Crítica: Bohemian Rhapsody

Is this the real life?
Is this just fantasy?
Caught in a landslide
No escape from reality

Hay mitos demasiado grandes como para atreverse a tocarlos. El de la legendaria banda Queen y su carismático y revolucionario líder, Freddie Mercury, sería un claro ejemplo. Realizar un biopic sobre una figura tan icónica e importante para millones de personas es un acto de valentía que hay que acometer con meticuloso cuidado, porque será escrutado y desmenuzado con más exigencia que la mayoría de proyectos cinematográficos. Queen, sus componentes y su música son sagrados, y un paso en falso podría desatar la ira de las masas adoradoras del grupo británico.

Por eso, cuando el año pasado llegaron a nuestros oídos los rumores de problemas en el set de Bohemian Rhapsody, que culminaron en el despido de su director, Bryan Singer, a pocas semanas de finalizar el rodaje, se dispararon las alarmas. A lo que se sumó la preocupación por que la película obviase la sexualidad y los aspectos más oscuros de la vida de Mercury, y unas primeras críticas no demasiado alentadoras. ¿Estaremos ante un caso de biopic estrellado? ¿Habrán empañado su legado? Después de ver el film, puedo decir con convencimiento y alivio que la respuesta a ambas preguntas es “no”. Bohemian Rhapsody es un triunfo del cine biográfico y musical, una cinta que toca todas las notas correctas, y lo hace con pasión, convencimiento y, sí, respeto y devoción por las personas que retrata.

La película abarca desde la formación de la banda a comienzos de los 70 hasta su memorable actuación en Live Aid en 1985, considerado por muchos el mejor concierto rock de la historia. En el complejo y exigente papel de Freddie Mercury nos encontramos a Rami Malek (Mr. Robot), que se enfrenta al mayor reto interpretativo de su carrera y no solo sale airoso, sino que sería injusto que no estuviera nominado a todos los premios posibles. Como no podía ser de otra manera, Singer se centra en el líder de la banda, cuya historia comienza cuando aun era Farrokh Bulsara, un joven británico de origen parsi e indio con grandes sueños, enorme talento y una todavía mayor dentadura, y a lo largo de 134 vibrantes minutos nos muestra su evolución como artista, estrella y persona.

Para ello, Singer recorre la trayectoria de la banda como si de un “greatest hits” se tratara, marcando los puntos de inflexión de su ilustre historia para componer una celebración del espíritu inquieto e innovador de unos artistas en constante evolución, que se negaban a ser domados por la industria discográfica y encasillados en un solo sonido. La película trata de descifrar el secreto del éxito de Queen, y nos da una posible respuesta: Freddie Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon eran una familia en la que cada miembro era diferente y mantenía su personalidad individual dentro del grupo. Pero claro, Freddie era el pater familias, el rey, el animal escénico que copaba todas las miradas, la personalidad magnética, excéntrica y profundamente queer que atraía, y sigue atrayendo, a personas de toda clase.

El reparto de Bohemian Rhapsody es inmejorable. Ben Hardy está muy divertido como Roger Taylor, la principal oposición creativa de Mercury dentro de la banda, mientras que Joseph Mazzello (el repipi Timmy de Parque Jurásico) y Gwilym Lee aportan la serenidad y cordura necesaria para mantener su equilibrio interno. Por otro lado destaca una entrañable Lucy Boynton como Mary Austin, primer gran amor y posteriormente amiga hasta el final de Mercury, cuya preciosa relación ocupa el eje sentimental de la película. Pero no os alarméis, Bohemian Rhapsody no oculta la homosexualidad y amaneramiento del cantante, así como tampoco elude su diagnóstico de VIH, tratando todos estos temas de frente, sobre todo durante su recta final.

Como decía, los secundarios son fantásticos, y la química entre los miembros del grupo es uno de los puntos fuertes de la película, pero quien se merece todos los elogios, y más, es Malek. El actor estadounidense de origen egipcio está sencillamente impresionante. Su trabajo interpretativo es soberbio, ya sea en las escenas dramáticas, como en las cómicas, o sobre el escenario, donde se deja la piel y asombra con su completa transformación física y espiritual en Mercury. En resumen, Malek nos regala la interpretación de su vida. Es imposible apartar la mirada de él, y eso es justo lo que hace falta para dar vida a alguien como Mercury y no morir (y matar tu carrera) en el intento.

Si hay que señalar algún aspecto negativo sería el inevitable uso de los lugares comunes del cine biográfico y musical, y su final, en el que Singer se empeña en reproducir buena parte del concierto Live Aid. El mundo nunca se va a cansar de los temazos de Queen, pero poner cinco seguidos en una película resulta excesivo. Dejando esto a un lado, Bohemian Rhapsody es un crowd-pleaser de manual, una película tremendamente emocionante y complaciente, incluso para aquellos que no se consideren fans de la banda (como quien esto escribe). Gracias sobre todo al arrollador trabajo de Malek, pero también a un guion lleno de sentimiento, buenos diálogos, momentos muy divertidossecuencias musicales hábilmente ejecutadas y por supuesto, el infalible repertorio de Queen, Bohemian Rhapsody resulta en una experiencia cinematográfica de lo más pegadiza y electrizante. Larga vida a la Reina.

Pedro J. García

Nota:★★★★

Las comparaciones son odiosas: Inhumans vs. The Gifted

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En los cómics de superhéroes es muy habitual ver enfrentamientos entre las distintas especies que pueblan sus mundos en grandes eventos crossover que siempre prometen sacudir los cimientos de su universo. Uno de los que ha tenido lugar más recientemente en Marvel Comics opone a los Inhumanos y la Patrulla X, que en años recientes han sido objeto de varias polémicas por el tratamiento que la editorial les ha otorgado a raíz de su complicada situación en el terreno audiovisual. En pantalla, dicho crossover sería sencillamente imposible, ya que aunque en las páginas de los tebeos comparten universo, en cine y televisión, sus derechos pertenecen a estudios distintos. Inhumanos es de Marvel Studios mientras que los X-Men pertenecen a 20th Century Fox. Por eso, ya que un crossover audiovisual queda descartado, solo nos queda trasladar la batalla a la plaza de Internet para determinar cuál de las dos especies sale ganando.

Marvel Studios lleva una década generando éxito tras éxito en la gran pantalla, mientras que 20th Century Fox ha tenido más problemas para sacar el máximo partido a sus propiedades marvelianas, Los 4 Fantásticos, X-Men y sus personajes derivados, aunque recientemente ha encontrado la manera de hacerlo: experimentando con los géneros y arriesgando con las calificaciones por edades. En televisión, la cosa cambia. Marvel no ha conseguido despegar en ABC, con Agents of S.H.I.E.L.D. ahogándose en las audiencias a pesar de haber mejorado con cada temporada, Agent Carter cancelada y las series de Netflix empezando fuerte y perdiendo fuelle hasta llegar al mashup que ha decepcionado a muchos fans, The Defenders. Por otro lado, la rama live-action de Fox no se había aventurado en la ficción televisiva hasta este año, que estrenaba la provocativa y psicodélica Legión, con muy buena recepción por parte de público y crítica.

Para inaugurar el otoño, Marvel y Fox han lanzado sendas series superheroicas y, lógicamente, han despertado inevitables comparaciones. En primer lugar, la Casa de las Ideas ha presentado a la familia real de Attilan con Inhumans, cuyos dos primeros episodios han pasado primero por cines IMAX con resultados muy pobres. Por otro lado, los mutantes se han pasado de FX (donde se emite Legión) a la network en abierto Fox, donde ha dado comienzo otro asunto familiar, The Gifted, drama del universo X-Men esta vez orientado a un público más amplio y, digamos, tradicional que las marcianas aventuras de David Haller. En sus primeras semanas en antena, la audiencia ha proclamado una clara ganadora. Veamos por qué.

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Lo de Inhumans ha sido la lenta y agonizante crónica de una muerte anunciada. En 2014, el mandamás de Marvel Studios Kevin Feige anunciaba su película para la Fase 3 del Universo Cinemático Marvel. Sin embargo, el proyecto sufrió varios contratiempos hasta caerse del calendario y quedar pospuesto de forma indefinida. A finales de 2016 Marvel anunció que Inhumans seguía adelante, pero no como película, sino como serie de ABC. Feige había escurrido el bulto hacia la tele, donde el villano real Ike Perlmutter (CEO de Marvel Entertainment) lleva a cabo sus fechorías al margen de su archienemigo. Los fans pusieron el grito en el cielo. Una propiedad tan exuberante y fantástica como los Inhumanos no encajaba en el estilo más bien low cost de la cadena del alfabeto. Su preestreno en la pasada Comic-Con confirmó los mayores temores de la audiencia. Inhumans era un desastre y la proyección de su piloto había provocado risas entre los asistentes a la convención. Su paso por IMAX sirvió para que los pocos que la vieron se preguntaran cómo era posible que alguien hubiera dado su visto bueno para proyectar en pantalla grande algo tan cutre. Y su estreno a finales de septiembre en televisión, donde ocupaba la franja horaria de la muerte, los viernes, se saldaba con cifras de audiencia muy pobres, como era de esperar.

Pero, ¿de verdad la serie es tan mala como para haberse dado semejante batacazo? Realmente no. Es peor. Después de ver los primeros cuatro episodios solo puedo unirme a la voz colectiva que clama “¡¿Por qué?!” Es sencillamente increíble que Marvel dejase que algo tan extremadamente pobre en todos los aspectos viese la luz del día. No sorprende que detrás del proyecto se encuentre Scott Buck, el responsable del otro gran traspiés de Marvel TV, Iron Fist, quien después de estas dos series tendrá problemas (o eso esperamos) para volver a tomar las riendas de algo creativo en la compañía. Si Inhumans ya estaba condenada al fracaso, es Buck quien ha terminado de estrellarla contra la pared. La serie parece haber sido concebida como una especie de Juego de Tronos del Universo Marvel, pero el resultado, lejos de parecerse al éxito de HBO, más bien se acerca a lo que sería Hawaii 5.0 con (unos pocos) superpoderes.

Todo falla en Inhumans: un triste diseño de producción que hace que Attilan parezca una nave industrial escasamente amueblada por IKEA en lugar de un fastuoso reino situado en la Luna, vestuario que más bien parece cosplay (sin ánimo de ofender a los cosplayers), interpretaciones acartonadas y distantes (Serinda Sawn y Anson Mount no están mal teniendo en cuenta las circunstancias, pero ver a Iwan Rheon intentado luchar contra su acento británico y sufrir mientras trata en vano de resultar amenazante en sus escenas es muy incómodo – este no es nuestro Ramsay), diálogos de una ineptitud mayúscula, personajes planos y secundarios de una insulsez absoluta, creatividad y estilo visual de imaginación nula (parece que se esfuerzan en apagar los colores cuando tendría que ser al contrario), soluciones insultantes para abaratar costes de producción (a Medusa, cuya característica distintiva principal es su poderosa larga melena pelirroja, le rapan la cabeza en el primer capítulo)… Vamos, que Inhumans es una chapuza de la cabeza a los pies, una serie aburrida y falta de inspiración en la que nada funciona. Solo la presencia de Lockjaw, el perro teletransportador gigante, puede ayudar a tragar el engrudo, pero una mascota resultona no levanta una serie.

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En Fox, por el contrario, han empezado la temporada con mejor pie. Creada por Matt Nix (Burn Notice) y con piloto dirigido por el mismísimo Bryan Singer, The Gifted da al espectador desde el principio lo que se espera de una serie de superhéroes: acción, suspense, personajes llamativos, despliegue visual y superpoderes. La serie gira en torno a un matrimonio que acaba de descubrir que sus dos hijos adolescentes son mutantes y se ven forzados a escapar del gobierno y refugiarse junto a una red underground de mutantes, considerados terroristas por las autoridades. El piloto de The Gifted va directo al grano, está bien construido, combina drama y acción de manera acertada y presenta una historia con mucho potencial a explorar, mientras que los siguientes capítulos confirman el buen camino que la serie ha escogido.

Sin ser la panacea de los superhéroes, The Gifted hace bien todo lo que Inhumans hace mal. La puesta en escena y los efectos visuales son notables, las interpretaciones muy sólidas (ahí está nuestra Amy Acker, a la que siempre es un placer volver a ver, y la robaescenas nata Emma Dumont), y la historia engancha, con personajes y relaciones mucho más atractivas y cuidadas que las de los habitantes de Attilan. Otro aspecto en el que The Gifted sale ganando es en su forma de reflejar en su historia nuestro mundo, y en concreto la sociedad norteamericana tras la elección de Trump como presidente. Los cómics del universo mutante siempre han establecido paralelismos con la lucha contra la opresión de las minorías, de la comunidad LGBT+ o todo aquel que sea “diferente” a lo normativo. Y The Gifted saca provecho de esta idea para llevar a cabo una serie comprometida en lo que se refiere a la defensa de los derechos de los marginados por la sociedad y las víctimas del odio, uno de los principales hilos conductores de su argumento. Pero por encima de todo, The Gifted es entretenimiento digno y eficaz, una serie bien hecha con la que Fox sigue llevando a los mutantes por el buen camino, uno más convencional después de varias jugadas arriesgadas que le han salido muy bien.

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Así que el veredicto no puede ser otro: The Gifted gana el primer asalto. Y dudamos que Inhumans vaya a llegar al segundo. ABC no se ha pronunciado con respecto al futuro de la serie de Marvel, pero no pinta demasiado alentador (si no continúa, se ampararán en la excusa de que siempre fue concebida como una miniserie, que puede ser cierto, pero también es un claro plan de fuga). The Gifted, por otro lado, tampoco es que esté machacando los índices de audiencia, pero su acogida ha sido mucho más cálida, a la gente le está gustando y sus números por ahora parecen estabilizarse en la zona segura. En la gran batalla televisiva de 2017 Inhumanos vs. Mutantes ha ganado el rival más fuerte. Lo ideal habría sido que fuéramos los espectadores los que saliéramos ganando con dos buenas nuevas series de supehéroes, pero nos conformaremos con que al menos se salve una.

Legion: Lo nunca visto

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Is this real life? ¿O estamos en Matrix? ¿Podéis estar completamente seguros de que lo que ven vuestros ojos es la realidad? ¿Cómo sabéis que no estamos viviendo en el sueño de una babosa gigante que flota sobre el espacio? ¿O en el delirio psicótico de Buffy Summers? ¿Por qué el amarillo es amarillo? ¿Es posible tener series de superhéroes que puedan sumarse al drama de calidad propio de la Peak Television? No, no estáis viviendo un sueño (que sepamos). Después de las series de Netflix que conforman el mundo de Los Defensores, nos llega Legion, la primera serie de Marvel y Fox perteneciente al universo mutante de X-Men, una ficción que se suma a la corriente más ambiciosa y adulta de la televisión superheroica, y cuyo piloto nos ha volado completamente la cabeza.

Legion está basada en el cómic de Chris Claremont y Bill Sienkiewicz, y viene de la mano de Noah Hawley, el creador de la aclamada Fargo, con producción ejecutiva de Bryan Singer y sus sospechosos habituales de Fox/Marvel. Ver el nombre de Hawley asociado a una adaptación de Marvel ya era motivo de entusiasmo suficiente, gracias a su excelente labor en FargoPero al ver el resultado, podemos decir con satisfacción que se han dinamitado las expectativas: Legion es completamente diferente a todo lo que hemos visto hasta ahora en su género, un producto elegante que ya desde el principio manifiesta una personalidad muy definida y una seguridad en sí mimo que solo se da cuando las personas que están al cargo saben lo que están haciendo.

Entrar en Legion es entregarse a la incertidumbre y la posibilidad. La serie nos cuenta la desquiciada historia de David Haller (Dan Stevens), un hombre con extraños poderes psíquicos al que se le diagnosticó en la adolescencia esquizofrenia paranoide. Internado en un hospital psiquiátrico, David vive sus días encerrado en la rutina de la vida hospitalaria, viendo el tiempo pasar junto a su amiga Lenny, una chiflada drogadicta (grande Aubrey Plaza). Sin embargo, todo cambia con la llegada de Sydney (Rachel Keller), una nueva paciente con aversión a ser tocada, por la que David se sentirá inevitablemente atraído, y que como él, también podría ser algo más que humana. Ambos entablarán una amistad dentro del hospital que desatará una complicada trama cuyas ramificaciones se desarrollarán entre la realidad y la fantasía, sin saber dónde está la frontera entre ambas.

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Y ese es uno de los mayores atractivos de la serie, el juego que plantea al espectador, que como su protagonista, se cuestiona constantemente si lo que está viendo está teniendo lugar en la realidad o en la cabeza de David mientras este vegeta en una silla del hospital. Esto convierte a la serie en una pizarra en blanco en la que es posible dibujar cualquier cosa, una que Hawley utiliza para explorar el alcance de la imaginación y llevar a cabo uno de los productos televisivos más visualmente estimulantes que podemos ver en la actualidadLegion derrocha inventiva y energía por los cuatro costados y su acabado estético a lo ’60s es impecable. Los efectos digitales, la fantástica iluminación y paleta de colores, el simbolismo y la simetría, los planos aberrantes, incluso los cambios de frame, todo indica una inquietud máxima por convertir la serie en un espectáculo visual acorde a la atormentada y bulliciosa mente de David.

Por no hablar de la música. Un intenso score electrónico por pare de Jeff Russo (Fargo, The Night of) que recuerda a la obra de Cliff Martinez (The Knick), salpicado de temas rock perfectamente puestos al servicio de la imagen y el espíritu psicodélico de la serie. De hecho, Hawley ha reconocido que una de sus principales inspiraciones para Legion es el disco de Pink Floyd Dark Side of the Moon, continuando así la visión de Claremont y Sienkiewicz (no en vano, el nombre de Sydney es un homenaje al fundador de esta mítica banda, que se dice que padeció esquizofrenia). Y salta a la vista. El “Chapter 1” de Legion está plagado de momentos excéntricos (genial número de baile incluido), inquietantes, incluso terroríficos, en los que se utilizan las herramientas fantásticas para contar una historia humana y reflexionar sobre qué es “lo normal”, y hasta qué punto ser diferente conlleva estar loco o ser un freak (“¿Y si los problemas no están en tu cabeza? ¿Y si no son problemas?”). Discurso que, como en las películas de X-Men, llevará a la formación de un grupo de mutantes opuestos al sistema que los persigue por ser distintos, en este caso reunido bajo la supervisión de la misteriosa figura de Melanie Bird (Jean Smart).

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El primer episodio de Legion es la mejor carta de presentación posible, un aperitivo abundante (70 minutos de delicioso desvarío) donde ya podemos ver lo mucho que podría dar de sí la serie si juega bien sus cartas (y sinceramente, yo ya creo en Hawley a pies juntillas). Con solo un capítulo, la de Dan Stevens ya es una de las mejores interpretaciones del Universo Marvel/mutante (esperemos que vaya a más, y no al contrario) y la serie no es solo un regalo para los sentidos, sino que su historia es sólida y da alicientes de sobra para atraparnos: un camino de autoconocimiento, una trama conspiranoide, un precioso chico-conoce-chica-mutante (el beso en el reflejo del cristal es uno de los planos más bonitos que he visto en mucho tiempo), y la acción más imaginativa (esa literalmente explosiva y mágica fuga del hospital, magníficamente filmada). Lo que hemos visto hasta ahora no podría ser más prometedor. Pero queremos más, mucho más. Este solo el principio del viaje alucinante de David Haller. Nosotros también le estrechamos la mano, y que nos lleve adonde quiera.

Crítica: X-Men – Apocalipsis

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Bienvenidos de nuevo al Instituto Xavier para Jóvenes Talentos. Recorred sus pasillos y estancias para comprobar que está más vivo y abarrotado que nunca. La juventud se puede oler en el ambiente (seguro que sabéis exactamente cómo huele la adolescencia), hay más luz, más color, más energía y ganas de juerga. Y es que la Mansión-X no solo está atestada de mutantes adolescentes, es que además estos mutantes son adolescentes de los 80. Después de llevarnos a los 70 (y luego hacernos saltar por el tiempo) en X-Men: Días del futuro pasado, la saga mutante avanza hacia la feliz década del “Take on Me”, el “Girl Just Wanna Have Fun” y las chapas en las solapas vaqueras, donde transcurre la acción de X-Men: Apocalipsis (X-Men: Apocalypse), la nueva entrega de la Patrulla-X dirigida por Bryan Singer.

Y se nota, vaya si se nota. X-Men: Apocalipsis es una aventura espléndidamente ochentera (o noventera, que al caso es prácticamente lo mismo) y decididamente nostálgica. Si bien Singer podía haber arriesgado aun más en su puesta en escena y hacerla incluso más fiel a la época, la película rebosa espíritu 80s por los cuatro costados, y no solo en lo que respecta a la estética hortera y sin complejos (los cardados, la cresta de Tormenta, el estilo jock de Cíclope, ¡las hombreras de Jean Grey! Todo aderezado por una lluvia de cassettes, juegos Arcade y cuero, cortesía de Quicksilver), sino también a la historia, más simple y desenfadada, prácticamente ajena a la evolución que el género de superhéroes está experimentando en los últimos años.

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Lejos de innovar, el argumento de X-Men: Apocalipsis presenta la clásica trama con villano megalómano que amenaza con destruir el mundo, una que pasa por todos los clichés narrativos del género como si no se hubiera hecho tantas veces últimamente, y vuelve a caer en el error de la destrucción masiva sin miramientos ni consecuencias (imperdonable a estas alturas). Si se hubiera estrenado unos años antes, quizá su falta de originalidad o novedad no habría llamado tanto la atención, pero la proximidad con Capitán América: Civil War, el listón cada vez más alto y la amenaza de la “superhero fatigue” juegan en detrimento del film. Claro que lo que propone Singer es precisamente un acto de fe, un regreso a la sencillez del género, a las páginas del cómic, que entendamos que lo que Apocalipsis pretende es recuperar esa candidez narrativa de los 80 y los 90, y no le importa nada que su película tenga tantos tópicos, mecanismos narrativos anticuados o elementos camp. Porque esa es la intención, realizar una cinta de mutantes nostálgica de una época dorada del tebeo, una fantasía épica construida casi al margen del Zeitgeist superheroico, es más, con un punto de ironía. Es decir, Apocalipsis no viene a cambiar el género, pero sí ofrece lo que se espera (o al menos todo lo que yo quiero) de una película de la Patrulla-X: espectacular despliegue de acción y superpoderes, personajes imposiblemente molones y lo más importante, diversión.

Y sin embargo, la saga mutante tiene algo que no tienen las películas de Marvel Studios, y que compensa su falta de originalidad: una mayor osadía. Mientras que la calificación PG-13 sirve para coartar a otros blockbustersX-Men: Apocalipsis la aprovecha para desmarcarse del UCM con sorprendentes dosis de violencia gráfica (incluso gore) y lenguaje malsonante. Puede parecer una tontería, pero esto aporta frescura a un género demasiado puritano que promete cambiar después del éxito de Deadpool. Esta actitud más punk no resulta en una película necesariamente más adulta, por supuesto, pero sí menos preocupada por escandalizar o salirse de los parámetros establecidos. El resultado es un híbrido extraño y curioso, una película en cierto modo más infantil que se preocupa menos por los niños pequeños y busca satisfacer más a los niños grandes.

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En cuanto a la historia, no hace falta complicarse demasiado para explicarla, ya que lo que tenemos aquí es cinecómic clásico. El eslabón más débil de Apocalipsis es su villano titular, interpretado por Oscar Isaac. El talentoso actor hace lo que puede para sacar adelante a un personaje más bien plano y desdibujado, intentando transmitir con la mirada y la boca, pero su interpretación queda sepultada por los kilos de maquillaje y látex de una caracterización demasiado cutre incluso si tenemos en cuenta el factor camp del que hablaba antes. Afortunadamente, Apocalipsis no tiene tanto En Sabah Nur como cabía esperar. Su amenaza está presente durante toda la película, pero esta se centra más en Magneto, Xavier y los mutantes ‘modernos’, por un lado con la formación de los Jinetes del Apocalipsis (con el villano manejando los hilos desde la sombra) y por otro con los jóvenes mutantes en la Mansión X, estudiantes aprendiendo a controlar sus superpoderes. En este sentido, Singer vuelve a acometer una empresa imposible (y ya normativa en el género): barajar multitud de tramas y personajes que, por muy bien que se haga, acabarán resultando en saturación. Sin embargo, X-Men: Apocalipsis está contada de manera más fluida y consistente de lo que cabía esperar, reduciendo la fragmentación con transiciones coherentes que aportan mayor unidad narrativa y muy buen ritmo. Por el lado malo, el exceso de frentes abiertos obliga de nuevo a que algunos personajes queden relegados a un segundo o tercer plano (Júbilo no es más que una extra), a que otros estén infra-caracterizados (la Mariposa Mental de Olivia Munn es muy contundente, pero también muy plana) o a eliminar escenas que habrían ayudado a que la historia se airease y conociéramos mejor a los novatos, como la del centro comercial, de la que incluso habíamos visto alguna foto oficial, y cuya ausencia del montaje final nos priva de más momentos de descanso y el más-o-menos-cameo de Dazzler. Muy mal, Fox.

Dejando a un lado estos problemas, X-Men: Apocalipsis sigue en la línea de las dos anteriores entregas del reboot mutante. El humor continúa siendo muy importante y no se considera un signo de debilidad, y la película vuelve a tener una gran carga emocional, de la que se saca el mayor partido gracias a su magnífico reparto de talentos interpretativos, que como ya dijimos con respecto a DoFP, no se ‘relajan’ porque sea una de superhéroes. Michael Fassbender, James McAvoy y Jennifer Lawrence vuelven a conseguir que lo exagerado y rocambolesco de la historia funcione, levantando escenas que en manos de otros habrían caído en el ridículo. El Quicksilver de Evan Peters tiene otra secuencia épica (quizá demasiado parecida a la de DoFP pero igualmente impresionante) y además esta vez está más implicado en el argumento, protagonizando algunos de los mejores momentos cómicos de la película. Moira, interpretada por la fantástica Rose Byrne, tiene mucho peso en la historia y lo mejor es que, a pesar de no ser mutante, no sobra nada de ella. Y por último, las nuevas incorporaciones de Apocalipsis no podrían ser más acertadas: Alexandra Shipp destaca especialmente como Tormenta (el Jinete más definido como personaje), Tye Sheridan clava al Cíclope versión teenage angst, Kodi Smit-McPhee es toda una revelación presentándonos contra todo pronóstico a un entrañable y gracioso Rondador Nocturno y Sophie Turner (y sus hombreras) encandila como Jean Grey, dejándonos uno de los momentos sin duda más satisfactorios y catárticos para los fans, que augura un futuro muy interesante para la saga. Todos ellos se reúnen y prosperan como grupo bajo el amparo de Charles Xavier, cuyo sueño para ese futuro (una Mansión-X en la que convivan mutantes y humanos) recupera un tema en el que, tristemente, en esta ocasión no se profundiza demasiado.

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X-Men: Apocalipsis no es la película de superhéroes perfecta, pero sí es una entrega de X-Men muy sólida, cargada de grandes emociones, imágenes diseñadas para humedecer al geek (¡culpable!), regalos al espectador en forma de cameos (el de Lobezno es breve pero brutal, y sirve para abrir boca de cara a su tercera película, Rated-R) o guiños meta (afortunadamente nada excesivo o fuera de lugar) que harán las delicias de los fans (atención al ataque a X-Men: La decisión final) e interacciones entre personajes que demuestran que, a pesar de todo, Singer sabe que lo más importante es no descuidar sus relaciones y motivaciones (ojalá pudiera decirse lo mismo del villano). Quiero creer que Apocalipsis habría gustado más en general si no hubiera llegado tan cerca de Civil War y Batman v Superman, y si no estuviéramos tan preocupados comparando y tratando de encontrar la fórmula perfecta del cine de superhéroes, en lugar de dejarnos llevar por lo que esta película en concreto propone: diversión exagerada, comiquera e iconoclasta. La siguiente película de la Patrulla-X transcurrirá en los 90. Espero que para entonces, Singer vuelva a darle más importancia a los temas centrales de las anteriores entregas de la saga (identificación mutantes-personas LGTB/minorías y los problemas de identidad de los héroes) para seguir avanzando el discurso, hacer evolucionar la franquicia y darnos una X-Men que no solo sea un gran estallido pop como esta, sino también una cinta de superhéroes más trascendental.

Nota: ★★★★

Crítica: X-Men – Días del futuro pasado

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Se dice pronto, pero hace ya 14 años que arrancó la saga cinematográfica de X-Men. Allá por el lejano año 2000 (técnica, estética y espiritualmente todavía en la década de los 90), Bryan Singer realizaba una de las películas clave para entender el actual fenómeno imparable del cine de superhéroes. Le sucedía una secuela, X-Men 2 (2003) -también dirigida por él-, que a día de hoy conserva su reputación como una de las mejores películas basadas en un cómic. La licencia de 20th Century Fox perdió tracción con la generalmente vapuleada X-Men: La decisión final (2006), de Brett Ratner, y cedió el protagonismo a Lobezno en un infame spin-off, X-Men orígenes: Lobezno (2009) y una no tan mala pero igualmente olvidable secuela, Lobezno Inmortal (2013). Pero antes de reencontrarnos en Japón con el personaje de Hugh Jackman -que ha servido indudablemente como el pegamento de X-Men-, la franquicia ya se encontraba en proceso de transformación y relanzamiento.

En 2011, Matthew Vaughn (Kick-Ass) se hacía con las riendas para dirigir la notable X-Men: Primera generación, una suerte de reboot en forma de precuela que introducía nuevos personajes y nos presentaba a las versiones jóvenes de los mutantes que ya conocíamos. Reclutando a lo más granado del Hollywood actual, la película de Vaughn insuflaba nueva vida a la saga, sin por ello coartar en ningún momento las posibilidades de continuación de la anterior trilogía. En el tiempo transcurrido desde las primeras aventuras de los mutantes de Marvel en el cine, hemos visto tres encarnaciones de Hulk, un reboot de Spider-Man, y nos preparamos para conocer a los nuevos 4 Fantásticos. Sin embargo, la saga X ha mantenido prácticamente intacta su continuidad y ha conservado a su numeroso reparto, esquivando el reset que sí han tenido que practicar otros. Con la ambiciosa y abarrotada X-Men: Días del futuro pasado, basada en el arco homónimo publicado durante 1981 en Uncanny X-Men, la X vuelve a manos de Singer, que subsana los errores de las anteriores entregas. Este une pasado, presente y futuro en un impresionante ejercicio de funambulismo, una película vibrante, divertida y colosal que no es sino el mayor acontecimiento de la cultura popular de este año.

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Durante la larga (y taladrante, por qué no decirlo) campaña promocional de la película, una de nuestras preocupaciones más frecuentes era si Singer, y su guionista, Simon Kinberg, iban a ser capaces de contar una historia con tantas ramificaciones, con tantos frentes abiertos, entre dos tiempos (con sus paradojas incluidas), y sobre todo, con una cantidad tan peligrosa de personajes. Durante la tremenda secuencia inicial de Días del futuro pasado, una masacre mutante que pone el listón bien alto para el resto de la película, nos damos cuenta de que Singer y Kinberg lo han conseguido. Lo que viene a continuación es una imparable sucesión de escenas excelentemente calibradas, tanto en lo que respecta a la acción (set pieces para aplaudir), como al desarrollo de los personajes, la carga dramática y sobre todo el humor, el más inspirado que hemos visto en la saga. Si bien todos los personajes principales tienen su momento de gloria, Días del futuro pasado no es exactamente una película coral. Los que mueven la trama hacia delante (y hacia atrás) son Lobezno, Mística, y los jóvenes Magneto y Xavier, obligando a dejar a algunos personajes de lado. Aún así, teniendo en cuenta que esto era de esperar, es un alivio comprobar que Singer y Kinberg han sabido construir la historia de manera que esta fluya orgánicamente, como si no hubiera supuesto dificultad alguna.

Después de ver Días del futuro pasado, y aunque no hacía falta para saberlo, confirmamos que Hugh Jackman es el corazón (y el culo) de las películas de X-Men. Él, con su (supuesta) eterna juventud, y su carisma infinito, es quien ejerce de enlace entre los mutantes de la trilogía original y los de la primera generación, y él es quien sirve de conductor de esta historia en concreto, viajando desde el futuro a la década de los 70, donde transcurre la mayor parte del relato. Jackman sigue habitando en la venosa piel de Lobezno, y continúa demostrando que no hay otro Logan posible. Pero esto no quiere decir que estemos ante otra película de Wolverine, nada más lejos de la realidad. Él no es el único actor que ha asimilado por completo a su personaje, y Singer sabe exactamente cómo emplear debidamente a cada uno de los excelentes actores que tiene a su disposición. Por eso, la niña mimada de Internet Jennifer Lawrence obtiene más tiempo en pantalla y más peso en la trama que en Primera generación, y por eso la relación entre los Magneto y Xavier jóvenes echa más chispas que nunca. Es especialmente emocionante ver cómo hoy en día ya no se subestima la importancia del talento dramático en el cine de superhéroes. Más que los efectos digitales (algo más descuidados que en otros blockbusters), o la acción (siempre de primera), la verdadera pirotecnia de Días del futuro pasado es su inigualable reparto de estrellas.

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Y aunque Michael Fassbender, Peter DinklageEllen Page o los veteranos Ian McKellen y Patrick Stewart demuestran que un blockbuster como este es tan buena oportunidad como otra para demostrar lo que valen, es James McAvoy quien se lleva el gato al agua con su encendida interpretación como Charles Xavier. McAvoy es uno de los mejores actores de su generación, y que lo esté demostrando en una saga “de palomitas” como esta dice mucho del camino que ha recorrido el género, y hacia dónde se dirige. Los demás protagonistas están a la altura de las circunstancias, y la química y sensación de familiaridad que se respira entre ellos contribuye a la cohesión de este amplio universo y su mitología en constante transformación y expansión. Aunque es cierto que el protagonismo de los mutantes jóvenes relega a los de la trilogía original a un segundo plano. Estos permanecen aguantando el fuerte futuro mientras los demás tratan de cambiar el curso del destino, evitando que el Dr. Bolivar Trask se haga con el ADN de Raven para evolucionar a los Centinelas que llevarán a la especie mutante a la extinción. Pero sería un error considerar desaprovechados a Tormenta, Magneto, el Profesor X, Kitty Pryde o Coloso. Su función en la película es esencial, y sus escenas de acción, tanto al principio como en el adrenalínico y sorprendentemente emotivo clímax, bien justifican su presencia –¿Se puede llorar en una de superhéroes? Sí, se puede. Lo más importante de Días del futuro pasado es que comprendamos el vínculo que une a todos estos personajes contra la intolerancia y el miedo a su raza, la unión ante la amenaza del fin, y la esperanza por la salvación de su especie. En este sentido, y a pesar de que algunos mutantes no dicen apenas ni una palabra, no hay un solo personaje que nos sobre, o que no queramos que esté ahí.

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No, ni siquiera Quicksilver. Es más, contra todo pronóstico, el personaje de Evan Peters (perfecto en el papel de adolescente canalla) es una de las grandes sorpresas de la película. En un film que destaca por su afinado sentido del humor, Mercurio es el personaje que nos regala la escena más descacharrante, la de la liberación de Magneto de la prisión del Pentágono. Una secuencia que además supone uno de los pasajes más satisfactorios visualmente en una película que, salvo algún que otro chirriante croma, hace honor al estilo de Marvel con una desbordante fantasía pop que se opone a la tendencia habitual de sobresaturar digitalmente y oscurecer todos los planos. Ya sea porque transcurre en los 70, o porque los poderes de los mutantes ofrecen un gran abanico de posibilidades que se aprovechan al máximo, Días del futuro pasado es un trabajo tremendamente luminoso y colorista, todo un sueño húmedo para fanboys (de Marvel, de las películas de súper héroes, de las anatomías de Jackman y Law, de McBender…). Pero también es una obra cinematográfica sobresaliente, y faltaría más, épica, un producto de masas cuidado con el cariño y la atención (y el buen ojo para los negocios) que ya esperamos siempre de la Casa de las Ideas. Por todo ello, y por ahora, X-Men: Días del futuro pasado puede compartir título con Los Vengadores como la película de superhéroes definitiva.

Valoración: ★★★★½

Crítica: Lobezno Inmortal (The Wolverine)

El entuerto lo provocó la tercera entrega de X-Men, La decisión final (2006), pero el spin-off X-Men orígenes: Lobezno (2009) se encargó de rematar la faena. Las dos primeras partes de la saga mutante de Marvel en Fox, capitaneadas por Bryan Singer, obtuvieron grandes laureles por parte de la crítica y el entusiasmo del público, contribuyendo así a la dignificación del cine comiquero de súper héroes que hoy en día disfrutamos. Pero Singer se bajó del carro, y los X-Men perdieron el rumbo (paradójico teniendo en cuenta lo que el realizador hizo después). La primera entrega en solitario del peludo y musculoso mutante de Marvel no fue bien recibida, y con razón. Cartón piedra, efectos digitales propios de mediados de los 90 y lo más grave: una historia terriblemente descentrada, con un gran número de personajes muy mal manejados. Camp por un tubo. El tiempo ha perjudicado considerablemente a X-Men orígenes: Lobezno (4 años es mucho en el cine actual de Hollywood), y el mal recuerdo se ha magnificado.

Pero entonces llegó X-Men: Primera generación (2011), acertado y exitoso reboot de Matthew Vaughn que situaba la franquicia en la senda del bien. Tras el macroproyecto Avengers, Fox abraza el nuevo modelo Marvel y nos trae una nueva película de Lobezno que sirve como borrón y cuenta nueva, como capítulo independiente, secuela de La decisión final, y también como antesala o prólogo al gran evento de 2014: X-Men: Días del futuro pasado. Todo a la vez. La intertextualidad es lo que sostiene hoy en día este tipo de cine, y lo vamos a comprobar una vez más cuando Lobezno, los X-Men originales de Singer y los de la nueva clase converjan en el que será uno de los eventos cinematográficos más importantes del próximo año.

Pero para renacer hace falta primero purificarse, o más bien purgarse. Y eso es exactamente lo que hace Lobezno Inmortal (The Wolverine). Siendo más fiel al referente (un arco de Chris Claremont y Frank Miller) y con una trama mucho más centrada y fluida, Lobezno Inmortal plantea una nueva historia de (re)génesis para uno de los personajes más carismáticos de la Casa de las Ideas. Así, se presenta a Logan como lobo solitario, o más bien ronin, samurai sin maestro. Un hombre que arrastra el enorme peso de su pasado, la culpabilidad por la pérdida de la mujer amada –Jean Grey, que vuelve como Pepito Grillo de Logan- y la maldición de la inmortalidad. El cast se reduce así considerablemente, y la atención se concentra en el personaje, en su lucha interna por alcanzar el Zen y el autoconocimiento, dificultada por la rabia incontenible -y la explosiva testosterona- que hay en él. Lógicamente, la historia transcurre íntegramente en Japón, y en lugar de una película de súper héroes, obtenemos una cinta de acción ligeramente noventera que es a su vez película de artes marciales y en gran parte, cine de yakuzas. Una propuesta que habría desarrollado plenamente su potencial con una calificación por edades más valiente.

En esta película, Logan evoca al Bruce Wayne de Batman Begins (tiene todo el sentido del mundo con Frank Miller en común), un personaje reconfigurado a base de misticismo y disciplina ritual. Y he ahí el mayor error de Lobezno Inmortal. Se confunde lo serio y atormentado por lo profundo, y la historia rasca la superficie del personaje, pero no logra adentrarse en él tanto como pretende o como quiere hacer ver. Tampoco ayudan los tremendamente insulsos y olvidables secundarios, así como la villana fuera de lugar. No basta con reducir el número de personajes, también hay que sacar el mayor provecho de los que se tiene, y este no es el caso. Claro que esto tiene su reverso luminoso: Hugh Jackman, el hombre que puede con cualquier papel pero que nació para ser Lobezno, brilla como nunca. Él es Lobezno, él es la película, y eso es suficiente.

Cuando el peso de la película recae en la acción, Lobezno Inmortal sobresale. Los set pieces son fantásticos (concretamente la escena del tren o la secuencia Lobezno vs. los ninjas) y los efectos no tienen nada que ver con aquellas vergonzosas garras digitales de Orígenes. Pero más allá de esto, resulta que esta no es la obra de redefinición que el personaje necesitaba, y que Fox planeaba, sino otra película que no está a la altura del carisma del mutante. La única diferencia con la infame Orígenes es que esta vez han estudiado más, y se la han tomado más en serio. Tanto es así que hace algo peor que chirriar o dar vergüenza: provocar bostezos. Esperemos que el regreso de Lobezno al universo coral de X-Men con Días del futuro pasado nos devuelva al personaje en su mayor esplendor, es decir, interactuando con sus compañeros, o mejor aun, peleándose con ellos.

Sorteo: Consigue un combo Blu-ray+DVD+copia digital de ‘Jack, el Caza Gigantes’

Este sorteo ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros sorteos.

Warner Bros se complace en anunciar el lanzamiento de Jack el Caza Gigantes en DVD y Blu-Ray y Copia Digital el 16 de julio. Con motivo del lanzamiento de la película al mercado doméstico, y para agradeceros vuestra fidelidad, fuertecito no ve la tele y Warner Bros os dan la oportunidad de conseguir gratis un combo Blu-ray+DVD+copia digital de Jack, el Caza Gigantes.

¿Cómo participar? Muy sencillo. Leed atentamente:

A continuación tenéis la Aplicación Blog de Jack el Caza Gigantes, con nuevos contenidos exclusivos. En ella podéis controlar las imágenes GIF y manejar la acción de la película con el movimiento del ratón. Los sonidos de gigantes te permitirán componer tu propia combinación de sonidos de Jack el Caza Gigantes. Pon a prueba tu coraje y completa el cuestionario “¿Eres valiente?” para ver si eres tan audaz como Jack, el héroe de la película.

Una vez hayáis completado el cuestionario, lo único que tenéis que hacer es publicar vuestros resultados en la sección de comentarios de esta entrada del blog o bien en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele. De esta manera entraréis automáticamente en el sorteo. No olvidéis incluir vuestra dirección de correo electrónico (solo si participáis en el blog, en Facebook no hace falta) para ponernos en contacto con el ganador (no os preocupéis, no será visible para el resto).

Aquí tenéis la Aplicación Blog de Jack el Caza Gigantes. Adelante, ¿eres lo suficientemente valiente como para rescatar a la princesa? ¿Eres tan valiente como Jack? ¡Completa el cuestionario para averiguarlo y entrar en el sorteo de la película!

El sorteo comienza hoy viernes 12 de julio de 2013 finalizará el próximo jueves 18 de julio de 2013 a las 23:59. El ganador será escogido al azar y anunciado a lo largo del viernes 19. Importante: sorteo exclusivo para residentes en territorio español. Disculpad las molestias.

¡Mucha suerte!

Sobre Jack el Caza Gigantes:

Libres en la Tierra por primera vez en siglos, los gigantes tratan de reclamar la tierra que perdieron en su día, obligando al joven Jack (Nicholas Hoult) a entrar la batalla de su vida para detenerlos. Luchando por un reino y sus habitantes, y por el amor de una valiente princesa, se enfrenta cara a cara con los imparables guerreros que pensaba que sólo existían en las leyendas… y tiene la oportunidad de convertirse en una leyenda él mismo.  Dirigida por Brian Singer (X-Men, Superman Returns)

Reparto: Nicholas Hoult (Skins, X-Men: Primera generación), Ewan McGregor (Star Wars, Moulin Rouge!), y Stanley Tucci (Capitán América: El primer vengador).