Crítica: El escándalo (Bombshell)

Las acusaciones a Harvey Weinstein por acoso sexual en 2017 provocaron un efecto avalancha que marcó un antes y un después en Hollywood, repercutiendo en todas las facetas de la sociedad alrededor del mundo. Miles de mujeres alzaban la voz después de décadas de silencio por miedo a las represalias de los hombres en el poder, creándose así el movimiento #MeToo, hashtag utilizado por miles de personas para compartir sus experiencias de acoso y agresión sexual en redes sociales.

Entre las muchas personas que decidieron hablar para denunciar a sus agresores se encuentran numerosas celebridades, como la actriz Alyssa Milano (quien popularizó el hashtag originalmente), Mira Sorvino, Lady Gaga, Patricia Arquette, Rosario Dawson, e incluso algunos hombres, como Terry Crews y James Van Der Beek. Pero más allá del caso Weinstein, el suceso relacionado con el #MeToo que más conmocionó a la sociedad estadounidense fue el de la cadena conservadora Fox News y las acusaciones de acoso sexual por parte de varias mujeres a su ex CEO, Roger Ailes, uno de los hombres más poderosos de la televisión norteamericana.

Esta es la explosiva historia que narra El escándalo (Bombshell), de Jay Roach. El director, que cuenta con una amplia experiencia dirigiendo películas basadas en episodios y acontecimientos reales de la sociedad y la política norteamericana (Game Change, Trumbo, All the Way), se centra en tres personajes femeninos: las presentadoras Megyn Kelly (Charlize Theron) y Gretchen Carlson (Nicole Kidman), y la ayudante de producción Kayla Pospisil (Margot Robbie). Ellas son las protagonistas de una trama que se adentra en los rincones más oscuros de la televisión diurna en Estados Unidos para sacar los trapos sucios de la cadena favorita de Donald Trump.

Bombshell es la crónica de la caída del todopoderoso Roger Ailes (interpretado por el camaleónico y siempre excelente John Lithgow) a través de los ojos de sus víctimas, mujeres que durante años se vieron sometidas a un ambiente de trabajo sexista y tóxico en el que sufrieron cosificación constante (en Fox News las mesas son abiertas para que se vean las piernas de las periodistas) y sus cuerpos fueron tratados como mercancía o moneda de cambio por el pez gordo de la cadena. Mujeres que dijeron “ya basta” y derribaron al monstruo. Esta mirada reveladora e incisiva a los entresijos de Fox News trata de responder las dolorosas preguntas a las que las víctimas se deben enfrentar tristemente cuando deciden compartir su verdad: ¿Por qué no hablaron antes? ¿Por qué no hicieron nada para evitarlo? ¿Por qué debemos creerlas?

Lo hace con un guion en ocasiones poco sutil, pero siempre afilado, matizado y provocador, explorando el escabroso asunto que trata con garra y dramatismo, pero también con mucho sentido del humor. Y con un fantástico reparto lleno de caras conocidas (Kate McKinnon, Mark Duplass, Rob Delaney, Connie Britton, Allison Janney, Malcolm McDowell…), encabezado por un soberbio trío de actrices que se comen la pantalla. Transformadas por un prodigioso departamento de maquillaje y peluquería (lo de Charlize como Megyn Kelly es increíble) y entregadas por completo a una historia que exige máximo compromiso y dedicación, Theron, Kidman y Robbie honran con sus interpretaciones a las víctimas de Ailes y a todas las mujeres que, como ellas, se han atrevido a dar el paso.

Puede que Bombshell recuerde demasiado a cintas como La gran apuestaEl vicio del poder, de las que parece tomar mucho prestado, pero esto no debería menoscabar su valor. No solo es una película explosiva y escalofriante, sino también una historia del #MeToo oportuna y necesaria, una herramienta valiosa para abrir ojos y concienciar sin olvidar en ningún momento el entretenimiento cinematográfico.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Yo, Tonya

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La Tonya Harding del cine se presenta a lo Yo, Claudio, como la emperadora del patinaje artístico y la América de los paletos en todo su esplendor trash. Yo, Tonya, asevera con firmeza, sin miedo, y dispuesta a ser ella misma en todo momento, negándose a claudicar ante las normas del buen comportamiento y la imagen impoluta del deporte para el que nació. La Tonya Harding del cine es Margot Robbie. Que es como cuando en una serie a un personaje le preguntan quién protagonizaría una película sobre su vida, y este responde nombrando a la estrella más guapa y de moda que le viene a la cabeza. Es ridículo, pero es parte de la broma.

Porque Yo, Tonya es un biopic que se toma en serio a sí mismo en la justa medida. La película, dirigida por Craig Gillespie (Lars y una chica de verdad), deja claro desde sus créditos iniciales que se trata de una reconstrucción libre de los hechos, basada en las declaraciones contradictorias y probablemente parciales de sus protagonistas. Este disclaimer asienta el tono de la película, donde reina la sorna y la irreverencia. Y es que Harding no es una figura pública que se preste a un biopic en serio. Para contar su historia hay que tener ganas de provocar y la cara muy dura. Afortunadamente, a Yo, Tonya no le falta nada de eso.

yo-tonya-posterLa película está narrada siguiendo las pautas del falso documental, intercalando escenas que reproducen los eventos con reconstrucciones de los certámenes deportivos, noticiarios y entrevistas a los sujetos de la historia. Desmejorándose en la medida de lo posible, Robbie se transforma en Harding para regalarnos su mejor interpretación hasta la fecha. La actriz australiana (nominada por primera vez al Oscar por este papel) está simplemente sensacional. Visceral, divertida, desgarradora, feroz… Un auténtico espectáculo. Lo suyo justifica que volvamos a utilizar la trillada expresión tour de force, porque es justo lo que hace. Pero no está sola, la acompaña un elenco secundario a la altura, del que destacan la todoterreno Allison Janney, magistral e hilarante (ella y su pájaro nos dejan algunos de los mejores momentos cómicos del año), y un sorprendente Sebastian Stan.

Aunque la película puede llegar a estirarse demasiado en su recta final y caer en la repetición (por no hablar de lo mucho que distraen los pobres efectos digitales con los que se superpone el rostro de Robbie en el cuerpo de su doble), la mayor parte del tiempo resulta divertidísima y fascinante, sobre todo teniendo en cuenta que lo que relata está basado en hechos reales, concretamente en uno de los episodios más extravagantes, vergonzosos y mediáticos del deporte estadounidense. Yo, Tonya es un homenaje semi-hagiográfico y muy gamberro al personaje público, a la villana incomprendida (la película insiste en exculpar a Harding y mostrar que no sabía nada de la brutal agresión a Nancy Kerrigan) en el que Gillespie y Robbie indagan en sus sueños y miserias personales para humanizar con éxito a la patinadora más odiada del deporte.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares

Que el cine de Tim Burton ya no es lo que era es algo que tenemos bien asumido. Sin embargo, el director no parece demasiado preocupado por recuperar la fe del público que un día lo consideró uno de los directores más visionarios, originales y subversivos del cine. En su lugar, Burton se ha acomodado en la última década eligiendo proyectos que se ajustan como anillo al dedo a su personalidad y estética, contando/adaptando historias que, antes de pasar por su filtro particular, ya eran marcadamente burtonianas (lo que viene a llamarse “moverse por inercia”). Este es el caso de su nueva película, El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, basada en el best seller homónimo de Ransom Riggs, y con la que Burton regresa a sus excéntricos mundos de fantasía después de rebajar la burtonidad con el biopic Big Eyes.

El hogar de Miss Peregrine es la historia de Jake (Asa Butterfield), un adolescente asocial que ha crecido escuchando los cuentos maravillosos de su abuelo, Abe (Terence Stamp), relatos fascinantes sobre niños con poderes especiales que convivían en un orfanato en la costa de Gales. Tras la muerte de Abe en circunstancias misteriosas, Jake decide viajar al Reino Unido para comprobar con sus propios ojos si este lugar existe en realidad. Allí descubrirá el refugio secreto donde los niños de los cuentos de su abuelo, conocidos como Peculiares, permanecen ocultos en 1943 gracias a un bucle temporal creado por Miss Peregrine (Eva Green), la enigmática institutriz que los mantiene a salvo de los peligros que los acechan. A medida que conoce a sus nuevos amigos y las reglas que rigen el hogar de Miss Peregrine, Jake se dará cuenta de que no todo es lo que parece, ni siquiera él, y será clave en la lucha contra los monstruos que quieren hacer daño a los Peculiares.

Miss Peregrine ofrece a Burton la oportunidad de volver a dar rienda suelta a su particular sentido de la magia y la aventura para hablarnos una vez más de esos inadaptados, freaks o seres peculiares por los que siempre ha sentido predilección. Y el director la aprovecha para realizar otro trabajo visualmente estimulante que fusiona el color y la oscuridad, lo luminoso y lo tenebroso, como solo él sabe hacerlo. Otra cosa quizá no, pero este sigue sabiendo cómo construir una fantasía que nos entre fácilmente por los ojos y no nos deje apartar la mirada de la pantalla gracias a su inconfundible imaginario. Efectivamente, Miss Peregrine está llena de imágenes deliciosas, planos iconoclastas rebosantes de romanticismo al más puro estilo del autor (Jake tirando de la cuerda que evita que Emma salga volando, las hermosas secuencias bajo el agua) y momentos de gran asombro que conquistarán sobre todo a los más jóvenes. Y es que, a pesar de dejar escapar unos cuantos momentos verdaderamente grotescos y terroríficos (que la hacen no apta para niños pequeños) y de algún que otro destello del Burton más ácido y extravagante, Miss Peregrine es una película de marcado corte familiar, en la que el director parece esforzarse por mantenerse dentro de unos parámetros de seguridad. Los mismos que, a la larga, acaban perjudicándola.

Pero ese no es el principal problema de Miss Peregrine. Lo cierto es que durante la primera hora la cosa parece prometer bastante, incluso nos hace recuperar por momentos la esperanza en un verdadero regreso a la forma del director, pero se trata solo de una ilusión. A medida que la historia avanza se ponen de manifiesto los defectos de la película. Principalmente un ritmo irregular, que hace que esta se haga demasiado larga (con 127 minutos técnicamente lo es, pero es que además da la sensación de que dura media hora más), el triunfo del estilo sobre la sustancia (con lo que queda una película bonita, pero más vacía de lo que querríamos), y sobre todo un guion que empieza bien y acaba descarrilando hasta no saber por dónde cogerloMiss Peregrine presenta una intrincada mitología que la guionista Jane Goldman (Kingsman: Servicio secreto) no ha sabido exponer de forma clara, haciendo que las reglas de su universo, el desarrollo y los giros argumentales resulten confusos y tiendan excesivamente a la omisión y el deus ex machina. Esto se pone de manifiesto especialmente durante el alocado clímax, cuando el caos se apodera del guion y se trata de cerrar de forma apresurada todo lo que se ha abierto en la primera parte. Es decir, Miss Peregrine sabe cómo captar nuestra atención, pero no es capaz de mantenerla y se/nos pierde enrevesándose demasiado.

El reparto es otro de los aspectos más inconsistentes de Miss Peregrine, tanto por el nivel interpretativo como por el uso que se hace del mismo. Aunque sobre decirlo, Eva Green es una de las mayores bazas de la película. Ella fue lo mejor de Sombras tenebrosas, así que es un absoluto placer volverla a ver a las órdenes de Burton dando vida a otro personaje que permite a la actriz francesa hacer lo que mejor se le da: hipnotizar con su magnética presencia y expresiva mirada turquesa (aunque a ratos se confunda con Vanessa Ives de Penny Dreadful). Sin embargo, su Miss Peregrine queda desdibujada y relegada a segundo plano, desapareciendo literalmente durante el tercer acto de la película, para regresar a última hora sin aportar mucho al desenlace (no corren mejor suerte Judi Dench y Allison Janney, cuyos talentos son dramáticamente desaprovechados). Por otro lado, y esto es lo más importante, Asa Butterfield (muy prometedor en El juego de Ender) no es capaz de sostener sobre sus hombros el peso de la película, llevando a cabo una interpretación plana con la que no logra transmitir apenas emociones. Y por último, Samuel L. Jackson chirría con un villano caricaturesco que debería haber sido divertido, pero en su lugar resulta algo ridículo. Afortunadamente, suplen las carencias del cast principal el encantador grupo de niños peculiares, un plantel de adorables secundarios de entre los que destaca una exquisita Ella Purnell. Es una pena que el guion no sepa aprovechar mejor sus poderes (¿quizá se lo están guardando para una secuela/saga? Daría para ello, desde luego).

El hogar de Miss Peregrine no es un desastre, nada más lejos de la realidad. Esta mezcla de Mary Poppins, Harry PotterX-Men homogeneizada a través de los ojos de Burton es un film de imaginación desbordante, lleno de humor y buenas intenciones, y técnicamente impecable, con diseño de producción, vestuario y efectos de primera (todo lo que cabe esperar del autor). Sin embargo, la magia e ilusión inicial de la propuesta se diluye por culpa de un tratamiento narrativo que no saca partido de su material y una falta de riesgo por parte de Burton, que sigue atrapado en su propio bucle. Con esta película tenía una oportunidad de oro para recuperar el esplendor, pero ha vuelto a dejarla marchar en favor de la mentalidad de estudio.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Mom: La comedia que quería ser drama

Fun Girl Stuff and Eternal Salvation

El viejo arte de la comedia de situación no se ha perdido del todo. Aunque hoy en día casi todas las cadenas norteamericanas prefieren las comedias single-cam, porque resultan más contemporáneas y sofisticadas, las sitcoms de la vieja escuela sobreviven. Para encontrar la mayoría hay que acudir a CBS, donde no solo aguantan, sino que triplican en audiencia a cualquier comedia ‘moderna’ de la competencia. Este tipo de series conservan las características tradicionales del género: risas enlatadas, escenarios casi teatrales, tramas episódicas… Pero ni ellas han escapado a la hibridación de comedia y drama que ha caracterizado a la televisión del siglo XXI. Sitcoms como Friends, Will & Grace o las actuales The Big Bang Theory How I Met Your Mother siempre han incorporado elementos dramáticos en sus habitualmente ligeros argumentos (una muerte, una separación, una pelea muy en serio), pero ninguna ha hecho lo que lleva haciendo Mom durante tres temporadas: comedia dramática pura en casi todos sus episodios.

Mom comenzó su andadura como complemento a 2 Broke Girls. Es decir, otra serie protagonizada por un dúo de mujeres graciosas que chocaban en todos los capítulos. Pero pronto comenzó a desmarcarse de su compañera de cadena. Mientras la serie de Kat Dennings y Beth Behrs se estancaba en un ciclo repetitivo del que aun no ha salido, Mom se atrevía a evolucionar. Protagonizada por Anna Faris y Allison JanneyMom empezó siendo una sitcom familiar que giraba en torno a una madre soltera alcohólica que debía lidiar con su trabajo de camarera, sus hijos (un niño y una adolescente embarazada) y el regreso de su madre, la culpable de todos los males en su vida, y también una adicta. Aunque al humor le faltaba bastante gancho (era más bien típico y predecible, muy poca cosa), la serie destacaba por abordar temas muy serios y comprometerse con ellos a largo plazo, lo que hacían de ella una propuesta semi-interesante. Afortunadamente, Mom no dejó de abordar de frente el drama de sus personajes, e inició un proceso de transformación que ha desembocado en una fantástica tercera temporada.

A medida que la serie avanzaba, se descubría que el mayor filón para contar historias estaba en las reuniones de Alcohólicos Anónimos a las que asisten Christy (Faris) y Bonnie (Janney). Por eso durante la segunda temporada se crearon tramas para separar a Bonnie de sus hijos y llevar la serie hacia otro terreno. Mom dejaba de ser una comedia familiar para convertirse progresivamente en una sitcom de amigas. La serie encontró una dinámica muy buena en el grupo de AA y decidió prescindir casi por completo de los niños (a los que hemos visto una o dos veces en la última veintena de capítulos). Y lo cierto es que fue la mejor decisión que pudo haber tomado. Las ‘chicas’ del grupo forman un equipo divertidísimo, y con ellas la serie ha ganado entidad y madurez, gracias a la experiencia de sus intérpretes y la forma tan entrañable en la que se explora su amistad. Pero como decía, lo que hace de Mom una serie especial no es solo esto, sino su manera de afrontar el drama de sus personajes, con un pulso firme y sorprendentemente natural para navegar la comedia más tontorrona y la tragedia más dura (parece mentira que sea del mismo creador que Dos hombres y medio y Big Bang, Chuck Lorre).

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Mom ha encontrado la fórmula para hacer comedia de temas muy serios sin ningún atisbo de moralina y, sobre todo, con respeto. Ese equilibrio es muy difícil de conseguir, especialmente en este tipo de series, que a menudo optan por lo burdo y se olvidan de los acontecimientos importantes de un episodio a otro. Mom no es así, se trata de una serie comprometida, a pesar de su apariencia liviana. En sus tres años de vida ha hecho frente con valentía al tema del embarazo adolescente (con una trama de adopción muy agria con la que se evitaba el final feliz en el que suelen acabar estas situaciones en la ficción televisiva), a la muerte en numerosas ocasiones (una de ellas la del gran amor de tu vida, ni más ni menos), al fracaso como madre, y al más importante de todos: la adicción. Entre risas, situaciones disparatadas y diálogos picantes, Mom nos recuerda en todos los episodios que nos está contando la historia de un grupo de mujeres que padecen una enfermedad, y nos invita a que nos riamos con ellas de todo, sin dejar de bombear en ningún momento el corazón, ni recurrir al humor ofensivo o, peor aun, el adoctrinamiento.

No cabe duda de que este equilibrio no sería posible sin la labor de sus actrices. Hay que elogiar a Mimi Kennedy (Marjorie) y las adiciones tardías pero ya imprescindibles de Beth Hall (Wendy) y Jamie Pressly (Jill), que tienen una química descacharrante (we miss you, Octavia Spencer) y también dan la talla dramáticamente en los momentos necesarios. Pero Mom no sería lo que es si no fuera por el gran juego que dan Anna Faris y la todoterreno Allison Janney. Ya desde el principio, la desgarbada, efervescente y distinguida presencia de Janney (que recordemos tiene 7 Emmys, dos por Mom) subía de categoría a la serie, convirtiendo a la actriz de The West Wing en la gran estrella de Mom. Pero es que Faris se ha puesto las pilas para no quedar en segundo plano ante la genial interpretación de su madre en la ficción, y actualmente está mejor que nunca, personificando junto a Janney lo que hace especial a esta serie: la capacidad para hacer reír y llorar en el transcurso de veinte escasos minutos (¿Cuántas veces nos hemos quedado hechos polvo tras el fundido a negro final de un capítulo, por muy divertido que fuera?). Y es eso a fin de cuentas, su capacidad para emocionar sin manipular y reírse de la tragedia con sensibilidad, lo que ha hecho que Mom pase de ser una sitcom enlatada del montón a una de las comedias en abierto más afinadas de la actualidad.

Crítica: El camino de vuelta

THE WAY, WAY BACK

¿Recordáis aquel verano en el que vuestros padres os llevaron un mes de vacaciones al pueblo costero donde ellos veraneaban de pequeños y disteis vuestro primer beso en la playa, junto a una hoguera y con los fuegos artificiales del 4 de julio estallando al fondo? Seguro que sí, como si hubiera sido ayer. Pero ya no sabéis distinguir muy bien si es un recuerdo real o un constructo generado a partir de todas esas ‘películas de vacaciones’ con las que todos crecimos.

Con El camino de vuelta (The Way, Way BackNat Faxon (Ben and Kate) y el ganador de un Oscar por Los descendientes Jim Rash (nuestro Decano Pelton de Community) aúnan con buen gusto y mucho cariño la mitología yanqui más reconocible e importable y los tópicos del cine sobre adolescentes (de esa variante amable y pseudodramática que ellos llaman concretamente “coming of age movies”) para recordarnos aquel verano en el que todo cambió, o si no se es tan afortunado, el mejor verano que nunca tuvimos.

El camino de vuelta está narrada desde el punto de vista de Duncan (Liam James), un torpe e inseguro adolescente de 14 años con el que es prácticamente imposible no identificarse de alguna manera (seguramente si estás leyendo esto, tú fuiste, o eres bastante Duncan). Es como el Charlie de Las ventajas de ser un marginado pero sin el trauma infantil y el hospital psiquiátrico. Duncan no corre peligro de caer en depresión, pero su familia no le proporciona estabilidad precisamente, y su situación lo convierte en el protagonista ideal de este tipo de películas, un héroe mundano y defectuoso (un 6 que en realidad es un 9) del que nos apropiamos sus pequeños triunfos personales. Qué bien se siente uno realizándose a través de personajes como este.

El Camino de Vuelta_PósterUn par de años después del divorcio de sus padres, Duncan se va de veraneo con su madre (Toni Collette), su odioso nuevo novio (interpretado por un Steve Carell que se aleja de todos los papeles que ha hecho hasta ahora) y la ausente hija de él. Mientras su madre intenta por todos los medios crear una nueva familia con lo que tiene a mano, Duncan busca refugio fuera de casa. Lo encuentra en un parque acuático regentado por un Peter Pan cuarentónOwen (Sam Rockwell en estado de gracia), que se ofrece como guía espiritual del chaval y le da su primer trabajo. Con Owen y el resto de kidults del parque, Duncan aprende a no quedarse de brazos cruzados. A perder la vergüenza y bailar break dance delante de extraños, a hacer un acercamiento con la preciosa vecina (AnnaSophia Robb), y en definitiva, a empezar a vivir un poco la vida.

El camino de vuelta es todo un caramelito indie en la línea de Little Miss Sunshine o la reciente Un invierno en la playa. Una dramedia familiar muy bien interpretada (Allison Janney está maravillosa), con envoltorio Sundance (es decir, tan natural como manufacturada) y sabor a película de los 80, que da siempre con las notas adecuadas para tocar la fibra (aunque salten demasiado a la vista las intenciones y seamos conscientes en todo momento de que estamos siendo ligeramente manipulados). El camino de vuelta transcurre en nuestros días -como nos indica el product placement tecnológico-, pero su espíritu (y su selección musical) está en un pasado común que es tal y como nos recuerdan estas películas, aunque en realidad no se parezca en nada.

Valoración: ★★★½

Especial Pilotos 2013-14 – Parte II

mom cbs

Mom

Emisión: Los lunes en CBS

Opinión sobre el piloto: Mom es la nueva apuesta enlatada de CBS para su lunes de comedia. Emparejada muy convenientemente con 2 Broke Girls y Cómo conocí a vuestra madre, la nueva sitcom de Chuck Lorre (Dos hombres y medio, The Big Bang Theory) cuenta la historia de Christy, una joven madre soltera ex alcohólica que debe compaginar su trabajo como camarera con el cuidado de sus dos hijos y su desastrosa vida amorosa (está liada con su jefe casado). El regreso de su madre, Bonnie (que cometió los mismos errores que ella en el pasado), complica aun más las cosas para ella. Christy es Anna Faris y Bonnie es Allison Janney. Y resumiendo, ellas dos son lo mejor (y quizás lo único bueno) de Mom. No es poco, ya que son las que llevan el peso de la serie, pero de momento no es suficiente para salvar esta suerte de Dos mujeres y media.

La sensación que uno tiene al ver Mom es la misma que la que muchos tenemos al volver a casa. En primer lugar, familiaridad y confort, la seguridad de regresar a lo conocido, el cariño de alguien que va a estar siempre ahí. Pero no tarda en aparecer el agotamiento, la repetición, el déjà vu, la sensación de peligro por quedarte demasiado tiempo en el pasado. En Mom todos los elementos en juego conforman ese pasado que insiste en reaparecer y quedarse en la tele. La misma fórmula, los mismos personajes, la misma historia, los mismos chistes. El resultado no es ni de lejos desagradable, pero al final debemos plantearnos si nos interesa seguir estancados en el pasado.

Puntuación: 5/10

Razones para quedarse: Allison Janney y Anna Faris, las dos están francamente divertidas, y las dos pedían a gritos una sitcom. Sobre todo Faris, combinación perfecta de histrionismo y sensibilidad. La química entre ellas y con el resto del reparto puede dar buenos momentos.

Razones para abandonar: Que ya tenemos muchas comedias iguales, de hecho en la misma cadena. ¿Para qué ver Mom si tenemos 2 Broke Girls, que es casi lo mismo pero más gracioso?

 

Hostages CBS

Hostages

Emisión: Los lunes en CBS

Opinión sobre el piloto: Del todopoderoso Jerry Bruckheimer, emperador del blockbuster y si te descuidas responsable de casi toda la oferta dramática de CBS, nos llega un “nuevo” thriller protagonizado por Toni Collette y Dylan McDermott. Hostages es la historia de Ellen Sanders (Collette) una de las mejores cirujanas del mundo (¿no lo son siempre?), ¿felizmente? casada y con dos hijos adolescentes. La noche antes de operar al presidente de los Estados Unidos, Ellen y su familia se convierten en rehenes en su propia casa de un agente del FBI, Duncan Carlisle (McDermott). Carlisle coacciona a la doctora para que cometa un error en la mesa de operaciones y acabe así con la vida del presidente. Hostages está basada en una serie israelí (qué le gusta a la tele USA una serie israelí).

Lo que tenemos en el piloto de Hostages es básicamente la primera mitad de una película. No se me ocurre de qué manera se puede alargar esto más allá de dos episodios. ¿Por qué se empeñan las televisiones en abierto en hacer dramas incapaces de ir más allá de su premisa? El formato idóneo para Hostages es la TV Movie, o como mucho una miniserie. No da para más. Claro que no resulta fallida únicamente por su escasa proyección de futuro, sino porque no hay nada en ella que no resulte manido y cliché. Este thriller de invasión doméstica (qué le gusta a los americanos una invasión doméstica) es la prueba de que las networks están bastante desesperadas y despistadas, y que siguen sin entender a sus espectadores y sus necesidades.

Puntuación: 4/10

Razones para quedarse: Ninguna es lo suficientemente sólida. Collette y McDermott están correctos y la factura del piloto es buena. Quizás le guste a tu madre (no es un insulto a tu madre, sino una valoración de la serie, de hecho yo se la voy a recomendar a la mía).

Razones para abandonar: La audiencia del piloto ha sido bastante desastrosa para los estándares de CBS, así que después de todo, quizás Hostages se convierta en una miniserie (ya se ha anunciado que la primera temporada constará de 15 episodios, al estilo “cable”), y no cueste tanto quedarse a ver cómo termina.

 

The Blacklist

The Blacklist

Emisión: Los lunes en NBC

Opinión sobre el piloto: The Blacklist es todo lo contrario a Hostages. Es decir, una serie que ya desde el piloto te está planteando una historia a largo plazo, sin fecha de caducidad cercana y estirable hasta el infinito. La primera hora de The Blacklist funciona como introducción a la historia y carta de presentación de los personajes a la vez que ejerce de episodio-modelo. Es decir, si nos quedamos, podemos esperar más de lo mismo en las próximas semanas. The Blacklist es la enésima prueba de la trágica falta de riesgo y originalidad de las series de los últimos años. Os recordará a The Following y Hannibal. Un brillante y grandilocuente criminal (James Spader haciendo de James Spader) se entrega al FBI para ayudarles a tachar a los malhechores de su exclusiva “lista negra”, a cambio de un serie de condiciones. Al final del piloto, después de resolver el primer caso de la serie, Raymond Reddington (Spader) nos advierte “si creíais que esto era todo, estáis equivocados, la lista es enorme y da para mil temporadas”.

El caso es que The Blacklist, a pesar de transcurrir de acuerdo a todos los puntos del manual de las series procedimentales, funciona como efectivo entretenimiento liviano. Es lo que es, ellos lo saben y nosotros también. Los juegos psicológicos entre esta hastiada fusión de Hannibal Lecter y Joe Carroll (a Reddington también lo meten en la clásica jaula de metacrilato, no falta nada) y la joven agente del FBI de turno son tan profundos como un charco. De la misma manera, la investigación policial (que con toda seguridad ocupará el 80% de todos los episodios) es un greatest hits de tópicos y giros argumentales del policíaco televisivo. A pesar de todo, el piloto de The Blacklist está contado con buen ritmo y cumple una clara misión: escapismo sin exigencias, al más puro estilo network. Si os habéis cansado de The Following (es decir, si sois seres humanos medianamente normales), quizás encontréis una sustituta provisional en The Blacklist.

Puntuación: 5/10

Razones para quedarse: Lo dicho. Entretiene, que no es poco. Y además, tiene algo más de sentido del humor que el policíaco medio (no como los de CBS, que parece que si no hay risas enlatadas no ve la necesidad de incorporar ni un ápice de comedia en sus series).

Razones para abandonar: Que tengáis alergia a lo formulaico (yo la tengo). Que estéis hartos del FBI en las series (yo lo estoy). Que os canse ya la dinámica criminal psicológicamente complejo + agente interesado en “la mente del asesino” (a mí me agota).

 

The Goldbergs

The Goldbergs

Emisión: Los martes en ABC

Opinión sobre el piloto: ABC solo sabe hacer dos tipos de series: el culebrón prêt-à-porter y la neo-sitcom familiar. The Goldbergs no transcurre en la actualidad, pero pertenece claramente a la segunda tendencia. A través del hijo pequeño de la familia Goldberg y su videocámara se nos invita a adentrarnos en el disfuncional-en-su-justo-punto hogar de una familia media norteamericana durante la dichosa década de los 80. Al principio se nos contextualiza muy bien la época: no hay Internet, ni móviles, ni Twitter. Las familias estaban obligadas a hablar, a interactuar en el mundo real, y eso es lo que se nos muestra en The Goldbergs. Y además se hace buscando el tono que la acerque a las propias sitcoms de la década (la serie comienza con un montaje ochentero que incluye varias de ellas, como Alf o Arnold).

The Goldbergs es quizás menos remilgada que Modern Family, los padres dicen palabras malsonantes delante de sus hijos (que permanecen impasibles ante ellas, como debe ser), incluso llegan a las manos con ellos constantemente. No pasa nada, son los 80, la policía de lo moral y lo políticamente correcto aun no existía y The Goldbergs se las arregla muy bien para transmitir esta sensación. Esto hace que, de nuevo, una serie sobre los 80 resulte más fresca y vanguardista que cualquier otra ambientada en nuestros días (en este sentido recuerda un poco a la rupturista That 70s Show). Claro que solo hasta cierto punto. Al final, The Godlbergs es tu típica comedia de ABC. Después del absurdo, los insultos y el picante se opta por dejar que el corazón se apodere del relato. Esperad melosos montajes musicales celebrando la unión de la familia Goldberg al final de cada episodio.

Puntuación: 6/10

Razones para quedarse: Esta familia es divertida, perfecta fusión de caricatura y realidad. Seguro que nos tienen preparados bastantes buenos momentos, aunque el piloto no consiga arrancar carcajadas. Aunque si yo me quedo será sobre todo por Wendi McLendon-Covey, que por fin ha conseguido un papel protagonista en el que poder dar rienda suelta a su gran talento cómico. Por otro lado, Troy Gentile (el hijo mediano) podría ser una revelación.

Razones para abandonar: Que ya sabemos cómo van a ser todos los episodios.