Crítica: Terminator – Destino oscuro

Borrón y cuenta nueva. Una máxima que se puede aplicar tanto a nuestras vidas como a las franquicias de cine que se han quedado estancadas. Esto es lo que le ocurrió a Terminator, la saga de acción y ciencia ficción creada por James Cameron que nos dio dos excelentes primeras entregas para a continuación decepcionar al público con cada una de sus posteriores secuelas. Por esta razón, para el nuevo capítulo se ha optado por ignorar completamente Terminator 3: La rebelión de las máquinasTerminator Salvation Terminator: Génesis. El estrepitoso fracaso de esta última hacía pensar que la saga había llegado a su fin, pero esta continúa en Terminator: Destino oscuro, secuela directa de la aclamada e influyente Terminator 2: El día del juicio final.

Es decir, Terminator: Destino oscuro no rompe del todo con el pasado, sino solo con el que no le interesa recordar. James Cameron regresa como productor a la saga, y con él, la mismísima Linda Hamilton, que se vuelve a poner en la piel de una de las heroínas de acción más emblemáticas del cine, Sarah Connor. Junto a ella volvemos a encontrarnos con la cara visible de TerminatorArnold Schwarzenegger, y un elenco de caras nuevas que sirven como relevo generacional a los veteranos de la saga. Terminator: Destino oscuro ha despertado (y seguirá despertando) muchas comparaciones con Star Wars: El despertar de la Fuerza, por cómo hace reboot mirando al pasado y por recuperar la estructura de sus primeras películas en un ejercicio nostálgico a la vez que renovador.

Han pasado más de dos décadas desde que Sarah Connor detuviera el Día del Juicio Final, reescribiendo el destino de la raza humana, y la vida en la Tierra continúa. La historia nos lleva a México, donde conocemos a Dani Ramos (Natalia Reyes), una joven trabajadora que vive con su padre y su hermano (Diego Boneta). Sus vidas se ven interrumpidas por la llegada de un nuevo Terminator conocido como Rev-9 (Gabriel Luna), modelo avanzado prácticamente indestructible que viaja desde el futuro para matar a la chica. Dani se verá obligada a huir, contando con la ayuda de una supersoldado del futuro, Grace (Mackenzie Davis) y una endurecida y letal Sarah Connor, que se ha pasado los últimos años luchando contra Terminators al margen de la ley. En su camino, Sarah volverá a verse las caras con su pasado, encontrando en el T-800 (Arnold Schwarzenegger) su última esperanza para detener al Rev-9.

Dirigida por Tim Miller (Deadpool), Destino oscuro supone una mejora considerable con respecto a las tres entregas anteriores, recuperando el espíritu de las dos originales y simplificando una línea temporal que se había enmarañado demasiado. La película posee un claro aroma vintage, pero a la vez cuenta una historia oportuna y muy actual al ambientarse en la frontera de Estados Unidos y México, mostrándonos los centros de detención de inmigrantes y con una protagonista latina. Por otro lado, las mujeres dominan por completo la película. El fantástico trío formado por Dani, Sarah y Grace lleva el peso de la historia y protagonizan impresionantes persecuciones y escenas de acción que hacen justicia a la reputación de la saga.

El regreso de Hamilton como Sarah Connor es uno de los mayores alicientes de la cinta. Ver de nuevo a la actriz bazuca al hombro y más guerrera que nunca nos ayuda a hacer las paces con una saga que nos había perdido. Pero la verdadera estrella del film es Mackenzie Davis, cuya vigorosa y emocionante interpretación como la cyborg Grace y su gran habilidad para el combate consiguen eclipsar todo lo demás. Davis, que ya apuntó maneras en Halt and Catch FireYoung Adult, se postula en esta película como una de las estrellas de mayor proyección en Hollywood. Por supuesto, también hay que destacar a Schwarzenegger. A él no hemos dejado de verlo, pero en Destino oscuro nos muestra una nueva cara con un T-800 más humano, llevando una vida simple en el bosque mientras espera un nuevo Apocalipsis. El  mítico actor austríaco aporta simpáticas notas de humor a una película que, como cabe esperar del director de Deadpool, no huye de la comedia en los momentos adecuados.

Pero Destino oscuro no termina de ser la gran película que podía haber sido. Es mejor que las tres anteriores, sí, pero esto no quiere decir mucho. Si bien funciona perfectamente como espectáculo de acción y emplea sabiamente los elementos nostálgicos para reproducir la experiencia trepidante y estruendosa de sus orígenes, la simpleza del guion y un ritmo irregular hacen que la película se vuelva repetitiva y algo pesada. El esquema ataque-huída se reproduce hasta la extenuación, llegando eso sí a un clímax satisfactorio en el que las piezas encajan (aunque sea a costa de acelerar la evolución del personaje de Dani).

Terminator: Destino oscuro vuelve al pasado para corregir curso en una secuela correcta que debería ser el final. Cameron da por fin a los fans de la saga lo que llevaban tiempo esperando, una continuación digna, llena de violencia, acción brutal, efectos impresionantes y con la emoción que supone ver a Hamilton y Schwarzenegger juntos de nuevo. Aunque la premisa de Terminator permite volver a empezar una y otra vez, el destino por fin se ha cumplido y es mejor no volver a tocarlo.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Terminator Génesis

Chuache

Olvidad todo lo que sabéis sobre la saga Terminator. Mejor, olvidad todo lo que sabéis en general, porque de poco os va a servir para enfrentaros a Terminator Génesis (Terminator Genisys). El director, Alan Taylor (Thor: El mundo oscuro), y los guionistas, Laeta Kalogridis y Patrick Lussier, nos piden que hagamos como si Terminator 3: La rebelión de las máquinas (2003) y Terminator Salvation (2009) no hubieran existido nunca. No hay problema, creo que la mayoría ya lo habíamos hecho sin que nos lo pidieran. Terminator Génesis es secuela, precuela y reboot, todo a la vez, una película que trata de recuperar el espíritu y la estética de las dos entregas de James Cameron a la vez que propone un nuevo futuro (mejor dicho, una infinidad de futuros) para la popular saga de acción. Pero para ello, primero cambia las reglas del juego, reescribe las normas de su universo y se monta un fregao narrativo del que, obviamente, le cuesta mucho salir.

En Génesis nos volvemos a encontrar con el Terminator que convirtió en estrella a Arnold Schwarzenegger, pero ya no es la misma máquina de matar implacable programada para aniquilar a Sarah Connor. Continuando el proceso de humanización que Cameron inició en El juicio final, el robot es ahora un Guardián al cuidado de la madre de John Connor (Jason Clarke). El T-800 ha envejecido (porque el tejido sintético del que está hecho también se deteriora con el tiempo al ser igual que el humano) y ahora (en 1984) es el mayor aliado de Sarah (Emilia Clarke), una figura paterna que la lleva protegiendo desde que era una niña y a la que esta llama Abuelo (“Pops” en inglés). La nueva línea temporal que nos presenta Génesis tiene su origen en el futuro, donde Kyle Reese (Jai Courtney) es enviado por John Connor (sin saber que este es su padre) para proteger a Sarah en 1984, cuando supuestamente aun era una camarera indefensa y asustadiza. Sin embargo, al llegar allí, Reese descubre que algo ha borrado el pasado que creían conocer, creando a su vez una nueva amenaza en el futuro (2017 concretamente), que deben detener antes de que provoque otro Día del Juicio Final.

TERMINATOR GENISYS

El argumento de Terminator Génesis es mucho más enrevesado y retorcido que eso, pero tratar de desenredarlo sería en vano. Ni siquiera los guionistas de la película parecen tener muy claro lo que están contando, y la abundancia de diálogos explicativos sobre física cuántica y paradojas temporales no ayuda, es más, provoca el efecto contrario al deseado: la historia no está cimentada en unas reglas sólidas (aparte de las del caos), la confusión del espectador es inevitable y las lecciones de física (repetitivas y embarulladas) provocan la risa. Al final, cualquier cosa vale con tal de resetear el universo Terminator y facilitar posibles entregas futuras que permitan idear historias más lineales y cuya mitología no se convierta en su mayor enemiga. Y eso es exactamente Génesis, un puente entre las películas de Cameron y los nuevos blockbusters de la era digital, pensados casi exclusivamente para la taquilla (la calificación PG-13, la violencia estilizada e inocua, y los desnudos ensombrecidos están a la orden del día) y condicionados por la obsesión del cine comercial con las franquicias y los universos expandidos.

Con una trama tan absurda que se lo pone demasiado fácil a los que hacen los “honest trailers”, Génesis roza constantemente el límite de lo ridículo, pero también tiene muy clara su condición de cine palomitero. Los efectos digitales son sencillamente impresionantes -el Schwarzenegger joven, creado enteramente por ordenador, podrá resultar chistoso a muchos, pero es un gran logro técnico- y la acción no se detiene en ningún momento, acumulando persecuciones, explosiones y toda clase de destrucción, sin duda para distraernos de los sinsentidos y los incontables agujeros narrativos. Génesis contiene algún rastro superficial de comentario crítico hacia la sociedad hiperconectada (¡las actualizaciones de sistema son el enemigo!), lo que contribuye a acercar aun más la saga a nuestro presente, y además, no es una película totalmente desprovista de emociones (los lazos afectivos de los personajes siguen siendo importantes), pero en su mayor parte se limita a hacer estallar cosas y a poner a sus personajes en un estado permanente de huída, algo que puede llegar a resultar agotador.

TERMINATOR GENISYS

Sin embargo, para aliviar el estrés provocado por la acción, Génesis contiene abundantes dosis de humor, función que recae principalmente en un Schwarzenegger dispuesto a hacer las monerías que hagan falta y a reírse de sí mismo sin inconveniente. No es que la comedia sea precisamente fina, pero sí es tan boba, incluso tan ochentera, que hasta tiene su gracia. Pero desafortunadamente, los actores carecen del carisma necesario para sobresalir por encima de la pirotecnia digital. Emilia Clarke no es mala Sarah Connor, y sale airosa mezclando las dos caras del personaje que nos mostró Linda Hamilton, pero en ocasiones le viene todo demasiado grande, lo que provoca momentos de sobreactuación y descontrol. Jai Courtney cumple como de costumbre con su despampanante presencia física (debidamente explotada), pero no tiene otras armas en su arsenal interpretativo. Y los secundarios que más juego podían haber dado, J.K. Simmons y Matt Smith, no solo están muy desaprovechados, sino que juntando sus escenas no ocupan ni dos minutos de metraje.

Terminator Génesis es el borrón y cuenta nueva de la saga. Un relanzamiento dirigido al espectador actual (y al futuro) que, a pesar de la nostalgia que acarrea y el homenaje a las películas de Cameron que lleva a cabo, pone patas arriba su mitología por conveniencia, lo que sin duda será todo un insulto para aquellos que guardan las dos primeras entregas en alta estima y se toman en serio su maquinaria interna. Para todos los que consigan pasar esto por alto, la película ofrece diversión, acción desquiciada y fuegos artificiales. Simplemente. Por mucho guiño al pasado que contenga, Terminator Génesis es un producto de nuestro tiempo, un reboot que rediseña la saga para un público menos exigente y busca sobre todo entretener y, por supuesto, lucrarse en taquilla. En un momento de la película, el villano le dice al T-800: “No eres más que una reliquia de una línea temporal borrada“. Y eso es exactamente lo que le ha pasado a la saga. Génesis es la solución que nos proponen para que Terminator siga envejeciendo, pero evite quedarse obsoleta. No es gran cosa, pero es la línea temporal que nos ha tocado.

Valoración: ★★★

Crítica: Los Mercenarios 3

Stallone Los Mercenarios 3

La saga Los Mercenarios es el gran golpe maestro de Sylvester Stallone, una mina de oro que se sustenta principalmente en la nostalgia y en el simple placer de volver a ver una cara conocida, aunque esta cara esté totalmente cambiada por el cruel paso del tiempo y el todavía más cruel paso por el quirófano. La idea era reunir a lo más granado del cine de acción de los 80 y los 90 y poner a todos estos abueletes musculosos a pegar tiros como si no hubiera mañana. Tenía su gracia, y surtió efecto. Así, el elenco de míticos héroes del cine de acción y artes marciales se fue ampliando. Ninguno se quería perder la fiesta: Arnold Schwarzenegger, Bruce Willis, Jean-Claude Van Damme, incluso Chuck Norris. Con la presencia de estos actores en un par de escenas ya estaba todo hecho. Pero las ambiciones del jefe Stallone eran cada vez mayores, lo que le llevará a emular con Los Mercenarios 3 al Universo Cinematográfico de Marvel, y concretamente a Los Vengadores, confesa inspiración del padrino de la saga a la hora de desarrollar esta tercera parte.

Lo que mejor funcionaba de las primeras entregas de Los Merecenarios era su sentido del humor. Este era mucho más desenfadado y alocado en la segunda parte, que aparcaba el tono más serio de la primera para entregarse al chiste continuo, a la caspa sin complejos, y ponía a sus rudos protagonistas a hacer monerías que garantizaban la carcajada (sobre todo la del público objetivo). Los machotes Stallone, Jason Statham (principal representante del cine testosterónico actual), Dolph Lundgren (la desaprovechada gema oculta de la franquicia) o el histriónico Terry Crews se entregaban por completo a la autoparodia, y se reían de sí mismos en un meta-ejercicio de comedia que no era sino un guiño constante al espectador. Sin embargo, parece que la segunda parte agotó el arsenal de chistes (si hasta tenía a Chuck Norris interpretando a un meme de Chuck Norris), y en Los Mercenarios 3 se opta por una mayor sobriedad (tampoco demasiada, que conste), haciendo que las bromas y gags suenen agotados, reciclados, incluso más simples e infantiles que de costumbre.

Otro de los puntos fuertes de Los Mercenarios era la sensación de camaradería y lealtad, derivada de la celebración de la masculinidad militar, que estos actores trasladaban con acierto a la pantalla, algo que acercaba estas películas a los últimos capítulos de Fast & Furious. Esto se conserva en Los Mercenarios 3, donde lo más destacable sigue siendo la amistad que une a los protagonistas (que se quieren, pero no se abrazan, que eso es de maricas), y que además de ser el núcleo de la película, es lo que desencadena la historia de esta tercera parte. En ella, Barney Ross (Stallone) obliga a jubilarse a sus colegas, por miedo a que todos acaben muertos siguiéndolo a ciegas en sus suicidas misiones para salvar el mundo de malhechores, traficantes y megalómanos. Este punto de inflexión perjudica seriamente a la película, que al centrarse en los unidimensionales y aburridos nuevos Mercenarios pierde el ritmo, y sin Statham, Lundgren o Crews se vuelve insoportablemente plomiza y mecánica (sí, más que de costumbre).

Los Mercenarios 3

Además de renovar la franquicia y proyectarla hacia el futuro con la incorporación de jóvenes rostros como Kellan Lutz (no del todo desubicado, como ocurría en la infame Hércules), Glen Powell (que aporta sapiencia informática aumentando jocosamente la brecha entre generaciones) o la única mujer de la película, Ronda Rousey (a la que nunca se le permite hablar si no es para recordarnos que es una mujer), Los Mercenarios 3 sigue recurriendo a viejas glorias del cine, multiplicando el ya de por sí abarrotado reparto. En esta ocasión se apuntan Wesley Snipes (realmente divertido, aunque pase a segundo plano enseguida), Harrison Ford representando a la burocracia (sustituye a Bruce Willis tras un encontronazo con Stallone), un estupendo Mel Gibson como el villano de la función (el único que se toma en serio eso de actuar) y Antonio Banderas prestándose sin rechistar al papel más degradante, ridículo e insultante de la película, un antiguo legionario hiperactivo caracterizado por su incontinencia verbal y su desbordante entusiasmo, que en un momento de la película acaba entonando “El novio de la muerte“, seguramente para regocijo de muchos (a mi padre le va a encantar), y para espanto de tantos otros.

Pero en realidad Los Mercenarios 3 es básicamente la misma película que sus dos predecesoras. Stallone (junto a los guionistas Creighton Rothenberg y Katrin Benedikt) las clona para ofrecer los mismos ingredientes otra vez, solo que en esta ocasión todo se antoja más desganado y descafeinado: la violencia gráfica se rebaja unos cuantos enteros con respecto a la segunda parte (sigue habiendo saña y sadismo, pero hay menos sangre, para ajustarse a la absurda nueva calificación por edades PG-13), y como ya he señalado, el humor va a medio fuelle, con unos actores menos dispuestos a hacer el payaso. Lo que no cambia son los efectos dignos de una TV movie de SyFy (hay que pagar a todas esas estrellas y no queda dinero para la producción). Sin embargo, para los incondicionales del género, lejos de suponer un inconveniente, todo esto será un aliciente, una invitación a sentarse y disfrutar de los explosivos set pieces, de la fraternidad entre Stallone, Statham y compañía (los machos alfa también pueden ser sensibles, a su manera), y sobre todo del aroma añejo de los 90 y ese regreso a lo conocido del que hablaba. Al fin y al cabo, Los Mercenarios realmente funciona como Marvel en el fondo. Stallone sabe el valor que tienen todas estas leyendas del cine para el espectador, y es consciente de que su mera presencia desatará la euforia de otro tipo de fanboy, el padre de familia de 50 para arriba. Por eso, ni hace falta más, ni se molesta en darlo.

Valoración: ★★

11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Tercera jornada (Domingo)

Doctor-Who-50th-poster

La Muestra SyFy tocaba a su fin el domingo 9 de marzo, pero como no podía ser menos, se despidió por todo lo alto. El último día nos esperaba una proyección especial en 3D del especial del 50 aniversario de Doctor Who, la ya clásica sesión doble de Phenomena y dos estrenos para terminar.

Hacia el medio día, Callao se llenó de whovians dispuestos a reencontrarse con el Doctor en todas sus encarnaciones, esta vez en pantalla de cine (y muchos por segunda vez). Aunque no era requisito para acceder a la proyección, los fans no dudaron en disfrazarse de sus personajes favoritos (la mayoría de Tenth o Eleventh) y ninguno se olvidó de traer su destornillador sónico. Podéis ver las fotos del evento Doctor Who en la galería que ha subido SyFy España a su página de Facebook. Seguro que os encontráis (yo os he reconocido a unos cuantos :P). También podéis leer la entrada sobre “The Day of the Doctor” que Alicia Ortega escribió para fuertecito no ve la tele cuando se emitió por primera vez en BBC. La tenéis aquí.

Por lo demás, el último día de La Muestra transcurrió con la loca normalidad de siempre. Con la diferencia de que Leticia Dolera cedió el testigo y/o compartió el escenario en las presentaciones de las películas. Nacho Cerdá, creador del Phenomena Experience, se encargó una vez más de presentar el programa doble de clásicos sci-fiLa mosca y Depredador; El equipo de Faraday (que había tenido el detallazo de repartir croquetas caseras a los primeros en la cola para su sesión) acompañó a Dolera antes de la proyección de la película y se quedaron después para un coloquio -muy poco participativo a pesar de la buena acogida-; y en la última sesión de La Muestra, Diego LatorreEdu CasanovaFele Martínez y Macarena Gómez subieron a presentar el cortometraje Blink, que fue recibido sin piedad, con fuertes abucheos e improperios varios (vaya, que el corto era un despropósito, pero muchos se olvidaron la educación en casa), y  a continuación Eduardo Noriega ejerció como anfitrión de clausura y representante de La Bella y la Bestia de Christoph Gans, en la que interpreta al villano Perducas. Como curiosidad malévola, hubo un intento de reunión Tesis, pero ni Noriega ni Martínez parecían estar por la labor (¿rencillas del pasado?) De hecho, Eduardo se marchó espantado después de ver la reacción del público a Blink, para evitar posibles palos por su película.

Lo cierto es que a lo largo de estos cuatro días de Muestra, y al igual que en ediciones anteriores, el público se ha ido desatando cada día más, perdiendo un poco el respeto por los asistentes. El domingo pudimos oír quejas de gente indignada por los continuos comentarios en voz alta de los que se han autoproclamado este año comentaristas oficiales de las películas. Una cosa es cuando toda la sala se pone de acuerdo para reírse o vitorear una escena en particular (es parte del encanto del festival), y otra es cuando los tres pesados de turno se pasan la proyección entera haciendo chistes para toda la sala (casi siempre sin gracia o de mal gusto) y molestando a los que quieren ver la película. Esperemos que la cosa cambie un poco en 2015.

Leticia se despidió tras su undécimo baño de multitudes en La Muestra, no sin antes repartir regalos a los twiteros que más le habían hecho la pelota y enseñarnos palitos fluorescentes de colores, previo aviso de spoiler para nuestro Dani Andréu, que se volvió a tapar los oídos para que no le destriparan Coherence. También hizo de Celestina como el año pasado, saludando a una pareja cuyo primer beso tuvo lugar en la Muestra anterior, y por último nos contó que dentro de dos meses comienza el rodaje de su primer largometraje como directora. Mucha suerte, Leticia. Que triunfes con tu película, pero que esto no te impida volver para la 12ª Muestra de Cine Fantástico SyFy el año que viene.

A continuación os dejo con las reseñas de las películas del domingo, escritas por David Lastra:

Phenomena: La mosca (David Cronenberg, Canadá, Estados Unidos y Reino Unido, 1986)/ Depredador (John McTiernan, Estados Unidos, 1987)

PredatorLas sesiones dobles de Phenomena siempre nos sirven a los que nos las damos de listos para ver algún que otro clásico por primera vez. En esta ocasión, le tocaba el turno a Depredador. Virgen como la selva virgen en la que se ambienta el film de McTiernan, se presentaba el que aquí escribe ante las aventuras de Arnold Schwarzenegger. Nunca negaré el carisma de Dutch (realmente es muy difícil encontrar alguna película en la que Arnie no se coma la pantalla) y el encanto que tiene que Dutch y su batallón arrasen una hectárea a base de cañonazos, pero una vez más, se me vuelve a hacer pesado el tempo de McTiernan. Será que este tipo de cine ochentero en los dos mil y pico me ha pillado muy mayor ya.

The FlyPero antes de la orgía de tiros de la mano de Chuache, una de las musas de este festival (con permiso de Leticia), tuvimos el placer de disfrutar en pantalla grande de La mosca, como muy bien dijo Cerdá en la presentación, una de las producciones de David Cronenberg más asequibles para el gran público, eso sí, sin que esto suene a menosprecio alguno, porque la Brundlefly sigue funcionando como el primer día. Cronenberg fagocita al espectador desde el primer minuto, obviando todo tipo de introducciones. Nos vomita y nos desintegra a lo largo de un metraje en que no hay un solo segundo de relajación. Todo abocado a un discurso aterrador por parte del protagonista (más que la escena en la que se arranca las uñas de la mano) sobre su nueva condición de insecto. La Nueva Carne ha triunfado una vez más. Larga vida a la Nueva Carne (y a David Cronenberg).

FaradayFaraday (Norberto Ramos del Val, España, 2013)

Comedia… ¡pardiez!… además con elementos paranormales… ¡joder!… y además española… ¡vámonos! Faraday jugaba con semejante carta de presentación, que hizo que más de uno abandonase corriendo nada más terminar Phenomena. ¡Craso error! Porque este film es una verdadera maravilla. Esta locura que despedaza el mundo de las redes sociales mezclándolo con ouijas y demás apariciones podría haber sido un descalabro magno, pero no solo solventa la papeleta sino que se confirma como una de las mejores comedias españolas de la última década. El guión de Jimina Sabadú y Pablo Vázquez es un ejemplo de cómo crear gags rápidos, divertidos e irónicos basados en referencias pop de esta nuestra generación sin caer en el cualquiercosismo o en la artificialidad que tan frecuentes son en el cine (y televisión) nacional actual. Ese libreto tan divertido (dato que repetiré una y mil veces más) se ve conjugado con el saber hacer de Norberto Ramos del Val a la dirección, dos protas en estado de gracia (Javier Bódalo y Diana Gómez) y un sinfín de cameos (entre los que se encuentran leyendas catódicas como Arancha del Sol e Inma del Moral, señores y señoras). Ni cine low-cost, ni cine baratito. Faraday es Cine, Cine. Aquí tenéis un follower para siempre.

Bella BestiaLa Bella y la Bestia (Christophe Gans, Francia y Alemania, 2014)

Otro de los platos fuertes de la muestra era el retorno de Christophe Gans a la gran pantalla tras ocho años de reclusión después de su infravalorada Silent Hill (¡trece años distan ya de su espantosa y sobrevalorada El pacto de los lobos!). En esta ocasión, Gans acude a una de las historias populares más conocidas: el cuento de la Bella y la Bestia. No sabemos si ha sido por la presión de las anteriores adaptaciones o por la presencia de media familia Seydoux, pero Gans ha preferido optar por rodar un anuncio de perfume de dos horas más que arriesgarse por dar un lavado de cara a la historia zoofílica más querida por grandes y pequeños. Esta clausura no trajo la polémica que prometía, sino más bien una sensación generalizada de tedio. Ese es el problema del film de Gans, el quedarse en medio de todo, no arriesgar ni un ápice por sorprender, inquietar o molestar al espectador.