Mátenme por favor, sigo ‘Are You There, Chelsea?’ al día

Quizás sea síntoma o indicio de la decadencia absoluta en la que me he sumido en los últimos meses. Podría estar viendo Smash (que mira que tenía ganas de que se estrenase), podría ponerme con las temporadas que aun tengo pendientes de cara al inminente regreso de Walter White, podría incluso darle otra oportunidad a la soporífera The Walking Dead. Pero no, estoy viendo el más reciente estreno “cómico” (no hay comillas suficientes) de NBC, Are You There, Chelsea? Esta sitcom multicámara está basada en el libro Are You There Vodka, It’s Me, Chelsea? de la extremadamente antipática actriz, presentadora y escritora Chelsea Handler. Y es muy posible que yo sea el único que se esté sometiendo voluntariamente a tal tortura. La serie tiene los días contados desde su discreto estreno para la nueva mid-season. Y decir que no me extraña sería quedarse muy corto. Que alguien se interesase lo más mínimo por este proyecto es uno de los misterios indescifrables de la humanidad.

Are You There, Chelsea?, originalmente titulada como el libro en el que se basa, nos sitúa en un bar deportivo de Nueva Jersey y nos cuenta la vida de una de sus camareras y su grupo de amigos y compañeros de trabajo. Junto con el título original, la serie se dejó en el camino lo que supuestamente iba a ser su premisa: Chelsea es arrestada por conducir bajo la influencia del alcohol, lo que le lleva a replantearse su vida desde la celda en la que acaba. Pues bien, tras ocho episodios emitidos hasta la fecha, no queda rastro de esta idea inicial. Desde su segundo episodio, la serie no es más que un penoso desfile de personajes sin interés (tengo la sensación de que con cada capítulo se introduce un secundario) y tramas agotadas desde el minuto uno que, por supuesto, no parecen llevar a ninguna parte.

La falta de propósito y el aire absolutamente descentrado de la serie no es lo peor de Chelsea, desatinado producto que se empeña en hallar el humor en la vertiente más desagradable y decadente del ser humano, sin un ápice de introspección o simpatía. Algo no solo posible, sino también muy necesario (recordemos una de las comedias estrella de la cadena, Will & Grace). No hay un solo personaje en la serie que provoque indulgencia en el espectador: como alter ego de su creadora, Chelsea es una protagonista indefinida y distante (que sí, Handler, que está claro, eres una borracha sin complejos, cuánta ruptura, cuánta irreverencia), además de ser una extensión de la Donna Pinciotti de That 70s Show (confirmamos que las cualidades de ambos personajes son inherentes a Laura Prepon); de la excesiva plantilla de Jerry’s solo se salva Nikki, una suerte de Eliza Dushku de bolsillo (más aun) y el único personaje que me ha hecho reír en algún momento; las compañeras de piso de Chelsea son una asiática de metro diez cuyas únicas cualidades son ser asiática y ser muy baja, (¡¿qué obsesión tiene esta serie con los enanos?!) y una virgen que en teoría debería aportar la nota más dulce en una serie llena de imbéciles, y que fracasa estrepitosamente, quizás por intentarlo demasiado. Handler se reserva un desagradable papel secundario como la hermana mayor de Chelsea y nos agracia con su incómoda presencia en cada episodio.

Los estrenos otoñales de la temporada 2011-12 mostraron una sobrecarga de sitcoms de aire noventero que crearon la ilusión de contrapunto a la tendencia al alza de comedias single-cam. Quizás el éxito de 2 Broke Girls animase a la NBC a darle un voto de confianza a esta abominación situada en las antípodas de la comedia a la que no tiene acostumbrados. Quiero imaginar a los ejecutivos del 30 de Rockefeller, a los que dieron luz verde al proyecto, dándose cabezazos contra la pared por haber bajado el listón de calidad de una cadena conocida y apreciada por su oferta cómica de calidad.

Entonces, ¿por qué sigo Are You There, Chelsea? Es difícil de explicar. Quizás tenga que ver con el hecho con el que comenzaba escribiendo este artículo. Mi vida se ha sumido en una espiral autodestructiva en la que Chelsea simboliza el fondo del pozo. Y con todo, hay algo en este absoluto desastre catódico que resulta atractivo, en el sentido más morboso de la palabra. Es exactamente como presenciar un accidente y no poder apartar la mirada. Quizás esa sea una de las claves. En fin, mirémoslo por el lado bueno. Chelsea ha logrado algo que ninguna de las series de calidad que he visto recientemente ha conseguido, darme una verdadera bofetada de realidad: “¿por qué estás viendo esto? ¿qué coño estás haciendo con tu vida?” Por eso quiero agradecer públicamente a Are You There, Chelsea?, a Chelsea Handler y a la NBC por ayudarme a salir del dique seco. Espero que vosotros no lleguéis al punto en vuestra vida en el que os alegréis al ver que hay episodio nuevo de Are You There, Chelsea? De verdad.