Nuevas series 2016: Parte III

Sigo con mi repaso a los primeros estrenos televisivos de la temporada 2016-17. Haciendo estos especiales me he dado cuenta de una cosa: no tiene demasiado sentido titularlos “Pilotos”, así que he decidido rebautizar las entradas bajo la denominación “Nuevas series”. La razón es la siguiente: el modelo del piloto como episodio de prueba para vender una serie a las cadenas es cada vez menos frecuente, sobre todo desde el auge de los canales premium y en especial de las plataformas de contenido por Internet. Aunque se sigue practicando, sobre todo en las networks, muchas series reciben directamente el encargo de una temporada completa, como signo de confianza en el productor que las avala o como estrategia de fidelización (“no os vayáis, os garantizamos que, aunque la audiencia de la serie sea horrenda, va a haber al menos una temporada completa para satisfacer vuestro TOC televisivo”). Y luego están las series de Amazon, Crackle o Netflix, cuyas temporadas se ofrecen completas de una vez, lo que hace que el término piloto no se pueda aplicar a todas (sí a las de Amazon, que precisamente elige las series que va a comprar ofreciendo un montón de pilotos a sus suscriptores a ver cuáles funcionan mejor).

Todo este rollo para deciros eso, que cambio el título de la entrada, porque “Nuevas series” me parece que engloba mejor lo que estoy haciendo aquí. Aunque, curiosamente, en esta tercera tanda hay mayoría de series de network que han nacido de forma tradicional, es decir, con un piloto como los de siempre. Bueno, algo tenía que escribir en la introducción, ¿no? Empezamos.

pitch

Pitch

No me habría acercado a Pitch de no ser porque Mark-Paul Gosselaar es uno de los miembros fijos del reparto. Se trata de un drama deportivo de la cadena Fox sobre la primera mujer que consigue jugar en una gran liga profesional de béisbol en Estados Unidos, una premisa que por desgracia todavía entra dentro de la categoría de ciencia ficción y que, afortunadamente, se suma a la corriente de series que apuestan por la diversidad, el feminismo y la visibilización. Es cierto que el género deportivo nos ha dejado un puñado de buenas películas, pero no es uno de mis favoritos. Antes de empezar el piloto de Pitch me convencí imaginando que quizá sería algo en la línea de Friday Night Lights, lo que me dio más motivaciones para verla además de Zack Morris con barba. Sin embargo, Pitch no tiene mucho que ver con la aclamada serie protagonizada por Kyle Chandler, sino que se asemeja más, aunque salvando las distancias, a lo que sería una Empire del deporte.

Y digo “salvando las distancias” porque Pitch no es tan loca como Empire (que se emite en la misma cadena). Pero sí tiene ese toque de espectáculo melodramático algo exagerado, con personajes de armas tomar, provocación y toques de humor efectista (cortesía principalmente del caricaturesco personaje de Ali Larter). Eso hace que la serie resulte más entretenida de lo que esperaba, pero también que corra el peligro de volverse ridícula y culebronesca muy pronto. El piloto empieza muy bien, captando la atención del espectador con el frenesí mediático alrededor de la protagonista, y se desarrolla correctamente (a base de clichés deportivos, como era de esperar) hasta culminar en un giro argumental que reescribe el episodio (parece que este es el año de los pilotos con sorpresa final). Sin embargo, dudo de su potencial a largo plazo. Me quedaré para comprobarlo, porque no está mal como pasatiempo sin exigencias, porque la protagonista, Kylie Bunbury, es muy buena, y para seguir viendo a Gosselaar con esos pantalones que… Bueno, que el chico tampoco está nada mal interpretativamente hablando.

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High Maintenance

Hay series que se emiten, como dicen los angloparlantes, “under the radar”. Es decir, que no tienen apenas publicidad, ni buzz, ni hype, ni nada por el estilo. Series que pasan desapercibidas y, en muchos casos, no llegan a formar parte de “la conversación”, aunque tengan méritos de sobra para hacerlo. Este sería el caso de High Maintenance. Tanto es así que una semana después de su estreno todavía no tenía su ficha en IMDb. Se trata de una comedia de HBO basada en la webserie del mismo título creada en 2012 por el matrimonio Ben Sinclair y Katja BlichfieldHigh Maintenance sigue a un hombre llamado simplemente “The Guy” (interpretado por el propio Sinclair) que trabaja como repartidor a domicilio de marihuana en el área de Nueva York.

La primera temporada en HBO tiene seis episodios, y cada uno de ellos se centra en un grupo de personajes distintos, los clientes de “The Guy” y las personas a su alrededor, es decir, “una ciudad de extraños con una persona en común”. No es un formato revolucionario, pero tampoco es el tipo de serie de media hora que acostumbra a hacer HBO, lo cual resulta refrescante. High Maintenance ofrece un terreno creativo muy fértil, una libertad para contar historias que resulta en un retrato costumbrista de la sociedad neoyorquina muy interesante y diverso. El personaje de Sinclair ejerce como pegamento, nexo de unión entre los “bocados de realidad” que se interconectan en la serie, mientras que el énfasis narrativo se pone en los personajes episódicos (interpretados por gente como Amy Ryan, Dan Stevens y otros actores menos conocidos), a los que les basta media hora para dar lugar a historias completas y sustanciales, breves relatos cómicos con un poso de melancolía que pueden ser más trascendentales de lo que aparentan. Con tan pocos episodios, me atrevería a decir que High Maintenance es una de las mejores nuevas propuestas de un año que nos está dejando grandes comedias de autor.

(Dato: Colby Keller aparece en la serie. Si no tenéis que googlear para saber quién es quizá debáis echarle un vistazo).

MacGyver

A los dos minutos del piloto de MacGyver ya estaba mirando el móvil. A los dos minutos y medio ya tenía clarísimo que no iba a seguir viendo la serie. Pero como soy un profesional, dejé el móvil y aguanté el episodio entero para escribir esto con conocimiento de causa. Y vaya suplicio.

Hablando claro: el remake televisivo de MacGyver es un despropósito mayúsculo. No voy a comprarla demasiado con la serie original, porque a) No la tengo precisamente reciente, b) Lo que recuerdo no la convierte en un referente intocable y c) No tiene sentido, a este bodrio se le debe juzgar por méritos propios. Desde la primera escena, la serie huele que apesta a procedimental clónico y hecho sin ganas o ímpetu creativo, una primera misión que nos presenta torpe y tópicamente al nuevo MacGyver (arrogante, mujeriego y con el aspecto aniñado de Lucas Till, sin duda un error de casting). Tenéis al héroe sobrado, al compañero gracioso, a la analista que monitoriza la misión delante de un ordenador y a la jefaza fría e implacable (ellas tienen un montón de títulos universitarios y son las mejores en su profesión, pero a una se la reduce a “por cierto, me la estoy tirando”, y a la otra a “por cierto, me tiré a su madre”. Bravo). Efectivamente los clichés y estereotipos se acumulan sin atisbo de originalidad (el mejor amigo negro parece sacado directamente de los 90), y lo peor de todo, para aburrir soberanamente.

El piloto de MacGyverque tuvo que ser regrabado después de los pobres resultados del original y que cuenta con el mismísimo James Wan en la dirección (aunque no se nota, así que no me extrañaría que le pagasen por usar su nombre mientras él seguía con Aquaman), es un claro ejemplo de cómo no arrancar una serie: demasiada información metida con calzador en 40 minutos, personajes que actúan como si los conociéramos de toda la vida, y cuya química resulta forzada, diálogos sin chispa, sobredosis de escenas de acción para engatusar… Pilotitis aguda, vamos. Los productores de MacGyver se han propuesto modernizar el clásico televisivo con una relectura de ritmo acelerado, mucha acción “espectacular” (muy entre comillas, porque los efectos en algunas escenas son criminales), detalles contemporáneos como rótulos sobre la pantalla a lo Sherlock y un protagonista joven que garantice, si la serie funciona en los índices de audiencia, muchas temporadas. Pero lo que les ha salido es la enésima serie formulaica a lo Hawaii 5.0, un producto cutre, ligeramente machista, y paradójicamente anticuado con un protagonista sin carisma. Pasando.

“Nada acaba nunca”: Sobre el final de ‘The Good Wife’

The Good Wife End 1

Que The Good Wife es mucho más que una ‘serie de abogados’ es algo que a estas alturas todos saben de sobra. La serie de CBS rompió el molde para convertirse en una de las más inteligentes que hemos visto recientemente, y dejarnos a uno de los personajes femeninos más interesantes, complejos y fascinantes de la televisión, Alicia Florrick (sublime Julianna Margulies). De acuerdo, no ha sido perfecta, pero ¿qué serie lo es? A pesar de sus altibajos, pasos en falso y de dos últimas temporadas que no han estado a la altura de las anteriores, la serie de Michelle y Robert King no ha descuidado nunca su calidad (un episodio menor de The Good Wife sigue siendo mejor que la mayoría de episodios de otras series de network, y con temporadas de 22 capítulos eso es toda una hazaña), y lo más importante, no ha dejado de seguir sus propias reglas, construyendo un universo de ficción tan rico como sorprendente, que nos ha tenido atrapados hasta su episodio final. Un desenlace que es una bofetada literal para su protagonista y una figurada para su audiencia, por si quedaba alguien que pensaba que The Good Wife era una serie normal.

En lugar de un final complaciente, los King han optado por uno consecuente. Una decisión valiente que ha tenido su precio: Sacrificar a Santa Alicia y perder el favor de muchos espectadores que esperaban fanfarrias emocionales y un final feliz. Realizar una conclusión satisfactoria para una serie longeva (7 temporadas, 156 episodios) con una trayectoria tan cambiante como apasionante y compleja, es una tarea muy complicada. Y los King han decidido simplificarla hasta cierto punto, negándose a proporcionar a los fans la clausura a la que otras series nos han (¿mal?) acostumbrado. “End” es un regreso al principio para cerrar ciclo. Hasta ahí, nada que no sea habitual en cualquier series finale, pero este cierre no se aplica a todos sus personajes y es más uno metafórico que real. Porque, como se insiste varias veces a lo largo del episodio, “nada acaba nunca”.

Por eso los King se han centrado en el planteamiento con el que arrancaba la serie: Alicia mateniéndose al lado de su marido mientras este atraviesa el escarnio público por su comportamiento reprobable. Con la trama del juicio de Peter Florrick (patético hasta el final), The Good Wife ha construido una recta final decepcionante para los que esperaban fuegos artificiales, pero lógica y coherente si tenemos en cuenta que esta siempre ha sido la historia de Alicia Florrick. Y es que su evolución, particularmente durante los últimos años, estaba preparando el terreno para esa impresionante y merecida bofetada que la protagonista recibe en la espectacular escena final del episodio (apenas unos segundos que justifican todos los premios para las increíbles Julianna Margulies y Christine Baranski). Víctima ingenua, abogada de éxito, política en ciernes, rebelde arrogante y, en última instancia, relativista moral y cuasi-villana: así se podría resumir (muy a grandes rasgos) su recorrido durante estos siete años. El comportamiento de Alicia en “End”, donde la protagonista traiciona vilmente a la que fue su mentora y amiga, Diane Lockhart, es un reflejo del de Peter Florrick. Y este reflejo proyecta una imagen análoga a la del principio de la serie. En el piloto de The Good Wife, Alicia abofetea a su marido. En el final, es ella quien recibe la bofetada. Lo dicho, ciclo completo, y sí, sensación amarga y desconcertante al ver que nuestra heroína, para la que siempre quisimos lo mejor, a la que hemos visto sobrevivir, ascender y hacerse cada vez más fuerte y poderosa, se queda sin nada (aunque como siempre ha hecho, se recomponga del revés de Diane y siga caminando con la frente en alto). Pero es que The Good Wife nunca ha sido predecible, nunca se ha conformado con ser lo que se esperaba de ella, y no iba a marcharse dejándonos indiferentes. Si aceptamos y celebramos el final de Walter White, como mínimo debemos hacer el esfuerzo de comprender el de Alicia Florrick.

The Good Wife End 2

En lugar de atar todos los cabos (una exigencia injusta pero inevitable que los espectadores hacemos a las series) y darnos lo que deseábamos, “End” arriesga y reduce el ‘fan service’ al mínimo (la aparición de Will Gardner, por muy emocionante que sea, y lo es, porque vaya llorera con el “I will love you forever”, no es tanto para contentarnos a nosotros como para que Alicia tome su decisión y la historia se dirija hacia el desenlace planteado). Esta negativa a proporcionarnos una despedida emocional da lugar a otro sacrificio: los personajes secundarios se quedan en ‘animación suspendida’, sin sus finales correspondientes, y nosotros con la sensación de necesitar más, de que este no puede ser el final para Cary (discreta y tristemente retirado a segundo plano hace bastantes capítulos), Lucca, Eli Gold, la mejor secundaria de las últimas temporadas, Marissa, David Lee o el mismo bufete. Entonces es cuando nos planteamos si habría sido mejor continuar hacia una octava temporada sin sus creadores, entre otras cosas para que una serie que nos ha hablado del empoderamiento femenino y la posibilidad de amistad entre mujeres ambiciosas no termine con un enfrentamiento entre ellas después de otra disyuntiva entre dos hombres. Pero los what if ya no tienen sentido. The Good Wife ha terminado, y tenemos que aceptar su final tal y como los King lo pensaron hace mucho tiempo (¿habría sido distinto si Will siguiera vivo? No lo creo). Y su final no es un final definitivo, porque recordad, “nada acaba nunca”.

Ahora es tarea nuestra imaginar hacia dónde se habrían dirigido los personajes si la serie hubiera continuado, qué será lo siguiente que hagan en ese universo con vida propia, tan idiosincrásico y poblado por una fauna de personalidades tan inolvidable, uno que continuará a todas luces, aunque nosotros no lo veamos (las pistas que nos deja el episodio indican que Alicia podría acabar como gobernadora, y quién sabe qué más, algo que desde el principio muchos imaginamos ver en el último capítulo) [Actualización 13/05: Tendremos spin-off de Diane Lockhart, por lo que no hará falta imaginarse qué será de algunos personajes de la serie o de ese bufete dirigido por mujeres, ¡porque lo veremos!]. Si lo analizamos como un capítulo más, “End” es una hora de televisión sobresaliente que deja constancia por última vez de la suma inteligencia con la que se escriben (escribían) los guiones de esta serie. Pero como final ‘definitivo’ es comprensible que haya decepcionado a gran parte de la audiencia. Se trata de una coda cruel, una conclusión fría, y por tanto se debe analizar fríamente, aunque en el fondo deseáramos perder los papeles y llevarnos las manos a la cabeza con un desenlace épico a la altura de los episodios más grandes de la serie (el inconmensurable “Hitting the Fan” sería el principal referente). The Good Wife no ha querido despedirse de forma convencional, no lo ha envuelto todo perfectamente y con un lazo precioso, ni ha canonizado a nuestra Santa Alicia, sino que ha preferido responder más a las necesidades (¿caprichos?) de la propia historia que a las de la audiencia (como hicieron Los SopranoMad Men), sin por ello subestimarla. Es decir, nos ha dado la bofetada que merecíamos. Y yo elijo disfrutar del dolor que va a dejar en mi cara durante mucho tiempo.

Mom: La comedia que quería ser drama

Fun Girl Stuff and Eternal Salvation

El viejo arte de la comedia de situación no se ha perdido del todo. Aunque hoy en día casi todas las cadenas norteamericanas prefieren las comedias single-cam, porque resultan más contemporáneas y sofisticadas, las sitcoms de la vieja escuela sobreviven. Para encontrar la mayoría hay que acudir a CBS, donde no solo aguantan, sino que triplican en audiencia a cualquier comedia ‘moderna’ de la competencia. Este tipo de series conservan las características tradicionales del género: risas enlatadas, escenarios casi teatrales, tramas episódicas… Pero ni ellas han escapado a la hibridación de comedia y drama que ha caracterizado a la televisión del siglo XXI. Sitcoms como Friends, Will & Grace o las actuales The Big Bang Theory How I Met Your Mother siempre han incorporado elementos dramáticos en sus habitualmente ligeros argumentos (una muerte, una separación, una pelea muy en serio), pero ninguna ha hecho lo que lleva haciendo Mom durante tres temporadas: comedia dramática pura en casi todos sus episodios.

Mom comenzó su andadura como complemento a 2 Broke Girls. Es decir, otra serie protagonizada por un dúo de mujeres graciosas que chocaban en todos los capítulos. Pero pronto comenzó a desmarcarse de su compañera de cadena. Mientras la serie de Kat Dennings y Beth Behrs se estancaba en un ciclo repetitivo del que aun no ha salido, Mom se atrevía a evolucionar. Protagonizada por Anna Faris y Allison JanneyMom empezó siendo una sitcom familiar que giraba en torno a una madre soltera alcohólica que debía lidiar con su trabajo de camarera, sus hijos (un niño y una adolescente embarazada) y el regreso de su madre, la culpable de todos los males en su vida, y también una adicta. Aunque al humor le faltaba bastante gancho (era más bien típico y predecible, muy poca cosa), la serie destacaba por abordar temas muy serios y comprometerse con ellos a largo plazo, lo que hacían de ella una propuesta semi-interesante. Afortunadamente, Mom no dejó de abordar de frente el drama de sus personajes, e inició un proceso de transformación que ha desembocado en una fantástica tercera temporada.

A medida que la serie avanzaba, se descubría que el mayor filón para contar historias estaba en las reuniones de Alcohólicos Anónimos a las que asisten Christy (Faris) y Bonnie (Janney). Por eso durante la segunda temporada se crearon tramas para separar a Bonnie de sus hijos y llevar la serie hacia otro terreno. Mom dejaba de ser una comedia familiar para convertirse progresivamente en una sitcom de amigas. La serie encontró una dinámica muy buena en el grupo de AA y decidió prescindir casi por completo de los niños (a los que hemos visto una o dos veces en la última veintena de capítulos). Y lo cierto es que fue la mejor decisión que pudo haber tomado. Las ‘chicas’ del grupo forman un equipo divertidísimo, y con ellas la serie ha ganado entidad y madurez, gracias a la experiencia de sus intérpretes y la forma tan entrañable en la que se explora su amistad. Pero como decía, lo que hace de Mom una serie especial no es solo esto, sino su manera de afrontar el drama de sus personajes, con un pulso firme y sorprendentemente natural para navegar la comedia más tontorrona y la tragedia más dura (parece mentira que sea del mismo creador que Dos hombres y medio y Big Bang, Chuck Lorre).

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Mom ha encontrado la fórmula para hacer comedia de temas muy serios sin ningún atisbo de moralina y, sobre todo, con respeto. Ese equilibrio es muy difícil de conseguir, especialmente en este tipo de series, que a menudo optan por lo burdo y se olvidan de los acontecimientos importantes de un episodio a otro. Mom no es así, se trata de una serie comprometida, a pesar de su apariencia liviana. En sus tres años de vida ha hecho frente con valentía al tema del embarazo adolescente (con una trama de adopción muy agria con la que se evitaba el final feliz en el que suelen acabar estas situaciones en la ficción televisiva), a la muerte en numerosas ocasiones (una de ellas la del gran amor de tu vida, ni más ni menos), al fracaso como madre, y al más importante de todos: la adicción. Entre risas, situaciones disparatadas y diálogos picantes, Mom nos recuerda en todos los episodios que nos está contando la historia de un grupo de mujeres que padecen una enfermedad, y nos invita a que nos riamos con ellas de todo, sin dejar de bombear en ningún momento el corazón, ni recurrir al humor ofensivo o, peor aun, el adoctrinamiento.

No cabe duda de que este equilibrio no sería posible sin la labor de sus actrices. Hay que elogiar a Mimi Kennedy (Marjorie) y las adiciones tardías pero ya imprescindibles de Beth Hall (Wendy) y Jamie Pressly (Jill), que tienen una química descacharrante (we miss you, Octavia Spencer) y también dan la talla dramáticamente en los momentos necesarios. Pero Mom no sería lo que es si no fuera por el gran juego que dan Anna Faris y la todoterreno Allison Janney. Ya desde el principio, la desgarbada, efervescente y distinguida presencia de Janney (que recordemos tiene 7 Emmys, dos por Mom) subía de categoría a la serie, convirtiendo a la actriz de The West Wing en la gran estrella de Mom. Pero es que Faris se ha puesto las pilas para no quedar en segundo plano ante la genial interpretación de su madre en la ficción, y actualmente está mejor que nunca, personificando junto a Janney lo que hace especial a esta serie: la capacidad para hacer reír y llorar en el transcurso de veinte escasos minutos (¿Cuántas veces nos hemos quedado hechos polvo tras el fundido a negro final de un capítulo, por muy divertido que fuera?). Y es eso a fin de cuentas, su capacidad para emocionar sin manipular y reírse de la tragedia con sensibilidad, lo que ha hecho que Mom pase de ser una sitcom enlatada del montón a una de las comedias en abierto más afinadas de la actualidad.

Crítica: La verdad (Truth)

Truth

Cuidado, que Cate Blanchett quiere su tercer Oscar, y a ver quién se lo niega cuando sigue encadenando trabajos tan sobresalientes como el que realiza en La verdad (Truth). Basándose en el polémico libro Truth and Duty: The Press, The President and The Privilege of Power, James Vanderbilt, guionista de películas como Zodiac, Asalto al poderThe Amazing Spider-Man se sienta en la silla del director por primera vez para llevar a cabo una reconstrucción dramática de los hechos reales ocurridos en 2004, durante la campaña electoral de George W. Bush, el conocido caso “Rathergate“. Blanchett da vida a Mary Mapes, la periodista que encontró unos documentos que cuestionaban el historial militar de Bush, y que dieron lugar a un controvertido programa de investigación con múltiples ramificaciones y consecuencias para todos los involucrados en él.

La ópera prima de Vanderbilt (que también escribe el guion, claro), nos traslada a una reciente etapa de tumulto sociopolítico en Estados Unidos y en el mundo, un panorama post-11-S en el que la todopoderosa nación se encuentra inmersa en la guerra contra Iraq y Afganistán y George W. Bush se enfrenta a su posible segundo mandato como presidente. Bajo la producción de Mapes, una de las periodistas más destacadas de la televisión norteamericana, y el aval del famoso presentador Dan Rathers (intachable Robert Redford), el programa de CBS 60 Minutes emitía un especial que revelaba las irregularidades del servicio militar de Bush en la guerra de Vietnam, acusando al presidente de no haber terminado el servicio y haber recibido trato de favor por parte de sus superiores para evitar la guerra. Convencida de la legitimidad de las pruebas, Mapes saca la información a la luz, pero al no ser capaz de demostrar la autenticidad de los documentos, se desata un huracán que avanza en el ojo público.

A través de la historia de Mapes y Rather, Vanderbilt nos habla de lo que se esconde detrás de la verdad, de los entresijos de un informativo antes y después de emitir una exclusiva importante que promete (y para muchos parece estar confeccionada para) poner patas arriba la campaña electoral y difamar al candidato aventajado. Aunque en ningún momento se alude a la expresión “caza de brujas“, Vanderbilt nos está narrando entre líneas la conspiración que se pone en marcha contra Mapes y Rather La verdad(convertidos en cabezas de turco y heroicos mártires del liberalismo), una trama ambigua y oscura en la que entran en juego intereses políticos y económicos: como dice Rathers, “Antes las noticias no daban dinero a la cadena, se hacían porque era nuestro deber”, ahora las grandes corporaciones y los partidos políticos cortan el bacalao ideológico de la tele americana. El dúo de periodistas (a los que une un vínculo más fuerte que el profesional) luchan por demostrar la veracidad de su noticia y defender los ideales del periodismo de investigación, pero las fuerzas en juego son demasiado poderosas.

La verdad es una historia que bien podía haber sido escrita por Aaron Sorkin, en el buen y en el mal sentido. Vanderbilt sigue los pasos del creador de El ala oeste de la Casa BlancaThe Newsroom con una historia ágil, de diálogos punzantes e intensidad prolongada que nos recuerda a los mejores momentos de las mencionadas series y encajaría perfectamente en la programación de HBO. Pero como Sorkin, Vanderbilt no puede evitar incurrir en cierta demagogia ideológica a la hora de dar forma a su discurso. Para ser un film sobre la objetividad en los medios, La verdad resulta excesivamente manipuladora y maniquea. Sobre todo en lo que se refiere a su revestimiento dramático, un velo de grandilocuencia hollywoodiense que, a través de una emocionalmente agresiva banda sonora y momentos hiperficcionalizados, no deja apenas espacio para que el espectador piense por sí mismo.

Y aun así, La verdad resulta vibrante en todo momento, principalmente porque trata un tema sin duda apasionante. La clave para disfrutar de ella es ser consciente de que uno está siendo manipulado y hasta cierto punto adoctrinado. Si esto se tiene claro, la película se revela como el entretenimiento hollywoodiense perfecto, una historia robusta, emocionante, sin un minuto de desperdicio, y con impecables interpretaciones protagonistas (como hemos dicho ya, Blanchett está arrebatadora y se ha ganado una nueva nominación al Oscar) y secundarias (destacan Dennis Quaid, Topher Grace y sobre todo Stacy Keach, mientras que Elisabeth Moss queda totalmente desaprovechada). Por último, aunque sea empleando métodos cuestionables, La verdad ha servido para reavivar un debate muy importante sobre la relación entre los medios y el poder político en Estados Unidos que nos incumbe a todos. Supongo que en este caso, el fin justifica los medios.

Valoración: ★★★

Supergirl: ¡Pelea como una chica!

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¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es un hombre? ¡No! Ninguna de las tres cosas. Es una mujer, o mejor dicho, una chica. Es Kara Zor-El, alias Kara Danvers (casi Carol Danvers), más conocida en el universo de los cómics DC como Supergirl, la prima del Hombre de Acero. Kara es la protagonista de uno de los estrenos televisivos más esperados de este otoño, una serie que viene a llenar un importante vacío en el panorama superheroico actual. La primera serie en 40 años protagonizada por una superheroína. Que se dice pronto.

Desde los 90, no es raro ver a una mujer o a una adolescente como protagonista de su propia serie, especialmente dentro del tradicionalmente masculino género fantástico. Xena, Buffy, Sydney Bristow o Veronica Mars allanaron el camino para que otras heroínas poblaran la televisión. A día de hoy, una mujer puede protagonizar una serie sin que su posible fracaso sea achacado o relacionado a su género. Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo en el cine. Estamos en 2015 y los grandes estudios todavía no se “arriesgan” a colocar a una mujer en el centro de sus superproducciones. Warner Bros. aseguró hace unos años que no iba a hacer más películas protagonizadas por mujeres (qué vergüenza), la muy feminista Mad Max: Furia en la carretera tuvo que venderse como una película de hombres, cuando es casi al 100% de y sobre mujeres, y el éxito de Lucy se ve como un caso aislado. Cómo no, los fracasos pesan más. Al filo del mañana lo tenía todo para triunfar, pero no cumplió las expectativas, y por supuesto, nadie olvida los batacazos de ElektraCatwoman. Pero, ¿cuántas superproducciones protagonizadas por hombres fracasan al año sin que nadie se plantee dejar de hacerlas?

Y esto nos lleva al género de superhéroes, que este año se está tomando una suerte de descanso en el cine (no lo parece, ¿verdad?) para estallar en 2016 con un bombardeo de estrenos sin precedentes. Curiosamente, el cine va varios pasos por detrás de la tele en cuanto a representación de género, orientación sexual y raza. De ahí que aun no hayamos tenido una película de superhéroes protagonizada por una mujer dentro de la nueva era del cinecómic (Wonder Woman y Capitana Marvel llegarán en 2017 y 2019 respectivamente para ver si es posible cambiar el panorama). Pero es que en lo que respecta a este género, no hay tanta diferencia entre ambos medios.

Marvel Television se ha puesto antes las pilas. Tenemos a la estupenda Peggy Carter protagonizando su propia serie, Agent Carter, un perfecto alegato feminista que por desgracia no tiene mucha audiencia, a los Agentes de S.H.I.E.L.D., con gran representación femenina dentro de sus filas (Daisy es casi la protagonista de la serie, y May, Simmons y Morse son personajes bien desarrollados y de gran presencia) y muy pronto a Jessica Jones protagonizando su propia serie en Netflix. En la facción televisiva de DC la cosa va un poco peor en este sentido: Arrow, The Flash, Gotham y próximamente Legends of Tomorrow son series protagonizadas por héroes masculinos. En definitiva, las superheroínas televisivas actuales tienen que conformarse con secundar al héroe titular o formar parte de un elenco coral. Al menos hasta la llegada de Kara Danvers.

Supergirl

Supergirl es una serie feminista, y así es como se presenta al público en su piloto, una origin story en toda regla en la que las mujeres ocupan un lugar muy destacado (aquí, ellos son los que desempeñan el rol de “chico de” o “amigo de”). En la serie convergen cuatro líneas principales, y en las cuatro nos encontramos a una mujer: Kara, su hermana Alex Danvers (Chyler Leigh), Cat Grant (Calista Flockhart), fundadora del conglomerado multimedia CatCo, y la sorprendente (o no) villana de la función, que redactamos para no hacer spoilers. Supergirl es muy consciente de su papel y su responsabilidad en la sociedad, y así lo deja caer en su piloto: Con Kara, las niñas ya tienen una superheroína a quien admirar, un modelo a seguir. La serie no esconde su naturaleza femenina para no espantar al público alérgico a la acción protagonizada por mujeres (ese público que rechaza la nueva Cazafantasmas por sistema o comparaba despectivamente el trailer de Supergirl con el falso trailer de la comedia romántica de la Viuda Negra). Supergirl está orgullosa de ser una serie superheroica protagonizada por una chica. Y esa chica aprende en el piloto que no hay nada malo en ser eso, una chica. Una lección que se apoya indirectamente en aquella magnífica campaña publicitaria de Always, #LikeAGirl y que viene a decirnos a todos que para ocupar el lugar de un hombre, una mujer no tiene por qué actuar como él (gracias por todo, Joan Holloway).

“El mundo te necesita, Kara”.

Ese es el mayor acierto de Supergirl, haberse mantenido fiel a la naturaleza del personaje y no haberlo transformado en lo que no es. Kara Danvers es una chica joven buscando su lugar en el mundo, tiene intereses románticos, es coqueta, femenina, y ha optado por conservar la falda (y también la capa, por cuestiones “aerodinámicas”) en su uniforme de superheroína. No es un personaje sexualizado para satisfacer al público masculino, pero tampoco asexual. Kara es lo que es, la representación paradigmática de un tipo concreto de chica (una que lucha por hacerse hueco entre rudos y carismáticos héroes musculosos sin sacrificar su identidad), una “super chica”. Y en este sentido, Melissa Benoist encaja como anillo al dedo en el personaje. Enérgica, awkward, un poco atolondrada (como la Buffy de las primeras temporadas, Kara habla como si le faltara un hervor), y con un punto de adorabilidad que hará temblar a Zooey Deschanel. Benoist no es muy buena actriz (todavía), pero sí es una Kara Danvers perfecta.

Y a pesar de todo lo expuesto anteriormente, el piloto de Supergirl no llega a ser gran cosa en ningún momento, quedándose en simple prima de Smallville. Se agradece lo que esta serie supone para el género, pero se echa de menos un resultado a la altura de la ocasión. Al final, Supergirl es lo mismo de siempre, una historia de orígenes altamente formulaica y más bien sosa en la que todo ocurre tal y como se espera, en la que los giros se ven venir a la legua, los diálogos están calcados del resto de series y películas de superhéroes y los temas resultan demasiado rutinarios (la identidad secreta, la responsabilidad superheroica, la manipulación de los medios para que la “justiciera” parezca una amenaza…). Y es que la historia de Kara Danvers por ahora es prácticamente igual que la de su primo.

La factura de la serie está por encima de la media (la secuencia del avión es de lo más espectacular que hemos visto nunca en una ficción televisiva), como adaptación engloba el espíritu y los ideales de Superman mucho mejor que El hombre de acero (Kara sí hace honor al emblema de su familia), y sus intenciones son más que loables, como ya hemos visto. Pero lo que hay en juego requiere un poco más de esfuerzo y creatividad por parte de las personas detrás del proyecto, y no otra producción de Greg Berlanti que encajaría mejor en la parrilla de la CW (alerta peligro “serie de planchar”). Puede que esperase demasiado de ella, y demasiado pronto, pero sigo pensando que Supergirl podría volar muy alto si se lo propusiera. Necesitábamos esta serie, ahora necesitamos que sea buena.

Alerta nueva mejor peor serie: ZOO

ZOO

Pues nada, otro verano seriéfilo que toca a su fin. La cosecha televisiva estival de este año nos ha deparado un par de sorpresas, pero en general han sido unos meses más bien tranquilos (algo que yo he aprovechado para ponerme al día con muchas series atrasadas y hacer maratón de otras pendientes; seguro que vosotros también). Mientras True Detective decepcionaba hasta a los que no ven True Detective, eran dos cadenas menores, no conocidas precisamente por la calidad de sus ficciones, las que daban el campanazo con dos de las mejores nuevas ficciones del año: Mr. Robot (USA) y UnREAL (Lifetime). Estos grandes descubrimientos nos han alegrado la temporada, pero no sería verano sin una de esas series que son tan tan malas, que, como dirían Rebecca y Enid:

Y este año esa serie es Zoo, thriller de aventuras y ciencia ficción que ha emitido CBS en su temporada baja, porque en la alta habría sido despellejada viva. Zoo se ha estrenado esta semana en España (concretamente en Cuatro), así que, aunque yo no veo la tele, me ha parecido oportuno hablaros de ella, ya que los que hemos seguido la serie al día (cuatro gatos, nunca mejor dicho), estamos en su recta final y tenemos una visión más completa de ella (tranquilos, no hay spoilers en la entrada). El último episodio de la primera temporada de Zoo se emite la semana que viene en Estados Unidos, y yo ya lo tengo claro: estamos ante la nueva mejor peor serie del verano, un producto tan increíblemente ridículo que no queda más remedio que disfrutar de él sin complejos. Es una modalidad algo más sana que la del hate-watching y menos auto-excusadora que el guilty pleasure, ver algo que sabes que es un desastre, y apreciarlo precisamente por eso. Zoo es camp sin ser tan consciente de ello como True Blood, pero lo suficiente como para que no le importe que la veamos irónicamente.

Billy Burke Kristen Connolly Zoo

Zoo está basada en la novela homónima de James Patterson y Michael Ledwidge, y nos narra el inicio de una revolución animal a escala mundial durante la que un joven biólogo de misión en África, Jackson Oz (James Wolk), se une a un equipo de especialistas para investigar e intentar detenerla. Pero mejor que os lo cuente con sus propias palabras su camarada, Abraham Kenyatta (Nonso Anozie), que se encarga de la narración del opening, muy a lo años 90 (como Xena, Farscape o la primera temporada de Buffy), una premisa que explicada así (y encima tan en serio, con voz grave y solemne) ya provoca la risa:

“Durante siglos, la raza humana ha sido la especie dominante. Hemos domesticado a los animales, los hemos enjaulado, matado por deporte. Pero, ¿y si a lo largo y ancho del mundo, los animales decidieran que YA BASTA? [con el “no more” siempre me río, no falla] Por eso fuimos contratados para formar un equipo de personas de diferentes procedencias, con habilidades distintas: un experto en comportamiento animal, una periodista, un guía de safari, una agente del servicio exterior de inteligencia y un patólogo veterinario. Nuestra misión: averiguar qué les está pasando a los animales, por qué está ocurriendo, y cómo detenerlo”.

Resumiendo, Zoo es una mezcla entre Los pájarosJurassic Park, una historia muy noventera de ciencia ficción con toques de aventura, acción y terror que en su primera temporada plantea un desastre global empleando los lugares comunes propios del subgénero de pandemias: la propagación de un virus y la conspiración detrás del mismo. Pero además posee ese aire CBS a historia de investigación procedimental, con un equipo de especialistas muy Marvel de saldo (los Animal Avengers que los llaman ya algunos) que cada semana lidian con el ataque de un animal diferente (leones, murciélagos, pájaros, osos) mientras intentan destapar la verdad sobre Reiden Global (la compañía biotecnológica detrás del virus) en el arco principal de la serie. Por otro lado, Zoo también puede recordar a la corriente de series que versan sobre un inexplicable evento ¿natural? que afecta a una comunidad y/o a la humanidad al completo, como Under the Dome (de la misma cadena) o The Leftovers.

James Wolk

Pero Zoo se distancia de otras series de naturaleza similar por haberse arriesgado a colocar a los animales en el centro del relato, aun a sabiendas de que esto es algo que solo puede salir bien en el cine. CBS no se ha achantado por las dificultades que esto conlleva, y a pesar del insistente mensaje ecológico y animalista de la serie, ha recibido las esperables quejas de PETA y otros defensores de los derechos de los animales. La preocupación es normal, pero a excepción de un par de escenas ligeramente cuestionables, Zoo emplea sobre todo animales creados por ordenador. Y esta es precisamente una de las fuentes de comedia involuntaria más infalibles de la serie, que con su triste despliegue CGI (mejor que hace años, pero todavía escaso) y torpes trucos de cámara y montaje para simular los ataques animales a los humanos nos deja escenas muy divertidas que provocan el efecto contrario al deseado.

La caspa reina en Zoo, pero como adelantaba antes, hay un leve aroma a autoparodia sobrevolando la serie. La mayor parte del tiempo se toma en serio a sí misma, pero de vez en cuando se permite hacer chistes que, no sabemos si intencionadamente, nos parecen estar diciendo: “Eh, que sabemos que esto es una chorrada y nos lo estamos pasando muy bien, apuntaos a la fiesta”. Y es que Zoo es un absurdo continuo, repleto de giros rocambolescos, agujeros de guion y deus ex machina, con terribles diálogos expositivos y situaciones sin sentido. Todo rematado por unas interpretaciones muy acartonadas, especialmente las de Nora Arnezeder (francesa irritante como pocas) y el leading man James Wolk, que me da pena porque es muy (muy) guapo, pero tiene la expresividad de una goma de borrar -se salvan un simpático Billy Burke, que suele tener las mejores líneas de guion, y en menor medida Kristen Connolly, con la que tiene bastante química. Sin embargo, Zoo compensa sus taras cumpliendo la primera máxima del cine (que no la TV) de catástrofes, no importa lo malo que sea: entretener (como cuando ves un accidente, es imposible apartar la mirada de Zoo). ¡Es el Apocalipsis Animal! La idea da miedo, de acuerdo, pero la han convertido en tal mamarrachada que es imposible no reírse.

Especial Pilotos 2013-14 – Parte VI

Pilot

The Millers

Emisión: Los jueves CBS

Opinión sobre el piloto: ¿En serio Rodrigo García ha abandonado sus labores como showrunner en Raising Hope para hacer ESTO? Es lógico que un productor no quiera estar años y años encadenado a una serie, y que si tiene la oportunidad de trabajar en CBS (el hogar de las comedias más vistas de la tele) no va a rechazarlo, pero cuando uno ve el piloto de The Millers no puede evitar pensar “¡eres un vendido, Rodrigo!” Esta nueva sitcom se emite justo después del monstruo de audiencias que es The Big Bang Theory, así que ya era un éxito antes de estrenarse. Ya veremos si en las próximas semanas a la gente le merece la pena quedarse en el sofá media hora más por esta aburrida familia, epítome de la anti-química.

The Millers representa esa tendencia a las comedias de risas enlatadas (esta se lleva el premio a las más falsas) que parecen programas de sketches baratos o parodias de sitcom que aparecen en series de mayor calidad. Es decir, The Millers parece mentira y de mentira, y ni siquiera se molesta en disimularlo (“Y ahora entra el mejor amigo negro del protagonista que en realidad es como su mascota”). A grandes rasgos es lo mismo que Dads, pero en lugar de dos amigos aguantando a sus respectivos padres en casa, son dos hermanos (Jayma Mays ausente y Will Arnett adormecido, como en todos sus papeles que no son Gob Bluth) aguantando a sus padres recién divorciados. En los actores veteranos Beau Bridges y Margo Martindale puede esconderse el secreto de The Millers. Ellos están bastante bien (sobre todo Martindale) y si la serie sigue funcionando será por su culpa. Pero esto no es suficiente para aguantar la sarta de chistes malos, escatología y sexualidad geriátrica que componen la serie. The Millers es la confirmación de que las comedias de CBS son los viejos verdes de la tele.

Puntuación: 4/10

Razones para quedarse: Margo Martindale representa todo lo malo de la serie, y aun así resulta graciosa. Tiene su mérito.

Razones para abandonar: Si no somos fans del humor CBS (caca, culo, pedo, pis, PENE) no se nos ha perdido nada aquí.

 

Welcome to the Family

Welcome to the Family

Emisión: Los jueves en NBC

Opinión sobre el piloto: Se me agotan los calificativos para describir estas comedias de nueva hornada porque todas son iguales. Afortunadamente, Welcome to the Family está ligeramente por encima de la media. Es la típica comedia coral sobre una familia numerosa (todas quieren ser Modern Family) que habla de los lazos que nos unen, de las relaciones entre padres e hijos y entre familias políticas. Welcome to the Family es amable y bienintencionada, con un punto de locura bastante equilibrado, pero le falta bastante carisma (su elenco está formado por olvidables secundarios de otras series) para que resulte realmente destacable.

Welcome to the Family parece una comedia de ABC. Hace aproximadamente un año, NBC anunció un cambio de estrategia en su oferta de comedia. Este es el resultado, series más accesibles que copian temáticas y formatos de las cadenas de mayor audiencia, y que bajan dramáticamente el listón de calidad en la era post-30 Rock de la cadena. NBC opta por el encefalograma plano cómico con la esperanza de que le dé tan buenos resultados como a la competencia. El frío recibimiento de Welcome to the Family confirma que la cadena sigue completamente perdida.

Puntuación: 5,5/10

Razones para quedarse: Que es una comedia inofensiva y no es la peor manera de perder 20 minutos a la semana.

Razones para abandonar: ¡Basta ya de intentar vendernos la misma serie una y otra vez! Y esta encima parte de la premisa de “adolescente embarazada que se queda con el niño y demuestra que aunque se renuncie a la vida que se tenía planeada se puede ser feliz”. Si tenéis hermanas o hijas adolescentes no les dejéis ver Welcome to the Family o pensarán “Oye, pues quedarse embarazada no parece tan malo, igual mi vida se convierte en una comedia llena de amor y situaciones hilarantes”.

 

Sean Saves the World

Sean Saves the World

Emisión: Los jueves en NBC

Opinión sobre el piloto: Y si Welcome to the Family es ABC, Sean Saves the World es CBS. ¿Adónde ha ido a parar la creatividad de NBC? En fin. Sean Hayes vuelve a la que fue su casa durante ocho años: el mítico jueves de comedia de NBC. Y quizás los ejecutivos de la cadena pensaron que esto era suficiente para garantizarse un éxito. Sean Saves the World bien podría haberse llamado The Sean Hayes Show, porque él es la atracción principal, el único cebo, pero la cadena ya tenía una serie con ese tipo de título (la de Michael J. Fox). Es más, podría haberse titulado The Jack McFarland Show y a nadie le habría extrañado. Hayes retoma su personaje de Will & Grace tal cual lo dejó (si es que lo dejó en algún momento), sin ningún tipo de reparos. La serie incluso cuenta con el director de comedia TV más prolífico, James Burrows, que dirige el piloto (y también el de The Millers, por cierto). No puede ser más evidente la intención de la cadena. Pero los tiempos de Friends y Will & Grace quedan ya muy lejos y ya nadie se traga este cartón piedra tan descarado.

Sean Saves the World es la enésima comedia protagonizada con un padre soltero que tiene que compaginar su vida profesional con la educación de su hija y que además debe lidiar con su castrante madre, metomentodo que le recuerda todos sus errores y fracasos (hay dos escenas idénticas en esta y en The Millers, la de la madre hablando de su sexualidad y el hijo diciendo “¡No necesito oírlo!”) Parece que es imposible arrancar una comedia de otra manera (todas deberían llamarse Getting Back on Their Feet). Qué sequía de ideas más grande.

El “giro” en Sean Saves the World es que el protagonista es gay. Lo que podría distinguirla de otras series es en realidad una excusa más para que Hayes alargue la estela de su Just Jack. Sin embargo, al actor se le ha pasado bastante el arroz (cómicamente hablando, aunque físicamente se empieza a parecer a una diva crepuscular con toneladas de maquillaje). Aquí está crecido, consciente en todo momento de que él es la estrella, creyéndose más gracioso de lo que es. Pero la realidad es que su humor físico está en baja forma, su timing cómico está desincronizado y en general se ha quedado anticuado (anticuado tipo “gags slapstick de sitcom de los 70”) Todo a juego con la terrible factura de la serie (da la sensación de que en cualquier momento se les va a caer encima uno de los paneles de cartón que hacen pasar por paredes). Pero Sean Saves the World no solo fracasa a la hora de hacer reír, sino que cuando se pone seria resulta igualmente fallida. Hayes es aun peor haciendo drama que comedia, y la moralina con la que se remata el piloto es tan impostada y artificial como todo lo demás. La NBC ha caído muy bajo este año.

Puntuación: 2,5/10

Razones para quedarse: Absolutamente ninguna (no, ni siquiera Megan Hilty). Si echáis de menos a Jack McFarland, revisionad Will & Grace, que aguanta bien el tipo.

Razones para abandonar: ¿Hace falta decir algo más?

Especial Pilotos 2013-14 – Parte II

mom cbs

Mom

Emisión: Los lunes en CBS

Opinión sobre el piloto: Mom es la nueva apuesta enlatada de CBS para su lunes de comedia. Emparejada muy convenientemente con 2 Broke Girls y Cómo conocí a vuestra madre, la nueva sitcom de Chuck Lorre (Dos hombres y medio, The Big Bang Theory) cuenta la historia de Christy, una joven madre soltera ex alcohólica que debe compaginar su trabajo como camarera con el cuidado de sus dos hijos y su desastrosa vida amorosa (está liada con su jefe casado). El regreso de su madre, Bonnie (que cometió los mismos errores que ella en el pasado), complica aun más las cosas para ella. Christy es Anna Faris y Bonnie es Allison Janney. Y resumiendo, ellas dos son lo mejor (y quizás lo único bueno) de Mom. No es poco, ya que son las que llevan el peso de la serie, pero de momento no es suficiente para salvar esta suerte de Dos mujeres y media.

La sensación que uno tiene al ver Mom es la misma que la que muchos tenemos al volver a casa. En primer lugar, familiaridad y confort, la seguridad de regresar a lo conocido, el cariño de alguien que va a estar siempre ahí. Pero no tarda en aparecer el agotamiento, la repetición, el déjà vu, la sensación de peligro por quedarte demasiado tiempo en el pasado. En Mom todos los elementos en juego conforman ese pasado que insiste en reaparecer y quedarse en la tele. La misma fórmula, los mismos personajes, la misma historia, los mismos chistes. El resultado no es ni de lejos desagradable, pero al final debemos plantearnos si nos interesa seguir estancados en el pasado.

Puntuación: 5/10

Razones para quedarse: Allison Janney y Anna Faris, las dos están francamente divertidas, y las dos pedían a gritos una sitcom. Sobre todo Faris, combinación perfecta de histrionismo y sensibilidad. La química entre ellas y con el resto del reparto puede dar buenos momentos.

Razones para abandonar: Que ya tenemos muchas comedias iguales, de hecho en la misma cadena. ¿Para qué ver Mom si tenemos 2 Broke Girls, que es casi lo mismo pero más gracioso?

 

Hostages CBS

Hostages

Emisión: Los lunes en CBS

Opinión sobre el piloto: Del todopoderoso Jerry Bruckheimer, emperador del blockbuster y si te descuidas responsable de casi toda la oferta dramática de CBS, nos llega un “nuevo” thriller protagonizado por Toni Collette y Dylan McDermott. Hostages es la historia de Ellen Sanders (Collette) una de las mejores cirujanas del mundo (¿no lo son siempre?), ¿felizmente? casada y con dos hijos adolescentes. La noche antes de operar al presidente de los Estados Unidos, Ellen y su familia se convierten en rehenes en su propia casa de un agente del FBI, Duncan Carlisle (McDermott). Carlisle coacciona a la doctora para que cometa un error en la mesa de operaciones y acabe así con la vida del presidente. Hostages está basada en una serie israelí (qué le gusta a la tele USA una serie israelí).

Lo que tenemos en el piloto de Hostages es básicamente la primera mitad de una película. No se me ocurre de qué manera se puede alargar esto más allá de dos episodios. ¿Por qué se empeñan las televisiones en abierto en hacer dramas incapaces de ir más allá de su premisa? El formato idóneo para Hostages es la TV Movie, o como mucho una miniserie. No da para más. Claro que no resulta fallida únicamente por su escasa proyección de futuro, sino porque no hay nada en ella que no resulte manido y cliché. Este thriller de invasión doméstica (qué le gusta a los americanos una invasión doméstica) es la prueba de que las networks están bastante desesperadas y despistadas, y que siguen sin entender a sus espectadores y sus necesidades.

Puntuación: 4/10

Razones para quedarse: Ninguna es lo suficientemente sólida. Collette y McDermott están correctos y la factura del piloto es buena. Quizás le guste a tu madre (no es un insulto a tu madre, sino una valoración de la serie, de hecho yo se la voy a recomendar a la mía).

Razones para abandonar: La audiencia del piloto ha sido bastante desastrosa para los estándares de CBS, así que después de todo, quizás Hostages se convierta en una miniserie (ya se ha anunciado que la primera temporada constará de 15 episodios, al estilo “cable”), y no cueste tanto quedarse a ver cómo termina.

 

The Blacklist

The Blacklist

Emisión: Los lunes en NBC

Opinión sobre el piloto: The Blacklist es todo lo contrario a Hostages. Es decir, una serie que ya desde el piloto te está planteando una historia a largo plazo, sin fecha de caducidad cercana y estirable hasta el infinito. La primera hora de The Blacklist funciona como introducción a la historia y carta de presentación de los personajes a la vez que ejerce de episodio-modelo. Es decir, si nos quedamos, podemos esperar más de lo mismo en las próximas semanas. The Blacklist es la enésima prueba de la trágica falta de riesgo y originalidad de las series de los últimos años. Os recordará a The Following y Hannibal. Un brillante y grandilocuente criminal (James Spader haciendo de James Spader) se entrega al FBI para ayudarles a tachar a los malhechores de su exclusiva “lista negra”, a cambio de un serie de condiciones. Al final del piloto, después de resolver el primer caso de la serie, Raymond Reddington (Spader) nos advierte “si creíais que esto era todo, estáis equivocados, la lista es enorme y da para mil temporadas”.

El caso es que The Blacklist, a pesar de transcurrir de acuerdo a todos los puntos del manual de las series procedimentales, funciona como efectivo entretenimiento liviano. Es lo que es, ellos lo saben y nosotros también. Los juegos psicológicos entre esta hastiada fusión de Hannibal Lecter y Joe Carroll (a Reddington también lo meten en la clásica jaula de metacrilato, no falta nada) y la joven agente del FBI de turno son tan profundos como un charco. De la misma manera, la investigación policial (que con toda seguridad ocupará el 80% de todos los episodios) es un greatest hits de tópicos y giros argumentales del policíaco televisivo. A pesar de todo, el piloto de The Blacklist está contado con buen ritmo y cumple una clara misión: escapismo sin exigencias, al más puro estilo network. Si os habéis cansado de The Following (es decir, si sois seres humanos medianamente normales), quizás encontréis una sustituta provisional en The Blacklist.

Puntuación: 5/10

Razones para quedarse: Lo dicho. Entretiene, que no es poco. Y además, tiene algo más de sentido del humor que el policíaco medio (no como los de CBS, que parece que si no hay risas enlatadas no ve la necesidad de incorporar ni un ápice de comedia en sus series).

Razones para abandonar: Que tengáis alergia a lo formulaico (yo la tengo). Que estéis hartos del FBI en las series (yo lo estoy). Que os canse ya la dinámica criminal psicológicamente complejo + agente interesado en “la mente del asesino” (a mí me agota).

 

The Goldbergs

The Goldbergs

Emisión: Los martes en ABC

Opinión sobre el piloto: ABC solo sabe hacer dos tipos de series: el culebrón prêt-à-porter y la neo-sitcom familiar. The Goldbergs no transcurre en la actualidad, pero pertenece claramente a la segunda tendencia. A través del hijo pequeño de la familia Goldberg y su videocámara se nos invita a adentrarnos en el disfuncional-en-su-justo-punto hogar de una familia media norteamericana durante la dichosa década de los 80. Al principio se nos contextualiza muy bien la época: no hay Internet, ni móviles, ni Twitter. Las familias estaban obligadas a hablar, a interactuar en el mundo real, y eso es lo que se nos muestra en The Goldbergs. Y además se hace buscando el tono que la acerque a las propias sitcoms de la década (la serie comienza con un montaje ochentero que incluye varias de ellas, como Alf o Arnold).

The Goldbergs es quizás menos remilgada que Modern Family, los padres dicen palabras malsonantes delante de sus hijos (que permanecen impasibles ante ellas, como debe ser), incluso llegan a las manos con ellos constantemente. No pasa nada, son los 80, la policía de lo moral y lo políticamente correcto aun no existía y The Goldbergs se las arregla muy bien para transmitir esta sensación. Esto hace que, de nuevo, una serie sobre los 80 resulte más fresca y vanguardista que cualquier otra ambientada en nuestros días (en este sentido recuerda un poco a la rupturista That 70s Show). Claro que solo hasta cierto punto. Al final, The Godlbergs es tu típica comedia de ABC. Después del absurdo, los insultos y el picante se opta por dejar que el corazón se apodere del relato. Esperad melosos montajes musicales celebrando la unión de la familia Goldberg al final de cada episodio.

Puntuación: 6/10

Razones para quedarse: Esta familia es divertida, perfecta fusión de caricatura y realidad. Seguro que nos tienen preparados bastantes buenos momentos, aunque el piloto no consiga arrancar carcajadas. Aunque si yo me quedo será sobre todo por Wendi McLendon-Covey, que por fin ha conseguido un papel protagonista en el que poder dar rienda suelta a su gran talento cómico. Por otro lado, Troy Gentile (el hijo mediano) podría ser una revelación.

Razones para abandonar: Que ya sabemos cómo van a ser todos los episodios.

Análisis Piloto: Under the Dome

Ya lo vimos en la película de Los Simpson (2007), pero en teoría, a Stephen King se le ocurrió antes. Concretamente en la década de los 70, cuando comenzó a escribir Under the Dome -en España La cúpula-, novela de más de mil páginas que finalizó y publicó por fin en 2009. Una misteriosa cúpula transparente aparece de la nada y cubre todo un pueblo, atrapando a sus habitantes y aislándolos del exterior. Es la premisa que comparten la película y el best-seller de King. La publicación de Under the Dome dio lugar a toda clase de comentarios incriminatorios contra el señor King, por las similitudes tan evidentes con Los Simpson. La presión fue tal, que el celebérrimo autor tuvo que justificarse en su blog personal. Os traduzco a continuación un fragmento de la carta que escribió:

“Varias personas en Internet han generado especulaciones a partir de una similitud que han percibido entre Under the Dome y The Simpsons Movie, en la que, según Wikipedia, el pueblo de Springfield queda aislado del mundo al ser atrapado por una cúpula de cristal gigante (probablemente por culpa de la planta nuclear). No puedo opinar personalmente, porque no he visto la película, y el parecido ha sido toda una sorpresa para mí… pero sí que sé, por experiencia personal, que este parecido acabará convirtiéndose en una simple coincidencia. A menos que exista la copia intencionada (también conocido como ‘plagio’), dos historias no pueden ser idénticas, como ocurre con los copos de nieve. La razón es sencilla: las imaginaciones de dos personas no pueden ser exactamente iguales. Para los que dudan, os dejo un fragmento del libro que demostrará que yo ya estaba jugando con los conceptos de la cúpula y el aislamiento del pueblo mucho antes de que Homer, Marge y su divertida familia aparecieran en el mundo”.

Dejando la polémica a un lado -yo me creo a King, no sé vosotros-, Under the Dome disfrutó de un gran éxito editorial, lo que ha desembocado, como ocurre con casi todo lo que escribe Stephen, en una adaptación audiovisual. Y como casi siempre pasa con las adaptaciones de obras de King, el resultado es peor (artísticamente hablando) de lo que se esperaba. CBS acaba de estrenar la serie homónima basada en la novela, una propuesta de lujo con la que la cadena ha tirado la casa por la ventana. La apuesta de CBS por un súper-estreno en temporada estival (sinónimo de temporada baja para las networks) se ha saldado con cifras espectaculares. El primer episodio de Under the Dome fue visto por más de 13 millones de personas en Estados Unidos, convirtiéndose en el mejor estreno dramático de la televisión yanqui en los últimos 11 años (en periodo estival). La audiencia ha respondido, pero una vez visto el piloto, ¿se quedarán para ver cómo se desenvuelve la historia o desertarán por miedo a otra FlashForward o Revolution?.

Efectivamente, Under the Dome puede adscribirse con facilidad a este género o tendencia catódica que Perdidos implantó en el nuevo siglo y las cadenas siguen empeñándose en copiar, a pesar de los resultados irregulares que ha cosechado hasta ahora. Grandes misterios que afectan a una comunidad, distopías en las que individuos se convierten en marionetas de una fuerza o ente superior sin identificar. Una catástrofe (supuestamente) natural o un fenómeno inexplicable tiene lugar, y este desencadena una serie de complicaciones y revelaciones que afectan directa y personalmente a un grupo de víctimas y héroes en ciernes. Under the Dome reproduce paso por paso este modelo televisivo. En el piloto, una cúpula invisible cae sobre Chester’s Mill, Maine (muy destacables los efectos digitales), obligando a sus habitantes a tomar precauciones, a adoptar papeles en estado de emergencia, y empezar a plantearse respuestas a las enigmáticas cuestiones que articularán la historia.

La carta de presentación de los personajes no es demasiado alentadora. El héroe, Dale Barbara, ‘Barbie‘ para los amigos -¿se va a poder tomar en serio a este señor con ese nombre?- carece del carisma mínimo necesario para llevar el peso de un protagonista en este tipo de relatos. A Rachel Lefevre le ocurre tres cuartos de lo mismo -además, ella siempre será la chica a la que despidieron de Crepúsculo por bocazas. Y el resto de habitantes de Chester’s Mill, interpretados en su mayoría por desconocidos para el gran público (y con razón), van de lo insulso a lo sencillamente irritante. Ya desde el piloto -dirigido por cierto por Niels Arden Oplev, realizador de la Millenium original- se insiste en el formato de historias individuales, microrrelatos o episodios dentro del episodio, en los que vamos conociendo poco a poco a los protagonistas, y cómo el gran acontecimiento afecta a sus vidas. La única trama por ahora destacable es la de Junior y Angie (el Adam Samberg psicópata y la niña que grita), pero por inverosímil e incoherente. El resto, completamente olvidables. De hecho, ni me voy a molestar en seguir haciendo desglose. Solo un apunte a modo de curiosidad: la chica de la radio es Cherita, la compañera de instituto de Donnie Darko que solo decía “chut up!”

Under the Dome aterriza en televisión cuando ya se ha demostrado en demasiadas ocasiones la ineficacia a largo plazo de la fórmula que sigue, así como el poco valor real del sello de calidad Spielberg, que ejerce de productor ejecutivo en el piloto. Quizás la ausencia de competencia durante el verano ayude a que el público la siga respaldando, pero, ¿hasta cuándo? Sin duda estamos ante una de esas series que obviamente no despliega todo su arsenal en su piloto (a pesar de ir bastante al grano), y que exige paciencia y confianza en el potencial de la historia. Después de todo, el principal artífice de la serie, Brian K. Vaughan, ha demostrado su buen hacer como guionista en cómics: Runaways, Buffy o La cosa del pantanoentre muchos otros.  Sin embargo, a pesar de las credenciales de su creador, y de los grandes nombres que le acompañan, yo no tengo ninguna fe en Under the Dome. Me escapo de Chester’s Mill antes de que sea demasiado tarde. Si la experiencia de otras series cortadas por el mismo patrón me ha servido para algo es para saber cuándo debo huir de una serie que tiene todas las papeletas para convertirse en la pérdida de tiempo oficial de la temporada.

The Good Wife: impresiones de un neófito

Normalmente espero a terminar una serie por completo o a ponerme al día con su emisión original para escribir sobre ella en el blog. Me gusta tener una visión lo más global posible antes de aventurarme a analizar, realizar teorías sobre los personajes o intentar adivinar hacia dónde van las tramas. He decidido aprovechar estas vacaciones de Navidad para empezar algunas series que llevo ya varios años admirando sin haberlas visto. Me explico. Cosas como Raising Hope, que va ya por su tercera temporada, y de la que había visto (con mucho gusto) un par de episodios sueltos. O Los Tudor, una de esas series que siempre quise ver y fui dejando aparcadas por culpa del abrumador superávit de series al año. Sabía que ambas me gustarían, pero prefería ‘quitarme de en medio’ otras antes de iniciar nuevas aventuras seriéfilas. The Good Wife es sin duda una de las series que más he seguido sin haber visto un solo episodio. Siempre al tanto de sus audiencias, de su recepción crítica y del fervor de su público, tenía pensado comenzar a verla hace dos años. Por una cosa o por otra, no ha sido hasta hace una semana cuando he visto por fin el piloto. Y en apenas 5 días he devorado los 23 episodios de la primera temporada. Buena señal, teniendo en cuenta que ni las series de abogados ni los procedimentales son mi plato televisivo favorito. Y por eso he decidido no esperar hasta haber llegado a su actual cuarta temporada para contaros mis impresiones sobre la serie de CBS. Inauguro de esta manera una sección que he bautizado ‘A mi ritmo’, y en la que os hablaré de las series desde el punto de vista del iniciado, para que vosotros, desde el futuro, me podáis decir cosas como “pues ya verás cuando vayas por la tercera” o “si no te gusta ahora más te vale dejarla ya”.

A primera vista, The Good Wife no es más que un drama legal al uso. A pesar de los excelentemente caracterizados personajes y sus interesantes relaciones -interpersonales y con el mundo-, se autodefine desde el piloto como serie de abogados y de casos por semana. Sin embargo, viendo making ofs y documentales sobre estos primeros episodios, tanto equipo como reparto insisten en que si la serie se titula The Good Wife, y no The Good Lawyer, es porque no se trata de la historia de una abogada, sino del viaje personal de una mujer. Esto es cierto a medias. Episodio a episodio, caso a caso, puedo reconocer esa odisea personal de la apasionante Alicia Florrick, pero The Good Wife es, eminentemente, una serie sobre un bufet de abogados, al menos en su primera temporada (ya sabéis, si me vais a hablar de las siguientes, no spoilers!). Por supuesto, se ve claramente esa intención de adentrarse mucho más en las psiques de los personajes y en las relaciones entre abogados. Ya sea a través de la trama central que involucra el escándalo con el marido de Alicia, o su cada vez mayor implicación con sus jefes y compañeros de trabajo, The Good Wife va dedicando progresivamente más tiempo a las historias de los personajes. Y así es como este tipo de series pasan de “serie para madres” (con mi respeto a todas las madres) a serie adscrita por derecho propio a la quality television. De hecho, esto no es más que el resultado de la evolución natural de cualquier serie de corte profesional. No obstante, es difícil que un producto como este, en los tiempos que corren para la ficción catódica en abierto, sea equiparado en cuanto a aceptación crítica y favor del público más exigente, con las ofertas privadas. Y The Good Wife lo consigue de sobra.

The Good Wife es una serie de miradas -un género en sí mismo. Esto es para mí lo más destacable de su primera temporada. Una tanda de episodios que no solo constituye una gran mayoría de casos absorbentes e historias episódicas magníficamente ejecutadas -como en la época dorada de House-, sino que va poniendo con tiento, delicadeza y muy buen gusto los cimientos de esas relaciones entre personajes. The Good Wife puede alardear de contar con algunas de las miradas más elocuentes de la televisión. Es difícil encontrar una serie de estas características que no se empeñe en articular todo en palabras. La verborrea se deja para el juzgado, y para explorar a los personajes más en profundidad se opta por la sutilidad de un silencio increíblemente ubicuo, una boca que se entreabre pero se retracta a tiempo y nos deja a nosotros la tarea de adivinar qué se está pensando, o la mirada furtiva que nos da a conocer en una milésima de segundo todo el discurso completo que se pasa por la mente del personaje. Si tuviera que elegir mis citas favoritas de la serie, me sería imposible reproducirlas. Todas serían miradas.

Julianna Margulies tiene en gran parte la culpa de que The Good Wife sea considerada algo más que una serie de abogados. Su Alicia Florrick es por supuesto el alma de la serie, un personaje extremadamente rico y complejo, a ratos impredecible, un cruce entre cordero y león, profesional y novata a la misma vez. Margulies realiza un impecable trabajo construyendo a un personaje tan cautivador y enigmático, y lo hace principalmente a través de la mirada del otro. Durante la primera temporada, Alicia observa y aprende, pero sobre todo aguanta, es víctima del juicio popular y las habladurías, pasa a segundo plano cuando su marido entra en escena, ya sea físicamente o en una conversación con un extraño que cree conocerla perfectamente. Y apenas reacciona. De esta manera, el espectador no puede evitar ponerse en su piel y es casi en primera persona como llegamos a conocerla en profundidad. Ella es The Good Wife, The Good Lawyer y The Good Woman. Pero claro, como no puede ser de otra manera en una serie de estas características, el elenco que acompaña a la protagonista está repleto de personalidades particulares y llamativas, conformando un universo en el que si no te diferencias de los demás, no eres nadie. En definitiva, un paisaje puramente televisivo. De entre todos ellos, estoy deseando conocer mejor a los socios del bufet, Diane (excelente Christine Baranski) y Will (Josh Charles), que además aporta el tan socorrido componente romántico y la tensión sexual. Y no, no soy fan de Kalinda. Pero no me cierro a ello. Nunca tuve debilidad por los personajes tipo badass hermético e indescifrable. Me resultan precisamente los más precedibles y aburridos. Yo soy más duro de pelar que ella, y por ahora no ha atravesado mi coraza.

Desde el mismo piloto se nos introduce en una dinámica a la que hay que estar dispuesto a entrar si se quiere ser recompensado. No debería ser así. No deberíamos tener que pagar horas de procedimentalismo (en caso de no ser fan del género, como me ocurre a mí), por unos cuantos minutos de lo esencial a cambio. Pero es televisión en abierto. Y al menos, con la primera temporada de The Good Wife he tenido la suerte de que ‘el caso de la semana’ ha sido por lo general bastante jugoso, y el desarrollo de cada investigación muy adictivo. Tengo mis reservas, pero por ahora yo me quedo. Todo sea por una mirada de Alicia.

Cómo conocí a vuestra madre, "Say Cheese" (5.19)

No vamos a decir que la quinta temporada de Cómo conocí a vuestra madre está mejorando (Joss nos libre), pero episodios como “Say Cheese” (5.19) contribuyen a que el conjunto desmerezca un poquito menos.

Muchos coincidirán conmigo en que este “Say Cheese” ha sido un episodio totalmente Friends. Cómo conocí a vuestra madre nunca ha ocultado su agenda (al menos no la ha negado, porque hacerlo constituiría un delito, con toda seguridad): llenar el hueco (o abismo más bien) dejado por el clásico de la NBC tras acabar su andadura de una década en 2004. Si bien está lejos de ser el éxito masivo de Friends, Cómo conocí a vuestra madre puede estar contenta por haberse ganado el título de “serie de culto” (a veces se otorga demasiado a la ligera, pero bueno), gracias a sus personajes y sobre todo a su esforzada mitología, que aumenta semana tras semana.

“Say Cheese” recuerda inevitablemente a “The One Where No One’s Ready” (3.02), el antológico episodio de Friends en el que Ross debe asistir a una gala, y ninguno de sus amigos está listo para acompañarle. Tanto la acción de este episodio como la de “Say Cheese” tienen lugar en un solo espacio (si no contamos los flash-backs en Cómo conocí a vuestra madre), y casi a tiempo real. Por otra parte, la fiesta de Lily nos remite a las que Monica Geller organizaba en Friends y el juego de Marshall, “Lilial Pursuit”, nos recuerda a cuando Monica y Rachel pierden su apartamento contra Chandler y Joey en un juego en el que deben demostrar los que saben los unos de los otros. Por último, la trama de las fotos, en las que Barney siempre sale bien (cuando quieren, dominan el absurdo que da gusto) y Marshall siempre sale con los ojos cerrados, es parecida a la de “The One with the Engagement Picture” (7.05), en el que Chandler no puede evitar poner caras raras en las fotos.

A pesar de todo esto, hemos visto a lo largo de las temporadas que Cómo conocí a vuestra madre ha logrado forjarse una identidad propia, que si bien no evita las comparaciones con Friends, al menos contribuye a que se tome en cuenta el esfuerzo creativo de los responsables de la serie de CBS. Esfuerzo que se desvaneció el la cuarta temporada y ha reaparecido esporádicamente desde entonces. Es como si un buen episodio tuviera que ser compensado por siete malos. Llega un momento en que uno se plantea si merece la pena aguantar chorradas como “Girls vs. Suits” (5.12) para encontrarse con episodios decentes como “Say Cheese”. Hoy me siento más benevolente de lo normal con la serie, así que vamos a decir que sí. Merece la pena.

Uno de los puntos fuertes de esta serie es su “biblia”, la que aprovechan al máximo para seguir jugando deliciosamente con el hilo temporal (algo que rozó la maestría en las temporadas dos y tres), y aumentan temerariamente en cada episodio. Además de eso, el número de chistes buenos en “Say Cheese” es considerablemente superior a la media, y podemos enumerar unos cuantos momentos geniales por parte de algunos personajes: Lily intentando que la chica de Ted no entre en la foto de grupo (¿quién no se ha sentido identificado?). Marshall y Ted posando para su primera foto (lo que nos lleva al desenlace azucarado de rigor). Por no hablar de las “zorras” de Ted, sobre todo la perroflauta Strawberry, que protagoniza uno de los mejores gags del episodio y Amanda (qué penita me ha dado). Pero sin duda, el mejor momento del episodio es cuando Robin dice: “Fun fact. Each year my mom has Easter tea with her friend named Bunny. Okay not that fun”. Vale, puede que no sea muy objetivo, estoy enamorado de Robin Scherbatsky.

Para terminar, lanzo la pregunta inevitable: “¿Friends o Cómo conocí a vuestra madre?” Mi respuesta ya la conocéis: Will & Grace.Cursiva