Undone: Eterno resplandor de una mente inmaculada

Los viajes en el tiempo son uno de los lugares comunes más explorados de la ciencia ficción. Su imposibilidad científica hace del fenómeno un lienzo en blanco para dar rienda suelta a la imaginación en el cine y la televisión. Desde El tiempo en sus manos hasta Vengadores: Endgame, pasando por Regreso al futuro, 12 monosDonnie DarkoPrimer, Interstellar e incontables otras, el cine ha doblegado el espacio-tiempo desde múltiples perspectivas y géneros, demostrando una y otra vez que es un concepto lleno de posibilidades para la ficción.

Raphael Bob-Waskberg y Kate Purdy, respectivamente creador y co-productora ejecutiva de BoJack Horseman, aportan su particular visión a este subgénero con Undone. La nueva serie de Amazon Prime Video narra la historia de una joven que, tras un accidente de coche, empieza a comunicarse con su padre fallecido y descubre que tiene el poder de moverse en el tiempo y el espacio de forma no lineal, lo que usará para tratar de desvelar los misterios de su familia.

La serie, que consta de 8 episodios de aproximadamente 25 minutos, recupera la rotoscopia, técnica de animación muy habitual en el cine previo a los 90 que cayó en desuso con el auge del CGI y algunos directores han recuperado puntualmente como opción estilística (Richard Linklater la usó en Waking Life A Skanner Darkly). Esta consiste en el redibujado a mano de un plano frame a frame tomando como base imágenes de acción real previamente filmadas. Es decir, lo que vemos en Undone es a los actores de verdad bajo una capa de animación, lo que le confiere ese aspecto llamativo gracias al contraste del dibujo y la naturalidad de los movimientos. Esta técnica permite llevar las secuencias de fantasía hasta las últimas consecuencias sin necesidad de un elevado presupuesto y nos deja en este caso imágenes de gran creatividad -apuntilladas por la poética partitura de Amie Doherty.

El reparto está encabezado por una excelente Rosa Salazar (con experiencia en esto de interpretar para un personaje animado después de Alita: Ángel de Batalla), a la que acompañan Bob Odenkirk, Angelique Cabral, Constance Marie, Siddharth Dhananjay, Daveed Diggs y Tyler Posey. Al contrario que le ocurría a BoJack Horseman, que tardó un tiempo en encontrar su tono, Undone se muestra sólida desde el principio, tanto en el manejo de los géneros (drama, comedia y ciencia ficción) como en la construcción de personajes, perfectamente definidos desde el primer capítulo.

Alma Winograd-Diaz (Salazar) es uno de los personajes más humanos que nos ha dado la televisión reciente, una mujer ocurrente, carismática y llena de personalidad, pero también vulnerable y rota. La pérdida la formó cuando era pequeña (primero perdió la audición y después a su padre) y esto la llevó a levantar un muro entre ella y las personas que hay en su vida, ante las que a menudo se comporta de forma impulsiva y egoísta. El descubrimiento de su habilidad para viajar en el tiempo será la oportunidad perfecta para corregir sus errores y crecer personalmente, aunque los demás no lo vean de la misma manera.

Su historia nos lleva en un fascinante viaje lleno de sorpresas y emociones a flor de piel en el que las líneas entre realidad y fantasía se difuminan para hacernos dudar si lo que está ocurriendo es real o si por el contrario es la manifestación de una enfermedad mental. A pesar de que esta idea del “superpoder” como posible trastorno psicológico (concretamente la esquizofrenia) es algo que se ha visto muchas veces, Undone logra aportar una perspectiva diferente y trascendental, sobre todo gracias a la forma en la que lo utiliza para construir (entre la risa y el llanto, el costumbrismo y la fantasía) las preciosas y complejas relaciones entre Alma y su familia, el motor principal de la serie.

No debería sorprender que detrás de Undone se encuentren los responsables de BoJack Horseman, otra serie de animación que, además de divertir, se caracteriza por su profundidad psicológica y su capacidad para entender y plasmar el comportamiento humano y sus contradicciones. La ambición narrativa de Undone es incluso mayor, pero afortunadamente, no se vuelve en su contra, sino que llega a buen puerto al dar prioridad siempre a las emociones, desde el principio hasta un desenlace que puede entenderse como un cliffhanger o un final abierto a la interpretación del espectador. En cualquier caso, Bob-Waskberg y Purdy han elaborado un trabajo impecable en todos los aspectos, una serie visualmente preciosa y narrativamente sublime que aprovecha y trasciende su premisa sci-fi para contarnos una historia de las que se quedan en la memoria.

Mirai, mi hermana pequeña: Costumbrismo mágico

La evolución como cineasta de Mamoru Hosoda es una de las más fértiles de la animación japonesa reciente. Los comienzos del realizador japonés están ligados al anime televisivo, con DigimonOne Piece y Samurai Champloo entre sus proyectos tempranos. Tras sus primeros largometrajes, adaptaciones cinematográficas de los dos primeros títulos, Hosoda dio paso a una nueva etapa con proyectos propios que hicieron que el mundo se fijase en él. La chica que saltaba a través del tiempo suponía su gran descubrimiento, y con sus siguientes trabajos, Summer WarsWolf ChildrenEl niño y la bestia, no ha hecho más que afianzarse como uno de los autores más personales e interesantes de la animación japonesa.

El cine de Hosoda ha despertado frecuentes comparaciones con las películas de Estudio Ghibli, y más concretamente con las de Hayao Miyazaki. Lo cierto es que contraponer a ambos artistas es tan fácil como inevitable. Hosoda, que estuvo a punto de dirigir El castillo ambulante para Ghibli, ha seguido un sendero artístico y temático muy afín a la visión fantástica de Miyazaki, pero manteniendo su identidad propia y una voz muy particular. Su estilo encuentra la sublimación en su película más reciente, Mirai, mi hermana pequeña, fábula familiar que fue nominada al Globo de Oro, el Critics’ Choice y el Oscar a Mejor Película de Animación.

Mirai, mi hermana pequeña es un cuento contemporáneo que gira en torno a Kun, un niño de cuatro años que deja de ser el centro de atención de sus padres cuando nace su hermana pequeña, Mirai. La llegada del bebé altera las vidas tanto de sus padres, que con su segundo hijo deciden intercambiar roles (ella va a trabajar y él se queda en casa cuidando de los niños), como del primogénito, que se siente desplazado y amenazado por la presencia de su hermanita. Cada vez más irritado (e irritante) por los cambios que están aconteciendo en su vida, Kun descubre en su jardín un mundo mágico donde conocerá a la versión adolescente de su hermana, que ha viajado desde el futuro para llevarlo en una aventura que le hará verlo todo de otra manera.

En poco más de una década, Hosoda ha creado una filmografía sólida y cohesiva en todos los aspectos. Mirai, mi hermana pequeña vendría a ser como un compendio temático y estilístico de su cine, que aquí adopta una forma aparentemente más sencilla, pero igualmente rebosante de ideas y detalles. Con la entrañable historia de Kun, el director incide en los temas que suele tratar (la familia, la maduración, la percepción de la realidad, el paso del tiempo) y lo hace volviendo a recurrir a los contrastes: costumbrismo y fantasía, pasado y futuro, tradición y modernidad, complejidad y simplicidad, hiperrealismo y cartoon. El resultado, con excepción de algún altibajo en el ritmo, es su obra más pulida hasta la fecha, y también la más madura y personal.

Hosoda aúna la imaginería fantástica de sus trabajos anteriores con el realismo del cine de Yasujirō Ozu y sus sucesores para hablarnos con ternura, melancolía y sentido del humor de la educación, las costumbres japonesas y las relaciones fraternales y paternofiliales. Entre la belleza y la magia de sus imágenes fantásticas se puede encontrar una preciosa y tierna reflexión sobre la infancia y la familia que culmina en un plano final perfecto en su sencillez que se queda con nosotros para siempre.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Spider-Man – Un nuevo universo

Spider-Man es uno de los personajes de Marvel más queridos de todos los tiempos, así como el superhéroe más popular entre los más jóvenes. En sus más de cincuenta años de historia, la icónica creación de Stan Lee y Steve Dikto ha adoptado muchas formas en las páginas del cómic, y otras tantas en la pantalla. Sin ir más lejos, en los últimos 15 hemos visto cómo tres actores diferentes se ponían las mallas del Trepamuros en el cine, Tobey Maguire, Andrew Garfield y el actual defensor del título, Tom Holland. Lejos de sucumbir a la fatiga de la que tanto hablan los detractores del género, Spider-Man finalmente ha conseguido remontar el vuelo y renovar el interés de una audiencia que sigue regresando para disfrutar de las aventuras de su amigo y vecino de Marvel.

Y la palabra clave en este caso es “renovar”. Con el Spider-Man de Holland, Disney y Sony rompían con las iteraciones anteriores rejuveneciendo al personaje y evitando volver a repetir su historia de orígenes. Esta tendencia hacia la reinvención continúa con otra propuesta diferente que llega no para sustituir al Hombre Araña actual, sino para complementarlo, encontrando nuevas maneras de deconstruir y continuar esa historia de orígenes sin dejar de ser fiel a su espíritu. Se trata de Spider-Man: Un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse), nueva película de animación producida por Phil Lord y Christopher Miller (La LEGO película) y dirigida por Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman, que aterriza en las salas como un auténtico soplo de aire fresco para el cine de superhéroes y la animación en general. Aunque pueda parecer obvio, es importante no subestimarla por ser animada, porque estamos ante lo que es claramente una de las mejores películas de Spider-Man.

En esta ocasión, el foco se desplaza de Peter Parker a Miles Morales, adolescente latino-afroamericano  de Brooklyn creado por Brian Michael Bendis y Sara Pichelli que irrumpió en Marvel Comics en 2011 para ponerse el nuevo traje de Spider-Man e inaugurar una etapa de la Casa de las Ideas caracterizada por una mayor diversidad e inclusión en sus colecciones. Inspirado por Barack Obama y Donald Glover, Miles fue un éxito entre los lectores y su figura ha sido una constante en varias cabeceras centrales durante los últimos años. Spider-Man: Un nuevo universo supone su debut en la gran pantalla, y lo hace con una carta de presentación inmejorable, un espectáculo de animación innovador, diferente y de desbordante energía y creatividad.

Pero Miles Morales no llega solo. La puesta de largo del personaje viene arropada por viejos y nuevos conocidos del universo arácnido, entre ellos el propio Peter Parker, que se encarga de ceder el testigo generacional a su joven aprendiz. Spider-Man: Un nuevo universo va precisamente de eso, de la posibilidad de que cualquiera pueda llevar la máscara de Spider-Man (porque “siempre acaba encajando”). Y para hacer llegar este oportuno mensaje, tan inherente a la esencia del personaje, el film introduce la noción del Multiverso, o Spiderverso, y con él la existencia de un número indeterminado de dimensiones paralelas en las que diferentes personas (o cerdos) pueden ser Spider-Man, para a continuación reunir a estas identidades arácnidas en un mismo lugar, el Nueva York de Miles Morales.

Empleando el recurso narrativo de la repetición con mucho ingenio y sentido del humor, Un nuevo universo nos presenta a los diferentes personajes que formarán equipo junto a Miles para luchar contra los planes de Kingpin, quien ha creado una máquina para controlar las realidades alternativas del Multiverso. Tras una explosión, el protagonista se topa con un Peter Parker alternativo (ajado y deprimido por su separación de Mary Jane), con el que unirá fuerzas junto a Spider-Gwen, Spider-Man Noir, Peni Parker y Peter Porker (o Spider-Cerdo) para derrocar al villano y poder regresar a sus respectivas dimensiones. Entre ellos se formará una alianza de miembros dispares (y disparatados), hermanados por sus ideales, los poderes que comparten y un enemigo común.

Spider-Man: Un nuevo universo está realizada con un detallismo apabullante y un evidente cariño y respeto tanto por los cómics de Marvel como por sus fans, a los que regala numerosas sorpresas y guiños a la historia de la editorial y a la creación de Miles Morales. La película presenta un look sorprendente, incluso revolucionario, con una paleta de colores que salta de la pantalla, estilos muy diferentes que encajan sin problemas y una animación dinámica y original que mezcla 3D y 2D con los mejores resultados. Los directores sacan todo el partido del medio para componer escenas alucinantes que no funcionarían en acción real e incorporan el lenguaje de los cómics a la puesta en escena con agilidad e inventiva, realizando hallazgos narrativos y cómicos a lo largo de todo el metraje.

Visual y sonoramente, Un nuevo universo es una explosión para los sentidos, pero es mucho más que eso. También cuenta una historia bien construida (a pesar del exceso de información que descarga en el espectador), hace alarde de un sentido del humor inteligente y descarado, tiene mucho ritmo, y lo más importante, profundidad emocional y unos personajes excelentemente caracterizados por los que es imposible no sentir apego (acordaos de esto: Spider-Gwen va a causar sensación).

Otra de las características que hacen de Spider-Man: Un nuevo universo un triunfo es su actitud. La película desprende personalidad a raudales, y esta solo se puede definir con una palabra: cool. Su estética graffitera, su fantástica banda sonora hip hop y el carisma juvenil de sus protagonistas hacen de ella una pieza cinematográfica totalmente moderna, en sintonía con las nuevas generaciones a las que retrata y se dirige. Pero precisamente otro de sus grandes aciertos es que no se cierra a un solo tipo de público, sino que encuentra la manera de satisfacerlos a todos: niños, adolescentes, adultos y fans de Marvel de todas las edades. Encontrar ese equilibrio es difícil y esta película no solo lo hace, sino que lo domina de principio a fin.

Por último, sin nacer con ese propósito, Spider-Man: Un nuevo universo supone la despedida perfecta a los creadores del Hombre Araña, Lee y Dikto, que nos han dejado este mismo año. Tras su fallecimiento, el imprescindible cameo de Lee (el último que hizo en animación) adquiere una nueva dimensión, y la lección que nos regala durante esta breve pero trascendental escena es un broche redondo. Aunque suene a tópico y empiece a correr el riesgo de no significar nada para muchos, Spider-Man: Un nuevo universo revitaliza el cine de superhéroes con una película que no es solo divertidísima, ocurrente, emocionante y espectacular, sino que también es consciente de lo necesario que es llevar el género un paso (o un salto de fe) más allá para explorar todas sus posibilidades. Está claro que Miles Morales ha llegado para quedarse. Bienvenido.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: Isla de perros, la nueva obra de arte stop-motion de Wes Anderson

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GUAU, hacen los perros… y GUAU, hacen los espectadores al terminar Isla de perros (Isle of Dogs), la última película de Wes Anderson (El Gran Hotel Budapest). Esa onomatopeya es la única manera posible de expresarse tras el cúmulo de emociones atropelladas que se sienten ante las aventuras y desventuras de la patrulla canina más cool de la historia.

Una epidemia de gripe canina asola la ciudad de Nagasaki. Moquillo, mal genio, ladridos a todas horas y algún que otro mordisco donde no se debía. Los perros están desbocados. Ante tamaña crisis animal, y con cierto miedo a que la enfermedad se transmita al ser humano, el alcalde de la urbe dictamina la prohibición y el consiguiente exilio de todos y cada uno de los perros. Tanto mascotas como callejeros, todos los cánidos pasarán sus últimos días aislados en una isla colindante que hasta el momento había hecho las veces de basurero municipal. ¡Fuera pulgosos de nuestras vidas! ¡Larga vida al mundo gatuno! Pero como es normal ante este tipo de soluciones drásticas, las voces rebeldes no tardan mucho en aparecer y sus protestas, aunque no multitudinarias, se suceden. Por otro lado tenemos a Atari, un pobre chaval que lo único que quiere es recuperar a su perro desaparecido sea como sea.

Después de maravillar al gran público con El Gran Hotel Budapest y de llevarse unos cuántos premios de la Academia por el camino, Wes Anderson opta por una opción bastante arriesgada: volver al stop-motion. Aunque la decisión más fácil hubiese sido completar la trilogía aventurera formada por Moonrise Kingdom y El Gran Hotel Budapest, Anderson vuelve al terreno donde nos había entregado su mejor y más completa obra fílmica: Fantástico Sr. Fox.  Ni el despiporre de Los Tenenbaums: Una familia de genios, ni mucho menos la sobrevalorada Moonrise Kingdom. Hasta la fecha, esa bonita traslación del relato de Roald Dahl era la joya de su filmografía. Es necesario recalcar ese hasta la fecha, porque hoy es el día en que todo cambia. Ese altísimo nivel ha sido superado con Isla de perros. En esta epopeya canina, Anderson alcanza unas cotas de belleza absoluta que nos sume en un síndrome de Stendhal inaudito. La preciosidad del film es inigualable, desde los increíbles diseños de personajes y sus graciosas animaciones, hasta un cuidadísimo guión, repleto de buenos sentimientos y mil y una referencias cinematográficas de altura.

Sin huir de su característico mundo de fantasía, Anderson adopta una postura combativa a la que no nos tenía acostumbrados. Isla de perros es una poderosa metáfora de la situación actual que se vive en el Primer Mundo ante la realidad de la inmigración. No es difícil encontrar similitudes entre la manipulación informativa y gubernamental con la que se trata la epidemia perruna en la película con las conservadoras propuestas del régimen de Donald Trump ante los no caucásicos o el propio caso del Brexit. Aunque lejos de ahondar en la epidemia alt-right como sí está haciendo otro tipo de productos audiovisuales (Homeland, The Good Fight), Anderson decide no complicarse demasiado y opta por la colocación de un villano más o menos tradicional.

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Al igual que en sus películas con seres humanos de carne y pelo, el director ha sabido rodearse de un sinfín de caras (o voces) conocidas para dar vida a los perretes. Estrellas como Bryan Cranston (Breaking Bad), Liev Schreiber (Spotlight), Jeff Goldblum (Parque Jurásico) y, cómo no, dos rostros habituales de su cine: Edward Norton (Birdman) y Bill Murray (Lost In Translation) interpretan a unos perros con más carisma que Rin Tin Tin. Pero si alguien se lleva el gato al agua (¿alguien ha dicho gato?) esa es Scarlett Johansson (Under the Skin). Su interpretación vocal de Nutmeg, la perra modelo multidisciplinar, transmite a la perfección la esencia del cine de Anderson. Esa mezcla entre cool y resabidillo, de estar de vuelta y seguir siendo extremadamente gracioso. Todo con un deje y una cadencia sensual perfecta, marca Johansson. La Academia debería enmendar el error (o el vacío legal) de Her y nominarla este año. Igualmente geniales y tremendamente graciosas son las participaciones más anecdóticas, pero completamente robaescenas, de F. Murray Abraham (Amadeus) y Tilda Swinton (Solo los amantes sobreviven), otra musa andersoniana.

Isla de perros es un hito cinematográfico de esos que no ocurren todos los años. Una de esas cintas con las que la palabra delicia no hace méritos. Una verdadera obra de arte.

David Lastra

Nota: ★★★★★

Crítica: Batman La LEGO Película

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Parece mentira, pero La LEGO Película acabó siendo una de las mejores cintas de animación de 2014, y en general una de las más gratas sorpresas cinematográficas de ese año. Mientras esperamos la “LEGO secuela”, el mismo equipo detrás de aquella alocada aventura ambientada en el mundo de las famosas piezas de construcción, nos trae Batman la LEGO Película, spin-off dirigido por Chris McKay y producido por Phil Lord y Christopher Miller, que nos da la bienvenida al universo superheroico de DC Comics en su versión más autoparódica y, paradójicamente, menos cuadriculada. Los superhumanos de DC ya formaron parte de la primera LEGO Película, así que es lógico que Batman, el Joker y los demás icónicos héroes y villanos de la editorial pasen a primer plano para protagonizar su propia historia. Pero como es obvio, los de esta película nada tienen que ver con las encarnaciones en acción real que hemos visto hasta ahora en el serio y oscuro Universo Extendido de DC.

Batman (doblado en su versión original por Will Arnett) fue el gran robaescenas de La LEGO Película. Ahora, esta versión exagerada y cómica del Hombre Murciélago vive su propio viaje personal, en el que profundizamos en la identidad del personaje (“un héroe con nombre y máscara de villano”) más de lo que cabía esperar. Claro que este Batman es muy diferente al que han llevado a la gran pantalla Michael Keaton, Christian Bale y Ben Affleck, una proyección aumentada y extremadamente autoconsciente, un Batman egocéntrico y narcisista hasta el paroxismo, y con inclinación a expresarse rapeando hard rock (no le deis más vueltas, claro que tiene sentido). A pesar de esto, Batman La LEGO Película se las arregla para llevar a cabo una exploración de este icono de los cómics más interesante, con más aristas y más lógica interna que la que nos encontramos en Batman v Superman (algo que no era muy difícil, pero que merece mención), respetando el material de DC y entendiendo mejor al personaje.

En Batman La LEGO Películael millonario Bruce Wayne disfruta de una vida de lujo y exceso, aderezada por la gloria que le supone ser en secreto el superhéroe más famoso de Gotham. Sin embargo, cuando la hija del comisario Gordon releva a su padre como jefe de la policía, esta desvelará una gran verdad que sacudirá sus cimientos: Batman nunca acaba con sus enemigos definitivamente, todos vuelven, y por tanto, el nivel de criminalidad de la ciudad nunca baja. Este jocoso detalle autorreferencial es el punto de partida para una aventura en la que Batman tendrá que enfrentarse al Joker y su retorcido plan para liberar a los villanos más peligrosos que se encuentran encerrados la Zona Fantasma, personajes malvados de otras sagas (la mayoría propiedad de Warner Bros.) que dejan a los de Gotham en evidencia y hacen que la película alcance niveles de crossover capaces de hacer cortocircuitar a fanboys y fangirls de cualquier edad ([Posible spoiler] Harry Potter, Godzilla, Matrix, Doctor Who, King Kong, El Mago de Oz, Gremlins y DC, todos mezclados en la misma historia = NERDGASM [Fin del posible spoiler]).

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Batman La LEGO Película hace gala del mismo ritmo espídico y tono hiperactivo y tontorrón de su predecesora. Los chistes y gags visuales se suceden con tal velocidad que 1) es muy fácil perderse muchos la primera vez, y 2) puede llegar a saturar y hacer que el humor acabe resultando repetitivo. Dejando esto a un lado, Batman LEGO es un gran triunfo a todos los niveles: es una comedia divertidísima, una cinta de acción espectacular, una parodia muy inteligente, una película de superhéroes ejemplar, y la mejor entrega de Batman y DC desde El Caballero Oscuro (que de nuevo, no es decir mucho, pero hay que decirlo).

Pero sobre todo, y como adelantaba antes, se trata de una exploración del mito de DC mucho más completa de lo que cabía esperar de una película hecha a base de ladrillos de juguete. El conflicto central de Batman LEGO es la superación de la propia personalidad solitaria e independiente del Hombre Murciélago, que le ha llevado a convertirse en un individuo frío y recogido en sí mismo, un hombre egoísta que no necesita a nadie más para llevar a cabo su cometido. Ni siquiera a su archinémesis, el Joker, que herido en el corazón por la indiferencia de su enemigo hacia sus fechorías decide poner en marcha su maquinación para conquistar Gotham (y reconquistar a su enemigo). Este es uno de los aspectos más hilarantes de la película, la dinámica Batman distante-Joker despechado, abordada cómicamente (pero nunca de manera ofensiva) como si se tratara de una relación romántica. Pero serán los viejos amigos (Alfred) y los nuevos aliados (Barbara Gordon y Robin) los que le ayuden a darse cuenta de lo importante que es aprender a trabajar con los demás, idea con la que la película enarbola un emotivo mensaje de celebración de la familia elegida (es decir, los amigos), especialmente importante para Batman y Robin, que tienen en común haber crecido sin la biológica.

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Por supuesto, todo está envuelto en un aire de guasa que invita a no tomarnos demasiado en serio la película, pero que esto no nos haga obviar algo importante: un guion y una construcción de personajes que ya quisieran para ellos Zack Snyder o David Ayer. Y es que además de hacer reír y asombrar/marear como el mejor de los blockbusters y el cine familiar más infalible, Batman LEGO realiza una muy oportuna e irreverente metarreflexión sobre el género con la que se ríe de forma cómplice de las convenciones del cine de superhéroes y en concreto de la historia audiovisual de Batman (algo parecido a lo que hizo recientemente Deadpool, con “audiocomentario” desgranando el proceso de creación de una película, pero en su versión para todos los públicos) mientras divierte con una ametralladora de referencias, guiños (alguno disparado a la competencia) y cameos que harán las delicias de los fans de DC, y del cine y los cómics en general.

Aunque no llega (por poco) al nivel de La LEGO Películaesta nueva entrega de Batman ha resultado ser mucho más que un subproducto. Tan cuidada en el aspecto visual como la primera (esas increíblemente realistas texturas de plástico, esa gloriosa animación que simula la técnica del stop-motion sin fisuras, ese diseño de producción que nos deja una Gotham y una Batcueva para babear), y con el mismo tipo de humor desenfadado, absurdos momentos musicales y una tendencia más progresista reflejo de la evolución del cine mainstream (Batman celebra ante la audiencia que su relación con Batgirl es solo amistosa), Batman La LEGO Película supone un irresistible delirio pop que nos deja con ganas de otras aventuras LEGO/DC. En especial una centrada en ese cretino de Superman, doblado en su versión original por Channing Tatum (se da por sentada), y sobre todo otra para seguir disfrutando del mejor personaje de la película: Robin.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: La tortuga roja

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Cuando Hayao Miyazaki se retiró (por enésima vez) y Ghibli anunció que iba a dejar de realizar largometrajes animados debido a una situación económica insostenible, su ferviente comunidad de fans en todo el mundo lloró una pérdida muy importante para el cine. El estudio que nos ha dejado joyas increíbles como La princesa Mononoke, La tumba de las luciérnagasEl viaje de Chihiro se despedía con la promesa de (quizá) volver algún día, y a continuación se embarcaba en nuevos proyectos (entre ellos un cortometraje para el museo Ghibli dirigido por Miyazaki que podría convertirse en largo). Bajo este nuevo orden en Ghibli llega La tortuga roja (La tortue rouge), primera producción del estudio nipón fuera de Japón, un proyecto que se lleva gestando desde 2008.

Dirigida por el animador holandés Michael Dudok de WitLa tortuga roja se distancia de la estética clásica de Ghibli, pero conserva hasta cierto punto el espíritu de sus obras más arriesgadas (es decir, las del genio en la sombra Isao Takahata). Combinando técnicas tradicionales y digitales, La tortuga roja aúna sensibilidades japonesa y europea para llevar a cabo una preciosa fábula continuadora de los valores del estudio, presentando en esta ocasión una particularidad que la diferencia de sus anteriores títulos: está narrada sin diálogos. La película nos cuenta la historia de un náufrago atrapado en una isla desierta que tratará de escapar, viendo cómo sus esfuerzos son en vano cuando una misteriosa tortuga roja que parece custodiar la isla insiste en destruir su balsa. Rodeado de aves, cangrejos y otros animales marinos, el hombre deberá hacerse a la idea de que tendrá que vivir su vida en la naturaleza, pero lo que no espera es que la tortuga la cambie para siempre.

Como muchas de las obras maestras de Ghibli, La tortuga roja inculca el amor por la naturaleza y el medioambiente, como base de un cuerpo de valores que ensalzan la amistad, la familia, la tolerancia y el respeto. Y lo hace mediante un relato imbuido del la-tortuga-roja-postermisticismo propio de las leyendas folclóricas, envuelto en un romanticismo (en la acepción más amplia de la palabra) y un sentido de la magia y el asombro que nos recuerdan a los cuentos japoneses. Pero a su vez, La tortuga roja posee ese aire experimental del cine de animación que se hace en Europa (y en parte de Estados Unidos), y que le da un aspecto diferente, único. La maravillosa fluidez del movimiento tanto en el agua y la vegetación como en la anatomía humana y animal (que recuerda a la técnica clásica de la rotoscopia, aunque sorprendentemente no fue usada en el film), la simple pero elocuente paleta de colores y el trazo limpio y elegante convierten en máxima la mínima expresión, reclamando con pasión y convencimiento el arte de la sencillez.

Pero este minimalismo no solo se manifiesta en las formas, sino también en el fondo, en una historia profunda y trascendental, llena de ternura y magistralmente narrada sin hacer uso de la palabra. La imagen y el sonido (magnífica banda sonora de Laurent Perez del Mar, si bien demasiado acentuadora) son las herramientas con las que Dudok de Wit traza un poema visual desnudo de emociones para ilustrarnos el ciclo de la vida y sumergirnos de lleno en la hermosa experiencia de la naturalezaLa tortuga roja es una conmovedora aventura que prueba que el espíritu de Ghibli sigue vivo en el cine, y que la animación puede contarnos las historias más esencialmente humanas.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: ¡Canta!

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Chris Meledandri se ha confirmado como una de las fuerzas creativas y comerciales más destacadas del cine de animación actual. El estudio que dirige, Illumination Entertainment, lleva varios años con las pilas puestas para hacer competencia a los gigantes de la animación, Pixar, Disney y DreamWorks. Después de los exitazos de taquilla de Gru. Mi villano favoritoLos Minions Mascotas, el estudio amplía horizontes con ¡Canta! (Sing), comedia musical que, al igual que Zootrópolis, se ambienta en el mundo moderno, con la diferencia de que está poblado únicamente por animales. Sin embargo, mientras la película de Disney usaba esta idea para explorar cuestiones sociales muy actuales, ¡Canta! lo usa como mero elemento circunstancial.

La historia de ¡Canta! la hemos visto muchas veces. El optimista koala Buster Moon (Matthew McConaughey) ha heredado el sueño y el negocio de su padre, un teatro al que dedica todos sus esfuerzos y pasión, y que actualmente se encuentra en horas bajas. Desesperado por salvarlo, Buster tiene una idea que podría devolver el esplendor al escenario: organizar el concurso de canto más impresionante del mundo. Para ello, el koala hace un llamamiento a todos los animales con talento de la ciudad, solo que por un error de imprenta causado por su senil asistenta, una camaleona llamada Nana (Jennifer Saunders, probablemente lo más divertido de la película), los que acuden a las audiciones creen que optan a un premio de 100.000 dólares, en lugar de 1.000, que es la cantidad real de la que dispone. Después de pasar varias etapas, son cinco los finalistas que quedan para el concurso: Mike (Seth MacFarlane), un ratón crooner trapichero y con mucha labia, Rosita (Reese Witherspoon), una estresada ama de casa y madre de 25 cerditos, Johnny (Taron Egerton), un joven gorila hijo de un mafioso que desea alejarse de su familia de delincuentes, Meena (Tori Kelly), una elefanta adolescente que sufre un horroroso miedo escénico y Ash (Scarlett Johansson), una puercoespín punk-rock que vive artística y profesionalmente atada a su egoísta novio. Los cinco llegan al teatro de Buster convencidos de que este les está ofreciendo una oportunidad para cambiar radicalmente sus vidas, pero el secreto acaba saliendo a la luz, lo que provocará que el koala se dé cuenta de que su teatro no es lo único que hay que salvar.

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¡Canta! se apunta a la moda de los concursos musicales tipo Factor XAmerican Idol para realizar una aventura completamente arraigada en nuestros días. Aunque también suenan algunos clásicos intemporales (“Hallellujah”, “My Way”), el repertorio musical de la película está compuesto sobre todo por éxitos pop de los últimos años, canciones de Taylor Swift, Katy Perry, Carly Rae Jepsen, Lady Gaga Nicki Minaj, que le dan ese aura de producto actual, pero también peligrosamente caduco. La banda sonora es el síntoma de un problema mayor: no hay verdadero interés en realizar una película que vaya más allá de la superficie de un tema pop bien confeccionado. ¡Canta! es agradable, se deja ver y tiene momentos muy simpáticos, pero en conjunto le falta mucha entidad, le sobra metraje y es incapaz de escapar de las garras de lo convencional. La película no logra aprovechar las oportunidades que brinda la historia y el formato, sobre todo porque, para empezar, el plan de Buster no tiene mucho sentido (el concurso nunca llega a ser tal cosa y se revela solo como una excusa para sacar provecho de una moda), y para continuar, los números musicales no existen como tales hasta el final, sino que son más bien breves fragmentos de actuaciones a modo de gag (lo que provoca la sensación de que la película no termina de despegar).

Afortunadamente, el último tercio de ¡Canta! la rescata de caer en el soserío absoluto, gracias a un sorprendente y muy dramático giro que supone el punto de inflexión que le hacía falta urgentemente. A partir de ahí, las distintas tramas individuales, hasta ese momento bastante deslavazadas, empiezan a converger hacia un grand finale en el que, por fin, podemos disfrutar de números musicales propiamente dichos. Es entonces cuando más se lucen las fantásticas voces del cast original, de las que sobresalen las de Scarlett Johansson, que lo mismo te borda un tema hard-rock que el “Call Me Maybe”, y Taron Egerton, cuyo timbre es capaz de derretir los polos. Sin desmerecer a Kelly, MacFarlane y Witherspoon, todos perfectamente escogidos para casar con las personalidades de sus personajes.

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Este estupendo clímax hace que todo acabe encajando y pone toda la carne (musical) en el asador (el número estrella es el tema original interpretado por Johansson, lo que hace plantearse si esta película funcionaría mejor con canciones originales; pero como dice Damien Chazelle, director de La La Land, más allá de Disney, Hollywood tiene alergia a los musicales que no sean remakes o no estén compuestos por canciones conocidas). Gracias al espectáculo final, es inevitable salir con buen sabor de boca y una sonrisa en la cara (hasta los más cínicos se emocionan con la final de un concurso musical, es nuestra naturaleza humana). Sin embargo, no es suficiente. Todo en ¡Canta!, desde su desarrollo argumental hasta los anodinos diseños de personajes (los coloristas escenarios y las texturas son alucinantes, pero qué genérico es el aspecto de los animales) pasando por sus chistes del montón, resulta superficial y poco memorable, por no hablar de que su historia se sustenta sobre todo en estereotipos (cinematográficos y de género). Si Illumination quiere consolidarse en el cine de animación más allá de la recaudación en taquilla, tiene que empezar a preocuparse un poco de lo más importante: el guion.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Nuevas series 2016: Parte V

Dejamos octubre atrás y nos acercamos a la primera temporada alta de la televisión norteamericana, lo que llaman el November Sweeps. A estas alturas, la mayoría de estrenos de la temporada otoñal ya han tenido lugar, por lo que, a la espera de la mid-season, podemos hacernos una idea del aspecto que tendrá el resto del año en cuanto a ficción televisiva se refiere. Algunas series de nuevo cuño ya van por su quinta o sexta semana, y muchos empezamos a tachar de nuestros calendarios las que no nos han convencido después de este decisivo periodo. Esta va tomando forma, y la temporada 2016-17 no ha empezado nada mal.

La quinta parte de mi especial sobre pilotos 2016 está formada exclusivamente por comedias, aunque ya sabéis cómo es esto de la división de géneros en la televisión actual. Muchos dramas nos hacen reír a carcajadas, y cada vez hay más comedias que nos hacen llorar y nos joden la cabeza. A continuación os cuento mis primeras impresiones sobre la divertida comedia de HBO Insecure, la co-producción de BBC America Dirk Gently’s Holistic Detective Agency y la nueva trastada de los productores Phil Lord y Christopher Miller (21 Jump Street) para Fox, Son of Zorn. Me quedo con las dos primeras, y la otra, después de ver el quinto episodio, está en la cuerda floja.

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Son of Zorn

Fox sigue comprometida con las comedias gamberras y la animación orientada principalmente a los adultos. Su parrilla, en la que conviven entre otros los Simpson, los Griffin y el “único hombre de la Tierra”, da la bienvenida a una nueva familia de raritos en Son of Zorn, que combina acción real y animación para contarnos la historia de Zorn, un rudo guerrero de la tierra mágica de Zephyria que decide mudarse al barrio residencial de su ex-mujer para involucrarse más en la vida de su hijo adolescente. En su nueva vida, Zorn (un musculoso bárbaro al estilo de He-Man realizado en animación tradicional y con la voz de Jason Sudeikis) debe aprender a adaptarse a la sociedad “civilizada” (vivienda, trabajo, vida social) y reprimir sus instintos sanguinarios y destructores, mientras trata de cultivar una relación positiva con su familia.

Son of Zorn es una propuesta cuanto menos curiosa. Homenaje a las series de animación de los 80 y la fantasía pulp fusionada con la sitcom de familia disfuncional que tanto gusta a las cadenas, pero con ese punto marciano e incómodo de las series de Fox. Phil Lord y Christopher Miller están detrás de esta excentricidad, y se nota, sobre todo por su parecido tonal con su otra comedia para la cadena, The Last Man on Earth. Con la serie de Will Forte tiene en común a un protagonista insoportable que no es consciente de lo difícil que hace las cosas (aunque nadie supera a Phil/Tandy en capacidad para irritar) y un humor más bien crudo. Ese es su mayor problema, su dificultad para conectar con la audiencia debido a que sus personajes no parecen de carne y hueso (pun intended), sino que son, como ocurre en Last Man, caricaturas desagradables, antipáticas y emocionalmente desconectadas.

En definitiva, buena idea, pero mala ejecución (tanto en los guiones como en la integración del personaje animado). Con el paso de las semanas, parece que la serie se asienta un poco y los personajes se van humanizando. Además, la contaminación de Zephyria en la vida suburbana (artefactos mágicos y criaturas mitológicas también “dibujadas”) da para tramas e imágenes simpáticas. Pero sigue habiendo algo que falla. No sé si son los chistes (más bien pobres), las situaciones (ni lo suficientemente estrambóticas, ni lo suficientemente cercanas) o los personajes (ásperos recortes de papel), pero Son of Zorn no cuaja.

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Insecure

Está más que demostrado que la comedia de autor vive una época de esplendor en la televisión. LouieGirls abrieron la veda para que las nuevas (y no tan nuevas) voces de la comedia buscasen un hueco en la ficción serial para verter sus anécdotas, neuras, obsesiones y depresiones varias. Broad CityYou’re the WorstPlease Like Me, Master of None… La comedia millennial y la sitcom de auteur se han ido volviendo cada vez más diversas, las voces femeninas han ganado mucho terreno, y el género alcanza su época de mayor expresión en 2016, con cosas tan buenas como One MississipiBetter ThingsFleabagAtlanta. Sin embargo, hay una nueva comedia que entra en esta categoría y de la que nadie está hablando, Insecure, creada por la humorista Issa Rae, un torbellino de energía, ingenio y talento para hacer reír que ha llegado a HBO para realizar una de las mejores series que no estás viendo.

Insecure se adscribe indudablemente a la corriente de comedia millennial que Lena Dunham ayudó a impulsar desde la misma cadena, y hasta cierto punto tiene bastantes cosas en común con su serie, pero la voz de Issa Rae se suma sobre todo a la de Donald Glover para hablarnos de los mismos temas (la amistad, la familia, las relaciones en la era de las apps, las políticas de la oficina, la sensación de desconexión, la desmotivación de la generación perdida) desde la perspectiva de la comunidad negra y con el rap como principal herramienta de expresión (Issa, la protagonista, mantiene la calma ante las injusticias y decepciones cotidianas y se desahoga rapeando ante el espejo).

Al igual que AtlantaInsecure convierte en comedia los micro-racismos del día a día, los estereotipos y las dificultades añadidas que las personas negras se encuentran navegando las aguas de la vida moderna. Sin embargo, mientras Atlanta es más reflexiva, melancólica y surrealista, Insecure posee una cualidad más luminosa y divertida. Esto se debe a Rae, y a la maravillosa Yvonne Orji, que da vida a su mejor amiga, Molly. Lo mejor de la serie son sus descacharrantes conversaciones (la química traspasa la pantalla), que garantizan las carcajadas en cada episodio. Pero Insecure es una comedia mucho más profunda de lo que parece, un retrato millennial afilado, sutil y reivindicativo que debería convertirse en una de las imprescindibles del momento.

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Dirk Gently’s Holistic Detective Agency

De la mano del solicitado y desigual Max Landis (ChronicleMr. Right) nos llega la nueva rareza protagonizada por Elijah Wood, que se ha especializado en historias sobre personajes peculiares con trasfondo fantástico. Dirk Gently’s Holistic Detective Agency es una co-producción británico-estadounidense basada en la serie de novelas escritas por Douglas Adams (el autor de la popular Guía del autoestopista galático), que llega para hacer las delicias de los fans de la comedia fantástica, concretamente de la British.

Partiendo de un crimen cometido en un hotel, la serie nos presenta a Todd (Wood), botones reservado y con problemas familiares convertido en uno de los sospechosos, y Dirk Gently (Samuel Barnett), un detective paranormal que se especializa en la investigación “holística”, la que sostiene que todo está conectado y nada sucede al azar, sino que forma parte de un esquema de causa-efecto que da forma al universo. Muy a pesar de Todd, que no está interesado en ser un sidekick (o “el Watson” de Dirk, o su companion), este se embarca junto al extravagante detective en una aventura para descifrar la gran trama que se esconde tras el asesinato (en cierto modo, Wood está repitiendo lo que hizo en la recomendable Wilfred).

Dirk Gently, que ya tuvo una adaptación televisiva en BBC hace seis años, es un producto hecho para encantar a los fans de Adams, de la literatura de Terry Pratchet y autores similares, o de Doctor Who (Dirk Gently es básicamente un Señor del Tiempo)El primer episodio supone una carta de presentación impecable, 50 minutos que establecen un tono muy definido (un divertido cruce de comedia fantástica, surrealismo y noir, más oscuro y con más drama de lo que esperaba) y disponen las piezas (un “elegido”, una asesina con machete, viajeros en el tiempo…) de un puzle con muchas ramificaciones, que atrapa enseguida y apunta a una trama interconectada a gran escala. Habrá que seguir para ver si Dirk Gently nos acaba descubriendo el sentido de la vida y el universo, aunque yo con el 42 ya me daba por satisfecho.

(Los 8 episodios de la primera temporada estarán disponibles en Netflix a partir del 11 de diciembre, con el título Dirk Gently Agencia de Investigaciones Holísticas).

[Crítica] La fiesta de las salchichas: Desperdicio de comida

El exitoso tándem formado por Seth Rogen y Evan Goldberg lleva ya casi una década pisando fuerte en la taquilla estadounidense, primero en cintas como Supersalidos Superfumados (donde el primero actúa y ambos escriben), y más tarde asumiendo total control creativo de sus proyectos, co-escribiendo y co-dirigiendo juntos películas con resultados tan dispares como Juerga hasta el finThe Interview, o aventurándose en televisión con la serie PreacherRogen y Godlberg, junto a su pandilla de amiguetes humoristas se han hecho un nombre con un tipo muy específico de cine que se podría denominar “comedia gamberra con corazón” o “bromance comedy”. El siguiente paso de estos dos enfant (no tan) terribles les lleva al cine de animación, donde nos presentan La fiesta de las salchichas (Sausage Party), aventura realizada por ordenador que se orienta única y específicamente al público adulto.

Para esta nueva andanza, ideada a tres bandas junto Jonah Hill, han contado con Conrad Vernon (Shrek 2, Monstruos contra Alienígenas, Madagascar 3: de marcha por Europa) en la dirección y un reparto de voces formado por los indispensables de su cine: Kristen Wiig, Bill Hader, Michael Cera, James Franco, Danny McBride, Craig Robinson, Paul Rudd, Nick Kroll, David Krumholt, Edward Norton y Salma Hayek, además de Rogen y Hill. Con todos estos nombres involucrados, es fácil imaginarse qué nos podemos encontrar en La fiesta de las salchichashumor fumado, provocación, incorrección política y una historia muy pasada de rosca. Pero la libertad que proporciona la animación les ha empujado a ir un paso (o veinte) más allá para acabar realizando la que es quizá su película más bestia hasta la fecha.

Esta suerte de Toy Story obscena y salvaje se ambienta en un supermercado en el que los alimentos y utensilios cobran vida y ven a los humanos como dioses encargados de elegirlos para llevarlos al “Más Allá”. Frank (Rogen), una salchicha confinada en su pack de diez, sueña con ser elegido algún día junto a su amada, Brenda (Wiig), un curvilíneo pan de perrito caliente con quien desea vivir feliz en el Paraíso. Un día, un bote de mostaza devuelto por un cliente del supermercado les advierte de la verdad que hay más allá de las puertas automáticas del supermercado: el mundo es en realidad un infierno en el que los humanos someten a los alimentos a las más indescriptibles atrocidades. Tras un accidente con un carrito de la compra, Frank, Brenda y un grupo de alimentos del supermercado emprenderán un viaje para volver a sus respectivas secciones, en el que aprenderán la verdad sobre su existencia y en última instancia se verán obligados a hacer algo contra los humanos para sobrevivir.

La fiesta de las salchichas es una irreverente parodia de las películas de Disney, Pixar o DreamWorks (opening musical incluido), una “clásica” aventura de regreso a casa pasada por el filtro de South Park, es decir, animación para adultos con cantidades industriales de sal gruesa, sexo, palabrotas y humor ofensivo para escandalizar a base de bien. La historia se construye básica y casi enteramente a base de estereotipos raciales y culturales y no hay prácticamente nada fuera de límitesLa fiesta de las salchichas puede llegar a ser absolutamente demencial, en especial durante su recta final y clímax (narrativo y literal) a lo John Waters, donde se le va la olla de tal manera que uno no puede creerse lo que está viendo en pantalla (la película da un nuevo significado al término “food porn”). Esta osadía sin cortapisas lleva a Rogen y Goldberg a idear unas cuantas escenas aisladas que destacan especialmente, como dicho final, el accidente en el carrito (brutalísima parodia del cine bélico), la participación de Chicle (caricatura de Stephen Hawking que disparará hacia la estratosfera el sentido de culpa del espectador por encontrarlo tan gracioso), o la verdad sobre lo que ocurre en la cocina de los humanos, un festival de “gore” alimenticio que remite a la (ya de por sí cruel) escena de “Les Poissons” en La Sirenita.

Sin embargo, el impacto que generan estos puntuales momentos divertidos se diluye por culpa del decepcionante tratamiento general, con una historia que se burla de los tópicos de otros para caer en los suyos propios, y que alardea de humor autoconscientemente ofensivo (machista, racista, y todos los -istas que hay) sin preocuparse de darle algo de garra e inteligencia (como sí hace South Park, y ahí está la diferencia entre ambas), lo que hace que la mayor parte del tiempo sea una comedia simplemente pueril y simplona, y que su humor derive continuamente hacia el cuñadismo. No ayuda tampoco que sea más bien pobre técnica y visualmente (una cosa es el feísmo, otra diferente es lo cutre) y que su ritmo sea atropellado. Y es que la historia es en realidad tan rudimentaria que la película puede resultar bastante pesada y plasta (como un cuñado, vaya).

La fiesta de las salchichas tiene sus puntazos, un par de gags memorables que desatarán carcajadas y dejarán con la boca abierta a más de uno, un humor tan vulgar y animal que invita a celebrar que alguien (más) se haya atrevido a hacer algo así en Hollywood. Pero a la vez, obliga a lamentarse por lo que podía haber sido y no es. Porque se puede hacer humor ofensivo e inteligente, está demostrado, o se puede hacer como esta película, para la que los últimos 20 años no existen. A pesar de algún que otro destello de ingenio, La fiesta de las salchichas desaprovecha su oportunidad de dejar huella de verdad en favor de lo fácil, de los estereotipos más hastiados (no me hagáis hablar del personaje de Salma Hayek) y las ideas políticas más planas, quedándose así en una simple “película para tíos” (habla por sí solo que Jorge Cremades haya participado en la campaña publicitaria en España). Sin ánimo de ofender a los “tíos”…

Pedro J. García

Nota: ★★

 

Crítica: Kubo y las dos cuerdas mágicas

A pesar del monopolio de la animación realizada íntegramente por ordenador, todavía hay quien se empeña en mantener vivo el arte de la animación tradicional, y concretamente del stop-motion, técnica enraizada en los orígenes del cine que vivió una época de esplendor en los 90 gracias a Pesadilla antes de NavidadDesde 2005, el estudio LAIKA se ha dedicado a realizar largometrajes en stop-motion siguiendo el patrón de la película de Henry Selick y se ha ganado la devoción de miles de fans de la animación con su magia artesanal. Su última película, Kubo y las dos cuerdas mágicas, es sin duda el proyecto más ambicioso del estudio hasta la fecha, una obra monumental que no solo es una de las mejores cintas de animación del año, sino también una de las mejores películas de 2016.

Los anteriores trabajos de LAIKA se pueden considerar triunfos cinematográficos en diferentes grados. Coraline y ParaNorman sorprendieron sobre todo por sus singulares propuestas (películas de “terror infantil” con elementos transgresores que se alejaban de la norma), mientras que Los Boxtrolls supuso un pequeño paso atrás al presentar una historia algo más convencional (aunque igualmente brillante en el apartado visual, como todas). Con Kubo y las dos cuerdas, LAIKA remonta el vuelo para alcanzar una mayor sofisticación, tanto visual como narrativa, y dejarnos su obra más redonda, un auténtico regalo para los sentidos que no solo asombra por lo fastuoso y hermoso de sus imágenes, sino también por llegar a un nuevo nivel de épica y emoción para el estudio.

Kubo supone el debut en la dirección de Travis Knight, animador jefe y presidente de LAIKA, y nos traslada a un mágico Japón feudal, donde acompañamos a Kubo en una extraordinaria odisea de fantasía y peligros. Kubo (doblado en inglés por Art Parkinson) es un niño inteligente y bondadoso que vive con su madre enferma en lo alto de una formación rocosa junto al mar y se gana la vida contando historias fantásticas a los habitantes del pueblo de al lado, a los que maravilla con los poderes mágicos de su shamisen, un instrumento que controla el papel y forma figuras de origami con vida propia con las que el niño ilustra sus relatos. La tranquila (aunque atribulada) existencia de Kubo se ve interrumpida cuando las malvadas hermanas de su madre regresan para llevar a cabo una venganza milenaria. El pequeño no tiene más remedio que huir y emprender un viaje junto a dos aliados improbables, Mona (Charlize Theron) y Escarabajo (Matthew McConaughey), con los que se enfrentará a dioses y monstruos y tratará de descifrar el misterio de su familia para desempeñar su destino heroico.

Knight amasa en la película una gran cantidad de referentes del cine asiático, desde las historias de fantasmas como Kwaidan (1964) hasta el J-Terror, pasando por las películas de samuráis y el imaginario de Hayao Miyazaki. El resultado de esta combinación de influencias es una obra impregnada de folclore y tradición desbordantemente imaginativa e impresionante a nivel técnico (qué escenarios, qué fluidez de movimientos), un hito con el que LAIKA casi alcanza la perfección formal. Pero es que más allá de suponer un espectáculo precioso (visual y sonoro, no nos olvidemos de la maravillosa música de Dario Marianelli), Kubo es una película de una sensibilidad enorme, cargada de magia y emoción (y melancolía, como los mejores cuentos infantiles), con la que Knight nos habla de la familia, el legado, la tradición, los recuerdos, y especialmente de las historias. Porque Kubo es, por encima de todo, una historia de historias, un relato sobre el poder de la narración, sobre el proceso de creación y cómo los cuentos y las leyendas sirven para preservar la memoria y guiarnos en el mundo.

Además de ser una cinta aventuras impecable, un film familiar entrañable y con sentido del humor, y de contener algunas de las mejores escenas de acción que se han visto en el cine de animación recienteKubo establece (a través de las cuerdas del shamisen) una importante conexión emocional con el espectador que resulta en una mayor implicación que las anteriores películas del estudio, y culmina en un poderoso clímax que completa el viaje de su bondadoso héroe y legitima sus mensajes y valores. No es una película perfecta, pero sí una obra de arte digna de ser revivida y recordada, que es mucho mejor; un trabajo hecho con corazón (LAIKA lo tiene en las manos), en el que la técnica está al servicio de lo más esencial, lo que da forma a la realidad: la narración.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Mascotas

Mascotas

¿Qué hacen tus mascotas cuando las dejas solas en casa para afrontar tu rutina diaria? Esa es la premisa de Mascotas (The Secret Life of Pets), la nueva película de Illumination Entertainment, el estudio de animación detrás de las exitosas GruLos Minions. La película, dirigida por Chris Renaud y Yarrow Cheney, toma prestada la idea principal de Toy Story y la lleva al mundo de los animales de compañía, para trazar otra aventura de “regreso a casa” repleta de humor, acción y momentos entrañables, diseñada especialmente para enloquecer a los más pequeños.

La acción de Mascotas transcurre en Nueva York, donde un terrier llamado Max vive cómodamente junto a su dueña, Katie, hasta que esta rescata a un enorme mestizo, Duque, que trastoca su apacible vida como “el perro más afortunado de Manhattan”. Movido por los celos, Max intenta deshacerse de Duque durante uno de sus paseos matutinos, pero ambos acaban separándose del cuidador de perros y embarcándose en una odisea que empieza en la perrera y les lleva al submundo de Nueva York, donde conocerán a la peligrosa sociedad de las mascotas abandonadas, “Los Desechados”. Mientras Max y Duque intentan volver a casa, desde su edificio en Manhattan, sus amigos (una pomerana enamorada de Max, un pug hiperactivo, una gata con sobrepeso, una cobaya extraviada, un periquito mudo…) forman equipo para investigar su desaparición y traerlos de vuelta a casa.

Además de beber (¿demasiado?) de la primera película de Pixar, Mascotas recuerda también a uno de los Clásicos Disney más infravalorados, Oliver y su pandilla, y a la vez a casi todas las cintas de animación por ordenador que hemos visto en los últimos años. Y es que la película es todo fórmula. Y ahí es donde está su mayor debilidad, en la ausencia de una historia que vaya más allá de los clichés, los patrones que hay que seguir y los gags de siempre. Mascotas no tiene apenas conflicto narrativo, y esto salta a la vista sobre todo durante su clímax, que confirma que más que a una historia hemos asistido simplemente a una correlación de situaciones tipo del cine de animación familiar.

PrintPero a pesar de su carácter de película Happy Meal, sería injusto no reconocerle sus virtudes. Mascotas no está llamada a ser un clásico, pero al menos divierte, sus personajes son muy graciosos (la pandilla del edificio de Max forma un equipo cómico infalible) y, sobre todo, está muy bien hecha. En el apartado técnico y estético es sobresaliente, y no solo por la estupenda animación estilo cartoon, los simpáticos diseños de las mascotas (Duque parece salido directamente de la mente de Jim Henson), las texturas esponjosas que se pueden sentir en los dedos, o el hipnótico pelo de los animales, sino también por su diseño de producción, que nos presenta un Manhattan de postal animada, una versión preciosa de esa ciudad idealizada a través del cine en la que todos hemos soñado con vivir alguna vez. Y eso es lo mejor de Mascotas, lo tremendamente acogedora que es. No será una gran película, no será original, pero compensa sus carencias con una calidez que invita a relajarse y disfrutar.

Mascotas es una buddy movie bastante prototípica, sus gags funcionan como un reloj suizo, aunque los hayamos visto ya demasiadas veces (el conejo peluchín adorable que resulta ser un temible camorrista de voz ronca), pero en lugar de aspirar a más, se conforma con una historia más bien escuálida y sin profundidad, apoyándose sobre todo en los gags y las cucamonas. Como película hecha para vender juguetes y generar miles de secuelas (no han tardado en anunciar la segunda parte para 2018), está por encima de la media, pero, aunque técnicamente no tenga mucho que envidiar a las todopoderosas Pixar, Disney y a la DreamWorks buena, le falta convencernos de que es algo más que un producto.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Angry Birds – La película

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Es el juego para dispositivos móviles más vendido de la historia, una obsesión para niños y mayores, un fenómeno de mercadotecnia, y por supuesto, tenía que convertirse en una gran película de Hollywood. Llega la inevitable adaptación al cine de Angry Birds, dirigida por los debutantes Clay Kaytis (animador de Disney desde mediados de los 90) y Fergal Reilly (del departamento de arte de El gigante de hierro, Los pitufos Lluvia de albóndigas entre muchas otras), y escrita por Jon Vitti (productor y guionista de Los SimpsonAlvin y las ardillas), que se encargan de convertir el sencillo mecanismo del juego de la compañía finlandesa Rovio Entertainment en un largometraje con argumento y personajes elaborados en la tradición del cine de animación 3D reciente.

La película nos presenta una isla poblada enteramente por aves que viven en perfecta armonía, a pesar de no saber volar. En este paraíso de luz y color, donde las crías de pájaro (adorables pompones de colores con pico) crecen felices y los días transcurren con normalidad, hay tres individuos con problemas de mal genio que nunca han terminado de encajar en Bird Island. Obligado a asistir a clases de control de la ira, el cascarrabias y solitario Red conoce a Chuck, un pájaro amarillo hiperactivo que se mueve a gran velocidad (básicamente un Quicksilver con plumas) y el orondo y volátil Bomb, que estalla (literalmente) cuando se enfada (o sea, un Hulk con plumas). Cuando la isla recibe la inesperada visita de unos misteriosos cerdos verdes (muy en la línea de Los Minions) que traman algo contra los pájaros, los tres inadaptados unirán fuerzas para buscar a la legendaria Águila Poderosa y con su ayuda enfrentarse a los invasores.

nullComo adaptación, Angry Birds. La película sale más que airosa, ya que se puede decir que saca mucho provecho de una premisa muy limitada, pero si no tenemos en cuenta su origen, no es más que otra cinta de animación de usar y tirar, cine equivalente a la comida rápida con la que se sirven los juguetes de la película. Y aquí la palabra clave precisamente es “rápido“. Esta es una de esas películas que confunden ritmo cinematográfico con bombardeo continuo de chistes, hiperactividad y desenfreno. A pesar de tener muchos guiños para adultos (chistes sexuales, ¡un cerdo que se llama Jon Hamm!), Angry Birds está pensada para que los niños no quiten ojo de la pantalla, y en ese sentido se puede decir que cumple su propósito. Los más pequeños se lo van a pasar teta con las aventuras de Red y sus colegas, porque otra cosa no, pero Angry Birds es un no parar de acción y humor pensado para luchar contra el déficit de atención de los niños. Pero a la vez, su acumulación narrativa puede llegar a cansar, y el elevado número de chistes y gags hace que estemos ante otro caso animado de cantidad por encima de calidad. Al final, el argumento queda sepultado por el ruido, los bombardeantes chistes visuales (algunos efectivos, la mayoría mediocres, en general nada que no hayamos visto en las mil y una Shreks, Grus y demás) y la exaltación de las imágenes.

Por el lado bueno, esas imágenes están muy cuidadas, y técnicamente Angry Birds está a la altura de lo que se espera en la animación por ordenador hoy en día. La película resulta especialmente espectacular sobre todo durante su clímax (la gran guerra de pájaros contra cerdos en el reino de los segundos), despidiéndose al menos con buena letra. Angry Birds es una aventura alocada, con un punto gamberro (incluso picante) y una animación muy expresiva, pero también una historia excesivamente rutinaria que ya hemos visto mil veces, una que cumple predeciblemente con todos los clichés y cucamonas del cine familiar de centro comercial, lo que puede resultar en el efecto contrario al deseado (sobre todo para los mayores): insensibilidad y aburrimiento. Eso sí, para ser la adaptación de un juego de móvil bastante simple, da más de lo que se podía pedir. Que ya es algo.

Nota: ★★½

Crítica: Kung Fu Panda 3

Kung Fu Panda 3

En los últimos años, Dreamworks Animation nos ha dado unas cuantas alegrías a los aficionados al cine de animación, como las dos entregas de Cómo entrenar a tu dragón o la joya de culto El origen de los guardianes. Pero también ha seguido cultivando esa vertiente suya menos “exigente”, con películas de usar y tirar que no han hecho mucho por su imagen de marca. La franquicia Kung Fu Panda se encontraría en un punto intermedio, con sus dos primeras películas más bien cerca del primer grupo, y la tercera, que ahora se estrena, retrocediendo un par de pasos hacia el segundo. Kung Fu Panda 3, primer largometraje que sale de Oriental Dreamworks, supone el regreso al exuberante y colorido universo oriental que nos conquistó y sorprendió en la primera película, pero baja considerablemente el listón a nivel narrativo y cómico, con una historia más convencional y reiterativa que se hace difícil justificar más allá de su razón de ser comercial.

Volvemos a la aldea de Po para saber qué es del simpático y atolondrado oso panda y sus Cinco Furiosos, los guerreros kung fu Tigresa, Grulla, Mono, Mantis y Víbora. La vida de Po transcurre con normalidad (básicamente artes marciales, trastadas y dumplings todo el día) hasta que reaparece inesperadamente su padre, Li Shan, después de mucho tiempo perdido. Po viaja con él y un polizón, el Sr. Ping (el pato que crió al protagonista como su hijo y está celoso de Li Shan), a la aldea secreta de los Pandas, donde conocerá a toda una comunidad de espíritus afines, dados a la vida osa y el buen comer. Sin embargo, la amenaza del villano Kai, que regresa del Más Allá para robar el chi a todos los maestros kung fu y conquistar el mundo, llevará a Po a entrenar a la aldea para convertirlos en una manada de Kung Fu Pandas que se enfrente al ejército de ánimas de jade del malvado, a la vez que él busca su fuerza interior para cumplir la leyenda del Guerrero del Dragón.

Kung Fu Panda 3_PosterKung Fu Panda 3 continúa la historia del rechoncho personaje blanquinegro, pero en cierto modo hace borrón y cuenta nueva. En esta película, Po debe volver a demostrar que es digno de ser llamado maestro en artes marciales y encontrar al héroe que lleva dentro, un conflicto más propio de una primera entrega que de una tercera. Por eso, Kung Fu Panda 3 supone un retroceso, o un impasse en la historia. Tampoco ayuda que los personajes secundarios (los Cinco Furiosos concretamente) sigan siendo personajes tan planos, o que el humor haya perdido frescura (aunque algunos chistes funcionen, la mayoría son muy típicos y el humor se puede hacer demasiado insistente y pesado). Afortunadamente, la película tiene atractivos de sobra para compensar la poca originalidad y repetición en la que cae: el conflicto paterno-filial entre Po, el Sr. Ping y Li Shan nos deja los momentos más emotivos de la cinta, los nuevos personajes (la aldea de pandas principalmente) son muy simpáticos, y por su puesto la espectacularidad de sus imágenes es su mayor baza.

Como sus predecesoras, Kung Fu Panda 3 es una obra de gran exuberancia visual, un energético estallido de luz y color con el que la antigua China cobra vida a través de preciosos fondos, impresionante animación y texturas digitales, y hermosas secuencias realizadas en animación tradicional para simular las acuarelas chinas. En definitiva, aunque no llegue al nivel de las anteriores entregas de la franquicia, tampoco sería justo situarla junto a las películas “de relleno” de la casa Dreamworks, aunque solo sea por la excelencia técnica que alcanza. Kung Fu Panda 3 está hecha para volver locos a los más pequeños de la casa, pero los adultos, y concretamente los fans del cine de animación encontrarán más de un motivo para disfrutarla.

Valoración: ★★★

Crítica: Anomalisa

ANOMALISA

Que una película como Anomalisa exista es un milagro. Y también un síntoma de nuestros tiempos. Sus directores, Charlie Kaufman (la mente prodigiosa detrás de los guiones de Cómo ser John MalkovichAdaptation. Eternal Sunshine of the Spotless Mind) y el animador Duke Johnson, recurrieron a la plataforma Kickstarter para semi-financiar el proyecto. El mecenazgo de los fans hizo posible que Anomalisa saliera adelante, y que las distribuidoras se fijasen en ella. La jugada les salió bien teniendo en cuenta la gran acogida de la película en festivales, las excelentes críticas que ha cosechado, y su presencia en los Oscar 2016 como una de las candidatas a Mejor Película de Animación. El crowdfunding suele resultar en decepción en muchas ocasiones (sobre todo en el ámbito audiovisual), pero esta vez ha facilitado la materialización de un proyecto sobresaliente que de otra manera quizá no habríamos podido ver.

Anomalisa es un film improbable, un drama cómico (o una comedia dramática, al caso es lo mismo) para adultos realizado en animación stop-motion. Basada en una obra de teatro escrita por Kaufman y el compositor Carter Burwell (que por supuesto también firma la hermosa partitura del largo), la película nos deja hurgar en la vida y la mente de Michael Stone, exitoso autor de libros sobre atención al cliente que viaja a Cincinnati para dar una conferencia. Encerrado en su habitación de hotel, Stone atraviesa una crisis existencial (o depresión de mediana edad), atormentado por los errores del pasado, una familia que no le llena lo suficiente y una rutina laboral que lo aplasta. A esto se suma su incapacidad para conectar con los demás, lo que le lleva a ver a todo el mundo con la misma cara y escuchar a todas las personas con la misma voz (trastorno similar a un desorden neuropsiquiátrico real que lleva por nombre Síndrome de Frégoli, que es también como se llama el hotel donde se hospeda). Todo empieza a cambiar con la imprevista irrupción en su vida de Lisa, una “anomalía” que hace creer a Michael que es posible salir de su estancamiento.

nullAl principio, Anomalisa es una película desconcertante, una propuesta bizarra a la que puede costar un poco pillar el punto. Las “marionetas”, fabricadas usando la tecnología de impresión en 3D, tienen un aspecto muy realista que puede resultar algo desorientador (incluso por momentos perturbador), y aunque la idea de que un solo actor (estupendo Tom Noonan) doble a todos los personajes que no son Michael (David Thewlis) o Lisa (Jennifer Jason Leigh) es brillante, y por supuesto esencial para desarrollar la premisa, no deja de descolocar. Pero todo esto forma parte de la experiencia de Kaufman y Johnson proponen, un sueño extraño y surrealista en el que todo acaba teniendo su razón de ser. Poco a poco, Anomalisa se va descubriendo como una historia romántica extraordinaria en su costumbrismo intimista, un retrato profundamente triste y precioso que, al igual que her hace un par de años, se adentra en el enigma de las relaciones, las interacciones sociales y lo que nos hace humanos, para presentárnoslo de la forma más reveladora.

La elección del stop-motion es de todo menos casual, claro. Kaufman utiliza los muñecos para desmontar, literalmente, a su protagonista, y mostrarnos así el engranaje de su mente. Si la película se hubiera hecho con actores de carne y hueso no habría surtido el mismo efecto, no habría resultado tan conmovedora. Hay algo en el hecho de observar a estas marionetas existir, interactuar o hacer el amor en un supuesto tan mundano (y tan automatizado) que hace más fácil, y más gratificante, mirar directamente en su interior en busca de la esencia que los (nos) hace humanos. Y por supuesto, no podemos obviar el increíble trabajo de David Thewlis y Jennifer Jason Leigh dando vida con sus voces a Michael y Lisa, convirtiéndolos en dos personajes tan reales, tan plenos y excepcionales, y haciendo que su historia de amor sea tan inolvidable y en última instancia devastadora.

El único problema de Anomalisa es que su metraje acaba resultando demasiado escaso, lo que hace que el desenlace se produzca de manera precipitada (puede tener que ver el hecho de que fuera concebida inicialmente como un mediometraje de 40 minutos y extendida debido al éxito de la campaña de Kickstarter). Dejando esto a un lado, Anomalisa es algo único, una anomalía del cine reciente (la especialidad del esquivo Kaufman) cuya particular voz resalta entre todas las demás, una historia que afecta, hace pensar, y se queda con nosotros más allá de los créditos finales.

Valoración: ★★★★

Crítica: Del revés (Inside Out)

Inside Out 1

A lo largo de casi dos décadas, Pixar ha sido uno de los valores más seguros del cine de Hollywood. El estudio de Emeryville encadenó éxitos de público y crítica durante años, demostrando que la animación familiar no era parcela exclusiva del público infantil y convirtiendo sus títulos ya no solo en éxitos del cine de dibujos, sino también en auténticos clásicos del cine. Pixar elevó la animación por ordenador a la categoría de arte y se ganó a pulso su reputación gracias a que detrás de sus apabullantes adelantos técnicos había un componente muy humano, genios apasionados que bullían con ideas originales y querían contar historias nunca vistas.

Pero como mandan las leyes de la física, todo lo que sube, en algún momento tiene que bajar. Tras el estreno de la descomunal Toy Story 3, la compañía ingresó en un periodo de receso creativo caracterizado por más secuelas (Cars 2Monsters University) y una película que no lograban el favor unánime del espectador, Brave. Con la intención de llevar a cabo una reestructuración interna y revisar sus próximos proyectos, Pixar se tomó un descanso de la taquilla en 2014 para regresar un año más tarde por todo lo alto, con una de sus propuestas más arriesgadas e innovadoras hasta la fecha, Del revés (Inside Out), la película que devuelve el estudio a la forma (concretamente la de la era experimental de WALL-E y Up) y nos confirma que siguen siendo capaces de hacer lo imposible.

La asombrosa idea de Inside Out surge de la experiencia como padre de su director, Pete Docter (Monstruos S.A., Up), que observaba cómo la alegre personalidad de su hija cambiaba drásticamente al cumplir los 11 años. Docter se preguntó qué podía estar ocurriendo en la cabeza de la niña para que ésta se comportase de forma tan diferente y mostrase una actitud tan volátil. Y esa es exactamente la premisa de Inside Out, imaginar lo que tiene lugar en la mente de una niña de 11 años, Riley Andersen, durante una etapa de cambio en su vida y su entorno familiar. Para ello, el equipo realizó un exhaustivo trabajo de documentación en psicología, del que obtuvo las cinco emociones que guiarían a Riley en su día a día: Alegría, Tristeza, Miedo, Asco e Ira.

INSIDE OUT

Más que Riley, estos cinco personajes son los protagonistas de una historia que transcurre principalmente en la cabeza de la niña, que ejerce más bien de escenario. En ella se erige un vibrante y colorista universo cuya arquitectura está diseñada con suma atención al detalle para reflejar todas las parcelas psicológicas de su mente y explicar de forma sorprendentemente esclarecedora el funcionamiento de los recuerdos, el subconsciente o los sueños. Desde la brillante secuencia de apertura (junto al montaje de Carl y Ellie en Up, de lo más prodigioso que hemos visto en Pixar), en la que conocemos a las cinco emociones y se nos explica todo lo que hay que saber sobre la cabeza de Riley, Inside Out no deja en ningún momento de arrojar ideas geniales al espectador, como pelotas saltarinas que rebotan contra todo. Esto da lugar a una película que, además de hacer gala de una inteligencia superdotada e hiperactiva y un ingenio inagotable, resulta endiabladamente divertida.

Lo más fascinante de Inside Out es cómo da forma concreta a las ideas más abstractas y explica de manera tan sencilla conceptos tan complejos como el “tren de pensamiento”, la memoria a largo plazo, el pensamiento simbólico, la nostalgia, incluso el misterio de esa canción que se te queda en la mente y reaparece cuando menos lo esperas. Manipular estas ideas y llevarlas a la pantalla en una película familiar supone una tarea muy complicada, de la que Pixar sale más que airosa, hallando la manera de dirigirse al niño y al adulto con el mismo respeto e inteligencia. Como en las mejores obras del estudio, Inside Out puede experimentarse a varios niveles gracias a un guion impecable que toca los botones del espectador (nunca mejor dicho) en los momentos adecuados, para provocar la risa o el llanto. A pesar del intrincado mecanismo narrativo de la película, los niños podrán seguir la trama sin problemas, mientras que los adultos apreciarán las capas más sutiles del relato, dedicadas exclusivamente a ellos (como el genial chiste de las cajas de “opinión” y “hecho”, la referencia LGBT a los osos de San Francisco o el hecho de que la líder dentro de la cabeza de la madre de Riley sea Tristeza). En resumen, Inside Out es la fórmula Pixar perfeccionada.

El film de Docter es una aventura clásica, una odisea de regreso a casa, y a la vez una comedia observacional que disecciona el comportamiento del ser humano y posee un indudable valor pedagógico (para todos). Como Toy Story 3Inside Out en el fondo nos habla del paso del tiempo, de lo que supone crecer, hacerse mayor, y en este sentido, la de Riley es una de las historias más insólitas y rigurosas sobre el abandono de la niñezInside Out trata de dar explicación al enigma de la angustia adolescente (o en este caso preadolescente), revelándose como la experiencia compartida idónea para que padres e hijos entiendan mejor lo que les está pasando. Y la clave está en el personaje revelación de la película, Tristeza, la emoción que forcejea constantemente con Alegría por hacerse con el punto de vista de la historia. La adultez consiste en gran medida en asumir la melancolía inevitable que conlleva el deseo de volver a ser niño, aceptar que el recuerdo feliz de la infancia se transforma en nostalgia y anhelo en algún punto de nuestra vida. Para crecer, debemos dejar de entendernos en términos duales o compartimentos, dar la bienvenida al cambio y a la tristeza como parte esencial de la experiencia vital, y comprender que todas las emociones, positivas o negativas, son necesarias. Inside Out nos relata el momento exacto en la vida de una niña en el que este proceso de transformación de la personalidad da comienzo.

INSIDE OUT

Estamos ante una entrega de Pixar que repite los patrones de muchas de sus películas anteriores, pero a la vez se las arregla para ser algo radicalmente distinto. El único pero que se puede poner a Inside Out es al mismo tiempo lo que hace que sea tan conmovedora en última instancia: que dedica demasiado tiempo al viaje de regreso de Alegría y Tristeza al Cuartel General. Quizá sea la mejor manera de contar esta historia, pero relega a segundo plano al resto de emociones y nos priva de más escenas corales, que son las que mejor funcionan (como demuestran los geniales créditos finales). Dejando esto a un lado, Inside Out es una de las cintas de animación más redondas de los últimos años, un trabajo perfectamente calibrado en todos los aspectos: las magníficas voces del reparto (Amy Poehler traslada su luminosa personalidad, y por extensión la de Leslie Knope, a Alegría, mientras que Mindy Kaling, Bill Hader y Phyllis Smith hacen lo propio con sus respectivos personajes); la deliciosa animación, que aparca el fotorrealismo para recuperar el estilo cartoon de Walt Disney, Tex Avery o Chuck Jones; o la extraordinaria banda sonora de Michael Giacchino, con un precioso tema central que permanecerá para siempre en la memoria del cinéfilo.

Inside Out es una experiencia sensorial desbordante, una historia apasionante y divertida, no obstante enraizada en la verdad estructural y científica, que nos devuelve la emoción de las historias originales y la importancia de las ideas en el cine de animación. En definitiva, otra inolvidable obra maestra de Pixar.

Valoración: ★★★★★

Crítica: Los Minions

Minions Orlando

Que los Minions son lo mejor de la saga Gru, mi villano favorito es algo que sabe todo el mundo. Es más, es una verdad “universal” (pun intended). La segunda entrega ya lo dejó bien claro. La popularidad de los esbirros amarillos tras el éxito de la primera película era tan grande que en la segunda ya empezaban a trascender su condición de secundarios comparsa adquiriendo mayor protagonismo. Gru 2 fue un festival Minion (amarillo y morado), los personajes ya estaban bien acomodados en el imaginario colectivo, convertidos en iconos adorados por pequeños y mayores por igual, así que el siguiente paso natural era dedicarles una película a ellos solos. Los Minions toman el escenario (aunque siempre fue suyo) con la intención de dominar el mundo (más todavía). O mejor dicho, de ayudar al villano que haya más cerca a hacerlo.

Los Minions nos lleva hasta el inicio de los tiempos para descubrir que estos adorables e inocentes seres han estado siempre ahí. Este spin-off precuela nos muestra cómo nacieron (empezaron siendo organismos amarillos unicelulares) y cómo evolucionaron a través del tiempo. Desde los albores de la civilización Minion, el propósito vital de todos ellos ha sido siempre el de encontrar a un amo malvado al que servir. Así, en la divertidísima secuencia de apertura vemos cómo ofrecen sus servicios como secuaces al T. Rex, Drácula o Napoleón, para acabar siempre entorpeciendo, incluso provocando la muerte accidental, a sus jefes. Después de fracasar tantas veces seguidas en su búsqueda, los Minions caen en una profunda depresión. El tiempo pasa, y en la década de los 60 Kevin traza un plan para salvar a su pueblo: dar la vuelta al mundo en busca de un nuevo amo y un nuevo hogar para los suyos. Le acompañan el rebelde Stuart y el achuchable Bob, con los que intentará encontrar a Scarlet Overkill, según dicen, la supervillana más famosa de la Tierra.

De la Antártida a Nueva York en los felices 60 a Londres, donde se desarrolla la mayor parte de la acción, este spin-off es un triunfal tour de los Minions por el mundo que avanza a ritmo de clásicos pop-rock. En realidad, la película no se distancia mucho de la fórmula de sus dos predecesoras. Los Minions se convierten en protagonistas de la historia, pero el argumento, una vez llegados a Londres, es similar al de las dos Gru, girando en torno al Printplan del gran malvado que pretende conquistar el mundo. En este caso, la divina y algo esquizoide Scarlet Overkill (doblada en inglés por Sandra Bullock, y en español por una estupenda Alexandra Jiménez) trata de robarles el centro de atención a los Minions, y de hecho está a punto de hacerlo. Recordemos que los Minions hablan un hilarante idioma que mezcla sinsentidos con palabras de muchas lenguas, y quizá por miedo a que una película con mucho tiempo sin diálogos pudiera espantar al público o suponer un reto demasiado difícil (no todas son WALL-E), el film acaba dando demasiado protagonismo a sus personajes humanos, la mencionada Scarlett y, en menor medida, Herb (doblado en V.O. por Jon Hamm, y en castellano por un menos atinado Quim Gutiérrez).

Claro que por mucho que se intente, es imposible hacer sombra a estas descacharrantes píldoras devora-bananas y sus irresistibles monerías. Su ascenso a primera línea dentro de la saga, lejos de perjudicarlos por sobre-exposición y sobre-explotación, no le ha quedado nada grande. Y es que Los Minions no es el subproducto que esperábamos. Está claro que es un proyecto creado para seguir exprimiendo al máximo la gallina de los huevos amarillos, pero afortunadamente, eso no es todo. Detrás de la película (en la que repite Pierre Coffin como director, acompañado de Kyle Balda en lugar de Chris Renaud) hay un trabajo de animación muy cuidado, técnicamente sobresaliente (con un 3D por encima de la media), y un guion que, a pesar de volverse mecánico en su recta final, no se duerme en los laureles, sino que se esfuerza en mantener en todo momento un nivel alto de buen humor y diversión, así como el ritmo acelerado que caracteriza a los personajes.

Encontrando el equilibrio perfecto entre el chiste bobo y el inteligente, con slapstick del bueno para los más pequeños y guiños para el adulto muy bien hilvanados en la trama, Los Minions es una comedia infalible que desata carcajadas y nos deja innumerables frases y gags para el recuerdo. Sin embargo, no sería tan eficaz de no ser por el carisma del trío protagonista. Kevin, Suart y Bob (sobre todo Bob, hay que amar mucho a Bob y estrujarlo hasta que se vuelva morado) nos conquistan con sus desquiciadas correrías y añaden más capas a los Minions, en el fondo seres afanados y leales con mucho amor para dar que nunca encuentran el sitio adecuado donde ponerlo, aquí convertidos en los verdaderos héroes que son ya fuera del cine.

Valoración: ¡BA-NA-NA! (★★★★)

Crítica: Pos eso

fotograma 04 Damian

Pos eso supone el debut en la dirección de largos del cortometrajista conocido como Sam (Encarna, El ataque de los Kriters asesinosVicenta), un ambicioso proyecto animado cuyo desarrollo ha llevado cinco años de duro trabajo y multitud de obstáculos, todos superados con la ilusión y el esfuerzo que se puede respirar en el acabado final.

La técnica escogida para esta historia de tintes demoníacos es el stop-motion, más concretamente la modalidad de claymation, moldeado y animación realizada con muñecos de plastilina. Este proceso lleva tanto tiempo que en el transcurso de la producción nos han dejado dos de las voces de su estelar reparto, Mariví Bilbao y Álex Angulo (recordemos que en animación se suelen grabar antes los diálogos). Completan el elenco Anabel Alonso, Santiago Segura, Carlos Areces, José María Íñigo, Esperanza Elipa y Concha Goyanes.

Orientada al público adulto aficionado a los géneros fantásticos, Pos eso nos cuenta la historia de La Trini, una famosa bailaora que se baja de los tablaos después de que su marido, el célebre matador de toros Gregorio, fallezca en un desafortunado accidente doméstico. Sumida en una depresión, la folclórica se dedica a cuidar a su hijo de 8 años, Damián, que de un tiempo a esta parte comienza a mostrar síntomas de rebeldía demasiado macabros para ser una simple cuestión de pubertad. Esto lleva a La Trini a contactar con el Padre Lenin, cura vasco en plena crisis de fe que acude a la familia para practicar un exorcismo al pequeño.

Pos eso es una comedia de terror repleta de gore, acción y tetas de plastilina, un trabajo caracterizado por el cachondeo y espíritu gamberro. Sam compone un pastiche de los títulos de terror más icónicos del cine, plagando su película de evidentes guiños a La profecíaEl exorcista. Tanto es así, que su argumento no es más que un corta/pega de los films mencionados, un relato muy mecánico y predecible, hecho a base de retales de otras cintas de miedo que recorre todos los lugares comunes del género de las posesiones demoníacas. Solo que con una diferencia: Pos eso es 100% cañí, una españolada orgullosa de serlo. En definitiva, una aventura loca, bizarra y deliberadamente casposa que solo podría hacerse en nuestro país.

fotograma 02 contra los tentaculos

Sam nos invita a un festival de referencias al cine -no solo el terror americano, sino también al destape y los clásicos populares españoles de los 60 y 70, con homenajes a Gracita Morales o la Tonta del Bote, y la presencia vintage de José María Íñigo. Pero también hay abundancia de guiños a la cultura popular -llegamos a ver en una escena a Apu de los Simpson-, y sobre todo a la telebasura patria y los frikis catódicosPos eso es en el fondo una sátira a base de sal gruesa de la cultura del amarillismo en nuestro país, una crítica salvaje a los programas del corazón que ofrece al espectador la morbosa satisfacción de ver a Mariñas, Karmele o Belén Esteban como víctimas de una masacre en directo.

Pero sobre todo, la ópera prima de Sam es un film divertido, libre de pretensiones, y aún así realizado con gran atención al detalle -la animación es muy fluida y tanto las miniaturas como el diseño de producción son excelentes (solo chirría la integración de las criaturas digitales, que resulta pobre y resta empaque al acabado visual). Pos eso es la película que sueñan con hacer tus compañeros de Comunicación Audiovisual que leen El Jueves, son fans de Álex de la Iglesia, y solo tocan teta si la hacen de plastilina. Su humor es infantil y vulgar, pero ahí está la gracia. Sam nos propone un rato desenfadado y distraído, y lo hace con pasión por los géneros que homenajea, dejando patente en todo momento el empeño y la dedicación que hay detrás del proyecto.

Valoración: ★★★

Crítica: La oveja Shaun – La película

Shaun movie

El stop-motion se resiste a morir en la era de las películas de dibujos realizados íntegramente por ordenador. Los amantes de las técnicas tradicionales de animación tenemos la suerte de que estudios como Laika (Coraline, Los Boxtrolls) y Aardman sigan produciendo películas y series para todos los públicos utilizando este laborioso método. Aardman en concreto es la responsable de films universalmente aclamados como Chicken RunWallace & Gromit: La maldición de las verduras, además de la reciente ¡Piratas! El estudio con base en Bristol también ha realizado estimables incursiones en la animación CGI (Ratónpolis, Arthur Christmas), siempre conservando su identidad visual, pero sigue siendo conocido sobre todo gracias a sus trabajos de Claymation (animación con plastilina), donde se adscribe su largometraje más reciente, La oveja Shaun – La película, adaptación cinematográfica de la popular serie para niños.

Dirigida por el recién llegado Richard Starzak junto al veterano Mark Burton (guionista entre otras de Chicken Run, Wallace & Gromit Madagascar), la película de la oveja Shaun se mantiene fiel al espíritu de la serie, y transcurre por tanto sin una sola palabra de diálogo. A lo largo del metraje (que asciende apenas a 85 minutos) solo escuchamos voces humanas articular palabras en las canciones (extradiegéticas) que ocasionalmente aderezan la película para describir algunos puntos de inflexión o explicar estados emocionales de los personajes. Pero en realidad tampoco nos hacen demasiada falta. La oveja Shaun: La película se basta y se sobra para transmitir emoción y diversión echando mano (nunca mejor dicho) únicamente del prodigioso lenguaje físico de sus figuras de plastilina y el excelente humor slapstick que protagonizan. A la espera de la película de Los Minions, La oveja Shaun demuestra que el cine mudo no solo funciona en casos excepcionales para adultos como The Artist o nuestra Blancanieves, sino que es posible hacer un largo sin diálogos capaz de divertir a niños de todas las edades.

La oveja Shaun posterPara los que no hayan visto la serie (imprescindible para los amantes de la animación y la comedia con corazón), La oveja Shaun es la historia de un rebaño de ovejas que vive en granja de Mossy Bottom, un lugar aparentemente apacible supervisado por un granjero desastrado y su bienintencionado pero torpe perro pastor, Blitzer. De entre todas las ovejas destaca Shaun, propensa a meterse en líos y poner en aprietos a sus compañeras de rebaño por culpa de su empeño en sacar a la granja de la rutina diaria. Como una película de 90 minutos no funcionaría siguiendo el esquema de la serie, se hace necesario introducir una variante que saque a los personajes de la (divertida) monotonía de sus vidas en el campo, por lo que Starzak y Burton mandan a Shaun y sus amigos a la gran ciudad, donde les espera su gran némesis, el oficial de control de animales, y un adorable chucho callejero, aliado de valor incalculable. El “choque cultural” que supone sacar a las ovejas de un escenario familiar para abandonarlas a su suerte en las imprevisibles calles de la ciudad proporciona una fuente inagotable de comedia y chistes visuales (de los cuales, el mejor está en los créditos finales).

Pero además de hacer reír de forma consistente durante toda la película (que por su naturaleza tiene que atravesar un par de impasses casi obligatoriamente, nada grave), La oveja Shaun es una nueva muestra del prodigio artesanal del que suele hacer gala Aardman. La animación de los personajes, más fluida que nunca, conserva ese encanto de las cosas hechas a mano (en todos los trabajos de Aardman podemos deleitarnos con las huellas dactilares de los artistas apareciendo y desapareciendo en los cuerpos de los personajes), y el diseño de producción es sencillamente extraordinario. El detallismo que se ha puesto en esta película y el puntilloso trabajo que hay detrás de cada esquina y callejón de la ciudad es espectacular (atención a los guiños a Breaking Bad). Pero lo más importante es que Aardman ha vuelto a equiparar su pericia técnica con su maestría para contar historias simpáticas, inteligentes y emotivas, lo que hacen de La oveja Shaun un nuevo triunfo para el estudio.

Valoración: ★★★★

Crítica: Big Hero 6

BIG HERO 6

“Por aquí no miramos hacia atrás durante mucho tiempo. Seguimos moviéndonos hacia delante, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas. La curiosidad nos conduce siempre hacia nuevos caminos” -Walt Disney

Esta cita se incluye al final de uno de los primeros “Clásicos Disney” de la nueva era Lasseter de la compañía, Descubriendo a los Robinsons. Aquella extravagante aventura a lo Jetsons ponía de manifiesto la intención renovadora del estudio, que tras varios sonados fracasos necesitaba urgentemente dar un salto hacia el futuro. Y así fue, la casa de Mickey Mouse comenzó un proceso de actualización que, sin dejar de mirar atrás (Tiana y el sapo), se proponía adaptar el estudio a las sensibilidades comerciales y la nueva realidad social del siglo XXI. El punto de inflexión decisivo fue el gigantesco éxito de Frozen, un cuento de princesas que suponía la culminación del ejercicio desmontador de estereotipos que Disney llevaba realizando desde hacía unos años. El público masivo volvía a estar interesado en Disney, a Internet le encantaba el mensaje transgresor que llevaba consigo, y tanto las horas bajas de Pixar como la incorporación de Marvel propiciaban la sinergia perfecta para dar el siguiente paso.

De esa sinergia nace Big Hero 6, basada en un cómic estilo manga de la Casa de las Ideas publicado en 1998, sobre un equipo de superhéroes adolescentes liderados por un genio de 13 años, Hiro Hamada. Sus directores, Don Hall y Chris Williams, insisten en que la película no es una adaptación de Marvel, sino una de Disney ambientada en su propio universo. Sin embargo, a lo largo de todo el metraje queda patente la influencia de las películas de Marvel Studios, cuyo increíble éxito ha proporcionado una fórmula infalible que se ha puesto en práctica tanto en la Fase 2 del MCU como en esta película. Big Hero 6 es una origin story en toda regla, el relato de la formación de un súper equipo marveliano, con todas sus fases y todos sus elementos, incluida la escena post-créditos, que en este caso además incluye un genial cameo que corrobora todo lo anterior.

Big Hero 6Y ahí es precisamente donde Big Hero 6 encuentra su talón de Aquiles, en su naturaleza formulaica. Hall y Williams llevan a cabo una obra vibrante y espectacular que sin embargo sabemos exactamente por dónde va a tirar en todo momento, lo que elimina el factor sorpresa. No falta ninguno de los ingredientes cultivados en los Laboratorios Disney a lo largo de esta última década: las dosis de lección educativa con ese toque moderno que esquiva el sermón (“estudia una carrera”, “ponte el cinturón”), la ruptura de estereotipos (el nerd es un coqueta, el negro grandullón es un miedica), la representación (chica butch con curvas, chica nerd hiperfemenina, equipo multirracial), el feminismo (“woman up!”), la tierna amistad imposible, la escena impactantemente dramática en la que perdemos a un personaje (Disney nunca ha ocultado la muerte a sus espectadores, pero desde que Buscando a Nemo demostró la verdadera eficacia del recurso no se ha dejado de explotar), y ese final emotivo made in Pixar que en este caso está protagonizado por Hiro y el robot Baymax. Ojo, nada de esto es intrínsecamente negativo, todo lo contrario. Necesitamos esa ruptura, esa transgresión en el cine “para niños”, pero al igual que ocurre con las de Marvel, llega un momento en el que hace falta algo más que la repetición paso a paso de la fórmula para realizar una obra que no solo sea perfecta, sino algo más.

Con suerte, Big Hero 6 tiene alicientes de sobra para que pasemos por alto estos problemas y consigamos disfrutar como renacuajos. Visualmente es para quedarse bizco. Los escenarios fotorrealistas de la ciudad de San Fransokio (es decir, la bahía de San Francisco orientalizada) son alucinantes, con una topografía inabarcablemente detallada y una rica ambientación que fusiona con maestría espacios de ensueño (el vuelo al atardecer) y diferentes estilos (US home-made, cyber-punk, diners, calles de neón). Narrativamente, la historia de Hiro y sus superdotados héroes nos trae a la memoria algunos de los clásicos animados más celebrados del cine reciente: Cómo entrenar a tu dragónLos Increíbles, WALL-Ey sobre todo, El gigante de hierro, obra de culto con la que Big Hero 6 comparte núcleo emocional, la amistad de un niño y su robot (con escena análoga en la que el primero oculta al segundo de su madre, con divertido resultado). Puede que los héroes (y villanos) sean algo más planos de lo que cabía esperar, pero la película lo compensa con memorables secuencias cómicas, acción trepidante, y sobre todo el adorable, entrañable y achuchable Baymax, un personaje redondo (nunca mejor dicho) que garantiza las carcajadas y del que es imposible no enamorarse.

Valoración: ★★★

Master Class con los creadores de BIG HERO 6: Notas de clase

Big Hero 6 TAI

Esta mañana he tenido la suerte de asistir a una Master Class impartida por los creadores del nuevo clásico de Walt Disney Animation Studios, Big Hero 6. El encuentro ha tenido lugar en la Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI de Madrid, y a él han asistido el productor ejecutivo de la película, Roy Conli, que lleva trabajando en Disney desde El jorobado de Notre Damme, los directores Don Hall (Winnie the Pooh) y Chris Williams (Bolt), y el animador gaditano Valentín Amador. Juntos nos han presentado la película, nos han mostrado varios tests de animación de los personajes y la ciudad de San Fransokio, donde se desarrolla la acción, y nos han puesto un gran número de clips del film, que han sido recibidos con gran entusiasmo, risas y aplausos por los alumnos allí presentes.

Ya que yo he vivido el encuentro, además de como medio, como fanboy (sobre todo) y también como alumno, he tomado apuntes como si hubiera vuelto a la universidad y este fuera mi primer día. Y es que el tema me apasiona. Uno de mis sueños frustrados es el de trabajar como animador para la compañía de Mickey Mouse, y ver a Amador viviendo su/mi/nuestro sueño me ha vuelto a despertar el gusanillo. Tendré que volver a sacar mi cuaderno de dibujo. Aunque por ahora lo que haré será sacar el bloc de notas y pasaros los apuntes de la Master Class a limpio, para que sepáis de qué nos han hablado estos nerds tan simpáticos, responsables de una de las películas más destacadas del año. El 19 de diciembre examen. Digo, estreno de Big Hero 6.

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La nueva era dorada de Disney

Conli ha sido el primero en tomar el micrófono, y se ha encargado de presentar la película, hablándonos antes de su trayectoria en la compañía, con la que lleva colaborando desde mediados de los 90 (ha participado en El planeta del tesoro y Enredados entre otras). Conli ha descrito perfectamente el dulce momento que vive Disney en la actualidad, algo así como un Tercer Renacimiento: “No hay mejor momento para trabajar en Walt Disney Animation Studios que ahora mismo”, ha dicho el productor, “Gracias a John Lasseter se ha desarrollado en el estudio un nivel de confianza con el equipo de guionistas que ha afianzado la importancia de las historias. Estamos viviendo un momento muy emocionante en Disney, y eso se debe a que siempre estamos creando nuevos mundos, buscando historias en las que el público se pueda involucrar y personajes de los que enamorarse“.

Y ahí es donde encaja Marvel. La compra de la Casa de las Ideas por parte de Disney proporcionó a los directores de Big Hero 6 un catálogo de historias y personajes con el que trabajar para crear el universo de la película. Pero Hall insiste en que Big Hero 6 no es exactamente una adaptación del más bien desconocido cómic del mismo título de Marvel, sino que la cinta está “inspirada” en él. La idea era sobre todo llevar al cine esa fusión de sensibilidades que recoge el cómic: las historias de superhéroes y la robótica japonesa. Y el resultado, según el propio Hall, “es a la vez una origin story, una comedia y una profunda y emotiva historia sobre la pérdida“. En cuanto a si esta película encaja dentro del Universo Cinematográfico de Marvel, los directores han asegurado que no, que Big Hero 6 forma parte del universo de Disney. A pesar de ese guiño post-créditos que hará las delicias de los fans de Marvel.

BIG HERO 6

El avance técnico de Big Hero 6

Se suele decir con cada entrega animada del estudio, pero en el caso de Big Hero 6 es un poco más cierto: con su última película, Disney alcanza un nuevo nivel técnico en el cine de animación por ordenador. Después de Frozen, el estudio desarrolló varios programas destinados a llevar sus nuevas películas al futuro, y Big Hero 6 es el primer ejemplo de lo que han conseguido. Según nos ha contado Hall, la investigación y desarrollo que se llevó a cabo dio como resultado dos herramientas que permiten grandes progresos en el campo de la animación: el pack de renderizado Hyperion, que permitió agilizar este proceso y perfeccionar la iluminación en los planos, y el kit Denison, con el que los directores pudieron levantar el universo multicultural de San Fransokio con todo lujo de detalles e incluir en la película “más de 700 personajes individualmente animados“, incluidas versiones caricaturizadas de todos los miembros del equipo. Según los responsables de la película, la animación por ordenador facilita una mayor “sutilidad”, que nos hace pensar que los personajes no están siendo dibujados o creados por un programa, sino que están actuando.

Además de esto, Williams y Hall visitaron el laboratorio de robótica de Carnegie Mellon para documentarse en la creación del robot de la película, Baymax. Cansados de ver siempre los mismos IA en el cine -“casi siempre son villanos o acaban corrompidos”, ha asegurado Hall-, se propusieron dar con un “robot abrazable“, un tipo de inteligencia artificial “nunca antes visto en el cine”. En Carnegie Mellon descubrieron un nuevo campo de la ingeniería robótica denominado “soft robotics“, en el que se está desarrollando un tipo de “máquina” fabricada con vinilo y destinada al ámbito de la salud. Y ahí es donde nació Baymax, el robot inflable y achuhable diseñado para proveer asistencia médica que se convertirá en el mejor amigo del protagonista de Big Hero 6, Hiro Yamada. Los directores nos han mostrado un test de movimiento de Baymax, en el que hemos podido comprobar que su diseño “está basado en el movimiento de un bebé con pañales”, y también varias secuencias de la película que han servido para dar cuenta del triunfo a nivel visual y cómico que supone el diseño del personaje. Valentín Amador ha trabajado principalmente en la animación de Baymax y Hiro, por lo que a él debemos atribuirle gran parte del mérito.

Story matters (as does John Lasseter)

BeymaxPero además de los avances técnicos, y como hemos visto ya, en Disney insisten en que lo más importante a la hora de realizar una película de animación es la historia. Por eso Williams y Hall, que se formaron en Disney trabajando en guiones y storyboards, han centrado su presentación en los detalles de la trama, así como en dar a conocer a los personajes uno a uno y explorar los vínculos que los unen y que dan sentido a la historia. En relación a esto, los cuatro responsables de Big Hero 6 presentes hoy en la TAI han coincidido en atribuir el mérito de esta nueva Disney a John Lasseter.

Sin duda alguna, desde que Lasseter pasó a supervisar la producción animada del estudio, éste ha prosperado enormemente. “John quiere que hagamos películas que despierten nuestra pasión”, ha comentado Hall, a lo que Williams ha añadido: “No obliga a nadie a hacer nada. Promueve el espíritu de equipo y la colaboración. Por eso el estudio está donde está ahora. En Disney no hay miedo a presentar ideas, porque hay confianza a la hora de debatirlas y refutarlas, ya que trabajamos dejando el ego a un lado, siempre en beneficio de la historia y con el objetivo de llegar a la mejor versión posible de la película”. Conli aporta más datos sobre lo que supone trabajar con Lasseter, insistiendo en que es su pasión por el cine y las historias lo que lo convierte en un gran líder: “John no es el jefe en las reuniones, es uno más. Con él puedes entrar a trabajar y acabar viendo el trailer de la última de Bond“. O como cuenta Hall, “todos somos geeks, él incluido. Podemos hablar de cosas de geeks durante horas. Por ejemplo, un día nos puso un clip de una película de Miyazaki para explicarnos cómo quería que hiciéramos una escena, y acabamos viendo la peli entera”. Lo que ha quedado claro tras el encuentro es que estos hombres son algo más que animadores, son nerds, y como ha señalado Conli, “cineastas”.

En constante evolución

Las nuevas películas de Disney y Marvel se caracterizan por ser el resultado de un proceso creativo en el que han participado muchas voces. Desde el inicio del proyecto hasta el resultado final, las películas de ambos estudios pasan por cambios constantes y evolucionan tras numerosos “tests”, hasta dar con la mejor versión. En este proceso creativo similar al writer’s room televisivo, pero extendido a lo largo de tres años de producción, se descartan muchas ideas, y otras tantas se transforman hasta ser completamente diferentes. Por ejemplo, originalmente en Big Hero 6 había mucho más metraje dedicado al villano de la película, pero se creyó que quitaba demasiado tiempo a Hiro y Baymax, por lo que se llevó a cabo una “reducción” de su presencia en pantalla. Esto les permitió asimismo centrarse más en la comedia, uno de los puntos fuertes de la película. Por otro lado, en un principio Hiro iba a ser estudiante de la universidad, pero se decidió convertirlo en un chaval de 14 años, para aportar ese toque aspiracional disneyano a través de los ojos de un niño que desea ver realizado su sueño. Esto conllevó un nuevo reto: “Los chicos de 14 años no son precisamente agradables. Debíamos hacer que Hiro fuera simpático”, ha contado Conli, para después concluir que “lo más importante es que esta es la historia de un grupo de chavales listos sin súper poderes que usan su inteligencia para salvar las situaciones“.

BIG HERO 6

 Consejos para los aspirantes a animadores

“La mejor manera de aprender es empezar siendo storyboard artist. Y dibujar todo lo que puedas” -Williams

“Hay que estudiar guión. Da igual si quieres ser director de fotografía, o diseñador de vestuario, lo más importante es la historia. Y por desgracia es lo que más se pasa por alto. Hoy en día, hay muchas películas de animación que no funcionan por eso mismo. Y la culpa de que una película falle no es del vestuario o de la iluminación, es del guión” -Hall

“Estad dispuestos a trabajar en equipo. Debéis aparcar vuestro ego para concentraros en obtener el mejor trabajo posible. El mejor resultado se consigue en grupo. Y también debéis estar preparados para que os critiquen (constructivamente). Que os digan que una idea o un dibujo vuestro no sirve no quiere decir que seáis malos, sino que no encaja con el proyecto global, y lo más importante es saber aceptar eso para trabajar en beneficio de la película” -Amador