Crónica de la Muestra Syfy 2016

Leticia Dolera Syfy

El 13 es un número especial, históricamente asociado a la mala suerte, y con el tiempo justo lo contrario, un símbolo de buena suerte para los que gustan de llevar la contra. Para los fans del cine fantástico, el 13 ha significado algo muy especial este fin de semana: una de las mejores ediciones de la Muestra Syfy. Nuestro mini-festival favorito se ha mudado de residencia, pero sigue viviendo en el mismo barrio. De los Cines Callao al Cine de la Prensa de Gran Vía, sin perder en la mudanza ni un ápice del entusiasmo que lo caracteriza.

Como todos los años, nos damos cita con la Muestra Syfy, organizada por el canal de televisión Syfy España, para ver cine de género (fantástico, ciencia ficción, terror, animación) durante cuatro días (este año del jueves 3 al domingo 6 de marzo). Una veintena de películas que han conformado una programación en la que, como de costumbre, han tenido cabida las ideas más disparatadas y las propuestas más curiosas. Muertos vivientes, fantasmas, zombies, demonios, extraterrestres y caníbales (por partida doble, que este año ha sido el de los antropófagos), todos se han reunido un año más para la gran fiesta del cine fantástico en Madrid.

Y como decía, aunque hayamos cambiado de emplazamiento, el espíritu de la Muestra sigue intacto. Por un lado gracias a la organización, que ha llevado a cabo el cambio de la forma más fluida (esperábamos que al cambiar de una sala grande a tres más pequeñas hubiera un caos mayor, y para nada), por otro a los seguidores (bautizados “mandanguers” -o mandangers- durante la última sesión del domingo), incansables, “motivados” y con ganas de darlo todo en las proyecciones, y por último, pero no por ello menos importante, gracias a la gran Leticia Dolera, que un año más se corona como la reina geek (Mandanga Queen) de nuestro país. Parece mentira, pero Dolera se supera cada año. El nivel de complicidad que ha alcanzado con los asistentes a la Muestra es increíble (para entender los chistes internos o la importancia de las palabras “mandanga” y “Canino” hay que haber estado allí), y se ha notado especialmente en esta edición, en la que, entre otras muchas cosas, ha recordado a sus compañeros de Al salir de clase con velas en la mano (in memoriam?), ha demostrado su amor por Buffy, ha llamado por teléfono a Raúl Arévalo, al que dejamos un mensaje de voz porque no lo cogió (y al que esperamos ver en la próxima edición, no nos falles, Raúl), ha cantado los precios de la cantina, ha reivindicado a Chicho Ibáñez Serrador (Goya honorífico ya), ha criticado (de bromi) a los actores españoles por no vocalizar, y por supuesto, ha repartido Huesitos entre el público. Todo del mejor rollo posible. Gracias, Leticia. Sin ti la Muestra no sería lo que es.

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Dicho esto, pasemos a hablar de las películas que hemos podido ver este año. Muchas de las que, por cierto, tienen distribución en España, así que anotad las recomendaciones. La Muestra dio el pistoletazo de salida el jueves 3 con el preestreno de La invitación, de Karyn Kusama, uno de los grandes éxitos de la pasada edición del Festival de Sitges, donde se alzó con el premio a la mejor película del certamen. Con un reparto de caras conocidas, sobre todo para el seriéfilo (Logan Marshall-Green, Michiel Huisman o John Carroll Lynch), La invitación es una cinta malrollera que recuerda a Coherence en sus ambientes y a La cena de los idiotas por su mala baba. Kusama sabe dosificar la información como si de un menú degustación se tratase y nos embriaga de tal manera que seguimos pidiendo más a pesar de que sintamos ya los ardores de las horas posteriores. Menos mal que tiene el detalle de ofrecernos un chupito digestivo para pasar el (mal) trago.

El viernes 4 nos deparaba más de una sorpresa. El primer día propiamente dicho de la Muestra arrancaba con la noruega Villmark Asylum, secuela de uno de los mayores éxitos cinematográficos del país nórdico que nos proponía de nuevo (“nos” es un decir, porque de los cientos que estábamos en la sala solo cuatro fans aplicados habían visto la primera) una historia de terror ambientada junto a un lago remoto, concretamente en un hospital abandonado donde se trataba a los enfermos de tuberculosis muchos años Imagen 2atrás. Como podéis imaginar por la descripción, Villmark Asylum es la típica película de “manicomio encantado”, y recurre a los tópicos y la imaginería habitual del género (fantasmas de pacientes y enfermeras deambulando entre pasillos, experimentos inmorales), donde por desgracia se queda completamente estancada sin saber qué contar. Un rollazo.

Las dos siguientes películas de la tarde sirvieron para arreglar el mal sabor de boca de Villmark 2 (su título original) y despertarnos de la siesta. En primer lugar, la británica Nina Forever nos planteaba una premisa sencilla a la par que interesante, con una historia romántica sobre un chico que perdió a su novia en un accidente y, cuando intenta iniciar una nueva relación (concretamente cuando practica el sexo con su nueva pareja), la novia se le aparece tal y como quedó tras el accidente para atormentarle a él y a la chica. Una metáfora sobre las relaciones y la pérdida que, a pesar de resultar demasiado evidente, da para muy buenos momentos, aunque al final se pierda por no saber cómo ni cuándo concluir la historia. Nos quedamos con la primera hora de la película, rebosante de sentido del humor, emotividad y erotismo, y con las interpretaciones de su trío protagonista, en especial las femeninas, Fiona O’Shaughnessy y Abigail Hardingham. En segundo lugar, llegó la esperadísima (y apaleadísima) nueva película de Eli Roth, The Green Inferno, y resultó ser uno de los mayores éxitos entre el público de la Muestra. Roth ha orquestado una película repugnante, nauseabunda, con los peores actores del mundo y autoconscientemente mala que se reveló como la oferta perfecta para la Muestra, como demostraron las continuas carcajadas y aplausos de la sala. Una cinta idónea para este tipo de ocasiones, en las que a veces es mejor no pesar demasiado lo que se está viendo y dejarse llevar. Eso sí, vais sobre aviso si decidís verla: al igual que su día Holocausto caníbal (de la que evidentemente bebe, y come, mucho) sus imágenes gore pueden provocar más de un mareo.

Las sesiones nocturnas del viernes nos dejaron otra sorpesa. Desafortunadamente no fue la española Vulcania, que fue recibida con indiferencia y aburrimiento generalizado (quizá si los responsables del film no hubieran estado en la sala presentándolo el público se habría ensañado más). El debut de José Skaf en la dirección de largometrajes es una oportunidad perdida, una película que recuerda demasiado a El bosque (aunque Skaf asegurase que todo parecido es coincidencia) y que, a pesar de su excelente factura y buen reparto, nos deja completamente a medias (aquí podéis leer una crítica completa de la película, que ya está en cines). A continuación , la primera sesión golfa de la Muestra 2016 nos presentaba la primera parte de la japonesa Parasyte, de Takashi Yamazaki, film que fue recibido cálidamente por el público del Cine de la Prensa. Parasyte, Part I  es la hilarante visión japonesa de la Nueva Carne de Cronenberg (se trata de la adaptación live action del manga del mismo nombre), con momentos cómicos muy conseguidos y una épica tan ridícula como convincente. Por una noche, Migi destronó a Huevón como rey de la madrugada Syfy.

BONE TOMAHAWK

El sábado por la mañana tenía lugar la primera sesión Syfy Kids, con la proyección de una de las nominadas al Oscar a Mejor Película de Animación este año, The Boy and the World, distribuida en España por Rita & Luca Films. La tarde comenzaba con la surcoreana The Piper, adaptación libre de El flautista de Hamelín que tiene lugar en una pequeña aldea azotada por una plaga de ratas, donde un hombre y su hijo hacen una parada para ayudar a los habitantes. La película de Kim Kwang-tae comienza como una comedia amable con toques de realismo mágico y en su tramo final se transforma en una historia oscura, trágica y macabra. Una película peculiar de la que se pueden destacar bastantes virtudes, entre las cuales por desgracia no se encuentra la consistencia. A continuación se proyectaba la caboyano-americana Listening, que juega con la idea de la manipulación de la mente y la creación de la telepatía, y que fue con diferencia una de las peores películas de la muestra. Llamarla amateur sería quedarse muy cortos. Una primera parte que copia descaradamente a Primer da lugar a una segunda mitad que adquiere tono épico-conspiranoico y se hunde en el mayor de los ridículos. Y lo peor de todo, el asqueroso machismo que recorre toda la cinta. Lamentable. Pero es que esa misma noche pudimos ver otro desastre de proporciones épicas, Generación Z (título español para The Rezort), una Parque jurásico con zombies en lugar de dinosaurios que, por muy atractiva que suene la idea, no podría haber dado lugar a una película más terrible. Y lo peor no es el planteamiento completamente absurdo (eso no es un problema en la Muestra), sino que ¡se toma en serio! y contiene un mensaje político que no podría estar hilado de forma más patética. Menos mal que justo antes habíamos disfrutado del plato fuerte del día, Bone Tomahawkwestern atípico cargado de humor, violencia extrema (condensada en su magnífica recta final, donde podemos ver una de las muertes más despiadadamente brutales y gráficas de la historia del cine) y grandes interpretaciones, en especial la de Richard Jenkins, que conquistó a la sala al completo. Una gozada.

Foto de Mara

El sábado muchos hicimos un paréntesis para asistir a la proyección del musical de Buffy, cazavampiros, “Once More, With Feeling” (6×07), una ocasión de lujo para poder ver en pantalla de cine uno de los capítulos más emblemáticos de esta serie de culto. El ambiente seriéfilo era inmejorable y nuestra anfitriona, Leticia, nos preparó una presentación genial. En primer lugar nos hizo un recorrido por la serie, resumiendo las temporadas y hablando sobre la experiencia que supone ser espectador de Buffy, en especial si se vio por primera vez durante la adolescencia (o post-adolescencia). A continuación recomendó el libro sobre Joss Whedon De la Estaca al Martillo, que como muchos sabéis, coordiné el año pasado junto a mi colega, amiga y admirada Cazadora Irene Raya. Aunque ya lo hice en persona, desde aquí quiero agradecer de todo corazón una vez más a Leticia por hablar del libro en la proyección (en dos proyecciones distintas, de hecho), fue un detalle precioso que convirtió lo que ya estaba siendo una gran Muestra en mi mejor Muestra. Por último, Dolera orquestó un gran momento fan junto a los fans de Buffy, haciéndonos ensayar un fragmento de la canción “Walk Through the Fire“. ¿El resultado? Juzgad vosotros mismos:

Y llegó el último día. El domingo suele ser una jornada de mayor relax en la Muestra, y este año ha cumplido esa norma. El día arrancaba con la polaca Demon, adaptación moderna de la leyenda del dybbuk judío que transcurre durante una boda tradicional en el campo. Una película divertida, surrealista e inteligente que acercaba el cine de autor europeo a la Muestra, demostrando que cualquier tipo de propuesta fantástica tiene cabida en ella. Demon resultó ser una de las películas más interesantes de este año, un relato impregnado de vodka e historia (la de unas ruinas que no se pueden o no se quieren reconstruir), de un humor absurdo y filosófico exquisito y una memorable interpretación protagonista, la de Itay Tiran. Su director, Marcin Wrona, se suicidó en 2015, dejándonos una excelente obra póstuma. Una pena no saber hasta dónde podía haber llegado su talento.

La tarde del domingo continuó con Jeruzalem, un found footage ambientado en la capital israelí y protagonizado por dos turistas americanas cuyas vacaciones se ven interrumpidas por el día del Juicio Final. The Paz Brothers abordan el hastiado género del metraje encontrado intentando revitalizarlo con un nuevo gadget: las Google Glass. De esta manera salen airosos del engorro que suelen tener todos los directores para justificar el hecho de que sus protagonistas no dejen de grabar. Pero más allá de eso, no hay nada verdaderamente destacable de Jeruzalem, además de su bello y original emplazamiento. Una película que sigue los dictados del género (y demuestra algo más que admiración por [REC], como advirtió después Dolera, o Cloverfield) y al menos entretiene y cumple su función a pesar de caer en el despropósito continuamente. Y después de Jeruzalem, dimos un giro de 180º grados en el tono para disfrutar de la (muy) británica Absolutamente todo, dirigida por Terry Jones (miembro de Monty Python, guionista de Dentro del Laberinto, que también se pudo ver en una sesión especial en homenaje a David Bowie), una comedia directamente salida de los 90 que recuerda demasiado a Como Dios, pero que resultó ser un soplo de aire fresco gracias a sus divertidos diálogos y al buen hacer de su protagonista, un carismático Simon Pegg demostrando que puede ser un gran leading manAbsolutamente todo también destaca por ser la última película de Robin Williams (en ella dobla al perro Dennis y nos deja algunos de los mejores momentos de la cinta) y por contar con las voces de lo Monty Python dando vida a los extraterrestres que otorgan los poderes al personaje de Pegg.

hiddleston high rise

La Muestra 2016 tocaba a su fin con la esperadísima High-Risepelícula dirigida por Ben Wheatley y escrita por él junto a Amy JumP a partir de la novela de J. G. BallardHigh-Rise venía precedida de mucha expectación, aunque acabó siendo una gran decepción (y no es que no nos lo hubieran advertido desde Sitges y otros festivales). High-Rise es una cinta post-apocalíptica retro-futurista que podría describirse (muy superficialmente) como una fusión de BrazilSnowpiercer. La película tiene un planteamiento muy interesante y suficientes elementos atractivos por separado (la estética, la música, la percha de Tom Hiddleston, el sorprendente talento de Luke Evans), pero en conjunto resulta fallida, sobre todo por un empeño, casi exhibicionista y provocador, en el estilo por encima de la sustancia, y la locura y el absurdo porque sí, lo que juega en detrimento de la historia. High-Rise se pierde en la no-narratividad hacia la mitad de su metraje y no se recupera, rematando su “relato” con una conclusión sobre-explicativa que subraya demasiado el mensaje y parece que ya va con recochineo. Probablemente estemos ante una obra incomprendida que será reivindicada como película de culto. Quizá solo sea una pretenciosa paja mental que acabaremos olvidando. El tiempo lo dirá.

Y hasta aquí otra Muestra Syfy llena de buen rollo, amistad y celebración de la cultura fan y el cine (y la tele) de género. Me despido con una de las frases más bonitas de Leticia Dolera, pronunciada (con toda sinceridad y convencimiento) durante una de sus encantadoras presentaciones:

“Axioma: Te gusta el cine fantástico y de terror, eres buena persona. Te gusta Buffy, eres buena persona”.

¡Hasta el año que viene, Mandangers!

Texto de Pedro J. García y David Lastra

Personajes Whedon: Cordelia Chase (II)

Cordelia II

I’d just like to say thank you. You believed in me when no one else would. Even in my darkest hours, you were there for me, and that means more to me than you’ll ever know. I guess what I’m really trying to say is, “I love you”. To all my fans, this is for you! (“Birthday”, 3.11)

¿Quién es Cordelia Chase? Esta pregunta tiene fácil respuesta (que no por ello breve) si nos referimos a la Cordelia que conocimos en Buffy, cazavampiros. Sin embargo, su paso por Angel nos complica la tarea considerablemente. Si bien Cordelia mantiene en Angel los rasgos más identificables que la convirtieron en uno de los personajes más carismáticos de Buffy (su descaro, su dudoso cociente intelectual o su intermitente superficialidad, por nombrar unos cuantos), es justo referirnos a la de Cordelia como una de las evoluciones de personaje más extensas, intrincadas, y quizás por todo ello, irregulares del Whedonverso.

La Cordelia de Los Ángeles es sin duda el mismo personaje que la popular animadora de Sunnydale, y al mismo tiempo es otro completamente distinto. Esto se debe a varios factores. Su desarrollo como personaje en Buffy, a pesar de ser coherente y satisfactorio, no deja de ser el propio de un personaje comparsa. Si lo pensamos, Cordelia, a pesar de figurar en los créditos iniciales como “star” desde el piloto de Buffy, siempre obtuvo un tratamiento narrativo más cercano al de personaje secundario que es utilizado generalmente como alivio cómico. Sin embargo, la fuerte personalidad de Cordelia, y su tumultuosa odisea personal, la convertían en un ente narrativo sólido y para muchos, un personaje whedon inolvidable.

I’m from Sunnydale. We had our own Hellmouth. I think I know a vampire when… I’m… alone with him… in his… fortress-like home (“City of…”, 1.01)

El escaso tiempo de pantalla para Cordelia en Buffy –sobre todo al principio- es quizás una de las razones por las que el personaje obtuvo un desarrollo más redondo en la serie madre que en su spin-off. El caso de Cordelia es análogo al del propio Angel, personaje que pasa de segundo a primer plano y obliga a los guionistas a dotarlo de un mayor número de dimensiones, de aristas. Manejar y desarrollar a estos personajes puede ser una tarea dificultosa (siempre fluctuando entre lo que fueron y lo que deberían ser a partir de ahora), y de no hacerlo bien obliga al espectador a valorar si el personaje realmente tenía potencial para llevar el peso de una historia principal.

Cordy Angel

Por lo tanto, esta actualización del personaje lleva consigo un tratamiento necesariamente más profundo. En primer lugar, Cordelia se encuentra en un nuevo hábitat, más hostil de lo que ella esperaba, y debe aprender a desenvolverse con otros recursos. Mientras en Sunnydale era la reina, en Los Ángeles es tan solo un alma más a la deriva en la gran ciudad. El inicio oficial del viaje de Cordelia hacia la madurez puede identificarse en el episodio “Rm w/a Vu” (1.05), el primero centrado en su personaje. En él, Cordelia comienza la búsqueda de un nuevo apartamento, a la vez que nos da a conocer una búsqueda mucho más profunda, en la forma de su propia redención. Cordelia cree que su fracaso como actriz en Hollywood y su insatisfactoria vida en Los Ángeles es un castigo por su comportamiento en el instituto. Tras luchar contra sus fantasmas –y los que tienen las llaves de la que quiere que sea su nueva residencia a toda costa-, y gracias al apoyo de Angel, que le ayuda a reafirmar su identidad (“You’re Cordelia Chase”), alcanza su primera epifanía en la serie. Con cuatro sencillas palabras, “The bitch is back!” Cordelia nos recuerda con quién estamos tratando. Paradójicamente, el personaje dejará de ser la queen bitch que todos conocíamos para convertirse con el tiempo en un apoyo incondicional, un ejemplo de sensatez y un paradigma de sacrificio. En Cordelia, la auto consciencia es el primer paso hacia el cambio.

Sin embargo, el protagonismo de Cordelia en Angel es relativo, al menos durante la primera temporada de la serie –y concretamente durante los primeros nueve episodios. En este sentido, Joss Whedon y David Greenwalt no sitúan a Cordy bajo los focos de manera abrupta, sino que continúan tratándola como un personaje secundario en algunos aspectos: su tiempo en pantalla sigue siendo reducido en comparación con el absoluto protagonista de la serie, Angel, y su papel durante los primeros episodios se ve limitado al de compañera –más bien inútil- de oficina y ocasional dama en apuros –algunos de sus rasgos más identificables siguen ahí, pero, como decíamos antes, existe voluntad de cambio. Al comienzo, el personaje no es más que un reclamo para atraer a la audiencia más fiel de Buffy a ver Angel, que durante sus primeras temporadas adolecerá de una profunda dependencia de su serie madre –además de Cordelia, Wesley Wyndam-Pryce formará parte del equipo de Angel, y esto, junto a los abundantes crossovers entre ambas series durante los primeros años hará que Sunnydale parezca más cerca de Los Ángeles que en las tres últimas temporadas del spin-off.

Cordelia Angel Investigations

No es hasta el episodio 1.10 (“Parting Gifts”) cuando Cordelia se convierte en un miembro verdaderamente activo de Angel Investigations –habiendo asumido anteriormente el fracaso de su sueño hollywoodiense y su papel en la lucha contra el mal- gracias a los poderes que Doyle le deja en herencia, muy a su pesar. The Powers That Be escogen a Cordelia como portadora de las visiones premonitorias del demonio, con el propósito de ayudar a Angel en su camino a la redención. A su vez, el propio Joss, junto con su delegado Greenwalt –los Powers That Be en Mutant Enemy, claro-, hacen lo propio con el personaje, confiar en su potencial de desarrollo para las próximas temporadas, y por lo tanto, otorgarle mayor protagonismo. Se trata del comienzo de la verdadera evolución de Cordelia en Angel, que pasará por distintas etapas, cada cual más extrema: princesa de otra dimensión, medio demonio, ser superior, madre del mal, y por último, ángel de la guarda.

I didn’t ask for this responsibility, unlike some people who shall remain lifeless (“Parting Gifts”, 1.10)

Durante la primera temporada de la serie, Cordelia se mueve entre la fragilidad provocada por su fracaso en la gran ciudad, el dolor que le causa su nueva condición física y la fuerza innata de su carácter. El bagaje que el personaje trae de la Boca del Infierno marca fuertemente su personalidad en la ciudad. Sin embargo, Cordelia, lejos de dejarse amedrentar por su pasado, usará sus experiencias más traumáticas en Sunnydale como escudo y manual de supervivencia. Es otro signo más del imperante girl power que todas los féminas whedonianas exponen en mayor o menor medida. El cambio más significativo con respecto a la Cordelia de Sunnydale es motivado por sus primeras experiencias como sidekick de Angel y, principalmente, por su relación con Doyle. Tras años convencida de que su lugar en el mundo es la alfombra roja –idea que sin embargo no abandona, al menos hasta la tercera temporada-, Cordelia acaba asumiendo una realidad: lo quiera o no, pertenece al equipo de los bienhechores. Por lo tanto, su lugar está en la sombra, junto a los héroes que salvan el mundo sin salir en la televisión. Este será el sacrificio que convertirá a Cordelia en un personaje moralmente superior, y que definirá su trayectoria en la serie. Tomando conciencia de su papel en la lucha contra el mal –con determinación, a pesar de las continuas quejas por los gages del oficio-, Cordelia comienza a lograr la atención que tanto deseaba antes de mudarse a Los Ángeles. Solo que no viene de quien ella esperaba.

Las visiones de Doyle no solo sirven como punto de partida hacia la madurez de Cordelia, sino que también –y sobre todo- son el motor de prácticamente todas las tramas episódicas de la serie. Antes de que esto se convierta en un lastre para el personaje, Cordelia protagoniza varias tramas al margen de sus poderes, desmarcándose así de su habitual papel de apoyo al protagonista y de secundaria en las tramas principales. Todo cambia con el arco especial de tres episodios que deja en suspenso la historia principal de la segunda temporada (Darla tendrá que esperar). Cordelia pasa a primer plano, y lo hace por todo lo alto, como princesa de la dimensión natal del demonio Lorne, Pylea, donde, entre otras cosas, goza de sus tan ansiados quince minutos de gloria (“In quite a hurry to get back to the “Cordelia is not a Princess” dimension, aren’t ya?”), conoce a uno de los hombres de su vida –el leal Groosalug– y se acerca a su segunda experiencia como útero demoníaco.

Cordelia fights

La relación entre Angel y Cordelia se afianza en la tercera temporada, en primer lugar como consecuencia de la segunda muerte de la cazavampiros –Cordelia siempre será el principal hombro sobre el que llorar para el vampiro-, y más tarde sirviendo de apoyo indispensable en la breve experiencia de Angel como padre, y de nuevo, como consuelo tras la prematura pérdida de su hijo. Durante este tiempo, Cordelia irá convirtiéndose progresivamente en un personaje con ciertos tonos paternalistas y cuyo papel será principalmente el de apoyo moral y voz de la razón. Sin embargo, al mismo tiempo ocupará un puesto cada vez más físico en las misiones de Angel Investigations, convirtiéndose, gracias al entrenamiento de Angel, en otra chica whedoniana que aprende a dar sus propios puñetazos en lugar de esconderse detrás del héroe mientras este la salva.

Cordelia: I’m wearing pants.
Billy Blim: So you can dress like a man? Talk like a man? Does that make you feel superior?
Cordelia: Actually, I’m feeling superior because I have an arrow pointed at your jugular. And the irony of using a phallic-shaped weapon… not lost on me. (“Billy”, 3.06)

Antes de ser ascendida, literalmente, por los Powers That Be, para ocupar un puesto hecho a su medida como ente divino en un plano superior, Cordelia atraviesa su etapa más dura como empleada de las causas justas. A medida que sus visiones son cada vez más reales, las secuelas de las mismas se vuelven más permanentes, hasta dejarla en un estado de coma/proyección astral en el episodio que supone con toda seguridad el mayor punto de inflexión para el personaje, “Birthday” (3.11). Este capítulo compendia excelentemente el viaje de Cordelia hasta el momento, de egocéntrica y superficial estrella en ciernes a figura materna y abnegada heroína. El jocoso demonio Skip hace las veces de fantasma del pasado, presente y futuro en el propio Cuento de Navidad de Cordelia –solo que no es Navidad, sino su cumpleaños- y le ofrece quedarse en una realidad alternativa en la que disfruta de su tan anhelado éxito –en esta realidad Cordy es protagonista de una exitosa sitcom- a cambio de olvidar su vida junto a Angel. Como es de esperar, Cordelia no acepta el trato, puesto que de hacerlo, ya no estaría cumpliendo su sueño, sino dando la espalda a la que reconoce como su verdadera vocación: luchar contra el mal.

Tras ser consciente de la importancia de su contribución a la empresa de Angel –que sin ella, y tras la muerte de Doyle, devoluciona en un ser salvaje y demente- y comprobar que estaba predestinada a recibir los poderes de Doyle, Cordelia regresa convertida en su mejor versión posible. A su vez, “Birthday” nos muestra que quizás la relación entre Angel y Cordelia pueda estar definida por el amor romántico –algo que se adelantaba, aunque fuera a través de un encantamiento, en el episodio “Waiting in the Wings”, 3.13. El final de la temporada confirma esta idea, y nos muestra a Cordelia dispuesta a entregarse a una historia de amor con Angel. Sin embargo, los Powers That Be –o como veremos más adelante, Jasmine- le impiden llegar a su cita con el vampiro, para alivio de muchos, entre ellos, quien esto escribe.

Cordy Angel 2

Se puede decir que Cordelia alcanza su cénit como personaje al ascender al cielo de la noche angelina en el episodio final de la tercera temporada de Angel (“Tomorrow”, 3.22). Esto se debe a que la Cordelia de la cuarta temporada es otro personaje totalmente distinto, una vaina para un huésped que quiere traer al mundo un vástago del mal –y esta vez uno que no escatima en preparativos, disponiendo los elementos de la realidad a su antojo para llevar a cabo su plan. La Evil Cordelia no es en realidad sino una marioneta, totalmente inconsciente de sus actos. No obstante, esto es suficiente para que todo su arco argumental durante la temporada sea percibido como el desvirtuamiento de un personaje que ya ha alcanzado su madurez plena y para muchos debía haberse quedado tal y como estaba –que Cordelia se acueste con Connor, el hijo adolescente de Angel, es un ejemplo del extremo al que se lleva al personaje, aunque como decíamos, no se trate realmente de nuestra Cordelia en ningún momento.

Las malas lenguas apuntan a los encontronazos de Charisma Carpenter con el propio Whedon tras quedarse embarazada, obligando a reescribir la temporada entera. La leyenda urbana cuenta que el final de Cordelia, que casi sin que nos demos cuenta cae en un coma irreversible tras dar a luz a Jasmine y desaparece sin más, es un castigo del autor a la actriz –circula una historia muy parecida sobre el papel de Xander en Buffy. A pesar de esto, lo cierto –y paradójico- es que Evil Cordelia supone para Carpenter una oportunidad idónea para demostrar sus dotes como actriz –hasta el momento, y perdonadme, bastante escasos-, algo que salta a la vista durante posteriores visionados de la serie, que nos permiten apreciar mejor los matices de una interpretación con más capas de las que pudiera parecer.

Ya sea para acallar las voces que acusaban a Whedon de perjudicar la historia con su vendetta personal o para dar cierre verdadero al personaje –lo contrario no sería normativo en un trabajo vinculado a su nombre-, Cordelia regresa esporádicamente durante la quinta y última temporada de Angel, en uno de los episodios favoritos de los seguidores de la serie, “You’re Welcome” (5.12). En él, el Team Angel recibe la inesperada noticia de que Cordelia ha despertado de su coma, sorprendentemente, más fabulosa que nunca. Por otra parte, Lindsay ha vuelto a Wolfram & Hart para acabar definitivamente con Angel, y Cordelia presta su ayuda al vampiro por última vez para derrotarlo. Siguiendo el desarrollo natural del personaje tal y como quedó al final de la tercera temporada, Cordelia ejerce de guía espiritual de Angel a la vez que lucha a su lado, katana en mano.

Cordelia You're Welcome

En la que es la perfecta coda para el personaje, Cordelia reafirma su identidad como pilar principal en la lucha del vampiro contra el mal, y lo que es más importante, en su recorrido personal. A pesar de que se hace hincapié en el velado amor que sienten mutuamente -¿puede Angel amar a alguien que no sea Buffy?-, lo importante es que Cordelia, no importa desde dónde, será fiel a su promesa de ayudar a Angel a encontrar su redención. Al final del episodio, Angel recibe una llamada del hospital informando de que Cordelia ha fallecido, sin haber despertado del coma en ningún momento (Los Serrano plagiaron esta escena, por cierto). Es el momento en el que asumimos el final de Cordelia. El personaje que comenzó como un estereotipo caracterizado por su frivolidad y materialismo se despide como adalid de la perseverancia, la madurez, y el compromiso. Y esa es mi Cordelia.

Cordelia: I naturally assumed you’d be lost without me, but this?
Angel: I am lost without you.
Cordelia: You just forgot who you are.
Angel: Remind me. (“You’re Welcome”, 5.16)

Personajes Whedon: Cordelia Chase (I)

cordelia cabeza alta

No puedes comprar a Cordelia

Darn, I have cheerleader practice tonight. Boy, I wish I knew you were gonna be digging up dead people sooner. I would’ve cancelled. (Cordelia Chase, “Some Assembly Required”)

Solemos pensar que no hay demasiadas cosas dejadas al azar en el whedonverso, por tanto, es inevitable conjeturar que el nombre de pila de Cordelia Chase no fue una elección aleatoria. Hacerla tocaya del personaje de El rey Lear de William Shakespeare parece una decisión premeditada si atendemos al modus operandi de Joss Whedon y observamos algunas características en común entre ambas.

Los autores Gregory J. Thompson y Sally Emmons-Featherston, en su artículo “What Shall Cordelia Say?” sitúan a la Cordelia de Buffy cazavampiros como una de las claves para entender la serie como una morality play en la línea (salvando las distancias formales) de la obra de Shakespeare. Cordelia se revela a través de su nombre como alegoría, y haciendo esto, nos descubre al resto de personajes y sus andanzas como representaciones simbólicas de varios aspectos de la vida, y concretamente de lo que supone madurar y tener que encontrar un propósito y un lugar en el mundo. Sin embargo, Cordelia no es un vehículo de representación existencial en la línea de otros personajes ya analizados en este blog, como Anya, Dawn y Lorne. Ella es un personaje con una identidad (humana) claramente establecida desde su primera aparición (aunque acabe siendo despojada de ella, y forzada a buscar un camino alternativo para recuperarla).

Más allá de este paralelismo con la de Shakespeare, a simple vista, y a priori, nuestra Cordelia no comparte más características con la hija menor del rey Lear, una mujer de corazón, valiente y compasiva. Si bien esos calificativos no pueden aplicarse a la ligera a un personaje como Cordelia Chase en la primera temporada de Buffy, comenzamos a atisbar alguno de ellos a medida que la trama de la segunda temporada va tomando forma, y Cordelia se va acercando al grupo de la cazavampiros. Pero no es hasta su marcha a Los Ángeles (es decir, al spin-off de BuffyAngel), cuando empezamos a reconocer en ella claramente esos cambios culminantes en la Cordelia que despedimos en “You’re Welcome”, su episodio final en Angel.

Cordelia The Wish

El largo recorrido vital de Cordelia consta de tantas etapas, todas ellas igual de interesantes, que me veo obligado a dividir este artículo en dos, y tratar en primer lugar a la Cordelia de Sunnydale, dejando para más adelante a la de Los Ángeles.

Cordelia no solo se presenta como la reina del instituto desde el primer momento en el que aparece en “Welcome to the Hellmouth”, sino que inmediatamente deja claro su estatus como reina de los one-liners y robaescenas por excelencia. La Cordelia Chase de Sunnydale es más norteamericana que una taquilla de instituto. Exceptuando el curioso hecho de que en este caso, la chica más popular del instituto sea morena y la renegada social sea rubia, Cordelia responde a todos los estereotipos adolescentes norteamericanos vistos en cine y televisión en las últimas dos décadas. La Queen C es superficial, está completamente obsesionada con su imagen y con su lugar en la pirámide social del instituto y solo tiene dos cosas en la cabeza, su pelo y su preocupación por él. Además de esto, el personaje no deja de ser (originalmente) un alivio cómico más, un personaje secundario cuya función es aparecer en dos o tres escenas en cada episodio y dejar caer alguna bomba en forma de los mencionados one-liners, para más tarde desaparecer de la trama.

Al menos esto fue así hasta “Out of Mind, Out of Sight”, episodio de la primera temporada en el que Cordelia adquiría protagonismo, y que resultó ser uno de los mejores del primer año de la serie. En él, Cordy pasaba a primer plano para dejar entrever que había mucho más bajo la superficie, y que el personaje merecía más presencia en la serie. El episodio contaba la historia de una estudiante del instituto de Sunnydale que se hacía invisible tras ser completamente ignorada por sus compañeros durante un largo periodo de tiempo. Su evidente no-relación con Cordelia y los eventos que esto conllevaba sirvieron en este episodio de crítica a la sociedad actual, y a su tendencia cada vez más radical al culto del yo. Y de eso sabía mucho Cordelia.

“People who think their problems are so huge craze me. Like this time I sort of ran over this girl on her bike. It was the most traumatizing event of my life, and she’s trying to make it about her leg! Like my pain meant nothing! (Cordelia Chase, “Out of Mind, Out of Sight”)

Como todos los personajes femeninos de Whedon, Cordelia, a pesar de las reticencias iniciales, es otro exponente del girl power dentro de su obra. Sin embargo, Cordelia se diferencia de casi todas las demás en sus armas de defensa. La fuerza del personaje reside en su orgullo y en la alta concepción que tiene de sí misma, y de esta manera, su mayor defensa es la gruesa capa de autoestima que la protege. Esto sitúa a Cordelia como la reina incontestable del instituto, campo de batalla en el que no tiene rival. Al menos hasta que llega Buffy Summers. La irrupción de la cazavampiros en el apacible reino de Cordelia pone en peligro su estatus. Pero no por las razones obvias (el peligro a ser sustituida por otra adolescente más popular) sino porque Buffy, y más tarde Xander, le harán descubrir un mundo en el que quizás no sea tan bueno ser la reina. Se podría decir entonces que Buffy le roba el trono, aunque no para ocuparlo.

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Uno de los aspectos centrales en la construcción y evolución del personaje de Cordelia es su relación con Xander. A pesar de llevar años compartiendo clases -y ejerciendo de sofisticado y viperino bully contra él y su amiga Willow-, es la novata la que le empuja finalmente a relacionarse de verdad con el geek Harris. A medida que avanza el curso, Cordelia va teniendo cada vez más encontronazos con la cazavampiros y los que ya son su séquito de incondicionales. La especial fijación que tiene por Xander salta a la vista desde el principio. A pesar de que ambos se resisten, el desconcertante interés de Cordelia por Xander (y el de Xander por Cordelia, que tiene que ver más con las hormonas) los lleva a iniciar un divertido romance a partir de la segunda temporada. De esta manera nace una de las parejas más descacharrantes del buffyverso. Al final, los dos alivios cómicos de la serie acaban convirtiéndose en los protagonistas de algunos de los momentos más hilarantes de las primeras temporadas de Buffy.

“You’re a sheep. All you ever do is what everyone else does just so you can say you did it first. And here I am, scrambling for your approval, when I’m way cooler than you are ‘cause I’m not a sheep. I do what I wanna do, and I wear what I wanna wear. And you know what? I’ll date whoever the hell I wanna date. No matter how lame he is” (Cordelia a Harmony, “Bewitched, Bothered and Bewildered”)

La relación de Cordelia y Xander representa el triunfo del everyman adolescente que suele servir como desenlace de muchas comedias teen de los 80. Cordelia es el sueño hecho húmedo del nerd, una suerte de trofeo para el empollón que nos viene a enseñar que es posible invertir las convenciones sociales. Además, por extensión, su relación con Xander la convierte en última instancia en un miembro más del equipo, parte activa de la scooby gang, sumándose así al discurso universal y particularmente whedonianola unión hace la fuerza“. Y no solo eso. Reconocer a Cordelia como scooby, como parte integral del grupo de Buffy Summers, proporciona una satisfacción al espectador que alude directamente a su capacidad compasiva y empática. Ver al malo unirse a los buenos tras un recorrido de auto conocimiento y una serie de cambios suele tocar la fibra sensible del espectador, que estará dispuesto más adelante a admitir en el grupo a un demonio milenario o un vampiro con siglos de atrocidades cometidas a sus espaldas. De acuerdo, Cordelia no es un demonio (aún no), no es una villana, pero es una antagonista, y cuando por fin se reconoce como “una de los nuestros” es aceptada por el espectador con los brazos abiertos.

“Everyone knows that witches killed those kids. And If you hang with them, expect badness, ‘cause that’s what you get when you hang with freaks and losers. Believe me, I know. That was a pointed comment about me hanging with you guys”. (Cordelia Chase, “Gingerbread”)

Xander y Willow enseñan una valiosa lección a Cordelia: es mucho más satisfactorio ser parte (distinta) de un grupo que ser un individuo exitoso y popular que al final no sea más que un clon dentro de un mismo grupo social. Cordelia se acerca a Xander sin darse cuenta de que eso constituye el primer paso del proceso de búsqueda personal de su propia identidad al margen del grupo al que pertenece. Ella se mantiene reacia todo el tiempo, pero casi inconscientemente va desarrollando una identidad adherida al grupo de los scoobies, y alejada de Harmony (una de sus secuaces y candidata al trono de Sunnydale High) y las demás.

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Claro que Cordelia nunca dejó de ser Cordelia. En la localidad infestada de vampiros, demonios y humanos con poderes ocultos, Cordelia se las apaña para seguir siendo una especie de autoridad local. Sus poderes son terrenales, son los que uno necesita para luchar en el mundo real, en los pasillos del instituto. Es por eso que Cordelia es una figura respetada en sus círculos, es vista como un personaje especial, con poderes especiales (dinero, belleza y el poder que ello conlleva, los valores más importantes en la sociedad de masas). Cordelia se adhiere a las normas sociales según cánones actuales. Y lo sigue haciendo, aunque desafíe esas normas enamorándose del mayor paria del instituto, manteniéndose de alguna manera fiel a sí misma, a pesar de los cambios que experimenta.

“Listen up, needle brain, Buffy and I have taken out four of your cronies, not to mention your girlfriend. I haven’t even broken a sweat. See, in the end Buffy’s just the runner up. I’m the queen. (Cordelia Chase, “Homecoming”)

A pesar de tener a Xander en común, la relación entre Cordelia y Buffy nunca llegó a prosperar del todo. A lo largo de tres temporadas, ambas mantuvieron las distancias, y no se convirtieron en mejores amigas (quizás porque habría sido un poco inverosímil). El cénit de la tormentosa relación entre Buffy y Cordelia tiene lugar en el episodio “Homecoming”, en el que ambas luchan de la mano por su vida, y cada una por su cuenta por la corona de la reina del baile. Es en este episodio cuando vemos a la Cordelia más guerrera (en el sentido más comiquero de la palabra), a la que más tarde veremos emerger en Angel. Sin embargo, a pesar de la importancia del triunfo físico contra la amenaza demoníaca, el episodio supone más bien una reafirmación de la Cordelia original, la de siempre, la verdadera reina de Sunnydale, capaz de vencer cualquier contratiempo con sus armas infalibles: la convicción, la belleza y la auto suficiencia.

No obstante, la paradoja se nos viene encima cuando analizamos el origen de esos puntos fuertes en el personaje. Cordelia es una mujer fuerte, pero su fuerza está en directa relación con las figuras masculinas a su alrededor. Su imagen (la marca Cordelia) cuesta dinero, y papá está dispuesto a pagar lo que sea para mantenerla. Al final, y a pesar de su reafirmación en “Homecoming”, nos queda la duda de si Cordelia es capaz realmente de valerse por sí misma. Por suerte, esta duda también le asalta a ella.

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Pero, ¿qué pasa cuando Xander le es infiel con la otra mayor paria del instituto, su mejor amiga, Willow? Cordelia toca fondo (y en ese fondo, además, es empalada). Sin dudar un momento, achaca todos sus problemas a Buffy Summers, la persona cuya irrupción en su vida trastornó su visión del mundo. La antigua Cordelia Chase regresa (aunque ya hemos visto que nunca se fue del todo), pero el mundo ya no es el mismo y hace tiempo que el trono dejó de estar disponible para ella. Las normas sociales tal y como ella las conocía ya no son aplicables a su vida, y empieza a ver el mundo de otra manera. La propia Cordelia descubre que es ella la que ha cambiado. Irónicamente, acaba convirtiéndose en paria, lo que le obliga a replantearse su vida.

Por si no fuera suficiente con la infidelidad de Xander, Cordelia pierde uno de los poderes que aún le quedaban: el dinero. Su padre es detenido por evasión de impuestos, lo que lleva a la familia a la ruina, y a Cordelia de cabeza a trabajar en una tienda de ropa. Cordelia lo ha perdido todo, su orgullo, su identidad y estatus social. A pesar de que Xander le devuelve momentáneamente sus poderes al regalarle el vestido para el baile que ella no se puede permitir, ya no queda nada que le una a Sunnydale, ni siquiera él. Tras la graduación -en la que lucha contra las fuerzas del mal junto a sus compañeros una última vez- , Cordelia se marcha a Los Ángeles.

Podemos verlo como la historia de un fracaso o el ocaso de una reina. O también podemos pensar que tanto Sunnydale como la pista de baile del Bronze se le han quedado pequeños a Cordelia, y es necesario un cambio de aires, apuntar más alto. Al fin y al cabo, Cordelia siempre será Cordelia. No importa que sea empalada, que se convierta en medio demonio, que unas visiones premonitorias la destrocen o que dos seres la elijan como vientre de alquiler de sus vástagos demoníacos, Cordelia seguirá siendo fuerte, uno de los personajes más fuertes del buffyverso. Y no será gracias a un par de zapatos de 400 dólares o una tarjeta de crédito, sino a las personas, vampiros o demonios que se cruzarán en su vida para recordárselo.

“I would kill to live in L.A. That close to that many shoes…” (Cordelia Chase. “Welcome to the Hellmouth”)

Personajes Whedon: Lorne (Krevlornswath del Clan Deathwok)

Lorne Angel cabecera

No es fácil ser verde

Lorne: This is way beyond my Ken… and my Barbie, and all my action figures.

El hecho de que fuera un demonio el responsable de aportar luz a la cada vez más oscura trama de Angel es una de las muchas contradicciones que cimentaban la serie hermana de Buffy. Pero Lorne era mucho más que eso. Lorne no era un demonio cualquiera, él era una criatura verde proveniente de una dimensión lejana que trataba de parecerse en la medida de lo posible a sus amigos los humanos. Sus trajes de colores chillones -que revelaban un estupendo sentido de la moda, porque su color de piel se lo permitía-, su pasión por la música, y su conmovedora empatía hacia los humanos -manifiestada principalmente por su cálida manera de dirigirse a ellos y sus cariñosos apelativos-, le convertía en uno de los personajes más intrínseca y utópicamente humanos de la serie.

La historia de Lorne es toda una declaración de intenciones. Como más adelante sucedería con Andrew en Buffy, cazavampiros, la ambigüedad sexual del personaje permitió a los guionistas jugar con el espectador, sin ofrecer ningún tipo de respuesta al respecto. Porque no hacía falta, y no porque estuviera claro, sino porque al final era lo menos importante. Lorne llegaba a Los Ángeles en 1996, tras ser succionado por un portal interdimensional. La vida en Pylea, su dimensión natal, no fue un camino de rosas para el demonio verde. Lorne no era como sus congéneres, los demonios del Clan Deathwok. Él vivía en un mundo completamente distinto al de sus familiares y vecinos, campeones que entrenaban para luchar y matar. Cabezas huecas según él, sin más aspiración que la de derramar sangre y hacer de ello una recompensa para una vida de esfuerzo, dedicación y testosterona demoníaca.

Lorne

Lorne era el hermano sensible, el niño diferente, el adolescente rarito, prácticamente un apestado. Como de costumbre, Whedon daba en el clavo extrapolando la realidad más mundana a sus universos ficticios. Si Lorne hubiera sido humano, sería el niño que se encierra en su cuarto a leer mientras los demás salen a la calle a darle patadas a cualquier objeto que pudiera servir como balón. Sería el joven que prefiere estar tirado en el suelo escuchando música, mientras sueña con un futuro bajo los focos de un teatro. Es decir, Lorne sería el mariquita del barrio (entiéndase “mariquita” como sinónimo de distinto, rechazado, raro-queer). Por eso, al descubrir la Tierra, y en concreto Los Ángeles, un lugar donde la música tiene una importancia vital (en Pylea no existía), donde la cultura y el ocio le permitirían llevar una existencia hedonista y privilegiada, y en el que la moda no se limitaba a taparrabos de piel y cascos semi vikingos, Lorne decidió quedarse a vivir allí.

“They have no music there. It doesn’t exist. Do you know what that’s like? No lullabies, no love songs. All my life I thought I was crazy, that I had ghosts in my head or something… simply because I could hear music. Of course, I didn’t know it was music. All I knew was that it was something… beautiful and… and painful and right. And I was the only one who could hear it. Then I wound up here and heard Aretha for the first time.”

Lorne era el mayor de los filántropos del buffyverso. Su capacidad para leer auras le lleva a convertirse en toda una celebridad en el inframundo terrenal, donde se le conoce como El Anfitrión (The Host). Esto, unido a que cuando el sujeto “leído” cantaba, Lorne era capaz de distinguir su alma con mayor claridad, desembocó en la inauguración de Caritas, un karaoke subterráneo regentado por nuestro demonio. Las habilidades de Lorne como vidente le convierten en una incorporación muy valiosa al equipo de Angel, quien recurre a él a menudo hasta convertirlo en un miembro activo de Angel Investigations, lo que supone más tiempo para el demonio en pantalla, así como más escenas cómicas para Angel (el vampiro cantando en un karaoke, ¿quién lo iba a decir?) y el resto del reparto. La trayectoria de Lorne en Angel responde inequívocamente al canon whedoniano. Se trata de otro personaje no humano que nace con el propósito de explicarnos los entresijos del alma humana, los engranajes de la mente. Lorne es otro personaje Whedon que trata de convertirse en un humano (aunque en su caso no literalmente), y en su camino encuentra las dificultades que le hacen pensar si merece o no la pena. Por regla general, la conclusión al respecto es optimista: merece la pena ser un humano, merece la pena vivir, luchar por la vida. Sin embargo, el caso de Lorne es distinto. El personaje más vivaracho de la serie acabaría aportando la nota pesimista al final de Angel. Pero eso, más adelante.

Lorne nunca fue un luchador (en el sentido físico de la palabra), y al contrario que otros personajes del buffyverso, como Cordelia, Dawn o Fred, el demonio no dará su brazo a torcer, y se negará a usar la fuerza física hasta el final. Esta declaración de principios le lleva a efectuar un hechizo de no violencia sobre su local, por lo que bajo ningún concepto es posible llegar a las manos en Caritas. Con su apaciguador carácter y su dulce voz, Lorne era a menudo el mayor apoyo moral para Angel. A veces con cierto aire paternalista, pero siempre con la mejor de las intenciones, Lorne era el hombro sobre el que llorar para el vampiro. En sus palabras también podían advertirse con frecuencia ciertos tonos maternales. Era irónico que un demonio fuera el responsable de aportar la nota conciliadora y serena. Pero así era, y por ello Lorne acabó convirtiéndose en un valor insustituible dentro del universo de Angel.

Lorne y Angel puppet

Hacia el final de la segunda temporada, en el episodio irónicamente titulado “Más allá del arcoíris” (“Over the Rainbow”, 2.20) -nadie, a estas alturas, dudaba de las intenciones de los guionistas-, Lorne regresa junto al Team Angel a su dimensión, Pylea, para rescatar a Cordelia, que ha sido atrapada por la raza del demonio, conocida por esclavizar a los humanos (o “vacas”) que acaban extraviados allí. El regreso a casa abre los ojos (aún más) al demonio, que acaba convencido de que su lugar está en Los Ángeles. De esta manera, el arco argumental de Pylea nos viene a dar una lección muy importante: Debemos permanecer en el lugar (literal o figurativo) al que pertenecemos, sin olvidar el lugar del que provenimos, porque ese es el que nos define, el que nos invita a evolucionar en primer lugar, y al que hay que regresar de vez en cuando para reafirmarnos en nuestra existencia. A partir de ese momento, Lorne ya no solo ofrece consejo al equipo de Angel, sino que será uno más, aunque su trabajo sea hacer de niñera de Connor, vigilar el fuerte o coger el teléfono.

“My psychic friend told me I had to come back here. I didn’t believe her. Then I realized I did have to come back here, because… – I really always thought I had to come back here, deep down inside, you know? I had to come back here to find out I didn’t have to come back here.”

A medida que Angel avanza, y la trama se oscurece, la luz de Lorne empieza a atenuarse. Durante las temporadas tres y cuatro, Lorne acompaña a Angel en sus aventuras, enfrentándose principalmente al bufete de abogados, Wolfram & Hart, comprobando de primera mano la corrupción del espíritu humano. Poco a poco, la filantropía de Lorne se ve sustituida por cierto cinismo, lo que le lleva a concentrarse más en sí mismo. Lorne decide alejarse de Angel y se marcha a Las Vegas para perseguir su sueño en el mundo del espectáculo (a estas alturas, si Lorne no había salido del armario, es que no lo iba a hacer nunca, porque era más que probable que nunca hubiera estado dentro). Lorne encuentra su lugar en la ciudad de neón, su paraíso más allá del arcoíris. Sin embargo, allí vuelve a darse de bruces con la realidad sobre el ser humano, cuando se ve envuelto en una trama fraudulenta, en la que es obligado a leer las auras de los asistentes a su espectáculo, para encontrar a los más afortunados y robarles su suerte. A su regreso a Los Ángeles, Lorne se muestra feliz por volver a casa, pero los eventos que se suceden a continuación contribuyen a seguir deteriorando su espíritu. La relación entre Angel y Connor, el paso al lado oscuro de Cordelia o el advenimiento de Jasmine, sitúan a Lorne en una incómoda posición. El demonio nunca ha estado convencido de que su lugar sea junto a Angel, luchando, pero acaba aceptando resignado que quizás sea su destino.

Lorne Wolfram & Hart

La quinta temporada de Angel será la que acabará definitivamente con el optimismo de Lorne, y su esperanza en el ser humano. Angel y su equipo “heredan” Wolfram & Hart. Lorne, en un principio está encantado con su posición como relaciones públicas. Contactos en las esferas más altas de la sociedad, fiestas, poder. Sin embargo, como le sucede al resto del antiguo equipo de Angel Investigations, ese poder le acaba mostrando su reverso tenebroso. En la batalla final, Lorne recibe su última misión, acabar con la vida de Lindsay. El demonio, que es ya una versión desangelada de sí mismo, la acepta, con una condición. Después de llevarla a cabo, desaparecería para siempre.

“I’ll do this last thing for you, for us… but then I’m out, and you won’t find me in the alley afterwards.
Hell, you won’t find me at all. Do me a favor. Don’t try.”

En la última escena en la que Lorne aparece en Angel, el demonio viste una gabardina marrón que oculta su traje. Tras recibir un disparo de Lorne, Lindsay nos revela la devastadora realidad. Lorne ha sacrificado su color, su personalidad para convertirse en un “flunky” (un gris empleado más) de Angel, cuya última misión es dar la muerte menos digna posible a un gran enemigo (en lugar de otorgarle la gran última pelea contra su némesis, Angel manda a Lorne para que haga el trabajo sucio). Entonces Lorne deja caer la pistola y pronuncia sus últimas palabras, mientras se marcha de la escena del crimen: “Goodnight, folks”.

Este artículo fue escrito la misma mañana en la que saltaba la noticia de la muerte, a los 33 años, de Andy Hallett (martes, 31 de marzo de 2009), el actor que se escondía tras la verde piel de Lorne. Hallett falleció de un paro cardíaco, tras cinco años luchando contra una enfermedad del corazón. La contribución de Andy a la televisión, y en concreto al buffyverso, será siempre recordada por los whedonites como una de las interpretaciones más llenas de vida, y uno de los personajes más queridos de los que han nacido de la mente de Joss. Este fue mi pequeño e improvisado homenaje a Lorne, y a Hallett, que recupero nueve años después de la triste despedida del primero, y cuatro de la marcha del segundo. “Goodnight, Andy!

Andy Hallett Lorne

Personajes Whedon: Anya Christina Emmanuella Jenkins

Copyright Twentieth Century Fox Home Entertainment. For Editorial Use Only.

El sentido de la vida

Anya: I can just hear you in private. “I dislike that Anya. She’s newly human, and strangely literal.”

La primera vez que vemos a Anya en pantalla, en el episodio “El deseo” (“The Wish”, 3.09), de Buffy, no nos imaginamos la importancia que el personaje adquiriría más adelante en la historia de la cazavampiros. Al principio su presencia es meramente instrumental: Anya es un miembro más del séquito de la desternillante Harmony, una secuaz particularmente callada y distante. Tras ganarse la confianza de Cordelia desmarcándose de las animadoras cabezahueca, Anya desvela su verdadero rostro. Ella es Anyanka, un demonio vengador que concede deseos a mujeres despechadas que desean ver sufrir como un animal en el matadero al hombre que les rompió el corazón. Anya no se regocija en exceso de su trabajo, pero tampoco se anda con chiquitas. Concede cualquier deseo, por muy descabellado y sangriento que sea, sin remordimientos, sin sentir nada al respecto. Es un demonio. Pero sobre todo, una profesional. Cordelia cree que la responsable indirecta de sus desgracias (que básicamente se pueden resumir en “enamorarse de Xander Harris”) es Buffy Summers, por lo que su deseo la lleva a un mundo alternativo en el que la cazadora nunca puso un pie en Sunnydale.

Si bien Buffy Summers engloba los grandes temas centrales de la serie (la gran metáfora de la vida, convertirse en adulto, aceptar las Anya OMWFresponsabilidades, saber hacer uso de las capacidades de uno mismo, de nuestro poder), Anya sirve un propósito aún más ambicioso: descubrirnos el sentido de la vida, saber y entender qué es ser un humano, y por qué estamos aquí. Tras convertirse en humana (cuando su amuleto es destruido en “El deseo”), Anya inicia la más complicada odisea de su longeva vida (más de mil años): vivirla tal y como un humano lo haría. Sin embargo, la Anya humana no viene con todos los accesorios de serie. No está muy familiarizada con la ironía, no comprende que los humanos mientan, y hace de la sinceridad y la honestidad su manual de supervivencia, sin importarle a quién pueda herir con sus palabras (y no porque esté desprovista de compasión, sino porque sencillamente no entiende que la verdad pueda hacer tanto daño). Anya era a menudo el alivio cómico de Buffy, cazavampiros (incluso desplazando a Xander), con su habitualmente franca postura sobre el sexo, su pasión exaltada por el dinero (su verdadero primer amor humano) y su recién estrenada mente capitalista (una de las primeras lecciones sobre el ser humano que se aprendió) Pero sobre todo, por su aversión a los conejosBunnies, it must be bunnies!

El viaje existencial de Anya es un complemento perfecto al que realizan Buffy, Xander y Willow a lo largo de las siete temporadas de la serie. Mientras ellos luchan, cometen errores fatales, y aprenden de ellos, Anya se mueve por inercia, sin saber muy bien qué sentimiento va a abordarla en cualquier momento. En “El cuerpo” (“The Body, 5.16), conoce el de la pérdida, la vulnerabilidad ante la muerte natural y la impotencia que supone no poder hacer nada para evitarla. Entonces es cuando vemos a la Anya más humana hasta el momento, una recién nacida de veinte años que se doblega al fin a sus sentimientos más primarios. Pero ella sigue sin entender nada. Su cuerpo empieza a reaccionar como un ser humano, pero su mente sigue sin alcanzar a comprender el por qué de sentimientos tan arbitrarios y complejos:

Anya: “I don’t understand how this all happens. How we go through this. I mean, I knew her, and then she’s- There’s just a body, and I don’t understand why she just can’t get back in it and not be dead anymore. It’s stupid. It’s mortal and stupid. And-and Xander’s crying and not talking, and-and I was having fruit punch, and I thought, well, Joyce will never have any more fruit punch ever, and she’ll never have eggs, or yawn or brush her hair, not ever, and no one will explain to me why.”

La muerte de Joyce, junto con otros puntos de inflexión en su vida mortal, y sobre todo la guía para la vida que es su gran amor en la serie, Xander, hacen de Anya un personaje más rico, más complejo. Al final de la quinta temporada, Anya siente el peligro de la muerte más cerca que nunca, y confiesa a Buffy que quiere vivir, y que por eso está ayudando, por eso lucha junto a ella en el (uno de los) Apocalipsis. Por desgracia, los eventos del episodio “Campanas del infierno” (“Hell’s Bells, 6.16) vuelven a cambiar a Anya. Hasta el momento no había conocido uno de los sentimientos humanos más devastadores (o eso pensamos): un corazón roto. Xander abandona a Anya en el altar, dejando a la ex demonio sumida en un profundo estado de tristeza y confusión que la lleva a recordar por qué se convirtió en un demonio vengador. Anya alcanza otro cénit en su vida como humana, y quizás por ello, se acaba rindiendo.

Su regreso al gremio demoníaco inicia otro viaje de auto conocimiento. Anyanka ha vuelto, pero ya nada es lo mismo. Los residuos de su vida humana siguen estando ahí, demasiado frescos, demasiado presentes como para ignorarlos. Su descenso a los infiernos AnyaWeddingDressacaba en epifanía en el episodio “Desinteresadamente” (“Selfless, 7×05), en el que vemos a una Anya derrotada, un “ser humano” completamente dominado por su lado oscuro. “Desinteresadamente” es el episodio definitivo de Anya. En él se nos presenta a Aud, la mujer que más tarde se convertiría en Anyanka, y finalmente en Anya, y se nos descubre el motivo por el que decidió dedicar su vida a la venganza (y de paso, el por qué de su miedo a los conejos): la infidelidad de su marido, Olaf. Todo cobra sentido. El plantón de Xander el día de su boda se reinterpreta como un “trigger”, como la canción que cantaba la madre de Spike a su hijo. Un recuerdo que destapa un dolor oculto, y que hace volver a Anya a sus orígenes, a lo que conoce, a lo que mejor se le ha dado durante diez siglos: la venganza. En su enfrentamiento definitivo con Buffy, Anya muestra tendencias suicidas (“Stop trying to save me, Xander”), se ha rendido por completo, tanto de su vida como demonio, como de su vida humana. Por ello, le pide a D’Hoffryn (el demonio que otorgó a Aud sus poderes de venganza) que deshaga las atrocidades que ha cometido, a cambio de su vida. D’Hoffryn decide concederle el deseo, pero no sin darle la última lección, el castigo definitivo. Anyanka volverá a ser Anya, pero no tendrá el privilegio de no sufrir los remordimientos por sus crímenes. Estará condenada a vivir con el peso de lo que hizo.

Todo vuelve a empezar para ella, pero el bagaje ya no es el mismo. Anya parece haber encontrado por fin el camino a seguir, y no podría haberlo hecho sin el cierre necesario en su relación con Xander, sin aprender a estar sola. Pero paradójicamente, ella sigue desorientada. En el penúltimo episodio de la serie, vuelve a tener una epifanía, la más importante de todas. De nuevo en peligro por el que parece ser el Apocalipsis definitivo (siempre lo es), Anya comprende de qué va eso de ser un humano:

“I guess I was kinda new to being around humans before. And now I’ve seen a lot more, gotten to know people, seen what they’re capable of and I guess I just realize how amazingly… screwed up they all are. I mean, really, really screwed up in a monumental fashion. And they have no purpose that unites them, so they just drift around, blundering through life until they die. Which they know is coming and yet every single one of them is surprised when it happens to them. They’re incapable of thinking about what they want beyond the moment. They kill each other, which is clearly insane, and yet, here’s the thing. When it’s something that really matters, they fight. I mean, they’re lame morons for fighting. But they do. They never… They never quit. And so I guess I will keep fighting, too.”

La muerte de Anya en el último episodio de Buffy es a menudo tachada de gratuita e insustancial. La propia Emma Caulfield reconoció en la reunión del reparto para el décimo aniversario de la serie (2008) que no estaba muy contenta con la manera en la que su personaje acabó. Las palabras literales de Caulfield fueron: “Ella merecía algo más”. Parece que ni la propia Emma alcanzó a comprender el significado de la muerte de Anya, y sobre todo de que sucediera en un abrir y cerrar de ojos. Esa aparente falta de relevancia de su muerte impedía ver otros detalles mucho más importantes: Anya muere luchando, y defendiendo a otra persona (una que no le despertaba las mayores simpatías además), lo que nos remite directamente a su discurso pre-apocalítico del episodio anterior (leedlo una vez más). Es decir, Anya muere habiéndose convertido por fin, y completamente, en una humana. El ciclo se completa, y su muerte no es ni de lejos un insulto al personaje como muchos opinan, sino todo lo contrario, es todo un regalo, incluso una declaración de amor. Es en definitiva el broche perfecto (el único posible quizás) para uno de los personajes más férreos y coherentes de la serie. Pero lo más importante es que la muerte de Anya nos pilla a todos de sorpresa, a ella la primera (la atacan por la espalda). Y nos duele, nos afecta, pero nos hace comprender mejor su discurso filantrópico. Espada en mano a pesar del terror que vemos en su mirada durante su última escena, Anya -y Joss Whedon a través de ella- nos imbuye del espíritu luchador que recorre toda la serie. Ella es una de esas idiotas que luchan por lo que le importa, que no se rinden nunca. Anya muere, luego existe. Y través de ella nosotros comprendemos por qué seguimos adelante, aunque la mayor parte del tiempo, como ella, no entendamos nada.

AnyaBunny

El friki dominará la Tierra: Diez geeks televisivos

El 25 de mayo de 1977 se estrenó en Estados Unidos La guerra de las galaxias, probablemente la película que más ha contribuido a definir el paradigma, y también el estereotipo del geek. Obsesionado por el objeto cultural en cuestión, ávido coleccionista y siempre dispuesto a disfrazarse. Socialmente introvertido, de mente enciclopédica y empollón por naturaleza. Algo repelente, románticamente impedido e infantil. Así ha sido el friki hasta al menos hace una década. A pesar de que el cine y la televisión de los últimos veinte años han modificado estos lugares comunes, se sigue insistiendo en esta figura lastimera que sin embargo es profundamente feliz gracias a su afición. El frikismo ha derivado en multitud de variantes, ‘normalizando’ así al geek -mirad por ejemplo a Phil Coulson, el respetado agente de S.H.I.E.L.D., coleccionista de tarjetas de súper héroes en Los Vengadores, fanboy de Capitán América y gran apasionado de lo vintage, como hemos comprobado en Agentes de S.H.I.E.L.D. Sin embargo, se ha producido una enorme desvirtuación del calificativo friki –ya de por sí bastante feo-, pasando a ser adjetivo comodín para cualquiera que manifieste un mínimo interés o conocimiento sobre la cultura popular.

Desde 2006 se viene celebrando en España el Día del Orgullo Friki, coincidiendo con la fecha del estreno de la película de George Lucas (y digo yo, ¿por qué no se escogió el día del estreno en España? ¿Porque en noviembre es más complicado que ellas se pongan el bikini de Leia?) El evento, creado por Germán Martínez, goza de gran repercusión en Internet, aunque también se organizan actividades en las calles (la Plaza de Callao en Madrid es el centro neurálgico friki) y las tiendas de cómics. El Día del Orgullo Friki ha trascendido al resto del mundo, y en concreto a Estados Unidos, donde también se celebra el Geek Pride Day (ah, pues visto así, bien pensado lo de la fecha).

A partir de la década de los 90, el geek se obsesionaba cada vez más por la ficción televisiva. Pero la televisión ya llevaba muchos años generando productos que hoy en día son fetiche para el friki más ducho. Los 60 suponen una revolución de la ciencia ficción en la televisión norteamericana, con antologías fantásticas y de terror cosechando gran éxito entre la audiencia: Dimensión desconocida, Rumbo a lo desconocido, Alfred Hitchcock presenta. Star Trek pone los cimientos de la serie de aventuras y sci-fi en los que se basará toda la ficción de género posterior. Sin embargo, todas estas obras no estaban dirigidas al adulto que hoy conocemos como friki, sino más bien a la audiencia infantil -he ahí la clave. Con el auge de Internet a mediados de los 90, las nuevas series televisivas de género volvían a causar impacto en los espectadores geek, que encontraban en la red un lugar para socializar y discutir hasta el más mínimo detalle las series de mayor repercusión en este nicho de audiencia. Expediente X o Xena son dos de las series que mejor aprovecharon las posibilidades que brindaba Internet a la comunidad. Como resultado de la evolución de Internet y la eclosión de la ficción televisiva moderna, a día de hoy, el geek televisivo no solo venera productos adscritos a la ciencia ficción -aunque es y será el género que más pasiones frikis despierta.

La figura del geek ha gozado de una gran representación en la ficción seriada más reciente. Si hace unos años, una serie no podía prescindir de un personaje gay, ahora es raro que no haya al menos un geek en el reparto. Ya sea ridiculizándolos, o convirtiéndolos en vehículos de identificación para el espectador, los frikis de las series no pueden faltar. Este es un repaso -personal y sin orden más allá del cronológico- a los frikis catódicos de los últimos veinte años. Podéis usar la sección de comentarios para ampliar la lista a vuestro antojo.


Minya (Xena, la princesa guerrera)

Después del impacto en la audiencia mundial de la primera temporada de Xena, la princesa guerrera, la serie se convirtió en una oda continua a los fans. En el episodio “A Day in the Life” (2.15) aparecía Minya, una admiradora de Xena, tanto por sus dotes para la lucha como por su innegable magnetismo sexual. Así, Minya representaba de manera general a todo el fandom de Xena, pero hilando más fino, reconocíamos en ella a la fan lesbiana que en gran medida condicionó la evolución de la serie. Allá por la sexta temporada (la última), Xena multiplicaba considerablemente sus referencias a la audiencia, suponiendo la carta de amor definitiva a los fans, a los que llega a incluir directamente en sus tramas. En “Send in the Clones” (6.16), por ejemplo, un trío de geeks de la era moderna clonan a su heroína televisiva favorita a partir del ADN de la verdadera Xena.

Eric Forman (That ’70s Show)
El protagonista de Aquellos maravillosos 70 responde perfectamente al estereotipo de friki que he descrito en el primer párrafo de esta entrada. Es el geek por antonomasia, pero con un giro: en este caso, el friki se lleva a la chica más guapa. Eric es enclenque, se comporta de manera extraña en situaciones sociales -las que ocurren fuera de su sótano- y está obsesionado con Star Wars. A menudo aplica las filosofías de la película a todos los aspectos de su vida. Colecciona G.I. Joes y figuras de La guerra de las galaxias, además de construir maquetas de las naves de la película. Entre muchas otras, esta suele ser la razón por la que acaba siendo el hazmerreír de sus amigos, que identifican sus actividades como infantiles. No obstante, Eric Forman demuestra que es posible obsesionarse con el sexo y los muñecos a partes iguales.

Sam Weir, Bill Haverchuck y Neal Schweiber (Freaks and Geeks)
Parece haber un patrón en esto del universo friki televisivo. Los geeks van de tres en tres. Sam, Bill y Neal son tres impedidos sociales a principios de los 80. Como ocurre con Eric Forman, la influencia de Star Wars -y en un importante segundo plano, Star Trek– define sus vidas a grandes rasgos. El instituto para ellos es un campo de concentración, y aunque traten de imitar ocasionalmente a sus héroes, siempre serán víctimas de bullying. Sin embargo, en casa disfrutan de una felicidad que les aísla de sus problemas en McKinley High. Ya sea jugando a Dragones y Mazmorras, con la nueva Atari, o discutiendo sobre sus personajes favoritos, Sam, Bill y Neal crean una capa protectora a su alrededor que les ayudará a salir vivos de la experiencia en secundaria.

Xander Harris y el Trío (Buffy, cazavampiros)
Aficionado a los cómics de súper héroes y alivio cómico oficial de Buffy, cazavampiros, Xander Harris es el personaje que más referencias directas a la cultura popular realiza en las primeras temporadas de la serie de Joss Whedon. Xander supone además un caso de representación que se repetirá en casi todos los trabajos del autor. Harris es Whedon. Ocurrirá con otros personajes de otras series, que servirán al creador para aportar tintes autobiográficos a la obra -los frikis se hacen con la industria. Xander es principalmente un friki de los cómics. A través de él, Whedon realiza reflexiones en segundo plano sobre la naturaleza de los súper héroes. La población geek de Buffy se completa con el Trío, Warren, Jonathan y Andrew, personajes secundarios que forman una alianza maquiavélica con el propósito de destruir a la cazavampiros en la sexta temporada de la serie. Las referencias a la cultura pop por minuto se multiplican exponencialmente y la serie acumula más guiños que nunca.

Seth Cohen (The O.C.)
El jefe geek de Orange County es una fusión del friki clásico con el hipster actual. Es el eslabón perdido del frikismo moderno. Obsesionado con los cómics y el cine japonés, y románticamente torpe, Cohen es además un aficionado de la música indie (su grupo favorito es Death Cab for Cutie) y viste según los dictados de este movimiento. El carácter altamente autorreflexivo de O.C. se refleja principalmente en este personaje, que además incorpora completamente el elemento meta. Seth nos habla constantemente de lo que ocurre dentro y fuera de la serie, representando al apasionado -al menos durante su primera temporada- espectador de O.C. Y aunque no sea más que un producto de márketing, una fabricación no del todo realista, Seth Cohen somos todos.

Roy y Moss (The IT Crowd)
Con su carácter altamente paródico y esperpéntico, The IT Crowd lleva a sus protagonistas geek, Roy y Moss, a las últimas consecuencias. Ambos trabajan como informáticos en una empresa y responden al estereotipo de computer nerd. Su oficina está decorada como si fuera la habitación de un adolescente -como la suya, vamos-, repleta de pósters y figuras. Se puede jugar a identificar todos los objetos -si lo hacéis, descubriréis desde figuras basadas en personajes de Daniel Clowes hasta un póster de Dr. Horrible. De los dos, Moss es el personaje más extremo. Mientras Roy aspira a alcanzar cierta “normalidad”, Moss habita en un universo extraño que le hace parecer un alienígena intentando aprender a vivir en la tierra.

Chuck Bartowski (Chuck)
Chuck es quizás una prolongación natural de Seth Cohen -no en vano, ambos son creaciones del productor Josh Schwartz. Se trata de un treintañero que trabaja en la sección de asistencia técnica de la cadena Buy More (parodia de la norteamericana Best Buy), tras haber sido expulsado de la universidad por culpa de su mejor amigo. Schwartz idealiza de nuevo la figura del geek, llevándolo a las últimas consecuencias: Chuck Bartowski es un héroe nerd, literalmente. Así, la vida de Chuck pasa de devorar películas hasta la madrugada a llevar a cabo misiones de vida o muerte para el gobierno. Como Eric Forman o Seth Cohen, Chuck se lleva a la más guapa, alimentando así otro lugar común en este tipo de personajes. Un canto a la esperanza para todos los frikis del mundo.

Sheldon Cooper, Leonard Hofstadter, Howard Wolowitz, Raj Koothrappali (The Big Bang Theory)
El cuarteto protagonista de The Big Bang Theory es quizás el grupo de frikis más famoso de la televisión actual. Prodigios científicos e informáticos, los compañeros de piso Sheldon y Leonard, y sus dos amigos Howard y Raj, se abren camino en un mundo irracional e impulsivo, haciendo uso de la lógica y las matemáticas. Un desastre. Las astronómicas audiencias de la comedia de CBS demuestran que el friki es un personaje popular para el público mainstream. Estos personajes son el Steve Urkel del siglo XXI. ¿Se están riendo de nosotros?

Abed Nadir (Community)
Hace poco lo proclamé en este mismo blog como “el personaje más meta de la historia de la televisión”. Abed Nadir contiene en gran medida la esencia de la serie de Dan Harmon: ese profundo amor por la cultura popular -inabarcable y nada discriminatorio-, el uso de la televisión para comprender la vida real, y el compromiso absoluto con la obra que se adora -o que se crea. Abed, junto a Troy -personaje que comenzó como jock y ha evolucionado hacia el frikismo total influenciado por su mejor amigo-, es el enlace entre el espectador y la obra, el que todo lo ve y todo lo sabe. Una referencia con patas. Abed es el geek posmoderno, un robot de vastísima memoria interna que supone la evolución más avanzada del friki hasta la fecha.

Felicia Day
Y no puedo acabar esta entrada sin hacer mención a la princesa geek. Felicia Day se dio a conocer como una de las cazavampiros de la séptima temporada de Buffy, y desde entonces ha desarrollado una personalidad pública basada en el frikismo que le ha llevado a convertirse en una súper-celebridad en Internet. Oponiéndose a la pasividad del geek sedentario, Felicia se ha propuesto construir un emporio dirigido a los que son como ella. Su objeto de culto es principalmente el videojuego. Los personajes de su popular webserie The Guild participan en un MMOG (juego multijugador masivo en línea) y recientemente ha desarrollado un spin-off de Dragon Age para Internet y plataformas de videojuegos. En televisión la hemos visto explotando su imagen geek con personajes en series como Eureka -en la que hace de científica nerd– o Supernatural -interpretando a una hacker informática. Felicia lo tiene claro: el mundo se ha vuelto friki.

Menciones especiales: Marshall Flinkman (Alias) Topher Brink (Dollhouse), Seymour Birkhoff (Nikita), tres personajes cortados por el mismo patrón. Prodigios técnicos, científicos e informáticos, nerds al servicio de grandes organizaciones gubernamentales, que ayudan a salvar el mundo sentados frente a sus ordenadores. Estos tres personajes encuentran su origen en los Lone Gunmen de Expediente X, y cuentan con una nueva encarnación en Leo Fitz de Agents of S.H.I.E.L.D. Otros frikis de la tele: Dwight Schrute (The Office), fan a muerte de Battlestar Galactica; Ben Wyatt de Parks and Recreation, que al principio ocultaba su naturaleza geek, pero acabó dando rienda suelta al friki que todo el mundo sabía que llevaba dentro; Hiro Nakamura, fan del universo de los tebeos, muy importante en su serie, Héroes; Paul y Mac de The Fades, fans de los cómics, el terror y la literatura fantástica, sobre todo la de Neil Gaiman; Tina Belcher de Bob’s Burgers, fan de los caballos y la serie The Equestranauts (Parodia de My Little Pony: Friendship Is Magic), y escritora de fan fiction (mitad erótico, mitad de zombies, y siempre protagonizado por ella);  El Rey Hielo de Hora de aventuras, también autor de fan fiction y coleccionista de princesas; Ted Mosby y Barney Stinson de How I Met Your Mother, apasionados de Star Wars, hasta el punto de juzgar a sus conquistas basándose en si han visto la saga o no; Y por supuesto, el Comic Book Guy de Los Simpson, quizás el mayor epítome del frikismo en televisión.

Daddy Issues: mis diez padres televisivos

Es muy habitual en la ficción televisiva convertir al padre de familia en un personaje de relleno, darle las tramas secundarias menos interesantes y olvidarse de él a favor del protagonismo de los personajes jóvenes. Sin embargo, alguna series cuidan con sumo detalle y cariño esta figura, convirtiéndolos en personajes con múltiples capas. Ser hijo es difícil, pero ser padre conlleva un proceso de aprendizaje aun más complejo. Veamos cómo acometen estos diez padres catódicos el trabajo más complicado de sus vidas:

Eric Taylor (Friday Night Lights)

Abanderado de los valores más tradicionales y perfecto representante del arquetipo de padre autoritario pero con un corazón que no le cabe en el pecho, Coach Taylor es sin embargo un personaje profundamente anclado en la realidad. Sus reacciones ante los obstáculos que la vida -o más bien su hija- le pone, no solo son fieles a su sólida construcción como personaje de ficción, sino que además sirven para dar cuenta de ese acusado realismo del que hace gala Friday Night Lights. Rozando a menudo el paternalismo, pero siempre dispuesto a aprender, Eric Taylor maneja las situaciones más escabrosas siguiendo un claro patrón: impacto y silencio inicial, visceralidad e ira, y finalmente el temple necesario con el que al final soluciona todos sus conflictos, tanto dentro de casa como en su trabajo, donde ejerce como padre de todos los jugadores del equipo al que entrena. Coach no es solo el padre perfecto -gracias en gran medida a sus numerosas imperfecciones- sino que además es padre multiplicado por 12.

William Adama (Battlestar Galactica)

A pesar de que la mayor parte del tiempo prevalezca la relación profesional que los presenta como jefe y subordinado, William y Lee son ante todo padre e hijo. Sus vidas esencialmente públicas y dedicadas a la causa común de salvar la humanidad -ahí es nada- relegarán las muestras de afecto a un segundo plano. Solo en los momentos de mayor peligro o en los instantes más decisivos de sus vidas, nos daremos cuenta del enorme -y dañado, por la pérdida de un hijo y hermano- amor que se profesan estos personajes. El almirante Adama es el patriarca definitivo, ya que ejerce no solo como padre para Apollo y para una de sus alumnas predilectas, Starbuck, sino que además se considera responsable inmediato de las vidas de los únicos seres humanos que quedan vivos tras el ataque de los cylons a su planeta. Como padre, y a pesar de ocasionales escarceos con el absolutismo, triunfa a pequeña y gran escala.

 

Graham Chase (My So-Called Life)

Crecer duele, y si no que se lo digan a Angela Chase. Sin embargo, el egocéntrico y catastrofista dolor del adolescente -que ella representa con sumo realismo- eclipsa otro tipo dolor, igual de intenso, pero con menos derecho a manifestarse: el de los padres que ven cómo sus hijos se alejan. Graham Chase descubre en el piloto de esa maravilla de los noventa que en España se tituló Es mi vida, cómo la niña de sus ojos se ha convertido en un ser irascible que se resiste a mostrar cualquier síntoma de cariño hacia él. Graham debe aceptar los cambios por los que está atravesando su hija y entrar con ella en una nueva etapa, pero Angela no lo pone fácil: “Mi padre era muy guay antes. La triste verdad es que mis pechos nos han distanciado”. En la aceptación de la transformación de Angela y la comprensión ante los dolores del crecimiento que todos experimentamos reside la clave para que Graham vuelva a la vida de su hija, aunque esta ya no sea su niña pequeña.

Red Forman (That ’70s Show)

El padre de Eric Forman es un personaje de sitcom prototípico. Fiel a su personalidad de principio a fin, Red se muestra inquebrantable ante la ñoñería que le amenaza constantemente. Lo cierto es que lo habitual en este tipo de personajes es que acabe cediendo y nos muestre su lado más amable, pero afortunadamente no es el caso. Red es un padre implacable. Sus valores tradicionales y su percepción sexista de los roles femenino y masculino le obligan a tratar a su hijo con mano firme. Eric es un chaval enclenque, inteligente y definitivamente nerd, características que sirven de amenaza directa a Red, poniendo en entredicho su papel como padre. La técnica de Red es clara: los palos te hacen más fuerte. El único “te quiero” dedicado a su hijo lo pronuncia bajo los efectos del alcohol -para a continuación olvidarlo completamente. Y lo cierto es que su técnica funciona. Eric reconoce que su fortalecimiento como persona se debe en gran medida a la relación con su padre. Supongo que los setenta eran así.

Michael Bluth (Arrested Development)

Michael es viudo y padre soltero de un solo niño (George Michael). Cuando decide hacerse cargo de la compañía de su padre tras ser este encarcelado, se encuentra con que no solo debe tomar las riendas del negocio, sino que además debe ejercer de gran pater familias de un puñado de adultos malcriados, materialistas y egoístas, incluyendo a su propia madre. Su nueva y estresante condición hace que se despreocupe de su único hijo justo cuando este ingresa en la etapa más tumultuosa: la adolescencia. Michael es honesto y sus intenciones siempre son buenas, sin embargo no es consciente de la constante presión a la que somete a George Michael, de las altas expectativas que le obliga a cumplir y de lo mucho que este necesita de una figura paterna que le oriente. A pesar de caer atrapado ocasionalmente en la red de mentiras y manipulaciones de su familia, Michael siempre regresará a sus principios básicos de nobleza y verdad, lo que hará que finalmente logre prestar la atención y ayuda necesaria a su hijo.

Max Gregson (United States of Tara

El marido de Tara Gregson es prácticamente un santo. Paradigma de paciencia y diplomacia, el amor incondicional que siente hacia su mujer y sus hijos es prácticamente inquebrantable. Max es es una combinación perfecta entre tradicionalismo y modernidad, siendo la relación que mantiene con sus hijos casi siempre de igual a igual . Son las circunstancias de la vida las que le obligan a mostrarse más paciente y comprensivo ante las adversidades -¿sería Max un padre tan hip si no tuviera que cargar con el peso de su mujer y todas sus personalidades? Su relación con sus hijos se ve tristemente afianzada ante un enemigo común: la enfermedad de Tara. No hay espacio para dramas entre padre e hijos cuando una familia tiene que enfrentarse a diario con un monstruo que amenaza con devorarlos a todos. Es por ello que Max alcanza en la tercera temporada de la serie la conclusión que lo convierte, desde mi punto de vista, en el padre perfecto: es necesario dejar marchar a los hijos. Si se ha hecho bien, no se debe tener miedo a perderlos para siempre. Y Max lo ha hecho muy bien.

Jack Bristow (Alias)

Cuando uno tiene una hija que se juega su vida a diario en las misiones secretas más arriesgadas, su papel como padre se complica exponencialmente. La distancia, el engaño y la desconfianza es lo que define la relación entre Jack y Sydney Bristow al comienzo de Alias. Si bien Jack demuestra de sobra a su hija que la percepción que tiene de su padre -un ser frío y aparentemente carente de amor hacia ella- es errónea, el trabajo de ambos se empeña en poner en tela de juicio sus sentimientos en numerosas ocasiones. Como no podía ser de otra manera, Sydney comprende que absolutamente todo lo que hace su padre es por su bien, y que estará dispuesto a sacrificar su vida y el amor de su hija hacia él solo por protegerla. El propio Jack reconoce que ella es su principal herramienta para alcanzar la redención, y que es lo único por lo que merece la pena luchar hasta el final. Es la admiración y el respeto mutuo lo que les hace hallar la tan esquiva felicidad como familia.

Pepe (Pepa y Pepe)

Calzonazos, fracasado e infantil, Pepe es el padre más entrañable y real de cuantos ha habido en la ficción televisiva en España en los últimos 20 años. Contrapunto extremo de Nacho Martín de Médico de familia -serie con la que Pepa y Pepe coincidió en antena-, Pepe trataba a sus tres hijos con un amor que provenía de lo más hondo -de donde también sacaba la ira-, sin artificios ni remilgos. El personaje interpretado magistralmente por Tito Valverde estaba construido a base de una profunda nostalgia y melancolía que dejaba entrever de vez en cuando y que justificaba la dependencia que tenía de sus niños (Pepa: Ya está bien, parecéis niños. Pepe: ¡Somos niños!). Pepa se quejaba a menudo del rumbo que habían tomado sus vidas (ella en paro y él pintando caras de muñecas por dos duros), pero Pepe se negaba a que el fracaso profesional definiera sus vidas. Las penas se iban al instante al darse cuenta de lo que había hecho junto a Pepa: “tres hijos como tres soles”.

Keith Mars (Veronica Mars)

El padre de la detective adolescente Veronica Mars es quizás un caso parecido al de Max Gregson. Las circunstancias de la vida le han convertido en un padre moderno y en sintonía con los adolescentes. Padre cool donde los haya, Keith trata a su hija como si fuera su mejor amiga, siempre que esta no se encuentre en peligro. Trazando una delgada línea entre la comprensión y la protección, Keith mantiene una relación envidiable -y por qué no decirlo, algo artificiosa- con Veronica, a la que otorga la libertad suficiente como para que esta le respete y regrese siempre a él. La relación entre ambos representa el equilibrio perfecto, solo comparable a la que mantienen Lorelai y Rory en la coetánea Las chicas Gilmore. Nos da igual si Keith y Veronica son demasiado buenos para ser verdad. Nos encantan tal y como son.

 

 

 

Rupert Giles (Buffy cazavampiros)

En el whedonverso no abundan las figuras paternales, al menos las de corte tradicional. A pesar de que las jerarquías de poder y autoridad son uno de los temas predilectos del autor, Joss Whedon opta por invisibilizar a los padres y explorar esas ideas a través de otro tipo de relaciones. Valiéndose de la metáfora, el subtexto y la evolución de personajes -todo eso que nos pone tanto a él y a mí-, Whedon convierte gradualmente a uno de sus protagonistas principales en padre, sin haber procreado en ningún momento. Es en la sexta temporada de Buffy cuando Giles por fin se autodefine como padre de la cazadora, y nos lo explicita justo en el momento en el que el vigilante decide quitarse de en medio -por segunda vez- para que su hija pueda valerse por sí misma. Según Whedon, Giles se da cuenta de que “si lucha las batallas de su niña, esta nunca crecerá”. Y así nos lo canta en “Standing in the Way”, su solo en el episodio musical “Once More, with Feeling”: “I wish I could say / The right words / To lead you through this land / Wish I could play the father / And take you by the hand / Wish I could stay here / But now I understand / I’m standing in the way.” Giles no abandona a la cazadora porque se dé cuenta de que no es su progenitor, sino porque como su verdadero padre, es lo que debe hacer.