American Horror Story 1984: Los 80 nunca morirán

Después de nueve años en antena, American Horror Story es toda una institución televisiva. Cada otoño, la serie de terror antológica creada por Ryan Murphy y Brad Falchuk continúa creando expectación en torno al tema de la temporada y los actores que formarán parte de su reparto, mientras que sus índices de audiencia siguen siendo muy sólidos para una serie tan longeva. Este año, la ficción de FX (emitida por FOX en España) se vuelve a reinventar llevándonos de nuevo al pasado con AHS 1984, homenaje al slasher de los 80 con Viernes 13 como principal referente y reminiscencias a otra serie de Murphy, Scream Queens.

AHS 1984 transcurre en el Campamento Redwood, lugar de una de las masacres más sangrientas ocurridas en este universo de ficción. La historia sigue al prototipo de final girl Brooke Thomson (Emma Roberts), una chica inocente y reservada que, tras un terrorífico encuentro con el asesino en serie Richard Ramírez (Zach Villa), decide pasar el verano como monitora en Camp Redwood, uniéndose a un diverso grupo de personas, a cada cual con el secreto más oscuro. A su llegada, son recibidos por Margaret Booth (Leslie Grossman), directora del campamento y única superviviente de Mr. Jingles, el sádico asesino que sembró el terror en el lugar 14 años antes. La noche antes de la llegada de los niños al campamento, la noticia de que Mr. Jingles se ha escapado del hospital psiquiátrico en el que estaba encerrado da comienzo a una violenta pesadilla de la que será difícil escapar con vida.

Sarah Paulson y Evan Peters, hasta ahora los dos únicos actores que habían aparecido en todas las temporadas de la serie, no forman parte del reparto de AHS 1984. Sin embargo, la temporada sigue contando con numerosos rostros familiares, como Emma Roberts, Cody Fern, Leslie Grossman, Billie Lourd, Lily Rabe, John Carroll Lynch, Leslie Jordan, Dylan McDermott o Finn Wittrock, a los que se unen actores de otras series de Murphy, como Matthew Morrison (Glee) y Angelica Ross (Pose), y nuevas incorporaciones como el atleta y thist trap profesional Gus Kenworthy. Este elenco, sumado a la ausencia de veteranos como Kathy Bates, Jessica Lange o Dennis O’Hare hace de AHS 1984 la temporada más “juvenil” hasta la fecha, lo cual encaja con la propuesta si tenemos en cuenta que las películas de terror que homenajea/parodia suelen estar protagonizadas por adolescentes y orientadas al público joven.

Después del crossover de Apocalypse1984 vuelve a contar una historia más cerrada e independiente. Hay guiños y conexiones que siguen unificando todas las historias en el mismo universo, pero el espectador no necesita haber visto lo anterior para entender la temporada. La trama de 1984 comienza apoyándose fuertemente en las convenciones del slasher, con un asesino en serie que persigue a un grupo de jóvenes y los mata uno a uno de las maneras más macabras y retorcidas -la serie aumenta las dosis de violencia gráfica en la que es posiblemente la temporada más gore y explícita hasta la fecha-, para a continuación dar un giro en el quinto capítulo (como Roanoke, pero menos meta) y dedicar los restantes a contarnos un cuento de fantasmas al más puro estilo AHS.

Al contrario que en temporadas como Freak Show y Hotel, que tuvieron arranques estupendos pero se desinflaron conforme avanzaron, 1984 empieza con uno de los primeros capítulos más insulsos que se recuerdan de la serie para más adelante remontar el vuelo y terminar con buena letra. Los primeros cuatro episodios son un caos absoluto hasta para una serie como esta, no precisamente conocida por su solidez narrativa. El argumento se enreda demasiado pronto y sin apenas preámbulo, los giros no vienen precedidos de un mínimo desarrollo de personajes y todo se vuelve repetitivo muy rápidamente, desaprovechando así la oportunidad de hacer algo original o diferente con el homenaje al slasher, un género diseccionado recientemente en películas como La cabaña en el bosqueThe Final Girls.

Afortunadamente, la segunda mitad compensa la primera. A partir del quinto episodio, 1984 nos remite directamente al principio para volver a contar una historia de espíritus que permanecen atrapados en un lugar que hace las veces de limbo o purgatorio. Al igual que la casa de Murder House, el Campamento Redwood se convierte en la prisión de un grupo de personajes que se enfrentan a una eternidad en el lugar donde murieron. Sin abandonar en ningún momento la violencia y el humor mamarracho que siempre ha caracterizado a la serie, AHS 1984 se adentra en terreno emocional en su recta final, donde tanto los supervivientes como los fantasmas de Camp Redwood deben revisitar el pasado para resolver sus asuntos.

Oficialmente la temporada más corta de AHS con nueve episodios1984 llega a su clímax prometiendo un festival bañado en sangre para su último episodio, pero en su lugar nos ofrece una conclusión sentimental que recuerda, salvando las distancias, al final de Asylum. A pesar de no ser lo esperado y arriesgarse a decepcionar, este desenlace funciona muy bien como conclusión por dos razones: da sentido y ofrece cierre satisfactorio para los personajes, con lo que la temporada termina mucho mejor de lo que empezó. Más allá de los calentadores, los colores chillones y los litros de laca por cabeza, el homenaje a los 80 se vuelve especialmente trascendental cuando Montana, el personaje de Billie Lourd (la gran estrella de la temporada), nos recuerda que esta década nunca morirá, coronando así una historia sobre la inmortalidad, literal y figurada.

AHS 1984 no es ni de lejos de las mejores temporadas de la serie, pero tampoco es la peor. Pese a lucirse como siempre en lo estético (qué gozada los looks de los personajes), tener buenas interpretaciones (Lourd, Lynch, Ross, tú no Gus Kenworthy, Grossman, McDermott…) y darnos todo lo que tanto nos gusta de ella y lo que tanto obsesiona a su creador -personajes excéntricos, homenajes cinéfilos, humor alocado, nostalgia, asesinos en serie-, se puede notar el desgaste que afecta a la serie (y al espectador). Tras la emisión del final de 1984, las noticias sobre el futuro de la serie son contradictorias. Por un lado se cree que la décima temporada podría ser la última, y por otro se habla de que la serie podría durar diez temporadas más. No sabemos lo que pasará, pero si AHS va a seguir con nosotros tanto tiempo y nosotros pensamos seguir siéndole fieles, quizá vendría bien descansar un poco.

9-1-1: ¿Policía? Soy adicto a la nueva serie de Ryan Murphy

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Ryan Murphy acaba de firmar un contrato multimillonario con Netflix para desarrollar contenidos originales para la plataforma. El productor deja detrás una fructífera etapa en Fox, que lo ha encumbrado como uno de los creadores televisivos más reconocibles, exitosos y solicitados del panorama catódico estadounidense. Pero antes de mudarse al gigante de la televisión por Internet (junto a otra todopoderosa productora, Shonda Rhimes), Murphy aun tiene un par de ases bajo la manga para Fox.

A las nuevas temporadas de American Horror StoryAmerican Crime StoryFeud se suma Pose, la esperada serie para FX sobre la cultura “ball” de Nueva York a finales de los 80, y también la reciente 9-1-1, drama policial sobre un grupo de rescate de Los Ángeles cuya primera temporada ya se ha emitido en Fox, y que tras sus excelentes índices de audiencia, volverá con una segunda temporada el año que viene. Mientras esperamos Pose ansiosos, zambullámonos en la adictiva locura que es 9-1-1.

9-1-1 está creada por Murphy y su leal coproductor Brad Falchuk, con el que ha desarrollado casi todas sus series (el segundo de abordo siempre en la sombra, que también se merece su reconocimiento). Se trata de una ficción policíaca que se puede adscribir a la tradición procedimental (episodios autoconclusivos, caso por semana, repetición de una fórmula narrativa), hasta que la dinamita presentando sus propias reglas. En un episodio de 9-1-1 suele haber varios casos, algunos están concebidos casi como gags y otros se desarrollan más ampliamente, pero el énfasis siempre recae en las vidas y los tumultos sentimentales de los protagonistas.

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La serie se divide en tres frentes. Por un lado la centralita de llamadas de la policía, donde conocemos a Abby (Connie Britton), una entrañable teleoperadora del 9-1-1 que vive con su madre enferma de Alzheimer. Por otro está la estación de bomberos, en la que trabaja un diverso grupo de profesionales de los primeros auxilios que incluye a Bobby (Peter Krause), Buck (Oliver Stark), Chim (Kenneth Choi) y Han (Aisha Hinds). Y por último tenemos a la sargento de la policía Athena Grant (Angela Bassett). Estas personas de caracteres atormentados, inseguros y problemáticos, pero osados y profesionales, se cruzarán a lo largo de los capítulos desarrollando amistades y relaciones mientras atienden a las emergencias más disparatadas.

9-1-1 recoge ese componente irresistible de la época temprana de Anatomía de Grey, que semana a semana sorprendía con los casos médicos más rocambolescos y enganchaba con las aventuras sentimentales de sus protagonistas, y le suma el factor demencial y provocador de American Horror Story, con emergencias y tramas pasadísimas de rosca e imágenes explícitas que harán las delicias de los fans del estilo over the top de Murphy y Falchuk. Porque aunque a primera vista pueda parecer una serie más “normal”, más de network, en el fondo tiene el mismo espíritu absurdo y exagerado de todos los trabajos de sus creadores. Eso hace que no sea una serie para todo el mundo. Quien busque un Mentes criminales o un Chicago Fire, que se vaya a otro sitio. Por ejemplo al spin-off de Anatomía de GreyStation 19, que maneja un concepto similar con menos riesgo y mucha menos gracia.

Uno de los mayores puntos fuertes de 9-1-1, además de su cuidado y creativo apartado visual, su sentido del humor y los retorcidos casos que nos plantea en cada capítulo (el piloto empieza con un bebé atrapado en una tubería, y a partir de ahí no deja de elevar el listón de excentricidad), es su excelente reparto. En especial Britton, que nos enamora con su personaje, su manera de responder a las llamadas de emergencia y su relación con el rompebragas, mucho más joven que ella, Buck; Krause, que ha encontrado al personaje más atormentado de su carrera después de Nate Fisher; y la fiera Bassett en la que es una de sus interpretaciones más desmesuradas y apasionadas de su carrera. Su mera presencia ya es un gran aliciente para ver la serie, pero cada personaje tiene algo interesante que ofrecer.

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Debo reiterar que 9-1-1 no es una serie policial al uso. Hay un episodio dedicado a la luna llena, que provoca los comportamientos más extraños y violentos en la población de LA (además de un parto múltiple de lo más divertido), un especial de San Valentín que bien podría ser un capítulo de AHS, e insisto, casos imposibles que harán que se nos salgan los ojos de las órbitas, y que, aunque no lo creáis, están basados en llamadas reales a la policía. Es decir, 9-1-1 es un viaje salvaje con giros inesperados y emociones a flor de piel, una serie que, si no nos la tomamos demasiado en serio, se puede convertir en nuestra nueva droga televisiva favorita.

En España, 9-1-1 se emite en Fox Life. La primera temporada completa está disponible en Movistar+.

American Horror Story Cult: Una nación, bajo el miedo, dividida

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Después de seis temporadas, American Horror Story se mete en política. No es que la serie de Ryan Murphy y Brad Falchuk no haya sido una ficción comprometida y abiertamente liberal antes, pero este año, la política se convierte en uno de los motores principales de la serieAHS Cult arranca con una escalofriante escena que tiene lugar durante la fatídica y surrealista noche de las más recientes elecciones presidenciales de Estados Unidos, en la que Donald Trump se alzó con la victoria por encima de Hillary Clinton, inaugurando así una nueva era marcada por el miedo y la incertidumbre. Este es el desencadenante de una historia de terror que, por ahora, prescinde del elemento sobrenatural para situarse en un contexto muy familiar. Ya sabéis, la realidad supera a la ficción, y lo de Trump es la pesadilla definitiva.

Las caras oficiales de AHS, Evan Peters y Sarah Paulson, protagonizan la nueva temporada, representando con sus respectivos personajes las dos vertientes de la nueva Norteamérica, una nación partida por la mitad en la que ha emergido una nueva ola de odio y donde la extrema derecha se ve respaldada por la propia Casa Blanca. Peters interpreta a Kai Anderson, un activista político con los cables cruzados y ansias de poder que ve la victoria de Trump como la oportunidad perfecta para poner en práctica su ideología, mientras que Paulson da vida a Ally Mayfair-Richards, una demócrata lesbiana cuyas mayores fobias afloran a raíz del resultado electoral. Alrededor de ellos, un atroz crimen y un misterio que involucra a una secta de payasos siniestros que se dedican a sembrar el terror en las calles de Michigan.

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Como de costumbre, Murphy y Falchuk llenan la batidora de temas, ideas y referentes para a continuación darle al botón de máxima potencia: las fobias personales (a los payasos, a la oscuridad, a los agujeros), el culto a los líderes mediáticos, la división de la sociedad, la xenofobia, el fanatismo político, la insensibilización que provoca estar constantemente expuestos a la violencia en nuestras pantallas… Cult abarca muchos asuntos, pero encuentra su hilo conductor en el miedo, cómo este nos condiciona y cómo se puede convertir en el arma definitiva para sumir el mundo en las tinieblas. AHS nunca ha sido precisamente sutil a la hora de exponer su discurso, pero Cult va un paso más allá y no tiene miedo a cruzar el límite, construyendo una sátira sobre la situación actual de Norteamérica tan burda y exagerada como valiente y ocasionalmente brillante.

Y esa es una de las mayores virtudes de esta serie, y de toda la obra de Murphy en general, que no se anda con rodeos, sino que dispara a matar, sin importarle en absoluto lo que los demás piensen, con carta blanca para provocar y escandalizar a discreción. No hay filtro, y el personaje de Peters es la prueba. En el primer capítulo, “Election Night”, vemos a Kai follándose a su televisor y pintándose la cara con un “batido” de Cheetos para celebrar el triunfo de Trump (recordemos que al presidente se le conoce “cariñosamente” como Human Cheeto por la característica naranjez de su rostro), lindeces que de ninguna manera impedirán que los fans del actor, más carismático que nunca, vuelvan a babear con su presencia en la serie. Pero no creáis que Cult solo ridiculiza a los republicanos, el liberalismo y el privilegio blanco que va asociado en muchas ocasiones a él también son objeto de burla, en especial esos social justice warriors hasta arriba de egocentrismo y autocomplacencia.

Al igual que en las anteriores temporadas, AHS Cult deja al descubierto sus referentes e influencias. Según vemos en el primer episodio, la serie se apoya claramente en el género de las invasiones domésticas y recuerda inevitablemente a la saga The Purge, sobre todo en las apariciones de los payasos. Por otro lado, Cult también parece estar preparando su propia versión de La mano que mece la cuna con el personaje de Billie Lourd (atención, que podría sorprendernos con su interpretación), que encarna a la nueva niñera del hijo de Ally y su mujer (Alison Pill), una universitaria demócrata despechada por haber malgastado un año haciendo campaña para Hillary que se somete al plan de Kai para infiltrarse en casa del enemigo.

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Para reflejar la histeria que reina en Estados Unidos (y el resto del mundo), Murphy se ha propuesto con la séptima temporada de American Horror Story apelar a uno de los miedos más extendidos (y más de moda), la coulrofobia, haciendo competencia a Pennywise cerca del fin de semana del estreno de It con el regreso del payaso Twisty (John Carroll Lynch). Y además de provocar, muy deliberadamente, la ira de los espectadores que no quieren política en sus series (la mayoría, republicanos), también se la tiene jurada a los que sufren de tripofobia (la aversión a los agujeros pequeños aglomerados en un mismo sitio, una fobia mucho más masiva de lo que creíamos). Es decir, hay munición para todos, y Cult promete ser una de las experiencias, si no más terroríficas, al menos más desagradables e incómodas del año.

AHS está decidida a atormentarnos con la imaginería más siniestra, pero tengo la sensación de que esta va a ser la temporada más cómica y más loca hasta la fecha (Chaz Bono como radical de Trump, ¿cómo te quedas?). Me lo dicen sobre todo las interpretaciones de Paulson y Evans, histriónicos, irritantes y divertidos, las idas de olla marca de la casa y los diálogos llenos de pullas y mala baba. Esta premiere no ha sido de las mejores de la serie, pero con suerte, esto podría dar lugar a una temporada que vaya de menos a más (crucemos los dedos), en lugar de mostrar todas sus cartas en el primer capítulo y desinflarse durante las siguientes semanas, que es lo que suele pasar con esta serie. Por si acaso, porque conocemos a Murphy, es mejor no hacerse demasiadas ilusiones, pero una cosa que está clara es que AHS Cult va a ser la temporada que más va a dividir a su audiencia, lo cual sería muy apropiado teniendo en cuenta que así es precisamente la realidad de la que nos quiere hablar.

American Horror Story Roanoke: Una nueva pesadilla

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Este año pocos artículos tipo “Todo lo que sabemos de…” os habréis encontrado con respecto a la sexta temporada de American Horror Story. Y si habéis visto alguno, poco o nada os habrá desvelado de la nueva iteración de la exitosa serie de FX, porque toda información sobre su historia, reparto, personajes, subtítulo y tema central se ha mantenido bajo estricto secreto hasta la mismísima noche del estreno en Estados Unidos. Esa ha sido la ingeniosa base de la campaña promocional del regreso de AHS, hecha este año más que nunca para confundir y despistar. Hasta 36 teasers con un centenar de referencias a películas de terror que han hecho que Internet se estruje la sesera para adivinar de qué iba este año la serie. Un esfuerzo en vano, porque como decía, todo ha sido un señuelo, un juego para aumentar la expectación y obligar al espectador a acudir a la inauguración para ser testigo de la retirada del velo.

La sexta temporada de American Horror Story se estrenó el pasado 14 de septiembre, y para sorpresa de todos los que esperábamos una nueva locura desfasada al estilo de las anteriores, la serie de Ryan Murphy y Brad Falchuk regresaba con un formato novedoso, muchos cambios, y un título… que no nos quedaba claro de buenas a primeras: American Horror Story: My Roanoke NightmareMy Roanoke Nightmare: An American Horror Story, o como la conoceremos oficialmente American Horror Story: Roanoke. La confusión reinaba durante la season premiere, porque nos encontrábamos con algo radicalmente distinto a lo que habíamos visto en las decepcionantes Freak ShowHotel. Además del cambio de estilo, esta temporada tendrá menos episodios, diez en concreto, haciendo que la historia se cierre antes de Acción de Gracias y evitando así el parón de Navidad. Por otro lado, los episodios se titulan simplemente “Chapter 1”, “Chapter2″… y no hay títulos de crédito propiamente dichos. Está claro que después del exceso de las anteriores temporadas, Murphy y Falchuk han optado por simplificar, por el “menos es más” (les habrá costado la vida), y el resultado, aunque desorientador, es muy refrescante dentro del universo AHS.

Al menos esto es lo que ocurre en el primer episodio de la temporada, que viene con un formato interesante. Roanoke está rodada al estilo del falso documental, en la tradición de los seriales de crímenes reales. En ella, los protagonistas “reales” de la historia narran su terrorífica experiencia en la colonia de Roanoke, con testimonios mirando a cámara, mientras que por otro lado vemos una reconstrucción ficticia de los hechos con actores. Los primeros están interpretados por Lily Rabe, André Holland y Adina Porter, mientras que sus alter egos ficticios están encarnados respectivamente por Sarah Paulson, Cuba Gooding Jr. y Angela Bassett, que protagonizan la recreación de los eventos para el documental My Roanoke Nightmare. Al principio puede resultar bastante desconcertante ver a estas parejas de actores interpretando al mismo personaje, pero eh, aunque venga con un envoltorio distinto, esto es American Horror Story, y no sería la misma serie sin su buena dosis de meta.

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Roanoke es en realidad un sencillo regreso a los orígenes de AHS que nos recuerda a la primera temporada de la serie, Murder House, la que (nunca mejor dicho) puso los cimientos de este universo en constante expansión y cada vez más conectado. La historia de Roanoke también parte de una mudanza, la de un matrimonio que se va a vivir a Carolina del Norte, concretamente a un viejo caserón situado en medio de un tenebroso bosque y cuyos vecinos más cercanos son una familia de rednecks que no les dan la bienvenida más cálida precisamente. Es decir, el destino ideal para empezar una nueva vida. Allí, Shelby Miller (Paulson), prototípica blanca privilegiada yogamaníaca, empieza a experimentar acontecimientos extraños en ausencia de su marido, amenazas terroríficas y presencias fantasmales fuertemente ligadas a la tormentosa historia del lugar. Comienza el clásico dilema: huir de allí o reclamar el lugar como “nuestra casa” y no dejarse intimidar (para que la serie continúe). Se han gastado todos sus ahorros en ella, así que la decisión se toma sola. Está claro: nos quedamos.

Así comienza Roanoke, una temporada que, a priori, parece haberse acordado de que también puede dar miedo y recurrir al terror tradicional, un elemento que en los tres años anteriores ha brillado por su ausencia en la serie la mayor parte del tiempo. En “Chapter 1” hay claros (por no decir atronadores) ecos de El proyecto de la bruja de BlairLa matanza de Texas, películas que, como Roanoke, hunden sus raíces en la América más profunda, la del folklore colonial y los paletos de dentaduras carniceras rodeados de moscas, y en las que la serie se inspira para definir su imaginería decididamente macabra (el hombre con cabeza de cerdo, cadáveres de animales, la lluvia de dientes). Es decir, aunque sea muy pronto para sacar conclusiones, Roanoke es por ahora la temporada de AHS más “American” y más “Horror”. Pero es que se podría decir que es incluso la más “Story” en mucho tiempo. Ya sabemos que las series de Murphy suelen divagar my pronto y, con alguna excepción, acaban perdiendo el norte. Pero Roanoke parece más interesada en narrar la historia de forma más tradicional, ciñéndose únicamente a lo necesario. El buen resultado de American Crime Story y la decepción del público ante las anteriores temporadas de AHS parece haber empujado a Murphy a reformular su serie antológica de forma inteligente y oportuna. Quizá por eso la carta de presentación de Roanoke es tan austera y la temporada comienza con solo tres personajes principales (con breve y contundente primera toma de contacto con los de Kathy Bates y Denis O’Hare, que prometen), sin violentos saltos temporales o geográficos, sin número musical (todavía). Lineal, sobria, contenida.

Aunque la confusión aun nos dure y no debamos comernos de vista a la serie con un solo capítulo, el primer episodio de Roanoke ha hecho algo de manera formidable: presentar una historia atractiva sin gastar demasiados cartuchos, recordarnos que se puede pasar miedo viendo una serie y dejarnos con ganas de saber qué pasa después. Un arranque sólido e intrigante para una serie que necesitaba urgentemente un cambio de dirección.

American Horror Story Hotel: No se aceptan devoluciones

Kathy Bates Hotel

Quien hace check-in en el Hotel Cortez para empezar la quinta temporada de American Horror Story es, muy probablemente, porque sabe qué se va a encontrar en sus pasillos y habitaciones. Por eso la huraña recepcionista interpretada por Kathy Bates se apresura a advertirnos que no hay “refunds”. Lo siento, si habéis llegado hasta aquí (suponiendo que habéis visto o al menos catado las cuatro temporadas anteriores), no tiene mucho sentido quejarse del servicio de habitaciones o el olor que sale del cuarto de baño. American Horror Story es una de esas series que dan exactamente lo que anuncian. Se trata de una ficción de Ryan Murphy, una de las identidades autorales más asentadas y reconocibles del medio televisivo (si no la que más), así que no le pidamos peras al olmo. A otras series les podemos exigir que todo tenga sentido, a las de Murphy (por ahora) no.

American Horror Story le podemos pedir espectáculo, sangre, sudor y culos. Le podemos pedir que nos ponga cachondos y nos revuelva el estómago, que nos escandalice (aunque cada vez cueste más) y que nos haga cuestionarnos la moralidad de lo que estamos viendo (para luego concluir que todo da igual mientras haya espectáculo, sangre, sudor y culos). Y eso es exactamente lo que nos da el primer capítulo de AHS HotelShock value a borbotones, iconoclastia para parar un tren, estilo, garbo y sobre todo sexo, drogas y rock ‘n rollAHS vuelve más segura de sí misma que nunca, pisando si cabe más fuerte, pavoneándose e importándole una mierda lo que los demás piensen de ella. Hotel nos agarra por las partes pudendas, las masajea, las lubrica, les da una descarga eléctrica, y no las suelta en ningún momento. Esta serie se experimenta por los ojos y por la entrepierna, que en el caso de la serie de Murphy vienen a ser lo mismo.

Wes Bentley

La carta de presentación de AHS Hotel es, como lo han sido las temporadas anteriores, una oda (algo tosca y evidente, claro está) al cine y la cultura pop. Ahí tenéis a Lady Gaga y Matt Bomer “viendo” Nosferatu (eligiendo presas) en un cine al aire libre mientras suena Joy Division, su evidente homenaje a El pueblo de los malditos con los “niños perdidos” del Cortez, sus inconfundibles ecos al Overlook de El resplandor o la muy pertinente/obvia inclusión del “Hotel California” de los Eagles. “Cheking In” es giallo, es torture porn, es terror expresionista, un cuento neogótico de fantasmas, vampiros y crímenes, una serie de viñetas de horror intercaladas por videoclips de Chris Cunningham o Floria Sigismondi (las apariciones espectrales dan yuyu de verdad). La puesta en escena es más erótica y carnal que nunca. La cámara recorre los pasillos del Hotel Cortez abusando del objetivo de ojo de pez incluso más Coven, haciendo que el ya de por sí suntuoso y escalofriante escenario art déco sea aun más fascinante, más extraño y retorcido, como una casa de los espejos de la que no se puede escapar. Y dentro de un solo capítulo, los saltos entre atmósferas están más acusados que en cualquier otra temporada. El ambiente sucio y macabro de la habitación 64 (como sacada de Hostel), el neón de la sala de torturas, la ostentosidad de la suite de Gaga y Bomer (“la vida de los ricos y famosos”), el hogar fincheriano de Wes Bentley y Chloë Sevigny (en las escenas policiales, Hotel se divierte jugando a ser Se7en), o el retro-futurismo de la recámara secreta donde se esconden los niños. No forman un todo coherente, pero ni falta que hace.

Y ya que mencionamos a Gaga tantas veces, respondamos a la pregunta que ha preocupado a muchos seguidores de AHS desde que se anunció su incorporación a la serie: ¿da la talla la cantante? Pues de momento sí. Como cabía esperar, encaja como un guante (nunca mejor dicho) en su universo, comparte su estética, su actitud, su seguridad, su compromiso con la demencia y el exceso. Claro que por ahora no ha tenido que “actuar” demasiado, se ha limitado a ser Lady Gaga, una marciana barroca y mamarracha que ha respondido a la llamada de su planeta y se encuentra en él como en casa. Los demás personajes ayudan a que la artista no desentone, al estar concebidos en su mayoría como estrellas malcriadas de Hollywood, personalidades extravagantes y caprichosas perdidas en un paraíso de sexo, estupefacientes y humo de tabaco. Sarah Paulson como la yonqui Hypodermic Sally (esta serie sigue siendo la mejor poniendo nombres), Max Greenfield como la diva ochentera Gabriel (otro yonqui), Denis O’Hare como un empleado travestido del Cortez que se hace llamar Liz Taylor, y sobre todo la otra mitad de Gaga, Donovan (Bomer), con quien forma una pareja de vampiros modernos que claramente emulan a Catherine Deneuve y David Bowie en El ansia (The Hunger). Toda una exhibición de talento interpretativo puesta al servicio del escándalo y la provocación en la que (perdónenme) de momento no echo de menos a Jessica Lange.

Gaga Bomer

Murphy y Falchuk querían elevar el listón de lo que se puede mostrar en televisión, jalear e impactar más incluso que los cuatro años anteriores. Y con “Checking In” lo han conseguido, dando el pistoletazo de salida a la temporada más violenta y depravada hasta la fecha. Una escena del crimen en la que un hombre (aun vivo y sin ojos) sigue estando erecto dentro de su pareja muerta (Grey’s Anatomy Extreme), una violación anal al personaje de Max Greenfield por parte del Addiction Demon (no se han pensado mucho el “monstruo” oficial de la temporada) con un dildo-taladro cónico de metal drilldo (escalofríos y Kegel anal involuntario viendo esta escena), y la pieza estrella de esta exposición de horrores pop, la orgía sangrienta de Gaga y Bomer, brutal secuencia en la que la pareja se deja la piel para deleite de nuestros morbosos ojos (Bomer además se pasa el capítulo en cueros – Murphy, gorrión, muchas gracias). Y aun con todo, Hotel no llega a los niveles de sensacionalismo y gratuidad de otra serie de la cadena, The Bastard Executioner. Aquí, al fin y al cabo, la violencia está enmarcada en un contexto casi de comedia autoconsciente, de terror de medianoche en el que todo vale… de (risas) ARTPOP. (El sexo no tenemos que justificarlo).

Con Hotel, AHS se rinde por completo al estilo por encima de la sustancia, al estímulo sensorial por encima de la lógica narrativa (en esto último Murphy nunca ha estado demasiado interesado). No nos debería sorprender, este es el camino que emprendió con la (infravalorada y divertidísima) Coven. Temporadas como Asylum nos han demostrado que AHS puede ser algo más si se lo propone, pero si seguimos aquí a estas alturas es porque sabemos y aceptamos que no siempre se lo propone. De momento, Hotel es un contenedor de ideas inconexas, trazas de historias y tramas aun por definir, de personajes llamativos, secuencias eróticas y (ya era hora) terroríficas de verdad (el cadáver saliendo del colchón, wow), de imágenes diseñadas para atrapar (por la vista y la entrepierna, recordad), y sublimes momentos musicales. Aun es pronto para saber si todo acabará teniendo sentido o relación. Pero sería de ingenuos esperarlo. De momento, os recomiendo disfrutar de lo que Hotel nos ofrece. Es clara y no engaña a nadie. Si hasta os lo dice en luces de neón, por si no estaba ya claro el mensaje: “Why are we not having sex right now?” Hacedle caso. AHS no se ve, se folla. Si no vais a follar con ella, no os molestéis en hacer check-in.

Ahs Hotel

Pilotos 2015-16: Scream Queens

Emma Roberts SC

Scream Queens (Fox)

Era uno de los estrenos más esperados de la temporada, una de las series que los analistas daban como éxito seguro. Sin embargo, Scream Queens se dio un batacazo considerable en las audiencias el día de su presentación. Puede que el estreno de doble duración tuviera que ver con el desinterés de la audiencia, puede que quizá esta serie sea más para el público de Internet (los datos de seguimiento en redes sociales fueron impresionantes), con lo que seguramente estemos ante un producto de la nueva era de la televisión norteamericana, en la que Nielsen ya no corta el bacalao. Pero bueno, vamos a lo más importante: ¿Qué tal estuvo el comienzo de Scream Queens? Pues mal, bastante mal. Un fail, para qué nos vamos a engañar.

No es que no supiera qué me iba a encontrar en ella. Más bien lo contrario. Resultó ser exactamente lo que imaginábamos que sería, del más grande al más nimio detalle, solo que nada llegaba a cuajar. El problema principal puede ser el agotamiento de la fórmula de Ryan Murphy (y Brad Falchuk), que creía estar inventando con esta serie “un nuevo género”, concretamente la comedia de terror (hay que ser arrogante), y lo que estaba haciendo era meter GleeAHS en una batidora a máxima potencia a ver qué salía, nada más. Scream Queens es la fórmula y estética de Ryan Murphy llevada al extremo, un pastiche meta y autoconsciente que se limita a repetir esquemas, ideas y motivos sin preocuparse de darles la forma adecuada (lo de siempre, vamos). Murphy no está inventando nada, lo que está haciendo es reafirmarse en el subgénero televisivo que él mismo ha creado. No es poco, pero para muchos ya no es suficiente.

Scream Queens cuenta con muchos aciertos y está salpicada (nunca mejor dicho) de escenas memorables y contundentes golpes de humor, pero de forma muy puntual: los asesinatos son divertidísimos, la escena de Ariana ‘Donut Licker’ Grande y Twitter es una locura maravillosa (Popular en estado puro), Deaf Taylor Swift es una genialidad, la agente de seguridad interpretada por Niecy Nash parece sacada directamente de Scary Movie, la ex-SNL Nasim Pedrad lo borda (la explicación de por qué viste como si estuviera en 1995 es antológica), el look bubble-gum y la BSO a base de sintetizador ochentero son una auténtica gozada, la carnaza es de calidad (Nick Jonas sabe cómo coger por los huevos a su público gay) y por supuesto, Jamie Lee Curtis está fantástica (haciendo de Sue Sylvester, por cierto). Pero aun así, por alguna razón, el conjunto no está a la altura de los aciertos individuales.

SQ

En teoría, la serie es lo suficientemente petarda y mamarracha como para funcionar, pero en la práctica falta chispa y gracia, y se antoja excesiva hasta para el canon de Murphy. Y la culpa la tiene sobre todo el tono de la serie. Comedia y parodia exageradísima que desorienta y carga sobremanera en su primer episodio (por cada momento cómico que funciona, cinco se estrellan) y cuyo calculado cinismo se acaba volviendo en su contra. Es un caso clásico de “trying too hard”, que en términos murphyanos es ya rozar el paroxismo. Por último, pero no por ello menos importante, cansa ver otra vez a Emma Roberts interpretando al mismo personaje antipático y viperino. La sobrina de Julia hace de zorra como nadie, parece llevarlo en la sangre, pero su Chanel Oberlin se queda lejísimos de otras Queen Bitch, como la gran Regina George, sobre todo porque no es capaz de encontrar el equilibrio entre hijaputez y cachondeo con el que sí daba Rachel McAdams. Al final, en vez de divertir, el personaje simplemente irrita y satura (cazadora de cartas). Vamos, como la serie en general.

Por qué vi el piloto: ¿Cómo no iba a verlo? Me gusta mucho American Horror Story (yo defiendo Coven, temporada de AHS con la que SQ tiene más en común) y esta serie era una de las imprescindibles del otoño seriéfilo.

Recuerda aAHS, GleePopular (es una fusión matemática de las tres, Ryan Murphy al cubo), Scream the Series (en el segundo capítulo, SQ se convierte directamente en la serie de MTV); y por supuesto, todos los slashers, teen movies y películas de hermandades de los que bebe (Heathers, Mean Girls, Jawbreaker, Clueless, Scream 2, Sorority Row…).

Nota del piloto: 5 (primera parte), 6 (segunda parte)

Veredicto: Comedia (muy) negra, descaro e incorrección política a raudales (el racismo y la homofobia de Chanel rozan lo temerario, ¡bien!), guiño constante al público LGBTQ y freak, narcisismo, hormonas desatadas y culto al cuerpo masculino (Glen Powell lo da todo), templo a la cultura pop (especialmente la de los 90), estética irresistible (la música me volvió loco)… Los ingredientes son de primera (Murphy 100%), pero el resultado final no da con la nota adecuada. Quizá influya que su reparto esté tan desequilibrado (Abigail Breslin está fatal y Lea Michele no termina de encajar) o que acabe convirtiéndose muy pronto en lo que parodia (un slasher convencional con protagonista blanca mojigata como punto de vista principal). Una decepción que, sin embargo, solo acaba de empezar. Scream Queens podría convertirse en la serie que esperábamos si es capaz de ajustar el tono (algo que por suerte ya empieza a ocurrir en el 2º capítulo, algo más centrado y fluido). Por eso me quedo, para ver si consigue ser algo más que una mina de gifs.

American Horror Story Freak Show: Lo monstruoso y lo sublime

Jessica Lange Life on Mars

Solo ha hecho falta una escena: Jessica Lange, es decir, Elsa Mars, en el centro de su carpa de circo, ataviada con un traje azul pastel y maquillada con carmín fucsia, rubor circense y sombra de ojos también azul, look homenaje a la leyenda británica David Bowie, interpretando una catártica versión de “Life on Mars” del Duque Blanco. Esta poderosa interpretación, en la que Lange lo da todo a pesar de haber quedado más que patente que lo suyo no es cantar, es el gran número final de “Monsters Among Us“, el esperadísimo primer episodio de American Horror Story Freak Show, una secuencia mágica, eléctrica, icónica que sirve como colofón al que es quizás el mejor comienzo de temporada de la serie. Como decía, solo ha hecho falta una escena para que Freak Show nos conquiste (y eso que las expectativas estaban por las nubes), sin embargo, en este “Monsters Among Us” hay más, mucho más. Damas y caballeros, pasen y vean. El mayor espectáculo televisivo del año ya ha comenzado.

Como ya sabéis, American Horror Story es una anthology series, y por lo tanto, (en un principio) sus diferentes temporadas son independientes entre sí, con una nueva historia comenzando cada año. Sería fácil achacar a Ryan Murphy y Brad Falchuk la repetición de esquemas, arquetipos y lugares comunes temporada tras temporada, sin embargo, Freak Show es la prueba de que los productores no están especialmente interesados en innovar y ofrecer con cada temporada algo diametralmente opuesto a la anterior, sino en ir construyendo año tras año un discurso que se va desplegando y solidificando con ayuda de diferentes personajes, situaciones y localizaciones. En este sentido, Freak Show podría entenderse como la gran tesis final de AHS (aunque no sea ni de lejos su última entrega ni sepamos por qué derroteros irá el año que viene). AHS siempre ha sido “the freakiest show“, como canta Elsa Mars, pero esta es la temporada que convierte en literal la idea que siempre ha servido de engranaje central para la serie: la monstruosidad, lo diferente y extraño percibido como abominable, rechazado por no adherirse a la norma, y aquí convertido en pasatiempo de feria. Freak Show tiene por tanto más en común con Asylum que con Coven -no en vano, ahí está Pepper ejerciendo como nexo de unión entre ambas temporadas.

Jimmy Darling

El primer episodio nos presenta a la plantilla de fenómenos del “Fraulein Elsa’s Cabinet of Curiosities“: la mujer más pequeña del mundo, los hermanos microcefálicos, el hombre lagartija, la mujer barbuda (espléndida Kathy Bates, aunque no la hayamos visto mucho todavía), contorsionistas, enanos, etc. Pero atención, no hemos conocido a todos los personajes. Nos queda por dar la bienvenida a Angela Bassett, Michael Chiklis, Denis O’Hare o Emma Roberts. Esto viene a demostrar que Murphy narra desde una posición privilegiada (la del que sabe que tiene nuestra atención incondicional), sin serle necesario calzar a todos los personajes en una hora, como suele ocurrir con los pilotos televisivos. Por eso, “Monsters Among Us” se centra especialmente en la santísima trinidad de AHS: Lange, Sarah Paulson y Evan Peters. Después de una temporada como FranKENstein rubio y teen en Coven, donde no tuvo mucho que hacer, Peters vuelve a la vida con Jimmy Darling (AHS sigue teniendo los mejores nombres de la tele), un personaje que nos recuerda más a su Kit Walker (Asylum), galán (alternativo e irresistible) con enormes manos de langosta que se las lleva de calle con un solo guiño, y que explota su deformación para dar placer clandestino a las féminas (mujeres de bien que secretamente anhelan ser poseídas por lo extraño).

La primera vez que vemos a Jimmy Darling, éste va vestido como Marlon Brando en Salvaje (1953). Además de decirnos que va a sexualizar a Peters un año más (¿reconocisteis su trasero en la sex tape que le muestra Elsa a la contorsionista?), Murphy nos deja patente así que esta temporada más que nunca AHS hunde sus raíces en el cine clásico, algo que salta a la vista en la fantástica puesta en escena y el exuberante diseño de producción. El ejercicio de mitomanía y erotismo cinéfilo que supone “Monsters Among Us” es el elogio definitivo de la tele al cine, de un medio todavía fértil y en ebullición a la ya muy lejana época dorada de Hollywood. Entra Elsa Mars, vedette crepuscular, una Norma Desmond en el ocaso de una carrera que nunca empezó, mujer obsesionada con las grandes estrellas del cine, particularmente Marlene Dietrich, con la que se mimetiza constantemente. Lange vuelve a ponerse en la piel de una mujer que se enfrenta al paso del tiempo, una diva en horas bajas que lucha por sobrevivir a su obsolescencia. Y si bien lo cierto es que a grandes rasgos es lo mismo de siempre, Lange se las arregla para darle un nuevo enfoque. Mars (por ahora) no es una mujer de armas tomar como Fiona Goode (Coven), y aunque ha mostrado señas de crueldad, no es una villana ni una femme fatale, es más bien una Baby Jane patética y lastimera, y por primera vez, una freak más. Después de su monumental “Life on Mars” (cuyo publico son solo dos personas, de las que depende la supervivencia de su negocio) la vemos llorar como una niña, consciente de la farsa que se ha construido, y de que la carpa del circo es para ella lo único que aún sostiene esa ilusión. Esto es lo que convierte a Elsa Mars en el personaje ideal para que Lange se marche de la serie por todo lo alto.

Sarah Paulson AHS Freak Show

Por otro lado tenemos a la atracción principal de Freak Show, la mujer de dos cabezas, Bette y Dot Tattler, interpretada por partida doble por Sarah Paulson. Las siamesas Bette y Dot (una seria y desconfiada, otra ingenua y risueña) son la última esperanza de Mars para salvar su circo (y su sueño) en tiempos de cine, y suponen el mayor reto hasta la fecha para Murphy y Falchuk (y Paulson, claro). La jugada podía haber salido mal (y a mí desde luego me tenía inquieto), pero “Monsters Among Us” nos demuestra que a estos señores les sobra inventiva y creatividad para sacar a flote algo tan complicado desde el punto de vista técnico, recurriendo a mil y una triquiñuelas visuales para no tener que depender del ordenador todo el tiempo (que lo queramos o no, siempre acaba chirriando): pantallas partidas, planos aberrantes y expresionistas (la pobre Paulson terminará con torticolis), planos generales con dobles y Paulsons de látex… Eso sí, todo siempre al servicio de la historia y coherente con el consolidado estilo de la serie, sin duda una de las más visualmente estimulantes del panorama reciente.

Pero este nuevo viaje murphyano al subconsciente americano estaría incompleto sin esa presencia terrorífica en forma de asesino en serie que acecha en todas las temporadas, en este caso, como no podía ser de otra manera, un payaso asesino. Twisty the Clown es junto a Bloody Face la creación más pesadillesca de Murphy y Falchuk, una visión demoníaca que rapta niños y masacra a plena luz del día (esa primera aparición bebe directamente del primer asesinato del Asesino del Zodiaco en la película de David Fincher). La Júpiter (un pequeño pueblo de Florida) de los 50 que recrea Freak Show es vibrante, exultante, y se nos presenta “in glorious technicolor!!!” (el humor, como el dolor, siempre proviene de los lugares más inesperados), por eso Twisty ejerce un contraste muy llamativo, y supone la garantía de que, después de Coven, este año quizás sí pasemos algo de miedo. Claro que a estas alturas nos debería quedar claro que el “horror” de AHS no se refiere tanto al miedo en el sentido del cine de terror moderno. Murphy lleva cuatro años desvelándonos el terror que forma parte de cada ser humano, engendro o persona “normal”, humanizando al monstruo y hallando lo macabro bajo la belleza y la perfección, convirtiendo la intolerancia y el temor a lo diferente en la verdadera fuente de los horrores de la serie: ahí tenéis a los freaks descuartizando a su “bully” al final del episodio, para salvaguardar su refugio y comenzar un levantamiento contra sus opresores (“If they wanna call us monsters, fine. We’ll act like monsters”). De esta manera, con su cuarta entrega American Horror Story se reafirma en su potente discurso, y lo hace habiendo alcanzado la perfección formal, como la serie en la que el disparate y la trascendencia van de la mano, y lo monstruoso y lo sublime son lo mismo.

American Horror Story Coven: ¡¡¡Balenciaga!!!

AHS The Seven Wonders

Qué  bien nos lo hemos pasado este año con American Horror Story. La serie de Ryan Murphy y Brad Falchuk comenzó su andadura hace tres años dejando muy claras sus intenciones, jurando fidelidad al exceso, el bizarrismo y la locura, asegurándose de que no habría nada igual, ni parecido, en el panorama catódico. Años después, está claro que sigue sin haber nada como American Horror Story en televisión. Y con esta tercera entrega, Coven, se les ha terminado de ir la cabeza del todo. Después de la intensidad dramática de Asylum, Coven ha sido casi íntegramente una comedia, una celebración continua. Es verdad que no se ha perdido de vista del todo el terror (aunque este año “terror” se haya entendido más como el arte de remover estómagos de asco que el de provocar miedo), pero Coven se ha caracterizado sobre todo por habernos hecho reír con un fabuloso e inolvidable grupo de personajes del que nos habría gustado disfrutar mucho más tiempo.

Coven ha sido un viaje frenético y perturbado que nos ha proporcionado una hora de diversión esquizofrénica a la semana, y esto es lo más importante. Pero no por ello podemos pasar por alto sus profundos errores de estructura. No es nada nuevo. Las dos temporadas de American Horror Story ya sufrían de planteamientos mal desarrollados o simplemente abandonados, de rodeos sobre la misma idea y tramas inconexas. Pero esta temporada nos ha dado a conocer un nuevo nivel de caos narrativo. Hemos perdido de vista el propósito de la historia en casi todos los capítulos, y al final no han logrado cohesionar todas las tramas abiertas. La recta final de la temporada ha desechado uno detrás de otro varios clímax posibles, la guerra entre brujas blancas y negras, y un enfrentamiento entre cazadores y brujas, quitándose tramas de un plumazo para centrarse exclusivamente en la pregunta “¿Quién es la próxima Suprema?” Por muy divertido que haya sido, echando la vista atrás, no podemos evitar plantearnos cómo se podía haber dado más utilidad y sentido a todas esas historias que han acabado completamente descolgadas del desenlace -especialmente las de Marie Laveau y Madame Delphine LaLaurie.

Last Supper

Claro que durante los 13 episodios de Coven, siempre que me he parado a pensar más de dos segundos en lo que estaba viendo, se me ha interrumpido impertinentemente con un golpe de hachazo, un one-liner de levantarse y aplaudir o un plano tan, tan, tan arrebatadoramente bello que me ha dejado la mente en blanco, completamente embrujado (ver: foto de “La última cena”). Benditos golpes de efecto, alabada aleatoriedad, santo delirio. ¡¿Pero qué haces pensando en la historia cuando ese montón de zorras divinas están sacándose los ojos, compartiendo zombies en la cama, contoneándose sibilinas, irreverentes y ociosas, perfeccionando el arte del shade y dándose de comer heces?!

Si me permitís el símil perezoso, Coven ha sido una auténtica montaña rusa. Nos ha mareado con mil vueltas (siempre el mismo loop, una y otra vez) pero cada vez que nos hemos bajado hemos querido más. Murphy y Falchuk empezaron la temporada interesados en la leyenda de las brujas de Salem y levantando a partir de ahí un relato macabro con una pizca de Suspiria y un poco de, bueno, un poco de todo, porque vaya amasijo psicótico de referentes e ideas. Y han acabado entregándose de lleno a la autorreflexión y la autoparodia. Así, “Go to Hell” (3.12) terminaba con las brujas alineadas como las aspirantes a modelo de Tyra Banks, los triunfitos o las BFF de Paris Hilton, preparadas para darlo todo en la última fase del concurso reality para elegir a la próxima Suprema: America’s Next Top Supreme: The Seven Wonders.

Así que la season finale de Coven ha servido como confirmación de la función que ha desempeñado la serie este año: divertir y proporcionarnos momentos icónicos. No importa si estos han tenido sentido o no, o si han respetado algún tipo de coherencia interna o lógica de personajes, porque casi siempre han sido geniales. Este espíritu Coven se puede resumir fácilmente en el ya histórico “¡Balenciaga!”, la última palabra que pronuncia Myrtle Snow antes de ser quemada en la estaca. Es un grito de guerra (también una pista sobre la cuarta temporada, según muchos), un acto de autoafirmación, y un canto a la excentricidad de la serie que el gran personaje de Frances Conroy tan bien ha personificado.

Cordelia Foxx

Ya que Coven se ha reducido en su final a descubrir quién es la sucesora de la pelma de Fiona Goode, hablemos de ello. ¿Quién es la nueva Suprema? Pues ¡oh! “lo teníamos delante de las narices todo el tiempo”. Su hija, Cordelia Foxx, ¿quién si no? La primera mitad de “The Seven Wonders” (3.13) -precedida de una sublime, mágica, preciosa secuencia musical con Stevie Nicks que pone el listón demasiado alto para el resto del episodio- se centra en la competición de las jóvenes brujas para ver quién domina las Siete Maravillas sin sucumbir en el intento y resulta coronada como reina del aquelarre. Estas escenas, entre lo hilarante y lo espectacular, funcionan como exhibición y compendio de lo que ha hecho a estas mujeres tan “maravillosas” (espero que nadie dude de que “Las Siete Maravillas” son y siempre han sido ellas). Como en el resto de la temporada, las brujas mueren y son resucitadas, hasta que Snow cae en la cuenta de que su Cordelia siempre ha sido la Suprema. Es lógico, de acuerdo, pero también un tanto anticlimático, y nos hace plantearnos una vez más: ¿Para qué ha servido todo lo anterior? (Ya sabéis la respuesta).

Después de la competición quedan dos aspirantes vivas, Zoe y Queenie, y dos muertas, Madison, que recibe su justicia poética a manos de Kyle (boytoy hasta el final), y la pobre Misty, que se queda atrapada para siempre en su infierno personal (sin duda controlado por E.T.). Entonces Coven introduce una elipsis brusca como ella sola, da paso a cambios que nos perdemos si parpadeamos (los ojos de Delia, la auto-sentencia de muerte de Myrtle, el nuevo Consejo, todo muy precipitado), y nos da la bienvenida al comienzo de una nueva y esperanzadora era para las brujas. Un futuro en el que Cordelia, cual Lana Banana dando una exclusiva nacional, anuncia a la tele que la Escuela para Jovencitas Excepcionales de Miss Robichaux abre sus puertas para todas las chicas con poderes del mundo (muy “Chosen” esto, por cierto).

Es un cierre que, a pesar de sus muchos defectos, entronca muy bien con el primer episodio, “Bitchcraft“, que introducía este Hogwarts feminazi como hilo conductor de la temporada. Y aunque luego se lo hayan pasado todo por el forro, y hayan desaprovechado tramas, personajes e ideas hasta el final, hemos obtenido lo más parecido al ciclo completo que una temporada tan irregular como esta podía darnos. La muerte (definitiva) de Fiona en brazos de la nueva Suprema es un toque muy bonito -Fiona recibe como castigo pasar la eternidad con el hombre más aburrido de la historia y Delia queda liberada por fin de su Mater Castrantorum para poder desarrollar su potencial, perfecto. Pero el verdadero broche de Coven es algo que nos remite directamente a Asylum. Como Lana Winters, Santa Cordelia Foxx sonríe mirando a cámara, confirmándonos que la temporada ha sido para nosotros, haciéndonos partícipes directos del final. Solo que esta vez sacamos la conclusión opuesta a entonces: “Si miras al bien a la cara, el bien te va a devolver la mirada”.

American Horror Story Coven: Los miércoles vamos de negro

American Horror Story Coven

Review de “Head” (3.09) Aviso: Muchos spoilers a continuación.

Desde aquel grandísimo “Bitchcraft” (3.01), American Horror Story Coven ha tenido capítulos mejores y peores. No puedo evitar percibir cierto aire de decepción generalizada con esta temporada. Es comprensible teniendo en cuenta que Asylum elevó considerablemente el listón. También dispuso un tono más trágico y serio para la serie, algo que se ha perdido en Coven, que es lo más petardo que hemos visto en mucho tiempo en televisión (lo último que es esto para mí es un problema). Después de nueve episodios, AHS Coven llega a su punto de ebullición, y justo antes de que estalle la gran guerra de Nueva Orleans, tenemos parón navideño. Hasta enero no hay más American Horror Story (dramarama melodrama), así que vamos a hacer balance.

La mid-season finale“Head” (3.09) ha tenido todo lo que debe tener un final. Un buen puñado de descubrimientos, muertes (obviamente) y cliffhangers que auguran un fin de temporada apoteósico. Uno distinto al que esperábamos además. Coven parecía encaminarse hacia una batalla entre las brujas blancas contra las voodoo queens, pero la aparición de los cazadores de brujas da la vuelta a la tortilla. Como sabíamos desde el principio, Coven es una historia de mujeres, y todo apunta a que la batalla final será entre sexos opuestos. “Head” termina con Marie Laveau a las puertas de la Escuela para Jovencitas Excepcionales de Miss Robichaux para unirse a Fiona Goode y sus zorritas en la lucha contra el enemigo común, el patriarcado que amenaza con acabar con el poco girl power (literal) que queda en el mundo. Esto puede dar mucho más juego que un showdown entre reinas de la magia negra, aunque no descartamos un enfrentamiento final entre Fiona y Marie. Uno que simbolice la lucha de Jessica Lange y Angela Bassett por coronarse reina de la serie. De momento, que me perdone la bella Lange, pero el trono pertenece claramente a Bassett. De hecho ya está sentada en él, y va a ser difícil que se lo quiten. Laveau no está para “sheeeeit“, como el senador Clay Davis de The Wire. Y Bassett ha entendido desde el primer momento qué es AHS. Su interpretación engloba perfectamente la esencia de la serie más excesiva de la tele.

Kyle Fiona Goode

Hablemos de la muerte. Siempre he pensado que cuando un personaje muere en una serie sobrenatural y vuelve a la vida enseguida, su marcha pierde impacto y no sirve para nada. Hay excepciones, pero en general odio cuando una serie fantástica abusa de la carta de resucitación. Con Coven llegó un momento en el que las muertes dejaron de importarme. Concretamente después del regreso de la maravillosa, marciana, fantástica y sublime Myrtle Snow (la también maravillosa, marciana, fantástica y sublime Frances Conroy). Sin embargo, con “Head” he comprendido que Coven no ha buscado impactar con la muerte, sino incorporarla en la rutina diaria de las brujas, para en última instancia apuntar al gran poder de Misty Day (¿Tiene esta serie los mejores nombres o qué?) y su papel en la gran trama de la serie. “Surprise, bitch. I bet you thought you’d seen the last of me” se ha convertido en el leitmotiv de la serie (además del meme más pesado de la temporada). Y ahora sí, después de mis dudas iniciales, puedo decir alto y claro: “La muerte os sienta tan bien, zorras”.

Mi queja principal con respecto a esta temporada es el incumplimiento de algunas promesas tácitas que el primer episodio me hizo. Sobre todo en lo referente a las Mean Witches. No se ha sabido (o querido) aprovechar la presencia del cuarteto de brujas adolescentes, y sus poderes especiales han pasado a segundo plano. De hecho, Zoe y Madison se han paseado por la serie sin hacer demasiado, siendo fabulosas (sobre todo la Roberts, claro) pero olvidándose de sus habilidades mágicas. En realidad es lógico, a Madison no le hace falta hacer alardes de magia negra para dejar claro que es una diva y en el caso de Zoe, la muerte por kiki no es algo que se pueda explotar demasiado (su gran momento está por llegar, y ahora que Kyle y su culo han recuperado la humanidad, es inevitable). Aun así, echo de menos más meangirlismo, me habría gustado que el grupo no se desintegrase tan pronto, y verlas a las cuatro liándola en el centro comercial, “Let’s go to the mall, bitch”. Bueno, hay tiempo. También confío en que Ryan Murphy se vuelva a acordar de Suspiria y que nos deje oír la cancioncilla satánica un par de veces más esta temporada, a ser posible para acompañar el polvo mortal de Zoe y Kyle; o algún plano de grupo a cámara lenta (ojo de pez no, por favor, que ya hemos tenido bastante).

Myrtle Snow

Uno de los momentos estrella de “Head” es  la venganza de Myrtle Snow contra el consejo. Resulta que la Myrtle está más loca y es más sádica de lo que creíamos (ese plano de la Conroy sacándole el ojo a su ex colega solo es superado por la Conroy jugando con los cuerpos descuartizados del consejo). Ahora que lo pienso, Myrtle es la reina absoluta de “Head”, qué tía. Pero casi todas tienen su momento de gloria en el episodio. Las mean girls se contonean por el hospital para hacer una visita al vecino. Y a pesar de la pamela parabólica de Zoe y el gorro ushanka de Madison, Nan es la HBIC (head bitch in charge) de este capítulo, y la responsable de las escenas más emotivas. Jamie Brewer 4 ever. Aunque el episodio otorga demasiados minutos a una trama que no nos importa demasiado. Queenie no está con ellas. Sigue con su BFF Madame Delphine LaLaurie, que ahora es una cabeza parlante. Una de las mejores escenas del piloto es en la que Delphine solloza al ver a Obama por la tele. Eso no era nada comparado con lo que tenemos en “Head”: Cabeza-Delphine viendo RaícesEl color púrpura y otros clásicos. Qué pena que 12 años de esclavitud (en la que por cierto sale Sarah Paulson) no esté todavía en Blu-ray. Sin tanto margen para el exceso teatral como Lange o Bassett, Kathy Bates ha construido un personaje memorable. Y ella y Queenie forman la mejor pareja cómica de la serie.

Marie Delphine

La recta final de “Head” nos deja con unos cliffhangers bastante jugosos. Zoe y Madison descubren que su boy-toy Kyle vuelve a tener cerebro, y no hay más que verles la cara de decepción (qué putas) para darse cuenta de que piensan que se les ha acabado el chollo. Con lo bien que estaban ellas (sobre todo Maddy) compartiendo ese jugoso y redondo trozo de carne sin habla ni voluntad propia. ¡Arriba el feminismo! Por otro lado, Delphine parece abrir los ojos (su cabeza llorando desconsolada es uno de los planos de la temporada), mientras Delia vuelve a tener ojos (después de descubrir que Myrtle no la atacó -d’uh!- sino la compañía Delphi Trust). Y Hank lleva a cabo una masacre en el salón de belleza de Marie Laveau, llevándose por delante a peluqueras, clientas, y suponemos que alguna bruja voodoo. Para acabar con él, Queenie se vuela los sesos. Es una escena ciertamente impactante, pero no debería preocuparnos demasiado. Misty Day sigue por ahí. Y en el próximo capítulo además se une Stevie Nicks al aquelarre de Fiona Goode.

Las brujas se marchan de vacaciones de Navidad por todo lo alto. Quedan cuatro episodios de Coven, y ya sabemos que todo es posible en esta serie. A pesar de que la dispersión de las tramas han aumentado enormemente la sensación de que la serie no iba a ninguna parte (qué bien nos lo estamos pasando, pero ¿qué invento es esto?), Ryan Murphy y Brad Falchuk vuelven a demostrar la eficacia del formato miniserie y encauzan con acierto la tercera temporada. No hay nada más emocionante que dos grandes archienemigos uniendo fuerzas para luchar contra un mal mayor. Preparaos para que Lange y Bassett nos entreguen muchas más cabezas en bandeja de plata. Y recemos a Belcebú por una escena musical con coreografía incluida.

American Horror Story Coven: Jóvenes y brujas

AHS Coven

Ryan Murphy y Brad Falchuk pusieron el listón demasiado alto con la segunda temporada de American Horror Story. Tanto ellos como el público sabíamos que intentar superar Asylum iba a ser una tarea muy complicada, pero eso no quiere decir que no se vaya a intentar. De momento, con tan solo un episodio emitido, Coven nos ha demostrado que Murphy vuelve a ir a por todas. Literalmente. Una disparatada y desinhibida historia de brujas que se aleja de los insalubres pasillos del manicomio Briarcliff y nos acerca a una Nueva Orleans glamurosamente decadente, con un rico contexto histórico que aporta la perfecta ambientación para la serie. “Bitchcraft”, el primer episodio de Coven nos agarró desde el principio por los pelos y nos zarandeó durante una hora para acabar prometiendo una temporada demencial, como debe ser. Esperemos que cumpla su palabra.

El aquelarre de Murphy es una nueva oportunidad para volver a agitar la coctelera de géneros y estilos con la que el autor se ha labrado un nombre en Hollywood, especialmente con esta serie. Coven es un torbellino de ideas, un torrente de energía que se transforma en una cámara loca, saltarina, aberrante y provocativa, un estimulante trabajo de realización que no es sino una manifestación física del viaje psicodélico y pesadillesco que Murphy nos propone con esta historia de pequeñas y grandes mujeres. Las influencias cinéfilas vuelven a saltar a la vista desde el principio, pero lo mejor de Coven es que está aparentemente concebida como un giallo. Esa preciosa paleta de colores azul-magenta, esos magníficos zooms setenteros, ese tema musical tarareado, esa escuela de jóvenes señoritas en la que solo falta Jessica Harper, y esas matriarcas, Mater Suspiriorum, Mater Tenebrarum y Mater Lachrymarum. Las tremendísimas Jessica Lange, Kathy Bates y Sarah Paulson, cuya mera presencia ya nos resulta lo suficientemente hipnotizadora, al margen del cuidado escenario en el que se desenvuelven majestuosamente.

AHS Coven 2

Pero Coven no es una sola cosa en ningún momento, como tampoco lo fue Asylum. Murphy ha despojado la serie del tremendismo de la anterior temporada y ha optado por un tono algo más liviano (“ligero como una pluma, rígido como una tabla”) y heterogéneo. Claro que, a pesar de que incorpora más humor, más belleza, y más sensualidad, sigue buscando las imágenes más perturbadoras, macabras e impactantes (ese minotauro), haciendo que sus personajes dancen, se contoneen y leviten entre comedia, terror y romance. Todo es posible en Coven, y eso es básicamente lo que nos quiere decir “Bitchcraft”. Hay espacio para la reflexión sobre lo efímero de la belleza, el paso del tiempo, para la habitual denuncia social, el apoyo a las minorías y la oda al freak. Y también hay cabida para el amor (ese juego de miradas distorsionadas a través del hielo es desde ya una de las secuencias del año), y para las risas, sobre todo para las risas. Los mejores momentos de “Bitchcraft” están protagonizados por el divertidísimo cuarteto de brujas adolescentes (¿qué pensará Robyn Lively de todo esto?) que exhiben un genial abanico de poderes: telequinesis, premonición, muñeca voodoo humana y muerte por kiki. Verlas pasear como patitos feos negros en fila india detrás de su madre ya hace que la espera haya merecido la pena. Abbey Road, y después las zorritas de Coven.

En “Bitchcraft” se nos da la bienvenida a la Escuela para Jovencitas Excepcionales de Miss Robichaux, un Hogwarts para jóvenes brujas (la referencia a Harry Potter no se hace esperar, para regocijo de todos) donde las pocas que quedan en la Tierra tres siglos después de los Juicios de Salem son instruidas por una dulce anfitriona con nombre de actriz porno, Cordelia Foxx (Sarah Paulson) y su madre, la Suprema Fiona Goode. La escuela es el epicentro de un relato de poder femenino que se mueve entre el pasado y el presente, y nos conduce por los pasillos diáfanos de una Mansión X, fiestas de hermandad universitaria, lujosas clínicas de belleza y lúgubres sótanos donde se esconden los secretos más inquietantes. Todo lo que cabía esperar de la segunda iteración de una serie que con tan solo dos años en antena se ha convertido en una auténtica institución. Y de regalo, la que ya es la revelación del año, Emma Roberts como la mean girl juguete roto de Hollywood Madison Montgomery, nuestra nueva reina catódica. Será difícil llenar el vacío que dejaron el año pasado la hermana Jude, Lana Banana o la hermana Mary Eunice, pero si lo visto en “Bitchcraft” es indicio alguno, está claro que no nos van a faltar iconos femeninos este año.