Review Express (Semana 22-28/09/14) – Premiere Week!

Poneos cómodos en el agujero del sofá con la forma de vuestro culo. Ya ha llegado ese momento del año otra vez. El verano se acaba, los días se hacen más cortos y las series más largas. El panorama estival televisivo, otrora desolador y hoy en día algo más interesante, da paso al estreno de un centenar de series nuevas y al regreso de aquellas que sobrevivieron a la temporada anterior. La Premiere Week finaliza hoy (aunque quedan muchas series por empezar/volver), y ha sido intensa, como siempre. Sin embargo, este año he decidido no hacer especial de pilotos. En primer lugar, porque me consume muchísimo tiempo que prefiero dedicar a otras series y películas, y en segundo lugar, porque este año he adoptado otra filosofía: no ver (y por tanto no hablar de) todas las series cuyo destino está en la cuerda floja, y podrían durar 3 semanas. Creo que lo mejor es dar un poco de tiempo a la temporada para que la parrilla vaya tomando forma y sepamos cuáles son las series en las que merecerá la pena invertir nuestro tiempo. Claro que me he atrevido ya con unas cuantas (Gotham, Red Band Society, The Mysteries of Laura…), pero no les dedicaré entradas hasta que lleven al menos cuatro capítulos (al menos a Gotham, porque Red Band Society probablemente caiga antes y esa tortura que es The Mysteries of Laura la va a aguantar su madre, y Daniel Écija).

Lo que sí he hecho esta semana es disfrutar del regreso de todas las series de otoño que sigo, y de esas he venido a hablar hoy aquí. Aunque me consta que existen bestias seriéfilas que lo ven todo, todo y todo, yo no sigo todas las series de network, así que lo que os dejo a continuación es una tanda de mini-reviews de “mis” series. Por eso, os animo a que vosotros completéis este primer “Review Express” de la temporada 2014-2015 con vuestras propias mini-reseñas sobre las series que yo no cubra. Sin más dilación, os dejo con mi opinión sobre los regresos de mis series de otoño (cuidado, spoilers):

 

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. (2×01)

SHIELD Shadows

Está claro que con “Shadows”, Agents of S.H.I.E.L.D. parece estar (in)augurando una temporada más oscura y compleja. Lo dice Coulson explícitamente durante el episodio: “go dark” (declaración de intenciones donde las haya). A pesar de que la serie vuelve a incurrir en los errores de siempre y sigue sin cuidar esos agujeros de guión que le restan consistencia (la facilidad con la que tropecientos agentes se infiltran en una base de operaciones que oculta artefactos secretos muy peligrosos; el hecho de que el Hombre Absorbente sea encerrado en una jaula de cristal y nadie pensase en que se haría transparente para escapar), Agents of S.H.I.E.L.D. vuelve más segura de sí misma, más dispuesta a arriesgar y, con suerte, a convertirse en adulta sin renunciar a ese aire “infantil” de comic book clásico. Que no hacía falta cargarse a Lucy Lawless tan pronto (¡han matado a Xena! ¡hijos de p—!), vale, pero al menos sabemos que se han dado cuenta de que no hay tiempo que perder. [Esto es un fragmento de la review completa del 2×01 de S.H.I.E.L.D., que podéis leer aquí].

 

Awkward. (4×12)

La comedia teen de MTV dejó su cuarta temporada a medias para descansar este verano, y regresa (supuestamente) con las pilas cargadas, y (aparentemente) buscando una nueva dirección para este Senior Year que se inaugura. El primer episodio de la temporada, “Finals” retoma las cosas donde las dejó aquel ajetreado viaje escolar a la nieve de “Snow Job” (el único realmente bueno de la 4A), es decir, con Eva embarazada y Matty en las fauces de su mantis religiosa. Hasta el final del episodio, las cosas no han cambiado demasiado en Awkward.: los (cada vez más insoportables) monólogos de Jenna y su vaivén entre un rompecorazones y otro, las (cada vez más irritantes) intervenciones de Tamara (lo siento, te has pasado de moda), la (siempre infalible) mala hostia de Sadie, el patetismo de Jake… Por suerte, lo que sí cambia al final de “Finals” es la (simplemente implausible) ceguera de Matty con respecto a Eva. Al fin el jock adorable, que estaba perdiendo todo su encanto y convirtiéndose en un capullo redomado, se da cuenta de que está durmiendo con el enemigo, y echa a la psicópata rubia de su lado (“You’re a fucking horrible person, Amber” *aplausos*), y (que sea cierto, por favor) de la serie. Es todo muy precipitado y no entendemos por qué no ha pasado antes (supongo que porque algún cliffhanger había que poner), pero es lo que le hacía falta a la serie. Con Eva fuera de la ecuación, espero que este último año en el instituto de Awkward. se centre en lo que importa (el futuro de los personajes), y se deje de tramas de telenovela venezolana. Desafortunadamente, Ming sigue desaparecida en combate.

 

The Good Wife (6×01)

The Good Wife The Line

Ya sabéis que me he pasado todo el verano viendo The Good Wife, poniéndome al día para seguir la sexta temporada con vosotros. ¡Lo conseguí! La quinta fue tan intensa, cambiaron tantas cosas, y arriesgaron tanto, que uno se preguntaba cómo empezaría esta nueva temporada para seguir subiendo el ya de por sí altísimo listón. Pues lejos de optar por la calma tras la tempestad, “The Line” inaugura temporada con un gran Bang!: Cary arrestado enfrentándose a una posible condena de 12 años en prisión por tráfico de drogas. La temporada ha arrancado de forma inmejorable, todas las tramas siguen desarrollándose y entrelazándose sin síntomas de agotamiento. Es más, todo lo contrario. Diane incorporándose a Florrick/Agos, la (todavía lejana) posibilidad de que Alicia se presente a Fiscal General del Estado, los demonios David Lee y Louis Canning en pie de guerra. Todas estas tramas parecen augurar una primera recta de temporada cargadita de acontecimientos, como siempre. Me alegra comprobar que, tras cinco temporadas, The Good Wife sigue con su trayectoria ascendente y tiene cuerda de sobra para otro excelente año, pero lo que más me ha gustado de este “The Line” son dos cosas en concreto: primero, que Cary esté por una vez en el ojo del huracán -siempre me ha parecido el personaje más desdibujado y desaprovechado, y ha sido una muy buena idea centrar el episodio en él; y segundo, por fin los negocios de Bishop traen consecuencias para los abogados -hay pocos personajes secundarios de esta serie que me aburran, y Bishop es uno de ellos. Llevamos cinco temporadas viendo cómo Lockhart/Gardner arriesga representando al mayor capo de la droga de Chicago, y ya era hora de que (recordando el mejor capítulo de la serie hasta ahora) la mierda golpease el ventilador. Ya estáis acostumbrados de sobra, pero agarraos, que vienen curvas.

Una última cosa: ¿Cómo lleváis vosotros la era post-Will? Finn Polmar is no Will, pero es un buen personaje, y The Good Wife tiene armas de sobra para superar la pérdida, pero el vacío sigue siendo brutal.

 

Grey’s Anatomy (11×01)

Grey's 11x01

Once años no es nada. Urgencias tuvo 15. El primer gran éxito de Shonda RhimesGrey’s Anatomy, vuelve con su ¡¡undécima temporada!!, y lo hace con un reto bastante complicado: sobrevivir a la marcha de su mejor personaje, Cristina Yang. Y mal vamos cuando el espectador tiene la sensación de que le están intentando meter a la fuerza por la garganta una sustituta. La Dra. Pierce no es Cristina Yang, y sobra, directamente sobra. Y no solo porque haga que el vacío que deja Yang sea más grande, sino porque además supone la repetición del conflicto “Meredith de repente tiene una hermana de la que no sabía nada” que ya vivimos con Lexie. Hablar de síntomas de agotamiento a estas alturas de la serie es innecesario (¿recordáis cuando Grey’s era un fenómeno cultural?), pero Pierce es el indicio definitivo de que Grey’s debe morir. Ahora sí. No piensa así Rhimes, claro, sobre todo después de arrasar en los índices de audiencia este jueves con las tres series de su productora Shondaland. Ella siempre ha creído que Grey’s tiene cuerda para muchos años más, pero sus exhaustos personajes no nos dicen lo mismo. Es cierto que sigue habiendo muchos, que se las arreglan para que la relación MerDer (con la que empezó la serie) siga dando juego, y que Alex también es la “persona” de Meredith (como nos recuerdan en el capítulo “the only ones left”), pero casi todos estamos en esto por inercia, por terquedad, por acabar lo que hemos empezado. Y deberíamos hacer un pacto, Shonda, sus actores y su audiencia, para decidir que se ha acabado. “I Must Have Lost It in the Wind” no es un mal inicio de temporada, es más, es un episodio bastante sólido (menos esos vergonzosos cromas a lo OUAT en el helipuerto del Grey/Sloan), pero pensar en que nos esperan como mínimo 21 episodios más… Bueno, mejor no pensarlo y confiar en que Shonda tenga, como siempre, unos cuantos ases en la manga.

 

The Mindy Project (3×01-02)

The Mindy Project 3x01

La comedia de Mindy Kaling se adelantó una semana a sus competidoras, y por tanto este martes hemos visto el segundo capítulo de la temporada. Y lo hemos visto yo, un amigo, Mindy, y quizás su madre. Porque todo apunta a que este año se le va a acabar el chollo a la actriz, ya que Fox no levanta cabeza, y tanto esta como New Girl se han hundido en las audiencias, incluso más que el año pasado (que ya estaban rondando el “bajo 1.0”). En fin, disfrutemos de The Mindy Project mientras dure. De momento, la tercera temporada ha arrancado con dos buenos episodios. Como ya vimos el año pasado, Kaling por fin le cogió el tranquillo al tono de la serie y su personaje, haciendo que Mindy Lahiri fuera más likeable y apoyándose más en el componente romántico (os lo conté en este artículo, “Cuando Mindy encontró a Danny“). Así, los dos primeros episodios de la temporada se centran en su relación con Danny. Felizmente monógamos, Mindy y Danny ya han atravesado la primera etapa del emparejamiento, la del “ahora sí, ahora no”, y son definitivamente un item. Así que ahora toca la fase de conocerse a fondo en el entorno doméstico, de lidiar con sus respectivas familias, y descubrir los secretos más oscuros de cada uno. Y eso es justamente lo que vemos en “We’re a Couple Now, Haters” y “Annette Castellano Is My Nemesis“. Los dos episodios han estado repletos de buenos momentos, pero si algo nos han demostrado es que Danny Castellano es probablemente uno de los mejores personajes de la televisión actual, y probablemente el paradigma del hombre perfecto. Él es la verdadera estrella de The Mindy Projecty Chris Messina merece todo el reconocimiento del mundo por interpretar con tanta humanidad y cariño a este hombre tan imperfectamente perfecto. Y bueno, para terminar, dos palabras: Diamond Dan.

 

Modern Family (6×01)

Modern Family The Long Honeymoon

Después de llevarse por quinta vez el Emmy a Mejor Comedia, Modern Family vuelve con un reto (que yo le pongo): demostrar, aunque sea de forma retroactiva, que merece el desproporcionado reconocimiento de la Academia. Por eso, esta sexta temporada se tiene que poner las pilas, porque la anterior fue bastante irregular, y mostró muchos síntomas de agotamiento (todos sabemos que la quinta temporada es cuando una serie formulaica como esta empieza a cansar de verdad). Bueno, con “The Long Honeymoon” empezamos bastante bien, la verdad. El nivel de los gags es notable (todo lo que tiene que ver con la extraña e incómoda trama de los Happy Dunphys), el humor físico genial (el recortable de Cam y Mitch, las imágenes de la webcam de Haley), el ritmo impecable, la puesta en escena y “coreografía” brillante, y los personajes conservan su chispa intacta (cada día más enamorado de Sarah Hyland). Y además, Modern Family regresa con un sutil pero importante cambio: ¡la cámara casi no se mueve! Quizás solo sea cosa del estreno, pero parece que han abandonado ligeramente el formato mockumentary (tampoco hay apenas zooms, y los que hay son muy leves). No me preguntéis por qué, pero es algo que siempre he visto innecesario. Una fachada de modernez para lo que todos sabemos que es una sitcom clásica y tradicional. Así que por mí que siga así toda la temporada. Por último, y en relación a lo que acabo de decir, hay una trama en “The Long Honeymoon” que huele, como de costumbre, a ultra-conservadurismo: Gloria reconociendo que se viste explosiva para Jay, y dando a entender que esto es poco más que un “deber”, y Jay recriminándole que en realidad lo hace para ella. Es cierto que Gloria le pide lo mismo a Jay, que se vista elegante para satisfacerla, lo cual imprime una (cuestionable) sensación de igualdad. Pero al final, no es más que una manera de defender la idea de que una mujer como Gloria debe vestir así para su marido, no para ella, y desde luego no para otras personas. No sé cómo lo veréis vosotros, pero a mí estas cosas siempre me hacen que vea Modern Family con otros ojos, aunque sea momentáneamente.

También han vuelto Scandal, New Girl, Nashville, Revenge, The Big Bang Theory, Sleepy Hollow… Contadnos qué os han parecido los inicios de temporada de vuestras series.

Awkward.: La historia interminable de Jenna Hamilton

Awkward

¿Cuánto puede, o mejor dicho, cuánto debe durar una serie adolescente? Lo ideal sería que no mucho más que la propia adolescencia. Por definición, esta es una etapa efímera y pasajera, a pesar de que cuando la estamos atravesando nos parece una eternidad, y en muchos casos condiciona el resto de nuestras vidas. De ahí que a algunos nos gusten tanto las series y películas teen -llamadlo nostalgia, estancamiento vital o puro masoquismo. Pero en televisión, el género tiene corta fecha de caducidad, y el espectador, por muy dispuesto que esté, acaba cansándose de los dramaramas melodramas y los white people problems de sus protagonistas.

Recordad Blossom, que dejaba de tener sentido cuando su protagonista se convertía en adulta; O Dawson crece, que una vez acabada su (inolvidable y perfecta) primera temporada empezó a caer en picado; O The O.C., que después de convertirse en un fenómeno cultural en su primer año, cayó inevitablemente en el ostracismo. Si lo pensamos, las mejores series teen son aquellas que han sido canceladas -en teoría- antes de tiempo: Freaks and Geeks My So-Called Life. Dos ejemplos de que una historia sobre adolescentes no debe estirarse durante muchos años, porque entonces pierde toda su razón de ser.

Sadie imitates Jenna

Eso es lo que le lleva pasando a Awkward. desde el año pasado. Su primera temporada fue un soplo de aire fresco en el panorama televisivo actual. La serie nos ofrecía un punto de vista franco, provocativo, y en ocasiones cáustico, de la pesadilla que puede llegar a ser la adolescencia, especialmente en los institutos yanquis. Era una serie sobre las tragedias del día a día -las que desde fuera pueden parecer insignificantes, pero desde dentro se viven como el Apocalipsis- y nos las presentaba de manera mordaz y muy divertida. Pero entonces ocurrió lo inevitable: Awkward. empezó a repetirse, a dar vueltas sobre lo mismo una y otra vez, y se convirtió en un culebrón teen en el que su protagonista, Jenna, se debatía siempre entre dos pretendientes.

Se perdía entonces la esencia de la serie: Jenna, la chica invisible, se comportaba como la reina del instituto, y sus dilemas se reducían a elegir a un chico u otro. Este formato del trío amoroso se fue renovando con nuevos “galanes” (aunque ninguno superará a Matty, #TeamMatty 4Ever), y de esta manera, la serie seguía en punto puerto, girando sobre sí misma. Awkward. dejaba atrás la disyuntiva entre Matty y Jake (menos mal) (por cierto, a ver cuándo sacan del armario a Jake, si es que los guionistas se acuerdan de su existencia), y recurría a nuevos personajes para seguir haciendo lo mismo en lugar de cambiar el chip, haciendo que el principal problema de la serie fuera más evidente. Así, en la tercera temporada, llegó Collin (Nolan Gerard Funk), uno de los personajes más inconsistentes y peor escritos de la serie, y llevó a Jenna hacia su inevitable fase darks (que también ha atravesado este año Rae Earl, de manera más realista e inteligente). Y en la cuarta, que acaba de finalizar, hemos conocido al universitario Luke (Evan Williams), que pone a Jenna en contacto con su yo futuro, un yo que personalmente no estoy interesado en conocer.

Jenna Sadie

A pesar de un par de episodios decentes (sobre todo al principio, “Listen to This!”, “Sophomore Sluts”), esta cuarta temporada -el Senior Year– ha dejado patente que la serie ya ha superado su fecha de caducidad, y que si hubiera un ápice de sentido común en ella, echaría el cierre para darle un final digno antes de llevar a sus personajes a la universidad. Están todos agotadísimos, cada vez más irritantes, cada vez más paródicos y absurdos. Se comportan de manera ilógica solo por la necesidad de generar conflictos y hacer “avanzar” la historia. Mirad a San Matty por ejemplo, convertido este año en un capullo que no ve más allá de sus narices (es simplemente inaceptable que de repente sea tan tonto y esté tan ciego). Y no me hagáis hablar de Tamara. La Six LeMeure de Awkward. era una de sus mayores bazas, y ahora no es más que un dolor taladrante de cabeza, la prueba fehaciente de que la serie está forzando la maquinaria. Es oír su voz y caer rendido de agotamiento. Lo siento, pero el lingo Tamara ha perdido la gracia completamente. Solo Sadie se salva de la quema, porque ella era una caricatura desde el principio, y ha ido humanizándose poco a poco. Además, Molly Tarlov nos sigue dando los mejores momentos cómicos de la serie (impagable imitando a Jenna en el vídeo educativo inspirado en su vida). Nunca falla.

Y luego están los nuevos personajes, que vienen a (intentar) compensar la desafortunada marcha de Ming (y con ella, la trama más divertida de la serie, la de la mafia asiática). El dúo gay -que aporta tanto como Danny, el gayer oficial de Teen Wolf– personajes que están ahí para cubrir una cota, y que ejercen como queerbait. Porque todos sabemos que MTV va de progre y gay-friendly, pero en sus series solo hay homosexuales y bisexuales de pega, o de atrezo. Y por último, Eva (Elisabeth Whitson). ¿Se os ocurre un personaje más insoportable en la tele este año? Eva está ahí porque hacía falta una villana en la serie, ya que Sadie es en el fondo un miembro más de la pandilla (aunque mantenga su jodida mala leche intacta y su odio por los demás igual de vivo). La mala de Awkward. nos enerva, nos enfurece por las razones erróneas. No porque sea una buena villana (tipo Joffrey Lannister o Francis Underwood), sino por todo lo contrario, porque es un personaje raquítico, que no encaja en esta serie (en una de CW puede), porque actúa sin lógica interna, hace que todos a su alrededor se comporten de manera incoherente y que el espectador se pregunte constantemente: “¿Pero es que no lo estáis viendo?” No estaría mal que los guionistas de esta serie contasen con la posibilidad de que su audiencia sea mínimamente inteligente (lo mismo va para los de Teen Wolf).

Eva Awkward

En fin, Awkward. ya no tiene mecha, se ha apagado completamente, y lo más importante, su protagonista ha pasado de ser la voz de la audiencia a ser esa persona odiosa y tóxica a la que evitarías a toda costa en la vida real -quizás sea una percepción personal, pero me da que parte de la culpa la tiene Ashley Rickards, a la que nunca vemos con sus compañeros de reparto en los actos promocionales de la serie. Por eso no es de extrañar que el mejor episodio de este año haya sido uno en el que Jenna no podía hablar (“Listen to This!”, 4×02). “Snow Job“, el final doble de esta cuarta temporada (la primera sin su creadora y showrunner Lauren Iungerich), fue divertido, eso debo concedérselo, y tuvo grandes momentos (sobre todo gracias a Sadie, como decía antes), pero no es suficiente. Awkward. está pidiendo de rodillas que la sacrifiquen, que MTV asuma que se ha hecho mayor, y que va siendo hora de dejar que otros teens tomen el relevo.

Awkward: raro, raro, raro

MTV pasó sus años de guardería junto a El club de los cinco y todo el cine teen que John Hughes auspició en la década de los 80. Es justo pues que, un cuarto de siglo más tarde, la antigua cadena musical rinda homenaje al género que la definió hasta que perdió el norte con italoamericanos descerebrados y embarazadas a los 16. Después del paso en falso que supuso Skins el año pasado (a nadie le interesó un remake americano de una serie 100% británica), MTV resucita su oferta de ficción con Teen Wolf y Awkward, ambas en el transcurso de sus (exitosas) segundas temporadas. Si Teen Wolf se adscribe fácilmente al terror adolescente que Joss Whedon y Kevin Williamson redefinieron en los 90, Awkward bebe principalmente del cine de Hughes y Mean Girls, el incontestable referente teen de la última década. Pero la comedia creada por Lauren Iungerich (10 razones para odiarte) amasa innumerables influencias más allá de estas dos piedras de toque.

Awkward es un producto tan clásico como contemporáneo. Los elementos universales del género están ahí, todos, pero la idiosincrasia del quinceañero del siglo XXI los transforma considerablemente. El suicidio adolescente, el teléfono móvil como apéndice y las redes sociales de Internet intensifican las clásicas diatribas post-púberes: sexo, popularidad y la búsqueda de uno mismo. La protagonista de Awkward es Jenna Hamilton, una suerte de Ellen Page hetero, una Lindsay Weir sin el componente grunge, una Rory Gilmore mucho menos insoportable. Hace un año escribí un artículo (Lo geek vende), en el que clasifiqué los distintos tipos de adolescente inadaptado que podemos observar en las series norteamericanas. Pues bien, uno de esos tipos era el ‘adolescente invisible’, al que Jenna pertenece cuando da comienzo el relato de Awkward (su blog se llama ‘Invisible Girl Daily’ y la serie en España se ha titulado La chica invisible). Algunos de los precedentes de Jenna son la mencionada Lindsay Weir (Freaks and Geeks), que gana visibilidad al asociarse voluntariamente a los freaks, Carmen Ferrara (Popular), que de hecho desaparece ante los ojos de sus compañeros de instituto en un episodio, o Angela Chase (My So-Called Life), que se tinta el pelo de rojo carmesí para empezar una nueva vida. Sin olvidar, por supuesto, a los despojos sociales de Glee, la serie que ha logrado glamourizar lo geek. Jenna pasa de ‘chica invisible’ a ‘freak’ a causa de un accidente que hace pensar a toda la comunidad estudiantil que ha intentado suicidarse. Un desencadenante mucho más actual, desde luego.

A partir del malentendido, Jenna debe hacer frente a su recién adquirida notoriedad, que la sitúa en el punto de mira de bullies (atención, la archinémesis de Jenna está gorda y es mucho más insegura que ella) y de adultos sobreprotectores (e inconscientes), pero que también le obliga a hacer frente a las adversidades y en última instancia, encontrarse a sí misma. Complican las cosas los dos donjuanes que la pretenden. Si lo pensamos bien, la protagonista de Awkward es una chica de 15 años bastante mona de la que se enamoran el clásico jock rompecorazones y un adorable chico diez (que además también juega en el equipo de fútbol). Está bien, lo aceptamos. Es habitual que este tipo de historias tomen ese camino. Al fin y al cabo, es necesario apelar a las fantasías de la adolescente invisible real, el público objetivo de la serie, adentrándose así en el terreno de la comedia romántica.

Los primeros episodios de Awkward atraviesan dificultades para encontrar el tono adecuado. Sorprende su temeridad a la hora de mostrar el sexo entre chavales de 15 años e impactan sus diálogos, los mismos que hace una década nos escandalizaba oír de la boca de Carrie Bradshaw y amigas. En Awkward no hay reparos a la hora de hablar de sexo anal, enfermedades venéreas, tragar semen o tampones mal colocados -aunque MTV se encarga de censurar todos los shit, fuck, e incluso ¡cooch! en un irritante ejercicio de hipocresía. La sal gorda satura en ocasiones el producto (un mojón en un jacuzzi que provoca conjuntivitis a todos los participantes en una “orgía de magreos”, en fin), pero sale airoso a mitad de temporada gracias a un dominio del slapstick que recuerda a Suburgatory (lo que le falta precisamente a la comedia de ABC es la osadía de Awkward). También ayuda una evolución hacia lo emotivo que acaba implicando al espectador inevitablemente (gran parte de la culpa la tiene el excelente capítulo que homenajea Dieciséis velas). Como suele ocurrir con este tipo de historias, Awkward es una serie de doble lectura. Por un lado, se dirige (irresponsablemente, por qué no decirlo) al adolescente actual, ofreciéndole una divertidísima y adictiva herramienta de identificación y escapismo, y por otro permite al espectador adulto disfrutar de una sátira mordaz y subida de tono que critica veladamente la promiscuidad a la vez que se lo pasa genial con ella.