Crítica: Rey gitano

Rey gitano

Texto escrito por David Lastra

Saben aquel que dice que estando nuestro antiguo monarca en una convención gitana, se equivocó en su discurso pensando que estaba clausurando los Juegos Olímpicos ante tanta medalla de oro y chándal del respetable calé que se encontraba ante él. Sí, el chiste es ofensivo y no tiene mucha gracia que digamos, aunque realmente el mayor problema es lo mal contado que está. He aquí el símil perfecto a lo que pasa con Rey gitano, la nueva película de Juanma Bajo Ulloa (AirbagAlas de mariposaLa madre muerta).

Once años ha tardado Bajo Ulloa en volver a la gran pantalla con una obra de ficción. El otrora niño bonito del cine de autor vasco de los noventa, Goyas y Concha de Oro mediante, supo reconvertirse en mago de la taquilla gracias a ese pepinazo llamado Airbag. Esa alocada road movie sentó las bases del nuevo cine gamberro nacional, que tantos buenos y (especialmente) malos momentos nos ha reportado desde entonces. El conceto es el conceto del gran Manuel Manquiña, los subtítulos surrealistas de María de Medeiros, la gracia y química (tos) del trío protagonista. Una desternillante chorrada que nos dejó más que satisfechos y con ganas de más de este Bajo Ulloa gamberro… pero no hubo más. Un fracaso comercial mayúsculo (Frágil) y un macroproyecto frustrado (seguro que su versión hubiese sido mejor que ese El Capitán Trueno y el Santo Grial del que nadie se acuerda) trastocaron al director, especialmente de manera económica, obligándole a aparcar su vertiente intimista y decidiéndose por abrazar el pan y el circo. En esas nos encontramos con Rey gitano. Pan y circo… pero poco boogie movie.

Pasándose por el forro las nuevas Leyes Mordaza, Rey gitano se construye desde una premisa más que interesante, la maravillosa leyenda cañí de los supuestos viajes en moto de nuestro antiguo monarca, que cual campechano picaflor visitaba las alcobas de las famosas de media España. El punto de partida es la confesión en su lecho de muerte de la Chata (irreconocible Pilar Bardem), artista folclórica de primera, a su hijo Gaje (el televisivo Arturo Valls) de la posibilidad de que este sea descendiente del mismísimo Rey. Para investigar esa posibilidad, el Tony Manero caló recurre a dos especialistas de reconocimiento de ADN en zurullos, interpretados por dos viejos chicos Bajo UlloaKarra Elejalde Manuel Manquiña.

El gran Manquiña es la mayor baza de esta película. Su fascistoide y españolista Primitivo funciona a la perfección, superando con creces a su partenaire comunista (un Karra Elejalde con el piloto automático), recordando a su mágico Pazos de Airbag, especialmente en su escena filosófica en el Palacio de Oriente. Suyos son los mejores momentos del film, especialmente su ensoñación filonacionalista con Tony Lomba (personaje creado por el cómico Germán Fandiño) arrasando un autobús lleno de vagos independentistas que amenazan la unidad de España (léase con voz nasal) mientras entona España, España.

Rey gitano

La historia se desarrolla a golpe de esfínter anal interno, lo cual no sería un problema si estuviese bien hilado. En mi descargo, diré que soy una persona que no solo es partidaria, sino que ama el humor burdo y tremendamente ofensivo, pero si está bien hecho. Aunque sin llegar a los niveles catastróficos de Murieron por encima de sus posibilidadesRey gitano tampoco logra la doble labor de escandalizar y divertir. Si bien el humor es puramente Bajo Ulloa en su origen, el resultado final queda forzado al intentar acercarse más al estilo de otros directores (especialmente al absurdo de Javier Fesser) que a él mismo. El fail se completa con su fracaso como crónica de la España actual, aspecto que sí que lograba en mayor medida, aunque de manera paupérrima, mi película más odiada del año, la citada Murieron por encima

Además del honorable Manquiña y María León (debilidad personal), todo el reparto flojea bastante: el híbrido hitleriano-aznarín de Rosa María Sardá no llega a la suela de los zapatos de la gran Fátima do Espírito Santo (el personaje de la citada María de Medeiros en Airbag); el retorno de Charo López es bastante descafeinado, brillando únicamente en su monólogo en las escaleras de su mansión; el cameo fantasma de Santiago Segura sin gracia alguna; y Albert Pla, que habrá a quien le guste y le haga gracia. Mención especial merece el graciosísimo Arturo Valls, cuyo acento gitano aparece y desaparece en cada cambio de plano, y que en todo momento parece que en vez de decir sus frases de guión se va a poner a recitar las ofertas semanales de cadena de establecimientos de la que es imagen. Segunda mención especial, y en esta ocasión buena, se lleva la aparición del recientemente fallecido Manuel Molina, mitad de Lole y Manuel y uno de los genios del Flamenco moderno, como gran patriarca gitano.

Rey gitano es una oportunidad perdida de resurrección de Juanma Bajo Ulloa. Pero aunque en esta ocasión suspenda como el gitanillo Peláez de Gomaespuma (Ay, señolita. ¿No me puedo quedal aquí a robal goma?), queremos que siga intentándolo.

Valoración: ★★