Todos los capítulos de ‘Modern Love’ ordenados de peor a mejor

Amazon se está poniendo las pilas en lo que se refiere a su plataforma de streaming, Prime Video. Tras el éxito de La maravillosa Sra. Maisel y la coproducción de BBC Fleabag, ambas triunfadoras recientes de los Emmy en la categoría de comedia, el estudio de Jeff Bezos se ha propuesto hacerle frente a Netflix y Disney+ con superproducciones como la serie de El señor de los anillos y nuevas propuestas de contenido original que, según ellos, dan prioridad a la calidad por encima de la calidad y buscan entrar en la conversación online.

En este sentido, una serie que no ha pasado desapercibida como le ha ocurrido a otras ficciones de Amazon anunciadas a bombo y platillo es Modern Love, que desde su estreno el pasado 18 de octubre ha conquistado a la audiencia, que ha caído rendida ante sus encantos. Aunque lejos de la repercusión de otras series de streaming, Modern Love se ha ganado un hueco en el corazón de los espectadores. Tanto es así que su respuesta mayoritariamente positiva llevó al estudio a anunciar su segunda temporada apenas una semana después del estreno.

Con John Carney, director de las muy queridas Once, Sing Street y Begin Again, como principal responsable, Modern Love es una serie romántica de formato antológico que se basa en la popular columna semanal del mismo nombre publicada en el New York Times. Cada episodio cuenta una historia de amor autoconclusiva con personajes distintos, con el punto en común de que todas se desarrollan en la Gran Manzana. La serie, que cuenta con un impresionante reparto estelar que incluye a Anne Hathaway, Dev Patel, Tina Fey, Catherine Keener, Andy García, John Slattery, Sofia Boutella y Andrew Scott entre muchos otros, aborda el amor en sus muchas formas -romántico, amistoso, familiar, sexual o platónico-, con la intención de formar un mosaico de las relaciones en el siglo XXI.

Sin embargo, como ocurre con todas las series antológicas, no todos los episodios están al mismo nivel. De hecho, Modern Love arranca con tres episodios magníficos para desinflarse con los tres siguientes y remontar el vuelo en su recta final. La serie rebosa encanto y emoción por los cuatro costados, y todos sus capítulos, en mayor o menor medida, nos aportan algo que merece la pena, pero está lejos de ser perfecta. Su problema principal (además de una selección musical empalagosamente cursi) es la falta de diversidad, sobre todo en el perfil de los personajes, la mayoría blancos, heterosexuales, ricos y con pisos fabulosos (el único personaje pobre lo es por decisión propia, para que os hagáis una idea). Esto hace que en ocasiones cueste conectar con sus problemas, ya que nos ofrece una visión del amor y la vida absolutamente privilegiada e idealista.

A pesar de esto, Modern Love consigue emocionar (en mayor o menor medida) con la mayoría de sus relatos, aprovechando la media hora que dura cada capítulo para contar más que muchas películas en dos horas y tocando la fibra sensible en numerosas ocasiones a lo largo de la temporada. Pero para profundizar un poco más en cada historia, os dejo con mi ranking personal de los episodios de la primera temporada, ordenados de peor a mejor.

8. ‘So He Looked Like Dad. It Was Just Dinner, Right?’ (1×06)

Unánimemente considerado el peor episodio de la temporada, esta historia de una joven con daddy issues que desarrolla una inapropiada y enfermiza relación con uno de sus jefes (de más de 50) que le recuerda a su padre, resulta incómoda la mayor parte del tiempo. El episodio (dirigido por la actriz Emmy Rossum) tiene sus momentos, y las interpretaciones de Julia Garner y Shea Whigham son excelentes (en realidad, en la serie no hay ni una sola mala actuación), pero el factor creepy empaña una historia que no tenemos muy claro hacia dónde va o qué quiere contarnos. Afortunadamente, el capítulo evita meterse del todo en el fango manteniendo la relación entre los protagonistas en el terreno platónico. Aun así, cuesta imaginar que a alguien le pareciera buena idea incluir este capítulo en la antología.

7. ‘Rallying to Keep the Game Alive’ (1×04)

Después de tres primeros capítulos fantásticos, Modern Love da un considerable bajón con el cuarto, centrado en un matrimonio acomodado que atraviesa una crisis de pareja. Sharon Horgan escribe y dirige un episodio que recuerda inevitablemente a su serie Catastrophepero no logra reproducir su gracia y encanto, resultando algo frío. Aunque acierta a la hora de retratar cómo el paso del tiempo afecta a las parejas y destaca por las interpretaciones de Tina Fey y John Slattery (tan buenos en drama como en comedia), ‘Rallying to Keep the Game Alive’ no deja huella.

6. ‘The Race Grows Sweeter Near Its Final Lap’ (1×08)

El puesto de este capítulo en el ranking es simbólico, ya que técnicamente debería estar al margen al tratarse más bien de un epílogo que ejerce como nexo de unión de los siete episodios anteriores. En él nos encontramos a dos viudos que se conocen corriendo una maratón y deciden emprender una relación amorosa en el crepúsculo de sus vidas. La historia en sí es preciosa, y a pesar de su brevedad se las arregla para contar algo redondo y hacer llegar su mensaje sobre el amor en la tercera edad. Pero si el capítulo destaca es sobre todo por la forma en la que une todos los relatos de la temporada en una línea temporal definida, completando las historias que hemos visto hasta ese momento, ya sea mostrándonos cómo empezaron o lo que pasó después. Este capítulo pone broche al homenaje que Carney dedica a Nueva York, su gente y las maravillosas coincidencias que la convierten en una ciudad tan mágica.

5. ‘At the Hospital, an Interlude of Clarity’ (1×05)

El quinto episodio de Modern Love es un bonito relato de primera cita con clarísimos ecos a la trilogía Before de Richard Linklater. En este capítulo protagonizado por Sofia Boutella y John Gallagher Jr., una pareja ve su velada interrumpida por un accidente que los lleva a pasar la noche juntos en el hospital. De personalidades y formas de ver la vida muy distintas, los dos se van abriendo el uno al otro a través de conversaciones honestas que sirven para saltarse los rodeos y preámbulos de las primeras citas y así empezar a conocerse de verdad. Este capítulo está lleno de diálogos que dan que pensar y ofrece un mensaje sobre las redes sociales y la imagen que proyectamos de nosotros mismos con el que es fácil sentirse identificado. La química entre Boutella y Ghallager Jr. es la guinda del pastel.

4. ‘Hers Was a World of One’ (1×07)

El único capítulo que cuenta una historia de amor LGBT+ es también uno de los mejores de la temporada, gracias sobre todo al buen hacer de su trío protagonista, Andrew Scott, Brandon Kyle Goodman y Olivia Cooke. ‘Hers Was a World of One’ sigue a Andy y Tobin, una pareja estable y acomodada que ha decidido tener un hijo. Entra Karla, una joven antisistema embarazada que ha decidido dar a su hijo en adopción porque no encajaría en su estilo de vida itinerante. En los últimos meses de su embarazo, la chica se muda con la pareja, poniendo su mundo patas arriba. Con un divertido cameo de Ed Sheeran (que va camino de convertirse en un chiste recurrente de la comedia romántica tras pasar también por Yesterday), este episodio es uno de los más divertidos, cálidos y emotivos de la temporada. La carismática interpretación de Cooke es uno de los highlights de la serie, y Andrew Scott vuelve a demostrar -después de Sherlock Fleabag-, que es uno de los actores británicos del momento.

3. ‘Take Me as I Am, Whoever I Am’ (1×03)

Anne Hathaway era uno de los mayores reclamos de Modern Love y la oscarizada actriz de Los miserables Princesa por sorpresa no decepciona. ‘Take Me as I Am, Whoever I Am’ narra la historia de una mujer exitosa y atractiva que vive con trastorno bipolar, pero decide no contárselo a nadie. El capítulo nos muestra cómo la enfermedad afecta a su día a día y condiciona sus relaciones, componiendo así un retrato de la enfermedad mental poderoso y conmovedor. Hathaway lleva a cabo una interpretación portentosa, como cabe esperar de ella, mostrándonos su lado más divertido y glamuroso (protagoniza una secuencia musical en el supermercado que delata a Carney detrás de las cámaras en el que es uno de los cuatro episodios que dirige), y también el más crudo y descarnado. Pero lo mejor del capítulo es el mensaje que nos deja en un precioso final que cambia el cliché romántico del final feliz en pareja por la importancia de la amistad.

2. ‘When the Doorman Is Your Main Man’ (1×01)

Modern Love empieza por todo lo alto, con una tierna y original carta de presentación que curiosamente no se centra en una pareja romántica. El primer capítulo explora los lazos paternofiliales que se forman entre una joven crítica literaria y el sobreprotector portero de su edificio, un hombre que vela por ella día y noche y se encarga personalmente de tomar las decisiones en la vida amorosa de la chica (suena controlador y tóxico, pero sorprendentemente no lo es). La dinámica entre Maggie (Cristin Milioti) y Guzmin (Laurientiu Possa) es la más bonita y entrañable de toda la serie y nos deja una de las mejores frases de la temporada: “Nunca miraba al hombre, miraba tus ojos”. Para empezar la serie llorando.

1. ‘When Cupid Is a Prying Journalist’ (1×02)

Lo cierto es que los tres primeros episodios están más o menos al mismo nivel, pero si he decidido colocar el segundo en primer puesto es porque me parece el más completo en todos los sentidos. Como decía en la introducción, Modern Love puede contar más en media hora que muchas películas enteras, y este es el capítulo que mejor lo ilustra. En él, una periodista (Catherine Keener) entrevista al creador de una app de citas (Dev Patel). La pregunta “¿Has estado enamorado alguna vez?” da lugar a una conversación que cambiará el curso de sus vidas. Este es el capítulo más cinematográfico de la serie, el que más encaja en el cliché de “es una película de media hora”. Con una estructura impecable y un guion lleno de perlas y reflexiones valiosas, ‘When Cupid Is a Prying Journalist’ nos habla del amor perdido, de las decisiones que tomamos y el camino en el que nos llevan, de la vida que podíamos haber tenido, y de la que podemos tener si aceptamos las segundas oportunidades. El capítulo más inspirado y trascendental de la temporada y el que incluye una de las frases más románticas que he escuchado jamás: “El amanecer es para los amantes y los panaderos”.

Crítica: Déjame salir (Get Out)

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No cabe duda de que vivimos buenos tiempos para el terror. El cine de miedo es oficialmente el más rentable en la taquilla y en los últimos años está demostrando que además goza de muy buena salud creativa, ya sea con producciones más grandes (el universo compartido de Expediente Warren o el remake de It, la película de terror más taquillera de la historia) o con películas más modestas y experimentales que están ampliando sus fronteras y dando mayor cabida a la hibridación con otros géneros.

La productora Blumhouse está a la cabeza de esta interesante ola de terror moderno, encadenando taquillazos como si no les costara nada (porque de hecho les cuesta muy poco), con un margen de fracaso mínimo, ya que manejan presupuestos muy bajos y por lo general no trabajan con grandes estrellas. El estudio responsable de sagas como InsidiousParanormal ActivityThe Purge y hogar del renacimiento de M. Night Shyalaman (La visita, Múltiple) lleva unos cuantos años apostando por las ideas originales y la visión de autor. Y en ese contexto es donde se enmarca una de las mejores películas que han hecho, si no la mejor, Déjame salir (Get Out).

La mente detrás de Déjame salir es la del cómico Jordan Peele, que se ha convertido con la que es su primera película en el primer guionista y director afroamericano en superar los 100 millones de taquilla en Estados Unidos, pasando a ser uno de los mayores talentos en alza de un Hollywood muy necesitado de voces que renueven los géneros desde perspectivas diferentes (de género, etnia u orientación sexual). Con esta fábula perversa y oscura que ha calado hondo en la audiencia norteamericana, Peele ha querido hacer una afiladísima crítica social en torno al racismo contando una historia inquietante y sorprendente que bien podría ser un capítulo de una versión moderna de La dimensión desconocida.

Déjame salir parte de una situación muy familiar: el temido momento en el que tenemos que conocer a los padres de nuestra pareja. Chris (Daniel Kaluuya) se dispone a pasar un fin de semana en el campo con su novia, Rose (Allison Williams), y sus suegros (Catherine Keener y Bradley Whitford). El comportamiento de los padres de Rose desata las alarmas de Chris, que cree que su excesiva complacencia es reflejo de la tensión creada por el hecho de que su hija esté en una relación interracial (Rose es blanca, Chris negro). Pronto, sus sospechas se verán confirmadas cuando empiece a hacer descubrimientos cada vez más extraños en la propiedad, que le llevarán a destapar un espeluznante secreto.

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Aunque no faltan los sustos, Déjame salir es sobre todo un thriller y una comedia (muy) negra (de hecho, competirá en los Globos de Oro como comedia, muy convenientemente). Peele está más interesado en remover conciencias que estómagos, en provocar el escalofrío destapando el racismo históricamente arraigado en la sociedad norteamericana, haciendo más uso de la tensión psicológica que de los habituales trucos para sobresaltar al espectador. Pero el director no solo recurre al suspense más enervante, sino también al humor, creando situaciones deliciosamente perversas y retorcidas y diálogos de una acidez muy satírica que no funcionarían tan bien sin el excelente trabajo del reparto (especialmente de Kaluuya y Williams), y que dan lugar a una película más divertida de lo esperado.

Por último, Déjame salir también nos depara fuertes estallidos de violencia y locos giros argumentales que sumen a la película en la paranoia, sobre todo durante su reveladora recta final -por otra parte algo decepcionante, como suele ocurrir cuando una historia que juega tanto con la mente del espectador acaba descubriendo el pastel y dando más detalles explicativos de los que hacen falta. Aun así, con su ingeniosa opera prima, Peele ha conseguido realizar una película audaz, provocadora y fascinante, un trabajo inteligente y entretenido que además de poner de los nervios, se mete en la cabeza, convirtiendo la realidad más terrorífica en pesadilla cinematográfica.

Nota: ★★★★

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Déjame salir ya está a la venta en España, disponible en varias ediciones: DVD, Blu-ray, 4K Ultra HD y Blu-ray edición especial en caja metálica para coleccionistas.

Las ediciones en DVD y Blu-ray cuentan con los siguientes contenidos adicionales:

• Final alternativo
• Escenas inéditas
• “Revelando el terror en Déjame salir
• Entrevista con Jordan Peele y el reparto
• Comentarios con el director/guionista Jordan Peele

La edición 4K UHD incluye la película en resolución 4K y el Blu-ray estándar con todos sus extras. La edición especial en caja metálica, disponible en todos los puntos de venta hasta fin de existencias, nos ofrece la película en Blu-ray y todos sus extras en un steelbook de elegante diseño.

Crítica: Begin Again

(L-R) KEIRA KNIGHTLEY and MARK RUFFALO star in BEGIN AGAIN

En 2006, una pequeña película rodada con dos duros provocó que cientos de miles de espectadores en todo el mundo desarrollaran una relación idílica y romántica con el cine y la música durante un tiempo. El musical indie Once, sueño húmedo de euro-dreamers, se convirtió en uno de los sleepers de 2006, gracias a su combinación de romanticismo “alternativo” y su melomanía de factura youtubera. Aquella película enamoró, literalmente, a muchos espectadores, que con ella descubrieron otro tipo de musical, uno íntimo y despojado de ornamentos, que en lugar de celebrar el espectáculo ensalzaba la importancia del proceso de composición musical, y lo utilizaba para contarnos cómo se enamoraban los protagonistas.

Su director, el dublinés John Carney, recupera esta idea para realizar Begin Again, una suerte de nueva versión de Once con presupuesto más elevado, reparto de estrellas y con la Gran Manzana como nuevo escenario. Begin Again es la historia de Gretta (Keira Knightley), una compositora británica que vive en Nueva York a la sombra de su prometido, Dave (Adam Levine), que está inmerso en pleno proceso de transformación en una gran estrella de la música gracias a su participación en una exitosa película (como la vida misma, que diría Carney). Una noche, durante una actuación en un bar del East Village, Gretta es descubierta -muy a su pesar- por el presidente de un sello discográfico, Dan (Mark Ruffalo), que le propone grabar un disco con él al margen de las majors, y de la ley, reclutando músicos amateur, familiares y amigos, y con distintas localizaciones de la ciudad de Nueva York como estudios de grabación improvisados para cada canción.

Cartel BEGIN AGAINBegin Again es una película tan común y predecible como reconfortante y universal, un dulce que no amarga a nadie, vaya. El filme despierta simpatía a base de buenas actuaciones, y echando mano de lugares comunes siempre complacientes -como el del padre ausente que conecta con su hija adolescente (Hailee Steinfeld, cómo no). Carney utiliza la misma fórmula que en Once, para presentarnos un romance en este caso mucho más soslayado que el de Guy y Girl, uno que lleva por derroteros inesperados, sobre todo en su desenlace. Lo queramos o no, Begin Again acaba calando a base de buenas intenciones, y sobre todo gracias a un notable casting y unas interpretaciones que rebosan química y naturalidad (los actores están tan cómodos, que a veces dejan de actuar y se limitan a disfrutar el momento). Keira Knightley rebaja sus cotas de histrionismo (sigue siendo la misma histérica de siempre, pero a menor escala), Mark Ruffalo está idóneo en el papel de rufián encantador (aunque necesite ir al logopeda urgentemente), y Adam Levine, líder del grupo Maroon 5, sorprende en su primer papel importante con una actuación que da con las notas adecuadas, fluctuando acertadamente entre la parodia y la humanidad a la hora de dar vida a su personaje.

Curiosamente, lo menos cuidado de la película son las canciones. Melódicamente funcionan, se quedan en la cabeza, y cumplen su propósito de acompañar emocionalmente a la historia y los personajes, pero fallan estrepitosamente las letras (subtituladas en su versión en castellano, claro está), que parecen haber sido escritas viendo la tele, tremendamente cursis y facilonas, incluso ridículas, tanto que en ocasiones uno se pregunta si estamos ante un elemento paródico. Se salva la inspirada pieza central de la banda sonora, la balada “Lost Stars“, interpretada por Levine. Aún con todo, la música está siempre en el corazón del relato, nos da las mejores escenas (la ruptura de Gretta y Dave, el paseo nocturno compartiendo iPod, la emocionante última grabación en la azotea) y marca el tempo de manera que Begin Again no tiene un solo bajón de ritmo, logrando la hazaña de componer el equivalente a un “disco” sin relleno innecesario. Carney no arriesga en ningún sentido, se limita a mantenerse en su elemento y repetir lo que se le dio bien una vez, incluyendo tímidamente varias reflexiones sobre el estado de la industria discográfica, pero nada más. Lo importante de Begin Again es tanto su relación como la de los personajes con la música, y cómo estos la utilizan para comunicarse y refugiarse, para curar heridas y mirar hacia el futuro. El resultado es una película tremendamente cálida y acogedora que despertará en más de uno la necesidad de perseguir un sueño.

Valoración: ★★★

Crítica: Sobran las palabras (Enough Said)

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Sobran las palabras (Enough Said) podría describirse utilizando la expresión que popularizó la crítica al hablar de Seinfeld: Una comedia que no va sobre nada. Protagonizada por Elaine Benes herselfSobran las palabras recoge todos los problemas y ansiedades de la madurez, y los envuelve con un casual halo de cotidianeidad y costumbrismo (a la yanqui) que nos hace pensar que no se nos está contando nada, cuando en realidad se nos está bombardeando con excelentes reflexiones y agudas observaciones sobre nuestro comportamiento social.

Nicole Holofcener, la directora de la cinta, tiene una amplia experiencia dirigiendo este tipo de personajes en televisión, sobre todo mujeres de mediana edad que se enfrentan a los horrores de pertenecer a la clase media. No en vano, Sobran las palabras posee cierto aire a sitcom posmoderna. Haber dirigido a Amy Poehler en Parks and Recreation debe haberle sido muy útil a la hora de trabajar con Julia Louis-Dreyfus, una maravillosa actriz de matices en uno de los mejores momentos de su carrera. Holofcener saca de Louis-Dreyfus, arrebatadoramente natural y encantadora, una de las mejores interpretaciones del año.

Sobran las palabras se adscribe sin lugar a dudas al género indie buenrollista que cada año nos proporciona nuestra dosis de Sobran las palabras__Pósteradorables neuras norteamericanas -en 2013 también hemos podido disfrutar de la deliciosa El camino de vuelta, con la que Sobran las palabras formaría una sesión doble perfecta. Aquí también tenemos a Toni Collette y Catherine Keener (o sea, que sobran las palabras, literalmente). A golpe de punteo de guitarra y emociones químicamente testadas, la película de Holofcener nos envuelve en una confortable cama de algodón de la que nos empuja varias veces para recordarnos que la vida también puede ser complicada (hablamos de white people problems, claro está). Sobran las palabras nos da la bienvenida a la Tierra de los Divorciados, donde todo es divertido y deprimente a partes iguales, y a base de diálogos geniales y certeros (“Estoy cansada de ser graciosa”) articula en palabras y miradas emociones abstractas con suma precisión. Para eso van todos al psicólogo en ese país.

La crisis de los 40 es una cuestión universal (como la soledad y el síndrome de nido vacío) y Holofcener la explora partiendo de una premisa muy interesante: No solo coloca a sus protagonistas, dos divorciados con hija única, en la tesitura de tener que empezar de nuevo en la (tan esencialmente yanqui) dating scene, sino que se plantea cómo sería una relación si uno de sus miembros conociera todas las manías y defectos después de la primera cita (una de las mejores del cine moderno, por cierto). Haciendo gala de un sentido del humor inteligente y sincero que sirve tanto para hacernos reír como para golpearnos con la dura realidad, Sobran las palabras se erige como la dramedia perfecta. Puede que las emociones estén meticulosamente confeccionadas, pero hay algo que no se puede planear: la excelente química entre Louis-Dreyfus y James Gandolfini (que en su penúltimo papel trabaja curiosamente en un archivo de historia de la televisión). Las inspiradísimas escenas que Eva y Albert comparten son el palpitante núcleo de una película que acaba afectándonos tal y como se propone.

Valoración: ★★★½