Concierto de presentación de ‘Un lugar llamado mundo’ (2ª temporada)

 Un lugar llamado mundo

Texto escrito por Daniel Andréu

Tenemos mucho que agradecer a las tres personas que junto a San Miguel han levantado el proyecto  de Un lugar llamado mundo. Se trata de una fórmula muy sencilla pero también un poco olvidada. Toni Garrido en la coordinación, David Trueba en la realización, y Javier Limón como responsable artístico y presentador, han vuelto a traer a la vida esa propuesta que ya no está de moda y que consiste simplemente en un programa de entrevistas íntimas y actuaciones en directo.

Anoche unos cuantos afortunados asistimos a la presentación de lo que será la segunda temporada de esta aventura televisiva que volverá a empezar en junio en Canal +. La elección del emplazamiento no pudo ser más acertada, la mítica Joy Eslava, que desde la cuidada entrada al local todo hacía ver que iba a ser una noche especial. Dentro, un original photocall con instrumentos incluidos daba la bienvenida tanto a artistas como a público, y dentro todos los asientos y el escenario estaban listos para que el programa diera comienzo.

David Trueba no dio señales de vida más allá de dejarse ver de un lado a otro durante los preparativos, pero Toni Garrido hizo una simpática presentación que dio paso a una directa introducción a la primera canción por parte de Javier Limón. Najwa y la banda con la que está presentando su último disco “Rat Race” abría la noche con los temas “Pijama” y “Feed Us”. A pesar de la habitual fuerza de la artista sobre el escenario, el sonido no estuvo a la altura, nada que ver con la estupenda acústica de hace unos días en la Ochoymedio. Por suerte esto no se repitió con el resto de artistas. Por otro lado, durante la entrevista, la cantante hispano-jordana estuvo más espontánea, natural y relajada de lo normal, lo que dio lugar a momentos realmente divertidos e interesantes como la versión más o menos improvisada que se marcaron con Javier Limón a la guitarra.

Uno de los grandes aciertos de Un lugar llamado mundo es el ambiente que se genera al reunir en el mismo lugar a artistas tan dispares como Najwa, Tomasito, We Have Band o Fangoria. No solo comparten programa, también el sofá es un lugar común. Así Najwa pudo estar sentada junto a los We Have Band, con los que interpretó una fantástica versión del hit de BlurBoys and Girls“, mientras el presentador les entrevistaba, dejando hueco para la interacción entre todos. Najwa llegó a arrancarse por Manolo Escobar después de que Limón repitiera versión a la guitarra con el cantante de la banda británica.

El primer gran boom de la noche vino de la mano de Tomasito, un artista que es puro nervio, que no paró quieto en ningún momento (ni siquiera durante su entrevista), y que convirtió la fiesta en una explosión musical. Estuvo ayudado por Las Negris, esas imponentes coristas gitanas que bien podrían haber aparecido en el documental A 20 pasos de la fama. El mayor y curioso ejemplo de empape cultural se pudo observar en los componentes de We Have Band en el sofá durante la actuación del artista jerezano.

La traca final vino con Fangoria, que terminaron de echar abajo la Joy Eslava con su actuación. Durante la entrevista hicieron suyo el programa (incluso el presentador bromeó con irse y dejarles solos), pero lo mejor vino después, porque la interpretación de su single “Desfachatez”, acompañada de los bailes de Tomasito, no tuvo desperdicio. El otro momento estelar de la velada fue la colaboración de la banda de Alaska y Nacho Canut con Najwa para cantar “Tormenta solar perfecta”. Al final del programa hubo que repetir su temazo “Cuatro colores”, ya que durante la primera vez que la hicieron uno de los focos con los que usaban los bailarines se fundió. En mi opinión no hacía falta, ya que ni el más grave de los fallos técnicos podría haber deslucido una canción tan gigantesca como esa, que en directo se crece aun más, pero recibí con los brazos abiertos esta repetición. ¿Quién se iba a quejar de algo así?

Esperamos que este programa siga adelante durante mucho tiempo y que otras propuestas como la de Alaska y Coronas sigan resucitando este formato de programa musical que tantos buenos momentos ha dado en la historia de la televisión en España. También espero poder volver a asistir a esta celebración de la música en la que artistas conviven con artistas en un clima de amistad y respeto del que participamos todos.

Absolutamente Alaska y Mario

Cuando la semana pasada me enteré de que el octavo sería el último episodio de Alaska y Mario, mi mundo se tambaleó como nunca. Durante dos meses, el reality de MTV nos ha proporcionado algunos de los mejores momentos televisivos de los últimos años. Por esa razón, descubrir que la primera -y de momento, única- temporada no contaría con los 13 episodios de rigor, me dejó totalmente desolado. El éxito de audiencia del programa debería ser garante de una segunda temporada, pero todo depende de los deseos de los protagonistas de la serie: Olvido ‘Olvi’ Gara, frontwoman de Fangoria, icono incontestable de la cultura española y la modernez universal, esa mujer con la que todo el mundo querría charlar tomándose un café, y Mario ‘Marito’ Vaquerizo, cantante de playback, representante de estrellas y loca del coño maravillosa.

Si algo nos ha mostrado Alaska y Mario es que la bien avenida pareja que forman las dos personalidades madrileñas se sustenta en la más inquebrantable de las complicidades y funciona gracias a una complementariedad conmovedora. Ambas estrellas siempre han sido dadas a la sobre exposición, y sin embargo nunca los habíamos conocido de esta manera. Si antes Alaska y Mario Vaquerizo nos parecían “la extraña pareja”, a partir de ahora no podremos sino referirnos a ellos como “la pareja perfecta”.

Durante ocho episodios de casi 40 minutos de duración -gracias, MTV, al menos nos habéis dado eso- asistimos a los preparativos de la segunda boda de Alaska y Mario. Sin embargo, esto es solo una excusa para dotar de línea argumental a las andanzas extraordinariamente cotidianas y cotidianamente extraordinarias de la pareja y sus amigos. En las entrevistas concedidas a raíz
del estreno del reality,Alaska y Mario han reconocido que una de las principales razones por las que accedieron a grabarlo fue para dar a conocer y compartir con la audiencia el maravilloso grupo de personas que saturan su vida de color. Pues bien, como espectador y fan fatal de Alaska -y desde hace dos meses fan confeso del Vaquerizo- no puedo sino agradecer enormemente tal gesto altruista por parte de la pareja. Adoro la fauna que ha poblado Alaska y Mario, empezando por las bobísimas Nancys Rubias -nunca la ignorancia y la estupidez habían sido tan divertidas-, y terminando con Carmen Lomana -y su “cara de proletaria”-, los ‘de profesión maricas’ David Delfín y Alejandro Amenábar -junto a sus correspondientes boytoys insonorizados-, o los viejos amigos -artística y públicamente vinculados a la pareja- como el gran Fabio McNamara o la diva Nacho Canut. Sin olvidar a sus normalísimos progenitores. Eclecticismo, bizarrismo de pega y la extravagancia más kitsch -había que usar el término- son algunas de las características que podrían definir a este grupo de personas. Y sin embargo es su naturalidad a la hora de mostrarse tal y como son lo que los hace sencillamente únicos. No ha habido ningún tipo de autocensura en Alaska y Mario, continuamente salpicada de un sincero y adorable esnobismo.

No obstante, por mucho que quieran desviar la atención de sus magnéticas presencias, Alaska y Mario son los verdaderos protagonistas de la serie. Son ellos los que merecen las alabanzas más sentidas, por mostrarse sin tapujos ante nosotros. Y no me refiero solo a ver a Alaska sin cejas o a Mario en calzoncillos -que ya es loable de por sí-, sino a esos momentos de relajación absoluta en los que hemos podido conocer, pero de verdad, a las personas que se esconden detrás de sus personalidades públicas. Y lo que hemos descubierto es que lo que ocurre tras las puertas del piso rosa no es sino una prolongación natural de lo que ocurre ante los flashes. La cotidianeidad de su día a día nos ha mostrado a una Alaska disciplinada, seria, sabia aunque reservada, paciente y diplomática y a un Mario desbocado, excesivo, inconsciente -o a ratos demasiado auto consciente-, incontenible, incansable, pero siempre comprensivo y -abrumadoramente- cariñoso. El equilibrio en el que descansa la pareja es perfecto, y esto se puede sentir en cada escena juntos, ya sea haciendo las cuentas de casa o preparándose para un concierto. El último episodio es quizás el que mejor ilustre esta idea. En una de las tres celebraciones nupciales podemos ver a Alaska mirando con gran ternura y una preciosa resignación a su marido, mientras este balbucea sus agradecimientos como un niño que dice lo primero que le viene a la cabeza. Lo dicho, la pareja perfecta. Por otra parte, una de las cosas que más los une es sin duda alguna la pasión que comparten hacia todo. Pasión por sus amigos, por su familia, por Madrid, por la cultura y el arte popular, por la superficialidad y la banalidad, y ese culto al objeto -quien se atreva a llamarlo materialismo se las verá conmigo- con el que yo me siento tan identificado, y que me acerca enormemente a la pareja, obviamente salvando las diferencias económicas. Las horas muertas en eBay, los paquetes postales que no cesan de llegar, la inevitable emoción al encontrar un objeto ‘necesitado’ para seguir abarrotando la vitrina. Todo un estilo de vida que hemos podido presenciar en el reality. “Guardando todo por duplicado / Sin cansarme jamás /Afán sin control por acumular/ Lo que no es necesario / Suele ser extraordinario” (“Más es más”).

Alaska y Mario bien podría haberse llamado Mario y Alaska. Y seguramente a ella no le habría importado nada. Mario Vaquerizo se ha revelado como la auténtica estrella del show, mientras su mujer ha dado carta blanca a su fabulosa y a ratos esperpéntica locura -algo que sin duda ocurre también de puertas adentro y que es una de las claves de la solidez del matrimonio. Así, la compresión, la aceptación y el respeto casan con el exceso, la locura y una temeraria franqueza. Y así también es como se obtiene un producto televisivo sincero y revelador, cimentado en una realidad que se nos antoja distante y enormemente cercana a la vez. Porque Olvido Gara y Mario Vaquerizo son estrellas mediáticas que rechazan la total escisión de las vidas pública y privada, como hacen la mayoría. Pero ante todo, son proyecciones casi monstruosas de nosotros mismos, los que miramos la vida pasar. Viva la química y las cosas que os transforman y os hacen estar mejor todavía, Alaska y Mario.