Malasaña 32: El terror vive en Madrid

La gran ciudad siempre ha sido el sueño de muchos, tierra de oportunidades, trabajo y experiencias, y vía de escape para aquellos que desean salir de sus rutinarias vidas de pueblo. Pero una vez en Londres, Nueva York o Madrid, descubrimos que no todo es tan ideal como nos lo habían pintado y la experiencia es muy distinta a lo que esperábamos. A veces incluso se torna en pesadilla. En el caso de los Olmedo, una literal.

Malasaña 32 nos traslada al conocido barrio de Madrid en la década de los 70 en una de las primeras películas de Bambú Producciones, estudio detrás de series como VelvetLas chicas del cableEn el corredor de la muerteRamón CamposGema R. NeiraSalvador S. Molina y David Orea escriben el guion, mientras que Albert Pintó (Matar a Dios) se encarga de la dirección. En el reparto nos encontramos a Begoña Vargas (Alta mar), Iván Marcos (Fariña), Beatriz Segura (La caza. Monteperdido), Sergio Castellanos (La peste) y José Luís de Madariaga (Hierro), junto a nuestro internacional Javier Botet (especialista en monstruos que hemos visto en [REC]It o Expediente Warren) y un cameo sorpresa que es preferible no desvelar.

La historia, “basada en hechos reales”, sigue a una familia de seis miembros (pareja, tres hijos y abuelo) que se muda a la ciudad en busca de una oportunidad para pasar página y empezar una nueva vida, huyendo de un pueblo en el que las habladurías, los secretos y los malos recuerdos ya no les dejaban vivir. En Madrid dan con un piso de grandes dimensiones en el bullicioso barrio de Malasaña (una utopía en la actualidad) que permanece tal cual lo dejó su anterior inquilino hace cuatro años, después de morir. Al poco de instalarse en la casa, la familia empieza a experimentar fenómenos extraños en el edificio, donde una terrorífica presencia se dedica a atormentar sus existencias.

Malasaña 32 sigue el manual de las películas de casas encantadas al pie de la letra. No falta ningún cliché: el sótano tenebroso, las luces parpadeantes, los aparatos electrónicos que se encienden solos, el teléfono que suena a pesar de estar desconectado, los juegos infantiles que acaban mal, la médium, el niño que habla con alguien que no vemos, el gato impertinente de siempre, la mecedora vacía que se mueve… y así podría estar hasta mañana. La película no se deja ni un solo lugar común por explorar, lo que hace que recuerde demasiado a otras cintas de terror como Insidious, Expediente Warren y sobre todo Poltergeist y Amityville. Sin embargo, su falta de originalidad se ve suplida por una ejecución notable que hace que la película cumpla de sobra su cometido: entretener y asustar.

Con habilidad técnica y sentido del ritmo, Pintó maneja estupendamente la tensión y la anticipación, construyendo competentes escenas de suspense y trabajándose bien los abundantes sobresaltos sin olvidar el drama familiar y social que bombea la historia. La ambientación setentera está muy lograda, añadiendo al clásico cuento de fantasmas el inconfundible toque español que aportan esos edificios antiguos del centro de Madrid que ya inmortalizó Álex de la Iglesia en La comunidad, con sus escaleras de madera, sus mirillas-rosetón y sus apartamentos de techos altos. Y la espeluznante presencia demoníaca que amenaza a los Olmedo (demasiado similar a la Niña Medeiros, eso sí) garantiza un buen mal rato para el espectador.

Desafortunadamente, como le ocurre a muchas películas de terror, Malasaña 32 se pierde en un final que se empeña en dar respuestas enrevesadas (con algún que otro estereotipo anticuado además), acabando en un desenlace engorroso y confuso que sobreexplica demasiado para terminar encontrando una salida fácil. A pesar de todo, sus virtudes compensan sus traspiés: buena atmósfera y sustos, un reparto más que solvente y un monstruo que se queda en el subconsciente hacen de Malasaña 32 una película de terror eficaz a pesar de no aportar nada original al género.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crónica del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017: Parte 3 y palmarés

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Por Daniel Andréu

La jornada del jueves la inauguraron Caye Casas y Albert Pintó haciendo doblete. Presentaron el cortometraje RIP y el largo Matar a Dios, ambos con un estilo muy marcado y similar de comedia negra con toques fantásticos. El primero muestra a una viuda más preocupada en que el funeral de su marido sea un gran acontecimiento que en recuperarle. En el segundo, cuatro personas que pasan una noche en una casa rural familiar, reciben la visita del mismísimo Dios y el peso de decidir qué dos únicas personas quedarán vivas en el planeta tras la aniquilación de la raza humana al amanecer. Los dos títulos exhiben un buen hacer tanto en el apartado técnico como en las interpretaciones, además de un guion con unos diálogos muy ágiles que podrían ser perfectamente obras teatrales. Historias así son las que haría Alex de la Iglesia hoy día si estuviera en un momento más inspirado.

Otra laguna cubierta en mi historial cinéfilo gracias a este festival fue Phantasm (Don Coscarelli, 1979), en la que unos hermanos se ven amenazados por unos extraños seres enanos y un misterioso hombre alto en las inmediaciones de un cementerio. Tuvimos la suerte de disfrutar de la presentación del propio director y de una copia recién restaurada. No hay duda de por qué se ha convertido en una cinta de culto con los años, pero su irregularidad hace pensar que podía haber sido aun mejor, ya que no se aprovecha al máximo el increíble potencial visual e imaginativo que demuestra en las secuencias más fantásticas.

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Tras la gala de clausura, en la que además de entregarse los premios se rindió homenaje a la adorable Caroline Munro y al mítico Jack Taylor (ambos derrochando encanto y ofreciendo momentos preciosos), se proyectó Mom and Dad (Brian Taylor, 2017). Curioso que se programara justo un día antes de ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976), ya que funciona como su reverso moderno e histérico. Si en el clásico de Chicho los niños mataban a los mayores, en este nuevo trabajo de uno de los directores de Crank (Mark Neveldine y Brian Taylor, 2006) una extraña ola de violencia provoca que todos los padres quieran asesinar a sus propios hijos. Con el mismo estilo directo, nervioso, violento y muy físico en la dirección, se construye una película frenética que no se para ni un momento en innecesarias explicaciones y que ofrece mucho humor y momentos absurdos tremendamente divertidos. Hay que aplaudir que Nicolas Cage con esta película haya abrazado totalmente el icono pop en el que se ha convertido y no pare de reírse de sí mismo, dando lugar a los momentos más hilarantes de la película.

La segunda y última sesión golfa de este Nocturna 2017 vino de la mano de Another WolfCop (Lowell Dean, 2017), segunda parte de una saga que promete alargarse mientras pueda y que cuenta las “aventuras” de un policía hombre lobo, alcohólico y mujeriego. Perfecta para estas horas y este festival, nos ofrece mucho humor, mucho absurdo, mucha violencia y muchos efectos especiales caseros, pero ojalá fuera tan divertida como pretende.

El último día del festival dio comienzo con la premiere europea de Pilgrimage (Brendan Muldowney, 2016), cinta que se desarrolla en la Irlanda de 1209 y cuenta las aventuras de un grupo de monjes que custodian una valiosa y sagrada reliquia en su camino hacia Roma. Lo más interesante de esta película es asistir a los dilemas y las violentas situaciones provocadas por la fe y la iglesia, porque ni siquiera la presencia de dos estrellas internacionales como Jon Bernthal y Tom Holland consigue elevarla por encima de la media.

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Con ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976) llegó el gran momento que muchísimos estábamos esperando, ver la obra maestra del terror patrio en pantalla grande. Esta historia de dos turistas que se van a una isla española para huir del ruido de las fiestas veraniegas y se encuentran con que misteriosamente no hay ni rastro de personas adultas, no solo no ha perdido con los años, sino que cada vez es mejor. Chicho pasó en el cine del terror oscuro y en espacios cerrados de La residencia (1969) a todo lo contrario, una isla pequeña pero totalmente al aire y a pleno sol. Solo él podía conseguir que un escenario así multiplicara la opresión y a tensión hasta el infinito, ya que maneja magistralmente el ritmo y el goteo de información, ahorrándose cualquier explicación sobre lo que está pasando para elevar el misterio. Vuelve a demostrar que su intención es tratar con el mayor de los cariños al género y que lo que pretende es hacer arte, ya que las imágenes que crea y la forma de mover la cámara son únicas. Por supuesto el conjunto no sería tan poderoso sin el increíble papel de todos y cada uno de los niños, tanto por separado como cuando van en grupo. Puede parecer fácil o simple, pero la intensidad de sus interpretaciones es inaudita.

Para cerrar la edición de este año se volvió a proyectar Dhogs (Andrés Goteira, 2017), la gran triunfadora con el premio a mejor dirección y a mejor interpretación masculina. Como las buenas obras, mejora con cada visionado, y es muy recomendable volver a visitarla para sacar nuevos matices. Los buenos momentos no se han limitado a Dhogs y a los clásicos que eran un valor seguro, el nivel de esta edición ha sido muy alto y ha tenido una selección de títulos variada y arriesgada, fruto de un excelente trabajo, así que esto no hace más que desear que pase rápido el tiempo para que llegue la edición de 2018. Os dejo con el palmarés completo:

– Premio Nocturna Madrid “Paul Naschy” a la mejor película de la Sección Oficial Fantástico: Dhogs, de Andrés Goteira.

– Premio Nocturna Madrid a la mejor dirección: Coralie Fargeat, por Revenge.

– Premio Nocturna Madrid “Vincent Price” a la mejor interpretación masculina: Carlos Blanco, por Dhogs.

– Premio Nocturna Madrid a la mejor interpretación femenina: Matilda Lutz, Por Revenge.

– Premio Nocturna Madrid al mejor guión: Chris Lee y Hill Tyler Macintyre, por Tragedy Girls.

– Premio Nocturna Madrid a los mejores efectos especiales: Les affamés.

– Premio Nocturna Madrid del público a la mejor película: Bajo la rosa, de Josué Ramos.

– Premio Nocturna Madrid al mejor corto nacional: Marta no viene a cenar, de Macarena Astorga.

– Premio Nocturna Madrid al mejor corto internacional: Keep Out of Children’s Reach, de Gustavo Sánchez.

– Premio Canal Dark a la mejor película de la sección Dark Visions: The Night Watchmen, de Mitchell Altieri.

– Premio Blogos de Oro: Revenge, de Coralie Fargeat.