Crítica: The Invisible Woman

The Invisible Woman

Después de su debut en la dirección con Coriolano (2011), desapercibida adaptación de la obra de William Shakespeare, Ralph Fiennes se vuelve a sentar en la silla del director para filmar otra película relacionada con otro de los grandes autores de la literatura universal, Charles Dickens. Sin embargo, The Invisible Woman no adapta una obra del novelista inglés, sino la biografía homónima escrita por Claire Tomalin en 1990 sobre Ellen Ternan, la mujer que pasó junto a Dickens los últimos años de la vida del escritor, en secreto.

The Invisible Woman podría catalogarse como biopic, aunque su carga poética, y el hecho de que el peso del relato recaiga sobre la otra mujer, la acercan más bien al drama íntimo, y la distancian (afortunadamente) de la corriente actual de biografías sobre grandes personalidades de la historia. Además de dirigir el film, Fiennes se reserva el papel de Dickens, apenas dos años después de haber dado vida a uno de sus personajes, Magwitch, en la enésima adaptación de Grandes esperanzas (Mike Newell, 2012). Con su vívida y carismática interpretación de autor británico, recuperamos al gran actor que conocimos en los 90, el mismo año que lo hemos visto revitalizando su carrera con otra gran actuación en El gran hotel Budapest (Wes Anderson).

The_Invisible_Woman_-_Cartel_final_Sin embargo, en The Invisible Woman, el Fiennes director se impone al Fiennes actor, con un trabajo de enorme sutilidad y buen gusto que evidencian a un notable cineasta. Pero como decíamos, este romance victoriano de erotismo contenido y belleza intemporal no nos cuenta exactamente la historia de Dickens, sino la de la mujer invisible (un acierto no haber traducido el título para su estreno en España) que se enamoró perdidamente de él y con la que vivió una aventura (en el sentido más completo de la palabra) en el cénit de su carrera, y de su vida. En este sentido, la exquisita Felicity Jones supone un gran acierto de casting. La joven actriz contrarresta la gelidez de su aspecto con un encanto inocente, casi infantil, y un aura de inteligencia y tormento con el que caracteriza brillantemente a esta mujer enferma de amor y de soledad, demostrándonos el gran talento que se percibía en papeles anteriores.

A pesar de estar directamente inmerso en la historia como protagonista, Fiennes compartimentaliza hábilmente sus facetas como actor y como director y cuenta la historia en The Invisible Woman desde una distancia prudencial que, si bien puede dar la impresión de frialdad o desapasionamiento, desvela a un director metódico, preciso y meticuloso, un narrador que penetra en la piel del espectador casi sin que este se dé cuentaThe Invisible Woman nos ofrece un irresistible y certero retrato del novelista más importante de la historia en la cumbre de su popularidad, pero nos atrapa con la devastadora historia de la mujer a la sombra, afectándonos en última instancia con la terrorífica idea del duelo en secreto por el gran amor de una vida. Un triunfo en la carrera de Fiennes.

Valoración: ★★★½

Estrenos de cine 27-03-13


G.I. Joe: La venganza
 (G.I. Joe: Retaliation, Jon M. Chu, 2013)

Más que una secuela de la primera G.I. Joe -una de las películas más casposas de los últimos años-, G.I. Joe: La venganza es un reboot de la franquicia que sigue indudablemente la estela de Transformers (otra propiedad de Hasbro, como la que nos ocupa) y que reformula completamente los elementos de la saga. Más trama militar, mejores escenas de acción (algunas como la de las montañas quitan el hipo), efectos digitales mucho más dignos y un sentido del humor más acorde con el tipo de público al que se dirige.

G.I. Joe: La venganza hace borrón y cuenta nueva y se olvida del enfoque camp y tontorrón de la primera entrega, convirtiéndose en una superproducción que sigue al pie de la letra las exigencias de un blockbuster veraniego (aunque se estrene en primavera). Además, cuenta con la presencia de dos héroes del cine de acción, un Bruce Willis algo desubicado pero dejando patente su estatus de eminencia testosterónica, y Dwayne ‘The Rock’ Johnson, que se confirma como uno de los actores-montaña-de-músculos más carismáticos. Ambos intérpretes evidencian la determinación de G.I. Joe por dejar atrás el fallido primer intento de poner en marcha la saga, replanteándola como una cinta al más puro estilo Michael Bay que además se permite incluir escenas cómicas por encima de la media en este tipo de películas: atención a la satírica secuencia de la reunión de los presidentes mundiales. Con todas sus fantasmadas y ridículos agujeros de guion -o precisamente por todo ello-, G.I. Joe acaba siendo más que recomendable para los aficionados al género, y compensará ligeramente la decepción que recientemente ha supuesto La jungla: un buen día para morir. A los que no les vaya mucho la acción explosiva y patriótica (yanqui, se entiende), que ni se molesten, claro.

 


Grandes esperanzas
(Great Expectations, Mike Newell, 2012)

No hay nada verdaderamente reprochable en esta película además del hecho de que nadie la pidió. Esta nueva adaptación de una de las bildungsromans por excelencia no aporta nada con respecto a sus predecesoras, y a pesar de tener un acabado más que aceptable, resulta básicamente innecesaria. Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral, Harry Potter y el cáliz del fuego) se aproxima a la obra de Charles Dickens desde el más absoluto respeto. Y en el tiento y la preocupación por ser fiel al referente, Newell orquesta una película que lleva la sensación de déjà vu fílmico a otro nivel. El realizador británico hace un buen trabajo a la hora de identificar y disponer los puntos nodales de la historia, y el guionista David Nicholls controla a la perfección el relato original, sabiéndolo adaptar al lenguaje cinematográfico sin necesidad de hacer una película de tres horas. Sin embargo, la propuesta peca de ingenuidad al confiar en el apoyo del público -sobre todo un año después de la reciente miniserie para la televisión británica. En el apartado interpretativo ocurre lo mismo. Helena Bonham Carter nació para dar vida a la señorita Havisham -como nació para interpretar a cualquier personaje excéntrico y esperpéntico-, aunque no consigue deshacerse de la sombra de la gran Miss Dinsmoor de Anne Bancroft en la mucho más interesante adaptación de Alfonso Cuarón de 1998. Y el inexperto y cauteloso Jeremy Irvine (War Horse) es una acertada elección para un personaje como el de Pip. En definitiva, la película es tan correcta en todos los aspectos que resulta prácticamente olvidable. Eso sí, los aficionados a las adaptaciones de clásicos de la literatura, y al cine de época, encontrarán el mayor atractivo en una ambientación muy lograda y el suntuoso diseño de vestuario de Beatrix Aruna Pasztor.

 

La soledad de los números primos (La solitudine dei numeri primi, Saverino Costanzo, 2010)

Con nada más y nada menos que tres años de retraso nos llega a España la italiana La soledad de los números primos -ni que fuera de Ghibli. Pero en el caso de esta película, y a pesar de sus irregularidades, podemos decir bien alto lo de “más vale tarde que nunca”. El filme de Saverino Costanzo, basado en la exitosa novela homónima de Paolo Giordano, bien podría haberse titulado Los invonvenientes de ser un marginado, al menos hasta que nos adentramos en su último acto. La primera hora y media de la película transcurre a base de saltos en el tiempo (si no se ha leído la novela, es más que probable que la historia resulte confusa al principio y los personajes no se distingan con claridad) y frecuentes cambios de tono y ritmo. El relato nos muestra de manera alternada una cara más amable y otra mucho más cruda, optando por el camino más deprimente y pesadillesco en su última media hora. La soledad de los números primos es hasta ese momento un certero ejercicio de reflexión sobre la importancia de las experiencias vitales durante la infancia y la adolescencia y las decisiones de los padres en la formación y forja de identidad de una persona. Sin embargo, las valiosas conclusiones a las que llega se van al traste en un desenlace que, como si de un giallo se tratase -esto no es una apreciación gratuita, me entenderéis cuando veáis la película- se deshace de todo lo que se ha construido durante la película en busca del impacto y la controversia.