Crítica: Gozdilla – Rey de los monstruos

Con el Universo DC en pleno proceso de reestructuración, Expediente Warren generando spin-offs a cada cual más taquillero y Animales Fantásticos intentando replicar el éxito de Harry PotterWarner Bros. sigue apostando por los universos extendidos, como casi todos los grandes estudios de Hollywood. Hace cinco años, Godzilla puso los primeros cimientos de una saga que aunaría bajo el mismo cielo (encapotado y electrificado) a los grandes monstruos de la mitología audiovisual, como el famoso kaiju o el mítico King Kong. El rey de los monos protagonizó en 2017 la nada desdeñable Kong: La Isla Calavera, y ahora le vuelve a tocar el turno a Godzilla, que regresa en Godzilla: Rey de los monstruos (Godzilla: King of the Monsters), tercera entrega de este MonsterVerse.

Michael Dougherty (Krampus, maldita Navidad) dirige este gigantesco blockbuster que retoma la acción cinco años después de la destrucción ocasionada por Godzilla en la primera película, mostrándonos las consecuencias no solo en la Tierra, sino también en una familia que sufrió una trágica pérdida. La organización Monarch continúa estudiando a los monstruos que se encuentran ocultos hibernando en todo el mundo e intenta contenerlos para evitar una catástrofe mayor. Sin embargo, un grupo de ecoterroristas tratará de liberar a las bestias para restaurar el orden natural del planeta, para lo que secuestrarán a la doctora Emma Russell (Vera Farmiga), creadora de un sónar para comunicarse con ellas, y su hija Madison (Millie Bobby Brown). Godzilla regresa de su escondite bajo el mar para enfrentarse a criaturas que se creía que eran solo mitos, como Mothra, Rodan y el rey de tres cabezas Ghidorah, con los que luchará por la supremacía en una batalla que dejará a la humanidad al borde de la extinción.

Una de las quejas que suele lastrar al cine de monstruos es que estos tardan demasiado en aparecer, o que el drama de los personajes humanos los eclipsa hasta el aburrimiento. En este caso, Warner se ha asegurado de que esto no ocurra. En Godzilla: Rey de los monstruos, los titanes aparecen muy pronto y aparecen mucho. La historia de la familia fragmentada que forman Kyle Chandler, Vera Farmiga y Millie Bobby Brown aporta el hilo conductor y el conflicto central de la película (los monstruos como depredadores o como defensores de la humanidad), pero son las superespecies las que se llevan todo el protagonismo en un sinfín de escenas de acción y devastación. De esta manera, el film ofrece lo que se debería esperar de un espectáculo cinematográfico estival como este, lo que los fans del cine de monstruos suelen pedir (y absurdamente no siempre se les da).

Claro que, precisamente por esto, la película puede resultar excesiva y agotadora para los menos predispuestos. Las secuencias de destrucción y las peleas entre los titanes ocupan gran parte del metraje, y sobre todo en la recta final se vuelven completamente desbordantes y abrumadoras. A pesar de que hay momentos en los que es imposible distinguir qué está ocurriendo en la pantalla y las criaturas digitales no son siempre convincentes (Ghidorah es impresionante, pero Mothra de cerca parece hecha a finales de los 90), la película sobresale en el aspecto técnico y visual, con un acabado general muy sólido. Las batallas entre monstruos son de una épica incontestable y los titanes protagonizan planos de auténtica belleza, destellos de ambición creativa y artística que elevan la película por encima de la típica superproducción de usar y tirar.

La trama, que fusiona los mitos con un mensaje ecológico, es todo lo absurda, confusa y llena de clichés que cabe esperar de una película sobre monstruos míticos del tamaño de rascacielos (no hay que buscarles demasiada lógica, porque no se va a encontrar), pero al menos consigue divertir y mantener el interés, cosa que no se puede decir de la primera entrega, dirigida por Gareth Edwards. El humor no siempre se utiliza con acierto, pero sirve su propósito como alivio de la acción, y los actores hacen el mejor trabajo que se puede pedir de una producción de estas características (Chandler, Farmiga y Brown demuestran que su talento no se enciende o apaga según el proyecto en el que estén). En definitiva, Godzilla: Rey de los monstruos es un espectáculo digno, una película grande y complaciente, que da a su público objetivo todo lo que desea, y más.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Déjame salir (Get Out)

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No cabe duda de que vivimos buenos tiempos para el terror. El cine de miedo es oficialmente el más rentable en la taquilla y en los últimos años está demostrando que además goza de muy buena salud creativa, ya sea con producciones más grandes (el universo compartido de Expediente Warren o el remake de It, la película de terror más taquillera de la historia) o con películas más modestas y experimentales que están ampliando sus fronteras y dando mayor cabida a la hibridación con otros géneros.

La productora Blumhouse está a la cabeza de esta interesante ola de terror moderno, encadenando taquillazos como si no les costara nada (porque de hecho les cuesta muy poco), con un margen de fracaso mínimo, ya que manejan presupuestos muy bajos y por lo general no trabajan con grandes estrellas. El estudio responsable de sagas como InsidiousParanormal ActivityThe Purge y hogar del renacimiento de M. Night Shyalaman (La visita, Múltiple) lleva unos cuantos años apostando por las ideas originales y la visión de autor. Y en ese contexto es donde se enmarca una de las mejores películas que han hecho, si no la mejor, Déjame salir (Get Out).

La mente detrás de Déjame salir es la del cómico Jordan Peele, que se ha convertido con la que es su primera película en el primer guionista y director afroamericano en superar los 100 millones de taquilla en Estados Unidos, pasando a ser uno de los mayores talentos en alza de un Hollywood muy necesitado de voces que renueven los géneros desde perspectivas diferentes (de género, etnia u orientación sexual). Con esta fábula perversa y oscura que ha calado hondo en la audiencia norteamericana, Peele ha querido hacer una afiladísima crítica social en torno al racismo contando una historia inquietante y sorprendente que bien podría ser un capítulo de una versión moderna de La dimensión desconocida.

Déjame salir parte de una situación muy familiar: el temido momento en el que tenemos que conocer a los padres de nuestra pareja. Chris (Daniel Kaluuya) se dispone a pasar un fin de semana en el campo con su novia, Rose (Allison Williams), y sus suegros (Catherine Keener y Bradley Whitford). El comportamiento de los padres de Rose desata las alarmas de Chris, que cree que su excesiva complacencia es reflejo de la tensión creada por el hecho de que su hija esté en una relación interracial (Rose es blanca, Chris negro). Pronto, sus sospechas se verán confirmadas cuando empiece a hacer descubrimientos cada vez más extraños en la propiedad, que le llevarán a destapar un espeluznante secreto.

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Aunque no faltan los sustos, Déjame salir es sobre todo un thriller y una comedia (muy) negra (de hecho, competirá en los Globos de Oro como comedia, muy convenientemente). Peele está más interesado en remover conciencias que estómagos, en provocar el escalofrío destapando el racismo históricamente arraigado en la sociedad norteamericana, haciendo más uso de la tensión psicológica que de los habituales trucos para sobresaltar al espectador. Pero el director no solo recurre al suspense más enervante, sino también al humor, creando situaciones deliciosamente perversas y retorcidas y diálogos de una acidez muy satírica que no funcionarían tan bien sin el excelente trabajo del reparto (especialmente de Kaluuya y Williams), y que dan lugar a una película más divertida de lo esperado.

Por último, Déjame salir también nos depara fuertes estallidos de violencia y locos giros argumentales que sumen a la película en la paranoia, sobre todo durante su reveladora recta final -por otra parte algo decepcionante, como suele ocurrir cuando una historia que juega tanto con la mente del espectador acaba descubriendo el pastel y dando más detalles explicativos de los que hacen falta. Aun así, con su ingeniosa opera prima, Peele ha conseguido realizar una película audaz, provocadora y fascinante, un trabajo inteligente y entretenido que además de poner de los nervios, se mete en la cabeza, convirtiendo la realidad más terrorífica en pesadilla cinematográfica.

Nota: ★★★★

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Déjame salir ya está a la venta en España, disponible en varias ediciones: DVD, Blu-ray, 4K Ultra HD y Blu-ray edición especial en caja metálica para coleccionistas.

Las ediciones en DVD y Blu-ray cuentan con los siguientes contenidos adicionales:

• Final alternativo
• Escenas inéditas
• “Revelando el terror en Déjame salir
• Entrevista con Jordan Peele y el reparto
• Comentarios con el director/guionista Jordan Peele

La edición 4K UHD incluye la película en resolución 4K y el Blu-ray estándar con todos sus extras. La edición especial en caja metálica, disponible en todos los puntos de venta hasta fin de existencias, nos ofrece la película en Blu-ray y todos sus extras en un steelbook de elegante diseño.

Crítica: La cabaña en el bosque

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A estas alturas de la película, La cabaña en el bosque (The Cabin in the Woods, 2011) ya no es solo una revelación de culto, sino que va camino de convertirse por derecho propio en un clásico prematuro. La historia detrás de este accidentado proyecto de Joss Whedon (producción y guion) y Drew Goddard (dirección y guion) es conocida por todos. El periplo de los autores para llevarla a la gran pantalla en su país de origen (donde tardó más de un año en estrenarse) no es nada comparado con lo que el fan español ha tenido que esperar, y aguantar. Después de más de un año mareando la perdiz (de truncado estreno en cine pasó directamente a lanzamiento doméstico para ser cancelado indefinidamente antes de ver la luz), GOOD FILMS rescata la película del limbo de la distribución en España para brindarnos la oportunidad de disfrutar de este título imprescindible del terror actual en cine, lugar al que siempre perteneció. No importa si la hemos visto ya, queríamos (necesitábamos) experimentarla en pantalla grande (más allá de festivales o muestras), inmersos en la oscuridad de una sala. Y nuestros gritos desesperados por fin han sido escuchados.

La cabaña en el bosque cartel españolNada más iniciar su largo y tumultuoso recorrido comercial, La cabaña en el bosque adquirió de inmediato el calificativo de película de culto. Puede que los nombres detrás el proyecto tuvieran algo que ver. Sin embargo, la clave en este caso no es el factor Whedon (Goddard además es uno de sus más fieles segundos de abordo), sino el hecho de que la película lograra marcar un antes y un después en el fantástico, a pesar de los obstáculos en su camino. La cabaña en el bosque es una comedia de terror (con un pie en el sci-fi) que desarma los mecanismos argumentales del género en un astuto ejercicio de deconstrucción (o autopsia) narrativa. Aportando una visión fresca y original como hiciera Pesadilla en Elm Street (Wes Craven) en los 80, o revitalizando el género con altas dosis de sátira y humor meta, como Scream en los 90 (también de Craven), La cabaña en el bosque introduce una nueva perspectiva que reajusta nuestras expectativas (no sin antes manipularlas habilidosamente) y condiciona toda la producción terrorífica posterior. Lo pudimos comprobar recientemente en la nueva versión de Evil Dead, que se ponía las pilas y optaba por la seriedad para contar por enésima vez la historia que La cabaña en el bosque acababa de explicar y desmitificar (siempre desde el respeto y la pasión por el género).

La cabaña en el bosque es un sólido entretenimiento con momentos de loca diversión, pero también de gran lucidez y capacidad analítica, que articula a la perfección lo que el espectador, cada vez más ducho y escéptico, siente al ver el tipo de películas que esta parodia. Whedon y Goddard se lo pasan genial y no dejan títere con cabeza. Se adueñan de todos, absolutamente todos los lugares comunes del slasher, y orquestan un inteligente espectáculo de tramoya que no cesa en ningún momento de sorprender y sublimar. Juegan con sus personajes, desmontan deliciosamente los arquetipos, para reflexionar jocosamente sobre los clichés que los conforman. Y construyen con gran detallismo, argucia y sentido del humor un argumento que fluye espectacularmente durante los aprovechadísimos 95 minutos que dura el film. La cabaña en el bosque es además una de esas películas que adquieren mayor sentido y empaque con los repetidos visionados. La cuarta vez que me he adentrado en la cabaña con el deportista, el empollón, la zorra, el fumado y la virgen es, sin lugar a dudas, la que más he disfrutado. Esto dice mucho de una película que se debe experimentar por primera vez sabiendo lo menos posible sobre ella (de ahí que no incluya aquí detalles sobre la trama, aunque me muera por darle el capricho a Whedon analizando hasta la última coma). En lugar de desmerecer por la ausencia del factor sorpresa, La cabaña en el bosque gana cada vez que se ve, confirmándose como la película de terror más importante de los últimos años.

Valoración: ★★★★½