Mirai, mi hermana pequeña: Costumbrismo mágico

La evolución como cineasta de Mamoru Hosoda es una de las más fértiles de la animación japonesa reciente. Los comienzos del realizador japonés están ligados al anime televisivo, con DigimonOne Piece y Samurai Champloo entre sus proyectos tempranos. Tras sus primeros largometrajes, adaptaciones cinematográficas de los dos primeros títulos, Hosoda dio paso a una nueva etapa con proyectos propios que hicieron que el mundo se fijase en él. La chica que saltaba a través del tiempo suponía su gran descubrimiento, y con sus siguientes trabajos, Summer WarsWolf ChildrenEl niño y la bestia, no ha hecho más que afianzarse como uno de los autores más personales e interesantes de la animación japonesa.

El cine de Hosoda ha despertado frecuentes comparaciones con las películas de Estudio Ghibli, y más concretamente con las de Hayao Miyazaki. Lo cierto es que contraponer a ambos artistas es tan fácil como inevitable. Hosoda, que estuvo a punto de dirigir El castillo ambulante para Ghibli, ha seguido un sendero artístico y temático muy afín a la visión fantástica de Miyazaki, pero manteniendo su identidad propia y una voz muy particular. Su estilo encuentra la sublimación en su película más reciente, Mirai, mi hermana pequeña, fábula familiar que fue nominada al Globo de Oro, el Critics’ Choice y el Oscar a Mejor Película de Animación.

Mirai, mi hermana pequeña es un cuento contemporáneo que gira en torno a Kun, un niño de cuatro años que deja de ser el centro de atención de sus padres cuando nace su hermana pequeña, Mirai. La llegada del bebé altera las vidas tanto de sus padres, que con su segundo hijo deciden intercambiar roles (ella va a trabajar y él se queda en casa cuidando de los niños), como del primogénito, que se siente desplazado y amenazado por la presencia de su hermanita. Cada vez más irritado (e irritante) por los cambios que están aconteciendo en su vida, Kun descubre en su jardín un mundo mágico donde conocerá a la versión adolescente de su hermana, que ha viajado desde el futuro para llevarlo en una aventura que le hará verlo todo de otra manera.

En poco más de una década, Hosoda ha creado una filmografía sólida y cohesiva en todos los aspectos. Mirai, mi hermana pequeña vendría a ser como un compendio temático y estilístico de su cine, que aquí adopta una forma aparentemente más sencilla, pero igualmente rebosante de ideas y detalles. Con la entrañable historia de Kun, el director incide en los temas que suele tratar (la familia, la maduración, la percepción de la realidad, el paso del tiempo) y lo hace volviendo a recurrir a los contrastes: costumbrismo y fantasía, pasado y futuro, tradición y modernidad, complejidad y simplicidad, hiperrealismo y cartoon. El resultado, con excepción de algún altibajo en el ritmo, es su obra más pulida hasta la fecha, y también la más madura y personal.

Hosoda aúna la imaginería fantástica de sus trabajos anteriores con el realismo del cine de Yasujirō Ozu y sus sucesores para hablarnos con ternura, melancolía y sentido del humor de la educación, las costumbres japonesas y las relaciones fraternales y paternofiliales. Entre la belleza y la magia de sus imágenes fantásticas se puede encontrar una preciosa y tierna reflexión sobre la infancia y la familia que culmina en un plano final perfecto en su sencillez que se queda con nosotros para siempre.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crónica: 16ª Muestra SYFY de cine fantástico (2019)

Dieciséis años, y contando. La Muestra SYFY de cine fantástico de Madrid ha celebrado este año su “sweet sixteen”, y lo ha hecho por todo lo alto, con una de sus mejores programaciones hasta la fecha. Del 7 al 11 de marzo, los asistentes a la Muestra hemos podido disfrutar de una cuidada selección de cine fantástico y de ciencia ficción organizada por la cadena SYFY España, que como suele ser habitual, ha compilado una selección de títulos de lo más variopinto y extravagante.

La Muestra 2019 marcaba también la reaparición de Leticia Dolera como anfitriona, después de la polémica de su serie para Movistar+. La actriz, escritora y directora aprovechó la ocasión para volver a la normalidad, y a las redes sociales, después de tres meses de ausencia (casi) total. Su trabajo fue el de siempre, presentaciones divertidas, espontáneas y sí, feministas. Coincidiendo la Muestra con el Día de la Mujer, no podía ser de otra manera.

Controversias aparte, centrémonos en lo que nos importa de la Muestra. El cine, y la experiencia de verlo acompañado de aficionados al género fantástico. El público de la Muestra es de los más entusiastas que se conocen. Es por ello que se ha convertido en tradición desde hace años comentar las películas y hacer chistes en voz alta durante las proyecciones. Esto forma parte de la experiencia, pero afortunadamente, desde hace poco, la organización ha duplicado (o triplicado) las sesiones para diferenciar entre “Sala Mandanga” y “Sala del Silencio”. En la primera, el público es libre de armar todo el jaleo que quiera, en la otra se va a ver las películas en silencio.

Y sin más dilación, paso a comentaros las películas que he visto este año en la Muestra SYFY. Desafortunadamente no me ha sido posible verlas todas como otros años, pero de lo que he visto, me llevo un par de peliculones para la posteridad. Y alguno de ellos se estrena en salas comerciales pronto, así que tomad nota.

Capitana Marvel (Anna Boden, Ryan Fleck, 2019) – Inauguración

La Muestra SYFY comenzó el jueves con la premiere de Capitana Marvel en Madrid, película de apertura con la que empezamos esta edición “más alto, más lejos, más rápido”. La primera entrega de Marvel protagonizada enteramente por una mujer llegaba ensombrecida por una campaña de odio en Internet y un boicot por parte de los trolls que no les salió como esperaban: 455 millones de dólares recaudados en su primer fin de semana, convirtiéndola en el estreno mundial más taquillero protagonizado por una mujer y el segundo de superhéroes detrás de Vengadores: Infinity War. El público de la Muestra se entregó por completo a la historia de origen de Carol Danvers (estupenda Brie Larson), una película con todas las señas de identidad de Marvel y muchas conexiones con el resto de su Universo, concretamente con Vengadores: Endgame. La película se ha confirmado como un nuevo triunfo para el estudio, y así se sintió en la premiere. Risas, emoción con el cameo de Stan Lee, aplausos al final y un gran revuelo generalizado con las escenas post-créditos. Ah, y como era de esperar, la gata Goose conquistó a todo el mundo. Chupaos esa, troll. Si queréis saber más, os cuento mis impresiones sobre la película (que disfruté mucho más la segunda vez, conociendo de antemano los giros del argumento) aquí.

Elizabeth Harvest (Sebastián Gutiérrez, 2018)

La primera jornada propiamente dicha arrancaba para mí con Elizabeth Harvest, fábula de ciencia ficción dirigida por el venezolano Sebastián Gutiérrez. A medio camino entre Cincuenta sombras de Grey y un capítulo de La dimensión desconocidaElizabeth Harvest se desarrolla como una historia de clones con (sospechosos) ecos a Ex Machina (tienen muchos elementos en común y el final es calcado) y mucha comedia involuntaria. Protagonizan Abbey Lee (Mad Max: Furia en la carretera), Ciarán Hinds (que no sabemos cómo ha ido a parar ahí) y Carla Gugino, que le hace un favor al director (su marido) agraciando la película con su presencia. Pero ninguno de ellos (ni Dylan Baker, que también se pasa por ahí) es capaz de salvar la película. Su historia promete, pero una trama enrevesada y llena de pseudociencia acaba haciéndola cada vez más tediosa, confusa y absurda. Cuesta mucho tomársela en serio, pero claro, para eso estamos en la Muestra, cuyo público se encarga de que ninguna película aburra.

Upgrade (Leigh Whannell, 2018)

Primera gran sorpresa de la Muestra. Incomprensiblemente, esta curiosa cinta de ciencia ficción de la factoría Blumhouse no ha llegado a estrenarse en cines españoles, por lo que agradecemos a SYFY que la haya recuperado para el disfrute de su público objetivo. Leigh Whannell (guionista de Saw Insidious, y director de Insidious 3) se pasa al sci-fi con un oscuro thriller futurista a medio camino entre el policíaco, el noir y la acción pura que tiene mimbres de película de culto. En ella, un hombre tetrapléjico vuelve a andar gracias a la implantación de un chip llamado Stem, que toma el mando de sus funciones motoras y lo lleva al límite de sus capacidades, tras lo cual irá en busca de los hombres que mataron a su mujer, aprovechando sus nuevas habilidades. Logan Marshall-Green (el Tom Hardy de Hacendado) realiza una fantástica interpretación física en una película que casualmente también va de un hombre que habla con una voz en su cabeza que controla su cuerpo. Aunque recuerda a muchas películas anteriores (Minority ReportHerCrank, Lucy, Venom), Upgrade logra ser original. Engancha, tiene escenas de acción brutales y madera para saga. Muy disfrutable.

Gintama (Yûichi Fukuda, 2017)

Incorporación de última hora, Gintama se proyectaba en la Muestra a la vez que El año de la plaga, para gozo de fans del anime y el cine fantástico japonés. Se trata del largometraje en acción real del popular manga de Hideaki Sorachi, que ya ha tenido múltiples adaptaciones en diferentes formatos, incluida una longeva serie de animación. La película opta por la adaptación literal, conservando el estilo anime con un aspecto visual colorista, ritmo frenético, un “argumento” en el que todo vale e hilarantes efectos digitales de tercera. Lo mejor de la película son los chistes meta y las referencias a otros títulos de la cultura pop japonesa (el cameo de Nausicaä es genial), pero más allá de eso, cualquiera que no esté acostumbrado a este tipo de productos, puede salir completamente espantado por su estridencia y su absurdo sin fin. Sin ir más lejos, a mí me dejó el cerebro frito y mató las pocas neuronas que me quedaban. No apta para todos los públicos.

Prospect (Christopher Caldwell, Zeek Earl, 2018)

Christopher Caldwell y Zeek Earl dirigen esta personal propuesta de ciencia ficción que comienza como un drama paternofilial ambientado en el espacio (con el referente indie Jay Duplass) y acaba convirtiéndose en un competente thriller de supervivencia que se vuelve más y más extraño e intenso conforme avanza. Con un simple escenario principal (un bosque) y mediante diálogos que dan mucha información sin sobreexplicar demasiado, la película da forma a un detallado universo ficticio, demostrando que no hace falta un gran despliegue de efectos para crear mundos fantásticos creíbles en el cine. En el centro de la historia, una relación muy interesante y muy bien interpretada por la prometedora Sophie Thatcher y un genial Pedro Pascal. Una de las sorpresas más gratas de este año.

Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler, 2018)

El sábado nos encontrábamos con un viejo conocido, S. Craig Zahler. Sus dos películas anteriores, Bone TomahawkBrawl in Cell Block 99 se habían proyectado en la Muestra con gran éxito de público, por lo que su tercer largo como director no podía faltar en la programación de este año. Para su nuevo trabajo ha vuelto a contar con Vince Vaughn, que esta vez está acompañado nada más y nada menos que de Mel Gibson, con el que lidera un gran reparto. Dragged Across Concrete (qué gran título) es un thriller policíaco sórdido y ultraviolento en la tradición de Zahler, que sigue insistiendo en hacer un tipo de cine que recuerda inevitablemente al de Tarantino. Con leves pero constantes pinceladas de humor y dos horas y media de duración, el director casa el exceso de sus imágenes con una narración y una realización muy calculadas que, afortunadamente, no aburre a pesar de su metraje gracias a su buen pulso. Lo malo es que en su tercera película ya se le empiezan a ver las costuras. Zahler peca de pretencioso, repite esquemas y su discurso atufa a rancio, con personajes femeninos que son el paradigma del sexismo en el cine y Gibson interpretando a un personaje a su medida: un poli corrupto anticuado, racista, machista y homófobo. Dragged Across Concrete es de esas películas que te hace simpatizar tanto con ese tipo de personajes que te acabas preguntando si es solo el personaje o la película también defiende esas ideas tan primitivas.

Nación Salvaje (Sam Levinson, 2018)

Y tras la saturación machirula de Dragged Across Concrete llegaba un film diametralmente opuesto, Assassination Nation, incendiaria sátira feminista sobre cuatro chicas adolescentes que se convierten en el blanco de la ira de su instituto y una pequeña comunidad idílicamente suburbana que ha sido víctima de un escandaloso hackeo masivo. Una reflexión hiperbólica pero afiladísima sobre el papel de Internet en nuestras vidas, el linchamiento social, la hipocresía y la doble moral, y el juicio de una comunidad conservadora ante la liberación de la mujer y la expresión de su sexualidad (es de todo menos casual que transcurra en Salem). Es decir, una historia completamente actual y oportuna que se propone provocar y lo consigue. Es como si Sofia Coppola, David Robert Mitchell y Harmony Korine se hubieran unido para hacer una película. Moderna, pop, autoconsciente, violenta, visual y estéticamente gloriosa, y con una recta final demencial, Assassination Nation es una de esas propuestas radicales que dividen fuertemente a la audiencia. Los varios egos masculinos que salieron heridos de la proyección demostraron que la película logra su propósito de remover conciencias e incomodar a aquellos que se sienten amenazados por el feminismo y el poder de la mujer.

Escape Room (Adam Robitel, 2019) – Clausura

La Muestra SYFY concluía el domingo con Escape Room, película de clausura que esta semana llega a las salas comerciales de toda España. Adam Robitel (The Taking of Deborah LoganInsidious. La última llave) dirige la nueva vuelta de tuerca de las sagas de terror juvenil que ya se ha convertido en todo un éxito en Estados Unidos. Escape Room es como una fusión entre Cube, Saw La cabaña en el bosque, un juego retorcido en el que seis desconocidos se enfrentan a una escape room de la que deberán salir con vida usando su ingenio. Aunque no es original y requiere suspender la incredulidad considerablemente, es una película muy efectiva en lo que se propone, además de tremendamente entretenida. Destaca por su creatividad a la hora de diseñar los puzles y por lo bien que maneja la tensión. Una nota positiva para terminar la Muestra y dejarnos con ganas de más el año que viene.

Kaguya y Marnie: Las dos últimas joyas del Estudio Ghibli

no1_kaguya_nikonikoboard_3_out

Folklore, magia y adolescencia

Estamos acostumbrados a que las películas del Estudio Ghibli lleguen a España con mucho retraso. De hecho, cualquier película que provenga de Japón va a tardar mucho más tiempo del habitual en estrenarse en nuestro país, si es que lo llega a hacer. Con el caso de Kaguyahime no monogatari (2013) y Omoide no Mânî (2014), los (muchísimos) fans del mítico estudio de animación ya habíamos tirado la toalla y no esperábamos ver estas películas en el cine (como mucho las tendríamos en vídeo, pero eso tampoco parecía llegar nunca).

Claro que se trata respectivamente de la última película del maestro Isao Takahata (La tumba de las luciérnagas, Mis vecinos los Yamada) y el último film del estudio antes de su cese temporal en la producción de largometrajes, tras la retirada (¿definitiva?) de Hayao Miyazaki. Por eso, Ghibli se merecía una despedida oficial a la altura en nuestro país, una oportunidad para que los fans pudieran decir “hasta pronto” al estudio como Hayao manda. Por suerte, esto lo sabía Vertigo Films, que nos trae por fin a España las dos últimas joyas de Ghibli, El cuento de la princesa KaguyaEl recuerdo de Marnie, dos exponentes de lo mejor del estudio que dejan constancia de su maestría y versatilidad. Nunca es tarde si la dicha es buena.

Kaguya

El cuento de la princesa Kaguya

Mientras Hayao Miyazaki se llevaba la gloria y su cine atribuía a Ghibli las señas de identidad estilísticas y temáticas por las que sería reconocida en todo el mundo, su segundo de abordo, Isao Takahata, exploraba terrenos cinematográficos más alternativos y experimentales. Ninguna película de Takahata es similar a la anterior: La tumba de las luciérnagas (conmovedor drama bélico que asombra por su dureza), Recuerdos del ayer (film adulto sobre el paso del tiempo), Pompoko (alocada aventura protagonizada por tanuquis), Mis vecinos los Yamada (comedia costumbrista familiar por capítulos, en la tradición de Yasujiro Ozu). Siguiendo la senda de inconformismo y exploración que marcan estos trabajos, Takahata firma la que es probablemente su obra más bella y exuberanteEl cuento de la princesa de Kaguya.

Kaguya está basada en el popular relato japonés El cuento del cortador de bambú. En ella, una pareja de campesinos encuentra a una niña diminuta dentro de una planta de bambú y deciden adoptarla para darle una vida digna de una princesa, pero la chica anhela otro tipo de existencia menos encorsetada. Realizada en animación tradicional al estilo de las acuarelas japonesas (con impresionantes secuencias de acción abocetadas en las que se puede ver el trazo del lápiz cobrando vida), Kaguya es una absoluta preciosidad, una auténtica obra de arte de una belleza extraordinaria, aderezada con deliciosos e inesperados toques de humor. El folklore y la historia japonesa van de la mano de la magia en una película que incide en uno de los temas que han definido la trayectoria de Ghibli: el lugar de la mujer en la sociedad, y su lucha por salirse de los conformistas moldes que otros han dispuesto para ella. Kaguya es un personaje hermoso en todas sus facetas y su historia una gozada recomendable para todo amante de la animación tradicional y el cine nipón.

Valoración: ★★★★

Marnie

El recuerdo de Marnie

Además de las historias épicas de Miyazaki y los grandes dramas de autor de Takahata, Ghibli se ha especializado en historias íntimas que han sido calificadas de “menores”, sobre todo al ser comparadas con sus títulos más populares. Nicky, la aprendiz de bruja, Susurros del corazón o Arrietty y el mundo de los diminutos entrarían en esta categoría. Pero si nos detenemos a analizar los temas que tratan, así como su manera en la que lo hacen (sin moralina, condescendencia o adoctrinamiento), nos daremos cuenta de que no tienen nada de “menor”. El recuerdo de Marnie, segundo film de Hiromasa Yonebayashi (director de Arrietty) se suma a la lista con otro inspirador relato protagonizado por una adolescente que está descubriendo el mundo y a los demás. Y como las cintas mencionadas, Marnie también es otra película del estudio Ghibli que no solo no subestima al niño o al adolescente (dentro y fuera del relato), sino que lo trata con cariño y deferencia.

Basada en la novela Cuando Marnie estuvo allí de Joan G. Robinson, El recuerdo de Marnie es un tierno y encantador cuento de amistad y amor (pre)adolescente que aúna lo mejor del estudio: su sensibilidad para componer personajes femeninos, el preciosismo más arrebatador y esa fusión de magia y naturalismo que tan buenos resultados le ha dado siempre. Aunque Marnie corre el riesgo de ahogarse en el almíbar de su historia, Yonebayashi logra que en ningún momento su cursilería sea un obstáculo, sino más bien lo contrario. Su naturaleza amable, romántica y bienintencionada, así como la sinceridad e ingenuidad con la que se cuenta la historia de Anna y Marnie, es lo que hace de ella una película tan destacable. Marnie es preciosa en todos los sentidos, un emotivo y melancólico retrato sobre esa edad de incertidumbre y descubrimiento que tan bien ha sabido “dibujar” el estudio, y un broche de oro a los 30 años de Ghibli.

Valoración: ★★★★

Crítica: La casa del tejado rojo

THE LITTLE HOUSE

Japón, 1936, la joven Taki (Haru Kuroki, merecido Oso de Plata en Berlín 2014) abandona su pueblo al norte del país para trabajar como criada para una familia a las afueras de Tokio. La muchacha cambia el campo nevado de su aldea por la vida moderna en una preciosa casa de tejado rojo que sobresale entre todas las construcciones y la vegetación de la zona, confortable hogar habitado por Tokiko, su marido Masaka y su hijo pequeño. Taki, respetuosa, leal y sacrificada, personifica las cualidades ideales de una criada japonesa del momento (el periodo conocido como “Showa moderno”), convirtiéndose en un valioso baluarte para la familia durante una tumultuosa época en la que la guerra está a punto de estallar, cambiando la sociedad japonesa para siempre.

La llegada de Shoji Itakura, un empleado de Masaka, amenaza con alterar la armonía que reina en la casa. Tokiko, constantemente infravalorada e ignorada por su marido, que la trata como a una sirvienta, empieza a sentir un irrefrenable deseo por el recién llegado que la cubre de atenciones. Sesenta años después, la ya anciana Taki escribe sus memorias en unLa casa del tejado rojo cuaderno alentada por su sobrino Takeshi, junto al que viajamos al Japón de la guerra para descubrir la fascinante historia de una mujer que protegió a la familia hasta las últimas consecuencias.

El veterano Yôji Yamada sigue explorando el concepto de familia nipona a través de la historia en la que es ya su 82ª película como director. Primero contemporáneo de Yasujirō Ozu y ahora continuador de su legado, Yamada nos regaló el año pasado Una familia de Tokio, maravilloso homenaje (o remake) a una de las obras cumbres del maestro japonés, Cuentos de Tokio. Con La casa del tejado rojo, Yamada continúa mostrándonos el funcionamiento de la sociedad japonesa, estrictamente ordenada y basada en los valores del honor y el respeto. En esta ocasión, el director decide rascar un poco más debajo de esa superficie de comportamiento ceremonial, matrimonios concertados y férreas convenciones sociales para hablarnos de una infidelidad en el seno de una familia modélica, haciéndonos cómplices de los secretos de la familia, que miramos curiosos a través de los ojos de Taki.

La mirada de Yamada es inquisitiva, pero nunca agresiva, no juzga a sus personajes (especialmente a Tokiko), a pesar de que bajo los ojos de la sociedad el momento su comportamiento pueda ser reprobable, sino que los entiende y los presenta como seres profundamente humanos. Repleta de instantes mágicos de cotidianeidad y costumbrismo y rebosante de ternura y buen humor en cada rincón, La casa del tejado rojo es un relato romántico amable y preciosista coronado por la hermosa (cómo no) banda sonora de Joe Hisaishi. Pero es el trío protagonista de actrices quien eleva la emotividad de la película más allá de las tejas, tres trabajos interpretativos tan sutiles como desgarradores que culminan en una catártica recta final con el poder de afectar profundamente a aquellos que hayan entrado en la casa del tejado rojo junto a Taki.

★★★★½

Crítica: Aguas tranquilas

Still the Water

Aguas tranquilas de Naomi Wakase

Amami-Oshima, una paradisíaca isla subtropical japonesa en la que viven dos adolescentes, Kaito y Kyoko, junto a sus respectivas familias. El entorno en el que viven y crecen es la base de las creencias y las tradiciones de la naturaleza que guían y dan sentido a la familia. Una calurosa noche de agosto durante lasAguas tranquilas danzas tradicionales de la luna llena en la isla, Kaito encuentra un cadáver en el mar. El misterio que esto entraña es el punto de partida de un viaje de auto conocimiento y descubrimiento para Kaito y Kyoko que llevará a los adolescentes a aprender sobre la vida, la muerte y el amor, ciclos en sintonía con la naturaleza que los rodea.

Naomi Wakase, doble ganadora en el Festival de Cannes (Cámara de Oro por Moe no suzaku, 1997, y Premio Especial del Jurado por El bosque de luto, 2007), firma una película visualmente exquisita y rebosante de lirismo, una conmovedora reflexión sobre las diferentes etapas de la vida en la que el despertar sexual de los adolescentes coincide en el tiempo con la llegada de la muerte para la madre de la chica. Aguas tranquilas (co-producida por Francia y España) hace honor a su nombre, dejando que la calma reine sobre su relato, emergiendo de su luminosa superficie los secretos y los hallazgos que se esconden en el fondo. La sensualidad y el misterio se dan la mano y se revelan como las claves para bucear las aguas de la vida.

Aguas tranquilas es un canto a la vida repleto de bellas imágenes e instantes de auténtico misticismo (sobresale la escena en la que los habitantes del pueblo despiden a la madre con una celebración de cánticos tradicionales), una experiencia envolvente y emotiva que se convierte en refugio para el espectador. Sin embargo, pierde parte de su fuerza durante su recta final, cuando Wakase insiste en articular con palabras lo que ya nos están contando sus silencios. Aguas tranquilas es en definitiva un poema anotado, uno muy valioso a pesar de que al final se nos niegue en cierto modo la libertad para interpretarlo a nuestra manera.

★★★½

 

Una familia de Tokio: ¡Ozu vive!

TOKYO FAMILY

Con Una familia de Tokio (Tokyo kazoku), el veterano Yôji Yamada (Love & Honor, El ocaso del samurái) rinde homenaje a uno de los más grandes directores de la historia del cine, Yasujirô Ozu. Concebida como un remake de la obra maestra de Ozu Cuentos de Tokio (Tôkyô monogatari)Una familia de Tokio supone un ejercicio de mímesis narrativa y estilística que va más allá de la mera copia. Yamada recupera el espíritu y la sensibilidad del maestro japonés en un precioso agradecimiento por el valioso legado cinematográfico de Ozu.

En Una familia de Tokio, una pareja de ancianos que vive una apacible existencia rural en una pequeña isla de Japón viaja a Tokio para visitar a sus tres hijos. Como en Cuentos de Tokio, la visita supone una oportunidad para hacer balance y comprobar si sus hijos llevan una familia de tokio.inddvidas respetables y de provecho. Sin embargo, los tres están demasiado ocupados con sus vidas, sus relaciones y sus trabajos como para atender a sus padres. Una familia de Tokio es una reflexión sobre el paso del tiempo y la distancia entre generaciones, un tierno y en ocasiones agridulce retrato de las relaciones paterno-filiales enmarcadas en la ceremoniosa sociedad japonesa.

El respeto, el honor y el orgullo son los valores que sostienen la familia japonesa. A partir de diálogos costumbristas que reflejan el carácter protocolario de las relaciones íntimas y sociales, Yamada elabora un excelente estudio sobre los lazos afectuosos que se ocultan bajo la etiqueta. Durante su visita, los ancianos se dan cuenta de la brecha generacional que los separa de sus hijos, pero también aprenden a entenderlos, a aceptar que la felicidad y la plenitud no siempre entiende de normas y planes de futuro.

Una familia de Tokio es un hermoso y cálido reflejo de Cuentos de Tokio en el que Yamada nos cuenta la misma historia que nos relató Ozu en 1953, esta vez ambientada en un Tokio moderno caracterizado por el estrés, en el que el tiempo se escapa de las manos entre eternas jornadas laborales. Y aunque Yamada no obvia el choque tecnológico (los ancianos descubren lo que es un GPS en una divertida escena, los móviles ejercen un papel muy importante en las vidas de los protagonistas), este no modifica en ningún momento el relato intemporal y universal sobre padres e hijos que contó Ozu. Yamada actualiza esta entrañable historia dirigiéndola a las nuevas generaciones sin por ello sacrificar la visión original, manteniendo prácticamente intacta la voz, la visión y el ritmo de Ozu, como si el maestro estuviera dirigiendo a través del discípulo.

Valoración: ★★★★