Crónica de la Muestra Syfy 2016

Leticia Dolera Syfy

El 13 es un número especial, históricamente asociado a la mala suerte, y con el tiempo justo lo contrario, un símbolo de buena suerte para los que gustan de llevar la contra. Para los fans del cine fantástico, el 13 ha significado algo muy especial este fin de semana: una de las mejores ediciones de la Muestra Syfy. Nuestro mini-festival favorito se ha mudado de residencia, pero sigue viviendo en el mismo barrio. De los Cines Callao al Cine de la Prensa de Gran Vía, sin perder en la mudanza ni un ápice del entusiasmo que lo caracteriza.

Como todos los años, nos damos cita con la Muestra Syfy, organizada por el canal de televisión Syfy España, para ver cine de género (fantástico, ciencia ficción, terror, animación) durante cuatro días (este año del jueves 3 al domingo 6 de marzo). Una veintena de películas que han conformado una programación en la que, como de costumbre, han tenido cabida las ideas más disparatadas y las propuestas más curiosas. Muertos vivientes, fantasmas, zombies, demonios, extraterrestres y caníbales (por partida doble, que este año ha sido el de los antropófagos), todos se han reunido un año más para la gran fiesta del cine fantástico en Madrid.

Y como decía, aunque hayamos cambiado de emplazamiento, el espíritu de la Muestra sigue intacto. Por un lado gracias a la organización, que ha llevado a cabo el cambio de la forma más fluida (esperábamos que al cambiar de una sala grande a tres más pequeñas hubiera un caos mayor, y para nada), por otro a los seguidores (bautizados “mandanguers” -o mandangers- durante la última sesión del domingo), incansables, “motivados” y con ganas de darlo todo en las proyecciones, y por último, pero no por ello menos importante, gracias a la gran Leticia Dolera, que un año más se corona como la reina geek (Mandanga Queen) de nuestro país. Parece mentira, pero Dolera se supera cada año. El nivel de complicidad que ha alcanzado con los asistentes a la Muestra es increíble (para entender los chistes internos o la importancia de las palabras “mandanga” y “Canino” hay que haber estado allí), y se ha notado especialmente en esta edición, en la que, entre otras muchas cosas, ha recordado a sus compañeros de Al salir de clase con velas en la mano (in memoriam?), ha demostrado su amor por Buffy, ha llamado por teléfono a Raúl Arévalo, al que dejamos un mensaje de voz porque no lo cogió (y al que esperamos ver en la próxima edición, no nos falles, Raúl), ha cantado los precios de la cantina, ha reivindicado a Chicho Ibáñez Serrador (Goya honorífico ya), ha criticado (de bromi) a los actores españoles por no vocalizar, y por supuesto, ha repartido Huesitos entre el público. Todo del mejor rollo posible. Gracias, Leticia. Sin ti la Muestra no sería lo que es.

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Dicho esto, pasemos a hablar de las películas que hemos podido ver este año. Muchas de las que, por cierto, tienen distribución en España, así que anotad las recomendaciones. La Muestra dio el pistoletazo de salida el jueves 3 con el preestreno de La invitación, de Karyn Kusama, uno de los grandes éxitos de la pasada edición del Festival de Sitges, donde se alzó con el premio a la mejor película del certamen. Con un reparto de caras conocidas, sobre todo para el seriéfilo (Logan Marshall-Green, Michiel Huisman o John Carroll Lynch), La invitación es una cinta malrollera que recuerda a Coherence en sus ambientes y a La cena de los idiotas por su mala baba. Kusama sabe dosificar la información como si de un menú degustación se tratase y nos embriaga de tal manera que seguimos pidiendo más a pesar de que sintamos ya los ardores de las horas posteriores. Menos mal que tiene el detalle de ofrecernos un chupito digestivo para pasar el (mal) trago.

El viernes 4 nos deparaba más de una sorpresa. El primer día propiamente dicho de la Muestra arrancaba con la noruega Villmark Asylum, secuela de uno de los mayores éxitos cinematográficos del país nórdico que nos proponía de nuevo (“nos” es un decir, porque de los cientos que estábamos en la sala solo cuatro fans aplicados habían visto la primera) una historia de terror ambientada junto a un lago remoto, concretamente en un hospital abandonado donde se trataba a los enfermos de tuberculosis muchos años Imagen 2atrás. Como podéis imaginar por la descripción, Villmark Asylum es la típica película de “manicomio encantado”, y recurre a los tópicos y la imaginería habitual del género (fantasmas de pacientes y enfermeras deambulando entre pasillos, experimentos inmorales), donde por desgracia se queda completamente estancada sin saber qué contar. Un rollazo.

Las dos siguientes películas de la tarde sirvieron para arreglar el mal sabor de boca de Villmark 2 (su título original) y despertarnos de la siesta. En primer lugar, la británica Nina Forever nos planteaba una premisa sencilla a la par que interesante, con una historia romántica sobre un chico que perdió a su novia en un accidente y, cuando intenta iniciar una nueva relación (concretamente cuando practica el sexo con su nueva pareja), la novia se le aparece tal y como quedó tras el accidente para atormentarle a él y a la chica. Una metáfora sobre las relaciones y la pérdida que, a pesar de resultar demasiado evidente, da para muy buenos momentos, aunque al final se pierda por no saber cómo ni cuándo concluir la historia. Nos quedamos con la primera hora de la película, rebosante de sentido del humor, emotividad y erotismo, y con las interpretaciones de su trío protagonista, en especial las femeninas, Fiona O’Shaughnessy y Abigail Hardingham. En segundo lugar, llegó la esperadísima (y apaleadísima) nueva película de Eli Roth, The Green Inferno, y resultó ser uno de los mayores éxitos entre el público de la Muestra. Roth ha orquestado una película repugnante, nauseabunda, con los peores actores del mundo y autoconscientemente mala que se reveló como la oferta perfecta para la Muestra, como demostraron las continuas carcajadas y aplausos de la sala. Una cinta idónea para este tipo de ocasiones, en las que a veces es mejor no pesar demasiado lo que se está viendo y dejarse llevar. Eso sí, vais sobre aviso si decidís verla: al igual que su día Holocausto caníbal (de la que evidentemente bebe, y come, mucho) sus imágenes gore pueden provocar más de un mareo.

Las sesiones nocturnas del viernes nos dejaron otra sorpesa. Desafortunadamente no fue la española Vulcania, que fue recibida con indiferencia y aburrimiento generalizado (quizá si los responsables del film no hubieran estado en la sala presentándolo el público se habría ensañado más). El debut de José Skaf en la dirección de largometrajes es una oportunidad perdida, una película que recuerda demasiado a El bosque (aunque Skaf asegurase que todo parecido es coincidencia) y que, a pesar de su excelente factura y buen reparto, nos deja completamente a medias (aquí podéis leer una crítica completa de la película, que ya está en cines). A continuación , la primera sesión golfa de la Muestra 2016 nos presentaba la primera parte de la japonesa Parasyte, de Takashi Yamazaki, film que fue recibido cálidamente por el público del Cine de la Prensa. Parasyte, Part I  es la hilarante visión japonesa de la Nueva Carne de Cronenberg (se trata de la adaptación live action del manga del mismo nombre), con momentos cómicos muy conseguidos y una épica tan ridícula como convincente. Por una noche, Migi destronó a Huevón como rey de la madrugada Syfy.

BONE TOMAHAWK

El sábado por la mañana tenía lugar la primera sesión Syfy Kids, con la proyección de una de las nominadas al Oscar a Mejor Película de Animación este año, The Boy and the World, distribuida en España por Rita & Luca Films. La tarde comenzaba con la surcoreana The Piper, adaptación libre de El flautista de Hamelín que tiene lugar en una pequeña aldea azotada por una plaga de ratas, donde un hombre y su hijo hacen una parada para ayudar a los habitantes. La película de Kim Kwang-tae comienza como una comedia amable con toques de realismo mágico y en su tramo final se transforma en una historia oscura, trágica y macabra. Una película peculiar de la que se pueden destacar bastantes virtudes, entre las cuales por desgracia no se encuentra la consistencia. A continuación se proyectaba la caboyano-americana Listening, que juega con la idea de la manipulación de la mente y la creación de la telepatía, y que fue con diferencia una de las peores películas de la muestra. Llamarla amateur sería quedarse muy cortos. Una primera parte que copia descaradamente a Primer da lugar a una segunda mitad que adquiere tono épico-conspiranoico y se hunde en el mayor de los ridículos. Y lo peor de todo, el asqueroso machismo que recorre toda la cinta. Lamentable. Pero es que esa misma noche pudimos ver otro desastre de proporciones épicas, Generación Z (título español para The Rezort), una Parque jurásico con zombies en lugar de dinosaurios que, por muy atractiva que suene la idea, no podría haber dado lugar a una película más terrible. Y lo peor no es el planteamiento completamente absurdo (eso no es un problema en la Muestra), sino que ¡se toma en serio! y contiene un mensaje político que no podría estar hilado de forma más patética. Menos mal que justo antes habíamos disfrutado del plato fuerte del día, Bone Tomahawkwestern atípico cargado de humor, violencia extrema (condensada en su magnífica recta final, donde podemos ver una de las muertes más despiadadamente brutales y gráficas de la historia del cine) y grandes interpretaciones, en especial la de Richard Jenkins, que conquistó a la sala al completo. Una gozada.

Foto de Mara

El sábado muchos hicimos un paréntesis para asistir a la proyección del musical de Buffy, cazavampiros, “Once More, With Feeling” (6×07), una ocasión de lujo para poder ver en pantalla de cine uno de los capítulos más emblemáticos de esta serie de culto. El ambiente seriéfilo era inmejorable y nuestra anfitriona, Leticia, nos preparó una presentación genial. En primer lugar nos hizo un recorrido por la serie, resumiendo las temporadas y hablando sobre la experiencia que supone ser espectador de Buffy, en especial si se vio por primera vez durante la adolescencia (o post-adolescencia). A continuación recomendó el libro sobre Joss Whedon De la Estaca al Martillo, que como muchos sabéis, coordiné el año pasado junto a mi colega, amiga y admirada Cazadora Irene Raya. Aunque ya lo hice en persona, desde aquí quiero agradecer de todo corazón una vez más a Leticia por hablar del libro en la proyección (en dos proyecciones distintas, de hecho), fue un detalle precioso que convirtió lo que ya estaba siendo una gran Muestra en mi mejor Muestra. Por último, Dolera orquestó un gran momento fan junto a los fans de Buffy, haciéndonos ensayar un fragmento de la canción “Walk Through the Fire“. ¿El resultado? Juzgad vosotros mismos:

Y llegó el último día. El domingo suele ser una jornada de mayor relax en la Muestra, y este año ha cumplido esa norma. El día arrancaba con la polaca Demon, adaptación moderna de la leyenda del dybbuk judío que transcurre durante una boda tradicional en el campo. Una película divertida, surrealista e inteligente que acercaba el cine de autor europeo a la Muestra, demostrando que cualquier tipo de propuesta fantástica tiene cabida en ella. Demon resultó ser una de las películas más interesantes de este año, un relato impregnado de vodka e historia (la de unas ruinas que no se pueden o no se quieren reconstruir), de un humor absurdo y filosófico exquisito y una memorable interpretación protagonista, la de Itay Tiran. Su director, Marcin Wrona, se suicidó en 2015, dejándonos una excelente obra póstuma. Una pena no saber hasta dónde podía haber llegado su talento.

La tarde del domingo continuó con Jeruzalem, un found footage ambientado en la capital israelí y protagonizado por dos turistas americanas cuyas vacaciones se ven interrumpidas por el día del Juicio Final. The Paz Brothers abordan el hastiado género del metraje encontrado intentando revitalizarlo con un nuevo gadget: las Google Glass. De esta manera salen airosos del engorro que suelen tener todos los directores para justificar el hecho de que sus protagonistas no dejen de grabar. Pero más allá de eso, no hay nada verdaderamente destacable de Jeruzalem, además de su bello y original emplazamiento. Una película que sigue los dictados del género (y demuestra algo más que admiración por [REC], como advirtió después Dolera, o Cloverfield) y al menos entretiene y cumple su función a pesar de caer en el despropósito continuamente. Y después de Jeruzalem, dimos un giro de 180º grados en el tono para disfrutar de la (muy) británica Absolutamente todo, dirigida por Terry Jones (miembro de Monty Python, guionista de Dentro del Laberinto, que también se pudo ver en una sesión especial en homenaje a David Bowie), una comedia directamente salida de los 90 que recuerda demasiado a Como Dios, pero que resultó ser un soplo de aire fresco gracias a sus divertidos diálogos y al buen hacer de su protagonista, un carismático Simon Pegg demostrando que puede ser un gran leading manAbsolutamente todo también destaca por ser la última película de Robin Williams (en ella dobla al perro Dennis y nos deja algunos de los mejores momentos de la cinta) y por contar con las voces de lo Monty Python dando vida a los extraterrestres que otorgan los poderes al personaje de Pegg.

hiddleston high rise

La Muestra 2016 tocaba a su fin con la esperadísima High-Risepelícula dirigida por Ben Wheatley y escrita por él junto a Amy JumP a partir de la novela de J. G. BallardHigh-Rise venía precedida de mucha expectación, aunque acabó siendo una gran decepción (y no es que no nos lo hubieran advertido desde Sitges y otros festivales). High-Rise es una cinta post-apocalíptica retro-futurista que podría describirse (muy superficialmente) como una fusión de BrazilSnowpiercer. La película tiene un planteamiento muy interesante y suficientes elementos atractivos por separado (la estética, la música, la percha de Tom Hiddleston, el sorprendente talento de Luke Evans), pero en conjunto resulta fallida, sobre todo por un empeño, casi exhibicionista y provocador, en el estilo por encima de la sustancia, y la locura y el absurdo porque sí, lo que juega en detrimento de la historia. High-Rise se pierde en la no-narratividad hacia la mitad de su metraje y no se recupera, rematando su “relato” con una conclusión sobre-explicativa que subraya demasiado el mensaje y parece que ya va con recochineo. Probablemente estemos ante una obra incomprendida que será reivindicada como película de culto. Quizá solo sea una pretenciosa paja mental que acabaremos olvidando. El tiempo lo dirá.

Y hasta aquí otra Muestra Syfy llena de buen rollo, amistad y celebración de la cultura fan y el cine (y la tele) de género. Me despido con una de las frases más bonitas de Leticia Dolera, pronunciada (con toda sinceridad y convencimiento) durante una de sus encantadoras presentaciones:

“Axioma: Te gusta el cine fantástico y de terror, eres buena persona. Te gusta Buffy, eres buena persona”.

¡Hasta el año que viene, Mandangers!

Texto de Pedro J. García y David Lastra

iZombie: Con la vida en los talones

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El mundo es un lugar mejor desde que Buffy Summers y Veronica Mars aparecieron. Las dos (junto a Xena, claro) allanaron el camino para todas las protagonistas femeninas y heroínas televisivas que llegaron después. Sin embargo, últimamente echábamos de menos más personajes como ellas en las series. Y parece que no éramos los únicos. Las cadenas que fueran el hogar de Buffy y Veronica (WB y UPN) se fusionaron para dar lugar a la CW, hermana pequeña de las networks que últimamente parece más bien The DC Channel, y ante la invasión de superhéroes provenientes de las páginas del cómic, se dieron cuenta de que en la plantilla faltaba una rubia peleona de las suyas.

De ahí que CW adquiriese los derechos de iZombie, cómic de Vértigo (filial de DC, claro) creado por Chris Robertson y Michael Allred, con la idea de realizar una serie que llenase ese vacío. iZombie nace para recuperar, o preservar, según se mire, el espíritu de Buffy y Veronica, y quién mejor para ponerse al frente del proyecto que uno de los padres de las dos criaturas, Rob Thomas, creador de Veronica Mars. Junto a Diane Ruggiero-Wright (co-productora de VM), Thomas ha convertido las iconoclastas viñetas diseñadas por el imprescindible Mike Allred (que también ha dibujado la secuencia de créditos de la serie) en un drama procedimental fantástico que adopta el estilo de la cadena, llevando a cabo sustanciales cambios con respecto al cómic.

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iZombie (la serie) está protagonizada por Olivia Moore, más conocida como Liv Moore (“Live More”, ¿lo pilláis?), una estudiante de medicina de Seattle cuya vida da un giro de 180º al convertirse en zombie después de sufrir un ataque durante una desastrosa fiesta a bordo de un barco. Liv corta con su novio, Major (Robert Buckley), y deja el hospital donde está haciendo la residencia para irse a trabajar al depósito de cadáveres (en el cómic Liv se llama Gwen Dylan y trabaja como sepulturera). Allí tendrá acceso al único alimento con el que podrá conservar su aspecto humano y evitar convertirse en un monstruo: cerebros humanos. Y aquí viene el giro (es un decir), al comerse el cerebro de una víctima, Liv recibe sus recuerdos (en forma de visiones al estilo Cordelia Chase) y adopta su personalidad y habilidades, “superpoderes” que utilizará para ayudar al departamento de Homicidios de la policía a resolver casos complicados.

Lo que han hecho Thomas y la CW con esta serie es aprovechar la época dorada de los zombies en televisión para realizar un producto que, aunque técnicamente puede adscribirse al género Z, es en realidad otro tipo de “animal” televisivo. iZombie hace mucho más que recuperar el espíritu de Veronica Mars. En cierto modo, iZombie es Veronica Mars otra vez. Thomas no se ha quebrado mucho la cabeza desarrollando el concepto de su primera temporada, y se ha limitado a repetir el mismo esquema de VM, revistiéndolo de algo nuevo con el tema zombie. Tenemos a la protagonista ingeniosa y perspicaz (Rose McIver, a la que le cuesta un poco coger el tono a su personaje al principio pero acaba dominándolo), una fiesta a la que regresamos continuamente para descubrir nuevos datos sobre un misterio central, y una estructura de caso de la semana que ocasionalmente dará paso a un arco central al que se dedicará el final de la temporada (esto último ya no es cosa solo de VM, sino de cualquier procedimental que se precie). Es todo muy 2005, tramas, humor, referencias a la cultura popular, incluso banda sonora. Está claro que Thomas sigue viviendo en ese año.

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Pero eso no es todo, iZombie es una serie de zombies que en realidad es una serie de vampiros. Ya hemos visto a los muertos vivientes recibir el tratamiento vampiresco “pop” antes (Warm Bodies, In the Flesh), pero en iZombie tenemos a un tipo de zombie incluso menos arraigado en la tradición del género, más cercano a lo que Buffy y Angel hicieron con el mito de los chupasangres. Liv lucha por controlar a la criatura monstruosa que lleva dentro y debe renunciar al amor y el sexo con los vivos (el pobre Major, que las pasa canutas toda la temporada por su culpa), conflicto interno que define al primer (y verdadero) amor de Buffy. Los zombies civilizados que vemos en la serie acuden a carnicerías para abastecerse de cerebros de animales y evitar así la tentación de matar humanos. Incluso estéticamente se parecen más a los vampiros. La tez pálida sustituye a la carne podrida (esta se reserva a los zombies deshumanizados), dando lugar a las típicas situaciones y chistes que encontramos en las ficciones vampíricas. Pero ahí no se detienen las comparaciones, en iZombie también hay villano de rubio oxigenado, Blaine, aunque ya quisiera David Anders tener un cuarto del carisma de Spike.

Sin embargo, lo peor de iZombie son los casos, demasiado convencionales, aburridos y sobre todo predecibles. Narrativamente, la serie es muy mecánica y repetitiva, y todos los capítulos están escritos con la misma plantilla (usada en mil y una series antes que ella). Los guiones son excesivamente cándidos y nos vemos venir los giros a kilómetros de distancia. Por ejemplo, en casi todos los episodios es muy fácil identificar al asesino, porque siempre será un personaje aparentemente insignificante que aparece al principio de la forma más sospechosamente casual y desaparece hasta el final, cuando se requiere de nuevo su presencia para dar la “sorpresa”. Después, ese asesino o asesina confesará su crimen (sin abogado) explicando sus actos y motivaciones con todo lujo de detalles (como en Detective Conan). Es el modelo BonesCastle, investigación criminal de usar y tirar con aire de comedia ligera, pero con el toque juvenil de CW y un trasfondo sobrenatural.

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Y ahí está la clave para llegar a disfrutar iZombie. No es una serie a la que se le pueda pedir demasiado. Al menos no por ahora. Recordemos que Veronica Mars también necesitó su tiempo para pasar de esa etapa de casos de la semana y convertirse en algo más. Si asumimos su naturaleza de serie de planchariZombie es perfecta para cubrir ese hueco de ficciones de fácil digestión que muchos necesitamos (por ejemplo, yo la veo durante la comida). Pero es que además, potencial para trascender esa etiqueta no le falta (otra cosa es que lo haga), como hemos visto en la season finale, “Blaine’s World“, (relativamente) sorprendente episodio con un par de escenas impactantes (pero de verdad, como la que protagoniza Major en la carnicería) y cambios interesantes que plantean una segunda temporada con más mitología.

Por suerte, iZombie ha ido progresando adecuadamente a lo largo de sus 13 primeros capítulos y ha remontado en su recta final. McIver (a la que ya vimos en Play It Again, Dick) está cada vez mejor, y la serie cuenta con personajes secundarios muy acertados, como el británico Ravi (Rahul Kohli), sin duda el más divertido del reparto, o el ya mencionado Major, que ha pasado de ser pura carnaza (si Robert Buckley está ahí para algo es para descamisarse todas las semanas) a convertirse en un personaje mucho más definido y con una de las tramas más destacadas de la serie. La química entre todos ellos es estupenda y los demás personajes tienen buena base (espero que aprovechen mejor al hermano y la compañera de piso de Liv el año que viene), pero la serie no termina de cuajar. Después de los acontecimientos de la finale, la segunda temporada promete subir la apuesta y aumentar el drama, y aunque quizás yo esté ya muy mayor para una serie como esta, me quedaré para ver cómo evoluciona. Solo espero que cuando no estén con el arco principal se esfuercen un poco más con los casos de la semana para que no me arrepienta. Thomas, espero que aceptes el reto. Te lo pide un marshmallow.

Personajes Whedon: Cordelia Chase (II)

Cordelia II

I’d just like to say thank you. You believed in me when no one else would. Even in my darkest hours, you were there for me, and that means more to me than you’ll ever know. I guess what I’m really trying to say is, “I love you”. To all my fans, this is for you! (“Birthday”, 3.11)

¿Quién es Cordelia Chase? Esta pregunta tiene fácil respuesta (que no por ello breve) si nos referimos a la Cordelia que conocimos en Buffy, cazavampiros. Sin embargo, su paso por Angel nos complica la tarea considerablemente. Si bien Cordelia mantiene en Angel los rasgos más identificables que la convirtieron en uno de los personajes más carismáticos de Buffy (su descaro, su dudoso cociente intelectual o su intermitente superficialidad, por nombrar unos cuantos), es justo referirnos a la de Cordelia como una de las evoluciones de personaje más extensas, intrincadas, y quizás por todo ello, irregulares del Whedonverso.

La Cordelia de Los Ángeles es sin duda el mismo personaje que la popular animadora de Sunnydale, y al mismo tiempo es otro completamente distinto. Esto se debe a varios factores. Su desarrollo como personaje en Buffy, a pesar de ser coherente y satisfactorio, no deja de ser el propio de un personaje comparsa. Si lo pensamos, Cordelia, a pesar de figurar en los créditos iniciales como “star” desde el piloto de Buffy, siempre obtuvo un tratamiento narrativo más cercano al de personaje secundario que es utilizado generalmente como alivio cómico. Sin embargo, la fuerte personalidad de Cordelia, y su tumultuosa odisea personal, la convertían en un ente narrativo sólido y para muchos, un personaje whedon inolvidable.

I’m from Sunnydale. We had our own Hellmouth. I think I know a vampire when… I’m… alone with him… in his… fortress-like home (“City of…”, 1.01)

El escaso tiempo de pantalla para Cordelia en Buffy –sobre todo al principio- es quizás una de las razones por las que el personaje obtuvo un desarrollo más redondo en la serie madre que en su spin-off. El caso de Cordelia es análogo al del propio Angel, personaje que pasa de segundo a primer plano y obliga a los guionistas a dotarlo de un mayor número de dimensiones, de aristas. Manejar y desarrollar a estos personajes puede ser una tarea dificultosa (siempre fluctuando entre lo que fueron y lo que deberían ser a partir de ahora), y de no hacerlo bien obliga al espectador a valorar si el personaje realmente tenía potencial para llevar el peso de una historia principal.

Cordy Angel

Por lo tanto, esta actualización del personaje lleva consigo un tratamiento necesariamente más profundo. En primer lugar, Cordelia se encuentra en un nuevo hábitat, más hostil de lo que ella esperaba, y debe aprender a desenvolverse con otros recursos. Mientras en Sunnydale era la reina, en Los Ángeles es tan solo un alma más a la deriva en la gran ciudad. El inicio oficial del viaje de Cordelia hacia la madurez puede identificarse en el episodio “Rm w/a Vu” (1.05), el primero centrado en su personaje. En él, Cordelia comienza la búsqueda de un nuevo apartamento, a la vez que nos da a conocer una búsqueda mucho más profunda, en la forma de su propia redención. Cordelia cree que su fracaso como actriz en Hollywood y su insatisfactoria vida en Los Ángeles es un castigo por su comportamiento en el instituto. Tras luchar contra sus fantasmas –y los que tienen las llaves de la que quiere que sea su nueva residencia a toda costa-, y gracias al apoyo de Angel, que le ayuda a reafirmar su identidad (“You’re Cordelia Chase”), alcanza su primera epifanía en la serie. Con cuatro sencillas palabras, “The bitch is back!” Cordelia nos recuerda con quién estamos tratando. Paradójicamente, el personaje dejará de ser la queen bitch que todos conocíamos para convertirse con el tiempo en un apoyo incondicional, un ejemplo de sensatez y un paradigma de sacrificio. En Cordelia, la auto consciencia es el primer paso hacia el cambio.

Sin embargo, el protagonismo de Cordelia en Angel es relativo, al menos durante la primera temporada de la serie –y concretamente durante los primeros nueve episodios. En este sentido, Joss Whedon y David Greenwalt no sitúan a Cordy bajo los focos de manera abrupta, sino que continúan tratándola como un personaje secundario en algunos aspectos: su tiempo en pantalla sigue siendo reducido en comparación con el absoluto protagonista de la serie, Angel, y su papel durante los primeros episodios se ve limitado al de compañera –más bien inútil- de oficina y ocasional dama en apuros –algunos de sus rasgos más identificables siguen ahí, pero, como decíamos antes, existe voluntad de cambio. Al comienzo, el personaje no es más que un reclamo para atraer a la audiencia más fiel de Buffy a ver Angel, que durante sus primeras temporadas adolecerá de una profunda dependencia de su serie madre –además de Cordelia, Wesley Wyndam-Pryce formará parte del equipo de Angel, y esto, junto a los abundantes crossovers entre ambas series durante los primeros años hará que Sunnydale parezca más cerca de Los Ángeles que en las tres últimas temporadas del spin-off.

Cordelia Angel Investigations

No es hasta el episodio 1.10 (“Parting Gifts”) cuando Cordelia se convierte en un miembro verdaderamente activo de Angel Investigations –habiendo asumido anteriormente el fracaso de su sueño hollywoodiense y su papel en la lucha contra el mal- gracias a los poderes que Doyle le deja en herencia, muy a su pesar. The Powers That Be escogen a Cordelia como portadora de las visiones premonitorias del demonio, con el propósito de ayudar a Angel en su camino a la redención. A su vez, el propio Joss, junto con su delegado Greenwalt –los Powers That Be en Mutant Enemy, claro-, hacen lo propio con el personaje, confiar en su potencial de desarrollo para las próximas temporadas, y por lo tanto, otorgarle mayor protagonismo. Se trata del comienzo de la verdadera evolución de Cordelia en Angel, que pasará por distintas etapas, cada cual más extrema: princesa de otra dimensión, medio demonio, ser superior, madre del mal, y por último, ángel de la guarda.

I didn’t ask for this responsibility, unlike some people who shall remain lifeless (“Parting Gifts”, 1.10)

Durante la primera temporada de la serie, Cordelia se mueve entre la fragilidad provocada por su fracaso en la gran ciudad, el dolor que le causa su nueva condición física y la fuerza innata de su carácter. El bagaje que el personaje trae de la Boca del Infierno marca fuertemente su personalidad en la ciudad. Sin embargo, Cordelia, lejos de dejarse amedrentar por su pasado, usará sus experiencias más traumáticas en Sunnydale como escudo y manual de supervivencia. Es otro signo más del imperante girl power que todas los féminas whedonianas exponen en mayor o menor medida. El cambio más significativo con respecto a la Cordelia de Sunnydale es motivado por sus primeras experiencias como sidekick de Angel y, principalmente, por su relación con Doyle. Tras años convencida de que su lugar en el mundo es la alfombra roja –idea que sin embargo no abandona, al menos hasta la tercera temporada-, Cordelia acaba asumiendo una realidad: lo quiera o no, pertenece al equipo de los bienhechores. Por lo tanto, su lugar está en la sombra, junto a los héroes que salvan el mundo sin salir en la televisión. Este será el sacrificio que convertirá a Cordelia en un personaje moralmente superior, y que definirá su trayectoria en la serie. Tomando conciencia de su papel en la lucha contra el mal –con determinación, a pesar de las continuas quejas por los gages del oficio-, Cordelia comienza a lograr la atención que tanto deseaba antes de mudarse a Los Ángeles. Solo que no viene de quien ella esperaba.

Las visiones de Doyle no solo sirven como punto de partida hacia la madurez de Cordelia, sino que también –y sobre todo- son el motor de prácticamente todas las tramas episódicas de la serie. Antes de que esto se convierta en un lastre para el personaje, Cordelia protagoniza varias tramas al margen de sus poderes, desmarcándose así de su habitual papel de apoyo al protagonista y de secundaria en las tramas principales. Todo cambia con el arco especial de tres episodios que deja en suspenso la historia principal de la segunda temporada (Darla tendrá que esperar). Cordelia pasa a primer plano, y lo hace por todo lo alto, como princesa de la dimensión natal del demonio Lorne, Pylea, donde, entre otras cosas, goza de sus tan ansiados quince minutos de gloria (“In quite a hurry to get back to the “Cordelia is not a Princess” dimension, aren’t ya?”), conoce a uno de los hombres de su vida –el leal Groosalug– y se acerca a su segunda experiencia como útero demoníaco.

Cordelia fights

La relación entre Angel y Cordelia se afianza en la tercera temporada, en primer lugar como consecuencia de la segunda muerte de la cazavampiros –Cordelia siempre será el principal hombro sobre el que llorar para el vampiro-, y más tarde sirviendo de apoyo indispensable en la breve experiencia de Angel como padre, y de nuevo, como consuelo tras la prematura pérdida de su hijo. Durante este tiempo, Cordelia irá convirtiéndose progresivamente en un personaje con ciertos tonos paternalistas y cuyo papel será principalmente el de apoyo moral y voz de la razón. Sin embargo, al mismo tiempo ocupará un puesto cada vez más físico en las misiones de Angel Investigations, convirtiéndose, gracias al entrenamiento de Angel, en otra chica whedoniana que aprende a dar sus propios puñetazos en lugar de esconderse detrás del héroe mientras este la salva.

Cordelia: I’m wearing pants.
Billy Blim: So you can dress like a man? Talk like a man? Does that make you feel superior?
Cordelia: Actually, I’m feeling superior because I have an arrow pointed at your jugular. And the irony of using a phallic-shaped weapon… not lost on me. (“Billy”, 3.06)

Antes de ser ascendida, literalmente, por los Powers That Be, para ocupar un puesto hecho a su medida como ente divino en un plano superior, Cordelia atraviesa su etapa más dura como empleada de las causas justas. A medida que sus visiones son cada vez más reales, las secuelas de las mismas se vuelven más permanentes, hasta dejarla en un estado de coma/proyección astral en el episodio que supone con toda seguridad el mayor punto de inflexión para el personaje, “Birthday” (3.11). Este capítulo compendia excelentemente el viaje de Cordelia hasta el momento, de egocéntrica y superficial estrella en ciernes a figura materna y abnegada heroína. El jocoso demonio Skip hace las veces de fantasma del pasado, presente y futuro en el propio Cuento de Navidad de Cordelia –solo que no es Navidad, sino su cumpleaños- y le ofrece quedarse en una realidad alternativa en la que disfruta de su tan anhelado éxito –en esta realidad Cordy es protagonista de una exitosa sitcom- a cambio de olvidar su vida junto a Angel. Como es de esperar, Cordelia no acepta el trato, puesto que de hacerlo, ya no estaría cumpliendo su sueño, sino dando la espalda a la que reconoce como su verdadera vocación: luchar contra el mal.

Tras ser consciente de la importancia de su contribución a la empresa de Angel –que sin ella, y tras la muerte de Doyle, devoluciona en un ser salvaje y demente- y comprobar que estaba predestinada a recibir los poderes de Doyle, Cordelia regresa convertida en su mejor versión posible. A su vez, “Birthday” nos muestra que quizás la relación entre Angel y Cordelia pueda estar definida por el amor romántico –algo que se adelantaba, aunque fuera a través de un encantamiento, en el episodio “Waiting in the Wings”, 3.13. El final de la temporada confirma esta idea, y nos muestra a Cordelia dispuesta a entregarse a una historia de amor con Angel. Sin embargo, los Powers That Be –o como veremos más adelante, Jasmine- le impiden llegar a su cita con el vampiro, para alivio de muchos, entre ellos, quien esto escribe.

Cordy Angel 2

Se puede decir que Cordelia alcanza su cénit como personaje al ascender al cielo de la noche angelina en el episodio final de la tercera temporada de Angel (“Tomorrow”, 3.22). Esto se debe a que la Cordelia de la cuarta temporada es otro personaje totalmente distinto, una vaina para un huésped que quiere traer al mundo un vástago del mal –y esta vez uno que no escatima en preparativos, disponiendo los elementos de la realidad a su antojo para llevar a cabo su plan. La Evil Cordelia no es en realidad sino una marioneta, totalmente inconsciente de sus actos. No obstante, esto es suficiente para que todo su arco argumental durante la temporada sea percibido como el desvirtuamiento de un personaje que ya ha alcanzado su madurez plena y para muchos debía haberse quedado tal y como estaba –que Cordelia se acueste con Connor, el hijo adolescente de Angel, es un ejemplo del extremo al que se lleva al personaje, aunque como decíamos, no se trate realmente de nuestra Cordelia en ningún momento.

Las malas lenguas apuntan a los encontronazos de Charisma Carpenter con el propio Whedon tras quedarse embarazada, obligando a reescribir la temporada entera. La leyenda urbana cuenta que el final de Cordelia, que casi sin que nos demos cuenta cae en un coma irreversible tras dar a luz a Jasmine y desaparece sin más, es un castigo del autor a la actriz –circula una historia muy parecida sobre el papel de Xander en Buffy. A pesar de esto, lo cierto –y paradójico- es que Evil Cordelia supone para Carpenter una oportunidad idónea para demostrar sus dotes como actriz –hasta el momento, y perdonadme, bastante escasos-, algo que salta a la vista durante posteriores visionados de la serie, que nos permiten apreciar mejor los matices de una interpretación con más capas de las que pudiera parecer.

Ya sea para acallar las voces que acusaban a Whedon de perjudicar la historia con su vendetta personal o para dar cierre verdadero al personaje –lo contrario no sería normativo en un trabajo vinculado a su nombre-, Cordelia regresa esporádicamente durante la quinta y última temporada de Angel, en uno de los episodios favoritos de los seguidores de la serie, “You’re Welcome” (5.12). En él, el Team Angel recibe la inesperada noticia de que Cordelia ha despertado de su coma, sorprendentemente, más fabulosa que nunca. Por otra parte, Lindsay ha vuelto a Wolfram & Hart para acabar definitivamente con Angel, y Cordelia presta su ayuda al vampiro por última vez para derrotarlo. Siguiendo el desarrollo natural del personaje tal y como quedó al final de la tercera temporada, Cordelia ejerce de guía espiritual de Angel a la vez que lucha a su lado, katana en mano.

Cordelia You're Welcome

En la que es la perfecta coda para el personaje, Cordelia reafirma su identidad como pilar principal en la lucha del vampiro contra el mal, y lo que es más importante, en su recorrido personal. A pesar de que se hace hincapié en el velado amor que sienten mutuamente -¿puede Angel amar a alguien que no sea Buffy?-, lo importante es que Cordelia, no importa desde dónde, será fiel a su promesa de ayudar a Angel a encontrar su redención. Al final del episodio, Angel recibe una llamada del hospital informando de que Cordelia ha fallecido, sin haber despertado del coma en ningún momento (Los Serrano plagiaron esta escena, por cierto). Es el momento en el que asumimos el final de Cordelia. El personaje que comenzó como un estereotipo caracterizado por su frivolidad y materialismo se despide como adalid de la perseverancia, la madurez, y el compromiso. Y esa es mi Cordelia.

Cordelia: I naturally assumed you’d be lost without me, but this?
Angel: I am lost without you.
Cordelia: You just forgot who you are.
Angel: Remind me. (“You’re Welcome”, 5.16)

Personajes Whedon: Cordelia Chase (I)

cordelia cabeza alta

No puedes comprar a Cordelia

Darn, I have cheerleader practice tonight. Boy, I wish I knew you were gonna be digging up dead people sooner. I would’ve cancelled. (Cordelia Chase, “Some Assembly Required”)

Solemos pensar que no hay demasiadas cosas dejadas al azar en el whedonverso, por tanto, es inevitable conjeturar que el nombre de pila de Cordelia Chase no fue una elección aleatoria. Hacerla tocaya del personaje de El rey Lear de William Shakespeare parece una decisión premeditada si atendemos al modus operandi de Joss Whedon y observamos algunas características en común entre ambas.

Los autores Gregory J. Thompson y Sally Emmons-Featherston, en su artículo “What Shall Cordelia Say?” sitúan a la Cordelia de Buffy cazavampiros como una de las claves para entender la serie como una morality play en la línea (salvando las distancias formales) de la obra de Shakespeare. Cordelia se revela a través de su nombre como alegoría, y haciendo esto, nos descubre al resto de personajes y sus andanzas como representaciones simbólicas de varios aspectos de la vida, y concretamente de lo que supone madurar y tener que encontrar un propósito y un lugar en el mundo. Sin embargo, Cordelia no es un vehículo de representación existencial en la línea de otros personajes ya analizados en este blog, como Anya, Dawn y Lorne. Ella es un personaje con una identidad (humana) claramente establecida desde su primera aparición (aunque acabe siendo despojada de ella, y forzada a buscar un camino alternativo para recuperarla).

Más allá de este paralelismo con la de Shakespeare, a simple vista, y a priori, nuestra Cordelia no comparte más características con la hija menor del rey Lear, una mujer de corazón, valiente y compasiva. Si bien esos calificativos no pueden aplicarse a la ligera a un personaje como Cordelia Chase en la primera temporada de Buffy, comenzamos a atisbar alguno de ellos a medida que la trama de la segunda temporada va tomando forma, y Cordelia se va acercando al grupo de la cazavampiros. Pero no es hasta su marcha a Los Ángeles (es decir, al spin-off de BuffyAngel), cuando empezamos a reconocer en ella claramente esos cambios culminantes en la Cordelia que despedimos en “You’re Welcome”, su episodio final en Angel.

Cordelia The Wish

El largo recorrido vital de Cordelia consta de tantas etapas, todas ellas igual de interesantes, que me veo obligado a dividir este artículo en dos, y tratar en primer lugar a la Cordelia de Sunnydale, dejando para más adelante a la de Los Ángeles.

Cordelia no solo se presenta como la reina del instituto desde el primer momento en el que aparece en “Welcome to the Hellmouth”, sino que inmediatamente deja claro su estatus como reina de los one-liners y robaescenas por excelencia. La Cordelia Chase de Sunnydale es más norteamericana que una taquilla de instituto. Exceptuando el curioso hecho de que en este caso, la chica más popular del instituto sea morena y la renegada social sea rubia, Cordelia responde a todos los estereotipos adolescentes norteamericanos vistos en cine y televisión en las últimas dos décadas. La Queen C es superficial, está completamente obsesionada con su imagen y con su lugar en la pirámide social del instituto y solo tiene dos cosas en la cabeza, su pelo y su preocupación por él. Además de esto, el personaje no deja de ser (originalmente) un alivio cómico más, un personaje secundario cuya función es aparecer en dos o tres escenas en cada episodio y dejar caer alguna bomba en forma de los mencionados one-liners, para más tarde desaparecer de la trama.

Al menos esto fue así hasta “Out of Mind, Out of Sight”, episodio de la primera temporada en el que Cordelia adquiría protagonismo, y que resultó ser uno de los mejores del primer año de la serie. En él, Cordy pasaba a primer plano para dejar entrever que había mucho más bajo la superficie, y que el personaje merecía más presencia en la serie. El episodio contaba la historia de una estudiante del instituto de Sunnydale que se hacía invisible tras ser completamente ignorada por sus compañeros durante un largo periodo de tiempo. Su evidente no-relación con Cordelia y los eventos que esto conllevaba sirvieron en este episodio de crítica a la sociedad actual, y a su tendencia cada vez más radical al culto del yo. Y de eso sabía mucho Cordelia.

“People who think their problems are so huge craze me. Like this time I sort of ran over this girl on her bike. It was the most traumatizing event of my life, and she’s trying to make it about her leg! Like my pain meant nothing! (Cordelia Chase, “Out of Mind, Out of Sight”)

Como todos los personajes femeninos de Whedon, Cordelia, a pesar de las reticencias iniciales, es otro exponente del girl power dentro de su obra. Sin embargo, Cordelia se diferencia de casi todas las demás en sus armas de defensa. La fuerza del personaje reside en su orgullo y en la alta concepción que tiene de sí misma, y de esta manera, su mayor defensa es la gruesa capa de autoestima que la protege. Esto sitúa a Cordelia como la reina incontestable del instituto, campo de batalla en el que no tiene rival. Al menos hasta que llega Buffy Summers. La irrupción de la cazavampiros en el apacible reino de Cordelia pone en peligro su estatus. Pero no por las razones obvias (el peligro a ser sustituida por otra adolescente más popular) sino porque Buffy, y más tarde Xander, le harán descubrir un mundo en el que quizás no sea tan bueno ser la reina. Se podría decir entonces que Buffy le roba el trono, aunque no para ocuparlo.

buffy-cordelia-xander-charisma-carpenter-nicholas-brendon-dvdbash-3

Uno de los aspectos centrales en la construcción y evolución del personaje de Cordelia es su relación con Xander. A pesar de llevar años compartiendo clases -y ejerciendo de sofisticado y viperino bully contra él y su amiga Willow-, es la novata la que le empuja finalmente a relacionarse de verdad con el geek Harris. A medida que avanza el curso, Cordelia va teniendo cada vez más encontronazos con la cazavampiros y los que ya son su séquito de incondicionales. La especial fijación que tiene por Xander salta a la vista desde el principio. A pesar de que ambos se resisten, el desconcertante interés de Cordelia por Xander (y el de Xander por Cordelia, que tiene que ver más con las hormonas) los lleva a iniciar un divertido romance a partir de la segunda temporada. De esta manera nace una de las parejas más descacharrantes del buffyverso. Al final, los dos alivios cómicos de la serie acaban convirtiéndose en los protagonistas de algunos de los momentos más hilarantes de las primeras temporadas de Buffy.

“You’re a sheep. All you ever do is what everyone else does just so you can say you did it first. And here I am, scrambling for your approval, when I’m way cooler than you are ‘cause I’m not a sheep. I do what I wanna do, and I wear what I wanna wear. And you know what? I’ll date whoever the hell I wanna date. No matter how lame he is” (Cordelia a Harmony, “Bewitched, Bothered and Bewildered”)

La relación de Cordelia y Xander representa el triunfo del everyman adolescente que suele servir como desenlace de muchas comedias teen de los 80. Cordelia es el sueño hecho húmedo del nerd, una suerte de trofeo para el empollón que nos viene a enseñar que es posible invertir las convenciones sociales. Además, por extensión, su relación con Xander la convierte en última instancia en un miembro más del equipo, parte activa de la scooby gang, sumándose así al discurso universal y particularmente whedonianola unión hace la fuerza“. Y no solo eso. Reconocer a Cordelia como scooby, como parte integral del grupo de Buffy Summers, proporciona una satisfacción al espectador que alude directamente a su capacidad compasiva y empática. Ver al malo unirse a los buenos tras un recorrido de auto conocimiento y una serie de cambios suele tocar la fibra sensible del espectador, que estará dispuesto más adelante a admitir en el grupo a un demonio milenario o un vampiro con siglos de atrocidades cometidas a sus espaldas. De acuerdo, Cordelia no es un demonio (aún no), no es una villana, pero es una antagonista, y cuando por fin se reconoce como “una de los nuestros” es aceptada por el espectador con los brazos abiertos.

“Everyone knows that witches killed those kids. And If you hang with them, expect badness, ‘cause that’s what you get when you hang with freaks and losers. Believe me, I know. That was a pointed comment about me hanging with you guys”. (Cordelia Chase, “Gingerbread”)

Xander y Willow enseñan una valiosa lección a Cordelia: es mucho más satisfactorio ser parte (distinta) de un grupo que ser un individuo exitoso y popular que al final no sea más que un clon dentro de un mismo grupo social. Cordelia se acerca a Xander sin darse cuenta de que eso constituye el primer paso del proceso de búsqueda personal de su propia identidad al margen del grupo al que pertenece. Ella se mantiene reacia todo el tiempo, pero casi inconscientemente va desarrollando una identidad adherida al grupo de los scoobies, y alejada de Harmony (una de sus secuaces y candidata al trono de Sunnydale High) y las demás.

buffy girls

Claro que Cordelia nunca dejó de ser Cordelia. En la localidad infestada de vampiros, demonios y humanos con poderes ocultos, Cordelia se las apaña para seguir siendo una especie de autoridad local. Sus poderes son terrenales, son los que uno necesita para luchar en el mundo real, en los pasillos del instituto. Es por eso que Cordelia es una figura respetada en sus círculos, es vista como un personaje especial, con poderes especiales (dinero, belleza y el poder que ello conlleva, los valores más importantes en la sociedad de masas). Cordelia se adhiere a las normas sociales según cánones actuales. Y lo sigue haciendo, aunque desafíe esas normas enamorándose del mayor paria del instituto, manteniéndose de alguna manera fiel a sí misma, a pesar de los cambios que experimenta.

“Listen up, needle brain, Buffy and I have taken out four of your cronies, not to mention your girlfriend. I haven’t even broken a sweat. See, in the end Buffy’s just the runner up. I’m the queen. (Cordelia Chase, “Homecoming”)

A pesar de tener a Xander en común, la relación entre Cordelia y Buffy nunca llegó a prosperar del todo. A lo largo de tres temporadas, ambas mantuvieron las distancias, y no se convirtieron en mejores amigas (quizás porque habría sido un poco inverosímil). El cénit de la tormentosa relación entre Buffy y Cordelia tiene lugar en el episodio “Homecoming”, en el que ambas luchan de la mano por su vida, y cada una por su cuenta por la corona de la reina del baile. Es en este episodio cuando vemos a la Cordelia más guerrera (en el sentido más comiquero de la palabra), a la que más tarde veremos emerger en Angel. Sin embargo, a pesar de la importancia del triunfo físico contra la amenaza demoníaca, el episodio supone más bien una reafirmación de la Cordelia original, la de siempre, la verdadera reina de Sunnydale, capaz de vencer cualquier contratiempo con sus armas infalibles: la convicción, la belleza y la auto suficiencia.

No obstante, la paradoja se nos viene encima cuando analizamos el origen de esos puntos fuertes en el personaje. Cordelia es una mujer fuerte, pero su fuerza está en directa relación con las figuras masculinas a su alrededor. Su imagen (la marca Cordelia) cuesta dinero, y papá está dispuesto a pagar lo que sea para mantenerla. Al final, y a pesar de su reafirmación en “Homecoming”, nos queda la duda de si Cordelia es capaz realmente de valerse por sí misma. Por suerte, esta duda también le asalta a ella.

CordeliaCheerleader

Pero, ¿qué pasa cuando Xander le es infiel con la otra mayor paria del instituto, su mejor amiga, Willow? Cordelia toca fondo (y en ese fondo, además, es empalada). Sin dudar un momento, achaca todos sus problemas a Buffy Summers, la persona cuya irrupción en su vida trastornó su visión del mundo. La antigua Cordelia Chase regresa (aunque ya hemos visto que nunca se fue del todo), pero el mundo ya no es el mismo y hace tiempo que el trono dejó de estar disponible para ella. Las normas sociales tal y como ella las conocía ya no son aplicables a su vida, y empieza a ver el mundo de otra manera. La propia Cordelia descubre que es ella la que ha cambiado. Irónicamente, acaba convirtiéndose en paria, lo que le obliga a replantearse su vida.

Por si no fuera suficiente con la infidelidad de Xander, Cordelia pierde uno de los poderes que aún le quedaban: el dinero. Su padre es detenido por evasión de impuestos, lo que lleva a la familia a la ruina, y a Cordelia de cabeza a trabajar en una tienda de ropa. Cordelia lo ha perdido todo, su orgullo, su identidad y estatus social. A pesar de que Xander le devuelve momentáneamente sus poderes al regalarle el vestido para el baile que ella no se puede permitir, ya no queda nada que le una a Sunnydale, ni siquiera él. Tras la graduación -en la que lucha contra las fuerzas del mal junto a sus compañeros una última vez- , Cordelia se marcha a Los Ángeles.

Podemos verlo como la historia de un fracaso o el ocaso de una reina. O también podemos pensar que tanto Sunnydale como la pista de baile del Bronze se le han quedado pequeños a Cordelia, y es necesario un cambio de aires, apuntar más alto. Al fin y al cabo, Cordelia siempre será Cordelia. No importa que sea empalada, que se convierta en medio demonio, que unas visiones premonitorias la destrocen o que dos seres la elijan como vientre de alquiler de sus vástagos demoníacos, Cordelia seguirá siendo fuerte, uno de los personajes más fuertes del buffyverso. Y no será gracias a un par de zapatos de 400 dólares o una tarjeta de crédito, sino a las personas, vampiros o demonios que se cruzarán en su vida para recordárselo.

“I would kill to live in L.A. That close to that many shoes…” (Cordelia Chase. “Welcome to the Hellmouth”)

Personajes Whedon: Lorne (Krevlornswath del Clan Deathwok)

Lorne Angel cabecera

No es fácil ser verde

Lorne: This is way beyond my Ken… and my Barbie, and all my action figures.

El hecho de que fuera un demonio el responsable de aportar luz a la cada vez más oscura trama de Angel es una de las muchas contradicciones que cimentaban la serie hermana de Buffy. Pero Lorne era mucho más que eso. Lorne no era un demonio cualquiera, él era una criatura verde proveniente de una dimensión lejana que trataba de parecerse en la medida de lo posible a sus amigos los humanos. Sus trajes de colores chillones -que revelaban un estupendo sentido de la moda, porque su color de piel se lo permitía-, su pasión por la música, y su conmovedora empatía hacia los humanos -manifiestada principalmente por su cálida manera de dirigirse a ellos y sus cariñosos apelativos-, le convertía en uno de los personajes más intrínseca y utópicamente humanos de la serie.

La historia de Lorne es toda una declaración de intenciones. Como más adelante sucedería con Andrew en Buffy, cazavampiros, la ambigüedad sexual del personaje permitió a los guionistas jugar con el espectador, sin ofrecer ningún tipo de respuesta al respecto. Porque no hacía falta, y no porque estuviera claro, sino porque al final era lo menos importante. Lorne llegaba a Los Ángeles en 1996, tras ser succionado por un portal interdimensional. La vida en Pylea, su dimensión natal, no fue un camino de rosas para el demonio verde. Lorne no era como sus congéneres, los demonios del Clan Deathwok. Él vivía en un mundo completamente distinto al de sus familiares y vecinos, campeones que entrenaban para luchar y matar. Cabezas huecas según él, sin más aspiración que la de derramar sangre y hacer de ello una recompensa para una vida de esfuerzo, dedicación y testosterona demoníaca.

Lorne

Lorne era el hermano sensible, el niño diferente, el adolescente rarito, prácticamente un apestado. Como de costumbre, Whedon daba en el clavo extrapolando la realidad más mundana a sus universos ficticios. Si Lorne hubiera sido humano, sería el niño que se encierra en su cuarto a leer mientras los demás salen a la calle a darle patadas a cualquier objeto que pudiera servir como balón. Sería el joven que prefiere estar tirado en el suelo escuchando música, mientras sueña con un futuro bajo los focos de un teatro. Es decir, Lorne sería el mariquita del barrio (entiéndase “mariquita” como sinónimo de distinto, rechazado, raro-queer). Por eso, al descubrir la Tierra, y en concreto Los Ángeles, un lugar donde la música tiene una importancia vital (en Pylea no existía), donde la cultura y el ocio le permitirían llevar una existencia hedonista y privilegiada, y en el que la moda no se limitaba a taparrabos de piel y cascos semi vikingos, Lorne decidió quedarse a vivir allí.

“They have no music there. It doesn’t exist. Do you know what that’s like? No lullabies, no love songs. All my life I thought I was crazy, that I had ghosts in my head or something… simply because I could hear music. Of course, I didn’t know it was music. All I knew was that it was something… beautiful and… and painful and right. And I was the only one who could hear it. Then I wound up here and heard Aretha for the first time.”

Lorne era el mayor de los filántropos del buffyverso. Su capacidad para leer auras le lleva a convertirse en toda una celebridad en el inframundo terrenal, donde se le conoce como El Anfitrión (The Host). Esto, unido a que cuando el sujeto “leído” cantaba, Lorne era capaz de distinguir su alma con mayor claridad, desembocó en la inauguración de Caritas, un karaoke subterráneo regentado por nuestro demonio. Las habilidades de Lorne como vidente le convierten en una incorporación muy valiosa al equipo de Angel, quien recurre a él a menudo hasta convertirlo en un miembro activo de Angel Investigations, lo que supone más tiempo para el demonio en pantalla, así como más escenas cómicas para Angel (el vampiro cantando en un karaoke, ¿quién lo iba a decir?) y el resto del reparto. La trayectoria de Lorne en Angel responde inequívocamente al canon whedoniano. Se trata de otro personaje no humano que nace con el propósito de explicarnos los entresijos del alma humana, los engranajes de la mente. Lorne es otro personaje Whedon que trata de convertirse en un humano (aunque en su caso no literalmente), y en su camino encuentra las dificultades que le hacen pensar si merece o no la pena. Por regla general, la conclusión al respecto es optimista: merece la pena ser un humano, merece la pena vivir, luchar por la vida. Sin embargo, el caso de Lorne es distinto. El personaje más vivaracho de la serie acabaría aportando la nota pesimista al final de Angel. Pero eso, más adelante.

Lorne nunca fue un luchador (en el sentido físico de la palabra), y al contrario que otros personajes del buffyverso, como Cordelia, Dawn o Fred, el demonio no dará su brazo a torcer, y se negará a usar la fuerza física hasta el final. Esta declaración de principios le lleva a efectuar un hechizo de no violencia sobre su local, por lo que bajo ningún concepto es posible llegar a las manos en Caritas. Con su apaciguador carácter y su dulce voz, Lorne era a menudo el mayor apoyo moral para Angel. A veces con cierto aire paternalista, pero siempre con la mejor de las intenciones, Lorne era el hombro sobre el que llorar para el vampiro. En sus palabras también podían advertirse con frecuencia ciertos tonos maternales. Era irónico que un demonio fuera el responsable de aportar la nota conciliadora y serena. Pero así era, y por ello Lorne acabó convirtiéndose en un valor insustituible dentro del universo de Angel.

Lorne y Angel puppet

Hacia el final de la segunda temporada, en el episodio irónicamente titulado “Más allá del arcoíris” (“Over the Rainbow”, 2.20) -nadie, a estas alturas, dudaba de las intenciones de los guionistas-, Lorne regresa junto al Team Angel a su dimensión, Pylea, para rescatar a Cordelia, que ha sido atrapada por la raza del demonio, conocida por esclavizar a los humanos (o “vacas”) que acaban extraviados allí. El regreso a casa abre los ojos (aún más) al demonio, que acaba convencido de que su lugar está en Los Ángeles. De esta manera, el arco argumental de Pylea nos viene a dar una lección muy importante: Debemos permanecer en el lugar (literal o figurativo) al que pertenecemos, sin olvidar el lugar del que provenimos, porque ese es el que nos define, el que nos invita a evolucionar en primer lugar, y al que hay que regresar de vez en cuando para reafirmarnos en nuestra existencia. A partir de ese momento, Lorne ya no solo ofrece consejo al equipo de Angel, sino que será uno más, aunque su trabajo sea hacer de niñera de Connor, vigilar el fuerte o coger el teléfono.

“My psychic friend told me I had to come back here. I didn’t believe her. Then I realized I did have to come back here, because… – I really always thought I had to come back here, deep down inside, you know? I had to come back here to find out I didn’t have to come back here.”

A medida que Angel avanza, y la trama se oscurece, la luz de Lorne empieza a atenuarse. Durante las temporadas tres y cuatro, Lorne acompaña a Angel en sus aventuras, enfrentándose principalmente al bufete de abogados, Wolfram & Hart, comprobando de primera mano la corrupción del espíritu humano. Poco a poco, la filantropía de Lorne se ve sustituida por cierto cinismo, lo que le lleva a concentrarse más en sí mismo. Lorne decide alejarse de Angel y se marcha a Las Vegas para perseguir su sueño en el mundo del espectáculo (a estas alturas, si Lorne no había salido del armario, es que no lo iba a hacer nunca, porque era más que probable que nunca hubiera estado dentro). Lorne encuentra su lugar en la ciudad de neón, su paraíso más allá del arcoíris. Sin embargo, allí vuelve a darse de bruces con la realidad sobre el ser humano, cuando se ve envuelto en una trama fraudulenta, en la que es obligado a leer las auras de los asistentes a su espectáculo, para encontrar a los más afortunados y robarles su suerte. A su regreso a Los Ángeles, Lorne se muestra feliz por volver a casa, pero los eventos que se suceden a continuación contribuyen a seguir deteriorando su espíritu. La relación entre Angel y Connor, el paso al lado oscuro de Cordelia o el advenimiento de Jasmine, sitúan a Lorne en una incómoda posición. El demonio nunca ha estado convencido de que su lugar sea junto a Angel, luchando, pero acaba aceptando resignado que quizás sea su destino.

Lorne Wolfram & Hart

La quinta temporada de Angel será la que acabará definitivamente con el optimismo de Lorne, y su esperanza en el ser humano. Angel y su equipo “heredan” Wolfram & Hart. Lorne, en un principio está encantado con su posición como relaciones públicas. Contactos en las esferas más altas de la sociedad, fiestas, poder. Sin embargo, como le sucede al resto del antiguo equipo de Angel Investigations, ese poder le acaba mostrando su reverso tenebroso. En la batalla final, Lorne recibe su última misión, acabar con la vida de Lindsay. El demonio, que es ya una versión desangelada de sí mismo, la acepta, con una condición. Después de llevarla a cabo, desaparecería para siempre.

“I’ll do this last thing for you, for us… but then I’m out, and you won’t find me in the alley afterwards.
Hell, you won’t find me at all. Do me a favor. Don’t try.”

En la última escena en la que Lorne aparece en Angel, el demonio viste una gabardina marrón que oculta su traje. Tras recibir un disparo de Lorne, Lindsay nos revela la devastadora realidad. Lorne ha sacrificado su color, su personalidad para convertirse en un “flunky” (un gris empleado más) de Angel, cuya última misión es dar la muerte menos digna posible a un gran enemigo (en lugar de otorgarle la gran última pelea contra su némesis, Angel manda a Lorne para que haga el trabajo sucio). Entonces Lorne deja caer la pistola y pronuncia sus últimas palabras, mientras se marcha de la escena del crimen: “Goodnight, folks”.

Este artículo fue escrito la misma mañana en la que saltaba la noticia de la muerte, a los 33 años, de Andy Hallett (martes, 31 de marzo de 2009), el actor que se escondía tras la verde piel de Lorne. Hallett falleció de un paro cardíaco, tras cinco años luchando contra una enfermedad del corazón. La contribución de Andy a la televisión, y en concreto al buffyverso, será siempre recordada por los whedonites como una de las interpretaciones más llenas de vida, y uno de los personajes más queridos de los que han nacido de la mente de Joss. Este fue mi pequeño e improvisado homenaje a Lorne, y a Hallett, que recupero nueve años después de la triste despedida del primero, y cuatro de la marcha del segundo. “Goodnight, Andy!

Andy Hallett Lorne

Personajes Whedon: Dawn Summers

Dawn Summers cabecera

Más allá del retcon

Dawn: Touch me and my sister’s gonna kill you.

El término retcon nace en los ochenta para referirse a una técnica narrativa frecuentemente utilizada en cómic. Retcon es la abreviatura inglesa de continuidad retroactiva (retroactive continuity), y puede definirse a grandes rasgos como un gran cambio en una trama de larga continuidad. Posteriormente fue aplicado al campo de la ficción televisiva. Cuando una serie alcanza un número determinado de episodios y los síntomas de agotamiento se hacen cada vez más evidentes, o se elimina o se añade algún elemento, sobreviniendo en ambos casos cambios que alargarán la vida de la serie, o la condenarán hasta su cancelación. Muchos retcon vienen impuestos por la marcha de actores que desean desmarcarse de sus personajes, por lo que se renueva plantilla y planteamientos argumentales, resultando en muchos casos en series completamente distintas a las que eran cuando comenzaron sus andaduras. El caso de Buffy, cazavampiros es uno de los usos del retcon más ingeniosos que se recuerdan en mucho tiempo. Tras una desubicada e irregular cuarta temporada (un puñado de episodios magistrales, y otros tantos no tan memorables), se hacía inminente un cambio de dirección en los acontecimientos. Buffy en la universidad no acababa de convencer a la audiencia, y la Iniciativa no era precisamente de ayuda. Por eso, Joss Whedon decidió introducir un nuevo personaje para complementar al Core 4: Dawn, la hermana pequeña de Buffy.

Sin embargo, la repentina introducción de Dawn (Michelle Trachtenberg) en la vida de los scoobies es mucho más que un retcon. Se trata de un homenaje, un análisis encubierto, un experimento autocomplaciente pero inteligente que Whedon y su equipo idearían no solo para aportar sangre fresca al reparto y renovar las tramas, sino para poner a prueba al espectador, y a la propia historia de la serie. La premeditación de Whedon se pone de manifiesto en el último episodio de la anterior temporada, en el que Tara avisa a Buffy de la llegada de Dawn en un sueño premonitorio: “Be back before Dawn”.

Michelle_Trachtenberg_Buffy_Season_6

Dawn aparece en los últimos segundos del episodio “Buffy contra Drácula”, el estreno de la quinta temporada, dejando a la audiencia en completo estado de shock al gritar, al compás de Buffy una perturbadora palabra: “¡Mamá!”. En el siguiente episodio, “Mi verdadero yo” (“Real Me”, 5.02), se nos invita a entrar en la mente de Dawn, narrándonos desde su punto de vista lo que parece ser un día normal en la vida de la hermana de la cazavampiros. La audiencia sigue desconcertada, hasta que descubre la verdad sobre Dawn: Es una llave que abre un portal interdimensional, protegida de la diosa Glory por unos monjes que la convierten en humano y la plantan a la fuerza en la vida de la cazavampiros, alterando la memoria de todos los que la rodean. Esta (relativamente) disparatada trama es prácticamente una figura literaria, una hipérbole cósmica, que explica, como si fuera a formar parte de un manual de guión televisivo, el concepto de retcon, sus implicaciones y sus consecuencias.

En muchas otras series, el elemento añadido, casi siempre un personaje, suele ser un bebé, resultado del oportuno embarazo de una de las protagonistas. En el caso de Buffy, Dawn es una niña en el umbral de la adolescencia, lo que supone una oportunidad para Whedon de poder seguir explorando uno de sus temas favoritos, la batalla que supone la adolescencia, o en este caso, el paso de la pubertad a la adolescencia. Dawn viene a ocupar el vacío que han dejado los otros protagonistas, que se enfrentan ahora a problemas más adultos, y ya de paso a complicarlo todo suponiendo un miembro más de la familia al que proteger (Dawn’s in trouble, must be Tuesday). La pequeña Summers es por tanto una herramienta narrativa que no oculta sus intenciones como tal, que al igual que tantos otros aspectos de la serie, rebosa autoconsciencia por los cuatro costados. Sus aventuras como la llave, la revelación de su identidad (o la ausencia de la misma) en el episodio “Lazos sanguíneos” (“Blood Ties”, 5.13), sus diatribas existenciales (“This is blood, isn’t it? It can’t be me. I’m not a key. I’m not a thing. What am I? Am I real? Am I anything?”) se trasladan a la propia audiencia, que es manipulada para aceptar a la hermanísima como tal, como una más de la familia.

Dawn y Buffy Summers

Cuando Buffy y Joyce descubren que Dawn es la llave, y que todos sus recuerdos han sido alterados para incluirla en sus vidas, no se comportan como se comportarían una madre y una hermana. Se distancian de ella, y actúan confusas y temerosas. Es en ese momento en el que la audiencia comienza a sentir compasión por Dawn. Whedon quiere que comprendamos que no importa cómo ha llegado ahí, Dawn es familia, tiene la sangre de los Summers, y por tanto, debe ser aceptada, más allá de la razón y el pensamiento lógico, siguiendo exclusivamente lo que dicta el corazón. Buffy y Joyce llegan a esa conclusión un poco más tarde que el espectador (si el experimento de Whedon ha funcionado), y a partir de entonces, ambas dedican sus vidas a proteger no solo la llave, sino también la integridad de su familia. Pero las cosas nunca salen como deberían en el buffyverso.

La tragedia irrumpe en la vida de las Summers. La muerte de Joyce es un catalizador para muchos personajes, y especialmente para la hermana pequeña de la cazadora. La pérdida de su madre deja a las hermanas huérfanas, y obliga a Buffy a adoptar el papel de figura materna. Dawn es una adolescente arquetípica, a pesar de sus orígenes. Es chillona, se queja de todo, hace montañas de granos de arena y odia a su hermana de la misma manera que la quiere y la necesita. Este acertado enfoque realista por parte de los guionistas, en oposición al noventa por ciento de los adolescentes televisivos norteamericanos, irónicos, agudos, y extrañamente maduros en sus diálogos, no evita que Dawn sea uno de los personajes más odiados de la serie. Muchos espectadores vieron a la hermana de Buffy como el principio del fin, el desencadenante de lo que más tarde sería la temporada más oscura de toda la serie. Más que retcon, shark. Para muchos espectadores (sobre todo los americanos), desde que Dawn aparece en escena, la serie decae sin remedio.

Dawn: You wanna know what I’m scared of, Spike? Me. Right now, Glory thinks Tara’s the Key. But I’m the Key, Spike. I am. And anything that happens to Tara… is ‘cause of me. Your bruises, your limp… that’s all me, too. I’m like a lightning rod for pain, and hurt… and everyone around me suffers and dies. I must be something so horrible to cause so much pain and evil.

Dawn es básicamente definida por sus relaciones con los que la rodean. En la quinta temporada, su carácter se explica a través de su relación con su madre y su hermana. Dawn está harta de ser la hermana pequeña, de ser ignorada, invisible (“She still thinks I’m Little Miss Nobody, just her dumb little sister. Boy, is she in for a surprise”). Por otra parte, su interacción con Xander en la quinta temporada es crucial con respecto a los acontecimientos de la séptima y última. Dawn ve a Xander como un protector, una mezcla de adulto y adolescente que lo sitúa ante sus ojos como alguien maduro, pero cercano a ella. De la misma manera, Spike, al igual que los demás, siente el deber de cuidar de ella, de protegerla de los peligros del mundo, llegando a convertirse en su niñera oficial. Por todo esto, Dawn es definida en términos relativos. Su identidad sigue siendo un enigma, como el de todo adolescente, a pesar de conocer la historia de su origen. La muerte de su hermana, que se sacrifica por ella y por el mundo, marca el camino a seguir para Dawn. A partir de ese momento, debe valerse por sí misma, debe luchar para conseguir lo más difícil de este mundo: vivir en él.

Buffy: Dawn, listen to me. Listen. I love you. I will always love you. But this is the work that I have to do. Tell Giles… tell Giles I figured it out. And, and I’m okay. And give my love to my friends. You have to take care of them now. You have to be strong. Dawn, the hardest thing in this world… is to live in it. Be brave. Live. For me.

A pesar de que en las siguientes temporadas Dawn sigue necesitando de los demás para continuar descubriendo su identidad y conocerse mejor a sí misma (y ya de paso, nosotros a ella), su crecimiento interior se va haciendo tan evidente como el exterior. Dawn madura, convirtiéndose en una joven determinada, valiente y luchadora. Pero el camino hacia la madurez no es fácil para nadie, y especialmente para ella. Al principio de la sexta temporada, descubrimos que la ausencia de su hermana le ha obligado a abrirse camino ella sola, pero sigue teniendo figuras adultas en las que apoyarse. Principalmente, Willow y Tara. Los problemas de adicción de Willow nos presentan al Whedon más conservador. A pesar de que este evita la moralina en todo momento, nos advierte de los peligros mundanos a los que se enfrenta el adolescente (básicamente sexo y alcohol, Tonight, On a very Special Dawn…). Dawn sufre las primeras consecuencias del síndrome de abstinencia de la bruja, y se convierte así en el contrapunto a las desventuras sexuales de su hermana o los problemas prematrimoniales de Xander y Anya. Así, la sexta temporada se adentra en terrenos más oscuros y deprimentes que nos muestran los dolores de crecimiento de todos los personajes. El distanciamiento entre Willow y Buffy, acerca a las hermanas, tras una temporada en la que la cazadora había apartado a todos de su vida.

Dawn Potential

La séptima temporada nos hace volver la vista atrás, y nos obliga a recordar la niña que Dawn fue. Si Dawn no se hubiera comportado como una adolescente en plena efervescencia hormonal, su madurez en la recta final de la serie no tendría el mismo sentido. En el episodio adecuadamente titulado “Potencial” (“Potential”, 7.12) , Dawn descubre que eso de hacerse mayor tiene que ver con aceptar el lugar que nos corresponde en la vida, y hacer de ello una máxima para seguir viviendo (los paralelismos con Anya son evidentes). En una de las escenas más emotivas de toda la serie, Xander le da la lección definitiva. Dawn ya no es una niña, y ella ni se había dado cuenta:

Xander: They’ll never know how tough it is, Dawnie, to be the one who isn’t chosen. To live so near to the spotlight and never step in it. But I know. I see more than anybody realizes because nobody’s watching me. I saw you last night. I see you working here today. You’re not special. You’re extraordinary.

A pesar de que el verdadero cierre del personaje de Dawn llega con las palabras de Xander en “Potencial”, y que como Willow, Anya o Xander, se retira figurativamente dejando todo el protagonismo a Buffy y Spike hasta el final de la serie, Dawn sigue siendo un apoyo esencial para la cazadora, muy a su pesar. Finalmente, Buffy comprende que su hermana no está dispuesta a quedarse en la sombra, mientras ella lucha para salvar su vida y la de los demás. Eso es lo que la hace humana, lo que la hace extraordinaria. En la batalla final, Dawn demuestra su determinación y madurez a su hermana mayor, que la mira con orgullo cuando le dice que no quiere despedirse de ella, porque “todo lo que digas va a sonar a adiós”. Al final, Dawn se ha ganado un lugar privilegiado (a la derecha de la cazadora) en el mundo, consiguiendo que todos a su alrededor, y todos los que asistimos a su crecimiento, olvidemos que todo comenzó con un simple retcon.

Personajes Whedon: Anya Christina Emmanuella Jenkins

Copyright Twentieth Century Fox Home Entertainment. For Editorial Use Only.

El sentido de la vida

Anya: I can just hear you in private. “I dislike that Anya. She’s newly human, and strangely literal.”

La primera vez que vemos a Anya en pantalla, en el episodio “El deseo” (“The Wish”, 3.09), de Buffy, no nos imaginamos la importancia que el personaje adquiriría más adelante en la historia de la cazavampiros. Al principio su presencia es meramente instrumental: Anya es un miembro más del séquito de la desternillante Harmony, una secuaz particularmente callada y distante. Tras ganarse la confianza de Cordelia desmarcándose de las animadoras cabezahueca, Anya desvela su verdadero rostro. Ella es Anyanka, un demonio vengador que concede deseos a mujeres despechadas que desean ver sufrir como un animal en el matadero al hombre que les rompió el corazón. Anya no se regocija en exceso de su trabajo, pero tampoco se anda con chiquitas. Concede cualquier deseo, por muy descabellado y sangriento que sea, sin remordimientos, sin sentir nada al respecto. Es un demonio. Pero sobre todo, una profesional. Cordelia cree que la responsable indirecta de sus desgracias (que básicamente se pueden resumir en “enamorarse de Xander Harris”) es Buffy Summers, por lo que su deseo la lleva a un mundo alternativo en el que la cazadora nunca puso un pie en Sunnydale.

Si bien Buffy Summers engloba los grandes temas centrales de la serie (la gran metáfora de la vida, convertirse en adulto, aceptar las Anya OMWFresponsabilidades, saber hacer uso de las capacidades de uno mismo, de nuestro poder), Anya sirve un propósito aún más ambicioso: descubrirnos el sentido de la vida, saber y entender qué es ser un humano, y por qué estamos aquí. Tras convertirse en humana (cuando su amuleto es destruido en “El deseo”), Anya inicia la más complicada odisea de su longeva vida (más de mil años): vivirla tal y como un humano lo haría. Sin embargo, la Anya humana no viene con todos los accesorios de serie. No está muy familiarizada con la ironía, no comprende que los humanos mientan, y hace de la sinceridad y la honestidad su manual de supervivencia, sin importarle a quién pueda herir con sus palabras (y no porque esté desprovista de compasión, sino porque sencillamente no entiende que la verdad pueda hacer tanto daño). Anya era a menudo el alivio cómico de Buffy, cazavampiros (incluso desplazando a Xander), con su habitualmente franca postura sobre el sexo, su pasión exaltada por el dinero (su verdadero primer amor humano) y su recién estrenada mente capitalista (una de las primeras lecciones sobre el ser humano que se aprendió) Pero sobre todo, por su aversión a los conejosBunnies, it must be bunnies!

El viaje existencial de Anya es un complemento perfecto al que realizan Buffy, Xander y Willow a lo largo de las siete temporadas de la serie. Mientras ellos luchan, cometen errores fatales, y aprenden de ellos, Anya se mueve por inercia, sin saber muy bien qué sentimiento va a abordarla en cualquier momento. En “El cuerpo” (“The Body, 5.16), conoce el de la pérdida, la vulnerabilidad ante la muerte natural y la impotencia que supone no poder hacer nada para evitarla. Entonces es cuando vemos a la Anya más humana hasta el momento, una recién nacida de veinte años que se doblega al fin a sus sentimientos más primarios. Pero ella sigue sin entender nada. Su cuerpo empieza a reaccionar como un ser humano, pero su mente sigue sin alcanzar a comprender el por qué de sentimientos tan arbitrarios y complejos:

Anya: “I don’t understand how this all happens. How we go through this. I mean, I knew her, and then she’s- There’s just a body, and I don’t understand why she just can’t get back in it and not be dead anymore. It’s stupid. It’s mortal and stupid. And-and Xander’s crying and not talking, and-and I was having fruit punch, and I thought, well, Joyce will never have any more fruit punch ever, and she’ll never have eggs, or yawn or brush her hair, not ever, and no one will explain to me why.”

La muerte de Joyce, junto con otros puntos de inflexión en su vida mortal, y sobre todo la guía para la vida que es su gran amor en la serie, Xander, hacen de Anya un personaje más rico, más complejo. Al final de la quinta temporada, Anya siente el peligro de la muerte más cerca que nunca, y confiesa a Buffy que quiere vivir, y que por eso está ayudando, por eso lucha junto a ella en el (uno de los) Apocalipsis. Por desgracia, los eventos del episodio “Campanas del infierno” (“Hell’s Bells, 6.16) vuelven a cambiar a Anya. Hasta el momento no había conocido uno de los sentimientos humanos más devastadores (o eso pensamos): un corazón roto. Xander abandona a Anya en el altar, dejando a la ex demonio sumida en un profundo estado de tristeza y confusión que la lleva a recordar por qué se convirtió en un demonio vengador. Anya alcanza otro cénit en su vida como humana, y quizás por ello, se acaba rindiendo.

Su regreso al gremio demoníaco inicia otro viaje de auto conocimiento. Anyanka ha vuelto, pero ya nada es lo mismo. Los residuos de su vida humana siguen estando ahí, demasiado frescos, demasiado presentes como para ignorarlos. Su descenso a los infiernos AnyaWeddingDressacaba en epifanía en el episodio “Desinteresadamente” (“Selfless, 7×05), en el que vemos a una Anya derrotada, un “ser humano” completamente dominado por su lado oscuro. “Desinteresadamente” es el episodio definitivo de Anya. En él se nos presenta a Aud, la mujer que más tarde se convertiría en Anyanka, y finalmente en Anya, y se nos descubre el motivo por el que decidió dedicar su vida a la venganza (y de paso, el por qué de su miedo a los conejos): la infidelidad de su marido, Olaf. Todo cobra sentido. El plantón de Xander el día de su boda se reinterpreta como un “trigger”, como la canción que cantaba la madre de Spike a su hijo. Un recuerdo que destapa un dolor oculto, y que hace volver a Anya a sus orígenes, a lo que conoce, a lo que mejor se le ha dado durante diez siglos: la venganza. En su enfrentamiento definitivo con Buffy, Anya muestra tendencias suicidas (“Stop trying to save me, Xander”), se ha rendido por completo, tanto de su vida como demonio, como de su vida humana. Por ello, le pide a D’Hoffryn (el demonio que otorgó a Aud sus poderes de venganza) que deshaga las atrocidades que ha cometido, a cambio de su vida. D’Hoffryn decide concederle el deseo, pero no sin darle la última lección, el castigo definitivo. Anyanka volverá a ser Anya, pero no tendrá el privilegio de no sufrir los remordimientos por sus crímenes. Estará condenada a vivir con el peso de lo que hizo.

Todo vuelve a empezar para ella, pero el bagaje ya no es el mismo. Anya parece haber encontrado por fin el camino a seguir, y no podría haberlo hecho sin el cierre necesario en su relación con Xander, sin aprender a estar sola. Pero paradójicamente, ella sigue desorientada. En el penúltimo episodio de la serie, vuelve a tener una epifanía, la más importante de todas. De nuevo en peligro por el que parece ser el Apocalipsis definitivo (siempre lo es), Anya comprende de qué va eso de ser un humano:

“I guess I was kinda new to being around humans before. And now I’ve seen a lot more, gotten to know people, seen what they’re capable of and I guess I just realize how amazingly… screwed up they all are. I mean, really, really screwed up in a monumental fashion. And they have no purpose that unites them, so they just drift around, blundering through life until they die. Which they know is coming and yet every single one of them is surprised when it happens to them. They’re incapable of thinking about what they want beyond the moment. They kill each other, which is clearly insane, and yet, here’s the thing. When it’s something that really matters, they fight. I mean, they’re lame morons for fighting. But they do. They never… They never quit. And so I guess I will keep fighting, too.”

La muerte de Anya en el último episodio de Buffy es a menudo tachada de gratuita e insustancial. La propia Emma Caulfield reconoció en la reunión del reparto para el décimo aniversario de la serie (2008) que no estaba muy contenta con la manera en la que su personaje acabó. Las palabras literales de Caulfield fueron: “Ella merecía algo más”. Parece que ni la propia Emma alcanzó a comprender el significado de la muerte de Anya, y sobre todo de que sucediera en un abrir y cerrar de ojos. Esa aparente falta de relevancia de su muerte impedía ver otros detalles mucho más importantes: Anya muere luchando, y defendiendo a otra persona (una que no le despertaba las mayores simpatías además), lo que nos remite directamente a su discurso pre-apocalítico del episodio anterior (leedlo una vez más). Es decir, Anya muere habiéndose convertido por fin, y completamente, en una humana. El ciclo se completa, y su muerte no es ni de lejos un insulto al personaje como muchos opinan, sino todo lo contrario, es todo un regalo, incluso una declaración de amor. Es en definitiva el broche perfecto (el único posible quizás) para uno de los personajes más férreos y coherentes de la serie. Pero lo más importante es que la muerte de Anya nos pilla a todos de sorpresa, a ella la primera (la atacan por la espalda). Y nos duele, nos afecta, pero nos hace comprender mejor su discurso filantrópico. Espada en mano a pesar del terror que vemos en su mirada durante su última escena, Anya -y Joss Whedon a través de ella- nos imbuye del espíritu luchador que recorre toda la serie. Ella es una de esas idiotas que luchan por lo que le importa, que no se rinden nunca. Anya muere, luego existe. Y través de ella nosotros comprendemos por qué seguimos adelante, aunque la mayor parte del tiempo, como ella, no entendamos nada.

AnyaBunny

Xena y el ejército de las tinieblas

Lo que nos echen

Cómics basados en series de televisión los ha habido siempre (la franquicia Star Trek lleva generando material gráfico desde los 60 sin apenas descanso), y por consiguiente, la influencia recíproca entre ambos medios lleva ocurriendo desde hace ya mucho tiempo. Sin embargo, no ha sido hasta hace unos pocos años que han convergido hasta el punto de mover en masa a la audiencia exclusivamente televisiva hacia las páginas de los tebeos. Me estoy refiriendo, por supuesto, a la gran repercusión de los cómics que continúan de manera oficial la historia de Buffy, cazavampiros.

Los cómics de televisión, con alguna que otra excepción, siempre han sido considerados subproductos dirigidos al fan completista, y por tanto, poco esfuerzo se ha invertido en ellos. ¿Para qué molestarse en buscar la calidad, algo que requiere tiempo y esfuerzo creativo, si el comprador potencial va a hacer la vista gorda si no la hay? Recordemos las historias de Mulder y Scully (de Expediente X) editadas para Topps y más tarde DC. El propio Chris Carter expresó su descontento ante lo que venía a ser un sucedáneo de las historias paranormales de los agentes del FBI, y los fans estaban con él. Otras exitosas series de principio del siglo XXI han sido trasladadas a las páginas del cómic, siempre con resultados que dejan bastante que desear. Si alguna vez os topáis con un cómic de Alias, salid corriendo.

Los chicos de Dark Horse ya habían explorado el buffyverso en numerosísimas ocasiones, a través de historias paralelas que recorrían los arcos argumentales de cada una de las siete temporadas de la serie, y “completaban” las historias de la cazadora. Lo cierto es que pocos números se acercaban remotamente a la calidad de la serie, y solo un especial titulado “Tales of the Vampires” (que seguía la estela de “Tales of the Slayers”, publicado poco antes) destacaba por su calidad. Escrito por Joss Whedon y algunos de sus colaboradores más habituales (Jane Espenson y Drew Godard por ejemplo), este especial, curiosamente, no revisaba la mitología de la serie como lo hacían los otros cómics del buffyverso. En lugar de eso, “Tales of the Vampires” aprovechaba algunas ideas y algunos personajes de Buffy, y brindaba a un plantel de interesantes guionitas y dibujantes la oportunidad de aportar su eclécticos y en algunos casos “alternativos” puntos de vista al universo de los vampiros según las reglas whedonianas. El resultado fue excelente, aunque seguíamos sin tener cómics ambientados en nuestras series de televisión que se acercasen a la calidad de las mismas.

Pero en 2008 todo cambió. Con la publicación de la octava temporada de Buffy en formato cómic, Joss Whedon se propuso fusionar ambos medios y sacar provecho de las posibilidades que le brindaban. Con Buffy y Angel terminadas, y cada vez más inmerso en la escritura de guión para cómics (Astonishing X-Men, Runaways), Whedon realizó un “cómic televisivo” de calidad, a años luz de los anteriormente editados por Dark Horse. Pero no es de la octava temporada de Buffy de lo que os quiero hablar en esta entrada (sí, me he esperado al cuarto párrafo para decíroslo). Eso ya lo hice en este articulito en el Whedonverso, donde además podéis leer otro artículo sobre Runaways, escrito por mi amigo Mariano Pardo. Lo que me ha llevado a escribir esto es la lectura reciente del crossover de Xena, la princesa guerra y El ejército de las tinieblas, de la mano de Dynamite Comics.

Sí, como leéis. No hay idea más disparatada que a la vez sea tan increíblemente lógica y coherente. Este crossover nace a la sombra de los cómics de la octava temporada de Buffy (y ¿por qué no? de los de la sexta de Angel, que no son nada desdeñables), y ha resultado ser, contra todo pronóstico, un cómic televisivo a tener en cuenta. Xena y Evil Dead, dos franquicias creadas por Sam Raimi, tienen muchos elementos en común (el humor absurdo, el histrionismo de sus personajes, el slapstick o el regusto a serie B, por nombrar unos pocos), por lo que una fusión de ambos universos en las páginas del cómic era una idea muy atractiva que no se podía dejar pasar. Y qué mejor momento para hacerlo que ahora.

Los cómics de Buffy han puesto el listón alto, así que los fans de Xena (muchos de ellos también fans de Buffy) no se iban a conformar con los subproductos pre-Buffy-Season-8. Es por ello que este crossover en dos volúmenes sigue la estela de Buffy (salvando bastante las distancias, tampoco nos pasemos), y consigue homenajear con ingenio y puntería los universos de Xena y Ash Williams. La familiaridad de estos personajes para el fan y el detallismo que desprenden los diálogos nos remiten indudablemente a la pantalla de televisión, donde vimos una y otra vez las aventuras de los dos héroes raimianos. Como ocurría con Buffy, leyendo los crossovers de Army of Darkness/Xena, “Why Not?” y “What… Again?!” podemos oír a Xena, Gabrielle, Atolycus o Ash a viva voz en nuestras cabezas, porque son ellos, y no burdas imitaciones desprovistas de los rasgos del original, como solía ocurrir en los cómics televisivos que ya hemos mencionado. Se produce aquí un caso ideal de intertextualidad que es difícil de alcanzar. Incluso en los crossovers dentro del mismo medio, a menudo nos encontramos con personajes que creíamos conocer y que se comportan de manera extraña. Esto no ocurre con Army of Darkness/Xena, quizás debido a que la complejidad no es el plato fuerte de sus personajes, con lo cual es más fácil que otros guionistas se ocupen de ellos y no encuentren demasiadas dificultades para “hacerles justicia”.

“Why Not?” es el primero de los encuentros entre Xena y Ash. No es más que otro viaje en el tiempo, esta vez hasta la era de la Princesa Guerrera (si es que algo así existe). Ash se une a Xena, Gabrielle y Atolycus (¡sí! nunca hay suficiente Bruce Campbell) para luchar contra un ejército de demonios voladores entrenados por uno de los mini-Ash del principio de El ejército de las tinieblas (un “aspecto oscuro” del protagonista). Este mini-Ash les enseña a construir motosierras, que usan para aterrorizar a las aldeas de la zona. De acuerdo, no suena precisamente a historia que pueda tomarse en serio, pero ¿desde cuándo algo made in Raimi lo ha sido? (no respondáis). La contraportada del cómic reza “¡Fans! Bruce Campbell y Lucy Lawless, ¡¿qué más necesitáis?! ¡El crossover que nadie pidió y nadie esperaba ya está aquí!” Y es verdad. Los fans leemos estos cómics buscando reconocer a nuestros personajes favoritos, y disfrutamos con su mera presencia. Por suerte, “Why Not?” no es solo eso. Es un cómic divertido, con una historia bien contada, que saca el máximo provecho de ambas franquicias y en el que aparece un tiranosaurio. Es lo que en inglés llaman un win-win.

El segundo volumen, “What… Again?!” es incluso más bizarro y retorcido que el anterior. Hay más viajes en tiempo, más acción, más sangre, más situaciones disparatadas. O sea, que es una secuela en toda regla. De vuelta al presente, Ash se encuentra con las consecuencias de haber inaugurado un hipermercado S-Mart en el mundo de Xena (!!!). Una legión de zombis infesta la ciudad, y Xena, Gabby y Atolycus van al rescate de Ash. El grupo huye de los zombis y se refugia en una biblioteca, para a continuación, Necronomicón mediante, visitar los mundos de varios clásicos de la literatura (entre ellos, el del El mago de Oz, como veis en la portada del cómic), y acabar encontrándose con el hijo de Gabrielle en un futuro apocalíptico en el que S-Mart es la fuente de todo mal. ¿Cómo os quedáis?. Evidentemente, el tono jocoso de los creadores del cómic sigue presente (“La secuela del crossover que nadie esperaba ya está aquí”) y la autoconsciencia inherente a los productos “para fans” como este sobresale de cada viñeta.

A pesar de no tomárnoslo demasiado en serio, Army of Darkness/Xena es un experimento curioso y reseñable si nos paramos a pensar en las posibilidades de fusión y complementariedad de la televisión y el cómic. Los tebeos de súper héroes llevan mucho tiempo influyendo a la televisión, temática, estética y formalmente (Smallville, Héroes, Misfits) y los volúmenes que recogen 4 ó 5 números de un cómic pueden plantearse como episodios de 40 minutos, con sus signos de puntuación, pausas para publicidad y sus cliffhangers. Ahora que las editoriales de cómics apuestan más fuerte por las franquicias televisivas (Dynamite también publica cómics de Battlestar Galactica, Stargate y de Xena en solitario), parece que la calidad de este tipo de productos está aumentando. Todo es posible en el mundo de los cómics, y si insistimos demasiado, quizás algún día asistamos a la visita oficial de Xena a Sunnydale, y si cruzamos los dedos, hasta puede que haya otro tiranosaurio involucrado.

El cuerpo de Angel, amén

Estoy leyendo un artículo sobre el cuerpo de Angel (el vampiro con alma). Es un artículo serio, de un libro de ensayos, serios (Undead TV: Essays on Buffy the Vampire Slayer), con artículos escritos por doctores y gente “importante”, pero en cada párrafo la autora se refiere a la cualidad “simultáneamente dura y blanda del cuerpo de Angel”, y yo no puedo tomármelo en serio, como comprenderéis.

Y si hay que escribir un artículo sobre el cuerpo de un personaje de Buffy, el uso del mismo para construir/utilizar el deseo en el público femenino y homosexual, y el contenido erótico/sadomasoquista de Buffy, ¿por qué Angel y no Spike? Andrew habría escrito sobre Spike.