores. Tanto la imparable Chastain, todo desmesura y desgarro, como Farrell, un gran actor cuando se lo propone, se consagran como thespians dejándonos escenas de una fuerza trágica arrebatadora. Pero da la sensación de que el sufrimiento y la desesperación no provienen de los personajes, sino de la implacable insistencia de una directora un tanto despiadada que quizás esté demasiado familiarizada con el lado más cruel del ser humano.

Valoración: ★★★

Crítica: Cuento de invierno

DSC_8310.dng

Akiva Goldsman es uno de los guionistas más poderosos de Hollywood. A lo largo de dos décadas ha acumulado libretos para sonados fracasos artísticos como las entregas de Batman dirigidas por Joel Schumacher, Perdidos en el espacio o Prácticamente magia, pero ninguno de sus tropiezos le ha parado los pies. Incomprensiblemente llegó a ganar un Oscar por el guión de Una mente maravillosa, ese clásico intemporal que a día de hoy recordamos como una de las obras maestras de comienzos de siglo (NO). Más recientemente se ha encargado de las adaptaciones cinematográficas del fenómeno literario de Dan Brown El código Da Vinci, haciendo que muchos nos cuestionemos por qué Hollywood sigue amparando a este señor (¿un milagro, quizás?). Por si su gran incompetencia escribiendo no fuera suficiente tortura, ahora Goldsman da el salto a la dirección con otra adaptación literaria, Cuento de invierno (Winter’s Tale), basada en la novela de 1983 escrita por Mark Helprin.

Cuento de invierno es una historia de amor bigger-than-life, de destinos cruzados y milagros, uno de esos romances hiperbólicos e hiperalmibarados que desafían el tiempo y el espacio, narrado abarcando más de un siglo y ambientado en Nueva York, como no podía ser de otra manera. Durante un allanamiento de mansión, Peter Lake, ladrón de 21 años interpretado por Colin Farrell (y con eso ya no hace falta decir más, pero aún así seguiré) se prenda de Beverly Penn (Jessica Brown Findlay, quizás el único acierto de la película), la hija mayor de Isaac Penn (William Hurt), millonario editor del periódico The Sun. Como mandan los cánones de los cuentos de hadas, Peter y Beverly se enamoran perdidamente en cuestión de minutos y comienzan una apasionada historia de amor que desafiará mil y un obstáculos, principalmente la enfermedad de ella (se está muriendo de tisis) y la amenaza del mafioso demoníaco Pearly Soames -un bochornoso Russell Crowe pidiendo el Razzie a gritos-, que quiere matar a Peter por traicionarle años atrás. Todo envuelto en un manto de realismo mágico que el realizador claramente no tiene ni idea de cómo utilizar, haciendo que la película caiga inevitablemente en el camp más vergonzoso -acentuado por la penosa partitura de Hans Zimmer.

DSC_2750.dng

Goldsman, a medio caballo entre Frank Capra y Nora Ephron (que me perdonen ambos), se asfixia tratando de condensar la novela en 120 interminables minutos, conectando pasado y presente, e intentando casar los aspectos fantásticos y románticos de la historia. Cuento de invierno es un absoluto berenjenal narrativo, una película atropellada, pesada y confusa que demuestra una vez más que el guionista es incapaz de contar una historia, da igual lo simple que sea (y Cuento de invierno no es que sea Juego de Tronos precisamente). Algo con lo que no está de acuerdo Neil Gaiman, por cierto, que elogia a Goldsman por su trabajo y anima a todo el mundo a ver la película, a pesar de que caiga en el defecto de la mayoría de producciones fantásticas en Hollywood: la sobre-explicación. Esté o no de acuerdo yo con Gaiman (tampoco es que él sea el mejor estructurando historias), hay algo en lo que indudablemente tiene razón. Aquellos que se animen a ver Cuento de invierno probablemente sabrán exactamente lo que van a ver, porque esta no oculta lo que es: Una cinta de fantasía con ángeles, demonios y caballos voladores, cargada de diálogos tan cursis que parecerá que los de Crepúsculo están escritos por David Mamet y bochornosos sinsentidos que la convierten en toda una comedia involuntaria. Ya lo dice el peor eslogan de lo que llevamos de año: “Esto no es una historia verdadera. Es una historia de amor”.

Después de todo, estrenar este desastre épico el día de San Valentín ha sido lo más inteligente que podía haber hecho el estudio: Cuento de invierno está hecha para que no importe lo más mínimo si os perdéis la mitad de la película achuchándoos. Es más, quizás eso sea justamente lo que quieren, que prestéis más atención a vuestra pareja, y que con suerte así no os deis cuenta de lo mala que es la película. Así que si vais a ver Cuento de invierno, adelante, achuchaos, es lo mejor que podéis hacer.

PD: Si al salir del cine sentís un imperioso deseo de acudir a un Dunkin’ Donuts, no os extrañéis. En su tramo final, Cuento de invierno se transforma en un spot publicitario de esta franquicia. Atención a todos los planos en los que la fachada de un Dunkin’ aparece al fondo, convenientemente encuadrada entre Colin Farrell y Jennifer Connelly.

Valoración: ★½

Crítica: Al encuentro de Mr. Banks (Saving Mr. Banks)

SAVING MR. BANKS

Mary Poppins es “prácticamente perfecta en todo”. Esto es sin duda lo que pensaba la creadora de este personaje literario infantil convertido en icono cinematográfico, Pamela Lyndon Travers (Emma Thompson). Durante dos décadas, Travers se negó a dejarla en manos de Walt Disney para que alterase esa perfección y la convirtiese en otra de sus atracciones de parque temático, o peor aún, ¡en un dibujo animado! Al encuentro de Mr. Banks (Saving Mr. Banks) es la crónica del arduo proceso de preproducción del Clásico Honorífico Mary Poppins; una reconstrucción (muy descafeinada y edulcorada) de la tormentosa relación que se entabló entre Disney (Tom Hanks) y la escritora británica de origen australiano después de que este le pidiese prestada a su niñera voladora para cumplir una promesa que le había hecho a sus hijos cuando eran niños. Dirigida por John Lee Hancock (El Álamo), Al encuentro de Mr. Banks insiste en la tendencia autorreferencial del Disney de estos últimos años con otro ejercicio de balance y reafirmación en el que el estudio vuelve a dominar el arte de la nostalgia para conectar emocionalmente con un público ávido de “tiempos mejores”.

Comedia y melodrama a partes iguales, Al encuentro de Mr. Banks discurre saltando entre dos tiempos, la primera visita de Travers a Los Ángeles para reunirse con Disney en persona y su infancia en Australia, donde somos testigos de la devoción que sentía hacia su padre, un banquero alcohólico interpretado por Colin Farrell, es decir, el Sr. Banks original. La fragmentación del relato afecta gravemente al ritmo de la película, y los constantes saltos hacia el pasado constituyen a menudo molestas interrupciones de lo que de verdad queremos ver: el making of de Mary Poppins, y a Emma Thompson y Tom Hanks en pie de guerra. Los continuos flashbacks para contarnos el origen de Mary en los traumas infantiles de Travers (daddy issues!), por muy necesarios que sean para la (excelente) caracterización del personaje, podrían -y deberían- haber sido condensados en menos secuencias para evitar el tedio de algunos pasajes y la confusión tonal. De esta manera podríamos haber disfrutado aún más de la fascinante interacción de la cascarrabias autora con su detestado Disney, con los hermanos Robert y Richard Sherman (B.J. Novak y Jason Schwartzman), autores de las canciones de la película, o con su chófer Ralph (¡Paul Giamatti haciendo de sidekick Disney!). No hay nada como la historia de un corazón de hielo derretido a base de humor, buenas intenciones y canciones maravillosas. Y eso es exactamente lo que nos da Al encuentro de Mr. Banks, evitando en todo momento las sombras de la biografía de Disney (no es que esperásemos otra cosa), para proporcionarnos una cinta tan disneyana en su moraleja como cualquiera de sus clásicos animados.

SAVING MR. BANKS

Claro que no podemos reprochar demasiado que no haya interés en mostrar un lado más turbio del tito Walt, más allá de su terquedad patológica, puesto que Al encuentro de Mr. Banks no es la historia de Walt Disney, es la de P.L. Travers, y la del origen de esa extraña y feminista película que es Mary Poppins. En este sentido, Tom Hanks realiza un gran trabajo interpretando simplemente al padre de Mickey Mouse, es decir, a la figura pública que todos conocemos a través de sus vídeos. Nada más. El peso del relato recae sobre una espléndida, monumental e inconmensurable Emma Thompson, que nos regala una de las mejores interpretaciones de su carrera. Inspirada, divertida, efervescente, Thompson se funde con el personaje, dominando en todo momento el rango de emociones que lo definen, del remilgo British a la mirada puramente infantil, culminando en una sublime escena final en la premiere de Mary Poppins que conmoverá al más duro. A pesar de la testarudez y rechazo de Travers a todo lo que Disney simbolizaba (y simboliza aún para muchos), Al encuentro de Mr. Banks nos convence, a base no de “un poco de azúcar” sino de carretas de melaza, de que ella personifica el espíritu Disney mejor que nadie. No estamos muy seguros de si la autora daría su visto bueno a esta visión de su persona (no sé por qué, me cuesta creer que en algún momento durmiese abrazada a un Mickey de peluche gigante), pero al menos se regocijaría sabiendo que su legado sigue vivo gracias a la maestría de Disney a la hora de crear recuerdos que duran para siempre.

Valoración: ★★★½

Críticas: Dead Man Down, Maternity Blues, La Estrella

Dead Man Down: La venganza del hombre muerto (Niels Arden Oplev, 2013)

Del director de Los hombres que no amaban a las mujeresla primera entrega de la saga Millenium, nos llega Dead Man Down, el debut norteamericano de Niels Arden Oplev, con un reparto internacional encabezado por el irlandés Colin Farrell y la sueca Noomi Rapace. La venganza del hombre muerto -el subtítulo que se le ha añadido en España- es una clásica historia de venganza sobre un hombre, Victor, infiltrado en una banda de asesinos y traficantes, responsables de la muerte de su mujer y su hija años atrás. Beatrice, la vecina de enfrente (que también vive atrapada por su pasado) echa el ojo a Victor y acaba involucrada en la turbia trama criminal.

Dead Man Down recurre a todos los tópicos del género, pero es incapaz de combinarlos de manera que no sintamos que estamos viendo la misma película de siempre. Así, la sensación de déjà vu es inevitable. Oplev se mueve constantemente en la delgada línea que separa el thriller serio de la película de acción desmadrada y su cinta acaba sumiéndose irremediablemente en la indiferencia, y en última instancia en la inverosimilitud y el absurdo. El reparto hace lo que puede para destacar por encima de la endeble historia, pero ni Farrell ni Rapace tienen el talento suficiente para desviar la atención hacia ellos. La presencia de Isabelle Huppert solo sirve para descolocar y desorientar aun más, pero el alivio cómico que proporciona la actriz francesa es quizás lo mejor de la película.

Dead Man Down supone el reencuentro del director de la primera Millenium con la Lisibeth Salander original. Sin duda el reclamo más interesante para acudir al cine a ver este thriller de sobremesa.

Maternity Blues (Fabrizio Cattani, 2011)

Drama italiano que explora el lado más oscuro de la maternidad. Maternity Blues es la historia de Clara (la húngara Andrea Osvárt), una mujer que ingresa en un hospital psiquiátrico tras una temporada en la cárcel por haber matado a sus dos hijos. Allí conoce a un variopinto grupo de mujeres que han llevado a cabo el mismo crimen.

Fabrizio Cattani adapta la obra de teatro From Medea, con la colaboración de su autora, Grazia Verasani, para sumergirnos en la psique de unas mujeres completamente perdidas en sí mismas después de cometer el acto más atroz que puede concebirse. Sin grandes aspavientos, Cattani nos muestra cómo una mujer puede alcanzar tal estado de depresión y desesperación como para cometer infanticidio, y ofrece a sus personajes un camino hacia la redención, sobre todo gracias a la amistad que se forja entre ellas.

Sin embargo, la arriesgada premisa de Maternity Blues se diluye en una acumulación de tópicos y caracterizaciones poco trabajadas que impiden que establezcamos la conexión necesaria para comprender y perdonar a estas mujeres, aunque ellas sean conscientes de que no hay perdón alguno para ellas. Lo que salva Maternity Blue es su cualidad de ‘película de manicomio’, una Maternity, Interrupted en la que las alianzas y amistades inesperadas -es un decir, porque todo en Maternity Blues es predecible- constituyen el mayor atractivo de la propuesta. Lo peor, una escena musical que hará que nos olvidemos de los crímenes de Clara y sus compañeras para concentrar nuestra ira juiciosa en Cattani.

La Estrella (Alberto Aranda, 2013)

Estrella es una joven limpiadora que trabaja en un cementerio de Santa Coloma. Vive con su novio, Salva (Marc Clotet), en un piso de los padres de ella. Cuando él consigue un puesto de trabajo importante, la distancia entre ambos se hace más grande, y mientras ella mantiene su carácter alegre y optimista, él se endurece y empieza a mostrar síntomas del peor machismo. Por otro lado, Trini, una amiga del trabajo de Estrella, es víctima de malos tratos por parte de su marido. La joven se vuelca con ella y la ayuda a regañadientes de su novio. Todo esto ocurre además en un panorama caracterizado por la reconfiguración urbana y el racismo vecinal del municipio barcelonés.

Drama social. Con eso tenéis suficiente, ¿no? Pues eso no es nada. La Estrella hace aguas por todos los lados, y nos obliga a preguntarnos por qué esto, y por qué ahora. Dos estrellas emergentes del cine español de los 90 (Ingrid Rubio y Fele Martínez) demostrando que nunca debieron emerger. Costumbrismo artificioso, naturalidad impostada, diálogos de auténtica vergüenza ajena, y el abuso más flagrante de todos los tópicos del género (imaginaos, una limpiadora andaluza en Barcelona). Un desastre del que solo se salva una correcta Carmen Machi, que destaca porque lo que tiene alrededor se lo pone fácil. Más que “duende”, esta película tiene “troll”. La Estrellá. Así nos va…