Mirai, mi hermana pequeña: Costumbrismo mágico

La evolución como cineasta de Mamoru Hosoda es una de las más fértiles de la animación japonesa reciente. Los comienzos del realizador japonés están ligados al anime televisivo, con DigimonOne Piece y Samurai Champloo entre sus proyectos tempranos. Tras sus primeros largometrajes, adaptaciones cinematográficas de los dos primeros títulos, Hosoda dio paso a una nueva etapa con proyectos propios que hicieron que el mundo se fijase en él. La chica que saltaba a través del tiempo suponía su gran descubrimiento, y con sus siguientes trabajos, Summer WarsWolf ChildrenEl niño y la bestia, no ha hecho más que afianzarse como uno de los autores más personales e interesantes de la animación japonesa.

El cine de Hosoda ha despertado frecuentes comparaciones con las películas de Estudio Ghibli, y más concretamente con las de Hayao Miyazaki. Lo cierto es que contraponer a ambos artistas es tan fácil como inevitable. Hosoda, que estuvo a punto de dirigir El castillo ambulante para Ghibli, ha seguido un sendero artístico y temático muy afín a la visión fantástica de Miyazaki, pero manteniendo su identidad propia y una voz muy particular. Su estilo encuentra la sublimación en su película más reciente, Mirai, mi hermana pequeña, fábula familiar que fue nominada al Globo de Oro, el Critics’ Choice y el Oscar a Mejor Película de Animación.

Mirai, mi hermana pequeña es un cuento contemporáneo que gira en torno a Kun, un niño de cuatro años que deja de ser el centro de atención de sus padres cuando nace su hermana pequeña, Mirai. La llegada del bebé altera las vidas tanto de sus padres, que con su segundo hijo deciden intercambiar roles (ella va a trabajar y él se queda en casa cuidando de los niños), como del primogénito, que se siente desplazado y amenazado por la presencia de su hermanita. Cada vez más irritado (e irritante) por los cambios que están aconteciendo en su vida, Kun descubre en su jardín un mundo mágico donde conocerá a la versión adolescente de su hermana, que ha viajado desde el futuro para llevarlo en una aventura que le hará verlo todo de otra manera.

En poco más de una década, Hosoda ha creado una filmografía sólida y cohesiva en todos los aspectos. Mirai, mi hermana pequeña vendría a ser como un compendio temático y estilístico de su cine, que aquí adopta una forma aparentemente más sencilla, pero igualmente rebosante de ideas y detalles. Con la entrañable historia de Kun, el director incide en los temas que suele tratar (la familia, la maduración, la percepción de la realidad, el paso del tiempo) y lo hace volviendo a recurrir a los contrastes: costumbrismo y fantasía, pasado y futuro, tradición y modernidad, complejidad y simplicidad, hiperrealismo y cartoon. El resultado, con excepción de algún altibajo en el ritmo, es su obra más pulida hasta la fecha, y también la más madura y personal.

Hosoda aúna la imaginería fantástica de sus trabajos anteriores con el realismo del cine de Yasujirō Ozu y sus sucesores para hablarnos con ternura, melancolía y sentido del humor de la educación, las costumbres japonesas y las relaciones fraternales y paternofiliales. Entre la belleza y la magia de sus imágenes fantásticas se puede encontrar una preciosa y tierna reflexión sobre la infancia y la familia que culmina en un plano final perfecto en su sencillez que se queda con nosotros para siempre.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: La tortuga roja

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Cuando Hayao Miyazaki se retiró (por enésima vez) y Ghibli anunció que iba a dejar de realizar largometrajes animados debido a una situación económica insostenible, su ferviente comunidad de fans en todo el mundo lloró una pérdida muy importante para el cine. El estudio que nos ha dejado joyas increíbles como La princesa Mononoke, La tumba de las luciérnagasEl viaje de Chihiro se despedía con la promesa de (quizá) volver algún día, y a continuación se embarcaba en nuevos proyectos (entre ellos un cortometraje para el museo Ghibli dirigido por Miyazaki que podría convertirse en largo). Bajo este nuevo orden en Ghibli llega La tortuga roja (La tortue rouge), primera producción del estudio nipón fuera de Japón, un proyecto que se lleva gestando desde 2008.

Dirigida por el animador holandés Michael Dudok de WitLa tortuga roja se distancia de la estética clásica de Ghibli, pero conserva hasta cierto punto el espíritu de sus obras más arriesgadas (es decir, las del genio en la sombra Isao Takahata). Combinando técnicas tradicionales y digitales, La tortuga roja aúna sensibilidades japonesa y europea para llevar a cabo una preciosa fábula continuadora de los valores del estudio, presentando en esta ocasión una particularidad que la diferencia de sus anteriores títulos: está narrada sin diálogos. La película nos cuenta la historia de un náufrago atrapado en una isla desierta que tratará de escapar, viendo cómo sus esfuerzos son en vano cuando una misteriosa tortuga roja que parece custodiar la isla insiste en destruir su balsa. Rodeado de aves, cangrejos y otros animales marinos, el hombre deberá hacerse a la idea de que tendrá que vivir su vida en la naturaleza, pero lo que no espera es que la tortuga la cambie para siempre.

Como muchas de las obras maestras de Ghibli, La tortuga roja inculca el amor por la naturaleza y el medioambiente, como base de un cuerpo de valores que ensalzan la amistad, la familia, la tolerancia y el respeto. Y lo hace mediante un relato imbuido del la-tortuga-roja-postermisticismo propio de las leyendas folclóricas, envuelto en un romanticismo (en la acepción más amplia de la palabra) y un sentido de la magia y el asombro que nos recuerdan a los cuentos japoneses. Pero a su vez, La tortuga roja posee ese aire experimental del cine de animación que se hace en Europa (y en parte de Estados Unidos), y que le da un aspecto diferente, único. La maravillosa fluidez del movimiento tanto en el agua y la vegetación como en la anatomía humana y animal (que recuerda a la técnica clásica de la rotoscopia, aunque sorprendentemente no fue usada en el film), la simple pero elocuente paleta de colores y el trazo limpio y elegante convierten en máxima la mínima expresión, reclamando con pasión y convencimiento el arte de la sencillez.

Pero este minimalismo no solo se manifiesta en las formas, sino también en el fondo, en una historia profunda y trascendental, llena de ternura y magistralmente narrada sin hacer uso de la palabra. La imagen y el sonido (magnífica banda sonora de Laurent Perez del Mar, si bien demasiado acentuadora) son las herramientas con las que Dudok de Wit traza un poema visual desnudo de emociones para ilustrarnos el ciclo de la vida y sumergirnos de lleno en la hermosa experiencia de la naturalezaLa tortuga roja es una conmovedora aventura que prueba que el espíritu de Ghibli sigue vivo en el cine, y que la animación puede contarnos las historias más esencialmente humanas.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

[Crítica] La fiesta de las salchichas: Desperdicio de comida

El exitoso tándem formado por Seth Rogen y Evan Goldberg lleva ya casi una década pisando fuerte en la taquilla estadounidense, primero en cintas como Supersalidos Superfumados (donde el primero actúa y ambos escriben), y más tarde asumiendo total control creativo de sus proyectos, co-escribiendo y co-dirigiendo juntos películas con resultados tan dispares como Juerga hasta el finThe Interview, o aventurándose en televisión con la serie PreacherRogen y Godlberg, junto a su pandilla de amiguetes humoristas se han hecho un nombre con un tipo muy específico de cine que se podría denominar “comedia gamberra con corazón” o “bromance comedy”. El siguiente paso de estos dos enfant (no tan) terribles les lleva al cine de animación, donde nos presentan La fiesta de las salchichas (Sausage Party), aventura realizada por ordenador que se orienta única y específicamente al público adulto.

Para esta nueva andanza, ideada a tres bandas junto Jonah Hill, han contado con Conrad Vernon (Shrek 2, Monstruos contra Alienígenas, Madagascar 3: de marcha por Europa) en la dirección y un reparto de voces formado por los indispensables de su cine: Kristen Wiig, Bill Hader, Michael Cera, James Franco, Danny McBride, Craig Robinson, Paul Rudd, Nick Kroll, David Krumholt, Edward Norton y Salma Hayek, además de Rogen y Hill. Con todos estos nombres involucrados, es fácil imaginarse qué nos podemos encontrar en La fiesta de las salchichashumor fumado, provocación, incorrección política y una historia muy pasada de rosca. Pero la libertad que proporciona la animación les ha empujado a ir un paso (o veinte) más allá para acabar realizando la que es quizá su película más bestia hasta la fecha.

Esta suerte de Toy Story obscena y salvaje se ambienta en un supermercado en el que los alimentos y utensilios cobran vida y ven a los humanos como dioses encargados de elegirlos para llevarlos al “Más Allá”. Frank (Rogen), una salchicha confinada en su pack de diez, sueña con ser elegido algún día junto a su amada, Brenda (Wiig), un curvilíneo pan de perrito caliente con quien desea vivir feliz en el Paraíso. Un día, un bote de mostaza devuelto por un cliente del supermercado les advierte de la verdad que hay más allá de las puertas automáticas del supermercado: el mundo es en realidad un infierno en el que los humanos someten a los alimentos a las más indescriptibles atrocidades. Tras un accidente con un carrito de la compra, Frank, Brenda y un grupo de alimentos del supermercado emprenderán un viaje para volver a sus respectivas secciones, en el que aprenderán la verdad sobre su existencia y en última instancia se verán obligados a hacer algo contra los humanos para sobrevivir.

La fiesta de las salchichas es una irreverente parodia de las películas de Disney, Pixar o DreamWorks (opening musical incluido), una “clásica” aventura de regreso a casa pasada por el filtro de South Park, es decir, animación para adultos con cantidades industriales de sal gruesa, sexo, palabrotas y humor ofensivo para escandalizar a base de bien. La historia se construye básica y casi enteramente a base de estereotipos raciales y culturales y no hay prácticamente nada fuera de límitesLa fiesta de las salchichas puede llegar a ser absolutamente demencial, en especial durante su recta final y clímax (narrativo y literal) a lo John Waters, donde se le va la olla de tal manera que uno no puede creerse lo que está viendo en pantalla (la película da un nuevo significado al término “food porn”). Esta osadía sin cortapisas lleva a Rogen y Goldberg a idear unas cuantas escenas aisladas que destacan especialmente, como dicho final, el accidente en el carrito (brutalísima parodia del cine bélico), la participación de Chicle (caricatura de Stephen Hawking que disparará hacia la estratosfera el sentido de culpa del espectador por encontrarlo tan gracioso), o la verdad sobre lo que ocurre en la cocina de los humanos, un festival de “gore” alimenticio que remite a la (ya de por sí cruel) escena de “Les Poissons” en La Sirenita.

Sin embargo, el impacto que generan estos puntuales momentos divertidos se diluye por culpa del decepcionante tratamiento general, con una historia que se burla de los tópicos de otros para caer en los suyos propios, y que alardea de humor autoconscientemente ofensivo (machista, racista, y todos los -istas que hay) sin preocuparse de darle algo de garra e inteligencia (como sí hace South Park, y ahí está la diferencia entre ambas), lo que hace que la mayor parte del tiempo sea una comedia simplemente pueril y simplona, y que su humor derive continuamente hacia el cuñadismo. No ayuda tampoco que sea más bien pobre técnica y visualmente (una cosa es el feísmo, otra diferente es lo cutre) y que su ritmo sea atropellado. Y es que la historia es en realidad tan rudimentaria que la película puede resultar bastante pesada y plasta (como un cuñado, vaya).

La fiesta de las salchichas tiene sus puntazos, un par de gags memorables que desatarán carcajadas y dejarán con la boca abierta a más de uno, un humor tan vulgar y animal que invita a celebrar que alguien (más) se haya atrevido a hacer algo así en Hollywood. Pero a la vez, obliga a lamentarse por lo que podía haber sido y no es. Porque se puede hacer humor ofensivo e inteligente, está demostrado, o se puede hacer como esta película, para la que los últimos 20 años no existen. A pesar de algún que otro destello de ingenio, La fiesta de las salchichas desaprovecha su oportunidad de dejar huella de verdad en favor de lo fácil, de los estereotipos más hastiados (no me hagáis hablar del personaje de Salma Hayek) y las ideas políticas más planas, quedándose así en una simple “película para tíos” (habla por sí solo que Jorge Cremades haya participado en la campaña publicitaria en España). Sin ánimo de ofender a los “tíos”…

Pedro J. García

Nota: ★★

 

Kaguya y Marnie: Las dos últimas joyas del Estudio Ghibli

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Folklore, magia y adolescencia

Estamos acostumbrados a que las películas del Estudio Ghibli lleguen a España con mucho retraso. De hecho, cualquier película que provenga de Japón va a tardar mucho más tiempo del habitual en estrenarse en nuestro país, si es que lo llega a hacer. Con el caso de Kaguyahime no monogatari (2013) y Omoide no Mânî (2014), los (muchísimos) fans del mítico estudio de animación ya habíamos tirado la toalla y no esperábamos ver estas películas en el cine (como mucho las tendríamos en vídeo, pero eso tampoco parecía llegar nunca).

Claro que se trata respectivamente de la última película del maestro Isao Takahata (La tumba de las luciérnagas, Mis vecinos los Yamada) y el último film del estudio antes de su cese temporal en la producción de largometrajes, tras la retirada (¿definitiva?) de Hayao Miyazaki. Por eso, Ghibli se merecía una despedida oficial a la altura en nuestro país, una oportunidad para que los fans pudieran decir “hasta pronto” al estudio como Hayao manda. Por suerte, esto lo sabía Vertigo Films, que nos trae por fin a España las dos últimas joyas de Ghibli, El cuento de la princesa KaguyaEl recuerdo de Marnie, dos exponentes de lo mejor del estudio que dejan constancia de su maestría y versatilidad. Nunca es tarde si la dicha es buena.

Kaguya

El cuento de la princesa Kaguya

Mientras Hayao Miyazaki se llevaba la gloria y su cine atribuía a Ghibli las señas de identidad estilísticas y temáticas por las que sería reconocida en todo el mundo, su segundo de abordo, Isao Takahata, exploraba terrenos cinematográficos más alternativos y experimentales. Ninguna película de Takahata es similar a la anterior: La tumba de las luciérnagas (conmovedor drama bélico que asombra por su dureza), Recuerdos del ayer (film adulto sobre el paso del tiempo), Pompoko (alocada aventura protagonizada por tanuquis), Mis vecinos los Yamada (comedia costumbrista familiar por capítulos, en la tradición de Yasujiro Ozu). Siguiendo la senda de inconformismo y exploración que marcan estos trabajos, Takahata firma la que es probablemente su obra más bella y exuberanteEl cuento de la princesa de Kaguya.

Kaguya está basada en el popular relato japonés El cuento del cortador de bambú. En ella, una pareja de campesinos encuentra a una niña diminuta dentro de una planta de bambú y deciden adoptarla para darle una vida digna de una princesa, pero la chica anhela otro tipo de existencia menos encorsetada. Realizada en animación tradicional al estilo de las acuarelas japonesas (con impresionantes secuencias de acción abocetadas en las que se puede ver el trazo del lápiz cobrando vida), Kaguya es una absoluta preciosidad, una auténtica obra de arte de una belleza extraordinaria, aderezada con deliciosos e inesperados toques de humor. El folklore y la historia japonesa van de la mano de la magia en una película que incide en uno de los temas que han definido la trayectoria de Ghibli: el lugar de la mujer en la sociedad, y su lucha por salirse de los conformistas moldes que otros han dispuesto para ella. Kaguya es un personaje hermoso en todas sus facetas y su historia una gozada recomendable para todo amante de la animación tradicional y el cine nipón.

Valoración: ★★★★

Marnie

El recuerdo de Marnie

Además de las historias épicas de Miyazaki y los grandes dramas de autor de Takahata, Ghibli se ha especializado en historias íntimas que han sido calificadas de “menores”, sobre todo al ser comparadas con sus títulos más populares. Nicky, la aprendiz de bruja, Susurros del corazón o Arrietty y el mundo de los diminutos entrarían en esta categoría. Pero si nos detenemos a analizar los temas que tratan, así como su manera en la que lo hacen (sin moralina, condescendencia o adoctrinamiento), nos daremos cuenta de que no tienen nada de “menor”. El recuerdo de Marnie, segundo film de Hiromasa Yonebayashi (director de Arrietty) se suma a la lista con otro inspirador relato protagonizado por una adolescente que está descubriendo el mundo y a los demás. Y como las cintas mencionadas, Marnie también es otra película del estudio Ghibli que no solo no subestima al niño o al adolescente (dentro y fuera del relato), sino que lo trata con cariño y deferencia.

Basada en la novela Cuando Marnie estuvo allí de Joan G. Robinson, El recuerdo de Marnie es un tierno y encantador cuento de amistad y amor (pre)adolescente que aúna lo mejor del estudio: su sensibilidad para componer personajes femeninos, el preciosismo más arrebatador y esa fusión de magia y naturalismo que tan buenos resultados le ha dado siempre. Aunque Marnie corre el riesgo de ahogarse en el almíbar de su historia, Yonebayashi logra que en ningún momento su cursilería sea un obstáculo, sino más bien lo contrario. Su naturaleza amable, romántica y bienintencionada, así como la sinceridad e ingenuidad con la que se cuenta la historia de Anna y Marnie, es lo que hace de ella una película tan destacable. Marnie es preciosa en todos los sentidos, un emotivo y melancólico retrato sobre esa edad de incertidumbre y descubrimiento que tan bien ha sabido “dibujar” el estudio, y un broche de oro a los 30 años de Ghibli.

Valoración: ★★★★

Crítica: Kung Fu Panda 3

Kung Fu Panda 3

En los últimos años, Dreamworks Animation nos ha dado unas cuantas alegrías a los aficionados al cine de animación, como las dos entregas de Cómo entrenar a tu dragón o la joya de culto El origen de los guardianes. Pero también ha seguido cultivando esa vertiente suya menos “exigente”, con películas de usar y tirar que no han hecho mucho por su imagen de marca. La franquicia Kung Fu Panda se encontraría en un punto intermedio, con sus dos primeras películas más bien cerca del primer grupo, y la tercera, que ahora se estrena, retrocediendo un par de pasos hacia el segundo. Kung Fu Panda 3, primer largometraje que sale de Oriental Dreamworks, supone el regreso al exuberante y colorido universo oriental que nos conquistó y sorprendió en la primera película, pero baja considerablemente el listón a nivel narrativo y cómico, con una historia más convencional y reiterativa que se hace difícil justificar más allá de su razón de ser comercial.

Volvemos a la aldea de Po para saber qué es del simpático y atolondrado oso panda y sus Cinco Furiosos, los guerreros kung fu Tigresa, Grulla, Mono, Mantis y Víbora. La vida de Po transcurre con normalidad (básicamente artes marciales, trastadas y dumplings todo el día) hasta que reaparece inesperadamente su padre, Li Shan, después de mucho tiempo perdido. Po viaja con él y un polizón, el Sr. Ping (el pato que crió al protagonista como su hijo y está celoso de Li Shan), a la aldea secreta de los Pandas, donde conocerá a toda una comunidad de espíritus afines, dados a la vida osa y el buen comer. Sin embargo, la amenaza del villano Kai, que regresa del Más Allá para robar el chi a todos los maestros kung fu y conquistar el mundo, llevará a Po a entrenar a la aldea para convertirlos en una manada de Kung Fu Pandas que se enfrente al ejército de ánimas de jade del malvado, a la vez que él busca su fuerza interior para cumplir la leyenda del Guerrero del Dragón.

Kung Fu Panda 3_PosterKung Fu Panda 3 continúa la historia del rechoncho personaje blanquinegro, pero en cierto modo hace borrón y cuenta nueva. En esta película, Po debe volver a demostrar que es digno de ser llamado maestro en artes marciales y encontrar al héroe que lleva dentro, un conflicto más propio de una primera entrega que de una tercera. Por eso, Kung Fu Panda 3 supone un retroceso, o un impasse en la historia. Tampoco ayuda que los personajes secundarios (los Cinco Furiosos concretamente) sigan siendo personajes tan planos, o que el humor haya perdido frescura (aunque algunos chistes funcionen, la mayoría son muy típicos y el humor se puede hacer demasiado insistente y pesado). Afortunadamente, la película tiene atractivos de sobra para compensar la poca originalidad y repetición en la que cae: el conflicto paterno-filial entre Po, el Sr. Ping y Li Shan nos deja los momentos más emotivos de la cinta, los nuevos personajes (la aldea de pandas principalmente) son muy simpáticos, y por su puesto la espectacularidad de sus imágenes es su mayor baza.

Como sus predecesoras, Kung Fu Panda 3 es una obra de gran exuberancia visual, un energético estallido de luz y color con el que la antigua China cobra vida a través de preciosos fondos, impresionante animación y texturas digitales, y hermosas secuencias realizadas en animación tradicional para simular las acuarelas chinas. En definitiva, aunque no llegue al nivel de las anteriores entregas de la franquicia, tampoco sería justo situarla junto a las películas “de relleno” de la casa Dreamworks, aunque solo sea por la excelencia técnica que alcanza. Kung Fu Panda 3 está hecha para volver locos a los más pequeños de la casa, pero los adultos, y concretamente los fans del cine de animación encontrarán más de un motivo para disfrutarla.

Valoración: ★★★

Crítica: Del revés (Inside Out)

Inside Out 1

A lo largo de casi dos décadas, Pixar ha sido uno de los valores más seguros del cine de Hollywood. El estudio de Emeryville encadenó éxitos de público y crítica durante años, demostrando que la animación familiar no era parcela exclusiva del público infantil y convirtiendo sus títulos ya no solo en éxitos del cine de dibujos, sino también en auténticos clásicos del cine. Pixar elevó la animación por ordenador a la categoría de arte y se ganó a pulso su reputación gracias a que detrás de sus apabullantes adelantos técnicos había un componente muy humano, genios apasionados que bullían con ideas originales y querían contar historias nunca vistas.

Pero como mandan las leyes de la física, todo lo que sube, en algún momento tiene que bajar. Tras el estreno de la descomunal Toy Story 3, la compañía ingresó en un periodo de receso creativo caracterizado por más secuelas (Cars 2Monsters University) y una película que no lograban el favor unánime del espectador, Brave. Con la intención de llevar a cabo una reestructuración interna y revisar sus próximos proyectos, Pixar se tomó un descanso de la taquilla en 2014 para regresar un año más tarde por todo lo alto, con una de sus propuestas más arriesgadas e innovadoras hasta la fecha, Del revés (Inside Out), la película que devuelve el estudio a la forma (concretamente la de la era experimental de WALL-E y Up) y nos confirma que siguen siendo capaces de hacer lo imposible.

La asombrosa idea de Inside Out surge de la experiencia como padre de su director, Pete Docter (Monstruos S.A., Up), que observaba cómo la alegre personalidad de su hija cambiaba drásticamente al cumplir los 11 años. Docter se preguntó qué podía estar ocurriendo en la cabeza de la niña para que ésta se comportase de forma tan diferente y mostrase una actitud tan volátil. Y esa es exactamente la premisa de Inside Out, imaginar lo que tiene lugar en la mente de una niña de 11 años, Riley Andersen, durante una etapa de cambio en su vida y su entorno familiar. Para ello, el equipo realizó un exhaustivo trabajo de documentación en psicología, del que obtuvo las cinco emociones que guiarían a Riley en su día a día: Alegría, Tristeza, Miedo, Asco e Ira.

INSIDE OUT

Más que Riley, estos cinco personajes son los protagonistas de una historia que transcurre principalmente en la cabeza de la niña, que ejerce más bien de escenario. En ella se erige un vibrante y colorista universo cuya arquitectura está diseñada con suma atención al detalle para reflejar todas las parcelas psicológicas de su mente y explicar de forma sorprendentemente esclarecedora el funcionamiento de los recuerdos, el subconsciente o los sueños. Desde la brillante secuencia de apertura (junto al montaje de Carl y Ellie en Up, de lo más prodigioso que hemos visto en Pixar), en la que conocemos a las cinco emociones y se nos explica todo lo que hay que saber sobre la cabeza de Riley, Inside Out no deja en ningún momento de arrojar ideas geniales al espectador, como pelotas saltarinas que rebotan contra todo. Esto da lugar a una película que, además de hacer gala de una inteligencia superdotada e hiperactiva y un ingenio inagotable, resulta endiabladamente divertida.

Lo más fascinante de Inside Out es cómo da forma concreta a las ideas más abstractas y explica de manera tan sencilla conceptos tan complejos como el “tren de pensamiento”, la memoria a largo plazo, el pensamiento simbólico, la nostalgia, incluso el misterio de esa canción que se te queda en la mente y reaparece cuando menos lo esperas. Manipular estas ideas y llevarlas a la pantalla en una película familiar supone una tarea muy complicada, de la que Pixar sale más que airosa, hallando la manera de dirigirse al niño y al adulto con el mismo respeto e inteligencia. Como en las mejores obras del estudio, Inside Out puede experimentarse a varios niveles gracias a un guion impecable que toca los botones del espectador (nunca mejor dicho) en los momentos adecuados, para provocar la risa o el llanto. A pesar del intrincado mecanismo narrativo de la película, los niños podrán seguir la trama sin problemas, mientras que los adultos apreciarán las capas más sutiles del relato, dedicadas exclusivamente a ellos (como el genial chiste de las cajas de “opinión” y “hecho”, la referencia LGBT a los osos de San Francisco o el hecho de que la líder dentro de la cabeza de la madre de Riley sea Tristeza). En resumen, Inside Out es la fórmula Pixar perfeccionada.

El film de Docter es una aventura clásica, una odisea de regreso a casa, y a la vez una comedia observacional que disecciona el comportamiento del ser humano y posee un indudable valor pedagógico (para todos). Como Toy Story 3Inside Out en el fondo nos habla del paso del tiempo, de lo que supone crecer, hacerse mayor, y en este sentido, la de Riley es una de las historias más insólitas y rigurosas sobre el abandono de la niñezInside Out trata de dar explicación al enigma de la angustia adolescente (o en este caso preadolescente), revelándose como la experiencia compartida idónea para que padres e hijos entiendan mejor lo que les está pasando. Y la clave está en el personaje revelación de la película, Tristeza, la emoción que forcejea constantemente con Alegría por hacerse con el punto de vista de la historia. La adultez consiste en gran medida en asumir la melancolía inevitable que conlleva el deseo de volver a ser niño, aceptar que el recuerdo feliz de la infancia se transforma en nostalgia y anhelo en algún punto de nuestra vida. Para crecer, debemos dejar de entendernos en términos duales o compartimentos, dar la bienvenida al cambio y a la tristeza como parte esencial de la experiencia vital, y comprender que todas las emociones, positivas o negativas, son necesarias. Inside Out nos relata el momento exacto en la vida de una niña en el que este proceso de transformación de la personalidad da comienzo.

INSIDE OUT

Estamos ante una entrega de Pixar que repite los patrones de muchas de sus películas anteriores, pero a la vez se las arregla para ser algo radicalmente distinto. El único pero que se puede poner a Inside Out es al mismo tiempo lo que hace que sea tan conmovedora en última instancia: que dedica demasiado tiempo al viaje de regreso de Alegría y Tristeza al Cuartel General. Quizá sea la mejor manera de contar esta historia, pero relega a segundo plano al resto de emociones y nos priva de más escenas corales, que son las que mejor funcionan (como demuestran los geniales créditos finales). Dejando esto a un lado, Inside Out es una de las cintas de animación más redondas de los últimos años, un trabajo perfectamente calibrado en todos los aspectos: las magníficas voces del reparto (Amy Poehler traslada su luminosa personalidad, y por extensión la de Leslie Knope, a Alegría, mientras que Mindy Kaling, Bill Hader y Phyllis Smith hacen lo propio con sus respectivos personajes); la deliciosa animación, que aparca el fotorrealismo para recuperar el estilo cartoon de Walt Disney, Tex Avery o Chuck Jones; o la extraordinaria banda sonora de Michael Giacchino, con un precioso tema central que permanecerá para siempre en la memoria del cinéfilo.

Inside Out es una experiencia sensorial desbordante, una historia apasionante y divertida, no obstante enraizada en la verdad estructural y científica, que nos devuelve la emoción de las historias originales y la importancia de las ideas en el cine de animación. En definitiva, otra inolvidable obra maestra de Pixar.

Valoración: ★★★★★

Crítica: Los Minions

Minions Orlando

Que los Minions son lo mejor de la saga Gru, mi villano favorito es algo que sabe todo el mundo. Es más, es una verdad “universal” (pun intended). La segunda entrega ya lo dejó bien claro. La popularidad de los esbirros amarillos tras el éxito de la primera película era tan grande que en la segunda ya empezaban a trascender su condición de secundarios comparsa adquiriendo mayor protagonismo. Gru 2 fue un festival Minion (amarillo y morado), los personajes ya estaban bien acomodados en el imaginario colectivo, convertidos en iconos adorados por pequeños y mayores por igual, así que el siguiente paso natural era dedicarles una película a ellos solos. Los Minions toman el escenario (aunque siempre fue suyo) con la intención de dominar el mundo (más todavía). O mejor dicho, de ayudar al villano que haya más cerca a hacerlo.

Los Minions nos lleva hasta el inicio de los tiempos para descubrir que estos adorables e inocentes seres han estado siempre ahí. Este spin-off precuela nos muestra cómo nacieron (empezaron siendo organismos amarillos unicelulares) y cómo evolucionaron a través del tiempo. Desde los albores de la civilización Minion, el propósito vital de todos ellos ha sido siempre el de encontrar a un amo malvado al que servir. Así, en la divertidísima secuencia de apertura vemos cómo ofrecen sus servicios como secuaces al T. Rex, Drácula o Napoleón, para acabar siempre entorpeciendo, incluso provocando la muerte accidental, a sus jefes. Después de fracasar tantas veces seguidas en su búsqueda, los Minions caen en una profunda depresión. El tiempo pasa, y en la década de los 60 Kevin traza un plan para salvar a su pueblo: dar la vuelta al mundo en busca de un nuevo amo y un nuevo hogar para los suyos. Le acompañan el rebelde Stuart y el achuchable Bob, con los que intentará encontrar a Scarlet Overkill, según dicen, la supervillana más famosa de la Tierra.

De la Antártida a Nueva York en los felices 60 a Londres, donde se desarrolla la mayor parte de la acción, este spin-off es un triunfal tour de los Minions por el mundo que avanza a ritmo de clásicos pop-rock. En realidad, la película no se distancia mucho de la fórmula de sus dos predecesoras. Los Minions se convierten en protagonistas de la historia, pero el argumento, una vez llegados a Londres, es similar al de las dos Gru, girando en torno al Printplan del gran malvado que pretende conquistar el mundo. En este caso, la divina y algo esquizoide Scarlet Overkill (doblada en inglés por Sandra Bullock, y en español por una estupenda Alexandra Jiménez) trata de robarles el centro de atención a los Minions, y de hecho está a punto de hacerlo. Recordemos que los Minions hablan un hilarante idioma que mezcla sinsentidos con palabras de muchas lenguas, y quizá por miedo a que una película con mucho tiempo sin diálogos pudiera espantar al público o suponer un reto demasiado difícil (no todas son WALL-E), el film acaba dando demasiado protagonismo a sus personajes humanos, la mencionada Scarlett y, en menor medida, Herb (doblado en V.O. por Jon Hamm, y en castellano por un menos atinado Quim Gutiérrez).

Claro que por mucho que se intente, es imposible hacer sombra a estas descacharrantes píldoras devora-bananas y sus irresistibles monerías. Su ascenso a primera línea dentro de la saga, lejos de perjudicarlos por sobre-exposición y sobre-explotación, no le ha quedado nada grande. Y es que Los Minions no es el subproducto que esperábamos. Está claro que es un proyecto creado para seguir exprimiendo al máximo la gallina de los huevos amarillos, pero afortunadamente, eso no es todo. Detrás de la película (en la que repite Pierre Coffin como director, acompañado de Kyle Balda en lugar de Chris Renaud) hay un trabajo de animación muy cuidado, técnicamente sobresaliente (con un 3D por encima de la media), y un guion que, a pesar de volverse mecánico en su recta final, no se duerme en los laureles, sino que se esfuerza en mantener en todo momento un nivel alto de buen humor y diversión, así como el ritmo acelerado que caracteriza a los personajes.

Encontrando el equilibrio perfecto entre el chiste bobo y el inteligente, con slapstick del bueno para los más pequeños y guiños para el adulto muy bien hilvanados en la trama, Los Minions es una comedia infalible que desata carcajadas y nos deja innumerables frases y gags para el recuerdo. Sin embargo, no sería tan eficaz de no ser por el carisma del trío protagonista. Kevin, Suart y Bob (sobre todo Bob, hay que amar mucho a Bob y estrujarlo hasta que se vuelva morado) nos conquistan con sus desquiciadas correrías y añaden más capas a los Minions, en el fondo seres afanados y leales con mucho amor para dar que nunca encuentran el sitio adecuado donde ponerlo, aquí convertidos en los verdaderos héroes que son ya fuera del cine.

Valoración: ¡BA-NA-NA! (★★★★)

Crítica: El congreso

El congreso Robin Wright

Tras la aclamada Vals con Bashir, Ari Folman regresa con El congreso, en la que el director israelí sigue fundiendo las fronteras entre realidad y fantasía, o si lo preferís, entre la vida y el cine. Basada libremente en la novela de Stanislaw Lem Congreso de futurologíaEl congreso es una cinta de ciencia ficción claramente dividida en dos pasajes muy diferenciados entre sí. El primero, filmado en acción real, nos presenta a la actriz Robin Wright (interpretándose a sí misma, o más bien a una versión ficcionalizada de su persona pública), que tras una vida marcada por las malas decisiones y la enfermedad de su hijo, decide someterse a un proceso de escaneo que le permitirá retirarse mientras su doble digital continúa su carrera eternamente. En la segunda mitad, realizada en animación, Wright asiste a un congreso en el que descubrirá hasta dónde llegan las consecuencias de su decisión, y de este nuevo modelo de Hollywood.

El congreso es una obra desbordante en sus planteamientos, tanto filosóficos y sociológicos como visuales. Folman reflexiona sobre muchas cuestiones, resultando en una película tan estimulante como caótica y también desmembrada. Parte sátira de la industria del cine (Wright representa a todas esas actrices de más de 40 que Hollywood considera demasiado mayores para seguir trabajando), parte ensayo sobre la fama (aquí, como ocurría en Antiviral de Brandon Cronenberg, el público podrá consumir literalmente a los famosos), y parte odisea surrealista y oníricaEl congreso es un cóctel de influencias, referentes y homenajes. Desde cine de Terry Gilliam al de David Cronenberg, pasando por el imaginario de Hayao Miyazaki, la animación mutable de Bill Plympton, los cortos de Tex Avery, el cartoon de los años 20 y 30, y los mundos de Osamu Tezuka, en concreto la obra maestra del anime Metrópolisde Rintaro (de la que, indudablemente, bebe más en el aspecto visual).

El congreso pósterEn la primera mitad de El congreso, Wright carga sobre sí misma el peso de la cinta, llevando a cabo una afinadísima interpretación basada en la contención y la pasividad, para ilustrar la idea de la pérdida de la identidad y el control que experimenta el actor al convertirse en una pieza más del engranaje de un despiadado y avaricioso estudio de cine. Camino al futuro, seguimos a la princesa Buttercup (atención al momento en el que Wright observa melancólica el póster de La princesa prometida, uno de los planos más hermosos que vamos a ver este año), es decir, a su versión animada, en un viaje psicodélico que aturde y confunde, pero que nos mantiene involucrados sensorial y emocionalmente gracias a la fuerza de sus imágenes, y a la profunda tristeza en la que nos vemos irremediablemente atrapados, algo a lo que también contribuye la abrumadoramente bella partitura de Max Richter.

El congreso se erige como pieza de ciencia ficción distópica, sobre todo en su recta final, sin embargo se pierde a menudo en sus propios planteamientos, mientras Folman solapa acontecimientos sin seguir más lógica que la de los sueños o los trances alucinatorios. Esto hace que la película pueda resultar para muchos embarullada y su discurso sobrecargado con ideas inconexas o inconsistentes. Sin embargo, no sorprenderá a aquellos que estén familiarizados con la obra de Lem o a los que disfrutan de los referentes enumerados dos párrafos antes. Aunque resulte contradictorio por la manera en la que inicia y clausura el relato, Folman no está tan interesado en concienciarnos sobre nuestra sociedad deshumanizada, sino en hallar la poesía que se esconde en ese futuro desolador, poesía que reside en el amor de una madre hacia su hijo. Así, durante el precioso desenlace, que nos devuelve de algún modo al polémico acto final de A.I. Inteligencia artificialEl congreso apela a la capacidad del espectador para hacer del relato y de las imágenes lo que quiera, lo que necesite (en la mayoría de casos, la mera ilusión de un final feliz que no existe). Porque “al final, todo acaba teniendo sentido. Y todo está en nuestra mente”.

Valoración: ★★★★½

Crítica: El viento se levanta

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Nausicaä sobrevolando a los Oms en estampida, Sheeta cayendo del cielo en las manos de Pazu, Nicky y Jiji volando en su escoba, Chihiro surcando el cielo a lomos del dragón Haku, incluso Ponyo corriendo sobre las olas, tan altas que se funden con las nubes. Desde que comenzó su carrera, Hayao Miyazaki ha dejado patente en todas y cada una de sus películas que una de las grandes pasiones de su vida es volar. El gran sueño del hombre ha sido para el mítico realizador japonés una de las constantes de su filmografía, una obsesión que ha incorporado en sus historias de una manera u otra. En todos sus filmes encontramos como mínimo una escena de altos vuelos, ya sea a bordo de aeronaves, globos, criaturas míticas, o bien románticas secuencias de vuelo a cuerpo descubierto. No es de extrañar pues que para despedirse definitivamente del cine, Miyazaki haya realizado una obra dedicada específicamente a su pasión por el aire y la aviación, El viento se levanta.

No es la primera vez que el director de La princesa Mononoke realiza una película cuyo argumento está directamente relacionado con los aviones –Porco Rosso en 1992 era la historia de un piloto durante la primera guerra mundial-, pero sí es la primera vez que una película suya prescinde completamente del componente fantástico y se puede catalogar por tanto dentro de la corriente del realismo histórico. Claro que estamos hablando de una de las mentes más desbordantemente imaginativas del cine, así que no sorprende que el relato de El viento se levanta se vea constantemente aderezado por secuencias oníricas en las que Miyazaki canaliza su creatividad -como el bellísimo prólogo. Sin embargo, estas escenas quedan muy lejos del exultante imaginario fantástico y surrealista al que nos tiene acostumbrados. Están ahí sobre todo para manifestar las emociones y expresar los anhelos y pasiones de un protagonista que, de no ser por sus sueños, no sabríamos muy bien qué siente.

El-viento-se-levanta-Poster-EspañaEse es el mayor problema de El viento se levanta, un protagonista construido a duras penas para quedar en segundo plano mientras Miyazaki se centra en lo que verdaderamente le interesa: los entresijos de la ingeniería aeronáutica durante la Segunda Guerra Mundial. El director dibuja en Jirô Horikoshi, el hombre (real) que diseñó los cazas de combate japoneses que lucharon en la guerra, como un personaje unidimensional, a pesar de identificarse claramente con él. Esta aproximación al personaje y a la historia revelan las intenciones de un director que quiere que su pasión no se tome a la ligera. Por eso acomete el relato desde la seriedad desapasionada y el respeto, no exento de poesía, por supuesto, pero con una contención expresiva que rompe únicamente en su tramo final. Es entonces cuando la historia de amor entre Jirô y Nahoko va ganando terreno a la aviación, y Miyazaki nos ofrece escenas de una ternura e intimismo que solo Ozu podría darnos -como aquella en la que ella le pide a él que trabaje cerca de la cama donde yace convaleciente.

Hasta la última media hora, El viento se levanta funciona casi como una bildungsroman, en la que somos testigos del crecimiento profesional de Horikoshi, y de las relaciones interpersonales que establece a lo largo de su juventud. Miyazaki dedica más de la mitad del metraje a la gestación del caza Mitsubishi A5M, centrándose en los aspectos más técnicos del proceso y los trámites burocráticos. Esto da como resultado una sección central de la película, compuesta por escenas de taller y conversaciones entre señores trajeados, que desafiará el aguante de más de uno – quien esto escribe incluido.

Está claro que Miyazaki desea compartir con nosotros el origen de sus sueños y la fuente de su imaginación, y que quiere despedirse con su proyecto más íntimo, en el que más ha volcado su personalidad. Para ello despliega sus armas infalibles, entre otras el apabullante impresionismo de sus imágenes, su empeño en dibujar los besos más hermosos del cine, y una de las más espléndidas partituras de Joe Hisaishi. Aún con todo, el director no logra trasladar a la pantalla la historia de Horikoshi de manera que resulte tan apasionante como él la ve. Con la premura que suele caracterizar a sus finales, el desenlace de El viento se levanta se adentra abruptamente en el terreno del melodrama. Es entonces cuando Miyazaki permite que sus emociones tomen el control.  Así, El viento se levanta concluye con una (endeble) tesis a título personal sobre el amor por la aviación, desvinculándolo de los horrores de la guerra, y equiparándolo a otras de las grandes pasiones de su cine: la mujer. Aunque sea solo durante un segundo, antes de que se lo lleve todo el viento.

Valoración: ★★★½

Crítica: Río 2

RIO 2

En el panorama actual del cine de animación podemos dividir las películas en dos grandes grupos: las que tienen cierta ambición creativa más allá de la técnica y las que no son más que productos de márketing ideados por un equipo de comerciales. Casi todas las grandes compañías realizan películas que se pueden adscribir a un grupo u otro. Muy pocas consiguen crear obras capaces de aunar esa visión de mercado con la pasión por contar historias y hacer cine, cine a secas. Por desgracia, no es este el caso de Blue Sky, que, exceptuando alguna honrosa desviación del camino marcado (Epic), siguen haciendo la misma película de siempre, realizada a partir del molde ya gastado del cine familiar CGI, y escrita por un equipo creativo con la tarea de ajustarse lo más fielmente posible al modelo que funciona en taquilla. Ese es exactamente el caso que nos ocupa, Río 2.

Río 2 está escrita por cuatro personas, y ya sabemos lo que suele significar eso. Será difícil encontrar en ella algún atisbo de originalidad. Estamos ante un film en el que todo ocurre cuando tiene que ocurrir, en el que los puntos de inflexión de la historia están calculados matemáticamente y los personajes son los mismos arquetipos, sin apenas variaciones, que nos encontramos siempre. No cabe duda de que Río 2 es un producto excelentemente manufacturado, de hecho, puede que su principal problema es que sea demasiado perfecta e inocua para que muchos (adultos) nos la tomemos en serio como cine. Lo que no se puede negar es que, aunque todo forme parte de una fórmula testada (o precisamente por eso), Río 2 es muy simpática -es más, no se pasa de graciosa como suele suceder con estas películas, y se agradece-, transmite valores educacionales muy valiosos (claro que también son los mismos de siempre, y yo creo que a los niños ya por un oído le entran y por otro le salen), y aunque sobre decirlo, es técnicamente impresionante.

Rio 2En ese sentido, Río 2 supera con creces a su predecesora, que ya era un precioso festival de sonido y color que tapaba una historia mil veces contada. Como mandan las leyes de las secuelas, esta segunda parte multiplica todos los elementos de la primera: la familia de Blu y Perla aumenta con tres retoños y la introducción de la familia política, vemos a muchas más especies animales, no solo aves, que nos dan algunos de los momentos cómicos más inspirados de la película (como la audición en la selva para el Carnaval de Río), y tanto el jolgorio y la aventura como el peligro aumentan exponencialmente. La acción se traslada de las calles de Río de Janeiro hasta la selva del Amazonas, y no se podría haber sacado más provecho del escenario natural que se recrea. Qué belleza.

En cuanto a lo que se nos cuenta -la clásica historia de animales divididos entre la vida domesticada y sus raíces salvajes + el héroe de andar por casa que debe demostrar su valía + la típica lección ecológica-, Río 2 no es una película para el recuerdo, pero merece la pena aunque solo sea por sus exultantes imágenes en la selva y por la excelente animación de la anatomía de los pájaros, sin duda uno de los puntos fuertes de esta franquicia. Otro sería el componente musical, sin duda lo que le otorga su identidad y separa a Río del resto de películas cortadas por su mismo patrón. Río 2 es un musical de altura, una cinta rebosante de samba y bossa nova en la que las sensacionales coreografías de los pájaros en la selva al ritmo de la música compuesta y producida por John Powell (Cómo entrenar a tu dragón) son lo único verdaderamente sobresaliente de una propuesta por lo demás olvidable.

Valoración: ★★½

Crítica: Las aventuras de Peabody y Sherman

Peabody y Sherman

La nueva propuesta de Dreamworks Animation Studios, Las aventuras de Peabody y Sherman, está basada en unos dibujos animados de finales de los 50 y comienzos de los 60 de escasa repercusión en España (más allá de su cameo en Los Simpson). Mr. Peabody & Sherman era un sketch fijo dentro de El show de Rocky y Bullwinkle (dos personajes animados que ya tuvieron una olvidada adaptación cinematográfica en 2000). En él, Peabody (se pronuncia pí-bodi), un beagle científico famoso por ser el ser más inteligente del planeta, y su hijo adoptivo, un niño humano llamado Sherman, viajaban con su máquina del tiempo y revivían los acontecimientos más importantes de la historia, conociendo a personajes clave como Napoleón, Leonardo Da Vinci o Cleopatra.

Esta adaptación moderna, de la mano de Rob Minkoff (el realizador con menos talento del tándem que dirigió El rey león), conserva la historia original, ajustándola a los parámetros actuales del cine de animación digital. Esto quiere decir que Las aventuras de Peabody y Sherman es una cinta indudablemente enérgica, colorista y bienintencionada, tal y como cabe esperar de cualquier película del estudio, Peabody y Sherman_Poster Oficialpero también tremendamente corriente y formulaica, como ocurre con el 90% de la animación digital hoy en día. Se distancia ligeramente de otras películas animadas por su marcada estructura episódica y sigue la acertada senda del estudio alejándose del fotorrealismo en favor de una simpática animación cartoon, pero en el fondo es exactamente igual que todas las demás.

En Las aventuras de Peabody y Sherman todo transcurre según lo preprogramado. No falta el mismo mensaje y las lecciones de siempre, ni los guiños a los papis (algunos sorprendentemente picantes), que darán el visto bueno a la película por su valor educacional y su capacidad para embelesar a sus pequeños gritones durante hora y media. Y tampoco falla ese factor emotivo ya imprescindible en cualquier película de animación moderna que se precie. Desde que Pixar perfeccionó el arte de tocar la fibra con sus personajes animados, no hay ni una que prescinda de su clímax lacrimógeno. Sin embargo, en Las aventuras de Peabody y Sherman, a pesar de las buenas intenciones, lo sentimental se antoja demasiado calculado y artificial, como un elemento más de la fórmula que se ha aplicado siguiendo el manual al pie de la letra. Solo el ocasional set piece, donde se domina la acción con soltura, y las siempre infalibles paradojas de las historias de viajes en el tiempo, evitan que Las aventuras de Peabody y Sherman caiga en el tedio absoluto. Eso sí, no hace falta viajar al futuro para saber que esta película no durará en nuestra memoria mucho tiempo.

Valoración: ★★½

Crítica: La LEGO® película

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En 2009 Phil Lord y Christopher Miller sorprendieron a muchos con Lluvia de albóndigas (Cloudy with a Chance of Meatballs), original cinta de animación cuyo espíritu alocado y ritmo sobrecafeinado volvemos a encontrar en La Lego película (The Lego Movie), el nuevo proyecto de este interesante tándem creativo. La primera incursión cinematográfica (después de muchos y muy buenos videojuegos) de estos populares juguetes de construcción es todo un alarde de energía, creatividad e imaginación, un homenaje a aquellos que se atreven a salirse de la norma y tirar las instrucciones a la basura para crear y construir sus propios mundos de plástico. Este es sin duda el espíritu que promueve la compañía de juguetes, que con el tiempo ha sido redefinida por su estrecha relación con la cultura popular y el entusiasmo de los fans adultos, a los que va especialmente dirigida la película.

Con La Lego película, Lord y Miller proponen un ejercicio altamente paródico, incluso de deconstrucción (nunca mejor dicho) del blockbuster veraniego. Se lo pasan en grande riéndose de los tópicos más habituales del cine de acción y aventuras, y concretamente del de súper héroes, haciendo alusión constante y jocosa a motivos narrativos ineludibles como son los de “el elegido” y “la profecía“. Al igual que James Bobin hizo con el Walter de Los Muppets en 2011 (un teleñeco normal y corriente sin características distintivas ni talento especial), Lord y Miller colocan en el centro del relato a una figura básica de Lego. El optimista Emmet Brickowoski (voz original de Chris Pratt) es una abeja obrera dentro de un mundo cuadriculado de normas, un don nadie que por azar se convierte en héroe y se embarca en una aventura para salvar el Universo Lego y demostrarnos que cualquiera puede ser especial si cree que puede serlo -“Sé que eso parece sacado de un póster de gatos, pero es cierto”, dice elocuentemente Vitruvio, interpretado por Morgan Freeman en la versión original.

La Lego Película Póster EspañolEs verdad que, a pesar de los constantes guiños al adulto y la autoconsciencia que se respira de principio a fin (léase: la genial cita del párrafo anterior), el desarrollo de La Lego película es al fin y al cabo tan convencional y previsible como el de cualquiera de las películas que homenajea, y como el del 99% del cine de animación comercial que se hace hoy en día. Claro que esto no llega a ser un problema muy grave, puesto que el bombardeo constante de chistes (brillantemente absurdos, inteligentemente bobalicones) y el desenfreno de la aventura no nos da un solo segundo de tregua. Además de ser una desternillante comedia de acción, La Lego película supone una experiencia visual anfetamínica para pequeños y mayores. Es imposible apartar la mirada, y es poco recomendable parpadear demasiado, puesto que se perdería de vista la increíble labor de detallismo que convierte cada fotograma en una verdadera obra de ingeniería. La animación por ordenador, que parece imitar la técnica stop-motion, reproduce con tal nivel de perfección la textura y las leyes físicas de las piezas de Lego que nos vemos obligados a creer que este universo existe, y que estos juguetes cobran vida cuando no se les mira, al más puro estilo Toy Story.

La Lego película es solo una “pequeña” muestra de las infinitas posibilidades que brinda el crisol de referentes pop del Universo Lego (esperad muchas secuelas). Esta demencial aventura incorpora iconos de varias franquicias, que se unen al grupo de personajes creados específicamente para la película. Así, entre otros cameos que no desvelaré para preservar el factor sorpresa (aviso: no esperéis nada de Marvel, obviamente), destaca la importante presencia del mismísimo caballero oscuro. Este Batman de Lego, una visión descacharrante e irreverente del solemnísimo héroe de DC, es uno de los mayores aciertos de la película, y el indicio más claro de que estamos ante una sátira muy bien diseñada (El hombre de acero no se queda lejos tampoco). En lugar de verse limitados por la restricción en el movimiento y el carácter prediseñado de los juguetes Lego, Lord y Miller aprovechan al máximo las posibilidades cómicas que estos ofrecen. Y siguiendo su propio consejo, descartan las instrucciones y levantan un espectacular mundo de fantasía a base de ingenio desbocado y pasión, tal y como lo haría un niño.

Valoración: ★★★★

Estrenos navideños 2013

La vida secreta de Walter Mitty

La vida secreta de Walter Mitty (The Secret Life of Walter Mitty, Ben Stiller)

No hay nada más navideño que la publicidad. Que la nueva película como director de Ben Stiller se haya estrenado el 25 de diciembre (tanto en Estados Unidos como en España) es toda una declaración de intenciones. Al igual que a comienzos del año Vince Vaughn y Owen Wilson (como Stiller, desesperados por gustar a todo el mundo) nos vendieron esa utopía aspiracional que es Google en Los becarios, con La vida secreta de Walter Mitty (el regalo de Ben Stiller al mundo) se nos taladra con el lema de la revista LIFE para enseñarnos que todo es posible y uno debe lanzarse a la aventura para descubrirlo (si no tenéis dinero para viajar por el mundo os jodéis y os dais una vuelta por el barrio, que seguro que os esperan mil y una aventuras a la vuelta de cada esquina). Carl Fredricksen doesn’t approve.

La vida secreta de Walter Mitty es un panfleto motivacional encantado consigo mismo. Llega un momento en el que, si no fuera por la saturación de efectos digitales, pensaríamos que estamos viendo un publirreportaje. A partir de un relato de James Thurber, Stiller levanta una película artificial y artificiosa, cargada de buenas intenciones pero construida desde la falsedad y la manipulación emocional. Al pequeño Ben se le ve el naipe debajo de la manga en todo momento. Recurre a los trucos más descarados (canciones sobreutilizadas de Arcade Fire y David Bowie para marcar las emociones, ensoñaciones manufacturadas para engordar el ego de Stiller, lecciones de vida para privilegiados), y es su falsa modestia lo que desvela desde el primer minuto lo confeccionado y calculado de la propuesta. Pero si hay algo peor que querer vendernos la moto, es tener a Kristen Wiig para hacerlo y desaprovechar su presencia trágicamente. Hay varias escenas en las que Stiller consigue emocionarnos, pero es a base de tanto esfuerzo y planificación que uno empieza a preguntarse si lo que siente es real o le acaban de lavar el cerebro.

Valoración: ★★

El médico

El médico (The Physician, Philipp Stölzl)

No hay vacaciones de Navidad que valgan sin el estreno de una súper producción. Las más importantes nos llegan un par de semanas antes de las fiestas. Y este año, Papá Noel nos ha dejado a los españoles en exclusiva la esperada adaptación de la célebre novela de Noah GordonEl médicoestreno simultáneo con Alemania, país de origen de este blockbuster europeo. Con varios videoclips de Madonna y Rammstein y algún que otro thriller de acción de tercera, Philipp Stölzl capitanea un proyecto arriesgado que tiene todas las de perder y sin embargo sorprende por su naturaleza centrada y su gran entendimiento de lo que debe ser una épica histórica para todos los públicos.

Dejando a un lado las inevitables polémicas que conlleva la adaptación de un best-seller leído por más de medio mundo (que si han cortado este capítulo importante, que si se han inventado esto, que si no me imaginaba al protagonista con esa cara), El médico triunfa a la hora de trasladar a la pantalla la esencia del libro tras un competente ejercicio de condensación y reorganización narrativa. El metraje es extenso (y más lo será cuando se estrene como miniserie de televisión), pero no se hace interminable. Cuenta muchas cosas y abarca un longevo periodo de tiempo, pero no da la sensación de que está calzando escenas a la fuerza, acelerando o mutilando la historia para que encaje en menos tiempo (aunque sepamos que lo está haciendo). En definitiva, El médico logra ser una película en sí misma, un trabajo cinematográfico más que correcto, con valores de producción excelentes, ausencia de remilgos en los aspectos más escabrosos de la historia y buen casting (destacan Ben Kingsley y el joven protagonista, Tom Payne) que cumple de sobra el papel del cine-espectáculo para las vacaciones.

Valoración: ★★★

Caminando entre dinosaurios

Caminando entre dinosaurios (Walking with Dinosaurs 3D, Barry Cook, Neil Nightingale)

Esta producción de la BBC es la propuesta más esencialmente infantil de la cartelera. Caminando entre dinosaurios es casi una atracción de museo de ciencia para los más pequeños. Una extensión cinematográfica de todos esos programas de la cadena inglesa (y algún que otro spin-off teatral) que han acercado la paleontología a los más pequeños convirtiendo a los dinosaurios en objeto de asombro y admiración. La película de Barry Cook y Neil Nightingale está entre el documental educacional y el cuento de antes de irse a dormir, y la tecnología 3D es el reclamo definitivo para los niños que desean con todas sus fuerzas caminar entre dinosaurios.

El problema, como cabía esperar, es que no hay nada que pueda interesar mínimamente al padre que acompaña al niño, o al adulto dinófilo. La historia de Caminando entre dinosaurios pellizca de varios éxitos de animación y recuerda inevitablemente al clásico de los 80 En busca del valle encantado, pero no hay verdaderas aspiraciones más allá del aspecto visual. Una pena teniendo en cuenta que el despliegue es enorme. Claro que Caminando entre dinosaurios está hecha exclusivamente para menores de 10 años, y aunque sepamos que es posible un cine “infantil” sin límite de edad, ellos disfrutarán sin duda de las peripecias de Patchi y sus amigos.

Valoración: ★★

Crítica: Lluvia de albóndigas 2

Lluvia de albóndigas 2

Allá por el lejano 2009, una comedia de animación de extraño título, Cloudy with a Chance of Meatballs (increíblemente algo más convencional en español, Lluvia de albóndigas), sorprendía a pequeños y grandes con una original combinación de imaginación desbordada, energía sobrecafeinada y humor tontiligente. Cuatro años después nos llega su inevitable secuela, lógica y estúpidamente titulada Lluvia de albóndigas 2, una película confeccionada con un único objetivo en mente: la taquilla.

Lluvia de albóndigas 2 retoma la historia en el justo punto donde la dejó la primera parte. Tras la catástrofe meteo-alimenticia provocada por el FLDSMDFR, la máquina que convierte el agua en comida inventada por Flint Lockwood, regresamos a Swallow Falls, ahora convertida en una reserva natural de “comidanimales” salvajes. El FLDSMDFR ha sobrevivido y está creando alimentos Lluvia_de_Albóndigas_2_-_Cartel_Finalcon vida, dando lugar a una rica fauna de criaturas a cada cual más estrambótica. Flint, que ahora trabaja para una gran corporación dirigida por un Steve Jobs de las barritas energéticas, regresa con sus amigos a la isla para detener el FLDSMDFR y salvar el mundo de la amenaza que está provocando. Lluvia de albóndigas 2 es una evidente parodia de Parque jurásico, en la que los comidanimales hacen las veces de dinosaurios. Y por si hubiera alguna duda, Sam Sparks (voz original de Anna Faris) va vestida como Ellie Sattler (el personaje de Laura Dern en Parque jurásico).

Meatballs sigue haciendo gala de una enorme creatividad, pero en esta ocasión se reduce únicamente al apartado visual. La secuela es un hiperactivo espectáculo de luz y color que encandilará sobre todo a los más pequeños, gracias en parte a esa adorable animación cartoon que se aleja de todo lo que están haciendo los demás estudios de animación. Sin embargo, la historia que se nos cuenta esta vez viene totalmente constreñida por las normas de la animación digital más formulaica. Lluvia de albóndigas 2 es un déjà vu continuo, no porque técnicamente sea un homenaje (esto es seguramente lo que más satisfacción proporcionará al espectador adulto), sino porque ha desaparecido todo atisbo de la novedad y la frescura que caracterizaban a la primera película. De la misma manera, el sentido del humor ha sufrido una mutación genética: de rápido y agudo a rápido y tontaina. Y no me hagáis hablar del pollo.

Lluvia de albóndigas 2 se reduce a los dos chistes reciclados de siempre (incluido el recurso de los ojos de pena que puso de moda el Gato con Botas de Shrek) y un repetitivo mensaje aspiracional (el de siempre también), que además carece de toda lógica: Flint Lockwood creó un invento que ha cambiado (literalmente) el mundo, pero en esta película no es más que un aspirante hazmerreír que tiene que demostrar lo que vale, una mala excusa para calzar el imprescindible “persigue tu sueño, con esfuerzo puede ser lo que te propongas”. Lluvia de albóndigas 2 es una tosca reformulación de la historia para ajustarse al molde y hacer caja, un producto que se ha quedado con el envoltorio y ha tirado lo que había dentro.

Valoración: ★★½

Crítica: Frozen – El reino del hielo

FROZEN

Adaptarse a los nuevos tiempos ha resultado ser una tarea muy complicada para Walt Disney Animation Studios. Echando un vistazo a su catálogo más reciente no nos cabe duda de que el estudio las ha pasado canutas para reinventarse sin perder la magia de antaño. Y mira que lo ha intentado. Con Tiana y el sapo (2009) proponía una regresión nostálgica que recuperaba la animación tradicional 2D para gozo de los más disneyófilos (los que ya rondaban los 30, claro). Pero la clave del éxito no estaba en repetir la jugada sin tener en cuenta el contexto sociocultural del momento, así que la cosa quedó en un homenaje aislado. Lo que vino después fueron varios ejercicios de ensayo y error (Enredados, ¡Rompe Ralph!) que si bien cumplían con un mínimo de calidad, se alejaban del espíritu Disney influenciados por lo que estaban haciendo otros gigantes de la animación. En 2013, Disney ha hallado por fin el puente más estable entre pasado y futuro. Con Frozen: El reino del hielo el estudio recupera el lustre de sus mejores años sin dejar de mirar hacia delante, para darnos el mejor Clásico Disney en más de una década.

Adaptación libre (libérrima, como de costumbre) de La reina de las nieves, el cuento de Hans Christian Andersen, Frozen desprende ese inconfundible (y hasta ahorra irrepetible) aroma al Disney de principios de los 90. Fuertes ecos de La Sirenita y La Bella y la Bestia se pueden oír constantemente a lo largo de la película, sin que estos suenen en ningún momento a remedo. Chris Buck (Tarzán) y Jennifer Lee (¡Rompe Ralph!) actualizan un cuento de toda la vida en un ejercicio absoluto de reafirmación para Disney, encontrando el equilibrio perfecto entre clasicismo y modernidad, sin caer en excesos nostálgicos ni abusar del inevitable humor meta (es decir, sin adentrarse en terreno Shrek), y recurriendo a giros argumentales que compensan lo predecible de la historia.

"FROZEN" (L-R) KRISTOFF and ANNA. ©2013 Disney. All Rights Reserved.

Frozen es evidentemente una película de princesas Disney (dos por el precio de una además), y sin embargo no está articulada por el elemento romántico (presente, eso sí), sino por la relación entre las dos hermanas protagonistas, Anna (Kristen Bell) y Elsa (Idina Menzel). Siguiendo el sendero feminista marcado por la reciente Brave (Anna es el eslabón perdido entre Ariel y Merida) y haciendo gala de una exquisita autoconsciencia, Frozen renuncia discretamente a las convenciones más arcaicas de los cuentos de princesas y rechaza jocosamente la idea del amor verdadero por combustión espontánea (“No me fío de tu criterio”, le dice Kristoff a Anna después de que esta le confiese que se ha enamorado de su príncipe en 5 minutos). El resultado es un diálogo constante con la audiencia en el que Disney nos recuerda una vez más cuáles son los valores que el estudio promueve desde hace ya mucho tiempo.

Además de suponer una refrescante (nunca mejor dicho) revisión de los clásicos Disney más arraigados en la cultura popular, Frozen es un nuevo salto adelante en lo que a técnica se refiere. Buck y Lee sacan todo el partido a la mejor animación 3D y orquestan un portentoso e imaginativo espectáculo visual con bellísimos pasajes que dejan sin aliento (atención a la escena en la que Elsa construye su castillo). Afortunadamente, en esta ocasión el resto de elementos están a la altura del despliegue de medios. Frozen está cargada de momentos de calidez abrumadora, de comedia inteligente y magia espectacular. Sus personajes se ajustan a todos los clichés, pero rebosan humanidad por los cuatro costados; incluido el imprescindible sidekick, en esta ocasión un muñeco de nieve viviente llamado Olaf que contra todo pronóstico acaba siendo una fuente infalible de ternura y humor. Y por último (pero no por ello menos importante), Frozen se erige como un colosal y esplendoroso musical de Broadway, repleto de canciones redondas (quizás demasiado) a cada cual más pegadiza (Idina Menzel canta la impresionante “Let It Go” con la misma fuerza con la que interpretó su “Defying Gravity” del musical Wicked). Tan clásica como contemporánea, y en última instancia intemporal, Frozen podría ser el principio de una nueva época dorada para Disney.

Valoración: ★★★★

Crítica: Turbo

Turbo

Dreamworks lleva unos años elevando considerablemente el listón de su cine de animación. Kung Fu Panda, Cómo entrenar a tu dragón y El origen de los guardianes son muestras del buen camino que ha tomado el estudio. Pero no todas las películas que sacan al año se pueden medir por el mismo rasero. Están las súperproducciones y las de relleno para cubrir la demanda anual. Turbo pertenece a la segunda categoría. Por eso, Dreamworks se la encarga a David Soren, cuyos trabajos previos en la compañía pasan por aquella abominación que fue El espantatiburones y los cortos para televisión de Madagascar. Podemos hacernos una idea de la confianza depositada en el potencial de la película (Soren no tiene la culpa, su potencial tiene derecho a desarrollarse, claro).

Turbo es animación de manual para niños, un producto de usar y tirar, intercambiable con el 80% del cine de animación 3D que nos llega. La misma fórmula de siempre, el mismo guion-plantilla de siempre, el mismo mensaje de siempre. Una cantinela aspiracional que Turbo póster españolpor muy encomiable que sea, suena a palabras que se lleva el viento. “Persigue tu sueño, con esfuerzo y dedicación puedes ser cualquier cosa que te propongas”. Esa es la idea detrás de esta historia sobre un caracol que aspira a correr en las 500 millas de Indianápolis. E insisto, es una de las mejores lecciones que se puede dar a un niño. Walt Disney lo dijo y tenía razón, todo comenzó con un ratón, el cielo es el límite, hasta el infinito y más allá, y todo eso. Pero no debería ser tan difícil encontrar nuevas formas de impartirla. No debería costar tanto dejar de hacer la misma película una y otra vez.

Si fusionamos Ratatouille y Cars, le rebajamos las dosis de pasión y compromiso artístico, y le añadimos una pizca de Fast & Furious, obtenemos Turbo. En ella nos encontramos con un soñador empedernido que renuncia al yugo de su cuadriculada comunidad, demostrando que cada uno es dueño de su propio destino. Si Remy quería ser chef, Turbo (voz original de Ryan Reynolds) quiere ser piloto de carreras (él no conduce un coche, él es el coche). Y no es necesario entrar en detalle sobre cómo lo consigue (aunque la secuencia a lo F&F es impagable), pero se convierte en el caracol más veloz del mundo, una sensación gasterópoda patrocinada por un área de servicio que necesita clientes para recuperar sus días de gloria. ¿Os suena? Efectivamente, es un Radiador Springs de saldo, regentado por inapropiados estereotipos raciales (los hermanos mexicanos que venden tacos, la china que lleva un salón de manicura).

Puede que el público objetivo quede satisfecho con el festival de color de Turbo. Al fin y al cabo el niño no es demasiado exigente y la película tiene los suficientes atractivos visuales y cómicos como para contentarlo. Pero quiero pensar que hasta los más pequeños se percatarán de lo monótono y repetitivo que es todo en cuanto escuchen “We Are the Champions” o “Eye of the Tiger”. Efectivamente, no una, las dos suenan a lo largo de la película. Más transparente imposible.

Valoración: ★★

 

Rueda de prensa ‘Justin y la espada del valor’

Justin photocall

Como os he contado esta mañana, fuertecito no ve la tele ha asistido a la rueda de prensa de la nueva película española de animación Justin y la espada del valor, que ha tenido lugar en el bonito Castillo de Villaviciosa de Odón (aunque al lado de los chalets que hay por allí se queda pequeño), a las afueras de Madrid.

A ella han asistido el director de la película, Manuel Sicilia, la actriz Inma Cuesta, que pone voz a Talía, la cantante Angy, que interpreta el tema principal de la película, y Antonio Banderas, que además de poner voz a uno de los protagonistas, Sir Antoine, es productor de la cinta y socio de la productora KANDOR Graphics.

Rueda de prensa Justin y la espada de valor

A continuación os dejo con las declaraciones más interesantes que ha generado la rueda:

La palabra “valor” se encuentra en el título de la película, y no solo se refiere al coraje del protagonista, sino también de una lección importante para los más pequeños: “Además de divertir, Justin y la espada del valor posee un importante mensaje educativo. El valor fundamental que se desea transmitir con ella es la perseverancia, no abandonar nunca un sueño. Esto se aplica a todo el equipo de la película, a las 150 personas detrás de [la empresa andaluza] KANDOR Graphics, que han trabajado duro durante 4 años para que saliera adelante. ¡Todos somos Justin!“, explica Banderas.

El popular actor malagueño añadió que las aspiraciones del proyecto van mucho más allá de hacer que los niños y sus padres acudan al cine: “Además de ser un proyecto artístico, es uno tecnológico. Le enseñé la película a los de Dreamworks y la recibieron con júbilo. Pero además, nuestra idea principal no era hacer una única película, sino generar industria. Lo que pasa es que los artistas somos muy malos para eso”.

Inma Cuesta

Inma Cuesta interpreta a la heroína que acompaña a Justin en su aventura, Talía. Según la actriz de Blancanieves, su personaje tiene mucho en común con ella. “Soy como Talía, me lanzo a la piscina aunque me mate. Yo también soy de armas tomar, pero sin espada, que no me hace falta”. Además, la actriz cuenta cómo fue su primera experiencia como dobladora en una película de animación. “Tuve que cambiar mi timbre de voz, porque sonaba mucho mayor que el personaje, tal y como lo concibió Manuel. Mi primera reacción fue decir ‘¿Que tengo voz de mayor?!” Cuesta también tiene unas palabras para animar al público a asistir a las salas a ver la película: “Es una peli para niños, pero el padre y la madre que los acompañan tienen algo donde agarrarse“.

El director de la película, Manuel Sicilia, conocido por su cortometraje nominado al Oscar La dama y la muerte, y su largo de animación El lince perdido, define Justin y la espada del valor como “una historia de amor entre un padre y un hijo que quieren estar juntos, pero pertenecen a mundos distintos“. Todos coinciden en que Justin y la espada del valor es una cinta eminentemente infantil, destinada a los más pequeños de la casa. Sin embargo, también señalan los elementos que la distancian del resto de propuestas de esta naturaleza: “Mi personaje es todo lo contrario a lo que estamos acostumbrados a ver en el cine de animación. Talía no es una princesa que necesita ser rescatada“, comenta Cuesta. “No es una comedia loca como las que nos llegan de Estados Unidos. Esta tiene más corazón. Un referente sería Up de Pixar, que consigue hacernos llorar en los primeros minutos”, añade Sicilia (sorprendentemente no ha habido mención alguna para la maravilla de Dreamworks Cómo entrenar a tu dragón, con la que Justin guarda bastante parecido). Por último, Antonio Banderas insiste en que Justin y la espada del valor es una película para niños, y que estos no se tienen que preocupar por ser bombardeados con referencias pop que no van a entender”.

Justin rueda de prensa fuertecito

Justin y la espada del valor compite en un mercado dominado por los estudios de animación de Hollywood, que Banderas conoce muy bien después de su participación en Shrek y El gato con botas. Por eso, el actor sabe exactamente lo que Justin necesita para lograr el éxito: “Nosotros no podemos competir al mismo nivel que las películas de Hollywood, porque no tenemos 70 millones para gastar en promoción. Cuando vine a promocionar El gato con botas me sorprendió ver toda la Castellana llena de carteles de la película. Con ese tipo de despliegue, no es una opción no ver la película. Nosotros necesitamos ayuda de las televisiones, que animen a los padres a llevar a sus hijos al cine, y de los medios, para difundir este producto español que ha conseguido salir adelante en los momentos tan difíciles que vivimos”.

Por mucho que se insista en que Justin y la espada del valor gustará sobre todo a los niños, Sicilia y Banderas hablan de que la historia tiene un trasfondo de crítica a la sociedad que se puede relacionar con la situación actual: “Vivimos en un mundo muy violento y confuso. El orden y la ley que se plantean en la sociedad moderna rozan lo absurdo. Y ese es el comentario que pretendemos hacer sobre todo con la primera parte de la película”, dice Banderas.

Antonio Banderas

Nos estaríamos engañando si afirmásemos que el cine de animación nacional goza de buena prensa y recepción por parte del público. A pesar de algunos éxitos aislados como Las aventuras de Tadeo Jones, las películas “de dibujos” españolas no juegan en la misma liga que las americanas, y eso se nota. Por eso quizás se ha desespañolizado esta película, otorgando nombres extranjeros a los protagonistas y ocultando cualquier rasgo que la identifique como española a primera vista. A la pregunta “¿Creéis que Justin puede considerarse que representa la marca España?”, Banderas responde: “La marca España debe ser el esfuerzo de mucha gente. Tenemos que creérnoslo, no podemos quedarnos en el buque de las víctimas“. De eso se trata, de no sentirse achicado por los titanes de la industria, y de esforzarse para sacar adelante el mejor producto posible. De momento, como ha revelado Sicilia, Justin y la espada del valor va a verse en casi 150 países, así que el trabajo duro del equipo afincado en Granada ha merecido la pena.

Justin y la espada de valor

Ambientada en un mágico mundo medieval con el que los niños siguen soñando, Justin y la espada del valor es una emocionante historia que nos habla de la constancia con la que un chico persigue sus propios sueños. Una aventura llena de emoción, acción y diversión, en la que se entremezclan la amistad, el honor y el valor.

De la mano de Sony Pictures, KANDOR Graphics y La portería de Jorge Juan, Justin y la espada del valor llega a las salas españolas el 20 de septiembre de 2013.

Fotos 1,2,3,5,6 ©Sony Pictures España, Foto 4 ©fuertecito no ve la tele