Crítica: Zombieland – Mata y remata

Lo de que no hay segundas partes buenas es un tópico que ya no se oye tanto. No porque no sea cierto en muchos casos, sino porque hay tantos ejemplos para contrarrestarlo que ya no tiene sentido defenderlo. Por otro lado, la moda actual de la nostalgia y el revival nos ha devuelto muchas series y películas del pasado, remontándonos hasta los 60 con resultados por lo general bastante aceptables, cuando no excelentes (Blade RunnerMad MaxMary Poppins). Si sumamos estas dos tendencias obtenemos Zombieland: Mata y remata, secuela tardía que llega exactamente una década después de su antecesora para demostrar que se puede repetir la partida y hacerla incluso más divertida.

Bienvenidos a Zombieland llegó en 2009 como respuesta yanqui a Zombies Party (Shaun of the Dead), con la que el género zombie recibió un gran impulso renovador a través de la comedia. Zombieland obtuvo muy buena taquilla en Estados Unidos (75 millones de dólares, cifra alta para una comedia de terror) y tuvo un recibimiento internacional moderado (26 millones), pero lo que la ha convertido en un verdadero éxito es el paso del tiempo, que la ha cimentado como film de culto. Diez años después, el público la reivindica como una de las películas de zombies más divertidas e ingeniosas, por lo que era el momento perfecto para darle una continuación.

Zombieland: Mata y remata reúne al cuarteto original formado por Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone y Abigail Breslin. Que hayan repetido todos (sobre todo Stone, que tras su reciente Oscar y con la agenda a rebosar podría haberse puesto más exquisita) es uno de los grandes alicientes de esta segunda parte, que también vuelve a contar con Ruben Fleischer (Venom) en la silla del director y los guionistas originales Rhett Reese y Paul Wernick (Deadpool). Con todos los participantes originales de vuelta, Zombieland: Mata y remata recupera el espíritu gamberro de la primera parte sin dificultades, como si apenas hubiera pasado el tiempo.

En la secuela, Columbus (Eisenberg), Tallahassee (Harrelson), Wichita (Stone) y Little Rock (Breslin) siguen juntos después de todo este tiempo, lo que ha hecho que su improvisada y excéntrica familia se parezca cada vez más a una familia tradicional. La rutina y los deseos de emancipación de la más pequeña (ya no tan pequeña) los llevan a separarse y emprender un loco viaje desde su actual residencia, la Casa Blanca, hasta una comuna hippie en el corazón del país. En el camino se encontrarán nuevos aliados y enemigos, y deberán luchar contra un nuevo tipo de zombie evolucionado, más rápido, inteligente y difícil de matar.

Lejos de quedarse en la mera repetición sin gracia, Zombieland: Mata y remata recupera los elementos más representativos de la primera parte (los rótulos con las reglas de Columbus, la acción over the top, la estética de videojuego, los diálogos ingeniosos) y los mezcla con nuevos personajes y situaciones que aportan frescura a la vez que mantienen su esencia intacta. Mata y remata es 100% fiel a la primera Zombieland, pero consigue evitar el estancamiento y acaba resultando incluso más divertida y trepidante. Al igual que en la anterior, no hay lo que se dice un argumento sólido, sino una sucesión de escenas hilarantes, inspirados gags y chistes geniales que aportan ritmo y no dejan ni un minuto para el aburrimiento.

Los protagonistas originales siguen en forma y vuelven a sus personajes sin problemas. Pero en esta ocasión están acompañados de nuevas incorporaciones a cada cual más acertada. Además de Avan Jogia como el pacifista Berkeley o Luke Wilson y Thomas Middledicth como unos descacharrantes dobles de Tallahassee y Columbus, destacan la carismática Rosario Dawson, que encaja sin dificultades en el grupo (Dawson tiene química con todo el mundo, es increíble), y la robaescenas oficial de la película, Zoey Deutch como Madison, típica rubia tonta y superficial que la actriz de The Politician eleva con una de las interpretaciones cómicas del año. Para llorar de la risa.

Zombieland: Mata y remata es una secuela a la altura, incluso a ratos superior a la original. Repleta de momentazos, buenos chistes y referencias pop y acción brutal (los efectos son estupendos, la violencia contundente y el clímax espectacular), con un reparto inmejorable, una escena post-créditos épica y las dosis perfectas de emoción, la película satisfará sin duda a los fans de este loco universo postapocalíptico, y cualquiera dispuesto a aprenderse las reglas para adentrarse en él.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Pilotos 2015-16: Scream Queens

Emma Roberts SC

Scream Queens (Fox)

Era uno de los estrenos más esperados de la temporada, una de las series que los analistas daban como éxito seguro. Sin embargo, Scream Queens se dio un batacazo considerable en las audiencias el día de su presentación. Puede que el estreno de doble duración tuviera que ver con el desinterés de la audiencia, puede que quizá esta serie sea más para el público de Internet (los datos de seguimiento en redes sociales fueron impresionantes), con lo que seguramente estemos ante un producto de la nueva era de la televisión norteamericana, en la que Nielsen ya no corta el bacalao. Pero bueno, vamos a lo más importante: ¿Qué tal estuvo el comienzo de Scream Queens? Pues mal, bastante mal. Un fail, para qué nos vamos a engañar.

No es que no supiera qué me iba a encontrar en ella. Más bien lo contrario. Resultó ser exactamente lo que imaginábamos que sería, del más grande al más nimio detalle, solo que nada llegaba a cuajar. El problema principal puede ser el agotamiento de la fórmula de Ryan Murphy (y Brad Falchuk), que creía estar inventando con esta serie “un nuevo género”, concretamente la comedia de terror (hay que ser arrogante), y lo que estaba haciendo era meter GleeAHS en una batidora a máxima potencia a ver qué salía, nada más. Scream Queens es la fórmula y estética de Ryan Murphy llevada al extremo, un pastiche meta y autoconsciente que se limita a repetir esquemas, ideas y motivos sin preocuparse de darles la forma adecuada (lo de siempre, vamos). Murphy no está inventando nada, lo que está haciendo es reafirmarse en el subgénero televisivo que él mismo ha creado. No es poco, pero para muchos ya no es suficiente.

Scream Queens cuenta con muchos aciertos y está salpicada (nunca mejor dicho) de escenas memorables y contundentes golpes de humor, pero de forma muy puntual: los asesinatos son divertidísimos, la escena de Ariana ‘Donut Licker’ Grande y Twitter es una locura maravillosa (Popular en estado puro), Deaf Taylor Swift es una genialidad, la agente de seguridad interpretada por Niecy Nash parece sacada directamente de Scary Movie, la ex-SNL Nasim Pedrad lo borda (la explicación de por qué viste como si estuviera en 1995 es antológica), el look bubble-gum y la BSO a base de sintetizador ochentero son una auténtica gozada, la carnaza es de calidad (Nick Jonas sabe cómo coger por los huevos a su público gay) y por supuesto, Jamie Lee Curtis está fantástica (haciendo de Sue Sylvester, por cierto). Pero aun así, por alguna razón, el conjunto no está a la altura de los aciertos individuales.

SQ

En teoría, la serie es lo suficientemente petarda y mamarracha como para funcionar, pero en la práctica falta chispa y gracia, y se antoja excesiva hasta para el canon de Murphy. Y la culpa la tiene sobre todo el tono de la serie. Comedia y parodia exageradísima que desorienta y carga sobremanera en su primer episodio (por cada momento cómico que funciona, cinco se estrellan) y cuyo calculado cinismo se acaba volviendo en su contra. Es un caso clásico de “trying too hard”, que en términos murphyanos es ya rozar el paroxismo. Por último, pero no por ello menos importante, cansa ver otra vez a Emma Roberts interpretando al mismo personaje antipático y viperino. La sobrina de Julia hace de zorra como nadie, parece llevarlo en la sangre, pero su Chanel Oberlin se queda lejísimos de otras Queen Bitch, como la gran Regina George, sobre todo porque no es capaz de encontrar el equilibrio entre hijaputez y cachondeo con el que sí daba Rachel McAdams. Al final, en vez de divertir, el personaje simplemente irrita y satura (cazadora de cartas). Vamos, como la serie en general.

Por qué vi el piloto: ¿Cómo no iba a verlo? Me gusta mucho American Horror Story (yo defiendo Coven, temporada de AHS con la que SQ tiene más en común) y esta serie era una de las imprescindibles del otoño seriéfilo.

Recuerda aAHS, GleePopular (es una fusión matemática de las tres, Ryan Murphy al cubo), Scream the Series (en el segundo capítulo, SQ se convierte directamente en la serie de MTV); y por supuesto, todos los slashers, teen movies y películas de hermandades de los que bebe (Heathers, Mean Girls, Jawbreaker, Clueless, Scream 2, Sorority Row…).

Nota del piloto: 5 (primera parte), 6 (segunda parte)

Veredicto: Comedia (muy) negra, descaro e incorrección política a raudales (el racismo y la homofobia de Chanel rozan lo temerario, ¡bien!), guiño constante al público LGBTQ y freak, narcisismo, hormonas desatadas y culto al cuerpo masculino (Glen Powell lo da todo), templo a la cultura pop (especialmente la de los 90), estética irresistible (la música me volvió loco)… Los ingredientes son de primera (Murphy 100%), pero el resultado final no da con la nota adecuada. Quizá influya que su reparto esté tan desequilibrado (Abigail Breslin está fatal y Lea Michele no termina de encajar) o que acabe convirtiéndose muy pronto en lo que parodia (un slasher convencional con protagonista blanca mojigata como punto de vista principal). Una decepción que, sin embargo, solo acaba de empezar. Scream Queens podría convertirse en la serie que esperábamos si es capaz de ajustar el tono (algo que por suerte ya empieza a ocurrir en el 2º capítulo, algo más centrado y fluido). Por eso me quedo, para ver si consigue ser algo más que una mina de gifs.