Un último baile por las Twisted Sisters

Meredith Cristina

Son mucho más que mejores amigas. Son mucho más que hermanas. Y no las llaméis BFF que probablemente te morderán (o te mirarán como en la foto de arriba). Meredith Grey y Cristina Yang son sus personas. O sea, Mer es la persona de Cristina, y Cristina es la persona de Mer. Desde el primer “You’re My Person” de Anatomía de Grey, estos dos personajes se han afianzado como el principal pilar de la serie de Shonda Rhimes, y su fascinante amistad una de las constantes que la han sostenido todos estos años. Este concepto del “my person” se empezó a utilizar para definir una amistad que trascendía los límites de la normalidad, una relación de dependencia absoluta que sin embargo se basaba en el respeto mutuo del espacio personal y los particulares caracteres de cada una. Meredith y Cristina se convirtieron en las Twisted Sisters porque no eran las mejores amigas al uso. Podían ser bullies cuando se lo proponían, eran conscientes en todo momento de cuándo se estaban engañando para ayudarse, pero lo hacían porque formaba parte de su contrato. Se mantenían los pies en la tierra la una a la otra, y ofrecían apoyo incondicional, sin ningún tipo de juicio. No importaba lo equivocado de una decisión o el error cometido, Meredith y Cristina se apoyaban la una en la otra, y el mundo tenía más sentido.

Anatomía de Grey se convirtió en un fenómeno de masas en sus primeras temporadas gracias a su excitante combinación de drama médico, comedia de amigos y romance. Durante sus primeros años en antena, la serie era famosa por los líos amorosos de sus protagonistas, que en apenas tres temporadas ya habían agotado todas las posibilidades de emparejamiento. Mucho ha cambiado desde entonces. A día de hoy, Grey’s sigue apoyándose fuertemente en la “anatomía” de sus personajes, corazón y entrepierna a partes iguales. Pero después de una década en televisión, la serie de Shonda Rhimes ha sabido dejar atrás su hormonada adolescencia para centrarse en otras diatribas mucho más adultas: el matrimonio, la paternidad, el futuro, las encrucijadas profesionales, y la supervivencia del amor a mil y una catástrofes (literales en el caso de esta serie). Y la clave de la Anatomía de Grey madura está justo ahí, en la supervivencia. La de las parejas que siguen luchando por mantenerse a flote a pesar de los reveses del destino (Arizona y Callie), la del matrimonio más estable y compenetrado de la televisión (Meredith y Derek), la de los novatos que compiten encarnizadamente para permanecer en el hospital y salvaguardar su futuro profesional. Y la de la inquebrantable amistad entre dos mujeres que comenzaron el camino hombro a hombro y han seguido, inevitablemente, itinerarios distintos.

Mer Cris

Después de nueve temporadas de estabilidad (no exenta de baches, pero ninguno lo suficientemente alto), las Twisted Sisters han encontrado la horma de su zapato en esta décima temporada de la serie que acaba de tocar a su fin. Aunque sabían que era algo que tenía que ocurrir tarde o temprano. En realidad, su distanciamiento, por muy feos momentos que nos haya dejado este año, ha sido como el de dos amigas (o amigos) adolescentes que llevan toda la vida entonando el “siempre estaremos juntos”, y cuando termina el instituto se dan de bruces con la realidad: No podemos estar siempre juntos. Nuestros intereses, nuestras relaciones, nuestros sueños nos acaban separando y bifurcando nuestras trayectorias. En “Fear (of the Unknown)” (10×24) Meredith y Cristina se separan como las amigas que se marchan a universidades en costas opuestas, aceptando que tan importante como la supervivencia es el sacrificio. Queremos pensar que su dependencia mutua y la preciosa promesa “You’ll always be my person” servirán para que, una en Seattle y otra en Suiza, sigan siendo las Twisted Sisters, para siempre. Pero por experiencia propia sabemos que esta idea es sostenible solo durante un tiempo.

Dejando esta pesimista idea a un lado, “Fear (of the Unknown)” fue un sentido homenaje al que ha sido sin duda el personaje más consistente y laureado de Anatomía de Grey, y a la mejor actriz de la serie, Sandra Oh. A Meredith, protagonista odiada durante sus primeras temporadas, el público ha aprendido a entenderla, a quererla, y se ha convertido con el tiempo en una heroína alternativa (“dark & twisty”). Y por la misma razón que Meredith se ganó el rechazo de los espectadores, porque a nadie le gusta un personaje débil e indeciso, Cristina Yang ha sido, desde el principio de la serie en 2005, el personaje más admirado de Anatomía de Grey. Por su fortaleza, sus férreas convicciones, su condición de “tiburón” -no había nada como ver a la competitiva de Yang dando caña-, y también porque era la que aportaba las notas de humor más geniales. A Cristina la hemos entendido siempre, y por eso la hemos respetado, y hemos apoyado sus decisiones (aunque hayan conllevado renunciar a un amor genuino que en el fondo queríamos para ella).

Y por eso duele tanto decirle adiós, y nos afecta tanto ver a las dos amigas despedirse con lágrimas en los ojos. No solo porque con su marcha ya solo nos quedan dos miembros del m.a.g.i.c. (el grupo original de interns), sino porque ella era, junto a Meredith, lo que hacía que Anatomía de Grey siguiera funcionando después de tanto tiempo. En “Fear (of the Unknown)” obtenemos la clausura más perfecta para el personaje (se marcha a dirigir su propio hospital en Europa), en una trama que no obstante debería haber formado parte del final de la serie. Meredith se nos queda huérfana, y aunque Alex sigue ahí (y con él mantiene una amistad muy parecida a la que tiene con Cristina), ya no es lo mismo. Anatomía de Grey tendrá undécima temporada, y el reparto ha firmado para una posible duodécima entrega, pero la Era Grey-Yang ha llegado a su fin, y con ello, de alguna manera -y a pesar de que todavía somos muchos los valientes que seguimos adelante-, es como si terminara la serie. Así que aguantad el llanto y coged del brazo a vuestra persona. Bailemos por última vez con Meredith y Cristina y celebremos una de las amistades más ‘retorcidamente’ sólidas que nos ha dejado la televisión.

#FarewellCristina

Anatomía de Grey – “Puttin’ on the Ritz” (Episodio 200)

Puttin on the Ritz

“It’s time to put on makeup, it’s time to dress up right, it’s time to get things started on the Muppet Show to— crap!”

Incluso si le preguntamos al fan más acérrimo de Anatomía de Grey si cree que la serie debería acabar ya, probablemente responderá que sí. El drama médico de Shonda Rhimes alcanzó el jueves pasado uno de los hitos más imposibles de la televisión en prime-time: el episodio número 200. “Puttin’ on the Ritz” (10.04) fue una celebración (literalmente) de los nueve años en antena de una de las series clave del nacimiento de la nueva época de esplendor en la televisión norteamericana. Después de tantos episodios, con mil y una muertes y más catástrofes y calamidades de las que el espectador puede procesar, Anatomía de Grey sigue disfrutando de excelentes índices de audiencia (sobre todo teniendo en cuenta lo mal que andan últimamente para todas las cadenas) y el favor de uno de los públicos más fieles. Sin embargo, el éxito prolongado de la serie no es suficiente para acallar al sentido común. Y este nos dice que Anatomía de Grey debería concluir pronto.

“Puttin’ on the Ritz” no es el gran episodio que debería haber sido, pero sí representa a las mil maravillas lo que es, y sobre todo lo que fue, Anatomía de Grey. Los doctores del Seattle Grace, ahora Grey Sloan Memorial, visten sus mejores galas para asistir a una gala benéfica a favor de la reconstrucción del hospital después del enésimo Apocalipsis que tuvo lugar al final de la novena temporada. Giles dijo que había una Boca del Infierno en Cleveland, y a Shonda Rhimes se le ocurrió que Seattle no iba a ser menos. El episodio 200 es así un regreso a los orígenes, el recordatorio de lo que hace tiempo fue una serie que comenzaba con esta cabecera. Batas azules, vestidos y tacones altos. Bisturíes y copas de champán. Camillas para pacientes y para doctores cachondos. McDreamy de esmoquin. Una gran fiesta como las de antaño (concretamente como la prom de “Losing My Religion”, episodio mítico de la segunda temporada), en la que todo puede ocurrir. La diferencia es que, aunque Anatomía de Grey sigue apoyándose principalmente en las relaciones amorosas de sus protagonistas, hay otras fuerzas mayores en juego, y la sensación ya no es la misma, para bien o para mal.

A pesar de seguir recurriendo a un repertorio fijo de tramas y reciclajes varios, Anatomía de Grey ha sabido evolucionar y mantenerse a flote, y “Puttin’ on the Ritz” sirve para demostrarlo. Ya no es lo mismo, pero lo que es ahora no está mal tampoco. El episodio 200 es una bola de cristal en la que una aparición de Izzie o George no habría estado fuera de lugar (al margen de que una sea gilipollas y el otro esté muerto), y con la que parecen decirnos “mira cómo éramos, cuánto hemos cambiado”. Las referencias a las icónicas primeras temporadas se suceden una detrás de otra a lo largo del capítulo. Avery, ahora presidente de la junta de directores del Grey Sloan incentiva a sus compañeros para que compitan a ver quién recauda más donaciones. Regresamos así a los días en los que los interns luchaban encarnizadamente por cirugías y oportunidades para brillar. Cristina lo recuerda con nostalgia (no sé qué vamos a hacer sin ella): “Es como cuando éramos residentes. Robando operaciones. Jugando sucio. Ya no puedo hacer ese tipo de cosas”. Se acuerda así de sus días como “tiburón” (ella sigue siéndolo, pero ya no muerde como antes porque no le hace falta) y nosotros hacemos balance del largo viaje personal y profesional que tanto ella como Meredith, Alex y los demás han vivido.

Meredith Grey 10x04Los casos médicos de “Puttin’ on the Ritz” desprenden también un aroma inconfundible a Classic Grey’s (que es igual que decir “lo mismo de siempre”): la fractura de tibia en medio de un espectáculo de contorsionismo, el paciente racista que plantea los más complicados dilemas morales (nada como aquel asesino interpretado por Eric Stoltz), el propio miembro del equipo que se debate entre la vida y la muerte, el padre de uno de los doctores que llega enfermo al hospital. Pero sin duda, el homenaje más significativo que “Puttin’ on the Ritz” lleva a cabo es a Meredith Grey y Derek Shephard, discretos pero sólidos protagonistas que muy a menudo se retiran a un segundo plano para dejar que los demás tomen las riendas de la historia. “Estoy haciendo memoria. Yo, una sala de exámenes y tus bragas pinchadas en un corcho – El baile de fin de curso”. Mer-Der representan todo lo que define a una serie de televisión longeva como esta: lo que permanece estático e inquebrantable, y lo que evoluciona y cambia sin mirar atrás. Y Anatomía de Grey es un constante tira y afloja entre ambas tendencias. Es incansable, ama a sus personajes y no se olvida en ningún momento del espectador al que tanto ha hecho llorar, reír y sufrir. Pero desafortunadamente, no puede evitar que el paso del tiempo, los cambios en el reparto y la repetición le pasen factura. Al final, la conclusión siempre es la misma, y aunque falten chispas, después de nueve años no carece de fuerza. Meredith y Derek, con sus brillantes ojos a la vez tristes y felices, se ponen la bata quirúrgica por encima de sus atuendos de etiqueta, como antes. La pasión por su profesión es lo que los mueve, y esta pasión es lo que sigue dando pábulo a Anatomía de Grey después de tanto tiempo. Grey’s siempre ha tenido muy claro lo que es. On with the show, this is it. Pero no demasiado, por favor.

 

 

Anatomía de Grey 9×06 – “Second Opinion”

Qué alegría que por fin saquen a Arizona de la cama y le cambien un poco la cara (hasta hay amago de sonrisa, o algo parecido). No podía aguantar a Agriazona un solo capítulo más. Lo mejor es que el cambio se introduce de la manera más simpática, con Bailey manipulándola como a un niño pequeño (Chandra Wilson dirige el episodio, por cierto, y he comprobado que cuando lo hace parece que su personaje está más relajado y entrañable). Todo muy desenfadado, buenrollista y hasta semi-emocionante (como toda trama de “volver a andar” debe ser).

Pero lo mejor de “Second Opinion” es sin duda ver a Cristina Yang de nuevo en el Seattle Grace Mercy West. Es decir, verla con el uniforme azul marino. Y sobre todo verla junto a Meredith. Este episodio no ha contado con demasiados momentos entre las dos, pero la temporada acaba de comenzar, así que no nos faltarán. Como era de esperar, Medusa tiene competencia, y los interns caen rendidos ante los dictatoriales encantos de Yang, una figura de mando que despierta odio, admiración y pasión entre sus pupilos a lo largo del episodio. La escena en la que les pone nombres de enanitos es Classic Grey al 100% Hacen falta más momentos como ese en la serie.

Por fin la relación entre Jakson y April parece avanzar. Con la declaración de Avery espero que en los próximos episodios esta historia ingrese en una nueva fase, porque empezaba a cansar verlos en la cama y nada más. Está claro que ambos estarán siempre a la sombra de Mer, Cristina y Karev. Nunca se desharán del sambenito de ser los segundones, los que llegaron cuanto estaba ya repartido todo el pastel, pero eso no quiere decir que no se les pueda dar algo de evolución. Son ya tres temporadas en la serie, ya va siendo hora de hacerles sentir como en casa, y de hacer que a nosotros nos interesen algo estos personajes.

Hablando de secundarios. ¿Escenas exclusivamente dedicadas a los nuevos? No, por favor. Esta serie tiene muchos, demasiados personajes. Menos tiempo en pantalla para los novatos, que no son más que un instrumento para las tramas de los nuevos attending, y más presencia de Hunt, Bailey y los de siempre. Para spin-off de Grey’s ya tenemos (o teníamos) Private Practice.

El final de “Second Opinion” nos devuelve el caserón de Meredith, Villa Intern. Me parece un gran acierto volver a habitarlo con Karev (el nuevo propietario), y Cristina, su inquilina. Será interesante ver la dinámica entre estos dos. Karev siempre ha tenido especial afinidad con Meredith (adoro esa amistad), pero nunca ha conectado tan bien con Cristina. A ver qué sale de este experimento. Espero que muchas risas. Echo de menos esos momentos tan Friends de las primeras temporadas. Estos personajes tienen una química increíble y me apetece verlos desayunar en casa, porque esas escenas suelen ser siempre de lo más divertido de la serie. Merdina y Karev 4ever.

Lo peor de este episodio es que es uno de esos que se mueve por inercia, que es igual que otros cien episodios de la serie y que parece que se ha escrito solo, o un mono del señor Burns con una plantilla. Grey’s de manual, vaya. Los pacientes de la semana son el sopor y el agotamiento personificado, como casi siempre. Lección de humildad para los doctores, historia de superación y autoayuda, todo muy Born This Way, todo muy ZzzzZZZZZzzzzz. Entre eso y los novatos, al menos hay 20 minutos desechables en el capítulo.

Por último, me está resultando mucho más interesante de lo que yo esperaba toda la trama de la demanda por el accidente de avión. Creo que están exprimiendo bien las posibilidades y están aprovechando al máximo lo ocurrido para explorar amistades y relaciones entre estos personajes, algunas de ellas algo estancados desde hace tiempo. Ejemplos: Cristina y Owen, y sobre todo en este episodio Callie y Derek. Seguid así.

Un inciso: estoy desarrollando un girl crush muy serio por Avery. ¿Qué me pasa, doctor?

Anatomía de Grey 9×05 – “Beautiful Doom”

En el episodio de esta semana Shonda aparca temporalmente las tramas de casi todos los doctores del Seattle Grace para centrarse en las dos principales protagonistas de Anatomía de Grey: Meredith y Cristina. Apenas vemos a los demás personajes, que participan casi a modo de cameo. Si parpadeas puede que te pierdas a Jackson. El resultado, como de costumbre, un interesante experimento en el que nos adentramos con dudas y del que salimos con la sensación de haber visto algo ligeramente distinto. Sin embargo, no deja de resultar paradójico, porque todo en “Beautiful Doom” remite de nuevo a las primeras temporadas de Grey’s.

Dejamos los dramas familiares y románticos para volver al quirófano. En este visceral episodio (en todos los sentidos), los pacientes sirven para poner a prueba una vez más la madera de la que están hechas estas doctoras. Se suele relacionar la aburrida y altamente ficticia vida del paciente con el estado emocional del doctor, pero esta vez los pacientes están calladitos y abiertos en canal, como a mí me gustan. Más Urgencias que Grey’s en algunos momentos, “Beautiful Doom” (qué título más acertado) resulta contundente y los momentos azucarados, que los hay (faltaría más), son mucho más sutiles y están mucho mejor diluidos a lo largo del episodio.

Como hemos visto, el capítulo gira en torno a Meredith y Cristina, cada una en una ciudad, pero siempre juntas. Seguimos dando vueltas a su shock postraumático, pero como son ellas, no es tan obvio y melodramático como el de otros personajes (como el de Arizona, que por suerte no aparece en el episodio de esta semana). Es en el último segundo del episodio cuando confirmamos que Meredith ha estado todo este tiempo en fase de negación: “Lexie está muerta”. A lo que Cristina responde con un emotivo y extrañamente cómico: “Todo el mundo está muerto”. Ya sabemos cómo es Meredith. A lo largo del episodio la vemos intentando compaginar su vida laboral con la maternidad, lo que nos remite directamente al principal trauma en su vida: su madre. Pero hay algo más. Meredith echa de menos a Lexie. Apenas nos lo ha demostrado, pero su sobreprotección hacia Zola y, sobre todo, su estado nervioso ante una paciente grave de la misma edad y que muestra las mismas heridas que su hermana nos lo indicaban. Meredith obtiene una segunda oportunidad de salvar a su hermana, y la aprovecha. Por eso “Beautiful Doom” resulta tan efectivo, porque se apoya en los personajes más interesantes y complejos de la serie, y porque nos da a una Meredith nueva (Medusa) sin abandonar a la Meredith de siempre.

Lo he dicho en infinidad de ocasiones, pero lo volveré a decir, porque nunca está de más: la amistad entre Cristina y Meredith no solo es lo mejor de Anatomía de Grey, sino que es una de las mejores relaciones entre personajes que yo haya visto en cualquier serie de televisión. Son el corazón (y la mente) (y la bilis) de Grey’s, y cuantos más minutos tengamos de ellas a la semana, mejor será la serie. Está comprobado. Estamos bastante hastiados de las grandes tragedias y las posteriores temporadas de ‘recuperación’, así que se hacía necesario un catalizador para que Cristina dejase de tener miedo a volar y volviese a los brazos de su mejor amiga, de su “persona”. La muerte del doctor Thomas se veía venir. Y se agradece por lo que conlleva. La escena en la que se desploma durante la operación es Grey’s en estado puro. Cristina sigue operando y salva la vida de su paciente mientras su “Meredith de Minnesota” yace muerto en el suelo. Volvemos a dar vueltas alrededor del tema de siempre: Cristina está destinada a ser grande. Pero con una nueva perspectiva, la de la eminencia jurásica que hace ver las cosas de otra manera a la doctora: “Serás la cirujana de tu generación. Lo vi nada más conocerte. Me gustaría que se me conociera en la comunidad médica como la persona que te entrenó”. Craig hace que Cristina valore su trabajo en el presente, poniendo en su cabeza de nuevo la idea de que un día en el futuro será una leyenda, una de la que otros jóvenes brillantes como ella aprenderán. Cristina ha vuelto (otra vez). Podemos estar tranquilos, las hermanas retorcidas vuelven a caminar juntas.

“Beautiful Doom” es Anatomía de Grey al 100%, un episodio que sabe a nuevo, pero que se apoya completamente en el modelo de las primeras temporadas: rápidos diálogos, tensión en el quirófano con la “How to Save a Life” de turno al fondo, y esos momentos de humor estúpido con los que no sabes si reírte o taparte los ojos hasta que pasen (el baile de 30 segundos para celebrar el éxito de la operación). Este episodio es además la enésima muestra de que Shonda no se cansa de buscar nuevas vías creativas, aunque estas fracasen estrepitosamente: dividir el episodio en dos y mostrar con pantalla partida lo que ocurre en Seattle y Minnesota es buena idea. Crear un eco en las conversaciones por teléfono de Meredith y Cristina NO.

El arte de poner títulos

Dime el título del episodio y te diré qué tipo de serie ves. Hay muchas maneras de hallar creatividad en una ficción televisiva. Una de ellas es sin duda la fórmula que las series usan para dar título a sus episodios. Como comprobaremos, hay casi tantas maneras de titular un capítulo como series. La repetición es una de las técnicas más recurrentes, pero las variaciones son infinitas. En algunos casos, establecer una regla para poner títulos puede resultar un auténtico desafío a largo plazo, sobre todo si la serie en cuestión se mantiene muchas temporadas en antena: las ideas se acaban no solo para escribir los argumentos, sino también para poner los títulos. En otros casos, los títulos serán tan descriptivos que no indicarán ningún grado de creatividad, por lo que no podemos asumir que estos son reflejo de lo que nos vamos a encontrar en la serie. En resumen, el esfuerzo a la hora de dar título a los episodios no tiene por qué ser reflejo de la originalidad de una serie, sino que más bien es un curioso aspecto de la maquina publicitaria de la televisión, y en muchos casos, un buen pasatiempo para los guionistas y productores de las series. Incluso para nosotros. No lo voy a negar, a mí me encanta poner títulos a todo. Además, analizar el título de un episodio antes de verlo puede dar mucho juego entre los espectadores. Repasemos algunas de las fórmulas más conocidas y destacables:

Episodios sin título

No sabemos si es por pereza o con la intención de potenciar la cualidad altamente serial de algunas ficciones, pero muchas series no tienen título oficial para sus episodios, por lo que para identificarlos hay que recurrir a su número de producción o emisión. Esto hace que sea más difícil ubicar los episodios. Sin embargo, cuando uno destaca por encima de los demás no importa que no haya título, lo recordaremos sin problemas por su número. Es lo que ocurre con Queer as Folk. Probablemente nadie podrá decirme, sin mirar una guía, de qué va el episodio 3×05, pero todos sabrán de qué estoy hablando si digo “1×22”, y sobre todo, “5×10”. Más recientemente, Episodes, la serie de Matt LeBlanc ha decidido numerar, pero no titular sus capítulos.

Una palabra (como mucho dos)

Smallville es una de las series que vienen a la mente cuando pensamos en títulos de una sola palabra. La ficción sobre el joven Superman nos ayuda a identificar los episodios o bien con palabras sencillas (“Cool”, “Hug”, “Crush”, “Unsafe”, “Bound”), con palabras un poco más rebuscadas, que suenan ciertamente exóticas para los anglosajones (sufijos, prefijos y palabras de origen griego y latino como “Veritas”, “Hydro”, “Metallo”) o nombres propios (“Ryan”, “Zod”, “Lara”). Solo el episodio especial “Absolute Justice” tiene dos palabras en su título. House no sigue una fórmula férrea, pero la mayoría de sus títulos suelen estar formados por una palabra, o muy al estilo Tarantino, con dos (“Sex Kills”, “Skin Deep”, “Lucky Thirteen”, “Simple Explanation”, “House Divided”). En la primera temporada de The Good Wife también se usaba una sola palabra para los títulos de sus episodios (“Stripped”, “Unorthodox”). Nada raro hasta ahí. Si embargo, los capítulos de la segunda están formados por dos palabras (“Double Jeopardy”, “Silly Season”). Y los de la tercera, actualmente en emisión, por tres (“The Death Zone”, “Feeding the Rat”). Miedo nos da que la serie llegue a durar tanto como Urgencias.

Títulos crípticos

La reina de los títulos bizarros y en ocasiones indescifrables es el clásico Expediente X ( “Kitsunegari”, “Herrenvolk”, “Gethsemane”). Además, la serie de Chris Carter es quizás la que más rechaza por sistema la traducción de sus títulos, sobre todo porque el porcentaje de idiomas distintos al inglés utilizado es muy alto: “Sein und Zeit”, “Agua Mala”, “Je Souhaite”, “El Mundo Gira”, “Folie à Deux”. Sin embargo, aunque no lo parezca a primera vista, todos los títulos de Expediente X hacen referencia directa a la historia que cuenta el episodio en cuestión.

Por otro lado, Perdidos, a pesar de no jugar al título más raro como Expediente X, es conocida por esconder mensajes y autorreferencias, para lo que recurre en muchas ocasiones a frases o palabras repetidas a lo largo de la serie, haciendo así hincapié en la importancia capital de la continuidad: “Live Together, Die Alone”, “Man of Science, Man of Faith”, “Whatever Happened, Happened”, “What Kate Does”. Perdidos también es experta en inventarse títulos que no adquieren significado hasta que ha terminado el episodio (“Lockdown”, “The Man from Tallahassee”).

Conjunciones, artículos, preposiciones y demás

Una de las fórmulas más recurrentes es la de enlazar el título de la serie con el del episodio, de manera que cada capítulo incluya directa o indirectamente el título de la serie. En otras ocasiones, el título del episodio comenzará con una preposición, un artículo, una conjunción, o bien combinaciones gramaticales variadas. Veamos los ejemplos más conocidos.

Friends es indudablemente una de las series que más hondo han calado en nuestra cultura, y no solo por sus personajes y argumentos, sino también por la forma de titular sus episodios, siempre empezando con la expresión ‘The One’. Los capítulos de Friends son fácilmente reconocibles con tan solo echar un vistazo a sus altamente descriptivos títulos (“The One With the Sonogram”, “The One Where No One’s Ready”, “The One Where Everybody Finds Out”).

Todos los episodios de Scrubs comienzan con el posesivo ‘my’ (“My Bad”, “My Karma”, “My Super Ego”), permitiendo diferenciar los episodios especiales en los que la focalización varía, con el uso de otros pronombres (“His Story”, “Their Story”). Las misiones de Chuck se catalogan con el nombre del protagonista junto a la preposición’versus’ (“Chuck Versus the Intersect”, “Chuck Versus the Marlin”, “Chuck Versus the Suburbs”). Muchas otras series recurren sencillamente al artículo ‘the’ para todos sus episodios, por ejemplo The O.C. (“The Model Home”, “The Girlfriend”, “The End’s Not near, It’s Here”). Más recientemente, 2 Broke Girls usa la conjunción ‘and’ para complementar cada semana el título de la serie, sin el que los títulos aislados no tendrían sentido (“And the Rich People Problems”, “And the 90s Horse Party”). Por supuesto, ya lo habíamos visto antes. Por ejemplo en la comedia de Lea Thompson Los líos de Caroline, en la que, como ocurre con Chuck, sí se incluía en nombre de la protagonista en todos los capítulos (“Caroline and the Condom”, “Caroline and El Niño”).

Títulos musicales

La ABC tiene dos series en antena que comenzaron el mismo año (2004), y cuyos episodios se titulan como canciones o versos de canciones. En el caso de Mujeres desesperadas, todos los capítulos hacen referencia a algún musical. Más concretamente, casi todos provienen de alguna pieza compuesta por Stephen Sondheim (“Ah, But Underneath”, “The Ladies Who Lunch”, “Running to Stand Still”). Por otra parte, Anatomía de Grey utiliza canciones de género pop/rock, la mayoría muy conocidas (“Kung Fu Fighting”, “Sympathy for the Devil”, “I Will Survive”).

Nombres propios

Los episodios centrados en un solo personaje de un amplio cast de protagonistas son muy habituales desde que Perdidos lo convirtió en tendencia en la ficción televisiva de principios de siglo. Cada capítulo de la británica Skins se titula como el personaje en el que se centra (“Tony”, “Jal”, “Alo”, “Franky”), utilizando “Everyone” para las season finales en las que todas las historias convergen. Por otro lado, In Treatment nos permite asistir a las sesiones semanales de psicoterapia de un número de pacientes. Estos dan nombre a cada episodio, que además nos indica en qué semana de la terapia nos encontramos (“Sophie – Week Eight”, “Walter – Week Three”, “Frances – Week Six”).

Títulos POP

Hay series que ponen tanto esfuerzo en sus argumentos como en las obligadas referencias a la cultura popular que caracterizan a algunos géneros. La cadena CW parece haberse especializado en este tipo de ficción, apuntando con sus series adolescentes al target que más agradece los juegos de palabras en los que descubrir títulos de películas o frases hechas y expresiones de rabiosa actualidad (en muchas ocasiones vinculadas a fenómenos efímeros de origen en Internet). Los títulos de Gossip Girl juguetean con clásicos del cine cada semana: “Seventeen Candles”, “Desperately Seeking Serena”, “Southern Gentlemen Prefer Blondes”, “Petty in Pink”). Sin embargo, las que son posiblemente las mejores series estrenadas en esa cadena (cuando era UPN), Las chicas GilmoreVeronica Mars, abrieron la veda: “The Deer Hunters”, “Foregiveness and Stuff” o “Emily In Wonderland” son algunos títulos de la primera. “Ruskie Business”, “Mars vs. Mars”, “Leave It to Beaver”, “Cheatty Cheatty Bang Bang” lo son de la segunda. Aunque la tendencia actual sea hacer referencia a clásicos (o no tan clásicos) del cine y la música, los juegos de palabras (pop o no) en los títulos de las series siempre fueron muy habituales. Sexo en Nueva York, por ejemplo, tomaba refranes, frases populares o expresiones hechas y les daba el toque picante que definía a la serie (“No Ifs, Ands, or Butts”, “What’s Sex Got to Do With It?”, “Great Sexpectations”).

Los diálogos aportan el título

Una de mis técnicas favoritas es la que consiste en extraer una frase de algún diálogo para formar el título del episodio. Me proporciona una curiosa satisfacción llegar a ese momento en el que descubres quién es el personaje que pronuncia esa frase, en qué contexto ocurre y a quién se dirige. Damages utiliza esta fórmula, y gracias a la constante tensión que desprenden los diálogos de la serie, sus títulos son especialmente potentes (“And My Paralyzing Fear of Death”, “Do You Regret What We Did?”, “They Had to Tweeze That Out of My Kidney”). Uno de los nuevos estrenos de la temporada, Ringer, también sigue este patrón (“If You Ever Want a French Lesson”, “It’s Gonna Kill Me, But I’ll Do It”, “A Whole New Kind of Bitch”). No solo es divertido escuchar la frase durante el episodio, sino que aumenta considerablemente la expectación antes de verlo.

Otras tendencias

Como decíamos al comienzo de la entrada, el número de posibilidades a la hora de dar título a los episodios es infinito. La originalidad de la propuesta es en muchas ocasiones directamente proporcional a la singularidad de los títulos. Por ejemplo, la revolucionaria 24, narrada a tiempo real en temporadas de 24 episodios que cubren un día completo, organiza sus temporadas haciendo corresponder cada hora completa con un episodio. Sin embargo, no todas las temporadas comienzan a la misma hora, por lo que todo puede resultar muy confuso (por ejemplo, el episodio titulado “Day 2: 10:00 P.M. – 11:00 P.M.” sería el 2×15, pero “Day 4: 10:00 P.M. – 11:00 P.M.” sería el 4×16). La protagonista de Wonderfalls trabaja en una tienda de souvenirs de las cataratas del Niágara. Su vida cambia cuando los objetos inanimados se empiezan a comunicar con ella. Cada episodio se centra en uno de esos objetos, dándole además título (“Pink Flamingos”, “Lying Pig”, “Totem Mole”). En The Big Bang Theory, todos los capítulos tienen por nombre una teoría, un experimento o un principio científico con el que se relaciona la trama (“The Dumpling Paradox”, “The Friendship Algorithm”, “The Bozeman Reaction”). Por último, los 70 episodios de la serie de Showtime The L Word comienzan con la letra ‘L’ (“L’Ennui”, “Limb from Limb”, “Lobsters”), sin excepción.

Anatomía de Grey: final de temporada

There’s a reason I said I’d be happy alone. It wasn’t ‘cause I thought I’d be happy alone. It was because I thought If I loved someone and then it fell apart I might not make it.

En lugar de Fuertecito no ve la tele, este blog quizás debería llamarse Fuertecito va a su ritmo. Ayer mismo terminé la séptima temporada de Anatomía de Grey, después de dejarla unos meses aparcada tras el infame episodio musical -mera circunstancia temporal, no motivo de abandono, aunque casi. La serie de médicos egocéntricos y cachondos ha clausurado su séptimo año sucumbiendo en gran medida a los evidentes síntomas de agotamiento que lleva arrastrando desde hace temporadas. Se hace urgentemente necesaria la conclusión de una historia que, sin haber perdido el norte como otras series igualmente longevas, ya no tiene mucho que ofrecer. Lo que queda en este séptimo año de Grey’s es un puñado de personajes sólidos -los supervivientes del Core-5-, y una marea de secundarios simpáticos y atractivos pero prescindibles.

La paulatina conquista del hospital por parte de los nuevos doctores se ha saldado con la pérdida de lo que antaño fueron grandes personajes. Miranda no es ni la sombra de lo que fue, el fuerte carácter de Callie ha sido sustituido por ñoñería insulsa e irritante vulnerabilidad. Solo Meredith, Cristina y Alex, los tres internos originales que permanecen en la plantilla del hospital, se mantienen fieles a su espíritu sin que esto lastre su evolución como personajes. Cuando Meredith lleva el peso del episodio -cosa que rara vez ocurre desde hace años-, la calidad de Anatomía de Grey aumenta. Y cuando comparte escenas con Cristina, se eleva hasta alcanzar sus máximas. Afortunadamente, “Unaccompanied Minor”, el último episodio de la temporada, se centra en las decisiones de ambos personajes con respecto a su futuro. Un futuro, profesional y sentimental, que una vez más pende de un hilo.

Si hay algo que destacar de las últimas temporadas de Anatomía de Grey es que a pesar de que en algunos episodios lo parezca, Shonda Rhimes no se ha dormido en los laureles. Que Derek y Meredith hayan sido una de las parejas más sólidas de la televisión hasta ahora indica que la productora no está siempre dispuesta a tomar el camino fácil, el de las crisis continuas, los habituales cambios de pareja, las infidelidades y las rupturas que para muchos definen la serie.

El piloto automático aparece de vez en cuando, pero la hegemonía de sus personajes sobre sí mismos es ejemplar. Lo que fueron tres años de idas y venidas entre la pareja ¿protagonista? dieron paso a cuatro años de estabilidad que dejaba espacio para otro tipo de conflictos más interesantes, los que profundizaban en la psique de los personajes. De esta manera, hemos visto a Meredith siendo puesta a prueba en multitud de ocasiones, y casi siempre por ella misma -“Stairway to Heaven”-, con el incondicional apoyo de su marido -recordemos su primera boda, la del post-it, una de las escenas más conmovedoras de la serie. Sin embargo, todo acaba. Y así vemos en “Unaccompanied Minor” cómo la paciencia de Derek llega a su límite tras descubrir la enorme irresponsabilidad de la doctora, que pone en peligro su carrera y la de su marido. La firmeza y frialdad de Meredith ante acusaciones e inquisitorios cuestionarios muestra la fuerza y la entereza del personaje, a la vez que convierten estas características en su mayor punto débil a la hora de relacionarse y comprometerse. Meredith Grey puede cambiar, puede dejar de ser dark & twisty, pero siempre será Meredith Grey. Y quizás por esto Owen Hunt la describe como “the one universally liked individual in this hospital” a la vez que la mitad de la audiencia la considera el personaje más insoportable de la serie.

Como mellizas a las que le duele la misma parte del cuerpo aunque no estén juntas, Cristina y Meredith atraviesan crisis paralelas impulsadas por las mismas fuerzas: el límite al que están dispuestas a llegar en su compromiso y lo mucho que deben sacrificar de ellas mismas para hacerlo. El embarazo de Cristina y su determinación a la hora de no seguir adelante con él indica a Owen que por mucho que Cristina Yang lo ame y esté dispuesto a cambiar por él, siempre será Cristina Yang. Y sin embargo, tanto Grey como Yang se derrumban ante la soledad que abrazan con tanta soberbia. Lo que parece autodeterminación e independencia no es sino un mecanismo de defensa. Obviamente. Abandonadas por sus maridos, ambas se refugian en lo más sólido que hay en sus vidas, su amistad.

Meredith: He took off, and the hospital gave me a baby. She’s upstairs sleeping in some dead kid’s porta-crib.
Cristina: Wow. I’m getting an abortion and Owen just kicked me out of my house.
Meredith: What? You’re…
Cristina: Pregnant.
Meredith: And you’re…
Cristina: Getting an abortion.
Meredith: Well… why didn’t you tell me?
Cristina: You had a busy, busy day.

La inquebrantable relación de Meredith y Cristina es quizás lo único realmente reseñable de este final de temporada. El resto de personajes alcanzan los convenientes puntos de inflexión de cara a una nueva etapa, pero los grandes momentos propios de una season finale de Anatomía de Grey brillan por su ausencia. En lugar de eso, las heridas se abren casi sin que nos demos cuenta, y el dolor se nos muestra en brevísimos momentos que pasan desapercibidos: Alex le dice a Lucy “Go to hell”; y Mark golpea duramente a Lexie con “I’m letting you go, Lexie. That means you gotta walk away”. El tumulto interior que provocan las decisiones de los doctores contrasta enormemente con el trágico y espectacular final de la temporada anterior. Y sin embargo posee el mismo poder devastador para todos ellos. “Unaccompanied Minor” trata de amortiguar la tragedia y el drama del episodio con la historia de Teddy y Noel Henry -también conocida como Izzie & Denny 2: más larga y peor-, Miranda y el enfermero -a nadie le importa- y sobre todo, con el accidente de avión convertido en la que es probablemente la trama de pacientes más empalagosa de lo siete años de Anatomía de Grey. Y eso es mucho decir. La serie de Shonda Rhimes prepara su octava temporada sin haber confirmado si esta será la última -Ellen Pompeo y Patrick Dempsey sí han declarado que se marcharán cuando finalice. Lo que podemos esperar del próximo curso en el Seattle Grace es con toda seguridad más de lo mismo. Pero no importa, siempre que siga existiendo ese interés por mantener viva la serie y ese admirable esfuerzo por hacer evolucionar a sus personajes sin sucumbir a las estrategias más complacientes.

Finale Week: Anatomía de Grey

Ha pasado casi un mes desde su emisión, pero aún resuenan los ecos de ese híbrido de shoot ‘em up, survival horror y película de asesino en serie que se marcó Shonda Rhimes con el final de la sexta temporada de Anatomía de Grey. Y es normal, porque pocas veces en televisión se ha conseguido manejar la tensión de manera tan magistral, hasta el punto de provocar en el espectador una sensación continua de ansiedad -así como la ‘diversión’ que ello conlleva. Finalizado el episodio “Death and All His Friends”, el agotamiento mental y emocional es mayúsculo. Y ante tamaña manipulación del espectador, solo puedo quitarme el sombrero y aplaudir a Shonda. Bravo, bravo, bravo.

Siempre he dicho que Anatomía de Grey cuenta con algunos de los personajes más ricos y completos de la televisión actual. También he manifestado en multitud de ocasiones que esto se debe al hecho de que cuanto más se arriesgue con un personaje, más provecho se sacará de él. Los doctores de Anatomía de Grey son mucho más que clichés. Es habitual en las series que los repartos estén constituidos por personajes altamente icónicos y reconocibles por relaciones de opuestos o por rasgos muy básicos que definirán su interacción con los demás. En Anatomía de Grey esto no ocurre de una manera tan acusada. Todos los personajes tienen algo en común: son egocéntricos, inmaduros -se comportan como adolescentes-, egoístas y humanos, muy humanos -es decir, erran a cada paso que dan. Aparte de esto, y a pesar de los cuidados matices de personalidad de cada uno, no encontramos arquetipos muy definidos en la serie. Esto es lo que más admiro de la señora Rhimes, su capacidad para penetrar más al fondo de sus personajes de lo habitual. Y es por ello, entre otras cosas, que un final como el de la sexta temporada me parece un ejercicio de construcción narrativa y de desarrollo de personajes ejemplar. No todos los productores de televisión están dispuestos a llevar a sus personajes a los límites a los que Rhimes ha llevado a los suyos. Y puede que muchos lo vean como un simple ejercicio de narración culebronesca -y quién sabe, hasta puede que tengan razón-, pero lo que yo veo es un conmovedor compromiso con los personajes, incluso un inconformismo y desafío a la norma que pocos autores asumen. Vamos, que la evolución del doctor House, comparada con la de Meredith Grey, se queda en pañales. Así de claro.

En una entrevista concedida después del estreno del final, Shonda manifestó su agotamiento físico y emocional tras firmar el guión de “Sanctuary” y “Death and All His Friends”. He ahí el compromiso del que hablaba -mezclado con un poco de tontería. La implicación de Rhimes con sus personajes ha sido tan grande que ha acabado por pasarle factura -e insisto, la mujer es algo drama queen, eso también es verdad. De sus palabras se extrae además una gran destreza con el manejo del detalle a la hora de escribir. Todo en el final de la temporada está medido al milímetro, el gran dominio de la causa-efecto, no solo en el episodio, sino también a largo plazo, es otro de los puntos fuertes del guión. Preparar el terreno para un final de estas características no es una tarea complicada. Solo hay que introducir un conflicto que dé pie al desastre, y así hicieron varios episodios antes con la aparentemente ‘insustancial’ trama de Gary Clark -un nombre que nos costará olvidar. Lo que es más complicado es implicar a todos y cada uno de los personajes, teniendo en cuenta sus evoluciones a lo largo de la serie, y en concreto, de la temporada, en un conflicto que de entrada parece no dar cabida a una excesiva introspección. Sin duda, Shonda lo consigue.

La sexta temporada de Anatomía de Grey ha sido quizás la más irregular hasta ahora. La serie no ha experimentado un bajón de calidad como muchas de sus coetáneas, pero sí es verdad que sus tramas han sido más dispersas y olvidables. Por no hablar de los pacientes, cada vez más ridículos y repetitivos -Shonda, deberías aprender en este sentido de Nurse Jackie, serie quehace un uso genial de los pacientes. Sin embargo, esta temporada ha servido para conocer un poco más a los personajes, sin ‘interferencias’ provocadas por grandes dramas y tragedias. Si me permitís la osada comparación, esta temporada ha sido como Elephant, de Gus Van Sant -solo que mejor, y eso ya no es una osadía, es un suicidio social en algunos círculos. Los 22 episodios previos a “Sanctuary” nos han acercado a todos los personajes -incluidos los intrusos del Mercy West-, incluso llevándonos más a menudo a sus entornos domésticos. El miedo por la pérdida de muchos personajes se ha visto así magnificado. No ocurre tanto con los intrusos, al menos en mi caso. La matanza del Seattle Grace sirve para eliminar de la plantilla a dos personajes insoportables, Reed y Percy. Por el contrario, Kepner y Avery se convierten en fijos para la próxima temporada -no sin antes intentar hacerlos algo más atractivos para el espectador. De nuevo bravo, Shonda, por sacar el máximo provecho de la situación.

“Sanctuary”, la primera parte, es el plato fuerte del episodio doble. El impacto del primer balazo del arma de Gary Clark en la frente de Reed confirma lo que llevábamos temiendo un rato: no es un día cualquiera en el Seattle Grace. Pero nadie imaginaba lo que seguía a la impactante muerte de Reed. Son demasiados momentos los que destacar. De hecho, las dos horas de episodio son una acumulación de momentos destacables, por lo que me veo obligado a seleccionar solo unas cuantas escenas. Las enumeraré en párrafos separados, porque merecen destacar de alguna manera entre las parrafadas de esta entrada:

1. Cristina y Callie llorando en el desayuno. Dramedia en estado puro, y uno de los puntos fuentes de Anatomía de Grey. Y uno de los ejemplos de lo geniales que suelen ser sus teasers.

2. El disparo a Reed -sí, había que repetirlo-, y la fuerza del primer plano de su cabeza golpeando el suelo.

3. El encuentro en el ascensor de Gary Clark y Cristina. Quizás el momento más magistral de todo el episodio, el que haría pensar a Shonda después de escribirlo “¡joder, qué Hitchcock soy!” Como decía, un uso impecable de los personajes. Cristina era la más indicada para que esta escena fuera lo más efectiva posible.

4. Cristina: “I gotta admit, I hope you and Derek die, just a little bit”. Shonda, la cachonda.

5. Gary Clark contra Miranda Bailey. A estas alturas, ya no hay uñas. Ver a Gary Clark sacando a Miranda a rastras de debajo de la cama es terrorífico. Verla mentir al asesino después de que este matase a Percy por decirle que es doctor lo es aún más.

6. El encuentro Clark-Shephard. A pesar de estar a punto de ser empañada por el discurso de turno en el que un personaje cuenta una historia sobre su pasado, la dilatada escena nos brinda algunos de los mejores momentos del episodio: Derek -y Shonda- exponiendo la esencia de la serie: “Please, look at me in the eye, I’m a human being. I make mistakes. I’m flawed. We all are”; Meredith y el terror por la posible pérdida de quien se ama; y sobre todo el discurso oprahiano de April Kepner al toparse con Gary Clark. Digno de ser transcrito:

“My name is April Kepner. I’m 28 years old. I was born on April 23rd in Ohio. I’m from Columbus, Ohio. My mom is a teacher and my dad is a farmer. Corn. He grows corn. Their names are Karen and Joe. I have three sisters! Libbie is first, I’m next. Then there’s Kimmy, and Alice. I haven’t done anything yet…I haven’t–I’ve barely lived! I’m not finished yet! No one’s loved me yet! Please! Please! I’m someone’s child! I’m a person! I’m a person!!!”

7. Webber, testigo impotente de la tragedia de “su” hospital a través de la radio de la policía y su encuentro final con Clark -más ejemplos de integración magistral de las tramas de los personajes en los eventos del episodio.

8. Miranda y su reacción al comprobar que los ascensores no funcionan. No tanto por la interpretación de Chandra Wilson -yo no la veo de Emmy, pero no me extrañaría la nominación-, sino por lo que supone para nosotros su descarga de tensión a esas alturas del episodio.

9. El final feliz de Arizona y Callie, uno de los momentos más emotivos del episodio, y una sorpresa agradable al comprobar que una relación que dábamos por acabada se afianza.

10. Y por último, como no podía ser de otra manera, MEREDITH GREY.

– Meredith: Stop crying. Look, it took me a long time to find him. A long time. And even then it took me a long time to even know that I wanted him, to be married, to be his wife, to have his kids. And now that I realize that, he’s lying on a table in there and my best friend’s hands are inside his chest. You don’t get to cry about that.
– April Kepner: Reed was my best friend. She died today.

 

Rhimes utiliza la mayor crisis de la historia del Seattle Grace para hablarnos de sus personajes, para hacer balance de su evolución en seis años -algunos menos- y preparar el terreno para más cambios. Shonda confesó que la tragedia del Seattle Grace afectará a todos los personajes y a partir de la séptima temporada, ninguno será como era. Lo sé, es una promesa difícil de creer, pero a mí me es suficiente para esperar la séptima temporada de la serie como agua de mayo. Esto, después de seis años, es una auténtica hazaña.

Anatomía de Grey, "Suicide Is Painless" (6.18)

Pensamientos fuertecitos sobre “Suicide Is Painless” (ya solo me queda uno para estar al día):

Hay episodios de Anatomía de Grey que se parecen más a la parodia que realizó el programa de humor MadTV hace un par de años que a la serie que tanto admiro y defiendo. “Suicide Is Painless” (el suicidio será indoloro, pero llamar así a un episodio sobre la eutanasia hace bastante daño) hace uso de los tópicos formales y argumentales de la serie de la misma manera que lo hacía su parodia, sin esforzarse un poquito, como es habitual, en darnos algo más. Hasta en una de las escenas me pareció oír la canción que suena en la parodia (que a su vez también es una parodia de las canciones que suelen escucharse en la serie), y me pasé el resto del episodio cantando mentalmente “Why didn’t he text me? Text me? Text me?” Para entender mejor esto que digo, os animo a ver la parodia. Nadie lo podría haber expresado mejor.

Y hablando de las canciones, en este episodio da la sensación de que se les está agotando el repertorio de “Canciones que pegan en Anatomía de Grey, aunque sean una mierda” (esto seguro que lo ponen en Google y sacan las listas para cada temporada), y han tirado de las últimas canciones de la lista, de las que no quisieron poner en ninguno de los episodios anteriores. Las escenas de guerra con canciones Grey de fondo son una cosa rara rara rara. Un desastre, vamos.

Y en relación a esto, debo decir que estas escenas que muestran el pasado del doctor Owen Hunt (versión mejorada de Willie de Los Simpson) en la guerra, además de soporíferas y tremendamente manidas, demuestran que la “sensibilidad femenina” (espero que nadie me odie por esto) desde la que se narra toda la serie no funciona para nada en este tipo de relatos. Aunque quisiera, no podría justificar un pastel así, ni siquiera alegando que “así es Anatomía de Grey“. Por eso creo que no me atreveré nunca a ver Defying Gravity. Hasta yo tengo un límite.

Los casos médicos del episodio siguen la tónica habitual de la temporada: aburrimiento y repetición. Anatomía de Grey tiene capacidad absoluta para hacer cosas interesantes con temas polémicos y nada fáciles de abordar, como ya hicieron con la pena de muerte en la temporada anterior (recordemos una de las mejores escenas de la serie, con Meredith Grey asistiendo a la muerte por inyección letal del personaje interpretado por Eric Stoltz). Sin embargo, lo que han hecho con la eutanasia en “Suicide Is Painless” es algo facilón y superficial. Por otro lado, el caso de los montañistas recuerda inevitablemente a otro caso de una temporada anterior (no recuerdo cuál), en la que tres amigos montañistas vuelven de una escalada, y uno de ellos tiene un hachazo en la espalda. Chapuza. Espero que los guionistas se estén reservando para la recta final de la temporada… Y por eso mismo, ojalá las temporadas durasen 6 ó 7 episodios menos.

La trama de Callie y Arizona sigue por el camino más lógico. Todo apunta convenientemente a una unión Mark-Callie para cumplir ambos su sueño (o más bien la necesidad) de tener hijos. De momento, todo es transicional. Pero sigo teniendo fe en esta trama. Estoy deseando comprobar si Mark y la new-found-lesbian-a-lo-Willow-Rosenberg acabarán juntos. Y si eso me parecerá bien o me cabreará mucho.

La escena con todos los attendings en el comedor me ha hecho pensar en que no queda ningún attending original. Ninguno de los personajes en esa escena salió en la primera temporada. La serie ha ido renovando plantilla sin perder su identidad. Sigue siendo igual de Grey’s que siempre, y eso… está bien.

La paramédica “maciza” por la que todos beben los vientos es todo lo contrario a una tía buena por la que los personajes de esta serie se sentirían atraídos basándose solamente en su físico. Un progresismo que no se puede criticar, pero que me resulta algo patético, hipócrita y demagógico. Fíjate, sí se puede.

Dime que Meredith y Avery no se van a liar, por favor.

“Suicide Is Painless” es probablemente uno de los peores episodios de la temporada, si no el peor. Esperemos que los siguientes preparen el terreno para una recta final de temporada digna de Anatomía de Grey. Si no, no pasa nada, ya dijimos que esta temporada está funcionando muy bien a base de tramas cortas y episódicas (a pesar de episodios como este), aunque un gran conflicto no vendría nada mal ahora mismo.

Top Ten: Los personajes que más amo de la tele

Casi dos meses después de estrenar El fuerte de Fuertecito en blogspot con mi lista de personajes más odiados de la televisión actual, os traigo el yin de aquel yang, que si rehiciera a día de hoy, sería distinto con toda seguridad. Al igual que con la lista de más odiados, debo advertir que: a) es una lista absolutamente subjetiva (y altamente predecible y repetitiva, si seguís el blog), y b) se reduce drásticamente a personajes de las series norteamericanas en emisión que sigo actualmente, por lo que espero no ofender con ausencias y presencias, y que la ampliéis a vuestro antojo.Haciendo la lista, me he dado cuenta de que, aunque parezca lo contrario, no veo muchas series que estén actualmente en emisión. Que esta entrada sirva de resumen de lo que he estado escribiendo aquí estos últimos meses. Y si el tiempo me lo permite (uno puede soñar), empezaré y retomaré series para ampliar el contenido del fuerte.

10. Gabrielle Solis (Mujeres desesperadas)


Como no me canso de decir, Gabrielle sigue siendo lo mejor (lo único bueno, a veces) de Mujeres desesperadas, en una temporada en la que Marc Cherry tiene a todos sus personajes con el piloto automático puesto. Gabby es la madre más divertida y políticamente incorrecta de las networks norteamericanas, aunque últimamente pierda mucho fuelle por culpa de las lecciones morales que la serie nos quiere calzar con su personaje.

9. Crazy Claire/Locke Humo Negro (Perdidos)


Ex aequo para dos losties que antaño o me eran totalmente indiferentes (Claire), o me aburrían e irritaban enormemente (Locke). Supongo que soy fan de estos dos personajes en la última temporada de Perdidos porque ninguno de los dos es el que era. Claire está loca del c*** después de pasar tres años en la jungla creyendo que los otros se habían llevado a su bebé y Locke no es Locke, es el humo negro que ha tomado su forma. Ambos, por separado, son enormemente divertidos, incluso cuando no hacen ni dicen nada. Pero juntos son la bomba. Amigos para siempre.

8. Andy Bernard (The Office)


No sé si os habéis fijado, pero Ed Helms ha sido añadido como fijo a los créditos iniciales de la serie. Seguramente esto no sea más que una estrategia publicitaria, aprovechando el tirón del actor después de su éxito cinematográfico en Resacón en Las Vegas (The Hangover), una de las sorpresas de la taquilla de 2009. Sea como fuere, Ed y Andy lo merecen. Sí, como casi todos los secundarios de The Office. Pero Andy se ha ganado, progresivamente, un hueco en nuestros corazones. Sobre todo a partir de sus tramas amorosas, primero con Angela, y ahora con la adorable Erin (que podría estar en este puesto también). Bueno, y se lo ha ganado porque es genial, y punto.

7. Robin Scherbatsky (Cómo conocí a vuestra madre)




Y supongo que imaginabais que Robin estaría en la lista. He declarado mi amor por la canadiense de apellido imposible en incontables ocasiones. No sé explicar qué es exactamente lo que me atrae tanto de ella. Quizás sea su irresistible mezcla de locura, excentricidad, encanto e inocencia. “Especial” es la palabra que mejor la describe. “Espacial” a veces también sirve.

6. Daniel y Amanda Greystone (Caprica)


Otro inevitable ex aequo. Daniel es un villano sin serlo. Es un hombre de extraños principios (por decirlo de alguna manera), que antepone la obsesión por su trabajo a cualquier cosa. Es un personaje que no parece hacer concesión alguna al sentimentalismo o la compasión. Daniel Greystone es completamente fascinante. Y Eric Stoltz está construyendo uno de los personajes más complejos e interesantes actualmente en pantalla. Amanda, por su parte, me tiene medio obsesionado. Es una persona extraña y atormentada, algo rancia y desagradable incluso, y además de eso, es un personaje increíble, como su marido. Daniel y Amanda forman el matrimonio más interesante que he visto en mucho tiempo en televisión.

5. Meredith Grey (Anatomía de Grey)


Solo por verla en el episodio “Push” (6.17), parada, con cara de póker, mirando a su hermana en el suelo del aseo, llorando desconsolada, y no acercarse a ella, ni si quiera considerarlo una posibilidad (se lo vemos en la cara), ya merece estar aquí. Pero hay mucho más.

4. Cristina Yang (Anatomía de Grey)


Y si amo a Meredith de forma incondicional, pero me cuesta más convencer a la gente de las razones de ello, cuando digo que Cristina Yang es el mejor personaje de Anatomía de Grey, casi nadie me lo discute. Ya sea en registros cómicos o dramáticos, Sandra Oh insufla energía a su personaje, convirtiéndolo en el más vivo y visceral de la serie. Cuando está en escena con la número cinco, brilla aún más.

3. Michael Scott (The Office)


Michael es un personaje que consigue poner al espectador a prueba todas las semanas, con situaciones embarazosas que desafían la resistencia nerviosa y el límite de nuestra vergüenza ajena. Pero Michael no es solo eso. Es también uno de los personajes más tiernos y adorables jamás escritos. Parece incompatible, pero no lo es. El mérito es de Ricky Gervais, por crear un personaje tan grande, y de Steve Carrell, por construirlo con una pasión y entrega inigualables.

2. Patty Hewes (Damages)


Al igual que Michael Scott, Patty Hewes es otro de los personajes de esta lista que deben su maestría en gran parte al actor que les da vida. Que no podamos imaginar a otra actriz interpretando a Patty es un gran tópico, que en este caso, deberíamos usar a modo ilustrativo cada vez que recurriéramos a él. Desde el primer momento en el que la vemos en pantalla, sabemos que Patty es grande. Cuando uno llega a la tercera temporada, el placer que siente con todas y cada una de sus miradas y sus medias sonrisas es casi inaguantable.

1. Jack Shephard (Perdidos)


A ver dónde encontráis otro héroe de aventuras o ciencia ficción que llore en todos los episodios de su serie. Como no quiero terminar repitiéndome de nuevo (algo que me cuesta mucho a estas alturas), para saber por qué amo a Jack, podéis leer mi defensa a muerte del personaje aquí, o aquí, o aquí

Ahora vosotros. ¿A quién amáis?

Anatomía de Grey, "Push" (6.17)

Pensamientos fuertecitos sobre “Push”:

Miranda preparándose para su cita con Ben es probablemente una de las tramas más ridículas que hayamos visto esta temporada. Ver a la cirujana champiñón dando uno de sus speeches, en esta ocasión sobre su frondosa zona prohibida/quirúrjica es algo muy innecesario.

Miranda: Let me tell you a little something about my surgical field. I prep my surgical field with soap and water. I keep my surgical field the way God made it. I don’t need a member of the Ukranian KGB waxing it smooth so it can be mistaken for the surgical field of a 5-year-old girl (POR DIOS, MIRANDA, CÁLLATE, QUÉ INCÓMODO). I am a woman, and a woman was meant to have something on her surgical field. If man can’t deal with a little something on the surgical field, a little nature, a little God, that means he has no business near my surgical field.

Por suerte, la trama deviene en un gran momento. La cita resulta ser una escena muy inteligente en la que Ben interrumpe el inminente speech cansino de Miranda, y le enseña a mantener un diálogo. Muy bueno. Y por otra parte, ver a la antigua Nazi desenvolviéndose en el mundo de solteros que habitan sus internos es un cambio divertido para su personaje.

Mark Sloan es un niño grande. Ahora quiere encontrar a una mujer con la que sentar cabeza y formar una familia. Sloan es un niño que cambia de ideas y decide espontáneamente que va a dejar de ser de esta manera para ser de otra. Es como un adolescente que cambia de actividades, que deja de escuchar determinado tipo de música, porque quiere madurar, porque debe madurar. Pero necesita ayuda, una guía para ser el Mark Sloan adulto que no sabe (y quizás no quiera) ser.

Callie: Find a woman who wants what you want and date. Like a grown-up.

Mark: I don’t know what that means.

Lo que en un principio pensé que era una manera facilona de romper a Mark y Lexie ha resultado ir por los mejores derroteros en cuanto a ambos personajes. Como veis, en general, estoy muy contento con el desarrollo de los personajes esta temporada. No estamos asistiendo a grandes acontecimientos en sus vidas (muertes, enfermedades, bodas, etc), pero dese luego, no están en punto muerto.

Cristina y Meredith siguen brillando juntas y por separado. Ambas “escuchan” a Lexie hablar sobre su relación libre de sentimientos con Alex, para después Cristina continuar su simpático bullying (“You’re just that good, Little Grey, there’s no getting over you”) y Meredith ser tan Meredith como siempre, asistiendo desde la distancia al derrumbe emocional de su hermana en el aseo porque Mark ha pasado página. Ni hace amago de acercarse para consolarla. Esa es mi Meredith. Y por eso la amo.

Sorpresa. Arizona Robins, la pediatra que lleva deportivas con ruedas, no quiere tener hijos. Conflicto inminente con Callie, que en este episodio está tan adorable como siempre (tan feliz ella por dar buenos consejos sentimentales). ¿Seguirán adelante entonces con la idea de Mark y Callie criando un hijo juntos? Sería un camino interesante para seguir explorando la divertida amistad de estos dos.

Katherine Heigl sigue saliendo en los créditos por su contrato. Hace unos días declaró que las últimas frases de su personaje, que no estaban escritas originalmente para su despedida, son perfectas como final de Izzie Stevens en la serie. Izzie le decía a Meredith que sus compañeros en el Seattle Grace no eran su familia, según Heigl, porque de esa manera la despedida era menos dolorosa. Adiós Izzie. Que te den, Katherine.

Tanto “Perfect Little Accident” como “Push” muestran cómo esta temporada está transcurriendo a base de micro-tramas, y no hay apenas arcos argumentales que duren muchos episodios, aunque los cambios en el hospital aportan un marco general en el que situar a los personajes (la fusión Seattle Grace/Mercy West al principio de la temporada, y el cambio de Chief en estos últimos episodios). Los personajes se están desarrollando con naturalidad, y episodios como este y el anterior se limitan simplemente a divertir. Y lo consiguen, con creces.

Anatomía de Grey, "Perfect Little Accident" (6.16)

Pensamientos al azar de “Perfect Little Accident” (sí, sé que voy un poco a la zaga):

El atípico triángulo Cristina-Owen-Teddy me parece cada día mejor. No se trata de un triángulo al uso, en el que lo único que mueva a sus participantes sea el amor y los celos. No puede ser solo eso si Cristina está involucrada. El “amor” de Cristina por Teddy, la extraña y furtiva relación entre la última y Owen, y todo lo que ello implica, me resulta fascinante.

Meredith no está muy presente últimamente, pero en “Perfect Little Accident” aparece para decir una de las mejores frases del episodio, que luego se convertirá en una especie de running gag junto a Cristina:

Cristina: He’s like Meredith three years ago.
Meredith: I said that!
Lexie: I don’t have feelings for Alex.
Cristina: Yes, you do. Your heart is in your vagina.
Meredith: I said that!!
Cristina: My God.
Lexie: You are both monsters.

Esta hermandad de matonas sigue siendo de lo mejor de la serie.

Lo han conseguido. Estoy al borde de odiar a Arizona Robins. Los guionistas se siguen empeñando en hacer de ella un personaje excéntrico a la fuerza, con diálogos que chirrían por artificiosos. Podría ser genial, pero no lo es. Es patético. Y este episodio, todas sus intervenciones me provocan vergüenza ajena.

Arizona: (A Alex) No, because you selpt with my girlfriend, and I find that when I look at you, I wanna hit you with a brick. (A Teddy) As my new friend, don’t judge me for that” (Yo, dedos en la garganta).

Teddy es el caso diametralmente opuesto a Arizona. Es interesante, porque no nos dan con lo obvio del personaje en la cara. Observa y escucha en lugar de interactuar o sobreactuar (o actuar, a secas). Claro, que si todos los personajes fueran así, esto no sería Anatomía de Grey (seguramente sería una serie que muchos se tomarían más en serio). Nos están dando la oportunidad de conocer a Teddy poco a poco, y eso se agradece.

El insoportable señor Harper Avery es el ejemplo perfecto que ilustra el agotamiento absoluto en las historias de los pacientes del Seattle Grace/Mercy West Hospital. Ni siquiera los pacientes “especiales” consiguen aportar nada nuevo, nada interesante. La conexión de Avery con el interno de cuyo nombre no me acuerdo (ni voy a buscar, porque no quiero encontrarme con su cara) y Meredith podría haber estado bien, pero no. ¿Por qué todos estos doctores-pacientes tienen que ser iguales?

La única que se beneficia de la historia de Harper Avery es Cristina Yang (sí, lo voy a repetir, el mejor personaje de Anatomía de Grey):

I misdiagnosed Harper Avery in front of Harper Avery. Do you know what that does to my chances of one day winning a Harper Avery Award?

Por un lado haciendo bullying a Lexie (que debe dejar de ser rubia ya) y por otro, siendo la empollona repelente, una groupie de Harper Avery, Cristina es uno de los personajes más imprescindibles de la serie.

La trama de Derek Jefe de Medicina y Richard Webber sigue dando buenos momentos. Derek como jefe, inexperto, algo inseguro, pero decidido a mantener su puesto y Richard entre attendings ejerciendo presión y dando consejos es una buena dirección para estos dos personajes en esta temporada. Me gusta que los grandes cambios en esta serie traigan consecuencias que cambien a los personajes y transformen las tramas, y no como en la mayoría de las series, donde este tipo de giros argumentales se resuelven en un episodio para al siguiente continuar como si no hubiera pasado nada. Además, Derek, camisa azul y bata blanca. No digo más.

Anatomía de Grey, "State of Love and Trust" (6.13)

Pensamientos sobre “State of Love and Trust” (6.12) de Anatomía de Grey (esta entrada puede contener spoilers):

– Por ahora, uno de los mejores episodios de la temporada. El recurso de acudir a otro personaje para los monólogos interiores del episodio ya se ha convertido en una constante de la serie. Los episodios centrados especialmente en un personaje dan un respiro a la voz resquebradiza de Ellen Pompeo. “State of Love and Trust” tiene a Derek como principal protagonista, y él se encarga de los voiceovers, para hacer básicamente lo mismo que Meredith: Soltar una frase a medias y acabarla después de tres o cuatro escenas, cuando ya no nos acordamos de lo que estaba diciendo…

– Nadie echa de menos a Izzie Stevens, ¿verdad? Katherine Heigl volvió en el episodio anterior para marcharse de nuevo. Al menos se encargaron de dar algo de cierre a su relación con Alex. Magnífico Karev en el episodio anterior dándose cuenta de que no se merece a Izzie. Después de ese momento y tras su nueva ausencia, nos damos cuenta de que nosotros tampoco nos merecemos a Izzie. No si va a ser de esta manera. Anatomía de Grey está llena de buenos personajes, no puede ponerse patas arriba cada vez que la caprichosa de Heigl quiera hacer una comedia romántica. Katherine, si no vuelves de verdad, estamos preparados para verte marchar… para siempre.

– Me llama la atención/irrita el sobre esfuerzo de los guionistas por hacernos querer a Arizona Robins. Cuando lo normal es que los personajes gusten sin apenas artificios, en el caso de Arizona, desde el principio, parece haber una tendencia a hacerla “especial” a base de manías o características bizarro-infantiles. Una cirujana de pediatría que lleva zapatillas de deporte con ruedas. Podría ser genial, pero me resulta un poco… desesperado.

– Nadie lleva las camisas azules como Patrick Dempsey. Cuando uno piensa que no puede ser más guapo, va y ve “State of Love and Trust” y ¡bang! La escena en la que Hunt y Sloan visitan a Shepherd en su nuevo despacho es mejor que cualquier porno. Vaya tres.

– Han conseguido que la aburrida trama de alcoholismo de Richard Webber desemboque en una de las tramas más interesantes de la temporada. Derek y Richard no suelen tener momentos estelares juntos, pero la tensión provocada entre el hombre perfecto más imperfecto de la tv y el pesado del Chief ha sido de lo mejor de lo que llevamos de sexta temporada, y da paso a un cambio que espero que los guionistas sepan aprovechar al máximo (sobre todo en cuanto a Meredith, que puede dar mucho de sí como la mujer del Jefe).

– Por mucha repetición de esquemas y tramas que presente, Anatomía de Grey es una de las pocas series que me provocan más de una carcajada en cada episodio. Bravo por los gags de esta serie. Little Grey curando a Cristina y esta diciéndole “Don’t cry on my ass” fue uno de esos momentos.

– Cristina Yang sigue siendo el mejor personaje de la serie, y en este episodio tiene un momento a la altura de sus mejores escenas en las anteriores temporadas. Después de comerse el episodio “Blink” en su escena final ante Teddy (en la que le ofrece a Hunt a cambio de que se quede), Cristina vuelve a poner la carne de gallina hablándole a Hunt sobre Burke. Bravo, Sandra Oh por tus dejarnos k.o. con tus escenas dramáticas (a pesar de esa voz de ogro ahogándose), y bravo señores guionistas por seguir arañando a los personajes hasta llegar a sus entrañas.

Anatomía de Grey lleva seis temporadas, y a pesar de moverse a menudo por inercia, se las arregla para mantenerse en plena forma. Ya no hay ni un solo caso médico que no resulte repetitivo y (a menudo) ridículo y patético, pero los problemas internos del hospital y los personajes siguen haciendo de Anatomía de Grey una de las mejores series de la televisión norteamericana en abierto.

Meredith Grey

A raíz del comentario de devilniced en la última entrada sobre Anatomía de Grey, reciclo un texto que escribí el 4 de febrero del año pasado sobre el por qué de mi amor hacia Meredith Grey y a la serie.

Me gusta, me encanta, Anatomía de Grey, porque no es una serie cualquiera. La televisión está abarrotada de series cualesquiera disfrazadas de series singulares y destacables por un motivo o por otro, cuando no son más que la enésima revisión de una idea que lleva dando vueltas por las pantallas muchos años, o meras explotaciones del formato episódico para enganchar al espectador con trucos baratos y “continuarás” tramposos. Me gusta Anatomía de Grey, porque es justo lo contrario (o es mucho más que eso, más bien), una serie que en apariencia es como las mil y una series médicas que ha habido, hay y habrá, y que además es un culebrón saturado de giros amorosos y situaciones que desafían la suspensión de la credulidad del más católico, cuando en realidad es una de las mejores “series de personajes” que jamás se hayan hecho.

Por el magistral desarrollo de sus personajes a lo largo de las temporadas, a menudo la comparo con Buffy, la serie-que-no hay-que-comerse-de-vista por excelencia. Como espectador de televisión, valoro el riesgo por encima de casi todo, y por eso suelo empatizar con los personajes más odiosos. Esa es la razón por la que Meredith Grey, a pesar de ser uno de los personajes más hostiables de la televisión, me parece una protagonista increíble. Si alguien me sabe explicar por qué solemos encontrar a nuestros personajes favoritos en el reparto de secundarios, y solemos odiar a los protagonistas, o simplemente los ignoramos, que lo haga. Eso es lo que suele pasar con Meredith (y con Buffy, o Carrie en Sexo en Nueva York).

La Grey es una perfecta metáfora de lo que somos, y por eso la odiamos tanto, porque sois, somos ella, porque a lo mejor no tenéis las mismas preocupaciones, o no os ahogáis en un vaso de agua porque alguien no os ha dicho lo que queríais oír o no habéis llorado follando con alguien. Es muy probable que vuestras, nuestras preocupaciones diarias sean mucho más estúpidas, insignificantes, vergonzosas y ridículas que las suyas, pero no nos paramos a pensar en ellas de la misma manera que lo hacemos cuando ella nos cuenta con su quebradiza voz las chorradas que se le pasan por la cabeza. Y por eso, entre muchas otras cosas, me gusta Anatomía de Grey, porque su protagonista no es como House, por ejemplo, otro personaje odioso, pero que cae bien, que resulta admirable, que fascina. ¿Por qué? Porque está mucho menos anclado en la realidad, porque es casi un súper héroe a nuestros ojos hambrientos de ficción escapista.

Meredith Grey es solo un ejemplo del puñado de grandes personajes que corretean en celo por Anatomía de Grey, sólidos a pesar de lo endeble de las tramas en las que muchas veces se ven sumidos, ejemplarmente caracterizados, e increíblemente queribles. Porque al final, lo que a uno más emociona no es el beso que ya se veía venir desde cinco episodios atrás, o asistir a una resurrección milagrosa en la mesa de operaciones, sino ver los ojos de Meredith Grey, los más tristes de la televisión, llenarse de lágrimas, o ver a la inconmensurable Cristina Yang agarrar los pies de su mejor amiga en la camilla, o a la adorable Callie Torres bailando en bragas, o a Derek Shepard perdiendo la compostura ante Ellis Grey, o a Addison Montgomery mordiéndose el labio mientras ve pasar a Alex Karev, o a Izzie y George (que es mi McDreamy) hablando sin palabras en un armario de instrumental médico…

Te quiero, Meredith. En serio.

Anatomía de Grey, “Blink”

Pensamientos sobre “Blink” (6.11) de Anatomía de Grey (esta entrada contiene spoilers):

– El triángulo Cristina-Owen-Altman nos está dando algunos de los mejores momentos de la temporada. Sandra Oh vuelve a estar brillante y se lleva para casa la satisfacción de haber protagonizado la mejor escena del episodio (el momento en el que Cristina, impulsivamente, le ofrece Hunt a Altman a cambio de que su “cardio god” se quede en el Seattle Grace), y de seguir siendo el mejor personaje de la serie (invicta desde el comienzo de la serie, a pesar de algún titubeo la temporada pasada).

– Los pacientes deportistas profesionales son los protagonistas de las tramas más irritantes de las series médicas. Torres operando al de este episodio, y diciendo súper apenada que está acabando con su carrera me ha hecho querer vomitar.

– Por mucho que los acontecimientos de este capítulo lleven a Lexie y Alex (seguro que habrá algún chiste sobre sus nombres) en un recorrido “lógico” hacia un encuentro sexual, no dejará de parecernos totalmente gratuito y azaroso. Pero estamos acostumbrados. Es una de las cláusulas que firmamos los espectadores en la primera temporada de la serie. Sabemos que van a seguir liando a todos con todos. Lo importante son las consecuencias. Espero que en el siguiente capítulo (ya emitido), no se le dé excesiva importancia.

– Sloan hija está metida con calzador en la serie, para crear conflicto. Otra de esas cláusulas del contrato. Sabes que las parejas que van bien, van a durar poco, y por lo general van a terminar abruptamente (para volver más adelante, y volver a romper, y así hasta llegar a Meredith y Derek, pareja sólida sin conflicto serio desde hace tiempo). Por otra parte, la trama de Sloan hija se resuelve en Private Practice, a través de otro crossover. Addison Montgomery es adorable, pero su presencia, por lo general… ZzzZZzzzZ.

– Hace falta alguna trama a lo grande que le dé algo de forma a la temporada. A excepción de algún episodio, casi toda la temporada está dando la sensación de ser una gran transición, con personajes nuevos que a nadie interesan (excepto Altman, que sin ser nada del otro mundo, está dando juego).

– Y que Katherine Heigl vuelva, o se vaya de una p**a vez. Si se ha dejado de mencionar a George, no habrá problema en olvidar a la pesada de Izzie.

– ¿No os parece que las escenas en el piso de Lexie y Sloan (espera, ¿era el piso de ellos o de Callie? ¿O de Cristina? Bah, da igual) convierten la serie un poco en Grey’s F·r·i·e·n·d·s (pero sin Grey)? A mí me parecen algo artificiales a veces, pero dan buenos momentos, a veces los más entretenidos…