[Reseña Blu-ray] Men in Black: International trae la saga marciana al siglo XXI

Mientras Mulder y Scully ponían de moda a los extraterrestres en televisión, la obsesión de la sociedad por la vida en otros planetas llegó al cine, culminando en uno de los grandes éxitos del cine de los 90, Men in Black. La película dirigida por Barry Sonnenfeld y protagonizada por  Will Smith y Tommy Lee Jones fue un auténtico taquillazo con casi 600 millones recaudados en todo el mundo, lo que dio lugar a una de las franquicias más rentables de Sony, generando dos secuelas estrenadas con una década de diferencia (2002 y 2012), pero con el mismo éxito.

Siete años después de MIB3 (la más taquillera de la saga con 624 millones recaudados globalmente), Sony Pictures ha decidido pulsar el botón de reset con un spin-off que se desarrolla en el mismo universo, pero se centra en otros personajes, Men in Black: International. Sustituyendo a Smith y Jones, que no repiten en esta ocasión, se encuentran Chris Hemsworth y Tessa Thompson, dúo dinámico (y espacial) que ya había enamorado a los fans de Marvel con su química como Thor y Valquiria en el Universo Cinematográfico Marvel.

Dirigida por F. Gary Gray (Straight Outta ComptonFast & Furious 8), que releva a Sonnefeld después de que este se ocupase de las tres anteriores, Men in Black: International renueva la franquicia con la incorporación de la Agente M (Thompson), haciendo que por primera vez una mujer coprotagonice una de sus entregas. Este personaje es el punto de partida e hilo conductor de la historia. Tras años intentando confirmar su existencia después de experimentar un contacto alienígena cuando era niña, M consigue ser contratada por la organización secreta MIB. Su primera gran misión le lleva a emparejarse con el arrogante y solitario Agente H (Hemsworth), con el que descubrirá una amenaza a la que MIB no se habían enfrentado nunca: un topo dentro de la propia organización.

Lo mejor de esta nueva Men (and Women) in Black es que no se limita a la reproducción nostálgica, sino que opta por renovarse casi por completo. A pesar de los guiños a la trilogía original y la presencia de Emma Thompson como la Agente O, MIB International está concebida como un reinicio, una actualización orientada a las nuevas generaciones, es decir, al público más joven, lo que sirve para expandir su universo más allá de lo visto hasta ahora. Por eso la nueva historia no cuenta con demasiada continuidad con respecto a las películas de Smith y Jones, las cuales no es estrictamente necesario haber visto para seguir el hilo.

Aunque no es exactamente lo que los fans de la trilogía esperaban (para ellos es inevitable echar de menos a los Hombres de Negro originales), MIB: International es un pasatiempo ligero y sin pretensiones al que no debemos exigirle demasiado. Pese a contar con una historia formulaica y predecible, la película funciona gracias sobre todo a su actitud desenfadada, a la compenetración de sus dos protagonistas y, sobre todo, al trabajo de una enérgica y carismática Tessa Thompson, con diferencia lo mejor del film.

Salvo algún chiste anticuado, MIB: International cumple muy bien como reboot y lleva la saga al siglo XXI, con mayor diversidad y mejor representación femenina. Además, como cabe esperar de MIB, la acción es explosiva y los extraterrestres muy originales e imaginativos. Destaca la incorporación de Peoncín (voz de Kumail Nanjiani en inglés), extraterrestre de bolsillo que tiene pinta de la típica “mascota” pesada, pero acaba dejándonos las mejores frases y los momentos más graciosos.

En resumen, estamos ante una MIB nueva pensada principalmente sobre todo al público más joven, no para treintañeros nostálgicos, una aventura convencional pero eficaz y divertida para desconectar y pasarlo bien.

RESEÑA DEL BLU-RAY

Sony Pictures ya ha puesto a la venta Men in Black: International en digital y múltiples formatos físicos. La película ha salido al mercado en España en DVD, Blu-ray, 4K UHD y dos ediciones metálicas limitadas en Blu-ray con contenido adicional no disponible en las otras ediciones, además del pack con la saga completa.

La edición analizada en esta ocasión es el steelbook limitado con la portada de Peoncín, que reserva la imagen de Chris Hemsworth y Tessa Thompson para el interior del estuche (aquí podéis ver fotos). La simpática ilustración de portada se complementa en la contraportada con una imagen del globo terráqueo, tal y como aparece en el film. Por último, los coleccionistas que odien los steelboks sin título en el canto pueden estar tranquilos, porque este lo lleva.

En cuanto a los contenidos adicionales, el steelbook lleva el disco que también se incluye en la edición Blu-ray normal, además de un disco adicional con extras que solo se encuentran en esta edición.

Los extras en común son lo siguientes:

  • 10 escenas eliminadas con un total de duración de 11:35 minutos
  • Tomas falsas (2 minutos)
  • Alien-cestry.com y Neuralizador: como si no hubiera ocurrido (anuncios de la base de datos de alienígenas protagonizado por Frank el carlino)
  • Reclutas nuevos, trajes clásicos
  • ¡Hagámoslo! Las escenas de acción más peligrosas
  • Mire aquí: aparatos, armas y vehículos
  • Expandiendo el universo de MIB
  • Les twins
  • Los Hombres de Negro conocen a la NBA
  • Frank el carlino y el gallinero de Peoncín
  • En caso de que hayas sido neuralizado: repaso de MIB

El disco adicional incluye:

  • Chris y Tessa salvan el mundo: alrededor del mundo con MIB: International.

A destacar las tomas falsas, que aunque breves (2 minutos), nos dejan momentos muy divertidos e incluso uno muy sexy protagonizado por Rebecca Ferguson y Tessa Thompson. También varias featurettes sobre los nuevos protagonistas y cómo se hizo la película (trajes, escenas de acción, armas, vehículos…), un repaso nostálgico a la saga (presentado por Frank el carlino, para los que su aparición en la película les haya sabido a poco), un crossover con la NBA y por supuesto, escenas eliminadas, con más momentos Hemsworth-Thompson, un final alternativo y la pieza estrella: una escena extendida en la que el Agente H se neuraliza a sí mismo tras acostarse con una alienígena.

En general, la edición cuenta con contenido abundante y está cuidada al detalle para satisfacer a los fans de la saga, tanto a los de toda la vida como a los nuevos. Pero sobre todo se convierte en imprescindible para los seguidores de dos de los actores más queridos del panorama actual, Chris Hemsworth y Tessa Thompson, quienes, tanto por la película como por las imágenes tras las cámaras, está claro que se lo pasaron en grande con el proyecto.

Men In Black: International – Reinicio para las nuevas generaciones

La obsesión de los 90 por los extraterrestres culminó en el éxito de Men in Black en cines. La película protagonizada por Will Smith y Tommy Lee Jones recaudó casi 600 millones de dólares en taquilla en 1997, impresionante cifra que dio a Sony una de sus franquicias más rentables y reafirmó el status de Smith como una de las mayores estrellas de Hollywood. La película generó dos secuelas, una en 2002 y otra una década más tarde, en 2012, siendo MIB3 la más taquillera a nivel mundial de la saga (624 millones).

En la era de la nostalgia, era cuestión de tiempo que los Hombres de Negro hicieran un comeback, como tantos otros iconos de los 80 y los 90. Pero en lugar de realizar una secuela directa con sus protagonistas originales (que seguramente no recibieron la oferta suficiente), Sony ha decidido pulsar el botón de reset y darle a la saga un lavado de cara con Men in Black: International, continuación/spin-off con nuevos personajes. Barry Sonnenfeld, que dirigió la trilogía original, cede la batuta a F. Gary Gray (Straight Outta ComptonFast & Furious 8), quien dirige un renovado reparto encabezado por Chris HemsworthTessa Thompson y el omnipresente Liam Neeson.

Men in Black se convierte en Men and Women in Black (no oficialmente, aunque sí a través de chistes y diálogos con voluntad modernizadora) con la incorporación de Thompson, cuyo personaje proporciona el hilo conductor de la historia. La Agente M ha conseguido fichar por MIB después de muchos años intentando confirmar su existencia. Su obsesión por la organización secreta viene desde la infancia, cuando experimentó un contacto alienígena que los Hombres de Negro no borraron de su memoria con el neuralizador. Ahora, la novata debe demostrar que tiene lo que hace falta para formar parte de MIB, para lo que se embarcará en una peligrosa misión alrededor del mundo junto al arrogante y solitario Agente H (Hemsworth), con el que descubrirá una amenaza a la que MIB no se habían enfrentado nunca: un topo dentro de la propia organización.

En lugar de caer en la reproducción nostálgica, la nueva Men in Black opta por renovarse casi por completo, presentándose como un nuevo comienzo que transcurre en el mismo universo y lo expande. Esta película no es un regalo a los fans de la trilogía original, sino una actualización dirigida a las nuevas generaciones. De ahí que no haya mucha continuidad con las anteriores entregas, que no hace falta haber visto para ver esta. Hay guiños que la conectan con las películas de Smith y Jones, y la (breve, pero como siempre fabulosa) presencia de Emma Thompson, que regresa como la Agente O, también sirve como enlace, pero por lo general, MIB: International es un reinicio, también en tono y espíritu. Algo que, sin duda, no casará bien con los más puristas, que echarán de menos a sus protagonistas originales.

MIB: International es un pasatiempo ligero y sin pretensiones al que, idealmente, no se le debería exigir demasiado. Es cierto que la historia es muy predecible y formulaica, pero funciona, sobre todo gracias a sus dos protagonistas, y en especial a una fantástica Thompson, que es con diferencia lo mejor de la película. Su química con Hemsworth (con quien repite después de Thor: Ragnarok) es evidente, y juntos forman un dúo muy divertido y compenetrado (y bueno, qué bien les queda el traje). Lo único que falla en esta pareja es cierta tendencia al humor rancio a la hora de manejar su tensión sexual no resuelta. El flirteo no hace daño, pero los chistes sobre lo buena que está una o lo mujeriego que es el otro anulan momentáneamente el progreso que supone tener a una mujer como protagonista en una saga eminentemente masculina. Si hay algo propio de los 90 que no hacía falta recuperar era eso.

Por lo demás, MIB: International es mejor de lo que parece. Como cabe esperar de la saga, la acción es explosiva y los aliens muy imaginativos. Destaca la incorporación de Peoncín, extraterrestre de bolsillo que corría el riesgo de convertirse en la típica mascota irritante y sobreexplotada, pero acaba haciéndose querer y dejándonos algunas de las mejores frases del film, gracias al excelente trabajo de voz de Kumail Nanjiani. En general, estamos ante una MIB nueva, orientada sobre todo al público más joven (insisto, no es un producto diseñado para treintañeros nostálgicos), una aventura convencional pero eficaz, con dos protagonistas que claramente se lo están pasando en grande, y nos piden que nos soltemos para divertirnos con ellos.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Vengadores: Endgame: Un final “perfectamente equilibrado” [Crítica sin spoilers]

El cine tal y como lo conocíamos cambiaría en 2008 con el estreno de Iron Man. Por aquel entonces, poco podíamos imaginar lo que Marvel conseguiría a lo largo de la década posterior, pero el estudio tenía un plan, y este ha dado más frutos de lo que ni siquiera ellos mismos se imaginaron. Diez años y 21 películas después, llegamos al gran evento cinematográfico con el que se cierra una era, Vengadores: Endgame, el desenlace de una macrohistoria impecablemente diseñada y estructurada que ha amasado récords de taquilla, ha cambiado las reglas del blockbuster, y lo más importante, ha enganchado a cientos de millones de personas en todo el mundo.

Vengadores: Infinity War sacudió los cimientos del Universo Marvel con un final cliffhanger que alcanzó estatus icónico inmediato, y del que se seguirá hablando en el futuro. El chasquido de Thanos cambió el universo, eliminando a la mitad de los seres vivos que lo habitan, y generando una de las reacciones más viscerales entre los espectadores que se recuerdan en mucho tiempo. La devastación que provocó la derrota de los Vengadores, y el desvanecimiento de sus seres queridos y muchos de nuestros héroes favoritos, puso de manifiesto el gran logro de Marvel, la fidelización de la audiencia a través de sus personajes, y también sus mayores virtudes, la planificación narrativa a largo plazo y la paciencia. Si el chasquido nos afectó tanto (incluso sabiendo que sus trágicos efectos no serían permanentes), es porque sus personajes nos importaban. Y nos siguen importando.

En Marvel son maestros de la anticipación. Y esa anticipación nos ha llevado hasta aquí, hasta el “juego final”, el clímax de las primeras tres fases del UCM. Escribir una crítica de Endgame sin desvelar puntos claves de su argumento es una tarea complicada, por no decir imposible, pero lo intentaremos. El factor sorpresa es un elemento clave en la película de Joe y Anthony Russo. Es por ello que los trailers han jugado al despiste incluyendo imágenes en su mayoría pertenecientes a la primera media hora de metraje (o que no están en el montaje final) y ocultando la participación o el look de ciertos personajes. A pesar de haber desatado miles y miles de teorías, Endgame es la película más imprevisible del Universo Marvel. Por eso era de capital importancia no estropear ninguna de las innumerables sorpresas y giros argumentales del film, ya que su descubrimiento es esencial para vivir la mejor experiencia cinematográfica posible.

Endgame lidia con las consecuencias de la devastación provocada por Thanos en Infinity War, dando énfasis a los seis Vengadores originales, Iron Man, Capitán América, Viuda Negra, Ojo de Halcón, Thor y Hulk. Todos ellos unen fuerzas junto al resto de los héroes que sobrevivieron al chasquido para trazar un plan con el que derrotar definitivamente al Titán Loco y con suerte deshacer el desastre que ocasionó. El primer acto es con diferencia la hora más triste, madura y emocional de todo el Universo Marvel. Es entonces cuando Vengadores se convierte en The Leftovers, cuando los supervivientes deben enfrentarse a la vida sin sus compañeros de “trabajo”, sin sus seres queridos, sin su familia… mientras el mundo se adapta a su nueva realidad.

Y es ahí donde los hermanos Russo más se toman su tiempo. Endgame es la película más grandiosa y ambiciosa de Marvel, pero la duración de tres horas no se justifica (solo) por la necesidad de cerrar mil asuntos o incluir más batallas, sino por los momentos más pequeños; las escenas en las que se exploran los lazos entre los personajes, las que nos muestran a los superhéroes como seres humanos afrontando la pérdida y asumiendo la necesidad de pasar página. En esas interacciones, en esas miradas y esas lágrimas es donde Marvel esconde la esencia de lo que está contando, lo que hará que lo que pase a continuación nos afecte más profundamente. Porque en todos estos años, nos han estado contando una historia a la que no hemos prestado la atención suficiente porque siempre hemos tenido algo más explosivo o impactante que comentar: la de una familia. Más allá de los trajes, los superpoderes, las aventuras intergalácticas y la reflexión sobre lo que significa ser un superhéroe, Marvel ha construido una familia (o varias) a la que deseamos ver unida de nuevo, cueste lo que cueste.

Pero por supuesto, Endgame también es humor (Thor, Bruce y Scott protagonizan los momentos más divertidos y extraños, pero hay muchos más), es acción y espectáculo. Aunque el listón estaba alto después de Infinity War, los Russo consiguen superar en envergadura y alcance a la anterior entrega de los Vengadores. Y a todas las películas del Universo Marvel. Endgame incluye algunos de los planos más impresionantes y memorables de toda la saga, los mejores efectos visuales, combates que paran la respiración y la que es una de las batallas más épicas que se han visto jamás en una pantalla de cine.

Y lo mejor es que todo está medido para que nunca se pierda de vista el propósito de la historia, el objetivo final, para que todas las piezas encajen y la pirotecnia nunca eclipse a los personajes; un numerosísimo plantel de héroes que se dosifica de forma inteligente y mesurada (cualquier momento, por pequeño que sea, es importante, todos los regresos y apariciones sirven una función, y la incorporación de Capitana Marvel se realiza con coherencia y sin robar protagonismo a los que están ahí desde el principio). Es cierto que la trama abarca tanto y depende tanto de todo lo visto anteriormente, que por momentos puede apabullar o confundir, que hay alguna decisión difícil de digerir y que los agujeros de guion están a la vista de todos, pero teniendo en cuenta la titánica hazaña a la que se enfrentaba Marvel con tantísimos cabos que atar, y lo bien que la ha desempeñado, no dejan de ser detalles menores en un final enormemente satisfactorio.

Vengadores: Endgame es el gran acontecimiento que nos prometieron, una de esas películas que marcan generaciones. Sus tres horas resultan casi inabarcables, emocionalmente agotadoras (en especial su abrumador último acto y su conmovedor epílogo), pero no sobra ni un minuto. Todo cuanto acontece en ella responde a un meticuloso plan ejecutado a la perfección, y aun así se las arregla para sorprender y mantener alerta de principio a fin, para hacernos reír y llorar, para dejarnos clavados en la butaca y darnos una escena icónica detrás de otra. Pura catarsis.

Se trata de la culminación de diez años de extraordinario trabajo que se saldan con la película más emotiva de Marvel, la sublimación de su estilo narrativo y su equilibrada fusión de acción, épica, drama y comedia. También es la entrega en la que el reparto más se ha dejado la piel y el corazón, en la que más salta a la vista la importancia capital de los actores que hay tras los personajes. Y por último, es una gran celebración del Universo Marvel, un sentido autohomenaje repleto de guiños y un inmejorable regalo a los fans que han llevado al estudio a lo más alto con su fidelidad incondicional. En definitiva, un final redondo que está a la altura de las monumentales expectativas y hace que la espera haya merecido la pena.

Si Infinity War era el principio del fin, Endgame es el fin… y también un principio. De algo nuevo. Algo probablemente diferente. Indudablemente excitante. Cierre definitivo (y precioso) para algunos personajes, nuevo comienzo para otros, y un futuro lleno de posibilidades infinitas para los seguidores del estudio. La historia continúa expandiéndose y transformándose de forma imparable, y sea lo que sea lo que nos están preparando, Marvel se ha ganado nuestra entera confianza para los próximos diez años. Como mínimo.

Pedro J. García

Nota: ★★★★★

‘Vengadores: Infinity War’: Un acontecimiento de proporciones titánicas

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Todo está conectado y todo ha conducido hasta aquí. El principio del fin. El final de un principio. Después de una década, tres fases y 18 películas, da comienzo la culminación del Universo Cinematográfico Marvel tal y como lo conocemos con Vengadores: Infinity WarAunque técnicamente sea la tercera entrega de Vengadores (la cuarta si contamos Capitán América: Civil War), esta vez es distinto, y se siente en cada fotograma. Se trata del clímax de todo un universo de ficción construido con admirable paciencia y planificación, un desenlace que promete sacudir fuertemente sus cimientos antes de iniciar la siguiente etapa.

Si La era de UltrónCivil War ya contaban con repartos multitudinarios, lo de Infinity War es la macro-reunión más impresionante que nos ha dado el cine de superhéroes hasta la fecha. Parecía imposible, pero Marvel lo ha conseguido. A Los Vengadores se suman los Guardianes de la Galaxia y otros muchos aliados para enfrentarse a la mayor amenaza de su historia, Thanos. El Titán Loco planea hacerse con las Gemas del Infinito para llevar a cabo su ambicioso plan de transformar y dominar el cosmos entero. Los héroes deberán proteger las Gemas de su familia de secuaces, la Orden Negra, para evitar que su enemigo se convierta en un ser todopoderoso y ponga fin al universo.

Un argumento relativamente sencillo para describir una historia que lleva desarrollándose a lo largo de tanto tiempo con múltiples frentes y ramificaciones. Los hermanos Russo, que dirigieron las dos anteriores entregas del Capitán América, El soldado de invierno y Civil War, se hacen cargo del reto más complicado de los diez años de Universo Marvel, unificar todo lo visto hasta ahora y hacer que confluya en dos horas y media de película. El resultado es sin duda satisfactorio, en especial para aquellos que hayan seguido devotamente el Universo Marvel (los espectadores casuales probablemente no se enterarán de nada). En recompensa a la fidelidad de los marvelitas, Infinity War les da todo lo que querían. Y después mucho más.

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Porque en realidad, más que una película, Infinity War es un evento. Uno orquestado para hacer que los fans de Marvel se queden pegados a su asiento y no pestañeen ni una vez, por miedo a perderse algo importante. Infinity War redefine el término “épico”. Es grande. Enorme. Tanto que puede ser difícil abarcar todo lo que pasa en ella y acabar siendo una experiencia abrumadora. Pero eso es justo lo que esperábamos, un acontecimiento como ninguno otro en el cine reciente, un aluvión de información y sensaciones, el crossover para acabar con todos los crossovers.

En Infinity War coinciden por primera vez (casi) todos los personajes principales de Marvel a los que hemos conocido en anteriores películas. Los Vengadores, los Guardianes, Spider-Man, Doctor Strange, Black Panther… La historia transcurre en multitud de emplazamientos, recorriendo toda la galaxia conocida para (re)introducir a los héroes, conducirlos los unos hacia los otros y formar varios grupos con ellos. A pesar de que esto causa la inevitable fragmentación y el amontonamiento que suele lastrar este tipo de reuniones superheroicas, los Russo consiguen que todo encaje, conservando los estilos individuales y las voces de los personajes, lo cual ayuda a unificar un todo disperso y muy bullicioso. Además, gran parte de la acción transcurre en el espacio o alejada de núcleos urbanos, dando a la película una dimensión cósmica aglutinadora y ya de paso evitando volver a caer en el hastiado recurso de la destrucción de una ciudad.

Por supuesto, tantos personajes y tramas entrelazadas provocan los consabidos problemas: unos héroes quedan irremediablemente desplazados por otros (sorprende el poco peso que tienen Capitán América y Viuda Negra, seguramente reservados para la próxima) y el constante ajetreo al viajar de un rincón a otro de la galaxia puede llegar a agotar. Además, algunas escenas de batalla, por muy espectaculares que sean (y lo son, mucho), son tan vertiginosas y abarrotadas que corren el riesgo de saturar al espectador -nada a lo que no estemos habituados, por otro lado.

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Aun así, hay que elogiar de nuevo a los Russo porque, pese a todo esto, logran mantener el interés de principio a fin y que la película no tenga bajones de ritmo. Lo hacen cumpliendo a rajatabla el decálogo de Marvel, combinando acción, humor, épica y emoción de forma infalible. En Infinity War no hay minutos desaprovechados ni pasos en falso. Acierta dosificando bien la comedia (aunque sobra el product placement de los diálogos), sacando partido de las interacciones (y choques) entre personajes para dejarnos chistes verdaderamente inspirados y momentos muy divertidos a pequeña escala que suponen un respiro en contraposición a la magnitud de la película, y siempre teniendo en cuenta los vínculos que los unen y los motivan. De hecho, los héroes tienen el poder de derrotar a Thanos, pero es la lealtad y el amor que se profesan lo que dificulta su tarea de acabar con el villano y salvar el universo. Y ese es quizá el mayor acierto del film. Y del Universo Marvel en general. Que nunca pierde de vista el corazón que lo bombea y la importancia de anclar la acción en los personajes y sus relaciones.

Otro aspecto en el que Infinity War se salda con éxito es en la construcción del villano. Llevábamos mucho tiempo esperando ver a Thanos en acción y lo cierto es que no defrauda. Josh Brolin (a quien se puede identificar claramente tras el CGI) crea un antagonista grandioso y carismático cuyas apariciones en pantalla transmiten la tensa amenaza e imprevisibilidad que caracteriza al gigante púrpura, magnificadas por el impactante realismo de su rostro, fruto de un excelente trabajo de efectos digitales. Aunque no deja de ser el clásico monstruo con ansias de poder y control, el guion asocia su comportamiento a la compleja relación familiar que tiene con Gamora, lo que hace que presente muchas más capas que otros malos de Marvel. No tanto su séquito, la Orden Negra, que con excepción de Ebony Maw, están desdibujados y parecen personajes de World of Warcraft que se han perdido y han ido a parar a los pies del villano.

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Volviendo a Gamora, es necesario destacar la interpretación de Zoe Saldana, que comparte con Brolin el peso de la trama central, dándole un enfoque inesperadamente conmovedor a su personaje. Aunque en general, el trabajo de todo el reparto es sólido, con cada actor y actriz repitiendo aquello que tan buenos resultados les dio en películas anteriores. El descaro de Robert Downey Jr., la inocencia entusiasta de Tom Holland, la nobleza de Chris Evans, la fuerza de Elizabeth Olsen y su conexión con Paul Bettany, la afabilidad cercana de Mark Ruffalo, la fusión de gracia tontorrona y dramatismo imponente de Chris Hemsworth, la chispa impredecible de Dave Bautista… El dominio que tienen sobre sus personajes y lo definidos que estos están confirma una vez más cuál es el gancho real de estas películas, haciendo que los momentos individuales sean mejores que la suma de las partes.

En definitiva, y aun con sus defectos, Infinity War supone otra victoria para la Casa de las Ideas, una experiencia intensa, emotiva, visceral, visualmente desbordante y llena de sorpresas, en la que, por primera vez en el Universo Marvel, tenemos la sensación de que puede ocurrir cualquier cosa (y cuando lo hace, golpea tan fuerte que cuesta recuperarse). Estaremos hablando durante mucho tiempo de su escalofriante final, un cliffhanger que deja la impresión de haber visto solo la primera mitad de algo, pero también dispara hacia las estrellas la expectación y el miedo por saber qué nos deparará la segunda.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: Thor Ragnarok

A pesar de la fuerza y grandiosidad que caracteriza al personaje, Thor siempre ha sido uno de los eslabones más débiles del Universo Cinemático Marvel. El personaje interpretado por Chris Hemsworth ha brillado junto a Los Vengadores, pero sus entregas en solitario, Thor (2011) y Thor: El mundo oscuro (2013), no han tenido tan buena acogida por parte de público y crítica como las de otros héroes de este cosmos de ficción. Seguramente por esta razón, Marvel ha decidido que a la tercera va la vencida y le ha dado a la franquicia del Dios del Trueno un significativo lavado de cara con Thor: Ragnarok.

La película número 17 de Marvel es en cierto modo un reboot de Thor (muy metafórico corte de pelo incluido), un volantazo con el que Kevin Feige se aleja del tono serio y grandilocuente implantado por Kenneth Branagh en la primera entrega y emprende un nuevo rumbo, sin por ello sacrificar la épica intrínseca de la historia del hijo de Odín. Como se pudo ver en sus adelantos promocionales y como se confirma al ver el film, el modelo a seguir para realizar este reset ha sido Guardianes de la Galaxia. Adoptando el patrón de la franquicia de James Gunn, la nueva Thor tiene más comedia, más acción estrambótica y sobre todo, más color. La psicodelia, los sintetizadores, los láseres y la paleta cromática más chillona y cegadora se apoderan de los Nueve Reinos para darnos una aventura más ligera y completamente imbuida del espíritu de los 80 (el de Golpe en la pequeña China Flash Gordon), hermanando así a Thor con Starlord y su banda de forajidos intergalácticos.

Tras las cámaras se encuentra Taika Waititi (director de joyas como Lo que hacemos en las sombrasHunt for the Wilderpeople), una elección a priori chocante por parte de Marvel, que sin embargo se revela completamente acertada, además de coherente con la nueva estrategia creativa de Feige. La peculiar personalidad y el humor excéntrico de Waititi se pueden detectar a lo largo de toda la película, pero más allá de dejar su sello inconfundible, el realizador neozelandés ha sabido adaptar el idiosincrásico estilo de su cine al esquema general de Marvel. Es decir, Thor: Ragnarok es clara e inequívocamente un trabajo de Taika Waititi (como atestiguan entre otras cosas los cameos y secundarios interpretados por los habituales de su cine, como Rachel House, Sam Neill o él mismo), pero también es una película de Marvel. Esta vez, director y estudio han hallado el equilibrio y entendimiento adecuados para que la visión de uno no ahogue la del otro, como ha pasado ya en varias ocasiones (Ant-ManVengadores: La era de Ultrón), y que la voz individual del cineasta le dé una nueva capa de barniz a la franquicia sin que esta quede irreconocible (algo que, por otra parte, Feige no permitiría).

Siguiendo asimismo la estela de las más recientes secuelas de Marvel, Thor: Ragnarok es una película repleta de ideas, sorpresas, easter eggs y cameos (incluido el Doctor Strange en una aparición un poco metida con calzador), con numerosas tramas entrelazadas que conectan la historia con el pasado y el futuro del UCM. El film arranca con Thor preso al otro lado del universo, intentando escapar para evitar que la profecía del Ragnarok se cumpla y destruya su planeta natal, suponiendo el fin de la civilización asgardiana. Allí, Loki (Tom Hiddleston) continúa haciendo de las suyas, mientras Heimdall (Idris Elba) está desaparecido y los Tres Guerreros custodian las puertas del reino. Asgard entra en crisis con la aparición de Hela (Cate Blanchett), una poderosa nueva amenaza que busca hacerse con el control del universo. Tras su primer enfrentamiento con ella, Thor va a parar a Sakaar, un recóndito planeta en el que deberá sobrevivir a una competición letal de gladiadores, donde tendrá que luchar contra su “amigo del trabajo”, el Increíble Hulk, con quien protagoniza el reencuentro más esperado por los fans de Marvel. Junto a él y su nueva aliada, Valquiria (Tessa Thompson), Thor intentará huir de las garras del Gran Maestro (Jeff Goldblum) y regresar a Asgard para acabar con Hela.

Ese es el argumento muy a grandes rasgos de Thor: Ragnarok. Si creéis que he desvelado algo importante, no os preocupéis, no lo he hecho. Como decía, la película está llena de giros, y descubrirlos es uno de sus mayores alicientes (siempre que Marvel no los estropee todos antes de tiempo). Aunque también es cierto que su ajetreada y ramificada trama puede llegar a jugar en su contra. A Thor: Ragnarok le ocurre como a otras entregas marvelianas, pasan tantas cosas y hay tantos frentes abiertos que esto provoca por momentos falta de cohesión narrativa y una fragmentación que afecta al ritmo, a lo que contribuye además un metraje quizá excesivamente largo. Si una película de Marvel pedía una aventura de hora y media, como Waititi había bromeado (“90 minutos de película y 40 de créditos”), era esta. Esa habría sido su mayor osadía.

Y ese es el mayor problema de una película que, no obstante, funciona con la eficacia probada de casi todas las entregas de Marvel. Thor: Ragnarok da lo que se espera de la Casa de las Ideas, pero también es su película más alocada y marciana hasta la fecha. Desde las impresionantes batallas y escenas de acción (hay planos épicos para enmarcar, además de mucha comedia física), al hilarante humor (80% improvisado, según Waititi, y lleno de golpes geniales), pasando por la electrizante banda sonora de Mark Mothersbaugh (el primer score realmente memorable de Marvel, aunque no sea nada que no hayamos escuchado en Stranger Things Turbo Kid) y su estrafalario diseño de producción, maquillaje y peluquería, la película se zambulle en lo retro de forma más desenfadada si cabe que Guardianes de la Galaxia y, a su manera, también más arriesgada.

Otro de los puntos fuertes de Thor: Ragnarok es su fabuloso reparto. Hemsworth lleva a cabo su interpretación más afinada como Thor, gracias sobre todo al impulso de Waititi para que dé rienda suelta a su fantástica vis cómica y haga el ganso con Ruffalo y Hiddleston, que también se prestan a pasarlo en grande. Así, Thor, Hulk y Loki nos dan dos divertidas buddy films por el precio de una, con la novedad de que en esta ocasión el Gigante Esmeralda habla, lo que Waititi utiliza para hacer reír mientras explora la dualidad del personaje.

Por otro lado, las nuevas incorporaciones son inmejorables. De hecho, aquí no hay un robaescenas como suele ser habitual, sino un reparto formado por robaescenas. Tessa Thompson es una de las grandes revelaciones de la película, dejándonos una Valquiria inesperada pero muy carismática. Jeff Goldblum brilla interpretando a un chiflado divertidísimo que hará las delicias de sus admiradores, ya que se limita a ser él mismo (y no hay nadie más guay que Goldblum). El propio Waititi da vida a un secundario hecho para conquistar al público (sobre todo a su publico), Korg, un adorable (sí, adorable) guerrero extraterrestre que bien podría ser un personaje de una hipotética versión alenígena de Lo que hacemos en las sombras. Y por último, Cate Blanchett, ante la que es imposible cerrar la boca cada vez que aparece en pantalla. Después de su madrastra de Cenicienta, la actriz australiana vuelve a explotar su registro más exagerado con una malvada de presencia, sensualidad y elegancia arrebatadoras y una vertiente burlesca muy desarrollada. Sin embargo, la película no escapa de la maldición de los villanos desaprovechados, dejándonos con la sensación de que podía haber hecho mucho más con ella.

Thor: Ragnarok tiene sus problemas, como todas las de Marvel (el citado exceso de tramas, un abarrotado tercer acto, un CGI algo inconsistente en las cortas distancias) y esta heterodoxa e hipercómica reinvención del Dios el Trueno no casará con muchos fans (por no hablar de los detractores de Marvel), pero hay que felicitar al estudio por atreverse a salirse del molde y dejar que el director lleve realmente las riendas del proyecto. Visualmente, el film es una absoluta gozada (la espectacular fotografía corre a cargo de nuestro Javier Aguirresarobe, por cierto) y nos da el infalible cóctel de acción, humor y emoción que ha encumbrado a Marvel a lo más alto, pero gracias a ese enfoque tan personal de Waititi y a que no se toma tan en serio como sus predecesoras, Ragnarok deja mucho margen para la sorpresa, convirtiéndose así no solo en la mejor y más divertida entrega de Thor, sino también en la película más extraña y diferente de Marvel.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Cazafantasmas (2016)

El tráiler de la nueva Cazafantasmas se convirtió en el más odiado de la historia de YouTube. Las redes sociales se transformaron en un hervidero de comentarios destructivos y críticas definitivas a la película meses antes de que nadie la viera. Desde el anuncio del proyecto, su mera existencia ha generado una ola de odio y una campaña de desprestigio inaudita, a pesar de que es “solo” el enésimo reboot que nos llega en los últimos años. Sí, la película original es una de las más veneradas de los 80, pero reducirlo a eso es estar muy ciego. ¿Por qué lo llaman “arruinar mi infancia” cuando quieren decir “machismo”? El problema ha estado claro desde el principio, por mucho que se haya intentado disfrazar de territorialismo nostálgico (que no sé qué es peor), y la animadversión que ha desatado no ha hecho sino reforzar la necesidad de una película como esta. Pero qué os voy a contar que no sepáis. La que se ha montado alrededor de ella es señal de que no hemos avanzado tanto como creíamos. Algunos se defienden diciendo que su boicot no tiene nada que ver con que las protagonistas sean cuatro mujeres (y en algunos casos será cierto), pero me gustaría saber por qué no han hecho lo mismo con los muchos reboots que ya hemos visto, o que están por venir. No respondáis, conozco la respuesta (la que se usa como excusa y la verdadera).

Por todo esto, a priori parece complicado aproximarse a la película de Paul Feig silenciando el ruido desagradable que se ha creado en torno a ella (o escribir una crítica sin introducir la polémica como factor). Pero lo cierto es que no cuesta tanto como creíamos desconectar de los meses de agotador y absurdo debate para verla, y disfrutarla (otra cosa es hacerlo para escribir sobre ella). Una vez se apagan las luces de la sala y comienza el prólogo de Cazafantasmasqueda claro que el principal propósito de la película es hacerlo pasar en grande, ni más ni menos. Resulta que al final es solo eso, una película. Y además una mucho mejor de lo que parece. Cazafantasmas aúna varias tendencias imperantes del cine actual: el homenaje nostálgico, el blockbuster formulaico y la comedia de la escuela SNL y derivados. El resultado es una mezcla explosiva (y bañada en mocos verdes) que funciona tanto como comedia como superproducción de aventuras para todos los públicos. Y además lo hace respetando y reverenciando en todo momento al clásico de 1984 (algo que muchos se negarán a ver incluso cuando lo tengan delante de sus narices), con cameos que celebran la original sin entorpecer el camino de la nueva, conservando la característica jerga pseudo-científica, adoptando su esquema (quizá demasiado) y adaptándolo a la sensibilidad del cine evento actual, llevándolo incluso hacia el terreno de los superhéroes (al fin y al cabo, esta Cazafantasmas se construye como una origin story, e incluso las protagonistas hacen referencia a su condición de superequipo justiciero; solo falta un guiño a Spider-Man).

Cazafantasmas no es perfecta ni de lejos (creo que ni los que la hemos defendido a capa y espada de los haters lo esperábamos), pero sí es un producto muy digno, una comedia infalible y una cinta de acción muy atractiva visualmente. La película se divide claramente en tres actos, como todo blockbuster que se precie. La primera hora nos muestra la formación del nuevo cuarteto de investigadoras de lo paranormal. En esta sección, Feig hace lo que mejor se le da, sacar oro de la presencia, química y talento cómico de sus actrices. Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones forman un equipo fantástico, se divierten (y divierten) con solo estar ahí, clavan los diálogos y lo dan todo en los gags físicos. La segunda parte se centra en desarrollar el plan del villano (más o menos el de siempre) y nos muestra a Abby, Erin, Holtzmann y Patty como grupo en acción, adoptando la identidad de Cazafantasmas con todo lo que ello conlleva (vehículo, uniformes, impacto en los medios y la opinión pública, enfrentamiento a las autoridades, aquí parodiadas por Charles Dance y Cecily Strong). Y por último, el clímax desata el obligado Apocalipsis -con el típico portal gigante que se abre sobre Nueva York- y es cuando la acción se vuelve más vertiginosa, estruendosa y a gran escala.

Aunque pierde fuelle en su segunda mitad por tener que ajustarse necesariamente a la fórmula preestablecida y adolece de un montaje algo brusco (se nota demasiado la tijera), Cazafantasmas se las arregla para mantener su frescura y energía en todo momento. Y esto es gracias sobre todo a sus cuatro protagonistas, pero también al gran robaescenas de la película, Kevin Beckman, el secretario de las Cazafantasmas interpretado por Chris Hemsworth. Algunas de las escenas más descacharrantes del film están protagonizadas por el actor de Los Vengadores, que vuelve a dejar constancia de su instinto para la comedia y la improvisación. La escultural presencia de Hemsworth, que interpreta a un rubio tonto que es contratado solo por estar bueno (ironía que muchos no han pillado y tachan de sexista, así está el patio), pero al que jamás se trata tan repugnantemente como a la variación femenina de este arquetipo, da rienda suelta a la maravillosa capacidad de Kristen Wiig para hacer el ganso, dejándonos algunos de los mejores momentos del film, pero sobre todo confirma al actor australiano como algo más que Thor (por favor, ved los créditos finales completos, dedicados casi enteramente al tesoro que es Kevin).

Hay que decir que, como suele ocurrir en el cine de Feig, no todos sus chistes funcionan con la misma eficacia (muchos son geniales, aunque también hay alguno que se estrella contra el suelo), pero en general, Cazafantasmas es otra sólida entrega cómica de Feig y compañía, una película con carcajadas aseguradas (al menos en mi sala no pararon en toda la proyección) y que, como dictan las reglas de su cine (y el de sus contemporáneos), también contiene una carga emocional bastante considerable, con énfasis en la bonita amistad y contagiosa camaradería entre estas mujeres. Si se tiene la suerte de entrar en sintonía con la propuesta, es muy fácil pasarlo bomba con la película, gracias a sus golosas y coloristas imágenes (aunque se vean en 2D, saltan de la pantalla como si fuera 3D), a sus entrañables personajes, o a su humor desenfadado.

Pero es que además, Cazafantasmas cumple una función social muy valiosa. En primer lugar, ofrece referentes heroicos femeninos para las niñas (y para los niños, que hay que educarlos a todos en esto por igual, y hay que tener en cuenta a todos los chavales que se identifican más con ellas), no una, ni dos, cuatro mujeres que ni son comparsa ni asumen el rol de interés romántico (no hay conflicto amoroso en la película), sino que están a cargo de su propia aventura. Y en segundo lugar, presenta a mujeres en su mayoría de más de 40 y con diversidad de físicos pateando culos de fantasma y salvando el mundo sin ser hipersexualizadas en ningún momento para satisfacer la mirada del público masculino heterosexual (ojo, eso no quiere decir que no sean seres sexuales, que ahí está Wiig como el pico de una plancha o la marciana McKinnon y su Holtzmann, siempre magnética y siempre seduciendo). O sea, que es justo la película feminista que necesitábamos.

En resumen, Cazafantasmas ha tenido que sortear obstáculos a los que otros productos similares (reboots nostálgicos o relecturas de clásicos) no se han tenido que enfrentar, ha atravesado un mar de odio en Internet (atención a los dos oportunos guiños con los que se empequeñece a los detractores machistas en la película) y ha salido a flote con un producto hecho para callar muchas bocas (no quiero ni pensar cuántos disfrutarán de esta película en secreto pero no lo reconocerán), con una película que cumple holgadamente con su principal propósito: divertir. Y ya de paso relanza una franquicia con mucho potencial desempeñando una labor que, como tristemente se ha demostrado, hacía falta urgentemente en el cine de Hollywood. Así que solo queda una cosa que decir: Haters Gonna Hate.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Las Crónicas de Blancanieves – El Cazador y la Reina de Hielo

Huntsman

Antes de empezar me gustaría aclarar que yo soy una de las (¿dos?) personas a las que les gustó Blancanieves y la leyenda del cazador. Vista por segunda vez me sigue pareciendo una más que digna película de aventuras que sigue la senda de los clásicos del género de décadas pasadas y se llevó más palos de los que merecía, seguramente por la presencia de Kristen Stewart en el papel de Blancanieves. Pues eso, a mí me gustó, KStew incluida. Así que si esperáis mala baba y destroyerismo en esta crítica de Las Crónicas de Blancanieves: El Cazador y la Reina de Hielo podéis dejar de leer, porque no lo vais a encontrar aquí.

Segundo apunte: ¡Ese título! Desde el principio Universal había planeado estas películas como una trilogía, con una primera parte centrada en Blancanieves, la segunda en el Cazador y la tercera en la Madrastra. ¿Hacía falta alargar el título de esta forma tan incómoda para dejar claro que estamos ante una franquicia? La estrategia es evidente e incluso comprensible desde el punto de vista comercial, pero el cambio se ha producido demasiado cerca del estreno, por no decir que el título ahora es mucho más difícil de memorizar (incluso de leer, a ver si os da tiempo a hacerlo cuando aparece el rótulo en pantalla). Esto no afecta a la película, claro, pero indica cierta desorientación comercial a la hora de establecer esta franquicia.

Y ahora, hablemos de la película. El Cazador y la Reina de Hielo se vende como una precuela de La leyenda del cazador, pero en realidad no lo es. De hecho, se podría decir que es una secuela al 80%, con un prólogo extendido que echa mano de la continuidad retroactiva (es decir, retcon, ese recurso que se utiliza para alterar hechos previamente establecidos en una historia) de forma que prepara el terreno para lo que luego será la historia principal, que transcurre después de los acontecimientos de la primera parte. Por tanto, Blancanieves está en el poder (solo la vemos de espaldas en un plano), la Bruja sigue muerta, y el Cazador no tiene mucho que hacer, ni siquiera estar con Blancanieves (porque ya sabéis que Stewart se salió del proyecto, para alegría de muchos). Aquí es donde entra la nueva información que da forma a este universo expandido: Ravenna (Charlize Theron) tiene una hermana, Freya (Emily Blunt), convertida en la malvada Reina de Hielo y autoexiliada a su castillo congelado en las tierras del Norte (durante un tramo de la película muy similar a Frozen) después de sufrir una tragedia personal. Y Eric (Chris Hemsworth) amó antes a otra mujer, Sara (a ver quién no va a amar a Jessica Chastain), que creció junto a él, entrenándose desde niños en el ejército de Freya, educados en el arte del combate y el rechazo al amor.

Huntsman

Como se había anunciado previamente, esta segunda parte se centra sobre todo en el Cazador, al que seguimos en una peligrosa aventura junto a dos de los Siete Enanitos para recuperar el Espejo Mágico (o ensaladera gigante, o gong, como prefiráis) de la tierra de los goblins, antes de que caiga en manos de la Reina de Hielo. Al igual que en la primera entrega, la odisea de Eric en esta segunda parte recuerda inevitablemente a las fantasías de los 80 (Willow, La princesa prometida, incluso hay un Pantano del Hedor Eterno como el de Dentro del Laberinto), con una capa de barniz al estilo de El Señor de los Anillos y bien de CGI (los goblins/orcos no están nada mal) que le otorga un tono más épico. Por eso quizá la película puede llegar a resultar demasiado formulaica y predecible, y por tanto monótona. Aunque no le falta humor (este trabajo principalmente recae en el siempre encantador Chris Hemsworth y sus compinches), El Cazador y la Reina de Hielo tiene tramos aburridos (sobre todo al principio), y el espectador puede adelantarse fácilmente a todos los pasos de la historia, por lo que es recomendable seguirla como si de verdad se tratase de una fantasía hecha hace 25 años, solo que con empacho digital por todos lados.

Claro que si muchos van a ver esta película es por el trío de ases femeninos que se ha agenciado (no sabemos cómo). Muchos dirán que estas tres actrices, que han demostrado con creces su talento, están malgastándolo en una película como esta. Pero lo cierto es que no es así. Ellas son en gran medida las que hacen que El Cazador y la Reina de Hielo gane empaque. Concretamente para dos de las actrices más solicitadas del momento, Jessica Chastain y Emily Blunt, sería fácil simplemente estar ahí, pero las dos demuestran que no hay proyecto lo suficientemente menor como para que ellas no demuestren que son dos grandes intérpretes. Chastain está convincente, guerrera, sensual (dónde va a parar la química), y Blunt es todo presencia, navegando perfectamente entre la vulnerabilidad de su personaje y el tremendo poder que posee. Pero para presencia, la de Charlize Theron, que repite como Ravenna. La surafricana ha vuelto a dar rienda suelta al histrionismo y la intensidad de su personaje, de nuevo tan imponente y hermosa como exagerada. Ella sobre todo es quien más se entrega al camp que recorre el film, haciendo que el enfrentamiento entre divas y contra el Cazador durante el clímax sea de lo más destacado de la película. Técnicamente, el Cazador será el protagonista, pero en Universal saben lo que queremos y nos lo dan: Ravenna poniéndose hecha un basilisco y desatando su poder de la forma más visual posible.

The Huntsman

Por último, uno de los mayores alicientes para ver esta película es sin duda su diseño de producción y, sobre todo, el suntuoso vestuario de Colleen Atwood. Aunque sea solo por el exceso rococó de la puesta en escena y por los impresionantes vestidos de Theron y Blunt (que además de cegar con su brillo tintinean que da gusto) o el cuero que aprieta las anatomías de Hemsworth y Chastain, el precio de la entrada ya está más que amortizado. Pero si lo que se va buscando además es una aventura a la vieja usanza, El Cazador y la Reina de Hielo cumple su propósito. Es un cuento de hadasfantasía épica de manual que, de acuerdo, podía haberse esforzado más en divertir o modernizar el género, pero prefiere quedarse en los 80, compensando su convencionalidad narrativa con una pomposidad hipnotizadora.

Nota: ★★★

Crítica: En el corazón del mar

Chris Hemsworth En el corazón del mar

Diréis lo que queráis sobre él. Que no tiene un sello personal definido, que su carrera es terriblemente irregular, que Una mente maravillosa no se merecía el Oscar (todo verdades), pero Ron Howard ha demostrado algo con creces: que sabe cómo filmar un blockbuster. El director de WillowApolo 13 firmó hace dos años una de sus mejores películas, Rush, un impecable drama automovilístico con el que se ganó el respeto que tan esquivo le ha resultado siempre. Este año, Howard se vuelve a hacer cargo de una aventura que bien podría haber recaído en uno de sus amigos, Spielberg o Zemeckis, En el corazón del mar (In the Heart of the Sea), una epopeya visualmente espectacular “basada en la historia real que inspiró Moby Dick.

En el corazón del mar (adaptación del libro de Nathaniel Philbrick In the Heart of the Sea: The Tragedy of the Whaleship Essex) nos traslada a 1820 en Nueva Inglaterra, donde comienza la fatídica historia del Essex, un barco ballenero que fue atacado por una legendaria criatura marina de proporciones descomunales. Treinta años más tarde, el único tripulante vivo que queda, Thomas Nickerson (Brendan Gleeson de mayor, Tom Holland de joven), relata la odisea a un impresionado Herman Melville (Ben Whishaw), que hallará en ella el germen para escribir la gran novela americana. Sin embargo, la historia que narra Nickerson no es exactamente la del monstruo blanco que sirvió de inspiración para crear a Moby Dick, sino la de dos hombres, Owen Chase (Chris Hemsworth) y George Pollard (Benjamin Walker), el primero un ballenero consumado que ve su anhelada capitanía arrebatada por el segundo, inexperto heredero de una de las familias más importantes de la industria. Relegado a primer oficial y bajo la recelosa supervisión de Pollard, Chase lidera una tripulación de despojos y delincuentes con la misión de regresar a casa con miles de litros de aceite de ballena, el combustible que se usaba entonces para las lámparas. Pero la ballena interrumpirá la sanguinaria tarea del Essex arremetiendo contra el barco con una determinación y un deseo de venganza casi humano.

Adaptar una historia como esta en los tiempos que corren es sin duda una decisión arriesgada, pero En el corazón del mar no es un alegato hagiográfico en defensa de la caza de ballenas, todo lo contrario, es la crónica del momento en el que esta práctica dejó de ser “necesaria”, así como una responsable oda a la naturaleza y el océano. La película nos muestra el enfrentamiento de estos dos hombres por ejercer el liderazgo del Essex, y cómo estos tuvieron que dejar sus diferencias a un lado para evitar que el barco sucumbiera a los ataques del monstruo marino. Y la presencia del cachalote servirá precisamente para que ellos, especialmente Chase, se cuestione sus creencias y la moralidad de su profesión. Cegado por el empeño de dar caza a la gran ballena, este conduce a su tripulación hacia una pesadilla en altamar que les llevará al límite de su resistencia, sin darse cuenta de que se ha adentrado en una batalla perdida. Según Pollard, el hombre es la criatura más perfecta sobre la Tierra, un ser superior al que Dios ha entregado la naturaleza para que este la domine y la haga suya. Pero Chase acabará descubriendo gracias a la ballena que la naturaleza no puede ni debe ser doblegada por el hombre.

In the Heart of the Sea

En el corazón del mar es una historia de supervivencia y de crecimiento personal en la adversidad que toma forma en un intachable espectáculo hollywoodiense, una aventura clásica en la que la impresionante exhibición de acción, factura técnica y efectos visuales no eclipsa a la emoción. Esto ocurre gracias a un guion que no descuida el factor humano de la historia y a unos actores muy entregados, especialmente durante el desgarrador tramo final, donde todos ellos son puestos a prueba física y emocionalmente. Hemsworth vuelve a demostrar su valía como leading man, con uno de sus mejores trabajos dramáticos hasta la fecha (solo superado por el que llevó a cabo en Rush), mientras Holland y Walker le dan la réplica perfecta (el futuro Peter Parker es todo un prodigio fluctuando entre la fuerza y la vulnerabilidad de su personaje), y Cillian Murphy y Brendan Gleeson brillan en papeles menores (mención deshonorable a Jordi Mollá, que sigue rebajándose en Hollywood con personajes caricaturescos que no pintan nada).

En el corazón del mar es un blockbuster irreprochable con extraordinarias secuencias de acción, magníficos valores de producción y un gran sentido de la épica. Ron Howard ha llevado a cabo un trabajo tan impetuoso como mesurado, un acertado homenaje a la obra de Melville que busca su propio discurso y reviste sus conclusiones (“debemos tener el coraje de ir adonde no queremos ir”) de un pertinente mensaje de respeto a la naturaleza.

Valoración: ★★★★

Crítica: Vacaciones

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En España, la saga National Lampoon’s Vacation no goza de la popularidad que sí tiene en Estados Unidos, donde desde su lanzamiento en 1983 ha generado numerosas secuelas que se han extendido hasta la actualidad. La comedia escrita por John Hughes y dirigida por Harold Ramis se tituló en nuestro país Las vacaciones de una chiflada familia americana (quizá ahí está la razón de que no se instalase en nuestro imaginario colectivo como sí lo hicieron otras comedias de los 80), y fue uno de los trabajos que lanzó al estrellato a Chevy Chase, que participó en todas las entregas posteriores menos una TV movie a modo de spin-off en 2003. Después de su turbulento paso por Community y su desprecio público hacia la ficción televisiva, Chase regresa al cine por todo lo alto (no) para entregar el relevo de la franquicia Lampoon a Ed Helms en su nueva secuela, titulada simplemente Vacaciones (Vacation).

Helms se está labrando una carrera en el cine como uno de los rostros más reconocibles de la comedia Rated R, y en Vacaciones continúa explotando el personaje que inició en la serie The Office y presentó al gran público en la saga Resacón. El actor interpreta siempre al mismo tipo pardillo y pusilánime con buenas intenciones que se mete a sí mismo y a aquellos a su alrededor en situaciones embarazosas, para deleite y/o sufrimiento del respetable. En Vacaciones le acompañan Christina Applegate (la Jennifer Aniston de saldo) y dos niños muy graciosos, Skyler Gisondo y Steele Stebbins, que roban protagonismo a los adultos en numerosas escenas. Los cuatro forman la nueva generación de los Griswold y juntos intentan trasladar el espíritu de la saga Lampoon a la actualidad, donde, según Helms advierte en uno de los momentos más meta de la película: “es continuación de Vacation, pero funciona como una película independiente“. Efectivamente, la intervención de Chevy Chase y Beverly D’Angelo como la pareja original Clark y Ellen Griswold se reduce a una breve escena cerca del final de la película. El resto del metraje funciona como reboot de la saga. Vamos, que Helms tiene razón, no hace falta ver las seis películas anteriores para ver esta (de ahí que se haya eliminado lo de “National Lampoon” del título).

vacaciones posterDespués de muchos años visitando la misma aburrida cabaña en el lago, los Griswold emprenden un viaje en coche (importado de Albania) a través del país para visitar el parque temático Walley World, el mismo al que el padre de Rusty (Helms, Anthony Michael Hall en la original) llevaba a su familia en la primera película. Lo que el pater familias planea ilusionado como un remedio contra la rutina se le va de las manos al convertirse en una salvaje aventura en la que los incidentes, a cada cual más disparatado, se encadenan para resultar en el viaje más desastroso, y en consecuencia memorable, de sus vidas. Vacation es la aproximación más formulaica posible a la road movie cómica, un film de enredos que nos conduce por la misma ruta cinematográfica que ya hemos recorrido en incontables ocasiones y nos bombardea con déjà vus en todas sus escenas. El humor zafio y gamberro de Vacaciones nos recuerda a la mencionada saga Resacón en Las Vegas, y también a Horrible Bosses o la reciente Somos los Miller. No es coincidencia, claro, todas ellas comparten equipos, actores y hogar en Hollywood (Warner Bros.). Y como en todas ellas, aquí también hay un amago de emotividad al final (en forma de moraleja sobre la familia) para compensar la avalancha de pringue que nos ha echado encima, pero es tan poco genuino como la comedia que le precede.

Más que un largometraje, Vacaciones es una (desigual) sucesión de sketches o segmentos que se recrean insistentemente en el humor verde y escatológico (esta película incluye una de las escenas más asquerosas que he visto en mucho tiempo; involucra una bañera, setas y vello púbico, y no diré más). Su única intención es despertar la risa fácil con chistes de caca-culo-pedo-pis, pero llevándolos al extremo, con situaciones de lo más bestia, y recreándose en la incorrección política (incesto, pedofilia, vómitos, violencia contra animales y heces por doquier). Lo malo es que todo esto ya lo hemos visto en los títulos citados en el párrafo anterior (esta y Somos los Millers son básicamente la misma película), y ya no resulta irreverente o provocador, sino que evidencia una ausencia de ideas en un trabajo que hace suya la ley del mínimo esfuerzo. Dicho esto, sería hipócrita si no reconociera que Vacaciones tiene sus puntazos y que algunos gags son realmente buenos (yo aprecio el humor incómodo y extraño, y aquí hay un par de momentos muy buenos en ese sentido, sobre todo los protagonizados por los hermanos). Además, los cameos (Charlie Day, Kaitlin Olson, Norman Reedus…), la divertida (y caldeante) presencia de Chris Hemsworth (con su pene-dildo), y la duración, que apenas supera la hora y media, hacen que la película se digiera fácilmente (es un decir, porque a más de uno y de una puede que le revuelva el estómago). Es decir, que sirve para un rato tonto (para ser justos, es a lo que aspira), pero más allá de eso, no hay más.

Vacaciones es una alocada y deslenguada comedia de poca monta que se propone traer una saga de los 80 al presente y lo que hace es convertirla en un producto ya anticuado de serie, otra película clonada de usar y tirar con poca fecha de caducidad.

Valoración: ★★½

Crítica: Vengadores – La era de Ultrón

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Con Los Vengadores (2012), Joss Whedon asumía un reto de proporciones épicas: escribir y dirigir la primera “reunión” de los Héroes Más Poderosos de la Tierra, una película en la que las previas entregas individuales de Marvel habían de converger, donde todos los superhéroes debían encajar en la historia y esta tenía que servir como puente a la siguiente fase sin dejar de funcionar como una película autónoma. Juego de niños, vamos. A tenor del resultado (tercera película más taquillera de la historia y críticas generalmente positivas), no cabe duda de que Whedon superó la prueba con nota. Tanto es así, que la Segunda Fase del Universo Cinematográfico de Marvel no sería como es de no ser por el punto de inflexión creativo que supuso la película.

Gracias al éxito que tuvo el humor en el film, el estudio introdujo una dosis mayor de comedia en el UCM y Los Vengadores implantó el esquema definitivo a seguir por los siguientes “episodios”, en los que el director cumplió un rol de asesor que lo devolvía en cierto modo a sus años como showrunner televisivo. Las películas post-Avengers experimentaron un incremento de calidad (todas exceptuando quizás Iron Man 3), y Marvel se afianzaba como el estudio que no podía dar un paso en falso, al estilo del Pixar de antaño. Concretamente Capitán América: El soldado de invierno Guardianes de la Galaxia pusieron el listón tan alto que el reto que suponía la secuela de Vengadores para el autor era aún más complicado. Con Marvel en su apogeo y las expectativas disparadas más allá del Bifrost, ¿ha sido Whedon capaz de repetir la hazaña con La era de Ultrón? Sin duda. ¿Es suficiente a estas alturas? Eso ya no está tan claro. Si uno ve la película como el blockbuster veraniego que es, no tendrá problemas con ella, pero si se compara demasiado con la primera o se le exige más de la cuenta (y no nos engañemos, no se nos ha preparado para otra cosa), podría desmoronarse. En cualquier caso, no cabe duda de que estamos ante otro gran acontecimiento Marvel, una colosal y comunitaria experiencia cinematográfica que, a pesar de no superar a su predecesora, demuestra una vez más el enorme poder de la Casa de las Ideas.

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En Vengadores: La era de Ultrón recuperamos a los seis miembros originales del equipo gozando de una compenetración absoluta en el campo de batalla. La vertiginosa secuencia de apertura nos muestra a los superhéroes llevando a cabo una misión en la que cada uno de ellos cumple una función imprescindible. Además de advertirnos implícitamente de que no deberíamos parpadear demasiado si no queremos perdernos toda la información por segundo que nos ofrecen los abarrotados planos de la película, esta escena establece uno de los temas centrales del film: el trabajo en equipo es lo que hace que los Vengadores sean imparables. Es importante dejar clara desde el principio esta idea, puesto que el resto de la película se dedicará a la delicada misión de intentar desintegrar al grupo, provocando fisuras internas y una fricción entre los miembros que culminará sin duda en Civil War. Por eso, La era de Ultrón parece más bien una película de transición, una en la que un Whedon más instrumental se ha preocupado menos de dejar su sello personal y más de cumplir con los designios de Marvel (y Disney). En ella se respira continuamente el futuro de la saga; por ejemplo, la importancia de las Gemas y varios vistazos al Guantelete del Infinito nos recuerdan (una vez más) que lo más gordo está por llegar, y los mil y un cameos parecen encajados a la fuerza para aumentar la sensación de continuidad del UCM (#ItsAllConnected). Es más, la trama se enfoca en todo momento hacia la creación de una nueva formación de Vengadores, lo que hace que La era de Ultrón funcione más como enlace o antesala, y menos como película autónoma que la primera parte.

Wanda y Pietro Maximoff

Además de Capitán América, Iron Man, Hulk, Thor, la Viuda Negra y Ojo de HalcónLa era de Ultrón cuenta con los “mejorados” Wanda y Pietro Maximoff, hermanos gemelos de impresionantes poderes (prohibido decir “mutantes”) que no solo ponen en jaque a los Vengadores, sino también a Whedon, que tiene aún más personajes con los que hacer malabares narrativos. No obstante, en lugar de amenazar la coralidad de la película, se suman a ella sin apenas problemas. Los futuros MercurioBruja Escarlata son incorporados a la historia casi in media res, y a pesar del poco tiempo que tienen en pantalla, su arco argumental (el paso del lado oscuro al luminoso) se desarrolla satisfactoriamente (sobre todo en lo que respecta a Wanda), siempre supeditado a la historia principal, y como decíamos, con un ojo puesto en el futuro del UCM (¡esas visiones! ¡ese epílogo!). Solo dos quejas acerca de los hermanos. Primero, Elizabeth Olsen eclipsa a un apocado Aaron Taylor-Johnson, cuyo Mercurio recibe menos énfasis en la caracterización -quizá porque sabían que intentar hacer sombra al Quicksilver de X-Men podía salir mal. Y segundo, esos acentos de pega. Para la próxima, o pasan más tiempo con el coach de dicción o que se deshagan de ellos por completo.

Ultron

Wanda y Pietro no son las únicas caras nuevas del multitudinario elenco de La era de Ultrón. A la lista interminable de conocidos del UCM que desfilan por ella (Peggy Carter, Heimdall, los miembros principales de SHIELD menos Coulson, Erik Selvig, War Machine, Falcon…) se suman nuevos secundarios: la Dra. Helen Cho, Ulysses Klaw (primera semilla de Black Panther), el barón Wolfgang von Strucker, sin olvidar al Hulkbuster, que protagoniza uno de los numerosos set pieces de la secuela. Pero sin duda, los dos fichajes estrella de La era de Ultrón son el villano que da subtítulo a la película y uno de los personajes más populares de Marvel Comics, Visión. La cadena de acontecimientos que da lugar al “nacimiento” de ambos seres de inteligencia artificial resulta algo aturullada, saltando a la vista que han eliminado muchas escenas por exceso de metraje (se podría haber sacrificado alguna batalla que no aporta nada en favor de los personajes y la historia). Sin embargo, el momento en el que Ultrón adquiere su primer cuerpo y se libera de los “hilos” de su Gepetto (Tony Stark, contradiciendo a los cómics, en los que su creador es Hank Pym) dejamos de cuestionarnos cómo ha llegado a existir, porque estamos demasiado ocupados cayendo rendidos ante su magnético carisma y su amenazante presencia (excelente trabajo de James Spader como voz del villano, fundiendo megalomanía y humanidad, como ya se hizo con Loki). Y si Ultrón es un personaje interesante, aun con su precipitada caracterización y motivaciones a base de clichés, cuando la Visión entra en escena, la película alcanza un nuevo nivel (en parte estamos ante una historia clásica de robots). El sintezoide, interpretado a la perfección por Paul Bettany, ocupa poco tiempo en pantalla, pero es suficiente para despertar la fascinación y aumentar la expectación por verlo en las siguientes entregas del UCM.

AoU grupo

Ahora bien, con Wanda, Pietro, Ultrón y Visión, ¿queda tiempo para los Vengadores originales? Por supuesto. Es más, Whedon logra de nuevo lo que parecía imposible: darles un hueco a todos en la historia, hacer evolucionar sus amistades y alianzas (antes de que empiecen a romperse), y reservarles a cada uno de ellos varias escenas (aunque sean pequeñitas) para brillar por encima de los demás. En ocasiones esto se vuelve en su contra, ya que, como hemos dicho, son demasiados elementos los que el director debe manejar y no tiene más remedio que quedarse en la superficie o correr más de la cuenta; claro que por el lado bueno, hace que La era de Ultrón no nos dé tregua y tenga de todo para todos. Thor se ha convertido en el personaje más gracioso del grupo, y nos regala los momentos más simpáticos y tronchantes de la película (sobre todo gracias al running gag sobre quién será “digno” de levantar el Mjolnir), aunque es el Vengador original con menos tiempo en pantalla; Tony y Bruce comparten varias escenas en las que Whedon saca partido a los adorables “Science Bros” (todo un regalo para los shippers de esta pareja); Steve Rogers, al igual que Stark, sigue ocupando un puesto protagonista, pero es más bien simbólico, ya que parece estar reservándose para Civil War. Y así llegamos a las verdaderas estrellas de La era de Ultrón: Natasha Romanoff y, sobre todo, Clint Barton, los Vengadores supuestamente más débiles o prescindibles, convertidos aquí en miembros centrales del equipo por obra y gracia de Whedon.

Ya que no cuentan con sus propias películas en solitario, la Viuda Negra y Ojo de Halcón tienen que aprovechar al máximo su tiempo en las distintas entregas del UCM para justificar su presencia en el mismo. Y en La era de Ultrón sobran las razones para considerar a Romanoff y Barton Vengadores esenciales. Por un lado, el arquero protagoniza una de las tramas más sorprendentes de la película y pronuncia las frases más inspiradas del guión, a menudo cargadas de autoconsciencia y metahumor. Clint se convierte así en el comentarista oficial de Los Vengadores, llamando la atención sobre lo demencial de algunas situaciones o cuestionándose sarcásticamente su propio papel en el grupo. Pero lo más importante ocurre en el “intermedio” de la película (uno de los pocos momentos en los que descansamos de su ritmo acelerado), donde conocemos una vertiente del personaje que aporta más significado a su afiliación a los Vengadores y desvela vínculos más fuertes de lo que pensábamos entre ellos, especialmente entre los dos agentes de S.H.I.E.L.D.

ojo de halcón

Por otro lado, a Natasha ya la disfrutamos en todo su esplendor pateaculos en El soldado de invierno, y en La era de Ultrón vuelve a desempeñar un papel fundamental en el grupo, como guerrera, y principalmente como ancla del “grandullón” verde. Y he aquí uno de los problemas de la película, que hasta cierto punto deshace lo que Whedon y los hermanos Russo han hecho hasta ahora con el personaje (una de las pocas mujeres importantes en un universo eminentemente masculino, y recordemos, lo más parecido a mejor amiga y wingwoman de Steve Rogers en la secuela de Capitán América). El guión de Whedon no solo reduce en un momento dado la amistad de Natasha y Steve a un posible rollo de cara a sus compañeros (no era necesario), sino que explora un romance entre Romanoff y Banner (también precipitado) adentrándose en los farragosos terrenos de la comedia romántica. Y no es que “Nat” deba ser un personaje asexual o no merezca tener su historia de amor, faltaría más (los demás Vengadores la tienen), pero no hacía falta ponerla a ronronear durante toda la película, solo para forzar una relación que todavía no tenía cabida en la historia. La Viuda sigue siendo uno de los personajes femeninos más interesantes y prominentes del cine de superhéroes (quizás el que más), y afortunadamente, en La era de Ultrón se continúa explorando con mucha atención el lado más humano de la letal espía (cada vez más divertida, por cierto). Por eso preocupa que Whedon, defensor a ultranza de la causa feminista dentro del patriarcal Hollywood y creador de una de las heroínas más importantes de la historia, la haya convertido en la chica para todos (aunque solo sea para hacer un gag), la mujer del héroe, e incluso damisela en peligro que necesita ser rescatada por su príncipe verde (por no hablar de su analogía entre esterilidad y monstruosidad, muy desafortunada aunque tenga sentido en la historia). No sabemos en qué grado el autor es responsable de todo esto, ya que por todos es sabido que las decisiones creativas finales corresponden siempre al estudio y no es cosa suya que la Viuda sea la única mujer del grupo, pero decepciona encontrarse un material tan poco propio de él vinculado a su nombre. Es más, nunca le perdonaré la escena en la que Bruce cae sobre Natasha y aterriza con la cara entre sus pechos. No solo es ofensivo y supone un retroceso para el personaje, es un chiste pobre y anticuado.

Natasha Bruce

Y hablando de chistes, La era de Ultrón está plagada de ellos. A pesar de que los adelantos promocionales vaticinaban un cambio de tono con respecto a la primera Vengadores, así como un giro hacia el terror y la ciencia ficción reconocido por el propio director, el humor sigue teniendo una presencia capital. De hecho, en ocasiones resulta algo intrusivo, lo que nos obliga a hablar de “alivio dramático“, que tiene lugar entre constantes chascarrillos y repetitiva comedia física (“golpes” que funcionan como reflejo o segunda parte de los de la primera película). Aquí todos son bromistas natos (incluidos Ultrón y Visión) y cualquier momento es bueno para demostrarlo, no importa lo dramático que sea. Huelga decir que hay abundantes diálogos y one-liners para la posteridad y que las risas están garantizadas, pero la media de chistes buenos es inferior a la de la primera película (no me hagáis hablar de la infantil broma recurrente sobre la fobia de Rogers a las palabrotas) y la historia, decididamente más oscura, tal vez pedía menos comedia.

Convenientemente, el tercer acto de La era de Ultrón rebaja el humor y da paso a una recta final espectacular y explosiva en la que Whedon eleva (nunca mejor dicho) el factor épico del UCM, con la Tierra enfrentándose a su peor amenaza hasta la fecha. La acción se vuelve (aún más) monumental, imparable -y algo mareante y confusa, por qué no decirlo. Pero si bien la destrucción del clímax roza el nivel de caos visual de Man of Steel, la película se preocupa constantemente de mantener la lógica interna, y no pierde de vista nunca el propósito de todo esto: salvar a la humanidad, y además hacerlo juntos. Y ahí está la clave de Los Vengadores. Cuando vemos al equipo en formación de combate todo encaja. Estos personajes están ahí, hombro con hombro, luchando contra un enemigo común, y todos tienen una razón para hacerlo, todos tienen una historia, una motivación que les lleva a formar parte de ese grupo. Esa preocupación por los personajes ha calado en el funcionamiento interno del UCM, así como en la audiencia, y eso es lo que hace que Joss Whedon se despida de la franquicia por todo lo alto, habiendo contribuido en gran medida a darle la forma que tiene hoy en día. Como hemos visto, La era de Ultrón tiene sus más y sus menos, pero en última instancia, solo hace falta un plano, el que nos muestra a todos los Vengadores “reunidos” segundos antes de librar la batalla final, para que entendamos por qué estamos ahí nosotros también.

Vengadores 2

 

RESUMEN BIPOLAR

Lo peor:

– Demasiados chistes. Por estadística, algunos tienen que resultar fallidos, y eso es justo lo que ocurre. El humor puede llegar a ser excesivamente inocentón (incluso para Whedon), y no, no todo momento es bueno para introducir una broma.
– A ratos parece una película de transición, creada para conectar pasado y futuro del UCM. No vendría mal rebajar la serialidad, Marvel, que se os va de las manos.
– Algún diálogo sobre-explicativo con el que los héroes excusan las ausencias de la película (no hacía falta que Thor y Tony nos contaran que sus respectivas parejas están muy ocupadas con sus carreras como para aparecer aquí).
– Demasiados elementos y personajes que conjungar. Como resultado: tramas aceleradas, ideas a medio formar y caos narrativo.
– Las motivaciones de Ultrón podrían haberse trabajado más.
– Se nota que ha habido mucha tijera.
– Que, aunque tengamos cameos de sobra, nos hayan privado de ver a Loki o no hayan aprovechado para presentar a algún héroe de futuras entregas del UCM como Black Panther, Spider-Man o Captain Marvel (que eran los que se rumoreaban). Aunque con la superpoblación de héroes y villanos que hay, es lógico y en el fondo lo mejor.
– Lo mareante y confuso de las batallas. La acción puede llegar a saturar. Se nos da apenas una fracción de segundo para ver “splash pages” en los que nos solemos recrear mucho más tiempo en las páginas de un cómic, y por tanto se pierden los detalles.
– El acento de Pietro y Wanda.
– El agresivo product placement.
– El romance de Natasha y Bruce, simplemente no encajaba en esta película.
– El tratamiento de la Viuda Negra no está a la altura del personaje (ni de la persona que la está escribiendo), y deshace lo que se ha hecho con ella desde Vengadores. Da la sensación de que Marvel no sabe muy bien qué hacer con ella. ¿La solución? Más personajes femeninos importantes (a poder ser, no dependientes de uno masculino).
– Otra muerte que perderá su impacto (que tampoco es muy fuerte) cuando resuciten al personaje.
– Se puede palpar el tira y afloja de Whedon con Marvel/Disney. No es de extrañar que el director no se quede para la próxima y que en las entrevistas promocionales suene desencantado, desafiante, e incluso triste.
– Algún desliz en la post-producción digital que nos deja ver la cara de los dobles de riesgo.
– El chiste de Steve Rogers y las palabras malsonantes. No funciona ninguna de las 800 veces que se hace.
– La repetición del esquema narrativo de siempre con la destrucción de una ciudad al final. Va siendo hora de que Marvel empiece a variar la fórmula si no quiere que el público se canse.

Lo mejor:

– Que todos los personajes tengan su momento.
– El carisma tan grande que tienen todos los protagonistas y lo cómodos que están los actores en su piel.
– Ojo de Halcón lo peta.
– Que Whedon trate a Natasha y Clint como Vengadores esenciales en la historia.
– “Nathaniel”, “Traidor”.
– Las escenas de calma entre la acción son las mejores.
– Whedon ha realizado una oda al cómic, una película repleta de planos sacados directamente de las páginas de Marvel, lo que hará las delicias de los lectores de la Casa de las Ideas.
– Ultrón y sobre todo, Visión. Personajes que demuestran que bajo la capa de metal (y tejidos sintéticos) de la película hay un componente muy humano.
– Elizabeth Olsen, aunque no tenga mucho tiempo para lucirse.
– Scarlett Johansson se eleva por encima del guión. Ellos maltratan a su personaje, pero ella está mejor que nunca. Película en solitario YA.
– Que aunque es una película menos whedoniana que la primera, seguimos encontrando paralelismos con sus series y whedonismos a cascoporro.
– El profético primer contacto de Wanda y la Visión.
– Que como en todo lo que hace Whedon, la película te toca la fibra cuando menos te lo esperas y entre toda la destrucción sigue sobresaliendo la emoción.
– Los one-liners están a la altura de los mejores del UCM (“He’s fast, she’s weird”).
– Thor y el running gag del Mjolnir. Hacen bien en aprovechar la gran vis cómica de Chris Hemsworth.
– Los mil y un cameos y guiños al pasado y el futuro del UCM (aunque afecte a la estructura del film, son todo un regalo para fanboys).
– La espectacularidad de las escenas de acción y los efectos, sobre todo en el clímax.
– Los Science Bros.
– Cuando los chistes y los gags son buenos, son MUY buenos.
– La secuencia de créditos finales con la impresionante estatua de mármol de los Vengadores luchando, además de una imagen hermosa y potente, un excelente guiño a uno de los diálogos de la película.
– Que a pesar del mayor énfasis en la acción de esta entrega, lo más importante siguen siendo los personajes (gracias, Joss) y sus luchas internas, uno de los núcleos del film.
– Es una película ante todo divertida y las más de dos horas y media que dura se pasan en un suspiro.
– Ver al equipo reunido de nuevo y en acción sigue siendo lo más emocionante. Por encima de todo.

Valoración: ★★★½

Crítica: Blackhat – Amenaza en la red

Blackhat Chris Hemsworth

Nicholas Hathaway (Chris Hemsworth) es un brillante hacker que cumple condena en una prisión federal por delitos de carácter cibernético a gran escala. Tras un ataque terrorista a una planta nuclear de Hong Kong y la manipulación por parte de un pirata informático del mercado de futuros para causar un aumento en los contratos de la soja, el FBI recurre a Hathaway, el único hombre capaz de descifrar el enrevesado código para dar con la amenaza que se esconde en la red. El convicto llega a un acuerdo con las autoridades para salir de la cárcel y adquirir inmunidad total si la operación de búsqueda y captura del terrorista tiene éxito. Para ello, nuestro héroe (la moralidad de Hathaway nunca se cuestiona, ya que sus delitos sólo dañaron a las grandes empresas y bancos, nunca al ciudadano de a pie) se une al capitán especializado en la guerra digital Chen Dawai, su hermana Lien y los agentes del FBI en Los Ángeles, liderados por Carol Barrett, la omnipresente Viola Davis. La misión, supervisada por los gobiernos chino y estadounidense, llevará a Hathaway en una odisea en la que se verá constantemente amenazado por un peligro invisible y comprobará cómo las nuevas relaciones personales que ha forjado reescriben el código de su futuro.

Este es el argumento de la nueva película de Michael Mann, director que ha demostrado con creces su valía en el thriller de acción gracias a aclamadas cintas como Heat, El dilemaCollateral (su última gran película). Blackhat (a la que no le falta su genérico subtítulo explicativo en español, ese intercambiable Amenaza en la red) es un cíber-thriller clínicamente austero que evita a toda BLACKHAT_Spain_Cartel 68x98cmcosta los grandes aspavientos de las superproducciones de Hollywood, optando por un enfoque más frío y analítico que pone de manifiesto el interés de Mann por mantener el relato anclado a la realidad en todo momento. Blackhat nos habla de la amenaza ciberterrorista intentando siempre que ésta sea percibida como algo real, a pesar de su intangibilidad. El antagonista de Blackhat no es una figura identificable, no es un megalómano con cara al estilo de Jungla de cristal (al menos no hasta el desenlace), es un ente abstracto que representa al enemigo que nos vigila y nos controla sin que seamos conscientes de ello.

Viendo Blackhat salta a la vista que a Mann le apasiona el tema, le fascina ese mal que viaja a través de cables y chips informáticos, y por eso se encarga de darle forma (indefinida) en numerosas e innecesarias secuencias digitales de transición en las que nos adentramos en el universo 2.0. Sin embargo, el buen hacer de Mann como realizador no es suficiente para que el meticulosamente técnico guión del desconocido Morgan Davis Foehl (el de Blackhat es su primer libreto, tras varios proyectos como montador) resulte en una experiencia cinematográfica emocionante, que es lo que debe ser por encima de todo un thriller de estas características. Para sorpresa de nadie, Mann maneja la cámara con un pulso virtuoso, creando una fluidez visual excelente y dominando como pocos los espacios en los que transcurre la acción y los personajes que se mueven en ella. Pero como decía, ni la pericia técnica de Mann salva a la película de caer en el más absoluto de los tedios, causado por la monótona naturaleza procedimental de la historia, la falta de enjundia de los personajes y en última instancia un alargado final (o finales) que acaba aplastando el relato. Es una pena que una coalición de talentos como los de Mann y Hemsworth (siempre lo diré, mucho mejor actor de lo que parece) haya resultado en un film tan anodino y prescindible.

Valoración: ★★

Crítica: La cabaña en el bosque

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A estas alturas de la película, La cabaña en el bosque (The Cabin in the Woods, 2011) ya no es solo una revelación de culto, sino que va camino de convertirse por derecho propio en un clásico prematuro. La historia detrás de este accidentado proyecto de Joss Whedon (producción y guion) y Drew Goddard (dirección y guion) es conocida por todos. El periplo de los autores para llevarla a la gran pantalla en su país de origen (donde tardó más de un año en estrenarse) no es nada comparado con lo que el fan español ha tenido que esperar, y aguantar. Después de más de un año mareando la perdiz (de truncado estreno en cine pasó directamente a lanzamiento doméstico para ser cancelado indefinidamente antes de ver la luz), GOOD FILMS rescata la película del limbo de la distribución en España para brindarnos la oportunidad de disfrutar de este título imprescindible del terror actual en cine, lugar al que siempre perteneció. No importa si la hemos visto ya, queríamos (necesitábamos) experimentarla en pantalla grande (más allá de festivales o muestras), inmersos en la oscuridad de una sala. Y nuestros gritos desesperados por fin han sido escuchados.

La cabaña en el bosque cartel españolNada más iniciar su largo y tumultuoso recorrido comercial, La cabaña en el bosque adquirió de inmediato el calificativo de película de culto. Puede que los nombres detrás el proyecto tuvieran algo que ver. Sin embargo, la clave en este caso no es el factor Whedon (Goddard además es uno de sus más fieles segundos de abordo), sino el hecho de que la película lograra marcar un antes y un después en el fantástico, a pesar de los obstáculos en su camino. La cabaña en el bosque es una comedia de terror (con un pie en el sci-fi) que desarma los mecanismos argumentales del género en un astuto ejercicio de deconstrucción (o autopsia) narrativa. Aportando una visión fresca y original como hiciera Pesadilla en Elm Street (Wes Craven) en los 80, o revitalizando el género con altas dosis de sátira y humor meta, como Scream en los 90 (también de Craven), La cabaña en el bosque introduce una nueva perspectiva que reajusta nuestras expectativas (no sin antes manipularlas habilidosamente) y condiciona toda la producción terrorífica posterior. Lo pudimos comprobar recientemente en la nueva versión de Evil Dead, que se ponía las pilas y optaba por la seriedad para contar por enésima vez la historia que La cabaña en el bosque acababa de explicar y desmitificar (siempre desde el respeto y la pasión por el género).

La cabaña en el bosque es un sólido entretenimiento con momentos de loca diversión, pero también de gran lucidez y capacidad analítica, que articula a la perfección lo que el espectador, cada vez más ducho y escéptico, siente al ver el tipo de películas que esta parodia. Whedon y Goddard se lo pasan genial y no dejan títere con cabeza. Se adueñan de todos, absolutamente todos los lugares comunes del slasher, y orquestan un inteligente espectáculo de tramoya que no cesa en ningún momento de sorprender y sublimar. Juegan con sus personajes, desmontan deliciosamente los arquetipos, para reflexionar jocosamente sobre los clichés que los conforman. Y construyen con gran detallismo, argucia y sentido del humor un argumento que fluye espectacularmente durante los aprovechadísimos 95 minutos que dura el film. La cabaña en el bosque es además una de esas películas que adquieren mayor sentido y empaque con los repetidos visionados. La cuarta vez que me he adentrado en la cabaña con el deportista, el empollón, la zorra, el fumado y la virgen es, sin lugar a dudas, la que más he disfrutado. Esto dice mucho de una película que se debe experimentar por primera vez sabiendo lo menos posible sobre ella (de ahí que no incluya aquí detalles sobre la trama, aunque me muera por darle el capricho a Whedon analizando hasta la última coma). En lugar de desmerecer por la ausencia del factor sorpresa, La cabaña en el bosque gana cada vez que se ve, confirmándose como la película de terror más importante de los últimos años.

Valoración: ★★★★½

Crítica: Thor – El mundo oscuro

Thor el mundo oscuro

Thor representa el aspecto más carnavalesco y camp del Universo Cinematográfico de Marvel. Mientras sus otras facciones se sumergen de lleno en lo fantástico, pero transcurren íntegramente en la Tierra (o sea, Midgard), las películas de Thor nos trasladan a través de portales interdimensionales al lucasiano Asgard, y al resto de los Nueve Reinos de Yggdrasil, para dar rienda suelta a la orgía de cromas, criaturas monstruosas, impresionantes escenarios y súper-vikingos que esperamos de una épica de estas características. Huelga decir que aquellos que se aburrieron en su primera visita a Asgard encontrarán cuesta arriba algunos pasajes de este nuevo viaje -particularmente aquellos al comienzo del itinerario. Sin embargo, Thor: El mundo oscuro se ha contagiado del espíritu de Los Vengadores, afinando considerablemente su artillería cómica para hallar el equilibrio perfecto entre pompa, humor y romance.

Esta segunda Thor tiene poco de oscura. A pesar de las incursiones en el reino que da título a la película, Svartálfheim (el mundo de los elfos oscuros), la luz y el color son la tónica general. La grandilocuencia tolkiana de las escenas en Asgard se ve contrarrestrada por el humor estilo pez fuera del agua/choque de culturas y la (mejorada) química entre la pareja protagonista (una simpatiquísima declaración de amor es la clave). A las escenas de Thor desenvolviéndose en la extraña Midgard (lo mejor de la primera película), se suman en esta parte las aventuras de Jane Foster en Asgard. Natalie Portman parece no pasárselo del todo mal dando saltos delante de la pantalla verde (eso ya es un logro), pero sigue siendo la testosterónica, musculosa y talentosa presencia de Chris Hemsworth la que nos proporciona los gags más inspirados del filme: Thor cogiendo el metro de Londres está a la altura de los mejores chistes de Los Vengadores.

Malekith Thor el mundo oscuro

Sin embargo, Thor: El mundo oscuro sale principalmente beneficiada por la presencia amplificada de dos robaescenas natos. En primer lugar, Kat Dennings está en estado de gracia (estoy empezando a pensar que vive en estado de gracia) como Darcy Lewis, desempeñando un papel más activo y gozando incluso de su propia microtrama, que nos da algunos de los momentos más divertidos de la película (necesitamos un one-shot o una película de Darcy y su becario ya). Las escenas con Dennings y los demás terrícolas nos dan un necesario respiro de lo que ocurre al otro lado del Bifrost. Pero si Thor: El mundo oscuro tiene una clara súper estrella esa es Loki, la más fascinante diva marveliana, el villano más magnético e irresistible. El personaje de Tom Hiddleston es quizás el más popular entre los seguidores del Universo Cinematográfico de Marvel (Tony Stark se desmarca, pero los fanboys se pirran por Loki), y por eso el estudio se ha asegurado de que tenga más presencia, llegando a añadir por demanda popular más dosis de Loki a última hora. Nosotros salimos ganando, pero el otro villano de la función, Malekith el Maldito sale escaldado. Desdibujado, endeble, olvidable olvidado, el personaje interpretado por Christopher Eccleston no tiene nada que hacer ante Loki, y tampoco parece que hayan intentado darle entidad suficiente como para que la pelea de gatas sea justa.

El poco peso de Malekith en la historia, o la práctica ausencia de Sif -que por la campaña publicitaria pensábamos que aparecería más-, son claros síntomas de planificación sobre la marcha según intereses comerciales. Este es, en un principio, el aspecto más problemático de Thor: El mundo oscuro. A pesar de que Kenneth Brannagh no logró conectar con todo el mundo con la primera Thor, sí que fue capaz de aportar cierta integridad e identidad que se ha desvanecido con la secuela. El mundo oscuro viene firmada por Alan Taylor, que tiene experiencia orquestando inabarcables mundos fantástico-medievales en Juego de Tronos, pero quizás sería más fiel a la realidad que en los créditos apareciese “Marvel Studios” como director.

Loki Thor el mundo oscuro

Por muy divertida que sea, Thor: El mundo oscuro carece de una estructura narrativa definida y salta de un lado a otro según sople el viento, dejando la sensación de que faltan fragmentos o de que se olvidan tramas y personajes. Esa es la línea que sigue el estudio, basada en la inmediatez y la demanda, poniendo un pie en la cultura colaborativa (escuchemos al fan y añadamos lo que nos piden), y buscando en todo momento la satisfacción del comprador. Antes que una película, El mundo oscuro es un producto, una pieza de un vastísimo engranaje comercial que se debe ajustar a un plan maestro. Y ojo, esto no es necesariamente negativo. Es más, Marvel está demostrando que seguir llenando las arcas y hacer feliz al fan no está reñido, sino todo lo contrario. De hecho, está haciendo todo un arte de ello.

Únicamente por el alto contenido autorreflexivo, los guiños a las otras franquicias marvelianas, los cameos (impagable el que facilita el propio Loki en una de las secuencias más brillantes del filme) y las escenas post-créditos (no una, sino dos, quedaos hasta el final final), la película supone una experiencia plenamente satisfactoria para el fan del Universo Cinematográfico de Marvel, una que deja con ganas de más, y cuanto antes mejor. El éxito de la estrategia queda así demostrado. Con excepción de un par de plomizas escenas de batalla, Thor: El mundo oscuro supone una muy divertida y oportuna incursión en el Marvel más festivo, el de los puentes de arco iris y los trajes barrocos, sin descuidar la acción más espectacular: un sorprendente pre-clímax en Svartálfheim y un trepidante clímax en Midgard componen la imparable recta final. Y además de seguir garantizando nuestra fidelidad para los siguientes capítulos (o precisamente para ello), la película nos da todo el Loki que deseábamos y más. Loki leyendo, Loki llorando, Loki piropeando a su hermano, Loki riéndose de todos (de nosotros los primeros), Loki siendo un cabrón, Loki melena al viento. Al igual que Robert Downey Jr. con su Tony Stark, Tom Hiddleston se ha fusionado completamente con su personaje, y nos tiene a todos encandilados. ¿Para cuándo una trilogía spin-off de Loki?

Valoración: ★★★★

Crítica: Rush

Rush

Rush es la historia de la rivalidad entre los dos brillantes pilotos de Fórmula 1 James Hunt y Nikki Lauda, una lucha a muerte en el circuito que nació y se extendió fuera de él. Lo nuevo de Ron Howard es un biopic deportivo, y si hay género más formulaico y acomodaticio que el biopic, es precisamente el cine de deportes. Sin embargo, Howard no solo se las arregla para dosificar adecuadamente el drama personal y las carreras a lo largo del metraje para no incurrir en el tedio, sino que convierte esta conocida historia real en un brillante ejercicio cinematográfico de entrega y pasión.

A través de una ambientación inmejorable (fotografía y caracterizaciones excelentes), Howard nos traslada a una época en la que los pilotos de carreras se lo jugaban todo en el circuito, en la que cada año un par de ellos sucumbían a las curvas de la carretera. La lucha de Hunt y Lauda por el primer puesto en el podio se ve constantemente acechada por la muerte, lo que convierte este deporte en mucho más que ganar o perder. Se trata de conocer el límite de lo que se está dispuesto a arriesgar. Hunt y Lauda se aproximan al deporte de maneras opuestas. Visceralidad e inconsciencia contra frialdad calculadora. Howard aprovecha esta profunda dualidad para construir un relato emocionante a nivel personal que magnificará con las carreras, impresionantemente rodadas.

Rush cartel españolEl apartado técnico de Rush es sobresaliente. Howard es un realizador solvente. Tanto que siempre resulta excesivamente correcto, poco destacable, aburrido. No busquen personalidad o genialidad autorial en Howard, porque será siempre en vano. Lo que tenemos aquí es un trabajo de dirección que roza la perfección de manual, y teniendo en cuenta la naturaleza de la propuesta, es lo mejor que le podía ocurrir. Afortunadamente, las carreras no dominan todo el relato. Son los dos protagonistas los que soportan el peso de la historia. Los conflictos se desencadenan a partir de sus caracteres y la batalla de egos en la que se enzarzan se materializa en la carretera. Cuando Rush nos adentra en los circuitos (y lo hace metiéndonos de lleno en el ojo del huracán), no importa que la Fórmula 1 no nos interese lo más mínimo, quedamos inevitablemente atrapados. Y la razón es que Rush es mucho más que una encarnizada carrera a vida o muerte. Rush es cine.

Sin embargo, lo más importante de un biopic es sin duda que los protagonistas sean capaces de mimetizarse con las personas a las que dan vida, para que el conjunto resulte verosímil. En ese sentido, las interpretaciones de Chris Hemsworth y Daniel Brühl están a la altura del cuidado envoltorio. La labor interpretativa y transformación física de Brühl para convertirse en Lauda es muy loable. Pero Hemsworth, como Hunt, es un robaescenas nato, físico y magnético, un fenómeno que el actor de Thor personifica con la naturalidad que lo convierte en uno de los mejores intérpretes de su generación (a pesar de que su físico y los papeles que escoge distraen de su talento). La rivalidad entre Hunt y Lauda saca lo peor y lo mejor de ambos pilotos en un relato sobre la naturaleza del respeto y la razón de ser del deportista. Estos dos jóvenes actores se llevan los mayores laureles en una película que consigue muy merecidamente subirse al podio del cine de deportes de los últimos años.

Por qué ‘Los Vengadores’ pertenece legítimamente al Whedonverso

Que quede claro desde el principio. Sería absurdo atribuir a Joss Whedon la autoría absoluta de este macro-proyecto que es, y ha sido durante los últimos años, Los Vengadores. Para cuando el director y guionista se subió a bordo del buque marveliano -por tercera vez ya, recordemos que guionizó RunawaysAstonishing X-Men-, todo el trabajo previo a este esperadísimo mash-up superheroico estaba hecho. Por no decir que las líneas maestras de la historia llevaban escritas desde que en septiembre de 1963 Stan Lee y Jack Kirby publicasen el primer número de The Avengers. Dicho esto, puedo afirmar con rotundidad, convicción, y sobre todo incontinencia emotiva, que Los Vengadores es una obra incontestablemente whedoniana. Y es mi intención defender esta idea a continuación, estableciendo los numerosos paralelismos entre el filme y los anteriores trabajos del autor. Sin embargo, y a pesar de que Whedon se lleve la película a su terreno -en cierto modo, Marvel siempre fue su terreno-, el ex productor televisivo ha logrado crear un grandioso -que no grandilocuente, eso se lo dejamos a Nolan- espectáculo que busca la satisfacción del público no iniciado, mimando casi enfermizamente al fanboy obsesionado con Marvel y sin descuidar al whedonite más entregado -bueno, ¿no lo somos todos? La respuesta abrumadoramente positiva por parte de los tres frentes confirman lo que ya sabíamos: Whedon nació para este proyecto.

A pesar del extenso terreno allanado por las seis películas previas -sí, yo cuento la primera Hulk-, Los Vengadores es una historia iniciática, y es así cómo Whedon nos la presenta. Sin tratar de convertir la saga en lo que no es -lo que intentó sin éxito Ang Lee-, Whedon cuenta el origen del súpergrupo teniendo en cuenta todos los elementos ya dispuestos, para fabricar una historia que sirva como punto de convergencia de los relatos individuales de los personajes, pero que también funcione como génesis o Capítulo Cero. No es la primera vez que el autor se enfrenta a un reto creativo de estas características. El precedente es Serenity (2005), la película con la que trató de inaugurar una franquicia cinematográfica basada en su malograda serie Firefly (2002), y para la que Whedon relanzó las historias de los nueve tripulantes de la nave protagonista. Por aquel entonces, Whedon no contaba con las facilidades que da disponer de un puñado de súper héroes que llevan cinco décadas en las posiciones más privilegiadas de la cultura popular. Al final, Serenity solo interesó a los whedonites y browncoats -así se denominaron los fans de la serie. Con Los Vengadores, este desenlace no era una posibilidad.

En este caso, la experiencia previa de Whedon sirve al autor para salir de embrollos narrativos, y le permite brillar en lo que siempre ha destacado. En Los Vengadores se opta por la coralidad del reparto, otorgando momentos de protagonismo a todos y cada uno de los personajes, armónicamente repartidos a lo largo del metraje. No hay protagonistas, ni se ignora a ningún personaje a favor de los demás -otra cosa es que los egos de unos tengan más presencia escénica que los de otros. Se trataba de hacer que un grupo de súper héroes, que juntos son una “bomba de relojería”, estallasen de la mejor manera posible. Y vaya si lo hacen. Superados los conflictos internos -épicas batallas de egos en lapidarios diálogos marca de la casa-, se explota de nuevo la idea de grupo que deja a un lado sus diferencias para enfrentarse a un mal mayor. Y se hace buscando en todo momento la complicidad de un espectador que puede, y quiere entregarse emocionalmente. Es Whedon en estado puro. Hasta encontramos el característico plano de los personajes caminando en grupo hacia la batalla que no falta en ninguna de las obras whedonianas. Desde ese momento, el público está en el bolsillo.

Los Vengadores ofrece a Whedon la oportunidad de seguir insistiendo en algunos de los temas que conforman la tesis de su obra televisiva, principalmente el poder y la naturaleza de la corrupción, así como también la redención. A través del villano de la función, Loki -también el primer archi-enemigo al que se enfrentan los Avengers en cómic-, se explora la idea del mal como consecuencia -y también origen- de la ambición y la búsqueda de gloria. Así, Whedon, convierte a Loki en una “diva” que prepara su gran espectáculo en Las Vegas -bueno, estamos en Stuttgart, pero la analogía no sería igual de efectiva. La primera toma de contacto con su público recuerda inevitablemente a aquella Jasmine (Gina Torres) de la cuarta temporada de Angel (1999-2004), figura mesiánica que llega a la Tierra con la intención de convertirla a su culto -y después comérsela. Loki (un excelente Tom Hiddleston) se convierte de esta manera en un villano más caricaturesco -ese atuendo de gira crepuscular de madame del pop lo pedía a gritos-, dejando atrás los motivos que lo situaron en la senda del mal, y descargando al personaje de afectación y pathos. La escena que supone la derrota de Loki confirma una vez más que estamos ante una obra whedoniana. Hulk agarra por sorpresa y zarandea de la manera más cartoonesca al villano -que está pronunciando el discurso amenazante de turno-, sustituyendo con este momento cómico al convencionalismo -y sopor- de la escena de confrontación final que no falta en ninguna de las películas anteriores. Lo épico se busca por otros medios. Whedon echa mano en este y otros momentos de Los Vengadores de uno de sus recursos más utilizados en Buffy, cazavampiros (1997-2003): dar fin a los conflictos con un golpe de efecto cómico en lugar de alargar los enfrentamientos desesperantemente. En este caso, Hulk es el mini-demonio Gachnar, que es vencido de un pisotón en el episodio “Fear, Itself” (4.04). El excelente humor físico del que hace gala Los Vengadores se fusiona con los célebres diálogos saturados de one-liners que han caracterizado al autor a lo largo de los años, para dar como resultado un filme que no solo puede considerarse una gran película de acción, sino también una sobresaliente comedia.

En entrevistas realizadas durante los últimos meses, Whedon advertía que no era su intención llenar la película de guiños a sus fans. En todo caso, si había que hacer guiños era a los geeks marvelites. No os preocupéis, los hay, a montones -muchos más de los que yo jamás podré identificar. El autor se ha encargado de volcar en la película todos sus conocimientos sobre la casa de Stan Lee. Sin embargo, después de aquellas declaraciones, sorprende comprobar que el viejo Whedon está presente en cada uno de los 142 minutos -¿tantos? parecieron cinco- de Los Vengadores. Es más, se las arregla para incluir a dos de sus actores fetiche, Enver Gjokaj y Alexis Denisof, en una película que no le daba demasiado margen para el enchufismo -una pena no haber visto finalmente a Nathan Fillion como Hombre Hormiga. A las coincidencias señaladas en los párrafos anteriores se añaden una infinidad de paralelismos que van de lo más fortuito a lo más explícito. Por ejemplo, el fanboy que hay en mí os dirá que Bruce Banner se quita las gafas haciendo el mismo ademán que caracterizó a Rupert Giles a lo largo de las siete temporadas de Buffy, cazavampiros. O que Capitán América irrumpe en una escena saltando sobre una furgoneta, lo que recuerda demasiado a la entrada de Capitán Hammer en Dr. Horrible’s Sing-Along Blog (2008). Pero es que abandonando esta perspectiva conspiranóica, sigue resultando tremendamente fácil separar los rasgos puramente whedonianos del relato.

A través de los pasados de algunos de los personajes, Whedon cuela en el ramificado discurso de Los Vengadores breves reflexiones que nos transportan directamente a sus series. A pesar de haber sido creado por otro, la Viuda Negra, al igual que Kitty Pryde de los X-Men, es un personaje whedoniano por definición propia. En Los Vengadores se nos habla del peso que suponen para la agente de S.H.I.E.L.D. sus acciones en el pasado, y conocemos sus deseos expiatorios –Buffy y Angel están superpobladas de personajes que buscan la redención. El personaje de Scarlett Johansson es además un claro exponente del mensaje de emancipación femenina que ha articulado en gran medida la obra de Whedon. La primera escena de la Viuda Negra en Los Vengadores nos reintroduce al personaje en el clásico papel de damisela en apuros, para acabar revirtiendo este rol en una escena que podría pertenecer a la serie de la cazavampiros: la clásica paliza a los malos con los imprescindibles chascarrillos entre patada y puñetazo -algunos nos imaginamos por un instante que utilizaría como estaca una pata de la silla en la que estaba atada. Natasha Romanoff y Buffy Summers se convierten por un momento en la misma persona. A su vez, Ojo de Halcón -Jeremy Renner apareció en un episodio de la primera temporada de Angel– y la Viuda Negra -cuyo estilo peleando es reminiscente del de River Tam- comparten sus tormentos existenciales en una escena que alude directamente al discurso central de Dollhouse (2009): la búsqueda de identidad de unas personas cuyos pasados han sido borrados para trabajar al servicio de una organización secreta -por cierto, una oportunidad redentora para el propio autor, que jamás fue capaz de dominar las tramas militares de sus historias. Y si no, recordad la infame Iniciativa (Buffy).

Whedon exprime adecuadamente estas coincidencias temáticas, que vienen dadas por la historia de los personajes. Sin embargo, podemos ir más allá y encontrar numerosas escenas, diálogos e incluso planos que resultarán tremendamente familiares a los whedonites más hardcore: la nave de S.H.I.E.L.D. hace las veces de Serenity, permitiendo a Whedon volver a tratar con una ‘tripulación’ de héroes de naturalezas muy opuestas; también hay en la película un par de discursos motivacionales que no pueden faltar en la recta final de toda historia que venga firmada por Whedon; a un nivel más visual, el hundimiento de las instalaciones de S.H.I.E.L.D. al comienzo de la película es una revisitación del final de “Chosen”, el último episodio de Buffy, cazavampiros, en el que la Boca del Infierno se traga Sunnydale al completo; por otro lado, el sacrificio de Iron Man nos transporta hasta “The Gift” (Buffy, 5.22), en el que la heroína se zambulle en el portal interdimensional que amenaza con destruir la Tierra; y por último, tanto los deseos de los Vengadores de tomarse un día libre tras ganar la batalla, como la insistencia de Tony Stark en que vayan a comer a un sitio nuevo de shawarma, son reproducciones casi literales del divertido diálogo que mantienen los protagonistas de Buffy antes de adentrarse en la batalla final.

Pero la esencia más puramente whedoniana de Los Vengadores no se encuentra en estos instantes anecdóticos, sino en el cuidado tratamiento de la historia, y sobre todo, de los personajes. Como de costumbre, el director crea ese poderoso vínculo entre el espectador y los héroes, que le permitirá adoptar su clásica posición de demiurgo absoluto sobre la acción. Whedon humaniza a unos personajes que se nos antojaban algo vacuos en sus entregas individuales -con la excepción quizás de Tony Stark-, sacando el mayor provecho de sus intérpretes -el Bruce Banner/Hulk de Mark Ruffalo es uno de los personajes más memorables de la cinta-, y logrando que temamos por la vida de todos y cada uno de ellos en el vertiginoso clímax de la película, 40 sublimes minutos que ponen en evidencia todo lo que ha hecho Michael Bay. Eso sí, como antesala del desenlace, y para magnificar esa sensación de mortalidad de los personajes -a pesar de que sabemos de sobra que ninguno puede morir-, Whedon ya se ha encargado de recordarnos, por si a alguno se le había olvidado, quién maneja los hilos: tras convertir al agente Coulson en un geek al que empezamos a adorar peligrosamente, nos lo arrebata en una escena que nos desarma emocionalmente, nos enfurece, y en definitiva, nos introduce sin marcha atrás en el relato, desencadenadenando el frenético acto final. Aunque nos pese, al más puro estilo Whedon.

A través de la identificación, el autor construye una historia que implica al espectador a un nivel al que no nos tiene acostumbrado el género de súper héroes. Se trata de la enésima -y esta vez definitiva- relectura del cine de palomitas, a manos de la persona que comprende el verdadero alcance del término: el Dios geek, uno de nosotros. La película de Joss Whedon se siente cómoda con cualquier etiqueta, pero por mi parte, pienso colocar Los Vengadores junto a Buffy, Angel, Firefly, Dr. Horrible y Dollhouse en mi videoteca. Sin reparos.